NoraCg: los dos piensan que el otro lo último que quiere es ser su pareja xD

Rockandlove: exacto, después de tantos años odiándose es difícil aceptar que todo ha cambiado

Sandra S D: jajajaja sí, nada de acercarse a Weasley xD

Vic Black: "cita", si le quieres llamar así... jajaja

giulianacontesso: yo también me habría derretido... aunque puede que me hubiera asustado un poco al principio xD


Perdón por el retraso! Últimamente tengo mucho trabajo y este finde apenas he tenido tiempo para escribir... pero aquí estoy, con otro capítulo más de Draco siendo un cabezota y Hermione no enterándose de nada xD


Capítulo Siete

La Mansión Malfoy


—Hermione, es hora de comer. Vamos.

Ella resopló al oír la voz de Harry, marcando la página por la que iba y cerrando el libro.

—¿Cuántos libros sobre Veela piensas leer? —preguntó Ron, echándole un vistazo a la portada.

Era el quinto libro que sacaba de la Mansión Malfoy, con permiso de Draco. Y era el quinto libro donde no encontraba nada útil.

—Todos los que pueda. No hay muchos detalles sobre sus vidas ni del vínculo que forman con sus compañeras. Es como si... como si nadie lo supiera.

—Realmente los únicos que lo saben son ellos. Y apuesto a que prefieren que los humanos no conozcamos mucho sobre eso —añadió Harry en voz baja mientras salían al pasillo del cuarto piso del ministerio.

—Probablemente tengas razón. Las criaturas mágicas no suelen confiar en nosotros... Me está costando encontrar a alguna que quiera apoyar mi proyecto de ley —comentó Hermione, suspirando.

Los tres entraron en uno de los ascensores, sujetándose a las cuerdas doradas del techo en cuanto empezó a moverse.

—Al menos ahora tienes una que sí te dará su apoyo —contestó Ron con una sonrisa burlona.

Hermione le dio un codazo.

—No digas eso. Malfoy no es una criatura, es un humano.

—Y uno bastante gilipollas —murmuró Ron, arrugando la nariz.

Hermione puso los ojos en blanco y Harry aguantó la risa.

—Ya no es así, Ron. Recuerda que nos salvó, sin su ayuda estaríamos muertos.

—¿Ayuda? Lo único que hizo fue no confirmar que éramos nosotros.

—Y eso nos dio tiempo para escapar de allí. No quería que muriéramos y nos ayudó a su manera.

—Seguro que fue para no tener que limpiar después nuestra sangre del suelo de mármol de su querida mansión.

—¡Ronald!

—Estoy bromeando, Hermione. Sé que Harry y tú queréis que le dé otra oportunidad y lo haré, pero todavía tengo que hacerme a la idea.

—Pues hazte a la idea en silencio o Hermione te golpeará hasta que te calles —murmuró Harry.

Los tres se rieron y Ron sacudió la cabeza mientras entraban en la cafetería.

—Todavía no me creo que mi madre ahora sea tan amiga de esa mujer.

—Narcissa no es una mala persona, Ron —dijo Harry, entrecerrando los ojos y mirando a su amigo.

—Lo sé, lo sé. Pero los Weasley y los Malfoy nos hemos odiado desde hace generaciones.

—Pues ahora es un buen momento para cambiar eso. No podemos seguir odiándonos unos a otros eternamente, entonces la guerra no habrá servido para nada —añadió Hermione.

—Y tu madre entiende muy bien lo que Narcissa está sintiendo. Ella también tiene un hijo con sangre no humana, y también estuvo a punto de perderlo —susurró Harry.

Ron frunció el ceño.

—Bill no es un hombre lobo. No le mordieron.

—No, pero desde que fue atacado por uno hace algunas cosas diferentes... ¿verdad? —cuestionó Hermione, alzando una ceja.

—Sí, ahora prefiere comer carne cruda, pero... ¡pero no se transforma! Sigue siendo un humano —siseó Ron, enfadado.

—Y Malfoy también lo sigue siendo —gruñó Hermione entre dientes.

—Sí, es el mismo de siempre —dijo Harry, riendo suavemente.

Ron suspiró.

—Ahora pasas las tardes en la biblioteca de su mansión... ¿no?

—Sí. Es enorme, creo que es casi tan grande como la de Hogwarts —contestó Hermione con ojos brillantes.

Harry y Ron cruzaron una mirada, poniendo los ojos en blanco.

—Creo que voy a empezar a estudiar a otras criaturas semihumanas que también establecen lazos con sus parejas... como los hombres lobo y las sirenas. Si encuentro alguna forma de romper esos vínculos tal vez funcione en las Veelas —murmuró Hermione, removiendo su plato de ensalada de forma ausente.

—¿Eso es lo que estás buscando? ¿Romper el vínculo? —preguntó Harry, arqueando las cejas.

Ella asintió.

—Es la mejor opción. Así Malfoy quedará libre para estar con quien quiera, y yo también.

Harry arrugó el entrecejo, mordiéndose el interior de la mejilla.

—Creo que deberías hablar con Narcissa. Después de todo, ella es la pareja de un humano con sangre Veela.

Hermione contuvo el escalofrío que recorrió su cuerpo al pensar en Lucius Malfoy.

—Es un buen consejo, puede que lo haga.


—Esto es una estupidez, madre.

Narcissa resopló, cruzándose de brazos.

—No lo es. Lleváis una semana encerrados en la biblioteca y necesitas que te dé el aire.

Los dos estaban en los alrededores de la mansión, recorriendo el jardín.

—Me siento bien, y Granger lo único que quiere es leer todos los libros sobre criaturas mágicas que tenemos aquí —gruñó Draco, apartando la mirada y observando el enorme sauce a lo lejos.

Narcissa suspiró, agarrando su brazo derecho.

—A Hermione también le gustará que toméis el té aquí. Después podéis volver a la biblioteca, pero así podrás hablar un poco con ella.

Draco entrecerró los ojos.

—Prefiero no hacerlo, me cuesta mentirle. Además, puede buscar todo lo que quiera... no lo va a encontrar.

Metió una mano en el interior de su chaqueta negra, sacando un pequeño libro plateado.

—Toda la información sobre la unión con nuestras compañeras está aquí —susurró Draco, agitando el libro suavemente. —Y ella nunca va a leerlo.

—Entiendo que aún no confíes en ella, Draco... pero deberías contarle la verdad.

Él sacudió la cabeza con fuerza, volviendo a guardar el libro en el bolsillo.

—No quiero que acepte estar conmigo por pena, madre. La decisión tiene que ser suya, y está claro que Granger no quiere ser mi compañera. Está empeñada en buscar la forma de dejar de serlo.

—Pues empieza por ser amable con ella si quieres que se interese en ti. Esto es un buen comienzo —respondió ella, señalando la mesa donde había una gran tetera rodeada de todo tipo de pasteles y galletas.

Draco puso los ojos en blanco.

—Siempre soy amable con ella.

Narcissa chasqueó la lengua.

—Lo soy —añadió él, apretando los puños.

—También eres frío y distante. Así no vas a conseguir nada.

Draco resopló, mirando a su madre con irritación.

—Por mucho que lo intente, es imposible que ella...

Narcissa apretó su agarre y él siseó. Al seguir la mirada de su madre, vio que Granger estaba bajando las escaleras de la puerta trasera de la mansión, acompañada por uno de los elfos.

Ella sonrió al verlos y Draco sintió una ligera presión en el pecho. Frunció el ceño, sin entender bien esa reacción.

—Hola, Mal... Draco. Hola, Señora Malfoy —saludó Hermione al estar cerca de ellos.

Narcissa soltó a Draco y se acercó a ella, sujetando sus dos manos.

—Llámame Narcissa, querida. ¿Puedo llamarte Hermione?

Ella asintió, intentando disimular su sorpresa, y Draco le lanzó una mirada de odio a su madre.

—Espero que disfrutes de tomar el té aquí, es uno de nuestros rincones favoritos.

Hermione miró a su alrededor, donde había una mesa de cristal llena de comida.

—Oh. Yo... no tenías que haberte molestado.

—No es ninguna molestia, además ha sido idea de Draco —respondió la mujer.

Draco apretó los dientes y Narcissa aprovechó que Hermione no la veía para guiñar un ojo a su hijo.

—Os dejo —añadió, comenzando a alejarse en dirección a la mansión.

—¿No te quedas con nosotros? Me gustaría hablar contigo... tengo varias preguntas —dijo Hermione, apretando contra su pecho la libreta que siempre llevaba encima al visitar la mansión.

—Hoy no. Otro día hablaremos todo lo que quieras, y a solas. ¿De acuerdo?

Hermione asintió, sonriendo, y Narcissa correspondió a su sonrisa. La mujer volvió a alejarse y Draco carraspeó.

—¿Nos sentamos?

Ella se acercó a la mesa, sentándose en una de las sillas. Él se colocó justo enfrente.

—¿Por qué has querido que nos veamos hoy aquí?

—La última semana nos hemos pasado la tarde encerrados en la biblioteca, Granger. Está bien cambiar de aires.

—Pero quiero seguir buscando, todavía no he encontrado nada...

—Después iremos allí si es lo que quieres, no te preocupes. Pero ahora prefiero no pensar en libros ni en leyes.

Hermione asintió, sonrojándose cuando Draco le sirvió una taza de té.

—¿Cómo sabes que el té negro es mi favorito? —preguntó, levantando la mirada y observando sus ojos grises.

Él se encogió de hombros.

—Es lo que pediste en aquella cafetería. También es mi favorito.

Hermione pestañeó varias veces, sorprendida porque Draco lo recordara.

—¿Cómo ha ido tu fin de semana? ¿Te encuentras bien? —dijo, recorriendo su rostro lentamente.

Ya apenas tenía ojeras y su piel se veía mucho más saludable que cuando quedó libre.

—Estoy bien —contestó él, asintiendo.

Hermione sonrió, cogiendo uno de los bollos de canela.

—¿Has leído el borrador que te di, Draco?

—Sí.

—¿Y qué opinas?

—Lo veo muy... ambicioso. No conseguirás que el Wizengamot apruebe algo así.

Hermione dejó su taza sobre la mesa con más fuerza de lo normal.

—Lo haré, pero para eso necesito la ayuda de alguien como... como tú.

Draco entrecerró los ojos, mordiéndose la lengua para no contestarle.

—No me mires así, ya sabes que para mí sigues siendo el mismo de antes. Entonces... ¿Vas a ayudarme? —preguntó Hermione, mirándolo a los ojos.

Él suspiró.

—Sí, Granger. Te ayudaré.

Ella sonrió, alargando el brazo hasta tocar la mano izquierda de Draco.

—¡Gracias! Contigo seguro que lo consigo, sé que si alguien afectado por este problema se presenta conmigo será mucho más fácil conseguir que esos cerrados de mente me den la razón. Estoy segura de que en unos meses...

Hermione dejó de hablar al ver que Draco estaba mirando sus manos unidas fijamente.

—¿Te molesta?

Él levantó la vista.

—Ya te dije que no, Granger. Pero me parece raro que seas tan... afectuosa conmigo.

—Lo soy con mis amigos.

Draco arqueó las dos cejas.

—Te dije que ahora somos amigos, Draco. ¿No me creíste?

—Pensé que lo decías por decir.

Hermione apretó los labios, negando con la cabeza.

—Lo dije en serio. Ahora que no eres tan... ya sabes, podemos llevarnos bien. Creo que habríamos sido amigos en Hogwarts si te hubieran educado de otra manera.

Una pequeña sonrisa curvó los labios de Draco.

—Yo también lo creo.

Ella bajó la mirada para disimular su sonrojo, bebiendo otro sorbo de té.

¿Por qué se ponía tan nerviosa últimamente cada vez que veía a Draco sonreír? Había pasado cinco tardes a solas con él, recorriendo las estanterías de la biblioteca de su hogar y hablando sobre sus autores y libros favoritos, pero cada vez que se acercaba la hora de ir a la Mansión Malfoy su corazón se aceleraba... y no era por la emoción de ver todos esos libros.

Se aclaró la garganta, recordando lo que le quería preguntar.

—Oye, Draco... ¿Sabes si tu familia tiene libros sobre los hombres lobo?

Él arrugó el entrecejo.

—Supongo que sí... ¿Por qué?

—He leído algo sobre que ellos a veces encuentran pareja entre los humanos. Las llaman amadas, y puede que el vínculo que tienen con ellas sea parecido al de las Veelas. Si encuentro algún ritual para romper ese lazo, puede que también funcione en nuestro caso.

El rostro de Draco se oscureció y todo rastro de su sonrisa desapareció.

—Tú eres mi compañera, Granger. No una amada o lo que sea que has dicho.

—Lo sé, pero...

—No. No vuelvas a compararme con un hombre lobo, no tienes ni idea —gruñó Draco con voz grave.

Se levantó y ella jadeó, sorprendida.

—Te espero en la biblioteca —añadió, caminando hacia la puerta de su mansión.

Hermione observó su figura caminando entre las flores, hasta que lo perdió de vista.

¿Qué demonios acababa de pasar? ¿Por qué se enfadaba tanto?

Apoyó los codos sobre la mesa y suspiró, dejando caer su cabeza sobre sus brazos. Había algo que Draco no le estaba contando, o que ella no entendía, y no pararía hasta averiguar lo que era.


Draco entró de golpe en la biblioteca, empujando la puerta con fuerza. Recorrió el pasillo derecho a pasos rápidos, abriendo y cerrando los puños. Necesitaba relajarse, Granger no lo había dicho con mala intención.

No podía estar más equivocada. Las parejas de los hombres lobo eran solo eso, parejas. Se sentían atraídas por ellas porque podían oler sus hormonas y saber lo fértiles que eran, pero en el caso de las Veelas no era así.

Era una unión mucho más profunda, no solo algo físico.

Draco sacó el libro del bolsillo de su chaqueta, donde lo llevaba siempre. Pasó las páginas hasta llegar a la que había leído la noche anterior, en el penúltimo capítulo.

"Le compagne delle Veelas sono le loro anime gemelle. Se la trovi, significa che è la persona perfetta per te. Non c'è nessuno migliore, e il giorno in cui saprai chi è non penserai più a nessun altro."

Draco cerró el libro, apoyando la espalda en una de las estanterías y cerrando los ojos.

—Joder —murmuró, golpeando la madera con los puños varias veces.

Tres libros cayeron al suelo y Draco maldijo entre dientes, recogiéndolos y volviendo a colocarlos en su sitio. Echaba de menos poder usar su varita.

No tardó en escuchar la puerta de la biblioteca abriéndose y se asomó para verla entrar.

A Granger le pasaba lo mismo todos los días. Se quedaba con la boca abierta al pisar la biblioteca, recorriendo los estantes de seis metros de altura llenos de libros con admiración y caminando entre ellos sin saber bien a dónde se dirigía.

Draco se mordió el labio para no sonreír, acercándose a ella.

—¿Todavía te sigue impresionando?

Hermione se sobresaltó, sorprendida. Estaba tan ensimismada con los libros que no se había dado cuenta de que él estaba cerca.

—Creo que nunca podré entrar sin sorprenderme. Este lugar es... —tragó saliva, buscando las palabras. —Te envidio por haber crecido con esto. Yo habría dado cualquier cosa por tener una biblioteca así en mi casa.

Hermione lo miró al escuchar su risa.

—¿Ya no estás enfadado?

La risa de Draco desapareció.

—Sí. Y no quiero hablar del tema.

—¿Qué es lo que te ha molestado tanto, Draco? Dímelo, necesito saberlo.

—¿Para qué?

—Para no volver a mencionarlo.

Draco suspiró.

—Solo... no me compares con los hombres lobo.

Hermione lo miró fijamente a los ojos, mordiéndose el labio inferior con nerviosismo.

—¿Puedo... puedo buscar libros sobre ellos sin que te enfades?

Él se encogió de hombros.

—No te va a servir de nada. Las relaciones que ellos tienen con sus mujeres no tienen nada que ver con una Veela y su compañera, pero haz lo que quieras.

Hermione entrecerró los ojos.

—Tú sabes cosas que no me quieres decir.

—Todos tenemos nuestros secretos, Granger. Y yo no pienso contarte los de mi familia —contestó Draco con voz grave, cruzándose de brazos.

—¿Entonces cómo voy a poder ayudarte?

—Ya me has ayudado más que suficiente.

—Tenemos que arreglar esto, Draco. No puedes quedarte condenado a estar a mi alrededor para siempre, tiene que haber alguna solución.

Él arrugó la nariz al escuchar esa palabra otra vez. Solución.

Extendió un brazo, señalando las tres estanterías repletas de libros sobre las criaturas mágicas, y Hermione sonrió.

—Haremos lo mismo que la semana pasada. En cuanto encontremos diez libros que hablen sobre las Veelas, paramos y los leemos a ver si hay información sobre sus compañeras.

Draco puso los ojos en blanco, asintiendo.

En cuanto ella se dio la vuelta él se llevó una mano al pecho, comprobando que el libro plateado estaba bien guardado. Pasara lo que pasara, Granger no podía leerlo jamás.


En cuanto su figura se perdió entre las llamas verdes de la enorme chimenea, Draco se dejó caer en uno de los sofás de aquella sala.

Suspiró, negando con la cabeza y pasándose una mano por su pelo rubio platino. Todo iba de mal en peor, y además pronto tendría que acompañar a Granger cuando expusiera por primera vez su proyecto de ley ante el tribunal del Wizengamot.

—¿Un día duro, Malfoy?

Draco levantó la cabeza al escuchar esa voz burlona y descubrió a Potter en el marco de la puerta que daba al recibidor, junto a su madre.

—Potter —saludó, desviando la mirada y apretando la mandíbula.

Narcissa ocultó una sonrisa, sujetando el brazo de Harry.

—Nos vemos otro día, querido —murmuró, besando su mejilla antes de alejarse.

Harry levantó una ceja y observó a Malfoy, que seguía sin moverse. Puso los ojos en blanco y se acercó al sofá donde él estaba, sentándose a su lado.

Draco arrugó la nariz, apartándose un poco.

—¿Qué es lo que te pasa? Pensaba que pasar tiempo con Hermione te iba a ayudar, pero sigues de mal humor.

Él lo fulminó con la mirada.

—Mi vida no es asunto tuyo, Potter. Y sí, estoy mejor.

—¿Entonces?

—Es complicado.

—Ponme a prueba —susurró Harry, alzando las cejas varias veces.

Draco entrecerró los ojos.

—No confío en ti. Ya me traicionaste una vez, no pienso volver a contarte nada.

Harry suspiró.

—Lo hice por tu bien, Malfoy. Ahora eres libre y estás vivo, deja de quejarte.

Él apretó los dientes, mirándolo fijamente.

—Lo único que hace es buscar la forma de dejar de ser mi compañera. Y eso es imposible, Potter. Esta magia es muy antigua y una vez que se activa no hay marcha atrás.

—¿Y por qué no se lo dices?

—Porque se sentiría obligada a estar conmigo, y no quiero eso —contestó Draco, apartando la mirada.

Harry se rascó la nuca, pestañeando varias veces mientras pensaba.

—Tal vez podrías conseguir que se enamore de ti, así ella no lo haría por obligación.

Draco volvió a mirarlo, abriendo mucho los ojos.

—¿Te has vuelto loco? Tú eres el primero que no quiere que estemos juntos.

—Estoy cambiando de idea, empiezas a caerme bien —dijo Harry, dedicándole una sonrisa torcida.

Draco puso los ojos en blanco, levantándose.

—Cállate, Potter. No quiero ni pensar en lo que mi madre y tú estáis tramando —gruñó, saliendo de la habitación.

Harry sonrió, fijando su mirada en la chimenea de mármol negro.

—De verdad me cae bien Malfoy... increíble —comentó, sacudiendo la cabeza antes de ponerse de pie y coger un puñado de polvos flu.