Majo 1989: Me alegro mucho de que te esté gustando :)

florenciagonz03: Porque tenía que cortar el capítulo en algún momento, y ese me pareció el mejor jaja :P

Gibel: jajajaja gracias!

HarleySecretss: jajajajja me has hecho reír!

NarradoraNueva: Sí, me encanta ser cruel jaja :P

hadramine: gracias!

Paola Alarsil: nos tienen a todos desesperados xDD

black-Kiari: Muchas gracias

NoraCg: Muchas gracias! jajaja los dos están en negación todavía xD

IsabelleMalfoy256: Gracias!

MicaelaMalfoy: De nada :)

Vic Black: A mí también me encantan son tan tiernos

Narieleta: jajaja lo siento xD respira hondo

Pao-SasuUchiha: Me alegro de que te gustara :)

BlackStar: Muchas gracias!

SD Sandra D: Gracias por entenderlo. Escribo siempre que puedo, pero el trabajo, la familia, etc... no puedo actualizar más rápido de lo que lo hago

fenilbenceno: jajaja gracias!


Este capítulo también va a ser intenso, espero que estéis preparados/as!


Capítulo Once

Grimmauld Place


—¿Intentar el qué, Granger?

Ella tragó saliva antes de responder.

—Yo pensé que... que intentarías cortejarme o algo así, pero sé que no te gusto —susurró, con sus mejillas enrojeciendo.

Esta vez, fueron los ojos de Draco los que se agrandaron. No podía estar más sorprendido.

—¿Cortejarte?

—Sí, bueno...

—¿Es que hemos vuelto al siglo diecinueve, Granger?

Ella resopló, lanzándole una mirada de odio.

—Ya sabes a lo que me refiero.

Draco recorrió su rostro con la mirada, desde sus ojos marrones, casi dorados por la luz de la luna, hasta sus mejillas sonrosadas y el labio que tenía atrapado entre sus dientes. Estaba nerviosa.

Respiró hondo, intentando comprender lo que ella estaba diciendo.

—¿Habrías aceptado eso? —preguntó, volviendo a mirarla a los ojos.

Granger desvió la mirada, rodeándose a sí misma con los brazos.

—Probablemente sí. Ya no eres el idiota que eras en el colegio, sé que has cambiado, y... pasar tiempo juntos y hablar contigo es agradable —confesó en voz baja, suspirando.

Él apretó la mandíbula, mirándola fijamente e intentando averiguar si estaba mintiendo.

¿Lo decía en serio? ¿Granger quería ser... cortejada... por él? Jamás pensó que esa opción existiera, ella no querría rebajarse a salir con un ex-mortígago como él, que además la había insultado durante años.

Joder, sí que hemos estado perdiendo el tiempo.

—Estás muy equivocada, por cierto. Me gustas, más de lo que te imaginas.

Ella jadeó, muy sorprendida. Los dos se miraron a los ojos en silencio durante un minuto, sin saber qué decir.

—¿Saldrías... saldrías en una cita conmigo? —preguntó Draco, tensándose sin poder evitarlo.

Llevaba meses temiendo que, si algún día le hacía esa pregunta, ella lo rechazaría. Pero Granger sonrió, todavía sonrojada.

—Me encantaría.

Una oleada de felicidad recorrió su pecho, como si su sueño más deseado estuviera a punto de hacerse realidad. Draco no pudo evitar que una gran sonrisa apareciera en su rostro.

—Me refiero a una cita de verdad, Granger. No a lo que hemos estado haciendo estos meses—aclaró, solo para estar completamente seguro.

Ella asintió.

—Lo sé.

Granger sonrió, sin despegar la mirada de la suya. Estaba muy ruborizada y retorcía el borde de la camisa de Narcissa con nerviosismo.

Le quedaba mucho mejor que a su madre.

No pienses en tu madre ahora, joder.

Draco pestañeó, intentando alejar ese pensamiento. Su cuerpo se estaba relajando y empezaba a notar que se quedaba sin energías. Las había gastado todas volando a toda velocidad hacia Londres en busca de Granger y sus músculos estaban resentidos.

Además, apenas tenía fuerzas desde hacía días. Saber que ella estaba en peligro le había hecho olvidarse del dolor, pero poco a poco estaba volviendo.

—Bueno, yo... necesito descansar —murmuró, dando un paso atrás.

Granger frunció el ceño, apretando la bolsa de comida contra su pecho.

—Sigo opinando lo mismo que antes, Draco. Tienes mal aspecto y deberías venirte a pasar unos días con nosotros, al menos hasta que te sientas mejor.

Él jadeó y cerró los ojos, sintiendo que estaba a punto de desmayarse.

Mierda. Delante de ella no.

Notó que algo rodeaba su cintura y, al abrir los ojos, vio que Granger había soltado todas sus cosas y estaba agarrándolo con los dos brazos.

—¿Estás bien? ¿Qué te pasa?

—Estoy muy cansado —susurró Draco, rodeando sus hombros con un brazo para mantenerse en pie.

—Te vas a venir conmigo, quieras o no. Necesitas estar cerca de mí, no seas cabezota.

—¿Cabezota? ¿De verdad tú me estás diciendo esto? —contestó él, entrecerrando los ojos en su dirección.

Ella puso los ojos en blanco, resoplando. Sacó su varita y, tras hacer levitar la bolsa a su lado, empezó a dar pasos lentos hacia la chimenea.

—Espera, Granger. Tengo que avisar a mi madre.

—No hace falta, querido. Justo venía a ver si estabais bien y he escuchado lo que ha dicho Hermione. Estoy de acuerdo con ella, deberías pasar unos días en la antigua casa de mi familia. Te gustará, al fin y al cabo tú eres mitad Black.

Los dos giraron la cabeza a la vez. Narcissa estaba apoyada en el umbral de la puerta, con Rinny a su lado.

Draco frunció el ceño al ver que su madre estaba mirando fijamente los brazos que Granger aún tenía alrededor de su cintura. Sus ojos azules buscaron su mirada y Narcissa le dedicó una pequeña sonrisa.

Él arrugó la nariz. Estaba seguro de que su madre había escuchado toda la conversación, hasta la última palabra.

—No debería marcharme. El Wizengamot me dijo que tenía que quedarme aquí, no creo que les guste descubrir que...

—Yo hablaré con ellos mañana, no te preocupes por eso. Vas a quedarte en casa de un auror así que no creo que les importe —interrumpió Granger.

Draco tragó saliva.

—Pero yo... mi ropa...

—Rinny te llevará varios de tus trajes y un pijama enseguida. No te importa, ¿verdad, Rinny? —interrumpió Narcissa, bajando la mirada hacia el elfo, que asintió con emoción.

—¡Rinny irá a la casa Black enseguida! —aseguró, desapareciendo con un crujido.

Draco chasqueó la lengua con molestia. Se estaba quedando sin excusas.

—Está bien... de acuerdo. Pasaré un par de días allí —aceptó, resignado.

La sonrisa de Narcissa se amplió.

—No tengas prisa por regresar, no me importa estar unos días sola. Creo que iré a visitar a mi hermana, todavía tenemos mucho que contarnos después de tantos años separadas.

—¿Andromeda? —preguntó Granger, sorprendida.

Narcissa asintió.

—Me visitó cuando estaba esperando mi juicio en las celdas del Ministerio. Ella es... yo ya no pienso igual que antes y mi hermana lo sabe. Hemos decidido empezar de cero, volver a conocernos.

Draco apretó la mano con la que estaba sujetando el hombro derecho de Granger sin darse cuenta. Ese tema todavía lo hacía sentirse muy incómodo. Los ojos de Narcissa volvieron a posarse sobre él.

—Tal vez podrías acompañarme la próxima vez, ya va siendo hora de que los conozcas.

Él torció los labios hacia abajo, pasándose la lengua por los dientes. Dudaba mucho que alguien tuviera interés en conocer a un antiguo mortífago al que ya no consideraban humano, por mucho que fueran familia.

—Harry y Ginny estarán muy preocupados —murmuró Granger entre dientes.

Draco la miró de reojo y asintió.

—Vámonos. Hasta mañana, madre.

Granger lanzó un puñado de polvos flu sobre la chimenea y las llamas verdes los engulleron.


En cuanto aparecieron en el salón, escucharon los pasos de alguien corriendo en su dirección.

—¡Hermione!

Potter y los dos Weasley aparecieron en el pasillo. Al verlos, los dos chicos se detuvieron, pero Ginny siguió corriendo hasta lanzarse sobre ella.

—¿Qué ha pasado? ¿Estás bien? —preguntó, abrazándola.

Granger correspondió a su abrazo con un brazo, sujetando con el otro a Draco.

—Sí, estoy bien. Solo ha sido un susto.

—De eso nada —gruñó Draco entre dientes.

Ginny dio un paso atrás y lo observó con el entrecejo arrugado.

—¿Qué te pasa, Malfoy?

—Está muy cansado —contestó Granger por él.

Weasley y Potter ya estaban junto a ellos y Draco vio que Harry tenía los ojos vidriosos.

—Harry... estoy bien, de verdad —insistió ella.

—Él dijo que estabas en peligro, se fue volando y yo... no sabía qué hacer ni dónde buscarte, Hermione.

—Harry y yo fuimos hasta el restaurante indio, pero no te encontramos —añadió Weasley, suspirando.

—Supongo que entonces ya estaba volando hacia la Mansión Malfoy.

—¿Volando? —preguntó Ginny, abriendo mucho los ojos.

—Es una historia muy larga, y Draco necesita sentarse.

—Sí, vamos al comedor —propuso Potter, quitándole la bolsa a Granger de las manos.

Los cinco avanzaron hacia aquella habitación, con Granger todavía sujetando a Draco para ayudarlo a caminar.

Potter no paraba de lanzar miradas preocupadas en dirección a su amiga y, tras sentarse en una de las sillas, Draco resopló.

—Lo estás deseando, Potter. Adelante, abrázala. No miraré.

—¿Estás seguro? —preguntó, dudoso.

—Sí, pero que sea rápido.

Potter y Weasley dieron unos pasos hacia ella y Draco cerró los ojos, apretando la mandíbula.

Sintió algo desagradable por dentro, pero seguramente era porque sabía lo que estaba pasando. Los tres amigos estaban compartiendo un abrazo, la estaban tocando... pero no dolía.

—Ya está. Gracias, Draco —murmuró Granger, sentándose frente a él.

Ginny agitó la varita y cinco platos llenos de comida flotaron hasta posarse delante de cada uno de ellos.

Draco bajó la mirada un segundo y después miró a Granger, levantando una ceja.

—Tú tampoco has cenado, ¿verdad?

—No ha comido en todo el día —comentó Potter, sujetando el tenedor.

Draco le lanzó una mirada de odio y él se encogió de hombros.

—Hay suficiente para los cinco, Ron ha traído más —murmuró Ginny, que todavía estaba un poco tensa.

—¿Qué se supone que es esto? —preguntó Draco, mirando el plato de comida con desconfianza.

—Comida india. Pruébala, te gustará —dijo Granger, sonriendo.

Él arrugó la nariz, pero cogió el tenedor y probó un bocado. No estaba mal.

—¿Qué es lo que ha pasado entonces? He pasado por el Ministerio y parece que nadie se ha dado cuenta de que Malfoy ha salido de su mansión esta noche, hemos tenido suerte —explicó Potter, paseando su mirada entre ambos.

Hermione suspiró. Todavía podía sentir las manos de aquel hombre alrededor de su garganta.

—Me han atacado dos hombres, querían robarme todo lo que tenía y... y... pero Draco llegó a tiempo y no ha pasado nada.

Harry frunció el ceño y Ron se levantó de un salto.

—¿Qué te han hecho esos desgraciados? —preguntó, con la boca llena y escupiendo arroz sobre la mesa.

—Nada, estoy bien.

—Como digas otra vez que estás bien, voy a explotar. No lo estás —gruñó Draco con voz grave.

Ella lo miró de reojo antes de volver a mirar a sus tres amigos.

—Bueno, todavía no me termino de creer lo que ha pasado, pero podía haber sido mucho peor. No volveré a bajar la guardia, aún quedan muchos criminales sueltos.

Harry y Ron asintieron.

—Sí, faltan muchos Mortífagos por capturar —admitió Ron, suspirando.

—Pero estamos tras la pista de varios de ellos, se esconden en el norte de Gales —añadió Harry.

A Draco le quedaba más de la mitad del plato cuando soltó los cubiertos, llevándose las manos al rostro.

—Necesito... necesito dormir. Estoy agotado.

—¿Va a pasar la noche aquí? —preguntó Ron con voz chillona.

—Sí, necesita estar cerca de mí para recuperarse. Vamos, Draco. Te enseñaré tu habitación —contestó Hermione, lanzándole una mirada de advertencia a Ron para que no hiciera ningún comentario al respecto.

—El dormitorio que hay frente al mío está limpio, Hermione —comentó Harry mientras los veía salir del comedor.

Ella asintió y los dos se perdieron por el pasillo, subiendo las escaleras.

—¿En serio se va a quedar aquí el hurón? —insistió Ron, resoplando.

—¿Y por qué no? Él y Hermione son amigos y esta noche la ha salvado. Cállate ya —gruñó Ginny, cruzándose de brazos.

—Son más que amigos desde hace tiempo, pero ellos no lo saben —añadió Harry en un susurro.

Ron y Ginny lo miraron fijamente, pero él sacudió la cabeza sin dejar de sonreír.


Al llegar a la primera planta, Hermione se acercó a una de las puertas de madera oscura, con Draco apoyado sobre sus hombros.

Tras abrirla, él la soltó.

—Puedo solo —murmuró, atravesando el umbral de la puerta.

Hermione abrió el armario del pasillo y sacó una toalla blanca, siguiendo los pasos de Draco. Él ya estaba tumbado sobre la cama, con un brazo tapando sus ojos.

—¿Por qué te has quedado sin fuerzas de repente? Antes estabas bien.

—Supongo que me olvidé del cansancio cuando sentí que necesitabas ayuda —dijo él, encogiéndose de hombros.

—Un subidón de adrenalina —susurró Hermione, asintiendo.

Él no dijo nada. Se escuchó un crujido y Hermione jadeó, llevándose una mano al pecho. Una pequeña montaña de ropa doblada había aparecido a los pies del colchón.

—Rinny —explicó Draco en voz baja, suspirando.

—Me voy a ir para que puedas descansar. Si necesitas algo, Harry estará en la puerta de enfrente y yo en el piso de arriba —comentó Hermione, dejando la toalla al lado de la ropa.

Él asintió, con los ojos cerrados y el rostro escondido tras su brazo.

—Gracias por lo de hoy, Draco. Me has salvado la vida.

—Tú salvaste la mía hace meses. Estamos en paz —contestó él, resoplando.

Hermione sonrió, saliendo de la habitación y cerrando la puerta. Volvió a bajar las escaleras, dispuesta a contarles a sus amigos todo lo que había ocurrido esa noche.

Al recordar la conversación con Draco en la mansión, su corazón se aceleró. Todavía prefería mantener eso en secreto, aunque Harry no tardaría en darse cuenta de lo que estaba pasando... la conocía demasiado bien.


—Hermione. Hermione, despierta.

Alguien estaba sacudiendo sus hombros. Hermione abrió los ojos lentamente, encontrando el rostro de Harry a pocos centímetros del suyo.

—¿Harry? ¿Qué hora es?

—Son las tres de la mañana. Tienes que venir conmigo —murmuró él con voz preocupada.

Eso terminó de despertar a Hermione, que se sentó de golpe.

—¿Qué pasa?

—Me he levantado para ir al baño y he escuchado algo raro. He entrado en el cuarto de Malfoy para ver lo que era y... no está bien, Hermione.

Ella tragó saliva, sintiendo un nudo en la garganta.

—¿No está bien? —repitió, poniéndose de pie y buscando sus zapatillas.

—Creo... creo que está agonizando —admitió Harry en un susurro.

Hermione se llevó una mano al rostro, sintiendo que su sangre se congelaba.

—¿Qué?

—Se está muriendo, Hermione. Voy a ir a la Mansión Malfoy, tengo que avisar a Narcissa.

—¡No! —gritó ella, saliendo de su dormitorio sin zapatos.

Bajó las escaleras de dos en dos y empujó la puerta medio abierta de Draco, corriendo hacia la cama.

Estaba más pálido que nunca. Los párpados de sus ojos se veían azules y sus labios estaban totalmente blancos. Su pecho subía y bajaba de forma irregular y con cada respiración jadeaba, como si le costara muchísimo llenar los pulmones de aire.

Hermione cayó de rodillas a su lado, sintiendo que los ojos se le llenaban de lágrimas.

—No. No, no, no... por favor, no. Draco. ¿Draco? ¿Puedes oírme?

Al coger una de sus manos, se dio cuenta de que estaban frías. Draco no respondía al sonido ni al tacto, parecía estar en coma.

Hermione arrugó el entrecejo. No, él no podía morir ahora, después de todo lo que había pasado. Se sentó sobre el colchón y, no muy segura, se tumbó a su lado, apoyando la cabeza en su pecho y rodeándolo con un brazo.

—Siempre te ha ayudado que te tocara, ¿verdad? Espero que también sirva ahora.

Draco seguía respirando de forma superficial, con mucho esfuerzo. Ella cerró los ojos, presionando la nariz contra su cuello.

—Estoy aquí, Draco. Quédate conmigo —susurró, abrazándolo más fuerte.

Harry se detuvo en el umbral de la puerta, suspirando.

—Seguramente agotó las pocas energías que le quedaban al ir a por ti... Voy a buscar a Narcissa, Hermione. Vuelvo en un momento —anunció, cerrando la puerta.

Hermione sacudió la cabeza y más lágrimas cayeron por sus mejillas, mojando la camiseta de Draco.

—No puedes morir, ¿Me oyes? Despierta, vamos —pidió, acariciando su antebrazo izquierdo con los dedos.

Al ver que seguía sin responder, levantó un poco la cabeza para observar su rostro. Apretó los puños cuando miró sus labios. Si él se sentía mucho mejor con solo tocarlo... seguramente los besos ayudarían mucho más.

Lo pensó durante un momento y finalmente suspiró, negando con la cabeza. No podía darle un beso si estaba inconsciente... pero no le parecía tan mal besarlo en otros sitios.

Hermione besó su mejilla izquierda despacio, dejando sus labios presionados contra su piel unos segundos. Después hizo lo mismo con la otra y volvió a apoyar la cabeza en su hombro, besando también su cuello.

—No pienso moverme de aquí hasta que vuelvas a estar bien —susurró, repartiendo más besos por su hombro.

Agarró una de sus manos, levantándola y dejando un beso en sus nudillos. Finalmente, apoyó la cabeza en el hueco de su cuello y volvió a abrazarlo, colocando sus manos juntas sobre su pecho, justo donde podía sentir los latidos de su corazón.

Las respiraciones de Draco eran más profundas que antes y estaban volviendo a la normalidad. Hermione sonrió, lo de los besos había funcionado.

Cerró los ojos y suspiró, apretando su mano. Ya no estaba tan fría como antes.


Harry subió las escaleras de Grimmauld Place sujetando la mano de Narcissa, que no podía dejar de temblar.

—¿Dónde está? —preguntó ella con voz ahogada.

—Aquí. No está solo, Hermione está con...

Harry dejó de hablar al abrir la puerta. Su mejor amiga estaba tumbada en la cama con Draco, abrazándolo, y él ya no respiraba con dificultad. Los dos estaban durmiendo profundamente.

Narcissa se llevó una mano al pecho, entrando en silencio. Él la siguió y ella suspiró aliviada al ver que Draco no tenía tan mal aspecto como Harry había dicho.

—Tu amiga ha vuelto a salvarle la vida —susurró mientras observaba a su hijo.

Harry sonrió, colocando una mano en su hombro.

—Pensaba que ya iba a ser demasiado tarde, pero Hermione es increíble.

Narcissa asintió sin poder dejar de sonreír.

—Mejor nos vamos, no quiero despertarlos. Si te parece bien, mañana me gustaría venir a verlo.

—Pues claro, puedes visitarlo siempre que quieras. Nuestras chimeneas están conectadas por la Red Flu —contestó Harry una vez que los dos estaban en el pasillo y había cerrado la puerta del cuarto.

—Van a empezar a salir, los he escuchado hablando sobre eso esta noche —confesó ella mientras bajaban las escaleras.

Harry sonrió.

—Iba a pasar tarde o temprano.

—¿Y te parece bien?

—Al principio tenía mis dudas, pero Malfoy... quiero decir, Draco... no es como antes. Ha cambiado mucho.

Ella asintió, sujetando su brazo para detenerlo al pie de las escaleras.

—Gracias por venir a avisarme, Harry. Ve a dormir, sé salir sola de aquí. Al fin y al cabo, esta fue la casa de mi abuela.

—Es verdad, no lo había pensado. Buenas noches, Narcissa —respondió Harry, dirigiéndose otra vez a su cuarto.

Al entrar, miró el reloj que había sobre su mesita. Casi las cuatro de la mañana... menuda noche.