HarleySecretss: jajajaja a ver lo que pasa!
Micaela Malfoy: Gracias
GiulianaContesso: todos nos hemos asustado, pero Hermione llegó a tiempo otra vez :)
NoraCg: Muchas gracias! :) es uno de mis capítulos favoritos por ahora
Blackstar: Si, el final fue intenso jaja
black-kiari: jajajaja. De nada, me encanta escribir y es genial ver que a más personas les gustan las locuras que salen de mi imaginación xD
Guest: Gracias! :)
Cccccc00: Muchas gracias
LizzyMalfoy92: jajajaja los dos están un poco en las nubes xD pero a mí también me costaría aceptar sentir algo tan diferente por alguien a quien he odiado durante muchos años
Lady Lovegood II: Muchas gracias, es una alegría ver que os gusta :)
¡Hola otra vez! Más de 100 reviews, muchas gracias.
He estado de viaje, pero ya he vuelto y aquí tenéis un capítulo nuevo. Espero que os guste :)
Capítulo Doce
El día después
Hacía tiempo que no dormía tan bien.
Algo cálido estaba a su lado, transmitiéndole calor. Inspiró lentamente y el mejor olor del mundo invadió sus fosas nasales. Dulce y floral, con un toque ácido que le recordaba a sus manzanas favoritas.
Granger.
Sonrió, torciendo un poco la cabeza hacia el lado donde el aroma era más fuerte sin abrir los ojos. Sabía que estaba soñando y no le apetecía nada despertarse.
No era la primera vez que soñaba con ella, y probablemente no sería la última.
Algo se movió sobre su pecho y escuchó un suspiro. Su cuerpo se tensó y sus ojos se abrieron de golpe.
Lo primero que vio fueron rizos oscuros a tan solo unos centímetros de su nariz. Al bajar la mirada, se dio cuenta que lo que se había movido era un brazo.
El brazo de Granger.
Ella estaba tumbada junto a él, abrazándolo y completamente dormida. Por la ventana entraba la luz del sol, que arrancaba reflejos caoba de su pelo. Ya había amanecido.
Draco frunció el ceño. Aquello parecía demasiado real para ser un sueño.
Siguió observándola dormir mientras a su mente empezaban a llegar recuerdos del día anterior.
El dolor había empezado a ser casi insoportable, por lo que se había pasado gran parte del día en su cama. Draco cerró y abrió los dos puños, sorprendiéndose al darse cuenta de que ya no le resultaba doloroso. Estaba algo cansado, pero los músculos respondían bien.
Cerró los ojos cuando sus dedos rozaron la cintura de Granger, apretando la mandíbula. Tenía una de las manos apoyada en la parte baja de su espalda.
De repente, recordó que se había olvidado del dolor cuando sintió miedo. Su miedo. Granger estaba aterrorizada en algún sitio y sus instintos tomaron el control, transformándolo en Veela y guiándolo hasta donde estaba ella.
Y había llegado justo a tiempo, joder. Todo su cuerpo tembló de rabia al ver a esos dos hombres con sus manos sobre ella y al oler sus lágrimas.
Lo que pasó después estaba nublado por su sed de venganza, pero recordaba que Granger le había pedido que no los matara. Y ella les había borrado la memoria.
Después había vuelto a la mansión con ella en brazos, curando sus heridas y ayudándola a tranquilizarse. Y entonces ella había vuelto a decir la palabra amigos otra vez.
Draco suspiró, pensando en la conversación que habían tenido ante la chimenea de la mansión.
Una cita. Granger había aceptado salir con él en una cita de verdad. Y tras eso lo había obligado a ir con ella a Grimmauld Place al verlo tan débil.
En cuanto ella se fue, consiguió cambiarse de ropa y tumbarse. Después todo había empezado a dar vueltas y la oscuridad lo había absorbido por completo.
Draco no podía recordar nada más. Tenía la sensación de haber escuchado una voz llamándolo, pero seguramente había sido su imaginación.
Abrió los ojos de nuevo, conteniendo el aliento al volver a ver sus rizos.
Ella de verdad estaba ahí. Era real. Él se había debilitado tanto que había perdido el conocimiento, y seguramente Granger se había quedado a su lado para que se sintiera mejor.
Todo su cuerpo estaba paralizado, sin saber qué hacer. Si se movía iba a despertarla y no sabía cómo iba a reaccionar ella.
Draco decidió cerrar los ojos y relajarse, disfrutando del momento. Más tarde podría preguntarle lo que había pasado, no había ninguna prisa.
Su almohada estaba mucho más dura de lo normal. Hermione movió un poco la cabeza hacia atrás y sintió el aliento de alguien en su rostro.
¿Crookshanks?
Abrió los ojos lentamente, pestañeando varias veces. Al ver el pijama gris sobre el que estaba apoyada, todos los recuerdos volvieron de golpe.
Jadeó, levantando un poco la cabeza. Draco estaba respirando con normalidad y podía sentir el calor de su cuerpo a través de la ropa.
Estaba bien, mucho mejor que hacía unas horas.
Hermione utilizó uno de sus codos para incorporarse, hasta que consiguió ver su rostro. Los labios de Draco volvían a tener color y estaban entreabiertos, por eso había sentido su aliento. Seguía teniendo ojeras, pero ya no eran tan oscuras como antes.
Movió el brazo que tenía alrededor de su pecho, colocando la palma sobre su corazón, y lo sintió tensarse de inmediato.
—¿Draco? ¿Puedes oírme? —susurró, suspirando aliviada al notar los latidos fuertes y rítmicos bajo su mano.
Sus ojos grises se abrieron y la miraron fijamente.
—Sí —contestó con voz ronca, aclarándose la garganta.
Hermione sonrió. Dejó caer la cabeza sobre su pecho, cerrando los ojos.
—Anoche me asustaste mucho —confesó en voz baja.
Sintió a Draco moviéndose y se apartó, sentándose sobre el colchón. Él seguía tumbado, bastante tenso y sin apartar la mirada de ella.
—¿Qué es lo que pasó?
—Estuviste a punto de morir, Draco. ¿Por qué no me llamaste cuando empezaste a encontrarte mal? —preguntó ella, sintiendo que los ojos se le llenaban de lágrimas al recordar el momento en el que había entrado en la habitación y lo había visto.
Él arrugó el entrecejo.
—Creo que me desmayé. No recuerdo nada desde que me dejaste aquí y te marchaste.
Hermione suspiró, pestañeando para contener las lágrimas.
—Harry se dio cuenta de que no estabas bien y me avisó. Si no lo hubiera hecho, tú...
Apartó la vista, apretando los dientes. Sintió los dedos de Draco sobre su mano y bajó la mirada, viendo como él trazaba sus nudillos con el dedo índice.
—Me has salvado la vida otra vez —murmuró él, recorriendo su rostro con la mirada.
—Prométeme que me llamarás si vuelves a sentirte mal —exigió ella, mirándolo con gesto serio.
Draco entrecerró los ojos, pero unos segundos después asintió.
—Te doy mi palabra.
Hermione relajó la postura, apoyando la espalda en el cabecero de la cama.
—¿Cómo estaba cuando me encontraste? —preguntó Draco, restregándose los ojos con las manos.
—Te costaba mucho respirar, parecía que te dolía hacerlo. Y estabas frío, completamente blanco...
Él arrugó la nariz, apoyando los dos codos en el colchón para levantarse. Hermione sujetó su hombro, ayudándolo a sentarse.
—Cuando una Veela está así de mal, no suele recuperarse. ¿Qué fue lo que hiciste? ¿Abrazarme? —preguntó, volviendo a mirarla a los ojos.
Hermione se sonrojó y él levantó las dos cejas.
—Yo no... no sabía que hacer. Siempre te ha ayudado estar cerca de mí, así que me tumbé contigo y te... te besé.
Los ojos de Draco se abrieron mucho más.
—¡No en los labios! Nunca haría eso sin tu permiso. Te besé por la cara, el cuello, las manos... —se apresuró a añadir Hermione con voz temblorosa.
—¿Y eso funcionó? —preguntó en un susurro, arqueando una ceja.
Ella asintió.
—Tu respiración cambió y la temperatura de tu cuerpo empezó a subir poco a poco.
Draco le dedicó una pequeña sonrisa.
—Gracias.
Ella también sonrió, todavía ruborizada.
—De nada. No pretendía quedarme dormida aquí, yo...
—No importa —la cortó Draco, sacudiendo la cabeza.
Hermione tragó saliva. Los dos se sobresaltaron al escuchar un ruido metálico que venía del piso de abajo.
—Debe ser Harry preparando el desayuno. ¿Tienes hambre?
Él asintió, levantando las piernas hasta dejarlas caer a un lado de la cama. Intentó ponerse de pie, pero sus rodillas fallaron y volvió a caer sobre el colchón.
Draco maldijo entre dientes, apretando los puños.
—Es normal, después de lo que te pasó anoche debes sentirte muy débil —comentó Hermione, rodeando la cama para llegar hasta él.
Le ofreció las dos manos y Draco se sujetó a ella, pasando un brazo sobre sus hombros. Ella le rodeó la cintura y los dos empezaron a caminar.
Él resopló, arrugando la nariz.
—Estoy hecho una mierda.
—Pronto estarás mejor. Comer te dará fuerzas —dijo Hermione mientras salían al pasillo.
Bajaron las escaleras lentamente y entraron en la cocina. Harry estaba preparando tostadas. Levantó las dos cejas al verlos y no habló hasta que Hermione ayudó a Draco a sentarse en una de las sillas.
—Me alegro de que estés bien, Malfoy —murmuró, dejando una tetera y varias tazas sobre la mesa.
Draco lo observó un momento, volviendo a desviar la mirada hacia la ventana.
—Gracias por tu ayuda, Potter.
—En realidad yo no hice nada, ella es la que te ha salvado —respondió él, apuntando con un cuchillo a Hermione.
Ella estaba a su lado, terminando de preparar unos huevos revueltos.
—¿Por qué no usáis magia? —preguntó Draco, arrugando el entrecejo al verlos cocinar sin sus varitas.
Harry se encogió de hombros, volviendo a la mesa con un plato lleno de tostadas.
—Crecimos con muggles, estamos acostumbrados a esto —comentó Hermione, repartiendo los huevos en tres platos.
Harry sonrió, dando un golpe con su varita sobre la tetera, que se alzó en el aire y sirvió té en las tres tazas.
—¿Contento?
Draco puso los ojos en blanco y Hermione se rio entre dientes mientras se sentaba a su lado.
—Stronzo —gruñó él entre dientes, cogiendo una de las tostadas.
—¿Qué? —preguntó Harry, frunciendo el ceño.
Una sonrisa burlona curvó los labios de Draco.
—Aprende italiano, Potter.
—No, gracias.
—¿Hablas italiano? —preguntó Hermione, sorprendida.
Draco la miró de reojo.
—Los Malfoy vienen de allí. Tengo muchos antepasados italianos, incluido el padre Veela de mi tatarabuelo.
Ella asintió y él volvió a concentrarse en su desayuno. Hermione recordó todas las preguntas que quería hacerle y se aclaró la garganta tras beber un sorbo de té.
—Oye, Draco... ¿Cómo me encontraste anoche?
Él se tensó al oír la pregunta, cerrando los ojos y suspirando.
—Eso. ¿Cómo supiste que Hermione estaba en peligro?
Draco abrió los ojos, dedicándole una mirada de odio a Harry.
—Eso a ti no te importa.
—Creo que me merezco saberlo, después de todo no voy a contar que saliste de tu mansión sin permiso —comentó Harry, soltando el tenedor y cruzándose de brazos.
Hermione abrió muchos los ojos.
—¡Harry! —siseó con enfado.
Draco chasqueó la lengua, paseando la mirada entre los dos.
—Está bien. Pero solo por esta vez, Potter. Y no puedes decírselo a nadie.
—Lo prometo —contestó Harry, levantando una mano mientras sonreía de lado.
Draco suspiró, girando su cuerpo para mirar a Hermione a los ojos.
—No te lo he contado, pero... últimamente puedo sentir lo que tú sientes.
Ella jadeó.
—Ocurre cuando es un sentimiento muy fuerte. Solo me ha pasado tres veces por ahora —añadió Draco, tamborileando los dedos sobre la mesa con nerviosismo.
Hermione tardó unos segundos en responder.
—¿Cuándo?
—La primera vez fue la tarde que estuvimos en esa pastelería muggle. Cuando te di el pergamino, sentí una oleada de felicidad que no era mía.
Hermione enrojeció. Lo recordaba perfectamente.
—Yo... me gusta que me escuches y siempre estés dispuesto a ayudarme —admitió en un susurro.
Desvió su mirada a Harry, pero él estaba apretando los labios con la mirada perdida en la lámpara del techo.
Draco sonrió antes de seguir hablando.
—La segunda vez fue hace unos días. Me desperté en mitad de la noche porque sentí mucha tristeza de repente.
Hermione dejó salir un largo suspiro.
También sabía de qué noche estaba hablando. Estuvo llorando durante casi una hora, recordando a todos los que habían muerto en la guerra.
La sonrisa de Draco desapareció, pero no le preguntó nada.
—Y la última fue ayer, cuando sentí miedo. Bueno, más bien era terror, y me puso los pelos de punta. Me transformé al instante y salí en tu busca.
Hermione se llevó una mano a los labios, que le habían empezado a temblar.
—¿Y sabías dónde estaba?
Draco sacudió la cabeza.
—Tan solo me dejé llevar por mi instinto mientras volaba, y entonces te vi en ese callejón.
Ella asintió y volvió a mirar a Harry. Sus ojos verdes estaban pendientes de ella, llenos de preocupación. Sintió una mano sobre su rodilla y jadeó, desviando la mirada a Draco.
—Nadie volverá a hacerte daño, Granger.
—No volverás a salir sola hasta que todos los mortífagos estén en Azkaban —añadió Harry, asintiendo.
Hermione sintió que la rabia la invadía y se levantó, mirándolos a los dos con mala cara.
—No necesito que me protejan. ¿Todo esto es porque soy mujer? —preguntó con voz grave.
Harry arqueó las dos cejas, sorprendido, y Draco arrugó el entrecejo.
—No, Hermione. Todos vamos a intentar estar acompañados a partir de ahora, yo incluido —comentó Harry.
Ella resopló, volviendo a sentarse.
—¿De verdad es tan peligroso?
—No eres la única a la que han atacado. Hace unas semanas, George me contó que varios tipos lo estuvieron siguiendo cuando salió de su tienda por la noche. Los despistó apareciéndose a la Madriguera y no le dimos importancia, pero creo que quienes fueran no tramaban nada bueno.
—¿Cuánto vais a tardar en atraparlos, Potter? —cuestionó Draco, clavando el cuchillo en la mantequilla.
—Espero que no mucho.
Hermione suspiró, bebiendo lo que quedaba de su té de un trago.
—Por cierto, Malfoy, tu madre va a venir en un rato. Ayer fui a buscarla cuando parecía que tú... pero al ver que estabas bien se marchó.
Hermione sintió que se le helaba la sangre.
—¿Narcissa nos vio?
—¿Durmiendo juntos? Sí —murmuró Harry, intentando contener la risa.
Draco arrugó la nariz y ella gruñó en voz baja, escondiendo el rostro en sus manos.
—Deberíamos irnos, Harry.
—Sí, es casi la hora —confirmó él, mirando el reloj de la pared.
Hermione miró de reojo a Draco.
—¿Estarás bien hasta que vuelva?
—Sí, no te preocupes —dijo él, volviendo a llenar su taza.
—Has prometido avisarme —le recordó ella mientras se ponía de pie.
Draco asintió, poniendo los ojos en blanco.
—Shadow está en el último piso, pero si la llamas bajará hasta aquí —añadió Harry desde el marco de la puerta.
Él volvió a asentir, mirando a Hermione.
—¿A qué hora volverás?
Ella se mordió el labio inferior al pensar en que iban a tener una cita. Con todo lo que había pasado, casi se le había olvidado.
—A la misma hora que iba a buscarte todas las tardes —contestó, intentando no mostrar lo nerviosa que estaba.
Harry ya había desaparecido en dirección a la chimenea. Antes de seguir sus pasos, Hermione escuchó la voz de Draco.
—Te estaré esperando.
Cuando salió de su despacho a las cuatro, Hermione maldijo entre dientes al notar que le temblaban las manos.
Había salido con él decenas de veces, no debería estar tan inquieta.
Solo era una cita. Bueno, en realidad era su primera cita de verdad, si no contaba el baile de Navidad con Viktor Krum en cuarto curso.
Esa noche le habían dado su primer beso, y hasta el momento no había besado a nadie más aparte de Krum.
Hermione estuvo más de un año pensando en que su destino era acabar con Ron, pero cuando él empezó a salir con Lavender esa fantasía terminó.
En su mente apareció la imagen de Draco durmiendo a su lado y sus mejillas se encendieron.
Nunca un chico la había puesto tan nerviosa, y eso que ya no era una niña. En tan solo unas semanas cumpliría diecinueve años.
Hermione sacudió la cabeza, obligándose a dejar de pensar en eso. Entró en la gran chimenea del ministerio y cerró los ojos.
—Número doce de Grimmauld Place.
Pocos segundos después, se adentró en el pasillo de la antigua casa Black. Al llegar a la salita, se quedó sin aliento. Draco estaba sentado en uno de los sofás, leyendo ese libro plateado que ya había visto más de una vez.
Llevaba puesto uno de sus trajes negros y el pelo peinado hacia un lado, aunque algunos mechones le caían sobre los ojos.
Él levantó la vista al escucharla, cerrando el libro y dejándolo en su regazo.
—Granger.
—Hola, Draco. Me gustaría ducharme, ¿te importa esperar un poco más? —preguntó ella, retorciendo el borde de su chaqueta con nerviosismo.
—Todavía es pronto, tómate el tiempo que quieras —dijo él, mirando su reloj de pulsera.
—¿Has pensado en algo?
Los labios de Draco se curvaron hacia arriba y eso solo la puso más nerviosa.
—Tenemos que salir de aquí a las cinco.
Hermione dio un paso atrás, desviando su mirada a las escaleras.
—De acuerdo, no tardaré.
En cuanto la escuchó subir por las escaleras, Draco suspiró y apoyó la cabeza en el respaldo del sofá, fijando la mirada en el techo.
Todavía no se podía creer que ella lo hubiera besado y él no se hubiera enterado de nada. Menuda mierda.
Los malditos nervios le estaban fastidiando, y la conversación con su madre solo lo había empeorado.
Según ella, Draco había conseguido esquivar una muerte segura porque Granger sentía algo por él. Eso hacía que su efecto sobre él fuera aún más fuerte, aunque todavía no se hubiera completado el vínculo.
Y el jodido libro de Giorgio Malfoy también decía lo mismo, así que probablemente era cierto.
¿Y si lo estropeaba todo con un comentario estúpido? ¿Y si perdía su única oportunidad de ser feliz con ella?
Joder, la maldita presión iba a acabar con él.
Siguió leyendo el libro hasta que escuchó pasos en el rellano del piso de arriba. Tras guardarlo en el bolsillo de su chaqueta, salió al pasillo.
No pudo seguir respirando al verla.
El olor de Granger era tan intenso que pensó que iba a volverse loco. Por suerte había estado ocluyendo casi toda la mañana y no tardó en controlar su reacción.
Llevaba un vestido azul, sencillo pero increíble. Parecía que lo habían hecho para ella, y era del mismo color que el que llevó en el baile de cuarto curso.
Draco tenía una imagen de ella aquella noche grabada en la memoria.
Recorrió su cuerpo con la mirada, deteniéndose en los labios que ahora eran de color rojo sangre. También se había maquillado un poco los ojos, haciendo que parecieran aún más profundos de lo que ya eran.
Dos pozos donde él estaba dispuesto a ahogarse si ella le dejaba.
Draco carraspeó, mandando esos pensamientos a una esquina de su mente. Frunció el ceño al ver que llevaba el pelo completamente liso.
Ella bajó los tres últimos peldaños, acercándose a él lentamente.
—¿Ya puedes caminar solo?
Asintió y la vio morderse el labio. Al menos Granger parecía estar tan nerviosa como él.
—¿Estoy rara?
Draco pestañeó varias veces, confundido.
—¿Qué?
Ella se llevó una mano al pelo, pasando los dedos por sus mechones lacios.
—Siempre te metías con mi pelo, por eso he pensado en alisarlo.
Draco apretó los puños. Su pasado iba a perseguirlo hasta el infierno.
—Olvida todo lo que te dije cuando éramos pequeños, Granger. Me gustan tus rizos, siempre me han gustado.
—¿Y entonces por qué...?
—Mentía. Me pasaba el día mintiendo, obligándome a mí mismo a odiarte.
Ella sonrió y un leve rubor apareció en sus mejillas.
—No lo sabía.
Draco dio un paso hacia ella, atrapando uno de sus mechones entre los dedos y acercándolo a su nariz.
—También te queda bien así, pero prefiero tus rizos. Son tan indomables como tú —susurró, mirándola a los ojos.
Estaban tan cerca que escuchó perfectamente como se aceleraban los latidos de su corazón. Al ver que Granger no sabía qué decir, decidió cambiar de tema.
—¿Nos vamos?
—Sí, solo falta una cosa —dijo ella, sacando su varita del bolso.
Golpeó dos veces cada hombro de Draco y él sintió algo frío recorriendo su ropa durante un instante.
—He hecho lo mismo con toda la ropa que hay en tu cuarto, espero que no te importe. No volverá a romperse si te transformas, tus alas la atravesarán como si fueran humo —explicó ella, mirándolo con timidez.
Draco sonrió, negando con la cabeza.
—Sabelotodo.
Ella se rio y el ambiente se relajó un poco.
—No he tocado nada, tan solo he hecho lo mismo con mi varita —añadió ella.
—Confío en ti, Granger.
Ella lo miró fijamente un momento.
—Quiero que hagamos un trato, Draco. No más mentiras —dijo, ofreciéndole su mano para que la estrechara.
Draco asintió, sujetándola y besando sus nudillos. Vio los ojos de Granger abrirse muy sorprendidos y sonrió.
—No más mentiras.
Sin soltarla, los dos caminaron hacia la chimenea, preparados para su primera cita oficial.
