lovetherock: ya lo veremos...
giulianacontesso: ahora lo vas a leer :)
Narieleta: jaja gracias! aquí tienes más
Vic Black: lo sé, me tienen enamorada a mí también
LizzyMalfoy92: jajajaja de nada!
LicetSalvatore: Gracias! :)
Guest: Gracias ^^
Blackstar: Sí... tener que fingir indiferencia es una mierda
TatyGuerrero: es tan frío porque piensa que no tiene ninguna oportunidad con ella :(
NoraCg: La espera terminó! jaja
Capítulo Trece
Primera cita
Su corazón iba a toda velocidad cuando aparecieron en el Caldero Chorreante. Draco apretó su mano y la llevó hasta el patio trasero, donde estaba la entrada al Callejón Diagon.
—¿Dónde vamos? —preguntó Hermione mientras la pared de ladrillos se abría ante ellos, carraspeando al sentir su voz temblorosa.
—A un sitio que creo que te gustará —contestó él, mirándola de reojo.
Atravesaron el arco y entraron en el callejón, que estaba lleno de gente al ser viernes por la tarde.
—¿Y tendrán una mesa libre para nosotros?
—He hecho una reserva.
Hermione frunció el ceño, confundida.
—¿Cómo? Si no puedes salir de casa.
—Usando la lechuza de Potter.
Hermione asintió, mordiéndose el labio inferior con nerviosismo. Dejó de hacerlo al ver que los ojos grises de Draco bajaban hasta sus labios y lo vio sonreír con disimulo.
—H-hoy he hablado con Kingsley —dijo, arrugando la nariz al tartamudear. —El Ministerio ya tiene constancia de que vas a pasar unos días con nosotros y no hay ningún problema. También he mirado los archivos y no hay nada sobre lo que pasó ayer. Nadie te vio.
—Bien —murmuró él, volviendo a mirar al frente.
Varias personas se quedaron mirándolos con la boca abierta, deteniéndose para verlos pasar. Hermione arrugó el entrecejo al ver que ya ni intentaban disimular.
—Ignóralos, Granger —susurró Draco, entrelazando sus dedos.
Ella se ruborizó al recordar la primera vez que había hecho eso, cuando sus tres amigos de Slytherin habían aparecido en su mansión y estaba muy cabreado.
—¿No te molesta? —preguntó ella, mirando sobre su hombro para comprobar si esas dos parejas seguían allí.
Draco se encogió de hombros.
—Me moleste o no, van a seguir haciéndolo. Tú eres una heroína de guerra y yo soy un mortífago al que quieren muerto, así que es inevitable que nos miren.
—No eres un mortífago, no digas eso —dijo ella, apretando su mano.
—Siempre lo seré para ellos.
—No para mí.
Draco se detuvo junto a una puerta, escaneando su rostro con la mirada. En realidad, últimamente tan solo le importaba la opinión de su madre y la de ella. Saber que Granger ahora lo veía de otra forma le hizo sentir esa calidez que siempre se extendía por su pecho cuando ella era amable o cariñosa.
—Hemos llegado.
Hermione levantó la mirada, jadeando al ver el interior del local. Estaba en la parte más profunda del callejón, el lugar donde estaban las tiendas más caras y los restaurantes más prestigiosos.
Leyó el nombre francés que había en el cartel, sintiéndose algo incómoda. Tenía toda la pinta de ser un sitio al que solo iban magos de sangre pura.
Draco se aclaró la garganta, abriendo la puerta para ella.
—Tranquila, Granger.
Hermione atravesó el umbral, recorriendo la pequeña sala de entrada con la mirada. Había una mujer detrás de un mostrador, que sonrió al ver a Draco.
—¡Señor Malfoy! Hace mucho que no viene por aquí.
Él cambió el peso de su cuerpo de un pie a otro, encajando la mandíbula.
—Sí, he estado ocupado.
La mujer vaciló, desviando la mirada hacia Hermione y arrugando un poco el entrecejo. Draco se tensó de inmediato, dando un paso hacia ella y colocando un brazo alrededor de su cintura.
—Ya veo... su mesa está preparada y su camarero les atenderá enseguida.
Él asintió, guiando a Hermione hasta una gran escalera de madera. Los dos subieron en silencio y ella sintió que se quedaba sin aliento al ver lo que les esperaba.
Era una habitación pequeña, las paredes estaban decoradas con espejos y cuadros que mostraban escenas antiguas. La única fuente de luz eran tres candelabros y una vela que estaba en la mesa que había en el centro, con dos sillas que se veían bastante cómodas.
—Es una sala privada. He pensado que así estaríamos más cómodos, aquí nadie podrá escuchar nuestra conversación —susurró Draco cerca de su oído, empujándola suavemente hacia una de las sillas y apartándola para ella.
Hermione se sentó, sintiendo sus mejillas arder. En cuanto él hizo lo mismo, apareció un hombre vestido de negro preguntando lo que les apetecía beber.
Draco la contempló un momento y pidió una botella de un vino blanco cuyo nombre ella no había escuchado en su vida. En cuanto volvieron a estar solos, él se inclinó sobre la mesa y la miró fijamente.
—Estás muy tensa, intenta relajarte. Hemos hecho esto muchas veces.
Ella negó con la cabeza, suspirando.
—No es lo mismo.
—Lo es. La única diferencia es que ahora sabes que me interesas como algo más que una amiga.
Hermione exhaló lentamente, observando al camarero mientras dejaba la botella sobre la mesa. Agitó su varita y se abrió sola, vertiendo un poco de su contenido en las dos copas.
—¿Desde cuando me ves de otra forma, Draco?
Él apoyó la espalda en la silla y desvió la mirada mientras pensaba. ¿Se asustaría si era completamente sincero?
—Desde el día de mi segundo juicio.
Los ojos de Hermione se abrieron mucho y la escuchó jadear.
—¿Lo dices en serio?
—Ese día fuiste tan...— añadió Draco, sacudiendo la cabeza. —Luchaste por mí a pesar de que nunca te traté bien en el pasado y no me lo merecía. Después de eso, no volví a pensar en ti de la misma forma.
Hermione asintió, bebiendo un sorbo de vino para probarlo. Draco sonrió al verla mirar la copa con asombro y beber un poco más.
—¿Te gusta?
—Pensaba que nunca probaría uno mejor que el que compraron mis padres en Francia, pero estaba equivocada —comentó ella, jugando con el tenedor. —¿Cómo sabías que me iba a gustar?
Draco se encogió de hombros.
—Porque es mi favorito.
Ella volvió a mirarlo, sintiendo que se le aceleraba el corazón.
—Tenemos muchos gustos en común, Draco. ¿Crees que eso significa algo?
Él suspiró, pasándose una mano por el pelo.
—No quiero mentirte, Granger. Algún día te lo contaré.
Hermione entrecerró los ojos, pero volvió a mirar la carta. Al ver los precios casi se le cae la copa de la mano.
—Este sitio es un poco caro —comentó en un susurro, contando mentalmente los galeones que llevaba en su bolso.
—Hoy pagan los Malfoy, no te preocupes.
Hermione dejó la carta sobre la mesa, frunciendo el ceño.
—No me parece bien.
Draco alzó las cejas.
—La idea de tener una cita ha sido mía, así que pago yo. Cuando sea tuya, pagarás tú —dijo, señalándose a sí mismo con el dedo.
Ella no pudo evitar sonreír.
—Vale, me parece un buen trato. El lunes podríamos ir a mi restaurante muggle favorito.
Él ladeó un poco la cabeza.
—¿Todavía no ha terminado nuestra primera cita y ya me estás pidiendo otra?
Ella enrojeció y bajó la mirada. Una mano de Draco atrapó la que Hermione tenía sobre la mesa, apretándola.
—Estoy bromeando, Granger. Quiero muchas más citas contigo.
—¿Muchas? —repitió Hermione, tragando saliva.
Él sonrió.
—Cien es un buen número para empezar.
Ella correspondió a su sonrisa, sacudiendo la cabeza y riendo entre dientes. Tras pedir la comida, él apoyó los dos codos sobre la mesa e inclinó la cabeza.
—¿Qué es tan gracioso? —preguntó, arqueando una ceja.
—Es que todavía no me puedo creer que esto sea real —dijo ella, señalando a ambos con su mano. —Hermione Granger y Draco Malfoy confiando el uno en el otro.
Él también se rio, sujetando su copa de vino con las dos manos.
—Es raro, sí. Pero tiene sentido si lo piensas.
Hermione recorrió su rostro con la mirada, deteniéndose en sus ojos grises y en la pequeña sonrisa de sus labios. Nunca lo había visto sonreír tanto.
—Sí, la verdad es que sí. Ojalá las cosas hubieran sido diferentes en Hogwarts.
—Todo pasa por una razón, Granger. A lo mejor ahora no estaríamos aquí si nos hubiéramos llevado bien entonces.
Hermione volvió a sonreír, bajando la mirada hasta la mesa. Draco todavía no había soltado su mano.
—Dijiste mi nombre.
Él pestañeó varias veces, confundido.
—¿Qué?
—Anoche, cuando me salvaste. Me llamaste Hermione.
El entrecejo de Draco se arrugó.
—No lo recuerdo.
—Supongo que es normal, estabas muy enfadado.
—Prefiero no hablar de eso, Granger —murmuró él, apretando los puños.
—Está bien, hablemos de otra cosa.
Dos platos llenos de comida levitaron hasta ellos, posándose sobre la mesa. Hermione sonrió al ver la buena pinta que tenían.
—Este es un sitio donde vienen familias de sangre pura... ¿verdad? —preguntó, mirando a Draco de reojo mientras cogía el tenedor.
Él chasqueó la lengua.
—Sí, y ya es hora de cambiar eso.
Ella frunció el ceño mientras masticaba al ver lo serio que estaba.
—¿En qué piensas, Draco?
—El día de mi juicio dijiste que tenías muchas preguntas y varias condiciones antes de plantearte ser mi compañera —comentó él en un susurro, mirándola fijamente.
Hermione suspiró al detectar esa frialdad en su mirada que indicaba que estaba ocluyendo.
—Las cosas han cambiado mucho desde ese día. Ya no tengo ninguna condición, me has demostrado que puedo confiar en ti.
El rostro de Draco se suavizó un poco.
—¿Y respecto a las preguntas?
Hermione volvió a suspirar.
—Tengo muchas, Draco. Pero sé que no vas a contestarlas todas.
—Entonces... ¿Es una opción real? —preguntó él, con la mirada fija en el plato que aún no había tocado.
—¿Ser tu compañera? —dijo Hermione, apretando los labios cuando él asintió. —Sí, Draco. Me gustaría conocerte un poco más primero, ver si somos compatibles... y entonces aceptaré.
Sus miradas volvieron a conectar y Hermione contuvo el aliento al ver la intensidad de la suya.
—Sabes que eso es algo para toda la vida... ¿verdad, Granger? Una vez que aceptes, no habrá vuelta atrás.
Ella asintió y Draco se enderezó, torciendo el cuello hacia un lado hasta que sus huesos crujieron.
—¿Por qué estás tan tenso? —preguntó ella en un susurro, observándolo con preocupación.
—Solo estoy intentando controlarme —contestó él, apartando la mirada.
—¿Es que crees que vas a hacerme daño? —insistió ella, arrugando el entrecejo al ver lo blancos que tenía los nudillos de tanto apretarlos.
Los ojos grises de Draco se clavaron en ella.
—Al contrario, Granger. Nada de lo que está pasando por mi cabeza ahora mismo te dolería.
Hermione abrió mucho los ojos, intentando pensar en una respuesta.
—Mi sangre Veela me ha vuelto mucho más impulsivo que antes, por eso tengo que controlarme. No quiero asustarte —añadió él, dejando salir un largo suspiro antes de coger sus cubiertos.
Ella pestañeó varias veces, volviendo a concentrarse en su comida.
—¿Algún día dejarás de utilizar la Oclumancia?
—Sí, pero no hoy. No hasta que aprenda a contenerme.
Hermione se mordió el labio inferior. La conversación se había vuelto demasiado intensa.
—¿Y tú que piensas de mí, Draco?
Él se limpió los labios con la servilleta, dejándola sobre la mesa.
—Ya lo sabes.
—No, no lo sé.
Draco puso los ojos en blanco, suspirando.
—Yo no necesito más tiempo para pensar, tengo muy claro lo que quiero.
—¿Y qué es lo que quieres?
Él apretó la mandíbula, haciendo girar el anillo que llevaba en la mano izquierda. Ser sincero con ella era más difícil de lo que esperaba.
—A ti, Granger.
Las mejillas de Hermione se tiñeron de rojo al instante.
—Hoy estás siendo muy directo —comentó en voz baja, llevándose una mano al cuello y enredando un dedo en su colgante.
—Tú eres la que quería que fuera sincero.
—Sí, pero no esperaba que fueras tan...
Draco le dedicó una sonrisa burlona.
—Los Malfoy siempre saben lo que quieren y yo no soy diferente —dijo, entrelazando los dedos de sus manos sobre la mesa.
Hermione intentó ralentizar su respiración cuando el camarero apareció con el postre.
—Respira, Granger. Nos lo tomaremos con calma, tenemos tiempo. Seguiremos conociéndonos hasta que tomes una decisión.
Ella negó con la cabeza.
—No quiero que vuelvas a estar en peligro, Draco. ¿Cuánto tiempo tengo para aceptar el vínculo?
Draco lo pensó un par de segundos mientras saboreaba la tarta de chocolate.
—Ahora que has aceptado salir conmigo y paso mucho tiempo cerca de ti... yo diría que unos cuantos meses.
—¿Y si esto no funciona? ¿Y si no somos felices juntos? —preguntó ella, sintiendo un nudo en la garganta.
Él se encogió de hombros.
—No quiero que decidas estar conmigo por obligación, Granger. Quiero que sea una decisión tuya, así que no te preocupes por eso.
—Y yo no quiero que mueras.
—No moriré. Tengo el presentimiento de que esto saldrá bien —dijo él, sonriendo.
Hermione sonrió también sin poder evitarlo.
—A mí me pasa lo mismo, pero tengo miedo. Nunca... nunca he tenido una relación —confesó en voz baja, mirando a su alrededor con nerviosismo.
Draco se levantó, acercándose hasta su silla. Ella se sorprendió al ver que ya habían terminado el postre.
—No me importa, Granger. Lo único que quiero es que me des una oportunidad —susurró él, ofreciéndole una mano.
Ella la aceptó, poniéndose de pie.
—Te la estoy dando, Draco —contestó, ruborizándose otra vez.
Él sonrió al escuchar los latidos de su corazón. Estaba demasiado nerviosa.
Dio un paso más y la rodeó con sus brazos. Sintió cómo ella se relajaba al apoyar la cabeza en su pecho.
—Respira hondo. No voy a comerte, lo prometo. Las Veelas no comen humanas, por mucho que les guste su olor —murmuró, enredando los dedos de una mano en el pelo liso de Hermione.
Al escuchar su risa, él también se tranquilizó. No debería haberle dicho lo que le costaba controlar sus impulsos, pero no quería seguir mintiendo.
Estar a solas con ella era demasiado tentador. Desde que se sentaron en la mesa, su sangre Veela había estado pidiendo que se lanzara sobre ella y la besara, y cuando Granger admitió que estaba pensando en ser su compañera había estado a punto de hacerlo.
Si no supiera usar la Oclumancia...
Draco sacudió la cabeza, hundiendo la nariz en su pelo y disfrutando de su aroma. Tenía que ir despacio, conquistarla como ella se merecía. No podía dejarse llevar por sus instintos.
Se apartó un poco y, tras rodear su cintura con un brazo, volvieron a bajar las escaleras.
—Apúntalo en la cuenta familiar —dijo al volver a ver a la mujer de la entrada.
Ella asintió y los dos salieron del local. Hermione cerró su abrigo al sentir el frío de Londres en su piel y Draco volvió a sujetar una de sus manos.
El aire estaba aclarando su mente y torció los labios al pensar en lo que le había dicho.
—Granger, yo... siento haberte asustado —murmuró, mirándola de reojo.
Ella sacudió la cabeza.
—No lo sientas, quiero saber todo lo que pasa por tu cabeza.
Entraron juntos en la chimenea del Caldero Chorreante y Hermione suspiró cuando aparecieron en Grimmauld Place. La casa estaba oscura, seguramente Harry ya estaría dormido.
—Me gustaría saber lo que pasaría si dejas de ocluir.
Draco apretó su mano, negando con la cabeza mientras subían las escaleras.
—Es peligroso, Granger. Ya has visto bastante por hoy.
—Siempre dices eso, pero yo sé que nunca harías algo que me molestara o me hiciera sentir incómoda. Aquel día paraste al ver que me asusté.
Él resopló, deteniéndose ante la puerta de su cuarto.
—Te pusiste completamente pálida y eso me asustó a mí también.
—No esperaba que me abrazaras de repente y me pidieras perdón de esa forma.
Draco se cruzó de brazos, mirándola fijamente.
—Por eso no volveré a bajar la guardia mientras esté contigo. Quién sabe lo que podría pasar ahora.
Hermione tragó saliva, jugando de forma ausente con uno de los botones de su abrigo.
—Yo quiero saberlo.
Draco cerró los ojos, respirando profundamente.
—No, Granger.
Ella suspiró, levantando una mano para acariciar su mejilla.
—De acuerdo. Buenas noches Draco.
Un rugido resonó en su pecho y, antes de que pudiera seguir subiendo las escaleras, le rodeó la cintura con sus brazos y la hizo retroceder, empujándola contra una pared.
Sus manos subieron hasta su pelo, enredándose en él e inclinando su cabeza hacia atrás, obligándola a mirarlo a los ojos.
Draco juntó sus frentes y Hermione vio un brillo plateado en su mirada. Sus ojos bajaron hasta sus labios un segundo y después volvieron a mirarla, pidiendo permiso.
Ella asintió, rodeando su cuello con los brazos. Él inclinó la cabeza y ambos cerraron los ojos al sentir que sus alientos se mezclaban.
Justo cuando sus labios estaban a punto de rozarse, se escuchó una voz que los sobresaltó a ambos.
—¡Hermione! ¿Cómo ha ido la... Oh, no.
Draco se alejó de ella de un salto, apretando los dientes.
—Joder —siseó, lanzando una mirada de odio hacia la puerta del cuarto de Potter.
Ginny estaba en el umbral, cubriendo su boca con las dos manos.
—Lo siento, pensaba que Hermione estaba sola —murmuró, paseando la mirada entre ambos.
Él entrecerró los ojos y, tras mirar una última vez a Hermione, levantó una de sus manos y besó sus nudillos.
—Hasta mañana, Granger.
Ella asintió y Draco desapareció en su cuarto, cerrando la puerta. Hermione suspiró, mirando a su amiga con el ceño fruncido.
—Lo siento mucho, no quería interrumpir —insistió Ginny, dando unos pasos hacia ella.
—Estaba a punto de besarme —siseó Hermione, mirando de reojo la puerta del cuarto de Draco.
Ginny sonrió, dando un par de saltitos.
—¿Entonces ha ido bien?
—Ha sido muy intenso, pero me ha encantado —confesó ella en un susurro.
Ginny la abrazó, muy sonriente.
—¡Eso es genial!
Ella correspondió a su sonrisa.
—Me lo contarás todo mañana, ¿verdad?
—Solo si prometes no volver a interrumpirnos —dijo Hermione, levantando una ceja.
—Lo juro —contestó Ginny, poniendo una mano sobre su corazón.
Hermione se rio entre dientes, desviando la mirada hacia la puerta del cuarto de Harry. Él estaba apoyado en el umbral y las observaba en silencio, sonriendo.
—Nos vemos mañana, chicos —murmuró ella, empezando a subir las escaleras.
Ginny le deseó buenas noches y volvió a entrar en el cuarto de Harry.
Hermione suspiró al entrar en el suyo, dejándose caer sobre la cama de espaldas. Había sido increíble, y ese pequeño momento en el que Draco había perdido un poco el control y le había dicho esas cosas sintió como si su piel ardiera bajo su mirada.
Se estremeció al pensar en lo que sentiría cuando él la besara y cerró los ojos, dejando salir un suspiro tembloroso.
¿Cuántas citas más necesitaría para que él dejara de contenerse?
Draco abrió los ojos al escuchar dos golpes en su puerta.
—Adelante.
Al ver entrar a Hermione, se sentó sobre la cama y arrugó el entrecejo.
—¿Ha pasado algo, Granger? ¿Estás bien?
Ella asintió, cruzando los brazos y dando pasos lentos hacia él.
—No es nada, es que yo... me da miedo que te vuelva a pasar.
Sus ojos grises se abrieron más al entenderlo.
—No voy a entrar en coma otra vez, hoy me siento muy bien. Mejor que hace mucho tiempo.
Hermione recorrió su cuarto con la mirada, mordiéndose el labio inferior.
—Pero... ¿Y si te sientes así por haber pasado tanto tiempo conmigo? ¿Y si al estar lejos vuelves a perder fuerzas?
Draco suspiró, sonriendo al ver lo preocupada que estaba. Se apartó hasta estar tumbado en el lado derecho del colchón y lo golpeó suavemente con una mano.
—Puedes quedarte aquí, si quieres.
Ella dio dos pasos más, sentándose en el borde de la cama.
—¿No te importa? Dormiría más tranquila si sé que estás bien.
Él resopló, ladeando la cabeza.
—Pues claro que no me importa, Granger.
Ella sonrió y se tumbó a su lado, tapándose con la manta. Tras una mirada nerviosa, se acercó más y apoyó la cabeza en su hombro. Draco la rodeó con sus brazos, cerrando los ojos para disfrutar de su olor dulzón.
—Hacía meses que no dormía tan bien como ayer.
Sus labios se curvaron hacia arriba al escuchar su susurro.
—Y yo, Granger.
—Que duermas bien, Draco.
Él rozó su frente con los labios, sin llegar a besarla, y volvió a cerrar los ojos.
—Buenas noches.
