¡Al fin! Mil disculpas que me tardé mucho. Pero aquí estamos :D
Agradecimientos: A Georgii por su donativo para ayudar a que esté fic esté acá este mes también :D A Blossommarie, que, aunque ella pidió otro fic, gracias a su donativo estamos también aquí :D Por cierto; atrasada la publicación, pero: ¡feliz cumpleaños! :D
ADVERTENCIAS: Muerte de personaje.
66 páginas; 30k de palabras.
Viaje movidito
Vamos, bajo este sol lleno de promesas.
Comencemos, en este pequeño momento.
No puede dejarnos el mal, no puede dejar de abrazarnos.
7:00 de la mañana. Konoha School.
—¿Estamos todos?
La voz de la mujer se elevó por encima de los cuchicheos de los alumnos. Todos guardaron silencio para mirarse unos a otros. El último profesor subió y dio diversas palmadas mientras acomodaba una libreta contra su estómago.
—¿Naruto? —cuestionó.
Un muchacho alto y rubio se elevó desde la parte de atrás. Fue de los primeros en entrar junto a otros muchachos. Extendió su brazo y tocó el techo del autobús.
—¡He llegado a tiempo, ttebayo! —anunció.
Le pareció que el profesor sonreía bajo la extraña máscara o cubrebocas. La mujer que había hablado empezó a contar asientos y después, se volvió hacia él.
—Están todos.
Se acercó hasta su altura para bajar la voz.
—Incluido Menma.
No pudo evitar preguntarse si esos dos chicos serían los más peligrosos. Eso conllevaba un viaje movido, aunque sólo fuera hasta el aeropuerto.
—Señor —indicó el profesor dirigiéndose esa vez hacia él—. Una vez suba el tercer profesor, podemos marcharnos.
—De acuerdo —aceptó—, pero espero que no tarde mucho. El tráfico a esta hora es horrible.
—No lo hará. Ahí está —informó la mujer.
EL hombre del que hablaban era gigantesco. O al menos, a él se lo parecía. Masticando un cigarrillo entre los dientes y caminando mientras cargaba con un petate a la espalda. Escupió el cigarrillo y los miró con unos ojos amables que escondían un gran fuego. De alguna forma, supo que ese hombre era peligroso.
Sintió el peso del móvil en su bolsillo y el sudor por su espalda.
—Ya podemos irnos —informó el recién llegado, sacándolo de sus pensamientos—. ¿Todo bien?
—Sí, perfecto —afirmó. Presionó el botón del cierre de las puertas.
En el mismo instante en que lo hizo, los alumnos gritaron de emoción. Casi le dio un paro al corazón.
—Chicos, haced el favor —indicó el hombre de la máscara caminando hasta su asiento. Pero una vez lo hubo ocupado, la mujer se levantó para sentarse en otro asiento.
Uno como chófer terminaba conociendo más de sus clientes de lo que deseaba saber. Ellos confiaban sus vidas a sus manos, a sus sentidos y a su deber civil. Siempre se había prometido a sí mismo que le gustaría ser como aquel chófer que condujo hasta un anden mientras su cuerpo estaba atravesado por el alerón de otro vehículo.
Y sin embargo, en ese momento iba muerto de miedo.
Sacó el móvil y escribió tres simples palabras. No entendía qué tenía de interesante esa clase. Sólo eran chavales viviendo su juventud, un viaje escolar. Pero había servido para que secuestraran a su hermana, exadicta. Si no les entregaba las coordenadas, los horarios, amenazaban con volver a hundirla en la mierda de la que acababa de salir.
No deseaba volver a verla de ese modo. Si enviar un mensaje era lo único que tenía que hacer, lo haría con gusto.
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Llegaron a las ocho y punto. Justo para embarcar las maletas y empezar a dirigirse a la puerta correspondiente. Caminar todo ese trayecto con adolescentes alocados podría ser un verdadero dolor de cabeza.
Rin, Kakashi y él tenían que partirse por zonas para poder tenerlos controlados. Y era algo difícil. Las chicas tendían a detenerse en los servicios más de una vez y cuando iba una, las demás tenían que seguirlas. Así que ambos decidieron que Rin se encargaría de ellas. Y aunque habían tenido que sacar a los chicos casi arrastras del cuarto de baño de hombres por ponerse a jugar con el agua, los chicos llegaron antes a la puerta de embarque que ellas.
—¿Qué hay de los enfermos? —cuestionó observando que los chicos estuvieran sentados en zonas donde pudieran controlarlos.
—Ellos entrarán por otra puerta y antes que los demás—explicó Kakashi—. Suelen sentar a los especiales primero, a menos que haya cambios. El vuelo no parece retrasarse.
Miró hacia la pantalla de avisos con el nombre de la isla, el horario y número de vuelo correspondiente al suyo.
Kakashi se frotó el ceño y él lo observó. Lo conocía lo suficiente bien.
—Está difícil la cosa con Rin. ¿Eh?
Casi sintió deseos de echarse reír ante la cara perpleja de Hatake.
—Sí, es muy obvio. Eso de que se levante sin más de donde tú estás sentado y sin hablarte más de lo necesario. Se echa algo en falta vuestras pullitas —reconoció tanteándose los bolsillos.
—No se puede fumar —recordó Kakashi chirriando los dientes.
Él maldijo entre dientes.
—Mierda. Y son dos puñeteras horas de vuelo —protestó. Le dedicó una rápida mirada—, mira, Kakashi. ¿Ves a esos chicos?
Kakashi observó a los adolescentes con el ceño fruncido. Bostezaban, reían, se estiraban y comentaban entre susurros seguramente alguna travesura que pensaban (o intentarían), ocultar de ellos.
—En estos momentos, son mucho más maduros que vosotros dos. Y parece mentira, que uno sea un capacitado profesor y la otra, una psicóloga. Ambos arrastráis un pasado, igual que estos chicos arrastraran en el futuro. Tenéis menos dificultades que ellos, que no saben lo que les espera mañana.
Kakashi levantó una ceja.
—¿Me estás sermoneando a mí? ¿Tú? ¿El que te comportas como un crío con Kurenai y siempre andas ojo avizor para castigar a un chico más joven que tú como Itachi?
Carraspeó, ligeramente avergonzado por eso.
—Bueno, eso y lo otro son dos cosas diferentes. En mi caso es más relajado —puntualizó intentando desviar nuevamente el tema a Kakashi y Rin—, vosotros tenéis que superar algo que ya no está entre vosotros, que no os impide ser feliz.
Por supuesto, Kakashi no iba a confesar así como así sus pensamientos. Mantuvo la boca cerrada y aunque Asuma se percató de que miraba a Rin algo más atento que antes, continuó sin moverse. Incluso se sentó junto a él en el avión.
—Oye. Se supone que íbamos a partirnos por la mitad —remugó por tener que estar más apretado entre los asientos—. Maldita sea, estos asientos ignoran a la gente grande como yo.
—Pues a Choûji se le ve encantado —ironizó Kakashi cruzándose de brazos.
Asuma clavó la mirada en su compañero.
—¿Es algún castigo o qué? —cuestionó irritado.
Kakashi no llegó a responder. Shikamaru apareció en su campo de visión.
—¿Podemos hablar? —cuestionó mirándole directamente.
Kakashi y él intercambiaron una mirada.
—Sí —confirmó—. ¿Le dejas el sitio al chaval? Luego cuando estemos en el aire, si tanto me echas de menos, puedes sentarte de nuevo.
Su compañero de trabajo remugó, pero asintió y cedió el asiento. Shikamaru se sentó y obedeció su gesto de abrocharse el cinturón.
Los alumnos y los profesores ocupaban la gran mayor parte de primera clase. Los asientos especiales ya estaban ocupados con Gaara y Sai, junto a Ino y Temari. Shizune estaba encargándose severamente de todo y no aceptaba errores de márgenes, así que aprovechaban el tener que ocuparse de los más activos para no inmiscuirse más de lo necesario. Habían corrido una cortina para dejar a Gaara aislado por si sufría algún ataque imprevisto.
Los demás, estaban sentados según sus asientos correspondientes, pero no le extrañaba que en un rato terminaran cambiándose, sentándose donde no les correspondía y llenando el lugar de más bullicio. Se suponía que Kakashi debía de ir sentado seis filas más atrás y Rin al final.
Él se encargaba de los frontales, donde por suerte, no había tanto jaleo todavía. En realidad, odiaba mucho ser el profesor malvado, así que prefería dejarles esas tareas a otros. Sin embargo, sabía que, si debía de hacerlo, lo haría.
—¿Lo has notado? —preguntó Shikamaru.
Asuma mordisqueó el chicle que esperaba calmara sus ganas de fumar. Se había comprado siete paquetes, conocedor de que, en realidad, iba a ser más duro de lo que pensaba. Abandonar la policía y consumir más nicotina creó una simbiosis clara de adicción.
Ante su falta de respuesta, Shikamaru le miró enarcando una ceja. Los motores del avión se pusieron en marcha y la alerta de cinturón más la prohibición de fumar se encendieron. Miró por la ventanilla observando la pista de aterrizaje, parte del edificio y los diferentes vehículos que se alejaban.
—Sí. Kakashi también —respondió—. El chófer. En cada semáforo. Desde que nos subimos todos.
—Sí. Y no es el único.
Maldito mocoso. Sonrió para sus adentros. Era un genio. Un condenado genio que llevaba en los genes ser un detective. Seguramente, no llegara a ello. Quizás tomara otro tipo de oficio. No lo sabía. Pero no podía negar que llevaba los mismos genes que su padre. En realidad, no conocía a ningún varón Nara que fuera falto de recursos de sesera. Además, tendían a sentirse atraídos por mujeres fuertes e inteligentes a su par. Si eso ayudaba a su progenie, debería de ser cierto. ¿Acaso buscaban por instinto eso que llevaba a su línea sanguínea a seguir siendo así?
No estaba seguro. En su caso, nunca había sentido nada tan fuerte como le pasaba con Kurenai. Y no hacía más que maldecir por el hecho de que no había acudido al viaje. Él no quería ver a Shizune o Rin. Él quería haber visto las curvas de Kurenai. La forma en que el bañador se ajustaba a su cuerpo. Su piel nívea.
—El hecho de que nos hayan hecho viajar es porque algo gordo va a pasar. ¿Verdad? En la ciudad.
—Inteligente —murmuró cerrando los ojos cuando el avión tembló al levantarse en el aire—, pero demasiado apresurado, chico. No adelantes eventos. Disfruta lo que tienes ahora. Se te ha concedido de nuevo.
—¿Y hacer oídos sordos a lo que dejamos atrás o llevamos con nosotros? —cuestionó.
Asuma comprendía que se refería a Menma y o estresante que debía de ser pensar que en cualquier momento el chico podría provocar una explosión con la clase. Que estuviera ahí presente fomentaba esa creencia y también, las demás expuestas por Jiraiya y Tsunade. El punto era: ¿hasta dónde sería capaz de llegar Menma? Y ¿cuánto soportaría Naruto?
—Por el momento, sí —recomendó. Señaló con la barbilla hacia el lugar donde Temari y Gaara descansaban—. ¿Crees que no te arrepentirás en el futuro de perderte ciertas cosas?
La cara impasible que Shikamaru siempre colocaba cuando indagabas de más en sus sentimientos, apareció. Asuma le apretó el hombro.
—Mira, chaval. El chófer no ha sido el único. La azafata de ventanilla tampoco. Probablemente en la isla nos encontraremos a más gente que os tendrán controlados. Especialmente, a esos dos de ahí delante. Gaara sigue siendo un peligro potencial para ellos. Su hermana podría ser ahora su punto débil. Y no es la única. ¿Verdad?
Shikamaru apretó la mandíbula.
—Puede que no os hayáis dado cuenta, ya que lo hacéis por naturaleza, pero siempre que alguna persona de vuestro grupo está en peligro la rodeáis como si fuerais mamás gallinas. Matsuri. No la he visto sola ni una sola vez. Hasta está muy cercana a Sakura estos días.
—Mi padre os advirtió —supuso Nara.
—En parte sí —reconoció—. Y, por otra parte, no te olvides qué fuimos Kakashi y yo. Ni quien nos enseñó. Tampoco subestimes los contactos de tu padre.
No necesitó añadir más para que Shikamaru lo comprendiera. En realidad, estaba seguro de que no había necesitado mucho esa charla, pero a él le gustaba hablar y al muchacho, escuchar. No obstante, tenía derecho a ser justo lo que era: un adolescente con las hormonas revueltas y emocionado por ver a la chavala que le gustaba en bikini, tostándose al sol o andando con sus encantos juveniles.
—Volveré a mi asiento —informó soltándose el cinturón.
Asuma asintió y bostezó.
—¿Cuánto crees que tardarán en hacer más escándalo? —preguntó.
Pero no necesitó respuesta. Mientras Shikamaru sonreía ladeadamente, la voz de Naruto llegó con fuerza desde atrás, protestando porque Kiba acababa de quitarle unas dichosas patatillas.
Iban a ser las dos horas más largas de su vida.
Y joder, necesitaba fumar, necesitaba dormir y necesitaba a Kurenai.
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Presionó el timbre con tanta fuerza que bien podría haberse cargado el dichoso aparato. La puerta se abrió poco después y un hombre mayor la observó de arriba abajo, juzgando su vestimenta y sus maneras.
Levantó el dedo corazón como respuesta y lo hizo a un lado dispuesta a llevarse por delante a quien fuera necesario. Quizás estaba demasiado encendida como para considerar que debería de haber dejado pasar más tiempo, pero cuanto más lo pensaba más irritada se sentía.
No era una cosa de sentarse a pensar y decir que simplemente debía de reír (1). No. Era de sus hijos de quien estaban hablando. Y lo peor que podía haber en el mundo humano era una madre furiosa por sus cachorros.
—Debería de marcharse cuanto antes, señora —dijo el hombre—. Nadie le ha concedido permiso para entrar.
—Y no necesito que me lo concedan —interrumpió antes de que continuara con sus corteses formas para echarla—. Los dueños de esta casa seguramente ya saben por qué he venido y me conocen lo suficiente como para saber que hacerme esperar será empeorar el asunto.
Durante mucho tiempo había vivido con miedo en esa casa. Pasar por esos pasillos, atravesar el salón para sentarse en una mesa en la que se sentía demasiado pequeña… No. Ya no era aquella adolescente.
—¡DAD LA CONDENADA CARA!
Gritó a pleno pulmón. El hombre dio un respingo aún mantenido el rictus firme en su rostro, aunque su boca se tensó un poco.
—He de rogarle que mantenga la voz baja. La salud de los dueños es delicada.
—¿Y qué me importa a mí? —gruñó volviéndose hacia él—. Simplemente tenían que hacer una condenada cosa en toda su maldita vida. ¡UNA! Dejarme vivir mi vida en paz. Y me la arrebataron.
—Te dejamos tener lo que debías de tener. Nada más.
Su madre bajaba las escaleras a pequeños pasos, sosteniéndose de un bastón que golpeaba firmemente contra el suelo. Continuaba observándola con sus pequeños ojos, semejantes a los de un cuervo y su boca no mostró ninguna dilatación especial hacia ella.
—¿Qué has dicho?
La mujer se detuvo al llegar al final, respirando con dificultad. El hombre se acercó a ella para sostenerla cuidadosamente y acercarla más a ella.
—Lo que has escuchado. Creía que el sordo era mi marido. Las malas cosas siempre se heredan.
—Te he oído perfectamente —corrigió—. Lo que no logro comprender es qué te ha dado derecho a decidir por mí qué debía de tener o no. ¡Era mi hijo!
—Y tuviste un hijo. La parte imperfecta, al menos. Menma es un niño perfecto del clan Uzumaki. Algo que ese… ¿Cómo se llama tu bastardo?
Kushina deseó abofetearla. Tuvo que apretar sus manos en los costados para no hacerlo.
—Mi hijo no es ningún bastardo —recalcó—. Naruto es hijo de su padre y mío. No le falta nada. Y al parecer, logré inculcarle buenos valores. ¿Menma es perfecto? ¿Acaso llamas perfección a sus acciones? Habéis permitido que mi hijo secuestrara a dos chicas.
La mujer se encogió de hombros. Delgada, mucho más pequeña de lo que Kushina la recordaba.
—Daños colaterales, como siempre. Los Uzumaki somos lo que somos gracias a esas minucias.
—¿Minucias? ¿La vida de las personas es lo que siempre creéis que son? —cuestionó rechinando los dientes.
—Sí —afirmó su madre, directa—. La de tu marido, la de tu padre, la del vecino. Todas son para algo. Para un destino especial para otras personas. La de tu marido logró hacer ver a Menma que siendo como él no llegaría a nada. Había otros caminos que recorrer mejores.
Sintió deseos de vomitar, de gritar, patalear. Y todavía nada de eso serviría.
—Todo eso inculcado en la mente de un niño pequeño. ¿Qué era yo? ¿El monstruo que lo abandonó?
—No es lo que le enseñamos —negó la mayor sacudiendo la cabeza.
Kushina no lo comprendió del todo, pero estaba segura de que en esas palabras se escondía algo malo. Algo oscuro.
—Devolvedme a mi hijo.
—Ya es tarde, querida —descartó la matriarca de los Uzumaki—. Mi nieto ya es un completo Uzumaki.
Llevó la mano hasta su bolsillo, sacando un papel que desdobló lentamente. Lo empujó contra su pecho.
—Sí, pero mi Uzumaki, no vuestra mierda de mafia.
Después, se acercó a la puerta para cerrarla de un portazo. Había hecho una copia de la partida de nacimiento de Menma para ese momento.
Ese niño era suyo. Salió de sus entrañas.
Con los ojos llenos de lágrimas caminó y caminó hasta detenerse frente a la puerta que pensó que jamás lo haría. No necesitó llamar para que las puertas se abrieran.
—Nunca pensé que haría esto, pero eres la única potencia capaz de ayudarme contra los Uzumaki.
Inclinó la cabeza, mordiéndose el labio inferior. La rabia llenó sus ojos de lágrimas.
—Por favor, Hiashi.
.
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Acomodó la sábana lentamente para cubrir el cadáver. Los mechones rubios se caían y los gusanos y la podredumbre ya estaban en una fase avanzada, poco podía hacer ya.
Igualmente, no había duda.
—¿Es de él?
Kabuto levantó la mirada de la sábana mientras se quitaba los guantes y los arrojaba en el cubo de basura cercano tras pisar la palanca con el pie.
—Lo es. Es Minato Namikaze.
—Increíble. El impresionante hombre convertido en solo huesos y gusanos.
Retrocedió para permitirle explorar su curiosidad.
—Cuéntame cosas, Kabuto. ¿La chica es peligrosa?
El énfasis hacia la muchacha de Gaara lo sacó de sus turbios pensamientos.
—No. Estuve siguiéndola. Me vio y no me reconoció. Es del tipo de mujer que vive caminando por campos de flores que otra cosa.
Su jefe arrugó la nariz con desagrado.
—No me gustan esas mujeres. Son las peores. Pero no voy a marcharme las manos innecesariamente.
Asintió y caminó hasta una de las jaulas. Una joven mujer se encogía, temblando, rehuyendo de la jeringuilla que había dejado frente a ella.
—¿Qué hacemos con ella, señor?
Su jefe ni la miró.
—Ponle un chute y devuélvela.
—¡No! —gritó la mujer—. ¡Por favor, no diré nada, pero no me vuelvas a meter eso!
Kabuto ignoró sus gritos. Abrió la jaula y tomó la jeringuilla.
—Un viaje de ensueño.
Sonrió en la oscuridad mientras la observaba caer, con lágrimas y el rostro desencajado. Le dio la espalda para empezar a preparar su traslado.
—Se han llevado a los chicos lejos de mis garras —comenzó su jefe cubriendo de nuevo el cadáver—, pero no es como si fuera el final. ¿Hasta dónde crees que llegará la corrupción de este mundo, Kabuto?
Se subió las gafas lentamente.
—Hasta el final.
Luego miró el cuerpo.
—¿Qué hacemos con él? Ha costado varios favores que llegase hasta nuestras manos. Ese chaval ni se ha inmutado en implicar a un empresario tan importante como el remitente del cuerpo.
Su jefe observó la sábana oscura. Su mueca se torció.
—Trocéalo en pedacitos y prepáralo para enviarlo. Le haremos un favor a ese chaval.
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—Realmente esta institución es increíble.
Itachi levantó la mirada de la comida para observarla. Izumi Uchiha le había llamado esa mañana con deseos de quedar de nuevo con él. Itachi estaba enfocándose en sus estudios y se había planteado seriamente pedirle el favor a Pain a cuenta de darle un medio de locomoción, pero ella parecía tan necesitada que no le importó detener un poco su tiempo.
Se sentía ligeramente intrigado hacia ella. Especialmente, porque hasta Sasuke parecía recordarla y él no.
Su hermano no había abierto más la boca después de la visita de Izumi y Daisuke. Por más que Itachi le preguntó, se ofuscaba y terminó por contestarle demasiado irritado. Sasuke sabía que había algo más, algo que lo torturaba además de sus problemas con Sakura. Se excusó con estar concentrado en el viaje y él no insistió.
Por la mañana se había despedido casi a gruñidos y aunque le había enviado un mensaje para anunciarle que habían llegado bien, Itachi esperaba tener más tiempo libre para poder llamarle.
Esperaba que el sol, la arena, el mar y las hormonas no terminaran por volverlo loco.
—Siempre puedes hacer cursos si estás interesada.
—¡Qué va! No podría. Especialmente, costeármelo. Estoy bien cuidando niños y puedo hacer mis prácticas de maestría. Creo que ya te dije ayer que estoy trabajando por la noche con la clase de Daisuke.
—Dijiste que cuidabas de él.
—Sí. —Se sentó a su lado tras dejar de admirar los jardines y la estructura—. Es un dulce. Lo que pasa es que es tímido. Aunque ahora tiene a quien admirar.
Itachi chasqueó la lengua.
—No sé si sea buena idea que me admire.
—¿Por qué no? —inquirió.
Guardó un momento de silencio hasta que pudo hablar.
—Alguien quien me admiraba terminó cayendo en un bucle de oscuridad. Lo abandoné sin mirar atrás y eso, tuvo consecuencias.
Izumi extendió su mano hasta atrapar la suya con una delicada caricia de su pulgar en la palma.
—Tú no tienes la culpa de provocar que otras personas te idolatren, Itachi —dijo amablemente—. Yo misma admiro a personas que quizás mañana me podrían parecer horribles o simplemente, dejar de ser admirables.
—Eso lo sé bien.
Cerró pausadamente la comida con la tapadera y se la entregó. Izumi la tomó con cuidado y sonrió. Él no.
—Yo admiré durante un tiempo a un maltratador, pederasta y explotador entre otras cosas.
Lejos de llamarle exagerado, Izumi guardó silencio. Presionó los dedos contra las fiambreras y apretó los labios.
—Otras veces, las personas a las que admiras también mueren. Y eso, también es doloroso —le dijo. Ella asintió. Levantó la mirada para posarla sobre él—. Admirabas a tus padres.
—Sí —confesó—. Mi madre era profesora y mi padre, pediatra. Les quería mucho. Aunque pasaban mucho tiempo sola algunas veces y sé lo que es no tenerlos. Crecí siendo consciente de por qué, por supuesto. Y eso me gustaría poder demostrarle a Daisuke. Sus padres también trabajan muchas horas por un motivo. Los he visto y cuando vuelven a casa, se desviven por él. No comprándole regalos para que aliviar su culpabilidad. Se tiran al suelo con él para jugar, ven juntos sus series favoritas, escuchan sus historias…
—Suenan la familia feliz.
No quería ser hipócrita, ni frío, pero no podía evitar pensar que eso eran cuentos de hadas. No todas las familias tenían esa suerte. No recordaba el tiempo en que su padre se tiraba al suelo con ellos. O que los abrazó como con cariño.
—Existen. Realmente existen —aseguró ella—. Y se pueden construir.
Levantó la mirada al cielo, entrecerrando los ojos. Ahora entendía qué sentía Sasuke cuando le insistía en que podía arreglar las cosas con Sakura.
—Conocí a tu padre, Itachi.
—Eras nuestra vecina, según Sasuke.
Izumi asintió. Dejó la fiambrera a un lado para volverse hacia él. Temblaba.
—Sí. El día en que mis padres murieron corrí hasta tu casa —explicó—. No sé en qué pensaba. Quizás en que tu madre era muy buena y que podría ayudarme. Pero fue él quien me recibió.
No pudo evitar tragar ante un escalofrío aterrador.
—Fue… extraño, horrible. Me acogió con una sonrisa falsa. Me sentó en su sillón.
No pudo hablar más. La voz se le cortó.
Itachi sintió el cuerpo de piedra. No podía moverse para tocarla, para animarla. ¿Cómo podía hacerlo?
Se levantó repentinamente y le dio golpecitos en los hombros, sorprendiéndolo.
—¡No te preocupes! —animó—. A lo que iba, es que no puedes poner en un pedestal a todo el mundo porque siempre se caen. Nadie es perfecto y justamente eso, puede hacernos perfectos a ojos de otra persona. No desconfíes siempre de todos, Itachi, pero tampoco te hundas en la oscuridad. Yo confié en su momento y pensé que no iba a volver a creer en ningún Uchiha. Y entonces, tú saltaste en medio de una carretera para salvar a un niño. Eso, no lo hace todo el mundo.
Parpadeó y ella se echó a reír.
—Perdona, al final te he dado una charla.
Se incorporó, metiéndose algunos rebeldes mechones tras sus orejas.
—¿Cómo lo haces? —le preguntó. Cuando ella mostró confusión continuar—. Cómo puedes seguir adelante con lo que mi padre te hizo. No sé ni cómo puedes mirarme a la cara sin sentir deseos de matarme…
—¿Por qué debería de fustigar sus errores sobre ti? —cuestionó—. Además, no llegó a mucho. Tu madre apareció como caída del cielo y me salvó. Aprendí que no todos los hombres son malos. Me levanté. Me dolía más la perdida de mis padres en ese momento que preocuparme por alguien a quien no comprendía. Cuando lo entendí fue más tarde, cuando besé a mi primer novio. Y ya era tarde. No quería dejarme caer en esa oscuridad. Me alejé de todo lo relacionado con los Uchiha, me enfoqué en ser feliz y hacer lo que me gusta. Y los niños me gustan. No de un modo retorcido, claro.
—Lo sé, lo entiendo —puntualizó ante su inquietud—. Entonces. ¿Ayer fue tu primera vez en mucho tiempo en los terrenos de la familia?
—Sí —confirmó encogiéndose de hombros—. Las cosas han cambiado mucho a como las recuerdo. Ni siquiera está aquella tienda de dango en la que solía comprar algunos cuando volvía de clases.
Itachi la recordaba. Siempre se detenía en ella también.
—Esa tienda era especial para mí —rememoró con una sonrisa soñadora—. ¿No te da intriga saber por qué?
Estaba muy tentado a asentir, pero algo tras ella llamó su atención. Lo reconoció enseguida. Ella notó su desatención, volviéndose también con curiosidad.
—¿Ese chico está bien? Parece enfermo…
Itachi casi se echó a reír.
—Kisame siempre ha sido muy fanático de los tatuajes. Hasta el punto de convertir su piel en algo azulado. Con esa cara incluida, parece un pez.
—Te he oído —espetó Kisame al llegar a su altura—. ¿Qué haces ligando en vez de estar en clases?
—Era yo la que estaba ligando —corrigió Izumi atrapando su bolsa y metiendo los restos de comida en ella—. Pero ahora ya me has cortado todo el rollo, así que me marcho.
Itachi se puso en pie, confuso, mientras que Kisame se echaba a reír.
—Cuando quieras a un hombre de verdad, ven a verme, guapa.
Izumi levantó una mano como despedida. Itachi golpeó su estómago con el codo, disimuladamente.
—¡Joder! —protestó Kisame—. Un poco más abajo y me vuelas las pelotas.
—¿Qué diablos quieres? —cuestionó.
—Informarte —remugó entre dientes—. Tu padre ha tenido visita en la cárcel. Querías enterarte de todo cuanto pasara. ¿No?
—Sí. ¿Sabes quién era?
—Era un tipo trajeado. Parecía de buena casa. No sé si ha firmado o no, pero me dio un buen esquinazo, así que no es cualquiera. Quizás quieras avisar al poli ese de la otra vez. ¿Cómo se llamaba?
—Nara —respondió frotándose la cara—. También tendré que avisar a Hiashi —gruñó—. Voy a tener que perder una hora de clase, diablos.
—Ey, con ella no parecía molestarte tanto perderla —bromeó Kisame rodeándole los hombros con uno de sus pesados brazos.
—Esa chica fue abusada por mi padre siendo una niña, Kisame —expresó a media voz—. No te atrevas a soltar más mierda por la boca.
Kisame retrocedió levantando ambas manos. Luego se marchó, dejándolo a solas para hacer las llamadas. Cuando colgó, se sentía como una mierda. Pudiera ser que su padre fuera en causante de tanta maldad, pero los resultados le estaban abofeteando directamente en toda la cara.
Pensó en Sasuke y rogó porque no llegara a salpicarle jamás.
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Fueron dos horas largas en las que prefirió estar antes que en su casa. Cuando el avión aterrizó fue como si dejaran atrás un mundo gris y se abriera uno dorado que sacó gritos y risas a sus compañeros. Incluso el autobús que apestaba a sudor y gasolina fue un golpe fantástico de frescor.
El hotel era increíble y a pie de playa. Los había visitado anteriormente, aunque nunca ese, gracias a la fortuna de su familia. Aunque sus padres no eran de los más adinerados de la rama Uzumaki, podían permitirse perfectamente esa clase de lujos.
—Es como estar en casa. ¿Verdad, prima?
Por un instante, se había olvidado de él. Menma, su pesadilla, continuaba hostigando a la clase simplemente con su presencia, con sus frases mordaces y hasta por respirar. La belleza del lugar empezó a decaer.
—Vale, chicos —anunció la voz de Kakashi por encima del resto—. Vosotros conmigo. Las chicas, con Rin.
Llevaban toda la mañana haciéndolo del mismo modo. Los separaban. Por un lado, era bueno. No quería sentir la misma angustia de tener sentado al lado a Sasuke o que Menma estuviera cerca de ella, divirtiéndose a costa de su sufrimiento. Por otro, las chicas estaban algo molestas, porque cada vez que se acercaban a ellos por algún motivo, recibían una regañina.
Vio que Shizune se marchaba con los enfermos por otro lado. Ni siquiera les habían permitido acercarse a ellos, prometiéndoles que más tarde podrían hacerlo. Sólo Ino y Temari permanecían con ellos en todo momento.
—Hinata. ¿Te encuentras mejor?
Miró por encima del hombro hacia la nombrada. Sakura le daba suaves palmaditas en la espalda mientras asentía. Mantenía un pañuelo rosado contra sus labios y su piel, generalmente pálida, lo estaba más. Al otro lado, con los chicos, Neji y Lee estaban por igual (2). Neji parecía ir recuperándose más rápido, pero Lee, siempre tan enérgico y acostumbrado a ser un terremoto andante, en cada paso que daba parecía ponerse tan verde como su camiseta.
—Que ambos primos os hayáis mareado a la par es curioso —opinó Matsuri.
—Es la maldición de los ricos —recayó. Se lo había escuchado una vez decir a una azafata cuando se mareó en su primer vuelo—. Ricos, guapos, exitosos. Algo malo tenía que haber. Vomitar y marearse es un pecado pequeño.
Las demás la miraron incrédulas. Hasta que Hinata soltó una risilla entre dientes.
—Menos lo de guapa y exitosa, te lo compro —dijo.
—Oye, para nosotras eres hermosa —recalcó Sakura—. En realidad, los chicos de nuestra clase tienen mucha suerte de tenernos.
—¿Estás tomando el rol de Ino para las bromas sueltas? —cuestionó Karui.
Sakura chasqueó la lengua.
—La verdad es que se echa de menos sus frases mordaces —murmuró.
—¡Chicas! No os quedéis atrás —indicó Rin acercándose—. ¿Va mejor, Hinata? Ahora que tengáis la habitación te tomas esta bebida que te ayudará. —Le ofreció una botella de agua con limón—. Y si persiste, avisaré a Shizune.
—Muchas gracias —aceptó Hinata.
Rin asintió y miró hacia el mostrador de recepción.
—Vamos a inscribirnos —anunció—. A ver qué habitaciones os toca.
—¿Los chicos estarán cerca? —preguntó.
Rin asintió.
—No en las mismas habitaciones, claro está. Pero estaréis todos en la misma planta. Es más fácil para nosotros y para Shizune si necesitáramos algo de ella. Aunque hay más médicos, es demasiado cuidadosa con sus propios encargos.
Se acercaron al mostrador tras que los chicos terminaran. Kakashi se los llevó en uno de los ascensores y Asuma, en otro.
Rin fue mostrando sus billetes de reserva y después, tomó todas las llaves para seguir el mismo camino que los chicos.
—Os acomodaréis en habitaciones conjuntas —explicó mientras iban subiendo—. Ahora os iré diciendo los nombres.
—¿Qué hay con Ino y Temari?
—Sai y Gaara dormirán juntos, así que ellas se reunirán con vosotras más tarde —explicó.
Sakura pareció preocupada.
—Si Gaara sigue teniendo ataques, puede que a Sai le moleste —sopesó Matsuri.
—No creas, Sai tiene mucha más paciencia de lo que crees —descartó Sakura—. Además, seguramente Shizune duerma en un anexo a ellos. ¿Verdad?
Rin asintió.
—Ella dormirá en una habitación conjunta a ellos. No necesitáis preocuparos.
—Pero eso no ayudará a que Sai le vea tener uno de esos ataques —sopesó Matsuri más preocupada—. La verdad es que pensé que Temari y él compartirían habitación.
—Y, por ende; ¿Ino y Sai? —inquirió con picardía Rin—. Venga, chicas, que no nací ayer. Vale que estemos en un viaje escolar y que vuestro corazón pueda latir por la emoción de lo que podría pasar, pero los profesores seguimos siendo vuestros responsables y la verdad, no nos gustaría nada que a causa de unas hormonas mal llevadas y encima, poniéndooslo en bandeja, volváis con un regalito que no os ayudará en nada ahora mismo.
—Mejor que no. —Se santiguo Sakura.
Hinata las miró sin comprender.
—¿Qué clase de regalito? —cuestionó inocente.
Karin la miró incrédula. A veces le confundía: ¿realmente se hacía la inocente o era todo fachada para verse como la chica perfecta y adorable?
—Embarazo —respondió con cierta irritación—. ¿No fuimos juntas a clases de sexualidad la última vez?
Hinata enrojeció.
—¡Oh, oh! —exclamó azorada—. Ya entiendo —tartamudeó—. Perdón…
Sakura clavó la mirada en ella, regañándola.
—Hinata es muy pura todavía para esas cosas —indicó—. Enseguida se marea cuando tiene demasiada información. No la juzgues.
Karin se cruzó de brazos.
—Pues va a tener que empezar a espabilar o terminará criando hijos rubios antes de graduarse.
El gesto de Sakura cambió a irritación. La aferró del brazo con tanta fuerza que apenas pudo retener un gesto de dolor.
—Cierra tu maldita boca —le aconsejó—. No eres la más indicada para burlarte de algo así. Si tú tienes una carrera ya de sexo, las demás no tienen por qué seguirte tus pasos.
—Chicas —farfullaron Matsuri y Hinata a la par.
Karin se soltó bruscamente, con tan mala pata, que arañó a Haruno sin querer.
—¿Qué sabrás tú de mí? —acusó antes de que decidiera atacarla como defensa—. ¡No tienes ni idea de lo que es para mí todo eso!
Se subió las gafas, nerviosa.
—Suficiente —ordenó Rin interponiéndose entre ellas.
Karin empezó a temblar. No quería recordarlo. No quería pensar en aquel momento en que fue peor que ser una muñeca hinchable.
—Lo siento. —Fue Sakura la que se disculpó para su sorpresa y las demás—. Ni tú tienes derecho a quejarte de la inocencia de Hinata ni yo de recriminarte si eres o no activa sexualmente. Es tú cuerpo y tú decides. Simplemente, no impongas tus pensamientos sobre las demás. Hinata está bien siendo como es. Cuando llegue su momento, ella será la que esté ahí tomando las decisiones y aprendiendo, y a su ritmo.
Karin desvió la mirada. Mentalmente, deseó fervientemente que Hinata tuviera esa opción.
—Está bien —gruñó.
Rin sonreía. Se percató de algunos chicos estaban en la puerta cercana, curiosos. Especialmente, Kiba, Shikamaru, Choûji y Sasuke.
Karin desvió la mirada automáticamente al encontrarse con la oscura. Rin puso en su mano una llave, que miró perpleja.
—Esta es la de tu habitación —explicó—. Estarás con Karui y con Tamaki (3). Dejad las cosas y reuniros frente a vuestra puerta. No hace falta que os quitéis el uniforme todavía. Esperada a nuevas indicaciones.
Miró a las otras dos que asintieron a la par. Tomaron sus bolsas y avanzaron hasta meterse en la habitación. Era grande. Un cuarto de baño, un sofá y tres camas separadas por una mesilla de noche. Karui se acercó hasta la que estaba más contra la pared.
—Tomo esta.
—¡Yo la ventana! —anunció Tamaki casi saltando sobre la cama como si fuera un gato.
Karin suspiró y avanzó hasta la del medio. Dejó su bolsa a los pies y se dio golpecitos en los hombros.
—Hacía mucho tiempo que Sakura y tú no teníais una pelea.
Desvió la mirada de sus cosas hacia Tamaki. La chica casi siempre permanecía más observadora que otra cosa. Karin siempre pensó que le recordaba a los gatos. Era, junto a Matsuri, una de a las que menos atención prestaba. No sólo tenía que ver su actitud. Quizás, es que las pocas veces en las que se la encontró fuera de clases ella estaba rodeada de esos animales en cuestión. Así como enlazaba a Kiba con los perros, bien podía enlazar a Tamaki con los gatos.
—Es cierto —corroboró Karui intrigada—. Tampoco nunca te habías metido con Hinata. Sólo atacabas a las que tuvieran que ver Sasuke.
Abrió su maleta con desgana. No quería hablar de ese tema.
—Bueno, pues ahora ya no —dijo lo más groseramente posible—. Meteros en vuestros asuntos.
Se dio la vuelta para esconderse en el baño antes que las lágrimas la traicionaran. ¡Maldita fuera! Ella no era así. Su carácter era fuerte, firme y decidido. Karui, sin embargo, no estaba por la labor de dejarla marchar. La retuvo del brazo con más fuerza de la que esperaba.
—Es nuestro problema —señaló—. Karin, esto siempre ha funcionado así entre nosotros. Vosotros me lo demostrasteis.
—Esa es la política de Naruto, no mía —corrigió. Ojalá ella pudiera ver el mundo del mismo modo que lo hacía su primo.
—Bueno —continuó Tamaki acercándose y, para su sorpresa, abrazándola por detrás—, es lo que hay. Y creo que tú ya no puedes más, Karin.
Se mordió el labio inferior.
¿Y cómo podría decir la verdad sin sonar horrible? Estaban hablando de Sasuke, uno de los chicos que entraban dentro del pilar construido de amor y lealtad de Naruto. Ella sólo era uno de los que lo sostenían. ¿Qué podía ser importante al lado de Uchiha? Nada.
—Te causa problemas tu sexualidad. ¿Verdad?
Asintió ante la pregunta de Karui.
—¿Eres lesbiana?
—No —negó atónita. Tamaki sonrió amablemente, claramente, no había malas intenciones tras su pregunta—. Creo que eso es obvio.
—No creas —descartó ella—. Conozco a muchas chicas que han fingido estar detrás de un trasero masculino cuando se morían de ganas por comerle la boca a su mejor amiga. El miedo a salir de su zona de confort —porque nunca entenderé porqué las personas han de salir de un armario—, las aterraba. Pensé que ese podría ser uno de los problemas.
Comprendió mas negó una vez más.
—Me gustan los hombres. El problema es que… escogí el equivocado.
Karui chasqueó la lengua con irritación. Le frotó los brazos.
—Sasuke Uchiha te ha rechazado —dedujo.
Karin bufó.
—Ojalá hubiera hecho eso mejor —soltó cubriéndose los labios en el mismo instante. Ambas ya la miraban fijamente. Karui empezó a remangarse y ella tuvo que retenerla—. ¡No es lo que crees! Y eso es lo que lo hace más triste —añadió bajando la voz.
—¿No te forzó? —Tamaki ladeó la cabeza, con su largo cabello castaño cayendo lacio por su hombro—. Puedes decirlo sin miedo.
—No lo hizo —prometió. Porque era verdad. No la forzó—. Sólo… fue… No sé ni cómo expresarlo.
—Haz un esfuerzo. Porque tengo unas tijeras en mi maleta y están afiladas —advirtió Karui enarcando ambas cejas.
Tomó aire, sentándose a los pies de la cama tras quitar la maleta. Las otras dos la imitaron, sin despegarse de ella.
—Ya sabéis como era yo antes.
—Una fangirl loca.
—Una cabeza hueca.
—Vale, ya sé que me amáis —gruñó—. Pero tenéis razón. Era así. Si Sasuke decía que iba a llover, yo lo afirmaba, aunque hiciera un sol de verano intenso. El caso es que siempre esperé tener un idílico romance con él. Al final, sólo fui utilizada. Me ofrecí a él, tentándolo, y solo aceptó si sólo era una vez. Pensé que sería capaz de enamorarse de mi cuerpo, o yo qué sé —expresó con irritación. ¿Alguien podía crear una máquina del tiempo para volver atrás y pegarse a sí misma? —. No funcionó. Sasuke se cuidó, pero no se aseguró de mi propio placer. Creo que jamás se percató de que yo era virgen.
—¿Le pediste que parase? —preguntó Tamaki con los dientes apretados.
Ella negó con la cabeza.
—Fuiste tonta —acusó Karui—, pero el amor o la obsesión a veces nos hacen pensar en cosas inadecuadas y aceptarlas. Creo que si le hubieras dicho que se detuviera, lo abría hecho. ¿O no?
—Sí, estoy segura —reconoció—. En realidad, lo que más me dolió fue lo del final. No presté mucha atención en sí al dolor, porque… bueno, era la primera vez. El problema es que después, él simplemente se marchó, dejándome atrás. Y al día siguiente ni me preguntó cómo estaba, cómo volví a casa o si quería comer algo. Ni siquiera se inmutó cuando me alejé de él.
Se abrazó a sí misma.
—Madre mía —susurró Tamaki—. Era tu primer amor, tu primera vez y… se te rompió toda la burbuja de la peor forma posible.
—Sí…
Karui se puso en pie.
—Pero yo lo que no entiendo es lo que le veis todas. Vale, tiene tipazo y tal. Pero ya puede estar más bueno que el pan que si su personalidad es una mierda, por mí puede irse por el caño. Además. ¿No notabas que ese tipo no tiene ojos para otras personas que no sean Sakura y Naruto?
—Estaba cegada, Karui —reconoció—. Veía lo que quería ver. Simplemente.
Tamaki entrecerró los ojos.
—Imagino que ahora es muy violento estar sentada a su lado. Aunque siento que hay algo más que te asusta.
Karin entrecerró los ojos. Tamaki era un animal. Un animal con cuerpo humano. No tenía pruebas pero tampoco dudas. Acercó sus manos a sus mejillas para pellizcárselas.
—¡Ay, ay! ¿A qué ha venido eso? —protestó la muchacha.
—Nada, sólo intentaba comprobar una cosa —respondió soltándola.
Antes de que dijera algo más, la puerta fue golpeada dos veces. Se miraron entre sí, curiosas. Karui fue la que se acercó para abrir, soltando un taco.
—Hablando del rey de Roma —masculló.
Tamaki y ella se asomaron. Sasuke Uchiha estaba en el umbral, mirándolas con curiosidad. Un gesto infantil y hasta adorable que años atrás habría conseguido revolucionar su corazón. Cuando se detuvo en ella, casi se quedó sin aire.
—Necesito hablar contigo.
Karin dudó por un momento. Tamaki y Karui la observaron, listas para intervenir de ser necesario.
—Está bien —les dijo avanzando hacia la puerta.
Karui tiró de Tamaki para quitarla de en medio y aunque intentaron ser lo más discretas posibles, era claro que estaban con la oreja puesta en la conversación. Karin se acercó más, apoyándose contra el quicio y cruzándose de brazos.
—¿Qué quieres, Sasuke? —preguntó lo más fría posible.
Él pareció dudar por un momento. La estudió con la mirada hasta que habló.
—Lo siento.
Parpadeó diversas veces. Incluso llegó a tirarse de las orejas. Se incorporó, con la boca abierta.
—¿Qué has…? —farfulló.
—Lo del hangar —interrumpió él—. Estuvo mal de mi parte. No hay forma de que lo arregle, lo sé. Pero igualmente, quería decírtelo. Eres libre de perdonarme o no.
Le dio la espalda tras asentir educadamente. Karin empezó a temblar. Las manos le cosquillearon y el viejo calor que conocía inundó su pecho. Tamaki fue la primera en aferrarla del hombro. Karui cerró la puerta antes de que se lanzara sobre Sasuke.
—¡Ah, no, chica! —negaron ambas a la vez—. Ese camión ya pasó. ¡Se terminó la Karin Fangirl!
Se echó a reír, como hacía tiempo que no hacía. Se abrazó a ellas. Quizás la política familiar de su primo no era tan mala. Sólo había que encontrar a las personas adecuadas. Esas, que evitaran que volvieras a darte de bruces contra la misma roca.
.
.
Sai no recordaba tanto a Gaara como pensaba. Estaba la parte en que Naruto y él pelearon. En que de repente dejó de asistir a clases. Y poco más. Nunca fue de su interés, así que no se concentró de más en su existencia.
Lo había vuelto a ver porque a Ino parecía aliviarle ir a visitarlo en sus cortas caminatas por el hospital. No estaban mucho con él a causa de los ataques y porque, de alguna forma, parecía capaz de leerle. Eso le había incomodado mucho más de lo que le gustaría aceptar.
Así pues, tener que compartir habitación no estaba resultando tan agradable. Gaara no había abierto la boca más que para volver a cerrarla con fuerza cuando le sobrevino un ataque y, después, algo más tranquilo, disculparse con él.
Sai no le dio importancia, aunque no podía negar que sentía cierta impotencia por no poder hacer más que llamar a las chicas.
Se tocó las vendas que cubrían sus heridas. Había sido algo incómodo viajar. Y las dos horas de vuelo no fueron tan moco de pavo como pensaba. Ino había estado callada a su lado, mirando revistas de arte con tanta atención que hasta pasó varios minutos mirando la misma página.
No sabía si quería torturarle o repentinamente se había puesto a sopesar la idea de que el arte era maravilloso.
—Ey. ¿Todo bien?
Volvió en sí al escuchar la voz femenina. Shizune estaba sobre él y no tardó en tocarle la frente.
—Ahora voy a ponerte un gotero con suero y calmantes. ¿De cuerdo? He adecuado la temperatura muy alta por Gaara, pero si necesitas más mantas, dímelo.
—Sí… —murmuró poco concentrado en eso. Extendió el brazo y esperó.
Las chicas se habían marchado con los demás. No les habían explicado mucho, pero esperaba que fuera algo más divertido que quedarse acompañando a dos enfermos en un dormitorio. Ellas merecían distraerse.
—Vale. Si sientes dolor o algo, dímelo sin miedo —recordó Shizune—. Sai puede levantarse sólo al baño, pero Gaara, tú avísanos —indicó mirando hacia el susodicho—. Si te diera un ataque mientras estás ahí, podría ser letal.
—Lo sé.
Gaara les dio la espalda, acomodándose. Todavía estaba pálido y sus hombros temblaban.
—¿Quieres que avise a tu hermana?
—No —negó rápidamente.
Shizune asintió, le acarició la cabeza y se alejó. Gaara simplemente esperó a estar solos para suspirar.
—Las chicas merecen un poco de libertad —le dijo.
Gaara asintió con la cabeza más que por la voz.
—¿Cuánto tiempo llevas sofocando a tu hermana? —preguntó sin tapujos.
El silencio reinó como respuesta. Sai miró al techo.
—Imponer nuestros sentimientos sobre ellas nunca es bueno —dijo más para sí que para Gaara—. Las arrastramos sin quererlo.
Esa vez, su compañero de cuarto sí se volvió para mirarle.
—¿Por qué arrastras también contigo oscuridad? —preguntó, sorprendiéndolo—. ¿Quieres darme una clase de culpabilidad cuando eres incapaz de mostrar tu propio resentimiento?
Sonrió automáticamente. Gaara bajó la mirada hasta sus manos. Temblaba.
—Ya veo. Esa es tu coraza. Es mejor que la mía —reconoció recostándose—. La cuestión es: ¿Hasta qué punto vas a arrastrar a esa chica contigo como hice yo con mi hermana?
Sai pensó en Ino automáticamente. Los recuerdos, los gritos…
Esa vez fue él quien necesito atención médica.
Si existiera alguna medicina capaz de borrarle los recuerdos, la tomaría. Si pudiera romperse las manos para no dibujar jamás; lo haría.
.
.
Después de darles una aburrida charla que no llevaba a ninguna parte más que excitarles a portarse mal, los dejaron libres como si fueran un ganado en la playa privada del hotel. Algo nauseabundo de lo brillante que era. Con su arena blanca y su mar azulado. Se subió las gafas de sol, irritado, y caminó hasta sentarse bajo una de las sombrillas de paja. Nadie iba a acercarse a él, así que los grupos estaban repartidos.
En realidad, esa patética clase estaba ya marcada por diferentes grupos. Aunque fue sorprendente ver a su prima intercambiar animadamente algunas palabras con otras chicas, como si el terror hubiera dejado de estar marcado en su cuerpo al sentirse segura.
Algunos chicos hacían piña entre ellos, cuchicheando de idioteces de adolescentes. Pareciera que ese viaje fuera más para alimentar sus hormonas que por lo que realmente estaban en ese lugar. ¿Acaso eran estúpidos?
No. No todos lo eran.
Se percató de que Nara oteaba a su alrededor, con las manos en los bolsillos y la mandíbula tensa. El desgraciado encajaba bien los golpes. Era más duro de lo que parecía a simple vista. Pero sangraba igual que todo hijo de vecino. Aunque su inteligencia no era para ignorarla. Sin embargo, también le había visto comportarse como un idiota adolescente cuando la hija mayor de los Arena pasó a su lado, casi rozándose, como si guardasen algún tipo de secreto entre ellos.
Vomitivo. ¿Acaso iba a tener que soportar parejitas entre risitas y guiños románticos? Para eso era mejor sacar un arma y liarse a tiros con todos ellos.
—¿Por qué estás aquí alejado, chaval?
Dio un respingo. No le había escuchado acercarse a él. Ni siquiera el hundimiento de la arena bajo sus pasos pese a ser un hombre tan grande. Asuma Sarutobi era extraño y todos sus sentidos le aseguraban que era alguien peligroso.
—¿Hay alguna regla que me obligue a estar con ellos haciendo el idiota? —cuestionó irritado más por haber sido sorprendido que otra cosa.
—No —negó él sacando una cajetilla de tabaco—. Sin embargo, estás en esa edad. ¿No deberías de dejar de autocastigarse? Esforzarte a retener lo que deseas hacer no es bueno.
Esbozó una tétrica sonrisa.
—¿Eso justificaría mis deseos de matarlos a todos? Porque es justo lo que quiero hacer.
Asuma Sarutobi no actuó como la gente que conocía. Se arrodilló a su lado, sacó su encendedor tranquilamente y tras encender su cigarrillo, le miró.
—¿Estás seguro de que eso es lo que deseas tú hacer o lo que te han inculcado que hagas? —cuestionó. Antes de que respondiera, continuó—. Verás. Hay una línea que todos debemos de pasar. Es la que nos va educando durante nuestra vida. La forjan nuestros padres o, en su falta, nuestros educadores. Nos dicen qué está bien y qué está mal. A ciertas edades somos esponjas y entendemos que lo que ellos nos han explicado como algo bien, es lo correcto. ¿Me captas?
No quiso hacerlo, pero asintió.
—Bien. Luego, llegamos a una etapa de nuestra vida en que vamos abandonando ese núcleo. Puede que ya estemos demasiado contaminados por las creencias de otras personas, pero, ¿acaso no es tu vida? Pongamos por ejemplo que desde pequeño te han obligado a escoger el color verde. Pero a ti siempre te ha llamado el azul. Resulta que el verde es un color dañino, que hiere a la gente. Y sabes que el azul es algo bueno. Tu padre o madre, o quien te educara, insistió en que el verde es mejor y tú lo tomabas por respeto y para protegerte. Pero, si sales de ese núcleo asfixiante, libre y decidido a tomar tu propia, porque al fin y al cabo es tú vida y de nadie más: ¿vas a seguir tomando el verde o el azul que es el que siempre has considerado correcto?
Menma soltó un bostezo.
—Lo siento, pero la psicología no es lo mío.
Asuma se echó a reír.
—Lo mío tampoco. Eso es cosa de Rin, no mía —aclaró. Incluso tuvo el atrevimiento de frotarle los cabellos—. Sin embargo, sé que no eres tonto y has comprendido perfectamente a lo que me refiero.
Luego, se alejó, silbando alguna canción empalagosa sobre la juventud y las hormonas. ¿Acaso ese hombre no recordaba que había secuestrado a dos de sus estudiantes? Las había dejado de cualquier forma, frente a una manada de lobos que no hicieron más que cagarla.
Tenía que ver a su hermano, su sonrisa estúpida y su felicidad. Todo cuanto le rodeaba era lo que su hermano había construido. Esos lazos de amistad y de más mierdas incoherentes que lo repelían y asqueaban por partes iguales.
¿Elegir el color azul?
Miró hacia la orilla una vez más.
Naruto estaba ahí, de pie, con las manos en los bolsillos y ligeramente encorvado hacia otra persona. Hinata Hyûga. Se había quitado los zapatos y tocaba el agua con una sonrisa tímida, incluso se agachó para coger una caracola para mirarla a contra luz. Su hermano se acercó para mirar también y la chica retrocedió, avergonzada, con el rostro tan rojo que bien parecía a punto de explotar. Incluso echó a correr, dejándolo ahí con la boca abierta.
Lo vio maldecir y después, por inercia, miro hacia él. Sus ojos se entrecerraron de irritación. Menma sonrió lánguidamente, logrando un gesto de irritación en su gemelo.
—El problema, Sensei. Es que a mí me gusta el color verde —dijo—, porque odio esa mar en calma que otorga el azul.
.
.
Hinata continuaba sintiéndose mareada mientras subían de nuevo al dormitorio para cambiarse y prepararse para la comida. Sakura, Ino, Matsuri y Temari estaban con ella. El vuelo le había revuelto el estómago. Se había sorprendido de que Neji estuviera en iguales condiciones, aunque su primo había asegurado que era culpa de Lee, con sus vómitos y arcadas, y de Naruto, con su hiperactividad durante el vuelo.
Pensar en él también la mareaba. Si bien era cierto que habían tenido cercanía que provocaba que su corazón saliera volando, continuaba sin poder mirarle a la cara del todo desde que enviara por error aquella fotografía de su bikini.
Ante la pregunta de Naruto si quería matarlo, habían pasado muchas cosas por su mente. ¿Acaso le había desagradado? ¿Qué iba a pensar de ella? Pero Naruto, después de que ella se disculpara asegurándole que era para las chicas y no para él, envió un audio que mandó a volar su corazón, esa vez, de felicidad (4).
"La verdad, Hinata, la verdad, fuera para ellas o para mí, es lo mejor que podía ver esta noche. Quiero verte mañana, o al otro, pero quiero verte, ttebayo".
Y por eso no pudo dormir. Dio vueltas, emocionada, gritó contra la almohada. Miró el despertador incesantemente, como si así pudiera adelantar las manecillas.
Sin embargo, estuvieron separados durante el vuelo porque no les permitieron cambiar de asientos en ningún momento. De ahí que Neji hubiera tenido que aguantar a Lee y su vomitera. Y ahora que tenían un momento, ella tenía que echar a correr despavorida.
Sabía que tenían que sentarse, que debían de hablar más seriamente. Porque Naruto continuaba queriendo tener una conversación que no estaba segura hacia dónde les llevarían. Y quizás, ese viaje, fuera el idóneo para ello. Entendía que era algo más personal y que, claramente, no podían hablarlo delante de los demás.
El problema es que eso la aterraba y ponía más nerviosa de lo normal. Porque una cosa era tener una conversación por teléfono, donde podía tomar algo de aire o fingir que se ha cortado a tenerlo tan cerca. Naruto no dudaba en acercarse, acortar las distancias, mirarla tan fijamente y hablarla de esa forma tan… tan…
Se aferró al hombro de Sakura cuando de nuevo, sintió las paredes difuminarse en giros rápidos y sus piernas, de gelatina.
—¡Hinata! —exclamó Sakura aferrándola de un brazo y Temari del otro—. ¿Estás bien?
Intento asentir.
—No lo esta —aseguró Temari—. Llevémosla con Shizune a la habitación de mi hermano y Sai.
Temari levantó su mano para cubrirle los ojos. Cuando se aferró a su brazo, suavemente, siseó.
—Está bien. Así no te marearas tanto. Confía en nosotras.
—Siempre.
No pudo verlas pero estaba segura de que ambas habían sonreído. Escuchó unos pasos más apresurados, imaginándose que sería Matsuri. Después, unos golpes y poco después, la puerta abrirse.
—¿Qué ha pasado? —La voz de Shizune llegó casi desde la lejanía.
—Está muy mareada —respondió Ino por ella.
—Lleva así desde el avión —explicó Matsuri—. Incluso cuando hemos bajado no parecía sentirse bien.
—Entiendo. Entrad —invitó Shizune. La guiaron hasta una cama en la que la sentaron—. ¿Te has tomado algo para el mareo?
—No —reconoció—, en distancias cortas no suelo marearme, la verdad.
—Ya, para todo hay una primera vez —terció Shizune—. ¿Has comido algo? Tampoco. Madre mía, que os quito la vista de encima y me la liais. Por ahora, voy a ponerte un inyectable y tras que haga efecto, comerás algo. También te vas a quedar ahí echadita. ¿Vale? Nada de salir. Pediré que te suban la comida.
Asintió algo distraída. Más concentrada en no desvanecerse que otra cosa.
—Y vosotras —señaló Shizune sin dejar de trabajar en ella—. Id a cambiaros y bajar a comer. Aquí no hacéis nada.
—¿Qué tal está Gaara? —preguntó Temari algo dudosa.
—Ha tenido un ataque, no voy a mentirte, pero tiene un buen guardián. Aunque esta vez, ha sido Sai el que ha tenido un ataque de ansiedad.
—¿Qué? —Ino se mostró alterada mas, antes de que pudiera llegar a la puerta, Shizune la detuvo.
—Ahora duerme. Déjale. No vas a poder hacer nada más que mirarle y tienes asuntos que tratar.
—Pero…
—Ino. —Sakura la detuvo—. Vamos a cambiarnos y comer. Hinata estará aquí y tiene su móvil. Si algo pasa, estoy segura de que nos avisará.
Hinata asintió y levantó la mano apenas sin verlas.
—Lo haré —prometió. Temari le sostuvo la mano para que señalara hacia ellas y no hacia otro lugar.
—Estamos aquí —bromeó Matsuri.
Ella se ruborizo y sintió el corazón lleno de ternura por esas chicas. ¿Cómo podías llegar a querer tanto a alguien con los que no poseías lazos? Ni siquiera era la misma sensación que sentía hacia Naruto. No. Las chicas eran especiales.
—Volveremos después —auguró Temari soltándola suavemente.
—Gracias —murmuró.
No estaba segura de en qué momento las chicas se marcharon. Sólo supo que Shizune inyectaba algo en su brazo antes de desmayarse.
.
.
—¿Dónde está Hinata?
Ino no tenía en gran estima a Neji, no obstante, reconocía que era un buen tipo. Aunque tenía cierta manera de superioridad que no encajaba en el hecho de pensar que era familiar tan cercano de Hinata. Y reconocía que era apuesto, si te gustaban los tipos fríos como él. Aunque si recordaba la lista que hicieran en su momento, ella le dio varios votos a su favor, aunque, claramente, era consciente de que sus habilidades femeninas no hacían efecto en él.
Ya lo intentó cuando eran más jóvenes y le interesaba sus deberes. Neji básicamente casi la mandó a la mierda.
—Está en la habitación de Shizune —explicó terminando de atarse el cabello para poder comer—. No se encontraba bien. Estaba mareada, así que se ha quedado recostada allí. Seguramente, tendrá que dormir y descansar un poco.
Al contrario de lo que esperaba, Neji simplemente asintió y tras darle las gracias, regresó a su asiento junto a Lee y Kiba. Naruto, Sasuke y Choûji estaban frente a él.
—¿Qué ha pasado? —cuestionó Sakura sentándose a su lado a la par que dejaba su plato con algo de comida frente a ella.
—Neji y su primitis (5) —respondió encogiendo los hombros—. ¿Estás guardando la línea, o qué?
—No, simplemente no tengo mucho apetito. Se me hace raro que Neji no haya ido corriendo en busca de ella —reconoció mirando hacia la mesa de los chicos. Tan pronto como Sasuke volvió la cara para coger algo de soja, Sakura la retiró—. A Hinata le vendrá bien descansar.
—Y a ti afrontar las cosas —puntualizó. Suspiró ante el silencio de Haruno—. Vamos a ver, Sakura. He estado en el hospital estos días por Sai. He aprendido que cometemos errores muy tontos justo por nuestro orgullo o por creer que podemos comernos el mundo. Y no soy ciega. Hay algo extraño que sucede con Sasuke, más de lo que me has contado.
—No es el momento de hablar de ello, Ino —cortó Sakura firme—. Ahora no. Además, estoy con Sasori y me siento bien con él.
—Ya, eso mismo decía yo de Deidara y mira dónde terminé —rezongó.
—No es lo mismo, Ino —protestó Sakura dejando bruscamente el tenedor sobre el plato—. Tú lo hacías porque querías vivir cosas antes de que fuera el tiempo adecuado. Durante mucho tiempo me dijiste que tenía que alejarme de esa relación que no llevaba a nada. Cuando lo hago: ¿qué haces tú? Echarme en cara que lo haga.
—No —cortó poniéndose en pie, temblando—. Lo que te estoy recriminando es que estés saliendo con el mismo tipo que no hizo nada por ayudarme cuando más necesitaba ayuda. Y ese tipo del que intentas alejarte, sí lo hizo, a riesgo de poner su vida en peligro.
Dejó el tenedor sin cualquier miramiento sobre el plato. Le dio igual si salpicó o no. Sabía que las miradas estaban puestas sobre ella y Sakura. Las ignoró y salió al exterior. No había terminado de hacerlo cuando una mano se aferró a su brazo.
—Yamanaka.
Rin la soltó una vez se detuvo.
—No necesito una psicóloga ahora —recalcó antes de que abriera la boca.
—Lo sé. Necesitas una amiga y sé que ofrecerme sólo conseguirá que te encierres más en ti misma —reconoció ella—. Lo único que quiero pedirte, por favor, es que no te marches lejos.
—No se irá.
Ambas miraron hacia atrás. Shikamaru se acercó a ellas arrastrando los pies y bostezando.
—Me quedaré con ella.
Rin los estudio con la mirada.
—Bueno, tal como dije una amiga, también puede ser un amigo. No os vayáis muy lejos.
Tras eso, se marchó. Shikamaru se quedó un momento observándola, después, se acercó y extendió su mano hacia ella. Era grande y huesuda, aunque sabía bien que podía ser firme y cálida. Un refugio que en esos momentos necesitaba.
Estaba por aceptarla cuando Naruto pasó corriendo, huyendo de Kakashi y casi llevándoselos por delante.
—¡Perdón! —se disculpó mientras corría escaleras arriba.
Kakashi se detuvo a su lado, enarcando una ceja.
—¿No va a seguirle? —preguntó.
—No. Creo que sé a dónde va —descartó dándoles la espalda y regresando al salón a la par que sacaba su móvil.
Ino finalmente tomó la mano de Shikamaru.
—Necesito hablar —le advirtió—. Y va a ser muy largo.
Nara se encogió de hombros y empezó a caminar.
—No tengo otra cosa que hacer ahora mismo.
—¿No eres el encargado?
—Le he pedido a Temari que me cubra un rato —respondió—. Aunque si quieres que lo dejemos…
—No —negó. Apoyó su frente en su hombro más cercano—. Te necesito. Necesito un poco de ti. Después te devolveré a Temari, pero por un ratito, dame tu tiempo.
Shikamaru soltó su frase predilecta, rascándose la nuca con la mano libre.
—Mira que te gusta crear drama de las cosas, tsk —protestó—. Anda, vamos. Camina bien que sabes que odio arrastrarte.
—¡Nooo! —bromeó arrastrando más los pies y dejando que la llevara. Porque Shikamaru podía protestar todo lo que quisiera que jamás la soltaría.
Eso lo sabía bien. Ir con él bien podría ser como saltar con una red de seguridad.
—Le he dicho cosas muy egoístas a Sakura —explicó, una vez que estuvieron a solas en un banco exterior. Shikamaru puso en su mano una lata fría de limón y abrió la suya propia, haciendo una mueca de desagrado poco después—. Sé que es injusto imponer lo que me pasó sobre los demás, pero…
—Ya. No te haces a la idea de que esté saliendo con Sasori. En realidad, no eres la única. Naruto sigue preguntándose por qué lo está haciendo y Sasuke, aunque intenta aparentar, está que trina. Y ni hablar de Temari…
Ino le observó mientras miraba a lo lejos. Guapo como él solo. Nunca se cansaría de decirlo.
—Te gusta.
Shikamaru parpadeó diversas veces, frunciendo el ceño, para mirarla.
—Eso no tiene nada que ver con tus problemas —le dijo.
—¿No? —indagó curiosa—. Ese mismo chico que está saliendo con Sakura es el primo de la chica que te gusta y, según me dijo Deidara, a Sasori le gusta su prima; es decir, Temari.
Notó la incomodidad que se esforzaba por ocultar. Casi sintió ternura por él. Shikamaru, que no sabía realmente caminar su propio sendero romántico, Shikamaru, el que había aceptado a Tayuya por culpabilidad.
—Ino —nombró pausadamente—, Sasori no te salvó.
—No, no lo hizo.
En ese momento le latían los oídos. El terror la había bloqueado completamente. Sólo podía ver a Sai, desangrándose y a Deidara encima de ella.
—Sin embargo, tampoco te atacó —recalcó—. Sasuke asegura que él y otra de las mujeres intentaron detenerle. Deidara estaba enloquecido. Sasori no es una persona poco inteligente como hace ver. No lucha en peleas en las que sabe que no va a ganar o en las que no le interesa. Es estratega y, esos dan más miedo aún de lo que crees.
—¿Qué quieres decir?
Shikamaru guardó silencio antes de contestar.
—Sasori sabía que Sasuke estaba despierto.
—¿Cómo iba a saberlo? —cuestionó—. Estaba lejos de…
—No tiene nada que ver. Luego comprendí por la forma en que nos tenían. Nos fueron dejando de acuerdo como fuimos llegando. Sasuke y Naruto son más corpulentos y grandes. La droga que usaron para detenerlos no era suficiente. Que Naruto no se despertara fue cuestión de que le administraron más que a Sasuke. Sasori fue quien preparó las cantidades junto a Nagato.
—¿Cómo sabes todo eso?
—Itachi Uchiha —respondió chasqueando la lengua—. Todo en lo que tenga que ver Sasuke, él estará atento. Después de la pelea volví al hangar, demasiado intrigado en cómo sucedió todo. Itachi volvió y nos encontramos. ¿Por qué volvió? Realmente no lo sé. Puede que viera las puertas y le diera curiosidad ver quién estaba ahí. Hablamos a cuenta de lo sucedido y me explicó que Nagato tiene acceso a la clase de producto que usaron para dormirnos debido a sus prácticas. Itachi le había estado preguntando incesantemente, así que Nagato soltó todo.
—Acerca de Sasuke y su dosis…
Shikamaru asintió con la cabeza, apretando la lata entre sus dedos.
—No se atrevió a darle de más —continuó—. Saben que Sasuke salió del hospital. Ahí donde le ves sigue jodido, pero es un cabezón como él solo. Nagato desconoce qué medicamentos está tomando, así que no podía arriesgarse a afectarle. Especialmente, por Itachi. Y eso, fue lo que terminó con Deidara y su plan.
—Ya… —murmuró sopesando todo—. ¿Y si no hubiera sido así? ¿Y si Sasuke no se hubiera despertado antes? Entonces…
—Sí —reconoció Shikamaru apretando con más fuerza la lata—. O no. No lo sabemos. Nadie lo sabe. Igual, hasta Pain podría haberlo detenido. Siempre hay una vertiente de duda y oportunidad para todas las personas, Ino. Sakura tiene que ver algo bueno en Sasori. Algo que no nos muestra a los demás. Quizás a Temari…
La idea, claramente, no le hacía nada de gracia. Le acarició la mejilla.
—Eres adorable.
—Tsk, no soy adorable —protestó levantándose. Le quitó la lata y tiró ambas en la papelera—. Lo que quiero decir, es que Sakura seguramente no está con Sasori por lo que no hizo, si no por lo que hizo. Sakura no es tonta. La gente cree que lo es, pero es mucho más inteligente de lo que parece. Puede que ahora esté dando pasos de ciego, pero creo que es porque no sabe a qué rama sujetarse antes de saltar. Porque la rama a la que estuvo aferrándose en algún momento se ha quebrado y está cansada de arreglarla.
Ino abrió la boca tanto que le dolió.
—¡Madre mía! ¿Te has percatado hasta de eso?
Shikamaru encogió los hombros. Caminó hasta su altura y se agachó frente a sus rodillas, ladeando ligeramente la cabeza para mirarla.
—Lo mismo te pasa a ti con Sai. ¿No es verdad? Te aferraste a Deidara pensando que te ayudaría a escapar de lo que no te atrevías a afrontar y cuando te has dado cuenta, es tarde. Se asemeja a la situación de Sakura, pero con diferencias justas, porque cada una sois únicas.
Le dio fuertes palmadas en las rodillas antes de levantarse, sacándole una queja.
—En definitiva: Sakura no está saliendo con Sasori para joderte la vida, sino porque lo necesita. Lo que nos choca a todos también puede ser que no es alguien de la clase, porque nos acostumbramos a esperar que sucediera tranquilamente, ignorando los sentimientos, las grietas en los seguros. Y tampoco sabemos si fue tan fácil para Sakura mirar a Sasori a la cara después de lo que pasó. ¿O se lo has preguntado?
Ino sintió que enrojecía.
—No —confesó—. Sólo me enfoqué en enfadarme porque lo eligiera antes que a Sasuke. Creo que de nuevo he puesto a Sasuke en un pedestal, como cuando la animé a declararse hace años. Siempre creo tener los mejores consejos, pero no es así. Sentí cierto alivio cuando dijo que iba a rendirse con Sasuke, pero… no sé… es como una espina de que algo no va bien y no sé cómo expresárselo.
—Tiempo.
Levantó la mirada hacía él tras haberla bajado.
—¿Tiempo?
—Sí. Necesitáis tiempo para hablar, para pensar que es el momento adecuado para contaros las cosas.
—Nunca hemos tenido ese problema —descartó—. Si lo tuviera, tampoco estaría hablando contigo.
—Tú yo nos hemos bañado juntos desde bebés —corrigió Shikamaru—. Puedes tirarte peos delante de mí y me da igual. ¿Lo has hecho con Sakura?
—No —reconoció avergonzada—, aunque eso último sobraba.
—Lo que quiero decir con esto, es que las amistades se trabajan y a veces, no es estar todo el tiempo encima o bañarse juntos. Porque las otras personas necesitan espacio. Han de saber que después, tú estarás ahí.
Shikamaru se rascó la nuca, suspirando.
—Si yo tuviera que ir preguntándole a Naruto por todo, mal íbamos. Naruto a veces puede contarme cosas, otras, siente que puede hablarlas más con Sasuke y eso no significa que seamos menos amigos. Lo mismo me sucede con Choûji. Hay temas que él puede escucharme y no va a saber cómo responderme, porque no es algo que nos enlace.
—Pero te escuchará igual —indicó.
Shikamaru asintió, esbozó una mueca alentadora.
—Ya te entiendo —exclamó poniéndose en pie—. Soy idiota. Definitivamente, idiota. Sakura ha sentido miedo de contarme lo de Sasori justo por eso y cuando empieza a abrirse, he antepuesto mi dolor sin escuchar nada más. He querido forzar todo a mí comodidad y he olvidado cómo es ella. SI fuera Hinata, estoy segura de que me escucharía hasta el final, pero con Sakura siempre es una conversación ininterrumpida. Esa diferencia hace que según cuando, acuda más a una u otra, pero siempre terminamos volviendo a enlazarnos.
Él asintió lentamente.
—¡Eres fantástico, Shikamaru!
Se lanzó contra él, abrazándolo. Besó su mejilla.
—Ah, pero a nadie le digas lo de bañarnos juntos y lo otro —aseveró sin soltarle.
Shikamaru le dio palmaditas en los brazos para que le soltase.
—Ya, ya —protestó—. Volvamos o de verdad que terminaremos muertos. Además, ¿no quieres ir a hablar con ella?
Quería. Sí. También quería volver a la habitación para ver a Sai y saber de su estado. Eso la hizo pensar de nuevo. Se soltó de él para mirarle con curiosidad.
—Dime una cosa, Shikamaru.
—¿Qué? —preguntó antes de bostezar.
—¿Te enfadarías mucho si Temari posara desnuda frente a otras personas?
Shikamaru casi se atragantó con su propio bostezo. Tuvo que darle palmadas en la espalda para estabilizarlo. La miraba confundido y aterrado.
—¿De qué diablos estás hablando, Ino?
Ella se llevó las manos a los labios como si rezase.
—Bueno, digamos que hubiera un taller donde piden una modelo, pero ha de desnudarse frente a ellos. Tú estuvieras interesado en ella, pero ya no te interesa lo que hacen en ese taller. ¿Qué harías?
Shikamaru se frotó el entrecejo.
—¿Qué locura estás pensando hacer?
—Oh, no, yo no —descartó rápidamente—. Como dije, es Temari.
Luego, se alejó de puntillas. Ignoró los llamados de Shikamaru y aprovechó que las puertas del hotel eran giratorias para escapar. En el camino, se encontró a Temari a punto de entrar en su dormitorio.
—Temari, perdóname por esto —le dijo.
Por supuesto, la mayor no entendía a qué se refería, hasta que Shikamaru llegó al pasillo, dio un respingo y se encerró en su propia habitación. El corazón le iba a mil por hora.
—Perdóname por esto, Shikamaru, pero es algo que tengo que hacer. Sí o sí.
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Shizune había estado muy tentada en no dejarlo entrar. Lo sabía. Pero al menos, había logrado convencerla con la excusa de visitar a Gaara y Sai. Y sí, lo había hecho, aunque también averiguó la distribución para poder escabullirse cuando fuera su oportunidad.
Desde que Neji les dijera en la mesa que Hinata no estaba presente por encontrarse mal no había podido quitársela de la cabeza y en un descuido, intentó escaparse, pero estaba seguro de que Kakashi tenía ojos hasta la nuca. Por suerte no le había atrapado. ¡Mil puntos para el joven!
Gaara y Sai no tenían mucha conversación. Más bien, parecían más interesados en dormir que en prestarle atención. Aunque Sai fue más rápido en captar el por qué de su presencia, aunque lo mal interpretó.
—¿Vas a robar medicina para pasárosla como si fueran chocolates o qué?
—¡Claro que no! —Había protestado avergonzado, aunque no sabía bien por qué—. No necesito esa clase de cosa.
—Oh, no estaba hablando de viagra —descartó Sai—, aunque dudo que Shizune se haya acordado de traérsela.
—Diablos, Sai —rezongó abrumado bajando la voz—. No es nada de eso.
—Hyûga —dijo al fin—. Está en el otro cuarto. Al parecer mareada.
—Sí —reconoció rascándose la mejilla al notar que Gaara le miraba inquisitivo—. Necesito hablar con ella a solas. Pensaba que podría hacerlo ahora.
—Y te has metido aquí sin pensar —puntualizó Gaara.
Naruto le observó mientras confirmaba su suposición. Continuaba pálido y con ojeras. Más de las normales. Su mano temblaba mientras apretaba una pelota azul de esponja. Parecía costarle ese acto, como si estuviera corriendo una maratón.
Entonces, recordó algo.
—Eso me recuerda que la pequeñaja quería que la trajera conmigo —soltó. Gaara tensó la mandíbula.
—¿Quién es la pequeñaja? —cuestionó Sai.
—Matsuri —respondió—. Siempre la he llamado así porque es la más bajita de las chicas. Parece que nunca crece y…
—Ah, ya —interrumpió Sai al escuchar un rechinar proveniente de la cama de al lado—. Parece que Shizune vendrá antes de lo que crees.
—¿Qué?
Entonces, sin previo aviso, Gaara comenzó a convulsionar. Naruto se quedó congelado en el sitio. Sai gritó para advertir a Shizune, quien ya corría hacia ellos.
—Sal de aquí, Naruto —ordenó Shizune. La puerta de entrada se abrió para dejar entrar a otros dos enfermeros, que no sabía de donde habían aparecido.
—Vete —ordenó Sai.
Pero en lugar de señalar la puerta de salida, señaló la del dormitorio. Inclinó la cabeza, aunque no se atrevía a hacerlo, hasta que, finalmente, sus pies parecieron dejar de estar pegados al suelo. Entró temblando, sudoroso y pálido. Cerró la puerta tras él con el estómago revuelto.
—¿Naruto-kun?
Dio un respingo, frotándose el sudor de la barbilla con el dorso de la mano. Hinata estaba sentada a un lado de la cama, con el cabello recogido en una coleta y algunos mechones cayendo sobre sus orejas, aquellos más rebeldes y únicos que adornaban su rostro con una muestra angelical. O quizás era a él a quien se lo parecía.
La muchacha enrojeció y se limpió la boca rápidamente.
—¿Estás bien? —le preguntó tras dejar la servilleta a un lado—. Estás pálido.
—Sí, estoy bien —tartamudeó. La imagen de Gaara en pleno ataque lo había sorprendido—. Sólo que…
Ella comprendió.
—Lo sé —murmuró—. Le he visto antes también…
—Es…
—Impotencia —terminó por él. Asintió, sorprendido porque fuera capaz de comprenderle—. Me sentí así. Cuando he visto lo que pasaba, sin ser capaz de detenerle, hacer algo por ayudar… pero es Shizune la que puede hacerlo, así que está bien. Avisarla a ella y dejarla trabajar es lo mejor. Temari no tardará en venir, seguramente.
—Imagino que sí —confirmó ante esto último y se estremeció porque fuera capaz de exponer exactamente cómo se sentía, de compartir el mismo sentimiento—. ¿Y tú? Neji dijo que te habías mareado.
—Sí —reconoció avergonzada—. Estaba ya mareada en el avión. Pensé que se pasaría al llegar. No ha sido así. Imagino que el sol de antes no ha ayudado mucho.
—¿Ahora estás bien? —preguntó acercándose para sentarse a su lado. Ella pareció dudar—. Ah. Perdón. Sé que estoy siendo muy insistente y…
Hinata negó con la cabeza, sonriendo.
—Está bien, lo comprendo —dijo a media voz—, pero tenemos muchas horas por delante todavía y varios días. Además, creo que aquí podrían interrumpirnos y…
La vio morderse el labio inferior para acallarse. Sintió deseos de moverse, de presionar con su pulgar ese lugar, de comerle completamente la boca y conocer por fin su sabor.
—Y quiero escuchar adecuadamente lo que tengas que decirme. Te escucharé sin que nada nos interrumpa. ¿De acuerdo?
Naruto bajó la mirada hasta sus manos, que apretó con fuerza. Movió las piernas inquieto.
—Sinceramente, no me hace gracia tener que aplazarlo tanto. Sin embargo, sí, sé por qué y lo prefiero así. Quiero decírtelo sin que nos interrumpa esta vez el timbre del ascensor o que… —No, no podía echarle las culpas a Gaara, eso era tonto de su parte—. Solos.
Ella cabeceó con seguridad.
—Solos —reafirmó.
Ella movió su mano hasta las de él, se soltó de su propio agarre para aferrarse al de ella. Era maravilloso, enternecedor de cierta forma.
—Muchas gracias por venir a verme, Naruto-kun.
—De nada. —Su boca se extendió en una nerviosa sonrisa, avergonzada, preocupado de alguna forma por tener algo entre los dientes. ¡Como si fuera un idiota!
—¿Podrás decirle a Neji-nii-san que estoy bien?
—Se lo diré —aceptó—. Aunque antes le preguntó a las chicas y tras enterarse, se sentó. ¿Ha pasado algo?
Ella sonrió de esa forma en que siempre había visto hacer a su madre o a Sakura cuando conocían un secreto y no se lo querían contar. Odiaba que hicieran eso. Era como si le dijeran que era tonto por no percatarse de algo que estaba frente a sus narices. Y teniendo en cuenta lo despistado que era, le mosqueaba más el hecho de que fuera verdad.
—Neji-nii-san está superando sus propias peleas. Va a cambiar mucho y está en ese proceso. Lo que ocurrió con las empresas Uchiha quitó un gran peso de encima sobre él.
—Es cierto… Quizás ahí comenzara su cambio —sopesó.
Guardaron un momento de silencio. Algo incómodo.
—La foto…
Hinata dio un respingo, ruborizándose.
—Por favor… olvídalo —suplicó.
Naruto no dejó de observarla, ni siquiera cuando levantó sus manos para cubrirle la cara. Las tomó con suma cautela.
—No puedo, Hinata —aseguró sincero—. Es imposible para mí. Está grabado en mi retina. Y estoy deseando poder verlo en la vida real.
—Por favor… —suplicó ella. Temblaba, con la cabeza gacha y pareciera que iba a explotar. Naruto sonrió, soltándola lentamente.
Se puso en pie para darle espacio.
—Iré a ver qué toca ahora. Así que descansa cuanto necesites. ¿Vale?
No esperó a que afirmara o se negara, se marchó. Mirándose la mano tras cerrar la puerta, cerró el puño con fuerza.
Hinata era capaz de sacar esa parte oscura de él. Esa que deseaba hacerle cosas que hasta ahora no había sentido por nadie más que Sakura. El problema es que con Hinata eran más intensas, más fuertes y reales.
Ella le temía, consciente, y eso, le rompía hasta el alma.
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Temari entrecerró los ojos tras escuchar la pregunta de Shikamaru. Le había costado hacerla, pero cuando logró, ella no sabía bien si abofetearlo, sacudirlo o echarse a reír por no llorar. Quizás la culpa la tuviera Ino, porque tras su disculpa y esconderse en el dormitorio rápidamente, empezaba a dudar de su culpabilidad.
Y había algo de diversión en su interior a medida que las palabras salían. Tanto que no pudo evitar paladear esa pequeña nota de temor del chico frente a ella.
—A ver si lo entiendo —comenzó—. Me acabas de preguntar sin más, si entradas ni nada, si voy a desnudarme delante de un montón de gente.
Shikamaru dio un respingo.
—Dicho así, suena realmente mal —reconoció rascándose la cabeza—. Diablos, Ino me la ha liado bien.
Ahogó una risilla entre dientes.
—Shikamaru. Eres un chico inteligente. Me conoces. ¿Crees que realmente me pondría ha desnudarme delante de gente que ni conozco?
—No —descartó una vez que lo meditó, frunciendo el ceño y chasqueando la lengua—. Ino es la que va a hacer una locura, maldita sea.
—Puede —dijo—. ¿Qué te ha dicho?
—Simplemente lo ha dejado caer —explicó frotándose con tanta fuerza el cabello que se soltó de la goma. Maldiciendo, terminó por soltárselo—. Como si fuera a hacer esa locura. ¡Mierda!
Protestando, intentó liberar la goma. Temari no pudo sostener por más tiempo la risa. Y aunque se ganó una mirada de regaño, se acercó a él para ayudarlo.
—Anda, déjame que te ayude —indicó posando sus dedos sobre los de él. Shikamaru soltó a regañadientes—. Ino claramente quería desviar tu atención y parece que lo logró.
Tomó la goma con cuidado y aferró los mechones oscuros para ir liberándolos poco a poco. Su cabello era sedoso y mucho más oscuro de cerca. Mucho más cuidado de lo que esperaba para ser un chico.
El recuerdo de la video llamada regresó a su mente. Levantó la mirada hacia sus ojos. Sí. Shikamaru era un hombre guapo, muy guapo. Y con el cabello suelto ganaba mucho más. Era capaz de dejarla con la boca abierta y sin palabras. Convertirla en un flan. Subirle los colores y el calor del cuerpo hasta un punto que no era normal. Hasta hacerla actuar como si fuera una loca adolescente que da besos inesperados.
No lo comprendía. Lo conocía desde niños. Nunca se había prestado a pensar en esas cosas y, en un momento, todo cambiaba. Veía otra parte de Shikamaru y de sí misma. Una más femenina, más concentrada en su ser.
Intentó retomar la conversación.
—Yo nunca me desnudaría delante de desconocidos, ni aunque me dieran dinero. Únicamente lo haría para la persona que amo.
Él se tensó y buscó su mirada. Ojos negros brillantes, profundos. Como si acabara de presentarle algo más que deseado. Sintió que temblaba. Liberó las últimas hebras y le ofreció la goma.
—Ya estás libre.
Shikamaru miró la goma, de nuevo hacia ella. Su mano se elevó hasta la suya, pero sus dedos no dieron con el coletero, sino con sus dedos. Por un instante, pareciera que se acariciasen a cámara lenta.
Bajó la mirada por su rostro, bajando hasta sus labios. Recordaba el beso, le quemaba en los labios.
—¡Oye, Shikamaru!
Ambos dieron un respingo. Se acababa de romper por completo la burbuja. Se soltaron y él se ató los cabellos de nuevo, para abrir la puerta y asomarse. Kiba estaba en el centro del pasillo, buscándolo.
—Ah, tío, estás ahí. Te estaba buscando —explicó—. ¿Estás con Temari?
Él miró hacia ella un momento y algo debió de ver, porque encajó la puerta. Temari se lo agradeció mentalmente, abanicándose y suspirando. Al volverse, se percató de que Matsuri estaba acurrucada cerca del armario. Se acercó, curiosa.
—¿Qué estás haciendo ahí?
Retiró las manos que se había llevado a la cabeza para mirarla.
—Yo pretendía meterme en el armario, esconderme y daros intimidad. Pero no hay hueco donde pueda entrar, me frustré y sólo vi de quedarme aquí, a ver si desaparecía, mimetizándome con la pared o algo.
Temari no supo si reírse o llorar. En su lugar, extendió sus brazos hasta poder tocarla y la ayudó a incorporarse. Matsuri la miró con sus grandes ojos castaños brillantes en disculpa.
—Matsuri, no vuelvas a hacer eso. La próxima vez, tira algo, carraspea, lo que sea. Hazte notar. ¿De acuerdo? No tienes por qué estar presente en algo que claramente va a incomodarte. Ni por mí, ni por nadie.
—Vale —aceptó a medida vocecilla—. De todas maneras… —Vio que se lamía los labios—, Shikamaru es muy atractivo con el cabello suelto.
Temari sintió que enrojecía, sorprendida. Acababa de caer en la trampa. Matsuri sonrió traviesa.
—¡Te gusta! —gritó casi a bombo y platillo—. ¡Te gusta Shikamaru!
—¡Matsuri! —aseveró cubriéndole la boca.
Matsuri le dio golpecitos en la mano para que la soltara, pero sus ojos no la miraban a ella. Se volvió.
Shikamaru estaba ahí, con una carpeta en la mano y, claramente, habiendo escuchado esa conversación. Sus ojos pasaban de ella a Matsuri para finalmente, posarse sobre la carpeta. Levantó diversas hojas que sostenía y las tendió hacia ella.
—Estas tres son vuestras —explicó—. Una para Tenten, que no sé dónde está. Son de clubs que da el hotel. Debemos de apuntarnos a uno de ellos. Tú e Ino…
Matsuri tomó rápidamente las dos hojas restantes.
—Yo iré a buscar a Tenten y se lo daré. Ehm… vosotros… pues eso, hablad o yo qué sé.
—¡Matsuri! —llamó sin consecuencia, pues había echado a correr y no se detuvo ante sus gritos—. ¡Esta niña!
Suspiró y miró el papel.
Eran tres grupos simples de actividades que le recordaba más a las tareas extraescolares que otra cosa. Uno era de escritura, otro de pintura y había un tercero de reconocimiento de las playas y fondo marino. Ninguno le llamaba realmente la atención.
—Temari…
—¿Acaso no tenemos trabajo organizando a los chicos como para que nos fuercen a meternos en un grupo? Estoy hasta arriba de tareas con Gaara y…
—Temari.
Se detuvo, mordiéndose el labio inferior. ¿Qué excusa podía echar? Shikamaru era demasiado inteligente como para tragarse cualquier idiotez y ella no quería rebajarse a actuar como una niña. ¡Diablos, era realmente incómoda esa situación!
—Lo siento —se disculpó. Al final, qué otra cosa podría decir.
Shikamaru pareció sorprendido, luego, confuso. Finalmente, frunció el ceño.
—Creo que esto es muy violento —continuó—. No tienes que hacer caso a Matsuri y sus locuras. Igualmente —dijo poniendo su mano en su cintura y mirándole directamente a los ojos—. ¿Qué ibas a decir?
Él pareció retroceder.
—Que Ino y tú también estáis exentas por lo de Gaara y Sai. No obstante, tenéis que participar en las clases normales.
Asintió, comprendiendo.
Laboral. Formal. Rectitud. Compañeros.
Apretó el papel con más fuerza entre sus dedos. El beso. La calidez de sus manos. La fortaleza que la hacía sentir.
—Vale, lo tendré en cuenta —aceptó dándole la espalda. Empezaba a sentir que los ojos le ardían. Y eso sí que no podría soportarlo.
Entonces, sucedió algo que no esperaba.
Shikamaru dio unos pasos hacia ella y lentamente, su mano y brazo pasaron por debajo del suyo en la zona derecha. Su palma se extendió sobre su vientre hasta su costado, quedándose ahí. Tembló, inquieta. Su aliento le acarició el cuello y subió hasta su oído antes de hablar.
—¿He de hacer que no lo he escuchado, Temari? Porque si he de hacerlo, lo haré.
Tomo aire lentamente, cerrando los ojos.
—No. No lo sé —murmuró sinceramente.
Shikamaru apoyó la barbilla en su hombro.
—¿Te pongo nerviosa?
Gruñó. Empezó a soltarse, nerviosa, queriendo ponerse cara a él. Shikamaru se lo permitió, por supuesto, pero continuó avanzando hasta encajarla en el hueco donde Matsuri estuvo escondida.
—Te estás pasando, bebé llorón —advirtió levantando ambas manos hasta sus hombros para empujarlo hacia atrás. Él no cedió—. Shikamaru.
Le quitó la carpeta de debajo de la axila y le pegó con ella. Cuando se separó, Shikamaru se había llevado un dedo a los labios y aferraba algo extraño entre los dedos. Ella frunció el ceño.
—Venga, no seas tan fría —continuó. Ella deseó morirse. ¿Cómo no había sido capaz de darse cuenta de que estaba sobreactuando?
—No quiero —acompañó verbalmente mientras daban marcha atrás, con él rodeando su cuello y ella empujándolo, como si estuvieran forcejando. Hasta llegar al exterior.
Kiba y Choûji hablaban distraídamente en el pasillo, pero los ignoraron y rebasaron hasta llegar a la altura del dormitorio de Asuma y Kakashi. Llamaron y el primero abrió, con tan sólo unos pantalones y recién salido de la ducha.
Temari desvió la mirada hasta el hombro de Shikamaru, quien elevó el aparatito para que Asuma pudiera verlo. Éste levantó un dedo, a la par que maldecía. Tomo un vaso sobre la mesa central, junto a ceniceros y más latas sospechosas, para tirarlo dentro. Cuando Temari y Shikamaru pudieron verlo, echaba pequeñas chispas.
—Kakashi —llamó Asuma. El otro le contestó dos habitaciones más abajo, pero Temari no estaba segura de cómo había sido capaz de escucharle—. ¿Me pasas el teléfono de tu prima? La coja, no me gustan las mujeres altas.
Kakashi chasqueó la lengua a la par que salió para reunirse con ellos. Se adentraron los cuatro en el dormitorio y cerraron tras de sí.
Era algo incómodo, pero la curiosidad podía con ella.
Lo vio colocar un portátil sobre la mesa y después, ambos adultos se pusieron cabeza con cabeza, tecleando. Luego de un rato, Asuma asintió y bostezó.
—Espacio libre.
—¿Eso qué quiere decir? —cuestionó sintiéndose algo idiota.
—Que esta habitación no tiene micros ni cámaras —respondió Shikamaru acercándose hasta el vaso—. Lo he visto de refilón. En el dormitorio de Temari, Tenten y Matsuri. No sé si habrá más.
—Iré a ver —indicó Kakashi sonriéndola al pasar mientras llevaba consigo el pc. Cerró después y los tres se quedaron a solas.
—Creía que Tsunade controlaba este hotel.
Temari dio un respingo. Si no estuviera segura, pareciera que Shikamaru estaba enfadado.
—Lo hace —aseguró Asuma—. Esto no es de lo que crees, Shikamaru.
Nara levantó una ceja, inquisitivo.
—Espera a que Kakashi regrese. Y tiempla, estás poniendo nerviosa a Temari.
Ella se cruzó de brazos.
—Estoy bien.
—No, no lo estás —descartó Asuma invitándola a sentarse junto a él. Antes si quiera de que lo hiciera, Shikamaru se movió para sentarse él en el lugar—. Vaya.
Temari se sentó en el sofá.
—¿Estás celoso, Shikamaru? —cuestionó sin tapujos Asuma.
Shikamaru pareció un gato.
—¿Por qué iba a estarlo? —intervino ella cruzándose de piernas y brazos—. No hay nada entre nosotros. Hemos hecho un paripé, simplemente. ¿De qué va todo esto?
Intentó evitar mirarle a la cara, demostrar que realmente se lo había creído, que su corazón bien podría haber estado volando.
Asuma, sin embargo, no parecía tan convencido, aunque no abrió la boca para debatirla.
—Esperemos a que Kakashi regrese —indicó Asuma—. Entonces, veremos qué tenemos entre manos.
—Hablas como si hubiera dos posibilidades. Puede que más.
—Chica lista —halagó el profesor dándole una palmada en la espalda a Shikamaru tan fuerte que este, por inercia, se cayó hacia delante y dio de bruces justo contra sus rodillas.
—Perdón —se disculpó él.
Se aferró a sus rodillas, quitando la mano enseguida. Para su sorpresa, había un rubor en sus mejillas. Se sentó a su lado, carraspeando. Asuma parecía estar a punto de echarse a reír. Estaba segura de que, si Kakashi no hubiera entrado en ese momento, no habría podido contenerse por más tiempo.
—¿Y bien? —preguntó Asuma.
—Su habitación y la de los enfermos. Así que es cosa de Arenas.
Temari alternó la mirada sobre ambos profesores.
—¿Disculpad?
—Tu padre —explicó Kakashi—. Los he roto y ya no funcionan —informó mostrando diferentes pequeños aparatos de escucha y visión—. Llevan número de seguimiento.
Se levantó para tomar uno de ellos.
—¿Por qué mi padre haría esto después de lo que sucedió la última vez? —inquirió mirando a los adultos—. No tiene sentido.
—Lo tiene —confirmó Asuma quitándole el micrófono—. Sus hijos siguen siendo su baza. Gaara sigue en peligro. Podría morderse la lengua y morir en uno de sus ataques y necesita saber si tú sigues igual de casta que siempre.
Imaginaba que el padre de Shikamaru les había puesto a la orden.
—En realidad, su padre que nosotros ya hemos estado juntos —dijo Shikamaru a la par que se levantaba—. Si es él, seguramente actúe tras la conversación que hemos tenido.
Ahora lo comprendía. Sus palabras, su insistencia, aunque ella se negara. Shikamaru había querido descartar a su padre en el acto.
—No actuará —descartó ella—. Mi padre cree que ya soy un caso perdido, no puedo interesarle.
—Temari —nombró pausadamente Asuma. Mordisqueaba al filtro del tabaco con tanta fuerza que lo rompió—. Me da asco tener que admitirlo, pero algunos padres, del tipo que son como el tuyo, mientras esa no crezca, sigues sirviéndole.
Señaló directamente hacia su vientre, evidenciando su indicación a un embarazo.
—Puede que haya perdido tu virginidad, pero no tu gestación.
Sintió deseos de vomitar.
Como si lo notase, Shikamaru la tomó de la mano.
—¿Cómo sabía que ellas estarían ahí en esa habitación y no en otra?
Asuma se puso en pie, crujiéndose los nudillos. Su boca se había torcido peligrosamente.
—Oh, eso iré a averiguarlo enseguida.
Levantó una mano y caminó hacia la puerta.
—Diviértete —animó Kakashi—. En cuanto a vosotros. No os separéis siempre que sea posible. Temari, siempre con alguien. ¿De acuerdo?
Asintió a la par que Nara tiró de ella hacia fuera.
Una vez fuera, sus manos fueron directamente hasta su rostro, sorprendiéndola.
—¿Necesitas vomitar?
—No. Creo —dudó.
Shikamaru suspiró y esa vez, la abrazó.
—¿Qué estáis haciendo? —cuestionó Naruto, sorprendiéndoles—. Buscaros una habitación, anda.
—Naruto —interrumpió Shikamaru separándose—. ¿Puedes quedarte con ella? —preguntó—. Que nunca esté sola.
—¿A dónde vas? —cuestionó asustada.
—Necesito revisar algo y sólo puedo hacerlo solo —le dijo—. Te prometo que no tardaré.
Después, se soltó de su mano. Lo habían perdido de vista cuando Naruto le puso la mano en el codo.
—Confía en él, Temari —le susurró—. Shikamaru es un vago sin cuidado, pero cuando tiene que hacer algo por alguien, lo hace.
—No es eso lo que me preocupa, Naruto. Lo que me preocupa es que no regrese de hacer lo que vaya a hacer.
—¡Ten más fe en él, anda! —exclamó Uzumaki frustrado—. ¿Qué diablos necesitáis las chicas para confiar en nosotros?
—Te equivocas, Naruto —aseguró acariciándole la mejilla—. El problema no es que no confiemos en vosotros, es que no confiamos en los demás. Tú nos has mostrado ese camino. Esa senda en la que sabemos que entre nosotros estamos a salvo. Sin embargo. ¿Y fuera? Ni siquiera tú puedes asegurarlo.
Naruto entrecerró los ojos mientras la observaba. Sabía que había dado en el clavo.
—Razón de más para que confíes en él, Temari —aseguró—. Shikamaru no va a soltarte igual que otros hayan podido hacerlo. Se aferrará a tu mano sin dudarlo.
Apoyó su mejilla en su brazo y asintió.
Esperaba, con fuerza, que las palabras de Naruto fueran ciertas.
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Nunca en su vida había tenido un móvil tan moderno. No sabía bien cómo usarlo y aunque las chicas habían agenciado sus números, estaba en los grupos que Naruto o ellas habían creado, había cosas que la superaban. Especialmente, porque ya había limpiado siete veces la pantalla por culpa de las huellas de sus dedos y eso, creaba cierta ansiedad. Sabía que no era bueno dejar huellas.
Mejor que nadie.
No se veía capaz de preguntarles cómo se usaba, aunque sabía que se lo explicarían sin dudarlo. Debía de aprender por sí misma. Así como comprender que, por fin, podía comprarse algo sin tener que rebuscarlo en la basura o mendigarlo.
No era mucho lo que Neji le había dado. Aseguraba que había más, pero que necesitaban tiempo. Incluso su tío parecía querer hablar con ella y eso, la asustaba de cierta forma. No estaba acostumbrada a hablar con adultos de esa forma. Tampoco sabía bien si eso no sería algún tipo de trampa. Por más que Neji le asegurase que no, ya conocía el lado oscuro del chico. Aunque últimamente ese lado pareciera estar apagado y sí encendido ese que era capaz de volverla loca con un simple roce sobre sus labios con el pulgar.
Debía de reconocer que estaba portando muy bien con ella. La escuchaba pacientemente siempre que le contase la verdad. Odiaba las mentiras o las cosas a medias y, pese a ello, le daba su espacio para cuando y cómo explicárselo.
Además, con lo de Tayuya continuaba aterrada, pero ahí estaba, encaramada en el techo del hotel porque se había sentido asfixiada. Y, encima, iba a tener que compartir habitación con Temari y Matsuri.
Si bien las cosas no se sentían tan tensas con Temari, seguía siendo orgullosa tras el hecho de haber perdido y que ella ni siquiera se inmutara de casi romperle la espalda. Sabía que no iba a ser complicado del todo dormir con ellas. Al menos no por su causa. El problema es que ya le estaba costando acostumbrarse a su habitación, la había compartido dos veces y seguía sintiéndose enjaulada. Compartir una habitación nueva, con ellas, sería un caso. Al menos tenía balcón. Podía acostarse ahí fuera, con su edredón.
Estaba tan enfrascada en sus pensamientos que dio un respingo cuando la puerta se abrió bajo sus pies. Reconoció los oscuros cabellos, la forma peligrosa de andar y su aroma.
—Deja de seguirme, Nara.
Menma se detuvo más allá de la puerta, asegurando su ruta de salida o de defensa. Tenten conocía bien cómo trabaja alguien peligroso, alguien que no le interesara ser interceptado. Menma bien podría tirar por la barandilla a Shikamaru y marcharse como si no hubiera pasado nada.
Shikamaru se había detenido a unos pasos de él, con las manos en los bolsillos.
—¿Por qué estás interesado en Arenas?
Uzumaki hizo un gesto severo que acentuó su mentón.
—¿Por qué me preguntas eso a mí, Nara?
—Porque el único que podía haberles dicho dónde estaban las habitaciones de Temari y Gaara eres tú. ¿Han aprovechado un ataque de Gaara para entrar fingiendo ser enfermeros? Y al de Temari y las chicas sólo tenían que entrar cuando estábamos comiendo.
Menma soltó una carcajada irónica.
—¿Y por qué he sido yo entre todos los demás?
Shikamaru parecía más tenso de lo normal.
—Porque sé dónde esta todo el mundo en cada momento. Soy el encargado de esta clase. El único que a esa hora no estaba, eres tú. He estado en el exterior y no estabas. Cuando subíamos hacia arriba tú bajas de las habitaciones desde el otro ascensor y no estabas solo. Puede que las chicas no se hayan dado cuenta, pero…
—El maldito perro faldero sí —interrumpió Menma chasqueando la lengua—. Tío, eres un verdadero grano en el trasero.
Repentinamente, Menma se lanzó sobre él. Shikamaru logró esquivarlo a duras penas, pero no el puñetazo que llegó hasta su estómago, doblándolo.
Tenten no lo pensó dos veces. Saltó desde su posición y bajó escaleras abajo. Aterrada, abrió la puerta sin asegurarse si había alguien detrás o no.
—¡Auch, eso duele!
Como si hubiera caído del cielo.
—¡Naruto! —exclamó aferrándolo de las manos y tirando de él—. ¡Es Shikamaru! ¡Ven!
Naruto pareció dudar entre ir y Temari. Pero esta ya había aferrado la puerta para casi ladrarle que fuera.
Tenten los adelantó para indicarles el camino. Estaba tan concentrada en querer salvar a Shikamaru que ni siquiera se dio cuenta del momento exacto en que Temari desapareció.
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Matsuri ya no sabía qué excusa más inventarse para no volver a la habitación.
¿Cuánto tiempo tardaba una pareja en…? ¡Maldición! ¡Era incómodo y vergonzoso a la par pensar en ello! Y más cuando se trataba de dos personas a las que conocía muy bien. Bueno, más a una que otra, pero no era ciega, maldita fuera. Se había percatado de que algo había cambiado entre ellos y que Temari y Shikamaru estaban cada vez más tensos, más cercanos y que en cualquier momento esa tensión y esa cercanía tenía que estallar.
Y ella se lo había puesto en bandeja. O eso pensaba. La cuestión es que debía de volver a la habitación en cualquier momento y no estaba segura de cuál era el indicado. ¿Y si se quedaban dormidos abrazados y ella los pillaba? Se santiguó completamente azorada.
Giró la esquina que la llevaría hasta las habitaciones, cargando la botella de agua que había ido a buscar al carrito y donde se demoró por un buen rato.
Fue entonces cuando vio el movimiento. Naruto y Tenten salir corriendo. Temari seguirles. Asustada, decidió averiguar qué ocurría. Pero cuando abrió la puerta se le congeló el cuerpo.
—¡Suéltala! —ordenó lanzando la botella de agua hacia el agresor. Casi le dio a Temari, quien aún en peligro fue capaz de mirarla enfadada—. Ups, perdón —se disculpó empezando a quitarse el zapato.
Mientras lo hacía, alguien pasó a su lado como una ráfaga. En un momento estaba a su lado, después, pisando la barandilla y girándose como si fuera un tornado. Se percató de que algo caía a un lado y ni corta ni perezosa, lo pisó. El golpe provocó que el agarre sobre Temari se relajase, así que esta le asestó un codazo a su secuestrador y saltó hacia ella.
—¡Rin! —gritó al percatarse de quién era la otra persona.
La psicóloga le guiñó un ojo y después, encaró al hombre, que, furioso, volvió a lanzarse hacia ellas. Con un rápido movimiento, Rin le asestó otra patada directamente a la mejilla, noqueándolo contra la pared.
—Defensa propia —dijo mirando hacia las cámaras—. Y manda huevos que el hotel esté viendo esto y no haga nada, Asuma.
Matsuri no comprendía de qué estaba hablando, pero ella no veía al profesor por ninguna parte.
Un teléfono móvil comenzó a sonar.
—Vaya —murmuró Rin inclinándose para cachear al sujeto y tomarlo. Era una video llamada que no dudó en responder—. Señor Arenas, creo que usted necesita una buena clase de cómo hablar con sus hijos sin necesidad de secuestrarlos.
—¿Y tú eres…? —farfulló la voz de su jefe sin ningún interés en realidad—. Ah, sí. La psicóloga. ¿No tendrías que estar de luto llorando la muerte de tu ex marido?
Rin enderezó la espalda. Si había algo de furia escondida, no logró captarla.
—Cuido de mis alumnos, señor Arenas.
Temari se movió antes de que ninguna tuviera tiempo de actuar. Colgó el teléfono ante la atónita mirada de Rin, quien elevó una castaña ceja inquisitiva.
—Esto después —les dijo—. Shikamaru primero. Arriba.
Después, echó a correr escaleras arriba.
Matsuri no entendía nada de nada. Rin y ella subieron escaleras arriba a toda prisa. Matsuri no sabía qué hacer.
—¿Puedes levantar tu pie, Matsuri?
Dio un respingo al escuchar la voz amable de Kakashi. Estaba arrodillado a su lado y sostenía un pañuelo blanco entre sus dedos. Cuando quitó el pie, se percató de que era un arma lo que había capturado con el pie.
—Ay, madre —exclamó pálida.
—Tranquila, es de sedantes —explicó Kakashi mientras la metía en una bolsa. Se escuchó a alguien resollar—. ¿Te encargas tú? —preguntó—. Iré a detener lo de arriba.
—Claro —aceptó Asuma. Estaba colorado y pareciera que necesitara más un respiro que otra cosa—. Matsuri —nombró. Ella dio un respingo—. Buena chica. La próxima vez, apunta a la cabeza.
—A eso estaba apuntando —protestó inflando los mofletes. Miró hacia arriba—. ¿Puedo…?
—Vete —aceptó el profesor echándose al hombro al hombre. ¿Cómo de fuerte era realmente? —. Dile a Kakashi que yo me encargaré de todo lo demás.
—Vale —aceptó. Se detuvo—. Sensei.
—¿Hm? —preguntó Asuma deteniéndose.
—¿Estamos a salvo aquí? Quiero decir… iban a llevarse a Temari y…
El profesor pareció meditarlo.
—Sí, estamos a salvos. ¿Realmente crees que se habría escapado? Temari es dura. Muy dura. ¿No crees?
Asintió completamente convencida.
—Me gusta mucho Temari —puntualizó—. Es una mujer fuerte y capaz. Pero también tiene sus puntos débiles y eso no la convierte en un ser perfecto. Los enfrenta cara a cara y antepone lo que quiere a lo que quiere hacerle daño.
Recordó cómo había colgado a su padre sin ningún miramiento.
También recordó la fotografía que guardaba, la conversación con Sakura y empezó a pensar que, quizás, ella también tendría que ser un poco más valiente si quería avanzar.
Subió las escaleras, decidida, preguntándose qué se encontraría en la azotea. Tenía algo de miedo. Esperaba escuchar gritos o golpes, pero todo estaba en silencio.
Kakashi, sin embargo, estaba entre Naruto y Menma, quienes se miraban de distintas formas. Naruto, como si intentase comprenderle. Menma, como si deseara cortarle la yugular. No vio a Shikamaru hasta que escuchó un quejido de protesta.
A su derecha, Shikamaru estaba sentado contra la pared. Tenía la cara colorada claramente por haber recibido varios golpes. Temari no estaba a su lado, para su sorpresa. Estaba justo en la misma escena, junto a Naruto, que la retenía de la cintura como si pensara que fuera a hacer una locura.
—¿Qué ha pasado? —cuestionó incrédula.
Shikamaru no respondió, por supuesto. Ni ninguno de los presentes. Tenten aferraba la mano de Temari y era algo inesperado.
—¿Vais a ir todos contra mí? —preguntó repentinamente Menma encogiéndose de hombros—. Lo único que necesitaba de Arenas era justo su capacidad para hacer desaparecer muertos, nada más. A cambio, le dije que conseguiría que escuchara a su hija e hijo durante las vacaciones que nos han regalado. Conseguí convencer a tu padre de que, aunque lo tengas más abierto que una cloaca, puede seguir usándote para que algún viejo quiera tu vientre para un hijo deseado. Es así de sencillo.
—¡Serás…! —masculló Naruto—. ¡Y lo sueltas, así como si nada!
Menma se frotó el ceño con el pulgar y el índice de la mano derecha.
—¿Y cómo quieres que lo diga? Ah, sí. Vale, ya sé la forma adecuada: Su padre está harto de que un Nara se folle a su hija. A cambio de espiarla, yo le pedí otro favor, nada importante. ¿Mejor?
—¡Sigue sonando igual de mierda! —gritó Naruto—. ¿Es que no tienes nada de empatía?
—No, no la tengo —reconoció Menma—. Me da igual lo que os pase. A cada uno de vosotros. No pensé que Arenas decidiera secuestrar a Temari o que el imbécil ahí sentado se daría cuenta y vendría solo hasta mí para acusarme. Es inteligente, pero a veces, no. ¿Sabes lo malo de enamorarte, Nara? Que te pueden más las pelotas que la sesera.
Shikamaru escupió algo de sangre en el suelo, maldiciendo entre dientes.
—Estaba a punto de tirarlo por la barandilla —recalcó Tenten—. ¿No deberíais de devolverlo al instituto o algo? Que lo lleven preso.
Menma se echó a reír.
—Tengo inmunidad, querida. La escuela no puede tocarme y las pruebas serán destruida en cuestión de segundos. Las que me incluyen, claro. Las de Arena es otra cosa. Es su problema.
—¿De qué estás hablando? —preguntó Temari incrédula.
Todos centraron su mirada en Kakashi, quien parecía sudar, tenso.
—Lo que dice es cierto —respondió Rin por él—. Las pruebas que lo enlazan con esto o su reciente confesión, serán destruidas por la escuela y no quedarán rastro de ellas. Tsunade-sama misma dio esta orden.
Naruto soltó tal palabrota que ella se estremeció.
—¿A qué demonios juega esa vieja? —masculló.
Kakashi posó una mano sobre el hombro de Naruto.
—Cálmate, Naruto —aconsejó—. Volved abajo. Shikamaru necesitará que Shizune le cure esas heridas.
Temari miró hacia ellos, bajando la mirada hacia Shikamaru. Caminó en silencio hasta detenerse a su lado. Le dio una patada a su pie, sacando una queja de parte del muchacho.
—¿Eres idiota o qué? —acusó después—. ¡No necesitas exponerte así por mí!
Sus piernas dejaron de sostenerla y cayó, de rodillas justo entre las de Shikamaru. Éste solo alargó una mano para posarla sobre su cabeza. Tras darle un par de caricias, la acercó más a él, abrazándola.
Matsuri no estaba segura de si lloraba o no, pero de que quería estar ahí, sí.
—Vamos dentro —repitió Kakashi ignorando a la pareja—. Todos. En cuanto a Arenas, nosotros nos encargaremos.
—¡Ah! —recordó—. Asuma-sensei dijo que él se encargaría de todo lo demás.
Kakashi y Rin intercambiaron una mirada que bastó para que ambos afirmaran. Después, empezaron a empujar a Tenten y Naruto hacia la salida.
Tenten le rodeó los hombros para invitarla a ir con ella. Matsuri se detuvo antes de bajar las escaleras.
—Rin. ¿Dónde aprendiste esa patada? —cuestionó.
La mujer pareció sorprendida.
—Bueno, digamos que cuando te casas con un policía se te pegan ciertas cosas —reconoció ligeramente avergonzada—. Desde adolescentes dimos clases de defensa y eso continuó hasta… Bueno —continuó dando una palmada—. Será mejor que vayamos a cambiarnos y relajarnos.
Matsuri no quiso indagar más. Notó que Kakashi la miraba más profundamente, mientras que Rin se esforzaba por ignorarle y formaba una tirante sonrisa. Matsuri se detuvo un momento, mientras los demás iban pasando, hasta que Naruto llegó a su altura y la sostuvo del codo para que no se detuviera.
—No te quedes atrás, anda, pequeñaja —aconsejó. Ella asintió, pero antes de que los dos bajaran más peldaños, Menma se había detenido para mirarles. Su mirada tan diferente le daba escalofríos.
—¿No te resulta curioso querer saber de quién era el cuerpo, hermanito? —preguntó en un susurro que Matsuri casi no logró captar.
Naruto no pareció comprenderle. Ni siquiera cuando se alejó, protestando porque fuera tan aburrido. Ambos se miraron, curiosos.
—¿De quién habla? —le preguntó.
—La verdad, no tengo ni idea —reconoció Naruto guiñando los ojos y rascándose la nuca—. ¿Un cuerpo? ¿Un muerto?
—Supongo que se refería a eso, sí —corroboró tan perdida como él. Luego, se echó a reír—. Creo que nosotros no somos dados para pensar mucho en estas cosas, Naruto.
—Claro que no —confirmó él aferrándola de las axilas—. Porque tú eres demasiado pequeñaja.
Matsuri se echó a reír, aferrándose a él más por broma que por miedo a que la dejara caer. Miró hacia arriba, preguntándose en qué estaría pensando Temari en ese momento. La imagen de Gaara llegó a su mente y suspiró.
—Naruto —dijo acurrucándose contra él—. ¿Te has enamorado alguna vez?
Él no se detuvo en bajar escaleras aún cargando con ella, como si de verdad fuera una hermana pequeña.
—Sí —respondió sinceramente—. En realidad, lo estoy. Estoy enamorado de una chica —susurró más hacia ella, asegurándose que el resto no les podía escuchar. Matsuri separó la cara de su cuello para mirarle, sorprendida—. Y me muero por decírselo.
—¡Pues hazlo! —animó—. Eres el hombre más valiente que conozco para estas cosas. No. En realidad, todos tenemos algo de valentía. Tú, Shikamaru, Temari… hasta Menma. A su modo. Pero creo que, en estos asuntos, tú eres el más lanzado.
La azulada mirada pareció oscurecerse por un momento.
—Yo sí. Pero ella podría morirse de un ataque al corazón y me mataría si eso pasara.
—Oh, vaya. Debe ser duro —murmuró—. ¿Es Hinata?
Naruto la soltó sin previo aviso, coloreándose. Empezó a tartamudear y gritar que tenía cosas que hacer, dejándola atrás.
Matsuri no pudo hacer más que echarse a reír y bajar las escaleras, emocionada. Porque el amor tenía eso, eran emociones, buenas o malas, pero que ahí estaban.
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Temari se sentó a su lado cuando él protestó de dolor. El condenado le había dado bien, incluso sin darle respiro. Si Tenten no hubiera actuado rápido, sus sesos estarían desperdigados en el suelo y sus huesos molidos.
Y era cierto; no había pensado coherentemente. Menma tuvo razón. Y era igual de vergonzoso como símbolo de una idiotez que no estaba acostumbrado a cometer. Estaba estresado con las cosas que sucedían, con la relajación que mostraban los profesores y le tocó completamente la moral que Arenas continuase atosigando a sus hijos de ese modo. Especialmente, a Temari.
—Lo siento —se disculpó Temari, sacándolo de su autoflagelación mental—. Mi padre no parece entender las cosas coherentemente. Sigue enfrascado en movilizar todo a su forma, sin más. ¿Qué le cuesta llamarme por teléfono en vez de montar todo este paripé?
—Porque no le interesa lo que tengas que decirle.
Odiaba tener que decir eso, ser tan sincero, pero Temari no era tonta. Aunque eso no significaba que no le doliera la verdad igual que al resto del mundo.
Él mismo había tenido que jugar con sus sentimientos cuando captó el micrófono. Si no fuera porque estaba intentando salir de aquel momento incómodo, no se habría dado cuenta. Por suerte, ella se había recompuesto y aceptado que sólo estaba actuando. Aunque, si era sincero, no del todo.
Por supuesto que había escuchado las palabras de Matsuri. Y desde luego, su corazón había bailado entre la sorpresa y la inquietud. Cuando preguntó acerca de ello no estaba bromeando, pero Temari estaban tan confundida y perdida como él.
El beso bien podría ser por las circunstancias. El apoyo o las conversaciones eran basadas en eso. ¿Acaso las relaciones que empezaban de ese modo no terminaban mal?
—Lo sé. Y eso es frustrante. Es como si estuvieras hablando con la pared. Por más que grite o por más que patalee, no me hará caso.
Lo comprendía. La impotencia era conocida por él. Sentimiento de que los adultos te miraban por encima del hombro, desmeritando tus pensamientos o deseos del futuro. En el caso de Temari, ella no quería que su padre decidiera su futuro. Con quien casarse, qué hacer en su vida, eran decisiones que le tocaba a ella y a nadie más.
—¿Por qué fuiste directamente a por Menma? —cuestionó.
Él se rascó la nuca. Pensarlo a decirlo en voz alta eran muy diferentes.
—Confío siempre en todos los de la clase. Podría sospechar un poco de Karin, que últimamente ha estado más ajena, pero que en un lugar privado hubiera cámaras, sólo podía pensar en un extraño al que no le importaba pasarse la lealtad por el trasero.
—Menma, obviamente.
—Sí. Lo que no sabía era el trato que había hecho con tu padre y lo mísero que es realmente —reconoció—. Tampoco pensé que su locura alcanzase tales niveles de agresividad.
Temari le dio la razón y le observó. Su mano osciló hasta su mejilla, mas no llegó a tocarle.
—Realmente deberíamos de ir a ver a Shizune y que te cure.
Volvió la mirada hacia ella.
—¿Segura que no quieres echarme una bronca? Ahora sí que no voy a poder correr.
Temari suspiró.
—Sinceramente, Shikamaru, ahora mismo quiero hacerte muchas cosas. Entre ellas no está el de golpearte, sinceramente.
Una mueca que ya reconocía apareció en su rostro. Pese a la preocupación ella se esforzaba en mostrar que aquello no la afectaba, que le importaba más él y su voluntad era increíble.
—Pues haz una de ellas —ofreció. Temari parpadeó diversas veces por sus inesperadas palabras, porque a él también le había sorprendido de la misma forma.
No obstante, esa vez, ella no retrocedió. Su mano volvió a oscilar hacia él. En lugar de a su rostro a su cuello. Un gesto elegante de sus dedos. Sintió la punta de sus uñas sobre su piel acariciarle.
Sus ojos se entrecerraron mientras le observaba, alternando sus ojos y sus labios.
El recuerdo del tacto de su boca sobre la suya tan fugaz, su mente abandonando cualquier posibilidad de estar cuerdo; los sentimientos que obligaban a su corazón a sentirse como en un mar movido dentro de su cuerpo.
Cuando llegó a él estaba lleno de impaciencia, de emoción y expectativas que fueron más que cumplidas. La timidez y pasión de Temari, la torpeza de su gesto y la ternura y el sabor salado de sus lágrimas.
Levantó su mano hacia ella. Sus dedos se movieron por su cabello hasta su nuca y los dejó ahí, acariciando suavemente, forzando la cercanía de sus bocas. Abrió los labios, los cerró sobre los de ella. Permitió que su lengua buscara la suya y se tragó sus suspiros, hasta que rozó una parte dolorida de su boca y tuvo que retroceder, maldiciendo por la pérdida de contacto más que por el dolor.
—¡Lo siento! —se disculpó con las manos a cada lado de su rostro—. Madre mía, Shikamaru.
—Está bien. No voy a llorar.
Ella se detuvo echándose a reír poco después.
—Eso no va a evitar que siga llamándote bebé llorón —aseguró bromeando—. Anda, vamos a ver a Shizune.
Le ayudó a levantarse.
—Oye —dijo mientras la observaba abrir la puerta y antes de bajar las escaleras—. La pregunta que hice…
—Lo sé, era actuando —aceptó—. Esto lo he tenido porque yo he querido. No das más de lo que no puedes dar, supongo.
—Mi pregunta iba en serio —recalcó asiéndola del codo, sorprendido porque descartara tan rápidamente sus sentimientos. Ya lo había hecho antes en la habitación. Y recalcado con Asuma.
Notó que se tensaba.
—¿He de fingir que no escuché las palabras de Matsuri?
Temari bajó la mirada, luego la alzó para mirarle.
—Sí.
Shikamaru esperó algo más que no llegó. Pese a la rojez en sus mejillas su boca no se abrió para añadir nada más. La soltó lentamente y se apoyó en la barandilla.
—Bien, entonces, eso haré.
Bajó las escaleras sin mirar atrás. Temari le siguió poco después. No podía volverse a mirarla, porque justo al contrario que antes, ahora su corazón pesaba como una piedra.
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—Entonces… ¿me perdonas?
Sakura se cruzó de brazos mientras la observaba, de pie frente a ella, inclinada, con las manos levantadas en rezo y una sonrisa tirante y cuidadosa en su boca.
Ino básicamente la había arrastrado hacia la habitación para disculparse, explicarse el por qué de sus actos y sus pensamientos. Sabía que había algo de la reflexión de Shikamaru tras todo eso, pero él siempre ayudaba a Ino en poner sus ideas en orden y, esa vez, no iba a ser menos.
—Déjalo ya, Ino-cerda —protestó bajando las manos para que dejara de hacer esa postura ridícula—. Pero espero que entiendas que no voy a dejar a Sasori.
—Sí, lo entiendo —aceptó levantando una mano—. Shikamaru me ha contado que él no es tan malo como aparenta.
—Eso ya te lo he dicho yo —recalcó.
—Lo sé, lo sé, pero los datos que me ha dado Shikamaru no son los mismos que tú.
—¿Mi palabra no es suficiente? —cuestionó cruzándose de brazos.
—Lo siento, pero si estuvieras en mi lugar, te concedería el don de la duda. Necesitaba pruebas, Sakura —explicó—. Ya sé que no es lo mismo, pero yo tenía fe en Deidara y mira como terminé. Ignoré a quien de verdad me ayudaba por una libertad que no obtuve. Me estrellé. Así que ahora me da miedo todo y dudo de todo. Hasta de mí misma y es algo que no puedo permitirme.
Sakura no podía decir que no la comprendía. Esa aura de oscuridad era la misma que percibía en ella. Lo que hacía que continuara sin poder sincera, que la asustaba de lo que podría llegar.
—¿A qué te refieres con que es algo que no puedes permitirte? —indagó—. Entiendo que creas que llorar te hará más débil, Ino, pero necesitas hacerlo si hace falta. Y puedes llorar hasta secarte que yo te proporcionaré el agua. Litros y litros.
Ino sonrió complacida, pellizcándose las manos.
—En realidad, no es por mí. Seguramente cuando todo termine me caiga y llore a moco tendido, pero ahora mismo no puedo hacerlo. No.
Vio que miraba una de las revistas que había dejado abierta antes de ir a comer.
—¿Es por Sai?
—Sí —confirmó acercándose para tomarla y mostrársela—. Es un taller de pintura. Una de las opciones que hay para nuestra estancia aquí. Dicen que no sólo se necesita pintores, sino también modelos.
Sakura leyó el articulo mientras hablaba, hasta que llegó a una de las partes. Abrió tanto la boca, desconcertada, que le dolieron los músculos de la cara.
—¡Ino…!
—¡Lo sé, lo sé! —exclamó aferrando la revista—. Quiero que Sai vuelva a retomar lo que tanto ama. Sakura. ¿Sabes cuantas veces ha cogido un pincel desde que despertó?
Negó, desconocedora.
—Ni una sola vez. ¿Y abrir su carpeta de dibujos? Nada. No quiere saber nada de la pintura. Me dijo que iba a dejarla.
—Pero él no tiene la culpa de…
—Dibujó algo que no debió de hacer —interrumpió Ino—. Una imagen en la que Deidara, junto a Sasori y otro de los chicos, que no sé quien es, sinceramente, violentaban a otro chico. Deidara se dio cuenta de que él los vio… ese fue el móvil para acercarse a mí. Era como un rehén para acallar a Sai. Y él intentó advertirme tantas veces…
Se cubrió el rostro con ambas manos sin lograr retener un sollozo angustiado. Sakura la abrazó con fuerza, zarandeándola suavemente.
—Ya, Ino. Ninguno de los dos tenéis culpa de que Deidara esté loco. Sasori lo ha dicho muchas veces. Es bueno en arte, pero su mente está mal. Os utilizó en un juego que no terminó bien para nadie.
—No —afirmó—. Deidara no va a poder moldear nunca más. Sasuke se encargó de eso. ¿Sabes que regresó a la habitación cuando Sai todavía dormía? Aferré unas tijeras… creía que haría cualquier cosa de nuevo…
—Diablos, Ino. ¿Por qué no nos dijiste nada?
Ella hipó antes de responder.
—Sasuke llegó justo en ese momento y logró protegerme. De nuevo… Deidara se marchó y no regresó.
—¿Sasuke…?
—Sí. —Ino se limpió las lágrimas y retrocedió para dejar la revista y luego mirarla, sorbiendo por la nariz—. Creo que iba buscándote. No tardó mucho en irse, así que no estoy segura. Como sea —descartó—, quiero entrar a ese taller. Espero que eso logre convencer a Sai de volver a pintar.
Sakura suprimió a Sasuke de sus pensamientos para volver a centrarse en Ino y su locura.
—¿Qué piensas que haga?
Ino guardó silencio antes de responder.
—Espero que el cariño que sentía hacia mí continue ahí, como para detenerme. Quiero que vuelva a pedirme que pose para él, Sakura —musitó—, quiero que me miré de esa forma que sólo él es capaz. Ve partes de mí que yo no veré en mi vida.
Sí. Sai tenía ese don. Igual que el don de soltar verdades a la cara, aunque no le gustasen a nadie. No por ello tenía un gran séquito de fans, pero los que le conocían, le querían hasta con su lengua viperina.
—¿Y esos ruidos?
Del pasillo llegaban voces que las alertaron. Ambas abrieron la puerta para encontrarse con Hinata, que dio un respingo al verlas.
—¿Qué ocurre? —preguntó Ino.
—No lo sé bien —explicó Hinata—. He visto a Shikamaru y Temari ir hacia la habitación de los enfermos. Shikamaru estaba magullado.
Ambas se miraron preocupadas.
—¿Estará bien? —preguntó.
—No lo sé —reconoció Ino—. Quizás debería de ir a ver.
Sakura estaba por asentir cuando llegó un gritito de protesta desde la otra habitación. Cuando miraron, Matsuri era empujada fuera por Kiba y Naruto.
—¡Venga, no seas así! —suplicaba Matsuri—. ¡Dime lo que no me has terminado de decir antes, Naruto!
La voz de Naruto les llegó más clara de lo que hubiera esperado.
—¡Ni hablar! Es algo que sólo atañe a Hinata y no puedo decírtelo a ti antes que a ella. ¡Pa' fuera!
Ambas miraron hacia Hinata, quien parpadeaba con la misma inocencia de siempre, hasta que, sin motivo aparente, su rostro se ruborizó.
—Pareces un tomate, fea.
Sakura notó cómo su cuerpo se tensaba ante la voz masculina. Menma pasó junto a ellas, con una mueca de superioridad. Salía del dormitorio de los profesores y entraba al que le había tocado con Neji y Lee.
Hinata pasó del hermoso rubor a palidecer. Sakura la atrapó de la mano para adentrarla e intercambió una mirada con Ino, quien asintió para terminar de guiarla dentro. Antes de que cerrase la puerta, alguien la retuvo.
Reconoció su aroma. Era algo que siempre haría.
Apretó los dientes y dejó que abriera la puerta, encarándole. Su mirada oscura era más amable de la que había esperado y eso, no le gustaba. No le gustaba porque bajaba sus defensas y creaba un completo caos dentro de su mente y corazón.
—Sakura.
—¿Qué?
La frialdad de su voz no ayudó a que él se diera por ofendido y se marchara.
—Quiero hablar contigo.
Ella soltó una risilla irónica.
—Muy bien —aceptó. Él retiró el pie y su mano—. Yo no.
Y le cerró en las narices.
Se apoyó contra la puerta, colorada. Sintió las lágrimas subirle a los ojos y cuando miró hacia las otras, Ino y Hinata ya estaban preparadas.
—Estoy bien —aseguró levantando las manos—. Más importante —continuó—. ¿Qué será eso que Naruto sólo puede decirle a Hinata?
Enseguida, Hinata volvió a sonrojarse y abanicarse. Les contó que Naruto y ella habían hablado mientras comía y Ino confirmó que le había visto subir las escaleras mientras huía de Kakashi a la hora de la comida.
—Kakashi dijo que no le preocupaba porque sabía hacia donde iría. Así que fue a comer contigo —canturreó Ino.
Hinata negó, lamiéndose los labios.
—No estaba el asunto para comer mucho, la verdad —explicó—. Gaara estaba teniendo un ataque justo en ese momento y Naruto parecía… aterrado.
Sakura asintió, comprendiendo.
—La impotencia siempre ha creado ese acto en él. Se bloquea cuando no sabe qué hacer. Es como si esperase que una voz en su cabeza le dijera qué debería de hacer.
Hinata asintió.
—Cuando entró en la habitación estaba muy pálido. Una vez hablamos se calmó, claro —relató—. Y, bueno… en cuanto al tema… es que no hubo tema.
—¿Cómo que no hubo tema? —cuestionó Ino sorprendida—. Por como corría para reunirse contigo pareciera que fuera a comerte todo el tema.
—¡Ino! —regañó avergonzada hasta ella misma—. No seas vulgar.
—No se trata de ser vulgar —corrigió Ino completamente convencida—. Es lo que vi. Naruto parecía ir a por todas en ese momento.
—Yo no lo sé —continuó Hinata apretándose las manos—. Sé que hay cosas que tenemos que hablar, que se han quedado en el tintero por diferentes situaciones. Y creo que… me da miedo.
—Ey, tener miedo en tu primera vez es normal…
—No habla de eso, Ino —interrumpió Sakura antes de que le diera una charla de sexualidad—. Hinata, confía un poco más en Naruto. Te aseguro que no va a romperte el corazón. No de forma consciente. Ahora ya no. Él puso punto final a sus sentimientos por mí, coordinó todo para enfrentar lo que siente hacia ti. No puedo expresar exactamente qué, porque eso es algo que tiene que decirte en persona y creo que eso era lo que estaba hablando con Matsuri.
—La pequeñaja tiene buen punto a veces —reconoció Ino—. Igual debiera de hacerla mi sierva.
—Si quieres que Temari te mande a volar, adelante —alentó.
Ino puso cara de pánico.
—No, gracias. Ya he visto dos veces lo que es capaz de hacer y da mucho miedo —confesó—. Es mejor tenerla de aliada que como enemiga.
—Pues deja a Matsuri tranquila. Además, no cambiemos de tema —puntualizó—. Hinata, en resumidas: tiempo al tiempo y sin miedo. Sé que es normal, y que Naruto es un torpe, sí, pero no para mal. Sabrá expresarse bien.
Porque después de la charla que tuvieron en su dormitorio aquella vez, esperaba que le hubiera quedado claro que Hinata era de las que necesitaban palabras textuales y reafirmarlas diversas veces.
—Ya todas sabemos como es nuestro Naruto —confirmó Ino cruzándose de brazos—. Aunque, bueno, cuando llegue el momento tendremos que decir nuestro. ¿Verdad? ¿O no eres del tipo celosa?
Hinata se cubrió el rostro, echándose hacia atrás en la cama que estaba sentada. Cuando su momento de emoción terminó, miró al techo con un gesto vacio.
—La verdad, estas cosas me las he imaginado tanto en mundos inverosímiles que ahora mismo no puedo creerme que podrían ser ciertas.
—Ya, eso nos suele pasar a todas. ¿Verdad, Sakura?
Sakura levantó el dedo corazón como respuesta. Sin embargo, Ino tenía razón. ¿Cuántas veces había fantaseado con Sasuke? Demasiadas. Cubierta por las idioteces de una pubertad imaginativa que llevaba por senderos que nunca sucederían.
—¡Ostras! Que yo iba a ver qué había pasado con Shikamaru —rememoró Ino dando un brinco—. ¡Luego os cuento!
Antes de que pudieran detenerla, se marchó. Hinata se incorporó, apoyándose en los codos y ella suspiró.
—Es como un huracán muchas veces.
—Sakura.
Se agachó para recoger una de las revistas que se habían caído al mismo tiempo que afirmaba que la escuchaba.
—¿Cuál es tu historia con Menma?
La revista resbaló de sus dedos hasta el suelo. Miró a Hinata como si acabaran de crecerle más tetas y parpadeó para disipar esa extraña imagen mental.
—Lo siento, no debí de preguntar —se disculpó azorada. Tomó la revista que se le había caído y se la entregó.
Se sentó a su lado, apretando las hojas.
—Es algo que sucedió hace mucho tiempo… —Se mordió el labio inferior antes de formar una tirante sonrisa—. ¿Sabes qué? No quiero recordarlo ahora. Me he propuesto ser feliz, así que no quiero amargarme con él. En realidad, me preocupas más tú —reconoció—. Tiene la misma cara que el hombre que amas y no parece dudar en meterse contigo cuando tiene oportunidad.
Claramente, Hinata se había percatado de su intento de desviar el tema. Sólo sonrió y no la presionó. Sakura agradecía esa parte tan amable suya, porque sabía que de presionarle un poco más, volvería abrir la boca igual que hiciera con Lee y no quería hundir a alguien más con ella. Menos, cuando esa persona estaba enamorada del hombre al que podría destrozarle la vida.
—Estoy bien —dijo sacándola de sus pensamientos—. Es incómodo, desde luego. Es el mismo hombre que nos secuestró, que no tuvo pudor en desnudarme y ofrecerme como una muñeca… y es cierto que se parece a Naruto, pero hay algo en él que siempre hace que esté en alerta. Además, es moreno y tiene heterocromía.
—Cierto —corroboró—. Cada vez se me hace más curioso esa parte. ¿Cómo pueden ser hermanos y tan diferentes?
—Supongo que la genética ayuda —sopesó Hinata.
Sakura bufó.
—Ah, no. No vamos a hablar de ciencia y demás cosas que nos llevaría a imaginar que estamos en clases —descartó—. Lo que sí haremos es deshacer las maletas y reírnos un rato con cosas aburridas y típicas. Olvidémonos de hombres y los problemas. ¿Te hace?
—Por supuesto, me encanta y me parece la mejor opción —aceptó Hinata poniéndose en pie.
La vio remangarse y dirigirse hacia su maleta. Sakura la imitó poco después, aunque antes, envió un mensaje a Sasori.
"Sigo viva y eso me hace seguir adelante".
Él no tardó en responderle.
"Espero que sigas adelante y viviendo, pelirosa".
—Esa ni siquiera es una palabra reconocida… idiota.
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Sasori apagó el móvil y se lo metió en el bolsillo justo cuando alguien tocaba una de sus obras. Odiaba que eso sucediera. ¿A las personas le costaba tanto leer el cartelito en letras gigantes que pedía, más amablemente de lo que él lo haría, que no tocaran las obras de arte? Las de Deidara eran de arcilla, delicadas también, y las suyas, igual. También peligrosas.
Lo que menos le apetecía era tener a Deidara más irritado de lo que ya estaba. Porque sus visitas al médico no estaban resultando beneficiosas y la idea de perder sensibilidad en sus manos no ayudaba. Podía comprenderle como artista, pero era el castigo justo cuando atacabas a otro artista y cometías errores que, claramente, iban a devolverse en tu contra. En ese caso, a manos de Sasuke Uchiha.
Al que, por cierto, Deidara no podía devolvérsela si no quería tener unas palabras con Itachi. Algo que nadie le recomendaba.
Se acercó hasta la persona que había decidido estúpidamente dar golpes a la mejilla de una de sus marionetas. Si continuaba haciéndolo, incrementando cada vez más su fuerza, terminaría por desencajar la cabeza y tendría que volver a montar todo el escenario de nuevo.
Era una chica joven, probablemente, uno o dos años mayor que él. Le resultaba ligeramente familiar. Quizás fuera por su cabello rojo y su piel pálida. ¿No había una chica así en la clase de Sakura?
Notó que empezó a gesticular con las manos, nerviosa, a la par que aumentaban sus toques en la mejilla, alternándolas con gestos. Nervioso, posó su mano sobre su hombro.
—¿Acaso no has leído el cartel? —preguntó sin tapujos. Si alguien no iba a respetar sus obras, menos iba a respetarla él—. No se toca la mercancía.
Ella dio un respingo al verle tan cerca. Movió sus manos nuevamente, señalándolo a él y, a continuación, a la marioneta repetidas veces. Sasori elevó una ceja, confuso.
—Es mi creación.
Eso pareció asustarla. Empezó a mover las manos más y más deprisa, aunque su rostro continuaba ligeramente imperturbable.
—Honoka, si no te calmas no podrá entenderte. Además, para estos casos tienes una libreta. ¿Recuerdas?
Otra mujer se acercó a ellos. La muchacha, Konoha, se volvió hacia ella y gesticuló de nuevo rápidamente.
—¿Pero qué tonterías dices? —cuestionó una vez terminó la más joven—. Son marionetas, no personas vivas atadas a cuerdas. Tienes que dejar de ver el canal de misterio por un momento.
Tras suspirar, se volvió hacia él.
—Perdona el descortés comportamiento de Honoka. Es muda y aunque generalmente suele ser muy calmada, cuando algo le llama la atención no puede evitar saltarse las reglas o actuar impulsivamente.
—Pues que deje de tocar todo —aseveró al ver que volvía a extender su mano hacia la marioneta, esa vez, para tocar el cabello. De nuevo, se volvió hacia la otra mujer, maravillada—. Nada. Como si le hablara a la pared.
La mujer suspiró y aferró la mano antes de que fuera a tocar más.
—Honoka, recuerda por qué estamos aquí.
Como si esas palabras fueran magia, la chica dejó de interesarse en las obras y tomó una pequeña libreta que colgaba de su cuello junto a un lapicero que sacó de su bolsillo. Escribió por un corto de tiempo hasta que le mostró la hoja. Sasori no tardó mucho en leerla.
—La clase que estás buscando no está ahora mismo en Konoha —respondió entrecerrando los ojos—. ¿Qué quieres de ellos?
Honoka volvió a escribir tras pasar la página. Casi le golpeó con el cuaderno por tal de que la leyera. Gruñendo, la hizo retroceder para leer mucho mejor. Después, guardó silencio, mirándolas alternadamente.
—Por tu silencio deduzco que sabes más de lo que parece.
—Sí —reconoció. Miró a su alrededor—. Este no es el lugar para hablar de ello.
Hisame entonces se movió hacia él a lentos pasos. Llevó su mano hasta el bolsillo oculto en su estrecha falda. Diablos. ¿Esa mujer no sabía lo que eran los sujetadores o la tela de la ropa para ocultar su busto?
—Reúnete con nosotros en este hotel mañana por la tarde —susurró—. Sólo pregunta por Hisame. ¿Recordarás mi nombre?
¿Cómo no hacerlo? Valiosa la redundancia que se pareciera al de alguien al que ella no se parecía en nada.
—Sí.
Miró la tarjeta mientras ambas mujeres se marchaban. Aquello era realmente extraño.
—¿Vas a ponerle los cuernos a tu novia?
Miró hacia su derecha. Deidara había entrado por la puerta trasera y no traía buena cara. Probablemente, no tenía buenas noticias.
—No —respondió—. Simplemente quieren hablar conmigo de un tema.
—¿Y tienen nombre o sólo son ellas?
—Hisame —respondió encogiéndose de hombros.
Deidara se echó a reír hasta que el dolor volvió a ponerlo de mal humor.
—Como sea. Mañana por la tarde van a venir los chicos a tomar algo. Itachi dice que quiere verte, así que…
—No puedo.
—Ah, entonces sí es una cita con ella —recalcó Deidara.
Sasori bufó. Le puso en la mano en los hombros.
—Deidara, te respeto como artista, pero como persona eres un idiota. Ya te has hundido tú solo en la mierda una vez. No te metas en mis asuntos.
Deidara parecía a punto de explotar. Sasori no le dio la importancia que él deseaba, así que se concentró más en su arte que en otra cosa. Aunque el recuerdo de ambas mujeres no tardó en regresar a su cabeza.
Aquello iba a ser complicado.
.
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—Entonces. ¿Te has rendido con Sakura-chan?
Lee sintió que todos los presentes le miraban. Algunos con sorpresa, otros cautelosos y un tercero como si hablar de amor en esos momentos fuera una clara molestia. Era curioso verlos y no porque estuviera de cabeza abajo mientras hacía flexiones. No.
Es que era un verdadero poema.
Naruto estaba tirado en la cama mirando el móvil sin cesar. Siempre una misma imagen que no lograba ver desde su posición. Shikamaru, que fue el que puso peor cara, estaba sentado contra la pared con claras muestras de una pelea. No abría la boca a cuenta de con quién se había peleado, por más que le preguntaron.
Neji, sentado en una de las sillas, leía un libro al que parecía prestarle poca atención. Kiba, masticaba algunas galletas que logró quitarle a Choûji, quien claramente no estaba contento con ese acto.
Y Sasuke… parecía un león enjaulado. Se notaba que quería salir, pero al escuchar sus palabras se había quedado. El poder de la curiosidad.
—¿Es a mí? —cuestionó Naruto señalándose y bloqueando el móvil a la par que se sentaba.
—Sí.
Naruto le estudió un momento antes de responder.
—Sí —imitó su respuesta—. No iba a ir a ninguna parte. Y Lee, creo que tú tampoco.
Lee bajó de su posición para mirarle. Algo mareado por el cambio de su sangre, pero se concentró en él.
—¿Por qué crees que debiera de rendirme?
—Porque Sakura tiene ya novio. ¿Quizás? —sopesó Choûji.
—¿Y qué? —cuestionó indiferente—. Ni siquiera llevando un anillo la convierte en su dueño. Ella sigue teniendo sus pensamientos y sus deseos y podría…
—¿Qué? ¿Sentir algo hacia ti?
Todos miraron con sorpresa a Shikamaru. No era normal que él tuviera una lengua viperina. Generalmente, era el que ponía las pautas de calma entre ellos o mantenía un perfil bajo.
—Lo siento —se disculpó bajando la voz y pasándose una mano por los cabellos—. Olvida lo que he preguntado.
Lee era consciente de que no era el hombre perfecto. Se caracterizaba por ser siempre capaz de tener su propio ritmo, de no detenerse, de considerar su energía algo bueno y no algo malo. Si bien era cierto que su curiosidad podía causarle problemas de equivocación, tampoco estaba muy lejos de la realidad en sus pensamientos. Porque, por ejemplo, continuaba en sus treces de que había algo entre Neji y Tenten que se negaban a aceptar.
Tampoco era como Sasuke, por supuesto. Cada uno tenía su encanto personal. Sakura ni era ciega ni era mala.
Lo único malo que notaba, es que arrastraba consigo un pasado que no sabía cómo resolver. Lo triste de todo, es que ese pasado enlazaba a uno de los dos que aseguraban conocerla mejor.
—Realmente, ustedes dos sólo ven de ella lo que quieren —soltó sin detenerse a pensarlo. Naruto enseguida clavó la mirada en él, en advertencia.
—Lee, te estás columpiando —advirtió Kiba.
—Hace cosa de poco tiempo gritabas a los vientos que querías a Sakura. Que era la mujer de tu vida. ¿Y hoy? Ah, no. ¿Ya para qué me esfuerzo más? Te has rendido y echado el ojo a la más rápida.
—¡Lee! —ladró Neji aferrándolo de la camiseta—. Te estás pasando si estás sugiriéndose eso de mi prima.
Lee parpadeó. Abrió la boca, sintiendo que la ironía de esas palabras escapaba de entre sus labios con un suspiro.
—¿Hinata? ¿Has cambiado a Sakura por Hinata?
El puñetazo fue directo a su cara. Lo detuvo por instinto, sosteniendo el embiste de Naruto contra él.
—Naruto —advirtió Sasuke—. Sakura no te perdonará si le haces algo.
Naruto entrecerró los ojos, observándole.
—Cejotas, más te vale cerrar la boca y no meterte en lo que no sabes —aconsejó Uzumaki entre dientes.
—Eres tú el que no sabe nada, Naruto —corrigió—. ¿Te has dado cuenta del terror que siente Sakura con Menma? No. Sólo te has fijado en Hinata en eso. ¿Verdad? Bien, tu exclusividad es patética.
Sasuke abandonó su lugar para detener a Naruto y Neji tiró de él entre gritos y gruñidos. Cuando logró sacarlo fuera sin más heridas de las necesarias, Neji parecía desear estrangularle.
—¿De qué iba todo eso?
Lee se frotó la nariz, sorbiendo.
—Sólo me molesta cómo está actuando Naruto. Sakura está mal, Neji —recalcó—. Le da miedo cuando Menma está cerca. Cuando Sasuke se acerca a ella. Y Naruto sólo tiene ojos para tu prima ahora. Hace cosa de menos de dos meses bebía los vientos por Sakura. ¿Cómo puede cambiar alguien de sentimientos tan rápido?
Neji bajó la mirada, pensativo. Cuando volvió a mirarle, Lee comprendió que había hallado una respuesta tanto para él como para sí mismo.
—Los sentimientos pueden cambiar mucho más de lo que crees. No siempre pasa. Pero un día puedes acostarte sin poder sacarte de la cabeza a esa persona, como otro día, ves a otra persona y comprendes que lo que sentías por la primera no era tan intenso. Un día, Lee, tú conocerás a otra mujer que te hará sentir mil veces más las cosas que sientes ahora mismo por Sakura.
Le dio una palmada en el hombro, calmándolo.
—También te diré una cosa. Sasuke y Naruto son tontos muchas veces. Tienen las cosas delante y no se dan cuenta. Entiendo hacia donde iba tu frustración y que es porque no puedes hablar. ¿Se lo prometiste a Sakura?
—Sí…
Neji cabeceó una afirmación.
—Entiendo. Pero no puedes culparles por desear enderezar sus vidas —recomendó—. Tienes que tener paciencia.
—¿Mientras Sakura sufre?
—Mientras Sakura sufre, sí —afirmó—. Porque tú puedes hacer lo que mejor sabes para evitar que piense en esas cosas.
—Ya tiene novio —recordó frotándose el brazo, agobiado.
—Antes has dicho que…
—Sólo quería cabrear a Naruto —interrumpió—. Realmente soy capaz de entender cuando he hecho suficiente. Es sólo que aún la quiero, eso no puedo cambiarlo todavía. Puedo ser su amigo, sin embargo.
Neji le observó con sorpresa.
—¿Qué? —cuestionó al notar su escrutinio.
—Que eres más sabio de lo que parece, Lee. Quizás tus acciones no son correctas, pero es de buena fe.
Puso las manos en sus caderas, elevando su cara con orgullo.
—¡Pues claro que sí!
—¿Qué diablos hacéis ahí?
Ambos dieron un respingo.
Tenten los miraba con la cabeza ligeramente inclinada hacia un lado. Sostenía una botella de agua y el papel de los grupos a los que deberían de meterse.
—Hablar —respondió Neji—. ¿Tú?
—Tenía sed y dado que Matsuri es un huracán de emociones en este momento, necesitaba algo de libertad. Y encima, han cancelado el poder salir hasta nueva orden. Ahora también sé que hay cámaras, así que no puedo escabullirme sin romper alguna regla.
Se movió para cambiar de postura y algo resbaló de su bolsillo hasta la moqueta. Lee se agachó para recogerlo.
—Anda, tienes móvil.
—Sí —dijo ella sonriente—. Aunque no entiendo del todo las cosas.
—Te enseñare —se ofreció Neji.
Lee los miró de hito en hito. Antes de que Tenten pudiera negarse, le dio a su amigo el móvil y los dejó a solas.
Volver a la habitación fue un caos. Naruto se levantó y caminó hacia él como un loco. Antes que los demás lo retuvieran, Lee sintió su brazo derecho alrededor de su cuello y después, cómo tiraba de él hacia el baño.
Dejaron a los demás afuera, dando golpes por evitar que se mataran. Naruto sólo suspiró y le miró.
—Tienes razón —le dijo—. Ha sido rápido. Un cambio incómodo hasta para mí, Lee. No creas que me desenamoré por ver a Hinata andar delante de mí y como una opción posible. No. Algo llevaba tiempo ya cambiando en mí y… Sakura me dio calabazas cuando me declaré.
Lee no pudo evitar mirarlo de otro modo. No esperaba que se confesara de esa forma.
—A mí también me las dio —murmuró—. Después de que lo de la cena se aplazase por lo de Gaara, hablé con ella. Me dijo que iba a salir con alguien y que no podía corresponderme. Sinceramente, pensé que…
Sasuke. Siempre era Sasuke. Y, sin embargo, el que se la había llevado era otro.
—Sasuke. ¿Verdad?
Asintió en confirmación.
—Esto es frustrante. ¡Pero no me rendiré! —aseguró—. Continuaré luchando por esto o por lo otro.
Le dio unas palmadas en los hombros, decidido y después, abrió la puerta. Un montón de chicos cayeron de bruces contra el suelo.
Naruto y él se miraron.
Las carcajadas fueron aseguradas, hasta que Sasuke se llevó una mano al costado y cayó redondo hacia delante.
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—De verdad. No tienes que hacerlo.
Neji ignoró sus palabras para concentrarse en el teléfono. Realmente Tenten no había comprendido cómo optimizarlo para su uso, así que no le importaba hacerlo. Era natural. Al contrario que los demás no había estado tan cerca de la tecnología con la que básicamente habían nacido.
—¿Está muy mal? —preguntó apoyando la mano en la puerta para llegar hasta su altura y poder ver la pantalla—. Todavía tiene garan…
Antes de pudiera decir nada más, Tenten pasó de estar a su lado a perderse en alguna parte del pasillo. Cuando finalmente la vio, estaba tirada en el suelo de lado, maldiciendo al que abrió la puerta.
Los chicos la miraron a ella, luego a él y de nuevo, a ella.
—¿Qué diablos hacéis? —cuestionó Tenten incorporándose dolorida—. Madre mía. ¿Sasuke se ha emborrachado o qué?
—No, se ha desmayado —corrigió Choûji, quien cargaba con el mayor peso del moreno—. Vamos a llevarlo con Shizune. ¿Qué haces tú en el suelo?
La vena en el cuello de Tenten se inflamó. Antes de que dijera nada más, la aferró del codo para levantarla y hacerse a un lado. Naruto empezaba a perder la paciencia y era capaz de pasar por encima de ella incluso. Kiba los siguió pasillo adentro profiriendo gritos como si fuera una sirena, algo que alertó al resto, pues las puertas fueron abriéndose casi a la par y asomándose cabezas curiosas.
—¿Qué ha ocurrido? —cuestionó Sakura—. ¿Ese era Sasuke?
—Sí —respondió Lee—. Se ha desmayado repentinamente tras llevarse la mano al costado.
Sakura maldijo entre dientes.
—Ese idiota. Seguro que no se ha estado tomando el medicamento. Salió del hospital, corrió, luchó, volvió a ser drogado, volvió a pelear…
Apretó los dientes con fuerza.
—¿Quieres que vayamos a ver, Sakura? —propuso Hinata.
Sakura pareció tentada, pero negó y se adentró en la habitación. Antes de que Hinata cerrase, volvió a salir y caminó hacia la habitación del fondo junto a su prima, quien le sonrió cómplice antes de seguirla.
—Ella misma se lleva la contraria —suspiró Lee girándose hacia ellos. Se percató de que continuaba sosteniendo a Tenten y la soltó—. ¿Seguro que no…?
—No —interrumpió Tenten sosegada—. Y sí, así fuera, no es algo que a ti debiera de importante. O a los demás.
Lee se quedó con la boca abierta. Por dentro, Neji no podía negar que sentía cierta espina de orgullo y admiración.
—Shikamaru —nombró Tenten al verle—. ¿Cómo te encuentras?
Éste se rascó la nuca con su característica mueca de molestia. Se detuvo al ver que Temari y Matsuri estaban en su puerta todavía. Incluso parecieron intercambiar una mirada que no duró demasiado, pues la mayor se adentró en la habitación y cerró con fuerza. Sin importarle dejar fuera a Matsuri, que se erizó como un gato, arañando la puerta hasta que recordó que poseía llave y podía entrar.
—¿Qué bicho le ha picado? —preguntó Tenten—. Casi pareciera la misma de antes.
Shikamaru chasqueó la lengua y avanzó hasta su propia habitación, cerrando tras él, aunque más delicado. Neji y ella intercambiaron una mirada de duda.
—La verdad, es que hasta a mí me ha respondido muy frío Shikamaru —reconoció Lee tocándose el mentón pensativo—. ¿Podría ser que esos dos…?
—Lee —interrumpió Tenten posando una mano en su hombro—. ¿Qué te acabo de decir?
—Pero es de Temari de quien estamos hablando —continuó Lee, enfurruñado.
—Precisamente porque es Temari —puntualizó Tenten—. La conozco mejor que tú y te aseguro que no va a gustarle que estes planteando cosas que no te concierten. Neji y yo somos más tolerantes. Temari te mandará a volar muy rápido.
—No le digas eso, que al igual que Naruto, a este chico le encantan las peleas —recomendó Neji—. Aunque sea mujer.
Tenten frunció el ceño, sopesando, seguramente, cuan verídico era eso. Neji no le dio tiempo a pensar de más.
—Toma, el móvil. Ahora está activado correctamente. Has de pensar en algún tipo de melodía que quieras, por ejemplo. Y si ya quieres abrirte otras redes, adelante. Te he actualizado el WhatsApp. Así ahora podrás ver esos stickers enviados por Naruto que no podías ver.
—Ah, perfecto. ¿Qué eso de melodía para el móvil? —cuestionó completamente perdida.
—Por ejemplo, esta —explicó mostrándosela con su propio móvil—. Si una canción te gusta, un sonido, o hasta un fenómeno o frase, puedes ponerla.
—Oh. Me gusta el ruido del metal al chocar —explicó, enrojeciendo después—. ¿Es raro?
—No —negó buscando entonces sonidos que pudiera mostrarle—. Cada quien tiene sus gustos, por muy raros que parezca al resto, si no son dañinos lo mismo da.
—Yo tengo la canción de Pokémon en el mío —dijo Lee mostrándosela.
Tenten se echó a reír.
—¿Qué diablos? ¿Por qué tienes esa canción?
Lee se encogió de hombros.
—Porque me gusta —expuso—. Choûji lleva la de un anuncio de comida. Kiba aullidos de lobo. La de Naruto es la abertura de su anime de ninjas favoritos. Sasuke lleva algo de música Heavy. Shikamaru tiene la canción de Tiburón y no sabemos por qué. Y las chicas, no lo sé, la verdad. Creo que Sakura tiene la de un dorama que le gustó.
Tenten suspiró mientras le observaba hablar. Neji no supo si por lo último o abrumada por la cantidad de opciones que existían.
—Por cierto, Tenten —recordó Lee acariciándole el hombro—. Siento lo de Tayuya.
La chica palideció al instante. Neji maldijo para sus adentros. Lee realmente estaba teniendo el día bien curtido de bocazas.
—Lee, mejor ves a ver qué hacen los demás —indicó haciendo un gesto significativo. Lee obedeció entre dientes—. ¿Estás bien? —cuestionó una vez se quedaron a solas—. Lee está hoy muy insoportable. Quizás el marearse no le ha sentado bien.
—Estoy bien —certificó ella, pese a no parecerlo—. Simplemente, me había olvidado por un momento de ello y…
—Y no pasa nada porque vivas tu vida —insistió—. No tuviste la culpa y hasta ahora, nadie ha ido a por ti. No tienes ningún tipo de enlace con ella.
—Lo sé, pero…
Le miró un momento y, después, hizo algo que no esperaba que hiciera jamás. Se acercó a él, posó su frente en su pecho y le tomó la mano, insegura.
—Tenten —murmuró sorprendido. No sólo por su actuación, sino por su propia reacción. ¿Era su corazón el que latía de esa forma?
Ella retrocedió, levantando ambas manos y echándose a reír.
—Perdón, perdón —se disculpó caminando hacia su habitación. —Iré a ver qué tal les va a las chicas. Luego hablamos. ¿Vale?
No fue consciente de si asintió o no, pero ella se metió en la habitación y no hubo más.
Su móvil vibró en el bolsillo antes de que la melodía se escuchara, regresándolo al mundo terrenal. Cuando descolgó, la voz de su tío lo saludó.
—Neji. ¿Estás con la persona a la que has decidido apadrinar? La hija del contrabandista de armas.
—Sí —respondió frunciendo el ceño.
—Bien. No te despegues de ella.
—¿Qué ha ocurrido? —cuestionó bajando la voz y alejándose de las habitaciones.
—Su padre debía dinero a un mafioso que fue a la cárcel con él. Le dijo que le pagaría aún le costase su vida. La perdió, pero todavía tiene que pagar su deuda. El mafioso no ha tomado su entrega de vitalidad del mismo modo que el padre, así que sospecho que esa persona puede estar en peligro.
—¿No estaban en la cárcel la gran mayoría de sujetos?
—Sí, pero este se ha escapado. Me han avisado hace poco, pues pedí información de cualquier cercanía con Fugaku Uchiha.
Hubo un momento de silencio desde la línea, en la que, claramente, su tío había cubierto para que no llegase la voz de la otra persona. Finalmente, cuando regresó, suspiró irritado.
—¿Está Uzumaki bien?
Aquello fue una sorpresa. ¿Acaso no debería de preocuparse más por su hija?
—Sí —respondió mirando en dirección a donde lo vio por última vez—. Enérgico y loco, como siempre.
—Bien. Ten un ojo en él también, por favor.
Neji se humedeció los labios antes de hablar.
—¿Puedo saber por qué? ¿Es por Hinata?
Su tío guardó silencio de nuevo. Cuando habló, la irritación en su voz era clara.
—También por ella, pero más por otra cosa. ¿Podrás hacerte cargo de ambos?
—Lo intentaré —afirmó—. ¿Es por Menma?
—Sí.
—De acuerdo. Me mantendré alerta.
Iba a colgar, cuando de nuevo, escuchó la voz de su familiar.
—Y cuídate tú también, Neji.
Apretó el móvil con fuerza, asintió casi sin voz. Cuando colgó, la puerta de la habitación de Shizune se abrió. Su prima y Naruto salieron juntos de ella. Cuando sus ojos se encontraron, ella le sonrió amablemente. Corrió hacia él, ladeando la cabeza preocupada.
—¿Te encuentras bien, Neji-nii-chan?
Posó una mano en su cabeza.
—Estoy bien.
Naruto pasó por al lado de ellos tras despedirse de Hinata, entrando en la habitación de nuevo.
—¿Qué ha ocurrido?
Hinata suspiró, preocupada.
—Naruto quiere que las cosas avancen rápido y es algo que no puede hacerse.
Neji frunció el ceño, tensándose.
—Si se ha propasado contigo…
Su prima enrojeció, sorprendida.
—¡No, no, no! No es conmigo —explicó avergonzada—. Se trata de Sakura y Sasuke. El hecho de que no estén llevándose bien parece afectarlo.
Comprendió entonces.
—En realidad, Naruto está pensando en muchas cosas a la vez. Lo raro es que no haya colapsado.
—Sí —confirmó ella apretándose las manos, preocupada.
—Estará bien —le aseguró—. Y, de caerse, siempre podrás levantarlo.
Ella le dedicó una mirada sorprendida. Él inclinó la cabeza, con paciencia.
—Mejor regresa al dormitorio. Tenemos que estar ahí hasta nueva orden.
—Cierto —rememoró Hinata—. ¿Qué ha ocurrido?
—No han explicado nada. Ni siquiera Shikamaru o Temari. Y el primero está de un humor de perros.
—¿Shikamaru?
Asintió. Comprendía su sorpresa, porque los demás y él se sentían igual de confusos.
Acompañó a Hinata hasta la habitación y esperó a que cerrase. Después, miró la habitación que daba a la habitación de Tenten, Matsuri y Temari.
Diablos, iba a ser difícil de protegerla sin decirle nada. Tenten era un alma libre y estaba acostumbrada a vagar con total libertad. Era consciente de los peligros y por eso, la asustaba bajar la guardia. Recurría a los demás cuando sentía que no podía más y que él se estuviera encargando de sus finanzas, le había dado más libertad y seguridad, aunque también temor. Sólo esperaba que no ocurriera un error.
.
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Gaara no se sentía tan bien como esperaba. Los ataques eran algo más frecuentes. La necesidad de buscar lo que su cuerpo pedía incrementaba y sus manos temblaban cada vez más. Sentía un calor anormal que le había llevado a tirar las ropas de cualquier forma al suelo y aunque nadie le dijo nada, sabía que no era correcto.
Las visitas no estaban ayudando a calmarse y mucho menos, aunque no era en sí una molestia, Sai. Quien parecía más inquieto a medida que las horas pasaban. Comprendía y reconocía los síntomas porque eran iguales que los suyos, aunque no tan fuertes.
—¿Qué es lo que intentas dejar? —preguntó la séptima vez que le vio apretarse las manos al hacer un gesto extraño con los dedos, como si sostuviera unos palillos entre los dedos.
Sai le miró, luego sus manos, como si se percatara de qué estaba haciendo, las separó, frotándolas contra su pierna.
—Dibujar.
Eso era nuevo.
—¿Tu droga es el dibujo?
—Mi vida es… era, el dibujo.
Gaara guardó silencio, esperando que continuara. Nunca le había gustado presionar a las personas demás para contar sus problemas. Él mismo era de los que prefería encontrar el momento. Sólo que este nunca llegó correctamente.
—Siempre he tenido un lápiz en mi mano, así que ahora no sé cómo es estar sin uno. Sólo tengo que habituarme y encontrar otra cosa.
Bajó la mirada hasta sus propias manos, levantándolas.
—Pues que no sea lo mismo que yo —aconsejó. Sai le miró con la misma curiosidad que muchos otros—. Simplemente, fui débil. Confundido. Equivocado.
Sai se incorporó.
—¿Estás hablando erráticamente porque te va a dar otro ataque?
—No —negó—. Es la verdad. La oscuridad me inundó sin encontrar una salida correcta. Me hundí en el peor mar que existe. No lo hagas. No te lo recomiendo.
—Según me han contado, no lo hiciste sólo —descartó Sai con tranquilidad—. Te secuestraron y drogaron al mismo tiempo que… nos capturaban a nosotros.
—Sí —confirmó—, pero ya estaba dentro de esa mierda. Yo mismo me metí en ella para evadirme de la realidad. Nada más. Sólo meros momentos y mi cuerpo deteriorándose. No puedo comer, no puedo dormir sin ayuda y no pueden darme todo lo necesario por mi condición. Cada vez más rebajada, cada vez mi cuerpo más ansioso.
Se percató de que estaba rascándose mientras hablaba. Chasqueó la lengua y miró hacia el atardecer.
—¿No hay ruido de nuevo en la otra habitación?
Sai se incorporó un poco en la cama, curioso, agudizando el oído. Era cierto.
—He escuchado esa voz antes —murmuró.
—Es Sakura —respondió empujando las sábanas para levantarse. Aferró el gotero para caminar hacia la puerta y la abrió de golpe.
Sakura casi se cayó de culo aferrándose al marco de la puerta y mirando hacia él con sorpresa. Sasuke estaba justo frente a ella, más pálido de lo normal, con el pecho al descubierto menos por vendas que cubrían sus heridas.
—Sakura —nombró Sai tocándole el hombro—. ¿Estás bien?
Sakura clavó una severa mirada en Sasuke antes de responderle.
—Lo estoy.
Después, se volvió y salió por la puerta de su habitación, en lugar de la otra. Sasuke maldijo entre dientes y le cerró la puerta en las narices a Sai, quien le miró, curioso, pero regresó a su cama, consciente de que indagar de más no iba a dar resultados.
—Bueno. ¿Cuánto tiempo dices que no ves a la clase?
Gaara sacudió la cabeza.
—Parece que más de lo que recuerdo.
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Sasuke maldijo de nuevo llevándose una mano al costado cuando el dolor incrementó de nuevo. Dejar la medicina no fue una buena idea, pelearse tampoco y menos, enfrentar a Sakura de esa forma. Vale, ella había ido únicamente para regañarle por su temeridad, y tenía razón, lo reconocía, pero no podía evitar que sus condenados celos actuasen cuando Sasori entraba en la conversación. Encima, ella había llegado al punto de no mirarle a la cara y eso lo cabreaba todavía más. De ahí que hubiera intentado sostenerla para obligarla a mirarle, sin lograrlo.
Sai había abierto la puerta en el momento justo.
Se había prometido a sí mismo hacer las cosas bien. Empezó con Karin. Disculpándose por lo idiota que había sido en ese momento. La inmiscuyó en sus propios deseos de mantener a Sakura alejada y sólo había terminado haciendo daño a las dos. Karin era más fácil de contentar, aunque la cosa fuera igual o más delicada, enseguida le perdonó. Que las chicas la detuvieran era otro tema, pero dudaba que volviera a colgarse de él como en antaño. No es que lo echase de menos, pero se había sentido mejor consigo mismo con hacer las paces con algo de su pasado que llevaba arrastrando cual eslabón.
Sakura era un caso aparte. Por más que lo intentase, que se esforzarse en conseguir algo, continuaban cayendo en el mismo bucle. Y eso, no podía ser más.
Tampoco podía alejarse sin más. No era su estilo. Pero Sakura estaba provocándole más conflicto del esperado, porque no era capaz de disculparse si no le miraba a los ojos. Porque ella era capaz de ver así que no mentía. Mejor que nadie.
—¿Qué tal? ¿Ha hecho efecto la medicina? —cuestionó Shizune entrando en la habitación. Le miró con la boca abierta—. ¿Qué haces de pie? —preguntó a su vez, llevándose las manos a las caderas—. A la cama. Ya. No me obligues a maniatarte porque lo haré. ¿Sabes lo cerca que has estado de crear un daño irreparable en tu cuerpo, Sasuke? Romperse unas costillas no es moco de pavo. Hay otros órganos en peligro. Quizás daros una charla más severa sobre medicina no sea malo, después de todo.
Continuó hablando sin cesar mientras se recostaba. Sakura no había sido más amable a la hora de regañarle. Hasta Naruto había huido junto a Hinata cuando empezó a sermonearle. Esa vez, más consciente de que era incapaz de hacerle daño o tirarle otra bandeja de comida encima.
Tenía que hacer las cosas bien. Esa vez, era su única y última oportunidad.
Su móvil sonó, acallando las palabras de Shizune, quien frunció el ceño pero no se negó a que contestara. Ya sabía quien era antes de mirar si quiera el nombre en la pantalla ni la extraña foto que se había tomado para ponerla en su perfil. Su hermano a veces podía resultar muy tonto.
—Itachi —nombró nada más descolgar.
—Itachi dice —soltó la voz irritante del otro lado—. ¿Siempre respondes así a tu hermano?
Sasuke puso los ojos en blanco.
—¿Qué haces con el móvil de mi hermano, Kisame?
—Cosas —respondió el nombrado canturreando—. ¿Qué estás haciendo? ¿Mirando nenas en bikini?
No respondió.
—Oh, quien calla otorga —continuó—. Venga, no seas rancio y disfruta de tu juventud. Mira a alguna a las tetas para variar y… ¡Ahng!
Se escuchó un golpe seguido de un gemido de dolor. Sasuke esperó, pacientemente. Cuando la voz de Itachi llegó, ya sabía que había pasado.
—¿Para qué diablos te digo que le llames, Kisame? —protestó Itachi—. Sasuke, olvídate de lo que te haya dicho y pórtate bien.
¿De verdad su hermano estaba dándole consejos como si fuera una mamá gallina?
—Llegas años tarde para eso —recalcó indiferente—. ¿Para qué me llamáis?
—¿Dónde diablos está la sal en esta casa? —preguntó sin tapujos Itachi. Sasuke maldijo entre dientes.
—¿Tengo cara de saberlo? Nunca como en casa y ni ceno. Si lo hago, pido pizza de tomate. Eres tú el que está empeñado en cocinar.
—¿Quizás porque no podemos permitirnos comida basura en nuestra mesa? —contestó a su vez sarcástico Itachi—. Bah, olvídalo. Buscaré mejor. Kisame, busca.
—¡No soy tu condenado perro!
—Ah. ¿Bucea?
—¡Mira que te termino partiendo la cara!
Sasuke suspiró.
—Por muy graciosa que puedan ser vuestras conversaciones de pareja, me aburrís. Colgaré.
—Espera —ordenó Itachi al instante—. Ahora en serio. Un antiguo contacto de papá se ha escapado de la cárcel. He hablado con Hyûga y asegura que a los Uchiha no nos atacará. Pero igualmente, vigila tus espaldas. ¿De acuerdo?
—Estamos a dos horas de vuelo.
—Eso me da igual —descartó Itachi severo—. A esta gente la de igual la distancia que deban de recorrer.
Bufó. No quería más quebraderos de cabeza. Quería centrarse en Sakura. En arreglar la mierda de distancia que había creado.
—Lo haré. Tendré cuidado —aceptó entre dientes.
Después, colgó. No quería más sermones ni conversaciones extras que no llevaban a ninguna parte.
Su padre tenía que seguir jodiéndoles hasta el último momento.
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—¿Es cierto lo de la patada voladora?
Kakashi no despegó la mirada de la pantalla mientras veía la misma escena otra vez. Asintió con la cabeza lentamente.
—Vaya. Y parece que no es de las que se activan.
—Rin puede ponerte a ver las estrellas cuando menos te lo esperas, Asuma —aseguró—. A Obito y a mí nos castigaba peor de lo que castiga a los niños.
—Seguramente, os lo buscabais.
En eso, estaba de acuerdo. Sin embargo, verla actuar de ese modo le llenaba de cierta manera de añoranza y orgullo. Y también de frustración, porque ella continuaba sin dirigirle la palabra más que lo necesario.
—De todas maneras. ¿Has enviado todas las grabaciones a Shikaku? —cuestionó.
Asuma expulsó el aire del cigarrillo a la par que asentía.
—Sí. Aunque antes he tenido que borrarlas delante de Menma, claro —añadió—. Así que esas que tienes en tus manos, son de Tsunade ya. ¿Cuántas veces vas a ver esa misma escena?
La apagó en ese mismo instante. Era ridículo aferrarse a algo tan visual.
—Obito la entrenó —rememoró—. Personalmente. Es mejor de lo que crees.
Asuma se inclinó, concentrado en sus palabras.
—Parece que había mucho más que sólo amistad entre todo eso.
—Sí —confirmó. Se rascó el pecho, pensativo—. La última vez que vi a Obito fue cuando subió a aquel avión con ella (6). La última vez que hablé con él me dijo que iba a regalarle una flor a Rin por su cumpleaños porque no tenía dinero y no pudo conseguir nada más. Después vi las fotos del hospital en el que estuvo ingresado en su muerte. Tiene un jardín privado con amapolas. Mi mejor amigo murió y no pude hacer nada por él.
—No eres médico Kakashi —recalcó Asuma.
—Sí, pero tampoco soy pobre como para no permitirme un avión e ir a visitarle.
Asuma guardó silencio mientras le observaba. No iba a juzgarle menos de lo que él ya había hecho.
—Entiendo.
Kakashi elevó la mirada hacia él.
—Te culpas de todo eso y, por ende, ahora no sabes actuar. O, mejor dicho, no crees tener derecho a hacerlo. Quizás la adolescencia no se queda tan atrás a la hora de no saber cómo relacionarse con temas de corazón.
—¿Y me lo dice el mismo que le da vueltas a las cosas?
Asuma se echó a reír.
—No, no conoces a Kurenai fuera del trabajo, Kakashi. Esa mujer es dura y lo peor, es que me encanta. Pero te prometo algo —añadió inclinándose hacia él—; no voy a detenerme hasta que esa mujer me rompa la boca a besos, o la cama. Lo mismo me da.
Kakashi suspiró, extendiendo las piernas justo cuando la puerta se abría tras unos cortos golpes. Rin se asomó con cautela.
—¿Estáis visibles? —cuestionó.
—Sí, pasa —confirmó Asuma—. ¿Va todo bien?
—Sí. He ido a ver qué tal Temari y Matsuri —explicó a medida que entraba—. Aunque los chicos tuvieron un momento tenso y Sasuke ha terminado en la enfermería. Shizune ya está con él y no creo que tarde en volver. Igualmente, hoy es un día perdido —protestó mirando su reloj—. ¿Qué tal vosotros?
—En orden —respondió. Rin ni siquiera le miró.
El silencio reinó al instante. La incomodidad fue palpable. Hasta Asuma apretó los dientes, incorporándose y dando una palmada.
—¿Sabéis qué? Creo que tengo bastante ya con las hormonas de los de fuera, pero los prefiero antes que ver a dos adultos comportarse como críos.
—No estamos…
El hombre levantó la mano para acallarla mientras caminaba —o corría más bien—, hacia la salida.
—No te preocupes. No necesito explicaciones, tranquila. Sólo no os matéis, que la sangre es difícil de sacar de la alfombra o moqueta.
Después, cerró. Una clara huida de gallina.
Rin bufó y le dio la espalda para dirigirse hacia la puerta.
—Lo siento.
Ella se detuvo.
—No quiero una disculpa a medias, Kakashi —advirtió. Se volvió hacia él, cruzándose de brazos—. ¿Estás dispuesto a hablar de todo eso que te lleva a retroceder?
Él lo meditó un momento, observándola.
—¿Y tú? —cuestionó a su vez poniéndose en pie lentamente—. ¿Estás dispuesta a hablar de ello conmigo? Por ejemplo, algo tan simple como el hecho de que hayas estado llorando hace poco. Porque nunca te ha gustado pelear, pero aprendiste autodefensa por él. Y hoy has tenido que usar lo que sabes para proteger a una alumna. El recuerdo te ha invadido y has llorado a solas.
Rin apretó los labios. Levantó la cabeza con cierto orgullo.
—La psicóloga aquí soy yo.
—Esto no se trata ya de nuestras profesiones antes o después. Es de nuestros sentimientos —indicó—. De que incluso antes de que os fuerais sentíamos cosas por nosotros. Ya no somos unos niños.
Rin inclinó la cabeza en un asentimiento.
—Pero tú eres el primero en salir corriendo cuando las cosas avanzan. No yo.
Kakashi se detuvo más cerca de ella. Elevó una de sus cejas a la par que bajó su mascarilla.
—¿Estás segura?
Después, de improviso, la tomó de la cintura y buscó sus labios. Marcado, duro, posesivo y arrollador. No se reprimió, no ocultó su deseo. Ella tembló, aferrándose de sus hombros hasta que le clavó las uñas. Cuando se separaron, sus ojos estaban llenos de lágrimas.
Kakashi la soltó lentamente y ella retrocedió. Rin casi voló en busca de libertad.
Se tocó los labios, frustrado y condenado.
—No achaques sólo a los demás tus miedos, Rin.
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Shikaku Nara no disfrutaba con estos momentos nunca. Sin embargo, esta vez era diferente. Existía un pequeño rincón de su cuerpo que palpitaba de felicidad. Satisfacción. No debería e intentó poner su mejor cara de póker, pero cuando vio el rostro desconcertado del señor Arenas casi gritó de júbilo.
—¿A qué viene esta intromisión, Nara?
Se acercó hasta su mesa para colocar su placa sobre la mesa.
—Viene, a que está detenido, señor Arenas. Nunca pensé que tendría este honor. Era cuestión de tiempo que metiera la pata de alguna forma. Le dije que estaría detrás de usted, mordiéndole el trasero.
Arenas enderezó la espalda, entrecerrando los ojos.
—¿A qué se refiere?
—Invasión de la privacidad, secuestro, cómplice con la desaparición de un cuerpo. Maltrato psicológico a sus hijos. ¿Quiere que continue? Porque también tengo pruebas de todo eso.
—Llamaré a mi abogado.
—Que sea el mejor, por favor. No nos lo ponga fácil, señor Arenas —recomendó sarcástico. Sacó las esposas y rodeó la mesa hasta atraparle las muñecas—. Tiene derecho a guardar silencio…
—¿En serio? —cuestionó Arenas—. ¿Tienes idea de qué va a pasar cuando me saques de esta habitación, Nara?
—¿Qué tal si me lo cuentas? —animó.
Arenas se detuvo para mirarle.
—En el momento en que me saques de aquí, pondrás a mis hijos en peligro y a mí me matarán.
Shikaku apretó los labios.
—¿Exponer a tus hijos al peligro? Dime: ¿qué has estado haciendo entonces tú? Gaara de niño, de adolescente. Temari secuestrada, deseando venderla como vientre. No eres el ejemplo perfecto de protección infantil, Arenas.
Arenas escupió en el suelo.
—Los policías sois lo más inocente del mundo pese a que portáis placas y diplomas. Desconocéis lo que hay detrás de todo y de las vidas de las personas.
—No me des ahora sermones de samaritano —interrumpió empujándolo hacia la salida—. Tú mismo intentaste matar a tu hijo cuando era un niño. Ibas a venderlo como uno de esos niños paquete. Para venta de droga y explotación. ¿Qué iban a darte a cambio?
Hubo un momento de silencio que Shikaku le concedió. A veces, a los criminales les gustaba darle un momento de tensión a sus respuestas, como si de ese modo las hicieran épicas. A él se le antojaban muchas veces vacías de encanto y llenas de súplica de atención.
—A mi esposa. Me prometieron volver a verla. ¿Tú no querrías verla de nuevo de perderla, Nara? ¿Tu hijo no querría volver a ver a mi Temari?
—¿La misma a la que querías vender como vientre?
—Eso solo son negocios. Iba a casarla con un extranjero. Que abandonara el país. Tu hijo no puede protegerla ni darle lo que se merece, Nara. Seamos sinceros. ¿Dónde va a terminar? ¿Criando venados igual que el resto de tu familia? ¿Rellenando papeles en la policía? Es un vago que no podría mantenerla.
Shikaku apenas pudo retener un suspiro de consternación.
—Subestimas demasiado a esos niños. Temari no es una niña de mamá ni de papá. Tu hija es inteligente y sabrá sacar las castañas del fuego a cualquiera, hasta a ella misma. Tiene ese carácter justo que nos gusta a los hombres de mi familia. Será capaz de mover al vago de mi hijo perfectamente. Pero eso es algo que vas a tener que ver desde las rejas.
—No lo veré, Nara. Ni tu hijo tendrá a mi hija.
Shikaku no le dio más vueltas. Lo guio al exterior. Las luces de las sirenas rebotaban contra los grandes cristales del edificio. Siempre le había parecido innecesario, una tortura para los trabajadores que deseaban más estar fuera que dentro tecleando frente a un ordenador.
—Recuerda mis palabras, Nara —susurró Arenas —. Siempre he querido proteger a mis hijos.
Shikaku abrió la boca. No logró articular palabra alguna. La sangre machó su rostro, cubrió sus ojos y el cuerpo inerte.
El señor Arenas yacía muerto sus pies.
Continuará…
NOTAS:
1) Hace referencia a los Simpson.
2) De nuevo, las chicas del grupo de wspp me salvaron el culo eligiendo qué personajes podrían llegar a marearse. Y Hinata, Neji y Lee fueron las cabezas de turco para esto xD.
3) Tamaki es el personaje que se me olvidó de poner como os dije en Facebook xD.
4) El audio que os pregunté en la página sobre qué podría ir =D
5) Hace alusión a algo semejante a la "mamitis", en referencia a alguien encaprichado con su madre (prima en este caso), a tal punto de hacer cualquier cosa por ella, anteponerla, etc.
6) Para poder entender mejor, aunque no es necesario en sí, habría que leer el fic anexado a este. Es cortito y se llama "El beso del adiós". Se puede encontrar aquí en FF.
