4. BESO INDIRECTO

No es que Kakashi llamara a muchas cosas divertidas, para el pequeño ninja genio, si es que pudiera denominar a algo como divertido sería al entrenar. Si, entrenar hasta el cansancio, hasta que los huesos dolieran, hasta que ya no pudiera mover su cuerpo. Tal vez por eso permitía de vez en cuando que Gai lo acompañara, desde que se autoproclamó como su rival lo retaba todos los días. Kakashi en un principio se negó, después de todo, eso únicamente significaba una considerable pérdida de tiempo, pero la insistencia de Gai no se detuvo, día tras día, por más de un mes estuvo acechándolo, saltando de la nada con un nuevo reto para su rival. Por lo que Hatake decidió ceder, pensó que después de unas cuantas palizas desistiría de esa situación tan ridícula.

Para sorpresa de Kakashi no fue así, no importaban las palizas que le diera, que en ocasiones ni siquiera podría tocarlo, o el que lo dejara totalmente rendido en el piso nunca detuvo al Gai. Sino por el contrario el ninja verde, regresaría cada día con más entusiasmo.

Kakashi miraba como Gai respiraba con dificultad en el piso, cubierto de heridas y de polvo, mientras seguía sonriendo, ya que al parecer el lograr tocarlo por un segundo contaba como una especie de victoria.

Estaba a punto de decirle a Gai que era suficiente por el día de hoy, que una vez más él había ganado, cuando un enorme gruñido lo detuvo. Era el estómago de Gai, que estaba reclamando alimento después de todo ese entrenamiento.

Gai se incorporó de un sólo salto, pese a que Kakashi estaba seguro que no le quedaban ni un poco de energía.

—Mi estimado rival, un hombre que se precie de ser un gran ninja también debe de procurar su alimentación— al decir esto sacó unas bolas de arroz de su mochila.

—Mi papá las hizo para los dos, estaba seguro que deberíamos hambre cuando termináramos nuestro reto - le decía con esa gigantesca y tonta sonrisa.

Su padre le que un ninja jamás debería rechazar un amable de otro compañero, por lo que gesto pese a que no le gustaba comer con otros que no fueran el Colmillo Blanco aceptó el ofrecimiento de Gai.

Se sentaron en silencio, comiendo lentamente, Gai nunca preguntó por la máscara de Kakashi y respetaba la personalidad de su rival, por lo que evitaría mirarlo mientras comían.

—Estuvo realmente bueno - Kakashi sintió que debía decir algo, así que usó lo primero que cruzó en su mente que al mismo tiempo resultó ser verdad.

—¡Claro que sí! ¡Mi papá hace las mejores bolas de arroz! —Gritaba Gai con una renovada energía.

—Debo de regresar a casa - se levantó Kakashi sacudiendo su ropa. Sin que se diera cuenta o siquiera pudiera evitarlo la mano de Gai estaba en su cara, no supo cómo reaccionar, su cuerpo se quedó quieto, fue como si su mismo cuerpo le dijera que lo que sucedía estaba bien.

Gai había quitado un poco de arroz que se quedó pegado en la máscara de su rival, y lo había llevado a su boca.

Kakashi por fin reacciono, y desapareció en una fracción de segundos, su corazón latía tan rápidamente y tan fuerte que por un momento creyó que se saldría de su pecho. En su cabeza la imagen de Gai tocando su rostro y después comiendo el poco de arroz, se repetía una y otra vez. Gai era un idiota, un cabeza dura, estaba tan lejos de ser tan buen ninja como lo era Kakashi.

Entonces por qué, por qué su cabeza y su corazón se sentían así, por qué cuando el arroz tocó los labios de Gai, Kakashi deseó que fuera su boca. No detuvo su carrera hasta que llegó a su casa, se sentó aliviado de que su padre todavía no llegara, no estaba seguro de cómo podría explicar el rojo de sus mejillas.

Mientras tanto Gai caminaba alegremente rumbo a su casa, prometiéndose a sí mismo que cuando fuera tan fuerte como su rival, se atrevería, si, por fin se atrevería a decirle, bueno a decirle todas esas palabras que siempre se le quedaban atoradas en la garganta cuando veía a Kakashi.