5. CAFETERÍA

Era tan gracioso, no sólo era gracioso, de alguna manera también era sumamente estúpido, su corazón latía a mil por hora, sus manos sudaban, y su estómago daba vueltas. El motivo era simple, tan simple para la mayoría de las personas, pero algo que podía tornarse lejano para un ninja, sin embargo, se sacudió esa idea de la cabeza, él ahora no era un ninja, él era un fotógrafo independiente, Kakashi ahora era Sukea.

Sukea tenía muchas más libertades de las que jamás debería Kakashi en su condición de ninja, él era libre de mostrar su rostro, de pasear en Konoha como cualquier otra persona, de hacer lo que cualquiera, y sobre todo Sukea nunca tuvo que ocultar su interés por Gai.

Fue Sukea quien invito a Gai a esa cafetería, Sukea deseaba un lugar más íntimo que las tabernas llenas de Sake que compartía Kakashi con Gai. Sukea deseaba poder acercarse sin miedo a la Bestia verde, tocar sus manos debajo de la mesa mientras esperaban a la mesera, y sobre todo Sukea deseaba besar a Gai al terminar su cita.

Sukea deseaba todo lo mismo que Kakashi, pero Sukea lo haría, porque Sukea no era un cobarde a diferencia de Kakashi.

Lo vio a lo lejos, Sukea lo saludó con la mano desde su mesa. Aquella cafetería era bastante buena, además de bella y privada. Todo salió como lo había esperado, escuchó cada una de las cosas que Gai le dijo con entusiasmo, usó todo el encanto de Sukea cuando jugó con los dedos de Gai debajo de la mesa, sonrió ante el ligero sonrojo que se dibujó en la cara de Gai.

Sukea poco a poco fue avanzando, haciendo cada meticulosa jugada que pensó en su cabeza, la que lo llevaría a los labios de Gai.

Solo unos centímetros los separaban de los labios de Gai, estaba tan ansioso que por un momento olvidó algo fundamental.

Gai lo detuvo, y lo miró tiernamente a los ojos. —Eres un tipo maravilloso, además me la he pasado genial, también te mentiría si no te dijera que eres sumamente atractivo.

—Entonces, por qué te detienes aún oferta Sukea acortando más la distancia entre los dos.

—Porque yo amo a alguien más — fue lo que respondió Gai. Este se levantó de la mesa, y volvió a mirar a Sukea. —Estoy seguro que, en otro momento, en otro lugar, esto sería distinto, pero no puedo dejar de amarlo. Lo siento mucho —Gai se disculpó, además de que sacaba algo de dinero cuando Sukea lo detuvo.

—Así está bien, fui yo quien te invitó. Gracias por la compañía Gai, fue una noche maravillosa —Sukea tuvo que fingir su mejor sonrisa mientras Gai se alejaba.

En esa cafetería, tan bella, tan íntima, tan perfecta Sukea recordó lo único que nunca podría tener o mejor dicho ser, él nunca sería Kakashi.

El mismo Kakashi que Gai se negaba a dejar de amar.