17. CUMPLEAÑOS
Estaba cubierto por la oscuridad de su casa, rodeado de lo poco que quedaba de su familia. Ya no recordaba casi nada de su madre, únicamente algunas cosas que Sakumo le había contado cuando era todavía muy pequeño.
En cambio, deseaba, lo imploraba con todas las fuerzas de su cuerpo, quería olvidar todo lo relacionado con Sakumo Hatake.
Hacer.
Quería olvidar las burlas y el repudio de la gente de la aldea, el desprecio y las miradas de asco de los demás ninjas, y al mismo tiempo deseaba olvidar la sonrisa cálida de su padre, la manera en como solía acariciarle la cabeza. Necesitaba olvidar aquella escena, la de ese día al entrar a su casa, esa asquerosa sensación fría y viscosa tocando sus pies, él simplemente quería olvidar todo de su vida.
Pero, este era uno de esos días en los que la poca gente que quedaba a su lado, seguía insistiendo en que valía la pena recordar cosas, como por ejemplo su cumpleaños.
Rin desde temprano le había llevado un desayuno hecho por ella, incluso Obito le regaló una bufanda que había tejido su abuela, y qué decir de Kushina –san que lo había arrastrado hasta su casa para que comiera con ella y Minato –sensei.
Ninguna de esas cosas hacía que la manera en la que se sentía cambiara, sinceramente lo agradecía, pero, al parecer nadie lograba entenderlo.
Pese a que ya era tarde, técnicamente seguía siendo su cumpleaños. Desde hace unos minutos comenzó a sentirse asfixiado por esas paredes, así que fue hasta el techo de su casa, para perderse en sus pensamientos.
Habían pasado unos cuantos minutos cuando decidió hablar. —Puedes salir, no me molesta - Gai debería de seguir trabajando en su sigilo, fue muy fácil de detectar.
Gai llegó de un sólo salto al lado de Kakashi, y se sentó a su lado. Kakashi estaba esperando un sermón de lo hermosa que era la vida, de que valía la pena esforzarse, otro regalo o incluso un idiota reto. Pero, nada de eso pasó, Gai solamente se sentó a su lado y no dijo nada, estaba ahí, al lado de Kakashi sin decir ni una sola palabra. Fue extraño, porque eso se sintió tan reconfortante, tan tranquilo, Kakashi sintió que eso era lo único que necesita. Dejó su cabeza sobre el hombro de Gai, este no dijo nada, le fallé hacerlo, y sin que pudiera evitarlo las lágrimas caer comenzó a rodar por sus mejillas.
De alguna manera Gai siempre entendía a Kakashi, y lo que este necesita, ambos siguieron en silencio mirando las estrellas hasta que una vez más salió el sol, y todo volvía a empezar de nuevo.
