20. TULIPANES
Ino los saludó efusivamente mientas ambos entraron a la florería, era gracioso, como la mayoría de los chicos de esa generación, tenían cierta envidia al ver la relación de Kakashi y Gai.
—Ya tengo su pedido listo —decía Ino mientras se acomodaba un poco el delantal. —¡Sai! Por favor trae el encargo de Kakashi y Gai-sensei.
Sai salió de la parte trasera de la tienda con varios pequeños ramos de tulipanes, cuando no estaba en activo, o en alguna misión tanto Inojin como él solían ayudar en la florería.
—Listas las flores para los ninjas homosexuales ofrecen entregándole las flores a Gai.
Ino lo reprendió de un golpe nada discreto, después de todo, su marido y las cuestiones sociales todavía no se llevaban muy bien.
Tanto Kakashi como Gai no le dieron importancia, sobre todo Kakashi que entendía lo difícil que debió de haber sido para Sai crecer en la Raíz.
—Gracias Ino —le dijo Kakashi mientras se dirigían a la salida. —Pero, ya no golpees a tu esposo— Ino únicamente pudo asentir sonrojada.
Tanto Gai como Kakashi siguieron su camino, no iban rápido, disfrutaban del paisaje, hablaban de cosas simples, de cosas del pasado, de la cena, de todo lo que era normar en sus vidas.
Kakashi disfrutaba empujar la silla de Gai, que ahora solo llevaba los tulipanes, ya que su Rival insistía en caminar la mitad del trayecto de manos, él simplemente sonreía, sabía que su esposo no desperdiciaría un momento para entrenar.
Llegaron a su destino, no es que fuera el lugar más hermoso del mundo o un lugar que la mayoría de la gente disfrutara visitar, pero, ahora significaba algo distinto, sobre todo para Kakashi. Dejaron los pequeños ramos de tulipanes en las distintas tumbas, en las de los padres de ambos, en la de Obito y Rin, en la de Neji, en la de Kushina y Minato, en la de otros compañeros. Ambos perdieron muchos seres queridos, hubieran deseado no crecer en medio de la guerra, sin embargo, no fue así.
Seguía doliendo, probablemente siempre lo haría, pero, mientras elevaban una oración en honor a todos los que dieron su vida, entrelazaron sus manos. Esas pérdidas, esos sacrificios, todas esas muertes, les da la oportunidad de estar juntos, de ser felices el uno al lado del otro, y de alguna forma seguir cumpliendo la promesa de proteger la villa y florecer.
