26. PERFUME

La eternidad es eso que ocurre entre las sábanas y dos cuerpos.

Entre penumbras, con los ojos llenos de ansiedad, en su mirada se notaba todo, cada sentimiento transformado en líquido, se escurría sobre su piel. Nunca se necesitaron palabras entre ellos, mudos diálogos, palabras transformadas en caricias.

Miró ese cuerpo moreno una vez más, dejó que ese vaivén de ir y venir lleno de calor y humedad los condujera al éxtasis, cubriéndolo de luz, de la luz radiante que incluso en medio de la oscuridad era Gai. Kakashi exploraba una vez más cada rincón de su Rival, de su amante, de a quien entre susurros llamaba amor.

Porque su nariz, llena de ese instinto de perro, le exigía inhalar cada centímetro de piel, cada gota de sudor, deseaba llenarse de él, de su perfume, de su sudor, de su aroma. Y al mismo tiempo necesario que su cuerpo se impregnara de Gai, que cada espacio de Kakashi se llenara de él, que su piel fuera una con la suya, que el único sabor que existiera fuera el de sus labios, y el perfume de Gai se quedara en él eternamente.