|31|

Sólo déjame soñar


Sakura
.

Mantuve la vista fija en las escaleras sin realmente prestarles la debida atención. Con la mente siendo un revoltijo por las revelaciones recientes del padre de Sasori, que fuéramos medio hermanos de diferentes padres y que precisamente el suyo fuera Ryu-san, el verdadero amor de mamá.

Entonces ¿Kizashi qué fue en su vida? ¿Qué somos Karin y yo para mamá? Cuando nos ve todos los días ¿le reflejamos al monstruo que la atormentó tantos años? No, definitivamente no. Estos no eran los pensamientos de mamá, estaba segura de ello. Nos amaba a los tres por igual sin importarle nuestra procedencia ¿verdad?

Aunque fuimos concebidas desde Kizashi la encarnación de sus pesadillas.

Di un suspiro cansino, me angustiaba mis propias dudas y de nada me ayudaba darle vueltas al asunto, mamá explicaría muchas cosas en cuanto despertara. Debía ser paciente.

El ruido de la lata abriéndose me trajo a la realidad, giré mi rostro justo cuando Sasuke me ofrecía una bebida. Sinceramente no tenía ánimos de beber o comer nada, incluso me dio un pequeño pan de la máquina expendedora.

—Gracias, pero no tengo hambre —dije agarrándolos sin llevar nada a mi boca. Él se veía realmente preocupado por mi nula cooperación, y es que desde que nos topamos en el pasillo mientras yo intentaba tomar aire fresco no hablé de nada. Permanecí peor que una tumba, en completo silencio.

No cuestionó mi mudez en cuanto nos topamos, comprendió perfectamente. Me concedió mi espacio a pesar de estar preocupado, tomando de mi mano me jaló en busca de una bebida. Me dejé llevar tratando de buscar consuelo en el agarre de nuestras manos, observándolo de espaldas y recordando la herida del hombro que ocultaba la camisa blanca. La vista fue mejor que verle con una ensangrentada, seguramente esa hubiese sido el colapso a mi mente; pero, aunque se ocultara debajo de la tela, la herida seguía ahí.

Una herida que dejaría marca en su piel y en su mente.

Una herida que fue mi culpa.

Bajé la vista ante mi pensamiento algo absurdo. Yo no disparé el arma, no fue culpa mía.

Pero Neji intentó matarlo porqué Sasuke está conmigo.

Cerré con fuerza los ojos intentando que ese pensamiento no me carcomiera más. Intentaba seguir engañándome de que no lo era, de que todo estaría perfectamente. La sombra del pasado no nos perseguiría más; nada de controversias o secretos familiares, absolutamente nada.

Una mentira tras otra, creyéndola superficialmente, porque en el fondo sabía que no era verdad.

Que no duraría para siempre.

Todo se rompería si él desaparece.

Una caricia a mi mejilla, enfoqué mis ojos en el él que me veía preocupado. Lo menos que deseaba era traerle preocupaciones innecesarias por el torbellino de mis pensamientos. Decidí desviar su atención a otro tema que también me carcomía.

—Estoy bien, es sólo que... me encuentro impresionada. Hoy descubrí algo de mi familia —Me pareció la oportunidad para externar mi antiguo sentir, coloqué mi palma sobre su mano, apoyando mi rostro en un intento de aferrarme a su calor. Sasuke esperó paciente a mi confesión, no se movió—. Sasori es mi medio hermano.

La duda marcó sus facciones, casi la misma expresión que compuse yo antes. Asentí a medias, bajando su mano con la mía sin soltarlo y jugar con sus pulgares.

—Karin y yo somos hijas de Kizashi, lamentablemente. —No perdí la oportunidad de expresar mi desagrado, frunciendo el ceño—. Y Sasori es hijo de... Ryu-san.

Lo vi ensanchar sus ojos llenos de impresión segundos después de decirlo, mirándome sin creerlo. Tuve que repetírselo porque parecía un poco consternado, mirando al frente con esa característica seriedad suya. Ceño ligeramente fruncido y gesto pensativo.

"¿Mebuki-san y él se conocieron antes?"

—Al parecer cruzaron sus caminos en algún determinado momento de su juventud —dije un tanto ofuscada recordando lo que mamá me contó antiguamente de Ryu, que le regaló el libro de poemas con su nombre favorito a ponerle a bebé si resultaba ser niña. Pero él no sabía que ese hijo era suyo ¿por qué? —, pero mamá lo ocultó todo este tiempo. Aunque Kizashi lo sabía, por eso la maltrataba.

Sasuke pareció entender a lo que me refería, no expresó nada más y se dedicó a apretar mis manos en un gesto de comprensión. Agradecí que no siguiera preguntando al respecto, en cualquier momento mi mente colapsaría y terminaría alejándome en un lugar oscuro pretendiendo que me encontraba bien.

Todo mi ser era revoltijo, el asunto de la procedencia de Sasori me consternaba, por su puesto, pero era algo que aceptaría. Él es y seguirá siendo mi hermano no importaba si éramos de diferentes padres.

Lo que realmente me preocupaba era...

—¡Ahí están!

La voz de Naruto procedía de nuestras espaldas, sin querer soltar a Sasuke, volteé la cabeza sobre mi hombro viéndolo trotar. Detrás Itachi-san venía con la misma expresión de preocupación mirando insistente a quién estaba envolviéndome en brazos, aspirando sobre mi cabello largamente. El que su hermano esté aquí avisaba que tendría que irse.

Apreté un poco más su cuerpo, no quería que se fuera por el simple hecho de tenerlo cerca y su silenciosa compañía calmaba mis nervios.

—¿Te encuentras bien, hermano? —Se apresuró a preguntar Itachi-san una vez que llegó a nosotros.

Me incorporé con ayuda de Sasuke que asintió a respuesta de él. Aferré la lata para que no se cayera la bebida y el panecillo, lo comería más tarde... quizás.

—Los médicos ya me dieron el reporte, pero es necesario que vengas conmigo para rendir declaración —objetó frotándose las sienes visiblemente estresado. De igual manera, la resignación de Sasuke fue notoria y un tanto frustrante.

—Otra vez —agregó mi primo casi bufando compartiendo el sentimiento—. ¿Cuándo acabará todo esto?

Itachi lo miró con ojos cansados.

—Espero que pronto.

Tenía la vista gacha, una mano en el mentón me obligó a elevarla y toparme con sus ojos negros que me cuestionaban mudamente si yo estaría bien en su ausencia. Traté de sonreírle naturalmente, sin falsedad para que lo creyera, intentaría sobreponerme. Solamente la consternación del momento aún recorría mi mente.

Por supuesto. No es otra situación.

—Estaré bien. Envíame mensaje en cuanto termines el interrogatorio, te llamaré —le pedí. Aunque fuera absurdo ya que él no podía utilizar su voz, el sólo escucharlo respirar me reconfortaba.

Asintió a medias un tanto inseguro, pero tras la insistencia de su hermano, tuvo que soltarme e ir detrás de él. Le pedí a Naruto que deseaba estar sola y la mirada que le dirigí no acepto replica alguna, lo vi alcanzarlos a mitad del pasillo con ventanales extendidos que traían la poca luz del cielo en pleno atardecer.

Un atardecer que seguramente era hermoso y que lo mancillaron de la peor manera.

Mi celular sonó en una llamada entrante y contesté por inercia. La última vez que hice esto ocurrió una de las peores cosas. Y, sin duda esta ocasión fue brutal escuchar la voz de Neji del otro lado de la línea, saludándome de lo más cínico y despreocupado del mundo:

No sabía que los tés fríos eran tus favoritos.

Permanecí estática con el miedo atorado en la garganta, las ganas de gritar por ayuda abandonaron mi cuerpo mientras observa a los tres alejándose cada vez más. Su comentario logró que mi mente maquinara rápido de que él se hallaba cerca, demasiado para que sea una simple coincidencia. Giré a mis lados desesperada, intentando encontrarlo, escuchando su desquiciada risa que me erizaba los bellos de mis brazos, incapaz de poder hablar.

Pero ¿sabes algo darling? Así de frío puede quedar el cuerpo de Sasuke en este momento ¿no te parece que su camisa blanca le hace falta un retoque rojo?

El miedo me dejó paralizada por un instante, mis ojos se giraron al pasillo por dónde desapareció Sasuke segundos atrás con la mencionaba camisa blanca. Nos vio, está cerca. Muy cerca.

—No te atrevas... —susurré.

No te encuentras en posición de darme órdenes.

—¿Por qué? —Apenas pude susurrar, apretando mi mano en contorno al celular—. ¿¡Por qué no puedes dejarnos en paz de una vez!?

¿Tan complejo e imposible es mantener mi felicidad?

La respuesta es tan simple, mi querida: eres mía. Y tienes que regresar a mi lado.

—Te dije que jamás lo har-

¿Aunque eso suponga que la vida de Sasuke se vea cegada? —Su pregunta provocó que mi corazón se detuviera y mi respiración se ausentara—. Lo de hace unas horas fue una advertencia, pero la próxima vez las balas atravesarán justo en su cráneo.

De nuevo la amenaza, pero en esta ocasión caló mucho más al fondo de mi mente ante el recuerdo de Sasuke sentado en la camilla del hospital con los puntos expuestos. Un rostro cansino y unos ojos que ocultaban el verdadero miedo que tuvo en el momento, jamás lo expresaría como tal, pero lo conocía de tal manera que podía interpretar sus pensamientos.

Yo no soportaría que lo hirieran otra vez por mi culpa. Intenté engañarme una y otra vez de que no era así y aún había esperanza para nosotros dos en seguir juntos a pesar de las amenazas.

Pero no sería así.

No pude articular palabra alguna debido a la conmoción y el peso de mis pensamientos, con la lengua pegada al paladar y las lágrimas acumulándose en mis ojos escuchando el ultimátum de Neji.

La llamada se cortó, de mis manos resbalaron la lata y el panecillo en un ruido sonoro que pareció un eco en la lejanía de mi mundo. Mis pasos lentos aumentaron su prisa al abalanzarme al ventanal del pasillo en busca de él, desesperada en encontrarlo vivo. La idea paranoica de que Neji pudo haberlo lastimado en unos minutos me trastornó.

De pie frente a la ventana, vi la silueta de Sasuke en el estacionamiento ingresando al automóvil de Itachi por el lado del copiloto. Apoyé mi mano en el cristal, las lágrimas cayeron en mis mejillas sin parar y los sollozos se ahogaban en mi boca, advirtiendo que si los dejaba escapar gritaría por toda la frustración y miedo que se acumulaba con una tortuosa parsimonia.

«Si no quieres que tu familia o él mueran...»

La voz de Neji retumbando en mi mente una y otra vez. No dejé de observar el automóvil salir del estacionamiento y el perfil de Sasuke, cada vez más lejano y borroso. Posé mi mano en el cristal con tanta fuerza queriéndolo traspasar, pero fue imposible, llenándome de tanta desesperación al verlo alejarse robándose consigo mis esperanzas.

«...Apártalo de tu vida a más tardar en cinco días. Es mi última advertencia».

Esa noche Sasuke me envío mensaje.

No lo llamé de regreso.


Sasuke

.

Froté mi cuello intentando librar el estrés del día soltando el aire por la boca.

Madara conversaba del otro lado de la cocina con mamá que preparaba el desayuno, no le presté mucha atención. Estaba más concentrando en perforar con la mirada mi celular sobre la mesa, esperando un mínimo vibrar o sonido proveniente de un mensaje de Sakura.

Los últimos días no había respondido a mis mensajes, lo cual al principio vi normal. La conmoción de lo que sucedía en su núcleo familiar debía ser tan grande e impactante para bloquear todo lo externo; y pude haber ido a su casa, pero Itachi me lo prohibió rotundamente debido a que seguramente los hombres al mando de Neji seguían vigilando y el ir a su casa la estaría exponiendo. Yo tampoco correría el riesgo de que la lastimasen.

Y después de tres días, me carcomía las ansías más de lo normal. A estas alturas pensaría que estaba evitándome si no supiera la razón de su inusual silencio. Pensé que estaría más preocupada por mi herida, aunque viéndolo desde ese punto era lo correcto, no me gustaría que cargase con la culpa de lo que me sucedió cuando no tiene ni la más mínima cabida. Necesitaba decírselo a la cara y abrazarla para tranquilizarla.

Moví mis dedos considerando si seguir respetando su espacio o irrumpir su casa.

Tomé el celular buscando su contacto y estuve a punto de apretar el ícono, el dedo quedó suspendido y finalmente suspiré dejando el aparato de nuevo en la mesa. No. Debía ser paciente y concederle su tiempo, nada de presiones. Además ¿qué decirle? La ausencia de mi voz cada vez era más pesada.

El celular vibró y yo casi me abalancé a él esperando que fuera un mensaje de Sakura.

—Apuesto mi desayuno a que es Sakura-chan —dijo Madara risueño.

Lo fulminé con la mirada ante el sufijo que utilizaba en su nombre, porque, según él, ella parecía ser una chica adorable y demasiado linda. No lo negaré, pero que me lo dijera Madara me obligaba a enviarle una mortífera mirada, sobre todo cuando la llamaba así a sus espaldas y frente a mí, lo hacía para regocijarse de mi enojo. De alguien debió heredar Itachi ese extraño humor si no provenía de nuestros padres.

Desafortunadamente el mensaje no era de Sakura —lo cual provocó que tuviera ganas de dejarlo caer—, pero el nombre de Ryu iluminó la pantalla.

» Dentro de dos días. En el hotel.

Dos días. La fecha en que me reuniría con él. La última vez fue un breve encuentro, después del interrogatorio que fui sometido en la policía y él evadió —como no— a la policía, evitó poner un pie en la comisaria y desapareció de la escena.

Declaré parte de la verdad censurando algunos detalles mínimos como que desconocía el nombre del hombre pelirrojo que me ayudó —Ryu—. Al parecer había policías corruptos en la estación e Itachi habló conmigo previamente antes de llegar, sólo podía confiar en los compañeros de él y nada más —cuales hacían de guardaespaldas afuera de casa, turnándose para prevenir percances—.

Ryu, por su parte, dijo que cumpliría su parte del trato y cuidaría de Sakura. Aquello, por alguna extraña razón me hizo sentir más tranquilidad —no sé si es por le hecho de que la confianza creció un poco o porqué me haya salvado la vida—. La única vez que lo vi después de lo ocurrido, le pregunté casualmente sobre lo que supe aquella vez de Sasori después de intercambiar vagos datos.

"Ahora entiendo porqué ves a Sakura como una hija" —Había escrito sobre mi brazo—. "Por Mebuki-san"

—No me sorprende que lo sepas —dijo él asintiendo a medias, observando la calle en su apogeo desde su automóvil y yo de pie frente a la ventanilla—. Aria y yo tuvimos una historia, sólo eso.

"Y estás dispuesto a proteger a sus hijos porque sientes culpa de esa historia, sobre todo porque ahora sabes que Sasori sí lo es".

Por la mirada casi mortífera que me dirigió y yo sostuve como de costumbre, supe que atiné.

—No es asunto tuyo, niño.

No, por supuesto que no. Pero si involucraba a Sakura no dudaría en intervenir. Muchas de las actitudes de Ryu se aclararon frente a mis ojos. De alguna u otra forma, si yo no le hubiese pedido cuidarla como pago a información, él lo haría de todos modos.

Ryu solamente aprovechó la oportunidad para no tener una deuda conmigo. Mafioso astuto.

Regresé de mis pensamientos y retomé la compostura cuando Madara chasqueó los dedos frente a mí un par de veces.

—¿No era ella? —preguntó curioso.

Consideré contarle a Madara sobre el encuentro, por un momento lo dudé y al final me decidí. Jalé la servilleta y lapicero más cercano y escribí rápidamente antes de que mamá se enterara.

"Veré a Ryu en dos días".

—¿Lo verás? —inquirió impresionado. Seguramente creyó que cortaría todo lazo con él después de lo sucedido, para no levantar sospechas en la policía.

Le lancé una señal mortífera a que se callara.

—¿A quién contactarás? —Mamá se volteó justo en ese momento, no me dio tiempo de esconder la evidencia, sus ojos viajaron a la servilleta y leyó el nombre. Frunció ligeramente el ceño—. Ya veo, verás a Ryuichi.

—Es importarte que lo haga —Intervino Madara—. Verás... Ryu es quién ayudó a Fugaku a escapar.

El rostro de ella captó la esencia petrificada de no saber cómo reaccionar ante tal noticia. Buscándome con los ojos para que le confirmara si era verdad o no lo que escuchó. Asentí dándole la respuesta que tanto necesita. Sin embargo, aquello la molestó más, vi sus facciones convertirse a una furia helada que crispaba peor que el enojo en sí.

Ahora veía de dónde yo heredé esa expresión glacial.

—No es necesario que vayas, Sasuke. No necesitamos saber el paradero de Fugaku —sentenció dándome una advertencia la cual yo no obedecería.

Esto no se trataba sólo de Fugaku, involucraba directamente a la persona que más quería en este mundo. El colaborar con Ryu me permitía respirar a cierta medida sin tanta preocupación al estar seguro de que Sakura estaría bien y a salvo de los Hyūga. Sólo sabía con certeza que existía una sola persona capaz de acabar con ellos.

"Olvídalo si piensas que retrocederé" —objeté gesticulando a prisas. Mamá se quedó estática— "No sólo se trata de padre".

Comprendió parte de mis motivos sin siquiera preguntar, lo que llevó a que intensificara su mirada y pronto se ablandara en un gesto de derrota. Conmigo no era llevar la discusión a un nivel diferente, si mamá presentaba una fuerza y orden inquebrantable, acababa la discusión; pero si yo me anteponía y lo afirmaba sin que me sacaran de mi sentir, ni ella era capaz de llevarme la contraria.

Dejó los utensilios que sostenía sobre la mesa y la rodeó hasta llegar a mi lado, pasando sus brazos alrededor de mí, estrujándome fuerte. Mirándome a los ojos apartando el mechón de cabello que obstruyó mi visión con tanto cariño y miedo. Me sentí un niño pequeño a la cual su madre le pide que no corra rápido o terminará cayéndose en la cruel realidad.

—No quiero que estés en peligro —dijo rozando mi hombro herido, cuando los vio días atrás se echo a llorar sin parar. Ahora las lágrimas amenazaban sus ojos—. No soportaría perderte a ti también.

La abracé de vuelta descifrando el significado de sus palabras, asegurándole en un extenso silencio que nada peligraría mi vida —o intenté hacerlo—, mínimo que me mantendría con ella hasta dónde pudiera. Lo menos que deseaba era causarle un inmenso dolor a la mujer que me dio la vida, a mi madre.

Una de sus tantas pláticas sobre la muerte y de nuestra valía en cuanto ella abandonase el mundo —el cual no me gusta pensar a menudo—, mamá decía que prefería marcharse primero antes que nosotros. La primera vez le pregunté si había una razón especificó, pensando que quería abandonarnos y no permanecer hasta nuestro último aliento cuidándonos.

Mamá nos miró a mi e Itachi con una sonrisa triste y respondió con su mesurada voz:

—El peor dolor de una madre es ver a su hijo morir antes que ella.

Primero perdió a su padre de un paro cardiaco.

Luego a su esposo pensando que la abandonó y resultando que no fue así.

Y si perdía a un hijo sería insoportable para su pobre corazón.

Procuré que tales pensamientos no domaran tanto tiempo mi mente, enfocándome en prometerle que no sucedería, no desaparecería antes que ella.


Salí del trabajo unos minutos antes de lo habitual para ir con tiempo y encontrarme con Ryu a la hora establecida, el tráfico de la tarde era muy pesado para ir a aquel hotel que le pertenecía. Por alguna razón me hallaba un poco ansioso por las noticias que me daría con respecto a si descubrió algo nuevo de Nishimura, aún lo tenía de rehén y al parecer no le estaba yendo nada bien.

Aunque la cuestión lo tenía desplazada en este momento de mi mente, estaba concentrado tratando de descifrar la razón por la cual Sakura me evadía, ya era un hecho. El día anterior por la noche me dejé de tonterías y fui directo a su casa, quién me abrió fue Sasori que con sólo al verme pareció sorprendido, le pedí verla y su semblante cambió a uno sumamente incómodo.

Sakura no quiere ver a nadiedijo con un tono preocupante—. Ni siquiera a ti.

Ante mi confusión, me explicó que al parecer le afectó mucho la noticia de su parentesco no fuera del todo completo, y después de una charla que tuvieron con su madre de porqué oculto el secreto, se había encerrado en su habitación y alejado incluso de Hinata que ya había intentado verla, pero sus esfuerzos fueron inútiles.

—Lo siento, regresa otro día.

No quedó de otra más que aceptarlo y esperar a que me contactara. Cuando estuvimos en el hospital me habló de su conmoción, pero no se veía tan afectada sobre ese hecho. Quizás lo que platicaron con Mebuki le afectó a tal punto de aislarse de todo.

Pero no podía seguir así, si ella estaba sufriendo tenía que estar con ella dándole el apoyo que necesitaba. Me decidí visitarla esta misma noche y tumbar su puerta si era necesario.

Saqué las llaves del automóvil y quité los seguros, en cuanto abría la puerta mi celular sonó en tono de mensaje. Teniendo la esperanza de que se tratara de Sakura, lo saqué y revisé la bandeja. Ensanché mis ojos al ver su nombre de contacto.

«¿Podemos vernos? Estoy en la cafetería de enfrente.

Volteé de inmediato al otro lado de la calle, pasando de los automóviles y los transeúntes, intentando ver por los ventanales de la cafetería entre las pocas mesas ocupadas. Barrí con la mirada el local y hallé rápidamente su cabellera inconfundible de espaldas, sentada en una de las mesas laterales.

Mis dedos dudaron sobre la pantalla, ella sabía que estaba saliendo, seguramente me vio. Pero la reunión con Ryu era hoy y si no lo veía tardaría en contactarme. Lo pensé menos de lo que debería. Miré de nuevo la pantalla y escribí:

«No podré verte. Tengo asuntos que atender»

Cerré la puerta del automóvil y crucé la calle.


Extrañamente la cafetería no estaba en su apogeo como se acostumbraba un jueves por la tarde y tampoco vi a Ino atendiendo. Uno de los meseros me saludó desde la barra y yo le devolví el gesto al aire, distraído. Mis ojos se encargaron de buscarla por el lugar hasta dar con la persona que deseaba ver en una de las mesas observando por los ventanales que daban a la calle como si fuera lo más interesante del mundo.

Escuchó claramente mis pasos, pero no volteó. Posé una mano en su hombro y aun así no se giró, por lo que comenzó a preocuparme. Tuve que rodear la mesa y sentarme de frente e intentar descifrar su semblante, por fin la veía después de tantos días y parecía tan serena, sin dejar su postura por ningún segundo. Con el perfil ladeado, sus rastros de cansancio en su semblante me dieron la pista de que no había estado durmiendo bien. De igual manera, su cabello lo traía suelto y vestía un suéter ligero y una falda con medias.

"¿Ocurrió algo?" —terminé gesticulando, pero no parecía verme.

Fruncí el ceño, consternado. Y cuando iba a tomarla de los hombros y hacerla que me mirarse, agachó los ojos entrecerrándolos peligrosamente.

—Iré al grano, Sasuke —dijo virando su rostro al frente clavándose sus ojos verdes con intensidad. Esa mirada llena de seriedad. Tuve un mal presentimiento—. Quiero que te alejes de mí.

Sus palabras lograron aturdirme por unos instantes, viéndola como si no entendiese de lo que estaba hablando. Entreabrí los labios, mi rostro mostró la confusión que repentinamente mi corazón estaba sintiendo, porque Sakura volvió a hablar con tanta seriedad. Quise decirle que no comprendía de lo que hablaba.

—Lo que escuchaste, ya no quiero estar contigo —repitió como si yo estuviese sordo, mantenía las manos debajo de la mesa.

Por un momento la miré expectante, aturdido de sus palabras. Ella quería que me alejara, ¿la razón? Por más que intentara encontrarle sentido, la única razón por la cual tendría validez era la amenaza inminente de Neji. Se habría asustado de lo que sucedió y los balazos en mi hombro, seguramente.

"Si esto es por Neji, olvídate de que estaré en peligro" —gesticulé demasiado rápido intentando que entrará en razón— "Ya te aseguré que no sucederá nada".

Suspiró largamente como si no estuviera dispuesta a escucharme, apretando los labios y finalmente intentándome a la cara.

—Esto no se trata de él, si no... de mí —Su voz fue tomando un tono extraño provocando que todo mi ser estuviera atento de una forma inusual... sintiendo el pecho encogerse dentro de mí—No deseo seguir a tu lado. Ya tuve suficiente.

"¿A qué te refieres con que ya tuviste suficiente?" —expresé apretando los dientes, mis manos se sintieron más tensas con la mala sensación de que me estaba faltando el aire—. "Si estás intentando alejarme de ti por cosas estúpidas como que moriré es mejor que te detengas ahora. No funcionará".

Sus labios se crisparon.

—¿Acaso crees qué todo tiene que ver contigo? No todo el mundo gira alrededor de ti. —Se puso a la defensiva demasiado rápido—. Me he cansado de soportarte, de tener que lidiar de tu autocompasión ¿crees que no me he dado cuenta de que te compadeces de ti mismo todos los días? —me preguntó, impactándome a medio movimiento de manos cuando la iba a contradecir.

Dio en el clavo a mi sentir de cómo era mi vida antes de que la conociera a ella, todos los días era levantarme sin motivo alguno, sólo viviendo cual marioneta que se mueve en el mundo sin propósito alguno. Una carcasa vacía que se autocompadecía de no tener a nada ni nadie, de sentirse vacío sin creer que algún día se llenaría.

Pero, desde que ella entró a mi vida mi vida se había transformado. Mi corazón latía desbocado cada vez que la veía sonreír para mí, sentía mis labios arder al besarla y mis brazos moverse a voluntad propia anhelando abrazarla.

Seguí sin aceptar a lo que quería llegar con sus palabras que parecían tan ciertas, pero no lo eran ¿cierto?

No lo eran. No lo eran.

"No es así, desde que te conocí..." —Me interrumpió lanzando un bufido.

—Si sólo te justificas es peor para ti, no quieres aceptarlo. Pero yo no tengo porqué cargar con tus demonios ni quiero hacerlo. Es demasiado desgastante estar con alguien que no puede hablar, me he cansado de ti y no quiero seguir a tu lado. Es todo lo que tengo que decir —dijo levantándose de su lugar dispuesta a irse.

Reaccioné de inmediato y la tomé de la mano, impidiendo que se fuera. De pie, quedando frente a frente pude contemplar su semblante cambiar radicalmente a un temple helado cuando vio el agarre de mi mano y luego a mí. Aquella mirada desprendía tanto desprecio similar a una daga atravesando mi pecho en este instante, sus ojos intensos se clavaron en mi mente, repitiendo una y otra vez lo que creí que eran mentiras.

—Suéltame —me ordenó y yo negué con la cabeza.

No la iba a soltar. Si lo hacía se iría para siempre y no iba a permitirlo.

No cuando la amaba con locura y sentía que se iría mi vida con ella.

Sakura de nuevo miró mi mano y alzó su brazo para que quedara a la vista, señaló con un dedo mi muñeca.

—Ya te he dicho que me sueltes, siento… asco cuando me tocas con tus manos.

Sentí mi corazón estrujarse en ese instante que sus ojos reflejaban lo que sus labios decían, el hecho de que estaba negándome a creerle, mi convicción estaba flaqueando a cada momento en que se acercaba tanto y me miraba con esos ojos letales que parecían querer destruirme por completo.

—Ya debes saber que estuve contigo por despecho —Habló tan claro al igual que mi corazón desbocado que gritaba de dolor, el nudo formándose en mi garganta incapaz de deshacer.

Me negaba a creer que todo lo que pasamos juntos, su supuesto amor por mí era para cubrir las heridas que le dejó su relación con Neji, una mera consolación a su dolor de ser engañada por su supuesto amor. No lo aceptaría por más que lo dijera.

Por más que sus ojos lo expresaran junto a su cuerpo.

—Sólo estaba confundida con respecto a mis sentimientos, el dolor de una traición. Cómo tú estuviste ahí, conmigo, sentí ese apego a ti y cierta curiosidad de lo que sería si fuera tu novia, pero jamás fue amor. Me estuve engañando a mí misma todo este tiempo. —Siguió diciendo, y todo mi cuerpo se mantenía estático, incapaz de gesticular algo—. Me di cuenta de mi error y quiero alejarme, no deseo seguir con este juego.

Pensando en lo sucedido hasta ahora, de las miradas compartidas, del lloro de ella a mitad de la noche cuando la abracé por primera vez dándole consolación cuando rompió con Neji, cuando descubrió su engaño, se apegó a mí en busca de protección. De la misma manera en que era golpeada, se refugiaba en mis brazos; de la mirada que me profesaba a cada instante llena de cariño y el empeño que le puso al aprender lengua de señas para comunicarse conmigo.

«No estás sólo, yo estoy aquí para ti. Eres muy importante para mí»

Negué con la cabeza sintiendo mis ojos arder a cada segundo. Ella seguía mirándome, esta vez en silencio, esperando a una respuesta que yo no tenía fuerzas para darle. Mis manos yacían acalambradas y mi boca se mantenía entreabierta intentando encontrar las palabras, de que surgiera algún sonido, pero nada salía.

Nada. Y sentía que mi pecho quería explotar y decirle tantas cosas. Me aferré más a ella cuando intentó irse, agachó la cabeza un momento y regresó, acercándose lo suficiente a mí, tan cerca que podía sentir su calor como antes, ansioso por abrazarla y jamás soltarla. Descubriendo sus mentiras y la razón por la cual estaba diciéndome estas cosas.

Alcé mi brazo para abrazarla, pero su voz me detuvo. Hablando en susurro pero que escuché claramente:

—En el fondo lo sabes, siempre te tuve lastima.

«Sé que piensas que yo... estoy aquí por lástima. Pero no es así, ¡no lo es! Te lo dije y te lo repetiré hasta que te canses de escucharlo: eres importante para mí»

Esta vez a contrario de lo que recordé, lo decía en serio.

Entonces ¿todo fue falso?

Mi mano se contrajo y perdí fuerzas, mi pecho se estruja de dolor y mis ojos comenzaron a arder sin control. Me faltó la respiración y el nudo subió por mi garganta, la sentí quemar ante la horrible sensación de dolor que estaba experimentando en este mismo momento, escuchando como la mujer que amaba me decía que me profesaba el sentimiento que jamás pensé que tendría de mí: lástima.

Lástima por este mudo que no habla.

Lástima por el chico que intentó suicidarse.

Lástima por ser un desastre andante.

Todas mis extremidades perdieron fuerza, incluso mi mente se quedó en blanco y el sonido del exterior fue lejano. Lo único que pude escuchar fue mi corazón detenerse y los pasos pesados de la presencia a mi lado apartándose, junto el calor alrededor de mi mano desprendiéndose. Alejándose a cada segundo, quise tomar su brazo, pero mi mano no me respondió.

No me moví cuando vi su espalda alejarse. Entreabriendo mi boca e intentar suplicarle que no se fuera, que regresara y me afirmara que todo lo que me dijo era mentira y en realidad estaba haciéndome una broma demasiado pesada. Solamente quería comprobar cuanta confianza le tenía.

No te vayas. Quédate conmigo.

Pero no, ella se alejaba cada vez más y su silueta comenzaba a verse borrosa. Extendí apenas mi mano, queriéndola alcanzar, pero mi mente no parecía querer responder, mucho menos mi cuerpo.

La oscuridad se apoderó de mí y la única luz que alumbraba la negrura de mi corazón se estaba extinguiendo rápidamente, mis manos no eran capaces de atraparla y mi corazón iba perdiendo esa chispa de vitalidad, deteniéndose ante la falta de oxígeno.

"Sakura, no me dejes" quise gritarle, pero cuando observé la puerta, ella había desaparecido.

Estaba en completo shock. No sé cuanto tiempo duré de pie, mirando a la nada hasta que sentí un zarandeo. Era Ino quién me hablaba, decía algo, pero no alcancé a comprenderla. Únicamente la aparté con suavidad, parecía preocupada. No tenía la fuerza necesaria para explicarle y tampoco me sentía capaz de hacerlo.

Caminé hasta la salida con la esperanza de verla, no la encontré por ningún lado.

Y así cómo el haz de luz que llegó a mi vida, desapareció de la misma forma: con un intenso dolor en el pecho.


Sakura
.

¿Qué había hecho?

¿Por qué tuve que herirlo de esa forma?

Pasé una mano por mi rostro intentando que las lágrimas no siguieran cayendo, fue imposible para mí continuar caminando en línea recta y chocar con tantas personas por lo borrosa que se veía mi vista ante mis lágrimas. Moví mis pies por inercia porque no sabía por dónde iba, únicamente necesitaba alejarme lo suficiente de la cafetería antes de que mi fuerza de voluntad flaquera y regresara con Sasuke pidiéndole que me perdonara y solamente estaba probándolo y excusarme ante mi patético intento de que estuviera fuera de peligro.

No, no debía.

Mantente fuerte, es por él, para que esté a salvo. Él no iba a alejarse por voluntad propia, tuviste que ser la mala de la historia aquí.

Me repetí una y otra vez mientras me desviaba a un callejón solitario, apoyándome en la pared con tanta fuerza queriéndome fundir en ella. Aún sentía mi cara húmeda y tenía la mente en blanco, mis oídos escucharon un zumbido y desgarrador sonido quejumbroso, no fue hasta que me dejé caer de rodillas al suelo y me sentí temblar, me percaté de que aquel sonido provenía de mi propia boca.

Llevé las manos a mi boca intentando contener mis lamentos, quise que las lágrimas no desbordaran, pero fue imposible. Me sentía tan asquerosa de mi propia persona, me odiaba a mi misma en este momento por todas las cosas hirientes que le dije a Sasuke, todas las viles mentiras que salieron de mi boca con la finalidad de que me no tuviera ganas de verme nunca más.

Y él me creyó, lo más nefasto de todo esto es que creyó en mis mentiras negras, lo vi en su rostro deformándose a uno de confusión y llegar al dolor. No debió insistir, si sólo lo hubiese aceptado desde que le pedí la primera vez ya no estar con él todo hubiese sido más sencillo para los dos. Pero lo destrocé, lo vi en sus ojos cuando le dije que sentía lástima, amenazando en cristalizarse en lágrimas.

¿Y sentir asco de él? A la única persona que le tenía asco era de mí misma por tener que recurrir a herirlo para alejarlo porque sabía que por voluntad propia no lo haría. Yo no me creía lo suficientemente fuerte para mantenerme alejar, pero si Sasuke no quería verme más sería más sencillo recordar que me gané su odio base a mis mentiras y me recordaría porqué lo hice.

Pero era más fácil pensarlo que hacerlo.

Me abracé en busca de su calor, uno que jamás volveré a sentir y era lo que más me dolía. Nunca regresaría a mi lado y terminaría odiándome por todas las cosas crueles que le dije.

En realidad, te amo, quise decirle cuando de mis labios desprendía lo asqueada que me sentía cuando me tocaba, siendo todo lo contrario.

Varias personas se acercaron a preguntarme si acaso me encontraba bien, pedí a gritos que me dejaran sola y se marcharon seguramente pensando si estaba loca por llorar de esta manera. Pero no me importaba, no soportaba el dolor de mi pecho y mi corazón oprimirse ante la culpa que sentía de haberlo herido con sus defectos cuando en realidad admiraba todo el esfuerzo y empeño que hizo para dejar de lado su autocompasión e intentar llevar una vida aceptándose como era.

El celular timbro, pero no tenía fuerzas para contestar, no me importaba nada ya. Insistieron tantas veces y una remota idea de que quizás fuera Sasuke cruzó por mi mente, lo tomé rápidamente dispuesta a contestarle y decirle que nada era real, que solamente estaba acorralada ante la presión de Neji y mi fuerza de voluntad no era tan grande para mantenerlo lejos de mí ni por unos minutos.

No, no, no. Debo ser fuerte y no contestar, sino, lo habré herido en vano.

El nombre de Hinata relució y contesté sin pensarlo, necesitaba que me dijeran que todo estaría bien a pesar de la atrocidad que acababa de hacer.

¡Llevó días intentando contactarte y tú...! Un momento, ¿¡Por qué estás llorando!? —Se alarmó de inmediato pues no pude detener mi lloro para disimular que me encontraba bien.

—H-Hina-ta... Hice algo terrible —hipé con fuerza sin contenerme, de una forma lastimera e irreconocible para mí, jamás pensé llorar de esta manera y sentirme tan mal—. ¡Herí a Sasuke con mis palabras! ¡Soy una basura!

Mi grito resonó en lo profundo de mi alma y me di cuenta de lo destrozada que me encontraba.

Esto estaba mal, no debería sentirme así.

¡Hey! ¡Hey! Intenta tranquilizarte y dime ¿Dónde estás? Iré por ti ahora mismo.

Apenas pude decirle la dirección con mis palabras incongruentes. Apoyé la cabeza en mis manos y seguí llorando una y otra vez, sintiendo como la oscuridad y pesadez se apoderaban de mi cuerpo, sin ánimos de levantarme.

Llorar una y otra vez por lo que había hecho.

—Perdóname, Sasuke —le pedí al cielo en ese momento sin que mis lágrimas dejaran de fluir con la esperanza de que mis palabras le alcanzaran—. Perdóname...

Suplicar por su perdón, ni a eso podía aspirar.


Sasuke

.

¿Cómo podría siquiera amarla con este corazón inconforme?

Repare de mi inquisidora cuestión al llegar a casa, deseé con todas mis fuerzas encontrarme con alguien conocido para frenar mis pensamientos impulsivos e irracionales, para no cometer ninguna imprudencia de la cual no tendría oportunidad de arrepentirme. La decepción golpeó mi pecho al abrir la puerta y escuchar el silencio que embargaba la casa, escalofriante y nada acogedor. Recordé aquella tarde de mi infancia, la misma escena con resultados traumáticos.

No supe como llegué a casa ni tampoco cuanto tiempo permanecí en el recibidor al caer en cuenta de que me hallaba sólo como la vez que intenté suicidarme.

El nudo en mi garganta no desapareció, fue intensificándose a medida que avanzaba entre la sala y la cocina con un pensamiento en mente, mis ojos fijos en el cuchillo sobre la mesa, el filo reluciente pase a que ninguna luz se mantenía, los escasos rayos del atardecer eran suficientes para vislumbrarlo. Llamándome en un sutil y feroz susurro, atrayéndome a la paz que necesitaba mi corazón y alma. De librarme de las cargas pesadas y olvidar que una vez existí.

¿Dejaría de ser una carga para los demás si yo desapareciera?

Alargué la mano después de preguntarme si era necesario hacerlo, lo toqué sin titubeos, como si fuera mi bálsamo en medio de una tormenta, luego lo alcé sobre mi cabeza intentando comprender el orden de mis pensamientos oscuros, asfixiantes y sofocantes. Las lágrimas contenidas de hace un tiempo se negaban a salir por más que me sentía ahogarme en ellas.

Una imagen figuro entre toda la apestosa porquería que era, una que alcanzó a la razón y un poco de la cordura oculta en mi mente.

Recreé sus ojos tiernos y su sonrisa que aliviaba mis calamidades, cada palabra que salía de su boca desliando su amor por mí y sus gestos infantiles; siempre fue así al estar a mi lado, el amor refundía en todos sus sentidos.

Y yo no supe como corresponderle a sus deseos y anhelos porque simplemente no tenía propios, quedaron sepultados en alguna parte de mi corazón, convenciéndome de que conformarme con lo que soy sería suficiente, nada de esforzar las acciones. Forzándola a que aquello se convirtiera en calamidades de confusión y lástima.

Lo que una vez fue mi impulso para seguir adelante se convirtió en mi desespero y desdicha. Fui un estúpido a no darme cuenta antes de que estuvo conmigo por despecho a Neji. No reuní los méritos suficientes para retenerla a mi lado por más tiempo, estaba roto por dentro y no me di cuenta de ello hasta ahora, que vi mi reflejo en la hoja del cuchillo, un rostro angustiado y desesperado.

«En el fondo lo sabes, siempre te tuve lastima».

A pesar de eso la amaba.

Amaba a esa chica deslumbrante con una visión clara del mundo y que, teniendo sus propias cargas, estuvo dispuesta a llevar las mías para aligerar mi tormento. Incluso más de lo que yo pude imaginar, estaría dispuesto a todo para darle lo mejor. Amaba provocar sonrisas deslumbrantes en su rostro y el brillo de sus ojos cuando me veía.

Y fatal fue mi error en no considerar lo obvio: lástima. Todo lo confundí, yo amaba una versión que me idealicé de ella y que jamás existió. Gracias a lo que soy, a lo que he sido y seguramente lo que seré, la orillé a transformarlo en necesidad de apartarse de mi lado al no querer estar conmigo.

¿¡Por qué solamente provocaba ese sentir a las que considero importantes en mi vida!?

Llevé la hoja a la piel de mi muñeca, justo en las venas, cerré los ojos con fuerza y esta vez una lágrima salió disparada por mi mejilla, sentí su sabor salado en mi labio inferior. ¿Volvería a sentir su sabor una vez más? ¿Arrebatarme la vida después de haber luchado hasta el cansancio y rendirme porque mis fuerzas desfallecieron pronto?

«Eres lo suficientemente fuerte y capaz de superar los problemas».

No. No lo era.

Intenté convencerme de que, por más fuerte que fuera, esto me superaba mil veces más. Me costaba mucho trabajo respirar bien y que mi cuerpo dejara de temblar.

Pero, en el momento que sentí claramente el filo del cuchillo sobre mi piel, mi mente se empeñó a recordar todo lo que tuve que soportar a lo largo de veinte años de mi vida: el dolor del abandono de padres, la desdicha que sentí de niño al ver la espalda de mi padre cruzar la puerta y jamás regresar; las burlas por mi falta de comunicación, la frustración de ser un inútil y no poder expresar con toda la claridad mis pensamientos; el estrés de pensar por el mañana y no enfocarme en mi propia autocompasión sin querer salir del hoyo.

Entendí los dedos y el cuchillo resbaló por mi mano hasta impactar en el suelo, no presté atención del sonido que emitió, tampoco del pequeño mareo que inundó mis sentidos obligándome a apoyar ambas manos en la mesa. Sólo abrí la boca, respirando entrecortadamente al caer en cuenta de lo que estaba a punto de hacer y que juré jamás intentar de nuevo.

—Yo... —susurré muy quedamente, que, si la casa no hubiera estado en un silencio sepulcral, no creería lo que escuchaba.

Reaccioné a llevarme las manos a mi garganta, asustado por mi propia voz y lo débil que salió. Mi respiración se volvió más frenética y la cabeza estalló de dolor, mis ojos ardían, las lágrimas se escurrían sin control alguno, no podía retenerlas más años. Mi mandíbula temblaba al igual que mis manos.

Caminé lentamente a la sala, apoyándome de la pared, arrastrando los pies como pesándome a plomo, gemidos y quejidos salían de mi boca sin consideración, apenas era un lamento en susurros que fueron convirtiéndose en algo más que eso. Los oídos me zumban y los latidos de mi corazón parecían ausentes.

—Po-r que... —Apenas pronuncie. Cerré los ojos con fuerza sin sorprenderme del todo, mis pensamientos repentinos no daban paso para impresionarme a que después de doce años, mis cuerdas vocales junto a mi mente decidieran perturbarme.

Estabilicé mi cuerpo para no caer de frente enfocando la imagen de un desconocido que reflejaba la ventana. Me devolvía la mirada ausente con sus ojos atormentados y heridos, un rostro que expresaba un sufrimiento mudo y desgarrador. Escuchando el sonido del silencio, tan perturbador y a la vez alentador a cometer una locura.

Apreté las manos alzando un poco la mirada, las lágrimas seguían fluyendo sin cesar. Mordí mi labio inferior en vano a no soltar los sollozos que no solté frente a ella, intenté evitados con mis fuerzas sin tener éxito.

—Quiero... ser amado... y amar... me... —mis palabras salían atropelladas unas tras otras. Me ahogué conteniendo el llanto en mi garganta.

La tristeza fue abriéndose paso en mi pecho como un fuego abrazador, sustituyéndose por una ira indeseable e ilógica. Recorriendo mi cuerpo en un espasmo, un escalofrío atravesó mi columna y exploté en insultos y blasfemias incoherentes por la injusticia.

Reclamándome a mi mismo por ser tan débil.

—¿Por qué ahora maldita sea? —rugí, apenas pude controlar mis palabras. Para mis oídos sonaron perfectamente, pero dudaba que alguien las entendiera—. ¿Por qué ahora que ella no está cerca abres la boca para hablar? Debiste hacerlo cuando te dejaba para impedir que se apartara de tu lado —me reclamé en voz alta, inverso en mi agonía. Apreté los dientes ante el silencio y grité lleno de ira—: ¡Quisiera ser fuerte como ella!

Me aproximé a la mesita de cristal en medio de la sala, al igual que el florero que refugiaba un girasol intacto y reluciente. No lo pensé realmente, tomé la orilla y alcé la mesa al aire para estrellarla contra la pared del costado; el sonido que produjo fue similar al del mi corazón cuando se agrietaba. El cristal se hizo añicos y cayeron a suelo, aplastando el hermoso girasol que quedó estropearlo con los pétalos esparcidos.

Que irónico, me recordó a mí.

—¿Qué hice mal ahora? ¿Existir, amar, querer soñar? Dios ¿por qué me castigas así?

Lo cierto es que yo busqué mi propia desgracia. Y eso era lo que más me daba coraje: no ser capaz de afrontarlo.

No me detuve ahí, seguí avanzando por la sala buscando algo más con la que pudiera descargar mi furia, me desquité lanzando los portarretratos en las repisas.

—¿¡Por qué diantres me toca la peor parte!?

Embestí también contra el mueble donde reposaba la televisión que, por cierto, está terminó en el mismo lugar que la mesita de noche; no fue suficiente, nada lo era en ese momento.

El desastre que se vislumbró en la sala se parecía en lo que era en mi vida, toda rota y deshecha, en desorden y sucio. Nada era lo que parecía, minutos atrás se encontraba arreglado y después se dejó entrever lo que ocultaba tras la fachada de aparente valentía. Parecía un sueño del cual estaba inverso, el dolor que sentía... se intensifica a cada segundo; la habitación parecía más solitaria de lo normal.

Me dejé caer de rodillas incrustándome pedazos de cristales en mi piel, no me importó, no sentí el escozor ni la incomodidad, mi mente estaba ocupada por una situación mayor, no daba paso a pequeñeces como lo físico. Lo emocional siempre me controlaba, dominaba cada parte de mi cuerpo y me era imposible retenerlo. Mis manos se movieron a mi rostro, sin intención de limpiar el agónico sufrimiento transformado en lágrimas; las pasé por mi cabello e incrusté las uñas en mi cuero cabelludo intentando razonar.

Grité con todas mis fuerzas, dejé salir la frustración, dolor, miedo, ira y desilusión en un lamento a gritos, no me importaba que lastimara mi garganta. No me contuve, dejé que mi lamento fluyera como agua. Simplemente no pude suprimirlo más tiempo, tantos años soportando mi cobardía, debía liberarme y pedir nuevamente retomar mis fuerzas.

Soñar que el día de mañana, todo volvería a ser como antes y la tendría a mi lado. De que dejaré de lamentarme de mi propio destino. Que la valentía no se retire cuando una parte de mí lo aborrece y afirmara que se trataba de una vil mentira.

Quise mantener mi esperanza en vano, porque sabía que no sucedería.

Ella no volvería a mi lado.

Pero quería soñar que lo haría.

Quería engañarme a mí mismo.

—Sólo déjame soñar...


Continuará...


H-O-L-I-S

Antes que nada, hay que digerirlo, segundo: no me LINCHEN. Muchos sabían que esto iba a suceder, que Sakura se iba a alejar de Sasuke por temor a que Neji lo matara. Y se cumplió, lamentablemente ella no vio otra vía más que hacerlo, y sabía que tenía que herirlo de tal forma que no la buscara. A pesar de que parece tener voluntad, con él no podía mantenerse alejada mucho tiempo, siendo todo en vano.

Y Sasuke no hubiese querido aceptarlo, por eso lo hizo. Fue cruel con sus palabras a recalcarle sus defectos y decirle que siempre le tuvo lástima, sabía que eso le daría fuerte, por eso lo dijo. De su lado también sufre porque en verdad no quería hacerlo, pero su amor por él es más grande que su egoísmo de tenerlo a su lado propenso a que lo hirieran.

Sasuke por fin habló, este golpe emocional quizás similar a cuando perdió su voz fue el intensivo que necesitaba parte de su mente para que pudiera hablar. Aclarando, claro, que aquí lo leímos y comprendimos, pero en realidad como no ha usado su voz tan a menudo, se traba demasiado. Conforme a su sentir, el fanfic, a pesar de ser a perspectiva de ambos es más centrado en Sasuke y su lucha de superar todos sus tormentos y culpas.

Ya veremos a partir de los siguientes capítulos como se desarrolla la historia, esta parte es la vital de todo el fic, porque de aquí parten muchas cosas y por fin comenzaremos a adentrarnos al rumbo del final, aunque para ello les avisaré para que no les agarre de sorpresa.

Con esto se podría decir que concluyo en "primera parte" en un principio pensé dividirlo en dos libros, pero después de aquí no vendrán otros 30 capítulos, serán incluso menos y no abarca todo. Pero lo menciono para dejarlo en claro.

Sé que muchas están con los nervios destrozados, pero tranquilas, sabemos que no dudará para siempre. Ya verán cómo se desarrolla todo para que ellos quizás estén juntos de nuevo.

*Les deja pañuelitos aquí por si los necesitan* Igual yo los necesite, fue un capítulo lleno de emociones que me costó describir.

¡Muchas gracias por leer! Vi que últimamente se unieron lectores nuevos así que ¡bienvenidas! Si por aquí hay un chico pues bienvenido *risas* Sus comentarios me motivan a seguir, la próxima actualización pienso traerla pronto, en agosto entraré a la universidad y mis tiempos serán sumamente reducidos *llora* así que intentaré traerle lo que se verá para que no desesperen mucho.

En fin, ¡nos leemos pronto! Cuídense, tomen mucha awa y coman saludable. Que Diosito me les cuide.

Alela-chan fuera.