|33.2|
Mundo gris
Sakura
.
El mundo se volvió gris.
No había otra manera de explicarlo.
—Uno, dos, tres y pirouette.
Lo que en el pasado me hubiera traído una inmensa felicidad, ahora ni siquiera la emoción de poder bailar al fin llegaba del todo a mi corazón. Intentaba concentrarme y disfrutarlo, pero los pensamientos de que no duraría para siempre inundaba mi ser, debilitando mi entusiasmo casi extinto.
Suspiré con fuerza cuando se escucharon los aplausos y la maestra nos felicitó por nuestro arduo trabajo. Apoyé las manos en las rodillas y di una exhalación larga y pesada. Hubiera celebrado igual que mis compañeras, pero no sentí la necesidad. No cuando lo que estábamos practicando era para una presentación que se presentaría dentro de un mes.
El mismo tiempo que me quedaba para encontrar el CD y ser arrancada del seno de mi entorno. ¿Por qué emocionarme por algo que no participaré? Solamente lo hacía por inercia. El baile era un método perfecto para olvidar momentáneamente lo desdichada de mi vida y apartaba todos mis problemas, encerrándome en una perfecta burbuja rota por la aguja de la realidad.
Aquí no hay razón para fingir, pero allá afuera mentía sin piedad.
—Sakura, estuviste magnifica —dijo la maestra, una mujer joven que al caminar parecía como si volara.
La miré sin variar de expresión intentando no ser grosera al responder.
—Gracias.
—Mejoras muy rápido, me alegra que le estés poniendo mucho esfuerzo a pesar de las dificultades del principio. —Siguió diciendo. Recordé que ella me puso en el grupo intermedio al ver mi potencial y capacidades de aprender rápido, y, sobre todo, de insistir en los movimientos y pasos que se me dificultaba—. Ten por seguro que el recital saldrá hermoso.
Un recital en el que no estaré, aunque quisiera. Ya perdí la cuenta de las veces en que pensaba en planes para librarme de Neji, pero hasta ahora mi mente no se iluminaba con nada y en todas las posibilidades alguien saldría herido, ya fuera mi familia, la de Sasuke o él mismo. Descartaba las ideas de inmediato, no estaría dispuesta a sacrificar tanto por mi libertad.
Mis días se limitaban entre la escuela, intentar fingir que estaba bien y buscar sin éxito pistas del CD con mamá, tampoco quería forzarla tanto.
Ya pasaron dos meses de aquello ¿sería suficiente para que recordara algo? Me retuve a pensarlo, su condición física tampoco era la mejor en estos momentos.
Lo consideré mientras tomaba una ducha en los vestidores del estudio, me enrollé con la toalla y salí a los casilleros en busca de mi mochila con el cambio de ropa. Ignoré las voces a mi alrededor, concentrándome en terminar rápido e ir directo a casa.
Una presencia detrás de mi me obligó a voltear, se trataba de una de mis compañeras. Una chica de cabello castaño y sonrisa encantadora ya vestida con ropa deportiva. Intenté hacer memoria… No recordé su nombre.
—Hola, Sakura —me saludó un tanto tímida—. Me preguntaba si quisieras ir con nosotras a tomar un café —dijo. A sus espaldas estaban las otras tres chicas, pero por sus gestos intuí que mi presencia no les agradaría.
Torcí los labios.
—¿Café?
—Sí, iremos a la cafetería que está por el centro, mmm —llevó un dedo a su barbilla, pensativa—. Coffee Moment me parece que se llama el lugar —formuló pensativa sin percatarse de mi mueca congelada sobre mis labios—. Venden cafés deliciosos ¡de seguro te encantará!
Apreté el nudo de la toalla con fuerza. Aquel sitió escondido entre mi mente dónde yacían algunos recuerdos que estruja mi pecho e impedía que respirara correctamente. La persona con la que compartí momentos inolvidables y que amaba con todo mi ser. Recuerdos nostálgicos pasando por mi corazón, opacado mis ojos en repleta tristeza al saber que esos días no volverían jamás.
Y dolía saber que era por mi causa, porque yo deseche toda posibilidad.
Entrecerré los ojos y les di la espalda cerrando fuertemente los párpados resistiendo a mi impulso en aceptar. No quería ir ahí, frente a esa cafetería se encontraba el restaurante donde trabajaba Sasuke y, además, a él le gustaba comprar café allí. Las posibilidades de encontrarlo eran enormes y me tentaba terriblemente.
Solamente mirarlo de lejos, sin poder tocarlo, sin poder decirle que lo sentía.
Admirarlo una vez más para retomar fuerzas, pero sabía que me acercaría estropeando mis esfuerzos de mantenerme lejos. Sé que cuando me topara con él sería débil y le rogaría su perdón. Pero debía mantenerme firme para evitar que Neji le hiciera algo, hasta ahora cumplía su promesa al pie de la letra mientras yo cumpliera la mía.
No flaquear, tomé una decisión. Y dolía mi convicción como el mismo infierno.
Respiré disimuladamente por la boca y modulé mi voz para rechazar la invitación.
—Gracias, pero no me apetece —dije tajante.
—Uh…
—Akane, déjala. —Escuché a una chica decirle—. No quiere venir con nosotros.
Se alejaron, me quedé observando el vacío de mi casillero sin prestarle atención realmente. El espejo del fondo reflejó mi semblante serio y unos ojos carentes de emociones. Escuchando los cuchicheos que se levantaban detrás de mí.
—Que antipática, no te molestes en hablar con ella —decían entre sí.
—Ya sabes cómo es Haruno, nunca acepta una invitación para salir con nosotras.
—Pero… tenía la esperanza de que esta vez aceptara —murmuró la otra.
Apreté mi mano en contorno a la puerta del casillero una vez que estuve sola en el vestidor.
Seguí contemplando mi reflejo. En ocasiones me preguntaba quién era la persona que me devolvía la mirada, decaía y demacrada. Intentaba disimular las ojeras del insomnio con algo de maquillaje y fingiendo una sonrisa, pero a veces me podía más mi ánimo lúgubre y las comisuras de mis labios decaían, sin fuerzas.
Como en este momento, después de cambiarme de ropa, azoté la puerta del casillero soltando una exclamación de enojo y frustración tras flaquear momentáneamente. No debía estar perdiendo el tiempo con estas cosas. Los días se escabullían y le fecha límite ya estaba cerca. En cualquier momento Neji aparecería o llamaría de nuevo.
Ajusté la correa de mi bolso y salí del estudio, la calle estaba un poco concurrida pase ser un miércoles por la tarde. Alcé la vista al cielo que comenzaba a oscurecer, estiré mi mano a una de las pocas estrellas que se veían en lo alto, mezclándose entre los colores del atardecer. Una vez más, consideré la idea de que alguna vez fui una estrella fugaz que terminó atrapada en esta tierra maldita.
Una idea bastante absurda.
—¡Sakura!
Desperté de mi ensoñación ante el impacto que recibí por el costado, Hanabi me envolvió en un abrazo cariñoso. Su hermana y Temari venían a nosotras; Hinata mantenía las manos metidas en su suéter ligero cuales sacó para envolverme en un abrazo y la rubia imitó su gesto.
Intenté con todas mis fuerzas buscar la sonrisa falsa. Esperé unos momentos hasta que logré esbozarla con éxito.
—Chicas ¿qué hacen aquí? —pregunté un poco asombrada. Hanabi seguía aferrándose a mí y fue quién respondió.
—Vinimos a invitarte un helado —dijo separándose por fin y sacando su billetera del interior de su mochila verde—. He ahorrado lo suficiente para invitarte uno ¿qué dices? ¡Di que sí! ¿Sí?
Torcí un poco el gesto al ver su entusiasmo, cuando hacía ese gesto era imposible negarme.
—Hanabi ¿quieres un helado con este clima fresco?
—Por supuesto.
—Vamos, Sakura. Un helado no te va a matar —intervino Temari dándome unas palmaditas en la espalda.
La miré suspicaz y luego la desplacé a Hinata que parecía convencerme con la mirada. Tampoco es que insistieran demasiado, acepté a regañadientes que necesitaba otra distracción, y que mejor en compañía de mis amigas. Últimamente me recluía de todos y no aceptaba las salidas con los demás, tenía tan olvidados a Gaara y Deidara.
Si seguía así sospecharían algo más que sólo mi duelo a causa de haber terminado mi noviazgo con Sasuke. De por sí Hinata siempre estaba al tanto de mi al ser la única que conocía la verdad, mas no mi trato de tiempo con Neji, así que tenía que ser muy cuidadosa al respecto para que no sospechara demás.
Inhalé con fuerza volviendo a mi presente.
—Está bien.
—¡Sí! —Hanabi exclamó de felicidad y comenzó a correr.
—¡Hanabi, no vayas tan rápido! —le regañó Hinata comenzando a caminar detrás de ella. Temari y yo las seguimos por detrás.
Caminar entre la muchedumbre en pleno atardecer me supo un sabor semiamargo. Admirando al frente las expresiones de las tres, sus sonrisas plagadas de felicidad ¿Yo volvería a sonreír de la misma forma? De pronto me sentí tan lejana a pesar de que nos separaban pasos, como si fuera una extrajera en su pequeño mundo lleno de dicha.
Tan pequeña, tan insignificante.
En el camino saqué el suéter tejido y de color morado que Hinata me dio hace poco y me lo puse.
—Te regalaré otro —Hinata aminoró su paso a mi altura, observando mientras me ponía el suéter—, de tantas puestas ya lo estás desgastando.
—Me gusta mucho —Admití con una sonrisa ligera siendo sincera, tocando mi estomago por inercia—, pero no es necesario que me des otro.
—¡En navidad te lo daré! —rebatió.
—Suerte con ello —tanteé sabiendo que no llegaría a verlo.
Me di cuenta poco después a por dónde nos dirigíamos, tras pasar el restaurante que me era terriblemente familiar, apresuré mi paso intentando no mirar demasiado a mi alrededor. Si por causalidad él se encontraba por aquí no quería verlo. Al parecer Hinata dijo algo que no llegué a escuchar, así que solamente le sonreí fingiendo que lo hice, asintiendo con la cabeza a medias.
Pronto llegamos a la heladería de la esquina, a este punto me hallaba tensa sentada en una de las tantas mesas, alejada del ventanal y observando la puerta rogando que Sasuke no apareciera cerca. Temari y Hinata parecían ignorar mi actitud, se la pasaron intentando sacarme charla mientras degustaban del helado, yo apenas toqué el mío y les respondía de forma automática, no estaba del todo concentrada.
Transcurrieron unos minutos para que me percatara de lo que estaban haciendo.
—¿Cuál es el propósito de esto? —pregunté de sopetón. Ellas que dejaron de reírse ante mi cambio abrupto de actitud. Se miraron entre sí, confundidas.
—No comprendo a qué te refieres —se justificó Temari.
Afilé mi mirada.
—El traerme aquí. Saben muy bien que Sasuke trabaja en los alrededores y las posibilidades de toparnos son muchas —expliqué, y dejé de lado el helado para observaras severa— ¿Qué-están-tramando?
Hinata compuso una mueca seria.
—No tramamos nada. Simplemente te trajimos a la heladería más cercana, el que él trabaje cerca es una coincidencia.
Sí, claro.
—Esto es absurdo —murmuré por debajo.
Pensándolo desde la perspectiva paranoica me parecía real.
—Absurdo es que pienses que nosotras planeamos esto —rebatió Temari, se veía molesta.
Intenté serenarme y encontrar un punto de tranquilidad ante el inminente peligro. No quería discutir con ellas, lo mejor sería marcharme.
—Nos vemos mañana. —Agarré mi bolso y me levanté dispuesta a irse.
—Sakuraaaaa —exclamó Hanabi ingeniándoselas en el último momento y agarrar mi brazo—. No te vayas ¡comamos el helado!
—Será la próxima vez —respondí soltándome con delicadeza de su agarre.
Salí de la heladería y tomé rumbo contrario a por dónde vinimos directo a la estación del metro sin atreverme a mirar sobre mi hombro, la ansiedad y ganas de regresar y adentrarme al restaurante se intensificaron a tal punto que mis pasos titubearon, reduciendo su andar.
Me quedé de pie en medio de la acerca, regresado un paso y avanzando dos, luego tres y cuatro y más. No afectaría si solamente lo veía de lejos ¿verdad? Sólo sería un segundo. un instante en que me tope a la lejanía con la figura del guardia, observándome con sus letales ojos desde el interior del automóvil.
Estática y helada recordé su presencia. ¿Qué estuve a punto de hacer? Mandar todos mis esfuerzos por la borda. Seguro. E invalidar mi trato con Neji.
Estuve a nada de matarlo. Un escalofrío subió por mi espalda tensando todo mi ser ante la visión de mi imaginación. Demasiado real y perturbadora que me persigue en mis peores pesadillas.
Respiración acelerada. Retrocedí rápidamente, aferrándome a las correas de mi mochila, retomando sin meditar mi camino a la estación de metro hasta casa. Recordando con amargura que alguien seguía mis pasos como sombra, y si daba un paso en falso todo acabaría pronto.
En casa, Sasori se encontraba en la cocina preparando la cena. Salió al pasillo portando un delantal azul y con cucharon en mano, me sonrió con su gesto único, quise devolverle la sonrisa, pero no tuve fuerzas.
—Sakura ¿quieres ce-?
—No tengo apetito.
Le corté sin dejarlo terminar pasando de largo mi habitación donde me encerré sin piedad en el único espacio en el que no tenía que mantener mi fachada. Este era lugar dónde podía ser yo misma sin preocuparme en mantener mi fachada, dejando que todo se me viniera encima, ya había tratado de soportarlo llevándome varios golpes mentales y lo mejor era dejarlo pasar y me lastimara. Respirando con dificultad ante los pensamientos remolineando a mi alrededor, ahogándome como siempre sin remordimiento.
Si los golpes fueran físicos, estaba segura que mi cuerpo estaría plagado de moretones.
El arrepentimiento y culpa de nuevo embargaba mi ser a tal grado de que mis manos temblaban y mis ojos se acumulaban en lágrimas, sin embargo, ya estaban tan secos que nada más salían sollozos quebrantados.
—¿E-h?
¿Cómo se lloraba?
¿Cómo se sonreía?
Preguntas que me hacía a diario, sin hallar una respuesta clara ante mis dudas que carcomían mi ser.
La oscuridad era mi peor enemiga, así que me apresuré a encender las luces. Inmediatamente la estancia se iluminó relevando el desastre de mi habitación.
Lo ignoré y fui en busca de ropa para pasar la noche en el hospital cuidando de mamá. Su condición empeoró hacia dos semanas atrás. Fue de repente, desfalleció en medio de la sala. Me dio un gran susto ya que estábamos solas, tuve que llamar a la ambulancia y la transportaron al hospital dónde la doctora Anko no nos dio buenas noticias.
—El cuerpo de su madre está rechazando las quimioterapias que destruyen la médula ósea enferma de su cuerpo. Esto ocurrirá consecutivamente hasta que estemos completamente seguros que se destruyó gran parte del mal y podamos proceder a la operación.
—¿No hay forma de que se pueda proceder con la operación ya? —Había dicho Karin desesperada, al igual que Sasori y yo que permanecimos en silencio, escuchando a la doctora y sabiendo la respuesta–. Si es por el donante, sabe que pasé todas las pruebas y soy apta para donarle mi médula ósea
Anko nos miró con cierta tristeza en su semblante, lo que empeoró mi estado de ánimo. Entrelacé mi mano con la de Sasori en busca de fortaleza ante el presentimiento de que no diría nada bueno. Me devolvió el gesto y tuvo que abrazar a Karin.
—Todo depende de la resistencia de Mebuki a las dos sesiones restantes.
Volvió a su estado cansino y vulnerable, a diferencia que tenía noción de lo que ocurría. Pero intentaba afrontarlo con una sonrisa en su rostro a pesar de la ausencia de su cabello rubio que antes cubría su cabeza, sustituido por una frazada en su cabeza.
Cada vez que entraba a su habitación y la veía, me entraban terribles ganas de llorar ante la impotencia que sentía por no poder hacer algo para ayudarla.
Nada más que apoyarla y alentarla. Pero no evitaba la terrible sensación de que mamá se iba de mis manos.
¿Soportaría las demás quimioterapias hasta estar lista para la operación? Después de esta sólo faltaba una sesión, estaba tan cerca.
Terminé de meter la ropa en mi mochila y me encaminé de regreso a la puerta, pero me detuve a medio camino regresando sobre mis pasos recordando agarrar el frasco de pastillas para dormir que dejé en el escritorio en la mañana.
Alcé la vista y contemplé en silencio la pizarra, plagada de fotografías colgadas. No había agregado ni quitado nada. Fijé mi vista en una en especial dónde estaba Sasuke, aquella fotografía que descubrió cuando estuvo aquí tras convertirnos en novios. Recordé lo avergonzada que me encontraba ese día y en el beso tan íntimo que compartimos. Si cerraba mis ojos y me esforzaba en recordar, podía sentir sus labios sobre los míos.
La descolgué con mis manos temblorosas. El único modo de hacerme llorar sin esfuerzo es al recordarlo. Las lágrimas que por fin caían de mis ojos sin parar.
Incluso tener un recuerdo de él dolía y volvía el arrepentimiento golpeando mi pecho con tanto escozor, me abrazaba terriblemente y no me dejaba respirar. Acaricié la imagen con la yema de mis dedos esperando a que saliera de ahí y disipara todo mi sufrimiento con su sola presencia.
Y dolía saber que no sucedería.
—¿Sabes? No me he sentido muy bien últimamente, me estoy ahogando —dije sin dejar de observarlo, hablando como si estuviese a mi lado. Lo anhelaba más que nada con todo mi corazón destrozado, pero sabía que no lo merecía—. Con la noticia de mamá apenas he tenido tiempo para pensar en cuestionarla sobre el CD, creo que, si lo hago, le hará mal recordar. Aunque quizás no tenga caso apresurarme, todo depende de mamá.
El silencio fue lo único que me respondió, me reí quedamente, era lo único que recibía de él junto a una mirada cálida a diferencia que no estaba conmigo. Acaricié nuestros recuerdos y llevé la fotografía a mi pecho, abrazándola con añico.
—Estando inmersa con mamá me ayudó un poco a no pensar en ti de esta manera tan agridulce. Mayormente lo hago en mis noches de insomnio, pero… —sollocé apenas, no salía nada más, todas mis lágrimas se secaron de tanto llorar por mi situación—. No es lo mismo. Como deseo que estés aquí conmigo, con sólo tenerte a mi lado sabría que todo estaría bien y tendría esa esperanza a un futuro mejor. Pero ahora…
Todo es gris. Nada bueno saldría de esto, lo presentía. A pesar de que me aferraba y me decía una y otra vez que saldría adelante, el pesimismo atacaba. Lo único que anhelaba era que mamá se recuperará. Ya no pedía por mí, una causa perdida.
Pedir por mi felicidad resultaba muy hipócrita de mi parte cuando yo misma lo destrocé con mis hirientes palabras.
Metí la fotografía en mi mochila esperando patéticamente recibir fuerzas que emanaran del objeto donde él se hallaba inmortalizado. Me aproximé al pasillo con la intención de pasar de largo, no conté con que Sasori se interpusiera en mi camino impidiéndome el paso.
Lo miré entre mis pestañas, interrogante.
—¿Me darías permiso?
—No dejaré que te marches hasta que cenes algo —objeto muy seguro.
—No tengo hambre —me rehusé dando un paso a un costado, él se deslizó obstruyendo el camino—. Hermano, hazte a un lado que llegaré tarde.
Al verlo mejor observé sus ojos cafés que ardían en una furia silenciosa. Me sobrecogió un poco esa mirada, pero no me dejé vencer. Así que me enderecé firmemente y lo desafié con la mirada.
—Es inaceptable que solamente comas una vez al día ¿crees que no me he dado cuenta? —inquirió antes de que pudiese mentirle—. Has bajado de peso.
—Comencé a ir a danza. Hago más ejercicio.
—El hecho de que hagas ejercicio no tiene nada que ver a qué dejes la comida o la mescles con la porción de Karin o mamá —aseveró y yo tragué grueso al verme descubierta—. ¿Puedes explicarme eso?
—Ya te dije, no tengo mucho apetito.
E intenté huir de sus cuestionamientos. Antes de poder escapar me jaló del brazo y me tomó por los hombros, acercándose a mí con una mirada irritada de que no cooperara con él.
—¡Ya fue suficiente! Solamente vienes de aquí para allá como un pequeño robot ¿acaso ya no te interesa nada? —cuestionó y ante mi mudez, continuó hablando—. No creas que me has engañado todo este tiempo, ya no sonríes como antes, siempre tienes ese semblante decaído y finges todas tus expresiones de felicidad.
Mis labios se crisparon en ese momento y moví mis brazos deshaciéndome bruscamente del agarre.
—¿Qué esperas que haga? La situación de mamá se ha complicado y no soy la única que está así —susurré.
—Ambos sabemos que no sólo es por mamá —dio en el clavo, pero no le dejé ver la verdad o eso creí—. No has quitado las fotografías de tu mural.
—¿Y eso qué…? —Mi voz se perdió al percatarme de lo que involucraba. Se dio cuenta de que antes colgaba la fotografía de Sasuke—. Una simple foto no tiene nada que ver.
—Tú dijiste que rompiste con Sasuke porque no soportabas su discapacidad, pero es una enorme mentira tuya.
Y siguió taladrándome con sus ojos cafés, recordándome a las expresiones de Ryu-san la última vez que lo vi meses atrás. Me sobrecogió al punto de encogerme de hombros. Me dejó completamente sin palabras, el cansancio dio en lleno a mi ser, las fuerzas de rebatir abandonaron demasiado pronto.
Poco a poco Sasori fue borrando la dureza en su semblante y compuso uno más decaído y triste. Acarició mi mejilla con ternura, un gesto que me agarró desprevenida y agaché la vista sintiéndome más culpable al mentirle.
—Solamente no quiero que sufras sola. Si hay algo que debas decirme ¿me lo contarás? —Sus ojos suplicaron a saber la verdad.
Me quemó la garganta mis palabras, aquellas que decían todas las mentiras.
—Lo haré.
Y una vez más, no permitiré que ellos sufran lo que yo y se afanaran con mi pronta separación.
Me dejé caer en el sillón en la sala en la que mamá estaba descansando. Se esperaba que por la mañana pudiese irse a casa tras recibir la quimioterapia, lo soporto bien en esta ocasión. La visión de ella con la aguja en su antebrazo me causaba incomodidad y no podía apartar la vista de ese lugar. Parecía dolerle y me daban ganas de quitárselo, pero era por su bien y tenía que soportarlo.
Con la cabeza apoyada en el respaldo, ladeé el rostro observando la porción que me dio Sasori, a un lado mío. La charla me dio apetito, así que cumpliría mi palabra si pensar que le estaba mintiendo. Ojalá Karin se hubiera quedado más tiempo para verme comer, así le diría a mi hermano que no dejé rastros de la cena.
El principio jugueteé un poco la comida hasta que suspiré y terminé engullendo la cena sin tregua. Lo único que comí en todo el día fue lo de esta mañana, así que el hambre ameritaba este platillo.
—¿Eres tú, Sakura?
Casi me atraganto ante el llamado de mamá. Me limpié la boca con una servilleta y me apresuré a acercarme. Tomé la mano que me ofrecía y le sonreí intentando recomponerme de casi atascarme con la comida.
—Sí, mamá. Aquí estoy.
Siguió mirándome, una extraña emoción reflejaba sus ojos. Intensifiqué mi gesto sin saber que hacer.
—¿Necesita algo? ¿Quiere ir al baño? —Le pregunté intentando descifrar sus pensamientos.
Negó con la cabeza lentamente.
—No… Sakura —repitió mi nombre, pero extrañamente sonó llena de urgencia—. Necesito que hagas algo por mí.
Enarqué una ceja, extrañada me incliné ante sus señas que me acercara más, le costaba hablar.
—¿Algo por usted? Cualquier cosa se lo traeré —afirmé llena de seguridad.
Acarició mi mano con ímpetu, y luego la apretó con firmeza.
—Tienes que ser fuerte ahora, Sakura. Lo que te diré es de suma importancia, tienes que saberlo antes de que lo olvidé —aseguró y pronto me alerté. Me mantuve en silencio esperando a que continuará, lanzó una exclamación y sus hombros se tensaron repentinamente—. Sé que ustedes están conscientes de que Kizashi hacía apuestas en casas ilegales.
—Sí, cada que viajaba a la ciudad lo hacía —respondí haciéndole entender que estaba al tanto de ello.
—Él dio como pago muchas cosas, nuestros anillos de compromiso, collares que me dejo tu abuelo. Pero su ambición fue más allá y me robó las escrituras de la casa.
—¿Qué? —Me quedé anonada, intentando encontrar una explicación. Ese maldito hombre jugó con las escrituras de la casa de Konoha—. ¿La casa que le dejó el abuelo? —Asintió suspirando.
Apreté mi puño libre insultándolo en mi mente. Se atrevió a arrebatarle a mamá su único patrimonio.
—Tengo esperanzas de que los haya recuperado y guardado.
Permanecí pensativa por un momento.
—Y requiere que yo vaya por esos documentos.
—Él los escondería en un lugar que siempre estuviera a su alcance, así que debe estar oculto en la casa en Konoha en una caja fuerte —murmuró agotada, cerrando los ojos. Intenté decirle que no se esforzara, pero se negó a detenerse—. Ve a Konoha. Ve y toma todas las cosas que tenga Kizashi ahí. Cada una servirá para refundirlo en la cárcel.
Cada una.
La contemplé con mis ojos abriéndose de par en par al caer en cuenta del significado de sus palabras. Contuve un momento la respiración y no soporté el escozor en mis manos.
—Mamá ¿sabe si Kizashi guardaba recelosamente un CD?
Sus propios ojos se ensancharon de pronto, observándome con temor en sus ojos verdes.
—¿Cómo sabes eso?
La tomé de nuevo de la mano y me arrodillé a su lado, con un nudo en la garganta.
—Por favor, dígame ¿dónde lo esconde? Necesito encontrar ese CD a como dé lugar —le supliqué tan desesperada.
Si lo pensaba detenidamente, ese CD era mi arma de doble filo para obtener mi libertad o refundir a los Hyūga en la cárcel. Mis esperanzas se vinieron abajo cuando la vi negar con la cabeza y dirigirme una mirada desconsoladora.
—La última vez lo descubrí, pero dudo mucho que esté en la caja fuerte. Seguramente lo cambio de escondite, no correría el riesgo a que yo recordara —confesó y yo apreté sus manos ¿Cuánto tuvo que soportar de él? —. Pero en ese lugar debe tener alguna pista del paradero del CD. Como te dije, debe tenerlo en un lugar cerca y seguro, más tratándose de algo tan valioso.
—¿Cómo está tan segura de eso? Quizás ni existe.
—Kizashi en ocasiones es tan simple que da risa. —Mamá lo dijo con tanta seriedad—. Será predecible el lugar en dónde lo tiene resguardado. Pero, Sakura —Volvió a aferrarse a mis manos con fuerza—. Si encuentras el CD bajo ninguna circunstancia se lo entregues a los Hyūga o a alguien que no sea de tu entera confianza.
Alterne mi vista en mis manos y luego en ella. Se veía muy afectada.
—¿Qué contiene ese CD?
Los ojos de mamá se crisparon y me soltó.
—Algo que sucumbiría a la sociedad.
Parpadeé sintiéndome mareada de pronto. Esto me estaba superando en muchos sentidos.
—¿Tan circunstancial es la información que contiene ese CD? —El nudo de mi estómago subió a mi garganta al verla asentir.
—Más de lo que te imaginas.
Se inclinó a mi lado pidiéndome algo para escribir. Rápidamente le entregué el ejemplar que traía y un lapicero, los traía más por costumbre que cualquier otra cosa. Y mientras mamá escribía algo en una de las hojas, un repentino mareo me atacó al intentar procesar la información que acababa de recibir.
Los secretos que ocultaba mi mamá conforme a entorno a su vida. Mi mente estaba turbándose demasiado, una mancha negra que se extendía y acababa con mi ser. Estuve merodeando por unos minutos alrededor de la habitación, canalizando mis pensamientos tratando de pensar en el siguiente movimiento que haría hasta que ella me habló de nuevo.
—Estos son los posibles números de combinación —Me entregó el libro. Le di una hojeada, reconocí vagamente fechas de cumpleaños como la de Karin y la de ella, otros que parecían un enigma. Mayormente las personas recordaban eventos que querían perdurar en sus memorias.
—Iré inmediatamente —sentencié después de pensarlo mucho. Dándole un vistazo de soslayo al reloj de la pared, aún eran las ocho y media de la noche. El último tren salía a las nueve, me dará tiempo en llegar si me apresuro—. No puedo esperar ni un momento más.
Las dudas me carcomían por completo.
Tomé mi mochila y regresé con mamá que permanecía en completo silencio, observándome sin rebatir mi decisión. Después de todo ella me pidió ese favor y yo tenía que cumplirlo a toda costa. Esto no se trataba solamente de mí, involucraba en lleno a mi familia, especialmente a mamá.
—Ten cuidado cariño.
—No se preocupes mamá, tengo al guardia vigilándome —dije intentando consolarla—. Le llamaré a Sasori y le diré que venga. Ya le inventaré una excusa mientras piensa cómo decírselo.
—Dudo que lo tome a bien —susurró virando su vista a la ventana—. En ese aspecto se parece tanto a Ryu-kun.
Por algo son padre e hijo, pensé con cierta renuencia.
—Me marcho —me despedí de ella dándole un beso en la mejilla.
Salí corriendo del hospital llamándole a Sasori en el camino. Contestó a la quinta llamada.
—Perdón, andaba en la ducha ¿ocurrió algo urgente con mamá? —me preguntó a través del teléfono.
Pensé y pensé en una excusa, pero me fui por la verdad. Ya estaba cansada de mentir.
—Necesito que vayas al hospital, yo me dirijo a Konoha —respondí como si estuviese hablando del clima.
—¿¡Qué diantres estás diciendo!? —Su voz resonó a medio grito. Tuve que separar la bocina del celular y no me afectara el sonido—. Explícate que no comprendo.
Con la respiración agitada, me agazape a un taxi apenas dejó el pasaje. Una vez dentro le pedí al conductor que me llevar a la estación de trenes. Sasori seguía en la línea exigiendo una explicación. Tome aire antes de hablar.
—Mamá me pidió un encargo muy importante, ella te explicará los detalles cuando llegues.
—¿Acaso estás loca? Es descabellado que vayas a esta hora a Konoha, mínimamente espera a mañana o…
—¡Mañana esos documentos podrían no estar! —le grité desesperada—. Aunque haya una posibilidad de encontrarlos, sea mínima, me aferraré. Cada día que pasa Kizashi puede ir por ellos.
La sensación hueca de mi pecho al pensar incluso que ya no estaban ahí me atacó, la deseché de inmediato. Aferrarme a cualquier esperanza sería válida.
—No entiendo de qué demonios estás hablando.
—Lo entenderás cuando mamá te explique. Debo colgar, te avisaré si encuentro algo —le corté la llamada antes de que pudiese hacerme más preguntas. Luego me dirigí al chofer que parecía atento a mi llamada en vez de conducir—. ¿Puede ir más rápido? Tengo que alcanzar el último tren a Konoha.
—Por supuesto, señorita.
Me relajé unos miserables minutos que duró el viaje a la estación de trenes. Recargando la cabeza en el respaldo mullido y cerrando los ojos, esperando encontrar cierta serenidad en mi respiración. Ciertamente todo me daba vueltas al intentar encajar algunas partes de la historia que sabía, pero los huecos que había me impedían comprenderlo como tal.
Tuve que conformarme con la vaga esperanza de que mamá me contaría al regresar a la ciudad. Primero debía concentrarme en buscar alguna evidencia que ayudara a hundir a los Hyūga. Si la suerte me sonreía, incluso el CD podría aparecer.
Apenas el automóvil se estacionó, saqué unos billetes y de los entregué. Cerré la puerta sin entregar el cambio y corrí a la entrada, esquivando a las personas que llegaban de uno de los trenes que conectaba con las otras ciudades.
Sin detenerme crucé la sala de espera observando frenéticamente el tablero en busca del tren a Konoha. Me detuve de sopetón al ver que había salido apenas unos minutos, y era el último. No pude contener mi grito de frustración mientras me tomaba de la cabeza y giraba a mis espaldas para caminar a la salida y pensar en otra forma de llegar a Konoha.
No me fijé en que alguien venía de frente y terminé chocando con esa persona. Caí de lleno al suelo y lo único que impidió a que me llevara un golpe fuerte en la cabeza fue la mochila que colgaba de mi hombro. Sacudí mi cabeza intentando frenar las palabras de reclamo en mi boca. Culpa mía el que no haya visto a dónde iba.
—Discúlpeme, no me fijé por dónde caminaba —dije aún en el suelo tomando un respiro.
—No se preocupe, señorita. Yo también estaba distraído. —La voz que me respondió era la de un hombre, gruesa y a la vez serena. Descubrí mis ojos alejando mis manos y me di cuenta que el hombre de cabello azabache me extendía su mano con la intención de ayudarme a levantarme.
—Le agradezco.
La tomé y ejerció fuerza ayudándome a ponerme de pie. Una vez enderezada tuve que disculparme apenada por el choque. Él volvió a insistir que no tenía porque hacerlo, y apenas me sonrió. Ese gesto se me hizo terriblemente familiar, razón por la que me le quedé observando fijamente por unos segundos antes de caer en cuenta que era irrespetuoso de mi parte.
—Eh… yo… lo siento —volví a hacerlo, intentando zafarme de la situación—. Me recordó a alguien muy querido para mí.
Más con su cabello azabache y ojos de un intenso color ónix junto a esos rasgos tocos, vistiendo ropa cómoda y una bufanda gris alrededor de su cuello, señal de que el frío azotaba y al parecer no lo sentí por estar corriendo.
Se parecían tanto a Sasuke.
Una descabellada idea pasó por mi mente, pero la deseché de inmediato. No tenía tiempo para pensar en esto, la situación de mamá urgía más que mis propios problemas internos.
—Una vez más discúlpeme, debo irme. —Me apresuré a hacer una reverencia y huir, pero su voz me detuvo.
—Espera. —La curiosidad me obligó a obedecerlo, y al voltear, observé que se quitaba la bufanda y la extendía a mi dirección. Mis ojos captaron inmediatamente la línea que sobresalía del cuello, una cicatriz de aspecto profundo que terminaba debajo de su quijada—. Posiblemente pronto sea la primera nevada del año, así que debes abrigarte bien.
Negué con la cabeza, abochornada por su gesto.
—No es necesario… —Quise decirle que él la necesitaría más para cubrir parte de su cicatriz, pero me parecía incorrecto, tal vez lo incomodaría.
—Insisto. —Se acercó unos pasos y lo envolvió alrededor de mi cuello, me dejé ser contemplándolo desde abajo, pues el señor poseía una estatura alta y unos ojos serenos que no se apartaron de mí—. Asegúrate de abrigarte bien durante el invierno o te resfriarás.
—G-Gracias —murmuré contraída. Estos actos dónde sentía las acciones sinceras y paternales me daban nostalgia y envidia a los hijos de estos, mi padre era un lunático y maldito que jamás tendría esos gestos conmigo—. Ahora sí debo irme.
Hice una reverencia y salí corriendo a la entrada en busca de refrescar mi mente y hallar una solución. Pegada a una de las columnas, metí las manos al bolsillo de mi suéter morado y moví mi pie, concentrándome en pensar. Acepté con cierto acobijo que la bufanda me estaba sirviendo de mucho en estos momentos, el aire pasaba como un torbellino. Si ese hombre no me hubiese dado la bufanda tendría mucho frío.
Entonces una idea se eclipso en mi mente tras observar mi conjunto de ropa: bufanda gris, suéter morado y pantalón negro junto a unos tenis del mismo color. Miré con detenimiento el suéter y saqué mi celular buscando el contacto de Hinata, dudando por un momento. Si le pedía ayuda ¿terminaría involucrándose en mis problemas?
No quería. Pero no contaba con nadie más a quién recurrir y me hallaba desesperada. Hinata era la única que sabía la verdad detrás de mi ruptura con Sasuke ¿estaría bien pedirle ayuda? Sé que no dudará en ofrecerme su mano, de eso estaba segura.
Me dejé de tonterías y marqué su número. Una parte de mí pidió que no contestara, pero la otra bailaba eufórica a que tuviera una aliada más.
Atendió al tercer timbre.
—¿Sakura? —Mi nombre sonó junto a un bostezo—. No es normal que me llames en la noche… ¿sucedió algo grave?
—Hinata. —Aspiré con fuerza apretando el celular entre mis dedos, preparada para pronunciar las siguientes palabras con acritud—: ¿Estás libre esta noche? Necesito que me lleves a Konoha. Es urgente.
¡Hola! ¡Hola!
Como prometí, pronto les traje la segunda parte del capítulo 33. Ambas ocurren en el mismo día parte respectiva de cada quién. No las publique juntas porque me parecía que sería muy pesada la lectura, por eso lo dividí.
Vimos como Sakura intentar sobrellevar la situación pase a que saber que está a contra reloj y el tiempo se agota más rápido de lo que imagina. Las cosas empeoraron para ella, en cambio a Sasuke que está viendo la luz al final del túnel, ella está siendo absorbida por esa oscuridad; intentando ser positiva ante la enfermedad de Mebuki y a la vez recordar con tanta tristeza a Sasuke.
A partir de aquí las cosas se desarrollarán más rápido, como vimos, una de esas situaciones ya llegó a la ciudad y con la entrada de los recuerdos de Mebuki con la caja fuerte. ¿Qué se descubrirá? Eso lo veremos en el siguiente capítulo.
Intentaré actualizar la siguiente semana, no prometo nada pues comenzaré con la universidad, la escuela y como saben me será difícil traer las actualizaciones. Estaré inmersa con mi trabajo y escuela que espero encontrar un punto para poder actualizar.
Estamos en la etapa que anhele escribir desde que comencé está historia que me parece un poco triste que vaya a tener el tiempo más corto para hacerlo ¡pero no se desesperen! Intentaré que mis pausas no sean tan largas.
Muchas gracias a todas esas personitas que han estado desde el inicio y las que se van uniendo, discúlpenme si no he podido contestar los review, he estado corta de tiempo y me centro en traerles la actualización. Pero me tomaré pronto un tiempo para responderles.
Y contestando una duda que mayormente me preguntan: sí, esté fic no tendrá un final fatídico para nuestros protagonistas. Así que calmaos y respiren de nuevo.
En fin, ¡gracias por leer!
Alela-chan fuera.
