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Entre la espada y la pared
Sakura
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Sin darme cuenta, a cada momento pensé en Sasuke, preguntándome la reacción que tendría si llegase a encontrarse con su padre. Estaba casi segura de que lo haría, por eso mis manos titubeaban sobre la pantalla del celular en su contacto, y al final lo dejaba caer sobre el futón en un gesto de impotencia.
Por más pensara en llamarlo no cedería a mis impulsos, aunque me tentaran a cada segundo cuando pensaba en que tal vez le dio un ataque de ansiedad como sucedió al ver a Madara-san. ¿Estarían Mikoto-san o su hermano para ayudarlo a superar la crisis?
Mi desesperación creció a tal punto que tuve que salir de la casa al patio trasero en busca de aire a pesar del frío y la nieve acumulada de la primera nevada, mantenerme firme y no estropear mi plan. Me topé cara a cara con Kiba que me sonrió y pasó un brazo por mis hombros. No pude evitar encogerme de hombros y dejar que su gesto fuera mi refugio.
—¿Está todo bien? —tanteó a preguntar.
Lo miré fijamente.
A este punto, ya quedó claro que Hinata era la única que sabía de mi situación verdadera con Neji. Mi mejor amigo sólo sabía la versión de los demás y no pretendía que fuera de otro modo; Kiba no merecía saber que el que una vez fue su amigo terminó amenazándome y que Tenten estaba embarazada —o posiblemente muerta— en algún recodito lugar.
Le sonreí rogando que no pareciera falsa.
—Sí. No debes preocuparte. —Sudé frío a la espera a que me creyera. Lo consideró unos segundos y luego, o decidió creerme para no hacerme sospechar o en verdad lo hizo.
—Bien, te creo.
Mi alegría de tenerlo junto a mí y hablar de cosas triviales permaneció en mi incluso después de experimentar una tristeza al pensar que quizás sea la última vez que lo viese durante un largo tiempo. Si todo salía bien… nunca más lo vería. Esa perspectiva provocó un nudo en mi garganta en el último momento y las lágrimas fluyeron mientras nos abrazábamos en el patio.
—¿Sakura? ¿Qué sucede? —Me tomó de los hombros, mirándome preocupado—. ¿Por qué lloras? —Tocó mi rostro mirándome con urgencia. Negué con la cabeza y lo seguí abrazando con todas mis fuerzas.
—No es nada, solamente extraño tener a mi mejor amigo cerca de mí —dije la verdad. Si hubiera estado cuando me separe de Sasuke o cuando Neji me amenazó, mis emociones de ese entonces fueran diferentes. Pero nos separaban kilómetros y kilómetros.
Desearía que fuera a Tokio conmigo. Estuve a punto de pedírselo, pero me repetí que, si aceptaba hacer el viaje por unos días, se daría cuenta de todo. Él era tan perceptivo y al analizar mis actitudes pronto lo descubriría. Lo único que no evitaría era a que sufriera más adelante ante mi desaparición.
Acarició mi cabello y permaneció en silencio el tiempo que le pedí, bajo el frío del medio día y las nubes sobre nosotros. La nostalgia me invadió tras ver sus ojos y su sonrisa desbordante ¿qué haría cuando no pudiera verlo más? Preguntas que me mortificaban, mi amigo de toda la vida, ni siquiera podría escuchar su voz por medio del teléfono.
Por eso lloré al despedirnos un día después tras convivir con su hermana Hana y Tsume-san. La tristeza me embargó al compartir almuerzo sentada en la mesa de su comedor, recordando los días de niña en que repetíamos esa rutina tras terminar la escuela y venía a casa de Kiba junto a Tenten a jugar.
Tiempos que jamás regresarían.
—Cuídate mucho —le pedí al separarme de él—. Asegúrate de mantenerte saludable, no te metas en problemas y… no olvides que te quiero mucho.
Kiba sonrió. Esa deslumbrante sonrisa que me recordaba al mismo sol.
—Ya, ya. Parece como si te fueras al otro lado del mundo —dijo dándome palmaditas en la cabeza. En verdad lo hacía, mi destino resultaba incierto por el momento, crearme falsas esperanzas haría que la caída en picada dolorosa—. Nos veremos en navidad, iré a pasar las fiestas por allá.
Le respondí sonriendo apenas sin prometerle nada.
Me acompañó hasta la puerta del copiloto y la cerró por mí. Una vez dentro, se recargó en la ventanilla y miró a Hinata guiñándole el ojo.
—Te la encargo.
—D-Déjala en mis manos —respondió Hinata. Me sorprendió ver el leve sonrojo en sus mejillas cual sustituyó por su gesto más confiado que apenas se notó.
Pasé de hito a hito mi sorpresa, mi amigo hizo una mueca de lado siguiéndole el juego y se enderezó alejándose el auto, dándole dos palmadas al coche en señal de que podríamos partir.
—¡Las veré pronto, chicas!
Su figura se hizo más y más pequeña por el espejo retrovisor a medida que nos alejábamos, su silueta despidiéndose con la mano desapareció minutos atrás. Permanecí con la mente en blanco gran parte del camino a la salida del pueblo, mis ojos húmedos pronto fueron secados por el dorso de mi mano y alcé la vista al cielo para dejar de llorar.
—Lo veremos en navidad —aseguró Hinata después de un rato, dedicándome un gesto de convicción.
Negué ligeramente.
—No quiero hacerme falsas esperanzas —pedí ahogando mi voz. Saqué de mi bolsillo el USB y lo analicé detenidamente—. Cuando intenté visualizarlo en la computadora de Kiba descubrí que estaba encriptado, intenté ponerle algunas contraseñas, pero ninguna funciona.
—Tendremos que buscar a alguien que nos ayude a desencriptarla —indicó Hinata frunciendo los labios.
Alguien que supiera. Pensé en el amigo de mi primo, Shikamaru que estudia mecatrónica, pero no podía confiar en que cuando viese la información de aquí dentro no le diría a Naruto. Lo que menos quería era involucrarlo. Tuve que evitar a Naruto en persona hasta ahora, me parecía raro que no me hubiese llamado exigiendo una explicación ante mi ausencia. Tal vez entendió que necesitaba mi espacio.
Era cansino tratar de evitar a mis seres queridos. Lo evitaba porque Naruto me preguntaría mucho y él conocía mis verdaderos sentimientos, al igual que Kiba, se daría cuenta rápido. Ellos me conocían tan bien.
—Le pediré ayuda a Gaara. —La voz de mi amiga me sacó de mis pensamientos—. Una vez Temari mencionó que es un cerebrito con las máquinas.
—No lo sé… lo pensaré —corregí de inmediato al ver su descontento en las facciones de su rostro.
—Perfecto. Aceleraré o a este paso llegaremos durante la noche —avisó pisando el acelerador.
Suspiré con fuerza, aferrándome a mi cinturón. Ojalá el USB tuviera información al respecto, porque, muy en el fondo, mis esperanzas tomaban fuerzas.
Llegamos justo antes del atardecer. Hinata me dejó frente a los departamentos, concordamos en revisar el USB mañana durante la escuela, ella le mandaría un mensaje de Gaara para que llevara su computadora. Cualquier movimiento sospechoso de mi parte podría ser catastrófico.
Oculté las escrituras en mi suéter para que pasara desapercibido ante el guardia y al ingresar al departamento las saqué, alisándolas para que estuvieran en perfectas condiciones. Ansiosa, me quité los zapatos y casi corrí a la sala dónde se escuchaba la televisión encendida. Me topé con Karin y mamá sentadas en el sillón grande. Mamá se cubría con una manta mientras tejía otra de sus bufandas y también se hallaba Sasori en la mesa revisando unos planos.
Al percatarse de mi presencia, elevó sus ojos cafés a mi dirección. Su gesto pronto se convirtió en uno severo y tuve que concentrarme en mantener mi fachada. En el último enfrentamiento que tuvimos sospechó demasiado.
—Cariño, me alegra que estés sana y salva en casa. Estuve muy preocupada por ti. —Mamá intentó levantarse, su voz detonó sus emociones.
Me acerqué a su lugar a prisas apenas se quitó la sábana y me dejé caer de rodillas, extendiéndole las escrituras. Sentí la sonrisa en mi rostro y mi propio entusiasmo bullir.
—Encontré las escrituras intactas y también esto —extraje de mi bolsillo el collar de Karin y se lo entregué.
—Creí que lo había extraviado ¿Dónde lo encontraste? —Karin estaba incrédula, moviendo la cadena entre sus dedos.
—Estaba en uno de los cajones de Kizashi.
Mamá arrugó las escrituras al pegárselas al pecho, soltando un suspiro de alivio. Me dio un beso en la frente en agradecimiento, llorando, me prometió que no me haría hacer nada riesgoso de nuevo. Pero estaba desesperada, y lo sé, confió en mí a que hallara lo único que le quedó del abuelo. Por un instante noté el temblor de sus manos y lo cansada que se veía.
—¿Qué más encontraste? —me preguntó.
Observé de reojo a Karin y Sasori que se mantenían atentos, supuse que mamá les platicó al respecto. Así que me di cierta libertad para hablar.
—Varios retazos de periódicos viejos sobre el antiguo alcalde del contado, Jiraya, y su lucha contra… —me quedé callada recordando la información ¿Si lo decía abriría paso a inquisiciones? — Los Hyūga.
—Ellos son el mal de nuestra familia —susurró mamá con voz ahogada.
Se escuchó una hoja arrugarse con fuerza. Sasori apretó los planos que revisaba y los dejó a un lado para encaminarse mí. Tuve un mal presentimiento cuando me jaló del brazo obligándome a levantarme, emití un quejido de molestia y fruncí el ceño.
—¿Qué te pasa? —le exclamé librándome de su agarre. A mitad de la sala, ambos nos desafiamos con nuestras miradas—. No estoy comprendiendo tu reacción tan brusca.
Sus ojos se afilaron.
—¿Qué no lo comprendes? Estoy cabreado, me has mentido todo este tiempo.
—No entiendo a qué te refieres —rebatí a la defensiva.
—Mentiste. En realidad, terminaste con Sasuke para protegerlo de Neji, estos meses estuviste buscando una forma de librarte de él.
Me quedé paralizada. El aire no llegó a mis pulmones y por un instante permanecí en mi lugar, sin saber realmente qué decir. Los ojos de mi hermano se teñían de rojo vivo, colérico a medida que se acercaba a mí, frotándose el rostro, verdaderamente enfadado. La única vez que lo vi así fue cuando le pedí que no fuera contra Kizashi la primera vez que me golpeó bruscamente.
—No sé de dónde sacaste esa tontería —murmuré lo bastante firme, apretando los puños buscando fuerza. De reojo me percaté de que mamá nos observaba fijamente sin intención de intervenir—. Terminé con Sasuke porque yo-
—¡Deja de mentir, maldita sea! —su grito provocó que respingara. Estaba tan alterado que comenzaba a caminar de un lado a otro, alborotando su cabello—. Sólo di la verdad: ¿con qué te amenazó Neji?
—Neji no me amenazó de ninguna forma —repetí robóticamente, vana esperanza de que me creyera una vez más. Yo también me alteré de otra manera ¿Cómo llegó a esa conclusión? Nadie debía saberlo si no acabarían muertos todos.
—Falacias —espetó mostrándome lo que traía en sus manos desde un principio y no presté la debida atención. Fotografías.
Pero no cualquier fotografía, no. Se trataban de unas a blanco y negro, sin embargo, eran visible los rostros. Neji y yo afuera del edificio, en una secuencia que recordaba bien en cuanto me agarraba del cuello contra la pared y se acercaba lo suficiente para amenazarme. Alejándose y yo de rodillas, sola en la banqueta sin saber qué hacer.
Las tomé por inercia, pasando las fotos una tras otra. Mis manos temblorosas apenas lograron hacerlo correctamente.
—Debería llamarte: Sakura, la reina de las ingenuas que cree que puede salvar a todo el mundo —dijo él. Le presté más atención, intentando decir algo. Las palabras murieron en mi boca apenas intenté formularlas.
Sólo emití una palabra tan débil y carente de sentido.
—Cállate —le pedí respirando fuertemente.
—No. Déjame terminar. —Sasori se acercaba furioso—. Creíste que podías hacerlo todo sola, lo intentaste, pero estás fracasando en ello ¿no es así? —El que estuviera acertando hacía que dentro de mí la opresión fuera más fuerte—. Y como resultado, tu desesperación provoca pequeños destanteos y huecos inconscientes porqué en realidad quieres ser rescatada.
—¡Cállate! —Tiré las fotografías al suelo. Mi voz sonó aguda—. ¿Quién te dio estas fotografías?
—¿Cómo esperas saberlo si tú no respondes a mis preguntas? —inquirió—. Ahora dime ¿con qué te amenazó Neji?
A este punto volteé a mis espaldas buscando a mamá y Karin, estaban expectantes sin intención de interferir porque también querían respuestas. Me sentí abandonada por ellas, enfrentándome sola a Sasori que me presionó a tal punto que no vi escapatoria alguna. Acorralada entre la espalda y la pared, una sola vía de escape: contarles todo.
En decirles que me quedaba menos de cuatro semanas para buscar ese CD.
No quería. No quería condenarlos a sufrir conmigo.
—Por favor. —La voz de mamá intervino, tomándome de la mano. Mi cabeza gacha apenas se alzó, observándola entre mi cabello. Las terribles ganas de llorar se apoderaron de mí e hipé fuerte. Deseé que se acabara ya el interrogatorio—. Dinos ¿con qué te amenazó Neji?
—E-El CD. —Mis labios moviéndose por sí solos. Mi cabeza seguía gacha.
Mamá se enderezó, y lo que sea que les transmitió a mis hermanos a través de sus gestos no lo vi. Llevé mis manos al rostro y seguí ahí, plantada en medio de la sala con la idea de que me odiarían más tras haber descubierto mi mentira. No soportaría verlos ahora, sabrían que soy una vil mentirosa. Me odiarían.
Me solté del agarre de mamá y escapé al pasillo.
—¡Sakura, detente! —Karin salió detrás de mí siguiéndome al pasillo, pero fui más rápida y bajé a brincos las escaleras de emergencia.
Debo alejarme. Eso fue lo que pensé, no debía involucrarlos más. Si el guardia se enteraba de que mi familia sabía al respecto y si acaso harían algo en contra de los Hyūga, acabaría mal. Mis ojos se nublaron ante las lágrimas agonizantes. Los pondría en riesgo en vano.
El peor sentimiento bulló en mí: desesperación. Entrada en este estado cometía la mayor de las estupideces, como por ejemplo pensar en alejarme de mi familia para que estuvieran seguros. La mejor opción, según a mi criterio, y que nada más valía. No lo hacía.
En el vestíbulo estimé si irme por la puerta trasera del edificio y no ser vista por el guardia, se llenaría de complicaciones en cuanto se diera cuenta de mi ausencia, no dudaría en ir contra mi familia y cobrarse mi acto impulsivo e irremediablemente estúpido.
Tuve que regresar sobre mis pasos, apresurándolos al escuchar el eco en las escaleras. Casi corrí a la calle principal dónde me quedé quieta un momento, intercambiando mirada con mi sombra que se ceñía casi sobre mí y corrí del lado opuesto a la calle, sin comprobar si me seguiría o no.
—¡Sakura, detente! —el potente grito de Karin fue lejano.
No me detuve, me concentré que huir ¿de qué? Ni siquiera yo sabía. Quizás huir de mi verdad, siendo una cobarde para no enfrentarlo. Tenía vaga idea: huía de la vergüenza. No estaba segura de poder recibir sus miradas llenas desilusión o reproche a mis mentiras. Lo peor de todo es que jamás quise hacerlo, no lo hice para lastimarlos. Al contrario, era para protegerlos. Aunque, por supuesto, no lo verían de ese modo.
Seguí corriendo y corriendo doblando calles hasta llegar a la estación del metro. Mis piernas fallaron y fue inevitable no recargarme en el barandal de las escaleras subterráneas. No sé por cuanto tiempo estuve corriendo, al mirar a mi alrededor, la gente andaba de aquí para allá y sin rastro de mi hermana.
Respiré hondo mientras descendía las escaleras a cuestas, las piernas doliéndome y los pulmones contrayéndose. Pensé que este día no podía ir peor ¿a dónde iría? A esto me refería a las consecuencias de mis actos impulsivos. Una vez más Hinata parecía mi salvación, sólo espero que pudiera recibirme, si no, no tendría otro lugar a cuál recurrir.
Agradecí tener mi cartera y celular encima. Pagué el boleto del metro y una vez dentro del vagón, me permití sentarme y respirar profundo. Cerrando un momento los ojos, creyendo que me encontraba sola en el universo. Estimar, pensar, analizar… tantas cosas por hacer y poco tiempo disponible.
Tampoco era inconsciente a mi situación, extraje el celular y escribí un mensaje a mamá diciéndole que estaría bien por mi cuenta unos días, necesitaba espacio para pensar. Mi tosca y nula respuesta los dejaría preocupados, sí, pero no me sentía con fuerzas para enfrentarlos, no hoy. Manos temblorosas, quédense quietas, me dije metiendo de vuelta el celular y mordiéndome el labio, nerviosa y culpable por mis acciones.
Estoy bien. Estoy bien. Me repetí una y otra vez. O, mejor dicho: me mentí una y otra vez.
Me encogí ante el frío de la noche, poniéndome el gorrito del suéter, metí mis manos a los bolsillos y me acurruqué en un rincón cubriéndome con la bufanda a la espera de llegar a la estación correcta. A pesar de contar con ayuda, la soledad se agazapó detrás, susurrándome que no saldría de esta.
Al día siguiente a medio día asistí a la escuela con la intención de buscar a Gaara, durante la noche Hinata lo contactó y prometió ayudarnos al día siguiente. Intenté no pensar mucho al respecto de lo loco que debería estar Sasori en mi búsqueda. Únicamente encontré un mensaje en mi buzón, y por las palabras que estaban ahí, no estaba contento con mi desaparición: «te estaremos buscando» más que una amenaza, fue una advertencia a que regresara a casa.
No había contestado sus llamadas, solamente me comuniqué por mensajes haciéndoles saber que me encontraba bien, no les prometí regresar pronto, no les volvería a mentir de esa forma; sospeché que incluyeron a otras personas en mi búsqueda, porque esa frase se me antojaba a problemas.
Intenté no tomarle la debida importancia mientras que Hinata y yo esperábamos la parte trasera de la escuela, en este campo el gorila que me vigilaba no podía ingresar. Lo cual nos daba una ventaja, pero aun así nos ocultamos detrás de los dispensadores de agua aprovechando el gran espacio que proporcionaban.
—¿Crees que sea buena idea que no contactes a tu mamá? —me preguntó Hinata por millonésima vez, lo cual me irritó un poco su insistencia.
—Ya te dije que volveré a casa en unos días, por ahora no puedo verlos. —Ya le había contado a mi amiga lo sucedido y no dudaba en hacerme recordar el posible sufrimiento de Mebuki, lo que me hacía doblegar, pero no lo suficiente.
—Te están buscando.
—Gracias por recordármelo, debo irme apenas Gaara obtenga la información —estimé observando la hora de mi celular—. Vendrán cuando termine la jornada y me atraparán. Si el gorila ve movimientos sospechosos alertará a Neji. Siempre puedo justificarme que buscaba pruebas por mi cuenta.
Mi amiga no dijo más, me observó largamente y yo le resté importancia. No era momento para tomar las cosas a la ligera, la bomba que anteriormente se consumía lentamente, avanzaba a una velocidad furiosa con la premisa de que explotaría en cualquier momento, arrasando todo a su paso y yo sería el centro.
Esperamos otros diez minutos más hasta que vinos a Gaara cruzar los pasillos laterales aferrándose a su mochila, observó a sus lados con insistencia y al ubicarnos, corrió a nosotras. Apenas llegó y se dejó caer de rodillas y se escondió a la vista de los curiosos. Me intrigué por su actitud.
—¿Sucede algo, Gaara? —no dudé en preguntarle.
Asintió aun respirando con fuerza.
—Uno de los maestros me vio escabullirme, pero creo que no me siguió —murmuró y nos hizo señas para que también nos escondiéramos—. Hinata, vigila que nadie venga o nos meteremos en problemas.
Mi amiga bufó, pero se asomó murmurando ni que estuviéramos viendo videos sexuales que la mayoría de los chicos ven a escondidas. No comenté al respecto, estaba más concentrada sacando el USB y entregándoselo a Gaara.
—Necesito saber qué tiene este USB. Está encriptado.
—Hinata me comentó algo. —Gaara lo conectó a su computadora y oprimió varias teclas. La pantalla abrió el cuadro que a mi me aparecía y pedía la contraseña—. Uh… que interesante seguridad.
Después de eso estuve observando en silencio todo lo que hacía. Conectó una cajita con cable a su dispositivo y tacleaba con rapidez. De reojo daba vistazo al otro costado esperando que ningún maestro se acercara, se suponía que estaríamos clases, pero yo necesitaba saber qué había dentro.
—Ya está —dijo al cabo de unos quince minutos de miradas de soslayos.
—¿Tan rápido? —Me sorprendió su eficacia. Sin duda alguna se ganó que le invitara una comida. Regresé a su lado y me mordí el labio inferior cuando él me miró con ojos entrecerrados—. Te pediré que, cualquier cosa que veamos no le digas a nadie.
—¿Por qué?
—Por favor… —le supliqué.
—Sakura ¿Estás involucrada en algo peligroso? —me cuestionó sin rodeos. Yo no respondí, pero la mirada que le dediqué le dio a entender muchas cosas—. He notado al guardia que te sigue, por su forma de caminar y del tatuaje que sobresale en su muñeca, supuse que es un yakuza.
Ensanché los ojos impresionada por sus deducciones.
—¿Cómo…?
—Hemos estado preocupados por ti, mi hermana y Deidara —dijo, y yo sentí un nudo en la garganta sin saber cómo sentirme—. Sólo quiero que sepas que cuantas con nuestro apoyo incondicional.
—Es peligroso que se involucren.
—Perfecto, mi segundo nombre es peligro —retó y por primera vez vi su sonrisa sincera detrás de esa capa de serenidad que siempre portaba—. Eres una amiga muy especial, no dudaré en ayudarte.
Desvié un poco la vista, conmocionada por sus palabras y me percaté de que Hinata sonreía de lado sin dejar su labor, supe que ella sabía que mis otros amigos intentaban comprender mi situación. A pesar de que mis nervios terminarían destrozados si algo malo les sucedía, no cabía de la calidez que embargó mi pecho, intentando no llorar.
—Bien, veamos que tiene el USB —dije conteniendo las lágrimas y acercándome más.
Había dos carpetas en la ventana. La primera denominada "P" y la segunda "T". Señalé la primera y al instante, se desplegaron varias fotografías que no se lograron ver bien.
—Ábrelas.
Al abrir la primera imagen, jamás esperé ver tales escenas espantosas: un cuerpo humano mutilado sobre el suelo sobre un charco de sangre y un cartel arriba que no alcancé a leer bien, apenas vi que el estomago estaba abierto dejando ver sus intestinos y vísceras, me volteé llevándome las manos a la boca intentando contener las arcadas que atacaron mi cuerpo.
—¿Q-Qué mierda? —escuché decir a Hinata. Yo estaba más ocupada intentando no devolver el desayuno, esto era muy intenso.
—Son imágenes de cuerpos mutilados —respondió Gaara intrapersonal, supe que él también se contuvo, pero se mantuvo firme y al parecer siguió revisando—. Hay una docena de ellos… No voltees, Sakura.
No lo haré. El interior expuesto de esa persona fue suficiente para quitarme las ganas de hacerlo. Gaara siguió observando con un temple duro y pasando rápido, intentando buscar algo más.
—Encontré algo diferente —dijo, y me acercó la computadora. Por instinto me alejé creyendo que me mostraría otro cuerpo expuesto—. No te apresures, esta imagen no tiene nada grutesco.
Con renuencia, giré la cabeza a la pantalla y analicé la imagen que me mostraba. Casi me voy de espaldas al ver a Kizashi de pie en los restos de sangre y viseras, mirando el suelo, a su lado, me pareció reconocer al padre de Neji, Hiashi con un impecable traje. Por las expresiones de perfil parecía ser que discutían y se veían más jóvenes de lo que recordaba.
Me enfoqué en observar a Hiashi, pocas veces había visto a ese sujeto y fue por mera casualidad. En los días que iba a casa de Neji ocasionalmente estaba ahí. Una vez me recibió, su trato siempre fue seco y serio, pensé que no le agradaba como novia de su hijo, pero Neji me aseguraba que solamente su padre era así de frío.
A estas alturas consideré en verdad no le agradaba y era algo que no me interesaba demasiado, aunque, claro, el simple hecho de que era el jefe del Clan Hyūga me traía de nervios. Me hallaba impacta asimilando las imágenes, era más que obvio y cualquiera se daría cuenta de que estuvieron involucrados de alguna manera con los asesinatos avistados en las imágenes.
Un foco se alumbró en mi mente. ¡Por supuesto! Estas imágenes eran evidencias. Quizás no era el CD que necesitaba, pero sería suficiente por el momento.
—¿Conoces a estas personas? —preguntó Gaara.
—Él es el padre de mi exnovio lunático y él quién donó su espermatozoide para que yo naciera —señalé despectivamente y se sorprendió por mi explicación—. ¿Había más imágenes así?
—En varias ellos aparecen junto a los cuerpos —respondió suavemente sin despegar la vista de la pantalla—. ¿Puedo preguntar qué es todo esto? Es obvio que estuvieron involucrados en esos horribles asesinatos, me atrevo a decir que eran advertencias.
—Ni siquiera yo lo sé con certeza, pero Hiashi es el líder de un Clan yakuza. —Señalé al susodicho—. Y mi padre es su perro faldero. Sorprendente.
—¿Qué te parece sorprendente?
—Que por fin tengo pruebas —dije un poco aliviada.
Ahora mi siguiente movimiento tenía que ser fríamente calculado. Por nada del mundo se las daría a Neji, no aún sin antes hacer lo posible para hundirlo.
¿Con quién dirigirme? Ir directamente a la policía no era una opción, los Hyūga tenían policías comprados y no dudarían en matarme en cuanto supieran de mis movimientos. ¿Esperar? Imposible, el tiempo se agotaba y Neji aparecería en cualquier momento. E ir con Itachi… ¿sería conveniente? No quería que estuviera involucrado.
Aunque, ahora todos a mi alrededor lo estaban de alguna forma.
Apreté los labios mientras lo pensaba y Gaara seguía buscando en la otra carpeta.
—Uh… es una lista —dijo mi amigo. Giré la cabeza de nuevo y observé la pantalla—. Si estoy en lo correcto, los números son cantidades y la otra columna… mmm…
—Quizás sean abreviaturas de países. —Hinata se hincó a su lado y señaló la otra columna—. Vimos esto en la escuela media: BR es Brasil, CR es Costa Rica. FO es… bueno, no sé que país sea.
—Son transacciones de dinero. A dónde han desviado fondos en el último año.
Observé con intensidad la información que yacía en mis manos. Agradecí la ayuda de Gaara y guardé el USB en lo profundo de mi bolsillo. Me pregunté que debería hacer a partir de ahora, y tener las miradas insistentes de mis dos amigos no ayudaba en nada.
—¿Qué harás ahora?
Yo también quisiera saber, pensé ante el cuestionamiento de Gaara. La campana que daba fin a las clases de hoy y me retraje en mi posición, esperando en el momento en avanzar. Lo pensaría de camino a la estación del metro.
—¿A dónde iremos? —Hinata se colocó a mi lado, y, para mi pesar, también Gaara que metió su computadora en la mochila que traía consigo.
—Iremos me suena a manada —murmuré caminando por los pasillos a la salida trasera del instituto—. Ustedes se quedan, les agradezco su ayuda, pero de ahora en adelante estaré sola.
—Sakura, no esas tan maldita. —Las palabras de mi amiga me cayeron irritable y la fulminé con la mirada, ella nunca tenía reparos para decirme las cosas de frente lo cual en cierta parte lo agradecía—. Acepta que no puedes alejarnos, fin del asunto.
—Pero…
—No te librarás de nosotros tan fácilmente —interrumpió Gaara—. Deberíamos ir a la policía a entregar las pruebas.
Quise decirle que las autoridades no eran de fiar, entonces pensé que, si la policía no podía ayudarme conocía a alguien que quizás lo haría: Ryu. ¿Estaría dispuesto después del desplante que le hice? Él era una persona con mucha influencia. Lo consideré mientras tanteaba mi celular y estimaba —mientras caminaba a la salida trasera para no ser vista si acaso mis hermanos vinieron a buscarme— que valía la pena intentarlo.
—No, por ahora iremos a-
—No irán a ninguna parte.
La voz de Neji frente a nosotros me congeló de inmediato. Alcé la vista lentamente para topármelo justo en medio de la salida de los automóviles, en medio del estacionamiento. Su mirada severa me traspaso y tuve la sensación de que en cualquier momento se abalanzaría sobre mí, me percaté de que detrás venía al gorila y me miraba con un deje de advertencia a que si intentaba escapar no dudaría en ir tras de mí.
—Neji —mi voz salió parca y sin sentimiento alguno. Contuve las ganas de borrarle la sonrisa que esbozaba de un puño limpió, apreté mi mano a mi costado—, no esperaba verte pronto.
—Regresé cuando tuve oportunidad, querida. —No se movió, pero reparó de Hinata y Gaara que no se despegaron de mí y comprendieron al instante que no debían decir nada—. ¿Pueden dejarnos a solas? Necesito hablar con ella.
Ese "a solas" me sonaba peligroso. Sin darme cuenta retrocedí un paso.
—Me temo que será imposible —aludió mi amiga tomándome del brazo—. Tenemos que hacer un proyecto importante y no podemos retrasarnos.
—En efecto —atribuyó Gaara observándolo en silencio. Por la mirada de reconocimiento, supe que asimiló los rasgos de Hiashi con él porque eran tan parecido. Ató cabos de una forma impresionante.
Pero el rostro de Neji se crispó unos segundos.
—Sakura, lo que tenemos que tratar es… más importante que tus proyectos —siguió diciendo.
—No lo creo —le reté por un momento, sintiéndome hostigada. Su gorila seguramente ya le había informado que no encontré nada en la casa, pero seguía insistiendo. Las alarmas sonaron en mi cabeza y murmuré—: pero todavía falta un mes…
Los únicos que me escucharon fueron mis amigos. Antes de que decidiera no hacer alboroto e ir con él para evitar des fortunios, ya tenía a Neji a frente a mi tomándome del brazo para jalarme con fuerza. En ese mísero instante todo mi cuerpo se paralizó al pensar que sería arrancada de mi hogar, de mi familia; temí por mí, de mi futuro incierto. ¿Rompería nuestro trato tan pronto?
Entré en pánico e inconscientemente me resistí. Él lo notó y su furia aumentó, vi en sus ojos que no dudaría en forzarme de nuevo.
Sin embargo, unas manos me rodearon del otro brazo reteniéndome.
—¿Qué demonios creen que hacen? —La pasividad que Neji mostró al principio se fue por la borda. Gaara y Hinata que me retenían haciéndole molestar.
—No puedes venir así y simplemente tratar de llevártela. Se ve claramente que no desea ir contigo —formuló Gaara entrecerrando los ojos peligrosamente. Su estatura rayaba la misma que Neji, haciéndole frente y sus ojos verdes letales—. Te pediré que la sueltes.
La sonrisa desdeñosa de él se extendió, dándome escalofríos.
—Sakura ¿no me digas qué él es tu nuevo amante? —soltó con tanto veneno—. El amor que le tenías a Sasuke no te duró por mucho tiempo.
Sus palabras no me hirieron, pero lo sentí cómo una daga a mi corazón al recordar los viejos tiempos que él difamaba de mis supuestas relaciones, lo que más me impactó era que metiera a Sasuke en todo esto. Él ya no tenía nada que ver conmigo y mancillar el amor que sentía por él me pareció tan aberrante. Jamás dejaría de amarlo, de eso estaba segura.
No dudé. Cegada por la furia me libere de su agarre y le traspase la cara en una cachetada. Cuando me percaté de lo que hice, respiré bruscamente. El aire se volvió denso mientras Neji giraba su cabeza a mi dirección y sus ojos brillaron en furia.
Y supe que hice mal pero aun así dije:
—No permito que me insultes.
—Y yo que me golpees —gruñó.
En un instante me agarró le brazo y me jaló, intenté poner resistencia a pesar de su fuerza superior, y ante el grito de Hinata de horror y el intento de Gaara en frenarnos, el guardia se atravesó y los amenazó con su postura de metro noventa.
—¡Suéltame! —exclamé dándole una patada, pero no alcancé a ingerirle el golpe, él lo esquivó y me tomó detrás, inmovilizándome—. ¡Te dije que me sueltes! ¡Aun no culmina el tiempo!
—¡Me obligas a acotarlo con tus estupideces! —gruñó él.
—¡Sakura! —El grito de Gaara me alertó, giré justo en el momento que intentaba avanzar y el guardia la asentaba un golpe en el estómago que lo derribó. Observé la escena con horror, temiendo que Hinata también fuese golpeada.
—¡Déjalo, él no tiene nada que ver en esto! —le exigí sin dejar de moverme—. Detente, por favor… iré contigo sin poner resistencia.
—No tienes derecho a acondicionarme. Tú-
Su frase fue irrumpida por un golpe. Alguien se había posicionado detrás de él propinándole un brusco golpe en la cabeza obligándolo a aflojar el agarre y caer a tropieces al suelo, gimiendo ante el dolor. Me di la vuelta topándome con unos ojos amatistas y una sonrisa socarrona afilada, la primera impresión que tuve fue que me alejara corriendo ante el peligro que emanaba este joven albino.
—¿Q-Qué…? —Tartamudeé al notar que se acercaba a mí.
—No hay tiempo de preguntas, señorita Sakura. Debemos irnos ya. —Se apresuró a tomarme de la mano. Justo cuando volteé noté que el guardia de Neji se percataba de la presencia del albino y corría a nosotros. Demasiado tarde, yacíamos alejándonos rápidamente.
Di una última mirada a Hinata que ayudaba a Gaara a levantarse e intenté volver por ellos, empero fue imposible al tener al joven jalándome del brazo, insistiéndome a escapar. Estuve tentada a soltarme de él y decirle que no se metiera, pero algo en él me inspiró una sensación de seguridad. ¿Estaré loca al confiar en un desconocido? Me respondí que sí, porque lo vi una salida a pesar de saber las consecuencias.
—¿¡A dónde me llevas!?
—Tranquila. Soy tu guardaespaldas personal puesto por Ryu-sama —dijo. Ensanché los ojos cuando escuché el nombre del padre de Sasori—. Mi nombre clave es Falcor y puedes confiar en mí, te llevaré con Ryu-sama.
Corrimos a la vereda y me señaló al automóvil negro que estaba estacionado, rápidamente entré por el lado del copiloto y Falcor pronto estuvo detrás del volante en un santiamén. Por el espejo retrovisor vi que Neji y compañía aparecían por la esquina. Falcor apretó el pedal y tuve que agarrarme con fuerza del asiento para no dar bruces, olvidé colocarme el cinturón de seguridad.
—Ahora ¿puedes explicarme por qué querían llevarte? —preguntó él sin apartar la vista de la calle.
Me mordí el labio inferior, preguntándome si debía confiar en él. El hecho de que me haya salvado de ser raptada por Neji le dio un punto a su favor. Me lanzó una mirada de soslayo, insistiéndome.
—Tenía un trato con Neji, aun falta un mes para que culmine el tiempo —comencé a decir mientras aseguraba el cinturón—. Tengo que buscar un CD, pero parece que se le agotó la paciencia.
—Uh… —murmuró entrecerrando los ojos—. Así que quería llevarte. —Asentí con fervor—. Entonces tendremos que alejarnos más para evitarlo.
—Me parece sensato.
—Estamos en territorio de los Hyūga, aquí ellos pueden hacer y deshacer a voluntad. —Las manos sobre el manubrio se apretaron con fuerza—. No podemos movernos libremente si seguimos aquí.
Por un instante no encontré el significado de esas palabras, hasta que caí en cuenta en algo en particular.
—¿Territorio? ¿A qué te refieres? —pregunté un poco aturdida, Falcor se dedicaba a esquivar a los demás autos y estar atento al retrovisor al automóvil persiguiéndonos no cabía duda que se trataba de Neji y compañía—. ¿Existe otro clan aparte de los Hyūga? —insistí ante el silencio del hombre.
El silencio se extendió unos segundos más, y no supe como manejar la situación. ¿En qué me vine a involucrar? Solamente quería un poco de paz en mi vida, ¡soló eso!
—¿Tú perteneces al otro clan? —me apresuré a preguntar, él seguía sin responderme—. ¡Falcor, respóndeme!
—No tengo permitido hablar de eso —dijo él brusco.
Fue suficiente para afirmarlo. Até mis propios cabos y llegué a una sola conclusión: Ryu pertenecía a ese otro Clan. Debí sospecharlo desde un principio, no era absolutamente normal que haya pagado una gran cantidad de dinero en los gastos de hospital, que tuviera a Juugo de guardaespaldas a todas horas y me pusiera uno a mí. Recordé la segunda vez que lo vi cuando me rescató de Neji, dijo algo sobre advertirle a Hiashi que el trato seguía vigente y un territorio que respetar.
Clanes. Hiryū Ryuichi pertenecía a un Clan, y me atrevía a apostar que era alguien importante por la forma en que los miembros se referían a él y su poder. Entrecerré los ojos mientras lo pensaba, también en los artículos de los periódicos se hablaba vagamente de otro Clan cuyo nombre fue arrancado de las planas.
—Entonces los Hiryū son un Clan yakuza.
Él me miró de reojo, quizás sorprendido por mi deducción. Si acaso pensaba decir algo, no lo logró. Algo impactó contra el cristal trasero y me encogí de hombros asustada. Al girar, observé la enorme grieta que se había formado y me horroricé tras mirar más allá, que Neji tenía medio cuerpo por fuera y sostenía algo parecido a una pistola.
—¿¡Está disparando!? —me escandalicé.
—Sí —murmuró el albino acelerando.
Tuve que agarrarme con fuerza ante las sacudidas, dobló bruscamente en una intersección al ver el tráfico por delante, desviándose seguramente de su ruta. Por detrás nos seguían, tuve que contener las ganas de gritar cuando escuché otro impacto por detrás, el hecho de que Falcor comentara que los cristales eran resistentes no calmó para nada mis nervios.
—Tendremos que tomar un atajo.
Dio una maniobra peligrosa, cruzando por una intersección en sentido contrario. Grité fuerte ante el susto pensando que chocaríamos, pero él lo pasó con agilidad envidiable. Con la respiración agitada, volví a escuchar otro estruendo y al contrario de las ocasiones anteriores, el automóvil dio una sacudida feroz que nos agitó a ambos.
—¡Mierda! Le disparó a la llanta trasera —avisó con un deje de desesperación.
—¿La llanta? —murmuré aturdida.
Pisó el acelerador y se metió en otra calle. Ya no vi si nos seguían o no, el edificio me lo impidió. A cuestas estacionó casi sobre la vereda. No pasé por alto que sacaba de los asientos traseros una pistola y revisaba el cartucho. Intenté no pensar mucho al respecto.
—Tendremos que ir a pie.
Salimos rápidamente del automóvil, los transeúntes del lugar observaban la escena preocupados y nos preguntaron si nos encontrábamos bien. Falcor había escondido la pistola dentro de su saco y deslindaba a cualquiera con una sonrisa y afirmando que nos encontrábamos en condiciones optimas.
Pasamos por la multitud y me guio a un callejón, ¿qué tenían ellos con los callejones?
—Conozco un atajo —avisó al ver mi renuencia—. Primero que nada, debemos salir de la zona. Avisaré para que envíen a refuerzos. No dejes de correr.
Sacaba él su celular del interior y daba vistazos detrás. Yo miré al frente imité su acción a prisas con el pensamiento de llamarle a Hinata y avisarle que estaba bien, por el momento.
Jamás imaginé que de pronto apareciera Neji por enfrente apuntándonos con un arma, frené en seco y di un grito, Falcor reaccionó rápido y me empujó junto a los cestos de basura del callejón esquivando la bala. Su celular cayó al suelo y quedó en medio. Con él casi encima, respiré profundamente presa del miedo.
Neji me disparó. Realmente lo hizo.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo y Falcor se enderezó sacando su pistola, en ese momento noté que el maldito gorila se había colado por detrás de nosotros y lo golpeó en el rostro, aturdiéndolo. Intenté inútilmente retenerlo, pero el enorme hombre cargó al albino y lo lanzó contra la pared sacándole un jadeo. Sus ojos morados me retuvieron a que interfiriera y me quedé estática, sobre todo porque Neji se acercaba peligrosamente con arma en mano.
—¡Corre, Sakura! —me gritó con dificultad, una mano apretaba con fuerza su cuello impidiéndole moverse—. Sal del dis-trito.
—¡No te atrevas a moverte! —Neji me gritó apuntándome con el arma, me quedé estupefacta y con la adrenalina al borde a punto de quedarme paralizada por completo—. Das un paso más y te disparo. No te mataré, pero no podrás moverte.
No me atreví a desobedecerlo, mis piernas temblaban y el miedo era mi peor enemigo. No quería ser atrapada, pero tampoco morir. La controversia dentro de mi cabeza duró poco, pues Falcor se escabulló y logró que el guardia se separara un momento tras golpearle; rápidamente sacó una pistola que escondía detrás y apuntó a Neji, dándole directo al brazo.
—¡AAH! —Se agarró el brazo con insistencia mientras caía a un lado.
La sangre salpicó. Entonces el enorme hombre sacó una pistola y le disparó en la pierna derecha a Falcor, su grito también inundó el ambiente junto al mío. Di unos pasos, casi llorando para intentar socorrerlo, pero la mirada que me dedicó aún en el suelo me incitó a que no debía dudar, correr y correr sería lo más factible.
¿Debía huir?
Me sentí miserable mientras daba la media vuelta y salía disparada a la calle. No dejaría que la oportunidad que creó fuese en vano.
El sonido de la bala me aturdió, vi que impactó en el cesto más cercano y solté por inercia mi celular, cayó a pantalla y temí que se hubiese roto, apenas tuve tiempo de recogerlo antes de que otro disparo me aturdiera. Salí a la calle con el corazón latiendo a mil por hora, varias personas me miraron alarmadas ya que presenciaron lo que yo: un enorme hombre corriendo hacia mí con pistola en mano.
¡Rayos!
No dudé en lanzarme a correr, mi vida dependía de ello en estos momentos. Procuré mezclarme con las personas, intentando ubicarme con sólo ver los edificios. No reconocía los alrededores y maldije por debajo; vi mi celular pensando en llamar a Ryu-san ya que Falcor no pudo, pero me llevé con la desagradable sorpresa de que la pantalla estaba rota y de color blanco.
—¡No, no! ¿Por qué a mí? —murmuré con prisas reteniendo las ganas de llorar. Respingué al sentir mi celular vibrar.
Crucé con semáforo rojo la calle arriesgándome a ser atropellada, esquive una bicicleta que venía a una velocidad envidiable, apenas pudo doblar y cayó a bruces al suelo. Le pedí disculpas a medias y seguí corriendo sin mirar atrás, la distancia entre el gorila y yo era cada vez más grande, pero si me detenía me alcanzaría.
Pedir ayuda a las personas de mi alrededor me pareció factible, pero el sólo pensar que él traía una pistola y no dudaría en usarla me daba pánico. Me percaté de que mi celular sonaba en llamada entrante, no sabía quién era. Apreté la pantalla al azar esperando contestar, al parecer funcionó porque la voz de Hinata asaltó la bocina de inmediato.
—¡Sakura! ¿Dónde estás? ¿Te encuentras bien?
Respirando agitadamente, intenté hablar mientras pausaba mis pasos y caminaba rápido para recuperar el aire. No vi al gorila a mis espaldas cuando doblé una intersección.
—No lo sé. —Tragué grueso.
—¿Y el hombre que te llevó?
Oh, Dios. Sólo esperaba que Falcor siguiera con vida. Quise llorar.
—¡No lo sé! —exclamé estresada—. Estoy escapando, necesito salir del distrito.
—¿Reconoces algún lugar? Iremos por ti.
Miré desenfrenaba a mi alrededor intentando reconocer el lugar, entonces miré a lo lejos el salón de baile y mis ojos se iluminaron.
—Cerca del salón de baile, estaré en los alrededores —apresuré decir retomando la carrera—. Mi celular se rompió, espero que no se apague.
—Estamos cerca —dijo y escuché murmullos de fondo—. Deidara, toma mi celular. Sakura, quédate en líne-
Su voz se cortó y miré la pantalla del celular totalmente negra. Grité llena frustración al saber que se había apagado completamente, me consolé diciéndome que le dije a Hinata por dónde estaría. Mientras tanto tendría que dar vueltas en los alrededores, esconderme en un lugar concurrido.
Llegué al salón de baile, pero se encontraba cerrado. No le miré mucho por ese lado y seguí corriendo sin parar, chocando con las personas y pidiendo disculpas. Después de cruzar otra calle, barrí con la mirada a mis costados intentando ubicarme y pronto la cafetería dónde trabaja Ino se vislumbró del otro lado de la calle y la vi: en la enteada, recibiendo a unos clientes.
¿Podría pedirle ayuda?
No lo pensé realmente, crucé la calle y conté con la esperanza de que me ayudara a esconderme.
Hola! Hola!
Sí lo sé, después de un mes de ausencia vengo y les pongo de los nervios ¡perooo! Es necesario todo esto, se los dije, no sería fácil para Sakura todo lo que atraviesa -llora por nuestra bebita- aún está un poco lejos de conseguir algo de paz, pero por lo menos tiene la esperanza de hundir a los Hyūga con esas pruebas, pronto sabremos más del CD. Así que no desesperen, llegará la ayuda a con ella más pronto de lo que imaginan. Tampoco extrañen mucho a Sasuke, ya aparecerá en el siguiente capítulo.
Ante mi ausencia de un mes estaré actualizando esta semana el siguiente capítulo *sonrisas* se vendrá grande.
Disculpen si no he podido contestar sus comentarios del capítulo anterior, he estado un poco atareada, pero quiero que sepan que recibo cada uno alegrándome. ESDS es una historia especial para mí, y le he puesto mucho empeño en esto y cada comentario que leo de que les fascinó el capítulo que rieron o lloraron, me alegra saber que les gusta tanto cómo a mí al escribirlo y compartirlo.
¡Gracias por todo su apoyo y cariño a este fic!
¡Muchas gracias por leer! No olviden decirme que les pareció *llora por Sakura-bebé*
Nos leemos pronto, cuídense, tomen mucha awa y coman saludable.
¡Alela-chan fuera!
