N/A: sí! Volví!

Finalmente, después de mucho tiempo, pero aquí estoy de nuevo, con un nuevo capítulo para ustedes!

Como siempre, disfruten!

Capítulo 19

Al otro lado de la ciudad, los amigos de los conejos caminaban sin rumbo.

-¡Ya pasamos por aquí! –se quejó Dave.

-¡Claro que no! ¡Esos dos no deben andar lejos!

-No te ofendas, Roger, ¡pero este campanario se ve exactamente igual que el que vimos hace media hora!

-¿Cuántas de estas cosas antiguas has visto en tu vida?

-Para tu información, amigo, vivir en el bosque no te vuelve un ignorante de lo que hay en la ciudad.

-Bueno, cuando era un niño pequeño, coo, mamá me traía, coo, a la iglesia todos los domingos. Bueno, no esta, coo, iglesia, ustedes entienden.

-Se acabó –Lina se hizo oír por encima de su parloteo, obligando al grupo a parar en seco para mirar, horrorizado, lo que intentaba hacer-. Voy a llamar a esa puerta y preguntar la dirección.

-¡Lina, no! –Roger la agarró por su brazo, aunque solo por precaución-. ¿Y si alguno de los villanos vive por esta zona de mala muerte?

-¿O si el campanario está embrujado? –fue la muy madura tentativa de dave.

-¡No preguntes la dirección! ¡No hay nada, coo, más humillante para, coo, un grupo de aventureros que preguntar, coo, una dirección!

-Además, ¿dónde quedaría la aventura entonces? –acotó Roger, recibiendo sendos asentimientos de sus dos amigos varones.

-Son tres tonterías: no querer preguntar por miedo a los desconocidos, el orgullo masculino sin fundamento, y una creencia infantil en fantasmas. Déjenme ir o van por su cuenta.

-¿Sabes qué? ¡Haz lo que quieras! –Roger la soltó, volteándose a ver a los dos que quedaban-. Yo digo que cada uno va a ver por su cuenta, nos volvemos a reunir delante del campanario embrujado en dos horas y contamos lo que encontramos. ¿Quién está conmigo?

Tanto su mano como la de Dave y Coop se alzaron al unísono en el aire, ante una Lina que los miraba con los brazos cruzados y la mirada en blanco.

-¡Vi una tienda de recuerdos en la otra calle! –Dave comenzó a caminar hacia el oeste.

-¡La biblioteca vieja está por esa calle! ¡Ésa es mi, coo, ruta!

Coop trotó hacia el norte, dejando a un Roger algo contrariado frente a Lina, y al mirarla de nuevo, la vio sonriendo.

-Waw, uno de estos días te veré en la política, Roger. Ah, supongo que este lúgubre campanario embruuuuuujado te queda a ti, ¿me equivoco?

Lina aprovechó su balbuceo ininteligible para correr a la casa más cercana y tocar la puerta.

-Yo y mi bocota.

La tienda de antigüedades era más aterradora incluso que el campanario en la cuadra siguiente, lo que hizo que Dave se replanteara su opción.

-¿por qué siempre me tocan los lugares tenebrosos?

Poco a poco, paso a paso, se fue adentrando en el lugar, aparentemente abandonado.

-¿Ho-o-o-laa?

Su pie rozó un cascanueces antiguo, que comenzó a funcionar con su toque, haciéndolo gritar.

El cascanueces masticó algo que obviamente no era una nuez, que salió disparado hacia el techo, rebotó sobre unos muebles de la edad de piedra, levantando un tornado de polvo, golpeó una campanilla de vidrio escondida en la entrada y, finalmente, rebotó hasta detenerse en la calva de un hombrecillo de unos chorrocientos años, que gritó cuando Dave estaba comenzando a cansarse de gritar él mismo.

-¿Quién rayos es usted? ¿Qué es este lugar?

-¡Ah, un visitante en cincuenta años! ¡Ya son las pascuas!

-¿pascuas? No, ya pasaron hace rato, estamos en junio.

-Ah, el invierno, entonces. ¡navidad, navidad, pronto es navidad! ¿Es un año de alegría y felicidad!

-Disculpe, no quisiera interrumpir su celebración, pero ¿sabe acaso en qué año estamos?

-A ver, mi calendario dice que estamos... ¿en el año del perro? ¿O era el del gato?

-Hmm, pues... ¿qué tal el año del árbol?

-¡Oh, eso funcionará! ¡De hecho, sería bueno para el marketing! Espera un segundo, ¿por qué el año del árbol?

-Bueno, soy un árbol, fue lo primero que se me ocurrió. A ver, ¿qué es usted?

-Acércate, muchacho, acércate.

Dave se acercó al viejecito, perdiendo ahora, aunque todavía no del todo, el miedo inicial. Cuando llegó al mostrador, descubrió una serie de peculiaridades: el mostrador parecía estar hecho de mármol. El peculiar y anciano vendedor, al que al parecer había despertado de una siesta de cincuenta años, estaba parado sobre su superficie. Era de hecho, bastante pequeño. Era... ¿Una tortuga?

-Oh, es usted... ¿una tortuga? Y una muy pequeña, por lo que parece.

El anciano, sentado sobre la parte inferior de su coraza verde oscuro, cabría en la palma de su mano.

-Oh, ¿me recuerdas a mi tátara-tátara-tátara-tátara-tátara-tátara-tátara nieta, Ursula! ¡Qué curiosa era ella! ¡Lástima que nunca me visita!

-Uh, perdone mi descortesía, pero ¿qué vende aquí?

-¿Descortesía? ¿Llamas descortesía a tu curiosidad?

-Está bien, lo que sea. ¿Qué vende aquí?

-Tengo algo que no tiene nadie más.

-Oh, vaya ego tiene –susurró para sí.

-¡Pregunta, pregunta! ¡Vaya, la navidad llegó temprano este año!

-A ver, ¿algo que no tiene nadie más? Hmm, ¿libros antiguos?

-Mira a tu alrededor. Oh, un segundo...

La tortuga se desvaneció en un pequeño tornado de polvo, lo que hizo toser al tocón, antes de reaparecer, en un segundo torbellino, con un vaso de algo parecido a un jarabe azul.

-Mira a tu alrededor. ¿Qué vende esta vieja tortuga? Solo si adivinas, te daré lo que ansías, aunque con su justa propina.

-Genial. Ahora habla en rima. –Aunque intentó que su susurro fuera inaudible, el diminuto anciano carraspeó, haciéndolo saltar-. ¿Eh, eso significa que es gratis?

-nada es gratis en la vida, joven.

-ya está bien, o comienza a hablar en español o yo me voy de aquí y puede seguir durmiendo su siesta por los siguientes dos mil años.

-¡Hey, hey! El español es la lengua que sé hablar, chico. A ver, no aceptaré dinero. Adivina, y el conocimiento pagará por ti.

-Bien, supongo que tengo tiempo.

-¡Oh, oh, oh! ¿Es eso así? –el anciano sonrió divertido, y dave sintió cómo el sudor –es un tocón, no me preguntes cómo sintió sudor- bajaba por su espalda-. Mira afuera.

Dave se asomó sin salir del local, mirando a través de la ventana sin vidrio a su derecha, y se estremeció. Afuera, vio cómo una hoja solitaria caía, tan lentamente que parecieron pasar minutos hasta que cayó.

-Yo diría que tienes el tiempo del mundo. ¿Cómo crees que sigo joven?

-Así que puedo quedarme meditando mi respuesta como, digamos, diez años,¿ y afuera no habrá pasado el tiempo?

-Que las apariencias no te engañen: son solo apariencias.

-¿Eso qué significa?

-Una hora aquí son uno o dos minutos ahí fuera.

-Oh. También podría irme y no volver, ¿verdad?

-¿Estás seguro de que quieres hacer eso?

-No puede impedírmelo, señor.

-No te lo impido. Pero piénsalo bien: el huevo de los destinos, con el que me despertaste, solo aparece en el cascanueces una vez cada cincuenta años. Una vez que te hayas ido, tendrás que esperar otros cincuenta años para volver a preguntar.

-Bueno, no tengo tanto tiempo. ¿O sí?

-Aquí, muchacho, tienes tanto tiempo como necesites. Mientras, iré a ducharme. ¡Estos huesos no se estiran en cincuenta años!

-Espere, ¿cómo escuchará mi respuesta?

-Yo tengo oídos en todas las paredes de esta tienda. Excepto en esta cosa, claro –pisoteó el mostrador de mármol, lleno de antiguos rasguños.

El anciano se esfumó, mientras dave pensaba.

-detesto los lugares aterradores. Uh, solo espero que, cuando encontremos a Yin y Yang, realmente viajemos por el mundo y visitemos algún lugar más interesante y cálido como, no sé, una isla en el mar.

Roger se abrazó a sí mismo, caminando por la catedral, aunque en su camino se vio observando a alguien que, según creía, acababa de ver alejarse.

-¿Coop? ¿Qué estás haciendo aquí?

-La biblioteca, coo, estaba cerrada.

-¿Qué podrías encontrar ahí, de todos modos?

-Buscamos libros, ¿no? Mi mamá me dijo que, coo, allí están los más viejos que, coo, tiene la ciudad.

-¿Sabes qué? No me importa. ¿No te importaría, ejem, revisar el campanario conmigo?

-Claro que no.

El lugar era lúgubre en extremo. Lo más extraño de todo: estaba prácticamente vacío. Excepto por la campana en el techo a decenas de metros del piso, y por los ventanales, no vieron nada que se destacara demasiado.

-¿Sabes qué' No creo en esas tonterías de los fantasmas.

Mientras hablaba, el eco repitió sus palabras: "fantasmas...", "fantasmas...".

-¿En serio?

"¿Serio...?", "¿serio...?"

-Aquí solo hay polvo y nada interesante. Vaya pérdida de tiempo.

"Tiempo...", "tiempo...".

-¿Soy yo, o este eco es, coo, espeluznante?

-No. ¡Eres tú!

"¡Tú!", "¡tú!"

-¡Baja la voz!

-Qué raro –se dijo el niño ogro en voz baja-. El eco no repitió tu oración. ¿Eso qué si-si-significa?

Ambos temblaron de miedo, y de repente el pollo saltó y agarró a su amigo por un brazo, estremeciéndose de la cabeza a los pies.

-¿Vi-vi-viste eso? ¡Creo que acabo de ver una sombra por, coo, allí!

-¿Sabes qué? Creo que po-po-podríamos irnos de aquí. ¡vamos!

Roger arrastró a su amigo de vuelta a la salida, pero en cuanto se volteó para comprobar la puerta, ésta se cerró de golpe.

-¡No sé tú, amigo! ¡Pero yo sí, coo, creo en los, coo, fantasmas!

-¡Son cuentos para niños!

"¡Niños!".

-¡maldición, está cerrada!

-¡Déjame ver!

Coop disparó un rayo al pomo de hierro oxidado, pero acabó rebotando, obligando a ambos amigos a tirarse al suelo, mientras veían al rayo del pollo rebotar por los ventanales y las filas de bancos de madera vieja, hasta golpear el campanario.

De repente, algo cayó desde el interior de la enorme campana grisácea, haciéndolos gritar de miedo.

-¡fantasmas!

-¡No, idiotas! ¡No soy un fantasma!

-¡Espera! ¡Tú eras el que estaba haciendo el eco escalofriante! –Roger saltó de su lugar en el suelo, acercándose a la figura en la oscuridad-. ¡Te enseñaré a asustar a la gente!

Pero en cuanto sus puños se encendieron en llamas, cortesía de Yang, sus ojos se abrieron en shock.

-¡Oye, oye! ¡La violencia es innecesaria!

Roger bajó sus puños, aunque no desactivó su técnica.

Frente a ambos chicos se hallaba una anciana paloma blanca, ataviada con ropajes de monja. En su cabeza, llevaba lo que parecía ser un sombrero multicolor.

-¿Quién es usted? –preguntó Coop, levantándose de su lugar en el suelo y colocándose junto a su amigo.

-¿y quiénes son ustedes? ¡Yo soy solo una pobre ancianita! ¡Solo estaba intentando dormir y, uh! ¡Escucho un par de voces y, oh, cuando salgo a ver, son dos jovenzuelos maleducados!

-No se ofenda, señora, no buscamos problemas –aclaró el niño ogro, sin sonar muy convincente-. Solo buscamos respuestas.

-¡Roger! ¡Apaga tu, coo, técnica!

-¿Por qué debería?

-¡La estás, coo, asustando!

A regañadientes, el otro obedeció, pero continuó en guardia. La anciana, en cambio, le sonrió al pollo en agradecimiento, mientras se quitaba su sombrero, y éste brillaba en blanco, antes de desaparecer, quedando en su lugar una antorcha en sus alas con plumas grises.

-¡Oh, pero qué tenemos aquí! ¡Un pollo educado y muy lindo! ¿No eres adorable?

Coop carraspeó, mientras soltaba una risa incómoda.

-¡Oh, pero no me he presentado! ¡Soy Blanca!

-No parece. Quiero decir, está toda gris...

Antes de que fuera capaz de reaccionar, el niño ogro recibió un fuerte bastonazo en su cara, haciéndolo chillar de sorpresa.

-¡Es mi nombre, chico tonto!

-Soy Coop. Mi amigo aquí, coo, es Roger. Estamos en una, coo, búsqueda muy importante. ¿Qué sabe sobre unas reliquias antiguas de luz y oscuridad?

-¿Reliquias? Hmm, bueno, no tengo nada así, pero creo que tengo algo parecido. ¿Querrían seguirme ustedes dos?

Ambos asintieron, mirándose entre sí con cierta desconfianza. Aunque no parecía peligrosa, había algo en esta anciana que les resultaba extraño.

La anciana sujetó un bastón en un ala, y la antorcha en la otra. Poco a poco, paso a paso, llegaron al extremo opuesto del campanario, mientras la mujer se detenía abruptamente.

-Bien, bien. ¡Aquí vamos!

Respirando profundo y tosiendo varias veces, la anciana reunió el aire en sus pulmones, antes de que, para horror de sus visitantes, arrojara la antorcha a la campana como una lanza de fuego.

Los dos niños se cubrieron los ojos por el fuerte resplandor resultante, pero se sorprendieron una vez más al no sentir ni una explosión ardiente ni olor a quemado.

-¡Ya está!

Ambos abrieron los ojos, abriendo boca y pico hasta el tope.

Frente a ellos, se materializó un lugar completamente diferente, donde al menos unos cien niños, de entre cinco y diez años, jugaban y corrían de aquí para allá, al punto de ignorarlos.

La paloma frente a ellos volvía a portar su sombrero, pero ahora éste era completamente blanco; sus plumas, como su nombre, eran blancas ahora, y su aspecto había cambiado también considerablemente, al punto de parecer unos cuarenta años más joven.

-¿Bienvenidos al Orfanato de los olvidados!

-veamos. Debo pensar con cuidado.

-¡No lo olvides! ¡Te puedo oír incluso si susurras! ¡Piensa muy bien en tu respuesta!

-¡Lo estoy intentando!

-¡AH, se me olvidaba un detalle! ¡Solo tienes tres oportunidades! ¿A qué es una oferta imperdible?

Exasperado, Dave volvió a recorrer el extraño local con la mirada, deteniéndose en el cascanueces de la entrada.

-¿Vende antigüedades?

-¡Ésa no es una respuesta, es una redundancia! ¿Qué vende un viejo? ¿cosas viejas?

-¡OK, ya lo entendí!

Agradeciendo silenciosamente porque su primera respuesta no fuera tomada en cuenta, y que aún conservara tres oportunidades, el chico tocón decidió sentarse en el frío suelo y meditar profundamente.

Pasaron las horas: frente a su cara, colgado sobre un aparador, un reloj cucú oxidado salió una vez y cantó las dos de la tarde. Para su consternación, comenzó a salir con más frecuencia cada vez, hasta que parecieron pasar unas doce horas. Sin embargo, por extraño que parezca, no sintió hambre o sed.

-¡Oh, detesto ese sonido!

El pequeño anciano reapareció, sonriendo y dispersando varios objetos familiares en el mesón blanco: un juego de cartas, una sopa de letras y varios juegos de ajedrez en miniatura.

-¿Qué hace?

-Un viejo solitario necesita hacer algo para no aburrirse, ¿no crees?

-Uh, ¿me está ignorando?

-ya sabes que puedes irte cuando quieras. Yo solo volveré a dormir.

El anciano comenzó a roncar de la nada, y Dave se asustó de golpe, descubriendo que las puertas se cerraban y que el reloj cucú de la pared se detenía justo antes de dar las dos de la tarde... ¿Eh? ¿Cómo?

-Un momento, ¿Ya pasó todo un día?

-¡Oh, gracias por eso! Chico, si vuelvo a dormirme por más de cinco minutos con alguien como tú por aquí, ¡las cosas podrían ponerse feas!

-¿No puede tomarse alguna leche tibia o algo para despertarse? ¿O mirar la televisión?

-¿Televisión? ¿Qué es eso?

-¿Radio? ¿tocadiscos?

-¡Oh, no esas horribles máquinas de metal! ¡ya decía yo que no hay peor cosa que esas máquinas de pesadilla! ¿Un libro o un juego de mesa, nada más!

-Oh, rayos. Estoy atrapado con un anciano de la época de los cavernícolas y ni siquiera puedo concentrarme.

-¿cavernícolas? ¿Por quién me tomas? ¡No soy tan viejo!

-Bueno, no es por nada, pero ¿cuántos años tiene?

-Uh, dejé de contar cuando llegué a los trescientos cuarenta y dos.

-¿Qué? ¿Cómo es posible que alguien viva tanto?

-¿Fácil! Cuando los clientes aparecen cada algunos siglos, ¡en realidad en este lugar solo han pasado uno o dos años!

-¡Lo tengo! ¡Usted vende juegos de mesa! ¿Es eso? ¿Acerté?

-No.

De repente, el lugar se sacudió, y Dave agradeció haber permanecido en el suelo, porque el mobiliario al completo se tambaleó, aunque todo permaneció en su sitio. Una vez el temblor hubo acabado, Dave se encontró mirando con los ojos bien abiertos a los ventanales. Afuera, un blanco puro había reemplazado el paisaje exterior.

-¿Qué acaba de pasar? ¿Rompí alguna regla sobre juegos de mesa mágicos o algo?

-No, es el juego del huevo del destino o de la fortuna: tres soles por tres lunas; apaga las velas, una a una; pero ¡ten cuidado con la espuma! Si tres se vuelven ninguna, ¡acompañarás por siempre a la tortuga!

-No entendí nada.

-Perdiste la primera oportunidad. A partir de ahora, nos iremos alejando cada vez más de lo que llamas la realidad. ¡Ten cuidado! ¡la segunda vez podrías quedar asombrado!

Dave estaba, en todo caso, aterrorizado. ¡Tenía que salir de aquel lugar pronto!

-¡Oiga, eso no es justo! ¿Nunca dijo nada sobre quedar atrapado aquí por siempre!

-¡Oh, por la Tortuga Celestial! ¿Es que nadie presta atención a mis acertijos?

-Un segundo. ¿Vende acertijos?

Para crédito del anciano extravagante, Dave quedó asombrado tanto o más de lo que imaginó posible, ya que la cerradura de la entrada, inútil a su llegada, acababa de girar media vuelta.

-¡Yo y mi bocota! En fin, joven, tienes razón en una cosa: soy un hombre de acertijos y rompecabezas.

-Y de trucos también –dijo en voz alta, ignorando el leve gruñido del anciano.

-¡Pero sigues lejos de la salida! ¡Dos lunas hasta tu caída!

-¡Eh, espere un momento! ¡Usted no es un amable ancianito, es un villano!

-¡Soy un comerciante!

Dave apretó sus puños junto con sus dientes, pero se obligó a morderse la lengua. Sabía que tenía pocas posibilidades contra un viejo mago o brujo, o lo que este anciano diminuto fuera; de cualquier modo, parecía que solo el ingenio podría sacarlo del apuro.

-Bueno, dos lunas, ¿dijo? Se refiere a las dos que hay en el cielo ahora, ¿verdad?

-¡Era una metáfora! Espera, ¿dos lunas?

-Sí, un amigo mío voló, literalmente, una y bueno, ahora son dos...

-¡Ah, volví a ganar! –exclamó el anciano, sobresaltándolo-. ¡Soy el mejor en el solitario! Disculpa, ¿qué dijiste?

-Oh, olvídelo.

Pocas horas más tarde, y a punto de caer dormido él mismo, se le ocurrió otra posible respuesta.

-Eh, no estoy del todo seguro... –su tartamudeo distrajo al dueño, que iba ya por su noveno juego de ajedrez sobre el mesón de la recepción-. ¿Magia?

El cerrojo a su espalda pareció debatirse, girando en una y otra direcciones varias veces, pero acabó por volver al inicio, y el chico tocón se estremeció por el miedo.

-¡Oh, sigue participando! Te aconsejaría tocar madera por suerte, pero como estás hecho de madera, supongo que ni siquiera eso podría ayudarte. ¡Ja, ja! ¿entendiste?

-¡No me estoy riendo!

El anciano solo continuó riendo, comenzando una ronda de póker con un oponente imaginario.

-¡Es mi última oportunidad! ¡Lo tengo en la punta de la lengua!

El otro lo ignoró, y pasaron al menos otros cuarenta minutos.

-¡Lo tengo! ¡Es usted un estafador!

-¿Oh? ¿Crees que vendo engaños a la gente ingenua como tú? ¿Ésa es tu respuesta?

-Oh, en realidad... –Dave esbozó una pequeña sonrisa, confiado, esperando que la suerte lo ayudara justo ahora-: ¡Ya lo sé! ¡Es usted un completo embustero!

Entre desconcertado y furioso, el anciano disolvió sus juegos en polvo, saltando del mostrador y comenzando a correr hacia el chico, que empezó a temblar en pánico.

-¿Cómo te atreves? ¿Será mejor que me des la respuesta correcta pronto o yo... o yo te...!

-¡De hecho, no vende usted nada! ¿Sabe cómo lo sé? ¡Porque me dio todo el tiempo del mundo! Pero ¿sabe qué? ¿Nadie puede vender ni regalar tiempo, solo utilizarlo! Incluso si es un mago, es uno pésimo.

En medio de su arrebato, el anciano detuvo su carrera, resollando y abriendo repentinamente sus pequeños ojos con terror.

-¡Sí! ¡he acertado! ¿Verdad?

El lugar volvió a sacudirse, y el cerrojo en las puertas pegó un chillido de dolor, antes de girar completamente y romperse en pedazos. Sin embargo, las puertas permanecieron cerradas, aunque solo en apariencia.

-Oh, felicidades. ¿Sabes cuándo fue la última vez que alguien respondió correctamente mi acertijo? ¡hace doscientos cincuenta años!

-¡Oh! Hmm, ¿y cuál es mi premio? Porque no me trago eso de que mi conocimiento es mi premio.

-Ahora, ahora, viene lo realmente interesante. No te pasará nada si respondes mal, porque no hay una respuesta incorrecta en este punto.

-¿Eh? ¿otra adivinanza?

-Tengo lo que nadie más tiene: te puedo dar algo que necesites y que nadie más puede ofrecerte. ¿oro? ¿Un imperio? ¿Poder? ¡Lo que quieras! Pero ten cuidado, sólo puede ser una cosa, y nada más que una.

-A ver... Bueno, cualquiera querría tener poder... quiero decir, cualquiera menos yo. Uh, no quiero un imperio, gracias. ¿Poderes? Soy un aprendiz woo-foo, muchas gracias.

-Bien, sigue pensando. ¿ya puedo volver a mis cartas? ¡Tenía un as!

Dave volvió a sentarse, y cinco minutos después, sonrió con la respuesta en sus labios.

-¿ya sé lo que quiero! ¡Necesito encontrar a Yin y Yang, mis mejores amigos!

-Hmm, ¿y cómo pretendes hacer eso?

-Eh, esto... ¿no puede decirme adónde están ahora?

-Puedo hacer eso. Pero ¿estás seguro que no quieres nada más? ¿Algo más... trascendental?

-¿Está tratando de engatusarme de nuevo?

-Soy un comerciante, no un santo. No puedo evitar regatear si eres demasiado ingenuo para tu propio bien.

-Buen punto.

-Así que, dime, jovencito, ¿qué quieres?

-¡ya lo tengo! ¡necesito un mapa del mundo entero!

-¡Oh, interesante pedido! ¡Sale un mapa mundial personalizado a color para ti!

De repente, el extraño anciano tortuga hizo rodar el huevo dorado por el mostrador, hasta tenerlo justo frente a su pequeña figura. Dave se acercó para verlo más de cerca, y descubrió más detalles: por ejemplo, el huevo era casi tan grande como el mago, además de que tenía una intrincada serie de dibujos en un lado, que no supo cómo interpretar.

-¡Oh, huevo del destino, aquí hay un adivino! ¡El mundo es tu tesoro, quiero observarlo todo!

De pronto, con una fuerza propia, el anciano pateó el huevo brillante hacia el techo, donde flotó y comenzó a brillar con aún más intensidad, hasta romperse en dos con un estallido.

Cuando volvió a abrir los ojos, el niño se encontró mirando una especie de pergamino verde, pero cuando lo abrió, se decepcionó al encontrarlo vacío.

-¿Qué es esto, una baratija?

-¡Oh, no! ¡Es un mapa mágico! ¡Solo piensa en un lugar y verás lo que pueda tu mirada mirar! ¡Uh! ¡Se me están acabando las buenas rimas!

El anciano volvía a equilibrarse con la ayuda del huevo dorado, cuyo brillo había disminuido considerablemente.

-¡Oh, claro! Veamos... ¿Cómo está mi familia?

Al instante, sus ojos se abrieron por el asombro: el pedazo de papel se iluminó, mostrando un bosque conocido desde arriba, señalando varios puntos marrones que se movían.

-¿Dónde están mis padres y mi hermano mayor? ¡Oh, allí están!

Bajo cada uno de los puntos en movimiento, se destacó el nombre de la persona: los que pertenecían a sus padres brillaron como los demás, y Dave los vio buscando algo en la cocina. Su hermano mayor, por otra parte, estaba rebotando sus pies de raíz en su habitación, aparentemente escuchando música en sus auriculares.

-¡Oye, ahora son más grandes!

-Bueno, es mágico, uh.

-¡Hey, lo tengo! ¡Mapa, mapita, muéstrame dónde están Yin y Yang!

El mapa parpadeó por un segundo, y la imagen cambió a la parte más externa del centro comercial. Dos puntos que se movían lentamente se destacaron en su superficie, uno en azul y el otro en rosa.

-¡Uh, qué alivio! ¡Todavía siguen en la ciudad! ¡Gracias, gracias!

-Si ya terminaste de verificar la calidad de tu producto, supongo que no tienes nada más que hacer aquí. ¡Ten un buen día!

El diminuto anciano tortuga saltó de regreso al mostrador, y Dave estaba a punto de despedirse, cuando algo en el local llamó su atención de repente.

-Hmm, no es por nada, pero ¿puedo preguntar qué es todo el asunto del cascanueces allí?

-¿Eso? ¡Oh, nada de lo que debas preocuparte! Ejem... –pareció nervioso de golpe, y carraspeó, antes de agregar-: En realidad, si tanto te interesa saberlo, fue mi último cliente antes que tú.

-¿¡Qué!?

-¿Ah, sí! ¡Una niña tan maleducada y fanfarrona! Pero le cerré esa bocota impertinente suya en seguida... Aunque bueno, no del todo, ¿no crees? ¡Porque vuelve a abrirla para mí cada cincuenta años! ¡Dos veces ya!

-Un segundo. ¿Dos veces? Y dijo que lo despierta una vez cada cincuenta años, ¿verdad? A ver...

Dave abrió los ojos en completo shock, sintiendo cómo el oxígeno en todo su cuerpo lo abandonaba.

-¿Qué te pasa? ¡Es como si eso te hubiera afectado!

En cuanto sintió que era capaz de respirar de nuevo, el miedo dio paso a la furia.

-Déjeme ver si entendí. ¿Tiene atrapada a una víctima de sus sucios juegos mentales aquí desde hace cien años? –su voz repentinamente más baja pareció poner a su anfitrión aún más nervioso-. ¿Cómo se atreve?

-¡Son las reglas! –el anciano pareció perder finalmente la poca paciencia que le quedaba-. ¡desperdicias tu oportunidad, calla por la eternidad!

-Entonces, ¿por qué está así? ¿Por qué parece haberse convertido en otro artículo de su tienda?

Dave comenzó a caminar, lenta pero seguramente, hacia el mostrador, tratando de parecer intimidante, sintiendo el sudor en sus manos contra el pergamino.

-Bueno, jeje, podría, ejem, haberme quedado dormido demasiado rápidamente. Incluso con una orquesta sinfónica por aquí, despertarme sin el huevo mágico resulta prácticamente imposible. Supongo... que no pudo soportar el poder de este lugar y, bueno, ahí tienes el resultado.

-¿Envejeció hasta quedar convertida en ese cascanueces?

-¡No! ¡Rompió mi jarrón favorito intentando escapar! Me hubiera contentado con dejarla en paz, dejando que el poder de mi pequeño y humilde negocio la convirtiera en polvo, pero ¡por el caparazón de mi abuelita, esa chica era insoportable! ¡no tuve más opción que castigarla por sus fechorías!

-¡Libérela! ¿Ahora!

Sin saber cómo, Dave creció en tamaño hasta quedar a la altura del hombrecillo y, antes de que pudiera reaccionar para hechizarlo, el chico lo sujetó por su torso, mirándolo con fuego en sus ojos.

-¡No lo haré! ¡Mi negocio, mis reglas! ¡Como intentes hacer algo gracioso, me encargaré de que tu dulce premio regrese al interior del huevo! ¡O mejor aún, me lo quedaré como recuerdo para vender en próximos remates!

-¡No puede hacer eso!

Dave intentó usar sus poderes, pero aislado del exterior por la magia de aquel lugar, se sintió débil de repente, soltando al hombrecillo sin ceremonias

-¡No lo entiende! ¡Mis amigos y yo estamos en una misión muy importante! ¡necesito ese mapa!

-¡entonces solo márchate! Quizás entonces pueda volver a dormir, y me olvide de tu patética cara infantil.

Dave comenzó a retroceder, mientras sentía cómo un fuerte mareo asaltaba sus sentidos, dejándolo de rodillas en el suelo. El lugar dio vueltas a su alrededor, y fue una suerte improbable que pudiera sujetarse de un estante cercano, mientras su mano restante apretaba su agarre sobre el pergamino.

La sed y el hambre lo golpearon con la fuerza de un tren, y sus ojos y boca se abrieron en pura conmoción. Cuando volvió a fijar su mirada iracunda en el diminuto anciano, excusa de un estafador, descubrió con terror que aquel le sonreía con alegría.

-¡Oh, creo que podrías verte obligado a negociar tu supervivencia, muchacho! Ten cuidado, como vuelvas a intentar algo divertido de nuevo, acompañarás al cascanueces.

-¿Sabe qué? ¡usted gana! –se reincorporó con cautela, derrotado-. ¡No quiero morir aquí, convertido en una baratija de su local!

-Bien dicho. Entonces, ¿qué te parece esta oferta? Dame ese pergamino, que además te he dado gratis, y podrás irte. Olvidaremos que todo esto ocurrió.

Lo que ocurrió a continuación fue tan rápido que Dave no pudo pensar en sus acciones antes de actuar. Simplemente, y mientras veía desvanecerse la arrogante sonrisa del anciano, para convertirse en una expresión horrorizada, apretó el pergamino entre sus manos sudorosas, fingiendo romperlo.

-¿Qué tal esto? ¡Puede quedarse con el mapa, pero creo que a mitad de precio!

-¡Noooooooooo! ¡No hagas eso! –Anonadado, Dave vio cómo el patético estafador se arrojaba a sus pies, suplicando entre sollozos-. ¡Por favor, no! ¿Llévatelo! ¡está bien!

-¡Oh, en serio?

-l-las re-reglas dicen... dicen que si el visitante adivina correctamente y saca su premio, el anfitrión no puede reclamarlo sin recibir el producto completo. Por favor, déjalo o llévatelo, pero ¡en una sola pieza!

-Oh, ¿y si me niego?

-¡Está bien! ¿Qué quieres? ¿Un descuento? ¡Un cupón para volver en cinco años? ¡Un segundo premio? ¡Lo que sea!

-sólo una cosa. Deje ir a su clienta anterior.

-¿Uh, bien!

Murmurando alguna clase de hechizo en voz demasiado baja para que el chico lo escuchara, el malhumorado anfitrión arrojó el huevo mágico, nuevamente envuelto en un resplandor de poder, que voló frente al chico, hasta chocar, en un abrir y cerrar de ojos, con el cascanueces, provocando un estallido de energía deslumbrante.

Una vez que estuvo seguro de que el resplandor se hubo disipado lo suficiente, Dave reabrió sus ojos, y la sensación que había experimentado minutos antes volvió a asaltar sus sentidos, robándole el aire una vez más.

El espeluznante cascanueces había desaparecido, y en su lugar ahora se hallaba parada una zorra preadolescente, probablemente de su misma edad, vestida al estilo del 1900. Sus vestimentas, como las de un escalador, resaltaban sus atrevidos ojos verdes, brillaban con nueva vida en su rostro; además tenía un pelaje azul y blanco en las orejas y cabeza.

-¿Qué pasó? Lo último que recuerdo es a ese viejo cascarrabias gritándome por romper su estúpido jarrón. ¡Eh, tú! –sus ojos se entrecerraron en dirección al nervioso tocón a un par de metros frente a ella, con una mezcla de curiosidad y sospecha-. ¿Quién eres?

-¡Hola! ¡Soy Dave!

-Casandra es el nombre.

La chica se acercó tentativamente hasta su posición en el frente del local, repentinamente tímida.

-Espera un segundo, ¿qué estás haciendo aquí?

-¡Ese chico tonto arruinó mi negocio! ¿Y salvó tu insignificante vida, niña maleducada!

Ambos niños entrecerraron los ojos hacia el extravagante dueño, compartiendo la molestia por aquel estafador.

-Eh, bueno... vine aquí buscando hallar alguna clase de ayuda... Entonces, este tipo me lanzó este raro acertijo, y ¡mira! ¡Me gané esto!

-¿Un pañuelo gigante?

-¿No! ¿Un mapa mágico!

-¡oh! –ella se rio con nerviosismo, rascándose detrás de las orejas-. Felicidades, supongo. Yo no pude descifrarlo, y bueno, pues... ¡Ouch! ¿Qué tan frustrante es no poder recordar algo importante? Mi memoria está en blanco a partir de ahí. Rayos, es como si hubiera cerrado los ojos y, ¡zas! Aquí estoy de nuevo, sin saber muy bien de qué vienen todas estas rimas sin sentido.

-¡Lo mismo digo!

-¿Sabes qué? Originalmente había venido aquí por algo importante, pero, por alguna razón, ya no lo recuerdo.

-Eh, ¿qué tal si salimos de aquí? Mis amigos se deben estar preguntando dónde estoy, jeje.

-¿Sabes qué? Eso me gustaría.

-¿No tan rápido! ¿Tú, niña insolente! ¡Devuelve eso! ¡Ahora!

-¿Eh? ¿Qué cosa?

Casandra abrió sus ojos como platos, descubriendo solo entonces que había un objeto extraño en uno de los bolsillos de sus pantalones verdes.

-¿Qué es esto? ¿Un huevo de pascua?

-Te lo dije, amigo. Llegaste tarde para la temporada de este año –se rió Dave, aunque comenzaba a sentirse abrumado.

Su anfitrión ahora los observaba con auténtico enojo. Sus ojos habían comenzado a brillar en rojo, y ambos dieron un salto en sus lugares, estremeciéndose de miedo ante los repentinos temblores que asaltaron el local de la nada.

-¡Ése es mi huevo mágico! ¡Cómprense el suyo!

-¿Qué, quieres esto? ¡Muy bien, tómalo!

Sin parecer intimidada ante el evidente ataque de furioso poder del anciano, Casandra le lanzó el huevo dorado a la velocidad de la luz, y los ojos de su nuevo amigo se abrieron en shock.

-¿Estás loca? ¡Va a matarnos!

Pero, para el asombro de ambos, el huevo silenció al anciano, rebotando en su cabeza y tirándolo al suelo. Sin embargo, incluso cuando éste pareció desinflarse, y el huevo hubo vuelto cual un bumerán a manos de la desconcertada niña zorro, el local no dejó de sacudirse, es más, los temblores eran tan violentos que los estantes acabaron por desprenderse de las paredes, volando por todas partes como aviones de papel muy, muy pesados y peligrosos.

-¡Cuidado!

Casandra tomó al niño de madera por su mano libre, arrastrándolo debajo del enorme mostrador de mármol, pero sus caras volvieron a perder el color una vez más, al observar que incluso éste se sacudía, peligrando con caérseles encima.

-¡No quiero morir!

-¿No seas un bebé! ¡Oye, mira! ¡La salida está por ahí!

-¿Qué?

Sin esperarlo, ella salió de debajo de su escondite, obligándolo a seguirla en medio del caos.

Emitiendo su último cucú, el reloj de la pared cayó a centímetros de Dave, como si gritando una advertencia para que se apurara.

-Espero ese reloj cucú no haya sido otro cliente desafortunado –se lamentó.

-Esperemos que no. ¡Apresúrate!

Ambos corrieron hasta detenerse en las puertas, pero por más que intentó, la zorra no fue capaz de hacer que el resto de la manija oxidada se moviera.

-¡Lo tengo! ¡Puños de poder!

Sin embargo, en lugar de hacer que sus manos crecieran en tamaño, una serie de ramas gigantes salieron de su cabeza, atravesando la parte superior de la puerta izquierda, aunque sin conseguir abrirla por completo.

-¿Ay! ¡Eso duele!

-¡Gracias!

Casandra saltó primero, siendo seguida rápidamente por Dave, y ambos corrieron con todas sus fuerzas lejos de allí, antes de que una última onda de temblores los arrojara por el suelo.

-Bueno, estamos vivos, ¿no? ¡Y sigo en una sola pieza! ¡Urra!

Sin embargo, Dave detuvo repentinamente su celebración, descubriendo que, para su desgracia, lo habían partido a la mitad.

-Bueno, en dos piezas, pero es lo mismo –dijo su nueva amiga, reacomodándolo con cautela.

Al darse la vuelta, sus ojos parpadearon, encontrándose con una tienda abandonada en el lugar del local, con un pozo gigantesco a pocos metros de la entrada.

Un cartel de neón acababa de aparecer en la parte superior, anunciando: "CERRADO POR RENOVACIÓN".

-Genial. Recuérdame no volver a pisar ese lugar nunca.

-Está bien. Jeje, ahora la pregunta es, ¿cómo vuelvo a unirme?

-Oh, buena pregunta. ¡Ah, lo tengo! ¡El huevo mágico!

-¿El huevo mágico? Hmm, ¿qué clase de magia sale de un huevo de pascua?

-Es curioso. Recuerdo que incluso cuando intenté resolver esa adivinanza, ese anciano amargado tenía este raro huevo en su poder.

-¿En serio? ¿Y por qué ahora es de color marrón?

-¿Sí! ¡Chocolate! ¡Amo el chocolate!

Pero cuando la chica mordió el huevo, chilló de dolor, escupiendo un diente con furia.

-¡Oye, ése diente no era de leche! ¡Uh, sabe a rayos! ¿Qué clase de idiota hace un huevo de chocolate con sabor a piedras y estiércol?

-A menos que haya sido alguna clase de piedra mágica antes de tomar la apariencia de un huevo de pascua.

-Solo espero que siga siendo mágica. Probemos esto.

Ella hizo rebotar el huevo como una pelota de básquetbol, pero nada cambió. Frustrada, le dio una fuerte patada, rebotando contra varios árboles en la distancia, golpeando un semáforo en desuso y terminando en un banco de cemento al otro lado de la calle, donde se escuchó un fuerte chasquido.

-¿vamos!

Olvidándose de la actual condición del chico, Casandra lo arrastró con fuerza, quedándose con su parte superior en una mano.

-Tronco en dos partes, ¿recuerdas?

-¡Lo siento!

Ella simplemente recogió su otra mitad en la otra mano, y salieron corriendo. Ni veinte segundos más tarde, se hallaban mirando tres pedazos de concreto partidos perfectamente. Dejando al tocón en dos partes cuidadosamente en el suelo, Casandra se apresuró a buscar el huevo, que se hallaba partido en dos partes perfectamente simétricas debajo del banco roto.

-¡Bingo! ¡pegamento!

-¿Qué soy, un juguete roto? ¿Además, mira la fecha del vencimiento! ¡Esa cosa debe tener por lo menos cien años!

-Oh, veamos... para caídas desde un bombardero de la primera guerra mundial... ¿espera! ¡Dice que funciona tanto para heridas graves como para pegar madera o metal! ¡Qué maravilla!

-¡Necesito sabia curativa, no pegamento para mesas!

-¡Mira!

Entre los restos, encontraron un frasco con algo pegajoso de color marrón claro, y los ojos del tocón partido brillaron de puro deleite.

-¿Sí! ¡Sabia curativa! ¿De dónde la sacaste?

-Uh, ¿del suelo, debajo del banco?

En cuanto consiguió colocar un poco del extraño líquido pegajoso en las uniones del tocón, éste gritó de dolor, encogiéndose con un sonido de huesos reacomodándose, aunque él no tenía huesos para producir semejante sonido. Sin embargo, el alivio reemplazó al dolor, y sintió que volvía a estar en una sola pieza nuevamente.

-Oh. Asombroso.

Dave se volvió en su dirección, mientras veía a la chica recoger los dos pedazos del huevo, aún brillando, los cuales volvieron a unirse entre sí mágicamente. Una vez esto hubo sucedido, se oyó un pequeño chasquido desde su interior, antes de que el leve resplandor lo abandonara definitivamente.

-Definitivamente me quedaré con este bebé –dijo ella, sonriendo.

A una cuadra de allí, Lina estaba enfrascada en sus propios descubrimientos.

¿Quién diría que tocar un timbre podría cambiar su vida?

Tras el cuarto timbreo sin respuesta, estaba a punto de abandonar, cuando alguien abrió la puerta, y cuando se volvió para preguntar, su boca cayó hasta tocar el piso.

-Disculpe, ¿sabe cómo se llama esta...?

-¿Lina?

La oración de la perrita lavanda quedó a la mitad, ante la persona inesperada que acababa de abrirle la puerta.

-¿P-papá? ¿Qué estás haciendo aquí?

-Iba a preguntarte lo mismo.

-¡Rodolfo! ¿Quién es?

-¡Oh, no! ¡Entra, entra!

Lina ingresó sin otra indicación, y la puerta se cerró a sus espaldas.

El interior de la casa la recibió con un fuerte holor a desinfectante y medicamentos.

-¡Hijo! ¿Cuántas veces te he dicho que no le abras la puerta a extraños?

La voz procedía de un oso anciano, sentado en un enorme sillón marrón en la esquina más apartada de una sala de estar que parecía estar al borde de desintegrarse en polvo.

-Papá, ¿qué está pasando? ¿Quién es este tipo?

-¡Padre! ¿Ella no es una extraña! ¡es tu nieta!

Lina recibió su respuesta, incluso si no iba dirigida a ella.

-¿Qué?

Tanto nieta como supuesto abuelo exclamaron al unísono, aunque por diferentes razones.

-¿Tengo un abuelo?

-¡ja! ¡Imposible! ¡Yo no tengo nietos!

-¿Qué dices? –el padre de Lina parecía al borde de perder la paciencia.

-¡Ni siquiera tengo hijos! ¿Quién eres tú?

Tanto hija como padre parecieron desinflarse al unísono ante tal reacción.

-Ya regreso con tu té. No te muevas.

El oso de mediana edad tironeó de la manga de su hija, y ella lo siguió en silencio hasta una cocina destartalada, donde el holor a humedad y platos sucios la hizo retroceder.

-¿por qué nunca me dijiste que tenía un abuelo?

-¡No podía! ¡Es... es complicado!

-¿Cómo es complicado? ¿Qué tan complicado es decirme que tengo más familia? ¡Por el amor del Foo, papá! ¡Hasta un minuto atrás, eras la única familia que sabía que tenía!

-¿Todo es tu culpa, Rodolfo! –exclamó la ronca y malhumorada voz del oso anciano desde su sillón en la sala contigua-. ¡Si no fuera por tu estupidez, Sara no te habría dejado!

Aunque cubrió las orejas de su hija un instante después, descubrió, horrorizado, que fue un segundo demasiado tarde.

-¿Quién es Sara? ¿Acaso...?

-¡Padre! ¡Deja de gritar! ¡vas a despertar a los vecinos!

Corriendo hasta la sala de estar, el otro oso sirvió la taza de té hirviendo, golpeándola sobre la mesa con más fuerza de la necesaria. El líquido caliente salpicó al anciano, que chilló de dolor e indignación.

-¿Cómo te atreves? ¡Qué hijo más inútil tengo!

-¿Y te preguntas por qué nunca te mencioné a tu abuelo?

-Oh.

-Al menos Sara tuvo la decencia de dejarme a tu hija, ¡gran alcornoque!

-¿Qué? Papá, ¿está hablando de mamá?

-¡Eso es mentira, y lo sabes! –estalló el otro hombre, y Lina tuvo que hacerse a un lado, de pronto temerosa de la pelea que se estaba desarrollando frente a sus ojos-. ¡nunca te hubiera permitido cuidar a mi pequeña, viejo demente!

-¿Qué hubieras hecho tú? ¿Llevártela al campo, al rancho de tu madre? ¿Qué vergüenza!

-¡Eso fue exactamente lo que hice! ¡Uh, estoy gastando saliva!

-Un momento. ¿Dijiste demente?

Repentinamente, ambos osos mayores detuvieron su discusión sin sentido, observando a la perrita correr a la cocina.

-¡ten cuidado con la paba, hija! ¡Podrías quemarte!

-¡No dejes que esa chiquilla toque mis cosas!

Un par de bofetadas se escucharon desde el comedor, pero Lina solo podía escuchar los rápidos latidos de su corazón en su pecho.

Dos minutos después, aunque algo hehco a medias, regresaba a la sala, con una nueva taza de té, el cual le empujó al anciano en su cara.

-¿Qué es esto?

-¡Es té para tu memoria!

-¡No estoy desmemoriado!

-¡Solo bébelo, viejo!

A regañadientes, el anciano obedeció, escupiéndolo tras el primer sorbo.

-¡esta cosa sabe horrible! ¡Y no tiene azúcar!

Harto de los arrebatos de su viejo padre, Rodolfo sujetó a su progenitor por su enorme mentón, empujándole la taza directamente en el gaznate, obligándolo a tomarse la infusión entera de un trago.

-¿Eso no podría matarlo?

-Sería un alivio.

-¡Papá!

-¿Qué se supone que hace este té, de todos modos?

-¡Santa miel de mi vida! ¿por la Osa Mayor!

Antes de que cualquiera pudiera reaccionar, el anciano se derrumbó sobre el sillón, con los ojos abiertos como platos.

-¡Respira, maldita seeea, respira!

Padre e hija se turnaron para aplicarle su versión de reanimación rápida: es decir una buena salda de golpes al pecho y a la espalda. Cinco minutos después, ellos también se derrumbaron, comenzando a llorar a mares sobre la alfombra descascarada.

-¡Era mi abuelo!

-¡era solo un viejo mañoso!

-¡Solo llegué a conocerlo por dos minutos!

-¡Me torturó por cincuenta años!

-¿No merecía morir así!

-¡No, debería haber cobrado ese seguro primero!

Finalmente, los sollozos de amos coincidieron, pero se detuvieron de súbito al escuchar una serie de toses entre risas ahogadas.

-¿Abuelo?

-¿Padre?

-¡Deberían haber visto sus caras!

Una sonora bofetada atravesó el incómodo silencio, rompiéndolo en cuestión de milisegundos.

-¿Ouch! ¿por qué fue eso?

Ambos, hijo y nieta, le clavaron dagas con sus ojos.

-¡Bien, bien! ¡Ah, nada como que tu vida entera pase ante tus ojos a la velocidad de un tren de carga!

-Entonces, ¿qué estabas murmurando antes sobre mamá?

-¿Por dónde debería comenzar?

-Waw. ¿y estos niños?

Tanto Roger como Coop suavizaron sus miradas, enternecidos por el espectáculo ante ellos.

-¡Cuántos, coo, niños!

-Eh, pues... –Roger carraspeó, aunque sonrió levemente.

-¡Señorita Blanca, mírame! ¡Puedo saltar dos metros en el aire! –gritó un conejo pastel que no tendría cuatro años.

-¡Mírame, señorita Blanca! ¡Mis burbujas de jabón son enormes ahora!

-¡Señorita Blanca, las mías son más grandes!

Eran dos lobos diminutos, quizás de seis o siete años, al parecer gemelos.

-¡Señorita Blanca, volvieron a empujarme! ¡Son malos!

-¡Señorita Blanca! ¡Señorita Blanca! ¡Señorita Blanca!

Un grupo de lo que parecían abejas en sus primeros meses de vida comenzaron a llorar, hasta que la misma cuidadora elevó el nuevo bastón en su mano, el cual brilló para convertirse en un enorme bastón de caramelo, luego en un gusano de caramelo gigante, que comenzó a volar suavemente por el techo, cambiando con éxito cada mirada malhumorada, sollozo o griterío, ya que todo el mundo, incluidos los nuevos visitantes, se echaron a reír por la sorpresa, mientras la abnegada cuidadora sonreía levemente.

-¿Roger? ¿Coop? –una voz diferente detuvo sus risas, haciéndolos voltearse en su dirección-. ¿Maestros Yin y Yang están bien? ¿Por qué no están dando las clases? ¿Están enfermos?

-¿Coo, Lila?

-¿Qué estás haciendo aquí? ¿Dónde está tu hermano?

-Trabajando. Aburrido, uh. Pero bueno, desde que me contaron sobre la triste infancia de los maestros, ¡no pude resistirme y tuve que ver este lugar por mí misma!

-Querida, ¿me darías una mano? El té con miel de Lazlo volvió a derramarse otra vez. ¿Puedes traerme una toalla?

-¡A la orden, señorita Blanca!

Lila corrió a toda velocidad, esquivando ágilmente cada mueble, niño y juego de la enorme sala, saltando para llegar a un almacén trasero. Dos segundos después, traía algunas toallas. A la nueva orden de la mujer, la perrita saltó una vez más, llegando a la cocina y regresando un minuto más tarde con una nueva taza de té recién preparado para el yacaré de dos o tres años de la esquina, cuyo llanto sacudía una parte del suelo y la pared donde estaba sentado. En el instante que la cuidadora lo limió y sirvió el nuevo té, el niño dejó de llorar, sonriendo bajo la mirada maternal de la paloma.

-¿Qué, ahora cuidas niños huérfanos en tu tiempo libre? Vaya manera de pasar el rato –señaló el niño ogro, acariciando su cuerno con curiosidad-. ¡Hey! ¡Deja mi cuerno en paz!

Dos lobos infantiles se arrojaron sobre el ogro desprevenido, sujetándolo por el cuerno, usándolo como alguna clase de juguete.

-¡Basta! ¿Van a romperlo! ¡S-solo tengo uno!

-¿Pero es divertido! ¡eres el único que tiene un cuerno en la cabeza! ¡es taaaan asombroso!

Ante las súplicas de ambos niños, Roger finalmente cedió, con la condición de que no lo usaran como su amaca personal, permitiéndoles tocar su cuerno con cautela.

-¡Ogro fuerte! ¡Héroe del pantano! ¡Sí!

Casi la mitad del orfanato lo rodeó, de modo que el ogro no tuvo más remedio que entretenerlos. Mientras tanto, Coop caminó hasta detenerse junto a algunos polluelos, que parecían tristes.

-¿Está todo bien por aquí, niños?

-¡mamá se fue! ¡Estamos perdidos! –soltó uno de ellos.

Coop se suavizó, sentándose junto al pequeño con los ojos vidriosos. Calculó que no podría tener seis años.

-Estoy, coo, seguro de que, coo, dondequiera que su mamá esté, niños, ella los mira. Ella, coo, está sonriendo ahora mismo y, ¡Coo, piensa que todos son tan adorables! Y que, cuando sean grandes, sean felices. ¿Está bien? También he sido un polluelo como ustedes alguna vez.

-¿Tu mamá también se fue? –preguntó otro de los niños, mientras el pollo mayor los miraba a los ojos uno a uno.

-Eh, no. Pero ¿saben qué? Mi papá hace mucho que, coo, bueno, se fue. Allá arriba, al cielo de todas las aves. –El grupo asintió en silencio colectivamente, como intentando hacerse una idea-. Sé que es duro, pero me dijeron... me dijeron que, sin importar lo que pase, él querría que yo fuera feliz. Así que, ¿saben qué pasó?

-¿Qué?

-Bueno, conocí a algunos niños. Niños como ustedes y como yo, aunque no eran pollos. Eran dos conejos, una perrita, un ogro... –señaló con una palma abierta hacia su amigo-. Todos ellos me enseñaron una cosa: nunca estaré solos. Tengan esto, coo, siempre, coo, en sus cabecitas; su mamá estará siempre con ustedes, porque está en sus corazones de pollo.

-¡Gracias, señor Coop!

Los diez polluelos le dieron un abrazo fraternal, y el pollo mayor no pudo evitar sonreír.

-Oh, veo que los niños se están divirtiendo –dijo Blanca a su espalda-. Hmm, sin embargo, es hora de la siesta. ¿Niños' ¿Qué tal un cuento para la siesta?

-¿Sí! ¡Cuento, cuento!

-¡Bien, bien! –la paloma rió suavemente-. Ursula, ¿quieres contar tú una de tus historias?

-me pregunto cómo, coo, hace para cuidar a todos estos niños ella sola. –Se preguntó Coop para sus adentros, hasta que sus ojos se posaron en una segunda mujer, que acababa de aparecer en la sala-. ¡Oh! ¡Ahí está, coo, mi respuesta!

Coop aprovechó el momento para alejarse, reuniéndose nuevamente con un Roger drenado de casi toda su energía, que resollaba sentado en el suelo.

-Se lo daré: ¿cómo hace para cuidar a tantos niños sin caer inconsciente?

-no está sola. Mira ahí –Coop señaló el semicírculo en una esquina-. ¿Ves?

Se trataba de una tortuga anciana, con algunas canas visibles bajo su sombrero redondo de un azul chillón. A diferencia de la ppaloma, ella vestía de manera más casual, con una camisa y pantalones olgados verde bosque. No sería más alta que ambos preadolescentes, y sentada en canasta entre los niños, su figura se hacía aún más pequeña.

-Bueno, suficiente diversión por un tiempo. ¿Qué tenemos hasta ahora?

-Hmm, encontramos el antiguo orfanato de Yin y Yang. Eso es algo, ¿no?

-Sí, seguro. Pero ¿qué pasa con las dos cuidadoras? Una paloma que hace magia, que aparenta ser una anciana pero que en realidad es una ilusión, como el campanario exterior, y una tortuga anciana cuenta cuentos.

-¡Ella es genial! –dijo la aguda voz de lila, sobresaltándolos-. ¡Ahora, está contando el cuento del dragón, el gallo y el loro!

-A todo esto, ¿cómo encontraste este lugar? –Roger bocalizó la pregunta que tanto él como Coop habían querido hacerle al instante de verla-. Quiero decir, no es como si este lugar estuviera al descubierto. Uh, ¿a quién se le ocurre ocultar mágicamente un viejo orfanato en la fachada de una iglesia abandonada?

-¡A la abuela Ursula, por supuesto! –para su asombro, ella lo dijo con total naturalidad, como quien habla del clima-. Después de todo, ella fue la que fundó el orfanato.

-¿la tortuga? –Coop se detuvo, pensando en que sus palabras y su tono podrían haber sonado grosero, por lo que agregó-: ¿Te refieres, coo, a ella?

-¡Sí! –dijo ella con júbilo-. Verán, cuando le dije a mi hermano que me pasaría la tarde investigando la ubicación del orfanato donde los maestros Yin y Yang vivieron durante su infancia, él me dijo que estaba chiflada. ¿Qué sabe? En fin, como me tocaba a mí darle la medicación al abuelo Kraggler, y como se durmió un segundo después, Jack no puso demasiadas objeciones. ¿Sé defenderme de los malos! ¡Soy una guerrera Woo-Foo!

-En entrenamiento –puntualizó Coop.

-¡Uh, lo que sea! Bueno, el tío Grizzie me habló de una iglesia lúgubre y abandonada en el límite oeste de la ciudad, a un par de kilómetros de una carretera que nunca se terminó. Y me dije, ¿por qué no? ¡Podría ser una pista! La señorita Blanca me dejó pasar aquí dentro cuando empezó a oscurecer, ¡y Ursula me habló de los maestros y su estancia aquí!

-¿E-en serio? –soltaron ambos niños.

-¡Sí! Al parecer, dos tigres aparecieron un buen día de la nada, dejándoles a ambas señoritas una cuna que contenía dos conejos bebés recién nacidos. ¡Taaaaaaan lindo! Tenían algunos conocimientos en magia, por lo que, por su recomendación, protegieron el lugar y lo disfrazaron para que solo las personas de corazón e intenciones puras pudieran entrar. ¿Verdad que suena como un cuento de adas?

-Más bien, suena trágico –opinó el ogro.

-pero entonces, coo, ¿cómo sabe la gente de la existencia de, coo, este lugar?

-Eh, bueno... No lo sé. ¡Oh, pero no importa! Blanca y Ursula monitorean la ciudad entera cada semana en busca de niños abandonados para recoger y darles un hogar aquí!

-Pero ¿y si alguien quisiera adoptar a alguno de los niños?

-¡Solo dijeron que ellas saben cómo conectar a las personas destinadas a ser una familia! –Lila no pareció comprender sus preguntas del todo-. ¡Vengan! ¿No quieren escuchar el cuento?

-En realidad, tenemos cosas que hacer –dijo Roger, levantándose para irse-. Coop, creo que hemos acabado aquí. No es mucho, pero bueno, es algo.

-¡Roger! –susurró el pollo a su lado, mirándolo con desaprobación-. ¿No oíste a la niña? ¿Por qué no nos sentamos con los niños? Solo un rato, ¿sí?

Aunque el contenido de sus palabras era infantil en extremo, e incluso le sonó ridículo al ogro, se mordió la lengua, deteniendo su comentario burlón. Aunque la mirada del pollo era extrañamente seria, solo pudo asumir que estaba actuando de esta manera para complacer a Lila.

-¡Sí!

Con sorprendente fuerza, la pequeña niña los arrastró a ambos hasta el rincón, donde más niños se habían congregado para escuchar el relato de la tortuga mayor.

-¿Qué estás haciendo? No podemos perder el tiempo, Coop. Lo sé, los niños son agradables, me recuerdan a mí mismo de pequeño, pero...

-Estas personas recibieron a Yin y a Yang y los cuidaron hasta que, coo, por alguna razón, ellos salieron al mundo exterior. ¿Cuántos años pasaron aquí?

-Eh, ¿cinco años? ¿Cómo voy a saberlo?

-Tuvieron que ser por lo menos unos seis o siete. ¿Quién sabe? ¿Y escuchaste todo eso? ¿Quiénes podrían haber sido los adultos que los dejaron aquí?

Los ojos de Roger se abrieron como platos, en realización.

-¿Ti y Chay? ¡Por el pantano de mi abuela, Coop! ¿Sabes lo que eso significa?

-Significa que ellas podrían saber más cosas que ignoramos sobre nuestros amigos. Y más sobre los maestros del Maestro Yo de lo que imaginamos.

-Sólo espero que tu corazonada sea correcta.

Mientras tanto, se sumaron a la audiencia.

-Entonces, ¿quieren oír el cuento del dragón, el gallo y el loro otra vez?

-¡Sí! ¡por favor!

-¡Muy bien! Había una vez tres amigos: un dragón, un gallo y un loro. Ellos cuidaban a todos los niños del valle mágico.

-¿Cómo se llamaban? –preguntó uno de los lobos.

-Hmm, nadie lo sabe. Pero, niños, ¿qué tal si nos inventamos sus nombres? Yo tengo uno para el gallo: Claudio.

-¡Oh! ¿Puedo elegir el nombre del loro, señorita Ursula? –preguntó una pequeña coneja pastel.

-Claro, claro, Tini, puedes hacerlo. ¿Y bien? ¿Cómo se llamaba el loro?

-¡Lorenzo!

-Bien, bien. ¿Y cómo se llamaba el dragón, niños?

-¡Draniel! –dijo uno de los polluelos, obviamente intentando superar a la niña con su juego de palabras.

-Bien. Draniel, Claudio y Lorenzo, tres buenos amigos que se unieron un día como cualquier otro para proteger a los niños del valle. Su valle era tranquilo y fuerte, de modo que los árboles y las plantas crecían con abundancia, y eran lo suficientemente fuertes para defender su casa de cualquier mal. Bueno, no cualquier mal.

-¿Qué pasó, señorita Ursula?

-Sabes, me estoy empezando a dormir aquí.

-Que no vayan a oírte, se está empezando a poner, coo, bueno –susurró el pollo.

-¡llegó el mal! ¡Una horrible tormenta, que quería quedarse a vivir en el valle! Dirían que los niños no tenían quejas, pero ¡la tormenta era mentirosa! ¡no fue pacífica! ¡No, ella fue muy, muuuy mala!

La mujer hizo sonidos de rayos y de tormenta, asustando a algunos de los más pequeños.

-Lo que pasa es que la tormenta tenía un secreto: nadie la entendía. ¿Saben cuál era su juego favorito? Le gustaba desordenar todo lo que encontraba, invitando a quien quisiera a reordenar las cosas. ¡Pero la tormenta había ido demasiado lejos! Cuando destruyó un campo por accidente, ¡la tormenta fue expulsada por la gente! Repudiada, ¡la tormenta prometió venganza! –hizo más sonidos de truenos-. Así que la tormenta volvió al campo, comiéndose a cada árbol, planta, niño o adulto que encontró. Cuando llegó al valle, ya iba por su décimo plato de destrucción.

-Bueno, el cuento está bien, pero ¿qué, coo, se supone que debamos aprender de esto?

-¡no interrumpas! ¡Se está poniendo interesante! –susurró ahora su amigo ogro.

-Cuando, asustados por la destrucción de su hermoso valle, los niños corrieron a refugiarse a una cueva, la tormenta se rió con ganas. ¡iban a ser su postre! Fue cuando llegaron nuestros héroes: intentaron razonar, ¡pero la tormenta no quiso escucharlos! ¡Intentó comérselos! Claudio, el primero en atacar, usó sus plumas mágicas, ¡que podían congelar todo lo que tocaban! ¡pero la tormenta había atrapado la nieve y el hielo de los campos que ya se había comido, por lo que se comió el hielo, tragándose al pobre Claudio!

-¡noooo!

-¡Pero eso no fue todo! ¡Lorenzo retrocedió, convocando los ríos del valle! ¡El agua superaba a la tormenta! ¡pero, de nuevo, la tormenta estaba preparada! ¡se dispersó en remolinos, hasta abrazar los ríos, convirtiéndose en un ciclón gigante! ¡la tormenta se comió a Lorenzo!

-¡Noooo! ¡Eso es horrible!

-¡pero, niños, eso no era todo! ¡la tormenta todavía quería terminar su festín! Draniel, el último de sus amigos en pie, mandó un mensaje a los niños que se escondían en la cueva. Usó los fuertes vientos de la propia tormenta para mandar su voz, pidiéndoles que llamaran a su madre y primera guardiana, ¿la Madre Naturaleza! Ella, que escuchó sus voces, rodeó con sus brazos a Draniel y al resto del valle, protegiéndolos con todas sus fuerzas. Fue cuando ella le dijo la verdad a la tormenta: que los niños habían querido acogerla, de todo corazón, y que estaban dispuestos a jugar con ella.

-¿la tormenta se calmó?

-¡No, ella no quiso escuchar razones! Atacó a la Madre Naturaleza con furia, ¡intentando comérsela también! ¡pero entonces, ocurrió el milagro! Draniel absorbió los poderes de su madre, antes de lanzar un ataque final a la tormenta: ¡una flama de fuego, agua y tierra atravesó a la furiosa tormenta! ¡pero hubo una diferencia! ¿Poco a poco, la tormenta empezó a cambiar de forma! ¡se había convertido en un millón de nubes en el cielo, devolviendo el agua de los ríos y todo lo que había devorado en su vida: toda la gente, campos y demás regresaron, así como Claudio y Lorenzo. Un arco iris se dibujó en el horizonte, dicen que fue la sonrisa de la tormenta, disculpándose y dando gracias por ser finalmente aceptada. El fin.

Todos aplaudieron y se fueron a dormir.

-Tengo una pregunta, señorita –dijo Lila, llamando su atención-. Si la tormenta se transformó en nubes con ese ataque, ¿adónde fue la Madre Naturaleza? ¿Ella y la tormenta se fundieron en un abrazo de reconciliación?

-Eh, sí. Supongo que eso pasó. Nadie lo sabe.

-¡A menos que el abrazo fuera mortal! ¿Es eso?

Las expresiones de buena parte de los niños aún despiertos cambiaron de la alegría al miedo total, y Ursula tuvo que calmarlos con su suave voz.

-Eh, bueno, no lo creo. La tormenta se volvió pacífica, por lo que, algunas veces cada año, volvía al valle para jugar con los niños. La Madre Naturaleza, como forma todo lo que existe, y todo lo que existe la forma, nunca murió. Todos vivieron felices por siempre. ¡Y tortuga colorada, esta historia está terminada!

-¿Señorita Ursula? –preguntó otro niño, bostezando-. Entonces ¿se casaron? ¿la tormenta y la Madre Naturaleza?

-¡Y tuvieron una luna de miel! –dijo una niña más allá.

Poco a poco, todos los niños se durmieron, mientras Coop, Roger, Lila y las dos mujeres mayores se quedaban mirándose en silencio.

-¿Pueden venir a la cocina un momento, niños? –preguntó la tortuga, repentinamente seria-. Hay algo que debo decirles.

Mientras Blanca se quedaba en la sala, los cuatro se acomodaron en cuatro sillas a punto de desintegrarse en la cocina.

-Siempre supe que los amigos de Yin y Yang vendrían por aquí en busca de respuestas. Solo que nunca creí que fuera tan pronto.

-¿Sabe sobre el Woo-Foo? ¿Y sobre Terodárticus? –inquirió Roger, a toda velocidad.

-¿Y sobre las, coo, reliquias de poder antiguas?

-Sí. Pero supongo que la mía es información vieja.

-¡me gustó mucho el cuento, señorita Ursula! ¿Habrá otro antes de que mi hermano me venga a buscar?

-Sabes que era sólo una historia para dormir a niños de cuatro años, ¿verdad? –preguntó Roger, empezando a perder la paciencia.

-Ojalá fuera sólo un cuento, joven –lo silenció Ursula, en tono críptico-. Tengo la sensación de que la tormenta está por regresar.