Sean bienvenidos queridos lectores a un nuevo fic de mi autoría.
Tal vez algunos se estarán preguntando si esta historia será larga, por lo que ahora mismo les diré que será una mini serie. Cuántos capítulos? Ahí es donde recae la duda verdadera. Quizás se traten de ocho capítulos, o en su defecto de doce. Solo el futuro lo sabe pues no tengo nada decidido aún.
Cómo surgió esta idea? Bueno, déjenme decirles que hace unos meses, yendo de compras a un comercio de grandes dimensiones, hallé una oferta en la sección de libros. Más exactamente en la sección de terror clásico. Obviamente, como tenía dinero y ganas de leer algo bueno, terminé por comprarme varios tomos como por ejemplo: Drácula, El retrato de Dorian Grey, Dr Jekyll y Mr Hyde, Frankenstein, algunos de Poe y Lovecraft. A partir de estos libros, recordé tanto la película como los comics de "La liga de los hombres extraordinarios", lo que me causó un súbito pensamientos "Qué pasaría si yo uno esto con aquello otro?".
Por supuesto, este es el resultado. Una trama en donde trato de ahondar en lo oscuro de la época victoriana y los clásicos del terror.
En fin, sin nada más que decir, solo aclararé que no soy dueño de ningún personaje ya que todo le corresponde a su respectivo dueño.
Capítulo 1
El delgado cigarro apenas se sostenía entre los semiabiertos labios, librando una finísima voluta de humo cuyo aroma denso se adhería a las gruesas telas que componían los oscuros sacos que protegían de la lluvia al par de hombres parados bajo una farola de parpadeante luz a gas. Iluminación que nada ayudaba en ocultar al dúo, resaltando sus pálidas teces y vibrantes ojos de dispares colores entre ambos, los cuales en conjunto al rojo fulgor del tabaco lograban alejar a cuanto curioso ser intentara aproximárseles.
-Tienes que fumar justo ahora? – cuestionó uno de los hombres, mirando a cada lado de la calle pedregosa, como si tuviese miedo de las sombras mismas.
-Me has escuchado quejarme de las veces que fumas opio? – replicó mordazmente el fumador, observando con sus fulgurosos orbes verdes un callejón aledaño.
-No tendrías ninguna queja ya que hago mi trabajo después de todo- olvidando momentáneamente sus emociones trémulas, el adicto contestó con una fulminante mirada perdida.
-La absenta que bebes lo hace, tú solo eres el envase móvil- esbozando una sardónica mueca, el hombre con el cigarro dijo, viendo a lo lejos algo que llamó su atención.
Eludiendo un par de carrozas tiradas por caballos fatigados que podrían haber aplastado a mujeres o niños en un descuido, el par de caballeros de poco convencionales hábitos cruzaron la ancha calle de piedra. La brecha entre una farola hasta la otra parecía un umbral de oscuridad que absorbía toda la luz posible, siendo solo los reflejos que generaban pequeños objetos pulidos lo que delataban las presencias de aquellos que circulaban.
Una vez que las gotas de lluvia se hicieron visible de nuevo bajo la vaga iluminación amarillenta del gas en llamas, el dúo de hombres se hallaron frente a un callejón repleto de cajas hechas de madera que expelían un férreo aroma, impregnando sin falla alguna el húmedo ambiente actual e invadiendo las fosas nasales.
El ahogado sonido de un grito femenino obligó a la pareja a redireccionar sus ojos en cierta silueta borrosa que arrastraba una delgada figura de revelador vestido azulado. Sin perder segundo alguno, ambos corrieron en dicha trayectoria, desligando de sus respectivas cartucheras un par de revólveres Webley, listos para defenderse en caso de que el sujeto que tanto buscaban intentara atacarlos.
-Joder! Ya está matándola! – sintiendo la viscosidad que la sangre generaba bajo las suelas de sus zapatos, el adicto al opio maldijo en voz alta.
-Cierra la puta boca, Abberline! Esta vez no se escapará ileso! – ignorando los trozos de ropas cortados en formas irregulares que se humedecían con grandiosa velocidad bajo el diluvio londinense, aquel que esprintaba sin dejar de fumar exclamó.
-Escapar? Tan solo dispara a matar, Perverell! Ya estoy harto de jugar a las escondidas con el cabrón! – respirando pesadamente mientras continuaba con la persecución, el hombre de oscuros ojos negros como carbones alzó su arma antes de disparar.
El proyectil trazó indefectiblemente una peligrosa recta que terminó estrellándose contra una esquina, destruyendo parte del muro de ladrillos teñidos de un tinte carmesí. Apenas eran capaces de ver los fútiles movimientos de la mujer para escapar, perdiendo fuerzas cada vez que el fulgor provocado por una afilada hoja se hundía en su exuberante pecho con el propósito de destriparla con la habilidad de un eximio cirujano.
-Qué carajos fue eso?! Apuntas mejor cuando estás borracho! – sin creer el fallo en el disparo, el fumador de vibrantes orbes verdes como las llamas de un fuego griego reclamó.
-Sabes que no soy un fanático de las armas como Scotland Yard lo cree! – defendiéndose de las protestas de su compañero, Abberline volvió a alzar su revólver con el objetivo de disparar, algo que Perverell imitó.
-Pues empieza a serlo o terminarás muerto como Holmes! – con el aroma a pólvora mezclándose rápidamente con el hierro de la sangre, el humo del tabaco y la humedad de la precipitación, el fumador apreció cómo su bala acertó en la oreja derecha del asesino, obligando al susodicho a soltar a la fémina.
Incapaces de hacer algo por la ya muerta mujer, si la garganta abierta por completo al igual que su abdomen significaban algo, con un enorme rastro de sangre y vísceras desperdigadas a lo largo de varios metros como el símil de un burlesco rastro, los oficiales continuaron corriendo con la esperanza de aprisionar al culpable del crimen.
El seco golpeteo de los zapatos aún se podían oír cuando el dúo giró en una esquina, posicionando sus dominantes brazos en paralelo al suelo antes de gatillar repetidas veces a la sombría figura, consiguiendo acertarle cuatro veces más. Solo para que un segundo ruido de pasos distrajera a los oficiales el tiempo suficiente para que algo los golpeara por detrás, haciéndoles caer de bruces al suelo para así recibir patadas en la parte anterior de sus cuerpos. Siendo lo único posible de ver en la oscuridad, previo a perder la consciencia, una silueta que apenas si era visible por la lluvia.
Ninguno de los dos supo cuánto tiempo pasó realmente hasta que despertaron completamente empapados de agua y sangre, poniéndose de pie con gran dificultad debido al dolor que los aquejaba en la región torácica y abdominal, tomándoles un largo par de segundos el recomponerse como era debido para después revisar que tuviesen todas sus pertenencias.
-Qué diablos fue eso, Harrison? – el pálido adicto a los opiáceos cuestionó a su compañero, poniéndose de pie y emitiendo un ronco quejido al recibir una punzada en el hígado.
-Al parecer que el bastardo de Jack tuvo todo este tiempo un secuaz, Frederick…- escupiendo sangre a un lado, el ojiverde se limpió la boca con el dorso de la mano derecha, hallando que su nariz también había sido lastimada.
-Cabrón…al menos sé que esto fue real- tomando el camino de regreso por el cual corrieron, Abberline se topó con el desmembrado cuerpo de una ramera.
-No solo la mutilaron, sino que también violaron su cuerpo post mortem- utilizando un pañuelo para deslizar a un lado los vestigios de ropa, Perverell analizó las blancas trazas de líquido seminal que expelían el aparato reproductor femenino.
-Carajo…cómo pueden ser tan enfermos? - atinando a mantener los pocos alimentos que ingirió el día anterior, entrecortado pronunció Frederick.
-Qué te sorprendes? Al menos sabemos que Victor no es debido al pedido especial que solicitó al cuartel para usar los cadáveres de la morgue- guardando el pequeño lienzo en el bolsillo diestro del saco antes de erguirse, Harrison tomó la delantera para salir del sinuoso callejón.
-Claro, como si el sujeto con complejo de dios me pusiera más tranquilo- masculló molesto el adicto, masajeándose las adoloridas costillas antes de toparse con unos bobbies a los que ordenó cercar la escena del crimen.
Pasando por alto las quejas de su compañero, el hombre de verdes orbes extrajo una fina caja de latón del interior de su saco, abriéndolo consecuentemente y tendiéndoselo a Abberline. Tras un fugaz rechazo, Perverell se encogió de hombros, tomando uno de los delgados cigarros que contenía antes de encenderlo con un roto cerillo, soplando una enorme bocanada de humo al final.
En silencio caminaron, directo a Scotland Yard, amamantando sus golpes entre insultos murmurados y largas pitadas que convertían el tabaco en una larga traza de cenizas comprimidas que se destruían con cada paso que se efectuaba.
Pasando al lado de varios oficiales e inspectores, el dúo de golpeados caballeros ingresaron a la sede central la Policía Metropolitana de Londres, ensuciando el pulcro piso de madera con sus zapatos llenos de fango, sangre y demás sustancias, lo que les valió una reprobatoria mirada de Campion Bond.
-Qué les pasó a ustedes dos? – viéndolos en el estado que estaban, el hombre de robusta complexión cuestionó.
-Jack no trabaja solo, lo pudimos confirmar- ignorando el protocolo, Abberline tomó asiento desganadamente en una de las sillas aledañas, deseando en su interior tener una copa de absenta mientras trata de no ahogarse en la tina.
-Luego de darle unos cuantos balazos por supuesto, ahora solo falta investigar nuevamente a todos los médicos hasta toparnos con el que menos se pueda mover- viendo que tan solo quedaba la colilla de su cigarro, Perverell lo aventó sin ver a una bacinica, sonriendo al oír el metálico golpe grave que indicaba su tiro certero.
Viendo que poco podía hacer para sacarlos de sus lugares al menos por las siguientes dos horas, Bond negó en silencio con la cabeza para posteriormente arrojarle al ojiverde unos informes, los cuales atrapó con grandiosos reflejos antes de mirarlos por arriba e izar una ceja a forma de interrogación.
-Quedas apartado del caso del asesino, Abberline se encargará de ello- fue todo lo que dijo el hombre a cargo de Scotland Yard, queriendo estar el menor tiempo posible frente a las penetrantes orbes esmeraldas que parecían disgustarse con la noticia de dejar a su compañero solo.
Bueno gente, se terminó el primer capítulo de la historia!
Qué les pareció?
Logré atraparlos?
Reconocieron algún personaje?
Han leído o visto "The League of Extraordinary Gentlemen"?
Creen que emparejaré a Harry con alguien?
Algún protagonista morirá?
Qué sucederá en el siguiente capítulo?
POR FAVOR DEJEN SUS RESPUESTAS, OPINIONES, DUDAS, CRÍTICAS, ETC! SOLO ASÍ SABRÉ COMO MEJORAR EN EL FUTURO!
Saludos y hasta la próxima!
