Hola a todos! Ha pasado un largo tiempo desde mi ultima actualización. Lamentablemente tuve algunos problemas en el trabajo y miembros de mi familia estuvieron en el hospital por COVID 19, lo cual fue muy difícil para mi. La situación ha mejorado y puedo escribir de nuevo. Les envió mis mejores deseos a todos.


La noche había cubierto con su negrura Pueblo Paleta. Los pidgeys se acomodaban en las ramas de los árboles para descansar y un par de rattata corrían por los campos hacia sus madrigueras en busca de refugio. En el cielo la luna apenas se podía vislumbrar entre algunas nubes gruesas y oscurecidas. El invierno estaba a la vuelta de la esquina por lo que el clima comenzaba a cambiar en el campo, los pokemon se preparaban para la fría temporada al igual que sus pobladores.

Delia miraba por la ventana de la cocina hacia el patio trasero mientras lavaba los platos de la cena. Las ramas de los árboles se agitaban de un lado a otro con brusquedad. Desde hacía unos días la mujer había notado que las noches empezaban a enfriarse por lo que comenzó a hacer una lista mental de cosas por hacer antes de que llegara el invierno. Quería tener leña para usar la chimenea en los gélidos días nevados. Además, debía proteger su pequeño huerto de hortalizas, guardar algunas cosas en el cobertizo para evitar se dañaran con los vientos fuertes y las nevadas. Un pequeño aleteo en su estomago la hizo salir de sus pensamientos. Su mano acarició su vientre suavemente, podía notar como estaba hinchándose cada día un poco más. Era la primera vez que sentía a su bebé moverse. Una sonrisa amorosa se dibujó en su rostro. Había sido un movimiento leve, pero con eso bastó para hacerle sentir su presencia más real que nunca. Su cara se tornó entonces preocupada al pensar que sería difícil llevar a cabo aquellas tareas estando embarazada. Pensó que Giovanni debía estar ahí con ella y con Ash para apoyarlos. Delia decidió que sería mejor tratar de llamarlo de nuevo más tarde.

Mientras su madre lavaba los platos Ash jugaba en la sala de estar con sus muñecos de pokemon. Él y su madre tuvieron una tarde divertida mirando películas cubiertos con mantas calientes hasta las narices y bebiendo el mejor chocolate caliente del mundo en palabras del pequeño, este era el que su madre preparaba para él con tanto cariño. El olor a canela y cocoa inundaba sus fosas nasales cuando inhalaba con una sonrisa de oreja a oreja el dulce aroma en su taza favorita, la cual tenía el logo de la insignia del gimnasio de su padre.

Un ruido llamó la atención de Ash que se levantó del suelo con su peluche de Persian en las manos. Escuchó con atención por un momento. Afuera el viento helado que presagiaba la llegada de un invierno crudo seguía agitando con fuerza los árboles. El pequeño se acomodó en el sofá de la sala y se acurrucó como un ovillo disfrutando la sensación de las suaves mantas en la cara. Su Persian de peluche estaba bajo su brazo este fue un regalo de su padre años atrás y cuando lo extrañaba lo abrazaba con fuerzas. La casa estaba silenciosa y el sueño comenzó a invadir al primogénito de Giovanni cuando de pronto el timbre de la puerta llenó la casa con su sonido tintineante.

Un escalofrió extraño recorrió de pies a cabeza a su madre que estaba guardando el ultimo plato en la alacena. Antes de que pudiera reaccionar su hijo ya estaba corriendo hacia la puerta. Siempre le había dicho a Ash que no debía abrir la puerta solo, que debía esperar a que ella estuviera con él. Sin embargo, estaba desesperado por recibir una visita de su padre por lo que cuando Delia escuchó sus pasos presurosos corriendo hacia la entrada principal se apuró ella también para alcanzarlo.

El pequeño Ash abrió la puerta sin detenimientos, el viento frio golpeó su cara lo que provocó que apretará los ojos con incomodidad. Su visión acostumbrada a la luz brillante que había adentro no le permitía mirar claramente algo entre la negrura de la noche. Escuchó el ruido de lo que le pareció alguien arrastrando los pies y luego una figura alta y oscura apareció ante él. Confundido y aterrado no pudo evitar soltar un grito de miedo, se echó los brazos sobre la cabeza y retrocedió unos cuantos pasos lejos de la puerta. Aún con los ojos cerrados escucho el ruido de algo azotándose bruscamente contra el suelo. Todo había pasado muy rápido, Delia corrió lo que le restaba de camino para alcanzar a su hijo. Se encontró con una escena inesperada y surrealista. En medio del recibidor estaba su esposo inconsciente y malherido. Su hijo ahora estaba pegado a la pared gimoteando mientras miraba a su padre. Aquello era como una pesadilla, Delia no entendía nada y sentía que el suelo sobre el que estaba comenzaba a moverse.

Ash corrió hacia su madre y se aferró a ella con tanta fuerza como pudo, escondió su cara contra la blusa rosada de Delia y ella lo apartó con delicadeza para prestar atención a su esposo.

—Calma Ash —Le dijo mientras se arrodillaba frente a su esposo. El pequeño asintió apretando los labios para evitar llorar, sus ojos chocolate estaban cubiertos de lágrimas a punto de desbordarse.

—Giovanni —Pronunció su nombre con toda la calma que pudo.

Lo tomó por los hombros y lo giró boca arriba. Llevaba puesto el saco negro sobre los hombros y debajo su camisa estaba sujeta alrededor de su abdomen a modo de un vendaje improvisado. La mujer se apresuró a revisar el cuerpo de su marido en busca de heridas, se asustó al notar que sangraba del lado derecho. Entonces tomó el pulso de Giovanni y se acercó a su cara para cerciorarse de que respiraba lo que la hizo sentirse un poco aliviada, pero aun así la ansiedad y confusión permanecieron con ella. Muchas preguntas llenaron rápido su cabeza.

—¿Papi esta bien? —Musitó Ash sacándola de su ensimismamiento. El niño apretaba la parte baja de su camiseta de manera nerviosa. Se acercó un poco y pudo mirar mejor a su padre. La mujer de cabellos castaños dirigió su mirada a su hijo.

—Solo esta desmayado, no te preocupes —Delia tomó la mano de su hijo y la apretó levemente mientras le dedicaba una sonrisa tranquilizadora.

Mientras su madre revisaba a su padre Ash cerró la puerta, Delia tomó entre sus manos la cara de su esposo y palmeó sus mejillas, tenía la piel fría y había varias heridas en su cara, pecho y brazos.

—Vamos a llevarlo a la cama, hijo —El pequeño de cabellos oscuros asintió— Sujeta sus pies con cuidado.

Con algo de esfuerzo levantó al líder de gimnasio del suelo, lo sujetó con fuerza pasando sus manos por debajo de sus axilas. Ash levantó los pies de su padre con dificultad, pero no se rindió. Juntos madre e hijo llevaron a rastras al que no sabían era el señor del crimen hacia el cuarto de huéspedes en la planta baja de su casita de campo. Lo dejaron con cuidado sobre el colchón y Ash se sentó a su lado en cama mirándolo con preocupación.

—Querido ve a traer toallas limpias y el botiquín de primeros auxilios —Dijo la madre mientras rebuscaba algo en el cajón de la mesa de noche a lado de la cama.

El chico asintió con celeridad y salió disparado a buscar lo que su madre le había dicho. Cuando Ash salió de la habitación Delia se ayudó de unas tijeras para quitarle la camisa roída y ensangrentada a Giovanni, que permanecía inconsciente. Le echó un vistazo a la herida en el costado derecho de su marido. Tenía sangre seca en las orillas, pero parecía que seguía sangrando un poco. La herida estaba sucia y se extendía unos seis centímetros de manera horizontal. No parecía ser muy profunda, pero debía tratarse rápida y correctamente con urgencia para evitar que se infectara.

Delia dejó el saco negro de su marido sobre una silla cercana y lanzó los restos de la camisa al cesto de basura que estaba a lado de la cama. Ash regresó con el botiquín de primeros auxilios.

—Mamá aquí esta lo que pediste —Anunció agitado por la carrera que había hecho hasta el baño de su madre en el segundo piso. Dejó sobre la mesa de noche algunas toallas y permaneció en silencio junto a la puerta mientras su madre sacaba algunas cosas del botiquín de primeros auxilios.

Delia miró un momento a su hijo que estaba visiblemente preocupado por su padre. Por lo que se puso de pie y fue hasta el niño que la miró con ojos consternados. Le palmeó el hombro como suavidad y le dedicó una sonrisa gentil.

—No te preocupes, papá estará bien. Espera en tu habitación cariño.

La madre besó con amor la mejilla de su hijo y lo empujó despacio y con cuidado hacia la puerta. Ash sonrió de medio lado asintiendo tranquilizado con las palabras sinceras de Delia. Sus ojos la miraron un momento más antes de salir de la habitación.

Ahora que su pequeño futuro entrenador había aceptado salir de ahí ella podía centrarse en su marido. Delia se paró junto a la cama mirando con detenimiento a su esposo. Todo aquello parecía una cruel broma. No entendía que podría haberle pasado a Giovanni, ¿Qué podría haber estado haciendo? Su corazón comenzó a latir inquieto, durante mucho tiempo se sintió preocupada y ansiosa. Intuía que algo pasaba con su marido. Él nunca los dejaba por tanto tiempo y mucho menos cortaba la comunicación con ellos. Se llevó ambas manos a la cara tratando de evitar que el llanto la sobrepasara.

Miró a su marido una vez más y pensó que no podía quedarse ahí parada llenándose la cabeza de preguntas que no tendrían respuestas ahora. Le quitó los zapatos y pudo notar en ellos algo de lodo seco, pedazos pequeños de concreto y sangre seca que seguramente era suya. Los zapatos del líder gimnasio que siempre llevaba bien lustrados ahora estaban maltratados y polvorientos parecía que había andado durante mucho tiempo. Dejó los zapatos en el suelo junto con los calcetines. Y se enfocó en la herida que antes había mirado en su costado. Ya no sangraba, Giovanni había hecho un buen trabajo parando lo mejor que pudo el sangrado de su herida usando su camisa.

Mientras pasaba con delicadeza sus dedos por la piel maltratada de su esposo el corazón de Delia latía apresuradamente y las manos comenzaron al temblarle. Tenia muchas ganas de verlo y estar con él, pero no de esta manera. Impregnó un poco de algodón con antiséptico y lo frotó con gentileza sobre la herida de Giovanni tratando de limpiarla lo mejor posible. Necesitaría suturar la herida pensó mientras tomaba aguja e hilo.

Por suerte tenían un botiquín de emergencias con todo lo necesario en casa. Con un hijo que siempre estaba buscándose problemas con sus aventuras era un elemento indispensable para ella. Cuando estuvo segura de que la herida estaba limpia, lo suturó con cuidado. No era una enfermera experta en suturas, pero durante mucho tiempo había usado aguja e hilo en casa, remendando de los pantalones de Ash que siempre estropeaba de las rodillas o haciendo bonitos bordados para su ropa. Cuando terminó cubrió con una gasa los puntos de sutura y usó una toalla humedecida para limpiar el cuerpo de Giovanni.

Delia le quito el cinturón y dejó las pokeballs en el primer cajón de la mesita de noche. Le hubiera gustado saludar a Persian, pero no era el momento para hacerlo. Buscó en los bolsillos de su esposo donde encontró su cartera y teléfono móvil que estaba apagado y tenia la pantalla quebrada. Luego le quitó los pantalones y lo cubrió con algunas mantas para mantener su temperatura durante la noche. La mujer acercó una silla a la cama y se quedó ahí durante un largo rato solo mirando a su esposo. Cuando estuvo convencida de que su esposo se encontraba bien y que solo dormía salió de la habitación de huéspedes.

Al salir al pasillo se encontró con Ash sentado contra la pared esperando. Cuando lo miró no pudo evitar sentir su corazón apretarse en su pecho.

—Mi amor, te dije que fueras a tu habitación, no puedes estar aquí el suelo esta helado —Le tendió la mano para ayudarlo a ponerse de pie.

—Pero quería saber lo que pasa —Su tono de voz tenia una mezcla de confusión y miedo que no paso desapercibido para su madre.

—Todo esta bien Ash —Delia abrazo a su hijo reconfortándolo como solo una madre puede hacerlo.

El pequeño se perdió en la calidez del abrazo y se aferró con fuerza a Delia, cuando se sintió tranquilo se separó de ella.

—¿Puedo ver a papá ahora? —Preguntó apurado.

—Sigue durmiendo, mejor espera a mañana. Ya es hora de que vayas a dormir.

La cara de Ash se tornó desanimada, pero asintió sin insistir más a lo que su madre le decía. Se encamino con ella hacía las escaleras entonces para ir a dormir. El pequeño se puso el pijama y se metió a la cama. Delia acaricio sus cabellos oscuros y alborotados y besó con ternura sus mejillas regordetas. Le deseó buenas noches, apagó la luz y salió de la habitación.

Cuando bajaba las escaleras una leve punzada de dolor en su vientre la hizo sujetarse con fuerza del pasamanos. Suspiró con cansancio y acarició suavemente su pequeña barriga. Sabía que se había esforzado llevando a Giovanni a la cama y tenía que descansar también, por el bien de su futuro hijo o hija. Había asistido a algunas citas prenatales para llevar un control medico adecuado de su embarazo, aunque se había sentido mal por no decirle a Giovanni del bebé que ahora esperaban. El doctor le había dicho que tanto ella como el bebé estaban sanos y que el pequeño crecía con normalidad. Le dio algunas vitaminas en la ultima cita y le ordenó evitar el estrés. Además de llevar una dieta balanceada y evitar realizar esfuerzos bruscos.

Antes de irse a la cama Delia levantó los juguetes que Ash había dejado regados por toda la sala de estar. Guardó las mantas que estaban sobre el sofá y se aseguró de que todo estuviera en orden. Miró por la ventaba como las nubes habían desaparecido y la luna brillaba en lo alto. Sin embargo, no notó el auto de Giovanni aparcado a un costado de la calle. Donde estaba la caja que Eric había dejado en el gimnasio para él.


La mañana llegó para Giovanni con unos débiles rayos de sol colándose por entre las cortinas de la ventana. Parecían unas rayas tintineantes sobre la cabecera de la cama. El líder de gimnasio abrió los ojos con pesadez y lentamente mientras su vista se adecuaba a las sombras en la habitación. Se sentía un poco aturdido y el cuerpo le pesaba. Intentó sentarse, pero no pudo hacerlo la herida en su costado le envió una descarga de punzante dolor que lo hizo quedarse tumbado.

—Demonios —gruño irritado mientras se tallaba la cara.

Observó lo que había a su alrededor, los muebles, los cuadros. Reconoció el lugar rápidamente como la habitación de huéspedes de Delia, estaba en casa pensó con alivio. De pronto todo lo sucedido el día anterior llegó a su cabeza como una buena película de acción. Agradecía estar vivo para poder ir a buscar a Cipriani y hacerle pagar por lo sucedido. Giró la cabeza a su lado y pudo ver en la mesilla de noche su teléfono y cartera. Alargó el brazo con dificultad para alcanzar el teléfono. Notó que estaba quebrado y presionó el botón de encendido esperando a que aun sirviera.

—Bien —Dijo con alivio cuando la pantalla se ilumino, ahora podría ponerse en contacto con sus ejecutivos cuando fuera necesario. Tenía muchas llamadas perdidas de Protón, Petrel y Atenea.

De seguro estarían vueltos locos buscándolo por todas partes. Pero ahora no quería saber nada de ellos confiaba en que hubieran seguido sus ordenes y estuvieran a salvo. Así que frunció el ceño y apago el teléfono, ya les llamaría cuando se pudiera levantar de esa cama.

La puerta de la habitación se abrió y apareció Delia con una charola entre las manos al verlo despierto su cara se iluminó y el corazón comenzó a latirle emocionado.

—¡Estas despierto Giovanni! —exclamó con alegría mientras se acercaba a la cama— me tenias preocupada, me alegra que estés despierto.

Ella dejó la charola en la mesita de noche y se sentó en la cama a lado de su esposo que la miraba con una sonrisa tonta en el rostro.

—Delia —Pronunció su nombre como si hubieran pasado años desde la ultima vez que la tuvo delante de él. Tomó sus manos tibias y suaves entre las suyas que estaban maltratadas y heridas. El cálido contacto le hizo sentirse tranquilo.

La esposa del líder de gimnasio se inclinó con delicadeza y besó con ternura los labios de su marido. Giovanni sintió que estaba en el lugar indicado, no había otro lugar más seguro para él que a lado de Delia, por eso seguir a sus agentes a ciudad Azulona no había sido una opción. Su lugar era este.

—¿Qué te ha pasado? —le preguntó la mujer levantándose de la cama.

—No te lo puedo decir, no ahora —dijo con calma Giovanni sin dejar de mirarla a los ojos.

—¿Por qué no? Soy tu esposa merezco saber que pasa ¿estás en peligro? —su voz sonó preocupada y con un dejo de descontento que no pasó desapercibido para Giovanni.

—No debes de preocuparte, todo esta bien. Te contaré lo que paso después. ¿De acuerdo? —Dijo usando ese tono de voz paternal que a Delia siempre tranquilizaba.

La cara de la esposa se suavizó y asintió a lo que Giovanni le decía. Ayudó al hombre a recargarse en el respaldo de la cama y puso la charola con el desayuno en su regazo. Tenía las tostadas con mantequilla favoritas del líder de gimnasio, fruta y café caliente. Delia se observó a su esposo comer con calma. Él la miraba de reojo de vez en vez evitando sobresaltarla. Sabia que sus palabras la tranquilizarían pero solo por un tiempo.

—¿Ash está bien? —preguntó luego de beber un poco de café.

—Sí, aún duerme, se asustó mucho anoche —Dijo sentándose en la silla a lado de la cama.

—Lo siento, no era mi intensión hacerlos pasar un mal rato.

—No te preocupes por eso. Vendrá a verte en cuanto despierte —Le sonrió colocando sus brazos protectoramente sobre su vientre sin darse cuenta de sus movimientos.

—¿Cómo estás tú? —Giovanni pregunto mirándola pudo notar como Delia se tensaba.

—Estoy bien, solo un poco cansada —Respondió desviando la mirada, no quería decirle nada de su embarazo todavía, no estando en esta situación— no te preocupes por mi cariño, mejor come tu desayuno iré a hacer unas cosas afuera vendré a verte en un rato

Giovanni la miró ponerse de pie y asintió a lo que ella le decía. Aunque intuyó que Delia le ocultaba algo. Pensó que luego podría ocuparse de descubrir que era eso. Mientras mordía su tostada observó su saco que estaba sobre el respaldo de la silla donde antes Delia había estado sentada. Ahí debía estar su otro teléfono. Esperaba que ella no lo hubiera encontrado, no quería responder preguntas innecesarias. Luego del desayuno dejó la bandeja sobre la mesita de noche y abrió el primer cajón de la misma, encontró ahí sus pokeball, tomó una de ellas y la lanzó con calma. Un perezoso Persian apareció meneando la cola, caminó hasta la cama y se hizo un lugar entre su entrenador restregándose contra él lamiendo sus manos y cara.

—Que gusto verte amigo —Giovanni acarició el suave pelaje del pokemon— estamos en casa —le dijo con calma— Ve y trae ese saco para mí —Señaló la prenda de ropa sobre la silla, Persian saltó de la cama y trajo lo que su entrenador le ordenó.

Giovanni rebuscó entre los bolsillos interiores donde encontró su teléfono familiar, lo guardó en el ultimo cajón de la mesita de noche junto con el otro teléfono y su cartera. Colocó algunos libros sobre ellos para que no fueran vistos con facilidad.

De pronto, la puerta se abrió estrepitosamente y un apurado Ash apareció corriendo hacia la cama y saltó a los brazos de su padre que adolorido lo acogió entre ellos sin importar nada.

—Papi… —dijo el pequeño con la voz quebrada por el llanto— ¿estás bien? —Preguntó secando sus lágrimas.

—Tranquilo, Ash, estoy bien, no te preocupes más hijo.

Giovanni acarició los cabellos de su pequeño y besó su frente con cariño mientras el Persian los miraba. Al líder de gimnasio le pareció que su compañero de tantos años sonreía. Delia llegó un momento después y sonrió al ver la tierna escena.

—Ash ten cuidado, papá tiene algunos puntos de sutura.

El menor se apartó con cuidado y se sentó en la silla a lado de la cama sin dejar de mirar a su padre. El Persian salto de la cama y fue a donde el niño y lamio su cara reconfortándolo. Ash soltó una pequeña risa contagiosa y su madre se acercó para acariciar también al pokemon. Giovanni los miraba desde la cama sonriendo tontamente. Que lo partiera un rayo podría ser un desgraciado, pero su hijo y esposa le calaban hasta los huesos como un cálido sentimiento que no podía evitar sentir. Estar en casa con ellos siempre lo hacía sentir bien.


Looker aparcó su auto a un lado de la carretera en la Ruta 7. Tomó un mapa de la guantera y una pokeball que contenía un growlithe el cual tomó prestado de la unidad pokemon del departamento policiaco de ciudad Viridian, lugar donde decidió establecerse para realizar sus investigaciones. El detective echó un vistazo por el retrovisor para asegurarse de que nadie lo seguía. Era la segunda vez que venia a este lugar. Antes había recibido información sobre un alto mando del Team Rocket que estuvo rondando por el área. Lo cual era raro ya que esos tipos nunca se dejaban ver. La primera vez no encontró nada. Pero ahora estaba seguro de que debía haber algo ahí ligado al Team Rocket.

Mientras se adentraba por un camino de tierra y hierba alta ponía atención a los alrededores en busca de pistas que hubieran pasado desapercibidas la primera vez. El growlithe caminaba delante de él olfateando el camino. De pronto levantó la cabeza y emprendió la carrera adentrándose a una zona boscosa. Looker corrió detrás del pokemon canino y lo alcanzó ladrando cerca de una corriente de agua que la ultima vez no había mirado. Al parecer las lluvias provocaron aquellos caudales de agua que antes no estaban.

El growlithe ladró hacia unas hojas de papel que eran arrastradas por la corriente del agua. El detective se apresuró a tomarlas, aunque solo alcanzó un par de ellas. Siguiendo el rastro de agua se dio cuenta que atravesaba donde antes miró unos enormes arboles caídos. Por lo que pensó que esas hojas debían haber estado escondidas entre las ramas de esos árboles. Y habían sido arrastradas cuando la corriente del agua las alcanzó.

Looker tomó una de las hojas que tenían impresas las fotos de unos chicos jugando en lo que parecía un río. También había fotos de una mujer joven regando un jardín. El detective levantó una ceja confundido. Esos rostros no eran conocidos para él. No estaban en ningún archivo del Team Rocket que hubiera leído. Otra de las hojas estaba demasiado mojada, y la tinta estaba corrida. Solo pudo descifrar algunas palabras como guarida, peligro, líder, y rey la cual se repetía algunas veces. Aquello no tenia sentido pensó mientras suspiraba cansado. Las demás hojas contenían más fotografías de la mujer y del niño de cabellos oscuros. Looker pensó que tal vez aquello no tenia nada que ver con el Team Rocket y más bien eran el trabajo de algún acosador loco, lo cual tampoco era muy bueno.

El growlithe apareció trayendo consigo una chaqueta conocida para Looker la cual supo era parte del uniforme de los Black Knights.

—Buen trabajo muchacho —Dijo felicitando al growlithe que agito la cola con alegría.

Looker miró que la prenda estaba también mojada y parecía tener mucho tiempo en la intemperie por lo que dedujo que tal vez estaba junto a estos documentos en las ramas de los árboles. Si aquello era correcto entonces estas fotos si eran una pista de algo ligado al Team Rocket y sobre todo a los Black Knights. Tenia que investigar a las personas en estas fotografías para saber quienes eran y cual era su relación con la organización criminal de la letra roja.

Cuando regresó a ciudad Viridian se encontró con la noticia del descubrimiento de una guarida del Team Rocket a las afueras de la ciudad. Sin embargo, no habían encontrado nada importante ya que el lugar estaba totalmente destruido. Dejó las fotografías en su escritorio de la estación policiaca y comenzó a rebuscar en la base de datos las caras de aquella mujer y niño, pero no encontró nada. Entonces decidió que debía hacer más trabajo de campo. Daría con estas personas, aunque tuviera que ir de casa en casa por todo Kanto.