El primer día de Giovanni en casa fue tranquilo, estaba feliz de ver a su esposa e hijo. Sin embargo, sabía que aquella agradable sensación de calma no debía hacerlo bajar la guardia. Su esposa Delia era una mujer muy curiosa e inteligente por lo que él sabía no le bastaría con esperar a que él le contará la verdad cuando quisiera. Entendía que ella no insistió más con el asunto para evitar estresarlo o molestarlo estando en sus condiciones. Por lo que, aunque era muy agradable estar en casa no se podía quedar ahí mientras Cipriani estaba detrás suyo.
Ash se pasó todo el día haciéndole compañía, contándole las cosas que había hecho durante su ausencia, cómo se divertía jugando en el campo con Gary y todo lo que aprendía visitando al profesor Oak. Con una cara alegre siempre en el rostro y con su efusivo tono de voz. Las pequeñas manos de Ash iban de un lado a otro explicando a su padre como unas semanas antes él y Gary habían saltado hacia el río cuando un Taurus los perseguía.
—¡Eso ha sido muy peligroso Ash! —Lo reprendió Giovanni con un tono de voz fuerte.
El niño frente a él se encogió de hombros y asintió.
—Lo sé papá —Dijo suavemente mientras agachaba la cara y se frotaba las manos arrepentido— Pero no podíamos hacer otra cosa, teníamos que saltar ¡No le digas a mamá! —Ash se levantó de la silla y apretó los puños frente a su pecho con cara suplicante.
—No lo haré, pero debes prometerme que no te meterás más en ese tipo de problemas —Le dijo Giovanni moviendo la cara de un lado a otro en desaprobación.
Ash asintió y luego le contó a su padre que Gary y su abuelo irían a ciudad Viridian al día siguiente ya que el profesor comenzaría pronto un programa de radio ahí.
—Gary dice que Viridian es una ciudad muy grande, ¿Es verdad papá? —Preguntó con curiosidad.
—Sí, es una ciudad muy grande, ya la has visitado ¿no lo recuerdas? —Giovanni entonces se reprendió mentalmente, Ash tenía solo dos años y medio la última vez que él y Delia lo visitaron.
—No lo recuerdo, pero quisiera ir contigo, ya soy un niño grande, puedo ir ¿verdad?
—Creo que sí, luego veremos —Respondió evadiendo la mirada de Ash mientras acariciaba el pelaje de Persian que estaba acurrucado a su lado en la cama.
Durante años los había mantenido en secreto y creado una historia falsa sobre su vida privada, no quería exponer a Ash ni a Delia. Era mejor seguir como hasta ahora.
El primer día transcurrió de manera tranquila con la compañía del pequeño y los cuidados de Delia. Por la noche ella preparó una deliciosa cena que le llevó a la cama. Giovanni extrañaba mucho la comida casera de su esposa, por lo que devoró todo lo que ella le llevó disfrutando de cada bocado. Tuvieron un momento para charlar sobre las trivialidades de la vida en el campo. Giovanni la escuchó con atención cuando le habló sobre las cosas que había que hacer antes de que las nevadas iniciaran. Delia evitó preguntarle a su esposo sobre las sucesos que lo habían hecho ir hasta Pueblo Paleta en ese estado, aunque esperaba que él compartiera esa información con ella pronto.
En el segundo día en casa Giovanni se puso de pie y salió de la habitación de huéspedes, aunque seguía adolorido podía caminar y mientras tomará analgésicos podía ignorar el dolor de su cuerpo. Delia lo regañó por ponerse de pie cuando ella creía que aun debía descansar y tener cuidado con la herida que tenía en el costado derecho. El auto que el líder de gimnasio había usado para llegar ahí estaba estacionado a un costado del camino. Tenía el tanque casi vació por lo que no podría usarlo para ir muy lejos. Decidió dejarlo estacionado en la parte trasera de la casa donde no podía ser visto fácilmente gracias a los enormes árboles que cubrían la parte de la propiedad que daba hacia el camino.
Giovanni sacó la caja de cartón que llevaba en el asiento de atrás. La caja pesaba un poco por lo que trató de ir con cuidado al cuarto de huéspedes donde la escondió debajo de la cama. No quería revisar aquella caja mientras Delia y Ash pudieran entrar a la habitación y descubrirlo leyendo reportes del Team Rocket. Por eso y para evitar que su esposa estuviera encima de él regañándolo por no descansar se metió de nuevo a la cama. Delia tocó a la puerta un momento después y él la miró entrar con un botiquín en las manos.
—¿Cómo te sientes cariño? —La mujer tomó una silla y la jaló con ella para sentarse a lado de la cama.
—Estoy bien, ¿Dónde está Ash? —Giovanni le preguntó mientras se recargaba contra la cabecera de la cama.
—Está en el patio jugando con Persian. Pensaba ir a casa de Gary, pero no recordaba que esta fuera con el profesor Oak.
—Me comentó algo de eso, ¿Oak tendrá un programa de radio?
—Sí, el profesor está muy animado por eso, aunque creo que solo será un par de veces al mes.
—Ya veo —Dijo Giovanni pensando que no le agradaba la idea de tener que toparse con Oak en Viridian.
Delia sacó del botiquín algo de algodón y antiséptico para limpiar la herida de Giovanni. Su esposo apartó la manta que tenia encima y se quitó la camiseta de color gris que llevaba puesta.
—La herida se ve bien —Comentó Delia mientras inspeccionaba la piel de su esposo.
—Sano rápido, te dije que no debías preocuparte.
—No digas eso, siempre me preocuparé por ti, aunque sean solo rasguños.
Delia frotó con delicadezas el algodón bañado en antiséptico, su esposo respingó apretando los dientes y ella soltó una risa divertida.
—¿Te ha dolido? —Preguntó colocando una gasa nueva para cubrir los puntos.
—No —Respondió desviando la mirada. Ella no dijo nada a sabiendas de como a su esposo le gustaba aparentar que era un hombre duro.
—Bien, está todo listo.
Giovanni se puso de nuevo la camiseta y Delia dejó el botiquín en la mesa de noche. Luego se sentó en la cama mirando a Giovanni fijamente.
—¿Qué pasa Delia? —Él le preguntó tomando su cara entre sus manos.
—No es nada, solo me da gusto que estés en casa —Le sonrió con sinceridad.
—Yo también estoy feliz de estar aquí —Respondió su esposo, Delia asintió y luego lo besó con suavidad en los labios.
Delia pensaba que las circunstancias de su matrimonio podrían resultar extrañas y ridículas para otras personas, pero para ella era simple. Creía que el amor que sentían el uno por el otro bastaba para que aquello funcionara aun a pesar de las distancias. Sin embargo, también había en su corazón incertidumbre cuando no sabía lo que Giovanni hacia o pensaba. Además, ahora guardaba un secreto por el que se sentía culpable pero tampoco quería soltar una bomba en medio de una situación como esta.
—Voy a preparar el almuerzo ¿Quieres algo en especial? —Le preguntó apartándose de su lado y tomando el botiquín de la mesita de noche.
Giovanni la miró un momento y negó moviendo la cabeza, ella no dijo nada más y salió de la habitación. Ella le llevó el almuerzo a la cama y Ash lo acompaño sentado en la silla a lado de la cama. Ya no miró a Delia de nuevo hasta en la noche. Ella le preparó una cena ligera y charlo con él antes de irse a dormir.
Cuando Giovanni no escuchó más ruido en la casa se levantó de la cama con cuidado y sacó la caja de debajo de esta. Sacó una pila de carpetas con documentos dentro. La mayoría parecía ser demasiado viejos. Con prisa abrió las carpetas y hojeó algunos reportes. Muchos de ellos eran sobre misiones viejas que los antiguos altos mandos de su madre realizaron. Giovanni pensó que en aquellos tiempos él era apenas un niño por lo que podría ser difícil saber con exactitud quienes eran aquellos agentes.
Una carpeta maltratada y con el nombre de Dante Leone llamó su atención. Lo primero que miró al abrirla fue la fotografía de un hombre con expresión seria que llevaba un uniforme del Team Rocket. Era más joven, su cabello era negro y no llevaba barba, pero ese era definitivamente Leo Cipriani. Giovanni se sentó al borde de la cama leyendo los informes que hablaban de un excepcional agente que había logrado de la mano de su madre poner al Team Rocket en una posición bastante cómoda en Kanto. Continuó leyendo ansioso de saber más, pero lo último que había era sobre el retiro de este hombre. Al parecer tuvo algunos desacuerdos con su madre. Giovanni giró la hoja esperando encontrar más información, pero solo encontró una nota escrita a mano al final, reconoció esta letra como la de su madre, "nunca llegará a Giovanni" citaba. El líder de gimnasio se sintió sofocado cuando un dolor de cabeza intenso se instaló en él, no entendía el significado de aquella pequeña frase, ¿Qué tenían que ver él y el Cipriani?
No encontró nada más de importancia en la caja por lo que metió todo de nuevo en ella y la pateó debajo de la cama. Luego se acostó para tratar de dormir. En lugar de obtener respuestas claras ahora tenía más preguntas. Trató de hacer memoria y recordar aquellos días, pero no lo logró, él tenía apenas tres años cuando aquellos reportes fueron escritos. Se quedó dormido sin darse cuenta.
Giovanni sentía el corazón latir con violencia en su corazón, tenia miedo y trataba de no hacer ruido mientras se escondía en un closet. Una pequeña rendija le dejaba ver la luz de afuera, su perseguidor no se miraba por ningún lado. De pronto, la puerta se abrió de golpe y una figura alta y oscura se detuvo delante suyo. Lo tomó con violencia del brazo y Giovanni lloró. Sus ojos negros que bailaban asustados fueron a dar a los azules del hombre que lo sostenía con fuerza.
Su visión se nubló y los oídos comenzaron a zumbarle fuerte, se sintió mareado y escuchó la voz de una mujer gritando.
—¡Déjalo en paz!
Giovanni se despertó súbitamente. Estaba sudando y el corazón le latía como loco en el pecho. Se dio cuenta de que había sido una pesadilla. Se pasó la mano por el cabello de manera nerviosa y se levantó de la cama. Tenía que irse de ahí, no podía ni debía quedarse más tiempo con Delia y Ash.
Luego de despertar de aquella manera salió de la habitación de huéspedes y fue a la cocina donde su esposa preparaba el desayuno para Ash. Él se sentó para acompañarlo.
—Buenos días papá —Saludó el niño y su padre asintió en respuesta.
—¿Por qué te has levantado? Iba a llevarte el desayuno a la cama —Dijo Delia poniendo un plato con huevos, tocino y tostadas para Ash.
—Estoy bien, ya no quiero estar más en cama.
—Entiendo —Respondió ella comprendiendo que para su esposo era difícil mantenerse quieto por mucho tiempo.
Después de desayunar en familia, Ash y Persian salieron a jugar al patio trasero. Era el tercer día de Giovanni en casa y el pequeño de cabellos oscuros estaba encantado con su presencia, aunque no entendía mucho lo que pasaba con sus padres.
El líder de gimnasio estaba sentado en una silla de jardín. En sus manos sostenía una taza de café caliente, el vapor se elevaba perdiéndose en el ambiente. Observaba a su hijo ir y venir correteando con el pokemon felino mientras pensaba en Leo Cipriani,en su cabeza repensaba una y otra vez la información que la noche anterior había obtenido de los reportes que Eric le consiguió. No sabía nada de su amigo lo que también lo tenia nervioso. Esperaba que estuviera bien y se comunicará pronto.
Era un día con sol, pero la temperatura era baja. Giovanni había disfrutado esos días con su esposa e hijo, aunque la mayor parte del tiempo había estado en cama. Pueblo Paleta era un lugar pacífico por lo que olvidarse por un momento de su preocupaciones y alejarse del tumulto de la ciudad le hacían bien.
Delia revisó su herida antes de que saliera al patio con Ash. Ella le dijo que estaba sanando bien y pronto cicatrizaría por completo. El dolor de su cuerpo molido por el atentando en la guarida a las afueras de Viridian también había pasado. Estaba satisfecho de dejar la cama del cuarto de huéspedes. Esa noche podría subir las escaleras y descansar en la habitación principal con su esposa antes de decirle adiós.
Los moretones en su cuerpo casi desaparecían por completo también, por lo que ya no se sentía como un saco de boxeo. Los rasguños de su cara ya estaban desapareciendo, su esposa había hecho un gran trabajo cuidando de él.
—¿Cómo te sientes? –Preguntó una cálida voz detrás de Giovanni.
Delia puso una mano sobre el hombro del líder de gimnasio. Su esposo giró la cara dedicándole una rápida sonrisa.
—Estoy bien —Contestó Giovanni. Delia asintió sonriendo.
—Me alegra que te sientas mejor, cariño.
Ella dirigió su mirada a su hijo que tenia una alegre cara mientras jugaba con Persian.
—Siéntate —Giovanni dijo poniéndose de pie y ofreciendo la silla a su esposa— Iré adentro un rato.
La mujer de ojos marrones lo miró con un poco de preocupación. Pero no dijo nada y se sentó mientras su esposo se dirigía a la casa.
Giovanni entró al cuarto de huéspedes y sacó su teléfono del ultimo cajón de la mesa de noche. Se sentía inquieto por el sueño de la noche anterior, lo tenía con la cabeza revuelta, pues se sintió muy real para él. Eran demasiadas las cosas a las que debía poner atención.
Sabía que Leo Cipriani no se quedaría de brazos cruzados esperando a que asomara la nariz. A estas alturas ya debería saber que seguía con vida por lo que lo estaría buscando y sí lo encontraba no le importaría hacerles daño a Delia y Ash seguramente.
Molestó golpeó con fuerza su puño contra la mesita de noche y maldijo por lo bajo estar en esa situación. Pero Giovanni nunca se rendía a la primera señal de peligro, era un hombre obstinado, capaz y sobre todo ambicioso, no había llegado hasta ahí siendo amable. Sin embargo, el riesgo de perder lo que más amaba en la vida. Su familia. Le hacía sentir miedo y frustración a lo que no estaba acostumbrado.
Revisó su teléfono, quería saber sí aún tenía algo de batería. Al percatarse de que aun restaba un poco menos de la mitad lo volvió a apagar y lo metió de nuevo en el cajón Luego se pondría en contacto con Atlas y los demás para que lo sacaran de Pueblo Paleta.
Tenía las palmas de las manos apoyadas sobre la superficie de la mesa de noche. Su cabeza estaba agachada y mantuvo los ojos cerrados por un momento, pensando en sus siguientes pasos. De pronto sintió los brazos de su esposa abrazándolo. Delia apoyó su cara contra la espalda de su esposo con cariño. Podía sentir su respiración rítmica.
—Delia —Dijo en un tono de sorpresa que pocas veces usaba.
—¿Qué es lo que te preocupa Giovanni? —Preguntó sin dejar de abrazarlo.
El señor del crimen levantó la cara y se giró para estar frente a su mujer, sus manos rodearon la cintura de Delia. Y sus ojos oscuros la miraban con detenimiento. Ella permanecía en silencio esperando una respuesta.
—Creo que me estoy volviendo viejo —dijo al fin con una sonrisa chueca Giovanni.
Delia parpadeó confundida, le parecía una respuesta poco convincente usada solo para salir al paso. Su esposo no era un bromista excepcional, y pocas veces hacía chistes, lo que le pareció por demás extraño. Aun así, le siguió la corriente y sonriendo dijo:
—Yo no quería tratar el tema, pero ya que lo dices…. —Ella comenzó a reírse.
Giovanni se contagió de la cálida risa de su mujer y su propia risa comenzó a mezclarse con la de Delia, hacía mucho tiempo que él no se reía. El líder de gimnasio recordó los días que compartieron juntos cuando eran jóvenes. Aquellas largas charlas, las risas contagiosas y los juegos inocentes. Se preguntó así mismo por qué había alejado todo aquello de él. ¿Habían sido más importantes el poder y la fortuna, que Delia?
—Eres mala —Le dijo mientras la besaba, la apretó más contra su cuerpo sintiendo el calor de su esposa.
Hacía tanto tiempo desde la última vez que la tuvo entre sus brazos. La necesidad de su contacto comenzaba a volverse insoportable. Delia le pasó los brazos por el cuello y se puso de puntillas para besarlo con fuerza. Los labios de Giovanni la llenaron de picosos besos que recorrieron su cuello y cara. Sus manos comenzaron a explorar el cuerpo femenino en busca de más. Él se sorprendió de la pequeña hinchazón en el vientre de Delia, pero no le tomó importancia.
Las caricias comenzaban a subir de intensidad cuando Ash entró corriendo a la habitación seguido del Persian de su padre. El señor del crimen soltó a Delia como si de algo caliente se tratara, ella se giró tomando en brazos a su hijo. Su esposo intentaba recomponer el aliento. El pequeño los miró con sus enormes ojos marrones, que brillaban emocionados.
—¿Qué estaban haciendo? —preguntó juguetonamente.
Giovanni le dedicó una sonrisa y le revolvió los cabellos.
—Tu madre quería mostrarme un juego divertido —Con voz calmada y Ash inclinó la cabeza hacia un lado sin comprender.
—¡Giovanni! —Le gritó su esposa poniéndose roja.
El teléfono en la sala empezó a sonar y Ash saltó de los brazos de su madre para salir corriendo a responder la llamada. Ellos lo siguieron.
—Es el profesor Oak mamá, quiere hablar contigo —Le anunció dándole el teléfono.
—Hola profesor, ¿Qué pasa?, ¿Cómo les ha ido en Viridian?
—Delia, hola, lamento molestarte —respondió un tanto apenado el profesor al otro lado de la línea.
—No se preocupe, profesor.
Giovanni se sentó esperando en el sofá de la sala que estaba a lado del teléfono. Miraba a su esposa mientras hablaba. Ash se acomodó a su lado y lo abrazó enterrando su cara en la camisa de franela roja a cuadros que llevaba puesta. Cuando estaba en casa solía vestirse de manera sencilla con ropa que Delia elegía para él, como esa camisa de franela o los pantalones azules de mezclilla que lucía ese día. Un estilo muy diferente al que usualmente usaba en el gimnasio en Viridian o cuando atendía asuntos del Team Rocket.
Delia seguía en el teléfono.
—El viaje ha estado bien, solo que Gary ha pescado un resfriado. Está en cama desde que llegamos esta mañana —dijo Samuel Oak.
—Oh lamento escuchar eso.
—El doctor dijo que estará bien en unos días, solo debe descansar. Pero Gary insiste en querer un poco de sopa especial de la que haces para Ash.
—Haré un poco y se la envió profesor, no se preocupe por eso.
—Muchas gracias Delia, eres muy amable.
—No tiene que agradecerme profesor Oak, saludos a Gary.
Cuando colgó el teléfono Giovanni preguntó a su esposa qué era lo que quería el profesor. Ella le contó que Gary estaba enfermo y que deseaba probar un poco de sopa de la que hacía para Ash cuando se enfermaba. Delia siempre se había preocupado mucho por el nieto de Oak. Quería mucho al pequeño al que miraba como a un sobrino.
Así fue como Giovanni terminó yendo hacia la colina en Pueblo Paleta donde estaba el laboratorio del profesor Oak. Ash lo acompañaba caminando a su lado, le tenía la mano tomada y su padre lo miraba de reojo de vez en vez, le parecía muy tierno.
Al llegar a la casa de Oak este ya los esperaba y los invitó a pasar alegando que afuera hacía frío y que lo menos que podía hacer para agradecer que fueran hasta ahí, era invitarles algo caliente. Ash y su padre esperaron sentados en la sala de la enorme casa del experto pokemon. Cuando regresó trajo consigo chocolate caliente y galletas que les ofreció amablemente.
—Giovanni, me alegra que pudieras tomarte un tiempo para venir a ver a Delia y a Ash —Le dijo sonriendo el hombre de edad, mientras tomaba un poco de chocolate.
El líder de gimnasio pocas veces había ido a casa del profesor pokemon en el pasado. Lo conoció la primera vez que fue a Pueblo Paleta con Delia. Ella se lo presentó diciendo que Oak era como su tío, pues apoyó mucho a sus padres como un buen amigo cuando ella crecía. Giovanni sabía que Delia quería mucho al investigador pokemon, y aunque el líder de gimnasio no era muy sociable y siempre evitaba formar amistades, sí confiaba en el profesor y agradecía que siempre estaba para ayudar a Delia y Ash cuando él no estaba.
—He tomado unas cortas vacaciones —Respondió con calma.
—Me alegro, ¿Cómo va todo en el gimnasio?
—Es como todo, hay días buenos y también malos…
—Mi papá es el mejor líder de gimnasio —lo interrumpió Ash— él nunca pierde —gritó poniéndose de pie.
Ash nunca había sido un niño que se quedará callado. Era expresivo y muy extrovertido. El profesor Oak se rio, siempre se divertía pasando el rato con su nieto y Ash.
—¿Deberás Ash? Eso es increíble, algún día podrás pelear una medalla en su gimnasio ¿no te parece emocionante?
Giovanni observó a su hijo, la manera en que se expresaba e interactuaba con el hombre mayor lo intrigaba, se notaba que eran cercanos y que Ash confiaba en el profesor.
Su hijo hablaba con confianza y le llamó la atención la chispa de orgullo que brillaba en sus ojos cuando hablaba acerca de él y su trabajo como líder de gimnasio. Había pasado muy poco tiempo con su hijo mientras crecía, pero aun así este lo admiraba y quería. A su mente acudieron nuevamente las dudas su acciones en esos años. Logró mucho de lo que quería, pero no sentía que fuera suficiente, que eso lo llenará en verdad.
En el camino de regreso a casa Ash corría delante de su padre jugueteando. Se detuvo en medio del camino observando en cuclillas como el aire movía la hierba verde. Era un niño curioso y le gustaba poner atención a todo lo que le rodeaba.
—Date prisa Ash —Ordenó su padre pasando a su lado.
El menor se puso de pie y corrió detrás de Giovanni, al estar a su lado, le miró un momento y sonriendo preguntó:
—Papá, ¿te quedarás mucho tiempo?
—No lo creo hijo, debo volver pronto a la ciudad.
El menor se encogió de hombros insatisfecho con la respuesta y se detuvo en medio del camino con los puños cerrados a sus costados. El líder de gimnasio echó una mirada sobre su hombro y lo miró con seriedad. Se giró completamente con una mano metida en el bolsillo de su pantalón. El viento frio comenzaba a molestarlo y quería volver a casa cuanto antes.
—¡¿Por qué siempre te vas?!, ¡¿Acaso no somos importantes para ti?! —Preguntó levantando la voz y con la mirada fija en su padre. Sus ojos brillaban con seguridad y el señor del crimen notó tanto parecido consigo mismo que le asustó.
—Ya hemos tenido esta conversación antes —Le respondió sin vacilaciones.
La calma con la que dijo aquello provocó que Ash se molestará aún más. Sentía que su padre no lo estaba tomando en serio. Sus ojos empezaron a llenarse de lágrimas y sus puños se estaban tornando blancos de lo fuerte que los apretaba. Giovanni suspiró cansado, lamentaba no saber cómo actuar ante los desplantes de Ash. Sabía que era su culpa por estar tanto tiempo ausente. Solía ser poco paciente cuando estaba fuera de casa. Sus empleados sabían que odiaba que le dieran la contraría, que no siguieran bien sus ordenes o que reprocharán sus acciones. Si fuese un empleado lo mandaría al demonio fácilmente y le daría taras difíciles para castigarlo. Pero esté era su adorado hijo así que el jefe no pudo hacer nada más que ceder a las exigencias del pequeño frente a él.
Giovanni abrazó a Ash contra su cuerpo, el niño luchaba por soltarse mientras sollozaba.
—Eres lo más importante para mí —le dijo con voz tranquila, el cuerpo de Ash dejó de luchar y abrazó a su padre— nunca dudes sobre eso.
El niño de cabellos oscuros levantó la cara para mirarlo a los ojos. Se sintió extrañamente complacido. Su padre podría asustar a veces, pero era un buen hombre, podría estar lejos pero su corazón se mantenía con ellos, Ash lo sabía. Cuando dejó de llorar regresaron a casa donde Delia los esperaba con una comida caliente especial para sus dos chicos favoritos.
