¡Hola! Cuando creí que podría terminar la historia me he enfermado. Pero ya estoy en casa para poder continuar con mi vida normal. Dejen sus comentarios siempre los leo.


Looker estaba en la pequeña habitación del apartamento que alquiló en ciudad Viridian. Era un lugar simple con un dormitorio pequeño, un baño y un espacio no tan amplio que fungía como sala de estar, comedor y ahora también como su oficina. Las paredes eran de un color marrón claro que Looker detesto desde el primer día y también tenía una ventana de tamaño regular que lo dejaba ver la calle donde estacionaba su auto. No era el lugar más impresionante de la ciudad, pero no necesitaba tantos lujos, solo un lugar donde dormir mientras trabajaba en el caso del Team Rocket.

Seguía tratando de saber quiénes eran las personas de las fotografías que encontró en la Ruta 7, pero no había tenido tanta suerte con ello. Luego de escanear las fotografías y pedirle a un técnico del departamento de policía que tratara de mejorar las imágenes; elaboró algunos anuncios que pasó a otros detectives para pedirles que revisaran si estas personas estaban relacionadas con otros casos. Esto tampoco dio buenos resultados lo que comenzaba a exasperar al detective de ojos grises. La mujer y los chicos de las imágenes parecían simplemente no existir.

Tenía tres días metido en reportes de casos viejos y telefoneando con todo aquel que pudiera ayudar en el reconocimiento de las caras de sus anuncios. Necesitaba un descanso por lo que tomó todo lo que tenía en su escritorio del departamento policiaco de Viridian y lo llevó a su apartamento donde ya también tenía una pila de documentos que había traído con anterioridad, cajas de archivos y demás cosas del caso del Team Rocket.

La pequeña mesa redonda del apartamento estaba echa un desastre entre todos los documentos regados en ella y que Looker había estado revisando. Las cajas vacías de la comida china que devoró como condenado hacía unas horas y los lentes que usaba para leer también estaban en algún lugar de la mesa. Una lata medio vacía de cerveza de una muy mala calidad en palabras de Looker estaba sobre un libro viejo de aventuras que el detective siempre llevaba consigo desde que era un estudiante de secundaria.

La televisión estaba encendida, pero Looker no ponía atención a lo que pasaban en ella. Solía solo dejarla encendida para escuchar algo y no sentirse solo en aquel lugar. Los créditos de la película que acababa de terminar estaban por llegar al final. El detective se echó hacia atrás en la incómoda silla de madera balanceándose intrépidamente en las patas traseras. Estiró los brazos sobre su cabeza y bostezó sintiendo como el sueño comenzaba a instalarse en él. Se talló la cara con una mano y observó el reloj en la pared, se percató de que era casi medianoche, llevaba demasiadas horas sentado en esa condenada silla.

Decidiendo que lo mejor era irse a la cama por el momento, se incorporó dejando caer las patas delanteras de la silla contra la vieja alfombra en el suelo. Tomó el control remoto para apagar el televisor, y estuvo a punto de hacerlo cuando se percató de que había comenzado otro programa. Era un canal local así que solían pasar noticias de la ciudad, seguían eventos interesantes que pasaban durante la semana en Viridian y transmitían los partidos de su equipo de soccer.

Una reportera simpática de cabellos rubios estaba en la pantalla entrevistando al conocido investigador pokemon, el profesor Samuel Oak. Se encontraban afuera del edificio de radio de la ciudad, este era un lugar por el que Looker había pasado de camino al departamento policiaco en algunas ocasiones para evadir el tráfico de Viridian en la hora pico de las mañanas. El detective subió el volumen y puso atención a lo que decían.

—Entonces profesor ¿Es cierto que comenzará un nuevo programa de radio?

—Así es —Respondió sonriendo el hombre— Será un espacio para la investigación, pero también compartiremos poesía pokemon.

—Es usted una eminencia en la investigación y también es un gran poeta.

—No me gusta alardear, pero de verdad no soy tan malo con la poesía —Bromeó el investigador con una mano detrás de la nuca.

Un chico de cabellos castaños esperaba paciente a lado del profesor. La cámara lo enfocó y la reportera preguntó.

—Este pequeño, ¿es su nieto Gary verdad? —Dijo emocionada la mujer.

—Así es, este es mi nieto —Respondió con orgullo el investigador mientras ponía una mano sobre el hombro del niño que tenía una cara de molestia infantil.

—Gary, ¿también quieres ser un gran investigador pokemon como tu abuelo algún día?

El chico frunció el ceño y respondió señalando la cámara con su dedo índice.

—Claro que no ¡Eso es aburrido! ¡Están viendo al futuro campeón de Kanto! —Una risa nerviosa se instaló en la reportera mientras el profesor ponía los ojos en blanco.

—Bueno eso es fantástico, ya lo han escuchado amigos recuerden esta cara —Concluyó la mujer regresando su atención al profesor.

Looker sintió que conocía a aquel muchacho tan intenso. Se giró y rebuscó entre los papales en la mesa. Tomó una de las fotografías y la colocó junto al televisor comparando al chico que acababa de anunciar que sería el futuro campeón de la región. La cara del detective se ilumino con emoción y todo el cansancio y ganas de irse a la cama desaparecieron. Apagó el televisor, se sentó de nuevo y encendió su laptop. Comenzó a teclear apurado en el buscador quería conseguir toda la información posible sobre el profesor Oak y su nieto Gary. Si sabía dónde encontrarlos podría saber quiénes eran la mujer y el otro chico de cabellos oscuros y así tal vez podría desenredar este misterio que eran los Black Knights y el Team Rocket.


En Pueblo Paleta las mañanas siempre eran tranquilas. El sol aparecía para anunciar a sus pobladores que un nuevo día en el campo estaba por comenzar, los pokemon iniciaban a moverse por los bosques cercanos y las praderas. Una ligera brisa matutina meneaba las ramas en los árboles y un doduo cantaba en algún lugar del pueblo. En la pequeña casa blanca que en ocasiones parecía de cuento para Giovanni la mañana anunció su llegada con algunos ligeros haces de luz colándose por las cortinas de la habitación principal.

Delia era una mujer criada en el campo acostumbrada a despertar incluso antes de que el sol asomará sus primeros rayos de luz. Comenzar las labores temprano siempre era lo mejor. Sin embargo, en esta ocasión la mañana la alcanzó aún en cama. Podía escuchar el canto de los pidgeys afuera y también sentir las manos cálidas y grandes de su esposo rodeándole la cintura. Hacía mucho tiempo que no despertaba de esta manera, y le encantó. Sentir a Giovanni abrazándola bajo las sábanas, escuchar su respiración rítmica y relajada. Sentir como sus fosas nasales se inundaban con el aroma tan agradable y peculiar del líder de gimnasio.

El día anterior pasaron un día tranquilo en familia, luego de volver de casa del profesor Oak comieron juntos. Ash se pasó todo el tiempo que quiso hablando con su padre sobre el gimnasio y los pokemon del líder. Ella se unió a ellos luego para ver algunas películas familiares. La cena estuvo tan alegre como en otras tantas ocasiones cuando Giovanni los visitaba. Crear momentos familiares felices para Ash era una prioridad para Delia y cuando su esposo podía estar en casa no desaprovechaban el tiempo para pasarla bien los tres juntos. Luego de la cena Ash aún tenía ganas de estar con su padre y de seguir conversando todos juntos. Pero Delia lo envío a darse un baño para ir a la cama prometiendo que al día siguiente aun podrían tener más tiempo juntos. Giovanni había estado tres días en el cuarto de invitados de la planta baja y luego de darle las buenas noches a Ash junto con Delia, por fin pudo darse un baño y dormir junto a su esposa en la habitación principal.

Delia se movió entre los brazos de su esposo para poder estar frente a él. Lo miró con detenimiento, parecía cansado. Algunos de sus cabellos lacios y oscuros cubrían su rostro y ella los quitó con cuidado. Tenía cejas finas, y una nariz recta. No pudo evitar tomar su cara entre sus manos. Adoraba a ese hombre. Giovanni frunció el ceño y luego abrió los ojos despacio. Una leve sonrisa se dibujó en su rostro, lo primero que miró al despertar había sido Delia. Ella besó sus labios ligeramente.

—Buenos días, mi amor.

—Buenos días —respondió él acercándola más a su cuerpo.

A Delia siempre le gustó ver a Giovanni despertar. Ella pensaba que sus cabellos alborotados por la mañana eran un look sensual que nadie más que ella podría disfrutar. A la joven esposa del líder de gimnasio siempre le había encantado verlo así, tan simple, siendo solo su esposo.

—Será mejor que me levante, es un poco tarde.

—Cariño el sol apenas ha salido, mejor quédate un rato conmigo —Le respondió él mientras hundía la cara en su cuello besándola.

—Ash debe estar despierto ya… —Lo empujó con suavidad para salir de la cama.

—Deja al chico, debe estar viendo televisión, no le pasará nada…

Giovanni le rodeó la cintura con los brazos y la hizo girar en la cama para ponerla contra el colchón. Sus manos le tomaron de la cara y la besó en los labios con urgencia. Ella no opuso resistencia y sus brazos le rodearon el cuello exigiendo más de su boca. La noche anterior ella se quedó dormida apenas tocó la cama y él estuvo despierto casi toda la noche sintiéndose inquieto. Tan solo escuchando la respiración de su mujer mientras él no podía dormir por tener la cabeza llena de pensamientos para nada agradables. Le hubiese gustado despertarla para que lo acompañará con sus besos y caricias, pero pensaba que Delia ya había hecho demasiado esos días cuidándolo y seguro estaba muy cansada.

—Hace mucho que no podía besarte así —Le dijo contra los labios Giovanni.

—Te extrañe tanto estos meses… —Delia le susurró mientras le besaba el lóbulo de la oreja.

Las manos de Giovanni comenzaron a moverse a través de sus caderas, subiendo por debajo de la parte superior del pijama de su esposa, ella se estremeció al contacto con su piel cálida. Delia reclamó la boca de su esposo con fuerza de nuevo. Giovanni sintió la leve hinchazón en el vientre de su mujer y estuvo a punto de decir algo cuando ella se apartó como si él la quemara. El líder de gimnasio la miró con confusión y ella lo miró sentada desde el borde de la cama. Desde que Giovanni apareció malherido en la puerta de su casa supo que debían de tener esta conversación, pero con todo lo que paso esos días no había habido oportunidad. Él ni siquiera se dio cuenta con Delia usando ropa un poco holgada y un mandil casero.

La cara del líder de gimnasio estaba pálida luego de que su cabeza comenzará a hilar las pequeñas pistas. Se dejó caer de espaldas otra vez contra el colchón y se llevó una mano a la cara.

—¿Estamos esperando de nuevo? —La cara de Giovanni tenía un pequeño sonrojo en las mejillas que provocó que Delia quisiera besarlo de nuevo.

—Sí —Le respondió ella con toda la calma que pudo.

—¿De cuánto estas? —Preguntó de nuevo con calma el líder de gimnasio.

Ella se puso de pie para ir a darse una ducha.

—Un par de meses, quería decírtelo hace tiempo… Pero tú no…

—Yo no volví —La interrumpió su esposo, ella asintió. Giovanni se levantó de la cama —Lo lamento, ¿Estas bien?

—Lo estoy —Murmuró ella contra el pecho de su esposo— Me siento mejor ahora que lo sabes.

Él asintió y la soltó para verla ir hacia el cuarto de baño. Cuando la puerta se cerró él se sentó con pesadez en la cama. Aún se sentía en shock, debía irse ya de ahí. No podía poner más en peligro a su familia.

Durante el desayuno Ash notó el aire de tensión que había entre sus padres. Ambos actuaban extraños desde que bajaron esa mañana. Él estaba mirando caricaturas en la televisión cuando su padre apareció y lo saludo como siempre, pero parecía distraído. Su madre se miraba cansada y preparó el desayuno en silencio lo que no le pareció normal. Ella siempre estaba cantando, charlando o tarareando mientras se movía por la cocina.

El pequeño de cabellos oscuros bebió un poco de su vaso de leche y luego echó un vistazo a su padre que comía en silencio.

—¿Puedo ver a tus pokemon luego de desayunar? —Preguntó el chico con ojos brillantes.

—Claro Ash —Respondió su padre que aun parecía estar pensando en algo importante.

—Ash luego de ayudar a tu padre con los pokemon ve a casa del profesor para ver cómo sigue Gary ¿está bien?

El pequeño miró a su madre curioso, siempre que su padre estaba en casa de visita su madre le pedía que no saliera, pues era muy importante pasar tiempo en familia. Esto le pareció muy raro a Ash y pensó que tal vez ellos querían tener un rato a solas para hablar de lo que sea que estuviera pasando para que la burbuja de felicidad que ayer los envolvía hubiera desaparecido.

—Está bien mamá.

—Prepararé algunos bocadillos para que los lleves a Gary y su abuelo —Dijo Delia mientras le sonreía a su hijo.

Cuando terminaron el desayuno Ash ayudó a su madre a limpiar la mesa y luego salió con su padre al patio trasero donde el líder de gimnasio lanzó todas las pokeball que llevaba consigo para liberar a sus compañeros pokemon.

—¡Vamos!, ¡Salgan todos!

Los ojos del pequeño brillaron de emoción cuando Rhydon, Dugtrio, Nidoqueen, Persian, Nidoking y Rhyhorn salieron de sus pokeball. Ash se apuró a traer los platos con alimento y agua que su padre y él prepararon en la cocina un rato antes. El chico estaba maravillado mirando como su padre convivía con sus pokemon que se miraban felices de estar a su lado. Él también quería ser un entrenador y así poder compartir con los pokemon.

Ash se acercó a Rhydon para rellenar su plato de alimento. Su padre se acercó a ellos y colocó una mano sobre el hombro del niño.

—¿Te gusta Rhydon? —Preguntó Giovanni mientras sonreía a Ash.

—Sí papá, es un compañero fantástico.

—Eso es verdad, hijo, además de ser un pokemon fuerte es un grandioso compañero, me ha ayudado a ganar muchas batallas en el gimnasio.

—Ya quiero ser un entrenador pokemon como tú papá —Ash tenía las manos frente al pecho en puños con emoción.

—Pronto podrás ser uno, pero antes de que eso pase debes prepararte, ¿Sabes que es lo más importante para ser un buen entrenador?, hay que...

Su pequeño hijo de ojos color chocolate como los de su adoraba esposa lo miraban con detenimiento. Entonces Giovanni sintió una punzada que atravesó su pecho, no tenía la cara para hablar de aquello. No cuando hacía mucho tiempo dejó de pensar como un entrenador y comenzó a usar a sus pokemon como herramientas para lograr los objetivos que se marcaba ya sea como líder del Team Rocket, líder de gimnasio o empresario en la ciudad. Ash esperaba con paciencia cuando miró a su padre negar con la cara en un movimiento que hizo sin pensar y que el menor tomó como propuesta a contestar por él.

—Creo que lo más importante es ser su amigo —Dijo el chico y su padre lo miró con sorpresa.

Las palabras de su hijo hicieron recordar a Giovanni cuando él mismo era un niño con sueños y esperanzas. Cuando jugaba en los jardines de su enorme casa cerca de la playa acompañado de algunos pokemon de su madre. Recordó las horas que pasó entrenando con Meowth para lograr que evolucionara en Persian. Se sintió emocionado cuando las imágenes de aquel día llegaron a su memoria. Ash era un niño increíble y no porque fuera su hijo, ya que pensaba que el chico era como Delia un pequeño rayo de luz en la vasta oscuridad que podía ser el mundo. Giovanni había sido como Ash cuando era niño, pero las cosas cambiaron con los años. Había cometido actos atroces de los cuales pedía al cielo su hijo no se enterará nunca.

Luego de alimentar a los pokemon el líder de gimnasio se dedicó a limpiar muy bien las pokeball de cada uno de ellos y las colocó de nuevo en su lugar en el cinturón que llevaba consigo siempre.

—Toma esto hijo —Puso el cinturón en las manos del menor y le sacudió el cabello. —Hazme un favor, llévalas a mi habitación por mí.

El chico levantó la cara para ver a su padre sonreírle y asintió apurado. Giovanni lo miró salir corriendo hacia la casa. Cuando estuvo seguro de que Ash no regresaría tomó una de las sillas plegables del patio y comenzó a buscar entre sus bolsillos su teléfono.

Mientras la pantalla se iluminaba al encender Giovanni deseó tener un cigarrillo, aunque nunca fumaba cuando estaba en casa. Delia creía que lo había dejado cuando nació Ash y así fue al menos por un tiempo hasta que el estrés lo volvió hacer cae en ello.

La pantalla comenzó a llenarse de todas las notificaciones de llamadas y mensajes perdidos durante el tiempo que estuvo apagado y metido en un cajón con llave. Sus ejecutivos tenían días preocupados por el jefe que creían muerto. Giovanni presionó el icono de llamada rápida y espero en la linea un tanto impaciente.

—Proton —Su calmada voz se escuchó con firmeza.

—¡Señor!, ¿Dónde está?, ¿Está bien? —Preguntó con prisa mientras corría desde su oficina al laboratorio de Blaine donde estaban sus compañeros Petrel y Atenea.

—Estoy bien, ¿Están todos ya en Azulona?

Proton hizo algunos gestos con las manos para que sus compañeros se acercaran y activo el altavoz para que pudieran escuchar también al señor del crimen.

—Así es señor, excepto Atlas —Hizo una pausa. —Él regreso a Viridian después de su desaparición…

Giovanni pensó que aquello podría resultar benéfico para su huida de Pueblo Paleta si podía contactar con Atlas más tarde.

—Entiendo, ¿Cómo va Blaine con su investigación?

—Todo marcha bien solo hay algunos contratiempos —Carraspeó Proton imaginando la cara de molestia de su jefe al otro lado de la linea. Giovanni apretó con fuerza el teléfono.

—Escucha Proton más tarde me pondré de nuevo en contacto con ustedes para que me recojan, les haré llegar mi ubicación… Nos veremos pronto

—Un momento señor, espere… —La llamada terminó y lo único que Proton y sus compañeros escucharon fue el sonido sin línea del teléfono.

—¿Ahora que hacemos? —Preguntó Petrel mientras se volvía a sentar en su silla ejecutiva.

—Tenemos que ir a buscar al jefe —Respondió la pelirroja mientras señalaba el teléfono en las manos de Proton que acababa de emitir una notificación con la ubicación de Giovanni.

Proton miró la pantalla y luego a sus compañeros con la cara llena de confusión. Levantó la pantalla para que ellos también miraban.

—El jefe está en Pueblo Paleta.

Atenea arqueó una ceja visiblemente confundida. Petrel se cruzó de brazos y tomó el dispositivo de manos de su compañero.

—Atlas está cerca. Se la enviaré para que vaya a buscarlo.

—¿Pero que hace en ese pequeño pueblo en medio de la nada? —Se cuestionó Proton.

—Quien sabe —Respondió Petrel encogiéndose de hombros.

—No se preocupen por eso ahora tenemos trabajo aquí —La mujer tomó los documentos que estaban sobre su escritorio, pero poca atención les puso pues estaba tan intrigada como los otros ejecutivos sobre Giovanni.


—¿Mamá te sientes bien? —La carita infantil de Ash se dibujaba con preocupación.

Entró corriendo a la habitación de sus padres para dejar las pokeball como Giovanni le pidió, pero al entrar encontró a su madre sentada en la orilla de la cama con las manos cubriendo su rostro lo que lo alarmó. Su madre levanto la cara y le sonrió.

—Hola bebé, no te preocupes, estoy bien —El niño dejo las pokeball en la mesita de noche y se sentó a lado de su madre que se miraba un poco pálida.

Mientras doblaba la ropa repentinamente se sintió mareada y en un intento de esperar a que pasara se cubrió el rostro con las manos. Pensaba que ya no tendría más náuseas y mareos, pero al parecer aun la molestarían un poco más.

—¿Estas segura mami? —Volvió a preguntar Ash con insistencia.

—Si mi amor —Le acarició la mejilla. —¿Dónde está tu padre?

—Sigue en el patio.

—Llámalo por favor Ash, debo cambiar sus vendajes.

—Está bien mami.

El chico de cabellos oscuros dio un salto de la cama y salió corriendo de la habitación. Delia se levantó un poco mareada todavía y fue al baño para traer un poco de agua caliente que necesitaría para limpiar la herida de Giovanni.

Cuando Ash cruzó la puerta trasera de la casa se quedó quieto mirando a su padre que acababa de terminar una llamada. Estaba a unos cuantos metros de Giovanni que tenía una cara de molestia total que Ash no había visto nunca antes, se preguntó qué habría pasado para que se molestara así. Su padre tenía los brazos cruzados frente al pecho y desprendía un aura pesada que hizo sentir a Ash temor de su padre algo que nunca antes sintió. Cautelosamente se acercó lo suficiente para ser escuchado con claridad.

—¿Papá? —Musitó en un tono de voz tímido.

El líder de gimnasio giró sobre sus pies para mirar a su hijo que ahora lo observaba con cierta precaución. Suavizó su rostro y sonrió de medio lado, no le gustaba que Ash lo viera molesto.

—¿Qué ocurre Ash?

—Mamá dice que quiere cambiar tus vendajes —Respondió un poco intimidado, mientras frotaba su brazo, el que hacía unos meses se fracturó.

—Está bien, gracias Ash.

Giovanni avanzó unos pasos hacia su hijo, puso una mano sobre la cabeza del menor revolviéndole los cabellos y luego Ash lo miró entrar a la casa. El señor del crimen subió las escaleras, pensando en que ya no tenía más tiempo. Le diría adiós a Delia y Ash y desaparecería ese mismo día. Esperaba que Proton hubiese hecho lo que él pensaba y le hubiera mandado las coordenadas a Atlas.

Giovanni entró a la habitación donde Delia lo esperaba, ya lista con lo necesario para cambiar sus vendajes. Él se sentó en la cama y la miró preparando las gasas y vendas nuevas.

—¿Te sientes bien?

Delia parpadeó sorprendida. Era la misma pregunta que su hijo le había hecho nada más verla. Fue hacia su esposo y le besó una mejilla.

—Sí querido, estoy bien.

—Te ves un poco pálida —El hombre comenzó a desabotonar la camisa azul pálido que llevaba puesta.

—No te preocupes Giovanni.

—Tratándose de ti siempre lo hago Delia —Ella comenzó a quitar las gasas viejas. Empezó a limpiar la herida con agua tibia y él se estremeció— Debe haber sido difícil para ti durante este tiempo.

—Comencé a pensar que no te volvería a ver y que no volverías a casa —Confesó sin mirarlo a los ojos.

—No fue mi intención que esto pasará así.

—Entonces, ¿Puedes decirme ya como es que terminaste así?

El señor del crimen sintió un escalofrió recorrer su espalda. Sabía que ella merecía saber la verdad, pero no podía evitar sentir temor de lo que pudiera pensar de él.

—Es complicado Delia, no puedo decírtelo ahora.

—¿No crees que como tu esposa merezco saber lo que pasa contigo? —Le exigió.

Giovanni giró la cara en silencio para no verla directo a los ojos. Delia entonces supo que no podría hacerlo hablar. Terminó por cambiar los vendajes y se sentó a su lado en la cama. Él comenzó a abotonarse la camisa.

—Gracias —Le dijo mientras ella se recargaba en su hombro. —Me iré hoy Delia….

—Bien... —La mujer se puso de pie y empezó a recoger las cosas con las que cambio los vendajes de Giovanni sin decir otra palabra, dos podían jugar aquel juego del silencio.

—No sé cuándo volvamos a vernos…

—No importa, nosotros estaremos bien. Vete sin cuidado.

El líder de gimnasio pudo distinguir tristeza y molestia en el tono de voz de su esposa. Se acercó a ella y la rodeó con sus brazos. Delia apoyo su cara contra el pecho de él y comenzó a llorar. Mentiría si dijera que no le dolía que él se fuera. Que no se vieran. Los años habían pasado y ellos dos no podrían recuperar el tiempo perdido si seguían así. Delia solía llorar cuando pensaba en Giovanni, pero ella había elegido esa vida y pensaba que no podía quejarse ahora.

De pronto escucharon un estruendo en la planta baja, ambos reaccionaron al momento y salieron de la habitación. Al llegar a las escaleras miraron fuego que comenzaba a expandirse por las paredes de la planta baja.

—Ash —Gritó Delia asustada por la seguridad de su hijo y corrió por las escaleras.

—Espera —Giovanni la siguió al no poder alcanzarla.

Ninguno entendía lo que pasaba. Afuera la casa había sido rodeada por algunos hombres de Cipriani que estaban listos para entrar luego de lanzar algunos explosivos. Ash estaba leyendo una revista vieja de la liga añil en la mesa pequeña de la cocina cuando el primer explosivo detonó en la parte de enfrente de la casa. El ruido lo dejo aturdido y su corazón latía con prisa por el miedo. Ash se metió debajo de la mesa y cubrió sus oídos con sus manos. Una segunda tanta de explosivos fue lanzada sobre la casa, lo que provocó que la madera comenzará a crujir y el lugar a llenarse de humo. Giovanni tomó a Delia por los hombros y la empujó hacia el suelo cubriéndola con su cuerpo.

—Demonios —Gritó cuando el techo empezó a crujir sobre ellos. —Quédate aquí iré por Ash

El hombre le señaló la habitación de huéspedes, Delia se apresuró a ir hasta ahí. La casita de madera estaba incendiándose rápidamente y llenándose de humo negro. Giovanni podía escuchar afuera las voces de los Black Knights. Al llegar a la cocina miró a Ash sentado debajo de la mesa con una cara de terror mientras se tapaba los oídos y mantenía los ojos cerrados. Toda la cocina estaba cubierta de humo y algunas llamas comenzaban a cubrir las paredes. El líder de gimnasio corrió hacia su hijo.

—Ven Ash, vámonos —Le dijo tendiéndole la mano.

El pequeño moreno estaba aturdido, pero al ver a su padre se colgó de sus brazos rápidamente. Giovanni regresó con prisa esquivando la madera que caía quemándose del techo y entró al cuarto de huéspedes. Dejó a su pequeño en el suelo y corrió hacia la puerta.

—Ash —La mujer gritó preocupada y abrazó a su hijo contra su cuerpo. —¿Estas bien mi amor?

Delia tomó la cara de su hijo entre sus manos y revisó que estuviera bien. Giovanni estaba parado bajo el marco de la puerta, mirando hacia la parte frontal de la casa. Su cara sudaba y las manos le temblaban por lo que las apretó en puños en un intento por mantenerse tranquilo. Era demasiado tarde pensó, Leo Cipriano lo había encontrado. Seguramente sabia de Ash y Delia, ahora no podría dejarlos, tendría que llevarlos con él y revelar secretos para los que aún no estaba listo.