—¡Giovanni!, ¡Giovanni!, ¡Giovanni! —La voz alterada de Delia lo sacó de sus pensamientos abrumadores y caóticos.
Ella comenzó a jalarlo con insistencia del brazo llamando su atención. El líder de gimnasio estaba trastocado, no podía pensar con claridad. Su rostro siempre imperturbable estaba sombrío y parecía estar fuera de sí. Varias gotas de sudor caían por su cara, y miró a su esposa que tenía la cara pálida por el terror que sentía.
—Yo no… —Murmuró el líder de gimnasio, tan despacio que ella apenas pudo escucharlo.
—¿Giovanni, que es lo que está pasando? —Preguntó alterada mientras no le quitaba la vista de encima, él pudo ver en sus ojos miedo y preocupación por no entender nada de lo que ocurría a su alrededor. La culpa de ver a Delia así lo atravesó como un disparo certero y juró mentalmente que la sacaría a ella y Ash de ahí sanos y salvos.
La puerta principal cayó provocando un fuerte ruido al golpear contra el suelo de madera del recibidor. Las risas burlonas de los Black Knights irrumpiendo en la pequeña casa hicieron que Ash se aferrara a la ropa de su madre escondiéndose detrás de ella. Giovanni entonces la sujetó por los hombros y la hizo retroceder.
—Quédense aquí, no salgan por nada —Delia asintió mientras tomaba a Ash en sus brazos.
—Giovanni… —Dijo ella cuando lo miró cerrar la puerta de la habitación para encontrarse con los hombres de Cipriani.
El humo comenzaba a ponerse denso y ayudó a Giovanni a perderse en su negrura. Cuando los intrusos lograron verlo aparecer de entre la nube de humo ya estaba muy cerca de ellos. La cara del señor del crimen se mostraba de nuevo en calma. Observó a los cuatro hombres a su alrededor con sus ojos oscuros y penetrantes. El hombre más cercano se apuró a correr hacia Giovanni lanzando su puño hacía el jefe del Team Rocket que lo agarró del brazo y lo lanzó contra el suelo provocando un ruido pesado cuando se estrelló dolorosamente en la madera. El que estaba más cerca de la puerta lanzó una mirada rápida a sus compañeros, uno de ellos castaño y el otro rubio; para que se lanzaran contra Giovanni, este hombre llevaba un charmeleon consigo y un arma cargada lista para usarse.
Los otros dos Black Knights comenzaron a lanzar golpes hacía Giovanni que se movía ágilmente por el espacio en el que se encontraban y que conocía muy bien. Uno de los puños enemigos rozó su cara cuando apenas tuvo tiempo de esquivar agachándose, luego rápidamente y como si tuviera un resorte en las piernas se levantó con fuerza estrellando su puño derecho en el hígado del castaño que se llevó las manos al estómago con dolor y se dejó caer al suelo. El rubio miró a su compañero en el suelo y rechinó los dientes mirando a Giovanni con furia, luego se abalanzó lanzando golpes contra el líder de gimnasio que se movió de un lado a otro esquivando golpes como solía hacer en sus entrenamientos de boxeo en Viridian. El intruso cerca de la puerta apuntó su arma hacia ellos y gritó alertando al rubio. Giovanni miró al sujeto apuntándole y como si estuviera mirando una escena en cámara lenta se lanzó hacía un lado cayendo sobre el sillón de la sala de estar y luego rodó hacía el suelo. El inconfundible sonido de un arma accionándose inundó la cabeza de Giovanni y también la de Delia que se aferró con fuerza a su hijo y pidió a cualquier Dios en el cielo que su esposo estuviera a salvo.
Giovanni se levantó del suelo, listo para repeler los golpes que el hombre rubio comenzó a lanzar de manera desordenada. Giovanni sujetó entonces con fuerza su mano y le dislocó la muñeca, luego mientras el rubio gritaba con dolor lo pateó en el estomago dejándolo tirado en el suelo.
—¡Lanzallamas! —Gritó ordenando a su charmeleon el hombre armado y de cabellos oscuros de pie cerca del recibidor.
Giovanni se apuró a patear la mesa de centro de la sala de estar y la sujetó con fuerza para usarla como un escudo improvisado y cubrirse de las calientes llamas del pokemon enemigo. Por un momento pensó que no podría resistir la fuerza de aquel fuego abrazador mientras mantenía la cabeza agachada y apretaba los dientes con fuerza. Cuando el ataque cesó el Black Knight armado pateó con brusquedad la chamuscada mesita de madera. Giovanni se tambaleó y cayó al suelo un poco agitado por el esfuerzo y el humo colándose en sus pulmones. Sintió como la herida en su costado se abría un poco más en cada movimiento y se llevó una mano a donde estaban los puntos suturados que con tanto cariño su esposa había estado cuidando esos días.
Ash y Delia podían escuchar los ruidos que venían desde afuera mientras se mantenían escondidos.
—Mamá, tenemos que ayudar a papá —Dijo Ash mirando a su madre con el ceño fruncido en una mueca de preocupación, temor y algo de ansiedad.
—Es muy peligroso Ash —Le dijo tratando de disuadirlo.
—Necesita a sus pokemon —Insistió mientras metía la mano en sus bolsillos buscando algo— Mira es Rhydon mamá.
Delia miró la pokeball brillando en la pequeña mano de su hijo y luego lo miró a él que le sonreía con su cara sudando por el calor que ahora llenaba poco a poco la habitación.
—Ash —Dijo la madre un poco contrariada.
—Lo guarde cuando subí a dejar las demás pokeball de papá, quería enseñárselo a Gary cuando fuera a verlo —Explicó apenado por tomar algo de su padre sin permiso.
Afuera Giovanni era pateado en las costillas mientras observaba a los hombres de Cipriani levantarse y reunirse delante suyo.
—Al parecer no eras tan fuerte como decían —Se burló el hombre con el charmeleon.
—Terminemos con esto de una vez —Vociferó con dolor y gran enojo el hombre rubio mientras se apretaba la mano contra el cuerpo y mostraba una mueca de dolor.
—Espera —Sonrió con malicia el hombre armado que ahora apuntaba a Giovanni que seguía en el suelo— Cipriani dijo que el informe del imbécil de Koch decía que tenía mujer y un hijo.
Giovanni recordó entonces a aquel hombre de Cipriani con el que tuvo una charla en las instalaciones de Azulona. Nunca pudo encontrar ese maldito informe, por lo que ahora entendía como los Black Knights aparecieron ahí. Si se hubiera ido antes entonces Delia y Ash hubiesen sido atrapados solos en casa.
—Debemos solo matarlos a todos —Gritó de nuevo el rubio.
—Podemos divertirnos primero con la esposa —Declaró mientras apuntaba hacia el pasillo por donde Giovanni había aparecido— Vayan a buscarlos.
—¡Malditos! —Les gritó Giovanni con rabia.
—¡Cállate! —Dijo el hombre armado pisándole el pecho con fuerza— Muérete de una vez —Declaró apuntando su arma justo a la cabeza del señor del crimen.
—¡Estampida Rhydon, ahora! —Gritó Ash con toda la fuerza que pudo sacar de su pequeño cuerpo mientras permanecía escondido entre el humo.
Los cuatro hombres de Cipriani voltearon sorprendidos para ver aparecer entre la espesura del humo al feroz pokemon del líder de gimnasio de ciudad Viridian. Se plantó frente a ellos golpeando el suelo con fuerza y haciendo vibrar todo a su alrededor. Rhydon rugió mientras estaba ahora frente a su entrenador, haciendo que su adversario se alejará. Dos de los hombres salieron corriendo de la casa, uno de ellos era el rubio con la mano dislocada.
—¡Lanzallamas! —Ordenó con prisa el hombre que antes pisoteaba envalentonado el pecho de Giovanni mientras estaba tirado en el suelo.
—¡Cuerno taladro! —Ordenó también el pequeño hijo del líder de gimnasio.
Ambos pokemon atacaron al mismo tiempo. Las llamas del charmeleon parecieron hacer nada al embravecido Rhydon que golpeó con fuerza al tipo fuego que salió disparado por el golpe contra su entrenador, el cual quedó tendido en el suelo por el golpe de su pokemon. Ash salió de entre la nube de humo del pasillo y se apresuró a ir a donde estaba Giovanni.
—Papá, ¿Estas bien? —Preguntó el niño apretando los labios para no llorar. Mientras ayudaba a su padre a ponerse de pie.
—Eso fue asombroso hijo, lo hiciste muy bien.
Giovanni palmeó el hombro de su hijo con aprobación y luego miró a su esposa aparecer cubriéndose el rostro con un trapo. Tenía la cara mojada por el sudor y enrojecida por el calor al igual que su hijo.
Delia miró a su esposo malherido y palideció, se sintió mareada y pensó que se desmayaría.
—¿Están bien? —Les preguntó con preocupación Delia y ambos asintieron.
Las voces y los pasos de los Black Knights que seguían afuera alertaron al líder de gimnasio.
—Vayan arriba y busquen mis demás pokeball —Les dijo para que se fueran de ahí.
—¡Pero papá…! —Se apuró a decir el pequeño de cabellos oscuros.
—Delia, vayan arriba, rápido —Sentenció por última vez con firmeza.
La mujer miró a su esposo y asintió. Tomó con fuerza la mano de su hijo y comenzó a correr por las escaleras alejándolos del peligro. El niño lanzó una última mirada empapada en lágrimas a su padre que salía de la casa acompañado de Rhydon.
Afuera una docena de Black Knights aguardaban con sus pokemon, entre ellos algunos jolteon, growlithe, houndour, charmeleon y raticate. Giovanni apareció frente a sus enemigos con la cabeza agachada. Y a medida que avanzaba despacio, hasta estar frente al porche de la casita blanca, levantó la cara. Los rayos del sol iluminaron su rostro dejando ver una mirada de completo odio y una sonrisa mordaz surcó su rostro. Aquellos hombres habían irrumpido en su casa, asustado a su familia y arrasado con la tranquilidad de la vida de campo de su esposa e hijo. La sangre le hervía con furia y la sola idea de pensar en que pudieron haber hecho cosas horribles con Delia y Ash nublaba su juicio con arrebatada demencia.
—¡Terremoto! —Gritó con incontenible fiereza.
Rhydon se lanzó al ataque y el suelo comenzó a moverse bajo los pies de los hombres. Que comenzaron a mandar a sus pokemon al ataque.
—¡Ataque furia! —Ordenó Giovanni con los brazos cruzados sobre el pecho.
Los ataques de los pokemon de los Black Knights fueron esquivados por el habilidoso y veloz pokemon del señor del crimen que estaba acostumbrado a pelear con varios a la vez. Algunos salieron lanzados lejos golpeados por la fuerza bruta de Rhydon mientras caían sobre sus entrenadores.
—Terminemos esto —Declaró con dureza alargando su brazo derecho contra los Black Knights— ¡Terratemblor Rhydon!
El imparable pokemon tierra/roca rugió indómito. Se lanzó al ataque con una avasalladora fuerza que hizo retroceder a sus contrincantes. Siguiendo las ordenes de su entrenador el suelo volvió a cimbrarse con fuerza, y crujió como si se tratase de una pequeña hoja seca que acababa de ser pisada. Los pokemon al ataque fueron golpeados de lleno y lanzados contra el suelo siendo debilitados.
—¡Roca afilada y luego terratemblor! —Gritó Giovanni cuando algunos Black Knights corrían a sus autos para huir.
Las rocas afiladas perforaron el suelo y los autos, imposibilitando la huida luego fueron golpeados por un ataque de terratemblor de nuevo y quedaron inconscientes en el suelo. Giovanni miró la escena frente a él y luego a su compañero pokemon.
—Gracias amigo, lo hiciste bien —Le dijo con calma el líder de gimnasio y regresó al pokemon a su pokeball para que descansara.
Delia y Ash aparecieron corriendo detrás de él con sus pokeball. Estaban agitados y sudorosos por el calor y el humo que inundaba la casa.
—¿Se encuentran bien? —Preguntó Giovanni mirándolos con preocupación.
—¡Derrotaste a todos! —Gritó emocionado Ash observando a los pokemon y sus entrenadores regados por la calle.
Delia no podía hablar y observó a su esposo con seriedad. No entendía que pasaba, ¿por qué esos hombres habían irrumpido en su casa de esa manera?, todo lo que tenían, lo que conocían, ahora yacía bajo las cenizas de su adorado hogar. Un nudo en su garganta amenazaba con hacerla llorar, pero conteniéndose con fuerza logró enfrentarse a su esposo.
—¡Giovanni! ¿Qué significa esto?, ¿quiénes eran estos hombres? —Su voz comenzó a quebrarse y sus manos temblaron de impotencia— ¡nuestra casa está destruida! —Le gritó consternada.
La cabeza comenzó a darle vueltas y su visión se nubló. Delia sintió que el suelo bajo sus pies se movía, se llevó una mano a la cara y luego perdió el control de su cuerpo. Giovanni atrapó a su esposa entre sus brazos antes de que cayera al suelo.
—¡Delia! —Palmeó su cara y le quitó unos mechones de cabellos de la cara.
—¿Qué le pasa a mami? —Preguntó Ash muy asustado mientras tomaba la mano de su madre.
—Tranquilo, solo se ha desmayado.
—¿Qué haremos ahora? —La congoja en la voz de Ash no paso desapercibida para su padre.
Giovanni estaba en una situación desesperante. Tenía a Delia desmayada en sus brazos y Ash se mantenía a su lado al borde del llanto. El señor del crimen se sintió por primera vez en mucho tiempo aterrado. No podían quedarse ahí más tiempo, Cipriani mandaría a más de sus hombres seguramente. Debían irse lo antes posible, Giovanni comenzó a pensar rápido en que hacer, observó la mansión en la colina y estuvo a punto de anunciar a Ash su siguiente movimiento cuando escuchó una calmada y conocida voz.
—Señor…
Giovanni levantó la cara y miró a Atlas caminando hacía ellos. Nunca antes se había alegrado más de ver a su fiel ejecutivo. El hombre de uniforme blanco se detuvo frente a Ash que se mantenía con los puños alzados intentando proteger a sus padres de aquel desconocido, con los ojos llorosos y apretando los labios.
—Atlas —Dijo Giovanni aliviado de verlo, aunque no lo admitiría.
Ash miró a su padre que asintió haciéndole entender que no era un enemigo y se colocó de nuevo a lado de su madre.
—He venido en cuanto tuve sus coordenadas señor —Colocó una mano en su pecho e hizo una leve reverencia, miro a Ash y luego a la casa quemándose detrás de ellos— Creo que he llegado tarde señor…
—No es así, has llegado en el momento adecuado.
Una fuerte explosión vino desde la casa haciendo que Ash saltara asustado. Giovanni hizo un gesto rápido a Atlas para que tomara a Ash. El ejecutivo lo levantó del suelo y comenzó a alejarse de la casa junto a su jefe. Al final de la calle esperaba el auto en que Atlas había venido desde Viridian.
—¿A dónde vamos? —Preguntó preocupado Ash cuando Giovanni le ponía el cinturón de seguridad.
—A un lugar seguro… —Anunció su padre.
El viaje de Pueblo Paleta a Ciudad Viridian fue rápido con Giovanni al volante. Ash se mantuvo en silencio acariciando suavemente la cara y cabellos de su madre que yacía aún desmayada a su lado. Y no prestó atención a lo que su padre hablaba con el hombre que los acompañaba. Cuando comenzaron a avanzar por las calles viridianas el pequeño de cabellos oscuros no pudo evitar mirar por la ventanilla del auto, nunca antes había ido a la ciudad y aquello era emocionante, aunque hubiera preferido que esa visita fuera diferente.
Fueron directamente al helipuerto privado de Giovanni para salir lo antes posible de la ciudad. Cuando Ash salió del auto un viento fresco golpeó su cara e hizo bailar sus cabellos. Miró a su padre sacar con cuidado a su madre del auto, y quiso preguntarle que pasaba, ¿por qué de pronto todo había cambiado así?, pero se quedo callado apretando con fuerza la tela de su playera negra. Hacía un poco de frío y el aire le enfriaba las manos. Quería que su madre despertara y lo abrazara con fuerza.
—Date prisa Ash —Su padre le dijo al verlo quedarse atrás.
—Sí —Respondió el pequeño apurando el paso.
Delia abrió los ojos un poco, se sentía todavía mareada. Giovanni la cargaba en sus brazos y su cabeza descansaba contra el pecho de su esposo. Él avanzaba con prisa hacia el helicóptero que los esperaba, Ash caminaba a su lado apurado. La mujer intentó levantar la cara un poco y logró a ver a su hijo antes de cerrar los ojos de nuevo.
Mientras surcaban los cielos de Kanto, Atlas le dijo a Giovanni que el equipo que envió a Pueblo Paleta estaba realizando la misión que se les encomendó. Ash miró con curiosidad al hombre que hablaba con su padre. Le interesaba saber sobre él. Hablaba con calma y parecía muy astuto. Llamaba señor o jefe a su padre y se mostraba complaciente. Entonces dirigió su mirada a su padre que parecía cansado. Llevaba puesto pantalones y zapatos negros y una camisa azul pálido sucia y arrugada. Aquello era porque esa mañana pretendía irse y regresar a la ciudad y Ash lo supo antes de que se lo dijeran con tan solo verlo vestido así en el desayuno.
Ash se quedó dormido mientras sujetaba la mano de su madre que estaba sentada a su lado. Despertó cuando Atlas le sacudió el hombro con suavidad.
—Vamos pequeño —La calmada voz de Atlas llamándolo lo sacó de sus sueños.
Ash se talló la cara adormilado, buscó a su madre, pero ella ya no estaba.
—Mami —Dijo con preocupación.
—Esta allá —Le señaló Atlas para que mirara a Delia siendo llevada en camilla, Giovanni caminaba a su lado hablando con quien parecía un médico.
Ash intentó quitarse el cinturón con prisa y sus manos se hicieron una madeja de nudos, entonces Atlas apartó sus pequeñas manos para ayudarle a liberarse. El niño salió del helicóptero ayudado del ejecutivo Rocket y corrió para alcanzar a su padre.
Delia abrió los ojos con lentitud, su cuerpo estaba cansado. Su visión estaba un poco borrosa y se paso una mano por los ojos en un intento por mejorar su visión. Cuando logró observar con claridad se dio cuenta de que no reconocía ese lugar. Se levantó de prisa de la cama y se sintió mareada debido al movimiento brusco. Se quedó sentada al borde de la cama, recordó entonces lo que había pasado esa mañana. Un sentimiento de tristeza inundó su pecho y apretó las manos una sobre la otra en su regazo. Miró con atención la habitación donde se encontraba era lugar amplio y de estilo romano. Tenía techos altos, molduras elegantes, y una cama preciosa, le recordó el gimnasio en Ciudad Viridian. Lo que trajo a su mente a Giovanni y por supuesto a Ash. Se llevó una mano a la cara preocupada por su esposo e hijo. ¿Dónde estaban ellos? Se preguntó con el corazón comenzando a palpitar apresurado. Se levantó con cuidado de la cama y se acercó a las cortinas de un color rojo oscuro que cubrían toda la pared, las apartó con cuidado y la impresionante vista del mar de Carmín la deslumbro.
—Por fin has despertado —Una voz familiar dijo a sus espaldas y ella giro para mirarlo.
Giovanni apareció vestido con un traje negro a medida, llevaba una camisa blanca sin corbata y parecía estar familiarizado con el lugar donde se encontraban. La miró sonriendo y ella se sintió molesta, ¿Acaso el podía estar tan tranquilo mientras toda su vida se iba al diablo?
—¿Dónde esta Ash? —Preguntó con voz irritada.
Él levantó ambas manos hacia ella pidiéndole calmarse un poco.
—Siéntate cariño —Le señaló la cama.
Delia miró a su esposo y luego se sentó para saber de su hijo.
—Ash esta a salvo, se encuentra afuera jugando.
Ella se sentía confundida y las palabras calmadas de Giovanni no ayudaban en nada.
—¿Qué ha pasado? —Preguntó ella mientras se llevaba una mano al vientre.
—El bebé esta bien —Le dijo rápido cuando notó su cara preocupada— Un doctor ha venido a verte, le pediré que regrese para revisarte ahora que estás despierta.
Ella asintió sintiéndose un poco calmada al saber que el pequeño en su vientre estaba bien pero aun con un ferviente deseo de saber la verdad.
—¿Dónde estamos Giovanni? —Delia necesitaba respuestas y una explicación, él simplemente no podía quedarse callado ahora como otras veces antes.
—Ciudad Carmín —Respondió el señor del crimen mientras se humedecía los labios nervioso por lo que seguía— Los he traído aquí desde Pueblo Paleta.
Ella se quedó en silencio mirándolo un momento intentando procesar sus palabras. Le pareció que este hombre frente a ella no era su esposo, y se dijo que no conocía a este hombre de pie delante suyo.
—¿Quién eres? —Le preguntó fríamente con los puños apretados a sus costados —¿Por qué nos han atacado?, ¡Merezco una explicación tuya! —Demandó poniéndose de pie enojada.
Delia sentía el corazón latir desbocado, el cansancio, el miedo, la confusión, y la angustia todos estaban revueltos en su interior batiéndose como un mar embravecido en medio de una tormenta. Estaba lista para enfrentarse a su esposo, aunque la verdad que él dijera cambiara todo entre ellos para siempre.
Giovanni agachó la cara con pena mirando el fino piso de mármol blanco a sus pies. El momento que más había temido desde el momento en que se caso con Delia llegó. Debía enfrentarse a los demonios que él mismo creó en todos esos años. Le hizo un gesto con la mano invitándola a sentarse otra vez. Delia pensó por un momento en negarse a su pedido, pero las piernas le temblaban y pensó que lo mejor era estar sentada cuando escuchara la explicación de Giovanni. El líder de gimnasio se puso en cuclillas frente a ella y tomó sus manos entre las suyas, acariciándolas suavemente. Intentando acomodar las ideas en su cabeza en oraciones claras y concisas y acabar con aquello de una sola tajada.
—Perdón —Anunció con palabras sinceras— No soy quien piensas Delia…
La mujer de ojos chocolates sentía que el corazón le latía a mil por hora. Sabía que su vida estaba a punto de dar un giro total. Con ojos expectantes lo miró esperando más.
—Yo… yo soy… el líder del Team Rocket.
Silencio. Ella lo escuchó, él estaba seguro, pero no decía nada, solo lo miraba con calma. Ella parpadeo. Se preguntó si lo había escuchado bien. ¿Su esposo acababa de decir que era el líder de una organización criminal? Le había ocultado que era uno de los hombres más buscados de la región. Sintió que la ira subía por su pecho y que sus ojos se agolpaban en lágrimas. Levantó su mano contra Giovanni y le dio una fuerte bofetada que lo hizo voltear la cara, él no dijo ni hizo nada solo espero, y Delia comenzó a llorar.
—¿Desde cuándo? —La escuchó preguntar forzando una voz calmada.
—Desde antes de que Ash naciera —Le confesó mirando el suelo. Delia tomó su cara entre sus manos y lo obligó a mirarla a los ojos.
—¿Por eso aceptaste que nos fuéramos a vivir lejos?, ¿No me necesitabas cerca de tus negocios? —Exclamó con un tono lleno de tristeza y resentimiento, sus ojos chocolate ahora estaban empañados con lágrimas amargas.
—No fue así Delia —Le dijo poniéndose de pie— solo quería mantenerlos a salvo.
—No lo has hecho muy bien… —Ella se puso de pie— He perdido todo lo que tenía y amaba, mi casa, mis recuerdos, mi vida tranquila a lado de mi hijo. Me has causado mucho dolor…
Giovanni sintió que algo dentro de él se rompía en muchos pedazos pequeños y difíciles de volver a armar. Las palabras de Delia calaban en lo más profundo de su ser, su mayor miedo se estaba haciendo realidad frente a él por su culpa. Las palabras que salían de los labios de su esposa eran algo que siempre quiso evitar escuchar. Atravesaron su pecho y sintió que estaba perdiendo lo único que en realidad amaba en su vida, a su esposa, a su familia. Lo único que realmente importaba de verdad.
—Lo sé, entiendo lo que sientes, y lo siento mucho Delia —Se atrevió a decir con el corazón en la mano.
—Vete Giovanni, quiero estar sola… —Dijo dándole la espalda para no mirarlo más.
Él se quedó de pie con una mano hacia ella, intentando alcanzar a su esposa. Luego dejo caer lentamente su mano y la miro un momento. Delia se paro frente a la enorme ventaba con vista al mar de Carmín, con los brazos cruzados sobre su pecho. Giovanni la miró una ultima vez antes de dirigirse a la puerta, cuando salió cerró con suavidad y suspiró entristecido. Su cara parecía calmada y cualquiera hubiera pensado que aquello no lo había perturbado. Sin embargo, se sentía perdido.
Cuando su esposo salió de la habitación Delia se giró para mirar la enorme habitación vacía y se sentó en la cama llorando. Toda su vida con Giovanni era una mentira. Todo aquello que alguna vez creyó verdadero no lo era ahora. No tenía una casa a la cual volver, y seguramente su vida y la de Ash peligraban. Se preguntó que debía hacer. Ella sola no podría mantener a salvo a Ash y mucho menos estando embarazada. Toda su vida estaba pendiendo de un hilo.
—¿Qué debo hacer? —Preguntó frotando suavemente su vientre.
Cuando el profesor Oak se dio cuenta de el humo ennegrecido que venia desde la casa de Delia y su familia, se apresuró a tomar su bicicleta. Pedaleó con prisa el empinado camino que lo llevaría hasta la casa de sus buenos amigos. Cuando estuvo cerca del lugar el profesor puso un pie en el suelo para detener su avance y la bicicleta derrapó de costado. Se apresuró a esconderse entre unos arbustos cercanos para no ser visto por los hombres extraños que estaban apagando el incendio. Nunca había visto a estas personas. Observó con cuidado el suelo frente a la casa que parecía haber sido el campo de una batalla pokemon. Los hombres que estaban apagando el incendio llevaban uniformes negros que el profesor pensó se parecían a los del Team Rocket, pero estos no tenían la particular letra roja en el pecho. Estaban moviendo algunos autos y llevándose a otros hombres uniformados, pero de diferente manera. Luego de un rato terminaron su trabajo y desaparecieron por la Ruta 7 hacia Viridian.
Cuando estuvo seguro de que no quedaba nadie y que los autos se alejaban lo suficiente para no ser visto, el profesor camino despacio hacia la casa de Delia y Ash. El lugar estaba casi quemado por completo. Pero parecía que ellos no estaban ahí. Se preguntó qué habría pasado y sí ellos estarían bien. No sabía si llamar a la policía sería bueno o esperar a que Delia lo llamara primero.
Tomó su bicicleta de nuevo y regresó a casa con la esperanza de saber pronto acerca de Delia, Ash y Giovanni.
