Espero no confundirlos con este capitulo, explica algunas cosas que pasaron cuando llegaron a Ciudad Carmín y abarcan situaciones antes y después de que Delia escuchará la verdad de su esposo.


Atlas permanecía de pie observando desde la ventana del despacho de Giovanni a Ash jugar en el jardín. Le parecía un niño muy enérgico e inteligente. Sus ojos eran como los de la madre, pero el espíritu de lucha definitivamente lo había heredado del líder de gimnasio. La puerta se abrió y el ejecutivo dirigió su mirada hacia ella para ver entrar a su jefe que parecía cansado. Esperaba que el doctor le hubiera dado buenas noticias a Giovanni sobre su esposa.

—¿Se encuentra bien señor? —Le preguntó mirándolo sentarse tras su escritorio. Giovanni había desecho de la ropa sucia y maltratada con la que llegó y le pareció a Atlas que ahora se miraba como el jefe de siempre.

—Un poco, sí… —Se llevó las manos a la nuca.

—Ha sido una sorpresa encontrarlo en Pueblo Paleta —Hizo una pausa repensando su siguiente oración— Con ellos… —Dijo finalmente.

Giovanni arrugó la frente y le dedicó una mirada fría y molesta a Atlas. No le gustaba que sus empleados cotillearan sobre sus asuntos.

—La seguridad de mi familia siempre ha sido una prioridad para mí.

—Lo entiendo señor. ¿Ha pensado ya, en que haremos a partir de ahora?, es una situación demasiado peligrosa, sí Cipriani los ha encontrado en Pueblo Paleta muy seguramente dará con este lugar.

Giovanni se humedeció los labios y permaneció en silencio durante un momento. Sabía que debían moverse rápido para no ser encontrados.

—¿Qué sugieres? —Le preguntó entrelazando las manos sobre el escritorio de madera.

—Luego de que usted desapareció intenté buscarlo sin mucho éxito, pero sin quererlo he dado con algunas pistas prometedoras sobre Eric Phillips.

Giovanni enarcó una ceja con interés. No había tenido noticias sobre su amigo desde hacia unas semanas y estaba preocupado por su vida.

—¿Crees que este vivo?

—Tengo a una unidad siguiendo esas pistas ahora. Espero tener más información para usted más tarde. Podemos distraer a Cipriani con esto y aprovecharlo para mover a su esposa e hijo a un lugar más seguro.

—Te escucho…

—Creo que debe de ir usted mismo para atraer la atención de Cipriani.

—Suena bien, es como un suicidio. Pero es una buena idea.

—Regresará señor, lo sé —Le respondió Atlas sonriendo a su jefe.

Giovanni sabía que lo que su fiel ejecutivo decía era correcto, mandar lejos a su familia era la mejor opción en ese momento. Además de encontrar a su amigo Eric, y sí para lograrlo debía enfrentarse a Cipriani cara a cara y exponerse como un conejillo de indias, lo haría.

—Encárgate, y avísame cuando tengas listo todo.

Atlas inclinó su cabeza hacia Giovanni y luego salió del despacho. El señor del crimen se sentía cansado y estresado. Sabía que Delia no lo perdonaría y tal vez no la volvería a ver de nuevo. Enviarla lejos con Ash era lo mejor en esos momentos, aunque eso significará perderla para siempre. El haberle ocultado la verdad acerca de sus actividades sería una bomba estallando entre ambos. El líder de gimnasio dejó descansar su cabeza contra la fría madera, estaba acabado, ese sin duda alguna era el peor día de su vida.


El aire fresco y salobre de Ciudad Carmín inundó los pulmones de Ash, sus cabellos se agitaron y el pequeño se llevó una mano a la cabeza para acomodarlos en su lugar. Permanecía sentado en el pasto con Persian a su lado haciéndole compañía mientras esperaba a que su padre apareciera para decirle como estaba su madre. Echó una discreta mirada sobre su hombro y miró a los dos guardias uniformados que seguían de pie cerca de la puerta vigilándolo.

La enorme mansión que alguna vez perteneció a la madre de Giovanni se encontraba cerca del mar de Carmín. Era un lugar con hermosos y amplios jardines y muchas habitaciones. Cuando llegaron Ash se maravilló de la imponente vista del mar, era la primera vez que miraba un paisaje tan idílico como aquel y sus ojos quedaron enamorados de la vista. Pero no hubo tiempo de quedarse a admirar el mar, su madre fue llevada en camilla cuando bajaron del helicóptero. Seguía inconsciente y su padre estaba muy preocupado. Le ordenó a Atlas se quedará con él y este lo llevó a ver el mar desde un jardín con rosas blancas y rojas. Un rato después apareció Persian que lamió su cara y lo invitó a juguetear por el jardín. No se dio cuenta cuando Atlas se fue y en su lugar aparecieron los guardias, ahora aguardaba esperando paciente a que su padre viniera por él.

—Ash —El pequeño giró la cara y se puso de pie de un salto.

—Papá ¿Cómo esta mamá? —Se apresuró a preguntar mientras se reunía con su padre.

Giovanni colocó una mano sobre la cabeza de Ash que lo miraba con sus ojos preocupados. Persian se restregó contra las piernas de Ash y maulló con gentileza.

—Esta bien, no te preocupes, ¿Cómo te sientes?

—Yo estoy bien, ¿sabes de quien es esta casa? —Preguntó sin dejar de mirarlo.

—Es mía —Le anunció con una sonrisa ligera en el rostro.

Los ojos de Ash se abrieron con sorpresa y Giovanni observó el gesto de extrañeza que luego se acentuó en su cara.

—¿Por qué yo no la conocía?

—Hay muchas cosas que debemos hablar después, cuando seas mayor —Le dio una palmada en el hombro.

—Esta bien —Dijo Ash con una voz suave.

—Vayamos adentro ¿No tienes hambre?

Ash asintió y siguió a Giovanni adentro, cuando llegaron a la puerta custodiada por los guardias el pequeño se sujetó del brazo de su padre y escondió su rostro entre su saco, un tanto tímido.

—Papá ¿Por qué hay tantos guardias aquí? —Le preguntó sentado en un banco alto y con la cara pegada a la isla con superficies de mármol que estaba en medio de la cocina.

Giovanni estaba preparándole un sándwich, su saco negro descansaba en una silla a lado del banco de Ash y tenía las mangas de la camisa levantadas hasta los codos.

—Ellos trabajan aquí, cuidan la casa —Le dijo mientras ponía un plato con el sándwich delante de su hijo.

Aquello pareció convencer al niño que comenzó a comer mirando a su padre al otro lado de la isla. Sin embargo, Ash sabía que las cosas ya no serian igual luego de aquel día, habían perdido su casa. Tenía en la mente grabada la imagen de la casa quemándose en la distancia mientras el auto de Atlas se alejaba de ella. Estaba demasiado asustado para decir algo en ese momento. Todo ocurrió muy rápido, el ruido de los explosivos, los intrusos entrando a la casa, su padre enfrentándose a ellos, su huida a Viridian y esta casa nueva que su padre le anunció era suya. No podía comprender todos esos sucesos, pero tampoco se atrevía a pedir explicaciones. Se preocupaba por su madre, pero también que sucedería con ellos ahora.

—¿Puedo ver a mamá? —Preguntó mientras observaba fijamente a su padre.

—Es mejor que dejemos a tu madre descansar podrás verla pronto te lo prometo, ¿Quieres darte un baño?

Ash miró su ropa sucia por el polvo, el humo y la ceniza de la casa en Pueblo Paleta. Asintió mientras terminaba de comer.

—Luego ¿podría ir al mar? —Su voz tranquila hizo pensar a Giovanni que Ash se sentía fuera de lugar en aquel lugar, el niño que siempre hablaba a los gritos y saltaba de un lado a otro parecía perdido. Sabía que no era sencillo para su hijo comprender todo lo que habían pasado.

—Yo te llevare a ver el mar, ¿Esta bien?

Ash asintió mientras miraba a su padre ponerse de nuevo el saco.


Mientras Ash se duchaba, Giovanni fue a ver a Delia que para su tranquilidad ahora estaba despierta. Tuvo que darle explicaciones y relevar los secretos que con tanto temor guardó durante su matrimonio. Nada podía hacer ahora, ella se merecía la verdad. Solo podía rogar a la vida por que Delia supiera perdonarlo y entendiera que el amor que sentía por ella y su familia era genuinamente real.

Escuchar las palabras de Delia que lo acusaban y le reprochaban fue difícil. Aunque siempre supo que en algún momento debía confesarse no pensó que sería en estas condiciones. Ella se sentía traicionada y pensaba que su vida juntos era una farsa.

Si tan solo Leo Cipriani no hubiera aparecido para voltear las cosas de cabeza ahora podría estar en casa disfrutando de la tranquilidad del campo, jugando con Ash en el patio de la casita blanca, comiendo los deliciosos platillos de su esposa y maravillado por la noticia de la nueva adición familiar.

Giovanni apretó los puños con fuerza molestó por todo lo que estaba sucediendo. Mientras gruñía por lo bajo, maldijo el nombre de Leo Cipriani y juró que haría todo lo que estuviera en sus manos y más que eso para hacerlo pagar por romper el perfecto y delicado ambiente familiar que había creado en Pueblo Paleta con Ash y Delia.

Mientras su esposo se lamentaba por lo ocurrido y maldecía a su enemigo, Delia seguía mirando a través de los cristales el impasible mar de Ciudad Carmín. En su cabeza seguían dando vuelta las palabras de Giovanni. Sus ojos estaban humedecidos por las lágrimas y se pasó el dorso de la mano para secarlas. Si repensaba las cosas sabía que muy adentro en ella hace mucho tiempo sospechaba que algo con su esposo no andaba bien. Se reprendió mentalmente por ser tan ingenua ¿Qué hombre acepta los caprichos de su mujer de vivir en el campo?, ¿Qué mujer incrédula dejaría a su esposo viviendo solo en la ciudad?

Pensaba y pensaba en todos los sucesos de su vida desde el momento en que conoció a Giovanni en aquel parque en medio de ciudad Viridian, él fue su salvador y le pareció un chico diferente a los que conocía. Cuando paso tiempo con él en el gimnasio aprendió sobre lo que le gustaba y le mostró su lado dulce y comprensivo. Delia se enamoró perdidamente del líder de gimnasio y confió plenamente en todo lo que él le decía o hacía. En aquello residía ahora su dolor.

Delia se llevó una mano al vientre y acarició con suavidad la hinchazón que se comenzaba a formar. Recordó los días que pasó visitando el gimnasio de Giovanni cuando esperaban a Ash. Los bellos momentos que pasaron juntos decorando su habitación y la cara de su esposo cuando tuvo a su pequeño por primera vez en sus brazos. En aquel entonces ella notó en sus ojos un poco de miedo y también preocupación, pero fue solo durante un pequeño segundo como un rayo de luz fugaz. No le dio importancia en ese momento, pero ahora comprendía que Giovanni pensó en ese instante que ese niño era su talón de Aquiles.

Ahora mientras miraba el mar de Carmín y acariciaba su vientre a la espera de su segundo hijo pensó que no todo había cambiado tanto. Ella seguía pensando hasta esa mañana en el color de la habitación del bebé, en la ropa que debía comprar, y su padre ahora mismo seguramente pensaba que era una cuerda amarrada a su cuello para cualquier loco que estuviera allá fuera intentando acabar con él.

La mujer de ojos chocolate se apartó de la ventaba dispuesta a ir a buscar a su hijo. Cuando estaba por ir a la puerta se percató de la pequeña nota de papel que estaba sobre la cama. Luego de leerla miró sus ropas sucias y maltratadas. Su cara y brazos también tenían rastros de polvo y ceniza, por lo que decidió ir al cuarto de baño para limpiarse como sugería la nota. El lugar era muy amplio y elegante, y no perdía la estética de la habitación donde despertó. Se dio cuenta de que Giovanni se aseguró de que le dejaran toallas limpias y mudas de ropa, esto luego de que el doctor la revisara. Cuando el agua caliente de la ducha cayó por su cuerpo fue demasiado relajante, sus hombros dejaron ir la tensión y su mente se aclaró.

Más calmada y relajada por el baño Delia decidió salir de la habitación para ir en búsqueda de Ash. De manera cuidadosa abrió la puerta y asomó la cabeza al pasillo. Era muy largo y amplio, tenía una alfombra roja en el suelo y las paredes eran blancas, había detalles romanos por todos lados muy parecidos a los que se encontraban en el gimnasio de Ciudad Viridian. Varios cuadros colgaban en las paredes, muchos eran retratos de personas que no conocía, uno en particular llamó su atención y se quedó de pie frente a él observándolo. Era el de un niño que pudo jurar que era su esposo, llevaba pantalones cortos y grises, además de una camisa blanca de manga corta. El pequeño de cabello corto y negro estaba de pie a lado de una mujer muy bella, era alta y de cabello castaño oscuro con ojos marrones claro. Su expresión seria le recordó a Giovanni cuando lo conoció. Su mirada era profunda y pesada, eso la hizo estremecerse. Se preguntó si era la madre de su esposo. Nunca la conoció y a él no le gustaba hablar de su vida antes de conocerla.

—Somos mi madre y yo —La voz de Giovanni la hizo dar un respingo de sorpresa.

Delia no se había percatado de la presencia del líder de gimnasio que la miraba desde unos metros recargado en la pared con los brazos cruzados sobre su pecho. Ella lo miró sin decir nada y Giovanni tomó aquello como una invitación a acercarse. Ambos miraban con detenimiento y en silencio el cuadro.

—Nunca me hablaste de ella ¿Sigue con vida? —Preguntó pensando que tal vez por fin conocería a su suegra.

—Ella murió poco después del nacimiento de Ash —Confesó pasando una mano por su cabello de manera nerviosa.

Delia giró un poco la cara para mirarlo. Este hombre a su lado con quien estaba casada parecía un completo extraño, ¿Qué sabia ella de Giovanni? Solo lo que él quiso que ella supiera. Y ahora mismo le parecía muy descarado que le confesará aquello de manera tan calmada.

—¿Nunca has confiado en mí cierto?

—No se trata de eso Delia —Giovanni intentó tomar la mano de su esposa, pero ella se movió impidiéndoselo.

—¿Por qué me has ocultado todo esto?, ¿Por qué no me dijiste lo de tu madre?, ¿Acaso solo soy un juego para ti?, ¿Querías jugar a la familia feliz mientras cometías tu fechorías a mis espaldas?

La voz de Delia contenía resentimiento y desconfianza. Su esposo agachó la cabeza y respiro con calma intentando no perder el control. Nunca en sus casi diez años de matrimonio se sintió tan perturbado como ahora. Siempre se mostró calmado, atento y cariñoso con ella. Evitó a toda costa de dejar salir ese lado aterrador que ocultaba muy bien. Pero todo el estrés comenzaba a tocar el borde de sus límites.

—¡Esto es lo que soy, Delia! —Exclamó extendiendo los brazos a ambos lados y mirándola con fuerza.

Ella lo miró con reserva y pensó que ese hombre definitivamente no era su esposo. Al menos no con el que se casó. Él estaba sonriéndole de manera irónica y eso la sacaba de quicio, deseo abofetearlo de nuevo.

—¿Un criminal?, ¿Un loco?, ¿Un hombre sediento de poder? —Le dijo ella con desdén.

Se miraron uno al otro en silencio como quien se enfrenta a sus miedos y dolores. Entonces Giovanni comenzó a reír, simplemente se negaba a discutir con Delia sobre sus acciones criminales. Delia apretó los puños y la risa de su esposo se perdió en la inmensidad de las paredes de la mansión. Sin decir nada él comenzó a caminar con calma hacia las escaleras y ella lo siguió para encontrar a su hijo. Estaba molesta por su respuesta evasiva.

Giovanni echó una mirada sobre su hombro para percatarse de que ella lo seguía. Ninguno dijo nada más, pero él la guio hacia un amplio jardín donde encontraron a su pequeño hijo sentado en el pasto jugando con el Persian.

—Ash —Gritó la mujer al verlo sano y salvo jugando con el pokemon del líder de gimnasio.

—Mamá —El niño corrió para abrazarla.

—¿Estas bien mi amor? —Delia revisó su cara y brazos, y besó sus mejillas con dulzura.

Su hijo estaba bien, no estaba herido y parecía tranquilo. Notó que llevaba ropa limpia y supuso que su padre se encargó de él mientras ella estaba descansando. Al menos sabía que Giovanni no fingía ser un padre atento.

—Sí mami, estoy bien —Ash sonrió feliz de que ella estuviera de pie— ¡Mira el mar mami!, ¿No te parece hermoso?

—Sí lo es, mi tesoro —Ella besó la mejilla de su hijo y luego sus manos.

Giovanni se acercó a ellos, Delia no pudo evitar sentir un escalofrió subir por su espalda cuando sintió la mano del señor del crimen en su hombro.

—Ash esta bien, te dije que no te preocuparas.

—Sí mami, y papá ha dicho que me llevará a jugar a la playa, ven con nosotros ¿sí? —La cara de Ash estaba iluminada y parecía sentirse cómodo en aquel lugar.

—Será mejor que no hijo —Levantó al niño en brazos. Con la mirada desaprobatoria de su esposo encima.

Ash la miró con desilusión. Delia se apartó de Giovanni y caminó hacia la casa cargando a Ash en sus brazos.

—Deja que yo lo cargué —Giovanni le dijo siguiéndola.

—No es necesario.

El señor del crimen suspiro con cansancio y se resignó a seguirla calmadamente. Sabía que su esposa podía ser muy testaruda cuando se molestaba y ahora mismo luego de sus discusiones recientes lo mejor era dejarla en paz. Ash observó a su padre caminar despacio a unos cuantos metros detrás de ellos. Luego miró la expresión de enfado en la cara de su madre. A lo lejos el mar batía sus aguas con calma. El cielo se comenzaba a pintar de tonos naranja y parecía una pintura de acuarela como las de los cuadros que colgaban en casa del profesor Oak.

El sol comenzaba a esconderse y el ambiente estaba en calma, un suave viento hizo bailar los cabellos del niño que escondió la cara en el pecho de su madre. No le gustaba ver a sus padres molestos el uno con el otro. Era muy raro cuando esto pasaba, pero ahora mismo Ash sabia que esto era totalmente distinto a otras veces cuando ellos estuvieron en desacuerdo. Por lo que se sintió preocupado.

En la entrada de la casa Delia miró a un hombre de cabello corto y traje blanco de pie junto a la puerta. El ejecutivo de Team Rocket le sonrió.

—Señora permítame ayudarla —Atlas extendió los brazos esperando recibir al pequeño.

—Gracias, pero no es necesario… —Delia declinó su ayuda y lo paso de largo.

Giovanni se detuvo a lado de su ejecutivo, esperaba que tuviera noticias alentadoras luego de todo lo que habían pasado ese día.

—¿Qué tienes para mí? —Preguntó el señor del crimen mientras sacaba una cajetilla de cigarros del bolsillo trasero de su pantalón. El hombre a su lado le tendió un encendedor.

—Tengo buenas noticias para usted. Creo que hemos encontrado el lugar donde tienen al director de asuntos públicos.

—Perfecto —Dijo Giovanni, esperaba que su viejo amigo siguiera con vida. El humo del cigarrillo comenzó a perderse en el ambiente— ¿Qué hay sobre lo otro?

—Creo que lo más conveniente es Hoenn…. Es una región un poco alejada, además de que podemos encontrar algún pueblecillo escondido.

—Me parece bien, busca un lugar en Pueblo Azuliza —Arrojó el cigarrillo al suelo y lo molió con su zapato.

—¿Pueblo Azuliza señor? —Preguntó un poco confundido Atlas, nunca había oído hablar de ese lugar.

—Es un pueblo pequeño, está en una isla al suroeste de Hoenn, estuve ahí cuando era un niño, si sigue siendo igual que antes nos servirá.

—Entendido, señor, deje eso en mis manos entonces.

Atlas hizo una leve reverencia y miró a su jefe adentrarse a la mansión. Giovanni sentía que no podía mantenerse más en pie, había sido un día bastante pesado. El viaje en auto de Pueblo Paleta a Ciudad Viridian y luego de ahí en helicóptero a Ciudad Carmín fue muy cansado y estresante. La herida en su costado lo estaba molestando, pequeñas descargas de dolor se extendían cada vez que la camisa lo rosaba o cuando hacia movimientos bruscos. El encuentro con los hombres de Cipriani lo dejó malherido de nuevo.

Fue a su habitación donde solía quedarse cuando visitaba Ciudad Carmín, ahí estaban todas sus cosas. Lanzó su saco negro sobre una silla y se quitó el viejo Rolex que su madre le obsequió en su cumpleaños número quince, para dejarlo en la mesita de noche.

Cuando el doctor revisó a Delia y le dijo que estaba bien fue una bocanada de aire fresco para Giovanni. Por lo que no le importó no recibir atención médica también. Le bastaba con que su esposa y futuro hijo estuvieran bien. Luego de que el doctor se fuera dejo a Atlas a cargo de Ash y se dio una ducha fría para limpiar su herida, puso algunas gasas nuevas sobre la herida y salió para ver a su hijo y Delia.

Ahora mientras estaba sentado al borde de la cama se dio cuenta de que la camisa antes blanca estaba manchada con sangre. Maldijo mentalmente mientras iba hacia el cuarto de baño donde pudo verse frente a un espejo. Dejó tirada la camisa en el suelo y se quitó con cuidado las gasas que cubrían su herida. Tenia un enorme hematoma alrededor de ella y algunos puntos estaban abiertos de nuevo.

—Demonios —Gruñó apretando los dientes.

Pasó con cuidado un algodón humedecido en alcohol sobre la herida y suturó de nuevo los puntos abierto él mismo. Luego se metió a la ducha.

Al final del corredor Ash y Delia estaban disfrutando de una rica cena. Una amable empleada de servicio apareció un tiempo después de que ellos entraran a la casa. Ella supuso que su esposo la envió. Después de saciar su apetito Ash se acostó en la cama con los brazos extendidos. Su madre dejo escapar un risa sencilla al verlo.

—¿Te ha gustado la comida?

—Sí, pero la tuya es más rica mami.

—Vaya, gracias —Le dijo mientras acomodaba los platos sucios en el carrito de servicio que la empleada había traído.

Alguien tocó a la puerta y Delia pensó que sería la misma chica de antes que iría a recoger los platos. Le gritó amablemente que pasará. Sin embargo, quien estaba ahí era Atlas. Con su política sonrisa y cara tranquila.

—Disculpe, mi señora –Le hablo con voz calmada, agachando la cabeza levemente— ¿está todo bien?, ¿Necesitan algo más?

Delia miró su sonrisa que parecía más cálida ahora y le hizo sentirse con confianza. Este hombre al parecer era alguien cercano a su esposo y se miraba cortes, así que decidió que estaba bien hablar con él.

—Todo está bien, gracias.

Atlas asintió y miró a Ash recostado en la cama leyendo una revista que Giovanni le dio antes.

—El señor ha ordenado traer algunas cosas para ustedes. Quería hacerlos sentir cómodos. Puede encontrar ropa para dormir en el armario —Le señaló el mueble al otro lado de la habitación.

—¿Suele venir mucha gente por aquí con Giovanni? —Preguntó sin pensarlo. Rápido dedujo que si aquel hombre era un empleado de su esposo le mentiría.

—Es la primera vez que el señor viene acompañado. Ha sido todo una sorpresa.

Un leve sonrojo se apoderó de las mejillas de Delia. Imaginó lo que tal vez Atlas había pensado de su pregunta.

—Bueno —Hizo una pausa y sonrió— Es muy amable, no necesitamos nada más.

El hombre la miro un momento y luego abrió la puerta jalando el carrito de servicio con él.

—Está bien. Me retiró si no necesitan nada más. Yo estaré en otra ala de la casa, pero puede encontrar al jefe al final del corredor.

Delia asintió y miró a Atlas salir cerrando la puerta tras de sí. Mientras caminaba por el pasillo iluminado con luces tenues el ejecutivo Rocket pensó que aquella mujer era muy distinta al hombre que lideraba con autoridad y astucia el Team Rocket. Miró a la chica del servicio y dejó el carrito a un lado del camino, ella agachó la cabeza cuando paso a su lado. Confundida de ver a la mano derecha del señor haciendo aquella tarea que para nada estaba en sus obligaciones.

Luego de que Atlas se fuera Delia ayudó a Ash con el pijama y ambos se acostaron en la enorme cama con mantas suaves y almohadas acogedoras.

—Duerme bien mi amor —Delia apartó algunos cabellos de la cara de su hijo y besó su frente.

—Tú también mami.

Giovanni por su parte no podía pegar un ojo sabiendo que su familia estaba tan cerca de él y a la vez tan lejos. Se quedó mirando el techo en la penumbra de la habitación hasta que el sueño lo atrapó y se quedó profundamente dormido.


Atenea dejó caer su pluma en el escritorio, los otros dos ejecutivos a su lado también estaban bastante sorprendidos. Luego de esperar todo el día por noticias de Atlas y de su jefe por fin el primero se comunicó con ellos mediante una videollamada. Atlas los saludó con cordialidad y les pasó un informe detallado sobre lo acontecido ese día en Pueblo Paleta. La información que consiguió en Viridian antes de ir a buscar a Giovanni y claro sobre la mujer y el chico que ahora estaban en Ciudad Carmín con su jefe. A ninguno de ellos en todos esos años, ni remotamente en broma se les hubiera ocurrido que el gran señor del crimen escondía en Pueblo Paleta a una dulce esposa y a un pequeño lleno de energía.

—¿Alguien más se siente engañado? —Preguntó Proton en un tono de broma para romper el silencio que se había generado en la sala.

—La verdad no me lo esperaba —Petrel se rascó la cabeza y se levantó de su silla, que estaba al lado de la de Atenea.

La pelirroja seguía en silencio. Sabía que todo se complicaría con aquello Cipriani no solo iría por Giovanni también por su familia. Tenían que pensar muy bien sus siguientes movimientos. Lo primero era mandar lejos al pequeño y su madre como Atlas les dijo, dejarlos en un lugar seguro mientras también elaboraban un plan rápido para rescatar a Eric Phillips el amigo de Giovanni que ahora estaba secuestrado por los hombres de Cipriani.

—Petrel te quedas con Blaine, Proton y yo iremos a Ciudad Carmín —Anunció Atenea mientras se ponía de pie.

—Está bien, saluden al jefe de mi parte —Dijo saliendo de la sala de reuniones.

—Puedo apostar a que el chico tiene el ceño fruncido también —Se río Proton chasqueando los dedos mientras Atenea lo miraba con seriedad.

—Deja de jugar, saldremos en una hora.