Looker se detuvo a la orilla del camino. Al salir del auto el viento helado de los primeros días de invierno en el campo sacudió sus cabellos. Se quitó las gafas de sol para mirar con curiosidad la casa quemada hasta los cimientos. Era una escena que discordaba con la imagen de tranquilidad de aquel lugar. Se acercó al frente de la casa dando unos cuantos pasos largos, pudo notar algunas marcas en el suelo que dedujo eran de pokemon y también de personas. Notó algunos parches de tierra como si alguien se hubiera encargado de tapar con cuidado la evidencia de un terrible ataque de pokemon de tipo roca o ¿quizás de tipo tierra?
Regresó a su auto para terminar el camino hacia donde lo esperaban, en la cima de la colina que parecía sacada de una ilustración de algún cuento infantil. Con los colores vibrantes del campo en sus árboles, el cielo azul sobre ella, su tejas rojas y el enorme molino que giraba con parsimonia con el ligero viento que ahora corría.
Cuando llegó a la reja principal de la casa era esperado por un hombre joven de pie que supuso era algún empleado. Este lo llevó hasta la casa donde fue invitado a sentarse en la sala de estar en espera del dueño de la casa. Looker observó las paredes blancas y las pinturas que colgaban en ellas con una mirada discreta. Luego tomó una galleta de avena de las que el amable empleado le ofreció antes de desaparecer por un largo pasillo. Mientras mordisqueaba el bocadillo se dijo así mismo que aquella casa parecía estar muy tranquila. Se preguntó dónde estaría ese chico de mirada fiera que estaba en televisión anunciando al mundo que sería el campeón de Kanto.
—Hola —Dijo el profesor Oak apareciendo con una sonrisa amable.
—Hola, profesor Oak —Looker se puso de pie para darle la mano— Soy el detective Looker.
—Sí, de la policía internacional ¿Cierto? —Le señaló el sillón para que se sentara de nuevo mientras él hacía lo mismo.
—Así es señor, agradezco que me recibiera hoy.
—Ha sido muy sorpresivo recibir una llamada de la policía internacional, ¿Qué necesita de mí?
—Estoy trabajando en el caso del Team Rocket, ya sabe esa organización criminal que tiene a la región con los cabellos en punta.
El profesor Oak asintió mientras miraba a Looker sacar algunas carpetas de su maletín. De pronto el profesor pensó que el detective tal vez lo estaba acusando.
—¿No creerá que tengo algo que ver con esos lunáticos? —Preguntó con un tono de voz alto.
—No, bueno —Hizo una pausa— Quiero que mire estas fotos —Looker extendió sobre la mesita de noche las fotografías donde aparecían Ash, Delia y Gary.
El profesor observó por un momento en completo silencio y estiró su mano para tomar las fotografías. Luego de que Delia y su familia desaparecieran muchas cosas pasaron por su cabeza, pero no pudo dar con una idea razonable para lo que sucedió.
—Este es mi nieto Gary —Dijo apuntando la cara del pequeño en la fotografía.
—¿Conoce al otro chico? —Los ojos grises de Looker miraron con seriedad al profesor.
Samuel Oak dudó por un momento. No sabía que estaba pasando y le preocupaba meter en problemas a Delia que era como su sobrina.
—Si, lo conozco —Respondió finalmente con un poco de cautela— Es Ash, es un amigo de mi nieto. ¿Qué tienen que ver estos niños en su caso señor? —Preguntó regresando la fotografía a la mesita de centro.
—Es lo que quiero saber, verá, estas fotos las encontré mientras investigaba sobre el avistamiento de un hombre sospechoso en una zona boscosa. No era un miembro del Team Rocket, sino un lacayo de los Black Knights.
—¿Los Black Knights? —Oak dijo con duda, ahora entendía menos al detective delante suyo.
—Es un nuevo grupo que comienza a ganar terreno en Kanto. Pienso que están ahora mismo metidos en una guerra con el Team Rocket por territorios en la región.
—¿Por qué un hombre de esta organización tendría estas fotografías consigo?
—No lo sé, puede que estuvieran interesados en usted, ¿No le parece posible? —Looker observó al profesor esperando ver algo en su rostro que delatara una pista del caso, pero no encontró más que confusión.
—He dedicado mi vida entera a la investigación detective, no estoy interesado en cambiar el rumbo de las cosas y meterme en asuntos de este tipo —El profesor se puso de pie molesto por el comentario de Looker.
—Entiendo profesor —Dijo el detective con voz calmada— ¿Qué hay de la mujer?
—Yo…
Oak no sabía si continuar aquella charla o pedirle amablemente al hombre de ojos grises que se retirara. Sin embargo, tampoco sabía nada de Delia ni de Ash, y estaba preocupado por ellos en verdad. Se preguntó si ellos estarían involucrados en este caso, pero, ¿cómo?
—Profesor —Dijo Looker sacándolo de sus pensamientos.
—La conozco —Respondió con decisión, quería saber que pasaba con sus viejos amigos por lo que ahora estaba dispuesto a hablar con el detective sobre Delia.
El profesor se sentó de nuevo y tomó la fotografía de la mujer de ojos chocolate que conocía desde que era una niña. Recordó la sonrisa de Delia mientras acompañaba a su viejo amigo Albert en los trabajos de la granja. Su risa contagiosa mezclada con la de Sammy mientras corrían por los campos. El entusiasmo con que aparecía cada mañana después de Sammy se fue para ayudarlo. La cara de felicidad de la madre de Delia cuando esta volvía de Viridian con Giovanni. El cariño y el afecto con que trataba a Gary. Ella era muy importante para los dos y quería que estuviera bien.
—Su nombre es Delia. Es la madre de Ash. Vivían en la casa al pie de la colina.
Looker lo miró con sorpresa. Recordó la imagen de la pequeña casa quemada y se le erizó la piel. ¿Dónde estaban ahora esa mujer y su hijo?, ¿Estarían bien después de aquello?
—¿Qué ha pasado?, ¿dónde están ahora?
—No lo sé —El profesor miró el suelo con preocupación— Hace dos días la casa se quemó cuando fui a ver que pasaba, ya no había nadie —Miró a Looker, no quería decirle lo que vio luego de que llegó. Sobre los misteriosos hombres que encontró.
—¿Vivian solos? —Looker preguntó tratando de darle sentido a todos esos sucesos.
El profesor se puso de pie y caminó algunos pasos para mirar por la enorme ventaba de la sala de estar. Observó con melancolía la casita que apenas se podía ver abajo por el camino hacia la ruta 1. Era ahora escombros y cenizas.
—Delia es la esposa de Giovanni, el líder de gimnasio de Ciudad Viridian —Confesó el profesor sin voltear a mirar al detective.
Looker se puso de pie con prisa. Giovanni. El nombre se quedó clavado en medio de sus pensamientos. La cabeza de Looker comenzó a moverse rápidamente como si de una máquina de fina precisión se tratara. Ya había hablado con Giovanni antes. Apretó los puños con fuerza. ¿Lo había engañado?, ¿estaba el líder de gimnasio más zambullido en esas aguas negras que eran el Team Rocket de lo que decía?
—El líder de gimnasio —Repitió con voz baja Looker.
—Así es, siempre lo han mantenido en secreto. Giovanni y Delia querían que Ash tuviera una infancia feliz y tranquila.
—Profesor ¿Qué tanto conoce a Giovanni, el líder de Viridian? —La pregunta de Looker resonó en el lugar y Oak lo miró frunciendo el ceño.
—Es un joven de pocas palabras. Pero es respetable, es un buen padre y esposo.
Aquello no ayuda en nada pensó Looker. No creía que hablaban del mismo hombre, el que le dijo en su oficina que si el Team Rocket se atravesaba en su camino los mandaría al infierno. Venir a Pueblo Paleta había sido buena idea. Ahora estaba más interesado en saber que pasaba con Kanto y el líder de gimnasio de ciudad Viridian.
—Creo que me iré ahora. Ha sido de gran ayuda hablar con usted —Dijo Looker tomando las fotografías y poniéndolas de nuevo en su maletín.
—Espero que pueda resolver su caso, detective —Oak acompañó a su invitado hacia la puerta.
—Llámeme si tiene algo más que contarme profesor —Looker le ofreció una tarjeta de contacto. El profesor la tomó y se la guardó en los bolsillos de su bata blanca de laboratorio.
—Está bien, detective.
Cuando Looker pasó de nuevo frente a la casa quemada se detuvo otra vez para echar un vistazo. Rodeó la propiedad y notó que había huellas de auto. Como si alguien lo hubiera movido luego del incendio. El suelo de la parte de atrás no tenía marcas como enfrente. Teorizó que aquello fue un atentando contra Giovanni que resultó muy mal por lo que notó en el suelo. Lo que ahora estaba seguro eran debido al ataque de los pokemon de tipo tierra del líder de gimnasio.
Looker ya tenía decidido su siguiente objetivo y ese era encontrar a Giovanni. Mientras avanzaba por los caminos de terracería de la ruta 1, pensó en su charla con el profesor Oak. También en las palabras que cruzó con el líder de gimnasio un tiempo atrás. Este caso cada vez le sorprendía más.
En ciudad Carmín Delia miraba a Ash jugar con Persian en la blanca arena de la playa. El aire salado inundaba sus sentidos, era un lugar encantador si tan solo hubieran llegado por otros motivos ahí. Acomodó unos mechones de cabello detrás de su oreja y miró con discreción a los guardias que estaban a unos metros vigilándolos.
Ash estaba muy entusiasmado por conocer el mar esa mañana y la convenció de ir a dar un paseo. Cuando bajaban las escaleras para salir Giovanni los estaba esperando.
—Papá, vamos a ir a la playa ¿vienes con nosotros? —Ash lo tomó de la mano jugueteando.
—Tengo cosas que hacer ahora, hijo —Giovanni lo levantó del suelo entre sus brazos.
—No molestes a tu padre Ash, vamos yo te llevaré —Dijo Delia sonriendo a su hijo.
—Le pediré a alguien que los acompañe, no es seguro que estén afuera solos —Giovanni la miro con sus ojos oscuros y ella asintió— Más tarde los veré para comer.
—Está bien —Le dijo Delia mirando hacia otro lado.
Giovanni se acercó a ella, le rodeó la cintura y beso con cariño su mejilla. Delia no se esperaba aquello y se quedó quieta. Ash estaba en los brazos de su padre y soltó un pequeña y contagiosa risa cuando quedo atrapado entre sus padres.
—Tengan cuidado en la playa —Dijo Giovanni mientras se separaba de Delia y dejaba a Ash en el suelo.
—Claro —Respondió Delia con calma tomando la mano de su hijo y alejándose con prisa.
Delia pasó ligeramente su mano sobre su mejilla recordando. Los labios de Giovanni eran cálidos y suaves. Recordó las veces en su matrimonio donde aquella escena familiar se había repetido. Miró a Ash lanzar una pelota a Persian que corrió para atraparla. Luego el niño abrazó al pokemon y se tiraron panza arriba en la arena. Escuchó a su hijo reír, una sonrisa de dibujó en la cara de Delia.
Esos dos días habían sido muy difíciles para ella, estaba enojada con Giovanni y pensaba que no podrían regresar a su tranquila vida de campo. Su esposo no quería contarle que estaba pasando alegando que era mejor que no supiera detalles que la pusieran en riesgo a ella y a Ash después. Todo cambió en sus vidas tan rápidamente que aún le era difícil pensar en ello. Estaba preocupada por el profesor Oak que seguramente también estaba preocupado por ellos. Pensó que debía llamarlo para informarle que estaban bien.
—Ash, cariño, regresemos —Le gritó a su hijo poniéndose de pie, levantó la manta que puso en el suelo cuando llegaron y luego miró al pequeño correr hacia ella.
—¿Podemos venir de nuevo otro día? —Ash tomó la mano de su madre y Persian caminó a su lado.
—Tal vez sí, ¿Te divertiste?
—Sí, mucho.
Giovanni miró a sus ejecutivos de pie frente a su escritorio. Proton y Atenea llegaron la noche anterior desde Azulona.
—¿Para que vinieron? —Preguntó el jefe con severidad.
—Señor, yo les informe de la situación —Intervino Atlas parándose a un lado del escritorio y frente a sus compañeros.
Atenea se miraba tranquila como siempre y Proton parecía un poco nervioso.
—Fue mi idea venir —Dijo Atenea mirando con sus ojos fieros al jefe— Es mejor planificar nuestras acciones próximas estando reunidos.
Atenea era la más decidida y de temperamento fiero. Era una mujer bella e inteligente. Durante años consiguió distintos logros para el Team Rocket y se mantuvo firme en sus objetivos. Giovanni pensaba que era un elemento primordial en sus filas y le apreciaba por ello.
El jefe asintió y les hizo un ademan con la mano para que se sentaran. Atlas también tomo asiento frente al escritorio y les entregó a todos una carpeta negra.
—Es un pequeño informe con la información que hemos recabado. También contiene algunas fotografías de donde pensamos esta Eric Phillips.
—Ya veo —Dijo Proton revisando los documentos.
—Señor, Atlas nos ha informado sobre su idea de ir a buscar al Phillips usted mismo, no estoy de acuerdo con eso. No podemos ponerlo en peligro. —La voz decidida de Atenea sorprendió a Proton a su lado, él sabía que a la pelirroja le interesó en algún momento el jefe y que la noticia de su familia secreta la había sacado de balance por un momento.
Giovanni miró a la mujer con sus profundos ojos oscuros en silencio. Proton tragó en seco sintiendo la presión en el ambiente.
—No me importa hacerlo, ya lo he decidido —Declaró Giovanni poniéndose de pie.
Los tres ejecutivos lo miraron rodear el escritorio e ir a la ventana.
—Pero señor… —Objetó Atenea parándose también.
—A partir de este momento su prioridad es la seguridad de mi familia —Dijo mirando el mar que parecía más azul que otros días.
—Haremos lo que usted nos ordené señor —Dijo Atlas colocando una mano sobre el hombro de su compañera y le dedicó una sonrisa tranquila.
—Sí, señor —La pelirroja dijo mientras volvía a su asiento.
—Quiero que envíen un escuadrón de reconocimiento a Ciudad Plateada —Giovanni miraba a sus ejecutivos con seriedad— Proton y Atenea vayan a Viridian, recuperen nuestro territorio en la ciudad. Saquen a las ratas de Cipriani de nuestros negocios. Eso nos ayudara a llamar su atención.
—Ya tengo casi listo todo para mover a su familia a Hoenn, señor —Comentó Atlas anotando lo que Giovanni decía en su block de notas.
—Llamen a Petrel díganle que este listo para moverse si es necesario. Pueden retirarse.
—Si señor —Los tres dijeron al unisonó.
Cuando salieron de la oficina Giovanni se sentó de nuevo tras su escritorio mientras anotaba en una hoja de papel algunas palabras para Delia. No se atrevió a decirle lo que pasaba con Leo Cipriani pues no quería preocuparla aun más. Tener que decirle adiós a ella y a su hijo sería lo más difícil de todo.
Los tres ejecutivos comandados por Atlas caminaban por uno de los pasillos de la enorme mansión luego de hablar con su jefe.
—No creo que esto sea una buena idea —Dijo Atenea quedándose rezagada en el camino. Atlas la miró sobre su hombro.
—No es momento para contradecir al jefe —Le dijo Proton rascándose la nuca— Todos sabemos que cuando algo se mete en su cabeza nadie lo puede hacer cambiar de parecer.
—Proton tiene razón por primera vez —Comentó Atlas dándole una palmada a su compañero.
—¡Oye! —Reclamó Proton con una mueca en la cara.
—Esto es muy importante para el jefe, debemos de actuar con cautela y hacer lo mejor que podamos. Eric Phillips es como su hermano… además ya lo escucharon la joven señora y el chico son nuestra prioridad.
—Pero Atlas, él debería irse primero, si perdemos al jefe, todo se acabará.
—Hagamos todo de nuestra parte para que eso no suceda —Le dijo Atlas comenzando a caminar de nuevo.
Atenea no replicó nada más y solo siguió a sus compañeros. Ella y Proton tendrían que partir ese mismo día hacia ciudad Viridian. Debian prepararse y también a sus equipos y pokemon.
Cuando bajaban las escaleras se encontraron con Delia y Ash que venían de la playa. Atlas se apuró a saludarlos muy amablemente.
—¿Cómo ha estado la playa? —Preguntó con una sonrisa en la cara.
—Muy divertido —Se apuró a responder Ash saltando tomado de la mano de su madre.
Delia miró a los tres ejecutivos que iban uniformados. A Atlas ya lo había visto pero a los otros dos no, la mujer llamó su atención rápidamente. Era muy hermosa y se preguntó si también era cercana a Giovanni como el atento Atlas.
—Me alegro, ellos son Proton y Atenea. También sirven al señor —Le dijo Atlas presentando a sus compañeros.
—Hola señora y jovencito —Dijo Proton agitanando una mano con una sonrisa. Era la primera vez que miraba al pequeño hijo del jefe y le decepcionó que no tuviera el ceño fruncido.
—Mucho gusto —Dijo Atenea agachando la cabeza levemente.
—Mucho gusto también, a los dos —Se apuró a decir Delia mientras sonreía.
—Nos retiramos mi señora, tenemos cosas que atender. El señor está en su oficina.
Delia asintió y los tres pasaron a su lado. Los miró ir hacia la puerta principal y luego siguió su camino con Ash.
—Ve a nuestra habitación Ash, tengo que ir a hablar con tu padre.
El pequeño agitó levemente la cabeza en respuesta y comenzó a ir en dirección contraria de donde su madre estaba de pie.
Delia se detuvo frente a la puerta de la oficina de Giovanni, un día antes charlo con él ahí y terminaron discutiendo porque no quiso hablarle sobre el asunto que estaba sucediendo y que hizo que su casa fuera destruida.
Tocó con suavidad esperando escuchar la voz de su esposo. Cuando él respondió al otro lado ella asomo la cabeza, lo miró tras el escritorio anotando algo.
—¿Puedo pasar?
—Claro —Le respondió guardando la nota que tenía antes en el primer cajón del escritorio— ¿Cómo les fue en la playa?
—Estuvo bien —Delia se sentó en una silla de madera frente al escritorio.
—Me alegro, Delia —Giovanni cruzó las manos sobre la madera del escritorio y la miró un momento sonriendo.
—Necesito llamar al profesor Oak —Su esposo arqueo una ceja y se echó hacia atrás en la silla ejecutiva.
—¿Para que Delia?
—Debe estar muy preocupado por nosotros —Las manos de la mujer estaban sobre su regazo tomadas entre sí.
—¿Qué le dirás si lo llamas linda?, puedes ponernos en riesgo.
Ella agachó ligeramente la cara con molestia. Le parecía muy hipócrita escucharlo decir aquello cuando por su culpa su casa quedo hecha cenizas.
—Quiero que sepa que estamos bien —Insistió Delia con voz más alta— Sabes lo importante que son Gary y el profesor para mí, ellos son parte de mi familia también —Se levanto de la silla con seguridad.
Giovanni sonrió y se puso de pie mirándola. Ella lo retó con la mirada y siguió sus movimientos al rodear el escritorio y ponerse enfrente suyo. Giovanni la miraba con altivez. Era mucho más alto que ella y le pareció que las mejillas de su esposa estaban sonrojadas. Quizás por el rato que estuvieron bajo el sol en la playa. Él la rodeó con prisa con sus brazos e inclinó la cara un poco, sus labios rozaron los de Delia.
Los ojos chocolate de su esposa lo miraban fijamente. Giovanni la besó entonces con firmeza y la sintió sujetarse a él. Ella luego se separó con delicadeza y se apartó unos pasos.
—Llamaré al profesor —Le dijo tomando el teléfono sobre el escritorio de madera de Giovanni.
El líder de gimnasio se sentó de nuevo y la miró marcar el número. Un rato después los ojos de Delia se iluminaron al escuchar al viejo amigo de la familia.
—Hola —Respondió Samuel Oak al teléfono mientras se sentaba en un banco alto en su laboratorio.
Cuando el teléfono comenzó a sonar estaba preparando una sopa instantánea, con el teléfono entre la oreja y el hombro dejó el recipiente con agua caliente sobre una de las mesas de su laboratorio solo debía esperar unos cuantos minutos para que estuviera lista.
—Hola profesor —Delia trató de sonar lo más normal posible para no preocupar a Oak.
—¡Delia! Que bueno que llamas, ¿Qué ha pasado?, ¿Cómo están?
Giovanni estudió los gestos y leves movimientos de su mujer. Ella intentaba estar calmada pero sus emociones la embargaban.
—Estamos bien profesor, los tres —Dijo mirando a su esposo— Tomaremos unas vacaciones.
—¿Cómo es eso Delia?, ¿Su casa se quema y se van de vacaciones?
—No se preocupe por eso, todo está bien —Respondió con una sonrisa fingida, aunque el profesor no podía verla.
—¿Entonces porque un detective vino a buscarte?
—¿Qué?, ¿Cuándo profesor Oak? —El tono de voz de Delia se impregnó de sorpresa.
Giovanni intentó escuchar lo que decía el profesor al otro lado y al no conseguirlo activo el altavoz, aunque su esposa lo miró molesta.
—Ha venido hoy, trajo algunas fotografías donde aparecías tu y los chicos. Ha dicho que eran parte de un caso del Team Rocket.
La sangre de Delia se heló y Giovanni se sintió preocupado. Miró a su esposa tomar asiento, con la cara pálida, esas noticias la habían dejado muy sorprendida.
—Pronto volveremos a hablar con usted profesor —Intervino Giovanni entonces con su diplomática voz.
—¿Giovanni? —Dudó Oak al otro lado de la linea.
—Si, profesor. No tome importancia a lo que el detective haya dicho. Delia y Ash están bien. Solo fue un incidente en la cocina lo que ocasiono el incendio. Volveremos pronto a Pueblo Paleta.
—¿Pero donde están? —Preguntó con insistencia el profesor.
—No puedo responder eso ahora. Hasta luego.
—Espera Giov…. —El profesor no alcanzó a terminar su oración cuando escuchó la linea muerta. Suspiró con cansancio y bajo los hombros.
El profesor miró la sopa instantánea frente a él, esperaba que realmente Delia y Ash estuvieran a salvo. Aquella llamada no había hecho más que dejarlo confundido, ¿En realidad lo que decían era cierto? No podría saberlo, Giovanni siempre había sido muy hermético y nunca lo entendió completamente. Pero era el esposo de Delia y debía confiar en que la mantendría a salvo a ella y a Ash.
—¿Eso era lo que no querías decirme? —Preguntó Delia con recelo.
—No, pero lo sabía. Se quien fue a la casa del profesor. No debes preocuparte por él, yo me encargaré.
—¿Piensas matar a ese hombre? —Le preguntó asustada con las manos sobre el pecho.
—¡No, que dices Delia! —Se apuró a decirle Giovanni mientras se recargaba contra el escritorio— Mira lo conozco, sabes, fue a verme al gimnasio hace tiempo. Tengo una tarjeta suya, lo llamaré y tratare de persuadirlo.
Delia asintió creyendo en las palabras de su esposo. Todavía era difícil creer que su esposo era el líder una organización criminal. Pero pensar en los actos crueles que pudo haber cometido en esos años la hacían sentir pavor.
—Esta bien, Giovanni —Ella se puso de pie con las piernas temblando.
Su esposo lo notó y le tendió la mano. Ella dudo un momento y al final la acepto. Podía enojarse con él y llegar a sentir odio de sus acciones, pero Delia sabia que no podía dejar de amarlo tan fácilmente. Giovanni la abrazo con fuerza y beso su cara con cariño.
—Debes estar tranquila, cariño. Pronto te sacaré de aquí y podrás estar con Ash pasando los días con calma.
—¿Qué quieres decir? —Le preguntó levantando la cara para mirarlo a los ojos.
—Voy a enviarlos a un lugar seguro. Quería hablarte de eso después de comer, pero lo hare ahora mismo.
Delia se liberó de los brazos del líder de gimnasio y lo miró en silencio esperando escuchar su explicación.
—¿A dónde iremos?
—Irán a Pueblo Azuliza, está en Hoenn.
—Eso está muy lejos ¿Qué pasara contigo?
—Debo resolver este asunto en Kanto —Se pasó una mano por el cabello mientras miraba el suelo a sus pies.
—Entonces ¿Nos enviaras lejos de ti? De nuevo… —Murmuró.
—Es por su seguridad, si se quedan a mi lado corren peligro. Yo los alcanzare luego. Lo prometo.
—¿Y después qué, Giovanni? —Preguntó acercándose a él— ¿Piensas seguir con esta vida de criminal?
—Delia… —Dijo con voz baja.
Ciertamente no se había planteado que seguiría después de eso. Él era el amo y señor de Kanto. Todos temían al Team Rocket. Su vida fue dedicada a la organización, a la búsqueda del poder. No podía simplemente tirar todo por la borda, se pregunto si su madre alguna vez estuvo en esa encrucijada. Seguramente no, ella era fría y calculadora cuando se trataba de su adorado Team Rocket. Miró a Delia que tenía los ojos cristalinos por las lagrimas que amenazaban con desbordarse de sus ojos. Giovanni alargó una mano y pasó con suavidad su pulgar por la mejilla de la mujer cuando una lagrima comenzó a rodar por ella.
—Cuando todo termine Delia, yo volveré a tu lado. Solo eso debes saber.
—Entonces espero que el hombre que vuelva a mi lado. Sea el dulce y sincero chico del que me enamore y con el que me casé.
Delia comenzó a caminar hacia la puerta. Su esposo la miró salir, se quedo un momento mirando la puerta, envuelto en el silencio de su oficina. Ni siquiera sabía si podría cumplir aquella promesa. Tal vez Cipriani lo matara antes.
Giovanni rodeó el escritorio y sacó la carta que había puesto en el primer cajón cuando su esposa apareció. Tomó una pluma fuente que estaba sobre unos documentos y anotó el nombre de su esposa encima del sobre de color crema. Colocó la carta con cuidado entre unos libros de su librero y luego salió de la oficina.
No sabía que le depararía el futuro. Pero quería estar seguro de que Delia supiera cuanto la amaba a ella y a su hijo. La felicidad que había traído a su vida desde el primer día en que se conocieron. La luz y esperanza que iluminaron sus días con ella a su lado.
Si lo que estaba pasando era parte del destino o tal vez el karma cobrándose todas sus acciones pasadas podía aceptarlo. Pero no le dejaría las cosas tan fácil, se enfrentaría al mismísimo demonio si fuera necesario para volver a los brazos de Delia. Pelearía por estar en su futuro y en el de sus hijos.
