Leo Cipriani era un hombre de carácter fuerte y decidido. Se hizo un lugar en los negocios de Johto cuando todavía era muy joven trabajando como el asistente de un acaudalo empresario de la región que vio en el joven de ojos azules una chispa de astucia y sed de poderío que creyó conveniente para sus planes. Los años que pasó en las filas de Cipriani Co. Ayudaron al joven Leo a aprender rápido sobre inversiones, finanzas y manejo de capital. Muy pronto se hizo volvió un elemento apreciado para Mateo Cipriani.
El encuentro entre Mateo y Leo había sido en palabras del primero un evento predestinado a pasar. Fue mucho tiempo antes de que los Black Knight vieran la luz del día. Antes de que en Pueblo Paleta corretearan Ash y Gary. Antes de que el gimnasio de Viridian fuera dirigido por un tenaz y atrevido líder de nombre Giovanni. Antes mucho tiempo antes.
Mateo en ese entonces era un empresario exitoso que lideraba con mano firme el mercado inmobiliario e iniciaba a incursionar en las inversiones de alto rango. El empresario oriundo de Johto era en ese momento un hombre llegado a los sesenta con el cabello gris y blanco, y el tiempo comenzando a marcarse en su cara. Hasta ese momento había vivido rápido y sin pausas, siempre buscando más poder y más fortuna. Sus metas la mayoría logradas lo hacían sentir completo. Pero algo faltaba y no lo supo hasta que conoció a Dante Leone quien luego sería Leo Cipriani.
La mañana que se conocieron Mateo hacía su caminata diaria por los senderos boscosos de Ciudad Trigal donde tenía su oficina central. Siempre iba acompañado de sus escoltas, pero aquel día prefirió estar solo y usar el tiempo de su caminata para pensar en algunas cosas importantes que lo tenían un poco distraído esos días. Cada mañana hacía el mismo recorrido saliendo de la ciudad con marcha tranquila y se perdía entre los enormes pinos que se alzaban en lo alto entre las rutas que conectaban Ciudad Olivo y Trigal. Pocas veces se aventuraba a acercarse a los ríos que se filtraban como venas hacia el mar, pero esa mañana se sintió envalentonado a trotar más de la cuenta. Se desvió unos kilómetros de la ruta normal que tomaría y terminó a la orilla de un enorme río que en otras ocasiones visitó. Tenía una corriente rápida debido a una cascada más arriba en el camino que revolcaba el agua en su caída.
Mateo inhaló y exhaló un par de veces con las manos en las rodillas y el cuerpo un poco inclinado hacia el frente. Su cara tenía algunas gotas de sudor y sentía el corazón latir en su pecho. Fue una caminata larga lo que lo dejo exhausto. El cielo en lo alto de un azul claro vibrante tenia algunas nubes blancas que se movían con lentitud. Un ligero viento fresco de verano hacia bailar las ramas de los arboles y se podían escuchar a algunos pokemon del tipo volador descansar entre ellas.
El hombre estaba por dar media vuelta y regresar por donde venía cuando miró que algo flotaba en medio del agua. Primero pensó que se trataba de algún tronco seco, pero luego se percató de que era una persona. Corrió para intentar ayudar a aquella pobre alma en apuros. Tomó una vara larga y gruesa del suelo y se metió al agua hasta la cintura. Estiró la vara sosteniéndola con ambas manos y con toda la fuerza que pudo, intentando atrapar al hombre que venía flotando. Dejó escapar una pequeña expresión de victoria cuando el cuerpo quedó atrapado en la madera. Luego lo jaló con él hacia la orilla. Hizo algunas maniobras de resucitación cardiopulmonar que aprendió tiempo atrás en la universidad y luego de un rato el hombre joven que yacía en el suelo comenzó a toser con fuerza, abrió los ojos y trató se erguirse con dificultad.
—Oye, tómalo con calma, casi te mueres ¿sabes? —Le dijo Mateo con una sonrisa amable.
Los ojos oscuros de Dante Leone miraron con cautela al hombre con gafas y ropa deportiva que permanecía de pie a su lado.
—Gracias —Dijo finalmente con la voz ronca por la tos de un momento antes.
—Solo hice mi buena acción del día, ¿Qué te paso, chico?
—No lo recuerdo —Mintió Dante girando la cara para evitar ver a su salvador.
Mateo lo miró quedarse quieto en el suelo mirando hacia el agua que corría por el río. La cabeza de Dante estaba dando vueltas, sabía muy bien quien era y que había pasado. Era un hombre muerto, eso era ahora.
—¿Quieres venir conmigo a ciudad Trigal?, Tal vez puedas conseguir ayuda ahí.
Dante se puso de pie, su cuerpo se sentía adolorido, sus cabellos negros estaban pegados en su frente y comenzaba a sentir frio por la humedad en su cuerpo. Comenzó a caminar con Mateo y ambos se perdieron entre los árboles grandes y frondosos del bosque de Trigal.
En ciudad Trigal, Mateo dejó al joven Dante frente a la estación de policía. Un auto lujoso con varios guardias armados apareció un rato después y el hombre mayor se despidió agitando la mano. Dante miró alejarse el auto y luego giró para mirar el edificio de la estación. Frunció el ceño y comenzó a caminar en dirección contraria. Luego de aquello comenzó a realizar una pequeña investigación sobre Mateo Cipriani que lo dejo muy interesado, el exitoso empresario contaba con una prospera empresa inmobiliaria y muy buenas conexiones en la ciudad que Dante miró como una oportunidad para renacer como un hombre completamente nuevo.
Después de seguir algunas semanas a Mateo y estudiar sus negocios, ideó un plan para encontrarse con el de manera casual sin causar sospechas. Conocía sus rutas y sus hábitos, entre los que estaban sus caminatas diarias, y el de visitar el café de "Le' Rose" en la calle principal. Siempre se detenía ahí y pedía un café americano y una dona glaseada. En ese momento sus escoltas lo dejaban moverse con libertad por el café y luego caminar unos cuantos metros al puesto de periódicos donde compraba una revista de deportes y el diario del día. Ahí era donde estaba ahora Dante, fingiendo que leía el número #128 de la revista "Deportes Pokemon", no le interesaba en absoluto, pero era su señuelo para atrapar a Mateo.
El empresario inmobiliario se acercó saludando con familiaridad al dependiente del puesto de periódicos y Dante lo observó por encima de la revista tratando de no parecer sospechoso.
—¿Lo de siempre señor Cipriani? —El empleado dijo con el diario y la revista en manos.
—Me conoces bien, Adam —Sonrió Mateo tomándolos.
Antes de que Mateo terminara su charla amistosa y rutinaria con Adam, el hombre de mediana edad con cabello castaño y cejas pobladas que atendía el puesto de periódicos, Dante se apuró a moverse. Chocó con Mateo haciendo que el diario y la revista terminaran en el suelo.
—¡Oh, vaya!, discúlpeme —Dijo apurándose a levantar lo que Mateo tiró al suelo al chocar con su hombro.
—No se preocupe —Mateo miró al joven que le tendía sus cosas— Oye, yo te conozco, eres el chico flotador —Sonrió y le tendió la mano.
—Es, ¿Mateo, cierto? —Dante se rascó la nuca fingiendo sorpresa y saludó de mano al hombre.
—Si, ese es mi nombre. ¿Has recordado que paso?
—No, el doctor dijo que me di un golpe fuerte en la cabeza pero que tal vez recuerde pronto.
—Lamento eso, si necesitas ayuda puedes venir a verme —Sacó una tarjeta de contacto de su chaqueta y se la entregó.
—Es muy amable, lo haré, gracias.
—Bueno es hora de que me vaya —Mateo miró a sus escoltas que estaban ahora más cerca y atentos a los movimientos de Dante.
—Está bien, ha sido bueno verlo señor Cipriani —Sonrió con amabilidad el peli negro.
Dante miró a Mateo alejarse y luego él tomó el camino contrario. Unos días después apareció en el edificio de la empresa de Mateo Cipriani. La recepcionista lo miró de arriba abajo en cuanto pisó el suelo fino y reluciente del lugar.
—Buen día —Dijo con la voz más suave y carismática posible.
—Buen día señor, ¿Tiene una cita?
—Olvide agendar una cita, linda, ¿Podrías ayudarme?
Dante sonrió con picardía y la secretaría por un momento pareció suavizar su rostro. Pero luego volvió a mirarlo con seriedad y le entregó un formulario para una cita.
—El señor Cipriani no acepta a nadie sin cita, pida una y vuelva luego —Dijo regresando su atención a la pantalla de su computadora y comenzando a teclear con dedos rápidos otra vez.
Dante maldijo mentalmente y tomó el formulario. Fue y se sentó en una banca cercana y comenzó a rellenar el documento. Cuando estaba por ir a dejárselo de vuelta a la recepcionista el ascensor del lobby apareció con su característico sonido.
—¡Chico flotador! —Dante giró para mirar a Mateo, odiaba que lo llamará así, pero era un mal necesario y sonrió como respuesta.
—Señor Cipriani, hola —Dijo extendiendo su mano para saludarlo.
—¿Qué haces por aquí? —Lo saludó con un fuerte apretón de manos.
—Necesito un empleo, quería saber si podría ayudarme con eso.
—¿Empleo? —Mateo enarcó una ceja con sorpresa, pero luego una sonrisa amplia se formó en su cara— Bien pensado, un trabajo es excelente para poner en curso una vida.
Desde ese momento todo comenzó a ir rápido, inició con un puesto de oficinista que con Dante volviéndose un amigo para Mateo escaló rápido a su asistente y luego de algunos años la confianza que Cipriani tenía en su subordinado se volvió paternal. Mateo nunca se había casado ni tampoco tenía hijos. Dante supo cómo ganarse al viejo que terminó regalándole su apellido y luego lo dejo al mando de todos sus negocios.
Así fue como nació Leo Cipriani. Le dio un giró a la empresa inmobiliaria de Mateo y comenzó a moverse en otros sectores. Inversiones inteligentes lo llevaron a incrementar su capital y pronto se volvió en el empresario más importante en Johto.
En todos esos años Dante ahora Leo no había dejado de pensar en una mujer, la causante de todos sus problemas y quien lo había traicionado y prácticamente matado. Su sed de venganza nunca se fue y planeó por años una manera de tomar lo que por derecho creía suyo en Kanto.
Ahora mientras observaba la ciudad Plateada a sus pies desde la oficina de su nuevo edificio en Kanto los recuerdos del día en que aquella mujer lo lanzó al infierno volvieron a su mente. Apretó con fuerza su puño y sonrió con arrogancia. Ahora podía vengarse.
Looker miró la pantalla de su portátil con molestia. Desde que volvió de Pueblo Paleta comenzó a investigar todo lo que pudo sobre Giovanni. Hasta ahora nada era relevante para el caso. No encontró nada en el registro público sobre su matrimonio con Delia ni tampoco algo sobre el registro de nacimiento del pequeño Ash. Era como si no existieran. Trató de encontrar información en archivos viejos y en páginas de internet que seguían eventos sociales y políticos en la ciudad desde muchos años antes. Pero ninguna sola nota era interesante. Investigó cada una de las propiedades registradas a nombre de Giovanni. También las que estaban ligadas a sus negocios y empresas. Pero parecía que nada llevaba a algo que fuera útil. Hasta que, en un viejo archivo no relacionado con Giovanni, pero sí con un socio cercano del mismo lo llevó a encontrar un documento interesante que citaba una vieja mansión en ciudad Carmín que pasó a ser propiedad del joven empresario unos años atrás.
Looker tomó una copia del archivo y se la guardó en el bolsillo trasero del pantalón. Tomó su chaqueta que estaba en el respaldo de la silla y salió con prisa de su apartamento. Ahora sabía a donde dirigirse, estaba seguro que podría encontrar a Giovanni y le pediría algunas explicaciones.
Mientras el agente Looker de la policía internacional comenzaba a acercarse cada vez más a Giovanni este trataba de disfrutar el tiempo que podía con su esposa e hijo en ciudad Carmín. Luego de los eventos recientes que terminaron con la paz y tranquilidad de Delia y su hijo en Pueblo Paleta, la perdida de su pequeño y cálido hogar y la revelación de secretos de antaño que sacaron a la luz los miedos y errores de ambos, marcaron una linea roja entre Giovanni y su esposa que ahora los mantenía cerca, pero a la vez alejados.
Atenea y Proton partieron como el jefe lo pidió a ciudad Viridian dos días atrás. Ahora se movían con discreción mientras atacaban los pequeños grupos que Cipriani tenía en la ciudad para no levantar sospechas y no llamar la atención de la policía y tenerlos encima de ellos. Giovanni se mantenía en contacto con sus hombres para ser informado de cada movimiento. Petrel se comunico con él desde ciudad Azulona donde Fuji había conseguido grandes avances en sus experimentos y había convencido a su viejo amigo Blaine de reunirse para hablar de sus investigaciones y tal vez convencerlo de unírseles. Giovanni aceptó que Petrel llevará a Fuji hasta ciudad Canela para verse con Blaine y ahora esperaba noticias de ambos.
Atlas ya tenia todo preparado para mover a Ash y su madre a pueblo Azuliza y solo esperaba la orden de Giovanni de comenzar sus planes.
—Todo parece estar pasando como lo tenia previsto, señor —Atlas miró a su jefe sentado tras el escritorio hojeando el informe reciente de su subordinado.
—Mañana saldré a ciudad Plateada y no quiero que vengas conmigo —Declaró Giovanni levantando la cara de los documentos para mirar al ejecutivo.
Atlas frunció un poco el ceño con confusión y antes de que pudiera decir algo fue interrumpido por el jefe.
—Quiero que vayas con Delia y Ash a Azuliza, necesito que te quedes con ellos —Giovanni se reclinó en su silla y se llevó las manos a la nuca esperando una respuesta de Atlas que parecía sorprendido.
—Comprendo que este preocupado por la seguridad de su familia señor, pero creo que lo mejor es que yo vaya con usted a ciudad Plateada. Enviaré a alguien capaz que cuide de su familia.
—No hay nadie más capaz que tu Atlas —Dijo Giovanni mientras se ponía de pie.
Atlas se quedo en silencio y miró a su jefe. Había leído y analizado la situación, el plan que tenían, los pro y los contra no había nadie más capacitado para acompañarlo. Conocía y entendía a la perfección el plan, pero también conocía a su jefe y podía confiar en que estaría bien solo. Sin embargo, no quería dejarlo ir solo.
—Esta bien señor, saldremos mañana como estaba previsto.
—Confió en ti Atlas —Le dijo con sus ojos oscuros y profundos mirándolo con seriedad.
Atlas salió de la oficina y Giovanni se acercó a la estantería detrás de su escritorio. Movió algunos libros y sacó el sobre que contenía la carta que escribió para Delia. Se quedo en silencio observándolo por un momento, el nombre de su esposa se quedó en su cabeza dando vueltas por un rato. Luego metió la carta en el bolsillo interno de su saco y salió de la oficina para buscar a su familia.
Delia y Ash estaban en uno de los jardines de la enorme casa pasando el rato. El pequeño jugaba entre los arbustos de flores coloridas mientras era perseguido por Persian que se había mantenido a su lado desde que llegaron a Carmín. Su madre lo observaba con una sonrisa sentada en una banca blanca a unos metros. El aire era fresco y el sol era cálido y agradable a esa hora del día a pesar de ser invierno, una ventaja de estar cerca del mar. Una mano de la mujer descansaba maternalmente sobre su vientre redondeado mientras lo acariciaba con delicadeza. Su pequeño al parecer se había relajado y asomado más en esos días. Le era ahora más real y a pesar de todo lo que sucedía a su alrededor se sentía emocionada por el bebé que llevaba.
Giovanni miró a su esposa sentada a unos metros, el chico corría por los alrededores jugando y esparciendo su risa contagiosa por el lugar. Se quedo un rato observándolos a ambos, se preguntó si esa sería la ultima vez que los viera. Pensó por un momento que le era más valioso ¿El Team Rocket o su pequeña familia?, a su mente llegó la imagen de su madre. Ella siempre fue fría y distante, pocas veces le demostró que lo quería y se enfocó en criarlo como un sucesor digno. Si ella estuviera viva seguramente lo regañaría por pensar siquiera en poner al Team Rocket en segundo lugar. Le diría que era débil y que no lo había criado para eso.
El líder de gimnasio sacudió la cabeza para despejar aquellos pensamientos desagradables, y comenzó a caminar hacia donde estaban su esposa e hijo.
—Delia, ¿Cómo estás? —Dijo cuando estuvo cerca de la mujer.
Ella giró la cara para mirarlo de pie cerca de la banca y le sonrió con calidez.
—Estoy bien, ¿Tu te sientes bien? Pareces un poco pálido —Ella le señalo la banca y se movió un poco para darle lugar para sentarse.
Giovanni se sentó a su lado y paso un brazo por detrás de la banca.
—Si estoy bien, solo no he dormido como se debe.
Delia asintió sin dejar de mirarlo. Escuchó a Ash a la distancia y giró para asegurarse de que estaba bien. Cuando volvió la atención a su esposo él estaba más cerca, levemente inclinado sobre ella y mantenía los ojos cerrados.
—Giovanni —Musitó mientras la frente de su esposo chocaba con la de ella.
—Siento mucho lo que ha pasado —Le dijo sin abrir los ojos, una de sus manos tomo la de ella y el contacto cálido la hizo sentirse segura— No quiero que tengamos que separarnos sin que sepas que son muy importantes para mí, yo los amo.
Los ojos de Delia estaban fijos en su esposo y su cara denotaba sorpresa por su disculpa y confesión. Los oscuros ojos de Giovanni la miraron inundados con algo que ella creyó que era melancolía y culpa. Delia no supo que decir o simplemente no quiso responder, solo se acercó un poco más y lo beso con suavidad en los labios. Las manos de Giovanni rodearon su cuerpo y la hizo descansar sobre su pecho. Estuvieron así un momento hasta que Ash apareció corriendo.
—Mamá, papá ¿Qué pasa? —Preguntó mientras sus cabellos oscuros estaban alborotados por su carrera contra el viento.
—Hay algo que quiero hablar con ustedes, ven aquí —Le dijo su padre haciendo un hueco entre ambos.
Ash fue y se sentó en medio de ambos, estar así le gustó, se sentía tranquilo y seguro.
—¿Qué es? —Preguntó el pequeño mientras su madre acariciaba sus cabellos.
—Mañana tu madre y tu saldrán de viaje.
Delia se removió un momento en su lugar sopesando las palabras dichas por su esposo. Sabía que él los enviaría pronto lejos, pero escucharlo anunciar que el momento había llegado la hizo sentir ansiosa. Permaneció en silencio para escuchar a su esposo terminar de hablar con Ash.
—¿Tu no vienes? —La voz de Ash parecía sorprendida.
—No hijo, tengo que ocuparme de algunos asuntos. Pero te veré a ti a tu madre pronto.
—¿En serio papá? —El pequeño abrazo a su padre mientras comenzaba a gimotear— Dijiste que te quedarías a nuestro lado, que nos protegerías —La voz quebrada de Ash hizo sentir culpable a su padre y los ojos de Delia amenazaban con hacerla llorar como a su hijo.
—Ash, no llores —Giovanni sostuvo a su hijo contra su pecho mientras lloraba— Tienes que ser fuerte para cuidar a mamá por mí ¿No crees?
Ash levantó un poco la cara con las lágrimas rodando por sus mejillas. Sintió la mano de su madre yendo arriba y abajo sobre su espalda a modo de consuelo. Tenia que ser fuerte pensó como su padre decía. Se talló la cara con las manos.
—Yo... yo, yo lo seré, papá.
—Se que sí —Le dijo Giovanni mientras se levantaba de la banca. Miró a su esposa que estaba callada y parecía afligida.
Las nubes que antes estaban dispersas ahora estaban sobre ellos amenazando con dejar caer una fuerte lluvia sobre sus cabezas. El aire estaba frio y algunas gotas comenzaron a golpear el suelo. Persian que había estado de pie cerca de ellos maulló y se restregó contra las piernas de su entrenador. Delia se puso de pie y tomó la mano de su hijo.
—Será mejor que entremos o nos mojaremos —Dijo la mujer mirando a su esposo que asintió.
Los tres empezaron a caminar hacia la casa, el Persian miró hacia el cielo donde unos relámpagos atravesaron las nubes dejando una estela de luz blanquecina tras de ellos. Luego comenzó a caminar tras Giovanni y su familia.
Una semana antes.
Eric Phillips corría con prisas entre los callejones de ciudad Viridian. Su ropa estaba sucia y no parecía para nada ahora el director de asuntos públicos de la ciudad, su cara estaba sudorosa y tenía un brazo lastimado que sangraba bajo un improvisado vendaje.
Una hora antes mientras revisaba la casa de su padre en busca de algo que sirviera de ayuda para Giovanni encontró una caja escondida en el sótano que después de revisarla supo quien era Leo Cipriani. Los archivos mostraban el expediente de un antiguo miembro de la organización que a lado de Mads Phillips y la madre de Giovanni había sido el encargado de llevar al Team Rocket a lo alto de la cima del mundo criminal.
Cuando leyó el informe recordó una charla que tuvo años antes con su padre sobre Giovanni.
—Si realmente aprecias a Giovanni como dices, deberías de dejar de jugar al político y regresar al Team Rocket.
—Padre, sabes también como yo que eso no es para mí, si estoy aquí es porque los del asilo dijeron que estabas muriendo.
Una risa burlona inundó el blanco cuarto de asilo donde Mads pasaba sus últimos días.
—Escucha mocoso insolente, yo no te crie para que fueras un perro del gobierno. Debías de ser la mano derecha de Giovanni.
Eric Phillips se levantó de la silla a lado de la cama de su padre y se cruzó de brazos con molestia mientras se recargaba contra la pared.
—Giovanni es mi amigo, siempre lo ha sido y lo será. Él no me necesita a su lado. Es muy capaz.
—Llegará el día en que el pasado de Giovanni lo atrapé, hijo, y debes estar a su lado.
—¿A qué te refieres con eso?
—Su madre le escondió una verdad sobre su origen que tarde o temprano lo golpeará tan duro que no podrá levantarse y el Team Rocket se irá al infierno.
—No entiendo nada viejo, ¿De que hablas?, ¿Qué ha pasado?
—Yo debía encargarme de eso, pero muy tarde me di cuenta de que no completé el trabajo, ella lo sabía por eso nos peleamos y nos distanciamos.
—¿Hablas de la madre de Giovanni?
Un ruido en la parte de arriba de la casa sacó a Eric Phillips de sus pensamientos, nadie más debía de estar ahí. La casa hasta ahora abandonada se encontraba muy alejada de la ciudad y nadie más que él conocía su ubicación. Se apuró a apagar la bombilla del sótano y tomó la caja con archivos. Salió por una pequeña ventana en el sótano y rodeó la casa tratando de no hacer ruido. Miró un auto negro aparcado cerca del suyo y supo de inmediato que se trataba de los hombres de Cipriani.
El camino de terracería que lo llevaría hasta la carretera que conectaba con Viridian le pareció por demás largo. Cuando estaba cerca de la ciudad un disparó pasó a su lado atravesando el cristal del copiloto. El ruido lo asustó y se agachó bajando los hombros sin soltar el volante. Un vistazo rápido por el retrovisor lo dejo ver la camioneta negra que lo seguía de cerca. Dio un volantazo para adentrarse por un camino de la zona industrial de la ciudad. La camioneta que lo seguía golpeó la parte de atrás y lo hizo salir del camino. Miró salir a un hombre vestido de negro que comenzaba a avanzar hacia el auto. Eric se pasó al asiento trasero tratando de no ser visto. Cuando el hombre se acercó lo suficiente Eric abrió la puerta y luego la pateó para golpear con ella al hombre armado que cayó al suelo maldiciendo. Luego Eric tomó la caja de archivos y salió por la otra puerta del auto y corrió hacía algunos viejos edificios industriales. Mientras corría un disparó rosó su brazo y aun con el dolor que sentía corrió perdiéndose entre unos callejones sucios y apestosos.
Sus perseguidores lo habían perdido entre los callejones de la zona industrial pero no pensaba quedarse más tiempo ahí para que lo encontraran. Escuchó el ruido de un tren de carga que se aproximaba por las vías detrás de un edificio que manufacturaba piezas de auto. Agachándose para no ser visto se apuró a correr para trepar al tren. Lanzó la caja y luego saltó para caer sobre el metal frio del vagón que sabía se movería a lo largo de la zona industrial y se adentraría un poco a la ciudad. Mientras viajaba en el tren revisó su herida que sangraba, uso un pañuelo para parar el sangrado y trató de pensar rápido en sus siguiente acción. Se bajó cuando bajo la velocidad al pasar un cruce ferroviario en la ciudad y corrió hacía el gimnasio de Giovanni. Cuando llegó al edificio lo encontró cerrado así que se trepó en unas cajas de madera que estaban en la parte trasera y lanzó por una ventanilla la caja de archivos.
Luego siguió su carrera por ciudad Viridian, sí lograba llegar a su apartamento estaría a salvo. Cuando estaba por llegar al subterráneo notó a un hombre raro que lo seguía. Intentó perderlo entre la gente, atravesó un callejón que sabia lo dejaría al otro lado la estación de policía. Mientras corría sacó su teléfono para llamar a Giovanni.
Le informó de la caja que dejó para él en el gimnasio y estaba por decirle sobre Leo Cipriani, sobre quien pensaba que era. Pero la llamada se cortó cuando fue alcanzado por sus perseguidores que le dispararon en una pierna. Cayó al suelo de manera estrepitosa. Uno de los hombres aplastó su teléfono y luego lo levantó del suelo para llevárselo.
Ahora Eric Phillips permanecía encerrado en una celda improvisada en un sótano bajo un enorme edificio en ciudad Plateada. Estaba malherido y tenia la cara hinchada por los golpes que había recibido desde que llegó. Permanecía encadenado con los brazos sujetos a la pared. El suelo estaba húmedo y el lugar apestaba.
La puerta se abrió y una figura alta apareció como otras veces para hostigarlo. Lo escuchó reírse mientras se acercaba.
—Vine a ver como esta mi invitado especial —La voz de Leo Cipriani atravesó los oídos de Eric que escupió hacia sus pies en respuesta.
—Vete al demonio, viejo.
