Iba conduciendo lo que quedaba del auto del DMV en dirección a la calle Church, la cual como mencioné antes estaba en la misma vía por donde íbamos.
Mire de reojo a mi copiloto, Hope, quien lucía más calmada luego de haber derrotado a eso monstruos cabras. De verdad se veía fatal en ese momento, ¿Por cuánto pasó para llegar hasta aquí?
Repentinamente, ella volteó para mirarme.
- ¿Que tanto me ves? - Me pregunto alzando una ceja.
- Eh ... Yo, bueno ... - Dije de manera ininteligible.
Hope se rio entre dientes. - Déjame adivinar, me veo terrible, ¿No es así? -
- No es lo que quise decir ... - Intente arreglar mi error, pero ella despidió el gesto.
- No te preocupes, un viaje exprés desde Pittsburgh hasta West Point para encontrarme con Annie dejaría a cualquiera en mal estado. -
- Woah, ¿Y por qué apresurarse tanto? ¿Que está pasando? ¿Es sobre el campamento? - Dije preocupado.
- Vaya, cálmate un poco. - Exclamó Hope. - Son demasiadas preguntas ... Además, ¿A ustedes no lo han atacado? He tenido problemas desde que pasé por Indiana. - Me dijo con incredulidad.
Me encogí de hombros. - No se que decirte, el ataque de esos burros ... -
- Aeternaes. - Me corrigió ella, interrumpiendome.
- ... Lo que dijiste, ha sido el primer ataque de monstruos desde lo del escorpión del abismo. - Dije de manera algo distante, recordando la deserción de Luke el verano pasado.
- Eso ... No entiendo como es posible. - Decía Hope de manera reflexiva. - Dos semidioses juntos, incluso si tu no despides mucho olor, Percy es un hijo de los Tres Grandes, eso equivale el doble o el triple a un Mestizo normal. -
- ¿Suerte? - Intenté probar.
- La cual ustedes no tienen. - Respondió ella al instante.
- Touche. - Ese era un hecho con el cual no podía argumentar.
- Pero aún así, no puedo evitar preguntarme el porqué no han sido atacados hasta ahora ... - Seguía diciendo Hope pensativa.
No dije nada, simplemente no cuestioné el asunto debido a lo conveniente que era, a pesar de que parecía sospechoso. Para Hope parecía ser algo importante, pero para mí hizo de todo este año algo más agradable.
- Oh, creo que ya llegamos. - Comenté cuando entramos en la calle Church.
- Continúa. - Dijo Hope mirando por los alrededores. - Acordamos encontrarnos en un callejón cercano de por aquí, deben estar cerca. -
Asentí a sus palabras y seguí conduciendo a menor velocidad mientras miraba por los callejones de la calle.
- ¡Oh! Ahí están ... ¿Con quien están? - Dijo Hope luego de unos pocos minutos, pero lo que más llamo mi atención fue lo último.
Localizando a Percy y Annabeth, me percaté de que había una tercera persona con ellos.
- ¡¿Tyson?! - Dije incrédulo, ¡¿Como puede estar involucrado en esto?!
- ¿Lo conoces? - Me pregunto Hope, su voz sonaba seria en ese momento mientras los acercábamos.
- ¿Eh? Si, y no entiendo porque está aquí. -
- No te preocupes, luego lo sabrás. - Dijo ella con más seriedad.
La miré confundido pero no Hope no dijo nada más, así que me quedé con mis dudas, lo cual es un poco molesto porque quiera o no entenderé todo en el peor momento posible. Así que sin más opciones, me limité a conducir hasta donde mi hermano menor estaba.
Nos estacionamos a tiempo para ver a Annabeth separarse bruscamente de Tyson cuando este último le habló. Al instante llamamos la atención del trío cuando vieron el mal estado en el cual se encontraba el auto donde Hope y yo nos encontrábamos.
Nos bajamos del auto para hablar con más comodida con ellos. Aquaboy y Wise Girl nos miraba incrédulos por los resultados de nuestra odisea, sin embargo, Tyson parecía feliz de verme ... Y aún más feliz de ver el cabello rojo de Hope de hecho.
- Fuego. - Comentó el bebé gigante admirando el cabello de la hija de Astraea.
- Woah, habla bien ... - La escuche murmurar.
Eso me hizo mirarla con sospecha, ¿Por qué estaba sorprendida por la forma de hablar de Tyson? Es normal que alguien de su edad hablara, ¿Así que por qué se sorprende?
- Pero, ¿Que ... ? - Dijo Annabeth catatónica.
- Larga historia. - Dijo Hope con simpleza.
- ... Al parecer tuviste un examen difícil. - Comentó Percy mirando el estado del aveo.
- Y tú un difícil día de escuela. - Repliqué al notar los raspones que el tenia.
- ¡Hola, Dio! - Me saludo Tyson con una gran sonrisa.
No pude evitar sonreír también primero su actitud tam infantil, a pesar de que me preocupaba que se viera involucrado en nuestro mundo de dioses y monstruos. No quería ponerlo en peligro.
- Hola, grandullón. ¿Que haces por aquí? - Pregunte mirando a Annabeth.
- El tiene que venir con nosotros. No podemos dejar ... Esta cosa aquí. - Me respondió ella con hostilidad.
Hice una mueca cuando se refirió al pobre Tyson como si fuese un ... Monstruo. Estaba a punto de replicar y Percy también si su expresión me daba una señal, pero afortunadamente Hope intervino para evitar cualquier conflicto.
- No comiencen a pelear ahora. Tengo demasiado sueño para aguantar sus diferencias. - Ella miró a Tyson de manera analítica. - Aunque sería bueno llevarlo con nosotros, no podemos dejar a uno de estos corriendo libre por ahí, incluso si no es agresivo. -
Mire a Hope con molestia. - ¿Podrías referirte a el como si fuese una persona y no un monstruo? -
La pelirroja no dijo nada, pero noté a Annabeth burlarse.
- Ella está más agresiva de lo normal. - Dijo Percy frunciendo el ceño mientras miraba molesto a la hija de Atenea.
- Oh, ¿Y por qué será? - Decía la susodicha de manera sarcástica.
- Porque siempre estas molesta. -
- ¡Tu me haces enojar! -
Ambos estaban a punto de discutir de nuevo hasta que Hope volvió a intervenir.
- ¡Ya dejen su pelea de parejas! - Exclamó la Estrellita con exasperación.
- ¡No somos pareja! - Gritaron ambos implicados al unísono muy molestos y avergonzados si sus sonrojos me indicaban algo.
- Pues pelean como una. - Comente divertido.
Si las miradas mataran, entonces ya hubiera muerto dos veces antes de tocar el suelo por las miradas fulminantes de Percy y Annabeth que me dirigían.
Hope suspiró. - ¿Contra qué se enfrentaron? -
- Lestrigones. - Respondió Annabeth, lo cual hizo que me confundiera por el nombre extranjero. - Me sorprende que ellos hayan tenido el valor de atacar estando con ... Eso. - Dijo lo último dirigiendo una mirada significativa a Tyson.
Annabeth es mi amiga pero me estaba empezando a molestar su actitud adversa con el pobre Tyson.
El susodicho ahora mismo parecía fascinado por el cabello rubio de la hija de Atenea. El grandullón intentó tocarlo, pero ella le apartó la mano con brusquedad.
- Espera, ¿Lestriñones? - Dije confundido. ¿Acaso los monstruos no pueden tener nombres más fáciles de recodar? No se, como Mike, Mike es un nombre fácil de recodar.
Aunque dudo que mi viejo amigo Mike le haga gracia que comparta su nombre con el de un monstruo, supongo.
- Lestrigones. - Me corrigió Annabeth con irritación.
- Okay, ¿Alguien podría explicar que quiso decir? - Pidió Percy.
- No me mires a mí, fue atacado por monstruos cabras nada amables. - Dije encogiendome de hombros.
- ¡Aeternaes! - Exclamo Annabeth catatónica.
- Lo que sea. -
Hope suspiró con cansancio. - Los Lestrigones, son una raza de gigantes caníbales que viven en el extremo norte más remoto. Ulises se tropezó una vez con ellos, pero no me puedo imaginar que hayan bajado tan al sur como para llegar a Nueva York ... - Ella adoptó una semblante pensativo y algo mortificado.
- Lestri ... - Intento decir el nombre esta vez Percy, pero parecía tener problemas con el al igual que yo. - En verdad no consigo decirlo, ¿No tienen algún nombre más normal? -
Hope lo reflexionó por un momento.
- Canadienses. - Dijo al final.
- Eso ha sido lo más racista que he escuchado en un tiempo. - Repliqué incrédulo.
- No me mires a mí, fui idea de Quiron. -
- ¿Como es eso que se toparon con unos Aeternaes? ¡Ellos normalmente están en Texas! - Decía Annabeth aún incrédula.
- Ae ... Aete ... - Intentaba Aquaboy pronunciar la palabra extranjera peor sin mucho resultados.
- Ni lo intentes, hasta ahora no he podido decirlo. No quiero que pases por ese infierno. - Le dije a Percy, el cual asintió de acuerdo.
- Ustedes son los peores ... - Suspiro Hope. - Los Aeternaes son unos monstruos que Alejandro Magno encontró en sus viajes hacia la India. Normalmente están en el Sur, donde todo es más cálido, como Texas o más allá de la frontera, es decir, México. Parecen hombres lobos pero reemplaza la parte de lobo por cabras. -
Percy lució pensativo por un segundo. - Es decir un Grover del tamaño de Tyson. -
- Se podría decir. -
- Oh, pero muchos más feos. - Repliqué con una sonrisa.
- De hecho, de ellos se originan la leyenda del chupacabras. - Comentó Hope con una sonrisa.
- Oh, eso si es interesante. -
- Estamos perdiendo tiempo aquí. - Dijo Annabeth con exasperación. - Tenemos que salir de aquí ya. -
Percy bajo la cabeza. - La policía debe de estar buscándome. -
Aquella información me tomo por sorpresa. - ¿Ahora que hiciste? - Exclamé con incredulidad.
- Pues, piensan que incendié el gimnasio ... - Dijo Aquaboy tímidamente.
Estaba a punto de replicar, hasta que Hope decidió tomar la palabra desde este punto.
- Creo que ese será el menor de nuestros problemas. - Dijo ella con una sonrisa irónica.
Annabeth miró a Percy. - Dime, ¿Has tenido sueños últimamente? -
Esa pregunta nos tomó por sorpresa a él y a mi. No pude evitar recodar los distintos sueños donde moría de maneras diferentes y claramente muy dolorosas.
- Sueños ... ¿Sobre Grover? - Dijo Percy respondiendo con una pregunta.
En ese momento, las caras de Hope y Annabeth palidecieron varios tonos de color.
- ¿Grover? No, ¿Que pasa con Grover? - Preguntó Annabeth rápidamente, aunque se le notaba la preocupación que se filtraba en su tono de voz.
- ¿Esta en problemas? - Pregunto esta vez Hope demostrando más preocupación.
En ese instante, Percy procedió a contarles su pesadilla de esta mañana.
- Además, ¿Poe que me lo preguntas? ¿Sobre qué han soñado ustedes? - Preguntó Aquaboy al final de su explicación.
La expresión de los ojos de Annabeth era sombría y turbulenta, como si tuviera la mente a cien mil kilómetros por hora. Los ojos de Hope lucían cansados y aprensivos. No me digas que de verdad ella no durmió desde Pittsburgh hasta llegar aquí.
- El campamento. - Respondió Annabeth al final. - Hay graves problemas en el campamento. -
- Sally nos lo dijo esta mañana. - Dije con una mueca.
- ¿Pero qué clase de problemas? No estoy entendiendo nada. - Exclamó Percy irritado por no comprender la situación en su totalidad.
Y hablando sinceramente yo me sentía igual que el.
- No lo sabemos con exactitud, pero algo está yendo muy mal. - Dijo Hope con cansancio.
- Así que debemos llegar allí cuanto antes. Desde que salí de Virginia me han perseguido monstruos intentando detenerme. ¿Han sufrido muchos ataques? - Dijo Annabeth antes de hacer esa pregunta al final.
Percy negó con la cabeza y le respondió lo mismo que yo le dije a Hope.
- Ninguno en todo el año ... Bueno, hasta ahora. -
- ¿Ninguno? ¿Pero cómo ... ? - Pregunto sorprendida.
Hope sonrió con suficiencia y señaló a Tyson. La hija de Atenea volteó su mirada hacia nuestro gran amigo e hizo una mueca en reconocimiento.
- Ah. -
- Oí, ¿Que significa exactamente ese "Ah"? - Le pregunté con molestia.
Entonces, Tyson levantó la mano, como si aún estuviera en una clase.
- Los canadienses del gimnasio llamaban a Percy de un modo raro ... ¿Hijo del Dios del Mar? -
Todos nos miramos, como buscando ayuda del otro para poder saber que hacer en esta situación. Iba a ser muy complicado explicarle a el todo lo que somos y en el mundo al cual pertenecemos.
Percy fue el único que tomó el valor para tratar de explicarle la situación.
- Grandullón. - Empezó a decir el. - ¿Has oído hablar de esas viejas historias sobre los dioses griegos? Zeus, Poseidón, Atenea ... -
- ¿Por qué no mencionaste a mi madre? - Pregunté con una sonrisa irónica.
- Y la mía. - Dijo esta vez Hope.
Aquaboy nos mandó una mirada irritada.
- Si. - Respondió Tyson sin prestarnos mucha atención.
- Bueno, pues esos dioses aún siguen vivos. Es como si se desplazaran siguiendo el curso de la civilización occidental y vivieran en los países más poderosos, de modo que ahora se encuentran en Estados Unidos. Y a veces tienen hijos con los mortales, hijos que nosotros llamamos "mestizos". - Se explayó Aquaboy.
No pude evitar parecer un poco asombrado, si había escuchado la explicación del verano pasado al parecer.
- Vale. - Dijo Tyson aceptándo el asunto sin mucho problema. De hecho, parecía no muy interesado en la introducción y quería llegar de una vez al epílogo del asunto.
- Bueno, pues nosotros, Dio, Hope, Annabeth y yo somos mestizos. - Dijo Percy, yendo a la parte más importante. - Somos como ...
- Héroes en fase de entrenamiento. - Sugerí con una sonrisa.
- Exacto. - Dijo Aquaboy aceptando la comparación.
- Suena terrible. - Dijo Annabeth cruzándose de brazos.
- A mí me gusta. - Sonrió Hope con diversión.
- El punto es que siempre que los monstruos encuentran nuestro rastro, nos atacan. - Continúo Percy explicando ignorandolas. - Por eso aparecieron esos gigantes en el gimnasio. Eran monstruos. -
- Vale. - Dijo Tyson en respuesta, aceptando nuevamente la explicación como si nada.
Es como si le dijeran: "El cielo es azul" y el lo aceptaba ... No pude evitar mirar al grandullón extrañado. No estaba ni sorprendido ni desconcertado, lo cual era lo que nos sorprendió y desconcertó a Percy y a mi. Aunque noté que Annabeth y Hope no lucían afectadas por eso.
- Entonces ... ¿Me crees? - Le pregunto Percy con cuidado, como si tratara de asegurarse de que escuchó bien.
Tyson asintió en respuesta. - Pero, ¿Tu eres ... El hijo del Dios del Mar? -
- Si. - Respondió Aquaboy. - Mi padre es Poseidón. -
Nuestro gran amigo frunció el ceño. Ahora si parecía estar desconcertado, lo cual era una reacción un poco más normal para la situación.
- Pero, entonces ... - Tyson estaba hablando cuando fue interrumpido por el aullido resonante de una sirena policial.
Entonces, un coche de policía pasó a toda velocidad por delante del callejón. Afortunadamente parecía lo suficientemente apresurado como para ignorar el mal estado del auto "prestado" del DMV.
- No hay tiempo para esto ahora. - Dijo Annabeth. - Es momento de irnos. -
- Suban al auto. - Dije mientras sacaba las llaves.
Sin embargo, al parecer había enfurecido a la diosa de la fortuna en mi anterior vida, porque en el momento en que nos acercamos al auto, las cuatro llantas del vehículo explotaron.
Bueno, explotar es una palabra muy fuerte, más bien terminaron desinflados. Todos estábamos desconcertados, hasta que me acerqué a las ruedas y noté los cortes que el caucho tenia. Probablemente eran originados de los cuernos de esos monstruos cabras de antes, de seguro ellos habían rozado las ruedas con sus cuernos provocando aquellos minúsculos cortes, hasta que perdieron todo su aire.
Ahora que lo pienso, fue bueno que haya ocurrido ahora y no en medio de la carretera. Eso sí hubiera sido desastroso, por lo tanto, fue buena suerte.
Excepto por la parte de que no tenemos un transporte para ir a Long Island.
- Okay, es momento del plan B ... Aunque lo odie. - Dijo Hope, pero lo último lo dijo con mucha aversión.
- ¿Plan B? - Dijimos tanto Percy como yo al mismo tiempo.
- No hay tiempo de explicaciones. - Dijo Annabeth. - Hablaremos en el taxi. -
- ¿Un taxi? ¿El plan B es un taxi? - Dije incrédulo. Esperaba algo más emocionante por la expresión de Hope.
- ¿Un taxi hasta el campamento? - Dijo Percy perplejo. - ¿Tienes alguna idea cuanto nos va a costar? -
Buen punto, eso era mucho dinero y digamos que nuestra situación económica era deplorable en ese momento.
- Solo confíen en mi. -
Mire a Hope. Ella me dio una media sonrisa.
Percy titubeó. - ¿Y Tyson? -
En ese momento me preocupé un poco por nuestro amigo, no podíamos dejarlo pero no se si debíamos llevarlo al Campamento Mestizo. El siempre ha sido algo delicado a pesar de su imponente apariencia, me preocupaba que alguien como Clarisse o algún otro tratara de lastimarlo.
- No podemos dejarlo aquí. - Dijo Percy con firmeza. - Terminaría metido en un grave aprieto. -
Sonreí con ironía. - Eso suena como un plan. -
- Si. - Dijo Annabeth con una expresión sombria. - Tenemos que llevarlo con nosotros, no hay duda de eso. Vengan, vámonos. - Dijo para luego empezar a caminar.
No me gusta la forma en que ella ha estado hablando de Tyson, es como si el le hubiera quitado el chupón a la hija de Atenea cuando era niña.
Hope nos dio una sonrisa de disculpa. - Lo siento por eso. Annabeth ... Ella tiene sus problemas. - Dijo de manera ambigua antes de ir detrás de Annabeth, llamándola: "Pequeña búho" o algo así.
Percy y yo nos miramos antes de seguirlas con Tyson detrás de nosotros hasta el final del callejón. Los cinco nos fuimos desplazando en las sombras de los callejones del centro, mientras una gran columna de humo se elevaba a nuestras espaldas desde el gimnasio de la escuela de Percy, la cual no me había percatado antes.
Al parecer Aquaboy había tenido una buena clase de gimnasia.
...
- Un momento. - Dijo Annabeth de repente mientras se detenía en la esquina de las calles Thomas y Trimble, y rebuscó algo en su mochila. - Espero que aún me quede alguna por aquí. -
En ese momento me percate del deplorable aspecto de Annabeth, era incluso peor que el de Hope, el cual ya se vería terrible. Tenia un corte en la barbilla y un montón de ramitas y hierbas enredadas en su cola de caballo, como si llevara varias noches durmiendo a la intemperie. El dobladillo de sus vaqueros estaban decorados con desgarros que parecían sospechosamente a las marcas de garras.
Recordé que ella había venido desde Virgina hasta aquí ... ¿Por cuánto tuvo que pasar?
- ¿Que estas buscando? - Le preguntó Percy con curiosidad.
Sonaban sirenas por todas partes. Pude intuir que no se iban a tardar en pasar más policías por allí delante, en busca de algunos delincuentes juveniles especializados en bombardear gimnasios de escuela y robar autos de los departamentos vehiculares.
Me pregunté por un segundo si el señor Miller, el examinador me estaba culpando por el ataque de los "motoristas". En cualquier caso, solo tengo esperanza de que la señorita Minerva me defienda.
Creo que eso es mucho pedir.
- ¡Oh, yo tengo una! - Exclamo Hope. - Gracias a los dioses. - Dijo aliviada antes de sacar de su bolso una moneda de oro.
Lo reconocí como un dracmas, la moneda oficial del monte Olimpo, con un retrato de Zeus de un lado y el Empire State en el otro.
- Hope, dudo que algún taxista de Nueva York vaya aceptar esa moneda. - Dije de manera crítica.
- Oh, solo espera y verás. - Me dijo ella con una sonrisa de suficiencia. - Stéthi, ¡Ó hárma diabolés! - Grito ella en griego antiguo.
Naturalmente, entendí el idioma del Olimpo sin ningún problema. Lo que ella había dicho fue: "Detente, ¡Carro de la Condenación!".
No tenia ni la menor idea de cuál era su plan, pero por alguna razón sentí un mal presentimiento al respecto.
Hope terminó arrojando el dracma a la calle. Sin embargo, en vez de golpear el suelo como las leyes físicas dictan, la moneda de oro terminó sumergiéndose en el asfalto para luego desaparecer completamente de nuestra vista.
Luego de aquella asombrosa demostración de como hacer desaparecer una moneda, no pasó nada. Pero luego, a su debido tiempo, en el mismo lugar donde había caido el dracma, el asfalto se oscureció y se fue derritiendo, hasta convertirse en un charco del tamaño de una plaza de parking, era un charco lleno de un líquido burbujeante y rojo como la sangre. De allí mismo, para mi sorpresa, emergió un coche.
El auto era un taxi de hecho, sin embargo, se diferenciaba de todos los demás taxis de New York por tener un color gris como el humo en vez del amarillo chillón que normalmente tienen. No, era mejor decir que en realidad la carrocería de aquel taxi estaba hecha humo, como si pudieras atravesarla al igual que el aire. Tenia unas palabras escritas en la puerta, algo que medianamente se parecía a "HREMNAS SIGRS", lamentablemente no puedo dar una mejor descripción debido a que mi dislexia me impedía la posibilidad de descifrar lo que en verdad ahí decía.
La ventana del copiloto se abrió y de ahí una mujer mayor pero muy mayor sacó su cabeza. Su cabello greñudo de color grisáceo le cubrían hasta los ojos, su forma de hablar era algo singular, murmurando entre dientes, como si estuviera en profundo pensamiento.
- ¿Cuantos pasajeros? - Pregunto la anciana.
- Cinco pasajeros al Campamento Mestizo. - Dijo Annabeth. Ella se dispuso a abrir la puerta y nos indicó que entráramos al auto, como si en verdad tomarás un taxi común y corriente.
No es por nada pero yo siempre viví la ilusión de que que los autos no salen del suelo.
- ¡Agg! - Chilló la señora. - No llevamos a esa clase de gente. - Dijiste ella señalando a Tyson con uno de sus dedos huesudos de bruja.
¿En serio? ¿Esta vieja también? Quisiera saber que le pasa a todo el mundo, ¿Por qué el impulso de discriminar a Tyson? Primero Hope, luego Annabeth y ahora está vieja.
¡¿Acaso no ven que necesita amor, comprensión y ternura?!
- Ganará una buena propina. - Le prometió Hope, con una voz muy agradable. - ¿Que tal unos tres dracmas extras al llegar? -
- ¡Hecho! - Chilló la mujer con una molesta voz aguda.
- No creo que vayamos a caber todos ... - Comente al ver el interior, ¿Quizás podamos entrar cuatro? Cinco era demasiado.
- Tendremos que hacerlo. - Dijo Annabeth con apuro.
- Descuida, iré sentada en las piernas de Mowgli. - Dijo Hope con una sonrisa.
- ¿Que ... ? - Dije con perplejidad. Mi rostro se calentó ante el pensamiento de que una chica se sentara en mis piernas como si fuese un asiento.
- ¿Um? ¿No te gusta la idea? -
- ¿No puede Annabeth sentarte en tus piernas? -
Ambas chicas resoplaron con irritación, pero ambas aceptaron. Con los arreglos hechos, procedimos a meternos en el taxi.
Yo subí primero, luego Percy, Tyson se embutio en medio y por último fue Hope, para que luego Annabeth se sentara en las piernas de ella con una expresión avergonzada por lo que pude alcanzar a ver.
El interior también era de un gris ahumado, pero parecía bastante más sólido en comparación al exterior; el asiento estaba rajado y lleno de bultos, o sea que no era muy diferente de la mayoría de los taxis, lo cual era un poco, pero solo un poco más reconfortante. No había un panel de plexiglás que nos separase de la
anciana dama que conducía ... Esperen un segundo ... No era una sola dama. Eran tres de hecho las que se apretujaban en el asiento delantero, cada una con el pelo grasiento cubriéndole los ojos, con manos sarmentosas y vestidos de arpillera gris.
Debe ser la última moda en su pueblo natal.
- ¡Long Island! - Dijo la que conducía. - ¡Bono por circular fuera del área
metropolitana! ¡Ja! -
Pisó el acelerador y yo me golpeé la cabeza con el respaldo. Mire a Percy, el cual se había aferrado al brazo de Tyson, evitando el mismo destino que yo. Que suerte ...
Por los altavoces sonó una voz grabada: "Hola, soy Ganímedes, el copero de Zeus, y cuando salgo para comprarle vino al Señor de los Cielos, ¡Siempre me abrocho el
cinturón!". Que buena publicidad.
Bajé la vista y encontré una larga cadena negra en lugar del normal cinturón de seguridad. Decidí que tampoco era tan importante ... Por ahora.
El taxi aceleró mientras doblaba la esquina de West Broadway, y la dama gris que se sentaba en medio chilló:
- ¡Mira por dónde vas! ¡Dobla a la izquierda! -
- ¡Si me dieras el ojo, Tempestad, yo también podría verlo! -
Okay, tomemos una pausa de un minuto. ¿A qué se refería con aquello de darle el ojo?
No tuve el tiempo de expresar mi duda porque la conductora hizo un imposible drible brusco para esquivar un camión que estaba muy poco de aplastarnos bajo sus ruedas, se subió al bordillo con un traqueteo como para astillarse los dientes y voló hasta la siguiente manzana.
- ¡Avispa! - Le dijo la tercera dama a la conductora. - ¡Dame la moneda de la chica! Quiero morderla. -
- ¡Ya la mordiste la última vez, Ira! - Contestó la conductora, que debía llamarse Avispa. - ¡Esta vez me toca a mí! -
- ¡De eso nada! - Chilló la tal Ira.
- ¡Semáforo rojo! - Gritó la que iba en medio, Tempestad.
- ¡Frena! - Aulló Ira.
En lugar de frenar, Avispa decidió que era mejor curso de acción pisar a fondo, volvió a subirse al bordillo, dobló la esquina con los neumáticos chirriando y derribó un quiosco.
Luego del fiasco de examen de conducir que tuve más temprano, consideré que el señor Miller no podría criticar mis habilidades luego de lo desastrosas que son estas mujeres.
Aunque aprender a manejar sin ver sonaba muy tentador de aprender ...
- Perdone. - Se aventuró Percy a hablar. - Pero ... ¿Usted ve algo? - Dijo la misma pregunta que me pasaba por la cabeza.
- ¡No! - Gritó Avispa, aferrada al volante.
- ¡No! - Gritó Tempestad, estrujada en medio.
- ¡Claro que no! - Gritó Ira, junto a la ventanilla del copiloto.
Okay, ahora si tengo miedo ...
Miré a Hope.
- ¿Nos subiste en un taxi donde los conductores son ciegos? - Le pregunté incrédulo.
- Pues, no están ciegas en su totalidad. - Contestó ella. - Tienen un ojo, al menos. -
- ¿Un ojo? -
- Sí. -
- ¿Cada una? - Preguntó Percy.
- No. Uno para las tres. - Dijo Annabeth esta vez, siendo abrazada por Hope para que no saltara de su asiento y se golpeaste la cabeza contra el techo por los saltos que daba el taxi.
Tyson soltó un gruñido al lado de Percy y se aferró al asiento. - No me siento bien. - Expresó con una mueca.
- Ay, dioses. - Exclamó Aquaboy preocupado. - Aguanta, grandullón
¿Alguien tiene una bolsa o algo así? - Dijo con urgencia.
Según recuerdo, Percy ha comentado el horrible desastre que Tyson puede causar por sus mareos. Lo llamo ...
La fuente de vomito.
Ay, dioses ...
Las tres damas grises iban demasiado ocupadas riñendo entre ellas como para prestarle atención a Percy. Miré a Hope, que abrazaba a Annabeth como si su vida mande una mirada de: "¡¿Como pudiste hacerme esto a mí?!"
- Bueno. - Empezó ella a decir tratando de sonar positiva. Palabra clave, tratando, porque no le salía del todo bien por el sudor nervioso que caía de su cabeza. - Él Taxi de las Hermanas Grises es la manera más rápida de llegar al campamento. -
- ¿Entonces por qué no lo tomaron desde Virginia o Pittsburgh? - Preguntó Percy.
- Eso no cae en su área de servicio. - Replicó Annabeth, como si fuera la cosa más evidente del mundo. - Sólo trabajan en la zona de Nueva York y alrededores. -
- ¡Hemos llevado a gente famosa en este taxi! - Exclamó Ira. - ¡A Jasón, por ejemplo! ¿Lo recuerdan? -
- ¡No me lo recuerdes! - Gimió Avispa. - Y en esa época no teníamos taxi, vieja latosa. ¡Ya hace tres mil años de aquello! -
- ¡Dame el diente! - Ira intentó agarrarle la boca a Avispa, pero ella le apartó la mano.
- ¡Sólo si Tempestad me da el ojo! -
- ¡Ni hablar! - Chilló Tempestad. - ¡Tú ya lo tuviste ayer! -
- ¡Pero ahora estoy conduciendo, vieja bruja! -
- ¡Excusas! ¡Gira! ¡Tenías que girar ahí! -
Avispa giró por la calle Delancey y me vi estrujado por Tyson y Percy contra la puerta. Ella siguió acelerando y salimos volando por el puente de Williamsburg a ciento y pico por hora.
Las tres hermanas se peleaban ahora de verdad, o sea, a bofetada limpia. Ira trataba de agarrar a Avispa por la cara y ésta intentaba agarrársela a Tempestad.
Mientras se gritaban unas a otras con los pelos alborotados y la boca abierta, me percaté de que ninguna de ellas tenía dientes, salvo Avispa, que lucía un incisivobentre amarillento enfermizo y verdoso asqueroso. En lugar de ojos, tenían los párpados cerrados y hundidos, con excepción de Ira, que sí disponía de un ojo verde inyectado en sangre que lo escrutaba todo con avidez, como si no le pareciera suficiente nada de lo que veía.
Finalmente fue ella, Ira, que llevaba ventaja con su ojo, la que logró arrancarle el diente de un tirón a su hermana Avispa. Esta se puso tan furiosa que rozó el borde del puente de Williamsburg, mientras chillaba:
- ¡Devuélvemelo! ¡Devuélvemelo! -
Tyson gimió y se agarró el estómago.
- Por si alguien quiere saberlo. - Empezó Percy a decir. - ¡Vamos a morir! -
Hablando sinceramente, no quería saber eso.
- No te preocupes. - Dijo Annabeth, aunque sonaba superpreocupada de hecho. - Las Hermanas Grises saben lo que hacen. Son muy sabias, en realidad. -
Aunque ese comentario viniera de la hija de Atenea, aquello no logró me dio mucha confianza.
Corríamos a toda velocidad por el borde mismo del puente, a cuarenta metros del East River.
- ¡Sí, muy sabias! - Ira nos lanzó una ancha sonrisa a través del retrovisor y aprovechó para lucir el diente que acababa de apropiarse. - ¡Sabemos cosas! -
- ¡Todas las calles de Manhattan! - Dijo Avispa con presunción, sin dejar de abofetear a su hermana. - ¡La capital de Nepal! -
- ¡La posición que andan buscando! - Añadió Tempestad.
Sus hermanas se pusieron a golpearla desde ambos lados, mientras le gritaban:
- ¡Cierra el pico! ¡Ni siquiera lo han preguntado! -
- ¿Cómo? - Dijo Percy. - ¿Qué posición? Yo no estoy buscando ... -
- ¡Nada! - Dijo Tempestad. - Tienes razón, chico. ¡No es nada! -
- Dímelo. -
- ¡No! - Chillaron las tres tan fuerte que retumbaron mis tímpanos.
- ¡La última vez que lo dijimos fue terrible! - Dijo Tempestad.
- ¡El ojo arrojado a un lago! - Asintió Ira.
- ¡Años para recuperarlo! - Gimió de manera lastimera Avispa. - Y hablando de eso, ¡Devuélvemelo! -
- ¡No! - Aulló Ira.
- ¡El ojo! - Se desgañitó Avispa. - ¡Dámelo! -
Le dio un mamporro a Ira en la coronilla. Se oyó un ruido repulsivo - ¡un plop! - y algo le saltó de la cara. Ira lo buscó a tientas, intentó atraparlo, pero lo único que logró fue golpearlo con el dorso de la mano. El viscoso globo verde salió volando por encima de su hombro y fue a caer directamente en el regazo de Percy. Mi pequeño hermano dio un salto tan brutal que se golpeé la cabeza con el techo y el globo ocular cayó rodando.
Tengo que admitir que yo hubiera actuado de la misma manera.
- ¡No veo nada! - Gritaron las tres hermanas.
- ¡Dame el ojo! - Aulló Avispa.
- ¡Dale el ojo! - Gritó Annabeth.
- ¡Percy dale el ojo! - Exclamó Hope.
- ¡Yo no lo tengo! - Dijo Percy apresurado.
- Ahí, lo tienes al lado del pie. - dijo Annabeth. - ¡No lo pises! ¡Recógelo! -
- ¡No pienso recogerlo! -
El taxi golpeó la barandilla y continuó derrapando, pegado a aquella barra de metal, con un espantoso chirrido de afilar cuchillos. El coche temblaba y soltaba una columna de humo gris, como a punto de disolverse por pura fricción.
- ¡Me voy a marear! - Avisó Tyson con una expresión enfermiza.
- Annabeth. - Gritó Percy. - ¡Dale tu mochila a Tyson! -
- ¿Estás loco? ¡Recoge el ojo! - Le respondió ella.
Avispa dio un golpe brusco al volante y el taxi se separó de la barandilla. Nos lanzamos hacia Brooklyn a una velocidad muy superior a la de cualquier taxi humano. Las Hermanas Grises chillaban, se daban mamporros unas a otras y reclamaban a gritos el ojo.
- Percy. - Dije suavemente, mirándolo con una sonrisa frívola. - Por favor, recoge el bendito ojo. - Lo dije mirándolo directamente.
En su pupila vi reflejado aquellos ojos de cruces dorados que lo hicieron estremecer, no lo hice a propósito ... Al menos no completamente. Cuando me sentía en peligro normalmente estos ojos bestiales se hacían presentes, y en este momento sentía una gran posibilidad de muerte.
Y no quería ser recordado como el único hijo de Hestia que murió en un taxi.
- O-Okay. - Dijo al final de manera dócil mi pequeño hermano.
Armado de valor, rasgo un trozo de su camiseta de colores, que ya estaba hecha jirones de lo chamuscada que estaba, y recogió el globo ocular.
- ¡Buen chico! - Gritó Ira, como si supiera de algún modo que su preciado ojo se hallaba en la mano de Percy. Lo cual lo hizo aún más enfermizo de la que creía posible. - ¡Devuélvemelo! -
- No lo haré hasta que me digas a qué te referías. ¿Qué era eso de la posición que estoy buscando? -
- ¡No hay tiempo! - Chilló Tempestad. - ¡Acelerando! -
Miré por la ventanilla. No había duda: árboles, coches y barrios enteros pasaban zumbando por nuestro lado, convertidos en un borrón gris. Ya habíamos salido de Brooklyn y estábamos atravesando Long Island.
- Percy. - Le advirtió Hope con seriedad poco usual en ella. - Sin el ojo no podrán encontrar nuestro destino. Seguiremos acelerando hasta estallar en mil pedazos. -
Eso sonaba mal.
- Primero deben decirlo. - Contesto Aquaboy, ¿Por qué tiene que ponernos en peligro tan a menudo? Nunca lo sabre. - O abriré la ventanilla y tiraré el ojo entre las ruedas de los coches. -
- ¡No! - berrearon las Hermanas Grises. - ¡Demasiado peligroso! -
- Estoy bajando la ventanilla. - Amenazo mi hermano.
- ¡Espera! ¡Esto no es para ti, pero ... ! - Gritaron las hermanas. - ¡Treinta, treinta y uno, setenta y cinco, doce! -
- ¿No es para mí? ¿Y eso qué significa? ¡No tiene ningún sentido! ¡Dijeron que era lo que estábamos buscando! -
- ¡Treinta, treinta y uno, setenta y cinco, doce! - Aulló Ira. - No podemos
decirles más. ¡Y ahora devuélvenos el ojo! ¡Ya casi llegamos al campamento! -
Habíamos salido de la autopista y cruzábamos zumbando los campos del norte de Long Island. Ya veía al fondo la colina Mestiza, con su pino gigantesco en la cima: el árbol de Thalia, que contenía la energía vital de una semidiosa heroica.
- ¡Percy ! - Dijo Annabeth con tono apremiante. - ¡Dales el ojo ahora mismo! -
Decidió no discutir. Soltó el ojo en el regazo de Avispa. La vieja dama lo agarró rápidamente, se lo colocó en la órbita como quien se pone una lentilla y parpadeó.
- ¡Uau! -
Frenó a fondo al segundo siguiente. El taxi derrapó cuatro o cinco veces entre una nube de polvo y se detuvo chirriando en mitad del camino de tierra que había al pie de la colina
Mestiza.
Tyson soltó un eructo monumental para el libro Guinness de los récords mundiales.
- Ahora mucho mejor. - Dijo el grandullón.
No pude evitar sonreír por eso, además de que no fuimos cubiertos por vómito.
- Está bien. - Les dije a las Hermanas Grises. - Decidme qué significan esos números. -
- ¡No hay tiempo! - Gritó Annabeth mientras que Hope abría la puerta. - Tenemos que bajar ahora mismo. -
Iba a preguntar por qué, cuando levanté la vista hacia la colina Mestiza y lo comprendí al instante.
En la cima había un grupo de campistas. Y los estaban atacando.
¿Acaso no podemos tener un descanso?
...
