Disclaimer: Shingeki no Kyojin no me pertenece, propiedad de Hajime Isayama.
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"En cada vida que renazca te buscaré hasta encontrarte, no importa donde estés, regresaré a ti, hallaré el camino, te lo prometo"
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Sinopsis:
Sus miradas se cruzaron por un breve instante, naciendo de sus corazones un sentimiento que no podían explicar...
Esta chica...ya la he visto antes...
Este chico...ya lo he visto antes...
¿En sueños?
Este sentimiento es tan familiar...
Pero, ¿por qué?
¿Quién eres?
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Capítulo 1
"Tengo frío"
"Está helado"
Pronuncia en un débil susurro entrecortándose su voz, la baja temperatura de ese sitio oprimía sus pulmones dificultándole respirar, ardiendo su garganta con cada inhalación que daba.
"¿Por qué?"
Se cuestiona sin entender...
¿Por qué estaba ahí?
Extiende su mano luchando por salir a flote, pero su cuerpo ya no le responde, estaba agotado del esfuerzo realizado por escapar de ese calvario, dejándose finalmente hundir en el vacío de ese profundo abismo.
Duele...
¿Era acaso ese un castigo?
Algo en el fondo de su subconsciente le decía que si, pero, ¿por qué se sentía merecedor de tal flagelo?, ¿cuál era el pecado que debía expiar? Su mente no albergaba ningún recuerdo ni respuesta clara, no existía ni motivo ni razón para soportar tal dolor. Ya no tenía sentido luchar, su cuerpo estaba cada vez más débil, desvaneciéndose en el silencio. Rendido, sus profundos ojos verde esmeralda se cierran, esperando que en cualquier momento su suplicio acabase.
"Eren"
Un delicado murmullo llega hasta sus oídos como una suave melodía, acaso, ¿sus sentidos lo engañan?
"No... no puede ser verdad"
Aprieta con fuerza sus párpados negándose a creer. Su cordura se hallaba al borde de la desesperanza y la locura, ya nada podría salvarlo.
"Eren"
Su respiración frena de golpe al volver escuchar su nombre con bastante nitidez, confirmando que no era una alucinación. Percibía una presencia cerca, esa afable voz le resultaba ser tan familiar.
Pero... ¿por qué?, ¿dónde la había oído antes?
Su mente lucha por recordar algo que no está.
—Espera.
Reacciona, llamándola en un último intento desesperado por salir de ahí.
"Vuelve a casa"
Aquellas palabras calan, paralizándolo una fuerte punzada que resurgía en su pecho, cargada de un profundo sentimiento de remordimiento y tristeza. Sin antes poder reaccionar, una cálida sensación lo abraza reconfortando sus heridas. El frío se disipa a su alrededor, percibiendo bajo su cuerpo el confort de una agradable superficie. El olor a pesadumbre era ahora suplantado por un exquisito aroma a perfume de flores y madera, inundando sus fosas nasales sosegando su agitada respiración. Despacio abre sus ojos, recibiéndolo una delicada luz que bañaba las facciones de su varonil rostro.
"¿Dónde estoy?"
Confundido se reincorpora, sentándose en la orilla de una amplia cama. Se queda inmóvil, contemplando anonadado cada detalle de esa habitación. Se hallaba dentro de una pequeña recámara en el ático de una rústica cabaña.
"¿Qué es este lugar?"
Agradables sensaciones lo poseen al recorrer con las yemas de sus dedos el colchón donde reposaba, todo seguía tan difuso en sus memorias, sin embargo, un sentimiento de déjà vu no dejaba de asaltarlo a cada momento creando caos en su mente. Sin percatarse, sus labios se arquearon sutilmente en una melancólica sonrisa, aunque no reconocía el motivo de su regocijo, esa acogedora habitación lo hacía sentir como en su hogar.
Algo lo ataba a ese sitio... pero... ¿qué era?
Ansioso por averiguarlo, deja la cama apoyando sus pies descalzos sobre la crujiente madera. Pisa con cautela, dirigiéndose hacia una de las ventanas que allí había. Con delicadeza, recorre las delgadas cortinas, encontrándose con un impresionante paisaje cautivándolo al instante. Ante su mirada maravillada se alzaba una verde colina cubierta de cientos de flores y abultados árboles, decorada al horizonte de enormes montañas escarchadas ligeramente de nieve.
"Este lugar..."
Su pecho vibra con intensidad por los latidos que se acrecentaban dentro de él. Eleva su mano oprimiéndola a la altura de su corazón, emitiendo un gemido ahogado al no lograr dilucidar algún recuerdo que lo hiciera sentir así, causándole incertidumbre. Acorralado por esos sentimientos, se aleja de la ventana dando unos cuantos pasos a su costado, cuando una leve punzada irrumpe en su muslo haciéndole fruncir el ceño. Había chocado con la esquina de una pequeña mesa de madera, volcando sobre su superficie un florero que allí reposaba. Con inmediatez extiende su mano para recogerlo, pero esta frena a medio camino al clavar su atención en las flores violetas derramadas en la mesa. Un nudo en su garganta emerge al contemplarlas detenidamente.
"¿Dónde las he visto antes?"
Su mente se confunde una vez más...
"Basta"
Se reprocha mentalmente desistiendo a su cuestionamiento tan absurdo, ¿a qué venía eso?, eran simples flores. Reprimiendo esos pensamientos, extiende su mano para tomarlas.
"Gracias por ponerme esta bufanda"
Nuevamente aquella dulce voz embiste en su cabeza sin previo aviso quedando boquiabierto. Su cuerpo se inmuta dejando caer las flores atrapadas en su palma, sumergiéndose en ese fragmento de memoria.
La vislumbra, su figura a contraluz resplandeciendo bajo los cálidos rayos de un atardecer, rodeada de decenas de esas pequeñas flores violetas. Ella reposaba a un costado de él, su cabello corto negro azabache enmarcaba su delgado rostro, mas sus facciones eran difusas conservando su identidad en secreto. El aire escapa de sus pulmones al observarla aproximarse lentamente hacia su cara, logrando apreciar el detalle de sus finos labios rosados, despertando en él un sentimiento de deseo.
"¿Quién eres?"
Todo se desvanece de golpe de su mente al oír el rechinido de una pesada puerta al abrirse en el piso inferior, volviendo su atención hacia las escaleras. Sus sentidos se ponen en alerta al escuchar la madera crujir bajo sus pies. Se queda quieto sin hacer ruido, esperando que en cualquier instante aquella presencia subiera y lo descubriera, pero las pisadas se alejan a la brevedad, retornando el silencio en esas cuatro paredes.
Impulsado por sus emociones, se precipita hacia los escalones yendo tras su rastro. Se abre paso a un espacio más amplio conformado por una sencilla sala y cocina. Busca por cada rincón confirmando sus sospechas, ahí no se encontraba nadie. Cabizbajo, sale de la cabaña recibiéndolo una brisa fresca olor a rocío apaciguando su agitación, pero al levantar la mirada su calma se desvanecería, acelerándose sus latidos al vislumbrar esa figura alzarse al borde de la colina.
—Tú...
Libera su boca en un susurro casi inaudible... Era ella.
Su cuerpo permanecía quieto dándole la espalda, vestía una falda holgada hasta los tobillos en conjunto con un saco rosa. Su cabello negro era corto a la altura de sus hombros y de su cuello colgaba una desgastada bufanda roja que se mecía con las leves corrientes de aire. Curioso por develar su identidad, se le aproxima quedando a unos cuantos pasos de ella. La joven no se inmuta por su presencia, conservando su vista fija en el horizonte. Extiende su mano con la intensión de tocar su hombro y captar su atención, pero esta se desploma a medio camino, siendo incapaz de hacerlo.
—H-Hola — masculla con timidez, pero la chica no reacciona a su llamado. El silencio se vuelve incómodo, mas su cuerpo no le responde para alejarse, quedándose quieto a sus espaldas, sintiendo como sus palpitaciones se intensificaban en su pecho al estar cerca de ella. Se muerde el labio inseguro de volver a hablarle, pero ese pensamiento lo carcome, impidiéndole permanecer callado. Necesitaba saber que significaba todo aquello, esas sensaciones y memorias vagas.
—Disculpa... pero... ¿Nos hemos visto antes?
— ¿Cuál es tu nombre?
Se queda paralizado esperando ansioso esa respuesta que nunca llegaría, obteniendo únicamente de ella un absoluto silencio. Desilusionado baja la mirada, desviándola sobre aquella gastada bufanda.
"Te la pondré las veces que quieras...todas las veces que haga falta de aquí en adelante"
Su diafragma se contrae ante el recuerdo de esas palabras suyas, acompañado de un sentimiento indescriptible de pérdida.
"¿Qué fue eso?"
"¿Qué es esto que siento?"
"¿Por qué me duele tanto?"
Se desmorona al no lograr descifrar el "¿por qué?" de esa sensación tan familiar naciente de su corazón, convirtiéndose en una dolorosa punzada.
"¿Por qué?"
Su vista se nubla, su quijada tiembla, ese sentimiento lo asfixia.
"¿Por qué estoy llorando?"
Cierra sus ojos sumiéndose en la oscuridad creciente en su interior, permitiendo que las lágrimas lo consuman.
La calidez se esfuma de su cuerpo, el silencio es suplantado por un bullicio de gritos desgarradores que le hiela la sangre. Su mirada se petrifica al momento de reabrir sus párpados y toparse con el horror del panorama en el que se encontraba ahora...
El mismísimo infierno.
La gente corría a su alrededor perturbada, chocando en repetidas ocasiones contra él haciéndolo retroceder. Sus rostros reflejaban un miedo indescriptible que lo hacían estremecer, no comprendía lo que sucedía, pero las sensaciones que experimentaba en ese lugar eran tan familiares, de algún modo ese escenario lo había visto antes.
La tierra temblaba bajo sus pies acompañado de un estruendo ensordecedor. Se gira encontrándose con ese escenario apocalíptico del que todos huían. Una formación de descomunales titanes se aproximaba desde el horizonte arrasando todo a su paso. Se queda quieto en lugar de huir, observando con pavor como la gente era aplastada por aquellos colosales, reduciéndolos a nada.
—Lo siento...— exclama tembloroso en un hilo de voz.
—Perdónenme...
—¡Lo lamento tanto! — solloza desgarrándose su garganta, dejando que sus lágrimas inunden su rostro.
¿Por qué se disculpaba?
¿Por qué se sentía responsable de sus muertes?
Las pisadas retumbaban cada vez más cerca, la muerte lo acechaba, pero sus pies permanecían fijos en el mismo punto con la mirada horrorizada puesta sobre una extraña formación esquelética que se elevaba muy por encima del resto de esos gigantescos seres. Sus ojos son atraídos hacia ese rostro demoníaco dejándolo sin aire.
—¡Eren!
Su grito irrumpe en medio del caos haciéndolo reaccionar. Agitado busca a su alrededor a la dueña de esa voz tan familiar, pero no vislumbra más allá del fuego y la destrucción.
—¡Eren!
Su llamado se alza con mayor fuerza opacándose rápidamente por el tumulto de voces.
"No..."
El miedo se apodera de su cuerpo y mente, perdiendo los estribos. ¿Por qué había venido?, no debería estar en ese lugar. ¿Era para salvarlo?
No... no quería que muriera, ella es valiosa.
Pero... ¿por qué lo era?
¿Qué significaba ella para él?
¿Qué era ese sentimiento?
Se precipita desesperado entre la muchedumbre, recorriendo cada rincón de esa ciudad desconocida envuelta en el disturbio. La impotencia lo consume con cada paso al no poder gritar su nombre.
—¿Dónde estás?
Emite débilmente entre jadeos perdiendo de poco en poco a las esperanzas de encontrarla. Horrorizado observa como enormes fragmentos de escombros vuelan por encima de su cabeza aplastando a varios a su alrededor. El tiempo se había agotado, no existía refugio en donde esconderse, era claro que perecería ahí, mas no quería que aquellos que apreciaba sufrieran el mismo destino que él. Ellos tendrían una larga vida.
Pero... ¿Quiénes?
¿Cuáles eran sus nombres...?
En su descuido, uno de sus pies se atasca en un trozo de escombro, cayendo de rodillas contra el suelo. Amortigua su caída con sus manos, sintiendo a través de ellas como la tierra vibraba con mayor intensidad. Alza su mirada, contemplando como los titanes ya estaban sobre él.
Ya era tarde...
—Lo siento tanto — se derrumba cediendo a la muerte, esperando que en cualquier momento su cuerpo fuera borrado de esa existencia.
¿Ese era su fin?
De la nada el estridente bullicio en su entorno palidece ante el eco de unas pisadas precipitadas aproximándosele a gran velocidad. Eleva su rostro encontrándose con una espada extendida apuntando directo al cuello.
"Estás aquí"
La reconoce, a pesar de no ver su rostro con claridad. Su esbelta figura, su cabello negro corto y esa distintiva bufanda envuelta en su cuello. Era la misma chica de la cabaña, aunque con otra vestimenta y portando un extraño equipo de armas en sus caderas. Sus labios tiritaban en silencio y de sus pálidas mejillas se deslizaban lágrimas sin cesar.
Dolía...
Le punzaba el pecho el verla sufrir, ¿él era el causante de su pena?
—No llores... por favor... perdóname...
Sus palabras se extinguen entre sus lágrimas. La carga de su pecado lo doblega, derrumbándose a sus pies sin oponer resistencia, preparándose a sentir su filosa cuchilla atravesar su garganta.
Pero... ese golpe final no llegaría...
Su corazón se sobrecoge al sentir en su lugar la suavidad de dos manos hundirse en su rostro, sujetándolo de cada lado con delicadeza. El cálido roce de sus dedos desvanece sus temores, despertando en él un sentimiento de pertenencia. Sus memorias difusas se esclarecen al momento de abrir sus ojos y encontrarse con esos brillantes orbes grisáceos rebosantes de amor y ternura. Había vuelto a esa verde colina entre montañas.
Su hogar.
La visión revelada frente a él lo deja sin aliento al contemplar cada detalle de ese delicado rostro femenino. Embelesado alza su mano depositándola sobre su mejilla, acariciando dócilmente su piel cremosa. Sus dedos avanzan hasta llegar a su sedoso cabello azabache, embriagándolo su exquisito aroma a flores. Toma uno de sus mechones, depositándolo detrás de su pequeña oreja, permitiéndole admirar aún más su belleza.
Era tan hermosa.
—Mikasa — sueltan sus labios casi de manera inconsciente, dejándolo atónito al ver como en su rostro se curvaba una ligera sonrisa al oír su nombre.
Lo recuerda entonces, brotando de sus ojos lágrimas por la conmoción.
"Mikasa"
Ese era su nombre, era ella, su hogar, la única que podía llenar ese vacío en su corazón. Su voz se ahoga al recobrar de poco a poco esos fragmentos de memoria. Tenía tanto que decirle, pero sus palabras no cobran forma en su garganta, limitándose a solo contemplarla en silencio.
— Estaré esperándote — le susurra con dulzura limpiando sus lágrimas, entumeciéndolo con sus caricias. — Espero encuentres el camino... — sus manos lo liberan llevándolas hacia su bufanda. Estupefacto la observa desenredársela para enseguida alzarla sobre su cuello y envolverlo con su calidez.
—Nos vemos después... Eren...
¿Era eso una despedida?
No... no podía irse aún...tenía tanto por decirle...
Sin poder hacer nada, su cuerpo cae de espaldas hacia el vacío. En un rápido reflejo, extiende su mano luchando por alcanzarla, pero todo esfuerzo es inútil.
—¡En cada vida que renazca te buscaré hasta encontrarte! — exclama a todo pulmón descargando todas esas emociones reprimidas en su corazón.
—No importa donde estés, regresaré a ti, hallaré el camino, te lo prometo...
Parte de la bufanda que portaba en su cuello se desenreda extendiéndose hacia ella en un interminable hilo rojo.
—Yo...
—Yo siempre te he amado...
—Espérame... mi más amada, mi querida...
"Mikasa..."
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"Eren"
—¡Eren!
—Despierta Eren...
—¿Qué sucede?... ¿Dónde estoy?
Masculla entre dientes adormecido, sumido todavía en los recuerdos de aquel sueño. Una vez más se había quedado dormido bajo el cobijo de ese enorme árbol. Despacio se reincorpora a la luz, encontrándose con un par de ojos azules inquietos fijos en él.
—¿Armin?... ¿Qué estás haciendo aquí? – pregunta confundido sin ser consciente de su entorno.
—Te has vuelto a quedar dormido, fui a buscarte a tu departamento y no te encontré, supuse que aquí estarías y así fue —le expresa angustiado tomando asiento a su costado. —Es un sitio agradable, entiendo por qué adoras tener siestas en este lugar – trata de iniciar una conversación, pero su amigo seguía sin prestarle atención, inmerso en su mundo.
Su mente merodeaba aún en esos fragmentos de memoria dispersos, desvaneciéndose de poco a poco al recobrar conciencia, dejándolo solo con una sensación de pérdida.
—Yo... yo siento que tuve un largo sueño... Es tan confuso... No recuerdo que fue... Ese rostro...— empieza a divagar tratando de recordar algo que ya no está, frustrándolo al no hallar nada.
¿Quién o qué cosa era lo que deseaba no olvidar?
¿Qué había soñado?
Su respiración se agita, perdiendo el control de sí mismo.
—¡Eren! — su llamado lo saca de sus pensamientos haciendo que pegara un brinco. Gira su cabeza topándose con su semblante desbordante de una severa preocupación.
¿Qué sucedía?
—Eren, ¿por qué estás llorando?
—¿Huh? —su cuestionamiento lo confunde. Eleva su mano depositándola a la altura de su pómulo, percibiendo su piel humedecida bajo sus dedos. De sus ojos brotaban lágrimas involuntarias sin siquiera notarlo.
¿Por qué lloraba?
No entendía...
—Yo... yo...— tartamudea tratando de averiguar algún motivo bajo la mirada intranquila de su amigo de la infancia. — Yo no lo sé...— se desmorona brevemente al no conseguir dar con una explicación sensata a ese extraño sentimiento que lo sometía algunas veces al despertar. Nada tenía sentido. Lo había olvidado una vez más. Ni una imagen, ni un recuerdo fugaz quedaba de ello, solo el vacío en su corazón.
—Eren, ¿qué sucede? — siente el peso de su mano caer sobre su hombro, transmitiéndole serenidad —Últimamente te noto muy disperso...
—¿De qué hablas? — irrumpe a la defensiva, tratando de negar la situación que lo acorralaba.
—Te exiges demasiado, necesitas descansar, me preocupas, ¿algo te angustia?
—Estoy bien, deja de preocuparte por mí— aparta la mano de su hombro, devolviendo su vista al frente – Solo es que... no tuve una buena mañana y decidí venir aquí a despejarme. Nada relevante – esquiva la pregunta dando paso a temas banales. Armin lo había comprendido.
—¿Es por esa entrevista de la que me hablaste ayer? — el rubio le sigue el hilo a su charla trivial, haciéndole sentir un gran alivio al no indagar más en el otro tema.
—Si, pero creo que no los impresioné, es tan difícil conseguir un buen puesto— suspira decepcionado de sí mismo. Ya habían transcurrido cuatro meses desde que egresó de sus estudios y no había dado con una buena oportunidad de trabajo.
— Ojalá fuera igual de listo que tú Armin— bromea aligerando la plática – De ser así hace tiempo me hubieran contratado. Ya no soporto trabajar en ese lugar — remata con un puchero infantil frustrado por su mala suerte, provocando una sonrisilla en el ojiazul por su reacción tan inmadura.
—Ánimo Eren, no digas tonterías— palmea su hombro alentándolo —Sé que pronto lo conseguirás, eres el chico más perseverante que conozco, solo aguanta un poco más...
—Eso lo dices porque no trabajas con ese enano malhumorado— suelta divertido recordando el entrecejo fruncido de su jefe. —Que más remedio queda, la renta y las comidas no se pagan solas— acentúa con una sonrisa resignada soltando un suspiro al aire.
Ser adulto era más complicado de lo que llegó a imaginar de niño. ¿Libertad?, ¿cuál?, pensaba que con solo dejar su aburrido pueblo y mudarse a la ciudad la obtendría, que ingenuo fue. Ahora su vida únicamente giraba en torno a sus responsabilidades, siendo preso de la rutina. Algo le hacía falta a su monótona existencia, pero...
¿Qué era?
Sin notarlo, se queda taciturno decayendo su semblante, alarmando al joven a su costado.
—Eren... ¿Seguro que te encuentras bien?
—Lo lamento Armin— lo interrumpe evadiendo el tema, tomando sus pertenencias para enseguida colocarse de pie — Debo irme, llegaré tarde— puntualiza refugiándose tras una falsa sonrisa la cual no se traga su perspicaz amigo.
—¿No es muy pronto aún? — le cuestiona mirando al reloj en su muñeca.
—Es que necesito llegar hacer unos mandados antes — inventa al momento siendo poco creíble su mentira para el rubio.
—Eren espera...— trata de razonar con él, resultando en una tarea titánica, era inútil. Suspira desanimado, sin más remedio que verlo alejarse.
—Te veo mañana, prometo entregarte esos mangas que me prestaste...— exclama en despedida para enseguida echarse andar sin mirar atrás.
"Eso estuvo cerca"
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"Shinganshina"
Divisa el letrero de su estación cruzando la avenida, soltando una larga bocanada de aire exhausto por la misma rutina. Cada día era una copia casi exacta del día anterior, llevando a cabo sus actividades ya por inercia. Avanza con paso ágil abriéndose camino entre el mar de personas hasta llegar a la entrada y pasar el torniquete, desplazándose por unos largos pasillos conectando al final con una escalera eléctrica que lo descendería a su parada. Descansa su espalda contra la pared, contemplando en silencio el movimiento en esa amplia sala de espera. Gente iba y venía abarrotándola, deambulando como zombies inmersos en sus mundos sin prestar atención a quienes les rodeaban, con sus mentes sumidas en sus preocupaciones o clavados en sus móviles. Su mirada navega en cada uno de ellos, buscando entre sus rostros algo o alguien que llenara el vacío en su interior.
¿Pero quién o que cosa era?
Otra vez esa opresión...
Sacude sutilmente su cabeza, despabilándose de esos pensamientos. Desvía su atención al bolsillo de su pantalón, extrayendo su celular y unos audífonos. Se los coloca con inmediatez, esperando que la melodía sonando en sus oídos lo distrajera de esas sensaciones. Para cuando vuelve alzar su vista sus ojos se encontraron ya con las luces del tren irrumpiendo desde la oscuridad del túnel.
"Justo a tiempo"
Las puertas se deslizan a los costados cediendo el paso a los pasajeros. Se desplaza por el atiborrado vagón hasta colocarse a la mitad, alcanzando a sujetarse de uno de los pocos pasamanos libres que quedaban. La máquina avanza dando inicio a su tan monótono trayecto. Su mirada estoica se clava en el cristal, contemplando a través el mismo escenario de siempre de estación a estación, alejándose de poco a poco del bullicio que lo rodeaba hasta perder consciencia de su entorno.
Tren llegando a Hizuru
Anuncia el altavoz, bajando la velocidad al aproximarse a su próximo destino. Sus ojos estaban a punto de desviarse a su móvil cuando algo del otro lado del vidrio capta su atención. Su cuerpo se paraliza al alcanzarla por un breve instante con su mirada, inundando sus pupilas.
"Esa chica..."
El tiempo se congela al conectar por unos segundos con un par de ojos grisáceos sobresalientes de entre la masa de personas reunida en esa estación. Algo en su interior se despierta sofocando su diafragma. Una sensación tan familiar lo somete, la misma que lo perseguía algunas veces al despertar.
"¿La he visto antes?"
"¿En sueños?"
"No lo sé... no recuerdo..."
"¿Qué es esto que siento?"
La chica desaparece de su campo de visión por el avance del transporte quedando vagones atrás al momento de frenar. Las puertas vuelven a abriese dando entrada a la multitud. Alza su cabeza en un intento por encontrarla, pero desde donde se ubicaba era difícil alcanzar a avistarla por su distancia considerable.
"¿Fue acaso una alucinación?"
Trata de convencerse, pero no... no lo fue...
Se queda en shock llevando su mano a la altura de su corazón oprimiendo con fuerza.
"¿Qué es este sentimiento?"
Sus latidos se intensifican bajo su tacto de solo recordarla.
Ella es importante...
¿Por qué lo pensaba?
No... no podía dejarla ir...
¿Quién era?
El tren retoma su avance prosiguiendo con su ruta. Movido por sus emociones, reacciona despojándose de sus audífonos, llevándolos nuevamente a su bolsillo. Cegado por el deseo de encontrarla, se abalanza entre la aglomeración de personas, abriéndose camino con dificultad hacia la parte trasera.
—Discúlpeme...
—Permiso...
Gestos de disgusto y miradas extrañadas de varios pasajeros se fijan en él con cada golpe o empujón que daba sin querer, más no puede dejar de avanzar, ignorándolos a su paso. Agitado busca por todo rincón su presencia, pero entre tanta gente era casi imposible hallarla.
Tren llegando a Distrito Trost
A punto de rendirse unos ojos lo atrapan a medio camino frenando su andar. Su mundo se detiene al ver girar su delicado rostro en su dirección, visualizando cada detalle del mismo. Su cabello corto de un negro tan intenso realzaba con la blancura de su piel, haciendo juego con sus brillantes iris grisáceos y labios rosados.
Era tan hermosa.
Al igual que él, ella parecía muy sorprendida y confundida al verlo, sin embargo, ninguno de los dos era capaz de apartar la mirada y caminar rumbo al otro para romper con el tenso silencio que los separaba. Las palabras simplemente no fluían por la conmoción del encuentro. Sin previo aviso, observa sus ojos volverse cristalinos, brotando de ellos lágrimas sin control. El dolor lo somete al verla dar media vuelta y devolverse hacia la puerta que tenía cerca.
"Espera..."
Intenta llamarla, pero su voz es ahogada por el nudo que emergía de su garganta. Sin notarlo, sus lágrimas también corrían cubriendo sus mejillas.
¿Quién eres?
El tren había frenado anunciando su llegada. Todo pasa tan rápido ante su mirada conmocionada. La observa bajarse del vagón mezclándose entre la multitud que ingresaba.
"No... por favor... no te vayas..."
Se lanza desesperado entre la congestión allí reunida obstruyendo su avance, quedando aún lejos de la próxima salida. Sus esperanzas le son arrebatadas al estar a punto de llegar y ver como las puertas se deslizan hasta pegarse la una con la otra, quedando atrapado entre esas paredes metálicas.
Era demasiado tarde, el tren había comenzado a moverse...
Derrotado, golpea ligeramente el cristal con su puño, sin poder hacer más que seguirla con la mirada hasta perder su rastro al engullirlo la oscuridad del túnel.
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Su recuerdo lo persigue durante todo el transcurso de la tarde, impidiéndole desempeñar sus deberes como otros días, distrayéndose con facilidad. En cada momento la culpa lo carcomía por no haber alcanzado a bajarse de ese vagón.
¿Por qué dolía tanto?
Ni siquiera la conocía, pero algo dentro de él le indica lo contrario...
¿Por qué?
¿De dónde?
Nada tenía lógica en su caótica cabeza, la razón no iba a la par de sus sentimientos.
—¡Eren!
—¡Hey Eren! — su grito lo sobresalta, sacándolo del trance. Al girar a su costado es recibido por un ceño fruncido.
—Pero que demonios te pasa Jean— le reprocha impulsivo, siendo interrumpido por un movimiento fugaz de su malhumorado compañero, lanzándole la escoba que reposaba en una de sus manos. Por poco logra frenarla con un veloz reflejo, sujetándola firmemente en su puño antes de que terminara contra su cara.
—¡Ten más cuidado idiota! —le recrimina incitando su ira, pero el joven no cae en su provocación. Sus facciones en cambio se suavizan, esbozando únicamente en su rostro una sonrisa socarrona antes de girarse y darle la espalda.
—Deja de distraerte y no te quedes allí parado sin hacer nada. Ayúdame a limpiar este lugar, "holgazán".
—¿A quién le dices holgazán?, cara de caballo — sus pasos frenan en seco al escucharlo. Había dado en el clavo. Se devuelve hacia él con suma rapidez.
—¡¿Cómo me llamaste?! —espeta en su cara encolerizado sujetándolo firmemente del cuello de su camisa, provocando un escándalo en el pequeño local. Su disputa atrae la atención del resto de sus camaradas.
—Aquí van de nuevo estos dos.
—Sepáralos.
—¿Por qué lo haría?, es divertido.
—Cara de caballo —articula lentamente enfureciéndole más.
—¡Maldito...!
—¡Hey mocosos! —irrumpe una voz masculina irritada procedente de la cocina. Se asoma por la puerta clavando su mirada inexpresiva en ambos jóvenes, quienes se paralizan de solo verlo —Si vuelvo a escuchar cualquier otro alboroto, juro que iré y les patearé el trasero tan fuerte que no podrán levantarse. Así que ahora mismo guardan silencio y limpian este desorden. Lo quiero reluciente. ¿Fui claro?
Los chicos solo asienten con su cabeza ante su amenaza. Irritar a Levi era mal augurio y lo sabían a la perfección. Tragándose su enojo, se devuelve cada uno a sus actividades.
—Así que Eren anda en las nubes—una voz femenina burlona se aproxima por su espalda mientras limpiaba una de las mesas.
—No fastidies—responde a secas esquivando el comentario de la morena, cambiándose a otra mesa con intención de ignorarla y proseguir en paz con su trabajo, pero fue en vano. Ymir lo sigue hasta alcanzarlo, recargando su codo sobre su hombro, dejándolo sin escapatoria para su interrogatorio.
—Déjame adivinar—lleva su dedo índice a su labio inferior, tratando de descifrar lo que se escondía en la mente del muchacho —A juzgar por tu cara de idiota suspirando toda la tarde, se trata de una chica, ¿cierto? — suelta inquisitiva esperando confirmar sus sospechas.
—¡¿Qué?!— la sangre de sus mejillas hierve enrojeciéndolas al instante ante su desprevenido comentario, retirando bruscamente su brazo de su hombro.
—¿Eren conoció una chica? – exclama sorprendido otro de los jóvenes colándose en la conversación.
—¿De verdad?, que emoción, cuéntanos, ¿quién es? — se precipita entusiasta Sasha quien se encontraba cerca de Connie, haciendo todo un alboroto en la pequeña cafetería.
—Vamos Eren, no te avergüences, dinos— insiste Ymir sin dejar de molestarlo.
—¿Quién podría fijarse en un idiota como él? — se une Jean del otro extremo del local soltando una risa burlesca —Necesitarías al menos una pizca de mi encanto para conquistarla— aquello sería la gota que derramaría el vaso de su paciencia. A punto de recriminarle, el ambiente se tensa al volver a percibir la mirada pesada de su jefe puesta sobre ellos. Por primera vez sentiría alivio con su presencia, librándolo de esa incómoda situación.
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El resto de su jornada transcurrió sin ningún inconveniente, aunque estaba seguro de que sus compañeros no dejarían de molestarlo al día siguiente. ¿Cómo pudo ser tan descuidado? Se reprende a sí mismo por ser tan evidente.
Que más daba...
Libera un suspiro al aire perdiéndose en el manto nocturno tapizado de estrellas, brillando a todo su esplendor después de algunos días nublados a causa de las lluvias. Caminaba rumbo a su hogar, estando ya a pocas cuadras de llegar a su departamento. Durante todo el trayecto de regreso en el tren no dejó de pensar en la chica de orbes grisáceos, buscándola en cada estación por la que pasaba. Era absurdo creer que la volvería a ver viviendo en una ciudad tan poblada como lo era esa, sin embargo su corazón no quería dejar morir su recuerdo, aferrándose a las bajas posibilidades.
¿Por qué se resistía a olvidarla?
Solamente había sido un encuentro casual del destino.
¿Por qué era tan importante?
Ni siquiera sabía su nombre.
Su mente estaba tan dispersa que ni siquiera había notado el momento en que llegó a la entrada de su edificio. Abre el portón sin mayor demora, para enseguida subir las escaleras dirigiéndose hasta el tercer piso donde él vivía. Sin prender la luz, se introduce en el estrecho espacio, arrojando su mochila al sillón para en automático tomar el camino a su recámara. Se deja caer de espaldas contra el colchón, cerrando sus ojos por el agotamiento.
—¿Quién eres?
Pronuncia en un débil murmullo hasta perderse en el silencio de la noche.
