Disclaimer: Shingeki no Kyojin no me pertenece, propiedad de Hajime Isayama.
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"¿Dónde estoy?"
Un escalofrío viaja a lo largo de toda su espina dorsal al impregnarse en ella una desagradable sensación. Sus ojos grisáceos se abren de golpe hallándose frente a una decadente visión de pesadilla. Se inmuta al contemplar aquel cielo de tonalidades naranjas rojizas cobijando un inmenso mar de aguas escarlatas cubiertas de una sutil neblina que se extendía a lo basto del horizonte de ese paisaje sin confines. Sus pies apenas rozaban su imperturbable superficie sin hundirse. Se inclina sumergiendo una de sus manos, estremeciéndola al sacarla. Observa con horror la extraña textura de ese líquido que escurría de entre sus dedos, frunciendo su nariz por el olor repugnante que expedía.
¿Era acaso sangre?
Su diafragma se contrae de la impresión volviendo a erguirse, disponiéndose a salir cuanto antes de ese inhóspito sitio. Se pone en marcha buscando alguna ruta de escape, pero ese infierno no parecía tener fin. No había absolutamente nada ahí, ni sonido, ni rastro de vida, solo ella y esa capa de niebla que empezaba a hacerse densa conforme avanzaba, dificultándole ver más allá de unos cuantos pasos. Su andar se entorpece con el pasar de los minutos, vagando ya sin rumbo fijo, perdiendo lentamente la poca cordura que le quedaba, trastornándola el agobiante silencio que allí gobernaba. La temperatura descendía con brusquedad, tiritando su quijada por las heladas corrientes de aire que traspasaban sin piedad a través de sus delgadas prendas. Cae de rodillas derrotada, sus piernas dolían, su pecho punzaba, liberando largos y entrecortados jadeos de su garganta. Se recuesta boca arriba, flotando en medio de ese averno, aguardando por el fin de su sufrimiento. Sus párpados pierden su fuerza resguardando sus ojos apagados tras de ellos, desvaneciéndose en el abismo de sus pensamientos.
No...
No puede...
No puede rendirse aún...
¿Por qué?... Si ya todo estaba perdido...
Si ella dejaba de existir, entonces su recuerdo también lo haría...
¿De quién?... No comprende...
¿Quién o qué cosa es la que deseaba recordar...?
No lo sabe... más no puede dejarse desfallecer tan fácilmente...
"Pelea, tienes que pelear"
Esas palabras irrumpen en su cabeza de la nada...
Ya las había oído antes... ¿Dónde?... ¿De quién?
"¡Si no luchas, no puedes ganar!"
"Levántate"
Se exige desde el fondo de su subconsciente. No quiere olvidar, no quiere olvidarlo...
"Hazlo ya"
Un pequeño rayo de luz ilumina su oscuridad, guiándola de regreso. Sus ojos vuelven abrirse por segunda vez, recobrando de poco en poco la conciencia. Parpadea repetidamente reincorporándose a ese desagradable entorno putrefacto. Es entonces que la ve aún con su visión borrosa, un débil destello aproximándose a ella irrumpiendo el manto de niebla.
¿Qué cosa era?
Su mirada se despabila al distinguir con claridad que se trataba de una mariposa de resplandecientes alas tornasol aleteando por encima de su rostro.
¿Qué hacía algo tan bello y lleno de vida en un escenario tan decadente como ese?
Extiende su mano en un intento por tocarla, anonadada en su singular belleza.
—El mundo es cruel y hermoso al mismo tiempo...
Pronuncia débilmente mientras la persigue con la mirada viéndola revolotear hasta perderse entre la condensada capa blanquecina.
—¡No!... Espera...
Su cuerpo reacciona dándose un último impulso para levantarse. Se echa andar, buscando su centelleo con la poca energía que le quedaba. La avista descender sobrecogiendo a su corazón al notar junto a ella una silueta emerger a la distancia.
¿Era acaso un espejismo?
La neblina se disipa dejando entrever aquella figura de perfil con mayor nitidez. El brillo vuelve a sus pupilas apagadas al divisar ese joven alto de complexión delgada y de cabellos castaños recogidos en una media coleta. Sus ojos permanecían ocultos tras de unos cuantos mechones que caían sobre su rostro, encubriendo sus facciones. Algo había en él tan familiar que exaltaba cada fibra de su ser.
¿Por qué?
¿Quién era?
Algo dentro de ella clamaba haberlo visto antes...
¿Pero en dónde?... Sus recuerdos eran confusos...
Se queda quieta observándole extender su mano hacia el pequeño insecto que descendía en su dirección, reposando sobre su dedo índice. El chico no se inmuta por su presencia, ni siquiera parecía notarla, conservándose estoico con su atención fija en aquella mariposa de alas de belleza sinigual. Su pecho vibra desbordante de curiosidad y anhelo, siendo atraída hacia él como si de un imán se tratase. Sus piernas tambalean al acercársele empezando a vacilar, pero no se permite desistir hasta tenerlo a escasos pasos de ella. Traga saliva calmando un poco los latidos que se precipitaban en su interior.
—H-Hola... disculpa... pero... ¿Nos hemos visto antes? — titubea con timidez, reacomodándose uno de sus mechones detrás de la oreja disimulando su nerviosismo, pero el chico no reacciona a su llamado, conservando su semblante imperturbable.
¿Acaso lo había importunado? Avergonzada desvía la mirada con la intención de marcharse, pero sus pies permanecen fijos en su sitio. No quiere irse en realidad, necesitaba saberlo, ese pensamiento no dejaba de carcomerla.
—¿Cuál es tu...
Sus palabras se quedan estancadas al verlo bajar el rostro frunciendo sus labios en una mueca de dolor. Deja caer su brazo provocando que la pequeña mariposa despliegue sus alas, elevando su vuelo hasta perderse en la lejanía. Su sufrimiento se vuelve suyo al entrever una lágrima deslizarse por su mejilla, oprimiéndose su pecho en una fuerte punzada. No puede soportar verlo sufrir, de alguna manera sentía su miedo y una pesada culpa destrozándolo por dentro.
"Déjame cargar con tus pecados..."
Implora en silencio sofocándose su voz en el nudo creciente en su garganta. Sin poder detenerle, se da la media vuelta apartándose de su lado.
"No..."
Se paraliza induciendo su mente en un estado de negación total...
"No te vayas..."
—¡Espera por favor! —le ruega resquebrajándose, rompiéndose su corazón en cientos de pedazos al ver que su llamado era ignorado.
No otra vez... estaba sucediendo nuevamente...
Se derrumba atosigándola ese sentimiento...
¿Quién era él?
¿Por qué dolía tanto perderlo?
—No me dejes sola de nuevo —susurra en un sollozo ahogado en una última súplica.
"No desaparezcas"
Logra reaccionar yendo tras sus pasos, pero entre más creía acercarse más lejos estaba de él, siendo imposible alcanzarlo. Su desesperación crece volviendo turbulenta la superficie bajo sus pies. Sin previo aviso es succionada por ese violento mar de sangre, arrastrándola con fiereza hasta el fondo del abismo. Agita sus brazos en un esfuerzo por salir a flote, pero aquellas pesadas y frías corrientes solo la sumergen aplastando sus frágiles pulmones, imposibilitándole respirar. Después de unos segundos, deja de pelear contra lo inevitable, desvaneciéndose lentamente en ese infierno.
"Mi lugar es a tu lado..."
Su mente divaga en sus memorias dispersas al agotarse el poco oxígeno que le quedaba.
"Eres mi hogar... Volveré a ti... Sin importar donde estés..."
Con sus párpados ya entrecerrados entrevé una mano extenderse en su dirección. ¿Era acaso una alucinación? Percibe entonces el calor de unos dedos entrelazarse con los suyos sujetándola con firmeza, impidiendo que se hundiera más. Su débil corazón se estruja al alcanzar a visualizar unos labios arqueados en una amorosa sonrisa antes de perder consciencia al ser deslumbrada por un intenso halo de luz.
El ambiente hostil se había desvanecido junto a ese sentimiento de soledad. No existía ni vacío, ni dolor, solo una regocijante paz creciendo en su pecho. Sus hermosos orbes grisáceos se reincorporan a los cálidos rayos del sol, dándole la bienvenida un vívido cielo azul adornado de unas cuantas nubes dispersas. Era una vista espectacular, piensa, disfrutando del panorama y de la belleza de las campánulas que decoraban con sus vibrantes tonos violetas el campo donde yacía recostada. Las suaves corrientes de aire chocaban contra su cara en una dócil caricia, trayendo consigo el exquisito perfume de las flores. Respira hondamente impregnándose de su aroma, entrando en un estado de armonía, sumergiéndose en los agradables cánticos de las aves volando sobre las ramas de los árboles y en el fluir de un riachuelo a la lejanía. Entonces lo recuerda, aquella imagen vuelve a su mente acelerando sus latidos, esos labios esbozados en una reconfortante sonrisa. Se endereza buscándolo en ese sitio, sorprendiéndola en su lugar un pequeño pájaro de plumaje marrón y dorso blanco reposando sobre sus rodillas flexionadas. Intenta alcanzarlo sin espantarlo, pero sus amplias alas se extienden, elevando su vuelo rumbo una verde colina a su costado.
¿Era acaso una señal?
Sin perderle el rastro, se pone de pie echándose a correr tras de él, impulsada por su corazonada. Destellos de recuerdos la asaltan al recorrer ese valle, siendo ese paisaje tan familiar en sus memorias. De algún modo sentía que ya estuvo allí, abrazándola un calor de hogar. Llega hasta la cima frenando su andar de golpe al encontrarse con un enorme árbol que se alzaba al centro, en donde aguardaba de espaldas bajo su sombra aquel misterioso joven que había visto con anterioridad. Era él, estaba segura, aunque en esta ocasión su cabello se hallaba recortado. El ave desciende en su dirección, descansando en su antebrazo.
—Bien hecho mi amigo— acaricia sus alas para enseguida elevar su brazo permitiéndole retomar su vuelo surcando libre por el cielo raso. Su respiración se contiene al verlo girarse develándole su rostro.
—Tú...— sus sentidos se paralizan al atraparla sus enigmáticos ojos verde esmeralda cargados de amor y ternura.
"Tú eres..."
—Veo que encontraste el camino... Mikasa— enuncia con dulzura curvando sus labios en una amplia sonrisa, extendiéndole sus brazos. Se queda entumecida por un breve instante, brotando de sus ojos lágrimas de júbilo al lograr recordar cada una de sus memorias perdidas.
Era él...
La persona que más amaba...
Su hogar...
Su querido...
Su más amado...
—¡Eren! —Corre efusiva en su dirección lanzándose en su encuentro. La calidez de su cuerpo la recibe aprisionándola contra su pecho. Enreda sus brazos alrededor de su cuello, acunando su mentón sobre su hombro, embriagándose del fresco aroma que expedía acrecentando sus latidos. Por la fuerza de su impulso provoca que pierda el equilibrio cayendo de espaldas contra el pasto, amortiguando su caída con sus manos quedando encima de él.
—Te he extrañado tanto— le expresa entre sollozos enterrando su cara en su hombro. Percibe sus dedos hundirse en sus cabellos acariciando su nuca con ternura, estremeciéndola al sentir sus tibios labios oprimir contra el lóbulo de su oreja, desatando su sonrojo.
—Mikasa, mírame—le musita con dulzura en su oído erizando cada vello de su piel el roce de su cálido aliento. Sin oponer resistencia, apoya sus manos en su fuerte torso, alzando su cabeza para verlo. Sus miradas se encuentran rozando sus narices por la cercanía de sus caras. Ninguno de los dos se aparta, disfrutando del contacto íntimo de ese momento.
—Eres tan hermosa —le susurra embelesado tomando uno de sus mechones que caían depositándolo detrás de su oreja, mientras con su otra mano corta una campánula, colocándosela encima de su oído descubierto. El violeta de sus pétalos hace juego con la belleza de sus iris grisáceos. Le observa desviar su atención hacia sus labios, imitando su acción en sincronía rompiendo con la distancia que los separaba, fundiendo sus bocas en un beso cargado de anhelo y deseo. Sus rostros se apartan por la falta de aire, para enseguida levantarse, sentándose uno enfrente del otro. Sus manos son dirigidas hacia su vieja bufanda que colgaba de su cuello, volviéndosela a reacomodar cumpliendo con su promesa.
"Te la pondré las veces que quieras...todas las veces que haga falta de aquí en adelante"
—Eren, por favor, ya no te alejes de mi — sus ojos le imploran suplicantes permanecer a su lado. Él no dice nada de inmediato, dedicándole en cambio una mirada comprensiva. Sus dedos se deslizan hasta su mentón. Sujetándola con delicadeza.
—Siempre he estado contigo ...
—No, no me refiero eso—lo interrumpe descargando ese deseo egoísta que la carcomía en su interior. — Yo... yo ya no quiero despertar de este sueño... — suelta quebrándose su voz. —Déjame quedarme, ya no quiero olvidarte ...— le suplica exponiendo su mayor miedo.
—No puedes quedarte aquí, debes regresar a tu hogar —suspira entristecida ante la cruel realidad de sus palabras. Lo entendía, las cosas así debían ser.
— Pero tú eres mi hogar ... —libera desconsolada desviando su rostro, pero sus manos la atrapan, atrayendo su atención hacia sus profundos orbes verdes que tanto adoraba.
— Mikasa, en cada vida que renazca iré hacia ti, nos reencontraremos, te lo prometo — le recalca con ternura, recargando su frente contra la suya. Su sola presencia era paz, dándole la calma que necesitaba en esos momentos.
—Tengo miedo de no reconocerte — confiesa temerosa pero sus dudas se disipan al ser silenciada por su boca, depositándole en ese último beso todo su amor antes de hundirse en ese profundo sueño.
"Lo harás mi amor, no temas... Tu corazón me reconocerá cuando llegue el momento..."
Su voz se desvanece en el silencio de ese espacio vacío. Cierra sus ojos, aferrándose al recuerdo del dulce néctar de sus labios antes de olvidarlo al despertar.
"Mis sentimientos aguardarán por ti siempre... espérame mi más amado..."
"Eren Jeager"
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—Eren...
Pronuncia débilmente somnolienta de manera inconsciente.
"¿Eren?"
"¿Quién?"
Sus párpados se abren despacio reincorporando sus orbes grisáceos a la luz, dándole la bienvenida aquellas cuatro paredes de su recámara. No reacciona de inmediato, permaneciendo su cuerpo inmóvil hundido en el colchón, con su mirada imperturbable perdida en el techo. Su mente aún no terminaba por despabilarse, tratando de asimilar su entorno.
¿Qué hora era?
Los rayos del sol ya se colaban a través de sus delgadas cortinas con bastante intensidad. Ya era tarde, se volvió a quedar dormida.
¿Qué había soñado?
Intenta recordar, pero su memoria estaba en blanco, quedándose únicamente con un extraño vacío como otras veces al despertar.
¿Qué era esa sensación?
Con un lento impulso se endereza, arrimándose a la orilla de su cama, dejando escapar un largo bostezo al estirar sus brazos. Se coloca sus pantuflas dirigiéndose con pasos desganados a la esquina de su habitación, deteniéndose frente a un espejo. El reflejo recibido era bastante desalentador, sus mechones de cabello se hallaban completamente desarreglados pareciendo una pordiosera y su rostro era tan pálido como el de un muerto. Se queda quieta contemplando en silencio con asombro como lágrimas comenzaban a brotar de sus ojos de la nada cubriendo sus mejillas.
¿Por qué lloraba?
No entiende, eso le sucedía de vez en cuando, ocurriéndole con mayor frecuencia en el último mes. Alza sus dedos a su cara limpiándose, reprimiendo ese sentimiento de pérdida inexplicable. A punto de desviar su atención a cualquier otra cosa, su celular vibra devolviéndola a la realidad al ver la hora iluminada en la pantalla, junto a varias notificaciones de mensajes.
"Oh no..."
Toma en móvil esbozando un gesto preocupado mientras baja leyendo cada uno de ellos. Lo había olvidado por completo, Sasha iba a matarla, eso era seguro.
10:45 am: Hola Mika, ya estoy aquí, ¿por dónde vienes?
11:10 am: Mika, estamos esperándote, ¿vas a venir?
1:05 pm: Hola, espero no importunarte, pero estoy muy preocupada por ti, ¿te encuentras bien?, por favor, respóndeme en cuanto veas este mensaje, besos... Sasha.
Llevaba poco tiempo de haberse mudado ahí, la oferta de trabajo que le ofreció su tía Kiyomi resultó ser bastante atractiva, dejando su ciudad de origen para irse a vivir a esa basta metrópoli. Solía ser una chica retraída hasta que conoció a su vecina Sasha, quien empatizó enseguida con ella, siendo hasta el momento su única amiga en ese lugar.
Suspira resignada abriendo la agenda telefónica buscando su número para marcarle. Toma aire alistándose para su reclamo.
—¡Mikasaaaaaa! Eres tú, que alegría oírte — responde a los segundos su voz exaltada del otro lado de la línea aturdiendo a su pobre oído.
—Hola, Sasha — Le expresa con calma mordiéndose el labio, lista para recibir su sermón.
—¿Me puedes explicar que demonios te pasa señorita?, me tenías muy preocupada, te estuvimos esperando, me hiciste quedar mal con él, dime, ¿estás bien?, ¿qué sucedió?, ¿sigues en tu departamento? — Parlotea sin parar sin dejarle hablar bombardeándola de preguntas. Se merecía su regaño, pero lo valía. Haberse quedado dormida fue en parte lo mejor ahora que lo analizaba. La castaña llevaba días insistiéndole que conociera nuevas personas, atosigándola hasta el cansancio con aquella propuesta terminando por aceptar salir a esa reunión en donde le presentaría un amigo del trabajo, aunque esa idea nunca fue de su completo agrado. Quizás el no haber ido era una señal del destino y no era ese chico con quien debía encontrarse.
Entonces... ¿A quién esperaba?
—¿Mika?, ¿sigues ahí?, ¡¿estás tan siquiera escuchándome?! — pega un brinco reventando con la burbuja de sus pensamientos.
—Perdón Sasha, yo... — vacila antes de hablar, ideando alguna excusa que justificara su fallo — Yo desperté esta mañana con migraña y me volví a recostar quedándome dormida. Lo siento mucho, debí avisarte — le expresa sin titubear esperando que su querida amiga se trague su mentira del otro lado del parlante.
—Ya veo... — la oye suspirar aligerando su tono. —¿Y cómo sigues?, ¿te encuentras ya bien? — la cuestiona, dándole un profundo alivio que cayera en su cebo.
—Si, si, claro, estoy mucho mejor, ya no siento dolor, no te preocupes por mí— le responde brindándole mayor tranquilidad. —De verdad, lamento haberte quedado mal, prometo recompensártelo después — se disculpa avergonzada, esperando que fuera suficiente para remendar su error.
—Descuida Mika, no tienes por qué disculparte conmigo y dime, ¿ya comiste algo? — su pregunta la descoloca por un segundo, pero, ¿qué? Hablar de la nada sobre comida con Sasha era muy habitual en ella. Tenía una curiosa fijación hacia esos temas, enloqueciéndola cada vez que probaba algún platillo nuevo siendo un espectáculo antes sus ojos.
—Bueno no, pero...
—¡Me lo imaginé! — clama entusiasta interrumpiéndola, percatándose entonces en lo que desembocaría esa charla. — Ya que no fuiste a nuestro almuerzo, que te parece si te invito una comida de cortesía acá en la cafetería, ya te había prometido que te daría probar las delicias que aquí preparamos, ¿qué dices? — su propuesta la deja enmudecida colocándola entre la espada y la pared. Por un lado, no le apetecía ya salir y tener que enfrentar la bochornosa situación de encontrarse con aquel joven que dejó plantado, pero por el otro ya le había quedado mal y no sería correcto rechazar su invitación.
"¿Y ahora qué?"
Odiaba tener que enfrentarse a una decisión como esa.
—Pero Sasha, tú vas a estar laborando y yo no quiero importunarte con mi presencia, puede que te distraigas y te regañen — trata de armar alguna otra vaga excusa para salirse con la suya, siendo cada vez más difícil hallar una.
—No digas tonterías, para mí será un placer atenderte y darte a comer un exquisito platillo...
—Pero es que...
— Anda di que sí, le pediré a Niccolo que te prepare el mejor de los sándwiches y te dé a degustar un puré de papa riquísimo, su especialidad. Ay Mika de solo pensarlo se me hace agua la boca, ¡amo a ese hombre!, su sazón es un deleite que conquistó a mi corazón, tienes que probar su comida — no puede evitar sonreír en sus adentros al escucharla hablar así, verla tan enamorada de ese chico le hacía ilusión, preguntándose si ella algún día podría sentir lo mismo por alguien, llenando ese vacío que la perseguía de vez en cuando. Suspira rendida al notar que no tenía alguna otra alternativa más que acceder a su petición.
— Tú ganas, iré...
—¡Siiiiiii! — su chillido agudo la aturde dejándola sorda por unos segundos — Soy tan feliz, no te arrepentirás, solo que hoy tuve que entrar una hora antes a cubrir un colega, así que no podré acompañarte, pero te mando la dirección por mensaje. No es difícil llegar, es un local pequeño de grandes ventanales ubicado en la esquina de la plaza, "Kaffee Paradis", lo distinguirás fácilmente. Te espero a las 2 pm., ¿te late?
— Sí, está bien te veo a esa hora — le confirma, alertándola al mismo tiempo un sonido de notificación. Retira el celular de su oreja encontrándose en la pantalla con el mensaje de Sasha con el mapa. Vaya sí que era veloz.
—Nos vemos al rato Mikasa, no faltes...
—Claro, allí estaré, hasta luego — cuelga devolviendo su atención a su reflejo, había tanto por hacer y tan poco tiempo, en que estaba pensando en decirle que sí a esa hora. Con largas zancadas se dirige a su armario eligiendo un atuendo rápido. Toma una blusa de lana de cuello de tortuga color crema en conjunto con una falda café holgada que le llegaba a la altura de las rodillas. Era un día soleado, aunque el aire seguía siendo muy fresco a consecuencia de los anteriores días lluviosos. Se apresura a ponerse unos botines negros de tacón para enseguida devolverse al espejo, cepillando sus desordenadas hebras azabache, finalizando con un ligero toque de maquillaje, realzando sus rasgos. Sonríe satisfecha ante el resultado, sintiéndose conforme con su imagen. Ordena por encima su morada antes de salir y dirigirse a la parada del tren.
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Hizuru
Divisa el letrero de la estación señalada por su móvil cruzando la calle. Suspira aliviada al dar con el lugar sin perderse. Aunque llevara un mes en esa ciudad, aún no se adaptaba por completo a ella. Era una urbe gigantesca en comparación en donde vivía antes, además, no ayudaba demasiado el hecho de que casi no saliera, pasando la mayor parte de su tiempo encerrada en su hogar o en las oficinas de su tía ubicadas a escasas cuadras de su departamento, permaneciendo en una misma zona. Era gracias a su querida amiga Sasha que esa monótona rutina se rompía, llenando sus días de luz con sus locuras y ocurrencias, su química era tanta, que parecía que se conocían de años, sin embargo, había algo dentro de ella que no terminaba por saciarse, un vacío persistente siendo más frecuente al despertar, su vida se sentía incompleta. Trataba de alejar esos pensamientos de su cabeza, pues cada vez que intentaba entender el ¿por qué? de esa sensación no existía motivo ni razón, pero a pesar de todo, su mente siempre vagaba buscando a algo o alguien...
Pero... ¿Qué o a quién?
Un ligero empujón en su hombro la despabila haciéndole notar que la gente ya avanzaba a su alrededor por el cambio del semáforo. Camina escabulléndose entre ellos hasta llegar a la entrada de las instalaciones. Se adentra en el moderno edificio desplazándose por un extenso pasillo conectando al final con una escalera que la descendería a su parada. Su andar se detiene, quedando de pie al borde de la línea de espera, aguardando que su transporte apareciera en cualquier momento. Saca su celular revisando por quinta vez la ruta trazada en la pantalla, corroborando el punto donde tenía que bajarse para llegar a la cafetería indicada por la castaña. Se hallaba cerca de la ubicación, solo eran pocas las paradas que debía recorrer y unas cuantas cuadras por caminar para arribar a su destino.
"Llego en 20 minutos"
Redactan ágilmente sus delgados dedos el mensaje al escuchar el estruendo del tren acercándose a la estación. Da un último vistazo a la hora antes de depositar el móvil en su bolso. Todo transcurría con aparente normalidad hasta el momento en que devuelve su vista al frente y conecta por un breve instante con el rostro de un pasajero que abordaba uno de los primeros vagones. Su profunda mirada la alcanza dejándola sin aire, perdiéndose en sus ojos durante el lapso de ese efímero encuentro.
"Ese chico..."
Sus pensamientos se funden en el recuerdo de sus atrapantes iris color verde esmeralda, surgiendo en su corazón una sensación tan cálida y familiar.
"¿Lo he visto antes?"
"¿Dónde?"
Su confusión se acrecienta al no lograr esclarecer el ¿por qué? de esas emociones que comenzaban a dominarla.
"¿Qué es esto que siento?"
Sin darse cuenta las puertas ya se habían abierto siendo empujada por el resto de la multitud reunida detrás de ella. Los latidos martillan en su pecho con cada paso al adentrarse al interior de ese vagón. El estrecho espacio se hallaba atiborrado de personas, alcanzando a sujetarse de un tubo cerca de la entrada. Sumida en la imagen de esos enigmáticos orbes verdosos, estira su cuello alzándose de puntillas, buscando al muchacho dueño de esa mirada, pero entre tanta gente y la distancia que los separaba, resultaba imposible avistarlo desde ese punto.
Próxima estación Distrito Trost
El altavoz anuncia su siguiente destino, retomando el tren de nuevo su avance. Estaba inquieta dentro de esas paredes metálicas, sin saber qué hacer o cómo actuar. Algo en su interior la sacudía impulsándola a ir a buscarlo, pero sus piernas permanecían entumidas en su sitio sin corresponder a sus recónditos deseos. Reprime ese arrebato aspirando una gran bocanada de aire, logrando sosegar un poco sus caóticos pensamientos. Centra su atención en la imagen de un mapa de la ruta que tenía frente a ella junto a otros anuncios publicitarios distrayéndose de esa quietud, pero con el pasar de los segundos todo intento se vuelve inviable, fracasando rotundamente. No puede seguir negando lo que dictaba a gritos su corazón, el dolor de su engaño se volvía intolerable...
No...No desea perderlo una vez más...
No lo entiende...
¿Por qué pensaba aquello?
Si esa era la primera vez que lo veía...
O... ¿No lo era?
Sin poder abstenerse ya, se escurre entre la multitud abriéndose camino con desesperación hacia la parte frontal del tren, buscando en esos rostros que la rodeaban el de aquel joven cuya imagen se apoderó de cada rincón de su cabeza. Su cuerpo se tensa al advertir su presencia cerca. No se había desplazado demasiado cuando voltea a su costado encontrándose a mitad del vagón al autor de esas extrañas sensaciones. Sus profundos orbes verdes la atraviesan dejándola sin aire, desvaneciéndose el bullicio a su alrededor al reflejarse en esos ojos desbordantes de sorpresa y confusión, conectándolos a un mismo sentimiento.
"¿Quién eres?"
Se queda paralizada sin poder dejar de contemplarle, embelesada en cada detalle de su fisonomía, atrayéndola al instante su atractivo rostro masculino, desenfrenando aún más sus latidos. Vacila al dar un paso al frente, pero sus piernas finalmente flaquean, siendo incapaz de romper la distancia que los separaba. El estupor de la situación la deja sin habla, asfixiando tantas preguntas jamás enunciadas por sus labios en el nudo creciente en su garganta. Su mandíbula tiembla de manera involuntaria, su visión se nubla, percibiendo como lágrimas empezaban a brotar de sus ojos sin control, empapando la tersa piel de su cara.
¿Por qué...?
¿Por qué lloraba?
No lo entendía...
¿Qué le sucedía?
No puede más...
Tren llegando a Distrito Trost
Desconcertada aparta la mirada cortando contacto visual con aquel joven, ocultando sus mejillas humedecidas tras sus cortos mechones de cabello. Apenada por su actitud, se da la vuelta huyendo rumbo a la salida al escuchar el altavoz anunciar el arribo a la próxima estación. Sus pies avanzan sin dar marcha atrás al deslizarse las puertas a los costados, desplazándose entre el tumulto de personas que abandonaban el vagón. Sus pisadas desaceleran deteniéndose al llegar a unas escaleras. Se gira solo para ver el tren alejarse y engullirse en la oscuridad del túnel.
Pero... ¿Qué ha hecho?
Empieza a buscar por inercia a lo largo de esa amplia parada aquel rostro grabado en sus memorias, llevándose una tremenda decepción.
A quien quería engañar...
¿Qué le hacía creer que aquel muchacho iría tras de ella?
Solo eran un par de desconocidos, unidos por el fruto de una casualidad del destino. No significaba nada ese encuentro, sin embargo...
¿Por qué comenzaba a extrañarlo?
¿Por qué le dolía haberlo dejado ir?
Un leve quejido raspa su garganta al advertir el pesado vacío retornar a su corazón. Agita su cabeza deshaciéndose de esos abrumadores pensamientos, para enseguida devolverse corriendo a los escalones, buscando salir cuanto antes de ahí. Quería tomar aire fresco y olvidarse de todo, deseando solo huir de ese sentimiento. Deambula por la desconocida zona con su mente dispersa hasta parar en la entrada de un parque. Se introduce tomando asiento en la primera banca de metal que encuentra, cobijándola de los rayos del sol las ramas de un gigantesco árbol que ahí descansaba. Se pierde en el movimiento de sus hojas meciéndose al compás de las ráfagas del viento.
¿Por qué huyó?
Si no lo hubiera hecho... ¿Habría sido diferente?
¿Qué cambiaría?
Se cuestiona arremetiendo contra ella un profundo arrepentimiento, recriminándose por ser una cobarde, la respuesta nunca la sabría. Cierra sus ojos buscando calmar sus agitaciones cuando su celular vibra sacándola del trance.
"Sasha"
Lo agarra topándose con el reloj al encenderlo, ya pasaba de la hora acordada. Desliza su pulgar presionando sobre las notificaciones de sus mensajes recibidos.
1:40 pm: Que emoción, aquí te espero.
2:05 pm: ¿Por dónde vienes?, ya estoy lista para atenderte, será divertido.
Sus dedos tiemblan al no saber que responderle, no deseaba enfrentarse a ella, mucho menos que la viera así de decaída y tener que preocuparla, solo por esa ocasión, quiere estar sola. Le había vuelto a fallar, esta vez, no tenía perdón.
2:10 pm: Lo lamento, surgió un inconveniente y no podré llegar, te recompensaré después, te lo prometo, lo siento Sasha.
Deja caer el móvil sobre sus piernas, alzando su vista al cielo perdiéndose en las aves que volaban por encima de ella, trayéndole el recuerdo de esos iris verdes esmeralda...
"¿Quién eres?"
