Disclaimer: Shingeki no Kyojin no me pertenece, propiedad de Hajime Isayama.

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Shinganshina

Sus pies avanzan recorriendo el mismo trayecto, esperando como cada día la llegada del tren. El halo de luz irrumpiendo desde la oscuridad del túnel, el pitido de las puertas al abrirse, el anuncio del altavoz, el bullicio de la multitud reunida a su alrededor, todo transcurría con aparente normalidad, pero para el joven ojiverde no era así. Se desplaza hasta el fondo del vagón, encontrando un asiento disponible junto a la ventana. Alza el codo, apoyándose en el borde, descansando su mandíbula sobre la palma de su mano.

Un día más…

Su mirada distante se pierde a través del cristal, absorto en cada detalle de ese paisaje urbano que conocía de memoria. Todo allá afuera avanzaba con la misma cotidianidad, siguiendo un curso establecido, sin embargo, él había roto con esa monotonía al aferrarse al recuerdo de unos enigmáticos iris grisáceos que no lograba sacar de su cabeza. Desde hace una semana su imagen lo perseguía, siendo la causante de sus noches en vela. Sus ojos viajaban por cada rincón de estación a estación, añorando ver su silueta aparecer del otro lado del andén.

Nada.

Ella no estaría ahí.

Tren llegando a Hizuru

El aviso del altavoz lo despabila, cortando con el hilo de sus pensamientos, había arribado a su destino. Se coloca de pie acercándose a la salida más próxima. Checa la hora, treinta minutos es el tiempo que le restaba antes de tener que volver a transbordar el siguiente tren. Las puertas se deslizan, abriéndose camino entre la aglomeración. Se aleja del tumulto, recargándose contra una pared al fondo, teniendo así una amplia vista del corredor. Era la cuarta vez consecutiva que se bajaba en la estación Hizuru antes de irse al trabajo, con la esperanza de reencontrarse con la hermosa mujer de cabellos negros. Reconocía que sus posibilidades eran bajas e inclusive nulas al no tener ninguna pista que lo condujera a ella. ¿Y si no vivía o trabajaba por esa zona?, ¿y si solo andaba de paso por esa única ocasión? Todo pendía de la suerte de que la joven regresara abordar en esa misma parada.

Segundo tras segundo se iban acumulando hasta transformarse en minutos. Gente iba y venía, pero al igual que el día anterior, la chica no aparecía. Suspira desanimado revisando la hora en su móvil, ya habían transcurrido quince minutos. Decide salir del lugar recorriendo las calles aledañas a la estación con la ilusión de topársela en las afueras. Deambula hasta llegar a un extenso camellón, sentándose en una pequeña banca de metal. Era un sitio agradable, cubierto de frondosos árboles y coloridas flores. Su atención se centra en una en especial de vibrantes pétalos violeta, que por alguna extraña razón le recordaba a ella, trayendo consigo un sentimiento de familiaridad.

¿Por qué?

El tiempo se le agotaba, debía volver de inmediato sino quería llegar tarde al trabajo, no deseaba enfrentarse a la furia de Levi. Desalentado camina de regreso, cuando de pronto divisa a la lejanía una figura sobresalir de entre un grupo de personas que cruzaban la calle en dirección a la estación. Su corazón late con desenfreno recuperando las esperanzas al distinguir una corta melena azabache. Sin detenerse a pensar si en realidad era o no, acelera el paso rumbo a la esquina de la acera, pero para su infortunio, el semáforo había cambiado de color impidiéndole el cruce. Impotente la observa perderse dentro del moderno edificio, estresándole cada segundo en que esa maldita luz se mantenía en rojo. Al apenas rotar al verde, se abalanza sobre la gente, desesperado por entrar a las instalaciones, rogando que aún estuviera allí y no hubiese abordado un tren. Se desplaza por el largo pasillo buscándola hasta descender nuevamente al área del andén.

—¡Hey Eren! —un grito agudo lo sobresalta desde su espalda, reconociendo de inmediato a la dueña de esa voz.

"¿Sasha?"

"Tenía que ser, no ahora"

—¡Espera! — lo alcanza liberando largos jadeos de su boca. —Vaya, sí que eres veloz. Te vi cuando cruzabas la calle, por poco y te pierdo de vista— acentúa sonriendo al mismo tiempo que recupera el aliento.

—Ajá — responde sin prestarle la mínima atención, prosiguiendo con su búsqueda, pero entre tanta congestión de personas no daba con su rastro. La chica no parecía estar por ninguna parte.

¿Y si solo fue un espejismo?

"Maldición" se refuta internamente.

—Oye, es raro verte por esta zona, ¿acaso te mudaste? — pregunta curiosa en un intento fallido por conversar con el distante muchacho.

—No, claro que no— responde a secas sin siquiera voltear a mirarla. Su vista estaba perdida a la distancia. Sasha lo nota haciéndola sospechar de algo más, trazando en su cara un gesto pícaro.

—¿Estás buscando a alguien? —Alza la ceja inquisitiva, logrando captar su atención esta vez, exaltándolo en un santiamén.

—¿Pero por qué lo dices? Y qué si lo estuviera, no es de tu incumbencia meterte en los asuntos de otros— le espeta en la cara, para enseguida darse la vuelta y alejarse de la castaña.

—Vamos Eren, no seas dramático— lo sigue hasta alcanzarlo, pero el joven solo se dedica a ignorarla fijando su atención directo al túnel. Cansada de su actitud infantil, le brinda un codazo en sus costillas, obligándolo a que le hiciera caso.

—¿Cuál es tu problema? — Se gira furioso sobándose de su golpe.

—Dime, ¿te estás viendo con una chica a escondidas? — le cuestiona acorralándolo, incitándolo a responder.

—¡¿Qué?! — se pone a la defensiva, cubriéndose sus mejillas de un intenso rojo que lo delataba. — ¡Por supuesto que no! — le reafirma, pero sus palabras no sonaron convincentes para su camarada.

—No mientas, vamos cuéntame, no seas tímido. Los últimos días has andado muy raro, soy toda oídos y más callada que una tumba. Confía en mí—clama entusiasta, dándole una ligera palmada en su hombro.

—Deja de decir tonterías, además, ¿cuándo dije yo que salía con alguien?, esas son puras invenciones suyas. No tengo tiempo para esas cosas—Le refuta nervioso, tratando de librarse de su incómodo interrogatorio. —¡Bahhh!, no tendría que estarte dando explicaciones— se devuelve al frente cruzándose de brazos, sintiéndose aliviado al escuchar el estruendo del tren aproximarse en las vías.

—Ustedes los hombres son tan predecibles—le expresa con una ligera risita, mientras avanza ingresando al transporte. Aquel sería un viaje largo, Sasha no lo dejaría tranquilo ni por un segundo. Suficiente tenía con la presión de conseguir un buen puesto de trabajo, como para tener que lidiar aún con el atosigamiento de sus compañeros, pero a pesar de eso, nada se equiparaba a la pena que le causaba el no encontrarla, calándole profundamente el haberla dejado ir ese día. Se gira dando un último vistazo al andén antes de engullirlo la multitud atiborrada dentro del vagón.

"¿Dónde estás?"

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Sus brazos reposan sobre el borde de la ventana, envolviendo su rostro acunado en el hueco formado entre ellos. Su mirada permanecía fija en un pequeño jarrón de vidrio a su costado, extraviada en la belleza de las flores violetas que contenía.

"Campánula"

Así le dijo Sasha que se llamaban, regresando a su mente el recuerdo de la noche anterior.

-.-.-

Oh, que hermosas campánulas— le comenta maravillada sin entender a lo que se refería.

¿Campánulas?

Así es, hace tanto que no veía este tipo de flores. ¿Dónde las obtuviste? o ¿acaso alguien te las obsequió? — su pregunta la toma con la guardia baja, haciendo que por poco se le resbale la taza de té que cargaba.

¡No! …no fue eso… — se precipita a aclararle, tiñéndose su rostro de rojo. — Las corté del camellón cuando regresaba de la oficina. Sé que no debí, pero no pude evitarlo, me sentí tan atraída a ellas— le expone avergonzada, esperando que no inquiriera otra cosa.

Ya veo, soy tan despistada que no había notado que florecieron y eso que paso por ahí todos los días— exclama sonriente rascándose la nuca. —Cuando era niña, recuerdo que en mi pueblo en temporada de lluvia los campos se tapizaban con cientos de ellas. Me encantaba salir antes de la puesta del sol y disfrutar de su aroma suave entremezclado con el rocío — Sus orbes cafés resplandecen al describir aquel lugar, finalizando con un largo suspiro cargado de nostalgia.

Me imagino lo hermoso que fue crecer en un lugar así — añade con dulzura la azabache, contagiándose de la alegría que evocaban sus anécdotas.

Lo fue… así que… ¡Prepárate!, que tenemos que ir algún día para que conozcas. Entre las montañas hay unas cabañas muy acogedoras que podemos rentar un fin de semana. Solo imagina ese paisaje nocturno cubierto de miles de estrellas y tú y yo asando deliciosos malvaviscos en una fogata bajo la luz de la luna contándonos historias macabras. ¡Suena genial! — le propone eufórica hablándole con demasiada rapidez que la deja sin palabras. Le asombraba su exceso de entusiasmo, desbordado de un segundo a otro. —¿Qué dices? — le extiende su meñique para sellar su promesa. Mikasa acepta sin demora, entrelazando su dedo con el suyo.

No estaría mal para alguien que creció en medio de edificios aburridos—puntualiza desatando una leve carcajada entre ambas.

Aunque…— hace una pausa pequeña inclinando ligeramente la cabeza, sumergiéndose en esa imagen difusa en sus memorias. — ¿Sabes? De algún modo siento que yo he estado en un lugar como el que describes, en una enorme colina cubierta de cientos de esas flores violetas… y al centro alzándose un gran árbol… — sus ojos se ensanchan al venir de golpe el recuerdo de esos iris verdosos, sofocándola.

Mika, ¿qué sucede? —la chica a su lado se espanta ante el repentino cambio en su semblante.

Bueno… este, olvídalo… — lleva ambas manos a sus sienes presionando con fuerza, esperando apaciguar con ello esos extraños pensamientos. — No tiene ningún sentido lo que dije, debió haber sido solo un sueño… ignórame por favor — su mirada decae tratando de negarse a ese sentimiento.

"Si eso debió ser… solo un sueño"

Trata de convencerse de esa idea. Claramente sabía que jamás había estado en un sitio así, sin embargo, se sentía como un recuerdo tan real, incluso la presencia de aquel joven.

¿Por qué?

No lo entiende.

¿Te encuentras bien? — pregunta angustiada la castaña, sujetándola de ambas muñecas, bajando sus brazos hasta descansarlos sobre sus muslos.

No es nada, solo que no he podido dormir bien. Mi tía me ha saturado de trabajo estos últimos días y el estrés me ha provocado algo de insomnio, es todo— declara esperando poder convencerla, pero la expresión en su cara demostraba lo contrario.

No me mientas, lo leo en tu mirada, algo me ocultas— explota tomándola de sus hombros, obligándola a verla directo a los ojos. — Por favor tenme confianza, desde aquella vez te he notado distante. ¿Qué sucede Mikasa? — sus palabras suplican una respuesta, mas no estaba aún lista para darla. No había forma de explicarle lo que pasó ese día.

Yo… yo lo siento mucho Sasha, no quiero hablar de eso ahora — confiesa finalmente esperando que la comprendiera. Blouse no insiste más, decidiendo darle su espacio para no abrumarla.

Está bien, pero prométeme que quitarás ese gesto triste en tu carita y dibujarás en ella la sonrisa más grande de todas —alza los brazos al aire iluminándose su semblante, dándole alivio el verla sonreír nuevamente. La apreciaba bastante, por lo que odiaba que se preocupara por su culpa.

Lo intentaré— le responde delineando una media sonrisa en los labios, sintiendo enseguida su cálido cuerpo envolverla, brindándole un reconfortante abrazo.

Esperaré el tiempo que sea necesario y cuando llegue ese momento, estaré allí para escucharte…

-.-.-

—Ya no puedo más…te he fallado…Sasha.

Masculla entre lágrimas, convirtiéndose su voz en un frágil quejido, asfixiándola el nudo creciente en su garganta. Intentó dejar atrás aquel suceso y olvidarse de ese joven de penetrantes ojos verdes como esmeraldas, pero no pudo, su recuerdo siempre estuvo ahí, jamás la abandonó, acompañándola en sus noches de insomnio, hasta la fragancia de las campánulas le recordaban a él. Ya habían transcurrido dos semanas y no existía día en que no se arrepintiera por haberse bajado de ese tren.

¿Qué cambiaría si en ese momento hubiese tenido el valor para quedarse?

¿Charlarían acaso?

¿Habría sido el inicio de una amistad?

¿O de algo más fuerte?

Ya no valía la pena cuestionarse, aunque deseara con toda el alma volver a verlo, no poseía pista alguna que lo condujera a él, ni siquiera un nombre que le permitiera iniciar una búsqueda. Era un desastre por enamorarse de un completo desconocido y ahora no sabía como lidiar con el dolor que le causaba su pérdida. No puede continuar sobrellevando la carga sola, si seguía así, iba a terminar volviéndose loca. Necesitaba desahogarse con alguien.

Endereza la espalda limpiando con su antebrazo sus lágrimas, sosegando esas sensaciones. Contempla desde la ventana ese cielo opaco mayormente nublado, permaneciendo el sol oculto tras las densas nubes negruzcas cargadas de agua. Supondría que llovería en algún punto de la tarde-noche, aún así, no lo postergaría para otro día, había tomado una decisión. Se levanta para devolverse a un pequeño buró junto a su cama, donde reposaba su celular cargándose. Lo toma entre sus manos deslizando ágilmente con su pulgar el seguro de bloqueo, dando acceso al chat.

5:30 pm: Hola Sasha, necesito hablar contigo, ¿te parece bien si vamos a cenar el día de hoy?, si tienes planes con Niccolo descuida, puede ser después. Besos Mika.

Al apenas bajar el móvil la pantalla se ilumina con la notificación de la chica en ella.

5:31 pm: ¡Hola Mikaaaaa!, me encantaría, para ti siempre estoy disponible. ¿A dónde quieres ir a cenar?

Su corazón da un respiro al aceptarle la invitación. Sus delgados dedos viajan a lo largo del teclado redactando el próximo mensaje. Contiene la respiración al pulsar la flechita de enviar, a partir de ese instante, ya no habría marcha atrás.

5:31 pm: Tú elige, quiero compensártelo…

5:33 pm: Mmm… déjame pensar… una hamburguesa, un sushi o una papa rellena. Ayyyy es una decisión difícil, todo se me antoja, ya sabes lo glotona que soy, no me dejes escoger sola jeje.

5:34 pm: Descuida, tienes el resto de la tarde para elegir. Paso por ti cuando termine tu turno, ¿te parece bien?

5:34 pm: Claro, te estaré esperando, ¿tienes aún la dirección?

5:35 pm: Si, "Kaffee Paradis", aquí la tengo archivada.

5:36 pm: ¡Excelente! Mándame mensajito cuando llegues, te veo al rato.

5:36 pm: Claro, ahí te veo.

Devuelve el celular al buró recién escrito el último mensaje, desplomándose de espaldas contra la cama. Estaba hecho. Cierra los ojos, esperando que esa charla la ayudara a despejar su mente, aunque fuera un poco.

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El cielo no tardó en oscurecer, acercándose la hora en que debía irse. Contempla satisfecha su reflejo en el espejo, lucía bastante bien esa noche. Ya lista, se dirige rumbo a la puerta, tomando del perchero su bolso y un abrigo café que combinaba a la perfección con el resto de su vestimenta. Baja deprisa por las escaleras, siendo recibida por una fría ráfaga de aire al apenas poner un pie afuera del edificio, despeinando un poco sus finos cabellos azabaches. Por inercia alza sus dedos al cuello para cubrirse, pero de inmediato se percata que había olvidado la bufanda. Se reprocha por distraída decidiendo mejor proseguir con su camino, ya era tarde como para regresarse por ella.

No le llevaría ni diez minutos llegar a la estación Hizuru, acelerando sus latidos al adentrarse por esos largos corredores, siendo inevitable frenar los recuerdos. Su vista viaja posándose en cada rincón de las instalaciones, con la esperanza de encontrar a alguien que sabía claramente que no estaría allí.

Debía olvidarlo…pero su corazón no entendía de razones.

Al poco tiempo las luces irrumpen en el andén, introduciéndose en un vacío vagón. Toma asiento, perdiéndose en el paisaje del otro lado del cristal.

Tren llegando a Distrito Sina

La velocidad disminuye paulatinamente al aproximarse a la parada. Revisa su móvil rectificando en el mapa el punto de llegada. Ahí debía bajarse. Sale de la estación, admirándose de la increíble vista. Era una zona comercial rodeada de altos edificios iluminados de coloridas luces. A pesar de la hora, era un lugar bastante concurrido, siendo un sitio ideal para las salidas nocturnas. Camina unas cuantas cuadras arribando al fin a su destino. Lo había encontrado "Kaffee Paradis", dentro de una enorme plaza, justo cruzando la calle.

"Estoy aquí"

Le escribe estando a unos cuantos pasos del café. Al llegar nota un letrero colgado en la entrada indicando que estaba cerrado. Se recarga a un lado, decidiendo esperar allí bajo el toldo, refugiándose de las pequeñas gotas de lluvia que comenzaban a caer. No pasó ni un minuto de su mensaje cuando la sorprende el rechinido de la enorme puerta de vidrio al abrirse.

—¡Mikasa llegaste! — la sonrisa entusiasta de Sasha le da la bienvenida. —Ven, no te quedes allí parada, entra ya o cogerás un resfriado — sin tiempo de reaccionar, la toma de su muñeca jalándola al interior del local. El sitio se hallaba completamente vacío, incomodándole un poco. La observa bajar una de las sillas ya recogidas, ofreciéndole que tomara asiento. Ella solo asiente con la cabeza en agradecimiento, sentándose en el lugar asignado.

—¿Crees que esté bien que espere aquí dentro? — la cuestiona esbozando un gesto preocupado. No quería que reprendieran a la joven por su culpa, pues ya no era hora de servicio.

—No digas tonterías Mika, además no tardaré, solo iré a quitarme este anticuado uniforme y nos iremos en un santiamén — le guiñe el ojo para enseguida retirarse con largas zancadas desapareciendo a la vuelta de un pasillo, dejándola sola y con la palabra en la boca. Sin mas alternativa, resopla resignada al no tener más remedio que quedarse a esperar allí dentro. Los segundos transcurren transformándose en eternos minutos, rogando en todo momento que su amiga reapareciera antes que cualquier otro lo hiciera. La impaciencia comenzaba a apoderarse de ella, reflejándose en sus manos inquietas y en el temblor de una de sus piernas. Buscando guardar la calma, saca su celular para distraerse, perdiendo al poco tiempo conciencia de su entorno.

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El joven Jeager terminaba de arreglarse, cubriéndose con una gruesa chamarra azul para finalmente envolverse el cuello con su bufanda. Se inclina tomando su uniforme cuidadosamente doblado de la banca guardándolo en su mochila. Su pesada jornada en la cafetería al fin concluía, haciéndolo suspirar aliviado. Era viernes, sin embargo, no tenía planes de salir como el resto de sus camaradas, a pesar de la insistente invitación de parte de ellos para que los acompañara a un bar en las inmediaciones del local. El cielo había permanecido mayormente nublado durante el transcurso de esa tarde, ennegreciéndose con el pasar de las horas. Una tormenta amenazaba en soltarse en cualquier instante, así que prefería llegar a su departamento cuanto antes y evadir las inclemencias del clima.

Aunque… ¿Ese era el verdadero motivo por lo que lo hacía?

Conocía claramente la respuesta… ¿A quién quería engañar?

Su coartada ya no resultaba ser tan convincente, ni siquiera para él. Era bastante reservado referente a su vida privada, pero a pesar de sus cuidados ya muchos empezaban a sospechar de su repentino cambio de comportamiento, su amigo Armin y en especial su perspicaz compañera Sasha, quien por poco lo deja en evidencia aquella tarde en la estación, logrando desafanarse de sus incómodas preguntas, abandonando el tema al día siguiente al no conseguir sacarle ninguna información que saciara su curiosidad. Por más que reprimiera su recuerdo, la imagen de su rostro seguía ahí, ocupando la mayor parte de sus pensamientos. Lo único que deseaba hacer era llegar a la parada de trenes con la esperanza de volver a verla. Esa obsesión lo estaba desgastando, debía parar y olvidarla, ya eran dos semanas las transcurridas desde aquel suceso, no obstante, su corazón se oponía a ello.

Quería encontrarla …

—Nos vemos mañana chicos — se despide a secas colocándose su bandolera en la espalda, para enseguida darse la vuelta y caminar rumbo a la salida.

—¡Espera Eren! —El grito de Connie lo detiene al estar a punto de abrir la puerta. Sus ojos ruedan liberando un débil chasquido de su boca, deduciendo lo que le diría. No le queda más remedio que volverse al chico.

—¿Qué sucede? — le expresa un poco exasperado fingiendo demencia sobre el tema.

—¿Seguro que no deseas ir con nosotros? — se abalanza sobre él amigablemente apoyando su codo en su hombro. — Recientemente te he notado algo disperso. ¡Anímate Eren!, di que sí, un poco de diversión no le hace mal a nadie, ¿qué dices? — le pide entusiasta en un último intento por persuadirlo, pero su semblante se mantiene imperturbable, ni su puchero de cachorro suplicante lo harían cambiar de parecer.

—Gracias por la invitación, pero estoy cansado, en otra ocasión tal vez — le responde tranquilo retirando su brazo, esperando que no insistiera más. Le observa encogerse de hombros resignado.

—Es una pena amigo, no será lo mismo sin ti…

—¡Déjalo Connie! Ya no le supliques…— se entromete en su conversación Jean, quien se hallaba arreglándose cuidadosamente su cabello en una esquina. — ¿Qué no ves que es un amargado?, seguro tiene cosas más importantes que hacer que salir con sus amigos, ¿o me equivoco Eren? —remata el chico con intención de fastidiar, incomodando al ojiverde. Todas las miradas recaen sobre él, esperando la réplica que nunca llegaría. No tenía por qué dar explicaciones. No caería en su juego.

—Hasta mañana…

Sería lo último que lo escucharían decir antes de darles la espalda y girar la perilla, dejando atrás a unos jóvenes expectantes a su respuesta.

—Eres un imbécil Jean — espeta entre dientes al estar del otro lado de la puerta. Sin perder más tiempo, se desplaza de prisa por el angosto pasillo esperando que ningún otro inconveniente surgiera y estropeara sus planes. Se da la vuelta conectando con la parte frontal de la cafetería, cuando de pronto entrevé una figura sentada de espaldas a un costado de la salida, descolocándolo por unos segundos.

"¿Un cliente?"

Examina confundido cada rincón del local, buscando señales de Ymir o Sasha rondando por el área de cocina o mostrador, pero ahí no estaba ninguna de las dos.

"Maldición"

Resopla frustrado en sus adentros, habían olvidado colocar el seguro a la puerta o rotar el letrero indicando que estaba cerrado. Sin más alternativa, sus pies avanzan rumbo a aquella mesa, para poder informarle de la situación a quien fuera la persona que allí reposaba.

—Disculpe las molestias, pero ya cerramos…

Una amable voz varonil la coge desprevenida haciéndole pegar un brinco, provocando que por poco el celular se le resbale de las manos. Estaba tan absorta en la pantalla que no se había percatado de su presencia. Ágilmente guarda el móvil en su bolso para enseguida alzarse de su asiento.

Su andar se irrumpe al observarla levantarse de la mesa descubriendo su esbelta silueta femenina que permanecía oculta tras el respaldo de la silla. Los latidos martillan en su pecho con ímpetu al serle tan familiar en sus memorias.

Acaso… ¿sus ojos no lo engañan?

El efímero momento se congela ante su mirada atónita al verla girar y develarle su rostro. El aire abandona sus pulmones de la fuerte opresión ocasionada al reconocer esos delicados rasgos faciales, quedando en completo estado de shock.

"Estás aquí"

La contempla estupefacto, incrédulo ante la visión revelada frente a él.

No lo podía creer…

Era ella, la hermosa chica de la parada Hizuru, la dueña de ese sentimiento creciente en su corazón. Aquella de quien se aferraba a su recuerdo, buscándola con desesperación cada día en la estación.

¿Era ese un sueño?

Si así lo fuera, no deseaba despertar nunca más…

—Disculpe… yo este …

Su voz se taja en el instante en que sus ojos se cruzan con unos orbes esmeraldas, sobrecogiéndola al reconocer al dueño de esa intensa mirada.

—Eres tú…

Musita aturdida tensándose cada músculo de su cuerpo. No era posible, era él, el chico del tren, aquel que creyó que no volvería a ver nunca más y ahora se alzaba ante ella, atrapados dentro de esas cuatro paredes respirando el mismo aire, solo ellos dos, separados por una estrecha distancia.

—¡Hey Mikasa!, disculpa la tardanza— el grito inesperado de Sasha rompe con el tenso ambiente dando un respingo a ambos jóvenes. La castaña se aproxima a gran velocidad pasando desapercibida la presencia de su compañero, quien se conservaba estoico a pesar de su alboroto.

"¿Mikasa?"

Su nombre se esparce rápidamente como eco en su cabeza, removiéndolo un ligero cosquilleo en su estómago al repetírselo una y otra vez. A pesar de ser la primera vez que lo oía, de algún modo creía que ya lo había escuchado antes y con bastante regularidad.

¿Dónde?

No existía fragmento de memoria que corroborara ese pensamiento. Era un déjà vu, siendo para él imposible prescindir de la calidez que le evocaba el solo escucharlo.

"¿Quién eres tú?... Mikasa…"

—¿Lista para irnos? — anuncia Sasha con una amplia sonrisa de oreja a oreja colocándose delante de ella. Su alegre gesto pronto se esfuma al notarla distante sin prestar atención a su parloteo.

—¿Uh? — Es lo único que logra articular de su boca la Ackerman como respuesta, devolviendo su vista al frente. Sus ojos se hallaban muy abiertos, mirando fijamente algo más a sus espaldas.

—Mika … ¿Qué suce…? — su voz se corta de golpe al darse la vuelta, sorprendiéndola encontrar a Eren ahí parado en silencio, con su rostro envuelto en conmoción.

¿Pero qué estaba pasando?

¿De que se había perdido?

Blouse era muy intuitiva y a juzgar por las expresiones plasmadas en sus caras, estaba segura que algo ocultaba ese par.

¿Acaso ya se conocían?

Mikasa nunca le dijo nada… a no ser …

—¿Eren?... ¿Qué ocurre?... — lo cuestiona confundida demandando obtener una explicación sensata que esclareciera sus deducciones, pero él permanece taciturno, con sus labios entreabiertos y su atención puesta en la chica a su lado.

"Eren"

El pecho de la asiática vibra con intensidad al momento de oír su nombre, evocándole una sensación de cotidianidad. Era cálido, reconfortante, haciéndola sentir como en su hogar.

¿Hogar?

¿Por qué le recordaba a eso?

Esa regocijante sensación no tenía razón de ser, pero su mente se esmeraba por asociarlo a algo inexistente en sus memorias, causándole conflicto.

¿Y si lo había olvidado?

¿A que venía ese pensamiento?

—Oigan, ¿ustedes dos se conocen? — La voz de Sasha irrumpe, desconcertándola aún más con su pregunta, dando un vuelco a sus emociones.

"¿Conocemos?"

El nudo emerge de su garganta oprimiendo con fuerza…

"¿Yo lo conocía?"

Ese sentimiento la asfixia, dificultándole respirar correctamente…

"¿De dónde?"

"¿Cuándo?"

Su cabeza punza, sus párpados pesan, su visión se nubla…

"¿Quién eres en realidad?... Eren"

—Mikasa — su llamado la despabila encontrándose con el gesto alarmado de su amiga — ¿Por qué estás llorando? — su cuestionamiento la descoloca. Alza sus dedos temblorosos a la altura de su pómulo, percibiendo su piel humedecida.

Estaba pasando de nuevo…

No lo soporta, no puede sobrellevar por más tiempo esa carga que la sofoca. Avergonzada y abrumada por esas emociones, retrocede unos cuantos pasos para finalmente empujar la puerta de cristal y salir corriendo del local sin dar ninguna explicación.

"No otra vez"

El mundo se desmorona a su alrededor al verla atravesar el umbral de la entrada, perdiéndola de vista al engullirla la negrura de la noche.

No esta vez…

Sus pies avanzan impulsado por el miedo a perderla nuevamente. Esta vez, no cometería el mismo error.

— ¡Mikasa espera! — la llama desesperada Sasha sin terminar de asimilar lo que había pasado. Sus pasos flaquean obligándose a frenar al sentir la opresión de unos dedos hundirse en su brazo. Gira exaltada reencontrándose con sus orbes verdes suplicantes, la expresión en su cara lo decía todo aún sin pronunciar palabra alguna, leyendo a la perfección lo que aquel gesto quería decirle.

— Entiendo — asiente con la mirada siendo liberada de su agarre. Los labios de Eren se curvan ligeramente, para enseguida alejarse corriendo y perderse tras los ventanales.

"Lo sabía"

Sonríe para si misma al descifrar lo que pasaba entre esos dos. Seguía sin comprender como fue exactamente que ocurrió, aunque tenía una leve sospecha tras unir las piezas del rompecabezas. Todo cuadraba, desde ese encuentro en Hizuru hasta sus extraños comportamientos. Como no se dio cuenta antes, ya tendría tiempo después para interrogarlos con todos los detalles. Suspira recargándose en la entrada, alzando su vista al manto nocturno.

"Par de tórtolos"

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Sus piernas se desplazan a pasos agigantados deambulando sin rumbo. Las diminutas gotas de lluvia comenzaban a precipitarse sobre su cabeza con mayor rapidez, azotándola una tras otra sin piedad. Abre su bolso para sacar su paraguas, pero al rebuscar entre sus pertenencias se percata que no lo traía consigo. Sin más remedio, busca desesperada un lugar donde resguardarse, suspirando aliviada al divisar cerca una parada de autobuses. Se apresura a llegar, desplomándose sobre la fría banca de metal vacía. Inclina su cabeza hacia el frente encogiéndose de hombros, uniendo sus manos a la altura de su boca, resoplando en ellas para darse calor. Su cuerpo tiritaba sin parar al alcanzarse a empapar un poco sus prendas, pero nada de eso le importaba quedando en un segundo plano, enfocándose en la punzada creciente en su corazón. Solloza en silencio, sintiéndose una tonta por huir de esa manera.

—Eren…

Musita débilmente desquebrajándose en cientos de pedazos. No puede sacarse su imagen de la cabeza, volviendo a ella una y otra vez.

"Mikasa"

Su mente no dejaba de repetir su nombre, intensificándose ese sentimiento que la ataba a ella. A esas alturas ya no le importaba entender el ¿por qué?, de esas emociones, lo único que deseaba era encontrarla y estar a su lado más que cualquier otra cosa en el mundo. Necesitaba verla y expresarle todo lo que sentía.

"¿Dónde estás?"

Su mirada navega posándose en cada rincón, persona o local por donde transitaba, estresándose al no hallar rastro de ella conforme más avanzaba. El clima se vuelve en su contra sin tenerle una pizca de compasión, soltándose la lluvia con mayor fuerza, aun así, no desistiría en su búsqueda. El alma retorna a su cuerpo acelerando los latidos en su pecho al dar vuelta en una calle y avistarla sentada en una parada de autobús al final de la acera. Inhala profundamente calmando su agitación, armándose del valor suficiente antes de dar el siguiente paso.

Era ahora o nunca.

— Hola— una afable voz varonil la sobresalta, erizando cada vello de su piel — ¿Te encuentras bien?

Todos sus sentidos se ponen en alerta al percibir esa presencia conocida. Era él, estaba ahí, de pie a su costado. Nerviosa endereza la espalda, girando en su dirección reencontrándose así con su alta figura. Despacio alza el rostro atrapándola nuevamente sus enigmáticos ojos verdes, los cuales denotan preocupación. Observa como su diafragma subía y bajaba con ímpetu, liberando largas y entrecortadas bocanadas de aire de su boca. Tal parecía que había corrido en su encuentro.

Pero… ¿Por qué?

¿Por qué lo hizo?

— E-este… estoy bien… — Cohibida aparta la mirada, depositando uno de sus mechones húmedos detrás de la oreja. — No… no debiste preocuparte por mí... no me conoces— titubea sin poder evitar que las palabras se atropellaran entre ellas. Era el tipo de persona que se le dificultaba relacionarse con otros, pero con ese joven lo era más, siendo un completo desastre a causa de sus traicioneros nervios. No sabía como actuar o que decirle, siendo incapaz de volver alzar el rostro y verlo directo a los ojos, no podía ya hacerlo y mucho menos después de lo que pasó minutos atrás. Estaba muy avergonzada por los sucesos ocurridos en la cafetería, actuando como una inmadura delante de todos.

¿Qué pensará Sasha de ella ahora?

¿Qué pensaba él?

La duda comenzaba a carcomerla. ¿Por qué fue a buscarla?, será que… ¿Le importaba en verdad? Un sutil revoloteo brota de su estómago de tan solo imaginar esa posibilidad, reconfortándola con su calidez.

Acaso… ¿Él sentía algo por ella?

¿Por qué lo creía?

¿Qué le hacía pensar algo así?

¿Y si fue por lástima la razón por la que la buscó?

Su semblante decae extinguiéndose el brillo en sus orbes grisáceos. Tantas preguntas la abruman, deseando solo desvanecerse y escapar. Los segundos corrían, tornándose el ambiente tenso al reinar entre los dos un incómodo silencio, siendo únicamente interrumpido por el goteo de la lluvia entremezclada con el estruendo de los carros y transeúntes que circulaban por la zona de vez en cuando. Aquel joven parecía no tener intenciones de marcharse, permaneciendo inmóvil a su costado, aunque estaba segura de que en cualquier momento se agotaría su paciencia y la volvería a dejar sola. Su pecho punza al planteárselo, en realidad, no quería que se fuera.

"Quédate conmigo"

Sus pies permanecen unidos a la banqueta sin ser capaz de dar un paso al frente o retroceder. Sus miradas solo se cruzaron por un breve instante siendo proseguido por un silencio sepulcral. Mikasa lo había evadido con aquella respuesta, dejándolo confundido.

¿Qué se supone que debía decirle ahora?

¿Fue inoportuno dirigirse a ella de esa manera?

¿Será que su presencia le incomoda?

O simplemente, quería que la dejara en paz.

"Demonios"

Se amonesta mentalmente por su manera tan impulsiva de actuar siempre. Únicamente se habían visto en dos ocasiones, no quería que creyera que era un acosador malentendiéndose la situación, él no era esa clase de persona.

¿Debía entonces retirarse?

No, no puede hacerlo, se opone rotundamente a esa idea. El destino fue benevolente al haberlos reencontrado, tenía que aprovechar la oportunidad, además, no deseaba perderla de nuevo.

No esta vez…

El golpeteo repentino de sus pisadas contra el concreto la hacen reaccionar. Sus extremidades se paralizan al ver de reojo como el chico camina hasta tomar asiento a su lado, separándolos unos escasos centímetros. Su diafragma se contrae al percibir el sonido de su respiración al tenerlo tan cerca, estremeciéndola ese exquisito perfume cítrico que expedía acelerando su pulso. Traga saliva nerviosa al sentir el peso de su mirada fija en ella, siendo inevitable sonrojarse por su acto.

Eren contempla taciturno el rostro de la mujer que le robó el sueño durante tantas noches continuas, vagando por cada una de sus delicadas facciones femeninas, admirando sus atrayentes iris grisáceos bajo esas largas pestañas rizadas, pasando por su respingada nariz hasta llegar a sus delgados labios rosados despertando en él ese deseo inevitable por probarlos. Observa embelesado como un leve rubor carmesí decora sus mejillas, haciéndola lucir aún más bella de lo que ya era. Sus latidos desmedidos retumban con fuerza en su pecho, acrecentándose en él la necesidad por recorrer con sus dedos la tersa piel cremosa de su cara. Ella era perfecta, ni la belleza de un ángel se equiparaba a la suya.

"Si supieras esto que siento … Todo en ti me es tan familiar Mikasa…"

"Si te dijera que te amo, ¿me dirías que soy un loco por enamorarme de ti de esta manera?"

"Sé que apenas y te conozco, pero de alguna forma, algo dentro de mí me indica que no es así…"

"Yo… yo siento que te he visto antes…"

Sus labios se separan ligeramente con la intención de al fin hablarle. Toma aire apaciguando un poco su ritmo cardiaco que iba en aumento, pero al final, de ellos solo escapa un escuálido quejido. Las palabras se desintegran en su garganta, preservándolas como pensamientos inaudibles. Su rostro arde de la vergüenza por su fracaso, era un completo fiasco. Desvía su atención al frente, distrayéndose en cualquier otra cosa que transitara por la calle, esperando calmar su agitación interna.

"Eres un idiota Eren"

Aprieta sus manos en puño conteniendo la furia que sentía consigo mismo, reprendiéndose por ser un cobarde. No era tan simple como creía.

Sus uñas se hunden en sus piernas arrugando un poco la tela de su falda. La culpa la invade por haber sido tan fría y desconsiderada con el joven a su lado, cuando él solo se preocupó y fue amable con ella. Deseaba romper con la barrera invisible que los separaba, pero su mente ya no carburaba correctamente, siendo atrofiadas sus cuerdas vocales por los inestables pensamientos que rondaban por cada rincón de su cabeza.

"No puedo…"

"No puedo decírtelo… pero, si lo hiciera… ¿Me juzgarás de loca si te lo confieso?"

"¿Me creerás si te digo que todo en ti me es tan familiar?"

"Siento que te he visto antes, aunque no sepa explicarlo..."

"Este sentimiento me persigue desde aquel día que te vi en la estación… ¿Sabes?, ya no soporto seguir negándolo…"

"Te amo Eren, esa es la única verdad, aunque nada del resto tenga sentido"

No lo resiste… ya no puede callarlo…

En su arrebato, se gira hacia él para encararlo, pero al instante sus facciones se tensan, ruborizándose al tener su cara tan cerca de la suya, contemplando con mayor claridad la perfecta fisonomía de su perfil.

El castaño se conservaba estoico, extraviado en el paisaje nocturno delante de ellos. Su mirada no pasa inadvertida, aun sin voltear a verla percibía que lo observaba. No lo soporta más. Cierra sus ojos inhalando esa brisa fresca olor a tierra mojada, ahogando toda quietud y duda en su corazón antes de volver a reabrirlos.

—Mikasa…

—¿Huh?

El tiempo frena en el segundo en que sus labios la llamaron. Su quijada tiembla de la conmoción, cristalizándose sus orbes grisáceos. No lo entiende, pero es como si hubiera estado esperando desde hace tanto volver a escucharlo de él.

¿Por qué?

¿Por qué su alma se exalta con tan solo oírle pronunciar su nombre?

—Así te llamas, ¿no es así?… —baja el rostro, arqueando sutilmente su boca en una mueca nerviosa por lo obvio de su pregunta. Toma una gran bocanada de aire recuperando la compostura. — Sé que no me conoces y no sé que pienses de mí, pero… quiero que sepas que desde que te vi aquel día en la parada del tren… yo… yo no pude dejar de pensar en ti cada día…— su voz tambalea, sonrojándose por lo torpe de su confesión. Apenado, alza una de sus manos llevándola detrás de su nuca, tragando un poco de saliva antes de continuar. —¿Sabes?, siempre estuve buscando algo o alguien que llenara el vacío en mi interior y luego… apareciste tú… — su respiración se acelera incrédulo por lo que acababa de enunciar. — Eras tú la persona quien buscaba, desde el primer instante en que nos encontramos, lo supe…— Presiona su mandíbula, reuniendo la fuerza suficiente para hacerle frente. — Mikasa…— se gira súbitamente hacia ella, reflejándose en sus brillantes iris cargados de sorpresa. La adrenalina corre por sus venas, era ahora o nunca. — Yo siento que nos hemos visto antes, todo en ti me es tan familiar, es como si te conociera de otra vida o de algún sueño que no logro recordar — las palabras estallan de su boca sin meditarlas, desembocando en intensos latidos desenfrenados. La sangre hierve por toda su cara, tiñéndose de un tono rojizo al concientizarse sobre su última declaración.

¿Pero qué demonios fue lo que dijo?

¿Conocerla de otra vida?

¿Por qué lo creía?

—Bueno… este… lo que quise decir … Solo olvida eso último — balbucea queriendo componer lo dicho, pero no lo logra. Se muerde el labio inferior para silenciarse, apartando su mirada de ella. Era un idiota, no le asombraría que lo juzgará de loco.

Sus pupilas se dilatan al escuchar cada palabra articulada de su boca. El aire abandona sus pulmones al volver hacer contacto visual con el chico, reduciéndola a un majo de nervios al tenerlo a escasos centímetros de su cara. Casi podía jurar sentir su aliento chocar contra sus mejillas, haciéndola arder al rojo vivo. Su pecho se agita con violencia a causa de su última confesión, induciéndola a un estado de trance.

"Yo siento que nos hemos visto antes… de otra vida o de algún sueño que no logro recordar"

Su mente se dispersa, tratando de digerir lo que acababa de decirle, probándose con un pequeño pellizco en su mano que eso no era un sueño, sino real. Era extraño, no obstante, sus pensamientos eran una copia fiel a los suyos, como si sus mentes estuvieran unidas en una sola. No tenía lógica lo que les ocurría ambos, pero lo cierto es que nunca la tuvo y no le importaba ya. Una tenue sonrisa brota de su rostro al percatarse que sus sentimientos eran recíprocos, desatando el revoloteo de cientos de mariposas en su estómago. Ya no tenía razones para seguir ocultándolo, quería corresponderle de la misma manera.

—Ese día en la estación… yo también sentí lo mismo por ti… Eren…— su tímida voz aterciopelada roza su oído como suave caricia, regocijando a su alma al escuchar llamarlo por su nombre. Su corazón salta de su pecho al devolverse hacia la bella chica, internándose en su mirada cargada de un sentimiento que reconocía la perfección.

—Escucha… yo… bueno... a mí me pasa lo mismo que a ti… lo que quiero decir es que… — hace una pausa colocando en orden sus pensamientos. Era demasiado difícil encontrar las palabras correctas que expresaran toda esa avalancha de emociones que guardaba en su interior, mas no desistiría hasta hacérselo saber. Cierra sus párpados reuniendo la fuerza suficiente antes de volverse a esos ojos expectantes a lo que diría. —Yo también siento que te he visto antes, la verdad es que no sé como explicarlo, lo único que si sé es que mi corazón te reconoció desde el primer instante en que te vi en aquel vagón. ¿Sabes?, contigo me siento completa, llenaste ese vacío que existía en mi. Eren, tú eres la persona que siempre estuve buscando — libera de golpe quedando ambos estupefactos, con sus rostros enrojecidos y sus latidos entremezclándose en el frenético palpitar de un solo corazón.

—E-este…— tartamudea el castaño nervioso después de unos largos segundos, tratando de romper con la atmósfera tensa que comenzaba a envolverlos.

—¿Crees que nos conocimos en otra vida? — le cuestiona curiosa Mikasa, jugando con un mechón de su cabello, disimulando un poco su nerviosismo.

—Bueno…yo no lo sé … no sé si algo así es posible…— vacila en responder, regalándole una pequeña sonrisa que la hace temblar. —¿Crees que nos estemos volviendo locos? —bromea Eren en un intento burdo por proseguir la conversación. Se miran sin decirse nada, para enseguida soltar en unísono una risita tímida por lo absurdo que sonaban sus preguntas. El silencio vuelve a gobernarlos regresando sus miradas al frente, distrayéndose en el golpeteo de la lluvia contra la acera. Tenían en claro lo que sentían el uno por el otro, sin embargo, ninguno de los dos se atrevía a dar el siguiente paso, a pesar de consumirlos el mismo deseo.

Las heladas corrientes se vuelven erráticas, golpeando sin piedad contra sus húmedas prendas. El frágil cuerpo de la pelinegra comenzaba a enfriarse, tiritando su boca sin poder controlarlo. Aprisiona su torso entre sus brazos, brindándose con ello un poco de calor.

El choque continuo de sus dientes capta la atención del ojiverde, que, sin pensarlo dos veces, se aproxima a ella acortando la distancia. Sus manos se elevan, retirándose su gruesa bufanda roja, para enseguida inclinarse y alzarla sobre sus hombros.

—Creo que esto te pertenece a ti— le expresa sin titubear, mientras la hace girar alrededor de su blanquecino cuello, cubriéndola con delicadeza. Destellos de un recuerdo difuso lo asaltan al vérsela puesta.

"Gracias por ponerme esta bufanda, Eren"

Su suave voz resuena como un eco lejano apoderándose de cada rincón de su cabeza, erizando su piel.

"¿Qué fue eso?"

Sus afables palabras la estremecen, despertando en sus memorias un sentimiento de pertenencia mientras la envolvía con aquella bufanda. Sus delgados dedos viajan hasta posicionarse sobre la cálida tela. Se aferra a ella, acariciándola con dulzura con la punta de su pulgar. Baja el rostro al percibir sus lágrimas fluir cubriéndose con la misma.

¿Qué era esa sensación de déjà vu que le transmitía?

El tan solo tocarla le evocaba una paz indescriptible, sintiéndose segura bajo su cobijo, deseando permanecer envuelta a ella el mayor tiempo posible.

—Gracias… por ponerme esta bufanda — le expresa quedito hasta convertirse en un murmullo apenas perceptible. El cuerpo del joven se tensa al escuchárselo decir. Sonríe en sus adentros conmovido, sin terminar de creérselo.

¿Era esa la señal que necesitaba?

Su mirada se ilumina teniendo claro lo que tenía que hacer. Ya no puede frenar eso que siente, tomando el impulso para a dar el siguiente paso.

Un cosquilleo la sobrecoge haciéndola girar. Era su dócil tacto deslizándose lentamente sobre su brazo, recorriéndola hasta alcanzar su mano, entrelazándose con sus dedos. Alza su vista fundiéndose con esos destellantes ojos esmeraldas que la contemplaban con amor y ternura. Una leve corriente la sacude al sentir el toque de su otra mano hundirse en su mandíbula, acunándola con delicadeza.

—Por nada… te la pondré las veces que quieras, todas las veces que haga falta de aquí en adelante —pronuncia con dulzura limpiando sus lágrimas derramadas, acentuando en su cara una amplia sonrisa, contagiándola de su júbilo.

El bullicio citadino se atenúa bajo el latido frenético de sus corazones. Atraídos por el mismo ferviente deseo, sus rostros se aproximan en un movimiento sincronizado derribando todo muro que los separaba, cerrando sus ojos al apenas sentir el roce de los labios del otro, estremeciéndolos al contacto. Sus bocas se reconocieron al instante acoplándose lento y suave, danzando al ritmo de las diminutas gotas de lluvia al caer, saboreando cada centímetro de ese dulce beso cargado de añoranza y anhelo. Ninguno de los dos deseaba detenerse aferrándose al momento, pero la falta de aire los obligaría hacerlo. Sus labios se distancian recuperando el aliento en medio de entrecortados jadeos, con sus pechos subiendo y bajando con violencia. Sus párpados se abren reencontrándose con sus miradas desbordantes de luz, expresándose todo ese amor que sentían el uno por el otro. Permanecen en silencio uniendo sus frentes, disfrutando mutuamente del choque cálido de sus alientos.

¿Casualidad o destino?

¿O algo más?

Entonces lo comprenden. Que más daba si no conocían todas las respuestas a sus interrogantes, si fue amor a primera vista, casualidad o simple capricho del destino el haberlos reunido. Lo único que les importaba es que habían vuelto al lugar al que pertenecían…

Su hogar.

.

.

.

.

.

.
.

—¡No!

Sus ojos se abren de golpe de par en par, contrayéndose bruscamente su diafragma. Su frente estaba cubierta por un sudor frío y las palpitaciones de su corazón eran bastante frenéticas. Pestañea repetidamente reincorporándose al escaso rastro de luz que se colaba a través de las delgadas cortinas. Palpa la superficie bajo su cuerpo, aliviándose al notar la suavidad del colchón.

—¿Qué sucede cariño? —percibe su delicado tacto presionar sobre su hombro, llamándole. Gira la cabeza, encontrando su fina silueta alzada a su lado, con sus orbes inquietos fijos en él. Se levanta atrayendo su cuerpo contra el suyo, aferrándose a ella con fuerza.

—Eren, ¿estás bien? —Le susurra al oído, denotando su voz un aire de preocupación.

—Si amor, no es nada— le responde acunando su mentón sobre su cabeza, tranquilizándolo el exquisito aroma a flores que expedían sus largas hebras azabaches. — Soñé que te perdía — le confiesa amargamente, tratando de recordar aquellas imágenes cada vez más borrosas en su memoria. — La tierra retumbaba bajo las pisadas de unos gigantescos seres que lo destruían todo a su paso, alzándose al centro de ellos una esquelética formación con rostro demoniaco que me llamaba. Allí estabas tú, Armin, Sasha y el resto de los chicos y entonces…

La hermosa mujer se suelta de su agarre, atrapando su rostro entre sus manos, para finalmente silenciarlo con un suave roce de sus labios.

—Tranquilo, solo fue una pesadilla, no vas a perderme nunca — le sonríe con dulzura, acariciando dócilmente sus mejillas.

—Disculpa no debí…

—Shhh, no digas más— lo interrumpe llevando su dedo índice sobre su boca. — Así que, olvidémonos de esto, hay que volvernos acostar y ya mañana hablaré seriamente con Armin para que ya no te preste esos libros que lees sobre apocalipsis, tripas y sangre, que no le hacen bien a tu sensible cabecita — lo regaña en tono bromista, desatando una risita en el ojiverde.

—¡Oye! Ni se te ocurra decirle, son entretenidos — le suplica con un puchero infantil siguiéndole el juego, rogando que cambiara de parecer.

—Mmm, pues convénceme— una sonrisa picara se traza en su cara, comprendiendo al instante la señal que le mandaba su esposa. Empuja suavemente su cabeza contra la almohada, colocándose encima de ella, acorralándola entre sus brazos.

—Lo que ordene su majestad — a punto de unir sus bocas, el rechinido de la puerta los pone en alerta, separándose a la brevedad. Una diminuta manita se asomaba tímida del otro lado, empujando lentamente hasta dejarla expuesta. Era su pequeña hijita, Carla, quien ingresaba a la habitación con la cabeza gacha.

—Papi, mami, soñé feo. ¿Puedo dormir aquí? — pide su vocecita temblorosa, abrazando con fuerza a su changuito de peluche favorito, regalo de su tío Zeke. Los ojitos de la niña brillan de un intenso esmeralda al ver los brazos de su padre extenderse hacia ella. La pequeñita corre lanzándose en su regazo, siendo recibida por una lluvia de besos por parte de los dos jóvenes.

—Tranquila mi niña hermosa, ya pasó. Papi y mami te cuidan — le expresa dulcemente su madre, mientras acaricia sus lacios mechones negros. Después de una dosis de mimos, Eren a recuesta con delicadeza en medio de la cama, para enseguida ser arropada por Mikasa.

—Papi, ¿puedes contarme una historia antes de dormir? — le suplica imitando uno de sus pucheros siendo imposible resistirse a ellos.

—¿Cuál historia quiere mi linda princesita?

—La del día en que conociste a mamá— pide entusiasta siendo entre todas, su favorita, a pesar de haberla oído cientos de veces.

—Esa es una buena historia — expresa el castaño dirigiendo una mirada amorosa a la bella mujer que tenía enfrente. Era el hombre más afortunado por tenerlas a ambas, sus más grandes tesoros. En sincronía, los dos se recuestan, envolviendo el cuerpo de su pequeña con sus brazos entrelazados.

—Bueno hermosa, aquí va…

Había una vez…

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A mis queridos lectores:

Gracias por formar parte de esta historia, estoy contenta de haber concluido después de un largo trayecto. He puesto en ella todo mi amor y el cariño que le tengo al Eremika. De antemano agradezco cada visita y comentario, me han hecho muy feliz.

Les mando un fuerte abrazo. Nos vemos hasta la próxima historia.