"Yo soy la Sra. Malfoy, y este es mi legado"
Capítulo dos: El escorpión, su brillante corazón y el cazador de estrellas.
Londres, Gran BretañaSábado 30 de agosto de 2017Callejón Diagon.
Se podía observar a un hombre de 37 años sentado en una de las mesas de la esquina del Caldero chorreante. Este tomaba ansiosamente un vaso de whisky de fuego. Al parecer su mente se encontraba ocupada divagando mientras observaba cómo fuera del negocio las personas paseaban felizmente por el callejón diagon. No era para nada extraño, ya que apenas eran las 3 de la tarde, una hora muy familiar.
Aquel día, Ronald Weasley se lamentaba sobre las decisiones que había tomado a lo largo de su vida desde que Hermione Granger había partido de Londres.
Cuando la castaña se fue hace 18 años, él esperaba que la chica algún día vendría arrastrándose implorando su perdón. Él esperaba ansioso ese día, ya que quería jactarse que había tenido razón sobre que abandonar Londres había sido un gran error. Los días pasaron, los meses pasaron, incluso pasaron años y años. Ella nunca apareció.
La había tratado muy mal, pero tenía justificación sus actos para él, ya que Ronald no podía aceptar la idea de que se había equivocado. Pasaron cuatro años y tuvo que aceptar que había alejado a aquella chica que tanto había amado, todo porque ella había sido lo suficientemente egoísta y testaruda para dejar a sus amigos de lado. Con un gran pesar decidió dejar el asunto zanjado y fingir que se encontraba bien, pero desde ese día nació un rencor dentro de su corazón por la chica dorada que no pudo ser suya.
Decidió que era momento de continuar con su vida, qué mejor que conseguir una esposa. La lista de candidatas era amplia, y no era para menos pues Ronald Weasley era un hombre atractivo y famoso debido a su condición de héroe de guerra. Además el pelirrojo se sentía orgulloso de pertenecer al departamento de Aurores siendo la mano derecha de Harry Potter, el actual jefe de departamento. Aunque debía admitir que no era muy talentoso y diestro en desenvolverse en el área, pero tener de cuñado al niño que vivió dos veces traía ciertos beneficios.
Todas esas cualidades eran una buena combinación para cautivar a brujas con dos neuronas en su cerebro, que harían lo que él les ordenara sin chistar. La elegida fue una de sus ex novias. Lavender Brown pronto pasaría a ser la nueva señora Weasley. Se suponía que para ese momento el pelirrojo debía ser feliz, pero no era así. Reflexiono sobre la verdadera razón por la cual había elegido a Lavender como su esposa. Todo había sido por su cabello, ya que ella era rizada rubia, lo cual era lo más cercano y parecido que había encontrado a la cabellera rizada rebelde de Hermione Granger. Al Weasley menor le disgustó saber la razón verdadera de su elección.
Pasó el tiempo y en 2005 tuvo a su primer hijo. Era una linda niña de cabello pelirrojo rizado que decidió llamarla Rosebud Minerva Weasley Brown. Él en primera instancia quería que la pequeña bebé se llamará Jean, en honor de la bruja hija de muggles que no podía sacar de su mente, desde luego Lavender no se lo permitió, ya que muy en el fondo estaba consciente de que su esposo seguía encaprichado con aquella bruja. Fue cuando Ron decidió buscar un nombre muggle, teniendo como resultado "Rose", pero era un nombre común y poco original que a Hermione no le hubiera agradado de ser ella su madre. Así que busco un nombre muggle parecido a Rose que tuviera algo de excentricidad, fue cuando se decidió por "Rosebud". Su segundo nombre de la primogénita Weasley-Brown tenía un objetivo: Halagar a Minerva Mcgonagall, para que una vez que sus sobrinos e hijos entrarán a Hogwarts fueran los favoritos y consentidos de la actual directora. Su esposa rubia ni siquiera se pudo imaginar el origen del nombre de su primera hija.
Después de unos cuatro años, en el 2009 llegó su tan esperado hijo varón. Hugo Chudley Weasley Brown. Su primer nombre es de origen muggle al igual que el de su hermana y sencillo para no complicarse la vida y no opacar al segundo. "Chudley" en honor a su equipo favorito de quidditch, los Chudley Cannons.
Sus pequeños hijos le traían mucha alegría, pero aún no se sentía plenamente feliz y la razón la sabía perfectamente, no eran hijos de Hermione y suyos. Eso en verdad era muy frustrante para el pelirrojo. Desde luego que intentó ser un buen padre, cumpliendo todos los caprichos de sus hijos y de enseñarles las ventajas de la vida que traía ser alguien famoso. Lavender solapaba las acciones de su marido para que fueran una familia "sana y feliz" y él por fin considerará amarla plenamente. Por consiguiente, los hijos del matrimonio crecieron siendo mimados y soberbios, siendo así un gran dolor de cabeza incluso para algunos de sus primos (los Potter). Más que nada estas características aplican en su hija mayor, por su parte Hugo era demasiado ingenuo e inocente como para aprovecharse de su posición.
Todo debería marchar perfecto para Ron Weasley, pero ahí estaba él, sentado bebiendo recordando a Hermione con odio y amor a la vez, dos días antes de que su Rosebud tomara el tren rumbo a su segundo año en Hogwarts.
— ¿Por qué te fuiste obstinada Bruja? — Pensó con desagrado Ronald mientras se bebía a fondo el contenido de su vaso.
Estaba pensando seriamente ordenar otro trago cuando por casualidad miró por la ventana nuevamente. Frente al negocio caminando con elegancia pasó una castaña que reconoció de inmediato. Era nada más y nada menos que la chica dorada.
Con rapidez dejó sobre su mesa un par de galeones y salió al encuentro de la mujer. Pudo apreciar como ella ya le llevaba gran ventaja. Se encontraba de espaldas a él, contoneando con elegancia su cuerpo al caminar, aunque interrumpió su caminata al detenerse frente a un escaparate de joyería. Gracias a esta acción, Ronald pudo admirarla con más detalle a la lejanía. Su hermosa cabellera castaña seguía siendo rizada y rebelde, pero al menos aquellos rizos eran más definidos y largos a la altura de su cintura. Al parecer llevaba un maquillaje leve y natural que le hacía resaltar sus facciones delicadas. Y su vestimenta elegante y sofisticada era una falda gris de tubo larga a la altura de la rodilla, una blusa rosa palo formal, que estaba cubierta por su túnica muy femenina del mismo color que su falda. Toda ella era perfección a ojos de Ronald, incluso se atrevería a decir que parecía una sangre pura de gran estirpe.
Al parecer Hermione Granger se sintió observada a la lejanía, y no era para menos pues muchas personas en el callejón diagon se habían detenido a analizar a la mujer del trío de oro que había desaparecido hace 18 años. Sin reparar en la presencia de Ron entre sus espectadores, la castaña emprendió su huida hacia Flourish y Blotts.
Ron le siguió los pasos pacientemente, después de todo no había forma que la bruja saliera de la tienda sin ser vista. Al entrar se percató que no había nadie en lugar principal excepto por un par de niños en la esquina del lugar. ¿A dónde se había metido la castaña?. Se le ocurrió que quizás aquellos críos habían visto qué dirección había tomado la mujer. Se acercó con rapidez a ellos.
— Por Salazar, mamá tenía razón sobre la adivinación. Es una pesadilla inexacta. — Mencionó la pequeña niña rubia dejando de lado un libro de adivinación en el estante frente a ella. Al parecer tenía la misma edad que su hija pelirroja.
— Mamá siempre tiene razón Tares. Solo que fuiste lo suficientemente testaruda para comprobarlo por ti misma, ella solo quería ahorrarte el mal rato. Incluso Abraxas lo habría confirmado de habernos acompañado. — Le respondió burlón un niño rubio idéntico a la niña. Ron se percató que los niños eran gemelos idénticos.
— Hola niños. — Saludó Ron amigable a los pequeños. Estos automáticamente cambiaron su semblante y le miraron con seriedad.
— Buenas tardes, ¿Quién es usted señor?. — Preguntó Scorpius en tono educado y frío. Tan frío que hasta los ojos grises de aquel pequeño le parecieron una tormenta fría al pelirrojo.
— Eso no importa, de casualidad ustedes vieron a… — Dijo con rapidez el gryffindor, pero fue interrumpido por la voz de la pequeña joven.
— Es de muy mala educación preguntar algo sin antes haberse presentado, mi hermano le hizo una pregunta. — Interrumpió siseando con frialdad la rubia mientras entrecerró sus ojos con desconfianza hacia el adulto.
Ronald tragó grueso. Ese color de cabello se le hacía muy familiar, al igual que el color gris de sus ojos. Le hacían recordar a Draco Malfoy.
— ¿Acaso esos pequeños diablillos serán sus hijos?. — Pensó con desagrado el Weasley.
No, eso era imposible. Draco Malfoy no acostumbraba a estar en Londres por mucho tiempo. La última vez que lo vió fue hace unos 14 años en el ministerio, cuando el rubio vino a tratar asuntos ahí. Así que era imposible que ese par de niños fueran sus hijos, de seguro se estaba haciendo ideas locas. Rápidamente retomó su objetivo de encontrar a Hermione.
— Lo lamento, mi nombre es Ronald Weasley. Estoy buscando a una mujer, castaña rizada y muy hermosa. — Respondió con cara boba el pelirrojo al evocar el recuerdo de la hermosa mujer.
Scorpius y Antares se miraron a los ojos. Desde luego que sabían quién era aquel señor pelirrojo, su padre y madre les habían comentado sobre su anterior relación con la familia Weasley. Ese señor había hecho sufrir a su mamá cuando era joven y al parecer ahora la había visto cuando entró a la tienda. No iban a permitir que la viera.
— No hemos visto a tan distinguida dama que describe, señor Weasley. — Respondió Scorpius educado sonriendo de lado.
Para satisfacción de los gemelos vieron un deje de desilusión en aquellos ojos azules.
— ¿Cómo es posible? Justo la acabo de ver entrar aquí. — Preguntó abrumado el hombre.
— Supongo que necesita gafas, señor Weasley. — Contestó petulante Antares mientras sonreía de lado.
— Hey niña, no seas maleducada. — Dijo un poco molesto Ron dirigiendo una mirada fulminante a la pequeña.
— Considero que es mayor su mala educación al estar acosando a una mujer. — Dijo astuta la rubia rizada.
— Tú, pequeña malcriada. ¿Quiénes son tus padres? — Respondió malhumorado Ronald con su rostro rojo.
— Tares, es suficiente. — Le dijo Scorpius mientras sonreía divertido a su gemela, para después dirigir una mirada fría al pelirrojo. — Eso no es de su incumbencia, señor Weasley. De la manera más amable le voy a pedir que se retire del lugar. No voy a permitir que insulte a mi hermana. — Añadió el niño siseando su respuesta de forma amenazadora.
— Pero, ¿Quién te has creído? — Mencionó Ron con indignación.
— El hijo de la reciente dueña del lugar. Así que retírese, por favor. — Contestó con soberbia el rubio.
— Estúpidos críos. — Masculló por lo bajo irritado.
Ronald trató de mantener la calma. No tenía caso molestarse por un par de niños malcriados. En otro momento quizás se volvería a encontrar con Hermione en algún lugar de Londres y ahí no tendría oportunidades para escapar. Salió del lugar como alma que es perseguida por un dementor.
— Papá tenía razón, los Weasley son escoria pura. — Suspiró cansada Antares Malfoy mientras se sobaba sus sienes irritada.
— No todos, recuerda que mamá dijo que al menos la mitad de la familia valía la pena. — Dijo Scorpius divertido por la situación.
— Se ve que el señor Ronald no pertenece a ese grupo. ¡Es un asno!. — Contestó indignadisima la rubia.
— Como sea, será mejor ir con mamá arriba. Quiero regresar a Malfoy Manor para desempacar. — Respondió con actitud relajada el rubio rizado.
Fue así como el par de gemelos subieron al segundo piso del negocio, en donde se encontraba ubicado un pequeño despacho donde encontraron a su madre leyendo un libro cómodamente.
— Mamá, ¿Nos vamos?. — Preguntó Scorpius con amabilidad.
La mujer en el escritorio le sonrió tiernamente.
— Claro que sí mis pequeños amores. — Sonrió espléndida la castaña. — ¿Encontraron todo lo que necesitaban? ¿Verdad que tenía razón en cuanto a los libros de adivinación Antares? — Preguntó en tono sabiondo Hermione Granger.
— Siempre la tienes, mamá. — Respondió alegre la niña Malfoy. — Vámonos a casa.
— Claro, de todos modos Amelia está de encargada. Así que andando. — Contestó Hermione mientras tomaba a sus hijos de la mano y desaparecían del lugar.
La situación no era para nada extraña, pues Hermione Malfoy (antes Granger) se había convertido en la nueva Señora Malfoy hace ya unos 14 años, después de haber tenido una relación de noviazgo durante cuatro años con Draco Malfoy. Justamente se casaron al término de sus carreras universitarias.
La boda se había llevado a cabo en Francia por razones obvias. Ninguno de los dos quería regresar aún a su país natal, no cuando estaban muy agusto en París donde no eran señalados ni juzgados por nadie. Simplemente eran reconocidos por lo que eran. Un par de magos muy hábiles y respetados.
Draco cumplió su cometido de volverse un experto pocionista, además que contaba con una especialidad en alquimia. Su talento siempre fue nato. Era muy reconocido en Francia debido a sus trabajos de investigación en la innovación y creación de pociones muy útiles enfocadas principalmente en el área de la salud. Al mismo tiempo el rubio había logrado salirse con la suya y estudiar administración para que fuera capaz de manejar las empresas Malfoy a futuro.
Por otro lado Hermione se había convertido en una digna y temeraria abogada, experta en leyes mágicas. Todos sus rivales al ver su presencia en algún juicio, lo daban por perdido. Era terca, obstinada, pero muy inteligente y astuta para conseguir siempre sus propósitos. En la actualidad trataba de retomar su iniciativa de los derechos élficos y otras criaturas.
En el 2005, después de dos años de casados tuvieron a sus primeros hijos y gemelos. El mayor era Scorpius Hyperion Malfoy Granger. Un rubio platinado de cabello rizado como su madre. Sus ojos del bebé eran del color característico de la familia Black. Su primer nombre en honor a la constelación del escorpión, mientras que "Hyperion" por ser el segundo nombre del dios del sol Helios en la mitología griega, ya que el bebé malfoy les recordaba al sol mismo, tan cálido, puro y brillante. Con los años, demostró que las cualidades de su nombre se apegaban demasiado al carácter mismo del niño con sus seres amados, heredado de su madre Hermione, aunque desde luego tenía la inteligencia y astucia de sus dos padres. Y una gran arrogancia marca Malfoy.
Por otro lado, tuvieron a su gemela la cual nombraron Antares Draconis Malfoy Granger, la primera Malfoy mujer después de varios siglos de maldición. Ella le hacía justicia en su totalidad a la palabra de gemela idéntica, ya que era el reflejo femenino de Scorpius. Al igual que él era rubia platinada y rizada de ojos grises tormenta.
Su primer nombre fue escogido debido a que "Antares" es la estrella más brillante y el corazón de la constelación del escorpión, haciendo alusión a su lazo irrompible con su hermano mayor. Además que su nombre hacía una clara referencia a su carácter futuro sobre ser "La rival de Ares" en el sentido de que ella podría provocar una guerra por lastimar a un ser querido. Por otro lado, "Draconis" fue elegido por Hermione debido a su parecido con el nombre de su esposo Draco, haciendo referencia a que la pequeña niña era princesa de papá. Antares frente al público siempre se mostró muy seria y fría, pero en su familia era una niña muy inteligente, astuta, refinada y dulce. A sus doce años tenía un sentido muy fuerte por la justicia al igual que su madre.
Los dos gemelos eran una caja de sorpresas, pero cuando nacieron trajeron una conmoción más a la familia Malfoy, también eran metamorfomagos. Una situación que habían considerado no muy probable, pero no imposible. Ya que en la familia Black existieron miembros con esta cualidad (Nymphadora Tonks), aunque también la sangre muggle de Hermione propició aquella cualidad en sus hijos.
En sus tiempos libres disfrutaban jugar con el color de sus cabellos y ojos, en especial cuando salían con su madre tenían la tendencia de volverse todos castaños como ella, aunque cuando iban con Draco dejaban su apariencia original en ellos.
Andén 9Lunes 1 de septiembre de 2017
La familia Malfoy se encaminaba por el andén de Londres muggle con paso elegante y calmado. Draco y Hermione iban tomados de su mano, mientras que Scorpius y Antares empujaban sus carritos, mientras platicaban animadamente. Detrás de ellos se encontraba el tercer hijo de los Malfoy empujando con más esfuerzo su carrito.
El nombre de aquel niño era Abraxas Orión Malfoy Granger. Draco había elegido su primer nombre en honor a su padre, ya que ese era el segundo nombre de Lucius. Mientras que Hermione escogió "Orión" por Sirius Black, ya que aquel mago había significado mucho en su vida y le tenía gran cariño como si de un padre se tratase. Abraxas era el primer Malfoy en ser castaño en la historia familiar y a pesar de haber heredado el color castaño de su madre no había sido rizado como ella, sino todo lo contrario, ya que su cabello era demasiado lacio como el de Draco. Sus ojos eran de un gris muy claro, tanto que parecían de un tono azulado si no eras cuidadoso al analizarlos. A su abuelo Lucius le recordaba a una versión masculina de su esposa Cissy.
Era un chico muy estudioso y amante de la lectura tanto como su madre. Además de que tenía una cierta inclinación sobre la medimagia. Por otro lado, su actitud era la de ser un niño callado y tranquilo, que no le gustaba causar revuelo cómo sus hermanos mayores, aunque no por eso no dejaba de ser en ocasiones arrogante y egocéntrico como todo Malfoy, pero lo era con cierta medida. Además que no compartía el gusto de sus hermanos por el quidditch.
— Abraxas, ¿Seguro que no necesitas
ayuda? — Preguntó Draco Malfoy con amabilidad a su hijo.
— No padre. Si Scor y Tares pueden hacerlo por ellos mismos yo también puedo. — Respondió con amabilidad y una sonrisa ladeada el pequeño castaño.
— Ese es mi muchacho. — Dijo de manera orgullosa el rubio platinado mayor.
— ¿Y nosotros qué? — Preguntaron al unísono los gemelos Malfoy, en señal de protesta.
— También son mis adorables mocosos. — Respondió cariñoso y burlón Draco mientras Hermione reía por el desplante de sus hijos mayores.
Hermione estaba al principio nerviosa por regresar a Londres después de 18 años. Había tomado la decisión de regresar junto con Draco, ya que a este le habían solicitado ayuda para llevar a cabo una investigación de una rara enfermedad extraña que se había hecho presente aquellos últimos años. Para ver si existía la posibilidad de que el pocionista pudiera encontrar una poción que resolviera el problema. Decidió dejar su nerviosismo de lado, no tenía caso que se sintiera así por regresar a su tierra natal, después de todo si se encontraba con sus ex amigos pasaría de largo de ellos como la orgullosa bruja que era, además que Draco siempre estaría dispuesto a socorrerla.
Ese día sus tres hijos se irían a Hogwarts por primera vez, con la diferencia que Scorpius y Antares ingresan a segundo año, mientras que Abraxas a primero. En Francia los gemelos estudiaron su primer año en La academia de magia Beauxbatons, por lo tanto solo fue cuestión de transferirlos a Hogwarts.
— Papá, ¿Slytherin es parecido a Vandart?. — Preguntó con curiosidad Antares mientras seguían caminando tranquilamente al andén 9 /.
Vandart era la casa a la cual habían sido seleccionados Scorpius y Antares mientras estudiaban en Beauxbatons. Esa casa fue fundada por Viktoria Vandart, una bruja de sangre pura con gran talento mágico que tenía cierta predilección y obsesión con las artes oscuras. Era de aquellas que creía que eran de gran utilidad a la hora de defenderse de sus enemigos. Su casa acogía a aquellos alumnos que fueran abiertos en el tema académico a la hora de aprender de magia de cualquier tipo y que fueran astutos.
— Si son parecidos. Después de todo Vandart y Salazar eran viejos amigos. — Respondió con sencillez Draco.
— Me sorprende que no lo sepan. Lo dice el libro "Detrás de la historia de Beauxbatons". — Agregó en tono sabiondo Abraxas.
— ¿Y para que leíste ese libro si sabías que no ibas a asistir a Beauxbatons? — Preguntó confundido Scorpius.
— Simple curiosidad. Es mejor estar preparado ante cualquier posibilidad. — Contestó de manera sabía el niño castaño.
— Concuerdo contigo amor. — Agregó Hermione satisfecha de que su hijo practicará su hobbie favorito, el de leer libros.
— Igual que tú madre. — Dijo burlón Draco mientras giraba sus ojos. — De hecho tengo curiosidad por ver a qué casa te mandara el sombrero. Tu madre y yo hemos apostado.
— ¿Cuáles son las opciones? — Preguntó curioso Abraxas.
— Es un secreto. — Dijeron el par de esposos de manera enigmática.
Cuando se dieron cuenta la familia, ya se encontraban frente a la entrada secreta del andén.
— Cambiando de tema, es hora de hablar antes de entrar. — Habló Draco en tono serio mirando a sus tres hijos que estaban expectantes. — Cuando pasemos por el muro, es muy seguro que llamemos mucho la atención de las personas.
— ¿Cuando no ? — Añadió Scorpius de manera arrogante.
— Scor, no interrumpas a tu padre. — Reprendió Hermione al pequeño rubio.
— Bueno, llamarán la atención más de lo que están acostumbrados. — Dijo Draco girando sus ojos un poco fastidiado. — No quiero que se sientan abrumados. Lo más seguro es que se deba a que muchos tomen por sorpresa que su mamá y yo estemos juntos. Y estoy casi seguro de que habrá gente indeseable por ahí que quizás no le agrade la situación y se pongan a actuar de forma estúpida recordándonos errores pasados. — Explicó con seriedad el hombre rubio.
— Soy toda una dama, pero si no les parece que estemos ahí, pueden irse al demonio voluntariamente o yo les mostraré el camino. — Siseó Antares muy decidida y amenazante.
— Antares Draconis, ese Lenguaje. — Masculló Hermione en tono desaprobador.
— Defenderemos a mamá de cualquiera que le quiera hacer daño, a ella y nuestra familia. — añadió confiado y tranquilo Abraxas.
— Somos Malfoy, cuidamos a los nuestros. Además no hay nada de qué avergonzarse. — Concluyó sin titubear Scorpius con una sonrisa ladeada.
Draco miró orgulloso a sus tres pequeños hijos. Por su parte, Hermione les abrazó fuertemente a los tres en un gran abrazo de mamá leona.
— Bien. Es hora de entrar. — Declaró Malfoy para ver cómo sus hijos de uno en uno atravesaban el muro.
Al final lo hicieron él y Hermione.
Al principio las cosas marcharon con naturalidad, hasta que varias cabezas giraron en dirección a la familia rubia y castaña que caminaba por el andén.
Mientras tanto, en el extremo opuesto del andén, casi a su término se encontraba una pareja de esposos. Ella era pelirroja pecosa y su esposo pelinegro. No sé trataban de otros más que los Señores Potter y sus dos hijos. Estaban acompañados solamente por Ronald Weasley y su hija Rosebud, ya que Lavender y Hugo Weasley decidieron quedarse en su hogar a preparar el almuerzo.
Ginny Potter seguía manteniéndose hermosa y vestida con un vestido casual caro, que la hacía ver cómo la típica señora adinerada esposa de alguien importante. Ser la esposa del niño que vivió dos veces tenía sus ventajas. Mientras por su parte, Harry se había convertido en un apuesto hombre de complexión fuerte. Su cabellera pelinegra aún era indomable, pero a diferencia de sus años de juventud que lo hacía ver desaliñado, ahora le daba un aire rebelde al jefe de departamento de Aurores. Para orgullo de sus hijos iba vestido con su uniforme que consistía de una túnica negra con botones dorados y hombreras del mismo color, acompañados de un pantalón negro. Era una apariencia que hacía recordar a los uniformes de gala de los militares muggles. Por su parte Ronald se encontraba usando el mismo uniforme, pero en color café sin tantos condecoraciones como el de su cuñado. Desde leguas se podía observar que a Harry le favorecía más aquel conjunto.
— ¿Listos para este año chicos? — Preguntó animadamente Harry a sus hijos.
— Claro que sí papá, ya quiero llegar. — Contestó su hijo mayor llamado James.
James Sirius Potter Weasley era el primogénito de Harry Potter. Fue nombrado a si como homenaje a su padre y su padrino. James era todo un calco de su abuelo paterno, ya que conservaba la cabellera pelinegra de los Potter, con la ligera diferencia de sus ojos marrones como los de su madre. En ocasiones tendía a ser excesivamente confiado y arrogante.
— Mmm Claro que si. — Susurró un poco dudoso su segundo hijo Albus.
Por otra parte, el segundo hijo de Harry era todo lo contrario al primero en personalidad. El pequeño Albus Severus Potter Weasley era muy serio y astuto para su edad. En varias ocasiones entró en conflicto con su familia por ser muy diferente a ellos. Al igual que su padre y hermano era pelinegro, pero él había heredado los ojos hermosos esmeralda de Harry y su abuela Lily.
— ¿Ahora qué sucede Albus? — Preguntó fastidiada su madre. No fue ninguna sorpresa para nadie que Albus hiciera que su madre perdiera los estribos, ya que lo hacía con frecuencia.
— Es que yo… Papá, ¿Podemos hablar en privado? — Preguntó tímidamente el pequeño pelinegro.
— Claro que … — Iba a articular su respuesta el mencionado, pero fue interrumpido por su esposa.
— No Albus, di lo que tengas que decir aquí frente a todos nosotros. ¡Cómo lo haría un gryffindor! — Respondió un poco enojada y exasperada Ginevra.
Harry por su parte se quedó callado, no quería hacer enojar aún más a su esposa.
— Yo no estoy muy seguro de quedar en gryffindor. — Dijo con inseguridad el menor de los Potter.
— ¡Albus, qué tonterías dices ! — Rió su madre por la ocurrencia escuchada.
— Todos los Weasley vamos a gryffindor, no tienes porque preocuparte sobrino. — añadió Ron con orgullo para después reír junto a Su hermana y Rose.
James y Harry se miraron a los ojos en silencio. Estaban preocupados por lo que pasaría ese día, sabían que Albus no era igual a ellos. Por su parte, Albus miró al suelo un poco triste. Sabía que él podía pedirle al sombrero seleccionador que le colocara en gryffindor, pero no quería arriesgarse ante eso. No quería cometer el mismo error de su papá de negar su verdadera casa, de conocer a sus verdaderos amigos.
Después de meditarlo unos segundos, el menor de los Potter sonrió quedamente de lado. Aceptaría las consecuencias de sus acciones por estar en su verdadera casa.
Le sonrió a su padre y hermano tranquilizadoramente. Harry suspiró aliviado, pensando ilusamente que su hijo escogería gryffindor. Ya había tenido una plática anterior con sus dos hijos sobre la situación de que los Potter debían ser gryffindor y no slytherin.
En eso la pequeña Rose interrumpió el momento tan tenso que se había formado.
— Papá, ¿Quiénes son esos niños tan rubios? ¡Su cabello es fantástico! — Preguntó con curiosidad la niña pelirroja a su padre.
Todos voltearon hacia donde señalaba la pequeña y pudieron ver a dos niños tan rubios acompañados de un castaño, pero aquello no fue lo sorprendente de la situación, sino que todos se quedaron mudos al reconocer a los adultos que les acompañaban.
La familia Malfoy se instaló casi al final del andén con la esperanza de que pasarían desapercibidos en ese lugar.
— ¿Están seguros de que no se les olvida nada ? — Dijo Hermione Malfoy mientras evaluaba con la mirada a sus hijos.
— No Madre. Mi baúl está organizado desde hace dos semanas. — Respondió Abraxas sonriendo de lado.
— ¿Seguro que no eres hijo de tu padrino Theo? — Preguntó asustado Draco poniendo cara de horror.
Por su parte, Hermione le aporreó la cabeza.
— No seas tonto, Draco. — Masculló molesta la castaña ocasionando las risas de sus tres hijos.
— Supongo que me parezco demasiado a mamá. — Contestó sin preocupación al cuestionamiento de su padre el niño castaño.
— Scorpius, Antares. ¿Qué hay de ustedes? — Cuestionó Draco. — No quiero tener nada que mandar por lechuza…
Los pequeños Malfoy iban a contestar, pero fueron interrumpidos por Ronald Weasley.
— Hermione, ¿Eres tú? — Preguntó asombrado, pero titubeante el pelirrojo.
— Por Godric. — Añadió sorprendido Harry con ojos saltones.
Ginny estaba incrédula. Sus hijos y Rose guardaron silencio.
Hermione miró incómoda a su esposo, este le hizo un asentimiento de cabeza imperceptible. Los gemelos y Abraxas se prepararon mentalmente para lo que venía. Fue así como la matriarca Malfoy dejó sus emociones de lado y compuso una máscara de frialdad digna de una sangre pura.
— Hola Weasley. Potter 's. — Saludó con cortesía y frialdad Hermione sin componer ninguna sonrisa.
— ¿Como que Weasley y Potter? ¡Se supone que somos amigos! — Respondió incrédulo Ronald.
— Señor Weasley, usted hace 18 años se encargó de romper nuestra amistad. Desde luego, el señor Potter no se quedó atrás al hacerme saber que amigo tenía más valía para él. ¿Es que ya no lo recuerda? — Explicó mordaz la castaña dedicándole una mirada fría.
— Vamos, si tú tuviste toda la culpa. Nunca nos escribiste ni nada. Pensamos que volverías a disculparte con nosotros, pero no fue así. — Explicó irritado el pelirrojo mirándola de mala manera.
— Vaya Weasley, en verdad que sigues siendo estúpido y cínico, pensé que los años te ayudarían, pero eso sería pedir un milagro. — Siseó petulante Draco sonriendo de lado. Vio como el aludido adquirió un tono rojizo en su rostro del coraje. Los Potter y Weasley decidieron ignorar al rubio y centrarse en Hermione.
— Hermione, ¿Qué te sucedió?. Está no eres tú. — Preguntó preocupado Harry mirando dolido a su amiga, antes de que Ronald dijera alguna estupidez más.
— Potter. Usted y yo no tenemos ninguna relación de amistad como para que tenga el atrevimiento de usar mi nombre. Le pido de la manera más amable que use mi apellido. O de preferencia no se dirija a mi. Usted no me conoce. — Siseó con frialdad la mujer castaña. Aquellos ojos castaños intimidaron al niño que vivió.
— ¡Oye! ¿Quién crees que eres para hablarle así a Harry? Después de todo, tú fuiste la egoísta que se fue de Londres. — Gritó Ginny molesta atrayendo la atención de algunas personas de la estación.
— Mamá, tranquilízate. — Pidió nervioso James, pero fue ignorado en el intento.
— Oh, querida Ginevra. ¿Cuánto tiempo ha pasado? O ¿Prefieres que me dirija a ti como Potter?. — Preguntó con falsa cortesía la señora Malfoy. — Veo que te has acostumbrado a la vida de lujos que te da tu marido. — Siseó maliciosa barriendo con la mirada a la mujer pelirroja.
— Al menos sabes reconocer cuando alguien es superior a ti, Hermione. — Contestó arrogante regalandole una sonrisa superior a la castaña.
Hermione se rió elegante, más no dijo nada ya que Draco se le adelantó.
— Aunque vistas con ropa de calidad, siempre serás una pobretona Weasley. — Le dijo con sutileza el rubio sonriendo de lado malicioso.
— Aunque la mona se vista de seda, mona se queda, padre. — Dijo Antares arrogante.
— ¡Argh, estúpido Mortifago! — Gritó Ginny indignada a punto de sacar su varita, pero fue detenida por su esposo.
— Malfoy, no insultes a mi esposa. Mucho menos voy a permitir que tus hijos se metan en esta conversación. — Contestó Potter mirándolo fulminante.
— Exacto, asqueroso mortifago. Llévate a tus críos de aquí que Hermione no tiene nada que ver con ustedes. — Respondió muy molesto Ron.
Hermione, Draco y sus tres hijos le miraron con incredulidad. En serio que podía ser imbécil la comadreja mayor. Empezaron a reír toda la familia Malfoy despectivamente, pero sin perder la elegancia.
— ¿Qué es tan gracioso? — Masculló molesto el pelirrojo.
— En serio tienes la inteligencia de una comadreja, Weasley. Siempre lo creí, pero ahora lo afirmó. — Contestó despectiva Hermione sin perder su toque elegante mientras sonreía de lado.
— ¡Hermione! ¿Qué sucede contigo? — Preguntó impactado nuevamente Harry.
— Ya te dijo mi esposa que no uses su nombre. Para ti es la Señora Malfoy. — Siseó Draco petulante saboreando las palabras dichas. Hermione solo se limitó a sonreír sin decir nada.
Los otros adultos se quedaron mudos. Ronald empezó a analizar las cosas frente a él. Esos niños que los acompañaban eran los que se había encontrado en Flourish y Blotts. Ahora entendía aquella actitud que gritaba Malfoy a los cuatro vientos. En verdad que Ronald se encontraba asqueado, su amor verdadero había decidido casarse con su peor enemigo.
— No puede ser. ¡Te casaste con un jodido Mortifago, Mione! —gritó Harry tratando de no jalarse los cabellos.
— Y pensar que abandonaste a Ron por esto. — Contestó despectivamente Ginny.
— Eso no es lo peor. Te atreviste a tener tres pequeños Mortifagos con él. ¡Eres una zorra! — Insulto un muy molesto Ron.
Con rapidez impresionante Draco sacó su varita de su túnica y apuntó sin vacilar al pelirrojo, pero no fue su varita la que lanzó el hechizo, sino Scorpius Malfoy.
— Nullus oris. — Recitó con elegancia y determinación el hijo mayor de los Malfoy.
Por su parte, su gemela también sacó su varita rápidamente antes de que alguien reaccionara.
— Petrificus Totalus. — Dijo Antares apuntando a su objetivo.
El resultado fue un Ronald Weasley petrificado sin boca.
— ¡Papá! — Chillo Rose acercándose a ver el estado de su padre.
— ¡Tus hijos han hecho magia fuera de Hogwarts! — Mencionó Ginny incrédula.
— Eso es ilegal. — Respondió con el entrecejo fruncido el pelinegro.
— Mis hijos tienen permiso para realizar magia justificada fuera de la escuela. — Respondió encogiéndose de hombros Hermione.
— ¡Te parece justificación atacar a un auror! — Dijo Harry molesto.
— Por supuesto, solo han defendido a su madre de unos trolls como ustedes. — Siseó Draco amenazador. Dando unos pasos acercándose a Harry. — Les voy a decir unas cosas que quiero que queden claras. No voy a permitir que un trío de ineptos como ustedes vengan a insultar a mi familia. No existen razones o motivos. Si por cualquier situación me llegara a enterar que le hacen algo a mi esposa e hijos, me encargaré de hacerles la vida imposible a ti y Weasel.
— ¿Es una amenaza Malfoy? — Preguntó con un poco de esfuerzo Harry tratando de no verse intimidado por la mirada acerada.
— Tómalo como quieras San Potty. Les estoy ahorrando el mal rato. No los quiero ver cerca de ellos. — Concluyó el rubio con seriedad mortal.
— ¿Sabes que puedo arrestarte en este mismo momento por amenazar mi integridad? No por nada soy cercano al ministro de magia y tengo la autoridad para hacerlo. — Dijo de forma insinuante el pelinegro mirando fulminante al rubio.
— Ay, Potter. Ya te habías tardado en presumir tus grandes influencias de héroe de guerra. — Contestó condescendiente Draco. — Aunque dudo que Kingsley vea bien que me arresten sin haber cometido delito. Además, no le gustaría ver a una de mis hijas, que es al mismo tiempo su ahijada llorar porque arrestaron injustamente a su padre. — Añadió con sutileza sin dejar de sonreír satisfactoriamente.
Harry Potter se quedó helado ante la respuesta, ¿Acaso Malfoy y Kingsley se llevaban bien ?. Lo más seguro es que sí, como para que el ministro fuera padrino de la hija de Malfoy. Estaba apunto de dar su contestación, pero la mujer castaña rizada se lo impidió.
— Creo que no le convendría hacer eso de todos modos señor Potter. Después de todo mi esposo no está cometiendo ningún delito. A menos que quiera ir a juicio para comprobarlo, ¿Acaso trata de enseñarme leyes a mi, una abogada defensora de excelencia en el ministerio Francés? — añadió Hermione en un tono muy dulzón, pero sin dejar de sonar amenazante, lanzándole una mirada fiera al niño que vivió.
Este le miró sorprendido. Rápidamente declinó la idea de arrestar a Malfoy. Tenía todas las de perder, ya que contaban con Kingsley, y Hermione era una persona de cuidado. Harry suspiró derrotado y se giró en dirección de sus hijos.
— ¿Vas a dejar que te hablen así? — Preguntó Ginny molesta a su marido.
— Ahora no Ginny—Le dijo con seriedad el pelinegro mirándola duramente. Después se dirigió a los niños. — Suban al tren, espero con ansias su carta en la noche. — Sonrió Harry a sus hijos pequeños. Después giró para ver a una Rose preocupada. — Tú también sube Rose. Yo me encargaré de tu padre.
— Espero que le des una lección a esos señores mal educados. — Contestó de mala manera y petulante la pelirroja para después subir al tren perdiéndose de vista.
Hermione y Draco querían partirse de risa en ese momento al ver el desplante de la pequeña Weasley, pero debían mantener la compostura.
— Claro papá, nos vemos luego. — Se despidió un poco incómodo James abrazando a su padre y madre.
— Adiós. — Albus solo se acercó a abrazar con rapidez a su padre. Fue muy notorio la mirada irritada que Ginny le dedicó a su hijo antes de subir al tren junto con su hermano mayor.
Los Malfoy se miraron uno al otro interrogantes con las cejas arqueadas. ¿Acaso habían visto mal o Ginevra Potter había hecho menos a uno de sus hijos? Vale, a veces Draco tenía que usar lentes por sus problemas de vista leves, pero estaba cien porciento seguro de lo que presenció, al igual que Hermione.
— Bueno, no nos queda más que hacer aquí. — Dijo Harry Potter irritado alejándose del lugar mientras levitaba a un Ronald que seguía petrificado.
— ¡Pero Harry! — Mencionó berrinchuda e inconforme su esposa corriendo detrás de ellos.
Toda la familia Malfoy guardó silencio, para después suspirar aliviados.
— ¿Ven con lo que me refería al "encontrarnos con personas desagradables? — Preguntó Draco un poco cansado por todo lo que había acontecido.
— Te doy toda la razón del mundo papá. — Dijo Scorpius suspirando cansado.
— Los Weasley y los señores Potter se ve que son personas "muy agradables" — Dijo con sarcasmo Abraxas.
— Mamá, ¿Cómo pudiste ser amiga de gente como esa? — Preguntó incrédula Antares dirigiendole una mirada de horror a la castaña mayor.
— La costumbre, hija. Estaba cegada y no quería reconocer la verdad. — Suspiró cansada la rizada castaña. — Bueno basta de esta situación horrible y vengan los tres a abrazar a mamá. — Dijo Hermione de forma alegre y tierna abriendo sus brazos en su totalidad para que sus hijos le correspondieran el abrazo.
Rápidamente sus tres hijos cerraron sus brazos en torno a ella como pudieron.
— Mamá, te queremos mucho. — Dijeron los tres al mismo tiempo abrazando a su mamá cariñosamente.
— ¡Oigan! ¿Qué hay de mí? ¿No estoy invitado al abrazo?. — Preguntó ofendido Draco mirando interrogante a sus hijos.
— Tú no papá, tú podrás seguir abrazando a mamá a diario, pero por esta vez haremos una excepción. — Contestó Scorpius en tono sabiondo haciendo que Draco bufara indignado ante tan buena respuesta de su hijo.
— Ven aquí, Hurón. — Mencionó Hermione entre una combinación burlona y tierna invitándolo a unirse el abrazo. Él sonrió de lado.
— No me digas así, leona. Pero les concedo un gran abrazo de Draco Malfoy. — Dijo arrogante el rubio para después abrazar a su familia cariñosamente.
— Los vamos a extrañar mucho. — Comentó melancólica la señora Malfoy deshaciendo el abrazo grupal. — No quiero que se metan en problemas. — Les miró con advertencia.
— En problemas no necesarios e injustificados. — Agregó astutamente Draco recibiendo un asentimiento energético de cabeza de sus tres hijos y un pequeño golpe en el brazo gracias a su esposa. — Y lo más importante. No importa en qué casa queden. Somos Malfoy y siempre seremos los mejores sin importar a donde vayamos a parar. ¿Entendido? — Dijo mirando a sus hijos con orgullo sonriendo de lado.
— Si papá, los queremos mucho. — contestó Antares feliz.
— Scor, cuida de tus hermanos menores. — pidió Draco autoritario.
— No era necesario pedirlo, papá. — Contestó tranquilo el rubio rizado.
De repente sonó el tercer pitido del tren para anunciar la tercera llamada para subir.
— Suban al tren niños, este no tardará en irse. Cuidense mucho y escriban seguido, porque los demás en la mansión estarán felices y ansiosos por saber de ustedes. — Les dijo Hermione sonriendo cálidamente.
— Claro que sí mamá. — Respondió Abraxas con una sonrisa.
Rápidamente los tres hijos del matrimonio subieron al tren y se situaron en un vagón.
Cuando menos se dieron cuenta el tren empezó su movimiento. Se asomaron por la ventana los tres chiquillos Malfoy.
— ¡Adiós! Les quiero— Gritó Antares
— ¡Yo más que ellos!. — Gritó Scorpius arrogante.
— ¡Díganle a los abuelos y a mis hermanos que nos escriban! — añadió un feliz y relajado Abraxas.
Fue así como Hermione con lágrimas de felicidad y melancolía en el rostro despedía a sus tres hijos mayores que iban a hogwarts, mientras era reconfortada por su amoroso esposo Draco.
— ¿Crees que vayan a estar bien Dragón? — Preguntó con un poco de preocupación la ex princesa de gryffindor.
— Son Malfoy, Leona. Estoy seguro que al llegar a la escuela los demás van a caer de inmediato en sus encantos y ellos dominaran Hogwarts. — Dijo petulante el rubio con una sonrisa ladeada. Aquella sonrisa que le gustaba tanto a la leona. — Además, acostumbrate. Aún nos faltan más Malfoy por traer a la estación para su primer día en Hogwarts. Tienes muchos años para que te acostumbres a la sensación. — Añadió optimista el ex príncipe de slytherin. Hermione sonrió amorosa y feliz para después tomar la mano de su esposo para retirarse por fin del andén.
