"Yo soy la Señora Malfoy y este es mi legado"


Capítulo tres: El reflejo de la abuela Malfoy y el gran brillo del dragón.


Expreso de Hogwarts.Lunes 1 de septiembre de 2017.

Fue así como los hijos del matrimonio Malfoy se encontraban ya instalados y cómodos en uno de los vagones de hasta el final. Abraxas se encontraba leyendo "Historia de Hogwarts" atentamente, mientras que Scorpius comía pasteles de caldero y Antares acariciaba a su gato negro que se encontraba ronroneando en su regazo cómodamente.

— No se porque quisiste tener esa cosa en lugar de una lechuza. — Habló con desdén el rubio mayor mirando al gato de su hermana.

— Porque no tenía sentido tener una, después de todo tenemos a Fenrir y Fobos. Por eso decidí tener a Nix. — Explicó calmadamente la rubia rizada haciéndole caricias a su gato, este miró fulminante a Scorpius con sus ojos verdes.

Scorpius le regresó la mirada al gato de su hermana, no era ningún secreto para nadie que ellos dos no se llevaban bien por la simple razón de que peleaban por la atención de Antares. Analizando la situación ella tenía razón, con su águila Fenrir y la lechuza de Abraxas llamado Fobos bastaba para mandarse correspondencia con su familia. Los pensamientos complejos de Scorpius fueron interrumpidos por la repentina aparición de un par de chicos en la puerta abierta del vagón.

— Ammm disculpen. — Dijo James un poco tímido, carraspeando la garganta.

Los tres hermanos Malfoy en automático dejaron sus actividades de lado. Los reconocieron de inmediato como los hijos del señor Harry Potter, uno de los individuos que habían fastidiado a sus padres en la estación de King Cross. Se pusieron alerta.

— Hola, ¿Que se les ofrece Potter 's? — Preguntó educadamente Scorpius a los recién llegados sin expresar emoción alguna. James se quedó mudo, no sabía muy bien qué palabras usar. Por su parte Albus le dió un leve asentimiento de cabeza, él no estaba muy nervioso como su hermano.

Los Malfoy le veían expectantes.

— Hola, chicos. Ammm, veníamos a pedir disculpas. — Contestó nervioso James mirando a Albus en busca de apoyo.

— ¿Disculpas? — Preguntó intrigada Antares.

— Interesante...— Susurró curioso Abraxas.

— Si, por el comportamiento de nuestros padres y tío. Sabemos que no fue buena la manera en la que trataron a vuestra madre. Incluso consideramos que fue injusta. — Añadió tranquilizadoramente Albus. — Sabemos que las cosas en el pasado no fueron de lo mejor en la relación de nuestros padres.

— Pero ellos son ellos y nosotros somos la nueva generación, así que por esa razón queríamos pedirles disculpas por ellos. — Dijo James ya un poco más tranquilo. — Soy James Potter, y él es mi hermano Albus. Espero y podamos ser amigos. — Añadió amistoso extendiendo la mano a Scorpius.

Los tres hermanos de ojos grises se miraron en silencio analizando. Vaya ironía que en el pasado Draco Malfoy era el que había ofrecido su amistad a Harry Potter. Ahora las cosas están siendo al revés, ya que los Potter estaban buscando la amistad y compañerismo de los Malfoy.

Después de evaluarse con la mirada, Antares y Abraxas asintieron hacia su hermano mayor, este sonrió de lado y correspondió el saludo del hijo mayor de los Potter.

— Por nuestra parte no hay rencor y aceptamos tus disculpas. Soy Malfoy, Scorpius Malfoy. — Dijo con humor el rubio rizado estrechando la mano de James para después hacer lo mismo con Albus.

— Nuestros padres no lo creerán cuando se los contemos, se pondrán muy contentos. Por cierto, soy Antares Malfoy. — sonrió optimista la rubia rizada a los dos pelinegros.

— ¿Ustedes son una especie de gemelos? — preguntó curioso Albus.

— Gemelos idénticos. — Dijeron al unísono los mencionados restándole importancia al asunto.

— Bueno, por mi no hay problema en que seamos amigos, siempre y cuando puedan soportar el estilo Malfoy. Soy Abraxas. — Comentó irónico sonriendo de lado, el único hijo castaño que estaba presente de los Malfoy.

— Un gusto. — Dijo optimista Albus.

— Ahora que te veo mejor, tu eres el más parecido a tu madre. Mis padres me habían contado que los Malfoy siempre eran rubios, pero eres la excepción. — Contestó emocionado James analizando al castaño frente a él.

Los tres hermanos Malfoy rieron elegantemente.

— Creeme, no soy el único castaño en mi familia. Es una larga historia. — Dijo con humor Abraxas ante la cara de confusión de los Potter.

— Aunque nosotros también podemos ser castaños como nuestra madre si deseamos. — Añadió enigmática Antares mientras hacía que su cabello fuera castaño. Scorpius hizo lo mismo.

— Oh, por Merlín. Son metamorfomagos. — Expresó Albus sorprendido. El único mago con esa habilidad que conocían era su primo Teddy Lupin, pero no le veían muy seguido.

— Joder con los Malfoy, siempre se descubren cosas nuevas e interesantes — Halagó James sonriendo pícaro y divertido.

Pasó el tiempo rápidamente en el vagón, entre risas y bromas. Solo eran un grupo de cinco niños conociéndose, cuando de repente nuevamente la puerta del vagón se abrió.

— Con que aquí estaban. — Dijo la voz de un niño castaño oscuro lacio con ojos azul eléctrico.

— Olvidamos que teníamos que ir con las fotocopias. — Expreso Scor un poco alterado. Odiaba fallar en sus compromisos.

— Seguramente Lysander, Lorcan y Dora podrán perdonarnos. ¿Verdad chicos? — Dijo Antares con tranquilidad.

— Si tienen una excusa lo haremos. — Contestó el otro gemelo, pero rubio identificado como Lorcan.

Lysander y Lorcan eran los gemelos y primogénitos del matrimonio Nott. Eran tan diferentes entre ellos, pero a la vez iguales. En ocasiones se parecían más a su padre Theodore Nott, pero eso no dejaba de hacerlos también hijos de Luna Nott, ya que eran muy inteligentes emocionalmente. Lysander era Slytherin, mientras que Lorcan Ravenclaw. Ellos desde el primer año si habían asistido a Hogwarts.

Por otro lado estaba su hermana menor, Pandora Nott. Era la hija rubia del matrimonio, la más parecida a su madre en físico y actitud. Una persona muy especial, inteligente y tierna a la vez. Este era su primer año en Hogwarts.

— ¿Dónde está Bruno? — Preguntó Abraxas notando la ausencia del chico moreno.

— Fue al carrito, no debe de tardar. — Respondió con una voz muy suave y tranquila Pandora Nott.

— ¡Ya llegó por quién lloraban ! — Gritó un moreno pelinegro ingresando al vagón cargado de dulces. — Joder, ¿Qué hacen los Potter aquí? — Preguntó sorprendido.

— Nos estábamos conociendo hasta que aparecieron. — Explicó el Malfoy castaño con tranquilidad.

Bruno Zabini Parkinson era el hijo mayor de Blaise y Pansy Zabini. Era un pelinegro de ojos verde aceituna muy rebelde y gracioso, ya que siempre que tenía la oportunidad se metía en problemas. Al igual que los gemelos Nott, este era su segundo año en Hogwarts siendo una digna serpiente al igual que sus padres.

— Interesante, yo quiero quedarme. — Dijo Bruno entusiasmado.

— Aún así nos íbamos a quedar, imbécil. — añadió Lysander incrédulo.

Fue así como ese grupo tan peculiar de chicos salió de los vagones siendo amigos. Al parecer no importaba quienes eran sus padres, sino lo que ellos eran y representaban en ese momento como hijos de ellos.


Estación de HogsmeadeLunes 1 de Septiembre de 2017

El viaje se les hizo ligero al grupo de niños y cuando se dieron cuenta ya estaban en la estación de Hogsmeade. Al salir se toparon con un mar de estudiantes caminando por todos lados. Un grito ensordecedor se escuchó en los alrededores.

— ¡Los de primer año por aquí! — Gritó un hombre de gran estatura y grandes barbas negras con su voz gruesa haciéndose notar entre toda la multitud.

— ¿Alguien sabe hacia dónde tenemos que ir nosotros? Al menos Pandora, Abraxas y Albus saben dónde tiene que ir. — Preguntó con duda Scorpius, mirándo incrédulo el mar de gente.

— Podemos preguntarle a Hagrid, es muy amable. — Dijo James optimista mientras todos le seguían hacía el hombre semigigante.

— Hola Hagrid. — Saludó James sonriendo de oreja a oreja. Al aludido le brillaron los ojos contentos.

— James, ¿Quiénes son tus amigos? — Preguntó curioso Hagrid evaluando a los acompañantes de su alumno, aunque su mirada se detuvo en Albus. — Tu debes de ser Albus, eres una copia de tu padre.

— Gracias. — Contestó tímido y un poco incómodo el pelinegro. No le gustaba que lo compararan con su padre.

— Zabini, Gemelos Nott. De nuevo nos encontramos. — Mencionó feliz el semigigante a sus alumnos.

— Hola Hagrid, esta es nuestra hermana menor Pandora. — Dijo Lorcan mostrándole a su hermana menor.

— Eres igual a tu madre, Una mini Luna. — Halago el profesor.

— Muchas gracias. — Dijo dulcemente la rubia de ojos azul cielo.

— Estos son mis amigos, los Malfoy. — Dijo James con tranquilidad.

Hagrid al escuchar ese apellido se puso alerta y serio. Empezó a mirar con más detenimiento a los tres jóvenes que parecían ser hijos de Draco Malfoy, aunque había algo que le llamaba mucho la atención en ellos. La niña rubia le sonrió amablemente, rápidamente pudo deducir porque se le hacían tan familiares.

— ¡Por las barbas de Merlín! — Expresó sorprendido el semigigante abriendo mucho los ojos.

— ¿Pasa algo señor? — Preguntó con seriedad Scorpius.

— Su hermana, tiene la sonrisa de una antigua alumna mía muy querida que no veo hace años. — Explicó con añoranza Hagrid, mirando a la niña rubia

— ¿De casualidad esa alumna era Hermione Granger? — Pregunto Abraxas irónico.

— ¡Si! ¿Cómo es que lo saben? ¿Son legeremantes como su padre? — Preguntó anonadado el profesor de larga y robusta barba.

— Nuestra madre es Hermione Granger. — Dijo Scorpius orgulloso.

— Jamás lo hubiese imaginado, aunque el parecido con ella es notorio en cada uno de ustedes. Díganme sus nombres pequeños. — Comentó Hagrid emocionado.

— Yo soy Scorpius, soy el mayor. — Se presentó arrogante el rubio.

— Eres el vivo reflejo de tu padre, solo que rizado. Me agradas chico. — Dijo el semigigante.

— Soy Abraxas. Un placer conocerlo profesor. — Habló educado el pequeño niño castaño.

— Nunca en mi vida había visto a un Malfoy que no fuera rubio. Eres muy especial como tu madre. — Sonrió contento el gigante pasándole una mano por el cabello al castaño para despeinarlo.

— Soy Antares. La gemela de Scorpius. — Se presentó contenta la rubia.

— Eres igual que tú madre, aunque en rubia. Espero que todos nos llevemos bien. — Dijo optimista el profesor. — Bueno, me imagino que los tres son de primer año, así que tienen que venir conmigo a los botes.

— Amm, de hecho esa es nuestra duda. No sabemos a dónde ir porque Antares y yo ingresamos a segundo. — Explicó confundido Scorpius.

— Nos transfirieron de Beauxbatons. — Añadió Antares.

— Por eso veníamos a buscarte Hagrid, tú siempre sabes que hacer. — Dijo James halagador.

— Oh ya veo. Aún así vengan conmigo, técnicamente es su primera vez en Hogwarts. Y cada niño nuevo debe pasar por su selección y viajar en los botes. — Explicó entusiasta el semigigante.

— Que alivio, por un momento creí que nos habíamos perdido. — Susurró Scorpius aliviado.

— Qué dramático eres. — Le Susurró como respuesta su hermano Abraxas.

— Bueno, entonces los dejamos con Hagrid, sino no alcanzaremos carruaje. — Explicó Lysander a sus amigos.

— Les encargamos a Dora. — Pidió amablemente Lorcan Nott.

— Si alguien se cae del bote no olviden tomar una foto. — Dijo Bruno Zabini con buen humor pasándole una cámara mágica a Scorpius. Antares le dio un zape en su cabeza.

— Yo también me voy con ellos. Nos vemos en el gran comedor. — Les dijo James a los demás para después acercarse a su hermano Albus y susurrarle bajito. — No tienes que ir a Gryffindor si no quieres, nosotros seguiremos siendo hermanos pase lo que pase. Sigue tu corazón. — Le dijo en tono amable y fraternal el pelinegro al de ojos esmeralda, Albus le miró sorprendido, pero no dijo nada.

Scorpius había escuchado sin querer el comentario que James le dirigió a Albus. Más tarde con él lo hablaría.

Fue así como los gemelos rubios, Abraxas, Pandora y Albus se fueron en bote con Hagrid.

Ver Hogwarts por primera vez desde el lago negro era un espectáculo majestuoso. El gran castillo en la noche sobresalía gracias a las luces y antorchas mágicas que ya se encontraban prendidas. Llegaron a la orilla sanos y salvos y descendieron de los botes para dirigirse al gran comedor.

Mientras iban caminando, Scorpius jalo la manga de la túnica de Albus y con voz tranquila y monocorde empezó a hablar.

— Apuesto a que serás un gran Slytherin Albus. — Comentó tranquilo. El aludido le miró confundido.

— ¿Cómo sabes que iré a la casa de las serpientes? — Preguntó el pelinegro.

— Hace rato en la estación, accidentalmente escuché lo que te dijo James. Además, no es demasiado difícil de adivinar que tus padres te están presionando para que quedes en gryffindor, pero toda tu personalidad tiene cualidades de serpiente. — Explicó con seriedad el rubio rizado.

— Por años, los Weasley han quedado en Gryffindor siendo valientes leones. Mi abuelo James, mi abuela Lily e incluso mi padre también lo fueron, James ahora es León. Toda mi familia ha estado en la casa roja. Me había resignado a seguir el camino familiar, porque tengo miedo de lo que pueda pasar más adelante. — explicó con tristeza Albus.

Scorpius se compadeció de su amigo. Al presenciar cómo habían reaccionado sus padres y tío de Albus con sus propios padres le había dado una idea de que no eran para nada tolerantes.

— ¿Sabes algo? Por años los Malfoy de nacimiento siempre han sido Slytherin. No ha existido ninguno que rompa con esa tradición. — Dijo con mucha tranquilidad Scorpius. De inmediato aquello llamó la atención de Albus. ¿Porque su amigo estaba tan tranquilo por tener que obedecer aquella tradición?. — Después de que James y tú subieran al tren en King Cross, mis padres nos dijeron que no importaba qué casa nos acogiera. Lo importante es que fuéramos los mejores e hiciéramos honor a nuestro apellido. — comentó orgulloso el rubio rizado.

— ¿En serio? Entonces tus padres decidieron que se terminara la tradición de tu familia. — Dijo sorprendido el pelinegro.

— Exacto. Aunque lo más seguro es que Tares y yo seamos seleccionados a Sly, aunque no estamos muy seguros con Abraxas. Es todo un enigma. — Sonrió divertido Scor. — Por eso te lo comento, tu eres el que decide tu destino Albus. No tu familia, ni ninguna tradición familiar. Escoge dónde más te sientas bien y seas tú mismo. — Le dijo sabiamente. Albus se quedó mudo pensativo. — Además, no se si tu padre alguna vez te lo dijo, pero tú segundo nombre es el que tenía el padrino de mi padre.

— ¿Severus? — Preguntó con curiosidad Albus.

— En efecto. Era un grandioso y talentoso slytherin. Desconozco las razones por las cuales tu padre te puso el nombre del tío Sev, pero de algo estoy seguro. Fue un gran hombre. — Contestó con admiración Scor. — Escoge sabiamente.

— Lo haré. — Sonrió de lado Albus.

El viaje que restaba la pasaron todos en silencio. Al llegar al gran comedor los demás alumnos ya se encontraban en sus asientos. Identificaron a sus amigos rápidamente. A un lado del atril, frente a la mesa de profesores se encontraba un pequeño banquito. Neville Longbotom profesor de herbología les esperaba sosteniendo el sombrero seleccionar.

— Buenas noches alumnos, cuando escuchen su nombre favor de pasar a sentarse para ser seleccionados. — Comentó con amabilidad el profesor.

Todos se pusieron ansiosos e inquietos.

— Abraxas Malfoy. — Dijo con firmeza Neville.

En el gran comedor empezaron a cuchichear los alumnos. No sabían que Draco Malfoy había tenido hijos. Encima uno de ellos era castaño. El aludido camino un poco nervioso, más no dejó que sus emociones lo controlarán y se sentó firme y serio en el banquito.

— ¡Por fin un Malfoy! Pensé que ese rubio obstinado no había tenido hijos. — Dijo la voz del sombrero dentro de la cabeza de Abraxas, refiriéndose a Draco con burla. — Mmmm fascinante, un Malfoy muy fascinante. Tienes la astucia y perseverancia de un Slytherin como tú padre, pero hay un rasgo que sobresale más en tí heredado por tu madre. Tu inteligencia e imaginación te dan la bienvenida a... — Comentó serio y satisfecho el sombrero para después gritar a los cuatro vientos. — ¡Ravenclaw!

Todo el gran comedor se quedó en silencio, tanto alumnado como profesores. Al parecer Abraxas era el primer Malfoy que no iba a Slytherin. Después de la sorpresa inicial la mesa de las águilas aplaudió a su nuevo miembro. No les interesaba si era hijo de un ex Mortifago, si había sido seleccionado a su casa era un mago digno.

— Puf, ya lo sabíamos viejo sombrero, dinos algo nuevo. — Susurró petulante Antares a Scorpius.

— Scorpius tenía razón. Su hermano fue seleccionado a otra casa. — Pensó Albus.

Abraxas miró a sus hermanos con curiosidad, para después encogerse de hombros y sonreír de lado. Se fue a sentar a la mesa de las águilas, ahora su túnica era la característica para los Ravenclaw. Se sentó a un lado de su amigo Lorcan Nott.

— ¡Antares Malfoy! — Gritó el profesor Longbotom contento al ver las caras sorprendidas de los alumnos.

Todos pudieron apreciar como una niña muy parecida a Draco Malfoy con ligeras diferencias claro está, se sentaba con elegancia en el pequeño banquito. Era muy sorprendente ver por fin una Malfoy, ya que por muchos años todos habían sido hombres.

— ¡Una niña Malfoy! ¡Ja! Jamás creí presenciar algo así. — Mencionó el sombrero en la cabeza de la niña. Está hizo una mueca.

— Menos cháchara y más trabajo. — Pensó con fastidio la rubia rizada.

— Igual de mandona que la madre, de eso no hay duda, pero astuta, calculadora, perseverante e inteligente en gran medida, aunque muy obstinada como el padre. Lograrás grandes cosas al igual que tu otro hermano. Tu al parecer no romperás tanto la tradición Malfoy, así que te pondré en… — Dijo el sombrero haciendo su pausa enigmática para gritar a todo pulmón. — ¡Slytherin!

Con efusión la casa de las serpientes se puso a aplaudir recibiendo a Antares que sonreía con suficiencia con su nuevo uniforme verde. La recibieron Lysander y Bruno contentos.

— Scorpius Malfoy — Dijo Neville llamando al mencionado.

Vaya que eso no pasaba todos los años. Siempre en hogwarts llegaba solamente un Malfoy por generación. Esta vez era raro que llegaran tres.

Con paso decidido el rubio rizado se sentó en el banquito y miró con fiereza al frente para cerciorarse que todos mantuvieran su boca cerrada y no tuvieran la osadía para comentar algo en contra de sus hermanos y él.

— Que agradable sorpresa, otro Malfoy. El primogénito de la familia. — Dijo halagador el sombrero. — Por fuera eres como tú padre, pero por dentro eres una combinación de los dos. Valiente y de buen corazón como tu madre Gryffindor, aunque inteligente y lógico como los Ravenclaw. Por otro lado eres leal como los mejores tejones, pero astuto como el gran líder que eres. Cuánta ambición en un pequeño cuerpo. — Explicó con deleite el sombrero para satisfacción y vanidad de Scorpius. — Muy pocas veces me encuentro con un mago que pueda estar y encajar en cualquier casa de Hogwarts, pero en una serás completamente necesario… — Concluyó decidido para después gritar su decisión. — ¡Slytherin!

Nuevamente en la mesa de las serpientes aplaudieron como locos para recibir al nuevo miembro. Después de todo los Malfoy se veían que serían tan buenos alumnos para la casa. Antares estaba muy contenta de no tener que separarse de su gemelo. No es que lo quisiera más que Abraxas, pero con Scorpius compartía aquel lazo irrompible que solo podían tener los hermanos gemelos.

— ¡Pandora Nott! — Grito con orgullo Longbotom y no era para menos, ya que la pequeña copia de Luna Lovegood era su ahijada.

El sombrero solo rozó momentáneamente su cabeza para gritar.

— ¡Ravenclaw! —

La pequeña rubia fue recibida por la mesa de las águilas cálidamente, además que su hermano Lorcan le sonrió triunfante a un Lysander abatido que juraba que Pandora sería Slytherin. Abraxas sonrió aliviado, ya que por un momento había temido quedarse solo, pero ahí estaba aquella niña que era como un rayo de sol.

Más y más niños pasaron, pero entre ellos destacó el segundo hijo de Harry Potter.

— ¡Albus Potter!—

Para este momento nuevamente el comedor se sumió en completo silencio. James miró como su hermano se acercaba con un poco de timidez, pero sin chistar para sentarse en el banquito. Estaba preocupado porque Albus eligiera Gryffindor a pesar de no ser su casa destinada, ya que sabía que él no podría ser feliz con los leones. Cruzó los dedos para que su hermano tomara la decisión correcta. Scor miró cómplice a Albus y asintió brindándole seguridad al pelinegro.

— Albus Potter, ¿Tú también me rogaras como tú padre que te coloque en gryffindor? Porque déjame decirte que de león no tienes nada. Estás destinado a la grandeza por tu ambición y astucia. Quieres demostrarle al mundo que no eres como tú padre y quieres ganarte tu lugar en él. Si me dejas ponerte en la casa que deberías estar, conocerás a tus verdaderos amigos muchacho. No cometas el mismo error que tú padre. — Habló misterioso el sombrero en la cabeza de Albus.

— No iba a pedirte nada, sé cuál es mi destino. — Pensó con decisión firme el niño.

— Sabía decisión. Ahora ve a encontrarte con tus amigos en… — Dijo el sombrero aliviado. — ¡Slytherin!

Los Malfoy con sus selecciones habían causado una gran impresión, pero Albus Potter no se quedaba atrás, pues nadie había imaginado que uno de los hijos del salvador del mundo mágico fuera a caer en la casa de las serpientes.

En la mesa de los leones Rose Weasley estaba exasperada.

— Sus padres van a matarlo, no pudo contener su rareza. — Mencionó molesta y desaprobadora la pelirroja.

— Métete en tus asuntos Rosebud. — Expresó James molesto mirándola ceñudo.

—Pero Jamie. — Se quejó berrinchuda la pelirroja, pero fue ignorada por el gryffindor.

James volvió a enfocar su atención en su hermano. Sonrió de oreja a oreja. Estaba muy feliz de que haya decidido lo correcto. Por su parte Albus bajo decidido hacia su nueva mesa donde lo recibieron sus nuevos amigos.

— Bienvenido Albus. — Dijo solemne Scorpius.

— Díganme Al. "Albus suena como un gryffindor". — Sonrió de lado y con ojos chispeantes el niño pelinegro.


Malfoy ManorSalón principal1 de septiembre de 2017

En el salón principal de la mansión se encontraban cenando tranquilamente los dos matrimonios Malfoy, tanto como el actual como el de la generación pasada.

— ¿Entonces mis pequeños angelitos se fueron tranquilos a Hogwarts a pesar de todo? — Preguntó curiosa Narcissa Malfoy mientras comía con elegancia.

— A pesar de encontrarnos con Potter y Weasley, ellos se subieron al tren muy contentos. — Aseguró Hermione tranquila.

— Sabía que ese par iban a hacer un drama el día que se enteraran que eras una Malfoy. — Mencionó arrogante el antiguo patriarca de la familia.

— Hubieras visto sus rostros padre. Parecía que habían visto el regreso del Señor Oscuro. — Añadió Draco divertido.

— Fueron muy exagerados para mí gusto. — Añadió Hermione haciendo una mueca.

— ¿Acaso esperabas que el par de "héroes" se comportaran civilizadamente? — Preguntó Lucius Malfoy malicioso. — En ocasiones puedes ser algo ingenua.

— Querido, no seas pedante. Sabes perfectamente que Hermione sabía la verdad de la situación, pero no está de más en ocasiones tener fé. ¿No es así querida? — Dijo Cissy tratando de ser la mediadora en el asunto.

— En efecto Cissy. Aunque era pedir demasiado que solamente lo hubieran aceptado y ya. De todos modos, muy difícilmente volvería a existir una relación de amistad entre Potter y yo. — Explicó con sabiduría la castaña rizada.

— ¿Qué hay de Weasel, Leona? — Preguntó burlón Draco. Hermione le soltó un zape en su cabeza. — ¡Cuánta agresividad! — Gritó de forma dramática.

— Te lo ganaste a pulso. Sabes bien que él y yo jamás podremos volver a ser algo. — Siseó molesta la ex princesa de gryffindor.

— Draco, yo no te crié para que fueras un dramático de lo peor. — Le expresó Lucius burlón, mientras sonreía de lado, pero un jalón de oreja hizo que se le borrara la sonrisa de golpe. — ¡Cissy! — Dijo indignado el Malfoy de cabello largo.

— Mejor ni hables Lucius, que tú eres el maestro del drama. — Le dijo con seriedad Narcissa.

Hermione se rió elegantemente. Siempre disfrutaba cenar con sus suegros. Los consideraba como sus segundos padres. Lastima que sus demás pequeños no estaban para acompañarlos a cenar en esa ocasión, debido a que se habían acostado temprano.

La familia iba a seguir platicando de temas triviales hasta que por una de las ventanas del salón entró el águila real de Scorpius. Fenrir apareció con una carta atada a su pata. Con majestuosidad aterrizó a un lado de Hermione, está le acarició su cabeza al ave.

— Elle. — Dijo la castaña con voz suave llamando a su elfina.

A un lado de la mesa apareció una elfina vestida con un gran vestido rosado de princesa. Draco y Lucius arquearon una ceja con curiosidad, mientras que Narcissa sonrió.

— ¿Que necesita ama Hermione? — Dijo con amabilidad la elfina privada de la bruja.

— ¿Podrías traerle un poco de agua y algunas golosinas a Fenrir? De seguro está muy agotado. — Pidió amablemente la rizada. — Pero antes de que te vayas, ¿Porque estás usando ese vestido? ¡No estoy diciendo que te veas mal!. Es simple curiosidad. — Preguntó intrigada.

— La amita Cissa quería que le ayudará a modelar el guardarropa que confeccionó. Me gustó tanto este vestido que decidió regalármelo. La amita es muy generosa con Elle. — Explicó la elfina feliz dando vueltas sobre sí misma con su vestido pomposo. Hermione sonrió con ternura.

— Eso es maravilloso Elle. Me alegra mucho que te sientas feliz. — Contestó sonriendo la bruja rizada.

Su elfina rápidamente desapareció con un ¡Puf! Y volvió a aparecer para dejarle a Fenrir un recipiente con agua en la mesa y otro con trozos de pollo. Después de que Hermione le diera las gracias a la elfina, se dispuso a tomar la carta de la pata de Fenrir.

— Muy bien, es hora de saber la verdad. — Dijo emocionada la castaña teniendo cuidado de abrir el sobre sin romperlo. Draco y Lucius se veían nerviosos.

— Ábrela más rápido mujer, que quiero ganarte en la puesta. — Mencionó Draco con diversión recibiendo una mirada fulminante de Hermione.

— Eso sí que no, esta vez estoy con Hermione. De seguro ganaremos. — Dijo Lucius arrogante.

Narcissa solo quería que todos se callaran para saber por fin a qué casa habían sido seleccionados sus nietos.

Una vez que vieron la hoja de papel en la mano de Hermione todos los Malfoy guardaron silencio. La bruja castaña se aclaró la garganta para empezar a leer la carta de sus hijos.

Queridos Mamá, Papá, Hermanos y Abuelos.Esta vez los tres nos hemos puesto de acuerdo para poder contarles todo lo que nos ha sucedido desde nuestra llegada a Hogwarts, ya que sabemos que sería algo tedioso leer tres cartas con el mismo contenido.Todo comenzó cuando en el vagón aparecieron los hijos de Harry Potter. Por un momento pensamos que querían problemas, pero de inmediato descartamos la idea, ya que se veían algo nerviosos. Papá y mamá tenían razón, no debemos juzgar a las personas por las primeras impresiones que nos pueden llegar a dar. James y Al vinieron muy amablemente a pedirnos disculpas por el comportamiento que habían tenido sus padres y su tío con ustedes, en verdad se veían muy arrepentidos. Los invitamos a quedarse con nosotros en el vagón. Más tarde aparecieron las fotocopias Nott, Dora y Bruno. De inmediato todos nos llevamos bien.Al llegar a la estación de Hogsmeade nos encontramos con Hagrid, ¡Es un tipo muy sorprendente!. Además fue espectacular poder ver el castillo desde los botes en el lago negro.Cuando nos íbamos acercando al Gran Comedor, Scorpius pudo notar que Albus se encontraba algo nervioso e indeciso. Él le dijo que tenía miedo sobre pedirle al sombrero que lo colocara en Gryffindor, ya que nos comentó que era una tradición de parte de su familia paterna y materna. De inmediato Scor supo que las cosas no serían así, ya que el hijo de Potter gritaba Slytherin por doquier. De alguna manera él se encargó de poder reconfortar a Albus y hacerlo entrar en razón para que eligiera su camino. El hijo de Harry Potter ha quedado en slytherin.

Hermione hizo una pausa a su lectura y miró a Draco con preocupación.

— Ese pobre pequeño se las verá difícil con su familia. Solamente espero que todo vaya a resultar bien para él, tú viste como Ginevra lo trataba. — dijo con preocupación la leona. Sus suegros le miraron con curiosidad.

— No te preocupes leona, nuestros hijos han decidido que el muchacho vale la pena como para ser amigo de ellos. Si algo llegara a salir mal con su familia siempre puede contar con nosotros, tanto él como su hermano James. — Contestó Draco con seguridad tratando de tranquilizar a la bruja.

— ¿Acaso la señora Potter reniega de alguno de sus hijos? — Preguntó sorprendido Lucius elevando sus cejas.

— Si, desde lejos se puede ver que el pequeño Albus no es de su agrado. Ahora entiendo la razón. — Explicó Hermione un poco molesta por recordar la actitud de Weasylette.

— Solo espero que no sean unos desalmados hipócritas y que vayan a hacer menos a ese pobre niño por ser un Slytherin. — Añadió preocupada Cissy.

— Esperemos que nos equivoquemos Madre. — Contestó Draco serio. — Vamos Hermione, continúa.

Hermione nuevamente dirigió su vista a la hoja y siguió leyendo en voz alta para ser escuchada por su familia.

Por otro lado, Pandora ha logrado ingresar a Ravenclaw. Lysander casi quería ahogarse en su sopa por no haber tenido razón sobre que ella sería slytherin. Lorcan estaba eufórico por compartir casa con su pequeña hermana.

— Por Salazar, le debo 100 galeones a Theo. — Masculló molesto Draco.

Él había apostado junto con Lysander sobre que Pandora sería seleccionada a Slytherin. Esa pequeña niña rubia, que era la copia de Luna también era astuta de alguna manera peculiar. Theo, Luna y Lorcan siempre se mantuvieron fieles a que ella sería Ravenclaw. Ahora había perdido la apuesta ante su amigo misántropo.

Narcissa le miró amenazante para que se callara y dejara leer a su nuera la carta.

Y bueno, aquí viene lo que todos estaban esperando. Scorpius y Antares han sido seleccionados a Slytherin, aunque por un momento el sombrero dudo con Scor ya que podría haber quedado en cualquier casa sin problema, pero le dijo que sería más útil con las serpientes.

— Ese es mi muchacho, tan divergente como su madre. — Dijo orgulloso Draco Malfoy. — Y mi princesa no se queda atrás, es toda una serpiente.

— Debo admitir que no estoy sorprendida, después de todo los Malfoy siempre van a Slytherin. — Dijo Hermione sonriendo de lado.

— Por un momento pensé que Scorpius iría a Gryffindor. — Comentó derrotada Narcissa.

— Por Salazar, querida. Ningún Malfoy de nacimiento ha estado en ninguna otra casa que no sea slytherin y lo sabes. Los genes de la familia son muy dominantes. — Explicó Lucius con un tono petulante. Su esposa lo miró con una sonrisa torcida.

— Pero los genes de Hermione también son fuertes. Ya verás que te tragaras tus palabras. — Contestó altanera la mujer Black.

Hermione continuó leyendo la carta.

Fue un alivio haber sido seleccionados con las serpientes, después de todo disfrutamos mucho la compañía de Bruno.Y seguramente para este punto, nuestra madre y abuelo deben pensar que han ganado en sus apuestas y que todos somos serpientes. Ha llegado el momento de decirles buenas noches y que les escribiremos seguidos a todos, ya que sabemos que cuando lean la parte en donde mencionamos la casa a la que fue seleccionado Abraxas no terminaran de leer la carta, así que mejor desearles buenas noches de una vez.Ahora lo que querían saber. Mamá y el abuelo estaban muy equivocados, porque Abraxas es un águila sabionda…Los quieren Scor, Tares y Abraxas.

Cuando la leona terminó de leer el párrafo compuso una cara incrédula, pero algo más captó su atención. Un sonido sordo de algo pesado cayendo contra el piso. Se trataba de un Lucius que se había desmayado de la impresión. Narcissa le miró irritada y giró sus ojos con fastidio.

— Te lo dije, tu padre es el rey del drama. — Le dijo la antigua matriarca a su hijo rubio que miraba a su padre desmayado con una gran sonrisa ladeada en su rostro. Hermione aún les miraba pasmada sin decir nada. Draco sacó su varita de la bolsa de su pantalón y apuntó al hombre en el suelo.

— Enervate. — Dijo elegante para rápidamente guardar su varita.

De repente Lucius despertó de su sueño involuntario y se reincorporo para poder volver a sentarse en su silla. Draco y su esposa le miraban burlones.

— Tenemos un Malfoy en Ravenclaw. — Comentó incrédulo el rubio platinado.

— ¿Sabes lo que eso significa padre? — Preguntó Draco enigmático. Su padre le miró con los ojos muy abiertos. — Que tú y Hermione han perdido. Mi madre y yo teníamos razón. — Añadió petulante el rubio.

Al escuchar su nombre salir por los labios de su esposo, Hermione por fin reaccionó.

— No puedo creerlo, sabía que era una posibilidad pero pensé que tus genes serían más fuertes. — Dijo sorprendida la joven señora Malfoy.

— Era algo obvio, después de todo Abraxas es una versión tuya masculina. — Dijo como si nada Draco.

— Bueno chicos. Nosotros nos retiramos a dormir ya que Lucius necesita recapacitar sobre nunca dudar de su querida esposa. — Habló orgullosa Cissy mientras tomaba la mano de su esposo catatonico y lo sacaba del salón principal. — Buenas noches.

— Buenas noches. — Dijeron la pareja que quedó.

Una vez solos, Hermione y Draco se miraron a los ojos. Castaño y gris se miraban con mucha atención.

— Dígame señora Malfoy, ¿Que se siente no tener siempre la razón?. — Preguntó soberbio el mago rubio.

— ¡Por Morgana, solo fue suerte! — Contestó ofendida la bruja castaña, lo cual solo ocasionó que Draco sonriera aún más de lado.

— Ahora que te he comprobado que tengo razón, quiero cobrar mi premio de la apuesta. — Comentó sugerente Draco mirando intensamente a su esposa.

— ¿Qué es lo que me va a pedir el gran Draco Malfoy? — Preguntó seductora Hermione mirándolo de la misma manera que él para después incorporarse de su asiento y acercarse a paso sensual para volver a sentarse, pero esta vez en el regazo de su esposo.

— ¿Qué te parece si te pones un bonito conjunto de encaje verde e invocamos uno de esos palos de metal donde bailan las bailarinas muggles? Me intriga demasiado verte en esa situación. — Dijo de manera sensual el rubio.

Por su parte Hermione le miró sorprendida. ¿Cómo es que Draco sabía lo que era un Pole Dance?.

— ¿Cómo es que sabes de la existencia del Pole Dance? Nunca te he hablado sobre ese tema. — Preguntó con curiosidad la castaña elevando sus cejas intrigada. Aún no se bajaba del regazo de Draco.

Draco en ese momento sintió pánico. Lo había olvidado por completo, había jurado junto con sus amigos hace algunos años en la despedida de Blaise para ser más exactos, que nunca le comentarían a sus esposas que habían ido a un Table Dance en Londres muggle. Draco estaba consciente que no podría mentirle a Hermione en este punto de la conversación, de todos modos sabía que ella no se enojaria, pero esperaba que sus amigos no se enteraran que había revelado su pequeño secreto.

— Cuando fuimos a celebrar la despedida de Blaise fuimos a un Table Dance en Londres muggle. — Contestó un poco avergonzado el dragón.

— Oh vaya, pensé que habían ido a Thorpe Park. ¿Por qué nunca me lo dijiste? No me hubiera molestado. — agregó calmada Hermione, pues era más grande su curiosidad que los celos.

Por lo tanto, no podía molestarse porque Draco hace algunos años haya visto mujeres que no fuera ella en paños menores. Era celosa, pero sabía controlarse.

— Esa era la idea, pero ya sabes cómo es Blaise. Nos hizo jurar a Theo y a mi que nunca les contaríamos. — Explicó ya más tranquilo Draco sabiendo que su esposa no lo maldecirá.

— ¡Draco pensé que teníamos algo especial! — Gritó una voz masculina dolida.

Los Malfoy se separaron de golpe y se reincorporaron de su asiento para ponerse alertas, aunque relajaron su postura al ver que se trataba de Blaise, Pansy, Theo y Luna que habían entrado hace algunos momentos por la red Flu.

Blaise miraba a Draco dolido. El rubio suspiró cansado, mientras que Pansy miró de manera amenazante a su esposo.

— Blaise, cariño. ¿Cómo es eso que fuiste a un lugar donde bailan Mujeres desnudas en tubo a tu despedida de soltero? — Preguntó de manera amenazante Pansy.

— Es que Draco miente, cielo. — Contestó nervioso el moreno italiano alistándose para huir.

— Te conozco perfectamente, así que te doy dos segundos de ventaja. — Siseo molesta la pelinegra.

Fue así como Blaise salió disparado a la salida de la mansión, mientras era seguido por una Pansy con su varita en alto.

— ¡Solo no vayan a prenderle fuego al jardín! — Advirtió Draco con diversión en sus ojos.

— Luna, una alegría verte. — Dijo Hermione a la rubia. — Vamos tomen asiento, pediremos que les sirvan.

— Hola Herms, ¿Qué tal la primera noche sin los gemelos y Abraxas? — Preguntó curiosa la de ojos azules. Mientras tanto un elfo le preguntaba a Theo que deseaban tomar.

— Yo quiero vino. — le pidió educado al elfo, para después mirar a sus amigos. — Siempre es un deleite tomar vino cuando Blaise es perseguido y nosotros no. — Añadió con cierta picardía el castaño.

— Concuerdo contigo. — Respondió Draco de forma cómplice sonriendo arrogante.

— Extraño a mis pequeños Luna. Aunque hace unos momentos leímos su carta. — Dijo con añoranza la castaña rizada.

— No te preocupes, ellos estarán bien. Después de todo son hijos de grandes magos. — Halagó Lovegood a la pareja. — Además aún te quedan varios hijos en tu hogar, a mi solamente me queda la pequeña Selene. — Dijo la rubia de manera soñadora.

Selene Nott Lovegood era la hija menor del matrimonio. Una pequeña castaña de 6 años que había heredado también los ojos azul eléctrico de su padre, aunque de carácter era una combinación extraña de ambos.

— ¿No van a venir Astoria y Neville? — Preguntó Hermione. Luna negó.

— No, al parecer Neville tenía trabajo pendiente en Hogwarts por ser el primer día y Astoria decidió acompañarlo. — Explicó con tranquilidad Lovegood.

— Por cierto, nosotros también recibimos una carta por parte de Pandora. Y nos comentó que había sido seleccionada a Ravenclaw como Luna. — Dijo con voz de seda Theo mirando a Draco petulante.

— ¿Y? — Dijo el rubio haciéndose el desentendido.

— Págame mis 100 galeones. — Contestó Nott sonriendo de lado.

— Presumido avaricioso. — Susurró de mala gana Draco mientras le extendía una pequeña bolsita con monedas de oro.

De repente, Pansy Zabini volvió a aparecer en el salón junto a Blaise un poco chamuscado y calvo. Al parecer Pansy si había usado un poco de fuego y lo había maldecido con un calvario.

— Oh, están tomando vino. Yo también quiero. — Dijo de mejor humor la modista.

Cómo por arte de magia su copa se llenó. Draco y Theo al ver el estado de su amigo rompieron en risas escandalosas.

— Que grandes amigos son. — Dijo de mala gana Blaise mirándolos fulminante.

— Tu te lo ganaste a pulso cariño. — Añadió despreocupada Pansy.

— Ahora que lo pienso, ¿En dónde se metieron cuando fueron a dejar a sus hijos en el andén?. — Preguntó con curiosidad Hermione.

A la pareja Malfoy se les había hecho raro no encontrarse con ninguno de sus amigos.

— De hecho estábamos un poco alejados de ustedes viendo el espectáculo que ofrecían Weasel y Potter. — Explicó con descaro Theo.

— ¿Quieres decir que nos dejaron solos ahí con ellos a propósito?. — Preguntó impactada la mujer castaña.

— No voy a negar lo evidente, querida Hermione. — Dijo petulante Nott sonriendo de lado. La mencionada miró a la esposa de este.

— No tenía ganas de calmar a Ron y Harry. — Confesó un poco apenada Luna.

Blaise se empezó a carcajear por lo sucedido.

— Fue muy divertido, admítelo. Ni siquiera yo hubiera podido ofrecer semejante espectáculo. — Dijo el moreno de ascendencia italiana.

Hermione bufó y Draco miró mal a todos sus amigos.

— Blaise tiene razón, que grandes amigos son. — Dijo el dragón de manera sarcástica mirandoles con el ceño fruncido.

— Nosotros también te queremos, Draco. — comentó Pansy sonriendo petulante.

En esa noche tan tranquila fue así como cenaron y rieron los Malfoy en compañía de sus amigos de manera amena.


Grimmauld placeHogar Potter1 de septiembre de 2017

Mientras que los Malfoy la estaban pasando bien en su hogar, los Potter se encontraban cenando un poco acalorados.

— Te lo advertí Harry, no podíamos confiar en Albus. — Expresó angustiada la pelirroja. — ¿Ahora qué le voy a decir a mi familia?

— Pues la verdad Ginny. No podemos fingir que Albus es un león cuando desde hace mucho supimos que no sería así. — Explicó un poco desesperado el salvador del mundo mágico.

— Pero Harry, ser una serpiente es suficiente vergüenza. De esa casa siempre salen los magos oscuros, mira a Malfoy, Nott, Zabini y compañía. — Dijo histérica la pelirroja haciendo una mueca despectiva.

— ¿Estás queriendo decir que piensas que Albus es una mala persona solo porque fue a dar a Slytherin? — Preguntó muy sorprendido el pelinegro.

— No veo otra razón. — Dijo de mala manera la weasley.

— Ginny, cariño. ¿Te estás escuchando? Es de nuestro hijo de quién estás hablando. — Dijo anonadado Potter.

Harry nunca le había comentado a nadie a excepción de Hermione, que cuando él ingresó a Hogwarts estuvo a punto de ser seleccionado para Slytherin sino le hubiera pedido al sombrero seleccionador enviarlo a Gryffindor. Toda su vida, Harry ha negado ese lado astuto que se encontraba escondido dentro de él. Aunque en ocasiones estaba de acuerdo en que los Slytherin podían ser un dolor de trasero y muchos de ellos no eran de su agrado, pero debía admitir que no todos eran tan malos. Que Ginny dijera aquello sobre alguno de sus hijos le rompía el corazón, pero tampoco quería ir en contra de toda la familia de su esposa.

— Ese niño no parece nuestro hijo Harry, desde que era pequeño supe que él solo traería problemas, por eso en su tiempo accedí a tener a Lily para enmendar aquel error. — Comentó con seriedad Ginevra. — Ningún hijo mío va a ser un slytherin, de eso me encargo yo. Sabes perfectamente que son magos oscuros. — Añadió con un poco de odio la señora Potter levantándose de su comedor y yendo a su habitación, para después encerrarse dentro de ella dando un sonoro portazo.

Harry se quedó de piedra. ¿Qué quiso decir Ginny con aquella declaración? ¿Qué es lo que podría hacer su esposa en cuanto al tema de Albus?. Se lamentaba de gran manera que su esposa haya cambiado con el paso del tiempo. Por desgracia la muerte de Fred Weasley había afectado a la familia de gran manera, haciéndoles creer que los slytherin fueron los culpables de su asesinato, solamente porque la mayoría de Mortifagos pertenecieron a esa casa.


Ministerio de magiaOficina de Harry Potter15 de septiembre de 2017

Habían transcurrido dos semanas desde que Harry Potter había recibido la última carta de su hijo Albus. Al día siguiente, para ser más exactos el 2 de septiembre, Ginny había mandado un vociferador a Albus para desheredarlo y no reconocerlo como un Potter, mucho menos un Weasley. Cuando Harry se enteró por medio de una carta corta que le había mandado James, se molestó mucho con Ginny, y quería ir a hablar con su hijo de inmediato sobre que él seguía siendo un Potter pase lo que pase y que no tenía nada de qué preocuparse.

Desde luego que no se atrevió. Sabía que si aceptaba de vuelta a Albus, Ginny le dejaría y eso conllevaba que ella se llevará a sus otros dos hijos.

Estaba deprimido y derrotado, tenía que idear alguna manera en la que pudiera recuperar a Albus sin que su familia se rompiera en el intento. Iba caminando directo a su oficina para conocer a su nueva secretaria.

Al llegar a su oficina, en la entrada se encontraba una mujer de cabello rubio hasta sus hombros de ojos verdes oscuros. A simple vista podía ver que era muy atractiva. La señorita le sonrió con amabilidad.

— Buenos días Señor Potter. — Saludó educadamente la mujer.

— Buenos días. Al parecer tú eres mi nueva secretaria, ¿No es así? — Preguntó amable el pelinegro. Por alguna extraña razón, la mujer se le hacía conocida, pero no podía recordar de dónde.

— Así es señor Potter, mi nombre es Daphne Greengrass. — Respondió con calma la rubia sonriendo.

¿Greengrass? Aquel apellido se le hacía conocido al pelinegro. Trató de hacer memoria de dónde conocía a la chica, pero por más que lo intentó no lograba conseguirlo.

— Muy bien Daphne, si alguien necesita entrar me lo haces saber, ¿Vale? — Dijo el pelinegro amistoso a punto de entrar a su oficina.

— Claro que sí señor. Por cierto me tomé la libertad de prepararle un té, espero y sea de su agrado. — Informó Greengrass sonando tranquila para tomar asiento en el escritorio que se encontraba fuera de la oficina del salvador.

— Te lo agradezco mucho. —Sonrió Potter por primera vez en días.

Aquella mujer le caía bien. Lo más seguro es que sería muy ameno trabajar con ella. Quizás su apellido le sonaba de Hogwarts, y por el aire que le daba a Harry podía jurar que ella fue una Ravenclaw. Quizás luego con más tiempo se lo preguntaría.

Pasó un rato en el cual él se dedicó a beber aquel delicioso té de hierbabuena con miel y a la vez firmaba algunos papeles que tenía pendientes. Aquella paz que había generado el pelinegro fue rota por un grito afuera de su oficina.

— ¡Yo puedo pasar cuando se me dé la gana serpiente rastrera, no necesito permiso! — escuchó Harry un grito molesto que rápidamente identificó como Ron.

Salió apresurado encontrándose a su amigo con la cara roja de la furia, y a su secretaria parada frente a la puerta de la oficina con firmeza mirando de manera desaprobatoria y fulminante al pelirrojo.

— Daphne, ¿Qué está pasando aquí? — Preguntó Harry confundido a la rubia.

— Nada importante señor Potter, solo hacía entender al Señor Weasley que si deseaba entrar a verlo primero tenía que acudir a mí para anunciarlo ante usted. — Contestó sería la rubia, adoptando de repente un semblante frío.

— Ron, ¿Por qué has tratado así a Daphne? Ella tiene razón, primero debías avisarle a ella. — Dijo Harry de manera autoritaria lo cual solo hizo enojar más al pelirrojo.

— Porque cuando estaba Betty podía pasar sin anunciarme. Además no entiendo porque defiendes tanto a este intento de mujer. — Explico de mala gana Weasley.

— ¡Ronald! — Dijo incrédulo Harry alzando mucho sus cejas sorprendido por el actuar de su amigo. Miró a la mujer rubia después. — Daphne, lo siento mucho. — Dijo apenado el pelinegro.

— No se preocupe Señor Potter, entiendo perfectamente que usted es un caballero. Todo lo contrario al señor Weasley que al parecer no tiene conocimiento en modales. — Siseó de manera fría la rubia mirando desafiante al odioso pelirrojo. Este se limitó a gruñir y entró a la oficina de Harry.

El pelinegro entró tras él y cerró la puerta con seguro, además que lanzó un muffliato. Miró de mala manera a Ron.

— Harry, ¿Por qué defendiste a aquella serpiente rastrera? — Preguntó molestó Ron mirando fulminante al hombre de lentes.

— ¿Serpiente? — Preguntó un poco descolocado Harry, alzando su ceja interrogativo.

— Que Greengrass fue Slytherin en Hogwarts. Estoy sorprendido de que hayas aceptado como tu secretaria a una Mortifaga. — Dijo con asco el pelirrojo.

Harry se quedó sin habla. Él había jurado que Daphne era una Ravenclaw. Cómo jamás la vio meterse con ellos junto al grupito de Malfoy en sus tiempos de hogwarts por eso consideraba que pertenecía a otra casa. Al parecer se equivocó. El pelinegro estaba muy desilusionado, ya que la mujer rubia había demostrado ser una persona muy amable, tranquila y servicial, pero no podía arriesgarse a tener de empleada a una hija de Mortifagos. O ¿Debía arriesgarse a conocer a la rubia? Sería una buena forma de comprobar que no todos los slytherin son malvados.

— Yo no recordaba aquello. Más tarde hablaré con ella sobre su situación laboral. — Contestó Harry con desilusión, cosa que no notó Ron. Ya con más calma podría tomar una decisión.

— Como sea, solo ten cuidado la próxima vez al contratar a alguien. Si buscas una nueva secretaría siempre puedes contar con Lavender. — Ofreció Ron fingiendo desinterés. Su esposa ya lo tenía harto en pedirle que convenciera a Harry de ofrecerle un empleo para ella.

Lamentablemente para Ron, Harry no era tan ingenuo y supo las intenciones detrás de su ofrecimiento.

— ¿A qué has venido Ron? — preguntó mientras suspiraba cansado tratando de no sonar fastidiado. Con pereza se fue a sentar a su silla. Ron permaneció de pie.

— Escuché que Malfoy hoy vendría al ministerio a reunirse con Kingsley. Pensaba que no era seguro que él estuviera solo en su oficina con un ex Mortifago. Así que estaba pensando que me asignaras como su protección mientras está en la reunión. — Dijo con seguridad el pelirrojo, tratando de sonar ingenioso.

Potter le miró seriamente en silencio. ¿Acaso lo tomaba por un idiota?. Bien sabía que el pelirrojo de su amigo solo quería una buena excusa para acosar a Malfoy y poder ver una oportunidad para separarlo de Hermione. Harry no era ningún tonto, se había dado cuenta del brillo de anhelo que tenía Ron en sus ojos azules desde el primero de septiembre que la volvió a ver. Sabía que una parte de él estaba muy molesto con la mujer rizada, pero otra quería tenerla a su lado.

Él también extraña demasiado a su antigua amiga, aunque está había cambiado demasiado.

— No lo haré Ron. Solo quieres una excusa para espiar a Malfoy y tener una oportunidad para conquistar a Hermione. — Declaró astutamente Harry.

Ronald le miró sorprendido por la capacidad de análisis de su amigo. Todo lo que decía era cierto. Quería averiguar si existía la oportunidad de poder romper la relación y matrimonio que tenía Hermione con el bastardo de Malfoy. Él se encargaría que Hermione dejará de ser una Malfoy y pasará a ser una Weasley.

— ¿Qué hay de Lavender ? — Preguntó Harry preocupado.

— Sabes que nunca la quise. Solo me case con ella por compromiso, no quería estar solo. Además sus rizos me recordaban a los de Hermione. — Respondió muy tranquilo el pelirrojo como si estuviera hablando del clima.

— Lo se, pero eso no es algo que ella merezca. — Dijo derrotado Harry ante el cinismo de su amigo. — Aún así, no te quiero cerca de Malfoy mientras está aquí. ¿Entendido? No quiero que te metas en problemas. — Advirtió Harry mirando a Ron con precaución.

— Entendido. — Gruñó malhumorado Ron mientras se acercaba a la puerta para poder salir. — Por cierto, siento mucho lo de Albus. La pequeña Rose me contó todo, pero es mejor así Harry. No puedes arriesgarte a tener una serpiente en tu familia. Quien sabe de lo que son capaces de hacer. — Le dijo Ron sin tacto, antes de salir de la oficina.

Harry se quedó solo en silencio, confirmando que en verdad Ron era un idiota al derecho y revés.


Ministerio de magiaCafetería

Después de un rato en el que Ronald estaba en su pequeño cubículo se dirigió a la cafetería del ministerio ubicado en la segunda planta. Tenía muchísima hambre a pesar que aún no era la hora de la comida. Iba caminando hacia la cafetería teniendo sus pensamientos ocupados en que si era mejor comer unos muslos de pollo en salsa BBQ o una rebanada de algún pastel. Al final después de tanto debatir los pros y contras decidió que comería los dos.

Cuando estaba a punto de ingresar a la cafetería pudo observar a Draco Malfoy. Se encontraba casi cerca del mostrador donde era el área para pedir y pagar la comida que deseabas. En una mesa junto a él estaban dos pequeñas niñas. Con rapidez, Ron se escondió detrás de un bote de basura para no ser descubierto.

De uno de sus bolsillos de su túnica color vino sacó un objeto en forma de corneta. Era uno de los productos que George estaba desarrollando para Sortilegios Weasley. El otro día que fue a visitarlo aprovecho para tomarlo prestado. Aquel objeto tenía el mismo propósito que una oreja extensible, pero con la ligera diferencia que no era necesario estar tan cerca de su objetivo. Bastaba con ponerse la corneta en el orificio de la oreja y ajustarla hacia su objetivo para poder escuchar la conversación deseada.

El pelirrojo se colocó el objeto en su oreja e hizo los ajustes correspondientes para empezar a escuchar la voz de Draco Malfoy de manera más clara y audible.

— ¿Seguras que no quieren ir conmigo a la reunión con Kingsley? — Preguntó Draco un poco indeciso a las dos pequeñas niñas. No quería dejar a sus hijas solas ahí, pero en ocasiones eran tan obstinadas.

— No padre, la verdad me muero de hambre y prefiero primero comer un poco junto a Etamin. Cuando terminemos estaremos en la oficina del tío Kings. — Contestó con seguridad la mayor de las niñas.

Al escuchar la manera en que se refirió la niña al rubio, intuyó que serían las otras hijas de Malfoy y Hermione.

El nombre de la niña era Narcissa II Jean Malfoy Granger. Era la cuarta hija del matrimonio. Los nombres de la pequeña habían sido elegidos en honor a sus dos grandes abuelas, en especial por Narcissa I, ya que la pequeña había heredado un cabello muy parecido al de su abuela paterna, solamente que el suyo era castaño con mechas rubias platinadas. Además sus ojos eran de un color azul profundo. Por lo general toda su familia y amigos la llamaban "Cissa". Por fuera la niña de solo 9 años aparentaba ser una niña calmada y sofisticada, pero desde luego tenía la vena Malfoy y Black juntas, haciendo que en ocasiones fuera un poco caprichosa y mandona, una combinación peligrosa, todos sus hermanos sabían que meterse con Cissa era un error. Su abuelo Lucius estaba encantado con ella por recordarle a su esposa en su juventud.

— Entonces no entiendo por qué quisieron venir conmigo al ministerio, sino querían estar en la reunión. — Contestó fastidiado Draco girando sus ojos.

—— Porque hace dos días nos prometiste que iríamos a la juguetería y no has cumplido con tu parte del trato. Así que decidimos venir contigo para asegurarnos que cumplas tu palabra, padre. — Siseó astutamente Cissa mirando a su padre arrogante.

— Si era por esa razón era más fácil mandar a Roy o mejor aún, hubiéramos esperado al fin de semana para ir todos en familia. — Dijo fingiendo indignación el rubio mayor.

Roy era el elfo personal de Draco. Lo consideraba el más leal y de mayor confianza ya que era hijo de su muy querido y difunto elfo Dobby, el mismo que murió en la guerra hace 18 años. Por otro lado, adoraba a sus pequeñas hijas y todos los momentos que podían pasar juntos, pero en ocasiones eran unas pequeñas manipuladoras que disfrutaban metiéndole en problemas. Cambió su cara de fastidio a una sonrisa orgullosa, sus pequeñas eran todas unas Malfoy.

— Por favor, padre. La muñeca de Cissa y mi telescopio no pueden hacerse esperar. Después de todo es de vital importancia escogerlos nosotras mismas. — Mencionó tiernamente su otra hija pequeña de cabellera rubia corta.

Aquella niña de tan solo seis años era la pequeña Etamin Sagitta Malfoy Granger. Era rubia más no platinada de cabello corto hasta la altura de sus hombros. Aquella pequeña Malfoy tenía un rasgo muy llamativo en sus ojos, ya que sufría de heterocromia. Uno de sus ojos era gris metálico y tormentoso como el de su padre, mientras que el otro era de un cálido color miel, como su madre. Cuando ella nació, debido a la condición especial de sus ojos, su padre decidió llamarla "Etamin" que correspondía a la estrella más brillante de la constelación del Dragón, por lo tanto esa pequeña era la sobreprotegida de su padre. Por otro lado fue nombrada "Sagitta" por Hermione, ya que había sido su bebé más pequeña en peso cuando nació y la constelación de la flecha en astronomía era una de las más pequeñas del sistema.

— Está bien, cuando termine mis asuntos con el tío Kingsley iremos a la juguetería. — Suspiró Draco resignado para después sonreír cariñoso a sus hijas. — Pero con una condición…

— ¿Cuál? — Preguntó Cissa con curiosidad.

— Que se porten bien y no vayan a causar problemas. No queremos que su madre nos castigue a los tres. ¿O si? — Contestó conspirador el rubio mayor haciendo reír a sus dos hijas risueña mente. — Además cuando terminen de comer, vengan de inmediato a la oficina con dos rebanadas de pastel. Ya saben, una para su tío y otra para mí.

— Si no hay opción, aceptamos. — Respondió Cissa sonriendo de lado.

— Bien. Etamin, cuida a tu hermana que no se meta en líos. — Advirtió Draco dirigiéndose a la menor de las hermanas.

— ¡Hey! Si yo soy mayor que ella. — Protestó indignada la copia de Cissy.

— Claro papi, dalo por hecho. — Se limitó a contestar sonriente la pequeña.

Fue así como Draco se retiró de la cafetería dejando a sus dos hijas tranquilas, sin notar la presencia de Ron. El pelirrojo por su parte se dedicó a observar a las hijas de Malfoy un rato más. Vio cómo se acercaban a pedir cuatro rebanadas de pastel y eran entregadas por la encargada en una bolsita para que cargara la niña mayor.

Primero Ron estaba dudando si era buena idea acercarse al par de niñas para ver si existía la posibilidad de sacarlas información de su madre. Debía romper su matrimonio de la castaña con el rubio y rápido. Con paso vacilante se acercó a la mesa de las niñas que aún no sacaban su pastel de la bolsa.

— Hola niñas. — Saludó amigablemente el pelirrojo sentándose en la mesa con ellas.

Cissa inmediatamente le miró con el ceño fruncido. Etamin solo le observó en silencio.

— Buenas tardes. — Dijo desconfiada la niña de ojos azules. — ¿Se le ofrece algo?

— Joder con los hijos del Mortifago, siempre van directos al grano. — Pensó con fastidio Ron, más no dejó que su cara dejará de demostrar aquella sonrisa amable falsa.

— Si, de hecho me preguntaba ¿Dónde está su padre? — Preguntó Ron amable.

— Trabajando. — Contestó Etamin con inocencia sonriendo.

El pelirrojo sonrió de lado. Sería más fácil de lo que pensó sacarles información a esas dos chiquillas. Al menos la pequeña se veía más amable que la mayor. Cuando Ron observó mejor a esta pudo ver que sus facciones se asemejan mucho a las de Hermione, solo que desde luego los genes de Malfoy también estaban ahí.

Puso cara de bobo. Por un momento quiso imaginar que esa pequeña era suya. Tan dulce e inteligente como su madre. Que en lugar de tener cabello rubio lo tuviera pelirrojo.

Cissa miraba molesta al adulto, desde luego que supo identificar que se trataba de algún Weasley. Su papá antes de venir a Londres les había hablado de ellos.

"Los Weasley son una familia de pelirrojos pecosos, en su mayoría de ojos azules. En su tiempo le causaron muchos problemas a mamá, así que si alguna vez se les acercan estén alerta, porque no todos son tan amables como aparentan. "

Recordó la pequeña Cissa las palabras de su progenitor. Miró a Etamin que sonreía amable, más sabía que la pequeña rubia también estaba fingiendo. No por nada su pequeña hermanita era una serpiente de nacimiento que estaba disfrazada de un tierno tejón.

— ¿Y a qué se dedica tu papi cielo? ¿Se reúne con gente extraña fuera del ministerio? Quizás en el callejón Knockturn. — Preguntó ansioso el pelirrojo y sin nada de sutileza.

Estaba siendo descuidado, todo por su desesperación de obtener cualquier respuesta útil que pudiera vincular a Draco a alguna clase de conspiración Mortifaga.

— Eso es información confidencial. — Contestó tierna Etamin, pero después sonrió de lado arrogante. — Además no debería de incumbirle los asuntos de mi padre. — Añadió arrogante la pequeña rubia.

Ron estaba sorprendido por la transición de la niña. ¿Qué no se supone que había demostrado ser muy amable? ¿En qué momento se había borrado esa ingenuidad y había sido sustituida por la actitud Malfoy?

— Señor Weasley, le pido de la manera más amable que se retire. — Siseó molesta Cissa, pero sin perder el tono educado en sus palabras.

El pelirrojo les miró con el ceño fruncido.

— ¿Cómo sabes que soy un Weasley?. — cuestionó de manera demandante el hombre.

— Esa cara pecosa y cabello pelirrojo, esa túnica que si bien es nueva es de mala calidad. ¿Qué más podría ser que un Weasley? — Siseó arrogante sonriendo de lado Cissa mientras miraba de arriba a abajo a Ronald.

Ron se quedó pasmado ya que sentía que había sufrido un deja vu. Con molestia recordó que Draco Malfoy se había dirigido a él por primera vez con aquella frase, que si bien no era igual a la de ese entonces, pero no dejaba de desprestigiar a su familia. En verdad que todos los hijos de Malfoy eran unos engendros maleducados e impertinentes como su padre.

— ¿Quien te has creído niñata? — Respondió molesto el pelirrojo adquiriendo una graciosa tonalidad rojiza en su rostro.

— Somos Malfoy. Nada mejor que nosotros. — añadió Etamin soberbia.

— No sé cómo pude pensar que eras igual a Hermione. — Murmuró fastidiado el hombre dirigiéndose a la menor de las niñas.

— Solo soy como mi mami cuando la persona se lo merece de verdad. — Contestó altanera la pequeña niña.

— Será mejor irnos, Etamin. Aquí no hay presencias muy gratas como para comer cómodamente. — Dijo Cissa indignada mientras se paraba de su asiento y tomaba la bolsa de pasteles.

Etamin hizo lo mismo y tomó la otra mano de su hermana.

— Me gustaría poder decir que fue un placer conocerlo Señor Weasley, pero sería algo muy alejado de la realidad. — Comentó a modo de despedida Narcissa II.

El hombre pelirrojo vio como salieron de la cafetería las dos niñas tomadas de la mano. Esto no se iba a quedar así, de eso se iba a encargar Ron. Les daría una lección a ese par de chiquillas malcriadas, pero ahí estaba la cuestión. ¿Qué podría hacerles? Aunque le desagradaba la idea a Ronald ellas solamente eran niñas y no podía maldecirlas. Para no perderlas de vista empezó a caminar a una distancia prudente detrás de ellas. Lo mejor que podía hacer por el momento era prestar atención por si hablaban algo de sus padres y así conseguir una prueba de que Draco Malfoy seguía siendo un mal sujeto.

Las niñas ingresaron a un ascensor y él aprovechó y se metió a otro disponible. Lo más lógico es que fueran al último piso en dónde se encontraba la oficina de Kingsley. Una vez que salió del ascensor pudo apreciar como ellas ya habían salido del suyo y caminaban en el pasillo con tranquilidad, él las siguió sin vacilar. Afortunadamente no había nadie que caminara por esos rumbos y lo viera de manera sospechosa.

El mago quería seguir pensando en cómo desquitarse de las niñas, pero un malestar no le dejaba. Su estómago estaba gruñendo pidiendo alimento. Se había distraído tanto con las hijas del rubio oxigenado que había olvidado comer algo. Fue cuando ahí se le ocurrió una idea. Vió con un brillo malicioso la bolsa de pasteles que tenía en la mano Narcissa II. ¿Qué mejor venganza en contra de las niñas que robarles sus pasteles?. Además ¿Qué podía salir mal? Eran un simple par de niñas de lengua afilada, pero inofensivas al fin al cabo. Lo peor que podría suceder es que Draco Malfoy le reclamara, pero aquella actitud no le convendría al rubio, porque él era un auror respetado a comparación del rubio que solamente era un pocionista.

Con rapidez se acercó nuevamente al par de niñas que iban caminando a una distancia prudente frente a él. Sigiloso se agachó y estiró su brazo para arrebatarle la bolsa a la mayor de las niñas, pero de repente se giró sobre sí misma y aprovechando que el pelirrojo tenía su rostro hacia abajo, Narcissa le soltó un puñete en la nariz.

— ¡Por Godric, eres un monstruo horrible! — Gritó adolorido Ron sosteniéndose su nariz magullada.

— Awww, nunca me habían dicho algo tan bonito. — Dijo sarcástica Cissa sonriendo.

— Eso se lo busco por ser un acosador, Señor Weasley. — Rió divertida Etamin. Después se dirigió a su hermana mayor. — Cissa, tal vez el señor Weasley es una especie de Hada madrina, él se ve que es muy femenino para serlo. Además, nos estaba siguiendo para cuidarnos, eso hace un hada. — Le dijo de manera sugerente mientras sonreía maliciosa. Sus ojos de diferente color brillaron de emoción.

— ¡Pero qué estás diciendo niña! ¡No soy femenino! — Debatió molesto Ron mirándolas fulminante.

— Ni siquiera es bueno para pensar en una respuesta mejor. — Comentó risueña Etamin.

— Cállate, claro que tengo algo mejor. — Dijo molesto tratando de pensar en un insulto para las niñas. — ¡Tu tienes los ojos más raros y feos que he visto! ¡Y tú tienes cabellos de bruja! — Gritó de manera infantil el hombre.

— Por si no lo sabía señor Weasley, soy una bruja. — Contestó con obviedad Cissa girando sus ojos fastidiada. — Además, ¿Cómo se atreve a insultar a unas niñas pequeñas e indefensas?. Se supone que las hadas madrinas no son groseras. — contestó de manera enigmática la castaña rubia.

Ronald les miró extrañado, por un momento ya se había dejado de tocar su nariz que de milagro no brotó sangre a causa del golpe. Por su parte, Etamin hizo un puchero, nadie se metía con sus ojos con heterocromia.

— Pues a mi padre y madre les alegrará saber que usted considera mis ojos feos y raros. — Siseó de manera fría la hija menor de Draco y fulminó a Ron con la mirada. — Cissa, ¿Por qué no le mostramos al señor Weasley como debe ser un hada estupenda?

— Me agrada la idea hermana. — Dijo sonriente Narcissa.

Ron no espero lo siguiente. Con una agilidad impresionante la hija mayor de Malfoy movió su mano y él flotó en el aire. Cuando quiso alcanzar su varita del bolsillo de la túnica traje se sintió inmovil. Al parecer la chiquilla Malfoy podía hacer magia sin varita. En verdad estaba impresionado aunque no quisiera reconocerlo, era sumamente difícil que un niño de su edad fuera capaz de controlar su magia sin una varita que lo guiará. Su hija Rose con trabajos podía hacer levitar una pluma con varita y la hija de Hermione ya lo estaba levitando y paralizando a él sin necesidad de una.

Para horror del hombre ahí no paró el cometido de las dos niñas. Pues cuando se dió cuenta un ligero ¡Puf! Se escuchó Y su ropa había cambiado. Etamin sonrió contenta al ver cómo el hombre ya no estaba vestido por su túnica y pantalones, ahora su ropaje era un tutú rosado muy pomposo, además que vestía unas lindas medias rosa pastel y en su cabello tenía una linda tiara plateada. Para completar la apariencia en su espalda tenía un par de alas falsas de mariposa de color verde pistacho.

— Oh, el traje es muy hermoso. — Halagó la niña de ojos desiguales. — Pero siento que algo está fallando… — Añadió dudosa Etamin.

— Y yo sé que es exactamente. — Respondió arrogante Cissa mientras movía ligeramente la mano y el traje de Ron cambiaba a color azul pastel. — Ese cabello pelirrojo se ve horrible con rosa, pero ya está arreglado. — Dijo satisfecha la pequeña bruja.

Ellas continuaron halagando los ropajes de Ron, pero fueron interrumpidas por una voz muy conocida por ellas.

— Por Salazar, ¿Qué está pasando aquí? — Preguntó Draco Malfoy estupefacto apareciendo en escena junto a Kingsley.

— ¡Papi! — gritaron las dos corriendo a abrazar a su padre emocionadas.

— ¿Para mí no hay saludo? — Preguntó fingiendo indignación Kingsley.

— Tío Kings. — Dijo la pequeña Etamin yendo a abrazar al mencionado.

— Hola tío, hace tanto que no te veíamos. Me tienes olvidada. — Saludó un poco indignada Narcissa II mirando desaprobatoria al adulto.

— Lo siento pequeña, he estado muy ocupado últimamente, pero al menos esta vez hemos podido coincidir. — Explicó cariñoso el mago de tez morena.

Los cuatro iban a seguir platicando amenamente en medio del pasillo, pero un quejido de Ron les interrumpió. Al parecer aún no podía moverse.

— Mira papi, ¿Te gusta nuestra hada madrina? — Preguntó risueña la más pequeña Malfoy haciéndole ojitos de cachorro a su padre.

Draco miró a Ron detenidamente. Al parecer el estúpido mago había sido el jueguete de sus hijas el tiempo que las dejo solas, pero la pregunta era ¿Qué les habrá hecho él para que acabará así?. El rubio conocía a la perfección a sus hijas. Sabía que en ocasiones Cissa era astuta y caprichosa, pero no se metía con nadie a menos que la hayan provocado. Lo mismo pasaba con la pequeña Etamin, que era una niña muy dulce y tierna hasta que se burlaban de sus ojos. Dedujo que el estúpido de Weasel se burló de sus pequeñas hijas.

— Es el hada más horrenda que he visto, pero el atuendo es muy bonito. — Comentó mientras sus labios se curvaban en una ligera sonrisa ladeada.

El patriarca Malfoy pudo ver con claridad como los ojos azules le lanzaban una clara mirada de odio. Kingsley veía a todos sorprendidos.

— Ronald. ¿Qué es lo que te sucedió? — Preguntó confundido el ministro.

— Tío Kings, es que este señor feo nos estaba molestando en la cafetería haciéndonos preguntas incómodas sobre papi. — Dijo fingiendo tristeza Etamin. Mirada que conmovió al ministro.

— ¿Qué clase de preguntas cielo? — preguntó Draco con seriedad.

— Nos pregunto si te reúnes con gente extraña en el callejón Knockturn. — Dijo con simpleza Cissa.

Draco miró a Kingsley serio. Sabía que Ronald Weasley sería un dolor en el trasero para su familia cuando regresaron a Londres.

— Además nos quería quitar nuestro pastel, así que Cissa le dió un puñetazo y lo convertimos en hada. — Explicó lastimera Etamin.

— ¿Que me aconsejas Kingsley? Después de todo es un auror bajo tu mando. Si por mí fuera ya me hubiera hecho cargo de él, tú me entiendes a qué me refiero. — Dijo seriamente Draco cruzándose de brazos. — Yo ya se lo había advertido el primero de septiembre cuando nos encontramos en King Cross.

— Supongo que te doy la libertad para buscar un castigo inofensivo por el momento, algo que no involucre una maldición imperdonable. — Respondió Kingsley despreocupado.

Ron abrió mucho los ojos ante la contestación del ministro. ¿Acaso era una broma?.

El pelirrojo era un conocido querido para Kingsley, pero Draco Malfoy y su familia significaban mucho más para él al parecer. Si el ministro analizaba la situación con cuidado, podía deducir que el pelirrojo se había pasado. Conocía a su ahijada y a Etamin, ellas no hubieran reaccionado de esa manera sino se hubieran sentido amenazadas.

Draco sonrió malicioso ante la perspectiva de poder hacerle algo al idiota de Weasel. Lastima que no podía causarle daño físico, pero el rubio era un slytherin, y un slytherin siempre se sale con la suya.

Además recordó las palabras de Lucius. "A veces la tortura psicológica es más efectiva que la física". Con elegancia sacó su varita de su túnica sin poder esconder su sonrisa.

— indumentis aeterna. — Dijo con dedicación y elegancia. De la punta de su varita salió una luz azulada que impactó con el vestuario del pelirrojo.

Al parecer no había ocasionado nada el hechizo para alivio de Ron. Kingsley no dijo nada, de seguro esa maldición conllevaba algo más que solo el propio Draco sabría. Por otro lado sus hijas se miraron intrigadas. Conocían que su padre podría ser muy vengativo, así que se cuestionaban qué clase de maldición uso.

Nuevamente Draco movió su varita.

— Finite. — Mencionó con un tono aburrido.

Ronald en ese momento por fin fue libre de la petrificación, pero debido a eso cayó al suelo de bruces. Cuando logró incorporarse miró a los adultos.

— ¡Tus hijas son una amenaza! — Gritó indignado el pelirrojo.

— Tu las provocaste Weasel, si no hubieras actuado como un jodido loco esto no hubiera sucedido. — Debatió Draco petulante.

— Tienes razón, pues ¿Qué más podrían aprender de un padre Mortifago? No sé cómo Hermione se casó contigo, que bajo cayó. — Dijo venenoso el pelirrojo y rojo del coraje.

El ministro se quedó mudo. Se acabó, hasta ahí iba a llegar el autocontrol de Draco. Suspiró derrotado por no poder evitar la muerte de Ronald.

Draco sonrió de lado, pero sus ojos destellaron por su furia silenciosa. Rápidamente se acercó al pelirrojo y lo tomó del cuello del vestido tutú. Con fuerza lo estampó en la pared para acorralarlo. Ron se quedó pasmado ante la fuerza que poseía el rubio.

— Segunda advertencia. Me siento tan benevolente como para no darte tu merecido aquí mismo por solo una razón. No me importa si está presente el ministro de magia o hasta tu jodida madre, eso no cambia las cosas lo haría de todas formas con gusto, pero no voy a mancharme las manos frente a mis hijas. Aunque lo merezcas me vengaré de otra forma, así que ten cuidado con quien te metes, Weasel. — Siseó amenazador el rubio mirando directamente a los ojos azules.

El ex gryffindor tragó duro. No sabía que los ojos de plata podían resultar amenazadores. Solo asintió quedamente sin decir nada. Draco retiró su agarre y le dió la espalda para regresar con sus hijas. Ron estaba indignado, ¿Por qué él estaba recibiendo ese trato si era un héroe de guerra?. Con molestia lanzó el comentario final.

— Me aseguraré que Hermione abra los ojos para que te abandone a ti y a todos tus engendros. — Dijo cabreado el pelirrojo.

Draco ni siquiera se giró para encararlo y rió de forma escandalosa.

— Suerte con eso, la vas a necesitar. — Contestó irónico el rubio. Rápidamente se giró y lanzó otra maldición a un pelirrojo desprevenido. — Crampus. — Dijo con satisfacción el rubio. Tanta fue la rapidez con que lo hizo que ni siquiera Kingsley lo pudo evitar.

Ron cerró sus ojos al sentir el impacto esperando lo peor, pero nada sucedió. El pelirrojo recuperó su confianza nuevamente.

— Al parecer te estás haciendo blando, hurón. — Se burló Ron.

— Oh, solo espera y verás. — Dijo enigmático y un poco emocionado el rubio.

— Draco, lo prometiste. — Dijo Kingsley de forma desaprobatoria.

— Vamos, él se lo busco. Ahora sí me disculpas me retiro con mis pequeñas. — Dijo satisfecho sin borrar la sonrisa de su cara.

— Te concedo la razón esta vez. — Dijo derrotado el ministro. Se giró para ver a las pequeñas niñas. — Nos vemos preciosas, espero y algún día pueda ir a cenar a su casa. — Dijo cariñosamente.

— Sabes que si Tío Kings, siempre eres bienvenido. — Contestó Cissa abrazándolo. El mencionado se rió.

— Manda saludos a Hermione. — Dijo amablemente el ministro.

— Sabes que si. Nos vemos para cenar en una semana, no faltes. Te mando los avances de la investigación sobre El macchiatis. — Le dijo Draco amable mientras se retiraba con sus dos pequeñas del lugar.

El macchiatis era aquella enfermedad que estaba afectando a Londres últimamente. Era una nueva y rara enfermedad que se había presentado en Italia hace unos 30 años. En ese entonces nunca se pudo encontrar una cura, afortunadamente dejó de presentarse en los magos mientras transcurrió el tiempo. Está enfermedad provocaba que al mago afectado le salieran manchas púrpuras por todo el cuerpo, era como si tuvieran muchos moretones en el cuerpo. Era indolora, pero existía la problemática en que aquellos moretones actuaban como succionadores de magia, teniendo como consecuencia que el mago no pudiera utilizar su magia a voluntad, si la infección duraba un tiempo considerable era posible que el individuo quedará sin magia.

Una vez que se fueron, Kingsley miró serio a Ron.

— ¿En serio no podías dejar a las niñas en paz? Eso no es un comportamiento digno de un auror. — Cuestionó serio el mago.

— Ellas me provocaron. Son unas salvajes . — Dijo indignado el pelirrojo. — Además no sé cómo son capaces de hacer magia sin varita.

— Cuidado, que una de ellas es mi ahijada auror Weasley. — Advirtió Kingsley. — Ellas son muy talentosas. Después de todo no es ilegal usar magia "incidental" — Dijo orgulloso.

— Como sea, ¿Vas a ponerme una sanción? — respondió Ronald fastidiado y cansado.

— No es necesario, ahora pienso que te mereces a pulso los maleficios que te colocó Draco. — Contestó satisfecho el mago moreno.

Ron le miró desconfiado y pálido.

— ¿Qué me hizo? — Preguntó asustado el pecoso.

— Nada ilegal, te lo puedo asegurar, pero te dará unos buenos dolores de cabeza. — Sonrió enigmático el ministro mientras se retiraba a su oficina.

En las afueras del ministerio Draco iba conversando con sus dos hijas.

— Hoy me demostraron que son unas dignas Malfoy al no dejarse pisotear por la comadreja. Así que pensé en una recompensa. — Dijo orgulloso el rubio a sus dos hijas.

— ¿Acaso dudaste de nosotras? — Preguntó petulante Cissa.

— Desde luego que no, solo me han dejado muy sorprendido con su creatividad, es todo. — Explicó Draco feliz.

— ¿Cuál es la recompensa? — Preguntó Etamin con sus ojos brillantes de felicidad.

— Querían ir a la juguetería, ¿No?. — Preguntó el hombre de ojos grises, sus dos niñas asintieron. — Pues ahora vamos a comprar esa colección de muñecas para Cissa. Y un telescopio y proyector de estrellas para ti Etamin. — Explicó de un muy buen humor el dragón

— Gracias papá, con una muñeca basta. No tienes que comprarme las tres. — Dijo Cissa un poco apenada.

— Yo si acepto mis regalos. — Dijo con emoción Etamin haciendo reír a su padre y hermana.

— No acepto ningún pero, se lo merecen. — Dijo Draco en tono cariñoso.

Fue así como el trío de Malfoy 's se dirigió a la juguetería del callejón diagon.


Oficina de Harry Potter

Después de que pasaron dos horas más, Ronald Weasley ingresó nuevamente a la oficina de Harry Potter vestido como hada madrina. El pelinegro al verlo ingresar de esa manera lo vió de manera interrogante.

— ¿Qué diablos te sucedió? — Preguntó Harry tratando de aguantar su risa.

— Las hijas de Malfoy me maldijeron y cuando su padre se enteró lo empeoró más. — Dijo colérico el pelirrojo.

— ¿No sé supone que sus tres hijos están en Hogwarts? — Preguntó confundido el niño que vivió.

— Tiene otras dos pequeñas amenazas. — Masculló molesto. — Lo peor de todo es que ya intenté quitarme este estúpido disfraz y no sale con nada. Incluso Kingsley lo aprobó porque resulta que una de las hijas de Malfoy es su ahijada.

— Entonces Malfoy tiene cinco hijos. Uf, y pensar que tres ya eran suficiente amenaza para el mundo mágico. — Bromeó Harry. Ron le miró ceñudo. — Digo, que mal por ti amigo. — Añadió el pelinegro fingiendo pena por su amigo.

Estaba consciente que el pelirrojo se ha de ver pasado con la familia del rubio. Así que lo más seguro es que se ganó esos maleficios a pulso. Confirmaba más su hipótesis al enterarse que Kingsley estaba de acuerdo con el maleficio que sufría Ron.

— No sale con nada. Si me pongo algo encima la ropa se desintegra y me deja en las mismas, con este ridículo tutú. Ahora solo me queda esperar a que pase el efecto. — Comentó derrotado Ronald.

— Ve el lado bueno, al menos no fue una imperdonable. — Dijo irónico el salvador del mundo mágico.

— No, pero me lanzó el estúpido hurón también otro maleficio que hace que me den calambres por todo el cuerpo cada media hora. — Dijo lastimero el pelirrojo. — Pero esto no se quedará así, haré que Hermione sea mía, no permitiré que siga con ese Mortifago. De seguro está bajo un imperius, lo comprobaré la próxima vez. — Añadió con convicción el weasley menor.

— Solo atente a las consecuencias Ron. — Dijo cansado el pelinegro. El mencionado solo se encogió de hombros y se retiró del lugar.

Harry suspiró derrotado. En su escritorio tenía la portada del profeta de ese día, en donde salía una foto con una pareja cenando en un restaurante. Hermione tenía esa sonrisa que Harry hace mucho había dejado de ver. Podía apreciar como los ojos castaños de su ex amiga brillan con alegría. Por su parte, su acompañante rubio solo sonreía quedamente de lado, pero sus ojos grises que por lo general eran fríos, tenían un chispazo que sorprendió al niño que vivió. El título del periódico anunciaba lo siguiente: "El matrimonio de platino. ¿Los Malfoy rompiendo tradiciones y prejuicios?"

Antes de la llegada de Ron había estado leyendo el artículo dedicado a los Malfoy, en donde explicaban cómo estos habían hecho de lado los prejuicios de sangre para permitir que su hijo Draco se casará con una hija de muggles, que fue donde encontró el amor. Además, hacía mención de los logros del par de magos. Incluso Harry estaba sorprendido por el talento nato de Draco para las pociones medicas.

Nuevamente el rumbo de sus pensamientos cambiaron y regresaron a Ron. Tan solo pensar que su amigo no había aprendido la lección y que iba por otra dosis de problemas sintió un poco de lástima por él. No sé necesitaba ser muy inteligente para ver que el matrimonio entre Hermione y Malfoy fue por amor verdadero, muy difícilmente iba a conseguir separar a una pareja así de sorprendente. Además, él sabía perfectamente que con Draco Malfoy no se jugaba.

— Ron, eres un idiota. — Pensó Harry Potter cansado.