"Yo soy la Señora Malfoy y este es mi legado"
Capítulo cuatro: La veracidad del matrimonio Potter y de tal Comadreja (palo) tal mini Weasel (astilla).
Hogwarts Colegio de magia y hechiceríaMazmorrasHabitación de Albus PotterSábado 2 de octubre del 2017
En la habitación que se encontraba en aparente calma, estaba Albus sentado en su escritorio con la mirada perdida viendo hacia la ventana que daba a las profundidades del lago negro.
Hace un mes exactamente había recibido el vociferador de parte de su madre. Aunque le doliera admitirlo, el pelinegro siempre supo que su madre lo haría de lado a la primera oportunidad que tendría, así que su decisión no fue ninguna sorpresa. Por otro lado, al que sí logró descolocar fue a su padre. ¿No sé supone que él lo apoyaría incondicionalmente?. Porque no se lo estaba demostrando, ya que no había sabido nada de él desde ese día. Con tristeza podía ver cómo cada semana en la mesa de gryffindor descendía la lechuza café de su padre para dejarle una carta a James, acompañada de un paquete de golosinas. ¿Y que recibía Él? El mismo paquete de golosinas, pero ninguna carta, solo la fría indiferencia por ser slytherin
Albus estuvo pensándolo por mucho tiempo, ya era hora de intentar hablar con su padre sobre lo sucedido. Tomó un trozo de pergamino y tinta, y empezó a escribir.
PapaTe escribo esta carta con el motivo de saber de ti. ¿Cómo estás? ¿Qué tal todo en el trabajo? ¿Por qué no me escribes?.Ya no puedo soportarlo, te pido de la manera más amable que me digas de una vez que piensas acerca de mi. No puedo seguir fingiendo que todo está bien contigo si no se nada de ti. ¿Sentirás vergüenza de mi, como mamá porque soy slytherin? ¿Por ser yo mismo?.Solo quiero que me digas que piensas sobre la situación, si quieres que me aleje yo lo entenderé, pero al menos dime algo y no me dejes a la deriva.Prometo que lo afrontaré, pase lo que pase. Porque después de todo, llevo el nombre de un hombre que fue muy valiente y astuto. Y no, no me refiero a Albus Dumbledore, sino a Severus Snape.Espero tu respuestaAlbus
El pequeño Potter admiró pensativo aquella misiva que había escrito. Con decisión rápidamente la puso en un sobre y la ató a la pata de su lechuza blanca.
— Apolo, ¿Puedes enviar esto a mi padre? No esperes respuesta, solo entregala y regresa por favor. — Le pidió amablemente tratando de aparentar estar feliz.
Debía admitir que sabía perfectamente como resultaría aquello. No recibiría respuesta, estaba seguro. Se sentía extraño que su relación con sus padres cambiará tanto en un solo mes, aunque sonara egoísta de su parte había valido la pena. En Slytherin no tenía que aparentar ser alguien quien no era. Además, hasta ese momento había hecho muchos amigos valiosos aparte de su hermano. Los Malfoy habían resultado ser una compañía muy interesante y agradable, al igual que los Nott y Zabini.
No tenía que fingir ser un gryffindor como cuando estaba con su familia. A pesar de las circunstancias no se sentía del todo miserable. Triste porque su padre le ignoraba, pero feliz por sus nuevos amigos, además tenía aún muy buena relación con James y mantenía correspondencia con Lily.
Lily era su pequeña hermanita de tan solo 9 años. Era una pequeña niña que su rostro estaba adornado por pequeñas pecas, además tenía los ojos verdes esmeralda de su padre. Curiosamente, tampoco había heredado muchos rasgos de su madre, ya que el cabello de la pequeña era pelinegro y lacio. Muchos habían apostado a que sería pelirroja como su madre, pero después de todo no fue así, la Sangre Potter predominó.
Quiso sentarse a esperar la carta de su padre, pero dentro de sí sabía que era inútil. Optó por tomar un libro para leer y salió de su habitación para dirigirse a la sala común. Después de todo era un sábado tranquilo y no quería desperdiciarlo esperando algo que no llegaría.
Torre de gryffindorHabitación de Rose Weasley
Mientras tanto, en la habitación de la hija Ron se encontraba la pequeña niña recostada farfullando molesta en su cama. Había intentado de todo para poder acercarse a aquel niño que le robaba el aliento. Ese niño que parecía tener cabellos casi blancos y ojos como el mercurio. Aquel que tenía una sonrisa atractiva, que desafortunadamente solo podía apreciar desde lejos cuando él se encontraba con sus hermanos y amigos.
Era lamentable que hubiera un niño que pudiera resistirse a la Hija de un héroe de guerra tan famoso como Ronald Weasley.
— ¿Por qué Scorpius no puede ver lo genial que soy? — pensó frustrada la pelirroja.
Desde que lo vio en la estación junto a sus padres quedó cautivada por él. Sabía de primera mano que a su padre no le caía para nada bien la familia Malfoy por ser Mortifagos, pero no podía evitarlo, ese niño la traía de cabeza. Solo que habían muchos problemas para que él pudiese fijarse en ella. Sus hermanos eran un estorbo, ya que siempre estaban junto a él, en especial su nemesis: Antares Malfoy.
La gemela odiosa del rubio, esa bruja que sentía que tenía aires de grandeza. Rose estaba segura de que Antares nunca permitiría que se acercará a su hermano. Debía pensar en un plan, pero por más que lo intentaba no podía conseguirlo. Después de un rato de divagar en soledad (y agradeció que ninguna de sus compañeras de cuarto se apareciera para interrumpir sus pensamientos) se le ocurrió una solución. No podía pedirle ayuda a su madre, ya que hasta Rose sabía que Lavender no era una bruja muy perspicaz, pero aún así le quería. Pero estaba su tía Ginny, la cual admiraba demasiado ya que ella fue capaz de enamorar a Harry Potter, su tío el salvador del mundo mágico.
Lo más seguro es que ella sabría que hacer al respecto. Tomó de su baúl papel y tinta y se dispuso a escribir con rapidez.
Querida Tía GinnyHola, ¿Que tal va todo en tu casa? ¿Cómo está Lily?.Quería pedirte consejo respecto a un chico que me gusta. Se que suena descabellado, pero no logro conseguir que se fije en mi, nisiquiera me presta atención, lo cual es inaceptable porque soy una bruja de cualidades inigualables. Además su odiosa hermana no me deja acercarme a él. Dime, ¿Qué me aconsejarías hacer?.No le cuentes a mis padres ni a mí tío por favor. Espero tu respuesta.Te quiere:Tu sobrina Rose
Una vez que estuvo lista su carta sacó a Pigwidgeon Jr. Era el hijo de la lechuza de su padre. Con desesperación ató la correspondencia y la dejó ir.
Al parecer no tuvo que esperar demasiado, ya que solamente había pasado una hora y su lechuza ya se encontraba de vuelta con un pequeño paquete incluído. Primeramente tomó la carta entre sus manos y la leyó.
Rosebud¿Quién es ese chico? ¿Por qué no me habías contado nada?. Debo admitir que en efecto estoy sorprendida que no te haga caso, con lo bonita que eres, después de todo las Weasley somos únicas.No se me podría ocurrir mejor manera para llamar su atención que con un poco de magia. Usa toda la botella y combinalo con los dulces favoritos del muchacho. Se creativa y lo tendrás a tus pies. Por su hermana no te preocupes, con lo que te acabo de mandar ella no será capaz de hacer nada.Espero y me cuentes después como salió el plan.Suerte.Ginny Potter
Con mucha curiosidad, Rose abrió la pequeña cajita y descubrió con alegría que había un pequeño frasco con filtro de amor. Era el mismo que su tío George vendía en Sortilegios Weasley. Era maravilloso, con eso lograría tener a Scorpius a su lado. Con cierta malicia pensó que no le diría a su tía el nombre del rubio, ya que podía hacer un escándalo al enterarse de que se trataba de un Malfoy, pero no importaba. Aquel rizado sería suyo.
Estaba segura que podía hacerlo cambiar y volver al niño rubio un digno león, no importaba que estuviera en slytherin, lo importante era que ella le llevaría por el buen camino.
LechuceriaDomingo 3 de octubre del 201710 am
Esa mañana tranquila de domingo en la que no había aún muchos estudiantes despiertos a los alrededores, le parecía perfecta a Antares Malfoy. Había descubierto que sentía una agradable satisfacción de deambular temprano a solas. En esa ocasión había decidido ir a la lechucería para visitar a Fenrir y Phobos, las aves de sus hermanos. Con paso calmado subió los escalones resbaladizos del recinto y en el segundo piso pudo ver cómo el águila y la lechuza se encontraban juntas durmiendo. Con una sonrisa en su rostro y cuidado, Antares estiró su mano y tocó levemente las plumas del ala de las aves.
Las aves al sentir el roce abrieron sus ojos alerta para atacar al osado que les había tocado, pero abandonaron sus intentos al ver el rostro familiar de la hermana de sus dueños. La niña al ver que los animales se encontraban despiertos les acarició con cariño su cabeza, una vez satisfecha, de uno de sus bolsillos de su túnica sacó una caja de golosinas para lechuza y se los extendió. Mientras el par de aves comía gustosamente, Antares aprovechó para asomarse por la ventana más próxima que tenía y perderse en sus pensamientos.
Hogwarts era maravilloso, hasta el momento le había gustado más que Beauxbatons. No es que la academia francesa fuera horrenda, pero en ocasiones resultaba muy sosa. Por otro lado, había amado la sensación de hogar que ofrecía el colegio Escosés, de seguro sus demás hermanos al igual que ella amarían venir a estudiar ahí.
De repente, sus pensamientos fueron interrumpidos por un par de voces femeninas que se escuchaban alrededor. Rápidamente Antares se dió cuenta que provenían de las afueras de la lechucería. Bajó su mirada hacia la banca más próxima del lugar y aprecio que estaba ocupada por un par de chicas Weasley que identificó como Rosebud y su prima Molly.
— Debo admitir que te doy un buen punto, Ese Malfoy sí que es un bombón fino. — Habló bobamente la hija de Percy Weasley, una pelirroja de cabello largo y lacio.
Antares ante la mención de uno de sus hermanos frunció el ceño y trató de ocultarse de la vista de las pelirrojas. Afortunadamente estas se encontraban sentadas de espaldas hacia la lechucería y no se habían tomado la molestia de mirar las ventanas de arriba para ver si había alguien.
— Obvio Molly, pero es mío. Búscate a alguien más, porque próximamente yo saldré con él. — Dijo prepotente Rosebud mientras movía su cabellera hacia atrás.
La chica Malfoy arqueó una ceja. Lo que le faltaba, ahora tendría que lidiar con Rosebud para evitar que se acercará a alguno de sus dos hermanos, ahora solo faltaba saber a cuál de ellos debía proteger ya que Rosebud no era digna de pertenecer a los Malfoy. Era una niña mimada y presumida, la hija de su papi que vivía de la fama del niño que vivió. Ni siquiera era inteligente, mucho menos agradable. Además, ¿Para qué quería un novio? ¡Solamente tenían 12 años! Había cosas más importantes que eso.
— ¿Pero cómo piensas hacer para que Scorpius salga contigo?. Ni siquiera te da la hora. — Preguntó con duda Molly.
Antares suspiró exasperada. La pelirroja hueca iba tras su gemelo.
— Solo necesito utilizar el regalo que me dió Tía Ginny. — Dijo emocionada mientras que de su bolsillo de su túnica sacaba el pequeño frasco de filtro de amor y lo sacudió enfrente de su prima con admiración.
— Pequeña y tramposa Weasel. — pensó con desagrado Antares.
Muy pocas veces en su vida había sentido odio por alguien. Este era uno de esos momentos en que quería deshacerse de una persona. ¿Cómo osaba esa comadreja a siquiera pensar en tratar de embrujar a su hermano?. Trató de calmarse, de nada servía que se alterará. Debía pensar con frialdad para encontrar una solución rápida.
— ¡Amortentia! Eso es genial, Tía Ginny es muy sabia. — Comentó con admiración Molly. — ¿Cómo piensas dársela para que no se de cuenta? — Preguntó con duda.
— Fácil, primero necesito abordarlo solo. Lo que menos necesito es que esté acompañado por alguno de sus ineptos amigos, mucho menos necesito cerca a su par de hermanos entrometidos, en especial de esa arpía de Malfoy. — Dijo petulante la pelirroja. Antares apretó su mandíbula para evitar soltar un improperio. — Pienso mezclar la poción en unos pastelillos de calabaza. Lo más seguro es que lo haga después del almuerzo. — agregó orgullosa.
La rubia rizada sonrió con malicia. Al parecer Rosebud empezaba a perder inconscientemente, ya que no conocía para nada a su hermano. Uno de los postres que más odiaba Scorpius era el pastel de calabaza. Con fascinación, Antares empezó a diseñar un plan en su cabeza para evitar que Rosebud no tuviera ni siquiera la posibilidad de hablar con Scorpius.
Como dicen en el mundo muggle:
— Será pan comido. — Sonrió ladina la rubia.
Con paciencia esperó a que el par de pelirrojas se retirará. Una vez que se hubieran ido, Tares salió de la lechucería y se dirigió como bólido a las mazmorras. Al entrar se encontró con sus dos hermanos, las fotocopias Nott, los hermanos Potter y Bruno. No era nada extraño que hubieran miembros de otras casa en las mazmorras, después de todo ellos eran respetados por los integrantes de slytherin y tenían el privilegio de invitar a quien quisieran y considerarán merecedor.
— ¿A dónde te habías metido Tares? — Preguntó curioso Scorpius mirando a la rubia.
— ¿Acaso te está fallando la conexión gemelar? — Interrumpió Lysander irónicamente.
— Oh cállate. Tu nisiquiera sabes en dónde se mete Lorcan a veces. — Dijo Scorpius en su defensa. Después se acercó a Lysander para susurrarle. — Sigue así y nunca te permitiré casarte con ella. — Susurró molesto el rubio. El hijo mayor de los Nott solo hizo una mueca derrotado.
— Fui a visitar a Fobos y Fenrir. — Contestó Antares interrumpiendo a los chicos.
— Si No tuvieras a tu bola de pelos negra no tendrías que visitar aves que no son tuyas. — Insinuó petulante su gemelo, haciendo alusión a la mala relación que tenía con el gato de su hermana.
— Eso significa que tengo mucho amor para repartir, afortunadamente Nix no es un ser egoísta. — Dijo calmada su hermana tratando de no caer en las provocaciones del rubio. De repente su vista se dirigió a otro hermano castaño. — Abraxas, necesito hablar contigo a solas. — Comentó seriamente.
El aludido le miró sorprendido y antes de que alguien se atrevería a cuestionar la razón, se levantó y se fueron a la habitación de Antares. Una vez adentro, cerrando la puerta con seguro y lanzando un muffliato, procedieron a hablar.
— Por la cara que tienes deduzco que es algo serio. — Dijo Abraxas con serenidad, tratando de adivinar la razón que los tenía ahí.
— Esa Weasel quiere usar amortentia en Scorpius. — Siseó enojada la rubia.
Su hermano abrió mucho los ojos ante su respuesta.
— Como siempre tan directa. — comentó un poco aturdido por la noticia el castaño. Antares giró los ojos con fastidio. — En Hogwarts abundan los Weasley, pero me imagino que estás hablando de Rosebud. ¿Cómo descubriste eso? — Preguntó de manera analítica.
— Cuando estaba en la lechucería, ella estaba con una de sus primas, hablando sobre su "gran hazaña" para tener a Scor entre sus garras de comadreja. Es tan torpe que incluso piensa darle el filtro en pasteles de calabaza este mismo día. — Explicó exasperada la niña de rizos.
— Estoy preocupado. — Dijo serio el Malfoy castaño, haciendo una pausa dramática. Antares le concedió la razón, su hermano estaba en peligro de ser hechizado. ¿Como no se iban a preocupar?. — ¿Acaso la inteligencia no existe en el gen Weasley? ¡Por Merlin, puede existir mejor forma de darle un filtro a alguien! — Exclamó indignado Abraxas.
Antares se acercó sin vacilar a su hermano menor y le dio un zape en la cabeza.
— ¡Auch! ¿Por qué hiciste eso?. — Grito adolorido sobándose su cabeza.
— ¡Para acomodarte las ideas!. Pensé que estabas preocupado por Scor, no por la deficiencia de inteligencia en los Weasley y sus métodos para joder la vida de otros. — Dijo irritada Antares fulminandolo con la mirada.
— Bájale al drama, Draconis. Desde luego que estoy preocupado, pero Scor es muy inteligente, dudo mucho que vaya a caer en una trampa tan patética. — Contestó socarrón el castaño sonriendo de lado.
— Lo sé, pero aún así no puedo evitar preocuparme. — Comentó cansada. — Necesito pedirte algo. — Añadió seriamente.
— Vas a hacerte pasar por él, ¿Verdad? — Dijo interrogante Abraxas arqueando una de sus cejas.
— Ya me conoces, porque no mejor aprovechar la hermosa habilidad con la que he nacido. — Contestó arrogante la niña rubia.
— Solo ten cuidado, no vaya a salir mal la situación. Aunque lo dudo, ya que no tienes problema para actuar como él. — Respondió divertido el malfoy menor.
— No tienes idea de cuánto voy a gozar. — Mencionó con satisfacción. — Solo asegúrate de que no salgan de la sala común en todo el día. Pueden llamar a Bany para pedir comida.
Bany era otro elfo al servicio de la familia Malfoy, específicamente era la elfina personal de Antares. Con autorización de Mcgonagall y de sus padres, varios elfos de la familia trabajaban en Hogwarts mientras ellos se encontraban estudiando. Todo con el objetivo de que a los pequeños Malfoy no les faltará nada. La directora no tuvo queja, después de todo hasta el momento habían demostrado ser alumnos ejemplares. Cada hijo Malfoy tenía su propio elfo personal.
— Si la necesito la llamaré. Aunque Cloud nunca duda en venir al llamado, además no creo que Abathor dejé mal atendido a Scor. — mencionó sereno el castaño, haciendo mención del elfo de su hermano y el suyo propio. — Convenceré a los chicos de hacer una maratón de películas muggle, como lo hacíamos antes en casa. — Dijo con seguridad Abraxas. — Solo no seas tan dura con Weasel, después de todo es una idiota.
— Oh eso sí que no. Ella se lo ha buscado, que se atenga a las consecuencias de querer engañar a un Malfoy. — Dijo Antares fieramente. Abraxas podía jurar que vio llamas en sus ojos, metafóricamente hablando. — Así que nos vemos en un rato. — dijo a modo de despedida para después salir corriendo de su habitación.
— En definitiva no me gustaría que fuera mi enemiga. — Pensó un poco intimidado Abraxas refiriéndose a su hermana.
Campo de QuidditchDomingo 3 de octubre del 20173 pm
Más tarde ese día, Rose se encontraba sentada en las gradas del campo de Quidditch mirando como un niño rubio volaba por todo el lugar de manera ágil y grácil. Cada vez que pasaba frente a ella podía ver cómo el chico le miraba de reojo y sonreía con aquella sonrisa torcida que tanto le gustaba. La pelirroja esperaba ansiosamente que Scorpius Malfoy detuviera su vuelo y se acercará a ella para poder darle su "regalo". Miró hacia su regazo la sencilla caja rosa con pastelitos de calabaza dentro. Ya quería que aquel rubio fuera suyo.
Tan ensimismada estaba que no se percató que el rubio había aterrizado a su lado.
— Weasley. ¿Qué te trae por aquí? — Preguntó casualmente Scorpius. La mencionada dió un pequeño brinco en su lugar debido a la sorpresa del momento. Rose miró al chico sonrojada.
— Hola Scorpius. — Contestó soñadora la pelirroja. — No me digas Weasley, puedes llamarme por mi nombre.
— Está bien "Rosebud", pero aún no has contestado a mi pregunta. — Dijo petulante el rubio, haciendo especial énfasis en el nombre de la niña.
— Me refería a que me dijeras "Rose", mi nombre completo no es de mi preferencia. — Contestó melosa.
— Que lastima, pero prefiero decirte Rosebud. Después de todo, tu padre debe haberse rebanado los sesos en el proceso de pensar tu nombre, así que démosle crédito. — Comentó obstinado Scorpius mientras que con cierta satisfacción veía como la pelirroja apretaba su mandíbula y su sonrisa se esfumaba. — Por otro lado prefiero que me digas Malfoy, no somos amigos ni nada parecido. ¿A dónde han quedado tus buenos modales? — Añadió con sorna. Para su deleite la pelirroja ya no le miraba con ojos soñadores, sino que se veía un poco irritada.
Lamentablemente, poco le duró el gusto a Scorpius, ya que Rosebud volvió a sonreír aunque forzosamente.
— Como sea, no importa. — Contestó fingiendo tranquilidad, restándole importancia al asunto. — Te traje un regalo, espero que te guste. — Dijo la pelirroja y con un poco de nerviosismo le extendió la pequeña caja.
Scorpius la tomó entre sus manos y la abrió. Sonrió ladinamente al comprobar el contenido del regalo, los pastelitos con amortentia. Para satisfacción de Rose, miró con atención como el chico acercaba uno de los pastelitos a su rostro seguramente para poder probarlos. Jamás pensó que sería tan fácil enamorar a un Malfoy. Era inevitable que su sonrisa se ensanchará en ese momento, pero poco le duró el gusto. Con desilusión pudo ver cómo el chico Malfoy se llevaba el pastelito a la nariz y aspiraba la fragancia de este.
A Scorpius le llegó un aroma de menta y canela, lo cual lo pudo asociar al primer aroma de la amortentia que relacionada al lugar en el que se sentía bien, su hogar. Era los olores de la amortentia de sus padres, él los reconocería de dónde fuera. Después llegó un olor a madera y arándanos, suspiró con fuerza. Era el aroma de la colonia de su amigo Lyssander Nott. Él chico por el cual suspiraba desde su niñez.
En definitiva aquellos pastelitos estaban preparados con el filtro del amor. Con rapidez alejo el alimento de su cara.
— ¿De qué están hechos? — Preguntó interesado Scorpius. — Huelen muy delicioso...— Dijo con satisfacción, al fin al cabo no estaba diciendo mentiras.
Esa pregunta pareció gustarle a Rose, ya que sus ojos azules brillaron.
— Son de calabaza. Deberías probarlo. — Sugirió la pelirroja.
— Que curioso, porque no huelen a calabaza. — Contestó con sospecha, entrecerrando sus ojos. — Esto tiene algo más …
— No, claro que no. Solo harina, azúcar, calabaza, ya sabes. Todo lo que debe llevar un pastelito normal. — Respondió nerviosa Rose jugueteando con sus manos.
— No sabía que la amortentia fuera un ingrediente vital para hacer pastelitos. — Dijo irónico el rubio mirando con seriedad a la niña. Aprovechando la sorpresa de la chica, Scorpius tiro la caja de pastelitos al suelo y le apuntó con la varita.
— Evanesco— Susurró el encantamiento y estos desaparecieron del lugar.
Fue una reacción muy graciosa por la cual pasó el rostro pecoso, ya que pasó del color rojo vivo a un blanco pálido. Rosebud quería salir huyendo, él se había dado cuenta. Ahora estaba en problemas.
— No sé de qué me estás hablando. — Dijo Rose tratando de hacerse la desentendida.
— Vamos Weasel, no finjas. Se que andabas buscando mi atención y como no te doy ni la hora, creíste ilusamente que caería con un filtro de amor. Simplemente patético. — Siseó petulante Scorpius. — ¿Acaso pensaste que podías engañar a un Malfoy? — Preguntó seriamente dedicándole una mirada glacial.
— Yo, no quería eso… — Contestó aún más nerviosa, sintiéndose incómoda por aquella mirada de ojos grises que la dejaba sin habla.
— ¿Tu tía Ginevra te dió la idea? Eso me hace pensar muy mal sobre su relación con el señor Potter. — Añadió insinuante y malicioso el rubio.
Scorpius se había cuestionado el actuar tan patético y cobarde del Señor Potter. Según palabras de su madre, el niño que vivió dos veces en su juventud era muy valiente y siempre trataba de dar lo mejor por sus amigos. Todo era debido a que Harry Potter había crecido sin su familia. Por eso en ocasiones se descolocaban por su comportamiento con su hijo Albus, al apartarlo del núcleo familiar. Toda la familia Malfoy tenía diferentes teorías sobre su cambio en su personalidad, pero la mayoría estaban inclinados a una culpable. Ginevra Potter era la sospechosa número uno para la familia Malfoy, ya que era imposible que un hombre cuerdo y en sus plenas facultades soportará aquel chantaje manipulador de su esposa.
— Ellos no tienen nada que ver. Yo solo quería que te fijaras en mi. — Dijo apenada Rosebud. En ese momento se sentía muy avergonzada.
— Quiero que te quede claro algo, Weasel. No me agrada tu familia y mucho menos tú. No quiero que te me acerques a mi, ni a mi familia. Eres indigna y no por pertenecer a gryffindor, sino por ser una perdedora y jugar con la integridad de las personas. — Dijo fríamente Scorpius mientras miraba con asco a la pelirroja. — Te juro que si te vuelves a meter conmigo, no seré nada caballeroso. ¡Así que fuera de mi presencia!
— ¡Lo siento mucho! — Grito nerviosa la pelirroja mientras se alejaba corriendo del lugar aterrorizada.
Una vez que Scorpius comprobó que la pelirroja se había ido del campo de Quidditch, sonrió de lado y empezó a reír galante.
— Un problema menos, un fastidio menos. -- Murmuró con humor Scorpius.
De repente el joven rubio empezó a cambiar. Su estatura disminuyó y su rostro adquirió facciones más redondas y femeninas. Su hermoso cabello rubio creció considerablemente. Dónde antes se encontraba Scorpius, ahora se encontraba Antares sonriendo astutamente. La bruja sí que adoraba ser metamorfomaga, en verdad que podía aprovechar su habilidad para hacerse pasar por otros sin necesidad de usar poción multijugos. Estaba muy satisfecha ya que con la escena que acababa de pasar con Weasel, provocaría que ella se alejará un tiempo de su hermano y no consiguiera jugarle nuevamente una mala pasada.
— Has perdido este round Rosebud. — pensó satisfecha Antares alejándose del lugar a paso tranquilo y elegante.
Actuar como su hermano, para ella siempre le había traído gratos momentos.
Después de todo, había logrado que su hermano no saliera afectado para nada y había conseguido alejar a Rosebud de él por un tiempo. ¿ Qué más podía pedir?
Más tarde, ese mismo día Antares confirmó que sus amigos y hermanos no habían salido de la sala común para nada. Por otro lado, Rose Weasley había recibido su merecido por querer engañar a un Malfoy, de hecho evitaba la mirada acerada de Antares por parecerse a la de Scorpius. La joven Malfoy no podía estar más feliz. Si que fingir ser su hermano traía momentos muy divertidos.
Laboratorio privadoMalfoy Manor8 de noviembre de 2017
Lo que antes era parte de las mazmorras viejas de la mansión Malfoy se habían convertido una parte en un laboratorio de pociones cómodo, lujoso y bien equipado. Dos de las grandes paredes del lugar estaban cubiertas de grandes estantes en donde se guardaban frascos con diferentes ingredientes y calderos de diferentes tamaños y materiales. Desde luego no podía faltar dos mesas para realizar los trabajos, y por último un escritorio cómodo con equipo de cómputo, en donde Draco realizaba sus trabajos informáticos, ya que cuando se casó con Hermione, esta le enseñó a utilizar tecnología muggle.
Muchos pensarían que un laboratorio debería ser sombrío y oscuro como lo era el de Severus Snape, pero el laboratorio de Draco era de un color blanco pulcro, combinado con detalles en tono color chocolate. En ese momento se encontraba el rubio vestido de una bata blanca de laboratorio muggle machacando una flor morada en un mortero de porcelana con ímpetu. Había descubierto hace muchos años con agrado aquella prenda de vestir muggle tan curiosa, pero útil que le servía en su área de trabajo para no mancharse, además que era cómoda y lo hacía ver endemoniadamente atractivo. Y aunque no los usaba por vanidad, sino por necesidad debido al deterioro de su vista por los años, sus lentes de pasta negra cuadrados le daban un toque intelectual y serio.
Se podía ver que estaba muy concentrado en su trabajo. Su objetivo hasta ahora en su estudio sobre la enfermedad llamada Macchiatis era hallar la causa que la origina. En ese momento estaba probando con un tulipán morado de centro amarillo. Lo único que tenía que hacer era agregar la flor machacada a un par de viales con sangre mágica. Si estos cambiaban a color azul era porque la flor era la causante de la enfermedad, pero si se ponían amarillos no eran los responsables.
Con mucho cuidado y precisión agrego un poco de polvo de tulipan morado a tres frascos diferentes. Espero un momento expectante y nada sucedió.
— Maldición… — Masculló frustrado Draco al no ver ningún resultado.
¡Nada había sucedido! Ni siquiera habían cambiado de color, eso no le decía nada. Para esta investigación, Draco estaba invirtiendo mucho tiempo y esfuerzo. En el pasado había sido capaz de lograr mejorar diferentes pociones, como por ejemplo la "crece huesos" ya que había sustituido algunos ingredientes provocando así que mejorará su eficacia de crecimiento ya no siendo necesarias 8 horas de crecimiento doloroso, sino solamente 3 horas de crecimiento indoloro, además que el sabor era atractivo hasta para un niño.
Otra de sus grandes contribuciones fue el mejoramiento de la pasta cura-quemaduras, ya que no provocaba ningún ardor al aplicar, sino un suave cosquilleo. Además que la regeneración de la piel afectada era casi instantánea como si se utilizara díctamo. Lo que muchos no sabían es que uno de los ingredientes de la pasta era un derivado familiar del díctamo, pero este era más común y no tan caro.
Su invención más notable y famosa había sido una pócima parecida al efecto de la anestesia general muggle, pero sin sufrir consecuencias en el paciente como náuseas, vómitos, mareos, escalofríos e hipotermia, dolor de cabeza, irritación de la garganta, cambios en la presión sanguínea y dolor. Además de que tenía la cualidad de no ser dañina para el cuerpo, ya que si hubiera el caso de ser mal administrada o existiera el riesgo de sobredosis el paciente no moriría, solamente se sumiría en un sueño pacífico de dos días.
Para este punto, era frustrante para el joven Malfoy aún no encontrar una causa que provocara el Macchiatis. Con su experiencia y destreza ya lo hubiera conseguido, pero no lograba dar con la respuesta. Creyó ilusamente que la respuesta estaría en la flora de Italia y Londres. Fue así que busco plantas y flores que compartieran en común las Naciones. Hasta el momento ya había probado con la mayoría, pero no daban la respuesta que él quería. Se le acaban las opciones. Lamentablemente estaba empezando a rendirse y era una lástima, ya que los pacientes infectados de la enfermedad y sus familiares de estos, además del ministerio de magia de Londres y Francia contaban con que él sería capaz de descubrir el origen y desarrollar una cura.
— Será mejor tomar un descanso. — Pensó el rubio mientras suspiraba cansado y se retiraba momentáneamente sus gafas para sobarse el puente de la nariz.
De repente, los tres frascos en dónde había agregado el polvo morado empezaron a brillar, tanto así que el color azul que habían adquirido las pociones parecía ser color neón. Rápidamente Draco se incorporó sorprendido y se volvió a colocar sus lentes para mirar con detenimiento aquel fenómeno tan inesperado. Pasaron algunos momentos y las muestras seguían brillando y manteniendo el color. El rubio tomó una en su mano y sonrió de lado complacido mirándolo con detenimiento.
¡Lo había descubierto! Ahora entendía que era lo que causaba esa extraña enfermedad. ¡Solo una flor inofensiva!.
Ahora tendría que realizar la parte que más disfrutaba de sus investigaciones, buscar las razones por las cuales las personas no reaccionan bien a la flor y una posible cura para erradicar la enfermedad, pero primero debía ir al ministerio a informarle a Kingsley el gran paso que había tenido. Con paso veloz se acercó a su escritorio para encender su laptop y empezar a trabajar en su informe como maniático, pero antes de eso recordó algo abruptamente.
— ¡Roy!. — Llamó con voz serena el mago a la nada.
No tardaron ni cinco segundos para que frente del escritorio apareciera su fiel elfo doméstico vestido con un bonito y pequeño traje haciéndolo parecer un mini mayordomo muggle.
— Amo Draco, ¿Que necesita? — Preguntó de manera calmada, pero sin dejar de ser servicial el elfo que tenía una amable sonrisa en su rostro.
Su personalidad de la criatura siempre le había agradado de sobremanera a Draco. Era muy educado, paciente y calmado. Disfrutaba estar con los hijos Malfoy, además que era muy talentoso y ordenado a la hora de realizar diversas tareas que le eran pedidas por los miembros de la mansión, en especial las de Draco. No por nada, el elfo Roy era el de mayor rango de todos los elfos que estaban al servicio del hogar. Junto a Elle, la elfina de Hermione, eran lo equivalente a una ama de llaves y al mayordomo mayor de todo el personal élfico.
— Iré al ministerio a arreglar unos asuntos con mi investigación, si llega mi esposa de su reunión del buffet avísale que no estoy, por favor. — Pidió educado el rubio mientras ordenaba unos papeles en un maletín y se quitaba su bata blanca.
— Eso no será necesario. — Dijo Hermione Granger ingresando al laboratorio.
En esta ocasión, la señora Malfoy vestía un conjunto que consistía en un pantalón de vestir que remarcaba sus curvas. En la parte superior tenía una bonita blusa blanca con detalles dorados en el cuello. Esta vez no tenía ninguna túnica.
— ¿Hermione? — Dijo un poco sorprendido su esposo.
— Iba a explicarle eso, amo. La ama Hermione llegó hace cinco minutos. — añadió Roy un poco apenado.
— De todos modos, gracias Roy. Puedes retirarte. — Respondió Draco mirando como su elfo se inclinaba ligeramente y desaparecía con un Puf. Draco compuso una sonrisa que delataba misterio y miró a su esposa.
— ¿Qué es lo que tramas Dragón? ¿Cuales son esos asuntos tan importantes? — Preguntó cautelosa la castaña mientras sonreía de lado.
— ¿Por qué tanto interés leona? — Preguntó a la defensiva el rubio, pero sin dejar de sonreír astuto.
— Porque cuando tú sonríes de esa manera es que estás planeando algo grande, ya sea bueno o no tanto. — Contestó con seguridad Hermione mientras se sentaba en el escritorio del laboratorio.
— Solo tenía planeado ir a tomar un café con Potter. ¿Qué hay de extraño en eso? — Dijo socarrón, pero mostrando una sonrisa inocente.
Su esposa se rió sutilmente con buen humor.
— Ya en serio, Draco. ¿Qué es tan urgente para ir al ministerio a esta hora? — Preguntó nuevamente, pero esta vez con un tono curioso la Sra. Malfoy mientras revisaba su reloj de muñeca.
No es que fuera raro que su esposo visitara el ministerio, pero por lo general tenía la costumbre de asistir por las mañanas para tener su tarde libre. Actualmente eran las 3 pm.
— Pues tu talentoso esposo acaba de descubrir la causa que origina el macchiatis. Debo informar a Kingsley el avance. — Dijo con petulancia Draco sonriendo de manera ladeada.
Pudo apreciar con satisfacción como la castaña abría su boca en una perfecta "o" y le miraba pasmada. De repente se incorporó del escritorio y se abalanzó sobre su marido para regalarle un abrazo.
— ¡Sabía que lo conseguirías! — Dijo Hermione emocionada abrazando con afecto al rubio por el cuello. — Solo era cuestión de tiempo, como yo te dije. — añadió en tono sabidillo, sonriendo arrogante.
— Te concedo esta vez la razón, sabelotodo. — Respondió Draco para después regalarle un beso en la frente a su esposa y romper el abrazo. Se acercó a su mesa de laboratorio y tomó un frasco para extenderlo a Granger. Ella lo tomó con cuidado.
— ¿Cuál es la causa? — Preguntó la bruja mientras miraba con fascinación la tonalidad azulada neón del frasco.
— Tulipán morado de centro amarillo. Una flor un tanto extraña de encontrar más no imposible que solo se encuentra en Italia, Gran Bretaña, Rusia y Holanda. — Explicó Draco en tono sabidillo.
Hermione le miró embelesada mientras explicaba la causa. Consideraba que su esposo era sexy e intelectual a su manera. Además que con sus lentes de montura negra le daban un toque serio.
— ¿Quién diría que una flor tan delicada y hermosa fuera a causar tanto alboroto? — Preguntó irónica la castaña.
— Me recuerda un tanto a ti. Complicada de encontrar, hermosa, bella y elegante, pero eso no significa que sea inofensiva. — Comentó seductor el mago abrazando a la mujer por su cintura.
— Gracias Dragón, solamente tú eres capaz de decir algo tan especial. — Dijo Hermione tiernamente para después besar de manera delicada y fugaz los labios del hombre. — Será mejor que te deje ir para no distraerte más y puedas hablar con Kingsley. — Comentó con resignación rompiendo el contacto.
— Tan bien que la estábamos pasando, todo sea por el bien de Londres. — Dijo derrotado mientras se quitaba sus lentes y los colocaba en su estuche para guardarlos en la bolsa de su pantalón de vestir.
— ¿Quieres que Cygnus y Tyl vayan contigo?. — Preguntó con una sonrisa Hermione recibiendo a cambio una mirada de horror del hombre de ojos grises.
— Sabes que los amo, querida, pero recuerda que sucedió con Cissa y Etamin la vez pasada. Fue divertido meter en líos a Weasel, pero dudo mucho que Kingsley vaya a permitirlo nuevamente. — Explicó cauteloso el Dragón.
Y no era para menos, su otro par de gemelos varones podían ser inofensivos cuando querían, pero en ocasiones resultaban ser muy curiosos y complicados debido a la diferencia de personalidades que tenían los dos. Si se encontraban con Weasel o Potter y los hacían enfadar quien sabe que pudiese suceder. Era mejor no arriesgarse.
— Solo estaba bromeando, quería ver qué cara ponías. — Dijo divertida mirándolo con ojos chispeantes.
— Señora Malfoy, usted es una persona Malvada. — Siseó seductor el rubio.
— Aprendí del mejor. — Contestó orgullosa Hermione. — Solo ve con cuidado y no te metas en problemas. Cualquier cosa puedes mandarme un patronus, estaré desocupada. — Explicó con serenidad.
El hombre solamente se acercó a darle un beso de despedida y antes de salir de la puerta hablo:
— No prometo nada. ¡Nos vemos en un rato! — Dijo con descaro mientras salía de la habitación con prisa y una sonrisa ladeada. Desapareciendo del lugar antes de que su esposa le alcanzará, lo único que alcanzó a escuchar fue el grito indignado de su esposa.
— ¡Draco Lucius Malfoy, eres un descarado! No me tomes a la ligera. —
Ministerio de magiaOficina privada del ministro
Shacklebolt y Malfoy se encontraban sentados cada uno a un extremo del gran escritorio. El ministro se veía muy satisfecho por la información recabada y su avance en la investigación del pocionista.
— Sigue así Draco, seguro que podrás lograrlo. — Mencionó infundiendo ánimo el mago moreno.
— Claro que si Kingsley, no deben existir dudas. Después de todo soy uno de los mejores pocionistas. — Musitó petulante mientras sonreía Draco.
— Y por fortuna eres esposo de una de las brujas más talentosas e inteligentes de todos los tiempos. Un poco de ayuda extra no hace daño, ¿Verdad? — añadió sereno el ministro haciendo referencia a Hermione.
— Junto a un gran hombre, hay una mujer igual de grandiosa. Ella es estupenda, ya que también me ha ayudado mucho a recabar información, y aún así es capaz de seguir con su trabajo y no descuidar a la familia. — Explicó calmadamente el rubio, pero sin poder evitar que sus ojos grises dejarán de ser una tormenta y pasarán a ser un gris claro como el mercurio. Estos ojos reflejaban un brillo de emoción chispeante.
Kingsley hasta el momento y por desgracia aún no había podido encontrar el amor. Muchas veces era debido a su trabajo como ministro ya que le dejaban poco tiempo libre, pero la verdad era que todavía no se encontraba con aquella mujer que le robaría el aliento y sus suspiros. A pesar de eso, él sabía identificar perfectamente cuando un hombre amaba a su pareja. Draco Malfoy era un buen ejemplo, ya que se podía apreciar el gran amor que profesaba por Hermione. Quizás no era de los magos típicos románticos y empedernidos, pero el rubio lograba demostrar a cualquier persona que para él Hermione era especial y una bruja digna de admirar.
— Hermione y tú son una pareja sorprendente. — Mencionó con admiración Kingsley.
— Los dos por separado somos sorprendentes, pero juntos somos inigualables. — Musitó arrogante mientras sonreía orgulloso.
— Siempre tan humilde, Draco. — Contestó irónico y con humor el mago moreno.
De repente, en la puerta de la oficina se escucharon unos golpecitos. Kingsley carraspeo su garganta.
— ¿Si? — Preguntó el ministro al aire esperando respuesta.
— Señor ministro, el señor Potter ya se encuentra aquí. — Musitó la voz de su secretaria.
— Un momento Judith, déjalo pasar en cinco minutos. — Pidió con amabilidad.
Draco miró interrogante a Kingsley.
— Por Merlín, lo había olvidado. Lo cité para tratar asuntos sobre su hijo Albus, para ver si era capaz de hacerlo entrar en razón. — Explicó el ministro un poco apenado.
— Para eso necesitarás un milagro. Es más fácil enseñarle a un dragón a escupir mariposas por las fauces. — Comentó burlón el rubio. Aunque de inmediato borró su sonrisa de su cara. Un pensamiento se le vino con rapidez a su cabeza. — Ahora que mencionas sobre los problemas de Potter con su hijo tengo una inquietud al respecto. — añadió Draco con seriedad.
— Conozco esa mirada, y no promete nada bueno. Anda, dime ¿Cuál es tu teoría? — preguntó en tono apesadumbrado Shacklebolt.
— Primero te haré una pregunta. ¿Tu crees que este es un comportamiento típico de Potty? — Preguntó el rubio cauteloso.
Pudo apreciar como el otro mago se quedaba unos segundos pensativo.
— No es que yo sea el hombre más indicado para juzgar sus acciones, pero no son propias de él. — Comentó pensativo Kingsley mientras tomaba su mentón con la mano, la típica pose del pensador.
— Exacto. Yo hace muchos años que no trato con él, pero tú sí. Hasta yo sé que alguien como Potter jamás dejaría a alguien de su familia de lado, y sabemos las razones. — Dijo de manera analítica el rubio haciendo alusión a la orfandad de Harry. — ¿Desde cuándo se volvió así? — Preguntó intrigado arqueando una ceja.
— Desde que Hermione se fue a Francia a estudiar, Harry cambió mucho. Ya no era aquel joven que le sorprendía la magia. A pesar de ser famoso él nunca trató de aprovecharse de la fama. Sabemos que a él siempre le ha afectado quedarse solo debido a su difícil niñez con sus parientes muggles. — Explicó con detenimiento. — Debido a eso, siempre buscó apoyo en los Weasley. Supongo que pensó que una manera de agradecerles su protección fue casarse con su hija, aunque "él no estuviera seguro si la amaba". — Dijo el ministro con sugerencia y enigmático haciendo énfasis en lo último.
Draco no parecía muy sorprendido ante la confesión de su amigo.
— Con base a todo lo que has dicho con anterioridad, puedo concluir que Potty cambió cuando se casó con Weasylette. — Musitó el rubio con seguridad. El ministro solo se limitó a asentir, no se sentía preparado para lanzar tal insinuación al aire. — Pero aún así existe algo extraño en él. Aunque a Potty le asusta quedarse solo sin familia, eso no sería justificación suficiente para alejar a uno de sus hijos, ¿O me equivoco?. ¿Que evitará que se separe de su esposa? — Comentó astutamente mientras miraba al techo pensativo.
Por su parte el ministro analizó la situación. Era verdad que Harry había cambiado mucho su actitud a lo largo de su matrimonio con Ginny, pero no era justificación para permitir que su esposa hiciera y deshiciera en el núcleo familiar de los Potter. Además, la fémina Weasley siempre se salía con la suya y se le cumplían todos sus caprichos sin chistar. ¿Acaso existiría la posibilidad de que Harry estuviera siendo manipulado?. Kingsley prefirió dejar el tema zanjado, conocía a Draco y sabía que en él había despertado la necesidad de saber más sobre ese matrimonio y familia. No se detendría hasta saber qué sucedía. Con rapidez cambió el tema de conversación ligeramente para desviarlo a otro objetivo.
— Veo que estás muy interesado en la situación del Joven Albus. — Dijo Shacklebolt con curiosidad, desviando así un poco el tema anterior. Draco inmediatamente se dio cuenta de las intenciones de Kingsley, pero decidió darle tregua al asunto.
— Me hierve la sangre el pensar que está siendo juzgado duramente por ser clasificado en Slytherin. El chico no tiene la culpa de tener más cerebro y astucia que un mago promedio. — Comentó iracundo Draco.
— Te recuerda a lo que sucedió con Sirius, ¿Verdad? — Preguntó con sutileza Kingsley. Draco se le quedó mirando unos momentos, sus ojos reflejaron seriedad absoluta.
Desde luego que Albus Potter le recordaba a su difunto tío Sirius Black. Un niño nacido en una familia conocida e influyente que no cumplió con los estándares. Sirius Black fue vetado de su familia por la simple razón de no pertenecer a Slytherin, además por sus actitudes de tomar la pureza de sangre a la ligera. Draco cuando pensaba en su tío lejano, sentía melancolía por el destino que sufrió el hombre. Afortunadamente para Sirius no todo salió mal, conoció a un círculo confiable de amigos, como en ese entonces eran los Potter y Remus Lupin. La parte desafortunada fue tener que renunciar a su familia y legado. Cuando su madre, la gran Narcissa Malfoy llegaba a recordar a su primo, sus ojos azules siempre brillantes y pícaros, los cubría un manto de tristeza y arrepentimiento, producto de no haber ayudado a Sirius en su tiempo. Con sinceridad, Draco admitió para sí que le hubiera gustado poder convivir con aquel animago a pesar de haber sido un león. Si su tío siguiera con vida, lo más seguro es que hubiera amado estar con sus hijos, por ser descendencia Granger y Black.
— Mi familia en el pasado ha cometido muchos errores. Sería imperdonable que yo como el patriarca de los Malfoy y Black, después de haber vivido una guerra por los prejuicios de sangre, siga permitiendo semejante trato a un niño inocente que no fue seleccionado a la casa esperada. — Declaró con ímpetu Draco. A pesar de tener una postura relajada a leguas se podía ver qué estaba abrumado.
— ¿Aunque Albus no sea parte de tu familia? — Volvió a preguntar Kingsley curioso.
— Desde que mis hijos decidieron que era una buena compañía y amistad se ha convertido en familia. No hay nada más importante para un Malfoy que la familia y sus amigos de verdad. — Dijo con seguridad el hombre sangre pura.
— Eso es maravilloso. — Comentó el ministro con fascinación y satisfecho.
No le sorprendía la actitud que tenían ahora los Malfoy. Él había tenido la suerte de poder convivir en ocasiones con la familia en Francia. Debía admitir que eran magos y brujas muy admirados, que no solo se habían ganado ese respeto por su riqueza, sino por las acciones que llevaban a cabo desde el término de la guerra. Pues eran conocidos en Francia por ser benefactores de excelencia para la caridad, así como se las habían ingeniado para ayudar al que más lo necesitará. No por nada Draco se había dedicado a ser pocionista con especialidad en el área médica y Hermione defensora legal con especialidad en derechos de criaturas mágicas. Todo con el mismo fin, ayudar a la sociedad.
— Claro, los Malfoy somos maravillosos. No es coincidencia que las dos palabras empiezan por "M". — Musitó petulante Malfoy. Su compañero solo se rió quedamente por las ocurrencias de su amigo.
— Haré que Harry pase. ¿Prefieres quedarte y esperar a que termine con él o marcharte y retomar otro día? — Preguntó precavido el ministro. No quería una pelea innecesaria en su oficina entre los dos magos, pero era necesario tratar los dos temas con vital importancia, tanto el de Albus como la enfermedad de azotaba a Londres mágico.
— Me quedó, es importante que te comenté unos puntos antes de entregarte el informe. — Comentó tranquilo Draco mientras se cruzaba con brazos y se inclinaba cómodamente en la silla que estaba.
Mientras tanto, Kingsley sacó su varita y de la punta salió una pequeña esfera dorada, que voló a través de la habitación y salió de ella. Draco lo identificó como el encantamiento "paulum" el cual consistía en formular una frase o recado a través del pensamiento y después ser enviado por medio de una esfera de magia hacia su destinatario deseado. Era muy útil para distancias cortas, ideal para las oficinas y la relación laboral entre secretari@ y jefe.
No pasaron ni dos minutos y nuevamente se escucharon golpes en la puerta.
— Pasa. — Indicó Shacklebolt con voz firme.
A continuación la puerta de la habitación se abrió para recibir a Harry Potter vistiendo su traje de auror. El pelinegro analizó a los presentes de la habitación y al notar la presencia de Draco miró interrogante al ministro. El hombre rubio le miró retador sin decir nada.
— Harry, de seguro te preguntas la razón por la cual estás aquí. — Le sonrió Kingsley amigablemente.
— Buenas tardes Kingsley. — Sonrió amigable de la misma manera Harry como respuesta. — Me pregunto eso y más… — Añadió un poco incómodo ante la presencia de Draco. Este sonrió de lado arrogante.
— La razón por la que te cité aquí es sencilla. Te solicitó que tengas una reunión extraoficial con Draco para que le proporciones datos sobre el trabajo que estás llevando a cabo hasta ahora sobre la venta de ingredientes prohibidos usados en la preparación de pociones en el callejón Knockturn y otros lugares sospechosos. — Explicó con calma el ministro.
Draco miró incrédulo a Kingsley. ¿Qué se supone que estaba haciendo? ¿No sé supone que el plan era que Kings hablará con Potter sobre el pequeño Albus? ¿Donde entraba Él en toda esa situación?. Con un poco de molestia usó legeremancia para adentrarse en la mente de su amigo moreno, pero desde luego se topó con una barrera. Kingsley miró divertido a Draco y le permitió el paso a su mente. En tan solo segundos escucho la voz de Malfoy resonando en su cabeza.
— ¿Me estás tomando el pelo, verdad? — Preguntó un poco huraño el rubio mirándole fulminante.
— Desde luego que no. ¿Quien mejor que tú para averiguar qué le sucede? ¡Eres un investigador nato!. — Contestó Kingsley tratando de halagar a su amigo, para bajarle el mal humor.
Al parecer resultó el plan del ministro, ya que Draco dejó de mirarle enfadado y le sonrió arrogante.
— Eso no va a funcionar conmigo Kingsley. — Respondió altanero Malfoy.— De todos modos me debes un favor, ya que el día que Ronald se encontró con tus hijas aquí en el ministerio te deje maldecirlo sin repercusiones. — Dijo Shacklebolt en tono persuasivo, mirando con una ceja arqueada al otro.— Tu ganas, solamente porque tengo curiosidad sobre Potty. Además disfruté mucho hacerle la vida de cuadros por un momento a Weasel. — Musitó satisfecho sonriendo como un zorro astuto.
Fue así como cortaron la conexión de sus pensamientos. Por su parte, Harry se quedó impactado. Estaba un poco más pálido de lo normal. Obviamente se pudo percatar que esos dos se estaban comunicando con legeremancia.
— ¿Qué? — Articuló con dificultad el pelinegro.
— Aparte de ciego, estás sordo Potty. — Comentó divertido Draco sin dejar su sonrisa de lado.
— Draco… — Reprendió el ministro.
— ¿Y así pretendes que trabaje con él? ¡Solo míralo! — Rezongó Harry iracundo moviendo sus manos frenético para señalar al mago sangre pura.
— Lo se. Como no mirarme si soy único. — Admitió egocéntrico Draco.
— Siempre tan humilde… — Murmuró fastidiado el mago de lentes.
— No está a discusión Harry. Es una orden directa. — Musitó autoritario Shacklebolt.
Harry se quedó mudo por un momento para evaluar la situación. Era verdad lo que comentaba Kingsley, pues era una orden directa de parte suya que no podía evadir. Además, sabía que no podía enviar a un reemplazo a hacer este trabajo sino se metería en problemas. El pelinegro suspiró cansado.
— Bien, si no queda de otra. — Comentó derrotado el niño que vivió dos veces.
— Ya verás Potty, nos vamos a divertir. — Musitó sarcástico Malfoy.
— Yupi...— Dijo de mala gana el pelinegro.
— Bueno Kingsley, nos veremos después. Te mando los detalles del informe por lechuza. — Dijo Draco con tranquilidad mientras se paraba de su asiento. — Vamos Potter, conozco una buena cafetería donde podremos charlar. — Añadió Malfoy mirando al pelinegro. El elegido no respondió y salió de la oficina irritado.
— ¿Alguna vez pensaste que invitarías a Harry a tomar café? — Comentó burlón el ministro.
— Cállate, tú me metiste en esto. — Farfulló fastidiado Draco mientras salía de la oficina del hombre. Pudo escuchar como se carcajeaba el ministro por su desgracia.
Cafetería "Greenhouse"
Una vez que el par de magos se encontraban sentados en una mesa al fondo de la cafetería les llegó un menú mágico que apareció ante ellos.
Harry analizaba con curiosidad a Malfoy. Hasta el momento se había encontrado muy callado y tranquilo, tanto así que parecía un hombre de piedra que parecía no sentir nada. No podía entender que había visto Hermione en aquel sujeto tan irritante y molesto. Además, Harry tenía conocimiento que la Hermione del pasado con la cual tuvo la dicha de convivir, a su manera siempre había sido una empedernida pasional, entonces ¿Por qué casarse con un hombre tan reservado?.
Salió de su trance cuando una mesera de edad mayor se acercó a pedir la orden.
— ¿Qué van a ordenar muchachos? — Preguntó amablemente la señora de cabello canoso sonriendo de oreja a oreja.
— Ada, yo quiero un latte vainilla caliente y una rebanada de Chiskey de queso con zarzamora. — Pidió educadamente Draco mientras le sonreía tenue a la mujer. Esta le miró radiante.
— Siempre pidiendo cosas dulces, no me sorprendes Dracar. — Respondió divertida la señora que al parecer se llamaba Ada. Ella miró a Harry.
— ¿Dracar? — Pensó un poco confundido el ex gryffindor.
— ¿Usted que va a pedir señor Potter? — Preguntó con tranquilidad mientras miraba con atención al pelinegro. Harry alzó sus cejas sorprendido.
— ¿Cómo sabe mi nombre? — Preguntó asombrado, señalandose a si mismo.
— Todos saben quién es el joven que venció al que no debía ser nombrado. — Comento con serenidad la mesera. Harry sintió el deseo de sonreír de lado. Al parecer aún seguía siendo muy popular en la sociedad londinense.
— No le des cuerda, Ada. Sino volará del ego tan inflado que tiene. — Musitó fastidiado Draco girando sus ojos.
— Pero Dracar, tú eres muchísimo peor. — comentó divertida la señora riendo, tratando de contenerse.
— ¡Bah! Solo tómale la orden que ya quiero almorzar. — Dijo un poco molesto Draco, pero sin ser irrespetuoso.
Harry sí que estaba muy asombrado. Ver la forma en que Malfoy convivía con esa señora le tenía hipnotizado. El Draco Malfoy que él conoció era hermético y odioso.
— No te pongas de mal humor, muchacho. En un momento te traigo tu dosis de azúcar. — musitó cantarina y alegre la señora restándole importancia al asunto. Al pelinegro le recordó a una versión bizarra de la bruja de dulces del cuento de Hansel y Gretel. — ¿Entonces señor Potter?
— Un Brewed Coffee estará bien. — Pidió con amabilidad. Por su pedido Draco le miró curioso.
El brewed coffee o también conocido como Black Label Brewed Coffee, es actualmente el café más fuerte en ser comercializado. Todo lo anterior debido a sus altos contenidos de cafeína, que lo convierten en uno de los cafés más peligrosos del mundo.
— Muy mal, eso solo te traerá problemas a la larga. — Sermoneó la señora Ada mientras chasqueaba la lengua de manera desaprobatoria. — Espero que no lo tomes todos los días.
— Claro que sí, es mi favorito. Siempre en la mañana tomo una taza. — Se excusó un tanto tímido el niño que vivió. Ada le miró escandalizada mientras que Draco silbó impresionado.
— En un momento les traigo su pedido. — Se alejó de la mesa con un ceño fruncido. Potter se quedó confundido ante el cambio de actitud que experimentó la señora.
— ¿Dije algo malo? — Preguntó inseguro el pelinegro. Temía que de alguna manera haya podido ofender a la mesera.
— Ada es como una mamá amorosa con sus clientes. Solo le frustró tu orden. — Explicó Draco.
— Pero solo es café. No es dañino. — Se justificó Harry.
— Al parecer no estás muy informado sobre sus efectos Potty. — comentó con sorna Draco, provocando que Harry le mirara con el ceño fruncido.
— Si te crees tan inteligente, explícame. — Exigió el pelinegro.
— Verás, todo café tiene una dosis de cafeína, pero el Brewed es el que mayor contenido tiene. — Explicó con obviedad el rubio.
— ¿Y? — Cuestionó Harry. Draco le miró exasperado.
— Ahora confirmo que pasabas tus cursos en Hogwarts gracias a Hermione. — Dijo despectivo el sangre pura cerrando sus ojos un momento para no insultar.
— Al grano Malfoy. — Musitó un poco molesto Potter. Observó cómo el hombre suspiraba y abría sus ojos nuevamente.
A Harry aquel gesto le recordó a Hermione. En Hogwarts, cuando Ron o él no entendían algún tema, la castaña cerraba sus ojos y suspiraba con pesadez para no maldecirlos. Supuso que después de convivir muchos años juntos, era inevitable que a Draco Malfoy no se le pegará una actitud de su esposa.
—Si lo tomas todos los días significa que tienes altas dosis de cafeína en tu sangre todo el tiempo. Eso te vuelve irritable, no te deja concentrarte, problemas de insomnio y puede que a la larga problemas al corazón. — Explicó sabidillo el dragón. — Me sorprende que tú esposa te deje tomarlo todos los días. Hermione me mataría si yo lo tomara a diario. — Comentó incrédulo.
Harry ante tal confesión se sintió un poco avergonzado.
— En realidad Ginny es quien me lo prepara a diario. — Confesó con vergüenza el pelinegro.
Draco ante tal confesión abrió mucho los ojos. Tenía dos teorías al respecto. La esposa de Potty era idiota o quería encubrir algo. El rubio supo que era momento de interrogar al mago sutilmente.
— A todo esto, Weasylette y tú ¿Eh?. ¿Cuántos años llevan casados?. — Preguntó Draco educadamente, cosa que sorprendió al auror.
— 17 años exactamente. — Comentó confundido Harry.
— Aquí entre nos, ¿Que le viste?. Por ejemplo, en mi caso, Hermione es una gran bruja. No solamente es inteligente sino condenadamente hermosa. Tiene muchas cualidades que no podría terminar de comentarlas. — Musitó tranquilo Draco como si estuviera hablando del clima. Observó como el pelinegro se movía incómodo en su asiento. — ¿Sucede algo Potty? — Preguntó fingiendo inocencia.
— No es solo que… — estaba a punto de negarse a contestar la pregunta, pero fue interrumpido por la presencia de la mesera que traía flotando sus órdenes.
— Aquí está lo que ordenaron. — Dijo contenta Ada mientras colocaba la orden de Draco frente a él.
El rubio tomó con tranquilidad un sorbo a su taza de café latte. Mientras tanto frente a Harry colocó un café que olía a chocolate y un plato que contenía un Bagel relleno de nata. El ex gryffindor miró confundido su orden.
— Ammm, pero yo no ordene esto. — Comentó un poco apenado.
— Lo se, pero no voy a permitir que te mates tomando Brewed Coffee. No sé cómo no lo han prohibido en Londres. — Se justificó molesta la señora. Miró de manera intimidante al niño que vivió. — No quiero excusas, señor Potter. Quiero que se coma y beba todo.
— No desprecies la amabilidad de Ada, Potter. Después de todo yo invito. — Comentó sereno Draco mientras observaba interesado su pedazo de Chiskey. — Endúlzate un poco la vida.
— Es extraño escuchar algo así viniendo de ti. — Musitó incrédulo para después mirar la taza que contenía la bebida. — Bueno, supongo que un latte moka no me hará daño. — Hablo con resignación Harry tomando un gran sorbo de su taza.
— Sabia decisión señor Potter. Si necesitan algo más solo llamenme. Dracar, no perturba demasiado a tu acompañante. — Dijo contenta la mesera al ver cómo Draco giraba sus ojos fastidiado.
Antes de retirarse escuchó una voz que invadía su cabeza. No se sobresaltó, pues sabía quién era el causante.
— Bien hecho Ada. Siempre puedo contar contigo. — Dijo la voz de Draco en su cabeza.— Misión exitosa, Dracar. — pensó con satisfacción Ada sin inmutarse por la intromisión a su mente.
Sabía que Draco Malfoy era un experto en legeremancia. Debía admitir que hace diez minutos, cuando recibió un pequeño recado de parte del rubio para pedirle aquel favor se sorprendió, pero no juzgo sus razones. El mago era inteligente y sabio, imaginaba que la petición que le hizo tendría un propósito importante. Conocía el oscuro pasado de la familia Malfoy, pero también era de su conocimiento las razones por las cuales habían pertenecido al bando oscuro en la segunda Guerra mágica. Puede que Draco fuera en ocasiones difícil, pero era un chiquillo atrapado en el cuerpo de un hombre. Una persona tan noble que siempre tenía buenas razones para actuar.
Junto al recado que envió Draco, venía una pequeña caja la cual contenía una pequeña botella con un líquido transparente inoloro. Ada era una bruja de inteligencia promedio, pero eso no significaba que no supiera qué era aquella sustancia, pues no muchas pociones tenían esas cualidades más que el veritaserum. El rubio le había pedido que lo agregara a la bebida de Potter cuando llegaran al restaurante. Ahora satisfecha por lograr su cometido se retiró con una sonrisa.
Cuando Ada se fue, Draco sonrió astuto mientras miraba como Harry Potter ingería su bebida con satisfacción y entusiasmo sin percatarse de que estaba adulterada. La pequeña dosis de veritaserum que le suministró era una variante suya. Muy pocas personas conocían la existencia de aquella invención. En ese grupo entraban su esposa y amigos cercanos. Esta variante de veritaserum tenía el mismo propósito que la original, con la ligera diferencia que la versión Malfoy hacía que la persona que la ingiriera dijera la verdad sin darse cuenta y de manera sutil, no de manera compulsiva como la otra. La variante de Draco ocasionaba un embotamiento del cerebro imperceptible para el usuario.
El rubio debía confesar que se sentía orgulloso por desarrollar algo así, pero aún no se atrevía a compartir ese conocimiento, pues podía ser utilizado para fines poco ortodoxos. Preferiría que la receta de aquella poción quedará en familia.
— ¿Por qué la mesera te llama Dracar?— Preguntó con curiosidad el pelinegro.
— Dracar es el nombre que utilizaban los vikingos para nombrar a sus navíos que utilizaban para conquistar. Ada dice que es muy similar a mi nombre, y además tiene sospecha que tengo un poco de ascendencia vikinga, la cual no está errada del todo. — Explicó Draco con sencillez encogiéndose de hombros restándole importancia al asunto.
Por su parte Harry ya no supo qué responder. Después de unos momentos en los cuales siguió bebiendo su café, se animó a empezar la plática.
— Bueno, ¿De qué estábamos hablando? — Preguntó relajado Harry.
— De que eres tan amargado que te gusta tomar Brewed Coffee. — Dijo Draco obstinado.
— Debo confesarte algo. — Dijo cómplice el pelinegro. — Cuando empecé a beberlo se me hacía el café más asqueroso del mundo.
— Entonces no entiendo la razón por la cual lo sigues tomando. — Comentó Draco mientras arqueaba una ceja.
— A Ginny le gustaba. Antes de casarnos,
Ella empezó con la costumbre de ofrecerme una taza al menos una vez al día. A mí no me gustaba, pero con el tiempo me acostumbré. — Explicó sereno Harry mientras mordisqueaba su Bagel.
Draco se quedó pensativo. Así que la pelirroja era la que había inducido a Potter a beber aquella porquería. Si le preguntaban al rubio era una actitud sospechosa.
— Tu esposa debe tenerte mucho cariño como para tomarse la molestia de prepararte uno diario. — Respondió Draco, tratando de llevar la conversación hacía donde deseaba. Con satisfacción pudo notar como la sonrisa de Potter se desvanecía.
— No entiendo la razón por la cual me siento cómodo contándote esto a ti, pero no somos el matrimonio que todo el mundo cree. — admitió con serenidad el auror.
— ¿A qué te refieres? — Preguntó Draco fingiendo sorpresa.
— En ocasiones siento que me case con Ginny sin llegar a amarla. A lo largo de los años me he dado cuenta que no tenemos muchas cosas en común. — Confesó un poco abatido. — Es como si el haberme casado con ella fuera una recompensa para la familia Weasley. — Añadió apenado el pelinegro.
— Pero debe existir una razón por la cual accediste a unirte a ella. — Cuestionó el rubio.
— La verdad es que fue por complacerla. Yo aún no quería casarme con ella en ese entonces porque ni siquiera estaba seguro de querer seguir siendo su pareja. — Respondió Harry deprimido. — Solamente un día sentí una necesidad imperiosa de que estuviéramos juntos siempre. Eso no tiene sentido, ¿Verdad? — Dijo Potter frunciendo el entrecejo.
— La verdad es que no, pero sino te sientes feliz a su lado ¿Por qué mejor no te divorcias? — sugirió Malfoy mientras seguía comiendo con calma su rebanada de Chiskey.
— Porque no quiero quedarme solo de nuevo. — Suspiró cansado el pelinegro. — De seguro todo el mundo, incluído tú saben mi historia. Era solo un pequeño niño indefenso sin padres viviendo con sus tíos muggles. Ahora que tengo hijos y una familia no quiero romperla por mi egoísmo. Estoy cien por ciento seguro de que si me separo de Ginny ella se llevará a mis hijos.
— ¿Aunque signifique perder a Al? — Preguntó serio el ex slytherin mirando fijamente al mago.
— ¿Que tiene que ver Albus? — Dijo Harry asombrado por la mención de su hijo.
— Mis hijos son amigos de los tuyos. No es ningún secreto la forma en que lo tratan ustedes por ser slytherin. — Siseó ácidamente Draco mirando fulminante al pelinegro.
— Estoy en proceso de solucionar ese problema. — Mencionó cansado el león.
— Estás queriendo decir que es un problema no ser un gryffindor. — Comentó duramente la serpiente.
— No me refiero a eso. — negó con rapidez. — Estoy buscando la manera en hacer que Ginny lo acepte de nuevo en la familia.
— No entiendo Potter. Se supone que tú eres el patriarca de la familia. — Dijo el hombre rubio despectivo. Se dio cuenta que el pelinegro frunció el entrecejo a punto de protestar. — No me mal entiendas. No soy machista, ya que creo en la igualdad de los géneros y los roles en la sociedad, pero ¿Por qué esa decisión recae en Ginevra?. Son un matrimonio, eso debe ser decisión de los dos.
— No quiero que se moleste mi esposa. — Contestó con sencillez.
— Vaya gryffindor cobarde. — Pensó de mala manera Draco, sin reflejar su pensamiento en su rostro.
— Ahora que lo mencionas, quiero pedirte un favor. Bueno en especial a Hermione. — Dijo Harry con seriedad.
— Dime. — Masculló el rubio, adoptando su faceta de hombre negocios.
— Necesito encontrar la manera de poder comunicarme con Albus por lechuza sin que se de cuenta mi esposa. No quiero que mi hijo se aleje de mi lado por toda esta situación. — Explicó desesperado el hombre que vivió. — Me duele tener que fingir todos los días que Albus no me importa cuando es todo lo contrario...
— Han pasado dos meses y medio y ¿Hasta ahora se te ocurre? — Musitó irónico Draco. — Hay una manera, pero no te la diré, primero necesito que también lo consultes con mi esposa. Al parecer tiene un resentimiento hacia ti por dejar a Albus de lado. — Añadió con seriedad la serpiente.
— Claro, solo pongan una fecha. — Dijo desesperado el pelinegro. — ¿Crees que algún día Hermione pueda perdonarme? Por lo que hice en el pasado. — Comentó tímido.
— La semana que queda aún estamos ocupados, así que será hasta la siguiente. Tu espera la lechuza. — Habló con serenidad Malfoy. — En cuanto a Hermione, eso es decisión de ella. No me corresponde interferir en este asunto ya que ella tiene derecho a decidir sobre si perdonarte o no, pero puedes intentarlo.
Draco no tenía ninguna objeción de que Potter intentará hacer las paces con su mujer, siempre y cuando el hombre que vivió la tratara con respeto. A los únicos que les tenía una aberración nata era a los Weasley, pero Potter era el menor de los problemas.
— Jamás pensé decir esto, pero gracias Malfoy. No eres tan malo después de todo. — confesó contento el de ojos esmeraldas.
— El gran Harry Potter me esta alabando, ¿Quién lo diría? — Dijo petulante el sangre pura, sonriendo de lado. En verdad que estaba encantado con los efectos de su veritaserum, pues al parecer el pelinegro siendo un auror ni siquiera se había inmutado de estar bajo su influencia de la pócima.
— Como sea. Bueno, ahora hablemos sobre la investigación de los ingredientes ilegales. Así que soy todo oídos. — Comentó Harry mientras desechaba el tema de su hijo y pasaba al tema laboral nuevamente.
— Bien, empecemos. ¿Conoces a Benjamín Burke ? Te sugiero que lo vigiles estos días. — Explicó Draco sereno.
Pasó una hora y cada uno terminó de almorzar, antes de retirarse Draco le hizo una solicitud un tanto extraña a Harry.
— Como sabes estoy desarrollando una cura para el Macchiatis. Es necesario que tenga sangre de diferentes magos y brujas de diferentes estatus de sangre. No es muy común ver sangre adulta mestiza de primera línea. Ya sabes, los Potter eran sangre pura y tu madre hija de muggles. — Explicó convincente Malfoy mirando con detenimiento a su acompañante.
Harry se lo pensó un momento, pero su decisión era muy obvia.
— Claro Malfoy, todo sea por ayudar. — Dijo seguro de sí mismo mientras extendía su manga remangada de su camisa.
Por su parte, el mago ex slytherin tomó su varita, la posicionó en la parte interior del brazo en la unión del codo, y Murmuró un hechizo que ocasionó que unas gotas de sangre salieran flotando de esa zona. Con habilidad, Draco de sus bolsillos sacó unos viales pequeños que traía de emergencia por si se topaba con muestras útiles. Concentrado depositó el contenido en el vial y lo guardó en su bolsillo.
— Te pareces a él… — Murmuró Harry quedamente. Draco le miró con curiosidad.
— ¿A quien?. — Preguntó intrigado el rubio.
— Snape. — Declaró un poco melancólico y con añoranza Potter.
— Si lo dices por las pociones, estoy halagado. Espero algún día lograr aunque sea la mitad de lo que hizo él. — Contestó imperturbable Draco.
— Si encuentras la cura para Macchiatis, lo más probable es que así sea. — mencionó Harry amistosamente.
A Draco le empezaba a asustar la situación. Era extremadamente bizarro estar sosteniendo una conversación con el hombre que vivió sin insultos de por medio. Hasta podría decir que era muy amistoso aunque no quisiera admitirlo.
— Es hora de irme, que tengo trabajo por hacer. — Declaró Draco mientras se incorporaba de su silla y dejaba una cantidad generosa de galeones en la mesa. — Hasta luego Potter, espera mi lechuza para la reunión. — Dijo educadamente haciendo alusión al encuentro con Hermione.
— Hasta luego Malfoy. — Respondió de la misma manera el pelinegro y observó cómo el rubio salía del lugar.
Ahora entendía porque Hermione se había casado con él. Ya no era aquel chiquillo malcriado que exigía su santa voluntad. Al parecer se había convertido en un hombre redimido que quería lo mejor para la sociedad, inteligente al igual que la bruja y astuto como toda serpiente. Harry no sabía que había pasado como para lograr que los dos se llevaran medianamente bien, pero no tenía ninguna queja al respecto.
Malfoy ManorSalón principal
En la sala de estar se encontraba una solitaria Hermione tomando un poco de té acompañado de pequeños bocadillos dulces. Leía con satisfacción un libro muggle llamado "Doroty, ¿Qué te pasó?". Estaba tan entretenida hasta que escuchó que alguien aparecía en el recibidor. No sé sorprendió, pues sabía que se debía tratar de algún miembro de la familia ya que eran los únicos que tenían permitido aparecer en la casa directamente debido a los encantamiento y salvaguardas de la mansión.
Vió como de repente entraba su esposo al salón y se sentaba a un lado de ella en el sillón.
— Estoy exhausto. — Murmuró cansado el rubio mientras cerraba sus ojos y echaba su cabeza hacia atrás para ser sostenida por el respaldo del sofá.
— ¿Y a ti que te paso? — Preguntó curiosa la castaña.
— Potter. Lo invite a tomar café conmigo. — Respondió Draco cansado, aprovecho para abrir sus ojos y mirar a su esposa que le sonreía burlona.
— Hace un rato, cuando mencionaste que ibas a ir a tomar Café con Harry al ministerio pensé que era una broma. — Dijo Hermione escéptica. — ¿Acaso me está engañando Sr. Malfoy? Y nada más que con mi ex mejor amigo, que atrevido. — Añadió Burlona sonriendo de lado
— No seas malvada mujer. — Le miró fulminante. — Kingsley me obligó a ir a una reunión extraoficial con tu ex amiguito para que investigara qué le ocurría. Está preocupado por la situación de Albus. — Explicó detenidamente Draco.
— ¿Y cuál es tu veredicto? Seguramente llegaste a algo. — Preguntó Hermione intrigada.
— Que Weasylette hace tomar a Potter por la mañana todos los días sin falta una taza de Brewed coffee. — Declaró mirando perspicaz a la castaña.
— ¿Eso es posible? Por Merlin, ese café es horrible. — Dijo impactada haciendo una mueca de asco. — Entonces es probable que nuestras sospechas sean correctas. ¿Por qué Ginevra le daría a tomar un café tan amargo si no quisiera disfrazar un sabor? — Murmuró pensativa Hermione.
— Y no solo eso, leona. Logré sonsacarle información sobre su vida matrimonial. Al parecer no es el cuento de hadas que todo Londres pinta. — Dijo Draco orgulloso.
— Le diste veritaserum, ¿Verdad?. — Dijo con sospecha la castaña.
— No mi querida Granger, no le di un simple veritaserum. Le di nuestra versión de veritaserum. — Comentó con petulancia.
— Es un gusto saber que funciona eficazmente. — Musitó con satisfacción la bruja. — ¿Qué más lograste descubrir? — Preguntó. Draco guardó silencio y solo le mostró el vial con sangre.
— La obtuve con la excusa que necesitaba muestras para seguir con el estudio del macchiatis. — Explicó con seriedad. — Es hora de ir al laboratorio para descubrir que tiene en la sangre Potty.
— Yo quiero ayudar. — Mencionó Hermione con determinación brillando en sus ojos. Draco sonrió cariñoso ante tal reacción, pues su esposa nunca dejaría de ser una hermosa sabelotodo.
— No era necesario pedirlo, de todos modos era un hecho. — contestó Draco feliz, pero su sonrisa se desvaneció repentinamente. Hermione le miró preocupada. — Por cierto, Potter quiere arreglar las cosas contigo. — Dijo el rubio como si nada grave estuviera pasando.
Hermione le miró incrédula.
— ¿Qué? — Elevado un poco la voz destilando sorpresa.
