Hola a todos. ¡Buen día!

aquí les traigo el quinto episodio, lamento si la semana pasada les he dejado sin actualizar. Veran, en ocasiones es complicado poder terminar el capítulo cuando estás en último semestre de la carrera y al mismo tiempo tienes que lidiar con la tesis.

Pero aquí se los traigo. Muchas gracias todos por sus hermosos comentarios de apoyo, me alegra mucho que estén disfrutando de esta historia tanto como yo.

Sin más les dejo, para que puedan leerlo.


"Yo soy la señora Malfoy y este es mi legado"


Capítulo cinco: Dilemas Y Accidentes.


Malfoy Manor

Laboratorio Privado

8 de noviembre de 2017

6 pm

Hermione se encontraba sentada en el escritorio de Draco pensativa. Hace varios años cuando rompió su amistad con Harry Potter pensó que ya no habría vuelta atrás, que jamás tendrían la posibilidad de arreglar las cosas. Su ex amigo pelinegro en ese entonces la había herido de gran manera al no haber considerado sus sentimientos, después de todo lo que había hecho Hermione por él. Era un poco duro pensar en que debía hacer ahora que sabía de boca de su esposo que Harry quería reconciliarse con ella. ¿Cómo debía actuar?. ¿Acaso estaba preparada para perdonarle?.

Resignada concluyó que aún había cosas más importantes que resolver antes que su relación con el salvador del mundo mágico. Primeramente tenía que averiguar si estaba el hombre bajo los efectos de algún encantamiento. Hermione pudo observar como Draco se colocaba su bata blanca encima de su camisa color menta, y la abrochaba hasta el cuello, además de cómo sacaba sus lentes cuadrados de montura negra y los colocaba en su lugar correspondiente. Una vez terminado su objetivo, Draco miró a Hermione con una sonrisa galante en su rostro.

— ¿Qué tanto mira Señora Malfoy?. — preguntó con coquetería el hombre.

— No voy a negar lo evidente, te queda muy bien ese conjunto. — Confesó un poco abochornada y sonrojada Hermione.

— Eso me gusta de ti leona, sabes apreciar lo que realmente es bueno. — dijo satisfecho el rubio, mientras se acercaba a un pequeño armario de su laboratorio y dentro de este sacaba otra bata blanca y se la tendía a su compañera. — Será mejor que te pongas esto, no quiero arriesgarme a contaminar la muestra.

Hermione inmediatamente la tomó sin vacilar y se la colocó. A simple vista le quedaba grande, ya que las mangas eran más largas que sus brazos.

— Te ves adorable. — Mencionó Draco sonriendo con ternura. Hermione le correspondió la sonrisa y después se apuntó con su varita para ajustar la bata a su talla. — A todo esto, ¿Dónde están los niños? — preguntó curioso.

— Tyl y Cygnus están en el cine con tus padres. Cissa está en su habitación diseñando gorros para el invierno, Etamin está en su clase de Ballet en su estudio y los jinetes del apocalipsis están viendo una película en su cuarto con sus elfos. — Dijo con tranquilidad Hermione mientras miraba hacia arriba haciendo memoria, con sus dedos contaba para no olvidar a ninguno de sus hijos.

— Se me hacía algo extraño, ya que siempre a esta hora hay un escándalo en el salón. — Contestó perspicaz. — No me sorprendería que en cualquier momento hagan una travesura. — Añadió mientras estrechaba sus ojos y miraban la habitación con precaución.

— Estás exagerando Draco. — dijo Hermione mientras giraba sus ojos fastidiada. — ¿Ya tenemos todo para comenzar? — Preguntó un poco ansiosa.

— En efecto, ahora solo me queda preparar los viales para someterlos a análisis. — Explicó Draco sin mirar a la bruja.

Con mano hábil iba colocando una sustancia blanquecina en tres pequeños tubos de vidrio. Hermione identificó a la sustancia como el patrón indicador. Como se había mencionado con anterioridad, Draco Malfoy era un innovador en el rubro de las pociones mágicas, ya que también fue capaz de incluir conocimiento muggle y aplicarlo en esa área mágica. Un gran ejemplo era el uso del patrón indicador, ya que a través de este podía saber el potencial de hidrógeno (pH) de los ingredientes de la poción, dependiendo del color que adquiera la muestra. Además, al tener conocimiento de ese dato, Draco podía pasar a realizar un encantamiento llamado "Rebus revelio" el cual consistía en someter a la poción a un brillo mágico que analizaba la composición de esta.

El uso del indicador facilitaba el trabajo del encantamiento Rebus revelio, ya que el mago ya no tenía que hacer tantas comparaciones entre diferentes ingredientes en el mundo. Ahora ya contaban con un color característico y el hechizo solamente funcionaba de acuerdo a esa sección de ingredientes que compartieran esa reacción, en este caso solamente los que tuvieran el pH similar. Hermione cuando conoció el uso del encantamiento, no pudo evitar compararlo como si de una gran base de datos se tratase que funcionaba con algoritmos.

Con gran cuidado, Draco agregó una gota de sangre a cada muestra. Los dos adultos contuvieron el aliento al presenciar cómo las gotitas rojas se dispersaron en el medio Blanco. Pasaron unos cinco segundos y las muestras presentaron las siguientes coloraciones.

La muestra A había adquirido un color rojizo

La muestra B tenía una coloración Nacarada brillante

La muestra C era verde oscuro con toques lechosos.

Draco al ver el resultado se quedó sorprendido. Si bien, ya sabía que la muestra A estaba identificando la hemoglobina y los constituyentes de la sangre de Potter, mientras que la B a juzgar por el color nacarado brillante podía concluir que en efecto si se trataba de Amortentia, pero lo que más le preocupaba era la muestra C.

Esa coloración indicaba que el tercer ingrediente que corría por las venas de Potter se trataba de una planta, ahora su deber era averiguar la identidad de la especie por medio del "Rebus revelio".

Hermione le miró interrogante, sin despegar su vista de él para llamar su atención. Draco que la conocía a la perfección se pudo dar cuenta que la castaña estaba preocupada. Que benevolente era su mujer para preocuparse por una persona que en el pasado le causó daño.

— Hasta yo sé que la muestra B es Amortentia, pero no me gusta mucho el resultado de la C… — dijo Hermione frunciendo el ceño pensativa.

— La A logró identificar todo lo que respecta a los componentes de la sangre. Con la B, tu misma lo has dicho, es Amortentia. — Contestó en tono analítico el rubio, para después tomar en sus manos la muestra C y ponerla contra luz para apreciarla con más detalle. — Esto también me preocupa. Es una planta que no sabemos sus efectos en el organismo, debemos esperar lo peor. — Explicó con gravedad Malfoy.

— Será mejor realizar el hechizo, no podemos esperar más. — Musitó ansiosamente Hermione. — Si llegara a ser algo muy grave tendremos que trazar un plan, Harry no nos creería.

— Es tan voluble que hasta puede pensar que nosotros la hemos manipulado. — dijo con seriedad Draco. Separó las demás muestras y se quedó con la verdosa en el centro. Sacó su varita y miró a Hermione pidiéndole su aprobación. Ella asintió. — Rebus revelio. — Musitó con firmeza apuntando al vial.

Fue así como de la punta de su varita salió un brillo intenso que iluminó el contenido de la muestra. Pasaron unos cinco minutos en los cuales la pareja no despegó los ojos del suelo, pues era demasiado el brillo para ser soportado con los ojos. Hasta que por fin el brillo se apagó abruptamente y del vial salió una nube de humo denso color verde. En la nube se formó el nombre del ingrediente desconocido.

— ¿Datura Ferox? — Preguntó confundida Hermione. A pesar de ser una bruja muy inteligente era imposible que conociera sobre todo los temas.

— Maldición, Potty está muy jodido. — Dijo fastidiado Draco haciendo una mueca.

— Draco, al menos explícame sobre esa cosa. No me agrada tu tono. — Musitó ansiosa la castaña.

— Así que existe un tema sobre el que no estás informada. — Contestó Burlón el rubio.

— Oh por Merlín, sabes que es imposible que yo conozca todo en el mundo. — respondió enfadada su esposa mirándole fulminante.

— No te enojes leona, solo estoy bromeando. — Mencionó fingiendo inocencia el hombre, recibiendo un pequeño golpe en su brazo. Después de aquello su sonrisa se borró para pasar a la seriedad absoluta. — Retomando el tema, la datura es una planta un tanto compleja. De origen griego, es una planta que si bien tiene connotación como un remedio para aliviar malestares, su uso constante puede generar trastornos psicóticos.

— Pero debe haber algo más como para que Harry se encuentre en un estado de enajenación. — Musitó Granger obstinada.

— Paciencia, que voy hacia allá. — Reprendió con levedad Draco. — Esa planta en el mundo de la magia antigua era usada para realizar filtros de amor más poderosos que los actuales. Se dejó de usar debido al fuerte efecto tóxico que tenía y a la falta de precisión al suministrar. Tengo entendido que causa una especie de sumisión, además tiene alguna especie de proteína que causa satisfacción a los sentidos, como si la persona que lo ingiriera estuviera…

— Enamorada… — Interrumpió impactada Hermione la declaración del ex Slytherin.

— Exacto, al parecer causa una sensación parecida al amor, por eso era un filtro tradicional. — Musitó Draco con seriedad mientras de un cajón de su escritorio sacaba un pedazo de pergamino y tinta. — Debo admitir que Weasylette está muy bien informada en el tema.

— Eso es terrible, entonces eso significa que Harry nunca ha amado a Ginevra, todo ha sido falso. — Musitó preocupada la mujer dorada. — Tenemos que hacer un antídoto, Harry podría quedar mal de la cabeza si esto continúa.

— Pues muy cuerdo no es. — Murmuró en voz baja el mago irónicamente. Mientras tanto se encontraba escribiendo una pequeña nota.

— Draco Lucius Malfoy Black, toma el asunto con seriedad. — Dijo malhumorada Granger.

— Lo hago, querida. Un poco de humor no le hace daño a nadie. — Habló cínico el mago encogiéndose de hombros. — Para el antídoto esta vez necesito ayuda de Theo. Sus conocimientos en medimagia nos serán útiles. — Dijo determinado mientras terminaba de doblar la nota que iba destinada a Nott. Hermione solo le miró con esperanza.

— A pesar de los errores que ha cometido, Harry no merece estar atado a alguien así en su vida. — Declaró con firmeza Hermione. — Estamos a tiempo para ayudarlo.


Ministerio de magia londinense

Oficina de Harry Potter

6:00 pm

Mientras el matrimonio Malfoy se encontraba buscando una solución para la situación de Harry, este se encontraba totalmente enajenado de la situación, invirtiendo su tiempo en organizar papeles. Para esa hora él ya debería haber regresado a su hogar para poder cenar en familia con su esposa e hija, pero Ginny le había notificado que había salido con Lavender a divertirse y había dejado encargada a la pequeña Lily con Molly Weasley. Entonces no había motivos suficientes para regresar a su solitario hogar. Pensó con algo de tristeza que si las circunstancias de ese día hubieran sido diferentes, y su esposa se encontrará en su casa, él de la misma forma no hubiera regresado a su hogar temprano con la excusa de terminar papeleo pendiente.

Últimamente ya no sentía la misma alegría por regresar a su hogar. Todo estaba patas arriba. Desde hace mucho tiempo Harry no sentía una frustración así. ¿A dónde se habían ido esos días felices como los que vivió después de la guerra?. Dónde no tenía que preocuparse por nada ni nadie, después de todo él y sus amigos habían logrado salvar al mundo mágico de Voldemort. Nuevamente sentía un aura asfixiante sobre sí, pero esta vez no era el mago oscuro que todos temieron alguna vez, sino simplemente era su esposa.

Pensaba con tristeza en el cambio de actitud de Ginny mientras pasaron los años. Se supone que ella debía haberse sentido segura, feliz y contenta, ¿Acaso él había hecho algo mal para que ella pensara así?. ¿Era una especie de venganza en su contra por no haber accedido a casarse la primera vez con ella?. ¿Por eso dejó a su hijo de lado?. Todas aquellas preguntas no hacían más que dar vueltas en la cabeza del hombre que vivió.

Con frustración, cerró sus ojos y se masajeo las sienes con movimientos circulares y suaves para tratar de aligerar el dolor de cabeza punzante que estaba sufriendo. Sus intenciones por aliviar el dolor no duraron mucho ya que se escuchó unos golpes en la puerta.

— Si eres Ron, no quiero hablar por el momento. — Gruñó el pelinegro cansado, aún teniendo los ojos cerrados sin molestarse a abrirlos.

Y todo lo que decía era verdad ya que Potter se encontraba demasiado cansado mentalmente como para tener que lidiar con otro problema de cabellos pelirrojos que podían recordarle a su ya no tan amada esposa.

— Soy Daphne, Señor Potter. Le traigo los últimos papeles del día. — Escuchó una voz femenina y amable que le hizo abrir los ojos de golpe.

Al parecer se trataba de su secretaria, la Señorita Greengrass a la cual no fue capaz de despedir hace un mes. En ese entonces, cuando tuvo la conversación con Ron sobre Daphne y la casa a la que había pertenecido a Hogwarts, las razones que expuso el pelirrojo sobre cambiar a su reciente secretaria le parecieron válidas. Después de todo no debías confiar en un slytherin, ¿No es así?. Una vez que pasó ese mismo día, y mirar a su amigo nuevamente pero esta vez vestido con traje de hada, cortesía de Draco Malfoy, el rey de las serpientes, le hizo analizar las cosas con más calma.

En el fondo de su ser debía admitir que Ron había metido la pata profundamente y que se había buscado los problemas por sí mismo, incluso admiró la forma ingeniosa en la cual Draco maldijo a su mejor amigo. Fue así como sus pensamientos se enfocaron en el patriarca Malfoy. Un hombre que había madurado aparentemente después de la guerra, que había atacado un auror (que desde luego se lo merecía con todo derecho), en pleno ministerio. ¿La razón? Defender a sus hijas. A Harry le pareció una razón muy justa, pues no había nada más valioso que aquellos que querías con el alma. Un poco sorprendido por las razones de Draco, se dio cuenta que la filosofía principal de Slytherin no era la pureza de sangre, sino cuidar de los tuyos.

Aunque le costara admitirlo, los Slytherin eran muy leales y trabajadores tanto como los Hufflepuff. Además de que tenían una inteligencia que podía competir con un Ravenclaw. ¿Entonces existía una razón válida para despedir a Daphne?. Harry por más que pensó en una justificación hace un mes, no la encontró. Por primera vez había decidido dejar de lado sus prejuicios y darle una oportunidad a la mujer rubia. Después de todo, él casi había sido un Slytherin.

— Pasa Daphne. — Logró articular Harry, tratando de no sonar tan cansado. Inmediatamente se abrió la puerta de su despacho y por ella entró la rubia despampanante de ojos azules, está le regaló una sonrisa amigable al pelinegro que casi le hace sonreír bobamente involuntariamente.

Conforme pasó el tiempo, Harry pudo comprobar que Daphne era una excelente bruja, muy responsable y ordenada. Era muy funcional y útil en esa área. Tendría que ser idiota como para atreverse a despedir a semejante bruja solo por haber sido una serpiente A pesar de su talento, ella se encontraba siendo solo su secretaria cuando podía aspirar a otro puesto en el mismo ministerio, pues se veía que tenía mucha capacidad. Este hecho le causaba intriga a Harry.

— Señor Potter, ¿Se encuentra bien? Lo notó muy cansado. — preguntó la rubia mirándole con preocupación.

Esta declaración provocó que el pelinegro se descolocara un poco. Hasta donde él sabía no se veía demasiado demacrado como para que las demás personas se enteraran de su estado del último mes. Estuvo tentado a tomar un espejo que guardaba en su cajón para verse el mismo.

— No Daphne, estoy bien. Solo que ya sabes, tengo mucho trabajo y a veces se lleva mi vitalidad. — Comentó tratando de sonar con tranquilidad el pelinegro, restándole importancia al asunto.

— Entiendo, el trabajo es importante cumplirlo. Nada mejor que ser responsable, ¿A qué sí? — Musitó serena Greengrass, para después dejar frente el auror un folder con algunas hojas dentro. — Estos son los documentos, solo es necesario que los firmé, pero asegúrese de leerlos con calma, no son urgentes.

Harry estuvo a punto de abrir el folder y agradecer a la mujer por sus servicios, pero de repente se percató de algo en lo que no había prestado atención. No es que fuera muy tarde en ese momento, pero a esa hora por lo general quedaba muy poca gente en el ministerio. Entonces, ¿Qué hacía su secretaria aún en el trabajo?

— No quiero sonar grosero, pero ¿No deberías ya estar en tu hogar? — preguntó con curiosidad el auror.

— Oh, en realidad si, pero mi deber como su secretaria es estar aquí para usted hasta que se retire. ¿Qué tal si necesita que maneje algún asunto en su lugar y no hay nadie para auxiliarlo?. Me gusta hacer bien mi trabajo — Exclamó con orgullo Daphne. Esa respuesta sí que no se la esperaba el mago, pues cualquier persona en su lugar ya se hubiera retirado a su hogar en la primera oportunidad que tuviera. — ¿Cuál es su razón de estar aquí también? — preguntó con curiosidad.

— Muy considerado de tu parte Daph, pero no tenías que haberte quedado por mi causa, si gustas después de nuestra pequeña charla puedes irte. Y contestando a tu pregunta, decidí quedarme porque mi esposa e hija no se encuentran en casa hasta mañana, así que no tenía caso irme temprano si iba a estar solo. — Sonrió quedamente el pelinegro, invitando a la bruja a marcharse a descansar, pero en ese momento un gran rugido de su estómago se dejó escuchar por toda la habitación. Un poco sorprendido, apenado y sonrojado miro a la mujer que le miraba impresionada.

— No me diga, aún no ha comido nada. — Mencionó con reproche la rubia mirándolo con desaprobación. Ante tal reacción, el mago se sintió un poco intimidado.

— Bueno, es que no tuve tiempo. — Se trató de justificar torpemente el pelinegro.

Por su parte, Daphne solo negó con la cabeza y sacó su varita. Con un encantamiento no verbal despejó el escritorio ante la mirada atónita de su jefe. Una vez que comprobó que estaba vacío, sacó su pañuelo de bolsillo y lo transfiguró en un mantel azul pastel. Harry arqueó una ceja interrogante.

— No me vea así Señor Potter, no puedo permitir que siga con el estómago vacío. Que irresponsable. — Musitó indignada mientras cogía su bolso y de él sacaba una mochilita para recipientes de comida. Al parecer su bolso tenía un hechizo de extensión indetectable.

— No es necesario, Daphne. Tenía pensado ir a comprar comida rápida. — se justificó aún un poco apenado el pelinegro.

— No es que tenga algo en contra de la comida rápida, pero no me parece la opción más adecuada para un estómago vacío. — Contestó haciendo una mueca de desaprobación. De su mochila sacó varios recipientes plásticos con comida. Aplico unos cuantos movimientos de varita y Harry pudo notar que de ellos salía un poco de vapor. — Así que compartirá conmigo esta comida que no pude almorzar.

— Pero debes estar ocupada, alguien debe estarte esperando en casa. — Mencionó Harry preocupado. No es que no le agradara la situación, pero le preocupaba quitarle más tiempo a la rubia, ella no merecía que la retuviera a esa hora en la oficina y encima le tuviera que dar de comer.

— Al igual que usted, no hay nadie esperándome. — Musitó aparentando tranquilidad Greengrass, pero Harry se pudo percatar que en los ojos azules de la mujer había un deje de tristeza.

Con resignación el pelinegro suspiró derrotado. Una comida no le haría daño, ¿Verdad?. Después de todo, lo último que había comido había sido aquel Bagel en la cafetería con Malfoy.

— Bueno, supongo que no estaría mal comer comida casera y que mejor que acompañado. — Dijo amablemente el mago sonriendo.

— Ya verá que no se arrepentirá. — Sonrió la de ojos azules mientras que en unos platos que había sacado mágicamente de su bolso servía lo que parecía una pasta rojiza acompañada de bolitas de carne. Al parecer era una especie de pasta boloñesa.

Una vez que tuvo su plato en frente lo analizó, olía muy bien.

— ¿Tú lo has preparado? — preguntó el león sorprendido.

— Claro que sí, amo cocinar. Siempre me gusta cocinar para otras personas, ya que no tiene caso disfrutar sola. — explicó Daphne con calma. — ¿Acaso creyó que por ser una sangre pura no sabía cocinar? — preguntó en un tono un poco burlón. Harry se puso nervioso de repente.

— Lo siento. — Musitó apenado, ya que era exactamente la conclusión a la que había llegado. La rubia rió.

— No se preocupe, pero en compensación debe responderme una pregunta. — Mencionó enigmática Greengrass.

— Creo que es lo justo, así que adelante. — dijo Harry resignado, pero sin borrar una imperceptible sonrisa.

— ¿Por qué desde que empecé a trabajar aquí lo noto con una gran tristeza? — preguntó Daphne mirando con cierta curiosidad al mago.

Harry de repente se sintió descubierto. Hace unos momentos ella de igual forma había hecho mención sobre ese tema. Pensó por un momento que contestarle y llegó a una conclusión. Por alguna extraña razón que el pelinegro no lograba comprender, no le molestaba en absoluto que la mujer frente a él le interrogará. Después de todo era su trabajadora y había demostrado ser de fiar hasta el momento, incluso la consideraba muy agradable. Tenía una corazonada, sobre que ella no se aprovecharía de lo que estaba a punto de contestarle. Además, necesitaba a alguien con quien desahogarse.

— La verdad es que estoy preocupado por uno de mis hijos, su nombre es Albus. — Contestó resignado el pelinegro tratando de guardar la calma.

— ¿Y qué pasa con el pequeño Albus? — preguntó la rubia interrogante. De su bolsillo/lonchera sacó unos panecillos pequeños y le pasó uno al hombre. Este suspiró un poco con melancolía.

— En septiembre él ingresó a Hogwarts y quedó clasificado en Slytherin. — Declaró seriamente Harry mientras miraba la reacción de la rubia. Está por su parte ni siquiera se inmutó ante la declaración, lo cual le confundió un poco.

— ¿Y eso tiene algo de malo para usted? — Cuestionó con tranquilidad la bruja mientras arqueaba una ceja.

— ¡Por supuesto que no! El problema no soy yo, sino mi esposa. — Confesó un poco desesperado. — Ella no le quiere en casa, porque está convencida de que Albus algún día será un mago oscuro.

— Oh, su esposa. ¿Ginevra Weasley? — preguntó Daphne haciendo memoria de la actitud de la esposa de su jefe. Vio como el mago acomplejado asentía desganado. — Si me permite decirlo, Señor. Su esposa es idiota. — Añadió fríamente la rubia, cosa que sorprendió de gran manera al hombre. — No porque el niño sea una serpiente signifique que vaya a ir por un mal camino, se lo garantizo. Tengo muchos amigos que han pertenecido a esa casa y todos son magos y brujas rectos y de buenos principios (al menos la mayor parte del tiempo). — Añadió con humor lo último, sonriendo de lado. — Incluso yo misma fuí a la casa del Gran Salazar y no por eso ya asesine a medio ministerio.

— En eso tienes razón, Daphne. Al principio actúe como un idiota y reaccione mal. Lo único que hice fue alejar a mi hijo, pero he recapacitado y no sé cómo arreglar las cosas, solo me he dedicado a ignorarlo por mandato de mi esposa. — Contestó melancólico Harry.

— Considero que debería buscar a su hijo y hablar las cosas con él. Su esposa está en un error, opino que debería hacérselo saber. ¿Por qué tiene tanta preocupación por lo que pueda opinar su esposa?. — Respondió sabiamente la rubia.

— Lo que sucede es que si yo acepto a Albus de vuelta a la familia, ella se divorciara de mí y se llevará consigo a mis otros dos hijos. — Musitó derrotado el niño que vivió dos veces, dejando sorprendida a su acompañante, pero después se quedó pensativa un momento y le dijo con calma lo siguiente.

— ¿Usted aún ama a su esposa Señor Potter? ¿A pesar de todo lo que ha sucedido?. — preguntó con tranquilidad la chica Slytherin.

¿Qué si aún la amaba? La respuesta era muy sencilla para Harry Potter, otra cosa es que fuera complicado decirlo al aire convencido. Ya no existía aquella joven pelirroja que se preocupaba por su familia, que le apasionaba el Quidditch como ninguna otra. ¿Que había sucedido con la leona que sacaba las garras cuando algo no le parecía?. Ahora Ginny se había convertido en lo que juro nunca ser, un intento de sangre pura clásica y vanidosa. ¿A dónde se había ido ese sentimiento y necesidad de estar pegado a ella y salir a todos lados juntos?. Era muy extraña la situación, una parte de él la odiaba pero otra quería seguir con ella sin importar que hiciera, incluso si tenía que abandonar a uno de sus hijos. ¿Por qué la prefería a ella antes que a Albus?. ¡Su hijo no había hecho nada malo, pero ella sí! ¿Qué sucedía con él?.

— Yo no lo sé… — admitió confundido el pelinegro mientras fruncía el ceño.

— Es tu decisión jefe. — Contestó un poco frustrada Daphne mientras su sonrisa decaía. Quería tomar al pelinegro por el cuello y darle unas cachetadas en las mejillas para ver si así reaccionaba y elegía a su hijo. — Si yo tuviera la oportunidad de ser madre y mi hijo hubiera quedado en otra casa que no esperaba, me hubiera alegrado aún así. No hay nada más sorprendente que los niños mágicos por ser tan impredecibles. — Mencionó con suavidad.

Potter apreció como aquellos ojos azules que reflejaban en ocasiones emociones tan diferentes, esta vez mostraban un brillo de anhelo. Ahora que pensaba el auror, no conocía nada sobre la vida de su secretaria, pero al parecer a ella le gustaban los niños.

— ¿Tienes hijos Daphne? — preguntó el hombre que vivió con curiosidad desviando el tema de conversación. Pudo apreciar como la rubia suspiró melancólica.

— Por desgracia no, aún no he encontrado al hombre indicado para formar una familia. — Dijo con algo de tristeza la rubia.

— No necesitas un hombre para eso, ¿Has pensado en adoptar? — preguntó un poco desconcertado el pelinegro.

¿Cómo es que aquella maravillosa mujer no estaba casada aún?. Se podía ver desde lejos que era un gran partido, pues era una bruja bonita, elegante, talentosa y agradable. ¡Incluso sabía cocinar demasiado bien!.

— En una ocasión lo intente. Lamentablemente hoy en día aún existen muchos prejuicios en contra de los que fuimos parte de los Mortifagos. A pesar de que no llevo la marca, muchos consideran deshonroso el apellido Greengrass. — Explicó con amargura la mujer. — La encargada del departamento decidió que no era una mujer apta para encargarme de un pequeño yo sola…

— ¡Eso es terrible Daphne! No deberían sacar esas conclusiones apuradas. ¿Has tratado de buscar asesoría legal? — Comentó Harry horrorizado.

— Claro que sí, de hecho Hermione está a cargo de mi caso. — Contestó un poco más serena Greengrass.

Ante la mención de su ex amiga Harry se interesó más en el tema.

— ¿Eres amiga de Hermione? — preguntó muy asombrado el auror.

— Claro que sí, Señor Potter. Después de todo, ella está casada con uno de mis mejores amigos, Draco. — Explicó amigablemente la rubia.

— Entiendo. Solo espero que todo se llegue a solucionar, de todo corazón lo deseo Daphne. — respondió Harry sonriendo a la bruja amablemente.

— Gracias jefe. La extraña, ¿No es así?. — preguntó perspicaz Daphne. Ella estaba al tanto del problema que había tenido Hermione con su actual jefe.

— Cada día me arrepiento, como no tienes idea. — Mencionó melancólico el salvador del mundo mágico. La bruja Slytherin le sonrió tiernamente. Comprobó con la mirada que los dos ya habían terminado su cena.

— Debo retirarme de esta gran velada. — Declaró mientras que con su varita guardaba los platos sucios en una bolsa plástica y regresaban a su lonchera. — Aún está a tiempo de arreglar las cosas, incluso con su hijo Albus y su familia. Haga lo correcto, Señor Potter — Le dijo sabiamente Greengrass parándose de su asiento. Harry hizo lo mismo.

— Por los consejos que me das, creería que fuiste una Ravenclaw. — Comentó con humor el pelinegro. Ella le miró de manera enigmática.

— Aquí entre los dos, cuando fui a mi primer año de Hogwarts estuve a punto de ir a Ravenclaw, aunque el sombrero prefirió Slytherin. — Mencionó misteriosa la bruja regalándole una sonrisa ladeada al mago.

— Aquí entre nosotros, yo estuve a punto de ser Slytherin. — Añadió en tono conspirador Harry.

— Ya lo sabía Señor Potter, se le nota a leguas. — Respondió soberbia Greengrass.

— Dime Harry, por favor. Me haces sentir como un viejo. — Comentó el jefe de los aurores escondiendo su sorpresa de saberse descubierto en uno de sus mayores secretos.

— Está bien "jefe Harry". Que descanse. — Dijo cantarína Daphne mientras salía del despacho a paso firme.

Harry solamente se limitó a sonreír genuinamente de lado.


Malfoy Manor

Laboratorio privado

7 pm

Una hora después, en el laboratorio de la familia Malfoy ya se encontraba Theodore Nott viendo sorprendido la muestra de análisis que habían ejecutado Hermione y Draco.

— En efecto, ese Potter tiene una habilidad innata para atraer problemas. — dijo Theodore Nott con un poco de humor mientras contemplaba el vial con la nube de humo.

— ¿Quién diría que Potty fuera tan irresistible para las mujeres? — Comentó con ironía Draco, cosa que ocasionó que Hermione le mirara con escepticismo.

— Draco, ¿Acaso sugeriste que Harry es irresistible? — preguntó divertida su esposa.

— ¡No, claro que no! ¡No es lo que quise decir! — Se justificó con rapidez el rubio con pánico.

— Oh, si lo hiciste. Eso sonó tan "comprometedor". — dijo Theodore burlón, sonriendo de lado.

— Puf, son de lo peor. — Contestó malhumorado Draco frunciendo el ceño, provocando las risas de Hermione y Theo.

Una vez que el par de castaños habían dejado de reír, regresaron al tema de su interés.

— Entonces los dos trabajaremos en el antídoto, pero primero es necesario conseguir los ingredientes. — Musitó con seriedad Theo mientras tomaba un pedazo de pergamino, tinta y una pluma y empezaba a anotar.

— Dada las circunstancias que existen en el mercado de ingredientes aquí en Londres, por el momento será tardado conseguirlos. — Musitó fastidiado Draco.

Y era verdad, ya que la investigación a la cual estaba a cargo Harry Potter en el ministerio era descubrir a un gran traficante de algunos ingredientes exóticos en la mercado negro. Cómo medida, en Londres mágico se empezó a dar especial énfasis a la vigilancia y supervisión de rutas de negocios y abastecimiento de todo lo que conllevaba ingredientes para pociones. Por lo tanto, conseguirlos les tomaría un mes aproximadamente.

— ¿No pueden usar sus influencias como medimago e investigador pocionista?. — preguntó abatida la mujer de rizos. Draco negó de inmediato.

— Aunque nos dediquemos nosotros a la rama de preparación de pociones, tenemos que esperar el mes. Si fuéramos simples personas tendríamos que esperar al menos el doble de tiempo. — Explicó con paciencia Theodore, mientras le entregaba la lista a Draco.

— Por Merlín, las cosas no parecen tan favorables para Harry. — suspiró Hermione.

— No te preocupes por eso leona, lo conseguiremos. Todo sea por el pequeño Albus. — Musitó alentador Draco.

Con cuidado, este empezó a leer los ingredientes que necesitaban para elaborar antídoto.

Ingredientes para antídoto contra datura Ferox

20 ml de solución de amor de hortelano destilado.

1 bulbo rebotador

5 gramos de corteza de árbol vitalizante

3 bezoar

100 ml de rocío de luna fresco

30 gramos de hierbabuena

2 flores de datura Ferox

10 mg de vitamina A

Una vez que Draco terminó de leer los ingredientes en silencio miró interrogante a Theo.

— Todo parece en perfecto orden, pero solo tengo inquietud en uno. — dijo Draco un poco desconcertado. — ¿Para qué es necesaria la vitamina A en este caso?

Ante tal cuestionamiento de su esposo, Hermione tomó la lista de la mesa para leerla ella misma. Notó la presencia de las flores de Datura.

— Como medimago, me preocupa esa ceguera extrema que tiene Potter. No estaría de más darle una dosis de vitamina A. — Explicó con obviedad el castaño mientras se encogía de hombros.

— Eso me pasa por preguntar. — dijo fastidiado el rubio sobándose el puente de la nariz fastidiado.

— ¿Entonces en este caso la Datura funciona como su propio antídoto? — Interrumpió la plática Hermione mientras miraba al par de magos curiosa.

— Aunque suene muy extraño si. Por lo general lo que causa esa sensación de amor enfermizo es el tallo, pero muchos estudios aseguran que la flor es un buen antídoto, ya que representa lo más puro de la planta. — explicó con aire intelectual Draco.

— En realidad las flores y el rocío de luna fresco será lo que nos atrasará para preparar el antídoto. — añadió Theo

— Tienes razón, si el rocío tiene que ser fresco tiene que ser recolectado en luna llena, lo cual será hasta final de mes. — dijo abatida Hermione. — A este paso, Albus perderá la fe en su padre. ¡Esto es injusto!

— Será duro, pero trataremos de hacer lo mejor que podamos. — Le dijo alentador el rubio. — Mientras tanto puedo sugerirle a Potty que empiece a tomar té de hierbabuena. — añadió Draco.

— Buena idea. Y en todo caso que no acceda, le pediré a Daphne que le proporcione uno a diario en el trabajo. — comentó Theodore conspirador.

— ¿Crees que ella esté de acuerdo? — preguntó Hermione un poco esperanzada.

— Desde luego que si, por algo la rubia tomó como hobby ese trabajo de secretaria con Potter. — Contestó Draco burlón, sin poder evitar sonreír de lado. Theo a su vez también sonrió cómplice. — Haría lo que fuera para ver al "Señor Potter" bien.

— Creo que no les estoy siguiendo… — Musitó confundida Hermione.

— Daphne siempre ha tenido una especie de fascinación con Potter. — Comentó Theodore con simpleza, dejando impactada a Hermione.

— Siempre ha sido su Crush desde Hogwarts, pésimos gustos tiene la rubia. — Comentó Malfoy petulante.

— Jamás lo hubiera esperado. — dijo anonadada la leona. — Bueno, como sea. Mientras podamos solucionar el problema de Harry todo estará bien.


Hogwarts

Colegio de magia y hechicería

Salón de encantamientos

25 de noviembre de 2017

9 pm

Habían pasado alrededor de casi dos meses desde que Antares había intercedido en los planes de Rose a favor de su hermano Scorpius. Desde el día en que la había enfrentado, la pelirroja no le dirigía palabra al chico rubio rizado. Aunque esto no le había servido para mejorar su carácter, ya que seguía siendo una diva de lo peor.

Ese día aún era temprano, apenas se encontraban en su primera clase la cual era encantamientos, impartida con el profesor Flitwick. Los miembros del segundo año de Slytherin y Gryffindor se encontraban tomando esa lección juntos, así que James, Scorpius y Antares se encontraban sentados juntos mientras que apartados de ellos por tres asientos vacíos a la lejanía les miraba Rose, sentada en la misma hilera.

El día de hoy la lección era un repaso sobre el encantamiento "Wingardium leviosa". El par de hermanos Malfoy se encontraban un poco aburridos, ya que ellos dominaban a la perfección el encantamiento. Por su parte James estaba un poco preocupado, ya que él era capaz de realizar el encantamiento, pero en ocasiones se ponía tan nervioso que la magia se negaba a cooperar y las cosas salían volando disparadas a otro lugar que no deseaba. Rose Weasley cuando escuchó el tema de la lección de hoy palideció. La chica pelirroja no se consideraba muy buena a la hora de realizar encantamientos.

Todo el mundo después de recibir indicaciones, se pusieron a practicar el conjuro con una bonita y blanca pluma que a simple vista se notaba muy ligera. El profesor salió del aula para ir a arreglar unos asuntos y tardaría en volver. Scorpius y Antares se miraron a los ojos y después de unos segundos que pasaron comunicándose con la mirada, Scorpius se recostó en el pupitre para dormitar un poco, mientras que Antares sacó un pequeño cepillo para controlar sus rizos rubios. Después de dos minutos ninguno de los jóvenes en el salón había hecho levitar la pluma.

James bufó exasperado y con incredulidad miró al par de gemelos rubios sentados a su lado relajados.

— ¿Por qué no están practicando el encantamiento?. — preguntó James confundido mientras se rascaba la cabeza. Scorpius ni siquiera se inmutó, él continuó dormitando contra la mesa. Antares miró con tranquilidad al pelinegro.

— El encantamiento ya nos sale a la perfección, así que no veo el caso de perder el tiempo practicándolo cuando ya sabemos hacerlo. — Explicó serena mientras seguía peinando su largo cabello rizado.

— Oh… — Musitó James un poco avergonzado. Apartó la mirada de su amiga y miró con atención a la pluma como si fuera lo más fascinante del mundo.

Si su papá supiera la situación ¿Qué es lo que diría? Se supone que él era el primogénito de Harry Potter, debía dar lo mejor de sí. Antares se percató de la vergüenza del pelinegro y lo miró con curiosidad.

— Muéstrame cómo lo haces. — dijo con voz autoritaria, dejando el cepillo de lado.

— ¿Qué?. — preguntó abochornado James.

— Que me muestres cómo realizas el encantamiento, quizá pueda ayudarte. — Dijo con gentileza Antares. Vió como James no decía nada, pero tomaba con fuerza su varita.

El pelinegro hizo los movimientos con su muñeca con dificultad y logró entonar el hechizo.

— Wingardium leviosa. — dijo con un tono de voz nervioso mientras apuntaba a la pluma.

Para su satisfacción del niño Potter aprecio como la pluma empezaba a flotar temblorosamente. Con nerviosismo el pulso de su varita le empezó a temblar, provocando que la pluma saliera disparada al techo e impactara con la superficie blanca. Asustado dejó de apuntar al objetivo y miró como este caía lentamente a su posición original. James giró para ver la reacción de Antares. Está por su parte miraba la situación analíticamente sin mostrar signos de burla en su rostro. Cuando menos lo esperaba James, la rubia sonrió ampliamente.

— ¡Ya sé cual es el problema! — Musitó entusiasta la niña de Slytherin. — Solamente tienes que aflojar el agarre en tu varita. Das los giros de muñeca muy oscos, y al momento de levitar el objeto empiezas a temblar. No te pongas nervioso, lo lograrás. Solo practica los movimientos de muñeca. — Le dijo con amabilidad la rizada.

— Gracias Tares. La verdad es que pierdo el control y me pongo nervioso, así que trabajaré en ello. — Contestó simpático James.

— Seguro que lo lograrás Jamie. — Le dijo entusiasta la rubia sonriéndole de lado.

De repente un chillido de frustración interrumpió su plática amena. Inmediatamente buscaron el origen del ruido y se encontraron con una Rose que agitaba su varita violentamente con desesperación tratando de hacer levitar su propia pluma sin éxito.

— Creo que no soy el único que necesita ayuda. — Musitó divertido James mirando a su prima enfurruñada.

Antares miró a la pelirroja con sorpresa. ¿Cuánta ira reprimida tenía esa niña?.

— Wingardium leviosá — Dijo Rose furiosa mientras agitaba la varita con violencia. Nuevamente nada sucedió. — ¡Wingardium leviosá! — Gritó un poco más desesperada sin conseguir su objetivo.

Antares se encontraba horrorizada ante semejante intento por utilizar el encantamiento levitatorio. Antes de poder evitarlo, las palabras ya habían escapado de su boca.

— Hey Weasley. Relájate, no queremos que tu varita termine enterrada en alguien. — le dijo con humor la rizada, recibiendo a cambio una mirada envenenada.

— Es que esta estúpida pluma no sirve. ¡No quiere volar! — Contestó enojada la pelirroja.

— Nada de eso. Solamente estás realizando movimientos muy bruscos. — Comentó serenamente Antares.

— ¿A quién le dijiste brusca? — Cuestionó molesta la chica Weasley, pero fue ignorada.

— Además, estás pronunciando mal el encantamiento. Es Wingardium leviosa, no

Wingardium leviosá. — Comentó en tono relajado la niña Malfoy con toda la buena intención de ayudar.

Odiaba a la pelirroja, pero no era tan malvada para seguir permitiendo semejante crimen de magia. Era imperdonable que alguien pronunciará mal un encantamiento tan sencillo. Así que con humildad decidió ayudar a la chica a su manera, ahora solo esperaba que está no fuera a reaccionar de manera desvaforable e ilogica como una idiota.

— Sólo estás fingiendo que sabes realizarlo. Si eres tan buena, pruébalo. — Expresó Rosebud demandante, lanzándole una mirada fulminante a la rubia.

Por su parte, la hija de Draco Malfoy guardó la calma y se encogió de hombros. James miraba fastidiado a su prima, pues cada vez que abría la boca salía su voz chillona e irritante. La pequeña princesa de las serpientes había querido tenderle la mano a la pelirroja, pero ésta la había rechazado con ímpetu, lastima por ella que lo lamentaría. De su túnica sacó su varita blanca y realizó los movimientos correspondientes con elegancia.

— Wingardium leviosa. — Pronunciación con confianza Antares.

Con horror, la chica Weasley presenció que no solamente se había elevado la pluma de su compañera rubia, sino que incluso la de James, Scorpius y la suya misma se encontraba flotando como si nada.

— No puede ser … — La mini comadreja compuso una mueca perpleja.

— Yo humildemente te quise ayudar a enmendar tu error garrafal, pero rechazaste mi oferta. — dijo Antares petulante mientras sonreía de lado. James aplaudió entusiasta por la habilidad mágica de su amiga. — Al parecer ese cerebro tuyo no solamente es inútil para encantamientos, sino que también para pensar con claridad.

— ¡Estúpida Mortifaga! ¿Cómo te has atrevido? — Musitó molesta Rosebud mientras se paraba de su asiento y apuntaba a la rubia con su varita. Antares no se dejó intimidar y continuó mirándola de manera burlona. James de inmediato también sacó su varita. No iba a permitir que una de sus amigas saliera lastimada porque su prima no sabía controlarse.

Para Rose, ahora tenía sentido el comportamiento que había tenido Scorpius el otro día, pues era igual que su hermana Antares en carácter. Había resultado ser un patán de primera cuando ella se había confesado hace 1 mes y medio. Lamentablemente aún tenía sentimientos por aquel niño rubio que en ese momento se encontraba enajenado de la situación mientras dormía tranquilo sobre la mesa.

— ¿Qué piensas hacerme? Si ni siquiera eres capaz de levitar cosas. ¿Me harás cosquillas acaso? — Siseó la rubia sonriendo cínicamente. Este comentario provocó que James asintiera en común acuerdo con la rubia y dejará su pose ofensiva. Tenía razón, veía muy complicado que Rose usara un hechizo ofensivo peligroso.

— Awww, Tares es tan maravillosa. — dijo al aire Lysander Nott mientras veía la escena en la hilera superior con ojos soñadores.

Por esa ocasión, Bruno y él habían decidido sentarse a parte de sus amigos, ya que no les había dado tiempo de desayunar en el gran comedor por quedarse dormidos. Así que se les ocurrió que era buena idea sentarse hasta atrás para no ser descubiertos comiendo infraganti. Aunque de nada sirvió, ya que ni siquiera estaba el profesor Flitwick en el aula y ahora se encontraban muy lejos del revuelo que estaba armando esa chica Weasley.

— Bro, no sé cómo puedes ver adorable eso. — Mencionó escéptico Bruno sin dejar su tranquilidad de lado.

Mientras tanto, la pelirroja no iba a permitir que aquella rubia la hiciera quedar como una incompetente, mucho menos frente a Scorpius (aunque el siguiera dormido sin enterarse de nada).

— No me retes, ya verás que nadie se mete con Rose Weasley. — Gritó enojada mientras hacía movimientos con su varita, pero antes de poder terminar su hechizo su varita salió disparada de su mano, volando por toda la sala y colocándose en la mano del recién llegado profesor Flitwick.

— 20 puntos menos para Gryffindor, Señorita Weasley. Además hablaré con el profesor Longbottom para que le asigne un castigo ejemplar por atacar a su compañera. — dijo con seriedad el pequeño hombre mientras le regresaba su varita a la pelirroja.

— Sí profesor. — Respondió de mala manera Rose, tratando de no ser más grosera en el acto. Se sentó de manera malhumorada.

Flitwick la ignoró, ya que su mirada se dirigió a un rubio que se encontraba durmiendo contra la mesa. Por su parte, Antares tocó imperceptiblemente a su hermano en la pierna para que pudiera despertar antes de que se metiera en problemas.

— Tsss, Scor. — Murmuró en voz muy baja, tratando de que así pasará desapercibida. Sintió alivio cuando el rubio se incorporó calmadamente, como si no se hubiera encontrado dormido. James se sorprendió por lo fresco y espabilado que lucía.

— Joven Malfoy, espero que no haya perdido todo el tiempo que les proporcione para practicar el encantamiento. — Musitó el profesor Flitwick con seriedad.

— Desde luego que no, profesor Flitwick. Le garantizo que he aprovechado mi tiempo satisfactoriamente. — Contestó condescendiente Scorpius, mientras trataba de evitar sonreír con cinismo.

Scorpius sabía que al fin al cabo no estaba mintiendo, ya que en efecto su tiempo había sido invertido en dormir una pequeña siesta más que satisfactoria.

— Lo veo muy seguro. ¿Podría mostrarnos cómo ejecuta el encantamiento?. — Pidió el profesor, analizando al joven frente si.

Él consideraba que ese niño era muy hábil al igual que su hermana gemela, pero eso no les daba derecho de perder tiempo en su clase. Por su parte, Scorpius miró interrogante a Antares, está solo sonrió y se encogió de hombros. Todos los estudiantes del aula miraban expectantes. Con parsimonia, el rubio tomó su varita y la agitó en el aire.

— Wingardium leviosa. — Dijo con voz sedosa y de repente todas las plumas del salón levitaron con gracia y calma, como si fueran elevadas por una brisa de verano.

Se escucharon jadeos de sorpresa por parte de varios estudiantes, incluso el profesor Flitwick se encontraba anonadado sin poder decir nada. Por otro lado, James y Antares no se sorprendieron en absoluto, pues sabían de lo que era capaz el gemelo mayor. Rose miraba con ojos soñadores al rubio como si fuera lo más interesante del mundo.

— Ese rubio de bote de nuevo se sale con la suya. — Mencionó Bruno con ironía.

Lysander solo giró los ojos fastidiado. — Pues Antares es más talentosa. — Masculló fastidiado el castaño de ojos azul eléctrico cruzándose de brazos.

Bruno Zabini solo le sonrió cínicamente. — El encanto Malfoy si te trae mal amigo, ¿Seguro que no eres una especie de Veela que ha encontrado a su pareja? Miras a Tares como si fuera la octava maravilla.

— Es que ella lo es… — Susurró soñador el chico Nott. Por un momento Zabini le miró con horror. Con esa mirada su amigo se parecía demasiado a su Tía Looney.

Después de la exhibición brindada por Scorpius, la calma en el aula se rompió y todo el alumnado empezó a hablar entre sí. Solamente así fue capaz de salir de su asombro el profesor Flitwick, que primeramente antes de hablar se aclaró su garganta.

— Eso fue magnífico, tiene un buen control de magia para su edad, joven Malfoy. ¡10 puntos para Slytherin! — dijo emocionado y con voz cantarína el profesor Flitwick.

— Gracias, Profesor. — Contestó arrogante Scorpius sonriendo de lado.

— Oh, vamos. Yo soy la que le defiende y pone en su lugar a mini Weasel para que no cause un accidente, y él termina llevándose puntos por solo dormir. — Susurró malhumorada Tares mientras James reía a su lado. Scor notó la molestia de su hermana

— Estás celosa hermanita, de que yo sea superior a ti en todo. — Le dijo petulante el rubio. Ella solo se limitó a golpearlo en el brazo. — ¡Tranquila! Era una broma. — rió con gracia.

Iban a seguir discutiendo sobre la situación, pero un pequeño avión de papel encantado golpeó levemente la cabeza de la rubia. Sus rizos ayudaron a que se quedara atrapado el avión en ellos. Ella con duda lo tomó y desdobló el origami para leer su contenido.

Podrás ser la segunda gemela, pero para mí siempre serás la primera en todo. Eres grandiosa, Antares.

Al terminar de leer el pequeño recado, Antares suspiró feliz. Este no tenía remitente, pero obviamente ella conocía la identidad del autor. Solamente se limitó a voltear a las bancas superiores y le sonrió cómplice al hijo mayor de Theodore Nott.

— Bro, en serio me enfermas de tanto amor. — Dijo asqueado Bruno Zabini.

— Cállate, estás celoso porque a ti ninguna chica te da la hora. — Gruñó Lysander, tratando de ignorar a su amigo. No quería arruinar su buen humor provocado por la niña rubia.

— No necesito tener una chica, siempre seré libre. — dijo con arrogancia Bruno.

— No estoy tan seguro de eso…


Jardines del lago negro

1 pm

Más tarde ese día, Albus por fin había terminado con sus primeras clases del día. Aún faltaba dos horas para que pudiera ir al gran comedor a degustar su almuerzo. Por más que le gustará pasar el tiempo con su grupo de amigos, esta vez había optado por tener un poco de tranquilidad, leyendo un buen libro de pociones bajo un árbol al lado del lago.

Entre sus mejores posesiones se encontraba aquel libro de pasta gruesa de color negro. En detalles azulados eléctricos se encontraba escrito el título "Los Secretos de las Pociones". Era su libro favorito, ya que el contenido era sumamente exquisito y jamás se aburría de leerlo. Por otro lado, le encantaba porque fue un regalo especial de su padre cuando tenía 5 años.

En ese entonces, su "tan querida" madre le había regalado una escoba de Quidditch a James, mientras que a Lily una hermosa muñeca. Por su parte él no había recibido nada. La excusa de Ginny fue que no sabía qué obsequiarle a un niño tan complejo como él. Aquellas eran las primeras señales de rechazo que había tenido su madre hacia su persona. En compensación su padre, inmediatamente le llevó a Flourish y Blotts para que escogiera un libro. Ese día, Albus estuvo debatiendo entre muchos títulos, pero al final se decidió por esa edición especial de "Los Secretos de las Pociones".

Por la razón anterior es que le tenía un cariño especial a aquel libro, ya que tenía un significado muy profundo: Que su papá nunca le dejaría de lado. En la actualidad, con la situación de sus padres y su casa seleccionada de Hogwarts, el libro era una especie de bote salvavidas que le daba fe sobre su papá, que algún día reflexionará.

Tan ensimismado estaba en sus pensamientos que no notó la presencia de su prima Rosebud, que se encontraba de pie a un lado suyo. Este le miró curioso.

— Hola, Rose. ¿Se te ofrece algo? — preguntó educadamente Al.

— Hola Albus. ¿Puedo preguntarte algo? — preguntó la pelirroja.

— Claro. —

— ¿Qué puedo hacer para que Scorpius se fije en mí? — Soltó de golpe, un poco desanimada la niña Weasley.

— No me digas, ¿Acaso te gusta? — preguntó incrédulo Potter.

— Pues claro que sí. ¿Que no le has visto bien?. ¡Es perfecto, imposible que no guste de él! — Mencionó histérica la pelirroja.

Por su parte, Al suspiró cansado. Esa conversación no iba a ser para nada agradable.

— Te seré sincero, Rose. Scorpius al parecer aún no está del todo interesado por las chicas. — Musitó con seriedad el pelinegro. Como respuesta este recibió una mirada fulminante.

— Pero eso es imposible, debe existir una manera en que se fije en mí. ¡Soy perfecta para él!. — Contestó pedante la pelirroja.

— Lo dudo mucho...— pensó Albus con desagrado.

Guardaron por un momento silencio. Hasta que nuevamente la niña lo rompió.

— Tienes que ayudarme a conquistarlo. Debe existir una forma en que se fije en mí. ¡Haré lo que sea! — Declaró con firmeza Rosebud mirando a Al determinada.

— No lo haré, no voy a meterme en ese asunto por ti. — Le dijo con serenidad el pelinegro.

— Vamos, Albus. Tienes más posibilidades para ayudarme que James. Tu compartes casa con Scorpius. — Musitó desesperada Rose. — Solo háblale bien de mí, y ¿Por qué no? También darle pastelitos hechos por mi.

— ¿Y porque no se los das tú misma? — preguntó perspicaz Al, arqueando una ceja.

— Porque ya lo intente y no los acepto. — Masculló berrinchuda. — Vamos, Albus. Un poco de ayuda magica no hace daño.

En ese momento todo cobró sentido en la mente de Albus. Dedujo con rapidez que su prima quería usar métodos poco ortodoxos para enamorar a su amigo. ¿Por qué estaba tan determinada a regalarle pastelillos a Scorpius?. Solamente se le ocurría que Rose pudiera encantarlos con filtro de amor. Conocía a la pelirroja, ella siempre hacía un gran revuelo para obtener lo que ella deseaba, pero esta vez no le iba a dar la satisfacción por ser su "familia". No iba a perder amistades tan valiosas como para hacerle un favor poco honorable a la pelirroja.

— No, Rose. Es mi decisión final. Si tú quieres hacer el intento hazlo, pero yo no voy a ayudarte a gustarle a mi amigo. — Dijo con severidad el segundo hijo del hombre que vivió. — Mucho menos voy a hacer esa calamidad de darle Amortentia. ¡Sería traición!. Podríamos ser familia, pero ten por seguro que le avisaré a Scor de tus intenciones. — agregó indignado Albus.

Rosebud le miró de mala gana, pero después sonrió maliciosa.

— ¿Sabes? Pensé que serías un poco más manipulable, después de todo eres el más inadaptado de la familia. Ahora entiendo porque tía Ginny no te quiere, careces de la bondad de los gryffindor. — dijo con odio. — ¿Dices que sería traición? ¡Puf, por favor! Eres una serpiente rastrera, tu casa es experta en ser doble cara.

— No sabes de qué estás hablando, Rose. Por favor, vete. — Le dijo ceñudo Albus mientras rompía el contacto visual con la chica. — No tiene caso hacerle ver un error tan grande a alguien tan ignorante. ¿Acaso estás hablando de bondad Gryffindor?. Vaya, Rosebud. No tienes la menor idea de cómo ser un león honorable.

— Dime lo que quieras, Albus. Al menos yo sigo siendo digna de mi familia. No como tú, un sucio traidor, indigno de su dinastía. — Le dijo maliciosa, sonriendo de lado la pelirroja. Aunque por dentro estaba muy enojada, porque sus provocaciones parecían no tener efecto en su primo. — Pobre del tío Harry, con razón se siente tan decepcionado. Al menos yo soy el orgullo de mis padres.

A Albus el último comentario le inquietó, pero no lo demostró. Debía admitir que todo comentario relacionado con su padre en esos momentos le ponía en un estado depresivo. Estaba a punto de contestarle a su prima, pero un movimiento brusco le detuvo.

De las manos de Albus, Rose le arrancó con fuerza su libro de pociones.

— Oh, recuerdo este libro. Fue el libro que te regaló Tío Harry cuando hiciste un berrinche porque tía Ginny no te había dado nada. — Le dijo con suavidad Rose mientras hojeaba con asco la cubierta del libro. Al por su parte se incorporó pasmado y despacio de su asiento.

— Rosebud Weasley, dame mi libro. — Le pidió con seriedad Albus, tratando de aparentar tranquilidad. Aunque nada más lejos de la realidad, ya que el temblor de sus manos le delataba.

— Albus, en verdad qué piensas muy mal de mi. — Le dijo burlona la pelirroja mientras le aventaba su libro de regreso. El pelinegro lo tomó entre sus brazos.

Fue así que una idea se le vino a la cabeza a la pelirroja al ver la posición que tenía su primo. Curiosamente él estaba de espaldas al lago negro. Ella le enseñaría una lección por no querer ayudar a la familia cuando lo necesitaba. Afortunadamente para Rose, alrededor no había muchos estudiantes. ¡Sería pan comido!

— Es que no eres la persona a la cual más confianza le tengo. — Musitó de mala gana Albus. Aunque de repente abrió mucho los ojos al ver cómo su prima sacaba su varita de su túnica y le apuntaba. Sabía que debía guardar la calma, Rose por lo general los hechizos no lograba ejecutarlos correctamente y no funcionaban, pero había ocasiones en que la pelirroja tenía suerte.

— Saludame al calamar gigante Albus. Espero que él te enseñe lo que es la lealtad familiar. — Le dijo con satisfacción en su mirada.

— Rose, pero que… — Iba a protestar Albus, mientras palpaba su bolsillo para sacar su varita propia y defenderse, pero la pelirroja no le dejó.

— Expulso. — Musitó contenta para después ver con diversión y satisfacción como Albus salía volando hacia atrás con fuerza y caía al lago negro, provocando que salpicará mucha agua por su caída.

Tan sorprendido está Albus que ni siquiera tuvo oportunidad de soltar su libro. Rose sabía que su primo era capaz de salir de ahí por su cuenta, así que con tranquilidad se retiró del lugar. Eso le enseñaría que no debía darle la espalda a los Weasley.

Mientras tanto, Albus podía sentir como el frío se apoderaba de su cuerpo. Tenía que salir del lago rápidamente. Trató de buscar su varita en su bolsillo, pero su túnica mojada no le ayudaba al momento de moverse. Frenético empezó a realizar movimientos bruscos para alcanzar su varita, pero abruptamente se detuvo. ¿Por qué podía mover sus dos brazos con libertad si traía consigo su libro? Fue ahí cuando el alma se le fue al notar la realidad. Había dejado caer su libro mientras caía al lago.

— Por Salazar. ¡Mi libro! — Dijo con angustia mientras chapoteaba en busca de su preciado objeto, para ver si de milagro lo podía encontrar en las aguas verdes del lago.

Después de unos momentos se detuvo. No tuvo éxito alguno, lo había perdido para siempre. Albus debido a su angustia no había notado lo que sucedía a su alrededor, algunos compañeros de otras casas de primero se encontraban en la orilla mirando angustiados cómo se encontraba chapoteando muy adentro en el lago. El pelinegro sintió más frío por cada momento que pasaba. Trató de nadar de regreso a la orilla, pero sus extremidades superiores estaban dormidas, muy pronto sus piernas acabarían igual y ya no podría flotar.

— ¿Es así como todo va a terminar? — Pensó asustado el pelinegro mientras sentía cómo se hundía cada vez más.

Poco le duró el susto, ya que escucho una voz familiar que provenía de la orilla del lago.

— ¡Demonios! ¡Al! — Gritó Abraxas Malfoy apareciendo en escena empujando a algunos de sus compañeros de casa que se encontraban en la orilla del lago sin hacer nada. Detrás de él, acompañándolo en su misión se encontraba Pandora Nott. — ¡Wingardium leviosa!

Albus suspiró con alivio al notar como era sacado del agua por la fuerza de levitación del encantamiento. Poco a poco, fue llegando a la orilla del lago. Los demás estudiantes hicieron espacio para que pudieran recostar al pelinegro en el suelo.

Cuando se encontró en tierra firme, el niño Potter fue dejado con tranquilidad y el encantamiento dejó de funcionar. Un apresurado Abraxas se acercó a su lado.

— ¿En qué estabas pensando? — Grito molesto Abraxas al pelinegro, para después dirigirse a la multitud. — Si no van a hacer algo útil, al menos váyanse y traigan a Madam Longbottom.

Todos los presentes salieron de su estupor y se fueron del lugar con rapidez, quedando solamente el trío de amigos.

— Está muy frío, Abraxas. Trataré de transformar una manta. — Musitó preocupada Pandora mientras tocaba las mejillas de un Albus muy tembloroso.

De una de las hojas caídas del árbol que tenían al lado, tomó una para apuntarle con su varita. Inmediatamente la hoja verde se transformó en una manta de bordes desiguales. Era lo mejor que podía obtener la niña, después de todo aún era estudiante de primer año en Hogwarts, pero eso no era excusa e impedimento para que demostrara algo de habilidad. Ella era hija de Theodore Nott, un gran mago con talento para la magia, y su madre Luna no se quedaba atrás. Así que aquella muestra de magia era aceptable para las exigencias que se había autoimpuesto la rubia.

— ¿Cómo se te ocurre Al? — Volvió a preguntar molesto Abraxas mientras repetía las acciones de Pandora y transformaba otra hoja en otra manta más gruesa que la de su amiga.

— Oye, no fui voluntariamente a nadar al lago negro. — Dijo con dificultad y balbuceante el pelinegro mientras se aferraba a las mantas. Le castañeaban los dientes debido al frío que sentía.

— ¿A qué te refieres? — preguntó con inocencia Dora, pero guardó silencio al notar como la mirada grisácea del chico Malfoy se endurecía.

— Te han empujado. ¿Quién fue? — Exigió con voz aterciopelada el niño. Pandora supo de inmediato que su amigo estaba muy enojado.

— Rose, tuvimos una discusión y me lanzó un expulso. — Explico cómo pudo Albus. — Yo solo quería proteger a Scorpius...

— ¿Por qué te quedaste jugando en el agua como si nada? ¡Debiste haber salido de inmediato! — Reprendió al pelinegro, Abraxas. — ¿Scorpius que tiene que ver en esto? — preguntó confundido.

— Es que no podía encontrar el libro que me dió mi padre… — Dijo con voz triste Albus mientras miraba al suelo, aguantando las ganas de llorar. Fue todo lo que pudo decir en ese momento.

Ante tal confesión, Abraxas y Pandora se miraron. Sabían de la existencia del libro y toda la historia detrás de él. Era uno de los objetos más valiosos para su amigo pelinegro. Pandora solo se limitó a abrazar a un sollozante Albus, mientras que Abraxas apretaba sus puños duramente. Weasley se había pasado, no permitiría que la cosas se quedarán así. El castaño de los Malfoy estaba tan absorto en sus pensamientos que no se percató de la llegada de Madam Longbottom.

— ¡Por Morgana! ¿Qué ha sucedido aquí? — exclamó escandalizada una bruja castaña.

Madam Longbottom era la suplente de Madam Pomfrey, pero todo el mundo mágico la conocía mejor por su nombre de soltera. Astoria Greengrass, al terminar el colegio había decidido estudiar enfermería mágica, aprovechando que su hermana Daphne era muy capaz de encargarse por sí sola de las empresas familiares.

Cuando su esposo, Neville Longbottom fue admitido como profesor en Hogwarts, Astoria inmediatamente había suplicado a Madam Pomfrey que la nombrara su asistente aprendiz. Con el tiempo, Astoria había demostrado ser una enfermera muy capaz de encargarse de las heridas y problemas de salud que pudieran sufrir los alumnos de Hogwarts, y fue así como Madam Pomfrey decidió jubilarse dejando en las manos de Astoria la enfermería del colegio.

— Tía Tory, Albus fue lanzado al lago. — Dijo con preocupación Pandora.

— ¿Pero quién fue tan cruel para lanzar a este pobre niño? — preguntó indignada Astoria mientras que con su varita lanzaba un hechizo de calor a un sollozante Albus.

— Rosebud Weasley. — Dijo con resentimiento Abraxas, como si pronunciar el nombre de la niña Weasley fuera una maldición.

— Deberé informar a Mcgonagall de la situación, pero primero haré que el jovencito Potter entre en calor. — Musitó preocupada la enfermera mientras levitaba a Albus hecho un ovillo, para posteriormente lanzar un hechizo somnífero al pelinegro para que se quedara dormido. El niño se veía que necesitaba descansar con urgencia.

— Tía Tory, te pido por favor que no le digas nada a la directora Minnie. — Pidió educadamente Abraxas.

La bruja mayor le miró con el entrecejo fruncido y estaba a punto de objetar, pero noto algo en la mirada del pequeño Malfoy. En aquellos ojos grises se encontraba una promesa de venganza escrita con claridad. Tory recordó que Abraxas después de todo era hijo de Hermione y Draco, por ende tenía que haber sacado el sentido de justicia de su madre y los métodos poco ortodoxos de su padre. Ella suspiró derrotada.

— De acuerdo, no le diré nada. Solamente que si van a hacerle algo a esa niña, traten de que no sea algo tan malo que pueda matarla, de preferencia algo que pueda remediar. — Dijo con calma la bruja castaña, provocando que Abraxas y Pandora la miraran con los ojos muy abiertos. — ¿Qué pasa?

— ¿Cómo sabes que Abraxas tenía pensado tomar represalias en contra de Rosebud? — preguntó con gran curiosidad la mini copia de Luna Lovegood. Astoria solo se limitó a reír con gracia.

— Ustedes aunque parezcan un par de inofensivas águilas, por dentro tienen algo de Slytherin. No por nada, Draco y Theo fueron de las mejores serpientes que pudo tener Hogwarts, sus hijos no pueden quedarse atrás. — Explicó con orgullo Tory. — Además no olviden que yo también fui una serpiente, niños. — Sonrió cómplice la bruja.

— Siempre tan astuta, tía Tory. — Contestó satisfecho Abraxas regalandole una sonrisa queda. — Lo prometo, trataré de no hacerle algo tan malo como para herirla permanente, por ahora al menos.

— Más te vale, pequeña versión castaña de Draco. — dijo con burla la mujer castaña. — Bueno, si me disculpan, iré a atender a su amigo. Después del almuerzo pueden ir a visitarlo. — Añadió con tranquilidad Tory mientras se retiraba caminando con un Albus dormido en posición fetal.

Cuando se perdieron de vista, Pandora sacó un trozo de pergamino de su mochila y empezó a escribir. Posteriormente se la entregó a su amigo castaño. Este la tomó con una mano y con la otra lo desvaneció con su varita en fuego azul. Aquello era un encantamiento que les permitía enviar pequeños recados a distancias cortas con magia sin la necesidad de una lechuza.

Pasaron cinco minutos y frente a ellos se encontraban Antares y Scorpius.

— ¿En dónde están los otros? — preguntó Abraxas con seriedad.

— Inmediatamente que James se enteró de la noticia se dirigió a la enfermería. Estaba tan alterado que Lysander, Lorcan y Bruno le acompañaron. — Explicó Scorpius.

— Así que esa mini Weasel lo empujó al lago. — Dijo con seriedad absoluta Antares. Abraxas solo se limitó a guardar silencio y asentir. — Nunca se cansa de hacer miserables a los demás.

— Esa niña es un problema, tenemos que hacerla pagar por lo que le ha hecho a Al. — Siseó con seriedad Abraxas.

— Pero la pregunta es cómo hacerlo. Ya escuchaste a Tía Tory. Ella no dirá nada mientras no le hagamos algo tan grave. — Añadió Pandora Nott tratando de adivinar los pensamientos de sus amigos.

— Yo me encargo, después de todo se ha metido con un miembro de Slytherin y amigo cercano de la familia Malfoy. Cómo futuro príncipe de la casa no puedo permitir que se salga con la suya. — Musitó con seriedad Scorpius mientras empezaba a caminar hacia el Castillo nuevamente.

Los demás le siguieron el paso.

— ¿Qué piensas hacer hermanito? — preguntó con curiosidad Antares mientras le sonreía cómplice.

— Ya verán, pero primero necesito ayuda de Malfoy Manor. Solo espero que esté disponible Cissa. — dijo enigmáticamente el rubio mayor.

— Cissa siempre está dispuesta para este tipo de situaciones. — Siseó con satisfacción el Malfoy castaño.

Fue así como se dirigieron a sus respectivos destinos.