Hola a todos, por fin mes traigo la actualización del capítulo seis, espero y les guste. Aprovecho este espacio para decir que wstoy muy contenta con todos sus comentarios de apoyo, en verdad disfruto mucho leyendolos, muchas gracias.

Sin mas, les dejo leyendo mi humilde escrito c:


"Yo soy la Señora Malfoy y este es mi legado"


Capítulo seis: Sorpresas y conspiraciones.


Ministerio de Magia Londinense

Oficina de Harry Potter

25 de noviembre de 2017

2 pm

Mientras las cosas estaban siendo catastróficas en Hogwarts, en la oficina de Harry Potter las cosas estaban relajadas. Por una vez en su vida, el jefe de aurores había conseguido tener todo su papeleo pendiente en orden. Estaba meditando la posibilidad de ir a comer algo a Londres Muggle, cuando de repente una lechuza café entro por su ventana. Inmediatamente la identificó como el ave perteneciente a Ginny, su nombre era Coffee.

Está se posó encima del escritorio del hombre y permaneció ahí, por lo tanto Harry dedujo que el animal no se iría hasta tener una respuesta. Reticente, tomó la carta de su pata.


Querido Harry:

En esta ocasión Lavender ha cancelado nuestra reunión para comer. Me preguntaba si ¿Querías aprovechar el tiempo? Ya sabes, tu y yo, almorzando en algún restaurante cariño.

Tómalo como una compensación para mí, por qué no te quisiste tomar el café que te preparé en la mañana. Lily puede quedarse sola en casa, ya que está en edad de cuidarse ella misma.

Espero tu respuesta.

Con amor, Ginny.


Una vez que hubo finalizado su lectura, Harry suspiró. Desde que había tenido aquella reunión con Malfoy en el Café "Greenhouse", empezaba a tener dudas sobre lo comentado en esta. En especial sobre aquella bebida que le gustaba tanto que le preparara su esposa, el Brewed Coffee. En ese entonces no le había dado mayor importancia, pero en ocasiones empezó a analizar a Ginny en la mañana.

Jamás de los jamás le permitía prepararse él mismo su café, mucho menos dejaba que él estuviera presente en su preparación y siempre lo terminaba echando de la cocina por la mañana. Estas fueron las primeras señales de alarma que habían despertado en él. Es por eso, que hace siete días había decidido dejar de tomar el dichoso café. Aunque esta vez había olvidado usar un evanesco para desaparecer el líquido de la taza y lo dejó olvidado en su mesa. Esperaba que Ginny no sospechara que él tenía dudas sobre su contenido.

Para él era difícil poder desconfiar en la bruja pelirroja, pero había algo en todo ese asunto que no le gustaba. Su instinto de auror gritaba "peligro". ¿La insinuación de Draco sobre su café le había vuelto paranoico?. Además, esos días quería estar alejado lo mayor posible de su esposa, quería tiempo para pensar sobre la situación de Albus.

Con rapidez escribió una respuesta.


Ginny

La verdad es que me encuentro muy ocupado con papeleo atrasado, ¿Te parece si dejamos ese almuerzo en un restaurante para otro día?. No dejes a Lily sola, si vas a salir llévala con Molly si está libre por favor.

Te prometo que te lo compensare.

Nos vemos en la cena.


Una vez que dejó atrás el tintero y la pluma se relajo, le tendió a la lechuza Coffee la carta y ésta se fue volando. No se arrepentía de aquella respuesta que había proporcionado a su esposa. Él solamente quería estar tranquilo ese día, sin necesidad de tener que exponerse al barullo del mundo mágico. Si Harry hubiera aceptado la invitación de Ginny, lo más probable que hubiera ocurrido es que hubieran ido a un restaurante de gran renombre, en donde al momento de verlos entrar alguien llamaría a la prensa, para después tener encima a una docena de reporteros que no te permitían comer con tranquilidad.

Sabía que su esposa amaba la atención, incluso se atrevía a decir que ella organizaba esas salidas intencionalmente para que el mundo mágico no olvidará a "Harry Potter el salvador del mundo mágico y su flamante esposa". Ahora que lo pensaba, debería empezar a considerar la posibilidad de traer a su hija al trabajo con él. Tal vez la pequeña Lily no se lo dijera directamente, pero en varias ocasiones había sido dejada a su suerte en la casa sola.

Afortunadamente también tenía la certeza de que su esposa jamás pasaría por su oficina para verificar si él se encontraba ahí. No le gustaba a su esposa visitar el ministerio, por eso ella en el pasado había decidido no seguir ninguna carrera administrativa.

Se paró de su asiento para poder cambiarse con un hechizo su uniforme de auror por ropa muggle, pero un toquido en la puerta le interrumpió.

— Pase. — Sin preguntar la identidad de la persona le dio permiso de abrir la puerta.

Atravesando el umbral apareció su secretaria.

— Señor Potter, me he dado cuenta que ya es hora del almuerzo, así que venía a preguntarle algo. — Dijo Daphne con amabilidad y una sonrisa inocente. Harry se tensó un poco por los nervios. ¿Acaso quería invitarlo a comer nuevamente como el otro día? ¿Debería aceptar a pesar que rechazó a su mismísima esposa?.

— Si, claro. ¿Qué sucede?. — preguntó el pelinegro un poco intrigado y ansioso mientras sonreía nervioso. Esa acción le recordó a su cuarto año en Hogwarts cuando recién empezaban a despertar sus hormonas. — Además, ya te he dicho que me llames Harry. — dijo el hombre y la rubia rió encantadoramente.

— Claro, Jefe "Harry". Me preguntaba si, ¿Te gustaría que te pidiera algo para que puedas comer?. Así no tendrías necesidad de salir tu mismo por algo. — Explicó con tranquilidad la bruja.

Harry al momento de escuchar la razón de la bruja se desinfló como globo. Ella solamente quería comprobar si le apetecía que le trajera algo, no venía a proponerle que almorzaran juntos. El león se quería reprender así mismo. ¿Por qué deseaba la compañía de aquella bruja tan simpática si podía estar almorzando con su propia esposa. Él nuevamente no sabía la respuesta, pero ¿Acaso haría daño si la invitaba él mismo a almorzar por esa ocasión?.

— Tengo una mejor idea, ¿Que te parece si tú y yo vamos a Londres Muggle a buscar un restaurante y almorzamos ahí?. — Preguntó valientemente Harry, sacando el lado Gryffindor que tantos años se le inculcó.

Daphne le miró con sorpresa. ¿La estaba invitando a salir?. ¿Acaso debía aceptar?. Después de todo, su jefe aún era un hombre casado. Puede que quizás tuviera problemas en su familia y específicamente con su esposa, pero ella no quería ser la razón por la cual ese matrimonio se rompiera.

— Ammm, Harry. Yo…— Dijo un poco descolocada la bruja. — No se que decir, Sería solo como compañeros de trabajo, ¿Verdad?. — Cuestionó un poco nerviosa la rubia.

Harry pareció darse cuenta de la situación en que se metió y quiso golpearse con fuerza. ¿En qué estaba pensando?. ¡Él era casado!. Por más que le llamara la atención la señorita Greengrass, debía ser respetuoso con ella y su esposa. Debía calmarse, si perdía la cabeza solo ocasionaría que la relación de compañerismo que habían desarrollado hasta ahora se perdiera.

Meditó un momento la situación. En parte Daphne tenía razón, podían salir como un par de compañeros de trabajo a almorzar, sin ningún interés romántico de por medio. ¡Si, era la mejor opción que tenía!.

— Claro que sí. Solo saldríamos a comer como un par de colegas, es todo. — Respondió con confianza Harry mientras sonreía para tranquilizar a la mujer. Está suspiró aliviada.

— Entonces me encantaría, solo tengo una pregunta. — dijo Daphne. — ¿Por qué a Londres Muggle?. — añadió en tono curioso.

— Es sencillo, lo que pasa es que en Londres muggle nadie conoce a "Harry Potter". Solamente así la prensa me deja almorzar tranquilo. — Explicó con tranquilidad el pelinegro.

— Estás harto de ser el "salvador del mundo mágico". — Afirmó con pompa y burlonamente la serpiente. Harry solamente rió ante la afirmación.

— Como no tienes idea...—

Una vez que terminó su plática, Harry ayudó a su acompañante a transformar su atuendo por algo más Muggle. Después de todo, el conjunto que tenía Daphne era hermoso, pero fuera de lo común para la otra parte de Londres. Fue así como decidió vestirla en un atuendo casual, con una camisa fresca femenina de mangas cortas de color durazno, acompañado de un par de jean azul deslavado y unos zapatos bajos. Cuando terminó, la rubia se veía asombrada.

— Siempre te veo con colores fríos, pensé que un color durazno se vería bien contigo. — Le explico mientras sonreía de lado el hombre pelinegro.

— Gracias por la consideración, Jefe. Me encanta. — Sonrió Greengrass un poco ruborizada mientras jugaba con el doble sentido de la oración, después de todo el hombre era muy inocente e ingenuo.

Contrario a lo que pensaba la bruja, Harry medio captó la indirecta y se sonrojó levemente. ¿Le había encantado el conjunto o se refería a él mismo?. Nunca lo sabría, así que para desviar su atención decidió modificar su uniforme, teniendo como resultado una camisa negra y pantalones de mezclilla oscuros. Él en lugar de usar un calzado casual decidió utilizar unos tenis deportivos en color blanco.

Una vez vestidos, Harry pidió permiso amablemente a Daphne para tomarla de la cintura y poder aparecer en algún callejón abandonado de la ciudad Londinense Muggle.


The Happy Hour

Una vez que se aparecieron en el callejón, salieron con preocupación del lugar para no llamar la atención de las personas. Afortunadamente, el restaurante al cual iba a ir Harry en un inicio se encontraba a un lado del callejón, así que no tuvieron que caminar mucho. Daphne nunca había ido al mundo Muggle, mientras entraban en el lugar veía a los demás comensales con curiosidad. No era un lugar de lujo, al parecer aquel establecimiento ofrecía vibras más familiares. Había un par de parejas con hijos sentadas con calma, degustando su comida. Ella siempre había estado acostumbrada a ir a lugares lujosos y de etiqueta, pero de alguna forma, le agradaba mucho más aquel lugar que destilaba tranquilidad.

Cuando se sentaron, rápidamente Harry le extendió el menú que ya se encontraba en la mesa. Empezó a hojearlo con curiosidad. Había mucha comida que ya había degustado con anterioridad, como lo era la carne con patatas, pollo asado, etc., pero Daphne quería probar algo nuevo, para que su experiencia estuviera completa. Un platillo en la sección de almuerzo-cena llamó su atención.

— ¿Qué es una Hamburguesa?. — preguntó con curiosidad la rubia mientras le mostraba a Harry la entrada del menú en dónde venía descrito el platillo.

— ¿Nunca has comido una?. — preguntó incrédulo el hombre. Ella solamente negó. — Es un pedazo de carne con especias, entre un pan, podría decirse que es parecida a un sándwich. Algunos la acompañan con lechuga, jitomate y cebolla. Es muy rica, de seguro te gustaría. — Explicó con calma Harry. En ocasiones olvidaba que su secretaria nunca había ido al mundo Muggle.

— Mmmm suena bien. — dijo pensativa la bruja.

Después un momento, llegó joven para atender su orden.

— Hola, ¿Ya han decidido qué pedir?. — preguntó amigable el chico, que no aparentaba tener más de 25 años.

— Claro que sí, yo quiero una hamburguesa, con papas y una malteada de fresa. — Pidió amablemente Harry. Daphne se sorprendió por la cantidad de comida que pidió su compañero, en ocasiones envidiaba a los hombres que podían comer sin restricción.

— ¿Y la señorita?. — preguntó de la misma forma educada el mesero.

— Un sándwich de pechuga de pollo asado por favor. — pidió educadamente Daphne. Harry arqueó las cejas ante el pedido de la rubia, ya que pensaba que de igual manera pediría lo mismo que él. Decidió no cuestionar nada.

No pasaron ni 10 minutos cuando sus respectivos platillos se encontraban frente a ellos. Harry estaba a punto de morder la suculenta hamburguesa, pero la mirada pensativa de Daphne no le dejaba. Greengrass no podía evitarlo, el olor de aquel platillo tan extraño era exquisito. Desde un principio ella estaba decidida a pedir también una hamburguesa, pero recordó las lecciones de etiqueta que su madre le inculcó desde pequeña.

"Las sangre pura siempre deben comer saludable y muy poco".

Ahora que lo pensaba, Pansy y su hermana Astoria al parecer esa educación la habían dejado atrás. Ellas siempre comían lo que quisieran con sus esposos, pero ella no podía darse ese lujo. Ni siquiera estaba casada.

— ¿Pasa algo Daph?. — dijo interrogante el pelinegro. Inmediatamente la bruja despertó de su trance.

— No sucede nada. — Rió nerviosamente la mencionada. Posteriormente estaba a punto de empezar a degustar su sándwich, pero fue detenida por el hombre.

— ¿Te apetecería la mitad de mi almuerzo?. — preguntó amablemente Harry.

— ¿Ah?. — dijo desconcertada la mujer.

— Si, para que puedas probar lo que es una hamburguesa. Podemos partirla a la mitad. — Le propuso con tranquilidad el salvador del mundo mágico.

— ¡No es necesario! Estare satisfecha con mi sándwich. — dijo con rapidez la rubia.

— Insisto. — Musitó persistente. Por un momento, Daphne lo consideró.

— Vale, me parece bien. Solo tengo una condición. — dijo un poco más animada. — Que también dividamos mi almuerzo. No quiero que por mi causa te quedes con hambre.

— Excelente. — Musitó con satisfacción el mago mientras tomaba un cuchillo de la mesa y partía la hamburguesa a la mitad.

Daphne de la misma forma repitió el procedimiento. Rápidamente intercambiaron su porción. Con ansia, la rubia dió su primer bocado a la hamburguesa.

— Por Salazar, ¡Es exquisita!. — Musitó con entusiasmo Daphne. Sus ojos brillaban contentos. — Es un crimen que no vendan de estás en el mundo mágico.

— Te lo dije, es muy sabrosa. — dijo con ánimo también Harry. — Es la ventaja del mundo Muggle, la comida es muy sabrosa.

Los dos pasaron un buen rato almorzando amenamente. A Daphne le gustó tanto la hamburguesa que pidió una para llevar para cenar ella sola más tarde en su casa. Cuando salieron del restaurante, inmediatamente se dirigieron al callejón que estaba a un lado para nuevamente proceder con la desaparición, pero un ruido les interrumpió.

— ¿Quien anda ahí?. — preguntó Harry alerta.

Más ruidos se escucharon. El par de magos se percataron que provenía del movimiento detrás de unos botes de basura. Daphne se apegó temerosa de manera inconsciente a Harry.

— ¿Quien anda ahí?. — volvió a preguntar el auror, pero de manera más seria.

Estaba dispuesto a enfrentar al intruso, pero no fue necesario. Detrás de los botes de basura salió una pequeña niña. Según el análisis del par de magos, aquella criatura no tendría más de cinco años. Era una pequeña niña, de cabellera azabache y ojos azules. A simple vista se podía ver qué estaba algo delgada y sucia.

— No me lastimen, solo busco algo de comer. — dijo asustada la pequeña niña.

Daphne rápidamente se acercó a la criatura.

— Pequeña, ¿Estás bien cariño? ¿Dónde están tus padres?. — preguntó con angustia la bruja rubia.

— Si, estoy bien. Solo tengo hambre. — Explicó apenada. — No tengo padres, ellos me dejaron en un orfanato cuando nací. — añadió con tristeza. Aquella carita a Harry le conmovió y provocó que también se acercará a la pequeña niña y se acuclillara a su altura.

— ¿Cuál es tu nombre?. También nos podrías decir el nombre de tu orfanato para llevarte a salvo. — Explicó con amabilidad Harry.

En automático la niña compuso una mueca de horror.

— ¡No, por favor! No me hagan regresar ahí. — Dijo con pavor la pequeña pelinegra mientras se aferraba al cuello de Daphne. Está sorprendida la abrazo.

— Pero pequeña, es necesario que… — El hombre iba a continuar objetando, pero la bruja mayor lo interrumpió.

— No Harry. Por algo la niña no quiere regresar ahí, creo que lo primordial es saber la razón. — Musitó con seriedad Greengrass. Harry solo guardó silencio ante eso. — ¿Por qué no quieres regresar cariño?. — dijo en tono cariñoso la mujer mientras acariciaba la cabeza de la niña, en ningún momento permitió que se rompiera aquel abrazo.

— Son malos conmigo. Ellos me castigaban por ser rara. — Explicó sollozante la infante.

— ¿A qué te refieres?. — preguntó Harry un poco alarmado.

— A veces cuando estoy triste, muy feliz o enojada, pasan cosas a mi alrededor muy raras. — Musitó intranquila la niña.

— ¿Cómo qué?. — preguntó confundida la rubia.

No tuvo que pasar mucho tiempo para darse cuenta que alrededor de ellos había una especie de estática en el aire. Tan imperceptible a la vista, pero al tacto no tanto. Harry extendió su mano hacia una pequeña chispa que alcanzó a vislumbrar y se dio un pequeña descarga eléctrica inofensiva.

— Es mágica… — Susurró impactado el salvador del mundo mágico.

— Cariño, dinos tu nombre, por favor. — Susurró Daphne tranquilizadora a la niña.

— Nunca se molestaron en nombrarme, no sé quién soy… — dijo con angustia la criatura.

La bruja sin decir nada le extendió la hamburguesa que tenía empacada.

— Comela. — Musitó en tono cariñoso Greengrass. La niña sonrió alegremente al percibir el olor de comida caliente.

Una vez que la infante se encontraba ocupada degustando el alimento, Daphne se paró como resorte de su posición y miró a Harry con una mirada tan profunda e intensa que le dió escalofríos al auror. ¿Qué prometía aquella mirada?. Lo que sea que significaba, sería algo realmente complicado.


Balcón de la recámara principal

Ala este

Malfoy Manor

Mientras Harry y Daphne perdían los estribos en otro lugar, Draco se encontraba sentado en uno de sus sillones que había en su terraza personal, aquella que daba a las afueras de su habitación. Se le notaba molesto a simple vista. Hermione le acompañaba a su lado, pero no se veía de tan mal humor como el rubio.


Señor Draco Malfoy

Le informamos que todos los ingredientes que ha pedido del extranjero serán detenidos por 2 semanas más en el Departamento de Negocios Internacionales para ser sometidos a una evaluación exhaustiva, con la finalidad de poder comprobar su origen, calidad e identificar al proveedor. Cómo sabe, Londres se encuentra en una posición poco favorable con el tráfico ilegal de ingredientes para pociones, es por consiguiente que se han tomado estas medidas.

Atentamente:

Percival Weasley

Jefe de la Oficina de Recepción de paquetes

Departamento de negocios internacionales


— Claro, tenía que ser un miembro de la familia comadreja. — dijo con desagrado Draco.

— Vamos, solo es una terrible casualidad. — comentó la castaña restandole importancia al asunto.

— No me vengas con eso, Granger. — Musitó con seriedad Draco. — Sabes perfectamente que tengo la razón y conspiran en mi contra. — añadió en tono dramático.

— Eso es ser algo exagerado, Señor Malfoy. — dijo burlona. — Bueno, supongo que me tocará buscar la manera de persuadir a Percy para que se liberen de una vez por todas el pedido. — Musitó con tranquilidad.

— No es necesario, yo puedo encargarme. — Comentó Draco malhumorado.

— No, ni sueñes que lo vas a hacer solo. Te conozco, se que irás a atemorizar a Percy. — dijo con aplomo la bruja. Vio como su esposo estaba a punto de objetar, pero no se lo permitió. — No es que me caiga bien, pero no ganaremos nada si no tenemos un papel de liberación de por medio. — añadió en tono sabiondo.

— Como siempre tienes razón. — dijo Draco, quien suspiró ya más relajado, mientras le regalaba una sonrisa de lado a su esposa. — Ya encontraremos la forma de sobornarlo. — añadió con humor.

— A todo esto, ¿No te apetecería que vayamos con los niños a un restaurante de pizza?. — preguntó tiernamente Hermione mientras rodeaba el brazo del rubio con su cuerpo. — Creo que merecen divertirse un poco, han estado todos ocupados con sus deberes.

— No, odio esos lugares. Piensa otra cosa. — Musitó quejoso el hombre rubio.

La sola combinación de niños maleducados, en espacios cerrados compitiendo por ver quién era el primero en subir a los juegos y toboganes era una de las experiencias más aterradoras para el mago. Desde luego, sus hijos eran seres bien portados que no cometían aquellos errores y comportamientos poco adecuados, pero los demás críos dejaban mucho que pensar.

— Draco, vamos. Se lo merecen todos los pequeños. — le rogó Hermione mientras le sonría tiernamente para que él accediera.

Y aquí venía la mirada manipuladora marca Granger. Aquel gesto que habían heredado todas sus hijas y que sabían usar a su favor para salirse con la suya. Los ojos grandes, pestañeantes. Cómo si no fueran a matar una mosca. Con algo de dificultad, trato de resistir unos momentos, pero no le funcionó. La mirada de su esposa era muy convincente.

— Bien, saldremos en una hora. — dijo derrotado el rey de las serpientes.

— Gracias, Dragón. La idea les va a encantar. — Musitó contenta la castaña regalandole un beso en la mejilla.

Estaba a punto de pararse para comunicar la noticia a sus hijos, pero su elfina apareció repentinamente frente a ellos.

— Ama Hermione, tiene una carta. Al parecer la lechuza no podía encontrarla. — explicó la criatura mientras hacía una pequeña reverencia.

— Gracias Elle, puedes irte. — Agradeció con amabilidad tomando el sobre de la carta. La elfina volvió a desaparecer en un puf.

Con cuidado extrajo su contenido bajo la atenta mirada de su esposo.


Hermione

Te necesito, no tengo tiempo de explicarte detalles por aquí, pero si no fuera urgente y problemática la situación no estaría acudiendo a ti. Ven al Valle de Godric, al monumento de los Potter. Te estaré esperando.

Daphne


— Cielos, a juzgar por la manera en que escribió Daphne de forma inclinada debe encontrarse muy nerviosa. — Musitó incrédulo el mago.

— Debo irme, parece algo urgente. — comentó preocupada la castaña incorporándose del sillón.

— Iremos más bien. — dijo entusiasta el rubio sonriendo de lado.

— ¡Ah, no! Eso sí que no. Tu vas a llevar a los niños a comprar la pizza, dejaras que jueguen mientras las preparan en el restaurante y las pedirán para llevar. — dijo en tono mandon Granger. — Una vez que regrese ya podemos comer juntos.

— No seas malvada mujer, quizás pueda también necesitar mi ayuda. — dijo como pretexto el rubio.

— La carta solo iba dirigida a mi, Dragón. De esta no te salvas. — dijo obstinadamente la de cabellera rizada.

— Argh, eres odiosa. — Masculló Draco derrotado. — Está bien, pero con una condición. — añadió sonriendo astutamente.

— ¿Cuál? — preguntó Hermione interrogante.

— Que pueda comprar una cubeta de helado. — dijo seriamente, adquiriendo su semblante de hombre negociador.

— Hecho. — Musitó con sencillez Hermione, encogiéndose de hombros. Se acercó para besar a su marido en los labios. — Nos vemos en un rato para cenar, no te metas en problemas. — dijo a modo de despedida la bruja mientras desaparecía.

— Eso fue más fácil de lo que pensé, lo que no le dije es que la cubeta es para mí solo. — dijo optimista Draco. — Bien, ahora solo me queda que a mí los niños no me metan en problemas.

Fue así como Draco Malfoy ingresó a su recamara y cerró el acceso de su terraza.

Abajo, oculta en la terraza volando en su pequeña escoba, se encontraba Cissa Malfoy atenta a los planes de sus padres. Si iban a salir los dos, esa era su oportunidad para escabullirse hasta el laboratorio de su padre. Solo tendría que declinar gentilmente la invitación de ir por la pizza, de todos modos la traerían a casa para comer, así que no perdería mucho. Con agilidad se fue volando unos balcones más a la izquierda para llegar a su respectiva habitación. La niña pensó que pasó desapercibida en todo momento, pero nunca se percató de un par de ojos grises que le miraban con intriga desde el jardín.

Cuando por fin estuvo cómoda, sentada en su mullida cama, decidió volver a leer la carta que había recibido de su hermano Scorpius.


Querida Cissa

Espero te encuentres bien. Me gustaría excederme en preguntar por toda la familia y como se encuentran, pero no es un buen momento.

Te escribí esta carta para que pudieras hacerme un pequeño favor, pero para eso me imagino que primero necesito darte un pequeño contexto de la causa. No por nada eres cotilla.


— Puf, y así quiere que lo ayude. — Pensó con desagrado la pequeña bruja.


Se que no conoces a los hermanos Potter, pero por todo lo que les hemos contado Tares, Abraxas y yo podemos decir que son pocos los magos así de leales que hemos tenido el placer de tener de compañía. Puede que nuestros padres hayan tenido diferencias con ellos en el pasado, pero la nueva generación considero que tiene una forma distinta de pensar. Ya sabes lo que dice papá, si el amigo es de valer, fiar y único, es familia.

Resulta ser que un intento de bruja sin escrúpulos llamada Rosebud Weasley se atrevió a lanzar a Al Potter al lago negro, la niñata considero que sería una razón justa para vengar a su patética familia de comadrejas, debido al comportamiento de mi amigo por ser una geniuna serpiente. Estuvo a punto de casi a ahogarse, sino fuera por Abraxas, Pandora y Tía Tory. Aunque aún no conozcas a Al, Cissa. Hubieras visto su cara de desesperación que compuso, ya que perdió un libro muy valioso que le había dado su padre en la niñez, sino mal recuerdo era una edición limitada del Arte de hacer Pociones. En este momento aún se encuentra en la enfermería, en un rato iremos a verlo.

Ahora llegamos a la parte importante. Necesito que, cuando mamá y papá no estén en la mansión, vayas al laboratorio privado. Cómo estarás tú ya más enterada, papá ha descubierto la causa del macchiatis. Pues como buen pocionista que es seguramente ha preparado muchas muestras para después poder probar. Necesito que me consigas una y me la mandes muy protegida con tu elfina. Debemos ser discretos, no queremos meter a papá en problemas.

Te deseo la mejor de las suertes en tu misión hermana, aunque no la necesitas, eres una Malfoy.

Te quiere

Scorpius


— Vaya, ese par de hermanos Potter deben ser algo valioso como para tener a mis tres hermanos cuidando de ellos. — pensó la semirubia.

No estaba preocupada, sería fácil entrar al laboratorio. Su papá lo mantenía cerrado con tecnología muggle por fuera y uno que otro hechizo de cerradura, pero hasta el momento no se le había ocurrido al patriarca Malfoy implementar algo contra la aparición de los elfos domésticos ni de las personas miembros de la mansión.

Ahora que lo pensaba con más detenimiento, pronunció el nombre de la niña causante de aquel pandemónium.

— Rosebud Weasley… — paladio el nombre con asco. — Uh, no puede ser coincidencia. Ese grado de idiotez solo es posible si es hija de Ronald.

Y no era para menos el desagrado que mostraba la pequeña bruja ante la familia pelirroja. Aún recordaba todo lo que las había hecho pasar a Etamin y a ella, aquel llamado "mago adulto" el día que habían ido al ministerio con su papi. Estaba a punto de llamar a su elfina, pero tocaron su puerta. Al saber quién era el causante sin preguntar, rápido tomó varias de sus muñecas grandes y un nuevo trozo de tela para ponerlos encima de su cama.

— Pasa, por favor. — dijo con voz cantarína la niña. Su papá entró a su habitación y se sentó contento a su lado.

— ¿Qué haces princesita?— preguntó amablemente Draco.

— Estoy tratando de decidir qué prenda puedo hacerle a mis muñecas. Aunque creo que me voy a inclinar más por hacerle un vestido a Dindy. — explicó con tranquilidad Cissa.

Dindy era la elfina personal de la cuarta hija Malfoy.

— Bueno, eso tendrá que esperar. Debes acompañarme a comprar pizza a Wizarding Food. — dijo con tranquilidad Draco, aunque por dentro estaba nervioso. Conocía a su pequeña niña, ella también detestaba ir a ese lugar.

— No gracias, prefiero quedarme a terminar el vestido. — dijo recia. — Además, sé que la comida es muy buena, pero los juegos son tan antihigiénicos. — explicó asqueada.

— Vamos, pequeña Jean. No me dejes a la deriva con todos tus demás hermanos. Tu madre ha tenido unos asuntos que arreglar y me ha pedido el favor. — Musitó lastimero Draco, para causar lástima en su hija.

Cissa suspiró, su papá era el único miembro en la casa que en ocasiones le decía por su segundo nombre. Miró con atención la cara de mortificación del hombre. Tendría que ayudarlo, el problema ahora lo tenía ella. ¿Cómo iba a lograr escabullirse en el laboratorio cuando ni siquiera ella estaba en la casa?. Con pesar decidió que lo intentaría hasta la noche cuando todos durmieran.

— Está bien papá, solo porque sé que necesitas mi ayuda para controlar a Tyl y Serpent. — Mencionó contenta con una sonrisa de lado.

— Esa es mi princesa. Alístate y ponte algo cómodo que nos vamos en 15 minutos. — La abrazó con cariño paternal Draco antes de retirarse de su habitación.


Grimmauld place

Casa Potter

2 pm

Por otro lado, Ginny había recibido inmediatamente la carta de su esposo. Ella no estaba sorprendida de que nuevamente le estuviera rechazando para llevarla a comer. Algo le estaba pasando a Harry, en otro momento él hubiera accedido inmediatamente a cumplir con su capricho. Ginny se consideraba a sí misma como una mujer que siempre le gustaba estar activa y en movimiento, por más que su madre intentó hacerla una dama hogareña, siempre se le dificultó.

— Uh, Potter. Qué aburrido te has vuelto. — pensó fastidiada la pelirroja mientras se sentaba en su sofá agotada.

Llegó a considerar ir a verificar que en efecto su esposo se encontrará en su oficina trabajando, pero ¿A quién le importaba? Harry siempre tendía a decir la verdad, no es como si se hubiera ido con otra mujer. Con alivio, Ginny supo que al casarse con él aseguraba su vida para siempre. Nunca tendría que preocuparse por el dinero, tenía una hermosa casa y no tenía ninguna necesidad de trabajar. Podía comprarse lo que quisiera, y solamente lo único que tenía que hacer era darle un poco de atención a Harry y sus hijos para que él estuviera feliz. Aunque últimamente la tarea estaba siendo demasiado titánica desde que Albus entró a Hogwarts.

Ginny se había considerado una experta en ignorar a su segundo hijo y sus rarezas, pero últimamente se le hacía demasiado complicada la situación. Primeramente había visto como ventaja que el niño hubiera sido seleccionado con las serpientes, pues así sabía que Harry se olvidaría de una vez por todas de él. Obviamente se equivocó, ya que su esposo estaba empeñado en que todos fueran una familia feliz y completamente funcional. Afortunadamente, lo tenía haciendo lo que ella quisiera en su palma de su mano, y no tendría la necesidad de volver a lidiar con el pequeño hijo raro que había engendrado. Al parecer la Datura que le suministraba a su esposo todos los días en su Brewed Coffee hacía maravillas. Lo único por lo que tenía que preocuparse era que se tomará la dosis diaria. Ese día no se la había tomado, pero no había ningún problema ya que esta había sido la única vez que no la había tomado, no por eso iba a ver diferencia con él. Aunque ella desconocía que su esposo llevaba una semana sin tomar su café.

Más entusiasta se re incorporó de su sofá.

— Lily, voy a salir de compras. Te quedas sola. — Grito entusiasmada la bruja pelirroja mientras desaparecía por la red flu.

De la parte superior de la casa, bajó por las escaleras la pequeña Lily.

— No es ninguna novedad, mamá. — Pensó con amargura la pequeña pelinegra que ya estabas acostumbrada a estar a solas en su casa.


Habitación de Narcissa II Malfoy

Malfoy Manor

3 pm

La pequeña semi rubia se encontraba dando vueltas en círculos. En los 15 minutos que había tenido para prepararse para salir había estado tratando de armar un plan que le permitiera cumplir con su objetivo de robar una muestra de Macchiatis del laboratorio de su padre. No había tenido éxito alguno. Se sentía desesperada, no quería fallarles a sus hermanos.

En eso, la joven bruja escuchó que alguien llamaba a su puerta.

— Pasen. — Dijo de manera tranquila mientras se sentaba en su cama.

Por la puerta ingresó su abuelo, el antiguo patriarca de la familia Malfoy.

— Abuelo, ¿Qué te trae por mis aposentos?. — preguntó con leve sorpresa la semi castaña. Lucius solo se encogió de hombros como si nada.

— Vine a descubrir que les ha pasado a ti y tus hermanos. — Dijo con seguridad el mago mayor.

— No sé de qué me estás hablando. — Contestó la niña haciéndose la desentendida.

— No me quieras esconder las cosas a mi, Cissa. — dijo Lucius sin perder la calma. — Nada pasa desapercibido por mi en esta casa. — añadió con soberbia.

La joven niña pareció analizar la situación por un momento. No tendría nada de malo si le contaba a su abuelo la situación. Él más que nadie entendería.

— Necesito entrar al laboratorio de papá, para tomar una muestra de Macchiatis, pero no puedo hacerlo porque acompañaré a papá a comprar comida con todos mis hermanos. — Musitó con seriedad.

— ¿Y para qué necesitas eso? — preguntó con curiosidad el mago mayor.

Cissa le explicó a su abuelo sobre toda la situación, que engloba sus problemas con la hija de Ronald Weasley, su obsesión por Scorpius y el problema que habían tenido con Albus.

— Una comadreja digna de su clan. — dijo con sarcasmo Lucius. — Aunque debo admitir que estoy sorprendido, nunca pensé que el encanto Malfoy lograría atrapar a una Weasley.

— Abuelo, esto es serio. — dijo sería Cissa mientras fruncía el ceño.

— Vamos, no seas tan obstinada como tu madre y abuela. — respondió con humor el rubio. — Bueno, como los veo muy empeñados en tomar venganza por su cuenta, no les voy a detener.

— No estábamos pidiendo permiso, abuelo. — Musitó burlona Cissa.

— Lo sé, pero afortunadamente soy una persona muy caritativa. Yo me encargo de la muestra del laboratorio. — dijo con tranquilidad Lucius.

— ¿Hablas en serio? No quiero que te metas en líos con mis padres por nuestra culpa. — Comentó un poco descolocada la niña.

— No representa ningún problema para mí, después de todo yo soy el cabeza de esta familia. — contestó con soberbia el mayor de los Malfoy.

— ¿Qué hay de la abuela? — preguntó de manera burlona Cissa. Lucius, pareció pensarse un poco su respuesta.

— Bueno, existen excepciones. Mantendremos en secreto esto de tu abuela. — dijo un poco intranquilo, pero tratando de mantener las apariencias.

— Te lo encargo mucho, abuelo. No quiero defraudar a los demás. — pidió con un poco de desesperación la semi castaña.

— Yo siempre cumplo mis promesas, querida Cissa. — Musitó con orgullo el hombre mientras salía de la habitación.

Afuera de la habitación Lucius tenía una sonrisa de oreja a oreja. Adoraba poder sentirse útil para sus nietos. Tanta era su satisfacción que no notó la presencia de Draco recargado en la pared del pasillo.

— Tu estás tramando algo. Ahora me pregunto si es algo bueno o malo. — dijo perspicaz el rubio mientras se encontraba de brazos cruzados.

— ¿Qué tú buen padre ya no puede sonreírle a la vida porque le nace? — comentó irónico Lucius.

— Es muy sospechoso que tú sonrías de esa manera. — contestó escéptico Draco. — Pero no es mi problema, mientras no involucre a alguno de mis hijos todo estará bien. Se que madre será capaz de ponerte límite. — dijo de manera despreocupada.

— Qué mala estima me tienes, Draco. — dijo burlón Lucius mientras seguía sonriendo como el gato que se comió un canario. — Tu madre no me controla, yo marco mis propios límites.

— Que fascinante es escuchar eso de tu boca, querido. — Musitó sarcástica Narcissa Malfoy saliendo de la habitación de frente.

La bruja mayor acababa de salir de la habitación de Etamin Malfoy ya que le había ayudado a prepararse para salir con Draco. Fue una coincidencia que al salir escuchara el comentario de su querido esposo. Lucius ante la aparición de su esposa se quedó mudo. Draco solo sonrió de lado.

— Cissy, querida. No me malinterpretes, me refería solamente a que no me controlas la hora del postre. — Musitó con confianza Lucius, pero por dentro estaba nervioso. No debía demostrar debilidad ante su esposa, ella sería la única capaz de darse cuenta que planeaba algo con sus nietos.

— Claro, como tú digas Lucius. — Contestó escéptica Narcissa mirando desaprobatoriamente al mencionado.

— Bueno, como sea. Regresaremos en un rato, solo iremos por la comida y volvemos. — dijo Draco un poco abatido por la situación de ir a un lugar de comida infantil.

— Suerte, amor. No pierdas los estribos. — respondió Narcissa cariñosamente.

— La vas a necesitar, hijo. — dijo maliciosamente Lucius mientras se retiraba del lugar.

— Ah, nos vemos en un rato. Tengo que vigilar a tu padre. Anda actuando raro. — Mencionó con fastidio la fémina Malfoy mientras seguía al patriarca silenciosamente.

— Él siempre actúa raro… — pensó con ironía Draco.

Pasaron aproximadamente 10 minutos para que Draco partiera con sus hijos de la mansión. En el momento que Lucius se percató de aquella acción salio con cautela de su despacho. Debía ser cuidadoso, pues sabía que Narcissa le estaría siguiendo la pista. Empezó a caminar en dirección a las escaleras que llevaban al laboratorio sub terraneo, pero se dió cuenta que su esposa le seguía el paso. Rápidamente desvió su dirección y fue al baño que se encontraba en la planta baja.

Narcissa al ver que Lucius entraba tranquilamente al baño sospecho más de él. Mientras tanto Lucius dentro del baño suspiró cansado, pues evitar a su esposa era una tarea titánica. Sacó la varita de su túnica.

— Duas Mihi. — recitó y de la nada apareció un doble frente a él.

Evaluando a la persona frente a Lucius se trataba de una copia idéntica a él. Nada fuera de lo normal, pues el encantamiento "Días Mihi" permitía tener una copia exacta de la persona que invocaba el encantamiento. Está copia, tenía una misión en específico asignada por la persona original, siempre y cuando fueran tareas sencillas.

— Igual de apuesto que el original. — Musitó con soberbia el Lucius original mirando de arriba a abajo a su copia. El clon solo se limito a sonreír torcida mente.

— ¿Qué necesitas que haga?. — preguntó curioso su copia.

— Necesito que vayas a mi despacho y te encierres, pero asegúrate que Narcissa te vea. Lo más seguro es que ella te seguirá. — Explico el mago original. La copia solamente asintió y salió del baño.

Fue así como Lucius espero unos cinco minutos para salir el mismo de la habitación. Primero se aseguró que no hubiera moros en la costa. Efectivamente, no se encontraba nadie alrededor. Con rapidez se dirigió a las escaleras que daban acceso al sótano de la mansión.

Unas vez hecho la tarea llegó a un largo pasillo en el cual en medio se encontraba la única entrada al laboratorio de su hijo. Al ser un Malfoy podía aparecerse en cualquier lugar de la mansión que quisiera, así que no era necesario que introdujera la contraseña que pedía el sistema de seguridad. Una vez que de encontró dentro del laboratorio, se dirigió a un refrigerador que tenía el uso exclusivo de conservar las muestras en pequeños tubos.

Después de una ojeada rápida, encontró varias pequeñas muestras de Machiattis, o al menos eso declaraba su etiquetado. Con unos guantes que se coloco el patriarca Malfoy, saco la muestra con cuidado. Se aseguró de que se encontrará sellada. Posteriormente, logro transfigurar una hoja de papel en un contenedor especial, pequeño y práctico de color blanco, para poder asegurar su presea. De algún modo, también se las ingenio para aplicarle un encantamiento enfriador, para que así pudiera fungir como un pequeño refrigerador y no se estropeará.

Una vez satisfecho salió a paso tranquilo del laboratorio.

— Lucius ¿Que hacías haya dentro?. — preguntó con sospecha Cissy. El mencionado por la sorpresa se sobresaltó.

— Cissy, que agradable sorpresa. — contestó fingiendo tranquilidad el hombre. — ¿Te he dicho que el color gris de fondo hace que resalten tus bellas facciones? — añadió en tono coqueto.

— No cambies el tema Lucius. — dijo irritada la bruja mientras fruncía el entrecejo. — ¿En serio creíste que una copia tuya me iba a distraer de vigilarte?

— Está bien, te lo diré, pero no quiero que hagas un escándalo. No me sorprende que no hayas caido, la verdad siempre has sido muy astuta. — dijo derrotado el rubio. — Entre a tomar prestado una muestra de Macchiatis de Draco.

— ¿Para que quieres tal cosa? ¡Sabes que es peligroso andar jugando con esas cosas! — mencionó incrédula la sangre pura.

— En realidad le estoy haciendo un pequeño favor a Scorpius, Antares, Abraxas y Cissa. — Explico el señor Malfoy.

— ¡Por Salazar! No me digas que piensan infectar a todo el colegio con esa cosa. — Musitó dramáticamente Narcissa.

— Si que tienes en muy mal concepto a nuestros nietos Cissy. Ni que fueran unos seres malvados. — comento divertido Lucius recibiendo una mirada escéptica de su esposa. — Bueno, no será a todo el colegio. Solo a una pequeña persona muy molesta.

— ¿Quién y cuáles son sus razones?. — preguntó ya más calmada la señora Malfoy sustituyendo su preocupación por curiosidad.

— Vayamos a la terraza y te explico con mayor detalle. — respondió el hombre rubio de forma calmada meintras guiaba a su esposa al exterior.

Una vez afuera, se sentaron en el jardín en un apartado en dónde tenían una mesa al aire libre cubierta por una sombrilla. Ahí le ordenaron al elfo personal de Cissy que les sirviera té y galletas. Fue ahí cuando el hermético y serio Lucius se transformó en una especie de "señora parlanchina y cotilla" que disfrutaba contando las novedades que había descubierto de otras personas. Le contó todo a su esposa sobre el plan de sus nietos, la causante de sus problemas y la gran relación que tenian estos con los hijos de Harry Potter.

— Esos Weasley, siempre siendo una molestia a dónde quiera que van. — mencionó Narcissa molesta, haciendo una mueca.

— No se de qué te sorprendes, no es novedad. — añadió Malfoy encogiéndose de hombros.

— Pero aún así, ¿No crees que es muy peligroso lo que van a hacer los chicos?. Infectar a la chica, ¿Qué tal si Draco no puede hayar una cura a tiempo? — comentó un poco angustiada la mujer.

— De todos modos la señorita Weasley se lo ha buscado, nadie se mete con los Malfoy y sale bien parado. — respondió con seguridad. — Además, estoy seguro de que Draco será capaz de hayar una cura. Nuestro hijo es muy capaz de todo Cissy, hasta de dominar al mundo si él lo deseará. — dijo Lucius con orgullo.

Le agradaba en lo que se había convertido su hijo, un hombre empresario y pocionista muy seguro de si mismo. Talentoso en gran medida con hambre de conocimiento. Y no hablar de su gran astucia. Si existía una cura para aquella enfermedad, él sería el más indicado para descubrirla. Narcissa se sintió un poco apenada por haber dudado de las capacidades de su hijo.

— Tienes razón, Lucius. Draco podrá hacerlo. — le concedió la razón su mujer ya más tranquila.

— Ahora solo queda que Cissa llegué para entregarle nuestro paquete. — dijo con tranquilidad Lucius mientras seguía degustando su merienda con tranquilidad.


Valle de Godric

Potter Manor

3 pm

Mientras tanto en el tranquilo valle de Godric se apareció Hermione Granger en medio de la calle. No tenía preocupación de que alguien hubiera notado su presencia, después de todo el lugar era 100% mágico, además era un poblado muy tranquilo y reservado.

Cuando recibió la carta de Daphne, debe admitir que sintió una especie de sorpresa ya que no era común que la citará con tanta urgencia y mucho menos en un poblado lejano. Camino rumbo a una pequeña plaza que se encontraba en medio del pueblo, en dónde se encontraba erigida la estatua de la familia Potter. Con incredulidad pudo apreciar que recargado en ella se encontraba el mismísimo niño que vivió dos veces.

— Harry, ¿Qué haces tú por aquí? — preguntó con duda y sorpresa la castaña acercándose al hombre. Este pareció haber despertado de un sueño lejano ya que dió un pequeño sobresalto en su lugar.

— Que bueno que ya has llegado, te necesitamos con urgencia. — dijo un poco exaltado el pelinegro mientras tomaba de la muñeca a su antigua amiga.

A decir verdad era una conversación extraña, después de todo tenía muchísimos años que no se hablaban con aquella naturalidad. Por más que Hermione quisiera hablar con él no podía, primero tenía que ver por Daphne.

— Espera un momento. He venido a ver a Daphne, primero necesito arreglar un asunto con ella antes que ir contigo. — dijo un poco descolocada la bruja mientras trataba de zafarse del agarre del pelinegro.

Harry pareció darse cuenta de que Hermione se encontraba confundida y la soltó.

— Lo siento, no me he explicado. Daphne está conmigo, los dos te necesitamos con urgencia. — Explicó un poco tímido el hombre por la reacción que pudiera tener la castaña, pues sabía de primera mano que la bruja rubia y ella eran amigas, así que no tenía conocimiento de cómo pudiera tomar que él se relacionara con la bruja sangre pura.

— Vaya, debe ser algo muy fuerte como para que me hayan citado aquí. — mencionó con algo de sorpresa Hermione mientras miraba de manera analítica a Harry.

Estaba sorprendida por la causa, más no porque Daphne y Harry estuvieran en aquel lugar, después de todo los dos trabajaban juntos, así que no era tan extraño imaginarlos en compañía del otro. Lo más seguro es que les hubiera surgido un problema laboral.

— Ni te imaginas. — dijo nervioso Harry tratando de sonreír.

Siguieron caminando por la calle hasta que llegaron al final. Ahí justamente en la esquina se podía observar una mansión de tamaño medio, que a simple vista se veía un poco descuidada. Hermione arqueó una ceja antes de atravesar la valla de metal.

— La mansión Potter. — dijo con curiosidad la bruja mientras analizaba la fachada a lo lejos.

Antes de cortar la relación con Harry, Hermione tenía el conocimiento de que en la familia Potter existía una mansión ubicada en el Valle de Godric. Una propiedad la cual no había sido ocupada por James Potter, debido a que consideraba a la fachada excesivamente grande para las necesidades de su familia en ese entonces compuesta por tres integrantes. Aquella propiedad había sido un regalo para el antiguo patriarca de la familia, pero dadas las circunstancias nunca la uso, solamente había habitado la pequeña casa de los Potter que se encontraba a cinco calles de ese lugar, en dónde se habían desatado los acontecimientos de Voldemort.

— Si, ahora yo soy dueño. La tengo un poco descuidada, porque ya sabes. Aún no me sentía preparado para vivir aquí. — explicó Harry con calma.

Hermione no dijo nada. Se encaminaron por el jardín marchito de la propiedad. Antes de entrar la bruja castaña decidió hacerle un comentario.

— Deberías considerar vivir aquí, no está tan mal el pueblo después de todo. Creo que tus hijos se sentirían mejor en terreno abierto, aunque Grimmauld Place tampoco es un lugar tan malo. — comentó con tranquilidad la mujer. Harry se sorprendió de la naturalidad con la cual se dirigía a él. Cómo si todos esos años que pasaron sin dirigirse palabra no hubieran sido nada.

— ¿Tú crees? — preguntó con genuina curiosidad Potter.

— Estoy segura. — Musitó con seguridad Hermione mientras sonreía amablemente.

— Lo voy a considerar, pero primero necesito arreglar unas cosas con Ginny… — Mencionó Harry un poco desilusionado.

— ¿Está todo bien con ustedes dos? — preguntó Hermione fingiendo inocencia, pues estaba al tanto de los problemas que tenía el pelinegro con su esposa debido a que Draco era un entrometido de primera.

— La verdad es que no, todo ha sido complicado después de que Albus entro a Hogwarts. — Musitó melancólico Harry.

La castaña le miró con algo de lástima. En ese momento tenía una necesidad muy grande por confesarle lo que habían descubierto en su sangre. Que Ginny no era lo que aparentaba ser. ¡Que de una vez por todas reaccionara y volviera a reparar la relación con su hijo! Pero no lo hizo, reunió toda su voluntad para mantener la boca cerrada. Después de todo, en ese momento su presencia había sido requerida por otras cuestiones. Con más calma, quizá pudiera hablar con Harry del tema y aconsejarle.

— Tu y yo tenemos una plática pendiente respecto a eso. — contestó con seriedad la bruja. — pero por el momento será mejor que me expliques la razón de que mi presencia aquí sea requerida.

Harry se quedó sin palabras. Por un momento evaluó lo dicho por la mujer castaña. La situación tenía que ser muy seria y muy seguramente la plática iría encaminada a su pequeño hijo Albus. Eso era una buena señal, así podía garantizar que Hermione le ayudaría a salir del embrollo en el que se había metido. Por mucho que quisiera atender ese asunto en ese momento, primero debía atender el asunto de la pequeña niña perdida que encontraron en Londres muggle.

— Bien, te explicaré de manera general antes de que entremos. No quiero que entres en pánico. — dijo Harry tratando de sonar calmado, aunque Hermione a leguas notó su nerviosismo.

— Prosigue. — Musitó demandante su acompañante.

— Hace como una hora, Daphne y yo fuimos al mundo Muggle a comer a un restaurante de comida familiar en el centro. Al salir, fuimos al callejón del lado y nos encontramos con una pequeña niña abandonada. — explicó con seriedad el hombre pelinegro.

— ¿Una niña perdida? ¡Oh por Merlín! La trajiste al mundo mágico, siendo Muggle. — dijo escandalizada Hermione mientras abría sus ojos en exceso debido a la sorpresa.

No es que ella tuviera algo en contra de las personas muggles. Sería algo estúpido e inconsedible debido a sus orígenes de ella misma, pero si la niña era una pequeña muggle era un hecho ilegal que un par de magos la hayan traído a un pueblo que se consideraba 100% mágico.

— ¡Espera, déjame terminar de explicarte! — respondió Potter un poco desesperado. Miró como Hermione sufría una mucha interna por protestar, pero esta se resignó y guardó silencio. — La niña es hija de muggles. — soltó la bomba repentinamente.

— ¿Cómo estás tan seguro de eso? ¡La encontraste en la calle sin saber nada de ella!. — dijo escéptica Hermione.

— La situación no es tan descabellada como parece, Hermione. Cuando le preguntamos nos dijo que era huérfana de un orfanato, que había escapado por el mal trato que tenía. — explicó el pelinegro con seriedad. — Dijo que la razón de ello fue por qué la consideraban rara, porque "pasaban cosas inexplicables a su alrededor".

Esa frase hizo reflexionar a la bruja, "Cosas inexplicables a su alrededor". Aquello le hizo recordar a su infancia, cuando era rechazada por los niños de su edad cuando iba a la primaria Muggle, porque la consideraban rara. Sabía que la palabra de una pequeña niña tal vez no fuera de gran peso, pero no cualquier niño se atrevía a decir aquellas declaraciones.

— Incluso tuvo un brote de magia en nuestra presencia… — añadió Harry.

Y ahí estaba la razón que Hermione buscaba para poder considerar a la niña como magica. Si Harry y Daphne habían presenciado el brote mágico no había dudas, la niña era hija de muggles. Su magia no estaba regulada por el ministerio como los niños que nacían en la parte mágica, solamente eran notados hasta que cumplían los once años. Mientras tanto, los hijos de muggles tenían que adaptarse y sobrevivir como pudieran al mundo Muggle. Granger, ya se hacía una idea de porque Daphne requería de sus servicios.

— ¿Cómo se llama la niña? — preguntó un poco ofuscada Hermione por sus pensamientos.

— Ni siquiera tiene uno. — respondió con indignación Harry.

— ¿Qué? ¡Esto no se puede quedar así! No, no,no. Perdemos el tiempo aquí, ¡Muéstramela! — Musitó con indignación Hermione.

Era inaceptable el trato que había recibido esa pequeña niña. Todos tenían derecho a ser nombrados en la vida, a saber quién eran. Era simplemente terrible. Con rapidez entraron a la mansión vieja. Al entrar, Hermione comprobó que en efecto era una propiedad que estaba un poco descuidada debido a la fina capa de polvo que cubría algunos muebles. Una vez que llegaron al salón principal. En uno de los sillones más grandes cubiertos por una sábana blanca, se encontraba sentada Daphne Greengrass, quien cepillaba con alegría y cuidado el cabello largo y pelinegro de una niña sentada a un lado de ella.

A Hermione se le encogió el corazón al ver la escena, pues sabía de los deseos de su amiga por ser madre.

— Daphne, ahora entiendo la razón tan urgente. — Musitó Hermione con ironía mientras le sonreía a la rubia.

— Oh, Hermione. ¡Has venido!. — Dijo con entusiasmo Daphne mientras se paraba de su asiento. La niña miró con curiosidad a la recién llegada. — ¡Eres mi más grande esperanza!

— No te preocupes, Harry me contó los hechos. — Mencionó Hermione mientras miraba a la niña con curiosidad.

Se notaba un poco delgada, pero afortunadamente se veía saludable. Era una adorable niña a simple vista. Harry solamente veía la escena sin decir nada.

— Hola, dulzura. Mi nombre es Hermione. — Saludo con amabilidad a la bruja.

— Hola Hermione, ¿También eres bruja?. — preguntó con curiosidad la niña pelinegra. En automático, Granger miró interrogante a Daphne.

— Ups, quizá le he platicado un poco del mundo mágico. — mencionó con algo de culpabilidad la rubia. Hermione suspiró cansada.

— No tiene nada de malo, después de todo es una hija de muggles. — dijo Harry justificándose.

— Bueno, en realidad tienen razón. No le veo problema. — contestó Hermione a los adultos. — Si, pequeña. Soy una bruja, hija de muggles al igual que tú. — Contestó con amabilidad la castaña.

— Wow, ¿Eso quiere decir que tú también vivías con la gente normal? — preguntó maravillada la pequeña niña.

— Exacto. — afirmó la castaña. — Yo también experimenté aquellos sucesos raros que te suceden a ti.

— ¿Entonces si es algo normal porque soy una bruja? — preguntó con inocencia la menor.

— Si, aún eres pequeña. Te sucederán seguido. — Dijo con simpleza Harry.

— ¡Genial! — Exclamó alegre la niña.

— Necesito hablar con ustedes dos a solas. — mencionó de repente Daphne con seriedad. Harry y Hermione asintieron en común acuerdo.

— ¡Rini! — mencionó Harry al aire y frente a él apareció una elfina.

— Amo Potter. — Saludo contenta la criatura.

— Wow, un duendecillo. — Expresó impresionada la niña. La elfina río cantarinamente por la ocurrencia de la niña.

— Soy un elfo, señorita. — respondió amable la elfina.

Rini era una elfina perteneciente a la familia de Harry. Por lo general ella fungía como la niñera de sus hijos en el pasado, ahora se dedica más a la limpieza del hogar. Podría decirse que Rini había sido uno de los reemplazos de Kreacher desde que había muerto hace ya cinco años.

— ¿Puedes llevar a esta adorable pequeña a jugar al jardín?. — preguntó con amabilidad Harry.

— Claro que sí, señor. — Respondió servicial la criatura. — Acompañé a Rini, señorita.

— Claro, tengo muchas preguntas para ti. — dijo con optimismo la pelinegra mientras se paraba del sillón y corrió para encontrarse con la elfina. Después de un momento, en el salón solamente quedaron tres adultos que se miraban fijamente.

— ¿Y bien? ¿De qué manera van a requerir mis servicios?. — preguntó la señora Malfoy.

— Quiero adoptar a la niña y darle un nombre. — dijo determinada Daphne.

Según el criterio de Hermione, Harry no reflejaba sorpresa en su rostro, por lo tanto concluyó que él ya conocía las intenciones de la bruja rubia. Por otra parte, muy en el fondo Hermione también sospechaba las intenciones de su amiga.

— Seré sincera contigo, no es posible hacerlo de esa manera. — Musitó con seriedad Hermione.

— ¿Qué? No me digas eso, Hermione. — dijo abatida la rubia.

— ¿Cuál es el impedimento? Si es dinero yo puedo proporcionarlo. — mencionó Harry un poco desesperado, pues no quería dejar a la pequeña niña desamparada a su suerte.

Que Daphne quisiera adoptarla le parecía una razón muy dulce y humana de parte de su secretaria. Además sabía de su deseo de ser madre y que le habían negado ese derecho.

— No es eso. La cuestión es que para ser adoptada necesito reportar su aparición al ministerio en calidad de hija de muggles. En automático será llevada al orfanato y entrará en el proceso clásico de adopción. Sé que eres inteligente, Daphne. Sabes qué significa eso. — explicó con seriedad Hermione.

Daphne suspiró sonoramente, luciendo agobiada. Inmediatamente se sentó en el sillón con pesadez.

— Quieres decir que si entra en el sistema de adopciones yo no podré adoptarla por la reputación de mi familia, ¿Verdad? — preguntó afligida Greengrass.

— Me temo que sí. — Afirmó la bruja castaña. La rubia se quedó de piedra al escuchar tal afirmación, pues sabía que el consejo de adopciones jamás aprobaría que ella se hiciera cargo de un niño debido a la reputación de su familia y su relación con el Lord oscuro, además ella era una bruja soltera.

— Pero, Hermione. ¡Debe existir una forma! — musitó Harry, desesperado. — Quizá pueda hacer uso de algunas influencias…

— Hey, no pierdan la cabeza. Dije que no era posible de esa manera. — dijo Hermione de manera enigmática captando la atención de los adultos. — Tendremos que hacerlo de manera poco ortodoxa. — Sonrió con suficiencia la bruja.

— ¡Soy todo oídos! — dijo Daphne, recuperando su buen humor de golpe.

— ¿Poco ortodoxa?. Hermione, al parecer ser una Malfoy te ha sentado bien. — dijo Harry con la intención de elogiar a la bruja.

— Ya lo sabía, los Malfoy siempre conseguimos lo que nos proponemos. — contestó arrogante la castaña. — Pasando a lo importante, debemos hacer pasar a la niña como hija legítima y biológica de Daphne. — añadió con seriedad.

Harry y la rubia le miraron con sorpresa.

— Pero, ¿Como pretendes hacer eso? — preguntó con curiosidad y sorpresa Greengrass.

— El subjefe del departamento de registro natal mágico es Marcus Flint. Es un viejo amigo de Draco y mío, y nos debe un pequeño favor. Así que básicamente le pediré que introduzca un acta de nacimiento falsa de la niña, en la cual indique que Daphne es su madre biológica. — explicó sabiamente la castaña.

En el pasado, aproximadamente hace como 10 años, Hermione había logrado anular un contrato matrimonial de Marcus Flint con Tracey Davis. El mago de slytherin había encontrado el amor en Susane Bones, una bruja mestiza que en tiempos de Hogwarts había pertenecido a Hufflepuff. El único impedimento que tenía era aquel contrato, por lo tanto, Hermione se había salido con la suya al anularlo. Desde luego que no recibió paga alguna a petición de ella, pero se cobraría un favor de parte de él en algún futuro. Ese momento había llegado.

— Eso es maravilloso, Hermione. — Mencionó Potter impresionado.

— Me has dado una gran esperanza. No sabes cómo te lo voy a agradecer si todo se llega a concretar. — dijo Daphne muy feliz tratando de no llorar.

— Aún no me lo agradezcas, querida. Que solo tengo un pequeño inconveniente. — Musitó aún con aire profesional la abogada, haciendo que la pareja de magos presentes enmudeciera de golpe. — La niña necesita tener un apellido paterno, como sabrán en el mundo mágico es inaceptable que una criatura porte solo el apellido de su madre. Si me preguntan es una regla muy arcaica, pero la ley es la ley.

— ¡No puede ser! ¿Me estás queriendo decir que necesito encontrar un padre falso para la pequeña?. — preguntó escéptica la rubia, a lo cual Hermione asintió. — ¡Por Salazar! ¿Qué voy a hacer?. No es como si fuera fácil tomar el apellido de cualquier mago para mi hija. — dijo al borde de la histeria.

Ante las declaraciones de Hermione, Harry quedó perdido en sus pensamientos. En verdad que la vida podía ser injusta con las personas de buen corazón e intenciones nobles. ¿Qué podría hacer él por aquella bruja rubia y la pequeña niña?. No conocía a algún candidato para que tomara la paternidad de la niña. La mayoría de sus amigos ya estaban casados, y al parecer Daphne se encontraba en la misma situación con los suyos. Pudo observar como Hermione frunció el ceño y veía la nada. Aquella mirada siempre la ponía cuando su cerebro se ponía a trabajar a marchas forzadas.

De repente, al pelinegro le llegó una revelación al observar a Hermione. Hasta donde él sabía, su antigua amiga tenía muchos hijos y no estaba enterado del número exacto de ellos. Aquel pensamiento le llevó a pensar en sus propios hijos.

Los tres pequeños retoños que había tenido eran tan diferentes entre sí. Recordó con algo de melancolía que siempre había añorado tener una familia tan grande como lo era el Clan Malfoy en la actualidad, pero lamentablemente Ginny no había accedido a tener más hijos. ¿Qué pasaría si él decidiera darle su apellido a esa pequeña niña desamparada? Sabía de antemano que se metería en muchos líos si se sacaba la verdad a la luz, incluso se podría malinterpretar la existencia de la niña. Lo más seguro es que muchos harían teorías descabelladas ante la idea. La que sonaba más razonable era que quizá él hubiera engañado a su esposa hace seis años con Daphne Greengrass y tuvieron a esa pequeña niña. Una teoría muy lejos de la verdad, pero que podría ser muy convincente ante la sociedad todo con tal de proteger el origen de la menor.

Además de alguna manera se sentía responsable de ayudar a la niña, ya que se había identificado con ella. Una pobre niña vetada a su suerte en el mundo Muggle. No, él no iba a permitir que ese retoño fuera infeliz. Aquella niña pelinegra sería su hija adoptiva. Con decisión miró a las brujas presentes.

— Yo le daré mi apellido. — dijo con seguridad rompiendo la tensión que se había formado en el aire. Las brujas le miraron incrédulas.

— Pero, Harry. Tu tienes familia y esposa. Esto podría malinterpretarse. — Musitó preocupada Daphne.

Desde luego, a la rubia no le desagrada la idea de que su amor platónico de toda la vida fuera el padre adoptivo de su pequeña hija, pero no era una desalmada. Existía la preocupación de que aquella situación pudiera afectar la reputación del hombre que vivió. Porque ante la sociedad, esa niña sería vista como hija biológica de los dos, y una bastarda de Harry Potter. Se vería como el producto de una infidelidad y aventura que tuvo. Podría Harry tener incluso más problemas con su esposa e hijos.

— Harry, ¿Estás consciente de lo que estás diciendo? ¿Qué hay de Ginny y tus hijos? Daphne tiene razón, se puede malinterpretar la situación. — Cuestionó con aprensión Hermione.

— Por Ginny no se preocupen. Con mis hijos hablaré con James y Albus de la situación. Por el momento será un secreto para Lily. — dijo tranquilo. — Yo le daré el apellido, después de todo por el momento es imposible que se dé a conocer el apellido de la pequeña, al menos hasta que tenga edad para entrar a Hogwarts.

— Sí entiendo, pero la niña no puede ocultar su apellido paterno por cinco años. — dijo obstinada Hermione.

— Solo confíen en mí por favor. Arreglaré mi situación familiar para que la niña pueda ser reconocida ante la sociedad como mi hija legítima. — Explicó con entusiasmo.

Hermione no dijo nada, solamente analizó al hombre con cuidado. Al parecer le gustaba la idea de adoptar a la niña. Fue cuando vio un brillo extraño en los ojos de Harry cuando ella entendió todo. Él estaba decidido a separarse de Ginny en algún momento. Lo percibía en su mirada esmeralda.

Al parecer al niño que vivió no le importaba lo que dirían de él en la sociedad mágica cuando se conociera la identidad de la criatura. Él se veía muy dispuesto. En el fondo de su ser, la castaña estaba admirada y sorprendida.

— Pero, Harry. Quedarás como un Ammm bueno, tu sabes. Una persona que le fue infiel a su esposa en el matrimonio. — dijo con algo de vergüenza Daphne. Harry se acercó para poner una mano en el hombro de la bruja a modo de confort.

— Tranquila, no pasa nada. Estoy acostumbrado a que la prensa siempre inventa teorías respecto a mi. — Dijo el pelinegro con humor haciendo reír a la rubia. — El problema es ¿A ti no te importa?. ¿Me permitirías tomar la paternidad de tu hija? La verdad es que siempre quise tener más hijos, pero por azares del destino ya no fue posible. — Explico un poco preocupado Harry.

— No podría imaginar a la persona más adecuada para la tarea, "jefe Harry". — le dijo contenta Daphne Greengrass sonriendo de oreja a oreja.

Hermione miraba la escena feliz. Al parecer esos dos tenían mucha química entre ellos. Quizá en algún futuro podría darse algo entre ellos, pero por el momento debían arreglar sus problemas.

— Muy bien, permitiré que tomes la paternidad con una condición, Potter. — Le dijo enigmática la castaña. Harry le miró interrogante, pero asintió. — Necesito un pequeño permiso especial tuyo para que le entreguen a Draco lo más pronto posible un kit de ingredientes que pidió del extranjero. Tu palabra y permiso asegurarian que se trata de una entrega segura y controlada. — explicó astutamente.

— ¿Solo eso? Por supuesto, está en mi jurisdicción. Además comprendo la demora de la entrega, ya sabes que hemos tenido problemas con el tráfico de ingredientes ilegales en Londres. — dijo con tranquilidad Harry. — Además el jefe de departamento es Percy, será pan comido, es muy facil persuadirlo.

— Eso espero Harry. — dijo con satisfacción Hermione. — Bueno, creo que es momento de que venga la niña y le expliquen la situación. Además, vayan pensando en un nombre para ella.

En automático, Harry y Daphne se miraron.

— Lo justo sería que los dos estemos de acuerdo con los nombres, ¿Te parece bien? — preguntó con nerviosismo Harry.

— Claro, ¿Tienes alguno en mente? — preguntó con curiosidad Daphne. En parte se le hacía demasiado tierno el comportamiento del mago que había derrotado a Voldemort.

— Si, tengo uno en mente. Es que, si ella va a ser una Potter, existe una tradición de parte de mi familia materna con los nombres de las niñas. — Explico el pelinegro.

— Oh, algo así como los Black. — respondió tranquila la rubia.

— Si, en la familia Evans por tradición las chicas deben de llevar un nombre relacionado a una flor. Mi abuela materna, mi tía, mi madre e inclusive mi hija llevan el nombre de flores. — explicó Harry aún titubeante. — ¿Qué te parece el nombre de Alhelí?

— Es un nombre muy bonito, me gusta que sea su primer nombre. — dijo con satisfacción la rubia.

— Me alegra que te guste. — respondió amable Harry. Secretamente había pensado ese nombre hace bastantes años por si llegaba a tener otra hija. — Supongo que te toca elegir el segundo.

— Quiero que sea Élise, siempre me ha parecido un nombre muy elegante, además que me recuerda a mi ascendencia francesa. — Musitó con entusiasmo la rubia.

— Perfecto, se queda el nombre. — Mencionó Harry con satisfacción.

— Alhelí Élise Potter Greengrass, me gusta como suena chicos. — halagó Hermione mientras se encontraba sentada cómodamente en el sofá. — ¿Sabe que es curioso? La niña pasa perfectamente como hija biológica suya. Tiene el cabello pelinegro de Harry y los ojos azules como Daphne. — mencionó intrigada.

— Es cierto, no lo había notado. — admitió Harry.

— Mi pequeña es tan adorable. — suspiró con satisfacción Daphne ante la idea.

— Por cierto, ¿Quienes serán sus padrinos? — preguntó Hermione con curiosidad.

— Harry, si gustas puedes escoger al padrino, pero a la madrina no, ya se a quien debo elegir. — dijo Greengrass.

— Mmm la verdad es que no tengo a nadie a quien podría considerar, así que puedes escoger a quien prefieras. — respondió pensativo el pelinegro.

— Lo siento, Hermione. Desearía que tú fueras la madrina de Alhelí por todo lo que vas a hacer por nosotros, pero Astoria me mataría, ya que le prometí que mi primera hija sería ahijada de ella. — Explicó apenada la bruja sangre pura.

— No te preocupes, Daph. No tengo inconvenientes, yo soy feliz ayudándote. — contestó amable la esposa de Draco.

— El padrino por su parte será Neville. — declaró con seguridad la rubia.

— Neville es un gran hombre, no habrá mejor padrino que él. — añadió Harry.

En ese momento frente a ellos aparecieron la elfina Rini y la niña pelinegra.

— Ya volvimos, me he cansado de tanto jugar. — Explicó la menor cansada mientras se sentaba en el sofá.

— Que bueno que has regresado querida, tenemos mucho de qué hablar. — musitó Daphne contenta.

— Rini, muchas gracias. Te puedes retirar. Y ya sabes, esto queda entre nosotros. — comentó Harry a la elfina la cual sonrió y desapareció.

— ¿De que querían hablar? — preguntó la pequeña bruja.

— ¿Qué te parecería si te quedas a vivir en el mundo mágico? Yo podría ser tu mamá. — comentó Daphne en tono maternal.

— Y yo sería tu papá. — añadió Harry amablemente mientras se sentaba a un lado de la niña. Hermione no decía nada, aquel momento era familiar, exclusivamente de aquellas tres personas.

— ¿Están hablando en serio? ¡Eso sería genial! Siempre quise tener una mami y un papi. — expresó eufórica la niña.

— Me alegra que pienses eso, incluso hemos decidido tu nombre. Claro, si te gusta desde luego, ese será tu nombre. — explicó Harry emocionado.

— ¿Cuál es ? — preguntó curiosa.

— Tu nombre será Alhelí Élise Potter Greengrass. — Dijo Daphne. — Alhelí al parecer es una flor, y es tradición en la familia de Harry que las niñas lleven nombres florales. Élise lo he escogido yo porque es francés y en mi familia tenemos esos orígenes. Mientras que Potter y Greengrass son nuestros apellidos. — Explicó pacientemente la rubia.

La niña pareció meditarlo unos momentos para después sonreír de oreja a oreja.

— Me encantan, muchas gracias papis. — Exclamó feliz la pequeña Alhelí.

Daphne la abrazó con fuerza tratando de aguantar las lágrimas, mientras que Harry veía todo feliz.

— Solo que debemos explicarte unas cosas antes de que vivamos juntos, ¿Está bien? — preguntó Harry a su futura hija, está asintió. — Por el momento yo no puedo vivir con tu madre y contigo. Tengo que arreglar unas cosas de adultos.

— Si, además de que también si alguien te llega a preguntar por tus apellidos, por el momento te presentarás como Alhelí Greengrass. — explicó Daphne.

— Vale, no hay problema. — contestó tranquila la niña.

— Chicos, me tengo que ir. Tengo que ir a preparar los papeles para entregarlos a Marcus. Esperen mi lechuza, trataré de hacerlo lo más rápido posible. — explicó Hermione a sus amigos mientras se dirigía a la salida de la mansión.

— Por supuesto Hermione. Si necesitas nuestra ayuda para terminar el proceso no dudes en buscarnos. — dijo Daphne en gratitud.

— Espero ese permiso muy pronto, Harry. — Musitó Hermione mandona mente, pero sin perder el tono amigable.

— Tenlo por seguro. — aseguró Harry.

— Adiós Alhelí. — Se despidió contenta la bruja castaña.

— Adiós.—

Y fue así como la mujer desapareció.


Malfoy Manor

Salón principal

5 pm

Draco Malfoy había regresado por fin de Londres Muggle acompañado de sus pequeños y de una gran cantidad de comida. Solamente estaban esperando la llegada de la matriarca. Sus hijos se encontraban distribuidos en los territorios de la mansión conservando su energía destructiva, él por su parte se encontraba agotado acostado de manera poco elegante en un sofá del gran salón. Que Hermione no le acompañara había resultado ser una tarea muy dura.

Al pensar en ella parecía que la había invocado, ya que de manera inmediata se escuchó un puf en el salón y frente a él se encontraba su esposa con una gran sonrisa.

— Te ves derrotado por la vida, Dragón. — Comentó burlona Hermione mientras se sentaba a su lado. Aprovecho su cansancio para besar a su esposo.

— Que buen saludo. — comentó con satisfacción el rubio. — Tus hijos son unos demonios, no vuelvo a salir con todos los pequeños sin ti. — añadió en tono cansado.

— No seas exagerado, son unos pequeños angelitos. — respondió divertida la castaña.

— Claro, si tú lo dices. Se parecen a ti en causar problemas. — dijo Draco sonriente. — Por cierto, ¿Qué es lo que requería Daphne? Su carta de hace rato me dejó un mal sabor de boca. — preguntó intrigado.

— Yo no causó problemas, Draco. El gen Malfoy es una mala influencia para ellos. — respondió fingiendo molestia la leona. — Oh, en cuanto a Daphne al parecer tendrá una hija con Harry. — declaró como si nada la castaña, soltando la bomba del momento.

— ¿Qué? ¿Potter le puso los cuernos a su esposa con Daph? ¿Por qué siempre pasa lo más Interesante cuando no estoy presente?. — preguntó con histeria haciendo un gran drama el rubio.

— ¡Espera, me has malinterpretado!. — dijo la castaña, tratando de tranquilizar a su esposo. — Aquí nadie le ha puesto el cuerno a nadie.

— ¿Entonces como me explicas que van a tener una hija?. — preguntó con obviedad Draco.

— Ay, eres imposible. ¡Déjame explicarte! — respondió fieramente Hermione haciendo callar a Draco con la mirada. — Daphne y Harry en su visita al mundo descubrieron a una pequeña niña hija de muggles huérfana. Daph había decidido adoptarla, pero tuve una idea mejor. Hacerla pasar como su hija biológica, pero para eso era necesario que la criatura tuviera padre y Harry inmediatamente bse ha ofrecido a ocupar ese puesto. — explicó con calma la leona.

— Oh, joder. Empiezo a sospechar que a Potty le gusta nuestra amiga. — dijo Draco en tono conspirador. — Incluso sigue casado y se atrevió a hacer eso. Estoy sorprendido, debo admitirlo. Al parecer ayudarlo con su problemita de filtro de amor será más sencillo de lo que pensé. — comento divertido.

— De todo lo que te he contado ¿Solamente vas a decir eso? — preguntó ofendida su esposa.

— Por supuesto que no, leona. ¿Cómo se llamará la niña? Me imagino que tú serás la encargada de colar esos papeles en el ministerio. — Comentó con tranquilidad el rubio.

— Desde luego que si, es hora de cobrarle un favor a nuestro querido amigo Marcus. — comento sonriente la castaña. — Decidieron llamarla Alhelí, como una flor. Al parecer la familia materna de Harry tenía como tradición nombrar a las chicas con nombres florales.

— Argh, que cursi. — respondió asqueado el hombre. — Nada que ver con la tradición Malfoy y Black con los nombres estelares.

— No seas grosero, Dragón. — dijo molesta Hermione mientras jalaba con levedad la oreja de Draco a modo de reprimenda.

— ¡Auch! Esto es violencia doméstica. — Grito adolorido Malfoy.

— La reina del Drama, no hay nadie como tú en verdad. — Susurró fastidiada Granger mientra soltaba la oreja de su esposo.

Después de que se calmaran por un momento, Draco decidió a romper el silencio.

— De seguro seremos los padrinos de la pequeña criatura, ¿Verdad?. — preguntó el rubio, asegurando el hecho muy confiado.

— Por desgracia no será así. Daphne a escogido a Astoria y Neville. Al parecer Tory la mataría sino la elegía como madrina, y pues Neville es su cuñado. — explicó Hermione derrotada.

Aunque no lo admitiera, adoraba ser madrina. Le agradaba que sus amigos le tuvieran tanta confianza para elegirla para tomar esa gran responsabilidad de apoyar a sus hijos. Porque así los consideraba la leona, como hijos propios a todos sus pequeños ahijados y sobrinos, y la pequeña Alhelí Potter pasaría a formar parte de aquella gran familia compuesta por los clanes Malfoy, Zabini, Nott y Longbottom.

— ¡Qué! ¡Es inaudito!. — Se quejó el rubio. — Entiendo la razón para elegir a Tory, pero ¿Neville?. Yo sería mejor padrino que él. — dijo molesto Draco mientras se cruzaba de brazos haciendo una gran rabieta.

Hermione rió ante la rabieta de su esposa. Era adorable verlo quejarse por no ser el padrino de su nueva sobrina. Aunque Draco no lo admitiera, ella sabía que estaba en su misma situación, ya que adoraba a los niños y eso incluía a todos sus sobrinos y ahijados que tenían.

— Neville es un gran mago, Draco. Seguro lo harán bien. — Dijo alentadora la castaña. — No perdamos la fé, quiza algún día Daphne tenga otro hijo y ahora sí podremos ser sus padrinos.

— Bueno, como sea. — suspiró derrotado el rubio. — Será mejor que vayamos a comer, muero de hambre. — añadió con una sonrisa mientras se incorporaba del sillón y le tendía la mano a su mujer.

Está rápidamente la tomo y le sonrió. Al parecer había sido un día muy duro, pero no había ido tan mal.