"Yo soy la Señora Malfoy y este es mi legado"


Capítulo siete: Tratos y disputas.


Casa Weasley

25 de noviembre de 2017

5 pm

Mientras los demás se encontraban realizando sus planes y solucionando sus problemas, existían otros individuos que se la estaban pasando tranquilamente. En el hogar de Ronald Weasley, las cosas aparentaban ir tranquilas. En esa ocasión, Ron había llegado a su casa temprano ya que en su trabajo no tenía muchos pendientes. Además aprovechó la ausencia de su amigo y jefe Harry para escabullirse e ir a su hogar a descansar.

Lavender al ver que su esposo se encontraba en casa, se puso de inmediato a cocinar una cena muy abundante para saciar el hambre de la cabeza de la familia. Le gustaba que Ron se sintiera complacido, quizá pudiera tener algo de suerte la mujer y él le demostraría algo de afecto y le daría la atención que tanto le gustaba.

A la bruja solo le faltaba decidir el postre que prepararía, pero no podía decidirse, así que fue a preguntarle al pelirrojo que se encontraba en la sala mirando el televisor mágico. Estaba a punto de interrumpirlo, pero paró en seco.

En la tv en ese momento estaban pasando las noticias, en las cuales estaban mostrando un reportaje sobre leyes mágicas y los destacados abogados con los que contaba Londres. Obviamente, en la lista tenía que aparecer la actual señora Malfoy. En esa sección hablaban sobre los logros de Hermione Malfoy, entre los cuales destacaba un juicio que se llevó a cabo en Francia, en dónde pudo ayudar a evitar que encerraran a un hombre lobo en la cárcel mágica francesa tras haber mordido en luna llena a un funcionario sangre pura. La situación se escuchaba aberrante y señalaba a un solo culpable, el cual a simple vista se podría definir cómo el mago infectado por la licantropía, pero Hermione Malfoy fue lo suficientemente astuta, ingeniosa e intrépida para poder comprobar que en efecto él no era el culpable. Toda la responsabilidad caía en el mago sangre pura que había sido "agredido".

De alguna manera, la gran abogada se aseguró de poder reunir pruebas suficientes para comprobar que el mago acusado se encontraba bajo los efectos de un imperio. El objetivo de ese plan retorcido había sido afectar la reputación de las criaturas mágicas y los hombres lobos, para demostrar que no eran seguros y considerarlos una potencial amenaza para la sociedad mágica francesa. ¿Con qué finalidad? Promulgar una ley en el senado mágico francés para excluirlos nuevamente de la sociedad mágica sin la posibilidad de ejercer sus derechos. Todo a manos del funcionario sangre pura Anton Moreau. Hermione se había encargado de desenmascarar esa red de mentiras con eficacia.

Ronald al presenciar las tomas de camara de su antiguo amor en televisió, quedo embobado. Hermione era una bruja realmente hermosa y talentosa. Fue ahí cuando se cuestionó una cosa que no le dejaba dormir tranquilo desde el regreso de la castaña a Londres.

¿Si ella se hubiera quedado a su lado, hubiera sido igual de exitosa?

Lo más seguro es que no, tal vez ella hubiera tomado un puesto en el ministerio como una funcionaria más. Ron le hubiera inculcado que ante todo debía poner el bienestar familiar y la habría hecho darse cuenta que ser una madre responsable y dedicada era la que permanecía en su casa con sus hijos, así como lo era Lavender. El daba por hecho que la castaña era una mujer estresada que solo vivía por su trabajo y que no le prestaba atención a sus hijos. Además afirmaba que la doctrina de los Malfoy obligaba a sus miembros a ser tan fríos y no demostrar cariño entre sus integrantes.

Ahora que lo pensaba con más detenimiento, quizá Hermione se casó con Malfoy por todas las influencias que él podía proporcionarle para llegar a ser grande. Desde luego, Ronald Weasley se encontraba muy equivocado y no conocía para nada las circunstancias por las cuales Draco y Hermione estaban juntos, él simplemente no podía aceptar que se amaban.

— Hermione, obstinada mujer. Hubiéramos podido formar una familia maravillosa. — pensó afligido Ron. — Pero te prometo que te sacaré de ese matrimonio con Malfoy, yo haré que termine todo entre ustedes. — pensó motivado el Gryffindor dispuesto a todo.

Aún no podía darse por vencido, esa mujer sería suya. No sabía cómo empezar un acercamiento con ella, ya que de lejos se notaba que a la mujer le habían lavado el cerebro los Mortifagos con los que convivía día a día. Por su parte, Lavender miraba la escena con una mezcla de sentimientos. Estaba molesta y triste, ya que por más que intentaba ser la esposa ejemplar para Ron y una madre perfecta para sus hijos, él siempre la consideraba como algo de segunda. Lamentablemente ella no sabía dirigir estas emociones negativas que sentía, en cambio las estaba encaminando hacia una sola persona: Hermione Malfoy.

Esa mujer que había aparecido de nuevo en sus vidas después de tantos años. Pensó que ya no la volverían a ver. Con su ausencia de la castaña, pensó que Ron así algún día lograría amarla de verdad. Quizá su pelirrojo esposo sí sentía algo de afecto por ella, pero no se acercaba al amor. No podía evitarlo, odiaba a Hermione Malfoy.

La actual señora Weasley decidió poner mejor cara al asunto y distraer a su marido para que dejara de ver aquel reportaje sobre tan desagradable bruja.

— Ro-Ro, ¿Qué postre te apetecería para la cena? — preguntó Lavender melosamente mientras aprovechaba la oportunidad de abrazar al hombre por la parte de atrás, por el cuello mientras estaba sentado en el sofá.

— Sería perfecto una tarta de chocolate. — contestó emocionado Ron.

Ron, al recordar a la ex princesa de Gryffindor le hizo evocar que su postre favorito era el pastel de chocolate. Ante el entusiasmo de Ron, Lavender sonrió creyendo que logró su cometido al distraerlo.


Malfoy Manor

Ala oeste

Habitación principal de Lucius y Narcissa.

6 pm

Los Malfoy por fin habían terminado de comer la pizza que había comprado Draco en el mundo Muggle. Una vez terminada con esta actividad, con sigilo Cissa se dirigió a la habitación de sus abuelos para encontrarse con Lucius y verificar si su misión había tenido éxito.

Al llegar a su destino, la puerta se encontraba cerrada, así que procedió a tocarla.

— Pasa. — escuchó la voz imponente de su abuelo.

Al ingresar pudo notar como su abuelo se encontraba sentado en la cama mientras que su abuela se peinaba frente a un tocador de madera negro. Cissa miró con inseguridad a su abuela, pues ella no debía enterarse para nada del plan de robar la muestra del laboratorio.

— Abuelo, he venido a ver si tuviste éxito en tu último negocio. — dijo fingiendo interés la niña semirubia para no levantar sospechas.

Lucius le miró con una ceja arqueada, mientras Cissy dejaba su cepillo en el tocador y suspiraba sonoramente. Lentamente dejo de darle la espalda a su nieta y la miró intensamente.

Fue cuando el par de ojos azul cielo, fríos como hielo chocaron con los de su nieta que eran idénticos a los de la mujer.

— ¿Qué me estás ocultando mini Cissa?. — preguntó con sospecha la bruja mayor entrecerrando sus ojos mientras analizaba a la niña.

Por su parte, Cissa se puso erguida en automático. Sentir la mirada de su abuela sobre sí le daba escalofríos. Tenía una especie de don para hacer hablar a la gente y confesar sus más oscuros secretos y conspiraciones. Trató de mirar a su abuelo de reojo en busca de ayuda, pero este parecía más interesado en mirar el techo en lugar de auxiliarla.

— ¿Abuelo?. — preguntó titubeante Cissa, pero no recibió respuesta y bufó exasperada.

No le sorprendía, su abuelo siempre caía bajo las redes y mandatos de Narcissa Black. Suspiró con pesadez, pues sabía que a esas alturas su abuela ya conocía todos los planes de sus hermanos y ella. ¿Qué caso tenía mentirte?.

— No tiene caso que te lo diga abuela. Sé perfectamente que ya estás consciente de nuestros planes. — contestó obstinada la niña Malfoy mientras se cruzaba de brazos un poco molesta.

— Debo admitir que me encuentro algo molesta contigo al respecto. — Confesó Cissy fingiendo indignación.

— ¿Ah?, Pero ¿Por qué?. Todo lo que vamos a hacer es por una buena causa. — Contestó en el mismo tono Cissa tratando de justificarse.

— No es eso, querida. Me escondieron aquel gran plan y no me hicieron partícipe de ello. — respondió ofendida la mujer. — Todo sea por defender a aquel pobre niño Potter. No me voy a quejar, todo lo contrario, lo permitiré. — añadió solenme la bruja llevándose una mano al pecho como si le doliera el corazón.

Esto provocó que su nieta abriera mucho los ojos y le mirara sorprendida. Por la cara que puso Cissa, su abuelo sonrió socarronamente.

— Que esto te sirva de lección a ti y tus hermanos, Cissa. Debes aprender a confiar en tu familia, y eso nos incluye a nosotros. — Musitó con sabiduría Lucius.

— Somos tus abuelos, querida. ¿Quien mejor que nosotros para solapar sus travesuras?. — dijo Cissy en tono maternal y consentidor.

Después de unos momentos, la pequeña Narcissa reaccionó. Ellos tenían razón, bien decía el dicho "Más sabe el diablo por viejo que por diablo". Sus abuelos eran magos experimentados que ya habían vivido diferentes situaciones. Ellos eran los más sabios de su hogar.

— Tienen razón, no volverá a pasar. — dijo con resignación Cissa sonriendo quedamente. Después, corrió directo a los brazos de Narcissa para abrazarla. La bruja mayor le correspondió gustosa. — ¡Eres la mejor! — Musitó cariñosamente.

— Hey, ¿Qué hay de mí? — comentó indignado Lucius mientras fruncía el ceño. — Yo soy el que se ha encargado de escabullirse en el laboratorio y ella se lleva todo el crédito.

Cissa rió con ganas. Cissy solo le miró fastidiada, pero no pudo evitar reír ante la indignación de su esposo.

— Claro que sí, abuelo. Tu también te mereces un gran abrazo. — dijo contenta Cissa mientras soltaba a su abuela y se dirigía a su abuelo para abrazarlo con fuerza. Lucius gustoso le correspondió.

— Así está mejor, pero como no estoy satisfecho, seré yo quien le envié a tus hermanos su pedido. — Dijo con burla Lucius. — Tómalo como compensación por los daños emocionales que me han provocado. — añadió dolido el rubio de cabellera larga.

— ¡Hey!, ese era mi trabajo. — Musitó quejumbroza la niña, mirándolo de mala manera.

— Déjalo, Cissa. Tu abuelo a pesar de que ya está viejo siempre ha sido un niño por dentro. Dale el gusto de seguir participando en esta conspiración. — le explico con calma Cissy.

— ¡No soy un viejo! ¡Mucho menos un niño, soy un hombre hecho y derecho!. — se quejó malhumorado el mago rubio mientras sacaba la pequeña caja tipo refrigerador mini de abajo de su cama.

— Lo que tú digas querido. — Musitó sarcástica Narcissa I.

— Está bien, permitiré que el abuelo haga el envío— Musitó derrotada Cissa. — Si envías una carta a Scor, solo mencionale que yo ayude a mi manera, por favor. — dijo a su abuelo con ya más calma.

— Claro que sí, no me atrevería a llevarme todo el crédito. — respondió con inocencia Lucius.

— Lucius, deja de decirle mentiras a la niña. — Mencionó con diversión Cissy. — Eso ni tú te lo crees.

Solamente Lucius se encogió de hombros con satisfacción y sonrio ladinamente como solo un Malfoy sabía hacerlo.


Colegio de magia y hechicería, Hogwarts.

Enfermería

6 pm

En Hogwarts, para ser más específicos en la enfermería se encontraban el trío de hermanos Malfoy alrededor de una cama en la cual se encontraba Albus Potter. A simple vista, el pobre niño lucía calmado. Se encontraba tapado con muchas frazadas para asegurar su calor corporal.

— Con éxito he logrado subir su temperatura con rapidez. Le he suministrado una poción para dormir sin sueños para que pueda descansar pacíficamente. — Explicó Astoria Greengrass mientras anotaba algunas cosas en sus notas. — Mañana a mediodía le dejaré libre, primero quiero asegurarme que no desarrolle algún resfriado.

— Muchas gracias, Madrina. No sé qué hubiéramos hecho si no hubieras llegado a tiempo. — mencionó con agradecimiento Abraxas, sonriendo a la enfermera castaña.

Astoria era la madrina del tercer Malfoy, y por lo general los dos tenían un trato y relación cordial y tranquila, ya que los dos eran muy pacíficos, aunque en ocasiones Astoria llegaba a ser un tanto empalagosa con su ahijado.

— De nada, pequeña aguilita. — dijo contenta Tory mientras abrazaba con fuerza a su ahijado. — Albus es muy afortunado de tenerlos como sus amigos. — añadió con dulzura la mujer mirando a Scorpius y Antares.

— Supongo que sí, es muy afortunado. — dijo con soberbia Scorpius. — Al ser de los nuestros ahora me corresponde tomar medidas. — añadió con seriedad el niño rubio.

— Ay, eres igual a tu padre. Cuando están en modo vengador no hay quien los pare. — respondió Tory burlona. — Háganme un favor. Si llegan a hacerle algo a la leona problemática, no le digan a Neville que yo estaba enterada de la situación. Mucho menos a Alice y Frank, ya ven que mis pequeños amores heredaron la moralidad de Gryffindor. — pidió con amabilidad la bruja. — Aunque Mary podría ayudarles si le permiten claro está. — añadió sugerente la mujer.

Alice, Frank y Mary eran los hijos del matrimonio Longbottom Greengrass. Alice era una castaña menuda de ojos azules iguales a los de su madre, tenía 13 años. Todos los amigos de la pareja decían que su pequeña hija era una copia idéntica de Astoria. Por otro lado, Frank tenía 14 años y del mismo modo era castaño de ojos azules, solamente que era muy parecido a su padre. Los dos eran expertos en herbologia para orgullo de Neville, pero a pesar de ser Longbottom eran muy hábiles en pociones. Los dos chicos eran miembros de la honorable casa de los leones. Por último, Mary era la hija más pequeña con una edad de 12 años y la más peculiar, ya que la Nina era una Hufflepuff, pero había sido seleccionada en esa casa por error. Muy pocas veces en la historia, el sombrero seleccionador no elegís bien. La casa que correspondía a Mary era Slytherin. Se le ofreció a la joven volver a someterse a una selección después de que los profesorados se enteraran del error, pero Mary estaba satisfecha en Hufflepuff. Quizá fuera serpiente por dentro, pero era muy divertido para ella fingir ser un lindo tejón.

— Claro que sí, Tía Tory. No diremos nada, es una promesa. — Sonrió con confianza la chica Malfoy. — Y creo que por el momento dejaremos a Mary tranquila, es algo que podemos solucionar.

— Eso espero, Tares. Confío en ustedes chicos. Y lastima por mi Mary, de seguro se hubiera divertido. — dijo en tono conspirador la menor de las Greengrass. — Bueno, si me disculpan tengo que atender otros pacientes. Tienen 15 minutos para estar con Albus. — añadió autoritaria la mujer a lo cual los Malfoy asintieron.


Mazmorras

Sala común de Slytherin

Habitación de Scorpius

6:30 pm

Scorpius se encontraba cómodamente acostado en su cama de su habitación, mientras que su hermana estaba en un pequeño sillón leyendo. Después de la visita que le realizaron a Albus, Abraxas había decidido ir a su sala común. Por otro lado, en el caso de los gemelos habían decidido optar por ir directo a la habitación del mayor de ellos, para poder tener algo de calma y esperar noticias de su hermana Cissa.

No tardaron mucho esperando, ya que frente a ellos apareció Magnus, el elfo personal de su abuelo. Esta criatura era un tanto peculiar, ya que en lugar de ser anatómicamente similar a su especie era corpulento, tanto que tenía ligeramente sus músculos marcados. La familia Malfoy nunca descubrió la causa de su estado, pero les parecía curiosa la situación de nacimiento de Magnus.

— Amos Malfoy, traigo un paquete de mi Amo Lucius. — Habló con voz grave e imponente Magnus, pero sin dejar de sonar servicial.

— Gracias Magnus. — contestó con gratitud Scorpius mientras recibía de sus manos el paquete. Con la misma rapidez con la que llegó el elfo, desapareció. Después se dirigió a su hermana. — ¿Por qué no habrá mandado su lechuza el abuelo?.— preguntó con curiosidad el rubio.

— Ah, no lo sé. Quizá porque nuestra sala común está en las mazmorras y nuestras ventanas dan al lago negro. — Dijo ironía Antares sonriendo de lado con burla. — No sabía que las lechuzas podían nadar, Scor.

— Cállate, ya entendí. No tienes que ser tan fastidiosa. — Contestó fastidiado el gemelo mayor.

— No te quedes ahí, abre la carta. — dijo mandona la rubia.

— Se ve que hoy no fue tu día, ¿Verdad?. — preguntó con ironía el niño haciendo alusión al mal carácter de su hermana. Está por su parte lo ignoró, pero no pudo evitar girar sus ojos fastidiada.

Scorpius con manos firmes sacó el pergamino del sobre para poder leer la inesperada carta de su abuelo.


Scorpius, Antares y Abraxas

Me tienen decepcionado, ¿Me podrían explicar porque yo no estaba enterado de sus planes en contra de aquella chiquilla insulza perteneciente a los Weasley?.

Soy el antiguo patriarca de la familia, se supone que debo estar enterado de todo lo que sucede en la familia. Gracias a Merlín, Cissa me ha contado todo. Es inaceptable la falta de respeto que acaban de cometer hacia mi persona, pero como soy un ser tan bondadoso les he perdonado e incluso he logrado obtener lo que necesitaban.

Espero que para la próxima ocasión no olviden que tienen un par de abuelos dispuestos a ayudarlos a defender a la familia.

Lucius M.


— Por Salazar, el abuelo siempre es tan "especial". — mencionó Antares un poco irritada. — Solo no les contamos porque no queríamos que papá se enterara.

— No, cometimos un error. La abuela y el abuelo siempre serán nuestros mejores aliados. Debimos consultarnos en primera instancia. — comentó Scorpius con seriedad mientras abría el contenedor. Un aire frío salió de este, por lo tanto el niño dedujo que tenía un encantamiento enfriador. Dentro de este había un juego de guantes y la muestra de Macchiatis.

— Para la próxima vez la primera persona que consultaré será al abuelo, no quiero que nos vuelva a reprochar nada. — Musitó con calma Antares consultando también el contenido del paquete. — Y bueno, ¿Cuál es el plan?. — preguntó con intriga a su hermano.

— Oh, ya verás. Nos aprovecharemos del apetito insano que tienen las comadrejas. — Musito Scorpius en tono conspiratorio.

— ¿Metamorfomagia?. — preguntó en el mismo tono cómplice la chica Malfoy.

— Ni lo sueñes, es mi turno. — contestó arrogante el rubio. — Cuando las cosas se ponen serias, es deber del heredero primogénito tomar medidas.

— No te sientas superior, hermano. La cabeza se te infla de tanto ego. — Musitó burlona la rizada, ganándose una mirada fulminante del chico.


Sala común de Gryffindor

26 de noviembre de 2017

3 pm

Al día siguiente, a paso calmado iba entrando Louis Weasley por el retrato de la dama gorda acompañado de su primo James Potter.

A lo lejos, en un sillón se encontraba Rose Weasley un poco afligida, debido a que la chica ya tenía hambre y aún no era hora del almuerzo. Se sintió un poco confundida por el dúo de chicos. Louis y James nunca se habían llevado bien. En parte comprendía al hijo de su tío Billy, ya que los hijos de Harry Potter siempre habían sido un tanto diferentes. No actuaban como unos dignos Weasley.

Lo que Rose y algunos de sus primos como Louis no sabían es que la familia Weasley en la antigüedad no era así. La familia pelirroja siempre se había caracterizado por tener valores familiares muy fuertes, siempre fomentando la aceptación de cualquier mago con diferentes estatus de sangre. No les importaba si eres sangre pura, mestizo e incluso hijo de muggles. Lamentablemente, las cosas para la familia cambiaron después de la guerra. La muerte de Fred Weasley fue un factor importante para que la familia funcional se dividiera. Desde ese momento, algunos de sus miembros empezaron a desarrollar ideas equivocadas y prejuicios, pero estos no eran encaminados a la sangre, sino a las casas de Hogwarts.

Desarrollaron la idea equivocada de que cualquier miembro de Slytherin sería un Mortifago en el futuro, mientras que los Gryffindor serían héroes. Los que más se apropiaron de estas ideas fueron Ron y Ginny. Al parecer los hijos más pequeños de la familia habían sido los más afectados por la guerra. Ni siquiera George, que había perdido a su hermano gemelo, había adoptado este pensamiento. Incluso seguía siendo una persona alegre sin prejuicios a los magos. Por su parte, Charlie y Bill no compartían esos ideales, pero Fleur era otra historia.

Las malas experiencias hacen cambiar a la gente, en el caso de Fleur desde la mala experiencia que había tenido en el torneo de los tres magos las cosas empezaron a ir mal con la bruja. Quizá Viktor Krum la había atacado bajo la influencia de un imperio, pero ¿Quién había lanzado la maldición?. ¿Quién había ordenado todo aquel plan?. Exacto, Lord Voldemort, un ex Slytherin. Además, aquel personaje había sido responsable de desatar la segunda Guerra Mágica. Si esto no se hubiera llevado a cabo, Bill no tuviera aquellas espantosas cicatrices de hombre lobo.

Por último se encontraba Percy Weasley, el más pomposo y serio de los hermanos. Que al igual que Ron y Ginny tenía fuertes prejuicios en contra de las serpientes, ya que él había presenciado en carne viva el asesinato de su hermano Fred.

Por su parte, Arthur Weasley había muerto hace unos 7 años. El antiguo patriarca de la familia se pasaba reprendiendo a sus hijos por pensar de esa manera. Poco a poco fue perdiendo la fé sobre si algún día iban a recapacitar. Debido a tantos disgustos y exceso de estrés, al mago le dio un infarto. Fue imposible ayudarlo, ya que ese día que fueron a San Mungo Percy, Ronald y Ginny se opusieron a que Theodore Nott atendiera a su padre, por ser una antigua serpiente. A falta de tiempo para ser atendido, Arthur falleció. Desde ese día, Molly ya no era aquella bruja regordeta que alegraba a todos con una sonrisa cariñosa. Seguía siendo una mujer que daba amor a todos sus nietos, pero ya no era nada en comparación con la de antes.

Debido a todo lo anterior, algunos de los chicos que representaban a la actual generación Weasley eran un tanto complicados. Entre ellos se encontraba Louis Weasley, el chico rubio que había sido mal influenciado por su madre, sin posibilidad de convivir con su padre Bill ya que se había separado de Fleur. Louis por lo general evitaba hablar con sus primos de cabellera azabache, por eso era una situación que le daba mucha curiosidad a Rose.

Atenta observó como el par se acercó hacia donde se encontraba sentada.

— ¿Qué hay de nuevo Rose? — preguntó Louis amigable mientras sostenía una caja de galletas.

Al ver la caja, a la niña pelirroja le brillaron sus ojos. ¿Existía la posibilidad de que Louis diera su brazo a torcer y le ofreciera una galleta? Conocía a su primo rubio, aquel mago medio francés tenía aires de grandeza y egoísmo que resultaban ser molestos.

— Rose. — respondió serio James.

Le costaba demasiado dirigirle la palabra a la mencionada que se hacía llamar su prima. Después de todo, ella había sido la causante de que Albus se hubiera encontrado en la enfermería el día de ayer. James estaba indignado, pues se supone que eran familia y ella cometía aquellas estupideces.

— ¿Pasa algo Jamie? — preguntó haciéndose la inocente la pelirroja.

Ante tal contestación, James apretó la mandíbula y le dirigió una mirada fulminante. Después dirigió su mirada a Louis con resignación y una muda disculpa.

— Tengo que irme, te veo luego.— dijo con rigidez el pelinegro retirándose del lugar, dirigiéndose hacia las escaleras que conducían a los dormitorios.

Rose miró ofendida a Louis.

— ¿Qué le pasa?. ¡Esas no son formas de tratar a la familia! — Musitó ofendida Rose mientras seguía con su mirada el recorrido que había hecho el mayor de los Potter.

— ¿No te has mordido la lengua de casualidad? — Susurró burlón Louis.

Rosebud alcanzó a escuchar la mofa de parte del mago rubio. Con el ceño fruncido le encaró.

— ¿Cómo te atreves? — preguntó molesta la pelirroja. Louis sonrió arrogante, pero tenía un toque escalofriante que le erizó los vellos a la niña.

Había algo extraño en la actitud del Weasley mitad francés.

— No te hagas inocente, pequeña Rosebud. Me enteré lo que le hiciste a Albus. — mencionó socarronamente el chico. — Te lo aplaudo, una decisión acertada. — dijo Louis fingiendo estar de acuerdo.

Rose sonrió con confianza. Por un momento pensó que Louis había perdido la cabeza y la iba a cuestionar, pero al parecer estaba de acuerdo en su actuar.

— Él se lo busco. Albus ya no es más un Weasley. — Musitó orgullosa la bruja pelirroja.

— Nunca lo ha sido, afortunadamente. — contestó con alivio el rubio.

— Tienes razón. Solo quería darle una lección a aquella serpiente escurridiza. Ya sabes, quizá así evite que se convierta algún día en Mortifago. — explicó con detenimiento Rosebud.

Louis analizó sus respuestas y gestos y pudo deducir que la chica no se arrepentía de sus acciones. Aquello hacía que le hirviera la sangre de manera metafórica. Las palabras de la pelirroja eran inaceptables e indignantes para cualquier mago cuerdo.

— Bien por ti, siempre dando lo mejor por la familia. — respondió fingiendo orgullo Louis. Sabía que su autocontrol estaba fallando, debía concluir aquella plática tan desagradable, si no el chico ya no sería capaz de aguantar las ganas de maldecirla. Le extendió con mano firme la caja de galletas que traía consigo. — Tómalas, las mereces más que yo.

Rose emocionada tomó la caja sin titubear.

— Genial, ¡Me estaba muriendo de hambre!. — Musitó Rose con voz chillona, provocando que casi Louis se cubriera sus orejas. Abrió con ansia el contenido del paquete para tomar una galleta y llevársela a la boca. Louis le miró con ojos brillantes y divertidos. Una vez que acabó con la galleta antes de comer la segunda agregó: — Ups, lo olvide. ¿No quieres una? — preguntó feliz.

Con rapidez el chico rubio negó rotundamente.

— No, gracias. La verdad no tengo hambre. Además fue un obsequio de papá, no quiero nada de él. — respondió con sencillez el mago Gryffindor.

A la chica Weasley le pareció una decisión lógica, ya que conocía que la relación de Louis con su tío Billy era muy complicada. Siguió comiendo compulsivamente

— Será mejor que me retire, espero y las disfrutes. — añadió burlón mientras se retiraba de la sala común y salía por el retrato de la dama gorda.

Rose no prestó atención a la retirada de su primo. No pasó mucho tiempo para que James apareciera en escena y mirara a su prima. Que fácil era poder engañarla. Con satisfacción salió de la sala común.

Afuera se encontró con su "querido primo" Louis.

— ¿Acaso Tares y tú estudiaron actuación?. — preguntó fascinado el hijo mayor de los Potter. — Fingen muy bien ser otra persona.

Una vez que concluyó este comentario, frente a él la imagen de Louis fue sustituida por la de Scorpius Malfoy.

— Para nada, es parte de uno de los encantos de los Malfoy. — respondió arrogante el rubio.

— Diablos, ustedes si son de cuidado. — silbó impresionado James.

— Solamente si se meten con los nuestros, y Albus y tú amigo mío pertenecen a ese grupo. — explicó con simpleza haciendo sonreír a James.

— Gracias. — musitó James agradecido sonriendo. — Por cierto, ¿Viste como comía como si no hubiera mañana? — añadió burlón refiriéndose a Rosebud.

— Argh, supongo que lo habrá heredado de su padre. No es un hombre muy fino y de buenos modales, que digamos. — comentó Scor asqueado, haciendo una mueca de lado. Empezó a caminar rumbo a las mazmorras seguido de su amigo.

— Pensé que Tares sería la encargada de darle el "regalito". — dijo James con curiosidad.

— Y así iba a ser, pero decidí que me tocaba actuar. No puedo dejarle toda la diversión a mi hermana. — Explicó con simpleza la serpiente.

Frente a ellos, apareció mágicamente Albus mirándolos con curiosidad. Al parecer se había retirado su capa de invisibilidad. James puso cara de susto, mientras que Scorpius le miró alusinado.

— Joder, tienes la capa de invisibilidad. ¿Es la verdadera reliquia?. — preguntó Scorpius con emoción mirando el pedazo de tela con ilusión.

— Rayos, había olvidado que tenías esa cosa. — dijo James un poco fastidiado. Odiaba esa capa, ya que cuando eran pequeños, Albus se la pasaba apareciendo en el peor lugar posible para sacarle una serie de sustos.

— Lo siento James, pero es muy divertido sacarte uno que otro susto. — dijo Al sonriendo de lado. — No, es solo una copia que mi padre logro conseguir. La original la mantiene escondida de nosotros. — Explicó con calma el pelinegro al rubio.

— Para ser una copia está muy bien hecha. — comentó Scor tomando el pedazo de tela para examinarlo.

— Por cierto, no se ha ciencia cierta que hicieron ahí dentro de la sala de los leones, pero estoy seguro que algo le hicieron a Rosebud, ¿No es así?. — preguntó impeturbable el menor de los Potter mientras analizaba a los dos chicos con sus ojos esmeraldas.

— ¡A mí ni me mires!. Yo estaba en mi habitación. — Se excusó James haciéndose en desentendido.

— Y dices ser Gryffindor, pequeña cría de león cobarde. — Musitó el pequeño Malfoy dirigiéndose a James, adornando su cara con una sonrisa sardonica. — Solamente te diré que la cuenta está saldada. Esa Weasel no se volvera a meter contigo a menos que sea estúpida. — añadió Scor esta vez dirigiéndose a Albus.

— Mucha gracias, en verdad se los agradezco. A todos ustedes. — dijo con gratitud Al sonriendo con sinceridad. El equipo Potter se sentía bien, hace mucho que no sentía la necesidad de sonreir tanto. Agradecía que todo hubiera sido para mejor cuando entro a Hogwarts.

— Puff, no es nada. Eres familia. — mencionó Scorpius como si nada.

— Eres mi hermano, desde luego que tenía que hacer algo para cobrarme lo que te hizo Rose. — dijo James y de manera fraternal tomo por los hombros a su hermano con su brazo.


Ministerio de magia Londinense

Oficina de registros mágicos

4:00 pm

Mientras los hijos de los Malfoy hacían de las suyas en la escuela, ellos estaban dirigiéndose a la oficina de registros mágicos. Cuando entraron por una de las chimeneas del lugar llamaron la atención de la mayoría de magos del lugar.

Era un suceso extraño para muchos ciudadanos Londinenses ver a los Malfoy juntos. Pues no los habían visto hace mucho tiempo por ahí hasta que decidieron regresar en Septiembre desde Francia. Todavía existía algunas apuestas sobre el origen del matrimonio tan inusual. Las teorías iban desde que había sido formado por conveniencias ya que los dos formaban una pareja poderosa en cuestiones de influencias, pero había otros más sentimentales y que no estaban en ningún error. Creían que el matrimonio Malfoy se había formado por amor.

Además, si los magos del ministerio pudieran definir cuál de los dos individuos llamaba más la atención, contestarían sin ninguna duda que Hermione Malfoy.

Ese día, la abogada estaba vestida con pantalones negros de vestir y un saco femenino del mismo color. Además de tener una blusa color rojo sangre, porque en ocasiones no olvidaba que había sido una Gryffindor. El conjunto la hacía lucir juvenil y encantadora. Cabe resaltar que era extraño ver qué alguien vistiera de manera muggle en el ministerio mágico.

Draco por su parte, en aquella ocasión había optado por una simple camisa blanca, pantalón de vestir negro y una capa del mismo color.

— ¿Sabes? En ocasiones es difícil tener que estar tranquilo cuando todas las miradas de esos inútiles se enfocan en tu esposa. — Siseó Draco un poco molesto por todas las miradas indiscretas que iban dirigidas hacía la castaña.

— Bueno, ¿Qué esperabas? ¿Qué utilizará un saco de papas?. — preguntó Hermione con ironía y una sonrisa sardonica en su rostro.

— Tu te verías fabulosa y apetecible con cualquier cosa encima. — dijo Draco con tono aterciopelado mirando a la bruja sugestivamente. — Aunque la solución sería que nadie te viera. Nadie es digno de ti. — añadió solemne.

— Buen fundamento serpiente, pero por más que me hagas cumplidos tan halagadores tendrás que aceptar que no puedo evitar ser yo. — Contestó triunfante Hermione.

Cuando se dieron cuenta ya se encontraban en un ascensor mágico que por fortuna estaba vacío. Este hecho sorprendió a los dos, ya que por lo general los ascensores se encontraban siempre abarrotados de gente. Dentro encontraron al elfo que se encargaba de guiar el artilugio.

— ¿Departamento?. — preguntó educado la criatura.

— Registro natal mágico. — contestó amable la mujer.

En un santiamén sintieron como el elevador se sacudía y se movía rápidamente de arriba a abajo, izquierda a derecha. No pasaron ni cinco minutos, y ya habían llegado a su destino.

Al bajar del ascensor, Draco se veía un poco pálido.

— ¿Estás bien?. — preguntó preocupada la leona mientras tomaba a su marido por el brazo y le daba soporte.

Este le miró un poco descompuesto.

— No es nada, solo me he mareado un poco. Ya sabes que nunca me ha agrado subirme a esas cosas. — dijo con un poco de dificultad el mago rubio refiriéndose al ascensor con horror. Hermione rió levemente.

— Dragón, a veces me cuesta creer que seas capaz de subir y realizar acrobacias en una escoba y no salir afectado, mientras que te mareas fácilmente en un ascensor. — comento un poco divertida la castaña.

— Claro, ríe a cuestas de mi sufrimiento mujer. — Dijo indignado el patriarca Malfoy.

— Está bien, paremos antes de entrar al departamento. Se ve que necesitas aire, empiezas a verte cada vez más pálido. — Musitó preocupada Hermione.

Por unos 5 minutos se quedaron tomando aire en la entrada del departamento, hasta que Draco se sintió mejor.

El departamento de registros mágicos aparentaba ser similar a todos los demás, aunque se distinguía porque siempre por los aires volaban y flotaban diferentes tipos de documentos, a los cuales Draco alcanzó a vislumbrar que se trataban de actas de nacimiento. Este departamento era el indicado para llevar el conteo de todo infante mágico nacido en el mundo mágico y todo aquel niño hijo de muggles o mestizo que se haya incorporado a ese nuevo mundo.

Hermione no reconocía a ningún trabajador de los numerosos cubículos que había en el piso, así que fueron adentrándose cada vez más. Al pasar por los puestos de trabajo, de vez en cuando la pareja podía escuchar algunos murmullos curiosos. Una curiosa bruja de cabello pelirrojo se acercó a ellos con familiaridad.

— ¡Hermione, Malfoy!. — dijo Susan Flint en tono de sorpresa plantandose frente a la pareja.

— Susan, ¿Cuánto tiempo?. — contestó Hermione sonriendo con amabilidad. Por su parte, Draco solo hizo un imperceptible movimiento de cabeza parecido a un asentimiento.

— Tenía mucho tiempo que no les veía. — dijo contenta la bruja pelirroja. — Díganme, ¿Qué los trae a nuestro humilde departamento?

Susan Flint era la esposa del ahora Sub jefe Marcus Flint. Al parecer, de igual manera que el sangre pura trabajaba en el mismo departamento, pero con un cargo menor.

— Estoy buscando a Marcus. Draco y yo hemos venido a tratar unos asuntos, solo eso. — dijo con tranquilidad la castaña.

— Por supuesto, los llevaré a su oficina de inmediato. — Respondió amena la bruja pelirroja. — Síganme, por favor.

La señora Flint empezo a caminar a través del lugar con destreza. La pareja Malfoy le seguía a una distancia prudente.

— Vaya, nunca había tratado con alguien tan "amable y servicial". — Susurró un poco sorprendido Draco en el oído de su esposa.

— Ella fue una Hufflepuff, supongo que está en su naturaleza ser así. — Musitó Hermione mientras se encogía de hombros, restandole importancia al asunto.

Existen muy pocas personas que son así de "extrañas". — Susurró el rubio tratando de no reír. — Quiero suponer que ese fue el encanto que le encontró Marcus.

De repente, el trío de personas llegaron a una puerta de roble. En ella se leía el nombre de Marcus Flint.

Susan tocó la puerta con sus nudillos con un golpe suave. Después de un momento, se escuchó la voz grave del hombre.

— ¿Quien?. — Preguntó.

— Soy yo querido, te traigo unas personas muy interesantes que quieren verte. — dijo la pelirroja con voz dulce.

En automático, al escuchar la voz de la mujer ex tejona, se abrió la puerta de madera. Dentro de la oficina, se podía ver sentado tras su escritorio a un Marcus con mirada seria. Gesto que cambio repentinamente al mirar la sonrisa de su esposa.

Susan se giró hacia los señores Malfoy.

— Pasen, por favor. Yo me quedaré afuera. — dijo educada haciéndose a un lado para dejar libre la entrada. Hermione tomo sus manos estrechandolas.

— Muchas gracias, Susan. — respondió con gratitud la bruja castaña. Draco solo se limito a mirarla amablemente.

Cuando pasaron dentro de la habitación y cerraron la puerta, Marcus les miró intrigado.

— Los Malfoy. — dijo mientras sonreía como todo una serpiente y les indicaba con una señal de mano que tomaran asiento. — Hace tanto que no nos veíamos. ¿Unos 10 años quizás?

— Exactamente, Marcus. — contestó el hombre rubio mientras tomaba asiento frente al escritorio.

— Hola Marc. ¿Cómo has estado?. — preguntó Hermione entusiasta mientras sonreía cálidamente.

Quizá hayan ya pasado una década que no se veían, pero aún en ese transcurso de tiempo se mandaban cartas entre los dos matrimonios. Cómo resultado se seguía manteniendo una sana y bonita relación de amistad entre ellos.

— Hermione, cuántas veces te he dicho que no me llames así. — mencionó apenado el sub jefe del departamento mientras se rascaba la sien nervioso

— No tiene nada de malo, es tu nombre abreviado. No hay de que avergonzarse. — Musitó obstinada la bruja.

— Draco, tu mujer en verdad que es difícil de convencer. — comentó derrotado Marcus con una sonrisa queda.

— Es una cabeza dura, ¿Ahora lo entiendes? — comentó irónico el rubio sonriendo de lado.

— Si ya terminaron de hablar sobre mi, ¿Podemos proseguir a la razón que nos trajo aquí?. — dijo fastidiada la bruja rizada.

— A eso iba, no desesperes. — dijo Marcus rindiendose a pelear con ella. — Suéltalo, se que vienen para algo grande.

— Necesitamos un favor. — Musitó Draco con seriedad, Flint arqueó una ceja interrogante. — Sabemos que eres de confianza, Marcus. Así que esperamos que este asunto no salga de esta habitación.

— Claro que no, soy igual de fiar que Theo y Blaise. Despues de todo, yo era una especie de hermano mayor para ustedes en Hogwarts. — contestó el su jefe del departamento fingiendo estar dolido. Draco como respuesta solo giró sus ojos fastidiado, para despues sonreír quedamente y asentir en dirección de su esposa.

— Basta, no quisiera interrumpir está amena charla, pero es necesario atender el asunto. — dijo Hermione mirando a los dos magos con seriedad. — Necesitamos introducir un acta de nacimiento falsa de una niña en el registro mágico. — soltó con aplomo.

Por lo general, las personas que habían pertenecido a la noble casa de Slytherin sabían guardar sus emociones y reacciones, pero ante tal respuesta de la mujer castaña, Marcus Flint solamente pudo mirar a la pareja sorprendidos. ¿Qué objetivo tenía aquello?. Solamente se le ocurría una respuesta. Con algo de dificultad por la sorpresa el mago sangre pura miró a los Malfoy.

— Que ustedes quieran introducir a una niña al sistema de manera clandestina significa una cosa. — Les dijo de manera analítica Flint. — ¿Acaso no pueden tener hijos?. — preguntó con dificultad y un poco apenado el mago.

Hermione y Draco se quedaron de piedra ante la pregunta de Marcus. Posteriormente, la pareja se miró mutuamente muy sorprendidos. Sólamente tuvieron que pasar unos segundos para que rompieran aquella faceta seria y empezaran a reír a carcajadas. No eran unas carcajadas estridentes, pero sí lo bastante contagiosas. Por su parte, Marcus les miraba muy incrédulo.

— Marc, tú siempre sabes cómo hacerme reír. — logró articular Hermione con dificultad debido a la falta de aire. Con elegancia sacó un pañuelo del bolsillo de su saco rojo y limpio sus lágrimas provocadas por el esfuerzo. Su esposo, le imitó y suspiró satisfecho. Nunca estaba de más reír de vez en cuando sin restricciones.

— Que no te escuché Blaise decir eso, querida Leona. No queremos que se ofenda nuestro estimado bufón personal. — comentó burlón Draco.

— Jamás creí decir esto, pero les perdí el hilo chicos. — mencionó confundido Flint mientras les miraba de hito en hito.

No es que los Malfoy fueran unos magos hechos de piedra sin sentimientos, pero comúnmente no tenían aquellos arrebatos de euforia en público. Flint llegó a la conclusión de que solo lo habían permitido por considerarlo un amigo de confianza. Quería sentirse halagado, pero no podía evitar seguir confundido por el motivo de las risas de sus amigos.

— Si supieras cuántos hijos tenemos, te sorprenderías. — comentó Draco sonriendo orgulloso.

— ¿Cuántos son?. — preguntó sorprendido Marcus. Debían ser varios si Malfoy estaba haciendo alarde de ello.

— Muchos. — dijo con simpleza el rubio sin querer especificar el número exacto.

— Malfoy, ¿Y por qué no soy padrino de ninguno?. — preguntó ceñudo e indignado Flint.

— No queríamos molestarte, Marcus. Sabemos que siempre andabas ocupado con tu trabajo. Tal vez ninguno de mis pequeños sea tu ahijado, pero aún así te consideran parte de la familia. — explicó Hermione en tono maternal.

— Dijo "Malfoy", leona. Me pregunto a mi. — comentó un poco molesto por la intromisión de su esposa. Adoraba sacar de casillas a Marcus desde que eran niños, ¿Por qué el día de hoy iba a ser la excepción?

— También soy una Malfoy, Draco. — le comento con rudeza la castaña. Como consecuencia su esposo levantó las manos en señal de rendición.

— Touche. — Masculló sensato.

— ¿Cómo es que me consideran de la familia si ni siquiera me conocen los pequeños?. — preguntó curioso Flint.

— Les hemos hablado de ti y Susan. Los conocen de vista por fotos. — explicó Hermione.

— Está bien, me alegro por eso. Espero conocerlos pronto. — respondió satisfecho Marcus.

Aunque no lo demostrará muy seguido, le gustaba convivir con niños. Siempre había anhelado convertirse en profesor de vuelo en Hogwarts, pero su deber como heredero de la familia Flint no se lo permitió. Con el tiempo perdió la oportunidad de enseñar a otros, pero no importaba. Al menos había podido conseguir un trabajo que medianamente le gustaba, no le apasionaba su puesto actual, pero al menos no era aburrido y tedioso como otros puestos del ministerio. Ahora el tenía solamente un hijo, ya que por desgracia Susan había tenido complicaciones en el parto y ya no era capaz de concebir más. Había aceptado que su familia siempre sería pequeña, pero estaba agradecido de al menos tenerla.

— En otra ocasión será. — contestó contenta la bruja rizada.

— Nos estamos desviando de nuevo del tema. Será mejor darnos prisa, que aún debo ir a jactarme de mis influencias frente a esa pomposa comadreja. — bufó impaciente Draco. Este hacía alusión a la visita que haría próximamente a Percy Weasley en el departamento de negocios internacionales.

— ¿Percy Weasley?. — preguntó Flint sonando seguro.

— Por supuesto que sí. Digamos que se quiso pasar de listo con quién no debía. — dijo el rubio en tono petulante.

— ¿Cómo lo supiste? — preguntó Granger curiosa.

— Draco lo describió perfectamente. Además no conozco otras comadrejas. — explicó con simpleza. — Entonces, ¿Quién se hará cargo de la niña que me comentan?. Además, debe cumplir con ciertos requisitos para que pueda ingresar al sistema. Ya sabes, no puedo hacer pasar a alguien muggle como mago.

— Es una niña hija de muggles, lo hemos comprobado de antemano con algunos análisis de sangre y ADN. Ya sabes, el ADN de una persona mágica en un microscopio parecerá normal ante el ojo muggle, pero ante uno de un mago adquiere destellos, curiosamente van de una gama de coloración dorado a bronce. — Explicó Draco en tono sabiondo y condescendiente.

— Por Salazar, con esa explicación sonaste como Snape. — comentó Flint admirado, pero al mismo tiempo burlón.

— Me siento halagado, Marcus. Después de todo, es lo menos que se puede esperar de mí siendo un pocionista investigador. — Siseó petulante el rubio. Mientras tanto, Hermione extendió el acta de nacimiento falsa en dirección a Marcus.

El subjefe del departamento la tomó con cuidado y empezó a leerla con detenimiento. Al llegar a la sección de los apellidos se asombró nuevamente.

— Vaya, al parecer verlos me trajo muchas impresiones hoy. — mencionó con buen humor el subjefe del departamento. — Así que Daphne convenció a Potter de adoptar una pequeña hija de muggles. El sueño de la reina de hielo se ha cumplido.

— En realidad ellos no están juntos, ya sabes. Llegaron a un acuerdo entre ellos para que Daph pudiera hacer pasar a Alhelí como su hija legítima. — explicó con detenimiento Granger.

— Potty sigue casado con mini Weasel, pero no creo que sea por mucho tiempo. — dijo Draco, jactandose de tener la razón.

— ¿Por qué tan seguro de ti mismo, Malfoy?. — preguntó retador Flint.

Veía imposible que Potter dejara a Ginevra Wrasley después de tantos años, pues siempre se les miró como una pareja normal y sólida. Al parecer las apariencias si podían engañar a muchos.

— Porque es un cotilla de primera. — se burló Hermione de su esposo mientras sonreía de lado. Draco bufó indignado.

— Supongo que solamente tengo una corazonada. No se me da mal la adivinación como a ciertas personas. — dijo el hombre mirando a Hermione con su par de ojos grises petulante. La bruja solo le miró fulminante e hizo una mueca de lado, pero ya más tarde se las arreglaría con él.

— Está bien, no necesitan convencerme de nada, yo les creo. Ahora solo necesito un par de horas para colar la acta en los archiveros y ¡Vuala!. Alhelí Potter Greengrass siempre habrá existido como hija de Daph y Potter. — Dijo Marcus entusiasta mientras falsificaba unas firmas de un juez y mentor suyo del departamento que ya había fallecido hace un par de años. Al menos así lograrían pasar el documento como legítimo y nadie podría comprobar si era real, ya que el firmante ya había fallecido.

— Muchas gracias, Marc. Te debemos una. — agradeció Hermione con amabilidad mientras se reincorporaba de su asiento y abrazaba al mencionado. Este solo sonrió.

— No me deben nada, tómalo como agradecimiento por ayudarme a mi hace muchos años con mi contrato matrimonial. — Expreso Flint tranquilo.

— Debemos irnos. Fue un gusto verte, Marcus. — dijo Draco imitando a su esposa en incorporarse de su asiento, solamente que él decidió despedirse con un apretón de manos.

Fue así como la pareja salió de la oficina de si viejo amigo.


Hogwarts Colegio de magia y hechicería

Gran Comedor

4:30 pm

Más tarde ese día, ya era hora del almuerzo para los alumnos. En grupos de amigos fueron apareciendo en el gran comedor. Uno de los más destacables era el grupo del trío de los hermanos Malfoy, que estaba conformado por Lysander, Lorcan y Pandora Nott, James y Albus Potter y Bruno Zabini. Juntos iban dispuestos a comer a la mesa de Slytherin.

En esa ocasión, Antares venía jugando con una especie de gel viscoso y brillante de color rosa. Se trataba de un juguete muggle pegajoso llamado Slime, un obsequio reciente de sus padres. Tan entretenida y fascinada estaba con aquella sustancia que no se percató que frente a ella se encontraba Rose Weasley. La pelirroja desde lejos había vislumbrado al grupo de amigos. Aún se sentía dolida por el rechazo que había sufrido a manos de Scorpius Malfoy. Desde luego que la chica clamaba venganza en contra del rubio, pero aún tenía sentimientos por él, por lo tanto no podía considerar la idea de hacerle daño. No había mejor manera de vengarse de él desquitando su furia con la hermana gemela. Rose no era una persona muy inteligente o astuta, lo mejor que pudo tramar en tan poco tiempo fue empujar de frente a la chica Malfoy cuando pasó por su lado.

Accidentalmente, debido al empujón que le dio Rose, Antares soltó su Slime y cayó al suelo. La chica serpiente miró incrédula su juguete nuevo estropeado. Por su parte, el grupo de amigos de la joven miraba la escena estupefacto.

— Lo siento, no me fijé. — dijo Rose fingiendo inocencia, pero con una sonrisa ladina adornando su rostro. En ese momento, Scorpius y Abraxas estaban a punto de salir en defensa de su hermana, pero una mano en el hombro de Scor se lo impidió. Por otro lado, la presencia cercana y vigilante de Pandora detuvo a Abraxas de actuar.

— Dejenla pelear sus batallas, sabemos que Antares se molestaría si alguno de nosotros nos entrometemos. — Musitó con sabiduría Lysander.

— Tranquilos, ella estará bien. Tares nunca deja que nadie la pisotee. — dijo con tranquilidad Pandora mirando al par de hermanos. — No sería muy prudente para un Malfoy permitir aquello.

Solamente Scorpius se limitó a gruñir y Abraxas no dijo nada, observaron con detalle la situación. Solamente tomarían el consejo del chico de ojos azul eléctrico porque era el mejor amigo de su hermana. Además, Pandora tenía razón, Antares nunca permitiría que la ultrajaran. ¿Qué harían los chicos Malfoy sin la presencia de los Nott?. Al parecer los hijos de Luna y Theodore eran una especie de anestesia y calmante para los Malfoy.

Regresando al embrollo, Antares levantó su vista del suelo y miró con el ceño fruncido a la pelirroja.

— Weasel, no sabía que la idiotez causaría ceguera y torpeza. En verdad que te pareces tanto a tu padre. — mencionó la joven Malfoy sonriendo de lado sin verse afectada.

— ¡Al menos mi padre no es un sucio Mortifago!. — contestó Rose de manera despectiva fulminando a la rubia. Ante aquella contestación, Tares sonrió.

— Y no lo negaste, así que estás de acuerdo conmigo. — afirmó satisfecha la rubia rizada, sonriendo como un zorro astuto. No dejaría que aquellos insultos insulsos le afectarán, después de todo eran solamente parte del pasado de su padre. Rose le miró un poco descolocada y ruborizada debido a la vergüenza. Aprovechando esto, la chica Malfoy miró su juguete en el suelo, sacó su varita e hizo que este saliera disparado a la cara de la pelirroja.

— ¡Quítame esta cosa asquerosa!. — grito la pelirroja desesperada tratando de volver a tener visión.

— Espero que así aprendas a no meterte con quién no debes, Weasel. — Siseó Antares dejando a Rose fuera de su camino y yéndose a sentar con todos a la mesa de Slytherin.

— ¡Me las vas a pagar, estúpida teñida!. — gruñó molesta Rose.

Fue así, cuando su prima Molly se acercó a ella con algo de lástima. Sacó su varita y le lanzó un evanesco al Slime que tenía la bruja en la cara.


Sala común de Gryffindor

Habitación de Rose Weasley

5 pm

En la habitación se encontraba la mismísima hija de Ronald, y su querida prima Molly. La última estaba preocupada por la niña pelirroja rizada. Después del almuerzo, Rosebud empezó a presentar síntomas de resfriado común, como temperatura, escalofríos y exceso de goteo nasal. Molly Jr., le había rogado a la pelirroja que fueran juntas a la enfermería para que fuera atendida o al menos para que le prepararan una poción pimentónica que era el remedio de excelencia para esa enfermedad. Rosebud se había negado rotundamente, pues había notado que en sus brazos empezó a brotar una especie de sarpullido morado. Unas pequeñas manchitas de color morado parecidas a pequeños hematomas. Sus peores sospechas se confirmaban con ese síntoma.

— No es un resfriado común, Molly. Creo que es Machiattis. — Dijo un poco cansada la hija de Ron mientras se incorporaba de su cama.

Por su parte, Molly Jr. se alejó de inmediato de la cama. Sabía que el Machiattis era contagioso con cierta medida, pero no como una gripe común que se contagia con facilidad. Prefería ser precavida y evitar tener contacto directo con su prima.

— Estoy segura que esa estúpida de Malfoy lo hizo, cuando me arrojó esa cosa pegajosa en la cara. — declaró molesta Rosebud empezando a caminar hacia la salida de su habitación.

— ¿No crees que estás exagerando?. Hasta donde sé, lo que traía Malfoy era un juguete Muggle. — explicó Molly siendo la voz de la razón, pero fue ignorada.

— Para nada. Yo le enseñaré lo que es el respeto. — Musitó iracunda antes de salir de la habitación dando un portazo. La otra Weasley reaccionó y le siguió.

Fue así como Molly fue detrás de Rose para averiguar qué tramaba.


Patio del reloj

5 pm

En el patio del reloj se encontraban algunos estudiantes del colegio transitando el lugar con tranquilidad. Después de un almuerzo, la mayoría del alumnado se dedicaba a relajarse antes de meterse de lleno a los deberes escolares, pero existían excepciones que dejaban todos los deberes para el último momento y se la pasaban relajados la mayor parte del tiempo. En una de las bancas, se encontraba Scorpius, Antares y Lysander hablando amenamente entre ellos. Sus demás amigos habían decidido ir a otros lugares para realizar otras actividades.

— Te lo aseguro, escuché a Minnie hablando sobre que Teddy iba a ser el nuevo profesor de defensa contra las artes oscuras. — dijo Lysander emocionado.

— Pero eso es algo ilógico, mamá y papá no lo hubieran dicho desde antes. — respondió Scorpius no muy convencido de lo dicho por su amigo.

— Al menos que haya regresado a Londres un poco antes de lo previsto. — añadió Antares pensativa.

Cuando murió Andrómeda Black, Teddy Lupin a la edad de 6 años quedó bajo la tutela de Harry Potter. Al principio las cosas marcharon estupendamente, ya que Teddy era un hijo propio para el patriarca Potter. Conforme fueron pasando los años, en ocasiones Teddy se llegaba a sentir incómodo en el hogar Potter. Nunca le comentó a su padrino las razones por las cuales no se sentía partícipe y cómodo con la familia, simplemente no se sentía parte de ella. Cuando el hijo de Lupin cumplió con la edad suficiente para ir a Hogwarts, poco a poco se fue alejando.

Cuando tenía once años, por azares del destino conoció a Draco Malfoy y volvió a ver a Hermione Granger. Los dos habían sido invitados por el profesor Slughorn para asistir a una pequeña reunión de su club de la eminencias. Hermione sintió pena por su antiguo profesor y había obligado a Draco para que fueran juntos, este a regañadientes hizo caso. Fue ahí cuando conocieron a uno de los pocos parientes vivos Black que le quedaban a Draco.

Su abuela Andrómeda le había hablado de Draco Malfoy a Teddy. Recordaba con exactitud cómo se había referido al hombre que se encontraba frente a él en ese entonces.

Solo fue un pequeño joven que tuvo que madurar en las circunstancias menos favorables. Es una buena persona Teddy, no lo olvides.

Después de la fiesta, Teddy se había presentado frente a su tío. Draco al principio se puso un poco tenso, ya que pensaba que el pequeño niño iba a tener ideas equivocadas sobre él y su antiguo idealismo hacia la supremacía de la sangre, pero fue todo lo contrario. Con la intervención de Hermione, tío y sobrino se llevaron de maravilla. A partir de ese momento, Teddy pedía permisos especiales a su padrino para ir a visitar a Draco. El pequeño jamás mencionó a Hermione por petición de ella, ya que aún en ese entonces ella no estaba lista para hacerle frente a Harry.

Harry no podía negarle a su ahijado ver a su tío, así que la mayoría del tiempo accedía para que Teddy fuera a ver a Malfoy hasta Francia. Gracias a ello, Teddy pasaba muchos momentos inolvidables y grandiosos con la familia Malfoy, que lo consideraba un hijo más. incluso Narcissa y Lucius lo veían como su nieto mayor. Por su parte, ninguno de los hermanos Malfoy lo denigro e hizo de menos, todo lo contrario, lo aceptaron en su clan. Debido a esto, cuando Teddy terminó su educación en Hogwarts se armó de valor para pedirle a Harry que le permitiera estudiar una carrera universitaria Muggle.

Harry por un momento dudó, pero después de que lo consideró, aceptó. Los Malfoy gracias a sus influencias en el mundo mágico Francés y a la inteligencia de Teddy, este fue aceptado en una universidad mágica francesa que tenía como modalidad tomar una carrera mágica y muggle al mismo tiempo. Cómo parte mágica eligió ser un auror especializado en espionaje y como carrera muggle fue profesor. Harry se había sentido un poco triste de ver marchar al muchacho a Francia, pero tuvo que aceptar que él debía hacer su camino, aunque admitió que se sintió un poco celoso de Malfoy por robarle a su pequeño.

Harry insistió en ocuparse de los gastos universitarios de Teddy, pero el chico no lo permitió. Le dijo que él conseguiría un empleo propio para poder salir a flote y que tendría ayuda económica de Draco y Hermione. Aún Teddy mantenía correspondencia con los Potter y los Malfoy, por eso era tan desconcertante para los gemelos Malfoy no saber que su hermano mayor regresaba a Londres para trabajar en Hogwarts.

— Tal vez quieren darles una sorpresa. — Musitó el hijo de Theodore.

— Solo espero que sea cierto, tener a Teddy de profesor será estupendo. El sabe muchas cosas y varios hechizos para defenderse. — expresó emocionado Scorpius.

Sus dos acompañantes asintieron de acuerdo con la misma emoción. De repente, la tranquilidad del trío fue rota por un grito escandaloso.

— ¡Hey tu, estúpida Mortifaga! — gritó lo que parecía ser Rosebud cubierta de puntos morados y despeinada, seguida de Molly Jr. Weasley.

Los tres chicos sentados en su banca se miraron con lástima entre ellos. Tan amena que iba su tarde. Aunque Antares no se esperaba aquello, pensó que el Machiattis tendría cansada a Rosebud lo suficiente como para evitar que no hiciera escándalo, pero no fue así. Ahora tendría que aguantar la histeria de la bruja. Debido al grito chillón de la chica Weasley, varios alumnos pararon sus actividades y se quedaron a curiosear por los alrededores, pues sabían que la relación entre esas dos chicas no era buena y se venía una pelea grande.

— Querida Weasel, ¿Quién te usó como tiro al blanco?. — preguntó Antares fingiendo sentir lástima y preocupación por la pelirroja rizada. Por su parte, su hermano y Lysander rieron maliciosamente por el comentario. Algunos espectadores que también habían entendido el chiste rieron. Rose estaba tan molesta que ni siquiera le importó la presencia de Scorpius como para fingir ser toda una dama ante él.

— ¿Un qué? — preguntó abruptamente la chica con cara confundida. Después sacudió la cabeza para despejar sus pensamientos, no debía distraerse de su objetivo. — No te hagas la idiota, se perfectamente que tú eres la responsable de mi estado. ¡Me contagiaste el Machiattis! — Musitó histérica. Varios chicos de los alrededores exclamaron sorpresa.

— Me halaga que me consideres tan capaz de semejante acto, pero lamento decepcionarte. No tengo la culpa de que estés infectada. — Contestó con gran temple y tranquilidad Antares. Rose se quería acercar a ella, pero la rubia sacó su varita y la empujó con levedad con algo de magia. — No deberías acercarte a la personas con tanta libertad, podrías contagiar a alguien.

— Fue todo tu culpa, asquerosa serpiente. ¡Tu me arrojaste esa baba asquerosa en la cara! — dijo molesta la pelirroja rizada haciendo referencia al juguete "Slime" que la rubia le había arrojado en el gran comedor.

— Por favor Weasley, Antares te hizo un favor a tu cara, la hizo "aceptable". — dijo Lysander en tono malicioso.

— No te metas donde no te han llamado, Nott. — expresó molesta Molly Jr., tratando de salir en defensa de su familiar.

— ¿Alguien escucho algo? Me pareció oír un ruido irritante de roedor. — Expresó petulante Scorpius.

Ante tal respuesta Molly enrojeció de golpe. Ella no era fan de meterse en líos, solo había comentado lo anterior para que dejaran a Rose en paz, pero no valía la pena si también harían de ella un blanco. Además recordó las palabras de su padre:

"No te metas con los hijos de Malfoy, pueden tener tendencias oscuras"

— No quieras hacerte notar, Nott. — Mencionó molesta la hija de Ron, tratando de ignorar en gran medida al rubio que tenía de frente. A él no le dirigiría ningún insulto. Por su parte, Scorpius le miraba retador.

Sus ojos grises miraban a aquella pelirroja con frialdad, esperando un falso movimiento para acorralar a la presa.

— Pelirroja, ya me has notado. Me has dirigido la palabra. — Musitó socarronamente Nott.

Mientras aquel par discutía, a Antares se le ocurrió un plan. Era obvio que la pelirroja le había ido a buscar exclusivamente para buscar pelea. Si quería pelea, la mini comadreja tendría pelea, solo que ella no metería ninguna mano ni varita de por medio.

— Acéptalo Rosebud. Sólo estás buscando atención en dónde no tendrás. No hay forma de comprobar que yo he provocado que te enfermes de Machiattis — dijo Antares petulante sonriendo como un zorro astuto. — No es mi culpa que estés obsesionada conmigo, mi hermano y mi familia. ¿Tanto te duele ser una Weasley?

Lysander y Scorpius miraron interrogantes a su compañera femenina. No era propio de la chica Malfoy dar rienda suelta a una pelea. Ella prefería estar a la lejanía, pero al parecer en esta ocasión estaba provocando a la pelirroja.

— No sabes de lo que estás hablando idiota. ¿Quien quisiera pertenecer a una familia de Mortifagos?. — contestó asqueada la chica Weasley.

— Según recuerdo, tú. — dijo con severidad la rubia dando unos pasos al frente y poniéndose frente a frente a la chica Gryffindor. Por su parte Molly retrocedió aterrorizada, mientras que Rose se quedó en su lugar un poco conmocionada. —¿No estabas tan obsesionada con mi hermano que incluso intentaste darle Amortentia?. —

Varios murmullos se empezaron a escuchar a sus alrededores, varios alumnos que los miraban empezaron a especular. Rosebud miró su entorno con vergüenza.

— ¡Tu hermano miente!. — dijo escandalizada y apenada Rosebud mirándose nerviosa.

Scorpius no dijo nada, solo guardó silencio.

— Eres tan descarada y sin vergüenza. — añadió fingiendo pena la chica Malfoy. — Al parecer me equivoqué, eres más parecida a tu madre que a tu padre. Tan desesperada por el amor de un hombre que siempre ha amado a otra. — concluyó dando el golpe de gracia haciendo clara referencia al matrimonio infeliz que vivían Ronald y Lavender.

Fue ahí cuando la hija de ese matrimonio explotó en cólera. Furiosa levantó el brazo y le soltó una bofetada a la rubia, haciendo que su cabeza girara a un lado levemente. El golpe no fue tan duro, pero Antares quiso darle drama a la situación, así que fingió dolor y exagero fingiendo caer al suelo debido a la fuerza del golpe. Scorpius y Lysander se quedaron de piedra al presenciar aquello. Molly se llevó las manos a su boca para ahogar un grito ahogado. Rosebud sonrió triunfante y estaba a punto de abalanzarse sobre una "indefensa" Antares, pero fue interceptada por Scorpius y Lysander. Todos los espectadores guardaron silencio.

— Ya no te crees la gran cosa, ¿Verdad Mortifaga? — dijo Rosebud creyéndose superior mientras forcejeaba para liberarse del agarre del par de Slytherin.

— ¿Qué está pasando aquí?. — dijo la profesora Syvil escandalizada apareciendo en el patio.

— Profesora, por favor ayudeme. — dijo Antares con voz sollozante mirando con ojos de cordero a la mujer de grandes gafas. — Mi compañera Gryffindor ha perdido la cabeza y me ha atacado sin razón.

Ante las palabras de Antares, Rosebud la miró incrédula. Mientras tanto, la profesora Syvil ayudó a la chica Malfoy a incorporarse del suelo y revisó el golpe.

— ¡Eres una serpiente rastrera mentirosa!. — grito furiosa la Gryffindor. La profesora miró horrorizada a la estudiante.

— Señorita Weasley, cuide su lenguaje. — dijo la profesora rubia ajustándose sus gafas caídas.

— ¿Lo ve? Incluso sigue atacando a mi hermana verbalmente. — dijo Scorpius con seriedad.

— Además no somos los únicos testigos, aquí hay varios alumnos que pueden corroborar lo que ha sucedido. — añadió Lysander señalando a la multitud que tenían como espectadores.

— ¡Nada de eso es verdad!. Yo solo me he venido a defender porque ella me ha contagiado de Machiattis. — dijo desesperada Rose.

— ¿Machiattis dice? Es necesario que vaya a la enfermería para confirmarlo. Además señorita Weasley, dudo mucho que su compañera sea capaz de hacerle algo así. — Musitó con calma la mujer rubia. — Creo que es necesario que todos tratemos esto en la oficina de Minerva con sus padres, ella sabrá qué hacer.

— Oh sí, desde luego que estoy de acuerdo. ¡Mi padre se enterara de esto!. Es inaceptable el trato que ha recibido mi hermana de parte de Weasley. — comentó indignado Scorpius mientras abrazaba a una Antares indefensa y sollozante.

— Usted no los conoce, profesora. — Se quejó Rosebud berrinchuda. — Pero está bien, traigan a mi padre para que él les haga ver el error que están cometiendo conmigo. — Rezongó la pelirroja.

— Entonces, Señorita Weasley y Malfoy, jóvenes Malfoy y Nott, acompañenme a la oficina de la directora. — dijo tranquila la profesora. Mientras se iban alejando del patio y las miradas curiosas la mujer susurro: — Había tenido una visión sobre venir aquí a esta hora. Nuevamente la adivinación no deja de sorprenderme. — Murmuró con satisfacción y feliz.