"Yo soy la Señora Malfoy y este es mi legado"


Capítulo ocho: Batalla Campal en Hogwarts


Departamento de relaciones internacionales

Oficina de Percy Weasley

26 de noviembre de 2017

5:30 pm

Percy Weasley miraba a la pareja que estaba frente suyo con aburrimiento y frustración. Siempre se había jactado por ser una persona muy paciente y sería, aquel que siempre sabía guardar la compostura, pero en esta ocasión no estaba teniendo mucho éxito en controlarse. Draco y Hermione Malfoy habían aparecido en su departamento solicitando ver su persona para arreglar unos asuntos. De alguna manera, el par de magos se las arreglaron para poder convencer a sus secretarias de dejarlos pasar con lujo de libertad.

Ahora gracias a ese descuido de su personal, tenía que soportar las quejas del blondo temperamental que estaba en su presencia. Por otro lado, tenía a Hermione Granger. Si, Granger, ya que él nunca sería capaz de aceptarla como una Malfoy. Pues, aún recordaba a aquella joven obstinada y con hambre de conocimiento que había conocido en Hogwarts. Sabía que la castaña siempre había sido una gran mujer, tanta que sabía que tarde o temprano su hermano Ron arruinaría su relación con ella. Percy tenía planeado conquistarla en ese entonces, pues consideraba que tenían muchas cosas en común, pero ella se fue y no volvió.

Fue así como se rindió ante la idea de hacer a Hermione su esposa e hizo su vida. Después de unos años conoció a su esposa, Audrey Weasley, una antigua compañera suya del departamento. Con el tiempo tuvieron a un par de gemelas pelirrojas llamadas Molly y Lucy. Por lo general, su matrimonio era feliz. Cuando se enteró del regreso de la castaña a Londres, se alegró por volverla a ver y tratarse como viejos amigos, pero por desgracia descubrió que había contraído nupcias con un ex Mortifago. Draco Malfoy no era del agrado de Percy, ya que solo lo consideraba como un hombre que en su infancia tuvo la fortuna de tener todo lo que quisiera, que a pesar de todo lo que había hecho en la guerra fue perdonado por el ministro de magia y el Wizengamot. Se suponía que Malfoy debió ir a la cárcel junto con su familia y al contrario en lugar de recibir un castigo, era premiado con una gran vida.

Sabía el motivo por el cual los dos se encontraban ahí. Percy no iba a permitir que Draco recibiera su paquete de ingredientes de pociones rápidamente. Aún tenía sospechas de que fuera un mago con vertientes oscuras. Quizás hasta podría ser el líder del tráfico de ingredientes que estaba viviendo Londres en la actualidad. Después de todo, Percy era el jefe del departamento y podía permitirse negarle ese permiso por simple capricho. Malfoy solo era un pocionista empresario.

— Entonces, ¿Me vas a dar una razón válida por la cual no he recibido mi paquete y permanece detenido?. — Siseó Draco con frialdad.

Estaba de pie junto a su esposa, enfrente del escritorio del pelirrojo. Se habían negado a tomar asiento, ya que su objetivo era salir de ese lugar lo más rápido posible.

— Malfoy, como sabrás… — Estaba a punto de explicar el pelirrojo, pero fue interrumpido por el rubio.

— Soy el Señor Malfoy para ti. Pensé que siendo un jefe de departamento habías aprendido modales. — dijo el rubio de manera impertinente.

Hermione no decía nada, no era necesario. Solo permanecía en silencio esperando su oportunidad. Percy le miró con mala cara, después compusó una cara de seriedad.

— Señor Malfoy, como sabe nos encontramos con un problema muy grande en Londres. El tráfico de ingredientes para pociones se ha salido de control. Por eso es necesario que se revise todo paquete de ingredientes que entre en el territorio inglés. — explicó el pelirrojo con detalle.

— Lo entiendo perfectamente, Weasley. Lo que no comprendo es, y te lo vuelvo a repetir. ¿Por qué han retenido mi paquete específicamente por más tiempo del estipulado?. — contestó Draco ácidamente.

Percy miró los ojos platas del individuo, parecían un par de balas muggles por lo brillantes que estaban. Se notaba enojado.

— No sé de qué me está hablando, todo se ha seguido al pie del protocolo. — sonrió Weasley de manera imperceptible, haciéndose el desentendido.

Con satisfacción, pudo comprobar cómo Malfoy endurecía su mirada. Él ya no tenía poder en el ministerio de magia, de eso estaba seguro. Podía hacer lo que quisiera en cuestiones burocráticas para interferir en sus envíos.

— Dudo que haya seguido el protocolo, Señor Weasley. — dijo Hermione con voz sería hablando por primera vez.

Percy la miró con curiosidad. Ya se le había hecho extraño que la mujer no pronunciará palabra alguna. Incluso llegó a pensar que Malfoy la había educado para no interrumpir los negocios que hacía su marido, porque sabía que la familia Malfoy era machista. Muy alejado de la verdad se encontraba el pelirrojo, ya que la Señora Malfoy había aprendido con el tiempo que debía ser paciente para intervenir. Había imitado y adquirido el modo de atacar que tenían las serpientes: pacientes, calmadas, feroces y mortales.

— Hermione, puedes llamarme por mi nombré. — dijo Percy educado, mostrando una ligera sonrisa en sus labios, más está no llegaba a sus ojos cansados.

— Prefiero tratarte por tu apellido, no sé en qué términos vayamos a terminar después de esta reunión. — contestó la castaña en tono profesional. — De igual manera, te pido que me llames Señora Malfoy. Es una falta de respeto hacia mi, y mi esposo que me estés tuteando.

Draco sonrió de lado, como le encantaba ver a su mujer en aquella faceta frente a magos pelmazos. Percy la miró sorprendido. ¿Cómo es que Hermione había permitido aquello? Ella era una bruja que siempre había considerado que la mujer tenía tanta valía y que por lo tanto no debía renunciar a su apellido por el de su esposo. Por parte de las ideologías de Hermione, ella seguía firme en que la mujer siempre sería empoderada y fuerte. No por haber adquirido el apellido de su esposo sería menos, no. Al contrario, le representaba una ventaja frente a la sociedad machista que aún era Londres. Porque los magos nunca se esperaban que la esposa de un sangre pura atacará fieramente e interfiera en los planes tratados. No por nada era tan buena abogada, porque todos se dejaban llevar por su apariencia frágil. Ella jamás permitiría que a Draco y a su familia les hicieran alguna injusticia debido al pasado tormentoso de la familia.

— Bien, señora Malfoy. ¿Sería tan amable de indicarme la razón por la cual usted cree que no se ha seguido el protocolo?. — comentó Percy de manera solemne.

— El protocolo indica que: Máximo el paquete deberá permanecer una semana en el departamento de relaciones internacionales para su revisión de contenido y procedencia. — dijo en tono sabiondo la castaña. — El paquete de mi esposo lleva retenido aquí 18 días. Creo que ese período ya no es una semana, ¿No cree?. — añadió insolente la mujer.

Percy se dió cuenta que estaba a punto de enfrentarse a la chica de oro en términos legales. Debía pensar en algo rápido si no quería terminar con una demanda encima.

— En efecto, señora Malfoy. Aunque debe de recordar que el protocolo menciona que los paquetes que se retienen más del periodo estipulado es por una razón de sospecha o alarma. — explicó el pelirrojo arisco.

— Déjame ver si entendí. Sospechas que Draco esté coludido en el problema, ¿Correcto?. — dijo Granger con frialdad.

— Yo no dije eso… — respondió Percy un poco titubeante.

— ¡Lo acabas de decir! Dijiste que lo retuviste por sospecha. — contestó indignada la castaña.

— Genial, pase de Mortifago redimido a traficante de ingredientes para pociones. — dijo Draco sarcásticamente. — Me ofende Weasley que solo me consideres como un peón cuando podría ser el líder de toda la red. — añadió petulante mientras mostraba una sonrisa cínica de lado. La mujer le lanzó una mirada fulminante.

— ¡Draco!. — Reprendió Hermione a su esposo.

— ¿Lo ves? Cómo confiar en un ex Mortifago cuando hace declaraciones de esa índole. — dijo Percy ofendido dirigiéndose a Hermione.

— Aún así, solo remarcaba lo hábil que puedo ser. Eso no significa que yo pertenezca a esa clase de negocio "deplorable". — Siseó Draco con seriedad. — ¿Que ganaría yo en un negocio así? Dinero e influencias tengo por montón.

Percy estaba a punto de objetar, pero sabía que el hombre tenía razón. Los Malfoy seguían siendo ricos al por mayor que podían permitirse cualquier cosa, incluso hasta comprar un país entero si se lo proponían.

— ¿Entonces en qué términos vamos a quedar Weasley?. Necesito esos ingredientes con urgencia. No puedo seguir perdiendo el tiempo como tus allegados ineptos. — Musitó intimidante el blondo.

Percy sonrió con satisfacción, había encontrado la solución. Daría por liberado el paquete, pero haría que se retrasará de nuevo la entrega de este a Malfoy Manor.

— Está bien, liberaré tu paquete. Lo asignare al apartado para que sea entregado por nuestros repartidores. — dijo con suficiencia el jefe del departamento.

Hermione y Draco se miraron a los ojos imperturbables.

— Eso sí que no, conozco esa sonrisa. Nos entregarás el paquete hoy mismo. — declaró con fiereza la mujer rizada.

— Yo no puedo hacer eso, primero debo pasarlo a la sección de liberación, eso tardaría tres días más. — contestó obstinado Weasley.

— Creo que cambiarás de opinión al leer esto. — Musitó Hermione en tono triunfante, mientras que con su varita aparecía una hoja de papel sobre el escritorio.

Percy la tomó reticente.


MEMORÁNDUM

Londres, Inglaterra

26 de noviembre de 2017

C. Percy I. Weasley

Jefe del departamento de relaciones internacionales

Ministerio Mágico Londinense

El motivo del presente documento tiene por objetivo dar la orden de liberación del paquete del Sr. Draco Lucius Malfoy Black que debió haber sido liberado el 15 de noviembre del presente año.

Garantizo que dicho paquete no pone en peligro la integridad de la sociedad mágica, ni es participe de alguna actividad delictiva. Así que quedó al pendiente de que se realicen los procedimientos estándar para la finalización de esta petición a más tardar el día de hoy.

Sin más por el momento me despido y quedó a su disposición y servició.

Harry James Potter

Jefe del departamento de Aurores


Cuando el pelirrojo terminó de leer el contenido, quedó impactado. ¿Acaso su cuñado había ayudado a los Malfoy a salirse con la suya?. Al parecer era un documento genuino del puño y letra de Harry. Por más que quisiera, está vez había perdido. No podía hacer nada, si el jefe de aurores ya había dado su autorización, no había marcha atrás.

— Está bien, pueden pasar a recoger su paquete, solo busquen a la señorita Vanity. — dijo Percy derrotado.

— Después de todo, Potty si sirve de algo. — Masculló Draco con un buen humor.

Hermione le dió un codazo en las costillas al rubio aprovechando que Percy firmaba un permiso de liberación y no los estaba viendo.

— Cállate, que sin mi no hubieras conseguido nada. — contestó Hermione en voz baja, demostrando que estaba indignada.

— Disculpa, olvide que Potter tiene ese talento. Robar el crédito de las personas sin notarlo. — se excusó el sangre pura.

En ese momento tocaron a la puerta de la oficina.

— Pase. — gruñó de mala gana el pelirrojo.

Frente a ellos apareció Romilda Vane, una ayudante de Percy del departamento. En el brazo de la mujer de rizos negros traía consigo una lechuza parda.

— Disculpe la intromisión, señor Weasley. Traigo a este pequeño animal que quería infiltrarse en su oficina, pero al parecer no encontró camino. — explicó con paciencia la bruja a su jefe. Este arqueó sus cejas sorprendido. — Es de Hogwarts, al parecer estaba buscando a los señores Malfoy.

Automáticamente el ave al ver a la pareja anteriormente mencionada, voló hacia Hermione. Por su parte, ella la sostuvo en su brazo y tomó la carta que tenía para ofrecerle.

— Gracias señorita Vane. En un momento los señores Malfoy irán a recoger un paquete a tu cubículo. Necesito que lo prepares. — ordenó Percy en tono autoritario. La mujer no dijo nada, solo se limitó a asentir y retirarse del lugar.

— Nosotros nos retiramos, no tenemos nada más que hacer aquí. — mencionó abruptamente Hermione con frialdad — Gracias por su apoyo, señor Weasley.

— Hasta luego. — Masculló tenso el pelirrojo mirando como la pareja salía de su oficina apresuradamente.

Aprovechando que los Malfoy se habían retirado, Percy se preparó para escribir una carta a su hermana Ginny. Tenía que advertirle que Harry estaba siendo manipulado por aquel par de magos. Era inaceptable que el salvador del mundo mágico tuviera relación con una familia de esa calaña lamentablemente. No podía hacer más que advertirle a su pequeña hermana que tuviera cuidado sobre las relaciones sociales que tenía su esposo. Podían los Malfoy representar una amenaza para la estabilidad del matrimonio Potter.

Por otro lado, Draco y Hermione caminaban apresuradamente hacia un ascensor por un pasillo vacío. El mago ya se encontraba más calmado, ya que traía consigo su paquete de ingredientes encogido y guardado en alguno de sus bolsillos de la túnica. Fue en ese lapso de tiempo que Draco miró interrogante a su esposa. Sabía que ella por lo general tenía una necesidad de tratar a las personas con educación cuando se lo merecían. Ese cambio de tono que tuvo con el pelirrojo pomposo solo podía significar una cosa: su mujer estaba de mal humor. Malfoy dedujo que tal vez se debía a la carta recién abierta que tenía en sus manos. La lechuza venía volando detrás de ellos con calma.

Si la carta venía de Hogwarts, lo más lógico que podía ser es que sus hijos habían hecho algo grande.

— ¿Qué es lo que han hecho ahora?. — preguntó el mago con curiosidad.

— Por su bien, espero que nada grave. — Masculló malhumorada la castaña mientras extendía el pedazo de pergamino hacía el blondo.


26 de noviembre de 2017

Queridos Señores Malfoy.

Se les informa que es necesaria su presencia en el colegio para tratar asuntos relacionados con la conducta de sus hijos. La reunión se llevará a cabo a las 6:00 pm.

Se precisa que es un asunto urgente. Sin más espero su presencia puntual en la dirección.

Minerva Mcgonagall

Directora de Hogwarts Colegio de Magia y hechizeria


Draco terminó de leer la carta y miró optimista a Hermione.

— Vamos, no suena tan mal la situación. Solo estás exagerando, Granger. — dijo Draco optimista.

— Malfoy tenían que ser esos diablillos. — Masculló molesta la castaña.


Hospital San Mungo de Enfermedades y heridas mágicas.

Oficina de Theodore Nott

5:30 pm

El medimago especialista cardiólogo se había hecho un pequeño espacio en su agenda para tener la oportunidad de almorzar junto a su esposa en su oficina. La mayoría de veces Theodore era un hombre ocupado, ya que su profesión le exigía demasiado, más no por eso descuidaba a su familia y se tomaba su tiempo para estar con ella. Luna siempre había sido paciente y comprensiva con la situación, es por eso que ella no ponía ninguna objeción a las reuniones esporádicas.

— Pandora el otro día me ha escrito. Me comenta que Lysander está infestado de Torposoplos. — comentó con tranquilidad Luna Nott mientras degustaba su merienda. Theo alzó su mirada curiosa del plato y la posó en ella.

— Al parecer Dora no es la única que lo ha notado, Lorcan también me ha escrito. — dijo curioso el mago castaño. — ¿Qué estará pasando con Lysander?.

— Theo, ya deberías saberlo. Lysander está enamorado. — Contestó la rubia risueña.

Theo al principio se mostró un poco sorprendido, pero después de analizar con calma las palabras dichas por su esposa, todo cobró sentido. Era obvio que aquello sucedería tarde o temprano. Solo se le podía ocurrir una responsable del estado de su hijo mayor.

— Esos Malfoy son de cuidado, ni siquiera mis propios hijos son capaces de resistirse a sus encantos. — dijo Nott en tono derrotista. — Algo me dice que mi pequeña Dora irá por el mismo camino…

— Con la adición de los genes de Hermione al linaje Malfoy se provocó que esa cualidad se asentará aún más en ellos. — mencionó la bruja rubia fascinada. — Antares es una bruja muy buena, se que será la correcta para mi pequeño.

— Me sentiría muy orgulloso si esa pequeña se convierte en la futura matriarca Nott. — comentó con tranquilidad el mago. — Ya espero con ansias el momento en que Draco se entere. — añadió Theo maliciosamente sonriendo de lado.

Sabía lo protector que podía ser su amigo rubio con sus hijas. En la cabeza de Draco Malfoy jamás entraría la idea de que ellas crecieran.

— Blaise se sentirá destrozado. Ya sabes que él esperaba que el pequeño Bruno algún día lograría conquistar a Antares. — dijo Luna un poco desilusionada.

— Esto se pone mejor, tengo que comunicárselo de inmediato. — sonrió cínico el hombre de ojos zafiros. — ¿Será apropiado que empiece a negociar un contrato matrimonial con Draco?.

— Theo, debes de ser más considero. Ni siquiera sabemos si Antares le corresponde a nuestro hijo. Primero veamos que tal van las cosas. — contestó pacientemente la rubia. — Además dudo mucho que Hermione acceda a un contrato, ella preferiría que las cosas fluyeran con normalidad.

— Siempre tan sensata, querida. — dijo Theo sereno.

De repente, una lechuza negra entró por la ventana de la oficina, situándose frente al patriarca Nott. El hombre imperturbable tomó la carta y desdobló el pergamino para leer.


26 de noviembre de 2017

Queridos Señores Nott.

Se les informa que es necesaria su presencia en el colegio para tratar asuntos relacionados con la conducta de su hijo, Lyssander Nott Lovegood que ha sido involucrado en un problema con otros compañeros. La reunión se llevará a cabo a las 6:00 pm.

Se precisa que es un asunto urgente. Sin más espero su presencia puntual en la dirección de al menos uno de los dos.

Minerva Mcgonagall

Directora de Hogwarts Colegio de Magia y hechizeria


— Y hablando del rey de Roma. — dijo Theo irónico, mientras le pasaba la carta a su esposa. — Es de Hogwarts, Luna. Nos citan por el comportamiento de Lysander.

— Espero que no sea nada grave. — mencionó un poco preocupada la rubia.

— Seguro es cosa de nada. Sabes que Minerva tiende a exagerar las cosas. — dijo Theo despreocupado. — Tengo libre la tarde, si gustas podemos ir juntos.

— Eso me gustaría Theo, pero me temo que no será posible. Tendrás que ir solo está vez. — dijo Luna un poco apenada. — Hoy tengo que atender una reunión con mis reporteros del periódico.

— Bueno, qué más da. Iré solo, solo espero que no vaya a perder mi tiempo. — dijo el mago un poco desanimado. Luna se acercó a él y besó su mejilla. — Mi consuelo es que al menos en la reunión estarán Draco o Blaise muy seguramente. Nuestros hijos no se meten en problemas solos.


Callejón Diagon

Sortilegios Weasley

5:30 pm

— Ron, estás demente. — dijo George Weasley burlón.

En Sortilegios Weasley se encontraba Ronald y su esposa visitando a George. El día de hoy, Angelina no se encontraba en el negocio. Debido a lo anterior, George se había ocupado del establecimiento por sí solo. Hasta ahora el día había resultado sumamente aburrido para él, hasta que apareció su hermano menor en compañía de una de sus cuñadas. El hombre bromista pensó que su hermano menor sería un remedio para su malestar, pero hasta ahora solo había representado un fastidio.

Mientras Lavender revisaba la mercancía de manera curiosa, Ron había aprovechado la distracción de su esposa para hablar de la situación de Hermione con George. El menor de los Weasley pensó que George no estaba enterado sobre la vida de la mujer de oro. Lo que Ron desconocía es que su hermano nunca perdió contacto con la castaña. Hermione y el gemelo Weasley siempre intercambiaron cartas hablando de cómo iba el rumbo de su vida. Incluso el mago pelirrojo en ocasiones llegó a visitar a los Malfoy en Francia. Tan buena era la convivencia que George era padrino de Narcissa II Malfoy junto con Kingsley, la única hija del matrimonio Malfoy que tenía dos padrinos y ninguna madrina.

— Te lo digo, George. Se que puedo hacer que Hermione deje a ese degenerado. — dijo convencido Ronald. — Yo sé que ella me sigue amando. Solo se está haciendo la difícil por lo que pasó hace 17 años.

— Rony, estás bromeando. ¿Qué ganarías en romper un matrimonio completamente funcional?. — contestó el pelirrojo mayor en tono de reprimenda. — ¡Además tienes esposa! ¡No tiene sentido!.

— Sabes bien que lo mío con Lavender es práctico, más no verdadero. Es una señal, por algo regresó Hermione a Londres. — explicó Ron entusiasmado, pero sin levantar demasiado la voz.

— Hermione regresó para que Draco pudiera hacer su trabajo cómodo. Ya sabes que él es el encargado de buscar una cura para el Machiattis. — dijo George con obviedad. — No me digas, ¿Tu piensas que ella regresó por ti?. — preguntó socarronamente.

Con gracia pudo apreciar cómo Ron abría la boca ligeramente en una muda protesta.

— Por Godric, en verdad lo crees… — dijo George incrédulo. — Mira Ron, no te metas en dónde no te llaman. Draco y Hermione son felices, deberías empezar a buscar tu propia felicidad y avanzar. — añadió serio.

El mencionado se sorprendió de gran manera, pues no era común que su hermano se expresará de esa manera. ¿Quizá George tenía razón?, ¿Debía dejar de lado el amor que sentía por Hermione?. Después de meditarlo unos segundos, decidió que no. Él no dejaría que la mujer siguiera por aquel camino deshonroso en el cual estaba metida. No, él le mostraría lo que es ser una digna esposa. Ella sería Hermione Weasley.

George pudo ver con decepción los gestos faciales de su hermano obstinado. Sabía que no dejaría las cosas por la paz.

— ¿Al menos has pensado en tus hijos y en cómo se sentirían si te separas de Lavander? ¿Estarías dispuesto a aceptar a los de Hermione?. — preguntó el pelirrojo mayor cauteloso.

— Puf, es obvio que Rosebud y Hugo aceptarían a Hermione sin problemas. Además no voy a negarles el derecho a ver a Lav. — dijo Ron con obviedad. — Aunque los hijos de Hermione no van a volver a tener relación con ella. Esos demonios son igual a Malfoy, sobre mi cadáver, no dejaría que influyeran a mis hijos.

— ¡Jajajaja! Eres un caso especial. Me acabas de demostrar que una babosa carnívora tiene más cerebro que tú. — dijo George riendo sin control. Lavender de soslayo los volteo a mirar, pero decidió ignorarlos. Ron enrojeció de golpe, pero se mantuvo en silencio, ya que George volvió a mostrar un rostro imperturbable. — Tengo que advertirte algo, Rony. Hermione y Draco son mis amigos, así que te voy a pedir que no te metas con ellos, sino tendré que tomar medias.

— ¿Qué? ¿Te volviste loco?. Entiendo lo de Hermione, pero ¿Malfoy? Es un Mortifago. — dijo el Weasley menor disgustado. — ¡Yo soy tu hermano! Deberías estar de mi lado.

— Deberías empezar a cambiar tus prejuicios, así podrías ver la realidad del mundo. — Dijo solemne George. — No importa que seas mi hermano, se que lo que haces está mal. No voy a apoyarte en arruinarte la vida y de paso la de otros.

Ronald estuvo a punto de protestar, pero una lechuza tocó a una de las ventanas del local. George movió su varita para que la ventana se abriera y diera paso al animal volador. La lechuza se posó frente a Ronald y Lavender se acercó a los hermanos con cierta intriga. Con algo de duda, el pelirrojo menor tomó la carta y la abrió.


26 de noviembre de 2017

Queridos Señores Weasley.

Se les informa que es necesaria su presencia en el colegio para tratar asuntos relacionados con la conducta de su hija, Rosebud Weasley Brown que ha sido involucrada en un problema con otros compañeros. La reunión se llevará a cabo a las 6:00 pm.

Se precisa que es un asunto urgente. Sin más espero su presencia puntual en la dirección de al menos uno de los dos.

Minerva Mcgonagall

Directora de Hogwarts Colegio de Magia y hechizeria


— ¿Cómo es eso posible? Mi Rose no se mete en problemas. ¡Debe ser un error!. — Comentó Lavender en tono histérico e indignado.

— Y yo que pensaba que mi pequeña no tenía madera de bromista. — dijo Ronald optimista, tratando de aliviar el ambiente tenso que se había formado por la conversación anterior entre ellos. — Debes de sentirte muy orgulloso de tu sobrina, George.

— No se que decirte, Ron. No creo que sea por una broma por la cual los están citando. — contestó el gemelo no muy convencido. — En el pasado cuando Fred y yo hacíamos una broma, Minnie no llamaba a mamá y papá por cosas tan vanas. Aquí hay un gato encerrado.

— ¿A quién le importa un gato encerrado?. Mi pequeña se ha metido en un problema injustamente. — dijo la bruja rubia de rizos desesperada. — Estoy segura que le han hecho algo grave.

George le miró un poco frustrado. No tenía nada en contra de su cuñada rubia, pero en ocasiones podía ser muy desesperante. Ron compuso una mueca asustado.

— Será mejor llevar a Harry, él puede hacer que Minerva entre en razón. No quiero imaginarme si alguien ha lastimado a nuestra pequeña. — dijo un poco apesadumbrado. Después, su rostro pecoso se contrajo en una mueca desagradable. — Estoy seguro que los hijos de tus queridos amigos, los Malfoy tienen que ver en algo. — añadió molesto dirigiéndose a George.

— Vamos, relájate. — dijo con calma el gemelo. — Dudo mucho que los pequeños huroncitos le hayan hecho algo a Rose, a menos que se lo haya buscado.

— Más les vale, porque si me llegó a enterar que los hijos de esa desabrida le han hecho algo a mi querida Rose, me las va a pagar. — dijo de mala gana Lavender mientras se alejaba a la salida del negocio. — Ro-Ro, vamos por Harry. ¡Ahora!

Ron y George se miraron entre ellos.

— Cielos, creo que escucho lo que hablamos. — dijo divertido George.

— Claro, diviértete a mi costa. Tu no soportas los gritos. — contestó apesadumbrado Ron siguiendo a su esposa que ya había marchado de Sortilegios Weasley.


Tribbianni Restaurant

Callejón Diagon

5:30 pm

Si las miradas matarán, Blaise Zabini ya se encontraría 4 metros bajo tierra gracias a la mirada que le dedicaba Pansy. El matrimonio había decidido comer en un restaurante del callejón Diagon para salir un poco de su rutina. Habían elegido uno que se caracteriza por servir comida italiana, todo gracias a una petición de Blaise. Lo que el moreno no le había comentado a su esposa, era que el restaurante pertenecía a una cadena en la que su madre era dueña.

No es que su suegra no fuera de su agrado, pero en ocasiones podía llegar a ser una arpía. Hace muchos años, la Señora Zabini no había estado de acuerdo en el matrimonio de Pansy y su hijo. Mellea Zabini podía ser muy dura juzgando la apariencia de otros, por lo tanto había llegado a la conclusión en ese entonces que Pansy no era lo suficientemente presentable y hermosa para ser la nueva señora Zabini. Incluso había tratado de conseguir otra prometida para Blaise.

Esas rencillas entre ellas tenían años, e incluso Mellea Zabini se había convertido en una carismática y dulce bruja que se había disculpado con ella, pero Pansy aún no olvidaba, era muy rencorosa cuando se lo propone. Debido al sentimiento de rechazo que tenía la bruja azabache hacía su suegra, trataba de no frecuentarla. Eran contadas las veces que la veía al año. Pansy sabía que al haber ido a su restaurante predilecto de Mellea, ella pronto aparecería en su mesa para saludar a su querido hijo.

Acompañando al matrimonio Zabini y a su hija Isabella, se encontraba Daphne y Alhelí Potter, observando a la pareja con curiosidad.

Isabella Francesca Zabini Parkinson era la segunda y última hija de Pansy y Blaise. Su apariencia era la de una niña de tez morena, con cabello largo pelinegro ligeramente ondulado, y de ojos color verdes olivo como su madre. Era por lo general la hija mimada de papá, pero tenía un gran corazón humilde y bondadoso. A pesar de que sus padres eran astutos y Slytherin hasta el hueso, la pequeña Isabella era más parecida a un lindo tejón. Ella aún no tenía la edad suficiente para ir a Hogwarts, pues apenas tenía seis años, igual que Alhelí Potter.

— Mami, ¿Qué le sucede a tía Pansy y Tito Blaise?. — preguntó desconcertada la pequeña niña.

— Nada, cariño. Solo que tía Pansy adora a tu tío. — respondió con humor Daphne, provocando la risa de las dos infantes.

— Vamos, Pans. Ella hoy no está aquí, no pongas esa cara. — dijo Blaise sin acongojarse ante la mirada de su esposa. —Como dice Daph, tú me adoras. No puedes hacerme daño cuando solo quería que pasáramos un momento tranquilo. — añadió el moreno optimista sonriendo.

— Hace mucho que no vemos a la abuela, quizá no haga daño saludarla. — admitió contenta Isabella Zabini.

Estaba Pansy a punto de protestar, pero una voz a sus espaldas no le dejó.

— Argh, de haber sabido que este restaurante dejaba entrar a cualquiera mejor hubiera optado por otro. — dijo Ginny de mala manera. Todos los comensales de la mesa dirigieron su mirada a la pelirroja.

— ¿Qué disparates estás diciendo Weasley? Este restaurante es tan incluyente que incluso dejan que tú entres, no sé porque te ofendes. — respondió Pansy maliciosa.

— Te equivocas Párkinson. Me refiero a ustedes, calaña Mortifaga. — contestó ofendida la bruja Gryffindor mirando con desprecio a los tres adultos. — Además, para tu información soy "Potter".

— Para nosotros siempre serás Weasellete. Dudo mucho que demuestres ser una Potter honorable, te queda grande la calza. — comentó Daphne con humor ácido.

Alhelí le miró sorprendida, pero no dijo nada. Era extraño conocer esta nueva faceta de su madre, a la cual la consideraba sumamente dulce y amigable. Aunque debía admitir que aquella señora Pelirroja no le daba confianza por la forma en que se dirigió a los adultos. Además de que tenía muchas dudas, ¿Por qué la señora compartía con ella el apellido Potter?. ¿Acaso ella era la esposa de su padre? La mujer que era el obstáculo para que su papi estuviera con su madre y ella.

— Cállate, Greengrass. No eres la mejor opción para abrir la boca cuando aún eres una solterona. — dijo Ginevra con suficiencia.

— Que triste que te sientas realizada solo por tener un esposo. — dijo la rubia fingiendo sentir lástima por la pelirroja.

— Papi, ¿Quien es esa señora?. — preguntó un poco tímida Isabella.

— Compórtate, Weasley. Sino tendré que pedirle a seguridad que te saque del lugar. — añadió fastidiado Blaise, interrumpiendo la contestación de la mujer, mientras tranquiliza a Isabella. — Estás arruinando nuestro almuerzo familiar.

Ginny hizo una mueca torcida de desagrado al verse interrumpida. Aunque no quisiera hacerlo, debía comportarse. No era tan tonta, pues al menos estaba enterada sobre que la dueña del restaurante era Mellea Zabini, la madre del moreno italiano que tenía frente. Por un momento, Ginny envidio a Pansy Parkinson. Su esposo de la pelinegra se veía que era un caballero muy guapo, gracioso y apasionado. Todo lo anterior sin nunca perder la etiqueta. Además, podía apostar que el mago de ascendencia italiana era muy espontáneo y vivaz. Nada que ver con Harry, el mago pelinegro hogareño y aburrido en el que se había convertido.

Después de haber analizado a Blaise Zabini que la miraba en ese momento con fastidio, posó sus ojos en la infante que se encontraba en la mesa. Ginevra consideraba que la niña era bonita y agraciada a simple vista. La interrogante de la situación era ¿Qué hacía esa niña con ellos?. Jamás la había visto, y hasta donde tenía entendido los Zabini solo tenían un hijo varón y la hija morena que se encontraba ahí. Solo quedaba una opción: Daphne Greengrass. Aunque no tenía sentido, si la rubia ni siquiera tenía esposo.

— ¿Quién es esta agradable chiquilla?. — preguntó con falsa cortesía la pelirroja.

Pudo observar como Alhelí sonreía ampliamente.

— Mi nombre es Alhelí Po...— dijo entusiasmada la niña, pero fue interrumpida por un apretón en su muslo de parte de su madre. Alhelí tenía toda la intención de proclamar ante la pelirroja que ella también era una Potter gracias a su padre Harry. Al parecer su madre no estaba de acuerdo con ella. La pequeña niña pelinegra observó como la pelirroja arqueaba una ceja confundida. — Soy Alhelí Greengrass, señora Weasley.

Daphne y Pansy suspiraron aliviadas al escuchar la contestación de Alhelí. Por su parte, Blaise hizo un puchero frustrado. Pues solo quería ver el mundo arder con la declaración de su pequeña sobrina Potter. Ginny le miró con asombró, pues había tenido razón. Esa niña era hija de la bruja rubia frente a ella, además de que los ojos de la niña confirmaban su parentesco con Greengrass, pues las dos los tenían azules como el hielo. Un detalle que llamo mucho la atención de Ginny fue el cabello de Alhelí, pues era pelinegro. Así que concluyó que su padre tenía este color de cabello.

— Que bien. — Dijo con simpleza la pelirroja, para después mirar con malicia a Daphne. — Al parecer te han dejado con el paquete completo. Es una pena, pero no te preocupes, al menos ya no estarás tan sola siendo soltera. — dijo Ginny fingiendo lastima mientras se alejaba del lugar para ir a la entrada de la cocina.

Daphne solo se encogió de hombros ante la contestación de Weasley, pues no le afectaba en lo más mínimo lo que pudieran creer de ella. Lo único que le importaba era formar una familia con su hija Alhelí. La pequeña solo se encogió en su asiento un poco incómoda, pero se tranquilizó por la sonrisa que le dedicó la rubia. Isabella también sonrió tranquilizadora a su amiga.

— Ah no, ¡Yo la maldigo! — dijo Pansy iracunda mientras estaba dispuesta a pararse de su asiento.

Blaise la detuvo, tomándola de su mano.

— Querida, estás asustando a Isabella. — le dijo un poco preocupado el mago. Pansy se detuvo en seco y miró a su hija respectivamente. Suspiró para dejar ir su enojo.

— Perdón, cielo. Tu sabes que me pone de muy mal humor que se metan con nuestra familia. — comentó con ternura la pelinegra mientras abrazaba delicadamente a la infante.

— No te preocupes, mami. Yo entiendo, esa señora es desagradable. — dijo Isa con tranquilidad.

De repente a Blaise se le ocurrió una idea.

— Sigamos a Weasellete encubiertos con un encantamiento desilusionador. ¿No te parece extraño que se encuentre aquí?. — susurró Blaise en tono conspirador a su esposa.

Al moreno le parecía sumamente extraño que la pelirroja no se sentará en una mesa para comer. ¿Qué tenía que hacer ella en la cocina del restaurante?.

— Jamás creí decir esto, pero tienes razón. No está de más ser un poco cotilla de vez en cuando. —dijo con chulería Pansy.

Los dos rápido se incorporaron de su asiento y encargaron a su hija con Daphne, quien los miraba con desaprobación. Se alejaron y antes de entrar a la cocina usaron el encantamiento desilusionador. Una vez que se encontraban dentro, alcanzaron a visualizar una cabellera pelirroja al final de la habitación. Con cautela, y sin chocar con nadie se acercaron a su encuentro.

Ginny se encontraba hablando con Oliver Wood.

— Ya sabes porque me encuentro aquí. ¿Tienes unos minutos?. — preguntó Ginny con seriedad.

— Se supone que no debes buscarme en horario laboral. ¿Qué pasaría si ocurriera una auditoría de Madam Zabini mientras no estoy?. — dijo Oliver un poco frustrado. — Soy el chef principal, no puedo darme esos lujos.

Oliver Wood cuando salió de Hogwarts intentó seguir su sueño de ser un jugador de Quidditch para algún equipo profesional, pero por más que asistió a varias pruebas de admisión, nunca pudo conseguir un puesto. Resignado, decidió estudiar la carrera de Chef mágico. Hoy en día, era el chef principal del Tribbianni Restaurant.

— Vamos Oli, no seas aguafiestas. — contestó Ginny sonriendo seductoramente.

Blaise y Pansy se miraron intrigados. ¿Acaso Weasellette estaba engañando a su marido?. Blaise sonrió como un demente. Estaba seguro que de ahí sacarían información valiosa con la cual compartir con sus amigos.

— Está bien, solo cinco minutos. De todos modos tengo tu pedido. — dijo Wood fastidiado mientras se quitaba su delantal. — ¡Pucey te quedas a cargo! Regreso en 10. — gritó a su sous Chef autoritario.

Fue así que los dos ex Gryffindor salieron por la puerta trasera del establecimiento. Mientras tanto, los Zabini les seguían a una distancia prudente.

— Vaya, Adrián Pucey trabajando en una cocina. Nunca lo hubiera imaginado. — Susurró Pansy impresionada.

— Y pensar que antes le daba asco hasta tomar la comida de las manos. — contestó en voz baja el moreno.

Siguieron pasando desapercibidos tras la pareja de magos. Estos por su parte se encaminaron por unas calles vacías del callejón Diagon. Cuando se dieron cuenta, ya casi estaban cercanos al límite del callejón. Ginevra y Oliver entraron a un callejón vacío y lúgubre de la calle.

— Así que tienes ya mi paquete, eso es maravilloso. — dijo la pelirroja con alivio rompiendo el silencio del lugar.

— No tenía de otra que conseguirte las cosas rápido, fastidiarte al jefe con tanta correspondencia. — contestó ceñudo Wood.

—Smith puede llegar a ser temperamental. Me alegro que sea tan eficiente. — respondió satisfecha la pelirroja.

Zacharias Smith para la mayoría del público en Londres había sido un administrador de empresas que había decidido irse del país a buscar nuevos horizontes. Lo que muy pocos sabían es que el hombre ex tejón había sido capaz de armar una cadena de tráfico de ingredientes ilegales tan eficaz que era difícil de detectar por el gobierno de Londres. Al parecer el ex Hufflepuff seguía demostrando que no era para nada leal a las buenas causas. Por su parte, Oliver Wood consideraba que no ganaba lo suficiente como el jefe Chef del restaurant tribbianni, por lo tanto terminó envuelto en el negocio turbulento de Smith. Aunque las tareas de Oliver eran de un simple Dealer.

— El poder de los Galeones. — comentó con simpleza Wood mientras le entregaba una bolsa de papel con un pequeño contenedor de plástico dentro.

La bruja solo abrió la bolsa un poco para echar un vistazo. Una vez que comprobó el contenido la cerró y la metió en su bolso de mano.

— ¿Estás segura de que quieres seguir con esta farsa?. Sé que puedes encontrar a un mago que en verdad te aprecie. — mencionó Oliver. — Harry nunca te ha querido, deberías dejarlo ser libre.

— ¿Y tener que volver a empezar con alguien desde cero?. No lo creo, además Harry es un mago de grandes influencias y poder económico. Los únicos que pudieran superarlo en estos aspectos serían los antiguos miembros de los sagrados 28, pero ya están casados. — explicó Ginny con sencillez. — Además jamás sería esposa de un asqueroso Mortifago, aunque siempre puedo ser una querida amante que no dé la cara al público y tenga los lujos suficientes. Aunque prefiero mil veces tener a Harry atontado y encantado comiendo de la palma de mi mano. — añadió petulante.

Pansy quería soltarse a reír a rienda suelta en ese momento. Qué optimista era la comadreja al poder pensar que podía meterse con alguno de sus amigos casados.

— Nunca te he preguntado sobre esto, pero ¿Tus hijos al menos los tuviste por voluntad?. — preguntó Wood un poco consternado.

Aún le pesaba un poco al mago castaño lo que sucedía con la familia Potter. Oliver estaba enterado sobre el encantamiento al cual estaba sometido Harry día con día. Sentía algo de culpa por no confesarle la verdad al pelinegro que fue su amigo en Hogwarts, pero si lo hacía perdería su empleo en la red de tráfico y no podía permitirse aquello, ya que era un gran ingreso para su economía. Mientras tanto Blaise se tapaba la boca con sus manos asombrado mientras que Pansy estás imperturbable en su lugar. ¿De qué encantamiento hablaban esos dos?.

— Por supuesto que sí, mis tres hijos garantizan mi pase para asegurar que Harry nunca me dejará. No pienso volver a la vida miserable de pobreza en la cual mis padres me tenían. — explicó la pelirroja cínicamente. — Además no es mucho trabajo, los niños se cuidan solos.

— Cielos, eres una perra. — balbuceo Oliver incrédulo.

— Lo sé, pero una perra con suerte. — contestó orgullosa Ginny.

Pansy volvió a ver a Blaise, y por medio de Legeremancia se comunicó con él.


— Eso quiere decir que tuvo a los tres pequeños Potter como seguro de póliza. — Afirmó Pansy en la mente de Blaise.

— Los señores Weasley deben estar decepcionados. Aquí se demuestra que incluso en las familias más bondadosas siempre existen ramas chuecas en el árbol. — dijo Blaise. con una seriedad poco habitual.


— Por cierto, Olí. La Datura que me proporcionas ¿Sigue siendo de la misma especie?. — preguntó con duda la bruja pelirroja.

— Por supuesto que sí, no dudes de la calidad del material. — respondió Wood.

— Ah, es que tenía dudas. Últimamente he notado a Harry más distante, ya casi no viene a la casa, ni salimos. Es como si fuera con Harry antes de la guerra. — explicó consternada.

— Pues seguramente no has estado manejando las dosis adecuadas, o tu esposo ya no la está tomando. Te recomiendo que tengas cuidado, no quiero meterme en problemas por tu culpa. — Masculló de mala gana Wood.


— Por Salazar, ¡Potter está encantado!. — le dijo Zabini a su esposa asombrado. — Imagínate esta noticia en los medios. ¡Sería una bomba!. Yo debo ser el autor de dicha información. — añadió extasiado.

— Blaise, cariño. Primero debemos analizar qué podemos hacer con la información. — Reprendió con levedad la pelinegra. —Te apuesto lo que quieras que hasta Draco y Hermione están al tanto, no por nada el rubio insistía tanto en recibir sus ingredientes.

— A veces eres una aguafiestas, Pans. — comentó Blaise cruzándose de brazos y haciendo un puchero. — ¡Ahora me vas a salir con que Theo también está enterado!

Pansy solo sonrió de lado con suficiencia y se encogió de hombros.


— ¿Dónde quedó tu lado Gryffindor? Nadie se enterará. — dijo Ginny con tranquilidad, sentimiento que se vio interrumpido por la llegada de una lechuza.

Era la copia exacta de la antigua lechuza de la familia Weasley. Filibert era el hijo de Errol, y pertenecía a Percy Weasley. Ginny miró con curiosidad como la lechuza dejaba una carta en el suelo y se iba de manera despreocupada sin esperar una respuesta de su parte. Rápidamente la tomó para leerle.


Querida Ginny

¿Qué es lo que le pasa a tu marido?. Hace unos momentos vinieron los Malfoy a mi oficina exigiendo un paquete que no se les había entregado. ¡Llevaba dos semanas planeando la postergación de la entrega para fastidiarlos!, pero gracias a tu querido Harry no fue posible.

Al parecer les proporcionó un memorándum en dónde les daba permiso y poder de retirarlo y pasar por mi autoridad. ¿Cómo esperas que comprobé que Malfoy está coludido en el tráfico de ingredientes si ni siquiera tengo oportunidad de recabar pruebas en su contra?.

Controla a tu marido, Ginny. Anda muy extraño.

Saludos, Percy.


Ginny al terminar de leer el "pequeño" relato, compuso una mueca de disgusto y frunció su ceño. Oliver nuevamente le miró interesado.

— Harry...— Susurró molesta.

Pareciera que su acompañante no la había escuchado, pero los otros dos testigos Slytherin que estaban escondidos si.

— ¿Pasa algo?. — preguntó Wood.

— Nada de tu incumbencia, si te vuelvo a necesitar te mando una lechuza. — dijo la pelirroja de mala gana mientras desaparecía del callejón.

— Ya ni un gracias da esa mujer. — dijo a la nada el mago castaño mientras partía nuevamente a su trabajo.

Una vez que se retiraron los dos conspiradores, Blaise y Pansy volvieron a ser visibles.

— Vamos, querida. Déjame compartir esta información con El Quisquilloso (ノヮ)ノ*.. sería una buena nota para Luna y sus lectores. — dijo el mago de sangre italiana emocionado.

— No, debemos hablar con Draco ahora mismo. Es más, tú le escribirás. — dijo en tono mandón la matriarca Zabini.

— ¿Ahora?. — preguntó ingenuo.

— ¡Ahora Zabini! — dijo fastidiada la pelinegra.

— Tu también eres Zabini, escribela tu. — dijo el mago con una gran sonrisa cínica.

— ¡Blaise! —


Hogwarts Colegio de Magia y hechizeria

Vestíbulo

5:50 pm

Entrando por las grandes puertas del castillo hacía el vestíbulo estaba la pareja Malfoy. Los dos tenían sus rostros imperturbables. Los dos estaban ideando un plan en sus cabezas para poder abordar a Harry de una vez por todas, para contarle la verdad de su esposa. Gracias a lo que descubrieron Blaise y Pansy sobre que Ginny estaba sospechando del efecto de Datura, debían estar alertas a que la pelirroja no hiciera un ataque en contra de su marido. Debían mantenerlo a salvó para que el pelinegro pudiera algún día volver a dedicarse de manera cariñosa a sus tres pequeños hijos, en especial de Albus. Para que fuera nuevamente un niño querido.

— Ahora que lo pienso, ¿Que hacían Blaise y Pansy con Ginevra?. — dijo en voz baja Hermione, una voz tan baja para que solamente su marido fuera capaz de escucharla.

— Los dos son un par de cotillas, de seguro fue casualidad. — dijo con curiosidad Draco.

Antes de que los dos pudieran seguir con su plática, Neville Longbottom se dirigió a ellos con una gran sonrisa en el rostro. Varios alumnos que se encontraban a los alrededores miraban la escena con curiosidad, pues era un poco extraño ver interactuar a los Malfoy fuera de la comodidad de su privacidad.

— Hermione, Draco. Que bueno que han llegado. — dijo alegremente el mago castaño.

— Neville, mírate. Te queda ser profesor. — halagó Hermione mientras le dedicaba una sonrisa casual a su amigo.

— Basta, tú no estás tan mal. — contestó chispeante Neville.

— Neville, ¿Cómo está Astoria?. — preguntó el rubio educadamente.

— Está algo ocupada en la enfermería, a un par de Hufflepuff se les ocurrió colocar algunas pastillas vomitivas en los almuerzos de sus compañeros. — dijo con sencillez el profesor.

— Oh, pobre Tory. — dijo con pena la mujer dorada.

— Y por eso querida, es que no podría ser medimago como Theo, odio el vómito. Por eso también admiro a Tory, es buena para la enfermería. — dijo el rubio con suficiencia.

— Siento tener que interrumpir la charla, pero es necesario que los acompañe al despacho de Minerva. — dijo algo avergonzado Neville.

Fue así cuando los Malfoy empezaron a caminar nuevamente, pero está vez en compañía de su amigo.

— Aquí entre nosotros, ¿Ahora que hicieron mis hijos?. — preguntó de manera conspiratoria Draco.

— Lo siento, no puedo decírtelo. Sino Minerva me mataría. — contestó con algo de incomodidad. — Lo único que puedo decirte es que los tres pequeños está bien, pero te recomiendo que estés atento, porque los Weasley están involucrados.

— Argh, no me digas que tendremos el placer de ver a las comadrejas. — se quejó Draco con asco.

— Lo siento, Draco. — dijo apenado Neville.

— No importa que haya pasado, solo espero que estén bien. — dijo un poco preocupada la castaña.

— Tus hijos siempre se salen con la suya para estar bien, el que me preocupa es el mío. — dijo una voz irónica a sus espaldas del trío de magos.

Los presentes giraron y se encontraron con Theodore y Luna.

— Hey, que tus gemelos no son unos ángeles. — gruñó de mala gana el rubio Malfoy.

— Neville gusto en verte. Espero que a la próxima reunión de amigos que hagamos puedan ya asistir Tory y tú. — comentó Luna feliz abrazando al mencionado.

Theodore solo asintió con su cabeza a modo de saludo general.

— Tenlo por seguro Luna. — dijo con amabilidad el profesor. — Además Tory necesita un descanso de Hogwarts, tal vez en navidad.

— ¿Por cuál de tus hijos estás aquí?. — preguntó Hermione con curiosidad.

— Lysander. — dijo con simpleza Theo, como si aquella palabra explicará todo. Draco abrió sus ojos demasiado.

— Por Merlín, espero que la razón de estar aquí no sea por lo que estoy pensando. — dijo Draco aterrado, empalideciendo.

El patriarca Malfoy sabía del enamoramiento que tenía el primogénito Nott por su princesa Antares. Esperaba que el chiquillo no se hubiera metido con su pequeña inocente.

— Draco, no pierdas la cabeza. — dijo Hermione con una sonrisa de suficiencia en su rostro.

— Si, Draco. Mi hijo aún no pide la mano de tu hija, así que relájate. — mencionó Theo con tranquilidad. — Por ahora...— añadió malicioso. El rubio le miró fulminante.

— Les garantizo que no es nada de eso, amigos. — comentó Neville para tranquilizar a los adultos.

Cuando se dieron cuenta ya se encontraban en la salida del despacho de la dirección. Neville giró sobre sus talones un poco apesadumbrado.

— Solo queda esperar a los Weasley. — dijo un poco incómodo Longbottom.

— No será necesario, Longbottom. — dijo la voz de Ronald Weasley detrás de ellos.

Acompañándolo venía su querida esposa Lavender y un tímido Harry Potter. Ronald miró de forma anhelante a Hermione, la cual lo ignoró olímpicamente, haciendo sonreír a Draco orgulloso.

— Hola Harry. — saludo Luna, Neville y Hermione amistosamente.

— Potty. — Masculló Draco con buen humor.

Y por último Theo solo cabeceó. El pelinegro se notaba un poco incómodo por la situación. Era extraño estar en esa situación en la que él no pintaba nada. Hubiera preferido pasar la tarde con su pequeña Lily, o en su defecto con su nueva hija Alhelí, pero las circunstancias lo habían llevado ahí.

— Hola chicos. — Contestó Harry con una ligera sonrisa.

Lavender le miró incrédula, mientras que Ronald hacía una mueca, demostrando estar confundido.

— ¿Harry?. — preguntó con duda el pelirrojo, pero fue ignorado por el pelinegro.

— ¿Por qué te han citado?. — preguntó Hermione con curiosidad al pelinegro.

— Porque sus hijos son Potter, leona. Un imán para los problemas. — dijo burlón su esposo.

— De hecho, no me citaron. Ronald y Lavender me pidieron que los acompañara. — explicó cansado Harry.

— Ah, ¿Eso significa que su hija también está en problemas como el de nosotros?. — preguntó Luna con inocencia a los Weasley.

— ¿Cómo te atreves Lunática?. Es obvio que mi Rose es incapaz de meterse en problemas. De seguro nos citaron porque sus hijos le han hecho algo. — contestó Lavender de manera impertinente. Luna abrió muchos sus ojos sorprendida y parpadeó desconcertada.

— Weasley, controla a tu esposa si no quieres que la maldiga. — dijo Theo mirando con frialdad a la pareja.

— Tranquilo, Theodore. No me afectan los comentarios de este tipo de gente. — comentó risueña la rubia platinada. — Además, debemos de ser comprensivos. Sus cabezas están tan llenas de Torposoplos. — añadió. Theo beso con dulzura su mano.

— Lav, mantén la calma. No te preocupes, cuando estemos frente a Minerva sabrá que hacer con los hijos de estás escorias. — dijo Ron con desdén.

— ¿Cómo estás tan seguro que tu hija es la víctima del problema que ni siquiera sabes cuál fue?. — preguntó con frialdad Hermione.

Ron al escuchar el tono de voz de la castaña la miró de forma penetrante. Está era su oportunidad para probarle a la castaña que su hija Rose era una niña bien portada, nada comparada con los críos que había tenido con Malfoy.

— Ya lo verás. — Masculló con suficiencia el pelirrojo.

— Por favor, mantengamos la calma. — pidió Harry con gran paciencia.

— Concuerdo con Harry, será mejor que pasen. Yo esperaré aquí. — dijo alentador Neville.

Los adultos empezaron a subir por las escaleras del pasadizo que conducía al despacho de Minerva. Una vez que llegaron a la puerta, Hermione se adelantó para tocar la puerta.

— Pasen. — se escuchó la voz de Minnie.

Una vez que se abrió la puerta, frente a ellos, sentada en su silla estaba Minerva Mcgonagall con su rostro serio, el cual se distorsionó al ver la presencia de los Malfoy y Nott. A un lado del escritorio de la directora, sentados en un sillón se encontraban Abraxas, Scorpius, Antares, Lysander y un poco más alejada de ellos estaba Rose llena de puntos morados pequeños por todo su cuerpo y rostro.

— Señores, buena tarde. Me alegra que hayan podido asistir a esta pequeña reunión tan inesperada. — dijo con seriedad Minerva.

Aprovechando el momento de silencio, Draco analizó a sus pequeños. Scorpius y Abraxas lucían bien, pero había notado algo extraño en su pequeña hija. Desde que entraron ella tenía su mano en su mejilla, como si quisiera cubrirla. Por otro lado, Draco dirigió su vista a la hija de Weasley. Las características manchas del Machiattis estaban en ella. La pregunta era, ¿Cómo está enferma la chica y porqué?. Estaba cien por ciento seguro que sus hijos tenían que ver algo, pero estaba sumamente intrigado por la razón de escoger tan terrible venganza en contra de ella. Por último, el patriarca rubio miró a su primogénito. Scorpius tembló ante el escrutinio de su padre, sabía que estaban metidos en un buen embrollo por no proteger a su hermana de la comadreja psicópata que estaba sentada con ellos.

Lavender estaba a punto de saludar a la directora, pero Hermione se le adelantó.

— Buenos tardes Minnie, ¿Me preguntaba cuál es el motivo de tan interesante reunión?. — preguntó en tono amistoso la señora Malfoy.

— La razón por lo que los he citado es por el comportamiento específico de un miembro de esta habitación. Verán… — empezó a explicar la directora cuando de repente fue interrumpido.

— ¡No fue mi culpa, ellos me provocaron! — grito histérica Rose incorporándose de su asiento para ir en dirección a sus padres. Lavender conmovida la recibió en sus brazos. — ¡Ahora estoy enferma!

— Dando lastima no vas a conseguir nada, Weasley. — Masculló Antares irritada sin descubrir su mejilla.

— ¿Qué te hicieron, cielo?. — preguntó Lavender preocupada a su hija. Esa coloración de puntos que tenía su hija en su piel no le gustaba para nada. Todos los presentes a excepción de Minerva y Ronald, miraban la escena escépticos.

— ¿Qué le han hecho? Se nota que ha sufrido a mano de estos monstruos. — dijo Ron ceñudo. — ¡Mírenla, incluso está llena de puntos púrpura!.

— Lamento que interrumpa está escena tan lamentable, pero las cosas no sucedieron así. — interrumpió Scorpius el bullicio que se estaba formando a su alrededor. — Permitan a la directora dar la versión verídica de los hechos.

— Tu niñato, no sabes con quién estás hablando. — dijo Ron iracundo apuntando con su dedo al niño desde su asiento en un gesto amenazador.

— Si, ya se. Ronald Weasley, héroe patético de guerra, roba crédito y auror de pacotilla, bla, bla, bla. — contestó Scorpius en tono aburrido.

— Ron, es solo un niño. — le reprendió Harry mientras fruncía su ceño. — Además debes de escuchar primero lo que dice Minerva para evitar sacar conclusiones apresuradas.

— Y erróneas obviamente. — añadió Theodore con obviedad.

— Weasley, recuerda que te estás dirigiendo a mi hijo. — Siseó Hermione amenazante mirando de mala manera al Pelirrojo, este se congeló en su lugar al sentir la mirada fulminante castaña sobre él.

— ¡Tú no eres nadie para amenazar a Ro-Ro!. — Musitó Lavender ofendida en tono chillón. Hermione solo giró sus ojos fastidiada.

— Argh, ¿Las comadrejas porque siempre son tan escandalosas y ridículas?. — se cuestionó Draco en tono quejoso y alto. Fastidiado se sobaba sus sienes en movimientos circulares para aliviar su dolor de cabeza.

— ¡Basta! Yo soy la única que puede dar la versión de los hechos. ¡Así que silencio!. — Musitó Mcgonagall en tono autoritario, haciendo callar a los presentes abruptamente. — Bien, ahora que he captado su atención puedo explicar qué sucedió.

La directora miró a los presentes para asegurarse que está vez nadie le interrumpiera.

— La señorita Weasley ha cometido una gran falta de respeto hacia su compañera, la señorita Malfoy. Al parecer estaban discutiendo sobre el reciente contagio de Rosebud con Machiattis. — explicó Mcgonagall con aplomo.

— Mi hija sería incapaz de eso. — chilló indignada la señora Weasley.

— ¿Qué? ¡Debe haber un error!. — comentó Ron indignado. Después miró con odio a la pequeña niña rubia rizada. — Le está mintiendo, no por nada es una serpiente manipuladora.

— Weasley, no voy a permitir que le hables así a mi hija. — Siseó Draco de manera fría incorporándose de su lugar. — Ten cuidado con lo que dices si no quieres que provoque que expulsen a tu mocosa y te saque a ti a patadas de aquí.

— ¡Lo ve! Incluso el padre es igual de manipulador. — comentó iracundo el pelirrojo.

— Señor Weasley, le garantizo que la información que logré recabar entre los testigos es verídica. Me temo que tendré que someter a Rosebud a un castigo. -- dijo Minerva sería. — ¿Qué tal limpiar el baño de Myrtle?.

— Antares, ¿Qué te hicieron?. — preguntó su madre imperturbable.

— Madre, me ha golpeado mi mejilla. Mira como me dejó. — lloriqueó lastimera y convincente la niña rubia mientras quitaba su mano de su mejilla y mostraba que estaba la zona hinchada con un gran hematoma de color púrpura con toques rojizos. Hermione ahogó un grito. Y Draco se quedó de piedra, pero sus ojos grises clamaban venganza.

— Minerva, me parece muy ligero que solo vaya a recibir un pequeño castigo. ¡Esa niña lastimó a mi pequeña! Merece una suspensión por lo menos. — especuló el patriarca Malfoy con seriedad. — La señorita Weasley es un peligro, incluso ahora que tiene esos puntos en su cuerpo.

— Bueno, yo…— estaba a punto de contestar la directora pero nuevamente fue interrumpida.

— Concuerdo con mi esposo, Minnie. ¿Qué clase de comportamiento tiene esa señorita? ¡Es indignante el trato que le están dando a mi hija aquí!. — respondió Hermione indignada. — Ni siquiera la han mandado a la enfermería para curar ese hematoma, la tienen sufriendo aquí innecesariamente.

— En Beauxbatons nunca nos hubieran tratado así. — añadió el rubio igual de indignado. Minerva no sabía que decir, solo permanecía inmutable.

Los tres pequeños Malfoy se quedaron en silencio. Sabían que sus padres no iban a dejar impune a la escuela por permitir que se les dañará a ellos de alguna manera. Hermione y Draco sabían que tal vez Antares estaba exagerando y sobreactuando por alguna razón sus dolencias, pero era inaceptable la situación. La chica Weasley se había metido con su hija y eso no lo iba a dejar pasar tan fácil. Por otro lado, los Nott permanecían en silencio, seguían sin entender su participación ahí. Potter también parecía una tumba, no sabía para que fue llevado a aquella batalla verbal campal.

— ¡Su hija se lo busco!. ¡Ella me contagió de Machiattis!. — gritó Rosebud molesta haciendo a todos callar en el proceso.

Ron y Lavender empalidecieron como la tiza. Hermione, Harry y Theo arquearon sus cejas de manera escéptica. Luna se tapó su boca para no dejar escapar un grito de sorpresa. Y por último, Draco sonrió de lado y empezó a reír elegantemente.

— Y encima te estás burlando. ¿Qué no escuchaste la gravedad que acaba de cometer tu hija en contra de la nuestra?. — dijo Ron molestó al rubio.

— Es imposible que mi hija haya contagiado a esa niña. El Machiattis se contagia solo en una fase específica de infección por el aire. — explicó Draco Sabiondo. — ¿Acaso ves a mi pequeña como un dálmata con manchas moradas como la tuya?. — añadió burlón.

— Amm, no, pero… — trató de excusarse Ron.

— Ella me arrojó una cosa asquerosa a la cara ayer en el gran comedor. De ahí empecé a sentirme mal y a desarrollar los síntomas. — explicó caprichosa la pequeña pelirroja.

— Solo era Slime, está exagerando. — Masculló Scor restándole importancia al asunto.

— ¿Qué es eso? ¿Alguna especie de poción oscura?. — preguntó Lavender con sospecha.

— Al parecer solo alguien es hábil en la adivinación. — Susurró burlón Theodore a Luna, quien rió delicadamente.

— Es un juguete Muggle, solamente. — admitió con desagrado su esposo.

— Entonces Señor Weasley, ¿Está consciente de la conducta de su hija y de la gravedad del asunto?. — preguntó Minerva con voz impasible.

— Si. — Masculló Ron derrotado.

— Su hija por lo tanto, deberá ser suspendida un mes. Así que aprovecharemos para que pase su fase infecciosa en casa. — explicó con tranquilidad la directora.

Todos la familia Malfoy sonrió petulante y triunfante.

— Harry, has algo. — dijo histérica Lavender sacudiendo levemente al pelinegro por su hombro.

— Yo no puedo hacer nada, Lav. Rose tiene que hacerse responsable de lo que hizo. — respondió Harry fastidiado.

— Disculpa Minerva, pero aún no entiendo nuestra presencia aquí. — dijo Theodore con seriedad.

— Oh, los llame solo como testigos de esta reunión. Al estar involucrados los Malfoy y los Weasley era necesario que existiera un mediador en caso de que las cosas se salieran de control. — Explicó con detenimiento. — Todo lo contrario, su hijo no hizo nada malo, solo se involucró desafortunadamente en este incidente.

Theodore iba a protestar por perder su tiempo, pero decidió callar. Los Malfoy harían lo mismo por él si las cosas fueran al revés.

— Entendemos, me alegra que Lysander no esté en problemas. — dijo Luna con tranquilidad.

— Entiendo que Scorpius haya estado involucrado en el conflicto, pero ¿Qué hace Abraxas aquí?. — preguntó Draco desconcertado.

— Yo solo vine a ver qué pasaba. — dijo sin vergüenza su hijo castaño.

— Igual a su padre, quiere estar en todo. — contestó burlona Hermione.

— ¡Hey!. Él lo heredó de su abuelo, no de mi. — dijo indignado Draco.

Ron se quedó muy pasmado al ver tan buena relación entre los Malfoy. No pensó que fueran tan amenos entre ellos, ya que siempre parecían estar hechos de hielo. Aunque le dolía admitirlo, tenía envidia de Malfoy. Él podía tener una hermosa y carismática esposa.

— Bueno, se pueden pasar a retirar todos. Excepto la familia Weasley. — dijo Minerva. — Fue un gusto saludarlos.

— Ron, yo también me voy. Tengo unas cosas que atender. — dijo Harry excusándose torpemente.

Fue así como la familia Malfoy, Nott y Harry Potter salieron del despacho. Una vez afuera, la familia Nott tomó su propio camino.

— Nos vemos luego familia, y por favor. Ya no metan en problemas a mis hijos. — Musitó Theo con un buen humor mientras exhibía una sonrisa ladeada.

— Hasta luego, chicos. — dijo contenta Luna alejándose del grupo. Lysander no dijo nada, solo se limitó a hacer un gesto de despedida con la mano. Harry también está a punto de irse, pero lo detuvo la castaña.

— Harry, no te vayas. Draco y yo necesitamos hablar contigo. Es sobre tu familia y Albus. — dijo con seriedad la mujer dorada.

— Amm, vale. Tengo tiempo de sobra hasta la cena. Les daré tiempo a solas mientras tanto. — dijo el pelinegro sonriendo quedamente mientras se alejaba de la familia. Hermione miró a su hija rizada.

— Muy buen maquillaje, en serio parece que si tienes un golpe. Debo admitir que me asusté cuando te vi por primera vez. — Confesó la mujer castaña con vergüenza.

— De hecho solo me dió un pequeño golpe que cure inmediatamente, solo quería darle drama a la situación. — explicó contenta Antares.

— Bueno, al menos nos hemos sacado de encima por un tiempo a Rosebud. — suspiró aliviado Scorpius.

— Después de todo se lo merece por todo lo que nos ha hecho y a Al. — confesó Abraxas sin dejar de sonreír.

— Ahora que lo mencionan, tienen mucho que explicar. — dijo con seriedad Draco. — No me cuadra que haya aparecido "mágicamente" un contagio de Machiattis en Hogwarts, especialmente en una Weasley.

— Todo tiene su razón, papi. — dijo Antares inocentemente.

— Bueno, aún tenemos algo de tiempo para que nos expliquen. — dijo con sencillez la señora Malfoy.

— Y ya después de eso, yo veré si ameritan un castigo o no. Aunque debo reconocer que meter a una comadreja en problemas vale oro. — dijo Draco cínico sonriendo torcidamente. — Les doy puntos por eso.

— Naa, no nos castigarás. Todo fue por la familia, padre. — dijo Abraxas relajado.