Yo soy la Señora Malfoy y este es mi legado.
Capítulo nueve: La inevitable verdad de ver
Hogwarts Colegio de Magia y hechizeria
Primer piso
6:20 pm
— Entonces entraron a mi laboratorio… — Siseó Draco enfurruñado.
— Técnicamente no fuimos nosotros. — dijo Abraxas un poco nervioso.
— Está prohibido para ustedes, esto es inaudito. — Masculló aún en el mismo tono su padre. — La chica Weasel no pudo haberse enfermado casualmente. Entraron por una muestra. — añadió perspicaz.
Draco Malfoy no sabía que sentir en esos momentos. Por un lado, quería gritar frustrado por la invasión a su privacidad y trabajo, pero existía aquel recóndito lugar de su corazón que quería sentir un gran orgullo y respeto por sus hijos, que de seguro habían sido capaces de formular un plan elaborado.
— Que nosotros no fuimos. — dijo nuevamente Abraxas con terquedad.
— Cissa, esa chiquilla. — Susurró Draco con sospecha.
La única de sus hijos que tenía la edad suficiente para entrar al laboratorio era su pequeña Narcissa. Aunque una parte de él sabía que ella no lo hubiera logrado sola. No señor, alguien más se debió haber enterado y los ayudó.
— ¿Acaso te molesta que le hiciéramos pasar un mal rato a Weasel?. — preguntó Scorpius confundido.
— Pensé que eras divertido, papá. — dijo burlona Antares, ganándose una mirada reprobatoria de parte del mago rubio.
— Para nada. Estoy seguro que hizo algo tan grave y estúpido como para haber acabado así por ustedes, pero me molesta que hayan entrado sin permiso al laboratorio. — explicó con seriedad su padre. — ¿Qué hubiera pasado si ustedes se hubieran contaminado?.
— Draco, deja que los chicos te expliquen primero. — mencionó Hermione con calma.
— Es muy sospechoso que estés actuando tan calmada, Leona. ¿No tuviste algo que ver en esto? — preguntó su esposo con sospecha.
— Desde luego que no. Me ofende que consideres la posibilidad. — contestó Hermione indignada. — Vamos, Dragón. Piensa con más profundidad. ¿Quién tiene acceso al laboratorio y es lo suficientemente cuidadoso y precavido para no dejar pistas de una intromisión?. — dijo la bruja en tono sabiondo.
Draco se quedó un momento en silencio evaluando las posibilidades mientras miraba los ojos castaños de su esposa. Solo había dos personas lo suficientemente astutas e ingeniosas como para salirse con la suya e inmiscuirse en un asunto ajeno solo por diversión. El patriarca Malfoy retiró la mirada de Hermione y la posó en el trío de pequeños que tenía enfrente. Antares como siempre se encontraba imperturbable ante su escrutinio. Scorpius parecía tan fresco y sin remordimientos, pero Abraxas se veía un poco impaciente ante su mirada inquisidora. Sabía que podía sacarle información a su hijo castaño en ese momento, pero no se le hacía justo abusar de la bondad de uno de sus hijos.
— Padre ha tenido que ver en esto… — afirmó Draco fastidiado mientras se sobaba el puente de su nariz.
— Vamos, Draco. Los chicos están sanos y salvos. No encuentro motivo para enojarnos con ellos. — comentó la bruja mayor alentadoramente.
— ¿Estás bien?. En circunstancias normales este trío de jovencitos ya estaría castigado hasta el próximo año. — preguntó el rubio con incredulidad.
— Son niños. — comentó despreocupada como si aquella afirmación fuera suficiente para explicarse. — Además, ¿Quién en su niñez no hizo travesuras?. — dijo la castaña restándole importancia al asunto mientras se encogía de hombros. Draco la evaluó con su mirada analítica, pero se esfumó con rapidez sustituyendola por una sonrisa burlona.
— A mi no me engañas, querida Leona. Tu no quieres castigarlos por una razón que tiene nombre. — dijo el Malfoy mayor en tono condescendiente y burlón.
— Tu sabes bien que si los castigo, Lucius no me dejara en paz hasta levantarles el castigo. — añadió Hermione un poco molesta. — La última vez que los castigue por jugar Quidditch dentro de la mansión junto con tu padre, él me siguió a todas partes ese día para convencerme de levantar el castigo. ¡Incluso me siguió al salón de belleza y se hizo un facial conmigo!. — bufó exasperada la ex Gryffindor. — No pienso volver a cometer ese error, no si él está involucrado en la travesura por la cual castigue a los niños. Prefiero mantener la calma y no molestarme innecesariamente.
— Haces gala de tanta sabiduría, Leona. — dijo Draco divertido por la leve frustración de su esposa, besando la palma de su mano, galantemente. A Hermione no le quedó de otra que dejar su frustración de lado y sonreír quedamente de lado.
El trío de pequeños Malfoy empezó a reír por recordar aquel gran día donde habían tenido un partido dentro de la mansión. Su abuelo era fabuloso, ya que él era el único que lograba sacar de quicio a su madre. Tanto como para convencerla de hacer su santa voluntad. Su padre, por el contrario, era una especie de calmante para el descontrol de su madre. Draco Malfoy era el único capaz de tranquilizar al cien por ciento a Hermione Malfoy.
— Ahora díganme, niños. ¿Su abuela está involucrada también?. — preguntó con curiosidad Draco.
— No veo necesario responder la pregunta padre. Tú mismo sabes la respuesta. — respondió con misterio el primogénito Malfoy.
Draco miró indignado a su mujer.
— Se parecen tanto a ti. Un trío de sabiondos. — dijo el mago ofendido cruzándose de brazos.
— A mi no me culpes, tú sabías en lo que nos metimos en mezclar sangre Malfoy y Granger. El mérito no solo es mío. — contestó Hermione ingeniosa con una gran sonrisa en su rostro.
Harry que se encontraba un poco apartado de la familia miraba todo con mucha curiosidad. Escuchaba vagamente lo que conversaban los Malfoy. Primero se había asustado al escuchar que en efecto, los pequeños Malfoy si eran culpables de la enfermedad de su sobrina Rose. Después de unos instantes se relajo. Sabía que los Malfoy actuaban bajo razones fundamentadas, además si Hermione no los estaba reprendiendo en ese momento es porque tenían una buena razón. El pelinegro sabía que su sobrina no era una niña inocente y dulce, así que tenía sus sospechas en que la hija de Ron se había ganado a pulso todo aquello. La pregunta que tenía Harry era, ¿Por qué?. No aprobaba la forma de actuar de la familia Malfoy ante las venganzas, pero él no era juez ni verdugo para calificar sus actos.
Era un auror que mantenía el orden, si. Pero no podía meterse en una simple riña de niños de 11 y 12 años.
— Bien, ahora quiero que nos expliquen sus razones para haber actuado así. — preguntó Hermione con curiosidad a sus hijos. Harry rápidamente se acercó más a la familia, sin que estos se dieran cuenta.
— Desde luego que las tenemos. — mencionó Scorpius con satisfacción.
— Todo comenzó cuando Rosebud quería enamorar a Scorpius. Así que a la cabeza hueca se le ocurrió que era una idea grandiosa darle pastelitos con Amortentia, afortunadamente yo estaba presente cuando le contó a otra Weasley su plan. — explicó Antares de corrido.
— ¡Eso es horrible! Mi pobre pequeño. — Dijo Hermione alterada mientras abrazaba con fuerza a Scorpius. — Esa niña es igual de hueca que su madre. — añadió ofendida.
Harry por su parte ahogó una exclamación de sorpresa para evitar llamar la atención de la familia y no notarán que se encontraba más cerca de ellos escuchando su conversación. ¿De dónde había sacado aquella idea tan bizarra y alocada la pequeña Rose?. ¿De Lavender, quizá?.
— Nunca creí esto posible. Un Malfoy es tan bello y cautivador que incluso puede enamorar a las comadrejas. — dijo Draco orgullo y petulante sonriendo como nunca.
Hermione e incluso Harry giraron sus ojos con fastidio. El trío de pequeños Malfoy solo sonreían orgullosos al igual que su padre.
— Curioso, Cissa nos contó que el abuelo dijo eso mismo al saberlo. — comentó divertido Abraxas.
— Draco, pon los pies en la tierra. Esto es serio, tu hijo pudo haber sido encantado. — dijo Hermione con mala cara frunciendo su ceño.
— Bien, pero debes admitir que tú hijo es todo un rompecorazones como su padre. Además, Antares logró interferir en los planes de la hija de Weasel, ese asunto está solucionado. — contestó encantado, haciendo que Hermione le mirara con fastidio. — Continúen, porque dudo que eso haya sido lo único que sucedió.
— Ayer estaba paseando cerca de los jardines del lago negro con Dora, y… — empezó a explicar Abraxas, pero fue interrumpido por su madre.
— ¿Con Pandora?. Oh, cielo. Es una niña encantadora, perfecta para pertenecer a la dinastía Malfoy. — dijo Hermione emocionada. Todos los presentes la miraron extrañados. — ¿Qué sucede?
— Leona, es algo desconcertante que te alegres porque uno de Tus pequeños hijos esté cortejando a alguien, o este siendo cortejado. — dijo Draco desconcertado.
— Exageras, solo que me parece perfecta Pandora para ser la compañera de mi pequeña águila. — explicó con sencillez.
— Ammm, mamá. ¿No crees que somos muy pequeños como para que saques ideas equivocadas?. De todos modos, solo somos amigos. — dijo algo apenado el Malfoy castaño.
— ¿Puedes seguir Abraxas?. Ya solo me falta que me digan qué Tares tiene novio. — Musitó fastidiado el patriarca de la familia, tratando de cambiar el tema y regresar al original.
Harry a la lejanía le dió la razón, pues él también se sentiría sobreprotector con sus hijas si fueran pretendidas a esa edad.
— Esto será un poco complicado de decir, más por la presencia del señor Potter. — dijo un poco incómodo Abraxas. — Involucra a Al...
Ante la mención de su nombre, Harry ya no pudo permitirse mantenerse a raya en la conversación. Además, si la situación tenía algo que ver con su segundo hijo, tenía todo el derecho de enterarse de lo que había sucedido.
— ¿Qué sucedió?, ¿Algo pasó con Albus?. — Masculló el mago pelinegro ansioso acercándose a la familia Malfoy.
Los más pequeños miraron con algo de inseguridad a sus padres, pues aún no se sentían en plena confianza con el padre de Albus como para tratar un tema tan delicado. Hasta donde ellos sabían, el señor Potter era un mago que había dejado de lado a uno de sus hijos por culpa de los prejuicios de su familia postiza. Eso sin contar que había tratado en el pasado mal a su madre, ¿Qué podían esperar de aquel hombre que era el mejor amigo del señor Weasley?. Hermione les sonrió a sus hijos para infundirles calma.
— Chicos, estoy segura de que Harry merece saber qué ha pasado con Al. — dijo Hermione en tono maternal. — Sé que él sabrá comportarse, se los aseguro.
— Pero madre, es el mejor amigo de la comadreja mayor. ¿Cómo podemos asegurar que no nos culpara por lo que ha sucedido?. — preguntó Scorpius arisco, mirando con desconfianza al mago pelinegro.
— Chicos, se que no he sido un buen padre para Albus. Yo lo sé perfectamente más que nadie, pero me preocupa su bienestar. Necesito saber si a él le sucedió algo grave. — dijo Harry pasando saliva con dificultad, un poco nervioso por todas las miradas que caían en su persona.
No era fácil que los ojos Malfoy te mirarán directamente. Las miradas que iban de una gama de gris claro hasta el oscuro y sus variantes azules, eran según el pelinegro unos ojos juzgadores natos.
— En ocasiones los adultos cometemos errores. Merecemos segundas oportunidades. — comentó Draco seriamente, haciendo alusión a su pasado oscuro como Mortifago.
Solamente con ese comentario, Abraxas y sus hermanos pudieron bajar la guardia. Antes de proceder a hablar, el Malfoy castaño suspiró abatido. No le gustaba que sus padres estuvieran confiando en el Señor Potter con facilidad, pero por alguna razón las cosas eran así.
— Ayer, Albus tuvo un accidente. — dijo el tercer Malfoy con aplomo, provocando que Harry se pusiera pálido. — Está bien, afortunadamente Pandora Nott y yo estábamos pasando por el lago negro y lo sacamos del agua. — comentó tratando de infundir calma al mago que vivió. — Al nos aseguro que Rosebud lo había arrojado al lago con un encantamiento, todo por negarse a ayudarla a conquistar a Scorpius.
— ¿Estás hablando en serio jovencito?. ¿En serio mi sobrina se atrevió a atacar a su primo? — preguntó Harry incrédulo.
— No tenemos razones para mentirle señor Potter. Usted puede comprobarlo por sí mismo. — añadió Scorpius imperturbable.
— Incluso usted pudo verificar cómo es su querida sobrina y de lo que es capaz de hacer. ¿No vio cómo se comportó en la oficina de Minnie hace unos minutos?. — Musitó Antares astutamente.
Harry les miró sorprendido, pues se escuchan muy convincentes los pequeños Malfoy. El hombre que vivió, miró a Hermione y Draco en busca de alguna señal, sugerencia o consejo, pero estos de la misma manera que sus hijos se encontraban tan serios, sin reflejar ningúna emoción. Aunque de repente, para sorpresa de Harry, Hermione sonrió quedamente y asintió imperceptiblemente, alentandolo a seguir sus instintos.
— ¿Dónde está Albus?. Debo hablar con él. — sentenció Harry preocupado.
— Muy seguramente esté en la torre del reloj. — dijo Scorpius con tranquilidad. — Busquelo en la cima, a él le gusta estar a solas en ese lugar.
— Bien, muchas gracias por la información. — dijo el señor Potter de manera educada. — A todo esto. Gracias niños. — añadió con gratitud hacía los tres chicos.
— ¿Y a qué se debe su agradecimiento, señor Potter?. — preguntó Antares con curiosidad.
— Si no fuera por ustedes, que han estado ayudando a mi hijo y cuidando de él en mi ausencia, no sé qué hubiera sucedido. — explicó Harry con sencillez. — Estoy feliz que James y Albus tengan tan buenos amigos como yo los tuve en algún momento. — añadió con añoranza, mirando de soslayo a Hermione.
— No es nada. Después de todo, James y Al son familia. Así que si usted falla como padre, siempre podemos decirle a los nuestros que los adopten. — confesó Scorpius con arrogancia. Harry le miró impresionado al igual que Draco.
— ¡Scorpius Hyperion! Esa no es forma de hablar a los adultos. — Reprendió su madre molesta. Harry rió quedamente y puso una mano en el hombro de la bruja para calmarla.
— Déjalo, Hermione. Él tiene razón, es demasiado extraño que me presenté como el padre del año cuando he sido un fiasco. — dijo derrotista Potter.
— Aún estás a tiempo de arreglar las cosas Potty, no te desesperes. — añadió Draco con sencillez. — Además, como dijo Scor: Nunca está de más tener dos hijos más en la familia. Aunque tengan sangre Potter. — comentó irónico, haciendo que Harry y Hermione sonrieran.
— Quién lo diría, Draco Malfoy aceptando a mis hijos bajo su protección. — dijo Harry burlón con una sonrisa de lado. — Al parecer te gusta tener niños en tu casa.
— Soy Culpable, no por nada estoy encantado con mi familia. — dijo con satisfacción Draco. — Además, tus hijos no tienen la culpa de tener un padre tan desastroso. No está de más que tengan apoyo de alguien más.
Los tres chicos Malfoy veían alucinados la situación, pues hasta donde ellos sabían sus padres se llevaban mal con los Potter. ¿En qué momento había cambiado la situación?.
Harry estaba a punto de despedirse de los Malfoy, pero los adultos se lo impidieron.
— Potty, cuando termines de charlar con tu hijo, tendrás la fortuna de seguir viéndonos. — comentó Draco petulante, provocando que el mago pelinegro le mirara confundido.
— ¿Disculpa?. — preguntó anonadado.
— Lo que quiere decir Draco es si puedes charlar con nosotros después de que termines con tu hijo. — Musitó con tranquilidad Hermione.
— No lo sé Hermione. Debo regresar a casa de Daphne para ver cómo está Alhelí y después debo ir a mi hogar para estar con Lily. — expresó un poco apenado.
— Me temo que eso debe esperar, lo que debemos hablar es urgente. — contestó con seriedad el mago rubio.
Debido a la seriedad del asunto, solamente Harry asintió.
— Bien, los veo en el vestíbulo. — Musitó convencido mientras se alejaba del lugar.
Fue así como la familia Malfoy se quedó sola en medio del pasillo.
— ¿Desde cuándo son tan amigos del señor Potter?. — preguntó con curiosidad Abraxas.
— Amigos, amigos no, pero supongo que podemos llevarnos civilizadamente. — dijo Draco con sencillez.
— Es una larga historia, niños. — contestó Hermione enigmática. — Mejor cuéntenos, ¿Qué tal van las cosas aquí en Hogwarts?.
— Nada que no te hayamos contado en cartas, mamá. — dijo Scorpius con tranquilidad.
— Pues no parece. Si recientemente me estoy enterando en que líos andan metidos. — contestó la bruja castaña con reproché.
— Vamos, mamá. Si les contábamos por carta, solo los hubiéramos preocupado innecesariamente. — añadió Antares sonriente.
— Por cierto, se acerca navidad. ¿Qué vamos a hacer este año?. — preguntó Abraxas con curiosidad, mirando con insistencia a sus padres.
— ¡Abraxas, aún falta un mes!. —se quejó su madre un poco apesadumbrada.
— Hijo, ni siquiera sabemos que vamos a cenar hoy. Ten piedad, hemos estado ocupados todo el día. — contestó Draco con cansancio.
— Lo sé, lo sé, pero no puedo con la curiosidad. — dijo el Malfoy castaño con una gran sonrisa sardónica. — ¿Daremos una fiesta?.
— A nosotros no nos engañas cerebrito, solo quieres tener todo bajo control y tenerlo en tu agenda anotado. — comentó Antares impertinentemente, ganándose una mirada fulminante de su hermano menor.
— Águila tenías que ser. — añadió Scorpius irónico, sonriendo de lado.
— ¡No es cierto!, Solo me gusta estar preparado. — contestó el tercer Malfoy un poco apenado.
— Ah, eres igual a tu madre. — dijo su padre, sonriéndole con orgullo, pero sin dejar de lado su tono burlón.
— Alguien tenía que sacar su gran inteligencia, ¿Quien mejor que yo?. — contestó petulante, sonriendo orgulloso.
— ¡Oye! Nosotros también somos inteligentes. — se quejaron los gemelos Malfoy al unísono, mirando ceñudos a su hermano menor.
— Ya basta. Lo de navidad lo hablaremos otro día. Su padre y yo aún tenemos que arreglar unos asuntos antes de poder planear la celebración de este año. — explicó Hermione con voz autoritaria. — No quiero que ninguno se meta en problemas en lo que queda del Semestre, mucho menos si los Weasley están relacionados, ¿Quedó claro?. Sino me voy a encargar de no dejarles venir a casa para navidad. — añadió mandonamente, provocando que sus hijos asintieran rápidamente sin chistar.
— No se preocupen, niños. Solo está de mal humor por el cansancio. — Susurró Draco a sus hijos tratando de aliviar la tensión del lugar.
— No me provoques, Draco Malfoy. — dijo la bruja amenazadora, fulminandolo con la mirada.
— Grrr, leona salvaje. — comentó seductor su esposo mirándola insinuante. Por su parte, Hermione dejó de fruncir su ceño y le sonrió cómplice al rubio. — Solo necesitas que te ayude a relajarte...
— Argh, ¿Por qué hacen eso frente a nosotros?. — se quejó Scorpius un poco asqueado.
— Deberían esperar a estar en casa. — añadió Abraxas apenado mientras se tapaba los oídos con sus manos, con fuerza. — Nos quieren dejar traumados.
— Exagerados. — dijo Antares burlona. — Yo quiero más hermanos. — añadió demandante la rubia, provocando que sus dos hermanos presentes la miraran con miedo.
Sus padres solo sonrieron divertidos a sus tres críos.
— Bueno, quizá podamos ir planeando de una vez nuestras actividades de navidad. — mencionó Hermione con mejor humor.
Torre del reloj
Para llegar al lugar tan ansiado, Harry Potter caminaba de manera rápida y apresurada por los pasillos. Lo más sensato hubiera sido correr, pero no quería avivar la atención que estaba recibiendo en ese momento. Algunos alumnos curiosos miraban con gran atención y entretenimiento al mago salvador del mundo mágico caminando por los pasillos. Una vez que estuvo en la torre del reloj, se dispuso a subir hasta el último nivel de manera sigilosa.
Justamente al lado del mecanismo del reloj, en una de las grandes ventanas del lugar se encontraba sentado en el suelo Albus, mirando el patio de abajo tranquilamente. Su padre suspiró aliviado, pues a siempre vista su hijo se veía sano y salvo. Camino con cautela hasta situarse detrás de él.
— Albus. — dijo Harry contento a modo de saludo. — Hola, hijo…
— Papá… — Masculló Albus sorprendido y consternado. Abrió mucho sus ojos debido a la impresión. — ¿Qué haces aquí?. — preguntó anonadado.
— Yo vine a verte para hablar contigo. — dijo Harry mientras tomaba asiento al lado del niño. — Me he enterado del pequeño accidente que tuviste en el lago.
— Ah, eso… — dijo un poco nervioso el chico. — Fue un pequeño malentendido con Rosebud.
Albus no quería hablar mal sobre su prima, ya que sabía que su padre siempre se iba a poner del lado de la familia de su madre. No tenía caso echar de cabeza a la hija de Ronald frente a su padre.
— Lo sé, tus amigos muy amablemente me han explicado la situación. Quería asegurarme que estuvieras bien. — explicó Harry sonriendo quedamente. Albus le miró con sorpresa. — ¿Qué pasa?. — preguntó confundido el mago mayor.
— Pensé que ya no te importaba. — dijo Al mirando hacia otro lado fríamente, pero por dentro se sentía vulnerable.
— No, yo… — trató de excusarse Potter mayor.
— ¿Qué otra cosa podía pensar papá?. "Madre", me dejó claro que no era bienvenido en la familia. Todo por no cumplir con sus estándares. — Musitó Albus dolido, dejando toda su calma de lado. — Fui vetado de mi familia por no ser un león, solo por ser quien soy. Y tú no ayudaste nada, solo desapareciste. Cómo si no existiera…
Fue en ese momento que Harry quería golpearse y lanzarse por la torre del reloj. Hasta ese punto fue consciente de cuánto daño le había provocado a su familia, en especial a Albus. Se supone que cuando él tuvo el deseo de formar una familia se había prometido ser el mejor padre para sus hijos. Qué no permitiría que ellos sufrieran como él tuvo el infortunio de padecer. Soledad, eso había provocado en su hijo. ¿Dónde había quedado ese coraje y valentía Gryffindoriana de la que tanto alababan en él?. Había sido un vil cobarde al no hacerle frente a su esposa, por no cuestionar su decisión, todo con temor a quedar solo, pero ¿A qué costo?. La soledad de su hijo.
No debía permitir que esa situación siguiera. No iba a dejarse manipular más por Ginny. Su hijo era más importante que salvar su matrimonio el cual se había tornado tóxico. Debía luchar con su ser interior que no le dejaba alejarse de su esposa.
— Ya que estamos solos aquí, debemos hablar sobre ello. — mencionó Harry en tono comprensivo. — He cometido un error contigo, Albus. No he sido el padre del año, y puedo jactarme de que todos cometemos errores, pero no lo haré. — dijo de manera sería haciendo una pausa para mirar a su hijo. — No puedo encontrar las palabras para disculparme contigo. No debí permitir que tu madre se adjudicará decisiones que no le correspondía, pues solamente yo como el patriarca de los Potter puedo desheredarte de la familia. Todo este tiempo, desde que entraste a Hogwarts, debo admitir que tenía miedo.
— ¿Miedo?, Pero ¿De qué?. — preguntó Albus no muy convencido. — Eres un león, los Gryffindor son valientes. — expresó desconcertado, recordando la frase que su madre siempre le decía.
— Es la frase más incongruente que he escuchado. — rió amargamente el hombre. — Quizá cuando éramos jóvenes, Hogwarts nos etiquetó bajo las características de una casa. El "segundo hogar" que te dictaba como debía ser tú comportamiento. No siempre es verdad eso, Albus.
— No entiendo a qué quieres llegar. — comentó cortante la pequeña serpiente.
— No por ser Gryffindor significa que voy a ser valiente todo el tiempo. Aquí la prueba viviente de que he sido un cobarde para afrontar los problemas que me acechan actualmente. — explicó Harry sonriendo de lado, más está sonrisa no llegó a sus ojos. — Me aterraba tener que cuestionar a tu madre, como sabes nuestra relación últimamente no ha sido lo mismo. Sabía que si la confrontaba, se llevaría a tus hermanos lejos de mi.
— No papá, ella no puede hacer eso. ¡Es inaudito!. — dijo Al indignado.
— Lo sé, por eso estaba aterrado de conversar contigo. De que te dieras cuenta que no soy un padre modelo y para colmo te he fallado en protegerte. No me queda más que decir que espero que algún día puedas perdonarme, Albus. — dijo Harry comprensivo. — Te prometo que nunca más permitiré que alguien me vuelva a separar de ustedes. Y con ustedes me refiero a James, Lily, Alhelí y tú.
— ¿Quién es Alhelí?. — preguntó asombrado Albus.
En definitiva ese no era su papá, pues hace años que no lo veía así de comprensivo. Incluso se estaba comportando tan extraño que había mencionado el nombre de una niña que no conocía. Harry pareció darse cuenta de su error y se sonrojo.
— Luego te explico quién es. Lo importante ahora es lo que vamos a hacer en adelante. — Musitó el mago pelinegro un poco nervioso desviando el tema. — Ya no quiero perder más gente importante para mí, Albus. Ya una vez me equivoqué con Hermione Malfoy, no quiero que suceda lo mismo contigo. — añadió melancólico.
Albus sabía de la historia de su padre con la matriarca Malfoy. Estaba enterado de las peleas y discusiones que tuvieron cuando eran jóvenes por la partida de la señora Hermione de Londres hace 17 años atrás.
— ¿Qué hay de Madre?. — preguntó el chico Potter un poco inseguro, pero de manera perspicaz.
— Tendré que hablar con ella. Estoy planeando que todos estemos en armonía. — mintió Harry pues ese no era su plan. Albus le miró analíticamente.
— Mientes, dime la verdad papá. — dijo seriamente el chico. Harry se sorprendió ante las palabras de su hijo, pues ni siquiera él como adulto sabía que debía hacer, pero tenía una corazonada y no sabía si era la mejor elección. Suspiró con pesadez el hombre que vivió.
— Me atrapaste. — dijo riendo quedamente Harry, para después dejar paso a un rostro apesadumbrado. — Lo más sano es que me divorcie de tu madre y pida la custodia de tus hermanos.
— ¿Estás seguro?. — preguntó impresionado el niño Potter.
— Aún no, sinceramente, pero considero que sería lo correcto. — declaró serio Harry. — Seremos nuevamente una familia, Albus.
Aquellas palabras para el segundo hijo de Harry significaron mucho. Un poco titubeante se acercó a abrazar a su padre quien le correspondió el abrazo. Sus ojos se empañaron, y con fuerza apretó sus párpados para no dejar caer las lágrimas que amenazaban con salir. Harry por su parte, se encontraba en la misma situación.
— Aún no puedo perdonarte del todo, papá. Solo dame tiempo, sé que todo volverá a la normalidad. — Susurró Albus quedamente ocultando su rostro contra el pecho de su padre.
— Entiendo, no te preocupes. — contestó ya más tranquilo Harry.
Sabía que ese era el primer paso para tener una reconciliación y sana convivencia con su hijo. Aún no estaba al cien por ciento seguro sobre si divorciarse de su esposa era una gran elección, pues cuando pensaba tan siquiera en la idea su corazón dolía mucho, como si fuera a tener un ataque. Quiso atribuirlo a que quizá era por todas las emociones que había estado guardando a lo largo de los años. De algo estaba seguro Harry Potter y era que a partir de ese momento, las cosas irían mejor para la familia Potter.
Vestíbulo de Hogwarts
6:30 pm
Ya más tarde ese día, Harry había terminado de hablar con su hijo Albus. Con paso más calmado llegó al vestíbulo del colegio, en dónde debía encontrarse con la pareja Malfoy. Con porte elegante y aristocrático, se encontraba Hermione y Draco solos, esperando su llegada.
— Por fin llegas, Potty. Por poco mandó a un elfo a traerte a rastras. — mencionó Draco irritado.
— Lo siento, estaba algo ocupado hablando con Albus. — se excusó el mago pelinegro tranquilo. — Además, tú eres el que requería hablar conmigo, así que era obvio que debías esperar. — añadió petulante.
— Huy, al mago que vivió se le salió su lado Slytherin. — dijo el rubio solemne.
— No es de extrañar, después de todo él iba a ser seleccionado a Slytherin. — explicó Hermione con sencillez.
— Oye, eso es privado. — dijo Harry cohibido.
— Bah, no es ninguna sorpresa. No por nada tienes hijos que resultan interesantes para los míos. — contestó Draco encogiéndose de hombros.
— ¿Qué tal salieron las cosas con Albus? — preguntó Hermione con curiosidad.
— Salieron bien, la verdad esperaba que me recibiera con una maldición como mínimo, pero mi hijo parece ser muy comprensivo y maduro. — explicó Harry contento.
— Y yo que ya me estaba haciendo a la idea de adoptar a mini Potter. — dijo Draco con ironía.
— ¡Hey!, Pues te quedarás con las ganas, porque está situación no se va a volver a repetir. — dijo con indignación Harry.
— Dragón, ¿Qué traes tú con los Potter?. — preguntó Hermione divertida a su esposo.
— Al menos una cosa le salió bien a Potty en la vida, y esos son sus hijos. Me agradan. — dijo Draco como excusa.
— De seguro Albus me ha maldecido y estoy desmayado, eso explicaría todo. En ninguna realidad es posible que Malfoy acepte a mis hijos. — Murmuró Harry confundido para sí.
— ¿Qué tal está la pequeña Alhelí? ¿Se está adaptando a su nueva vida con Daph?. — preguntó la señora Malfoy con amabilidad.
— Le está yendo de maravilla. Daph y yo hablamos ayer sobre la importancia de enseñarle sobre el mundo mágico a nuestra pequeña. — explicó Harry emocionado.
— Supongo que así le será más fácil adaptarse a su sangre mágica. — dijo el antiguo príncipe Slytherin calmado.
— No tendrá el típico problema por el cual yo pasé. Bien pensado, tu hija será una bruja excepcional. — comentó Hermione contenta sin ninguna malicia.
Harry sonrió contento de la misma manera. Desde que había hablado con Hermione para pedirle ayuda con el asunto de su hija adoptada, todo había cambiado entre ellos. Ya no estaba aquella relación tensa en la cual estaban enfrascados cuando Granger había regresado a Londres. No, las cosas habían dado mucha mejoría entre ellos, quizá él no se había disculpado con ella explícitamente, pero tenía planeado hacerlo. No iba a alejar a Hermione de nuevo, seguía siendo tan maravillosa y caritativa a pesar de estar casada con Draco. Incluso el rubio era agradable, ya nada quedaba del antiguo purista de la sangre que era. Debía admitir que le agradaba el rubio.
— Si, por cierto… — Estaba a punto de hablar Harry cuando fue interrumpido por una voz.
— ¿De qué hija estan hablando Harry?. Escuché claramente que tienes otra niña. ¡Engañaste a mi hermana!. — Musitó Ronald Weasley con brusquedad, apareciendo frente a los tres adultos.
Harry enmudeció repentinamente, mientras que los Malfoy se pusieron alertas. Mientras que el mago pelinegro se las ingeniaba para contestar, Lavender pasó caminando junto a ellos abrazando y consolando a su hija Rosebud que se encontraba llorando.
— Ro-Ro, deja de perder el tiempo con esta gente y salgamos de aquí. Suficiente daño le han hecho a mi hija la escoria de los Malfoy. ¡Quedó suspendida!, Esas serpientes se salieron con la suya. — dijo Lavender con voz chillona e indignada para después salir junto con su hija Rose con rapidez del vestíbulo y atravesar la gran puerta de madera del castillo.
Ron miró a su familia frustrado, pero nuevamente se enfocó en su cuñado. Los Malfoy solo apretaron su quijada, pero guardaron silencio. No era buena opción armar un espectáculo en Hogwarts.
— ¿Y bien?. ¡Estoy esperando que me contestes!. — replicó el pelirrojo.
— Weasel, pensé que las comadrejas tenían buen sentido de oído, pero me he equivocado. Aquí nadie ha mencionado a ninguna niña. — Musitó Draco burlón.
— Métete en tus asuntos, Malfoy. Esto es entre Harry y yo. — contestó arisco el mago pecoso.
— Lo has hecho nuestro asunto, al haber escuchado a hurtadillas una conversación que no te incumbia. — comentó Hermione serena. — Te aconsejo que mejor vayas a consolar y educar a tu hija, que mucha falta le hace. — añadió la castaña tratando de enfocar el enojo del Pelirrojo en otra dirección.
Por primera vez, el pelirrojo pasó de largo el comentario de la señora Malfoy. Solamente se limitó a mirarla con seriedad, apretó su mandíbula y nuevamente dirigió su atención a Potter.
— No sé de qué me hablas Ron. — se excusó Harry en tono aburrido.
— No me vengas con eso. ¡Escuché el nombre de la niña y que estaba con esa serpiente rastrera de Greengrass!. — dijo Ron iracundo. — Es por eso que la tienes como tú secretaría, ¿Verdad?. Porque es madre de tu bastarda.
Harry fulminó al pelirrojo con la mirada y sacó su varita de su pantalón.
— No sabes ni siquiera de qué estás hablando, Ronald. Si aún somos amigos te recomiendo que no te metas en mis asuntos. — Musitó Harry hoscamente.
— Es mi hermana a la que has engañado, como su hermano tengo todo el derecho a cuestionarte. — respondió Ron. Su rostro se tornó rojizo por la ira.
— Soy tu amigo, primero deberías haberme preguntado antes de armar este revuelo. Te podría haber explicado los hechos. — dijo el pelinegro defendiéndose de las acusaciones de su amigo.
— No necesito tus excusas. Ahora entiendo porqué ese afán tuyo de ser amiguito de los Malfoy. ¡Te están lavando el cerebro ellos y sus amigos mortifagos!— dijo Weasley con desesperación. — Seguramente esa rubia cualquiera tiene la culpa, te ha metido ideas en la cabeza. No me sorprende, siempre has sido tan manipulable. — añadió despectivo. — Es por eso que no has hecho nada en contra de Malfoy a pesar de ser culpable de muchas cosas.
Harry se quedó asombrado ante la declaración del pelirrojo. Estaba a punto de levantar su varita para lanzar por los aires al pelirrojo, pero Hermione detuvo su mano a medio camino. La castaña negó imperceptible. Fue cuando Draco Malfoy decidió intervenir, todo con tal de evitar que se suscitara en Hogwarts un duelo de magia en dónde alguien podría salir lastimado.
— Hey, zanahoria. ¿No tienes otra cosa en la cual perder tu tiempo?. Él no tiene que darte ninguna explicación si no quiere. — dijo Draco irritado. — Tantos chillidos tuyos me dan jaqueca, hasta pareces su mujer. — Además, porque no me informas de que me estás acusando. La verdad ando muy desinformado sobre los rumores de lavadero que corren por el mundo mágico.
— ¿Rumores de lavadero?. Bueno, eso no importa. — preguntó el ex Gryffindor desconcertado. — ¿Defiendes a este traidor? Era de suponer, son de la misma calaña. — escupió con rabia las palabras mientras componía una mueca torcida. — Crees que nadie lo sabe, Malfoy. Puede que hayas aparentado frente a todos y se hayan creído tu mierda de redención, pero yo no. ¡Se que ella debe de estar bajo un imperio de tu autoría!. Es imposible que esté contigo por voluntad propia. — añadió iracundo mientras señalaba a la mujer con su dedo.
Hermione abrió sus ojos de golpe, por la sorpresa de las declaraciones.
— Pero, ¿Qué idiotez estás diciendo?. — Masculló Hermione incrédula.
Draco y Harry no estaban tan lejos de aquella reacción que había tenido la castaña. Fue en ese momento cuando Draco empezó a reír a carcajada limpia.
— Estoy seguro que tu talento no es ser mago… Es ser un payaso, ¡Qué gran chiste!. — comentó Draco riendo elegante mientras miraba despectivo a Ron. — Que te quede claro, Weasel. No necesito una maldición imperdonable para hacer que "Mi esposa" me ame. — dijo de manera soberbia haciendo especial énfasis en la palabra esposa. — A diferencia de ti, yo si supe valorar lo que tenía enfrente y darle el lugar que se merecía.
— ¿Cómo te atreves, asqueroso Mortifago?. — Masculló Ron molesto. — Y tú, más te vale que despiertes de esa maldición y que escuches lo que voy a decir claramente. — dijo con determinación dirigiéndose a Hermione. — Voy a luchar por ti, haré que te des cuenta que otras personas valen más en tu vida que ese intento de familia que tienes. — añadió despectivo.
Draco le lanzó una mirada fría a Weasley. Estaba a punto de dar un paso para hacerle frente, pero Harry le detuvo. Hermione por su parte solo miró a su esposo con seriedad, para después sonreír de lado para tranquilizarlo.
— Ni siquiera volviendo a nacer me fijaría en ti, Weasley. Será mejor que te largues antes de que te lance un crucio. — contestó Hermione altanera. De repente la castaña miró a su alrededor y se percató que había varios estudiantes curioseando su reunión. — Aunque no estaría mal darles una demostración a los alumnos sobre artes oscuras. — Siseó con malicia sacando su varita. Ron palideció.
— ¡No te atreverías!. — expresó temeroso.
— Retame. — dijo sin vacilar la bruja. Ron se lo pensó un momento.
— Será mejor que me retire, pero esto no se va a quedar así. — dijo apresurado el pelirrojo, mientras salía por las puertas del castillo. Los tres adultos le vieron marchar, Harry cansado, y los Malfoy con una sonrisa soberbia.
— Por Morgana, que incrédulo es. — dijo la bruja castaña con humor, una vez que el mago pelirrojo se retiró. — En serio creyó que le lanzaría un crucio.
— Simplemente patético. — Musitó Draco irritado. — Ese tipo es un dolor de cabeza.
— Se ha vuelto loco. — contestó Harry frustrado. — Aunque si das un poco de miedo, Mione.
— Harry, por cierto. ¿Te parece que tratemos nuestros asuntos en Malfoy Manor?. Ahí tendremos más privacidad para hablar. — mencionó Hermione amablemente. — A menos que quieras seguir siendo el espectáculo de la escuela...
— Me parece bien, solo quiero salir de aquí. — dijo el pelinegro convencido.
Malfoy Manor
Salon principal
7 pm
Una vez que los tres adultos se retiraron de Hogwarts, fueron a dar a la Mansión Malfoy. Harry se encontraba un poco tenso sentado en uno de los sillones de la sala de estar de los Malfoy. Draco se encontraba impasible, mientras leía el profeta del día, que no había tenido oportunidad de leer hasta ese momento. En el sillón de frente se encontraba un Lucius Malfoy que leía muy entretenido un libro. Grande fue la sorpresa de Harry al descubrir que el título de la obra era "La divina comedia", un texto de origen muggle. La tensión era palpable en el ambiente. Al parecer el señor Malfoy se dió cuenta de la incomodidad del pelinegro.
— Dígame señor Potter, ¿Qué lo trajo a nuestra humilde morada?. — preguntó Lucius de manera educada. El pelinegro rió internamente al darse cuenta que la casa Malfoy era todo menos humilde.
— Su hijo y Hermione querían tratar unos asuntos conmigo. — respondió Harry un poco incómodo.
— Ya veo. Conociendo a mi nuera, le ha invitado a tomar un té. Obviamente no lo dejaría marchar con el estómago vacío. — comentó Lucius con tranquilidad.
— Ya sabes cómo es Hermione, padre. Una anfitriona de excelencia. — Musitó Draco, sin despegar la vista del periódico.
— Me han contado que sus hijos son grandes amigos de mis nietos. Deben ser unos magos excepcionales para llamar su atención. — dijo el mayor de los Malfoy con curiosidad.
— Si, yo también estoy sorprendido. No me habían comentado nada hasta ahora. — respondió sin dar tanto rodeo el hombre que vivió.
— Son los infortunios de estar relacionado con algunos Weasley. La desinformación. — Siseó despectivo. — Espero que se de cuenta que es muy afortunado, al parecer mi nuera e hijo le han dado otra oportunidad para relacionarse con ellos. — Comentó con seriedad Lucius. — También quiero que usted sepa, que si se le ocurre aprovecharse de ellos o intenta dañar a mi familia en el proceso, le juro por Salazar que le haré arrepentirse de haber sobrevivido al señor Tenebroso. ¿Quedó claro señor Potter?. — dijo con voz sedosa y fría el mago rubio, mirando intensamente al mago pelinegro.
Draco hizo oídos sordos a las amenazas de su padre y siguió en lo suyo. Harry sintió un escalofrío recorrerle. Sabía que los Malfoy eran una fuerte familia unida y de alguna manera le alegraba demasiado que consideraran a Hermione parte de ella. Al parecer el viejo Lucius Malfoy estaba encariñado de su nuera. Con una gran satisfacción sonrió el pelinegro.
— No se preocupe, Señor Malfoy. Le garantizo que no voy a defraudar a ninguno de los dos. — respondió Harry con más tranquilidad. — Al contrario, tengo que agradecerle a esta familia por velar por el bienestar de mis hijos cuando yo no fui capaz. — añadió contento el hombre que vivió sonriéndo. — Además, ustedes le brindaron apoyo y confort a Hermione cuando yo le di la espalda. Nunca voy a terminar de agradecerles, en especial a Malfoy.
Draco al escuchar las palabras del mago de al lado solo sonrió satisfecho, pero siguió guardando silencio. Jamás había esperado que Harry Potter le agradeciera por algo. Por su parte, Lucius sonrió arrogante y satisfecho.
— Draco, No le has hechizado con un filtro de amor a nuestro invitado, ¿O si?. — comentó el mago mayor burlón. — No habla más que maravillas de ustedes.
— No, el encanto Malfoy fue más que suficiente. — comentó irónico el rubio menor.
Harry solo se limitó primeramente a girar sus ojos con fastidio, pero después a sonreír de lado.
— Veo que ya se siente más cómodo, señor Potter. — dijo Narcissa Malfoy apareciendo en el gran salón con una bandeja con pastelitos. Una vez que los dejó en la mesa central, tomó asiento a un lado de su marido.
— Todo gracias a su hospitalidad, son muy amables. — agradeció con educación Harry.
— Me alegro Harry, pensé que ya habías huido del lugar. — comentó Hermione apareciendo también en el lugar, pero con un juego de té. — Por cierto, Lucius. ¿Es cierto que tú ayudaste a Cissa a entrar al laboratorio?. — preguntó con sospecha.
— No sé para qué me preguntas si ya sabes la respuesta. — dijo el mencionado con soberbia.
— Tus nietos pudieron haberse metido en un gran lío. ¿Qué tal si los expulsaban de Hogwarts?. — cuestionó la ex princesa de Gryffindor, ofendida.
— Querida, la situación era válida. Ellos solo querían proteger a su familia. No iba a negarles mi valiosa ayuda. — dijo Lucius sin nada de modestia. — ¿Vas a castigarlos por eso?. — preguntó persuasivamente.
— Está vez concuerdo con Lucius, Hermione. Ellos solo querían arreglar sus problemas por sí mismos. — comentó Narcissa con tranquilidad.
— Ellos entraron a mi laboratorio, saben que es mi espacio. — gruñó un poco molesto Draco.
— No rompieron nada, debes darles crédito. — le respondió su madre al rubio alentadoramente.
— No los voy a castigar, solamente porque sé que hicieron bien. Se protegieron entre ellos y de paso a los hijos de Harry. — dijo con seriedad Hermione. — Además si los castigo, no me dejarías en paz hasta levantar la reprimenda. — dijo con frustración a su suegro. Este sonrió malicioso.
— Yo si los voy a castigar. — Canturreó Draco con terquedad, cruzándose de brazos.
— Entonces tendrás que atenerte a las consecuencias, hijo. — Siseó Lucius conspirador. Cissy solo negó con cansancio.
— ¿Puedes acosar a Draco de preferencia cuando yo no esté cerca?. — preguntó Hermione irritada.
Harry sólo se limitó a tomar su té en silencio, apreciando aquella dinámica familiar tan bizarra. Nada comparada a la de su hogar, en la cual ni siquiera su esposa interactuaba con él, a menos que quisiera algo. Nuevamente comprobaba que los Malfoy no eran una amenaza, solamente eran una familia compleja, pero que se valoraban unos a los otros.
Despacho de Draco Malfoy
7:30 pm
Una vez que habían terminado de charlar y tomar su pequeño refrigerio, habían decidido los actuales señores Malfoy hablar con su invitado en la privacidad del despacho de Draco, el cuál utilizaba para sus tareas y trabajos relacionados a la empresa familiar. Una vez que Harry se encontró sentado frente al escritorio de Draco, Hermione se dedicó a sacar un libro y unos papeles de análisis del hospital de San Mungo. Por otro lado, Draco sacó un pensadero de un armario que tenía en la habitación. Cuando terminaron de hacer sus actividades, el rubio tomó asiento en la silla del escritorio, mientras que la castaña se sentó en la base del mueble.
El hombre pelinegro les veía curioso.
— ¿Y bien?. — preguntó Harry intrigado esperando a que los Malfoy hicieran su primer movimiento.
— ¿Recuerdas de lo que te insinue cuando fuimos a Green House por cafe?. Sobre tus Brewed Coffee. — dijo Draco serio. — Digamos que Weasellette me ha sorprendido...
La mirada de Harry se ensombreció súbitamente. Recordaba a la perfección los temas que habían tratado ese día en la cafetería. Malfoy le había hecho la insinuación sobre que era muy sospechoso que Ginny le diera ese café tan amargo todos los días. El Salvador del mundo mágico por muchos días lo pensó y por primera vez había decidido seguir la corazonada y dejar de consumir aquel líquido negro caliente. Obviamente, Harry notó una mejoría en su estado de humor, porque sentía aquella vitalidad que no había tenido en años. Sentía que era capaz de todo nuevamente. Incluso la situación sobre que Albus era una serpiente le pareció insignificante. Además, fue cuando empezó a notar el comportamiento extraño de su esposa.
— Por favor, dime qué no es lo que pienso. — mencionó Harry abatido.
— Harry, se que esto es difícil de decir, pero me temo que hemos descubierto que Ginevra ha estado adulterando tu café por un largo período. — Musitó Hermione con tacto y delicadeza.
— Por Godric… — Susurró el pelinegro pasmado.
— Mira, ve el lado bueno. Al menos no está adulterado con veneno de acromántula. — comentó Draco tratando de aligerar la tensión del ambiente.
— ¿Qué es lo que le ha estado poniendo?. — preguntó aún en shock el mago pelinegro.
— Existe una planta llamada Datura ferox, de origen americano. Ingrediente ancestral que se utilizaba para antiguas pociones de amor. — explicó Hermione en tono sabiondo, mientras le pasaba un libro de herbología exótica y los análisis que había hecho Draco corroborados por el punto de vista clínico de Theodoro.
El mago tomó el ejemplar y miró la foto de la planta que a primera vista se veía tan inofensiva.
— Es una especie de Amortentia, solo que es mucho más fuerte el efecto y lo que la hace más peligrosa es que es difícil de detectar. — dijo Draco en tono profesional.
— ¿Qué tan seguros están?. — preguntó Harry frustrado.
Una parte de él no quería reconocer la verdad.
— Draco hizo varias pruebas, todas dieron positivo. — respondió Hermione sintiendo algo de lástima por el mago.
— Potty, no dudes de mis capacidades. No soy un pocionista novato. — comentó ofendido el rubio. — Además, tenemos información adicional. — dijo evaluando la reacción del pelinegro.
— No queremos presionarte, mucho menos hacerte sentir mal, pero en verdad es necesario que sepas en qué anda involucrada tu esposa. — dijo sería la castaña. — Nuestros amigos, Blaise y Pansy nos informaron algo que puede interesarte con tu investigación sobre el tráfico de ingredientes.
— ¿No eso se sale de contexto?. — pregunto confundido Harry.
— Está todo relacionado. He mandado una carta a Blaise para que nos mandé sus memorias y así puedas consultarlas en mi pensadero. — comentó Draco mirando su reloj de muñeca. Quería que toda esa conversación terminará lo más pronto posible, empezaba a tener hambre.
De su chimenea del despacho, empezó a sonar la alarma que avisaba sobre la entrada de un invitado por la red flu. Los Malfoy y Harry se giraron con curiosidad y de las llamas salió Blaise Zabini.
— Hola a todo el mundo. — dijo alegremente el mago moreno. — Huy, joder. A juzgar por sus caras llegué en un momento crítico.
— Blaise, ¿Qué haces aquí?. — preguntó Hermione confundida.
— Te dije claramente que solo me enviaras las memorias por lechuza. — Siseó Draco irritado, mirando mal al mago.
— Vamos, Hermano. No podía perderme la oportunidad de ver la cara de Potter cuando se entere de la verdad. — dijo Zabini sin ninguna vergüenza. — Sin ofender, claro está Potter. — añadió sonriendo de oreja a oreja al pelinegro.
— No, descuida… — contestó Harry trastornado.
— Perdona a Blaise, es un tanto especial en ocasiones, pero es inofensivo. — comentó Hermione con una sonrisa tranquilizadora.
— Bueno, ¿Esperas una invitación para cenar o qué? ¡Dame las memorias que no tenemos toda la noche!. — bufó molesto el mago rubio, frunciendo el ceño.
— Alguien anda de muy mal humor. — comentó el mago italiano sin inmutarse al enojo de su amigo. — Bueno, siempre ha sido un cascarrabias, pero hoy está más voluble que siempre.
— Está molesto porque una de nuestras princesas entró a su laboratorio con Lucius. — respondió Hermione risueña, debido al comentario de su amigo moreno. Draco solo masculló un improperio.
— ¿A qué fue mi ahijada?. ¡Esa chiquilla es tan vivaz!. Me da tanta envidia su energía. — contestó Blaise emocionado.
Harry sólo tenía una mueca descompuesta. No es que no le agradará Zabini, pero era demasiado intenso. Le gustaba su vitalidad, pero ahora él no se encontraba de muy buen humor para soportar aquello. Afortunadamente, Draco se encontraba en la misma situación que Potter. Solo quería en ese momento estrangular a su amigo para ahorrarse toda la charla innecesaria. La señora Malfoy era otra historia, pues se encontraba de lo más feliz y cómoda con la presencia del esposo de Pansy.
— Blaise, Antares está en Hogwarts. ¿Cómo se supondría que ella vendría a la Mansión para entrar a mi laboratorio sin que me diera cuenta?. — replicó Draco arisco.
— La pequeña Tares es muy hábil, no por nada tiene la inteligencia de su madre. — comentó orgulloso el moreno.
— De todos modos, fue Cissa la causante de la intromisión junto a mi padre. — replicó de mala gana el mago rubio.
— Me siento muy halagada Blaise, pero creo que debemos regresar al tema. Mira al pobre Harry, necesita saber la verdad cuanto antes. — dijo Hermione con consideración.
Blaise miró al salvador del mundo mágico con curiosidad, y se encontró con el rostro pálido del hombre.
— Por Salazar, lo que tú necesitas es una buena noche en un Club nocturno. ¿Qué te parece si cuando terminemos este asunto vamos todos juntos a beber al callejón?. — comentó Zabini con complicidad al mago pelinegro.
— Blaise… — Siseó Draco tratando de mantener la poca paciencia que le quedaba.
— ¡Está bien, está bien!. Ya voy, ya entendí. — dijo el mago italiano derrotado.
Con su varita extrajo un hilo plateado y brillante de su sien y lo depositó en el pensadero que se encontraba a un lado del escritorio. Harry estaba a punto de sumergir su rostro en la bruma del pensadero, pero nuevamente la alarma de la chimenea sonó.
— ¿Ahora qué?. — preguntó Draco desesperado, sin dirigirse a nadie en particular.
De las llama salió Pansy Zabini molesta.
— ¡Con que ahí estabas!. — grito la pelinegra caminando con fiereza en dirección hacia su esposo. — Draco y Herms te dijeron claramente que solo mandaras las memorias, no que vinieras a andar de cotilla.
— Pero, Pans… — replicó su esposo, componiendo una cara de cordero degollado.
— Pero, nada. ¡A casa ahora!. — Musitó Pansy mandona tomando a su esposa de la oreja y jalandolo hacia la chimenea.
— ¡Ayuda, denuncien este acto de maltrato!. — aulló de dolor Blaise.
— Te lo mereces, por cotilla. — respondió Draco sonriendo burlón.
Una vez que ya se encontraba Pansy dentro de la chimenea junto a su esposo, esta les dirigió una mirada de disculpa a los demás presentes. — Lo siento chicos, solo lo perdí de vista un segundo. — dijo un poco apenada la bruja a los Malfoy. — Y Potter, suerte. No te desanimes, al contrario. Alégrate por tener la excusa perfecta para librarte de Weasellette. — comentó altanera.
Nuevamente las llamas de la chimenea crepitaron y el matrimonio Zabini desapareció de la habitación.
— Será mejor que metas tu cabeza ahí Potty, antes de que alguien más aparezca por ahí. — Masculló impaciente Draco.
Harry brinco como un resorte y sumergió su cara en el pensadero. Una vez que este se sumió dentro del recuerdo, pudo apreciar que el escenario que se mostraba frente a él era un callejón abandonado y poco transitado. Grande fue su sorpresa al contemplar a Ginny en compañía de Oliver Wood.
— Así que tienes ya mi paquete, eso es maravilloso. — dijo la pelirroja con alivio rompiendo el silencio del lugar.
— No tenía de otra que conseguirte las cosas rápido, fastidiarte al jefe con tanta correspondencia. — contestó ceñudo Wood.
—Smith puede llegar a ser temperamental. Me alegro que sea tan eficiente. — respondió satisfecha la pelirroja.
— El poder de los Galeones. — comentó con simpleza Wood mientras le entregaba una bolsa de papel con un pequeño contenedor de plástico dentro.
Harry miró con sorpresa el intercambio entre los dos magos. ¿Acaso su esposa estaba involucrada en la red de tráfico de ingredientes?.
— ¿Estás segura de que quieres seguir con esta farsa?. Sé que puedes encontrar a un mago que en verdad te aprecie. — mencionó Oliver. — Harry nunca te ha querido, deberías dejarlo ser libre.
— ¿Y tener que volver a empezar con alguien desde cero?. No lo creo, además Harry es un mago de grandes influencias y poder económico. Los únicos que pudieran superarlo en estos aspectos serían los antiguos miembros de los sagrados 28, pero ya están casados. — explicó Ginny con sencillez. — Además jamás sería esposa de un asqueroso Mortifago, aunque siempre puedo ser una querida amante que no dé la cara al público y tenga los lujos suficientes. Aunque prefiero mil veces tener a Harry atontado y encantado comiendo de la palma de mi mano. — añadió petulante
Nuevamente Harry Potter experimentó la sensación de tener un corazón roto. Nunca había pensado o concebido que iba a sufrir aquella traición a manos de su esposa. ¿A dónde se había ido la encantadora mujer risueña y juguetona que tanto quería?. ¿Cómo es que había sido tan ciego?, tantos años engañado por una mujer.
— Quizá nunca existió, todo fue una farsa...— Susurró Harry desalentador.
El recuerdo terminó y el pelinegro pudo reincorporarse del pensadero. Miró con seriedad a la pareja Malfoy que le veía expectante.
— Gracias por toda la ayuda que me han brindado. No sé qué hubiera sucedido si no me hubieran abierto los ojos. — comentó Harry con seriedad.
— Que conste que lo hice por mi esposa, mis hijos y los tuyos, que estaban preocupados por tu pellejo. — se excusó Draco, ganándose un golpe en el brazo de parte de su esposa que lo miraban fulminante.
— ¿Estás bien?. — preguntó Hermione con preocupación.
— Para nada, pero lo voy a estar. — dijo el mago pelinegro tratando de componer una sonrisa queda, pero no funcionó.
— ¿Y ahora que procederá? ¿Cómo piensas utilizar esta información?. — preguntó Draco intrigado.
— Primero que nada hablaré con Ginny. Le pediré el divorcio. — dijo con aplomo el hombre que vivió dos veces. — Después analizaré cómo manejar está información para continuar con la investigación de la red de tráfico. Está memoria de los Zabini si que me ha sido de utilidad.
— Yo puedo ser tu abogada para el divorcio, será pan comido. — dijo Hermione con soberbia.
— Nadie duda de tu capacidad, Leona. — mencionó Draco divertido al ver el entusiasmo oculto de su esposa.
— Mañana hablaré con ella. Mientras tanto, necesitaré un lugar donde quedarme con Lily. Ni de loco la dejo sola con ella. — dijo Harry afligido, componiendo una mirada pensativa.
— Ay, por Salazar. Se que me voy a arrepentir de lo que diré… — Musitó Draco frustrado. — Puedes venir con tu hija a quedarte en nuestra mansión. Serás bien recibido aquí todo el tiempo que necesites. — añadió con dificultad el rubio.
— Dragón, ¿En serio harías eso por Harry?. — preguntó contenta Hermione. — ¡Es excelente! Así la pequeña Lily no se sentirá sola y podrá pasar el rato con Cissa.
— ¿Qué dices Potty?. — cuestionó con rudeza el rubio. El Mencionado se quedó pasmado ante el ofrecimiento, pues ni en sus sueños más locos hubiera podido imaginar aquel escenario bizarro en el que se encontraba.
— Lo acepto, muchas gracias a los dos. — respondió con gratitud el hombre.
Cuando todos pensaron que las cosas seguirían en calma, se escuchó un pequeño puf en la habitación. Al parecer la elfina de Hermione había aparecido en la habitación con un gran ramo de rosas de un delicado rosa pálido.
— Ama Hermione, Elle ha recibido este regalo que le han traído. — comentó servicial la elfina dándole el ramo sencillo a su bruja.
Hermione impresionada lo tomó entre sus manos.
— Muchas gracias, Elle. Puedes retirarte. — agradeció con amabilidad la mujer y fue así que la elfina se retiró.
Draco miraba la escena, sombrío y sumido en un silencio sepulcral. Harry no decía nada, sabía que no era el momento adecuado.
— ¿Quién es el iluso que se atrevió?. — preguntó Draco en tono mandón.
Hermione tomó la tarjeta que acompañaba al ramo de rosas y la leyó en voz alta.
Para la más bella, elegante, inteligente bruja del mundo mágico.
Un detalle para que sepas que tienes más opciones, que estar al lado de un ser despreciable como lo es tu marido.
Te prometo que te enamoraré de nuevo, dejémonos de juegos y volvamos a estar juntos.
Ron Weasley.
Cuando la mujer de oro terminó de leer la nota, compuso una mueca de desagrado.
— Es un idiota, en definitiva. — comentó malhumorada la castaña. — Un igualado, ¿Cómo se atreve?
Con maestría convocó un bote de basura de metal, tiró el ramo completo junto a la nota con asco.
— Incendio. — Susurró la palabra con vehemencia. Con satisfacción presenció cómo las flores eran devoradas por la llama nacarada.
Mientras tanto, Draco solo compuso una sonrisa torcida que prometía problemas. Con voz sedosa y susurrante se dirigió a Harry como si fuera un íntimo amigo.
— Alguna vez has sentido el deseo de colocar tus dedos sobre la mejilla de alguien, sostener su cabeza delicadamente entre tus manos, mirarlo directamente a los ojos y luego, simplemente… ¿Torcerle su cuello?. — Siseó Draco Malfoy amenazante presenciando la escena. — Porque justamente deseo tener a Weasel entre mis manos en este momento.
— Supongo que hay una mejor manera para hacerlo pagar… — dijo un poco perplejo el pelinegro. — Algo menos drástico, quizá. — sugirió.
— Al parecer tendré que enviarle un regalo de agradecimiento a Weasel como dicta el protocolo, por su "buen gesto". — dijo Draco con frialdad. Las llamas se reflejaban en su mirada acerada y filosa.
Harry solo sintió como un escalofrío le golpeaba. Sabía que Ron estaba muy, pero muy jodido.
— Demasiado Ron Weasley por un día. — dijo Hermione mientras desvanecía las cenizas del regalo y se sentaba en una de las sillas con pesadez y fastidio.
