"Yo soy la Señora Malfoy y este es mi legado"
Capítulo diez: Ayudando a un amigo.
Malfoy Manor
Salón principal
8:30 pm
— Muchas gracias por todo, especialmente a ti Hermione. Si no me hubiera enterado de esta información valiosa, no sé qué sería de mí y mi familia. — mencionó Harry con gratitud, sonriendo con sinceridad.
— No es nada. Era necesario, no podía seguir permitiendo que te siguieran engañando, mucho menos que tus hijos pagarán los platos rotos. — dijo Hermione con modestia.
— Genial, yo tuve la sospecha de que estabas siendo hechizado y mi adorada esposa se lleva el crédito. — comentó con ironía Draco, sonriendo sardónicamente.
— Jamás creí decir esto, pero no hay de otra. Muchas gracias también a ti, Hurón. — respondió Harry. — Debo admitir que si no hubieras sembrado en mí la duda, nunca hubiera dejado de tomar el café adulterado de mi esposa.
De nuevo los adultos habían regresado al salón principal de la mansión, pero en esta ocasión para despedir al mago pelinegro. Le habían dado permiso para utilizar la red flu para que pudiera ir a casa de Daphne con mayor rapidez. Lucius y Narcissa habían optado por ir a su habitación a esperar que la cena se sirviera, por lo tanto se encontraban solos en el gran salón.
— Con que ya entramos en confianza, ¿Eh, Potty?. Hace muchos años que habías dejado de llamarme así. — Musitó petulante el rubio. — Aún así no lo hagas.
Harry Potter solo pudo sonreír con inocencia, mientras que Hermione rió divertida.
— No seas así, es un sobrenombre lindo. — opinó la bruja castaña con optimismo.
— Dilo por ti. ¿Cómo quedaría mi reputación después de que la gente se entere que alguien se atreve a llamarme hurón?. — comentó el patriarca Malfoy dramáticamente.
— ¡Papi, papi!. Aquí están los chocolates que le pediste a Roy. — dijo una voz dulce y entusiasta.
Aparte del grito, se escucharon pequeños pasos rápidos contra el suelo de mosaico color blanco. Corriendo en su dirección, venía Etamin Malfoy con una caja rectangular de color vino con toques dorados. Draco sonrió ampliamente y extendió sus brazos para recibir a su pequeña hija, que no dudó en ningún segundo en corresponder el abrazo de su padre. Después de aquella demostración de afecto, la pequeña niña abrazó la caja entre sus manos y miró a su madre con ojitos tiernos.
— Mami, ¿Puedo comerme uno antes de cenar?. — preguntó tiernamente la rubia.
— No cariño, conoces la regla. Nada de dulces en la noche. — dijo Hermione sin dar lugar a reproches.
Su pequeña niña hizo un lindo puchero, que a Harry le pareció muy adorable. Aquella niña era una mini Hermione en sus facciones, pero tenía el gen que gritaba que era una Malfoy. No por nada Etamin tenía su cabello rubio dorado y corto. Aunque según Harry, su aspecto más llamativo eran sus ojos con heterocromia.
— Papi… — Musitó de manera lastimera la niña, continuando con su puchero.
— No Etamin, sabes qué debemos hacerle caso a tu mamá. — dijo Draco con firmeza, pero no siendo rudo.
— Está bien, pero ¿Mañana si me dejan?. — preguntó con inocencia la menor de seis años.
— Claro que sí cariño. — respondió en tono maternal la bruja castaña.
— Toma papi, los traje por Roy. — comentó Etamin mientras le entregaba la caja al rubio.
— Gracias princesa. — le sonrió su padre con cariño.
— Oh, ¿Dónde quedaron mis modales?. Harry, ella es una de mis hijas. — mencionó Hermione entusiasta.
— Preséntate como se debe, cielo. — comentó Draco con simpleza.
— Mi nombre es Malfoy, Etamin Malfoy. Mucho gusto en conocerlo Señor Potter. — dijo con amabilidad y educación, dedicándole una sonrisa dulce.
— Vaya, eres toda una damita. Mucho gusto Etamin. — contestó Harry con ternura. — Y dime, ¿Cómo sabes quién era yo?. — preguntó curioso.
— Lo he visto en el libro de historia de la magia de Londres. — explicó con sencillez la rubia. — Me retiro, papis. Deje a mis muñecas solas tomando el té. Los veo en la cena. — añadió contenta la pequeña dirigiéndose a sus padres y alejándose corriendo por el lugar con entusiasmo.
— ¡No corras por los pasillos!. — gritó Hermione colo advertencia a lo cual su hija solo sonrió traviesamente.
— ¿Entonces tienes cinco hijos Mione?. Vaya, se ve que no perdiste el tiempo. — preguntó Harry burlón, mirando sugerente a la castaña. Está enrojeció de golpe.
— Vamos, Potter. No puedes sorprenderte cuando tienes 4 hijos. — comentó Draco sardónicamente.
— Aún así, ustedes me ganan por uno. Me sorprende que puedan estar pendientes de todos ellos. — dijo el pelinegro con sencillez.
— No Harry, estás en un error. — Musitó apenada la bruja. Su esposo sonrió de lado, divertido. — No tengo cinco hijos…
— ¿Ah, no?. Pero tengo entendido que son los tres pequeños que están en Hogwarts, la pequeña llamada Narcissa y Etamin. Son cinco… — dijo confundido el mago que vivió, mirando con duda a la mujer.
Hermione trataba de articular palabras, pero nada quería salir de su boca. Sentía su rostro arder. Al ver que su esposa se encontraba nerviosa y balbuceante, Draco salió en su auxilio.
— Solo diremos que tenemos más de cinco. — comentó Draco en un tono enigmático y orgulloso.
— Oh, por Godrig. ¿Cuántos son?. — preguntó impresionado el ex Gryffindor.
— ¿Por qué no te quedas a cenar y lo averiguas?. A mis pequeños les gustaría conocer al hombre que vivió. — dijo Hermione con amabilidad y solemnidad.
— Lo siento mucho, pero debo ir a ver a Alhelí. — se excusó con verdadera lástima.
— ¿Qué tal mañana? Puedes traer a Alhelí y Daphne. Incluso a Lily, me muero de ganas de conocerla. — comentó entusiasta la señora de la casa.
— Está bien, acepto tu invitación. — dijo Harry más animado. — Por cierto Malfoy, ¿Para qué ves la caja?. — preguntó con curiosidad.
— Oh, esto. — dijo el rubio señalando la caja. — Pienso hacerle un regalo a Weasel, por ser tan considerado en darle flores a mi mujer. — Siseó de mal humor.
— No lo vas a envenenar, ¿Oh sí?. — preguntó el pelinegro alarmado.
— Ya quisiera yo, pero no quiero que la leona me mate por ir a Azkaban. Aunque yo no tendría ningún problema con tal de deshacerme del pobreton. — comentó Draco con satisfacción, ofreciendo una sonrisa cínica. — No le haré nada grave, solo haré una variación de lo que quiso hacerle mini Weasel a Scorpius.
— Dragón, sabes que te amo, pero si caes en Azkaban por una estúpida provocación de Weasley, vas a preferir tener de compañía a los dementores que a mí enojada. — Siseó Hermione amenazante.
— Wow, tranquila mujer. No pierdas la cabeza. Además, tu "amiguito" Weasel tiene la culpa de esto. Yo podría estar muy tranquilo en este momento cenando. — se justificó el mago rubio sin vergüenza. — Además, eres mi abogada. Nadie mejor que tú para sacarme de los problemas. — añadió galante, guiñandole un ojo.
— Está bien, rubio teñido. Solo porque sabes que soy la mejor en lo que hago, no diré nada. — expresó la mujer con soberbia, sonriendo de lado. — Ahora sí ya terminaste de andar modo "Malfoy", ¿Podrías darle a Harry las pastillas?. — comentó con burla.
— Nunca se tiene suficiente de Malfoy. — comentó petulante y Solamente el mago a su esposa. De su bolsillo del pantalón, sacó un pequeño frasco de plástico con su respectiva tapa. — Afortunadamente ya estábamos preparados para la situación. Me tomé la gran molestia de preparar un antídoto para tu problemita, aunque sería de gran ayuda que ya no ingieras nada de lo que te dé Weasellette. — dijo dirigiéndose al pelinegro, para después lanzarle el frasco despreocupadamente.
El pelinegro lo atrapó con agilidad y lo analizó con curiosidad. Se percató que la presentación del antídoto eran pastillas de un azul brillante.
— Hey, creí que los antídotos para filtros de amor eran transparentes. — mencionó con intriga Potter. — Vaya, que buena presentación. Esperaba una típica poción.
— Draco se ha encargado de buscar alternativas para el uso de pociones medicinales. Entre ellas está la combinación de tecnología farmacéutica muggle. Para más practicidad. — explicó Hermione con orgullo.
— Es algo muy ingenioso. — halagó optimista el hombre que vivió.
— Lo sé. — dijo Draco sin ninguna molestia. — El color es solo colorante, ya que el resultado final es que sean blancas y muy aburridas. Supuse que no querías que la prensa especulara si te llegaban a ver tomandolas, así que las hice de color azul para que pensaran que tienes otra clase de … problemas de salud. — explicó insinuante y con toda calma.
— Espera un minuto, ¿Qué no las pastillas de Viagra tienen ese color?. — preguntó Hermione con confusión, a lo cual Draco solo sonrió cínicamente.
— ¡Malfoy!. — gritó Harry indignado.
— Son tres pastillas al día, durante un mes Potty. — dijo sin vergüenza el rubio.
Casa de Ronald Weasley
9 pm
Mientras las cosas se encontraban interesantes en el hogar de los Malfoy, era todo lo contrario en la casa de Ronald Weasley. A pesar de la hora, sus hijos ya se encontraban en cama dormidos. La pequeña Rose se encontraba tan deprimida y cansada como para estar en el comedor. Por otro lado, su hijo Hugo se había acostado antes para dormir. Lavender Brown en ese momento se encontraba tomando un baño.
Aprovechando la tranquilidad y privacidad que le ofrecía su hogar, Ronald había decidido tomar un trago de Whisky de fuego, sentado en su pórtico, para así admirar el paisaje. El Weasley menor cuando adquirió su casa, había decidido que ésta fuera una que se encontrará cerca de la madriguera. Así podría estar pendiente de su madre.
Mirando su jardín, analizaba las acciones que había llevado a cabo en el día. Sabía que había sido una decisión precipitada y arriesgada el haberle mandado rosas a Hermione. Tenía el conocimiento que posiblemente se metería en problemas por ello, pero no le importaba, pues estaba dispuesto a hacer lo que fuera para llamar la atención de la mujer castaña.
— Espero que no sea tan terca y las reciba con agrado. — pensó con anhelo. — Además, ojalá Malfoy se haya enterado, para que sepa que tiene competencia.
Tan ensimismado estaba en sus pensamientos que no notó cuando una lechuza negra de ojos rojos le miraba de manera misteriosa, posada en el barandal de madera que rodeaba la casa. La lechuza en un afán de llamar la atención ululó con fiereza, provocando que el mago pelirrojo se sobresaltara y tirará sobre él un poco del contenido de su vaso.
— Pajarraco, ¿Qué haces aquí?. ¡Casi me da un susto de muerte!. — exclamó Ron sobresaltado.
El pájaro le dedicó una mirada penetrante que le dió escalofríos al mago. Con agilidad voló sobre él y le tiró un paquete rectangular en su regazo. Fue así como la lechuza emprendió el vuelo de vuelta a su hogar. Ronald, con curiosidad tomó el paquete entre sus manos, sintiendo que era algo ligero. Rápidamente retiró el envoltorio de papel color rojo y pudo verificar el contenido. Con agrado y sorpresa, el mago leyó que la caja era ranas de chocolate.
— Debe ser de parte de Hermione. Al parecer las rosas le agradaron. — pensó con presunción.
Era una presentación de edición especial que había sacado Honeydukes de chocolates finos, con rellenos de diferentes sabores. Antes de poder degustar alguno de los pequeños pedazos de felicidad, se tomó su tiempo para desdoblar una pequeña nota que venía pegada a la caja.
Weasel
Gracias por el pequeño detalle que le has mandado a mi esposa. Te demuestro mi simpatía dándote un presente para que no olvides lo que sucede cuando te atreves a cortejarla.
Ron impresionado elevó sus cejas. Claramente la nota la había escrito Malfoy, incluso podía sentir el sarcasmo y el tono de amenaza emanando de las plantas del texto. Con algo de desilusión, tomó una rana de chocolate.
— No puedo comerte delicioso bocadillo, de seguro estás envenenado… — Susurró con verdadera lástima.
De repente y sin aviso, la rana de chocolate que sostenía entre sus dedos empezó a vibrar. Con pánico, soltó el pedazo de dulce sobre la caja y con horror contempló como a la pequeña rana de chocolate le salían ocho patas negras y gruesas. Después de reaccionar unos momentos después se dió cuenta que ese chocolate no era el único afectado, pues los demás que estaban en la caja se estaban transformando en arañas. Con horror gritó cuando se dió cuenta que estaban creciendo de tamaño, hasta alcanzar la palma de su mano.
Despavorido tiró la caja de chocolates al suelo, pero ese solo fue un detonante para que los 24 arácnidos se le fueran encima.
— ¡Alguien ayúdenme!. — gritó con horror.
De una de las ventanas superiores de su casa, se asomó un pequeño niño pelirrojo.
— ¡Son arañas! ¡Eso es genial papá!. — expresó Hugo Weasley emocionado. — ¿Puedo quedarme una?.
No era sorpresa para Ron que su hijo le hiciera aquella petición. Por alguna extraña razón, su hijo más pequeño había nacido con un gusto peculiar por aquellos seres de ocho patas que él tanto aborrecía. Todos los años para navidad Hugo Weasley pedía como obsequio una tarántula, pero sus padres se negaban rotundamente
— ¡Ahora no Hugo!. — gritó Ron despavorido mientras rodaba por el suelo.
— ¿Qué está pasando aquí?. — preguntó Lavender saliendo de la casa con una bata en su cuerpo. Al parecer su baño había sido interrumpido. — ¡Oh, por Merlín! ¡Ro-Ro!. — gritó agudamente corriendo en dirección a su esposo.
— ¡Quitamelas y deja de gritar!. — gritó Ronald mientras se sacudía como un gusano.
— Arania Exumai. — dijo la bruja con determinación y de su varita salió una luz brillante que impactó con algunas de las arañas, pero nada sucedió. — ¡No sirve!.
— ¡Joder, desaparecelas!. — bramó Ron desesperado.
— Evanesco. — dijo Lavender con frustración mientras apuntaba nuevamente con su varita a su esposo. Con un ligero puf, los arácnidos se desvanecieron.
— Mami, yo quería una… — dijo Hugo con desilusión.
— No Hugo, ¿Qué no ves cómo se pone tu padre?. — contestó la mujer rubia huraña. — Y tú, ¿Cómo se supone que terminaste así?. — increpó exaltada.
— Un regalo anónimo… — mintió Ron con vergüenza.
Hogar de Daphne Greengrass
9 pm
Mientras tanto, Harry Potter se había retirado de Malfoy Manor y había llegado al hogar de su amiga Daphne. A pesar de que la bruja sangre pura tenía una gran fortuna debido a su familia en el banco de Gringotts, ella no vivía en una mansión opulenta. Por el momento, la rubia vivía en un espacioso departamento ubicado en el centro de Londres. Cómo le había comunicado a los Malfoy, Harry había llegado en la red Flu, ya que Daphne había considerado que dada la situación en la cual se encontraban, así sería más fácil para el pelinegro poder ir a visitar a la hija que tenían en común.
Sentadas en el pequeño comedor del hogar, estaban Daphne y su hija Alhelí a punto de cenar, cuando escucharon la alarma de la red Flu. Con calma, la rubia se incorporó de su asiento para situarse a un lado de la chimenea para esperar a su visitante.
— ¡Papi!. — gritó Alhelí Potter con emoción corriendo a abrazar a su padre con efusividad. Harry sonrió al saberse recibido.
— Hola Daph. Lamento la tardanza, pero tuve unos asuntos que atender con Malfoy y Hermione. — explicó Harry un poco apenado a la mujer, después se dirigió a la menor. — Hola, mi bella flor. — añadió cariñoso mientras estrechaba a su hija en brazos.
— No te preocupes Harry, lo entiendo. ¿Te apetecería cenar con nosotras?. — dijo la rubia con amabilidad, mirando fijamente los ojos esmeraldas del hombre que vivió. — Te ves muy cansado. —mencionó con preocupación.
El pelinegro se sobresaltó un poco ante el comentario de su amiga.
— Si papi, quédate. — Musitó Alhelí risueña.
— Al parecer no tengo opción. — dijo Harry sonriendo sinceramente.
— Espero y te gusten las Jacket potato. — dijo Daphne mientras movía su varita.
— Desde luego que si, las adoro. Siempre que las servían en Hogwarts, competía con Ronald para ver quién comía más. — dijo sonriente el mago.
Mágicamente, un juego de platos levito hasta la mesa. El platillo consistía básicamente en una pala horneada, rellena de una mezcla de atún, queso y mayonesa. Aunque también existía la posibilidad de sustituir el atún por pavo. Era una comida exquisita, ya que tenía una consistencia crocante por fuera y suave y tierna por dentro. A Harry se le hizo agua la boca y con ansias probó un bocado.
Daphne con satisfacción miró como el hombre pelinegro comía gustoso su comida. Al menos podía jactarse que era una gran cocinera y al hombre le había gustado su platillo. Le alegraba a la joven mujer presenciar como el mago comía con entusiasmo junto a su hija. Aunque había algo que le preocupaba. Desde que Harry había arribado a su hogar, Daphne había podido ser capaz de notar que algo le estaba acongojando a su jefe.
Mientras cenaban, el pelinegro se aventuró a preguntar algo que quería hacer desde que había llegado.
— Daph, quería pedirte permiso para que mañana me dejes llevar a Alhelí a Malfoy Manor. Hace un rato, platiqué con Hermione y llegamos al acuerdo de que sería bueno para nuestra pequeña hacer más amigos. — explicó con simpleza. Con satisfacción se dió cuenta de la mirada emocionada de su hija. — Incluso tengo pensado llevar a Lily…
— Oh, ¿Estás seguro Harry?. No tengo nada en contra de Lily, al contrario me parece sensacional para que ellas se conozcan, pero ¿Qué le dirás a Ginny?. — preguntó Daph con preocupación
Harry sonrió ante la respuesta de su acompañante. Ella siempre se preocupaba por los demás, tanto que incluso le preocupaba cómo podía reaccionar la familia de Harry ante la aparición de otra hija. No le interesaba que pudieran pensar de ella, sino le preocupaba más la mal interpretación de los hechos, de a quienes pudieran lastimar. Su preocupación le pareció muy dulce, pues sabía que Daph era una muy buena persona. Y se sentía afortunado de tenerla a su lado para criar a aquella hija que compartían. Aún no estaba seguro si sentía que debía existir algo más que la amistad entre ellos, pero si las cosas se daban, él no pondría resistencia por intentarlo con ella.
La bruja rubia tenía muchas cualidades que a Harry le parecían adorables y grandiosas. Aquella vez en la cual habían conocido a Alhelí, no pasó desapercibido para el mago el instinto maternal que tenía escondido muy dentro de su ser. Cualquier mujer que valorará la familia más que nada en el mundo, era una digna persona para Harry Potter.
— De hecho quería hablar unas cosas contigo, acerca de eso. — dijo el pelinegro con seriedad.
— Oh, está bien. Supongo que puedo darle permiso a Alhelí de ir. — Musitó la rubia con simpleza. — Nosotros hablaremos en privado en un rato.
— Si, yo quiero conocer a más amigos. — dijo emocionada la niña pelinegra.
— No te vas a arrepentir, cielo. Los Malfoy nunca te aburrirán. — Mencionó con optimismo su madre.
Estuvieron cenando en alegría, hasta que la más pequeña de ellos decidió irse a acostar. Una vez que la arroparon, los adultos se dispusieron a platicar.
— Y dime, Jefe. ¿Qué es lo que te está acongojando?. — preguntó Daph con curiosidad mientras se sentaba en el sillón. El pelinegro suspiró e imitó las acciones de la mujer. — ¿Qué dolor de cabeza le ha traído su adorada esposa?. — añadió burlona.
— Me voy a divorciar. — declaró con aplomo y seriedad.
— ¿Qué?, ¿Está seguro?. ¡Piénselo, no puede terminar todo abruptamente!. — comentó la rubia con mucha sorpresa y exaltación.
— Es definitivo, Daph. No habrá vuelta atrás. Todo lo que me he enterado en la última hora me ha llevado a tomar esa decisión. — explicó Harry con serenidad. — La seguridad de mis hijos y su relación conmigo estaba en juego. No puedo permitir que siga ocurriendo.
— Por Salazar, sabía que algunos Weasley estaban mal de la cabeza, pero nunca consideré que Ginevra fuera peligrosa. — dijo la bruja horrorizada. — ¿Qué fue lo que hizo?.
— Descubrí que estaba bajo los efectos de Datura. — Explicó Harry acomplejado. — Es un… — fue interrumpido por su acompañante.
— Un filtro de amor antiguo, lo sé. — Dijo Greengrass con mucha seriedad.
— Típico de una serpiente. Hábiles en ingredientes para pociones. — dijo Potter burlón, para aminorar la tensión del aire.
— Ya lo sabes, siempre los mejores. Aunque me gusta más la Herbología. — Admitió la mujer con satisfacción. De seguro Draco y Herms lo descubrieron, no estoy sorprendida ya que son excelentes magos. ¿Te dieron algún antídoto?. ,— preguntó preocupada examinando con la vista al hombre.
— Si, uno muy práctico. Las tomaré por un mes. — mencionó el pelinegro entusiasta, mientras le mostraba su bote que contenía pastillas.
— Eso parece Viagra… — contestó Daphne mirando confundida las pastillas azules.
— ¡No es lo que piensas! Fue culpa de Malfoy. — respondió Harry exaltado y con un ligero rubor adornando sus mejillas debido a la vergüenza.
— Me lo imaginaba. — Rió la rubia con carisma. Le parecía muy tierno la reacción del pelinegro. —¿Entonces estás bien con todo esto?. — Volvió a preguntar con inseguridad.
— Lo estaré, aunque es duro conocer la verdad y darte cuenta que nunca conoces bien a las personas. — contestó el mago con pesar.
— No todos somos así, Harry. — Musitó en tono cómplice mientras le daba un apretón arriba de su mano. — Cuentas conmigo para todo. Nos tienes a Alhelí y a mi para ayudarte. No estás solo, tienes a Hermione y Draco también. Y no olvides a tus hijos, nosotros te apoyaremos. — añadió con una sonrisa tierna.
Harry solo pudo sonreír como pudo, sin poder evitar que unas cuantas lágrimas traicioneras rodarán por sus ojos. Daphne no dijo nada, solo le sonrió con ternura y le dedicó un cálido abrazo. Aprovechando la posición en la que se encontraban, la rubia llevó su mano al cabello rebelde del mago y lo acarició para tratar de infundir calma.
Grimmauld Place
11 pm
— ¡Harry James Potter! ¿A qué horas son estás de llegar?. — gritó Ginny histérica en la sala de estar, presenciando como su esposo trataba de escabullirse hacia su cuarto.
— No estoy de humor, hablamos mañana. — Contestó Harry cansado. — Despertarás a Lily con tus gritos.
— ¡Qué! ¿Cómo te atreves a contestarme así? ¡Soy tu esposa!. — Musitó la pelirroja iracunda. Su rostro adquirió una tonalidad parecida al color de su cabello, debido al desborde de irá que estaba teniendo. — Además, Percy me dijo que les diste una carta poder a los Malfoy. ¿Es que acaso tú estás mal de la cabeza?. ¡Mi hermano quedó como un idiota!.
— Dije que mañana Ginevra y no te metas en lo que no te incumbe, son asuntos de trabajo. — contestó Harry áspero.
La pelirroja se sorprendió por la contestación de su esposo. Pensó que él le pediría disculpas por la forma en la cual le había hablado. Boqueó como un pez fuera del agua debido a la incredulidad del asunto, pero con rapidez se recuperó y frunció su ceño profundamente.
— Pues si eres tan valiente y descarado como para contestarme así, no entrarás a dormir en nuestra habitación. — contestó huraña la bruja.
Ginny se dió la vuelta furiosa, se dirigió a las escaleras y subió con rapidez. Lo próximo que oyó Harry fue un fuerte azotón de puerta. Si así se había puesto su esposa porque había llegado tarde, no quería saber cómo se iba a poner cuando le dijera sobre el divorcio. Con calma se dirigió a la habitación de su pequeña hija. Dormiría en su cuarto para asegurarse que estuviera a salvó de su madre.
Con paso cauteloso subió por las escaleras y se adentro en los aposentos de su hija. Con cuidado abrió la puerta y pasó. Al parecer la pequeña Lily Potter seguía dormida y no se había despertado por los gritos de su madre. Harry sonrió cariñoso. Desde ahora iba a dar lo mejor de sí para tener a sus hijos felices. Con más ánimo tomó su varita y transformó la silla del tocador de su hija en una cama. Afortunadamente la habitación era lo bastante grande para dar espacio a dos camas. Ya más tranquilo y calmado, el pelinegro decidió entregarse a los brazos de Morfeo para recuperar fuerzas, pues mañana sería un día largo en el cual debía enfrentar al demonio pelirrojo que tenía por esposa.
A Harry Potter la noche se le pasó volando. Con pesar abrió sus ojos y los cálidos rayos de luz se filtraron en su campo de visión, dificultando la vista. Perezoso se incorporó de su cama improvisada. Tomó sus lentes y se estiró. Después comprobó que Lily seguía durmiendo plácidamente. Su pequeña era la más perezosa de sus hijos, pero eso no le quitaba lo responsable. Tan cansado estaba ayer que se dió cuenta que nunca se cambió de ropa, así que solamente utilizó un hechizo para quitar las arrugas de su camisa y pantalón. Al salir del cuarto, decidió utilizar un encantamiento silenciador en el cuarto de la pelinegra Una vez listo, con cautela bajó a la planta baja de su casa para encontrarse con Ginny.
Curiosamente, la planta baja se encontraba en total silencio. Estaba a punto de llamar a alguno de sus elfos domésticos, pero una nota en la mesa de la sala llamó su atención. El hombre la tomó sin chistar.
Lily
Me fui a desayunar con tu tía Lavender. Dile al elfo que les prepare algo de comer a tu padre y a ti. Aunque dudo que él se encuentre ahí a estás horas, seguramente se fue ya a trabajar. Nos vemos en un rato.
Mamá
El pequeño recado se dirigía a su hija. Harry suspiró con alivió, aún no debía enfrentarla, pero no podía dejar que el día pasará. Antes de que pudiera arrepentirse por sus miedos, subió nuevamente corriendo a la planta alta. Ingresó al cuarto de su hija y con cuidado la despertó.
— ¿Papá?. — preguntó Lily sorprendida y confundida, sus ojos aún se veían adormilados.
— Buenos días, cariño. Ya es hora de levantarse, pero rápido. Tenemos algo importante que hacer. — Le contestó animado el mago, sacudiéndola con levedad para que la niña se parará.
— Ya voy, ya voy. Apenas son las nueve de la mañana. — Se quejó la pelinegra con pereza mientras se sentaba en la cama y se estiraba.
— Entonces ya es un buen horario. Hija, a veces no sé cómo te las arreglarás para ir a Hogwarts, ahí el desayuno empieza a las 8 y las clases a las 9. — comentó Harry con diversión.
— Naaa, aún me quedan dos años para disfrutar y levantarme tarde. — dijo Lily sin preocupación. — ¿Qué es lo que tenemos que hacer con tanta urgencia?. — preguntó con curiosidad.
A Harry la sonrisa se le fue del rostro. Lo que le iba a decir a su hija sería complicado.
— Necesito que empaques todas tus cosas, Patches te ayudará. — pidió con amabilidad el hombre, fingiendo que todo se encontraba bien.
La pequeña pelinegra evaluó con su mirada a su padre. Su rostro reflejaba tranquilidad, pero había algo en sus ojos que le inquietaba.
— ¿Te vas a separar de mamá?. — preguntó sin chistar.
— ¿Ah?. — Musitó Harry con sorpresa.
— Tu no harías que empacar todas mis cosas si nos fuéramos de viaje, papá. — le dijo Lily perspicaz. — Además, yo he escuchado su pelea de anoche. Se que tú tratas de ocultarme a mí y mis hermanos los problemas que tienen, pero mamá no es nada discreta, ya que cuando no estás se la pasa trayendo a Tía Lavender para contarle todo, por ende termino enterándome de sus desacuerdos. — explicó con incomodidad.
— Así que por tu madre te has enterado de nuestros problemas. — Musitó Harry con pesar.
Era algo duro enterarse que tu hija más pequeña estaba constantemente en el ojo del huracán y la tensión. Pues ella se enteraba de todos los problemas que había tenido el matrimonio hasta ahora.
— Estoy de acuerdo, papá. Sé cómo es mamá, ella tiene algo que no es bueno para nosotros. Sé que es mi madre, le tengo algo sé cariño, pero algo siempre ha estado mal… — explicó la pelinegra con timidez. — Albus y James se pondrán tan contentos, ya podremos hablar nuevamente. — Sonrió contenta la niña.
— ¿Hablar juntos de nuevo?. ¿Qué quieres decir con eso, cariño?. — preguntó el Potter mayor confundido.
— Mamá me tenía prohibido comunicarme con Albus. Cuando ella no estaba, aprovechaba y le hacía llegar cartas a través de Patches, al menos. — confesó con pesar. — ¡Ahora todo será diferente! Ya podré hablar otra vez con él con normalidad y no tendré que quedarme sola. — añadió con emoción.
— ¿Cuántas veces tu mamá te ha dejado sola?. — preguntó con seriedad el hombre. Recordaba claramente que siempre le había advertido a Ginny que no dejara sola a Lily en la casa. Que si tenía un compromiso la dejara con él en el trabajo o con algún Weasley.
— Casi siempre. — confesó Lily con tristeza.
A Harry al ver la tristeza inundar los ojos verdes esmeraldas de su hija, le provocó que el corazón se le rompiera. En efecto su familia había estado muy mal y el ciego ante la verdad no había querido verlo.
— Ya todo estará mejor, cariño. Vamos, empaca tus cosas. — le alentó Harry. — Le diré a Kret y Scribble que empaquen mientras tanto las cosas de James y Albus.
— A todo esto, yo tengo algunas cosas de Albus en mi armario y debajo de mi cama. — Musitó con nerviosismo mientras jugaba con sus dedos.
— ¿Y eso por qué, cielo?. — preguntó Harry confundido.
— Cuando mamá se enteró que Albus era Slytherin, empezó a girar sus cosas del cuarto a escondidas de Ti. Pude rescatar algunas cosas de cuando él era bebé y otras pertenencias importantes para él. — explicó un poco avergonzada. — Quise rescatar más cosas, pero ya no cabían en mi cuarto y no quería que mamá me regañara.
— Está bien, Lily. Hiciste lo que pudiste, estoy orgulloso. — Musitó Harry regalándole una sonrisa a su hija que la reconfortó.
Rápidamente el patriarca se retiró de la habitación de la menor y fue a empacar el mismo sus pertenencias. Le indico desde luego a Scribble, Patches y Kret las tareas que debían realizar antes de partir. Fue así que se pusieron manos a la obra, aprovechando la ausencia de la matriarca Potter.
Cuando terminaron, Harry mandó a Kret junto con todas las cosas y una nota a Malfoy Manor. Esperó paciente unos momentos y el elfo apareció con la contestación.
— La señora Malfoy es una bruja muy amable, amo. — Comentó Kret feliz entregando el recado a su amo.
— Desde luego que sí, gracias Kret. Te vemos haya. — agradeció Harry.
— ¿Qué dice papi? — preguntó Lily con curiosidad.
Harry amablemente le mostró el trozo de papel.
Querido Harry
Claro que sí puedes quedarte con nosotros. Eres recibido con tus elfos y tus cosas. Mis hijas se llevarán de maravilla con Lily, estoy segura.
Hermione
— ¿Ella es tu amiga de la infancia? ¿La que tanto extrañabas?. — preguntó emocionada la pelinegra.
— Así es Lily. Nos quedaremos en su casa por un tiempo en lo que restauran otra de mis propiedades para que sea nuestra casa. — explicó Harry.
— Genial, ya quiero conocerla a ella y su familia. — dijo emocionada.
— Pues vamos, que tenemos prisa. — contestó su padre tranquilo.
Fue así como Harry tomó la mano de la pequeña Lily y se desapareció.
Malfoy Manor
Salon principal
10 pm
Cuando llegaron a la mansión Malfoy, Lily Potter observó asombrada la gran edificación. Pasaron los hermosos jardines y tocaron la puerta. Elle, la elfina de Hermione les recibió cálida.
— Señor Potter, un placer tenerlo en la morada de los amos. — dijo Elle amablemente. — Pasen, los están esperando.
— Muchas gracias Elle. — agradeció Harry en el mismo tono.
Ingresaron a la mansión y llegaron al gran salón, en dónde sentadas se encontraban Hermione y Cissa II.
— Ama, el señor Potter ha llegado. — anunció la criatura en tono cantarino.
— Ya lo veo Elle, gracias puedes retirarte. — contestó Hermione amable. Su elfina solo hizo una reverencia y desapareció con un puf. — Bienvenidos a Malfoy Manor. ¿Ella es la pequeña Lilly?.
— Hola Hermione, claro que sí. Te presento a mi pequeña hija. — dijo alegremente Harry. — Lily Luna Potter.
— Hola, es un placer señora Malfoy. — saludó tímida la pelinegra.
— Oh, cielo. No me digas señora Malfoy, se oye tan serio. Llámame tía Hermione. — expresó carismática la bruja. Lily sonrió ampliamente y asintió. Fue ahí cuando se dió cuenta de la presencia de la otra niña en el lugar y la miró con curiosidad. Hermione se percató. — Que distraída soy, por Merlín. Ella es una de mis hijas. Saluda Cissa.
— Soy Malfoy. Narcissa Malfoy, pero pueden llamarme Cissa. Para que no haya condiciones con mi abuela. — contestó educadamente la niña semi castaña.— Es un placer conocerlo señor Potter, incluso a su hija. — sonrió con suficiencia. Aquella sonrisa le recordó a Harry a un Draco Malfoy de 11 años.
— Hola Cissa, no necesitas ser tan formal con nosotros. El gusto es nuestro. — contestó Harry contento.
— Bien, ¿Puedo llevar a su hija a jugar?. — preguntó Cissa guardando la compostura. Harry asintió y hasta ahí se fueron los buenos modales de la niña. — ¡Genial!. Vamos Lilu, ¿Te gustan las muñecas?. ¡Tengo una gran colección que puede encantarte!. — gritó entusiasta mientras tomaba de la mano a la niña pelinegra y se la llevaba hacía la planta alta.
Harry y Hermione rieron por la escena.
— Es una niña encantadora tu hija. — halagó Hermione sonriente.
— Al parecer a Lily también le ha caído bien la tuya. Cissa es una niña muy especial. — comentó divertido Harry.
— Es muy vivaz. Cuando te des cuenta, dejará a Lily sin energías. — respondió con tranquilidad la bruja. — Por cierto, tus cosas ya han sido instaladas arriba. Te hemos proporcionado toda la sección que tenemos disponible para los huéspedes, espero que sea suficiente. También pueden hacer uso de mi elfina y los de las cocinas para cualquier cosa que necesiten.
— Gracias, pero con dos habitaciones bastará. — Mencionó Harry apenado.
— Tonterías, siéntanse cómodos. Sino Draco y yo nos sentiremos ofendidos. — dijo Hermione restándole importancia al asunto.
— Gracias. Ahora debo volver a darle la noticia a Ginny. — suspiró Harry cansado.
— ¿Crees que se lo tome muy mal?. — preguntó la castaña.
— Vamos, como no supieras como es. Sino llegó en dos horas con Alhelí manda a mis aurores por mi. — dijo el pelinegro con dramatismo.
— Ya no te juntes con mi esposo. Te está pegando su dramatismo. — comentó Hermione petulante.
— A todo esto, ¿En dónde está el Hurón?. — preguntó con curiosidad el mago.
— Está en su laboratorio trabajando en su cura. — se limitó a decir con calma.
— Me cuesta admitirlo, pero sé que lo lograra. — comentó Harry.
— Yo también lo sé, Harry. Yo también…
Restaurante Venaven
9 am
Mientras los Potter se encontraban conspirando en su nuevo hogar, Ginny se encontraba histérica compartiendo lo que había descubierto de su esposo a su cuñada, mientras degustaban un delicioso desayuno.
— Y eso fue lo que pasó. ¡El mal agradecido se atrevió a levantarme la voz!. Eso me pasa por ser tan condescendiente con él. — expresó Ginny con molestia.
— No lo sé Ginny, ¿No crees que estás exagerando con el pobre de Harry?. — preguntó Lavender sin sonar convencida. — Eso sí, últimamente ha actuado extraño. Ayer cuando fuimos por el citatorio de Rose, él nos acompañó para poder ver la posibilidad de que disminuyeran su castigo, pero no intervino por su sobrina. — explicó ofendida la rubia.
— ¿En serio se atrevió a no ayudarles? ¡Qué descaro!. — contestó incrédula la pelirroja. — Pobre de Rose, debe estar muy triste.
— Y que lo digas, la pobre apenas tiene energía para llorar. Todo es culpa de los Malfoy. Que gran madre resultó ser la arpía de Granger. — Mencionó con asco la rubia.
— De seguro esa mosquita muerta le ha metido ideas equivocadas a Harry. Ahora por su culpa tengo un esposo rebelde. — dijo lastimera Ginny.
— No te preocupes, estoy segura de que Harry está loco por ti. Todo se va a solucionar. Jamás había visto a un hombre hacer todo lo que le ordena su esposa. — contestó con seguridad la señora Weasley.
— Espero y tengas razón, Lav. — dijo no tan convencida la bruja pelirroja.
Grimmauld Place
10:30 AM
Una más relajada Ginny había ya regresado a su hogar, esperando a que su hija se encontrará jugando en su cuarto. Desde luego que su esposo a esa hora debía ya estar trabajando. Ya la escucharía cuando él regresará de su trabajo. Cuando dejó la entrada de su hogar para pasar a su sala, grande fue su sorpresa de encontrarse a Harry sentado en su sofá individual.
— Harry… — dijo Ginny con sorpresa. — ¿Qué haces aquí? Deberías estar trabajando.
— Ayer te dije que debíamos hablar, ¿No es así?. — cuestionó Harry con seriedad.
— Así que vamos a hablar del mal comportamiento que has tenido conmigo últimamente. — respondió la pelirroja de manera altanera.
— Del comportamiento del que tenemos que hablar es el tuyo, Ginevra. — declaró a la defensiva el pelinegro mientras se incorporaba del sillón.
— ¿De qué estás hablando? ¡Yo no he hecho nada malo!. — se defendió su esposa con rudeza.
— Ginny, siempre has despreciado a Albus. Dejas sola a Lily en la casa todo el tiempo y tratas mal a la gente por la posición que has obtenido gracias a mi. ¿Cómo llamas pórtate bien a eso?. — cuestionó Potter con seriedad.
— Albus es una serpiente, no puedo llamar a algo así como mi hijo. ¡Está defectuoso!. — dijo Ginny con tono áspero. — Y Lily ya es mayor para cuidarse sola, no es necesario que esté detrás de ella a cada rato. — respondió con simpleza. — Soy la señora Potter, desde luego que tengo un estatus y reputación que conservar, no puedo darme el lujo que me pisoteen. — añadió con orgullo.
— ¡Lily solo tiene nueve años! Desde luego aún necesitaba de ti. — respondió Harry indignado. — Y Albus es un Slytherin por mi herencia. ¡Yo estuve a punto de ir a esa casa! — confesó con dureza.
— ¿Qué?, pero si tú fuiste un Gryffindor. — dijo la pelirroja balbuceante con una mirada incrédula.
— Solamente porque se lo pedí al sombrero seleccionador, yo iba a ser una serpiente. — declaró el pelinegro con aplomo. — Si desprecias a mi hijo, significa que incluso a mí me estás despreciando.
— No puedo creerlo, le has mentido a todo el mundo. Eres igual de rastrero que él. — dijo su esposa ofendida, mirándolo fulminante.
— Vaya Ginny, ¿Así van a hacer las cosas? Pues me alegro de saber tu verdadero yo. — contestó Harry con ironía con una sonrisa falsa en su rostro. — Es más, ya que te sientes tan orgullosa de ser la señora Potter eso ya no podrá ser. No es posible que seas esposa de una casa asquerosa serpiente, no señor. Quiero el divorcio.
— ¡Estás demente! No puedes hacerme esto y dejarme con los niños. — gritó la mujer escandalizada.
— No te dejare con los niños, ni que estuviera desquiciado como Bellatrix. Me los llevaré conmigo a todos. — Musitó con seguridad el hombre que vivió.
— ¡No voy a permitirlo, no tienes derecho!. — gritó Ginny histérica.
— Tengo derecho porque soy su padre y además ya lo hice. — confesó Harry sin dejarse intimidar.
— Pero no entiendo las razones, ¿Acaso has dejado de amarme? — preguntó la pelirroja con pánico.
— Ginny, nunca te ame. Supongo que quizá cuando éramos jóvenes se dió algo entre nosotros, pero ya no puedes seguirme engañando. — dijo Harry con seriedad.
— No sé de qué me estás hablando. ¡Yo nunca te he engañado!. — comentó ofendida la bruja.
— Sigue fingiendo Ginevra, aunque no me refiero a que me hayas sido infiel. Solo no te quiero en la vida de mis hijos. — Musitó Harry con fastidio. Y acercándose a la puerta de salida — Te mandaré los papeles con mi abogado.
— Es por ellos, ¿Verdad?. ¡Los Malfoy te lavaron el cerebro!. Te metieron ideas equivocadas en la cabeza. — dijo Ginny dolida y con furia contenida.
— No, ellos solo me han ayudado a ver la verdad en tus mentiras. — declaró con dureza el pelinegro. — Tienes un mes para dejar está casa, Ginny.
Cuando Harry se fue Ginny se quedó estática sentada en el sillón tratando de procesar todo. Lo asimiló y explotó.
— ¡Me dejó!. — farfulló incrédula la pelirroja.
Con furia sacó su varita y empezó a romper todo lo que estaba a su paso. Sillones, mesas y sillas. Algunos adornos y cuadros. Solamente paró por un aviso de la red flu.
Ronald Weasley salió de la chimenea y miró a su hermana asustado. Parecía una Banshee de cabellos pelirrojos.
— ¿Qué te ha sucedido? — preguntó asustado el hombre. — ¡Por Godric! ¿Un terremoto hizo esto?.
— Harry me dejó. ¡Me ha pedido el divorcio!. — gritó furiosa.
— Estás de broma. — farfulló Ron incrédulo.
— ¿Acaso bromearía con algo así? — interrogó su hermana fastidiada.
— Ese idiota te dejo por su hija bastarda, estoy seguro. — confesó Ron con molestia, a lo cual Ginny le miró perpleja.
— ¿De qué hija estás hablando? — preguntó con sospecha la fémina.
— Ayer escuché que Harry hablaba con los Malfoy en Hogwarts. Confesaron que tenía una hija con Greengrass. Justamente venía a confesarte esto para que tomarás medidas, pero no pensé que Harry se atrevería a abandonarte. -- explicó el Weasley con rencor. — No puedes dejar que te hagan eso Ginny, Harry quiere salirse con la suya.
— ¿Greengrass?. ¿La zorra de Daphne Greengrass?. — preguntó incrédula. — ¡Sabía que esa perra quería a mi marido!. Lo sospeche desde que empezó a trabajar para él, pero no sabía que me había puesto el cuerno desde mucho antes. — expresó histérica. — Debe ser la niña pelinegra que vi el otro día con su asquerosa madre en el callejón Diagon.
— Debes conseguir un buen abogado. Demandemos a Harry, no tendrá oportunidad. Su imagen como héroe del mundo mágico se irá abajo por engañarte. — comentó Ron con complicidad.
— Me las pagará, ya verás. Nadie me ve a mi la cara. No voy a dejar que me quite todo por lo cual he luchado. — dijo Ginny con determinación.
Malfoy Manor
11 AM
Ahora que todo se encontraba tranquilo, Harry había llegado nuevamente a la mansión de su amiga Hermione, pero está vez en compañía de Alhelí Potter. Estaban afuera en el jardín, cuando una Lily Potter salió de la casa para recibir a su padre. Detrás de ella venía Draco Malfoy.
— ¡Papá, ya llegaste!. — mencionó contenta la pelinegra.
—Hola cariño. — saludo Harry a su hija con una gran sonrisa, después se dirigió al adulto. — Malfoy.
— Potty, veo que saliste vivo de las garras de Weasellette. — comentó con burla el rubio.
— Es experiencia. Era lo menos que podía hacer, después de haber sobrevivido a tanto. — contestó el pelinegro de la misma manera. — Hermione me dijo que estabas en tu laboratorio, al parecer no estabas tan ocupado como dijo...
— ¿Quién es ella?. — preguntó con curiosidad Lily.
Antes de que Harry pudiera contestar, Alhelí se adelantó.
— Soy Alhelí Potter, tu hermana menor. ¡Es un gusto conocerte!. — declaró la menor con inocencia y emoción mientras corría a abrazar a una Lily perpleja.
— ¿Mi qué?. — preguntó Lily asombrada.
— Oh no...— Susurró Harry con pesar.
Desde luego que tenía intenciones de explicarle a sus hijos biológicos la existencia de Alhelí, pero nunca pensó que la pequeña se adelantaría a confesar los hechos.
— Diablos, esto es mejor que una novela muggle. — comentó Draco con satisfacción.
