"Yo soy la Señora Malfoy y este es mi legado"


Capítulo once: No más Weasley, por favor.


Malfoy Manor

Jardín frontal

27 de noviembre de 2017

¿Quién es ella?. — preguntó con curiosidad Lily.

Antes de que Harry pudiera contestar, Alhelí se adelantó.

— Soy Alhelí Potter, tu hermana menor. ¡Es un gusto conocerte!. — declaró la menor con inocencia y emoción mientras corría a abrazar a una Lily perpleja.

— ¿Mi qué?. — preguntó Lily asombrada.

— Oh no...— Susurró Harry con pesar.

Desde luego que tenía intenciones de explicarle a sus hijos biológicos la existencia de Alhelí, pero nunca pensó que la pequeña se adelantaría a confesar los hechos.

— Diablos, esto es mejor que una novela muggle. — comentó Draco con satisfacción.

— Cállate, ¿Quieres?. — contestó Harry al rubio. Después se dirigió a su hija mayor. — Te lo puedo explicar linda, aunque es algo complicado. — dijo Harry tratando de sonar calmado.

— No te preocupes, tengo todo el día papá. — comentó Lily con ironía, aunque no parecía enojada en absoluto. Alhelí, solo sonrió y soltó a su hermana para escuchar la explicación de su padre.

— Alhelí es una pequeñita que descubrimos una amiga y yo en el mundo Muggle. Estaba muy sola, así que decidimos brindarle un hogar. — explicó Harry despacio y con calma. — La he adoptado legalmente, ella es una Potter.

— Oh, ¿Entonces ella es muggle?. — preguntó con asombró Lily, mirando con curiosidad a Alhelí.

— No, yo también soy una bruja como tú. — contestó Alhelí feliz.

— ¿Pero cómo?. No entiendo nada. — Musitó confundida la mayor de las Potter.

— No te preocupes, has heredado la mentalidad de tu padre. — Explicó petulante el rubio. — Al parecer alguien no será Ravenclaw. — Canturreó Draco burlón mientras palmeaba de manera cariñosa la cabeza de la niña que hacía un puchero.

— Tío Draco, tienes una lengua muy afilada. — mencionó Lily un poco molesta, cruzándose de brazos.

— ¿Tío Draco?. — cuestionó Harry interrogante mientras alzaba una ceja.

— Yo le pedí que me llamara así, eso de señor no me va con los niños. Además, Lilian me cae estupendamente. — explicó el rubio con calma.

— ¡Es Lily! — exclamó la mencionada en protesta.

— Para mí eres Lilian, así como tu padre es Potty. — dijo Draco testarudo sin dejar de sonreírle a la menor. Harry solo le miró con frustración contenida.

— ¿Yo también te caigo bien tío Draco? — preguntó Alhelí en tono inocente.

— Claro que sí, dulzura. Lastima que tu padre no me hizo tu padrino, le teme al éxito. — comentó el mago sangre pura con confianza.

— ¿Por qué querrías ser padrino de una Potter? — preguntó el mago pelinegro incrédulo por lo que escuchaba.

— Ay Potty, ya te dije. Tus hijos me caen estupendos, no como tú, claro está. — explicó Malfoy con naturalidad. — Además se que puedo ser mejor padrino que Longbottom. — añadió petulante con una sonrisa torcida reflejada en su rostro.

— Eres lo peor, jamás serás padrino de uno de mis hijos. — respondió Harry dedicándole una mirada fulminante al blondo.

— Nunca digas jamás, ya incluso estás planeando tener más. Lo estás dando por hecho. Es sorprendente, ¿No?. — Siseó Draco con burla, insinuante a lo cual Harry mostró signos de sentirse avergonzado.

— Papá, me estabas explicando… — interrumpió Lily la discusión entre los adultos.

— Oh, cierto. — exclamó su padre, mientras trataba de brindarle su absoluta atención. — Cómo te decía, Alhelí fue encontrada en el mundo Muggle, pero descubrimos que corre sangre mágica por sus venas.

— Eso significa que es una hija de muggles. — dijo Lily de manera lógica. — Asombroso. — Musitó sorprendida.

— Así que mi amiga y yo decidimos darle un hogar y una oportunidad de tener una familia. Aún no lo hablo con tus hermanos, pero pronto estarán enterados. — Explicó Harry con el mejor tacto posible.

— ¿Qué hay de mamá?. — preguntó con duda la hija mayor de Harry.

— Ella no sabe nada, pero no te preocupes. No habrá problemas, de eso me encargo. — la tranquilizó el pelinegro.

Después de encontrarse tranquila, Lily sonrió bobamente.

— ¡Es estupendo!. Siempre quise tener una hermanita menor. — Musitó contenta la pelinegra a su padre. Después se dirigió a Alhelí y la abrazó efusivamente. — ¡Bienvenida a la familia, Alhelí!. Tienes un nombre tan bonito. ¡Incluso concuerda con la tradición Potter!.

— Me alegro, tenía miedo de que no me aceptarás. — suspiró con alivió la menor de las niñas.

— Miren qué precioso momento familiar, es tan… — dijo Draco con burla, a punto de realizar un comentario, pero fue interrumpido por un grito muy conocido por él.

— ¡Papá! ¡Deja de molestar a los invitados y ayúdame con esta canasta!. — Dijo Narcissa II de manera mandona y con su ceño fruncido mientras venía caminando tambaleante, pero con calma hacía su encuentro.

— Igual de mandona que la madre. — expresó el rubio en tono derrotista.

— Una mini Hermione. — comentó Harry con una sonrisa. — Así que Draco Malfoy es dominado por las mujeres de su familia. — añadió Harry burlón. El rubio le miró con desagrado.

Draco de inmediato corrió al encuentro de su hija, para tomar la gran canasta que traía en sus manos. Ella gustosa se la tendió a su padre.

— Cielo, para eso tenemos a los elfos. — le dijo Draco con obviedad.

— No, quería hacerlo por mi misma. Además mi linda elfina estaba ocupada en la cocina ayudando a preparar los refrigerios. — explicó Cissa condescendiente. Después, miró a la pequeña niña Potter de ojos azules como el cielo y sonrió amistosamente. — Oh, tú debes de ser Alhelí. La nueva Potter.

— Si, soy yo. ¿Tú quién eres?. — preguntó la niña de ojos azules con gran curiosidad.

— Soy Cissa Malfoy. Encantada de conocerte. — contestó Narcissa amablemente.

— Genial, más amigas. Tienes un cabello estupendo, ¿Tus papás te permiten usar tinte para el cabello a tu edad?. — preguntó Alhelí sorprendida, admirando el cabello bicolor de la hija del matrimonio Malfoy.

— No, es herencia familiar. Mi abuela lo tiene igual, solo que yo lo tengo castaña y rubio. — contestó con sencillez Cissa. — Tu hermana es adorable, Lilu. Los míos son unos monstruos. — halagó la joven a la Potter mayor.

— Tú tampoco eres un ángel, Cissa. — Comentó Draco con ironía.

— ¡Papá!. — se quejó Cissa mientras veía a su padre con el ceño fruncido.

— Lo sé. Me siento muy feliz de ya no ser la más pequeña de mi familia. — dijo Lily con alivio.

— Me alegro por ti. A todo esto, ¿Qué les parece si comemos un refrigerio?. Podemos comerlo en la terraza. — sugirió Cissa con entusiasmo.

— ¡Si vamos! Tengo mucha hambre. — dijo Alhelí contenta dando brinquitos entusiastas. — ¿Puede mi papi venir?

— Claro que sí, el señor Potter también está invitado. — contestó Cissa con educación.

— ¿Y yo qué?. Tienes nuevas amigas y me dejas botado, como si no valiera nada para ti. — dijo Draco en tono quejoso. — Incluso no has llamado a la pequeña Etamin para que nos acompañe.

— Ay papá, tú ya estabas invitado. No había necesidad de decírtelo. No tienes que ser tan dramático. — Musitó Narcissa II con burla. — Y respecto a Etamin, ahí viene.

— ¡Hola! No coman sin mi. — gritó la pequeña niña Malfoy mientras corría en dirección a ellos. Detrás de ella, venían Hermione y Daphne a paso calmado.

Cuando llegaron a su encuentro, Hermione se dió cuenta que nuevamente Draco inconscientemente buscaba a Harry para poder llevarse bien con él, claro está que a su manera.

— Señor Malfoy, No me estará siendo infiel con Harry, ¿O si?. Jamás creí que compartirían un picnic juntos. — comentó Hermione socarrona.

— No empieces, leona. Solo me tomé un descanso del trabajo para hacer una de mis actividades favoritas. — explicó Draco a la defensiva.

— ¿Molestar a Harry? — preguntó Daphne con ironía.

— Error. Ser un gran anfitrión y verificar que mis invitados se encuentren cómodos. — contestó el patriarca Malfoy petulante y sonriendo de lado.

— Eso ni tú te lo crees... — Susurró Hermione mientras reía quedamente por las ocurrencias de su marido.

— Te creo, solo porque sé que Cissy te crió para serlo. Sino te mataría de saber que eres pésimo anfitrión. — comentó Daphne mordaz.

— Bruja. — gruñó Draco en un tono muy bajo para que nadie le escuchará.

— Papi, ¿Quién es ella? — preguntó Lily al hombre que vivió, mientras analizaba con la mirada a la bruja que acompañaba a Hermione. Harry al saber a quién se refería su hija, se puso ligeramente nervioso.

— Oh, ella es la amiga de la que te hablo. Es Daphne Greengrass, la mamá de Alhelí. — explicó Harry con rapidez, pero poco titubeante. La rubia al parecer se dió cuenta del nerviosismo del mago y decidió ayudarlo.

— Mucho gusto en conocerte, Lily. He escuchado mucho de ti, se nota que tú padre te ama mucho. — dijo Greengrass dulcemente.

— Muchas gracias, es un placer conocerte. Dime, ¿Eres novia de papá?. Porque sino déjame decirte que lo voy a reprender, porque eres muy bonita. — comentó Lily conspirativa. Ante tal pregunta, la rubia se sonrojo levemente y el hombre que vivió volvió a su comportamiento que delataba que se encontraba nervioso.

— Oh no, solo somos buenos amigos. Además como está la situación con tu familia es mejor no crear malentendidos. — dijo con calma Daphne.

— Claro, buenos amigos. Yo sé que la rubia quiere más. — Susurró Draco perspicaz a Hermione. Lamentablemente, la bruja rubia le había escuchado y le soltó un golpe en su cabeza, haciendo que su cabellera rubia se sacudiera levemente. — ¡Auch! ¿Te volviste loca?. — se quejó exaltado mirando mal a la causante de su dolor.

Harry sonrió de lado ante la visión que tenía. Si una mujer tenía el suficiente valor como para darle su merecido a Malfoy, para él significaba que era una digna dama y única en su especie.

— Dragon, lamentablemente te lo merecías a pulso. — dijo Hermione mientras abrazaba cariñosa al rubio para que parara de quejarse.

— Me alegro que papá tenga tan buenos amigos, y gracias a ustedes tengo una nueva hermana. Eso significa mucho para mí, ¿Sabes?. — dijo Lily con gratitud a todos los presentes. — Siempre he estado acostumbrada a estar sola en casa y es genial que de repente esté rodeada por mucha gente. Es reconfortante.

— Cariño, no te preocupes. Jamás estarás sola, siempre tendrás una familia muy grande. — dijo Daphne conmovida abrazando a Lily con cariño, al abrazo se único Alhelí gustosa.

— Bueno, los invito a que pasen todos a la terraza para que podamos degustar un exquisito refrigerio. — dijo Hermione con amabilidad. — ¿Crees que los demás pequeños quieran venir a comer con nosotros? — le preguntó a Draco con duda.

— Ya les he avisado desde antes, supongo que bajarán en unos momentos. — contestó su esposo con sencillez, la castaña solo asintió en acuerdo.

—Oh, muero de ganas de ver a mis pequeños ahijados. — exclamó Daphne gustosa.

— Harry, necesito hablar unas cosas contigo en mi despacho. — Musitó con seriedad la castaña.

— Claro, yo te sigo. — contestó Harry.

Hermione se adentro en la mansión, detrás de ella Harry le seguía firme. Sabía la razón por la cual su amiga quería hablar en privado con él. La verdad no encontraba mejor momento para resolver aquellos asuntos que le estaban complicando su existencia.

Una vez que llegaron al despacho, Hermione con un gesto de mano le indicó a Harry que tomara asiento en su pequeña sala.

—Necesito saber de qué manera quieres proceder en los términos de tu divorcio. — anunció Hermione en tono profesional, mientras sacaba un cuaderno de notas para hacer anotaciones.

—Es sencillo, no hay mucho que pensar sobre ello. — dijo Harry sin muchos rodeos. — Quiero la custodia total de mis hijos, además de que no deseo que ella tenga contacto con ellos. — contestó con decisión.

Hermione no reflejó ningúna emoción en su rostro. Con sinceridad ella ya esperaba una reacción así de parte del hombre. No estaba para nada sorprendida, ya que sabía que Harry, muy en su fondo podía ser en ocasiones demasiado rencoroso cuando traicionaban sus ideales y confianza.

— Entiendo, después de todo es lógico con todo lo que has descubierto. ¿Qué hay de las propiedades y bienes?. — cuestionó la castaña mientras seguía anotando en su libreta sin dar tregua a su pluma plateada.

— No le daré ninguna manutención a Ginny, ni le cederé propiedades y bienes. La verdad es que he conocido su otra cara, la que siempre ha sido muy interesada por los bienes materiales, así que supongo que eso será un duro golpe para ella. — explicó Harry mientras sonreía de lado al pensar en la cara de molestia y frustración que tendría su futura ex esposa al saber que no recibiría ningún galeón de parte de él. Hermione sonrió cómplice al imaginar los pensamientos de su amigo.

— En cuanto a lo relacionado al tráfico de ingredientes, me gustaría que lo manejamos como un cargo aparte de tu divorcio. Se que tiene relación en cuanto al motivo de tu separación, pero siento que ese cargo se debe de manejar en un juicio aparte. ¿Qué opinas?. — explicó Hermione tentativa, dándole su perspectiva profesional.

— Tu eres la abogada del infierno y del propio diablo, Hermione. Confío ciegamente en tu amplia experiencia. — comentó Harry con diversión.

— Estás exagerando, no soy tan buena. Solo he sacado de problemas a la mitad del ministerio francés y a Draco de vez en cuando. — respondió Hermione con modestia. — Ya que me lo dejas a elección, preferiría que los cargos sobre tráfico de ingredientes se le imputen a Ginny en otra investigación. Considero que debes investigar a profundidad la red. Aunque, podemos usar su participación como otra excusa válida para que tengas la total custodia de tus hijos. — explicó con confianza.

— Es perfecto, Hermione. No le confiaría estos casos más que a ti. — halagó Harry mientras sonreía. — Aprovechando que nos encontramos solos, quería hablar contigo sobre otra cosa. — añadió en tono serio.

— ¿Qué es lo que te sucede?. — preguntó la matriarca Malfoy con gran curiosidad. Harry había tenido un cambio de semblante muy radical para tratarse de una ligereza.

— Quiero disculparme contigo formalmente por como actúe en el pasado. — declaró el pelinegro mirando a los ojos pasmados de la leona. — No te he pedido perdón por como actué hace años. Cada vez que lo recuerdo, no puedo evitar sentir vergüenza por la forma en que te trate. — dijo con dificultad el mago tratando de no romper el contacto visual. — Preferí la amistad de Ronald, por encima de la tuya y solo puedo catalogarme como un idiota. Pues deje de lado a la persona que siempre me apoyo sin pedir explicaciones, e incluso aún lo sigues haciendo. Me siento tan mal de haber desperdiciado tantos años de amistad, Hermione. Yo lo siento, por todo…

Hermione estaba muda de la impresión. Concordaba que Harry en el pasado había sido un completo patán por la forma en que la había tratado antes de partir de Londres, pero eso ya tenía muchos años. Ya era momento de dejar aquello atrás, pues aún estaban a tiempo de rescatar una amistad que había sido dejada de lado y olvidada.

— Yo acepto tus disculpas Harry. Dejemos el paso atrás, lo importante es el presente y futuro. — dijo Hermione feliz infundiendo confianza a su amigo. Con su varita invocó dos copas para servir un poco de vino. — Esto merece un brindis...

— Gracias, Mione. Siempre siendo tan comprensiva, no sé qué hubiera hecho si me decías que no. — contestó Harry agradecido y aliviado mientras abrazaba con ternura a la mujer.

— Por un nuevo comienzo, Harry. — brindo con complicidad la castaña extendiendo su copa, para chocar con ligereza la del pelinegro.

— Por una muy buena amistad. — concluyó el mago con satisfacción.

Ahora las cosas le saldrían bien, solo tenía que mandarles una carta a James y Albus sobre no recibir ninguna visita y correspondencia de su madre.


Ministerio de magia

Departamento de Aurores

Oficina privada de Harry Potter

30 de noviembre de 2017

Habían pasado tres días desde que Harry se había trasladado a la Mansión Malfoy. Afortunadamente, Lily y Alhelí se habían adecuado bien, pues se llevaban de maravilla con todos los hijos de Hermione, al menos los que se encontraban en casa. Daphne por otro lado, también dormía en Malfoy Manor a petición de Hermione. Ya que consideraba que así las niñas se adaptarían mejor con su presencia.

Estaba el pelinegro trabajando con la rubia dentro de su oficina a puerta cerrada en unos informes que habían llegado de algunos aurores encubiertos que había mandado Harry para infiltrarse a la red de tráfico. Hasta el momento habían logrado que dos hombres entraran al negocio por medio del contacto de Oliver Wood. Estaban sentados en el sillón de la oficina para tener comodidad.

— ¿Entonces estás de acuerdo con lo de Potter Manor?. — preguntó Harry con cautela.

Harry le había propuesto a Daphne que ella y Alhelí se mudaran a Potter Manor con todos los hijos de Harry, para que así Alhelí conviviera con sus hermanos adoptivos. Desde luego, el pelinegro tenía que hacer los arreglos correspondientes para hacer habitable la mansión nuevamente después de tantos años abandonada.

Tenía miedo de la respuesta de la bruja rubia, ya que ella tenía su independencia y vida aparte. Ellos solo eran amigos que habían adoptado una pequeña niña, no eran una pareja y por lo tanto, el hombre que vivió no podía obligarla a hacerla vivir con él y sus hijos. Aunque secretamente, deseaba que ella accediera para poder conocerse mejor.

— Por supuesto, con tal de darle un hogar estable a Alhelí estoy dispuesta a renunciar a mi departamento. — sonrió Daphne con amabilidad.

— No te preocupes por eso, puedes conservarlo si quieres. Además, cuando la mansión esté lista tendrás tu propia habitación. — explicó Potter sonriendo amablemente.

— Muchas gracias, es muy considerado de tu parte. — dijo Daph risueña. — Estoy ansiosa de conocer a tus otros hijos, la verdad es que yo… — estaba a punto de terminar su oración cuando fue interrumpida por el sonido de la puerta abriéndose estrepitosamente.

Los dos se pusieron alertas y por la puerta entró Ginevra Potter, acompañada de un hombre rubio de ojos azules. Harry miró incrédulo la escena, mientras que Daphne literalmente tenía la boca abierta de la impresión. Por su parte, la pelirroja les miraba con molestia. El hombre solo veía la situación aturdido.

— Harry, solo han pasado tres días y ya estás corriendo a brazos de tu amante. ¿Tanta necesidad de amor tienes?. — Dijo la bruja pelirroja con resentimiento.

— ¿Qué haces aquí? ¡No tienes derecho de presentarte en mi oficina de este modo!. — contestó Harry disgustado.

— Y ahora entiendo la razón por la cual no querías que me presentará. — comentó Weasley con ironía, mientras le lanzaba una mirada fulminante a Daph. La rubia solo se limitó a sonreír de lado sin dejarse intimidar.

— Buenas tardes, Weasley. Un placer tenerte aquí. — saludó Greengrass socarronamente.

— Aún es Potter, aunque te duela. — contestó Ginny con prepotencia. La rubia solo se encogió de hombros sin borrar su sonrisa.

Harry solo suspiró con frustración.

— ¿A qué has venido?. — preguntó antipático.

— Quizá recuerdes a Cormac McLaggen. Él es mi abogado, te explicará todo tan claro que hasta un pelmazo como tú lo entendería. — dijo la pelirroja seriamente. Harry solo frunció el ceño ante la ofensa de su "querida" esposa.

— Buenas tardes, señor Potter. — saludo el rubio con educación con una sonrisa ensayada. Posteriormente de su maletín sacó un conjunto de hojas que entregó al pelinegro. — El motivo de mi visita es para entregarle a usted esté documento. En el cual se específica que se está presentando una demanda por concepto de abandono de hogar. — explicó con detenimiento el mago.

— ¡Qué!, eso es absurdo. — Masculló Harry incrédulo. — Aquí no se cometió ningún abandono de hogar, al contrario estoy iniciando el papeleo para el trámite de divorcio.

— Si así lo quiere manejar señor Potter, está en todo su derecho. Aunque debe de cumplir con las demandas de mi cliente, ya que usted a incurrido en una violación a una de las clausulas de su contrato matrimonial, en el cual se específicaba que ninguno de los involucrados podía serle infiel al otro. — dijo McLaggen sin dejarse intimidar.

— Recuerdo a la perfección las especificaciones de mi matrimonio. Lo que no entiendo es ¿Porqué se me está insinuando que he incurrido exactamente en la fidelidad?. — preguntó Harry estupefacto.

— ¡Oh, por Godric! Se de la existencia de tu bastarda. — grito Ginny con irá. Después señaló a Daphne, con un gesto despectivo. — Estoy enterada de como me pusiste el cuerno con esta zorra interesada. Ron me lo dijo.

— ¿Cómo te atreves?. — Musitó Daphne ofendida. La rubia estaba a punto de sacar su varita para echarlos de la oficina de su jefe, pero este le detuvo.

Harry puso su mano sobre el hombro de Daphne para evitar que tomara justicia por su mano, lo que menos necesitaba en ese momento era darle evidencia a su esposa para poder justificar su demanda en contra de él.

— Ella no tiene nada que ver en esta situación. Así que abstente de faltarle el respeto a mi trabajadora y amiga. — dijo el pelinegro con seriedad. — Deja de ser tan mezquina. No puedo creer que te dejes llevar por las falsas acusaciones de Ron sin preguntarme primero.

— Y encima defiendes a la serpiente. ¿Qué te pasó Harry?. — Dijo la pelirroja con despecho. — ¡Tu, vas a pagar ahora por todo lo que me has intentado arrebatar!. — gritó iracunda hacia la mujer que se encontraba al lado de Harry.

Como una fiera salvaje, Ginny se arrojó sobre Daphne. La rubia debido al peso adicional encima que tenía, cayó al suelo. Aprovechando la vulnerabilidad de la mujer, Ginny la tomó por su cabello rubio y lo jalo con fuerza. Antes de que pudiera hacerle más daño, Daphne alcanzó a meter sus manos y le soltó un golpe en la nariz a la mujer Weasley, está por instinto se echó para atrás. El par de hombres salieron de su letargo y se dispusieron a separar a las féminas. Una vez que McLaggen quitó de encima a Ginny de la ex Slytherin, Harry se acercó preocupado a socorrerla.

— ¿Estás bien?. — preguntó con pánico Potter mientras revisaba con la mirada a la rubia.

— Estoy bien, solo me ha arrancado un par de cabellos, es todo. — Bufó la rubia mientras veía sus cabellos arrancados brutalmente en el suelo.

— Puedo llevarte a San mungo, de verdad. — dijo Harry con preocupación.

— No es necesario, en serio estoy bien. — sonrió con calidez la rubia. Ginevra miraba la escena con odio.

Harry estaba a punto de llamar a seguridad para que sacarán a su esposa de su oficina, pero como una señal divina, Hermione Malfoy se encontraba en la puerta observando el espectáculo.

— Señor McLaggen, le sugiero que calme a su cliente si no quiere que se meta en más problemas legales de los que ya está. — Siseó Hermione con hostilidad.

— Lo que faltaba. — pensó Ginny con desagrado, mientras sacaba un pañuelo de sus bolsillos para detener el sangrado de su nariz recientemente lastimada.

Cuando el abogado de Ginny se percató de la nueva presencia de la habitación, estaba muy dispuesto a quejarse sobre el trato que se le estaba dando, pues a él nadie le daba órdenes.

— ¿Y usted quién se cree que es?. — Comentó con prepotencia el rubio, pero al momento de ver a la mujer a la cual le había dirigido las palabras, su cerebro quedó en blanco.

— ¿Qué quién soy? Vaya, Cormac. Creo que esperaba mucho más de ti, estoy decepcionada. — respondió la castaña en tono ácido.

— Hermione Granger. — Musitó Cormac estupefacto.

— De hecho es Malfoy. — dijo con petulancia la castaña.

— ¿Qué? No puede ser, no me digas que estás casada con Malfoy. — dijo Cormac desilusionado. — ¿Cómo has estado? No te veo desde hace 18 años. Solo he sabido de ti por tu trayectoria profesional. — explicó con entusiasmo el mago.

— He estado ocupada en el extranjero, ya sabes. Francia es muy demandante en los casos que ofrece. — contestó Granger con tranquilidad.

— Sigues siendo muy bella como la última vez que te vi, Malfoy es un tipo con suerte. — comentó el hombre con afecto.

— Muchas gracias Cormac. — sonrió la castaña con amabilidad. — Regresando al tema, me temo que procederemos en contra de tu cliente por difamación y agresión física en grado menor a parte del tema de divorcio del señor Potter. — añadió en Tono profesional.

— ¿De qué estás hablando? ¡Ella fue la que me ha agredido!. — dijo Ginny con disgusto, enrojeciendo.

— Si, pero tú lo has provocado. — contestó Hermione apática. — Cómo dijo la señorita Greengrass, usted ha sido la perpetuadora del ataque. Me temo que no puedo hacer de la vista gorda ante tal falta de valores.

— Di lo que quieras, tú no puedes hacer nada en contra mía. La corte a quién le creerá más, ¿A mí, que soy una heroína de guerra, esposa del salvador del mundo mágico?. ¿O a ti, la bruja que desapareció casi dos décadas y le dio la espalda a Harry Potter y Ron Weasley, la bruja sin honor que solo es la inútil esposa del Mortifago más cobarde de la historia?. — explicó Ginny con arrogancia, sonriendo triunfante. Harry y Cormac empalidecieron por su atrevimiento, mientras que Daphne solo rió por lo bajo. Por último, Hermione le miró con diversión, sin poder evitar que una sonrisa sardónica adornará su rostro.

— Ginevra, guarda silencio. No sabes lo que estás diciendo ni con quién estás tratando. — balbuceó McLaggen estupefacto.

— Supongo que a mí, Hermione Jean Malfoy. Abogada de excelencia, con amplia carrera, que trabaja de manera independiente y al servicio del ministerio Francés y Londinense. — Explicó con gozo la castaña. — Que aburrido sería ser la esposa de un sangre pura sin hacer nada, ¿No crees?.

— ¿Eres abogada?. — preguntó Weasley con perplejidad.

— Corrección, soy la abogada de Harry Potter. Seré yo la encargada de defenderlo ante la demanda de divorcio que se te imputará. — respondió con superioridad la castaña. — Ahora, si no quieres empeorar las cosas te recomiendo que te retires si aún tienes dignidad.

— ¡Esto no se va a quedar así!. — grito Ginny colérica.

Con furia, la pelirroja salió de la oficina de su esposo a paso veloz, de cerca le siguió Cormac, que se había despedido con un gesto de los otros presentes.

— ¿En serio tenías que actuar como una demente ahí dentro?. Además, ¿Porqué no me dijiste que iba a enfrentarme a Hermione en un juicio?. — comentó McLaggen molesto.

— ¡No sabía que era abogada, mucho menos la de Harry!. — se excusó.

— Dios, Ginevra. Espero que podamos reunir pruebas en contra de Harry que sean buenas, sino lamento informarte que perderemos. Ella nunca ha perdido un juicio. — dijo el rubio perturbado.

— Estás exagerando, ¿Que tan buena puede ser? — dijo la pelirroja con hastío.

Mientras aquel par salía de la oficina, Theodoro y Luna Nott entraron. Al parecer habían visto todo desde afuera de la oficina.

— Diablos, pensé que alguien saldría muerto de aquí por lo menos. Creí que la pelirroja le arrancaría la cabeza a Daph o Potter por lo menos. — comentó Theo estupefacto.

— Hola, a todos. — saludo Luna con tranquilidad. — Los gritos se escucharon afuera del pasillo. Han atraído a una gran cantidad de Torposoplos. — añadió con preocupación.

— Theo, siempre es bueno escucharte. -- dijo Hermione con sarcasmo. — Luna, no me digas eso. Tendremos que hacer algo para que no pase a más. — Musitó con simpatía.

— Hey, no te burles de mi infortunio. — le dijo de mala gana Daph al castaño de ojos azules. Después miró con agrado a la rubia platinada. — Hola, Luna.

— Chicos… — saludó Harry un poco perturbado por la reciente pelea en la cual había estado involucrado.

— No te preocupes, Hermione. Yo me encargaré de ahuyentarlos. — respondió Luna entusiasta sonriendo. — A todo esto, ¿Están bien?. — preguntó con preocupación.

— Claro que sí, solo me arranco un par de cabellos. — contestó Daphne relajada, restándole importancia al asunto.

— ¿Podrías hacerle un chequeo?. No voy a estar tranquilo hasta asegurarme. — preguntó el pelinegro a Nott con preocupación.

— Estás exagerando, Harry. Estoy bien, ella necesita más la revisión que yo. — comentó Daphne, tratando de infundir calma.

— Déjalo, sino no te dejará salir de aquí hasta que Theo te revise. — Musitó Hermione.

— No pierdo nada con hacerlo. — contestó Theo mientras sacaba su varita y aplicaba algunos encantamientos de chequeo rutinario sobre su amiga rubia. — Cómo pensaba, estás entera. — dijo con una sonrisa queda.

— Ya lo sabía. — dijo con suficiencia Daphne.

— Harry, deberías ir a ver a James y Albus a Hogwarts. Ginny se ha ido muy alterada, es capaz de crear malentendidos con tus hijos. — explicó Luna son sabiduría.

— Tienes razón Luna, iré de inmediato. — contestó Harry con gratitud. Con sinceridad no había pensado en la posibilidad de que su esposa distorsionara los hechos. — Antes de que me retire, ¿Qué hacías por aquí Hermione? La verdad fue una suerte que hayas parecido.

— Solo pasaba a curiosear, la verdad es que tenía el presentimiento que algo así podría suceder. — comentó amigablemente la castaña.

— Esta realidad está de cabeza, ahora Hermione es hábil en adivinación. — Musitó Theo con ironía.

— Sabes perfectamente como yo que eso es improbable e inexacto. — respondió la señora Malfoy ligeramente irritada.

— Theodoro, deja de molestar a Hermione. Sino, no podré defenderte cuando te embruje. — sugirió Luna a su esposo.

— Escucha a tu mujer, Nott. — dijo Harry con complicidad.

— Harry, si Ginny sigue con su difamación, tienes el apoyo del Quisquilloso como siempre. — dijo la señora Nott con amabilidad.

— Muchas gracias, Luna. Siempre puedo contar contigo. — respondió Harry aliviado.

La verdad es que él no vivía de la presa, pero en ocasiones era muy duro tener que enfrentarse a los rumores que inventaban sobre él.


Hogwarts Colegio de Magia y hechizeria

Sala de menesteres

4 pm

Más tarde ese día, una vez que Harry pudo terminar con sus pendientes en el trabajo. Con urgencia decidió visitar Hogwarts para poner al corriente a sobre la situación que se avecinaba en su familia. Cuando llegó al colegio, fue recibido con sorpresa por Minerva, ya que el hombre que vivió había llegado por medio de la red flu del ministerio para hacer más rápido su viaje. La única chimenea a la que tenía acceso era la que se encontraba en la oficina de la directora.

Con impaciencia, el jefe de aurores explicó el motivo de su visita a la profesora.

— Lo siento mucho señor Potter. Es una lastima que hayan tenido que llegar a esa situación. — comentó Minerva con decepción.

— Supongo que todo era una bomba de tiempo, tarde o temprano tenía que explotar. — respondió Harry defraudado.

— Les informaré a James y Albus sobre su visita. ¿Le parece bien que tengan su reunión en la sala de menesteres?. Considero que es un lugar que les brindará privacidad. — explicó con calma la mujer.

— Es perfecto, Minerva. — dijo Harry con sencillez, sonriendo amable.

Una vez que se hubo despedido de su antigua profesora, él se dirigió directamente a la sala de menesteres. Nuevamente, recibió una que otra mirada de algunos estudiantes que deambulaban por los pasillos, pero él ni siquiera se inmuto. Cuando menos se dió cuenta llegó a la sala más misteriosa de Hogwarts y entró. Esta vez, la sala le ofrecía la imagen de una cómoda sala de estar, con sillones y una pequeña mesa de centro. Con paciencia, tomó asiento.

Pasaron unos 10 minutos y sus dos hijos entraron a la sala.

— Papá, ¿Qué te trae por aquí?. — mencionó James entusiasta a modo de saludo mientras se dejaba caer despreocupadamente en el sofá.

— Hola papá. — saludó Albus con una sonrisa mientras se sentaba con elegancia.

— Hola chicos, ¿Cómo va todo aquí?. — preguntó con curiosidad el hombre sonriendo.

— Todo va a la perfección. — dijo con calma James. Albus solo asintió.

— Bien, debo hablar con ustedes sobre algo muy importante. Se trata de nuestra familia. — comunicó Harry con seriedad absolutamente.

— ¿Algo le pasó a Lily?. — preguntó Albus con gran preocupación.

A Harry no se le pasó por alto, que sus hijos están muy preocupados por su pequeña hermana.

— Lily está bien, es sobre otra cosa. Sobre su madre, más bien. — declaró el hombre que vivió. — Nos divorciaremos.

— Oh por Godric. — Masculló James incrédulo.

— Yo no sé qué decir… — comentó Albus con la mirada gacha.

Jamás quería a su madre a su modo, pero sabía que no había sido la mejor de todas. Sabía cuánto daño le había hecho a Albus a lo largo de toda su vida, aquello era suficiente razón para poner en duda los sentimientos del hijo mayor de los Potter.

— He descubierto unas verdades sobre su madre. Ustedes no tienen nada que ver, yo siempre los voy a amar porque son mis hijos, pero ya no existe ningún amor y afecto entre los dos. Lamentablemente hemos terminado mal — anunció Harry tratando de sonar relajado.

— Lo siento mucho papá. No estás obligado a contarnos todo. — comentó James.

— ¿Qué va a pesar con nosotros?. — preguntó Albus con inseguridad.

— He solicitado una demanda en contra de ella, y en esta va implícita la custodia de ustedes tres. — explicó el pelinegro. — Cuando regresen a casa por vacaciones de navidad, nos mudaremos a Potter Manor.

— ¿La mansión del Valle de Godric? ¡Cool! — dijo el hijo mayor entusiasta.

Siempre había querido ir a vivir ahí, pero su padre nunca había estado de acuerdo hasta ahora.

— ¿Qué te hizo papá? — preguntó Con sospecha el hijo menor. Sabía perfectamente que la razón de la separación era culpa de su madre.

— Solo digamos que descubrí que las cosas no eran como yo pensaba. — comentó un poco melancólico el adulto.

— Entiendo… — dijo Albus con algo de lástima.

— Otra cuestión que quiero tratar con ustedes es sobre los rumores. Lo más seguro es que mañana en los periódicos se anuncie mi separación y se inventen muchos rumores. — comentó Harry con seriedad. — Lo que más me preocupa es que se especula que engañe a su madre hace varios años.

— Eso no es posible, tú eres un hombre De honor. — dijo James ofendido.

— Nosotros no dudamos de ti. — añadió Al con seguridad.

— Su madre cree que así fue, todo porque descubrió a su nueva hermana. — dijo con aplomo el hombre de oro.

— ¿Nuestra qué? — preguntó James abruptamente mientras abría sus ojos muy sorprendido.

— ¿Es la pequeña Alhelí? La niña que mencionaste el otro día, ¿Verdad? — preguntó Albus astutamente, recordando la conversación que había tenido con su padre con anterioridad.

— Exacto, Albus. Alhelí es una pequeña niña de origen muggle, pero que tiene sangre mágica en sus venas. La encontré abandonada en el mundo Muggle deambulando sola. Una amiga y yo la decidimos adoptar y la hacemos pasar como nuestra hija legítima, pero como saben, esto se prestará para malos entendidos. — explicó Harry con detalle. — Yo solo quería ayudarla, ya saben por todo lo que yo pasé en mi infancia con mis tíos. No quería que esa pequeña sufriera otros cinco años para conocer su origen mágico.

— Nosotros creemos en ti, no creo que nos mientas con algo tan delicado. — dijo Albus con tranquilidad, para alivio de Harry.

— Queremos conocerla, estoy emocionado por consentir a otra hermana. — dijo James eufórico. — Lily ya se me estaba empezando a salir de las manos. ¿Qué edad tiene?

— Solo seis, la conocerán cuando sean vacaciones. — dijo Harry contento, pero después borró su sonrisa y la reemplazó con su seriedad. — Otra cosa, si vuestra madre trata de comunicarse con ustedes, eviten a toda costa. La situación es muy delicada, lo lamento chicos.

James y Albus solo se miraron en común acuerdo y asintieron.


Callejón Diagon.

Sortilegios Weasley

1 de Diciembre de 2017

En la tienda de George, se encontraba Molly Weasley de visita. Quería ver cómo la estaba pasando su hijo el día de hoy. Todo iba a la perfección hasta que por azares del destino leyó el título del día que había lanzado Corazón de bruja. En la portada se podía apreciar una foto de su hija Ginny con Harry, en la cual se mostraban felices cenando. Uno pensaría que se trataría de un artículo sobre el amorío de la pareja, pero el corazón roto que había de fondo dejaba las cosas muy claras.


Corazón de bruja

El divorcio del salvador del mundo mágico. ¿Un amante del adulterio?.

¡Ginevra Potter devastada!.

Para más información, consultar en la página 5.


Si la noticia viniera solamente de esa fuente lo creería, pero el profeta anunciaba el mismo título.


PROFETA

1 de diciembre de 2017

Londres mágico

¡Escándalo! El hombre de oro no es tan valioso como se creía.

En exclusiva contamos con una entrevista dada por Ginevra Potter, en la cual relata el inminente divorcio al cual se someterá su matrimonio y todo debido a una infidelidad del señor Potter. Para más información, consultar la pág. 12.


— No puedo creerlo, Harry se va a divorciar. — dijo George sorprendido. — Aunque dudo que Harry le haya puesto los cuernos a Ginny. Debe de haber pasado algo más. — añadió el pelirrojo perspicaz.

— Tu hermana algún día va a matarme. Y luego está Harry. Jamás me podría haber esperado algo así de él...— dijo Molly con angustia mientras se tocaba el pecho con dolor.

George puso su mano sobre la espalda de su madre como un gesto reconfortante. La puerta de su negocio se abrió, anunciando a un visitante, pero no le dió importancia.

— En serio no deberías creer en esos medios, madre. Deberíamos preguntarle a Harry directamente. — comentó George con seguridad.

— Debería escuchar a su hijo, señora Weasley. George es un sabio nato. — dijo una voz de mujer.

El par de Weasley se giraron con curiosidad para descubrir a la dueña de aquella encantadora voz y se toparon con Hermione.

— Hermione, querida. Cuánto tiempo sin verte. — dijo Molly con entusiasmo. La bruja pelirroja se aproximó para abrazar a la castaña.

— Hey, ¿Qué te trae a Sortilegios?. — preguntó George sonando casual.

— La verdad es que vengo huyendo de tu hermano. — contestó la mujer con culpabilidad. — Me lo he encontrado camino a mi librería y no paró de seguirme hasta que pude perderlo. Se que venir aquí no fue la decisión más inteligente, pero pensé que tú me ayudarías a esconderme mientras de iba del callejón.

— Oh bella dama, claro que yo te ayudo. Sin problema. — dijo George sonriendo con complicidad. — No te hizo nada malo, ¿O si?. — preguntó con seriedad.

— Oh no, para nada. Solo que últimamente lo he notado más "persistente". No quiero causar problemas en su matrimonio. — explicó Hermione levemente apena.

— ¿A qué te refieres con que te está persiguiendo?. — preguntó Molly con duda. Hermione suspiró abatida.

— No es fácil para mí decirle esto, Señora Weasley. Desde que volví de Francia, Ronald ha sido un dolor de cabeza para mí y mi esposo. Por alguna extraña razón, se le ha metido en la cabeza que yo aún siento algo por él y que Draco me tiene bajo un imperio. — explicó Hermione con frustración.

— Ay, por Merlín. Cuando era pequeño, una vez se me cayó de la cuna. No pensé en su momento que pudiera dejarle secuelas. Veo que me equivoqué… — dijo Molly irritada.

— Ma, Ron es un idiota. Así nació simplemente. — comentó George con buen humor.

— No le faltes el respeto a tu hermano, George. — Reprendió la matriarca Weasley. — Hermione querida, lo siento tanto. Si me lo encuentro hablaré con él. Debe de estar muy confundido. — respondió a la castaña con amabilidad.

— Gracias, la verdad lo aprecio. Es que sinceramente no sé cuánto podremos tolerar Draco y yo la situación sin hechizarlo, lo siento mucho. Además, es difícil para mí que lo trate con amabilidad después de todo lo que ha pasado. — explicó Hermione con culpabilidad.

— No te preocupes, guapa. Ya verás que pondré a Ronny en su sitio. — dijo George alentador mientras su madre asentía.

— ¡Ahí estás Hermione!. — gritó Ron Weasley mientras entraba a la tienda de su hermano.

Para desgracia de la castaña, el pelirrojo alcanzó a visualizarla a través del aparador de la tienda de George.

— Ay, Salazar. Dame paciencia… — Susurró la mujer dorada con frustración.

— Hey, toma este obsequio de mi parte. Sé que no he sido el mejor hombre, pero te aseguro que puedo ser un buen pretendiente. — explicó Ron con desesperación. — Incluso te perdonó por lo que pasó con los chocolates de arañas, se que los mando Malfoy.

Ron le estaba extendiendo una caja rectangular. Era un paquete de dulces de Honeydukes, la cual tenía la gracia que salía cualquier dulce aleatoriamente al abrirla.

— No puedo aceptarlo, la verdad es que no me interesa. — Masculló Hermione con desden.

Mientras tanto, George y Molly se encontraban incrédulos ante tal bizarra situación. Ron sacó su varita y le apuntó a la castaña.

— Finite. — dijo Ron con seguridad.

— ¿Qué rayos estás haciendo?. — preguntó Hermione de mala gana.

— Bueno, como estás bajo un imperio pensé que la manera de deshacerlo era con ese contra encantamiento. — explicó con naturalidad el pelirrojo menor.

Hermione le miró con el ceño fruncido. Después, se dirigió a George.

— George, por favor haz algo. Sino te juro que le lanzó un crucio aquí y ahora. — dijo mandonamente la castaña.

— ¡No Mione! Es Malfoy tratando de controlar tus verdaderos sentimientos. — dijo Ron desesperado.

— Soy la señora Malfoy para ti. — Siseó con hostilidad. — Te juro por Salazar que si vuelves a insultar el honor de mi marido, te lanzaré una maldición tan fuerte que no te podrás sentar en tres días. — añadió amenazadora y fríamente.

— ¡Ronald Weasley! ¡Basta de tanta estupidez!. — grito Molly enojada.

— Mamá, no te había visto. — balbuceo con miedo el mencionado mientras se ponía pálido.

— ¡Te las verás conmigo! ¿Cómo está eso de que andas cortejando a Hermione cuando es una mujer casada?. ¿Qué hay de Lavender?. — gritó la señora mientras tomaba de la oreja a su hijo y lo llevaba a rastras hacia la parte trasera de la tienda. — ¡Tu y yo tenemos tanto de qué hablar!.

Una vez que el par de Weasley había salido de su vista, Hermione suspiró.

— Muchas gracias por todo. — dijo con gratitud. — Será mejor que me vaya.

— No hay de que Hermione, ya verás que Mamá le dará una buena reprimenda, pero no garantizo que se le quite lo idiota. — comentó George con ironía haciendo reír a la de rizos.

— Por cierto, el 25 daré una fiesta navideña en mi mansión. Tal vez Angelina, tus hijos y Molly quieran venir. — dijo Hermione entusiasta.

— No nos lo perdemos por nada. Además, me muero de ganas de ver a mi linda ahijada. — explicó George feliz.

George Weasley, junto con Kingsley era padrino de Narcissa II Malfoy.

— Oh, espero que puedas lidiar con todos mis pequeños. — comentó la castaña contenta. — Nos vemos y gracias de nuevo. — dijo la chica de oro mientras salía del local.