"Yo Soy la señora Malfoy y este es mi legado"
Capitulo doce: El cisne de la luna y el hydra dorado.
Malfoy Manor
Ala este
Balcón de habitación principal
Tomando el té se encontraba Hermione Malfoy, tratando de buscar paz a las afueras de su gran balcón que tenía su habitación, sentada en una mesa con parasol. Desde la mañana tenía un fuerte dolor de cabeza punzante que la estaba sacando de quicio. Lo más sensato que podía hacer era tomar alguna poción para aligerar su mal, pero estaba tan absorta y ensimismada en sus pensamientos que no había considerado la posibilidad.
La razón de su molestia tenía nombres y apellidos. Harry Potter y Daphne Greengrass habían tomado una decisión que complicaría el trabajo de Hermione en el juicio por la demanda de divorcio del hombre que vivió. Cómo Cormac McLaggen había comentado el otro día, se tenía la sospecha que Harry había incumplido en el contrato matrimonial que tenía con Ginny al supuestamente haberle sido infiel. La prueba irrefutable que según ellos tenía era la existencia de Alhelí. Desde luego, ellos no conocían el origen de la pequeña. Es por esto que Hermione había sugerido que saliera a la luz la verdad, pero Harry y Daphne no querían exponer a su hija.
Flash back
— No, Hermione. Es un No rotundo. — declaró Harry con decisión.
Hermione, Daphne y Potter se encontraban platicando en el despacho personal de la castaña, ese que se encontraba en la gran Malfoy Manor.
— Pero, Harry. Piensa bien esto, ya que si sigues con esto, se dará a entender ante el gran jurado familiar que tú en efecto cometiste infidelidad. — dijo Hermione obstinada. — Daph, hazlo entrar en razón…
— No, Herms. Estoy con él. — Musitó la rubia firme. — No puedo atreverme a revelar el origen de Alhelí. No es que me avergüence, pero temo por lo que la sociedad pueda decir de ella. Es tan solo una niña…
— Sabemos que los prejuicios de sangre han quedado en su mayoría como anticuados, pero tú perfectamente sabes que no han desaparecido del todo. — explicó Potter con franqueza. — ¿Acaso a ti no te habría gustado no sufrir por aquel apelativo que te causó tantos problemas?
Hermione le miró con sus ojos castaños pasmada por la pregunta. Después de haber permanecido unos momentos así, le miró con entendimiento.
— Estoy orgullosa de lo que soy, una hija de muggles. — respondió con orgullo. — Aunque tienes medianamente razón, sí fue un poco más compleja mi estancia en Hogwarts por el estatus de sangre. — añadió convencida.
— Ahí lo tienes, es por eso que preferimos que Alhelí tenga el estatus de mestiza. — dijo Harry con seriedad. — Lo sentimos mucho Hermione, te estamos complicando tu caso. — comentó con verdadera lástima.
La señora Malfoy se vio obligada a sonreír de lado. Con sinceridad le hubiera gustado admitir que le estaban provocando una buena jaqueca. Harry al aparecer no recordaba al espíritu luchador que tenía su amiga, el cual no le gustaba perder. Ahora se enfrentaba ante la posibilidad de perder su primer caso, ya que le estaban atando las manos para poder defenderlos. La leona orgullosa de Gryffindor tenía dificil la situación para no mandar al demonio a su par de amigos, pero al menos la situación lo ameritaba. Así Alhelí Potter tendría una niñez medianamente tranquila, tal vez no librada al cien por ciento de los rumores, pero nada que no pudieran remediar. Una vez que Hermione suspiró con resignación, procedió nuevamente a hablar.
— No debes sentirlo, no hay problema. Después de todo, ustedes son mis clientes. — dijo en tono conciliador la castaña mientras se encogía de hombros para restarle importancia al asunto. — Solamente quiero que estén conscientes de algo. Si deciden proceder así, Ginny ganará la demanda de abandono de hogar, y muy seguramente exigirá una manutención. ¿Estás dispuesto a proveerla?. — cuestionó la bruja de rizos con seriedad.
— Deshacerme de unos cuantos galeones al mes lo valen si así evito que una de mis hijas sufra por su pasado. — declaró el hombre que sobrevivió sin dudas en su voz. — Mi reputación me tiene sin cuidado, después de todo sabes que estoy acostumbrado a los rumores.
— ¿Daph?. — preguntó Hermione a la rubia que se encontraba en silencio.
— Mi niñita y sus nuevos hermanitos ahora son lo más importante para mí, su bienestar es mi prioridad. La reputación que tenga en un futuro no podría importarme menos si ella tiene una gran familia feliz. — explicó la bruja rubia solemne.
Hermione solo les sonrió torcidamente, en verdad que esos dos le ponían difícil la situación, pero la buena causa lo valía. De eso se quería convencer la ex princesa de Gryffindor.
— Vean el lado bueno del asunto. Si Ginevra es declarada culpable en el juicio de tráfico de ingredientes, no tendrán que pagarle ningún Galeón. — comentó Granger fingiendo buen humor.
Fin de Flash Back
Fue así como la bruja de rizos masajeó sus sienes con delicadeza y suavidad para aliviar su malestar. Tan absorta se encontraba en sus pensamientos que no notó la nueva presencia que había entrado a la habitación, hasta que sintió las manos fuertes del individuo en sus hombros, sujetándola por detrás mientras ella estaba sentada.
— Hey, relájate. Se te nota lo tensa a millas. — habló Draco con parsimonia. — Incluso desde mi laboratorio se siente las malas vibras que estás emanando. — bromeó, regalándole una sonrisa ladeada a su esposa.
— No tengo fortaleza para soportar tu humor cínico, Malfoy. Siento como si estuvieran taladrando mi cabeza. — dijo Hermione con cansancio y levemente fastidiada.
— Lo sé leona, es por eso que me tomé la molestia de prepararte una de mis pociones especiales. — respondió el rubio condescendiente. En la mano de su esposa dejó un vial de poción.
— Merlín bendito. Muchas gracias dragón. — contestó la bruja con gratitud, destapando el vial, tomándolo de un trago, como si fuera una sedienta en el desierto.
— ¿Por qué no me habías pedido que te preparara alguna?. — preguntó Draco con compasión, mientras masajeaba a los hombros de su esposa.
— No quería molestarte, sabía que estabas ocupado. De hecho iba a pedirselo a alguno de tus padres, pero veo que ya no será necesario. — respondió Hermione con agradecimiento.
— El asunto de los Potter te tiene mal. ¿Segura que quieres seguir con esto? — preguntó el rubio con cautela.
— No lo dudes, solo estoy un poco desanimada por los hechos. Tengo que hacerme a la idea de que perderé mi primer juicio. — comentó la mujer apesadumbrada.
— Vamos, Leona. No perderás nada realmente. Después de eso nadie recordará que "perdiste" contra McLaggen, cuando hayas enjuiciado a Weasellette por el tráfico de ingredientes. — explicó Malfoy placido. — Además, una buena abogada siempre respeta las decisiones de sus clientes. — le recordó.
— Supongo que tienes razón. — concedió con algo de resignación. — También te noto desanimado, ¿Qué pasa contigo?. — preguntó levemente preocupada.
— Solamente estoy algo desesperado, ya no sé dónde buscar más una cura contra el Machiattis. Estoy empezando a quedarme sin ideas. — contestó Draco con frustración.
Hermione pareció guardar silencio unos minutos. El rubio también decidió guardar silencio para meditar sobre las posibles alternativas que le quedaban.
— ¿Qué tal si le estás dando el enfoque equivocado?. Puede que sea una enfermedad, pero ¿Y si se está comportando más como una alergia en el cuerpo?. — sugirió la bruja. Draco le miró sorprendido.
— Buen punto. Solamente me he estado enfocando en el Machiattis como una especie de gripa. — comentó el mago. — Suena más lógico que sea una alergia, eso explicaría porque no toda la población está enferma.
— Siempre es un placer ayudarte. — contestó Hermione satisfecha de ella misma. — ¿Quieres que nos tomemos un tiempo para investigar sobre las alergias?. Podemos empezar por los antihistamínicos. Visitar una biblioteca muggle no nos haría daño.— sugirió mirándolo con interés.
— Nunca me perdonaría si fuera solo a una biblioteca sin ti. Es un hecho que vendrás conmigo. — respondió el rubio complacido, incorporándose de su asiento y extendiendo su mano para que su esposa la tomará. Ella solo sonrió y la tomó para desaparecer junto a él.
Potter Manor
Estancia principal
Después de que las remodelaciones en la antigua Mansión Potter terminaron, Harry se mudó de inmediato a ésta en compañía de Alhelí, Lily y Daphne. Estaban las niñas jugando en la mesa al lado de la sala mientras tomaba el té. Por otro lado, Daphne había decidió ser partícipe del juego infantil e inocente en el cual se encontraban las niñas ensimismadas. Mientras tanto, Harry se limitó a sentarse en uno de los sofás de la sala para poder leer con tranquilidad el número de ese día del Profeta, Aunque por más que lo intentará, perdía la concentración de vez en cuando por las risas joviales que provenían de las féminas de la habitación. Resignado, decidió prestar atención a los movimientos de su amiga e hijas.
El hombre que vivió tenía que admitir que Daph tenía una habilidad natural para convivir con cualquier niño que se le cruzara de frente.
— Disculpe, señorita Potter. ¿Podría servirme un poco más de té?. — preguntó Greengrass con amabilidad, mientras le tendía su taza a Alhelí.
— Claro que sí mamá. — Masculló contenta la menor de las Potter.
— Tu también deberías ser una Potter. Es complicado llamarte señorita Greengrass. — comentó Lily con diversión. Harry le miró pasmado.
— Oh bueno, yo no sé qué decir. — dijo Daph riendo con nerviosismo, mientras su mirada iba de las chicas al hombre pelinegro.
— Estoy segura que a mí papá le encantaría. ¿No es así papi?. — preguntó Lily con falsa inocencia.
Harry sintió como si le patearan el estómago. Su hija si que lo había metido en un lío. Carraspeó para dejar sus nervios de lado, y se limitó a ver tímidamente a la bruja, pero sonriendo inocente.
— No me molestaría… — contestó al aire sin dirigirse a nadie en específico. Alhelí y Lily chillaron emocionadas, mientras que Daphne se sonrojo levemente, pero sonrió complacida.
Castillo Nott
Jardines traseros
Habían pasado alrededor de dos días desde que Harry había confesado de manera sutil que no le molestaría que Daphne fuera la nueva señora Potter. El hombre pelinegro se encontraba en un mar de dudas, ya que no siquiera aún se divorciaba y ya estaba buscando no estar solo. Se cuestionó si realmente él sentía algo más que una bonita amistad por Daphne. Aquella bruja rubia era tan hermosa, elegante e inteligente, pero al mismo tiempo tenía la cualidad de ser una persona amorosa con sus hijas. En mucho tiempo no había visto a Lily tan feliz en los momentos familiares. El señor Harry Potter tenía miedo de avanzar en su vida amorosa, pues hasta el momento la consideraba un desastre. No quería defraudar a la heredera de los Greengrass y atraparla en una relación con él, un hombre próximo a divorciarse. Además, Harry también tenía muy en cuenta que cuando el juicio sobre su divorcio empezará, los chismes en las revistas del mundo mágico serían intensos. De por sí se le acusaba de ser infiel a Ginevra, ahora sí se presentaba con una nueva novia en tan poco tiempo las cosas serían fatales. Él solo quería ser feliz.
Afortunadamente, Luna Lovegood le había invitado a almorzar con ella en su hogar en compañía de Hermione para ponerse al día. Así tendría la oportunidad de pedir la opinión femenina de la situación. Cuando llegó al Castillo Nott, un elfo le recibió con amabilidad y lo condujo a los jardines traseros en donde a Luna le gustaba estar con sus visitas. Al llegar, visualizo a la señora Nott ya sentada en una pequeña mesa de campo esperando frente a algunas bandejas que cubrían la comida del almuerzo.
Harry se dedicó a sonreír cordialmente cuando hizo contacto con los ojos soñadores de Luna.
— Harry, es un gusto que hayas podido venir. — expresó la rubia con felicidad,
— No me perdería un almuerzo contigo, Luna. — contestó de buen humor el hombre, tomando asiento en una de las cuatro sillas.
— Lamentablemente Hermione no ha podido venir, me ha avisado de último momento. Al parecer está ayudando a Draco con su investigación y creo que tenía una reunión pendiente con Cormac. — explicó la rubia. A Harry pareció no importarle mucho que Hermione estuviera ausente, al parecer solo serían ellos dos. — Espero no te moleste que haya invitado a otra de mis amigas. — anunció con felicidad.
El señor Potter le miró con duda, estaba a punto de preguntar de quién se trataba cuando una voz habló a sus espaldas.
— Mi Looney, no me dijiste que tendríamos el honor de tener al salvador entre nosotros. — dijo Pansy Zabini burlona, mientras se dejaba caer de manera elegante en un asiento de la mesa.
— Párkinson. — masculló Harry con incredulidad.
De todas las personas que podía haber esperado, la pelinegra era una de las pocas probabilidades que no había contemplado. No es que el hombre le tuviera aversión a la joven, pero le era difícil hacerse a la idea de tener que convivir en esos momentos con ella. Aún no podía dejar de verla como una joven que se divertía burlándose de él en Hogwarts.
— De hecho ahora es Zabini, pero dime Pansy. Ya estoy cansada de tantos viejos formalismos. — dijo la pelinegra con carisma. Después observó la cara de Potter que tenía una mueca desviada. — Tienes cara de haber chupado un limón, ¿Sucede algo?. — preguntó ligeramente desconcertada.
— No, solo que estoy algo sorprendido de tu presencia. — Masculló el hombre con rapidez, para no delatar su nerviosismo. Rápidamente dejó su mueca a un lado.
— Pues acostumbrate, que soy una de las mejores amigas de Looney, Herms y Daph. Lamento que no sea tan sosa como una comadreja del clan Weasley. — comentó la bruja con franqueza.
— Pansy, deberíamos relajarnos. — le comentó Luna en un intento por aligerar el ambiente. La pelinegra negó.
— No, Looney. Sabes que me gusta dejar las cosas claras desde un inicio. — respondió obstinada, para después mirar con fiereza a Harry Potter. Ella no iba a permitir ningún desplante del hombre, debido a sus prejuicios hacía los Slytherin.
— Ella tiene razón Luna. — concedió Harry con paciencia, dejando el nerviosismo de lado. — Lo siento, Pansy. Es solo que es un poco desconcertante para mí. Hace muchos años que no tenía contacto con Hermione y Luna. Y de nuevo ponerme al día con sus vidas es muy difícil. Quiero llevarme bien con su grupo de amigos. — explicó en una mezcla de timidez y arrepentimiento.
— Entiendo. — Musitó Pansy con seriedad, pero después sonrió de lado relajada. — ¿Sabes algo? No es mi estilo lo que estoy a punto de decir, pero lamento haber sido una arpía contigo en Hogwarts. — dijo con un ligero matiz de amabilidad. — O, y por casi entregarte a Voldy, solo era una cría asustada. — se justificó un poco apenada.
— No te preocupes, no hay nada que perdonar. Son cosas pasadas. — sonrió Harry con tranquilidad. Al parecer la pelinegra no era tan temible y resentida como él creía.
— Ahora todos podemos vernos con tranquilidad sin perturbar a nadie. — dijo Luna con alegría, mirando a sus dos amigos.
— Me alegro escuchar eso, Imagínate si nos siguieramos llevando mal. Daph se sentiría devastada. — bromeó Pansy. — Será un gran alivio para ella y Hermione.
— ¿Ah? — Masculló Potter confundido.
— Vamos, Harry. No te hagas el desentendido. Sé perfectamente que quieres que mi amiga sea algo más tuyo. — respondió la pelinegra con burla e insinuante, llamándolo por primera vez por su nombre.
— Si, una buena amiga. — se justificó con rapidez, sin sonar convencido.
— ¿Y porque lo dices con inseguridad?. — preguntó la señora Zabini impertinente.
— Yo… — Masculló Harry apenado. Sentir los ojos negros sobre él le estaba desconcertado. Pansy parecía ser del tipo de brujas que intimidaba con su mirada.
— Pansy, no atormentes a Harry. — Reprendió la rubia del grupo.
— Cómo sea. — dijo con simpleza la mencionada. — Solo ten presente que para que una relación funcione tienes que dar algún paso, no ser su eterno "jefe". — dijo haciendo comillas con sus dedos en su última palabra.
El gran salvador le miró con nerviosismo. Él se había convencido de no intentar nada con Daphne, para no hacerla sufrir con los rumores. ¿Pero a quién quería engañar?. Deseaba ser egoísta y empezar a salir con la bruja de cabellos dorados que tanto le atraía física, mental y emocionalmente. Además, sabía que ella era una mujer extraordinaria que podía convivir con todos sus hijos. ¡Incluso compartían una hija!. Pansy tenía razón, debía al menos tomar un poco la iniciativa y darle una señal a Daph para hacerle entender que no estaba perdiendo su tiempo.
Londres mágico
Oficina de Cormac McLaggen
En una parte del gran Londres mágico, en alguno de los pequeños edificios se encontraba situado el despacho de Cormac McLaggen. Un pequeño lugar dedicado para atender los asuntos del mago rubio. Hermione Malfoy el día de ayer, mientras se encontraba con Draco investigando y ordenando sus ideas sobre los resultados que habían obtenido en cuanto al Machiattis, había llegado una lechuza perteneciente a su antiguo pretendiente. El asunto de la carta no era muy extenso, pero sí claro. La estaba citando para tener una reunión extraoficial en su oficina para hablar sobre un asunto que le inquietaba a Cormac sobre su actual cliente.
En otras circunstancias, Hermione hubiera declinado la invitación con amabilidad, pero el saber que se trataba de un asunto relacionado a Ginevra Potter hacía que una curiosidad insana le carcomiera. Es por esa razón que ese día había tenido que dejar plantada a Luna, Pansy y Harry en su almuerzo para arreglar esos asuntos. Cuando la bruja llegó al despacho, Cormac la recibió con una gran cordialidad y esa personalidad carismática, desde luego sin rozar con los límites personales de la bruja.
— Bueno, creo que es hora de que pasemos al asunto que me trajo a ti. — dijo Hermione en tono insinuador.
— Ah, es verdad. — dijo el rubio como si recordará abruptamente el asunto de la reunión. — No es propio de mi tener esta clase de comportamiento, pero mi cliente me está poniendo los vellos en punta. — añadió fingiendo escalofríos, estremeciéndose.
— Sé que Ginevra puede ser algo complicada, por lo que Harry me ha contado. — dijo en común acuerdo la bruja.
— No tienes idea Hermione, no se en que me he metido. — respondió Cormac abatido. — Esa bruja no está bien de la cabeza.
— ¿No crees que estás exagerando?. — cuestionó Granger mirando al mago interrogante
Por un momento, Hermione Malfoy creyó que Cormac apelaría a qué Ginny no se encontraba en pleno uso de sus facultades mentales para así evitar el juicio y ser automáticamente beneficiaria a una pensión de su esposo.
— Por Godric, claro que no. — respondió convencido McLaggen. — Mira, se qué lo que voy a hacer no es para nada ético, porque estoy rompiendo la confidencialidad de Abogado-cliente, pero estoy preocupado.
— Te escucho, prometo que no saldrá nada de mi. — dijo Hermione con una gran curiosidad, tratando de qué Cormac se sintiera cómodo.
— Confío en tu palabra, sé qué no utilizarías lo que voy a decirte en contra del juicio. — comentó con templanza. — El otro día que salimos de la oficina de Harry, Ginny comentó algo que me inquietó.
— ¿Qué dijo para inquietarte de ese modo?.
— Que iba a vengarse de Harry, deshaciéndose de algo que él amaba. — Musitó Cormac con aplomo.
— Por Morgana… — Masculló Hermione con leve preocupación.
— ¿Tienes alguna idea de que puede ser? — preguntó el mago con verdadero interés.
— No tengo la menor idea. Solamente espero que todo esto se quede al aire. — Musitó la castaña con preocupación.
Y no mentía del todo, Harry Potter amaba muchas cosas en el mundo, pero lo más preocupante es que todo ese amor y cariño iba dirigido a su familia y amigos.
— Esperemos, pero por si las dudas, estemos atentos. — suspiró con resignación el hombre.
— ¿Seguirás siendo su abogado a pesar de eso?.
— No tengo opción, ya he firmado un contrato con ella. — dijo con fastidio McLaggen.
— Es una verdadera lástima. — comentó Hermione decepcionada.
Callejón Diagon
Heladería Florean Fostescue
Después de un par de semanas de extenuante trabajo duro para el matrimonio Malfoy, decidieron tomarse por fin sus vacaciones de invierno. Draco seguiría trabajando de vez en cuando en su investigación, pero con la condición de que no pasaría encerrado en su laboratorio todo el día para que pasara tiempo con su familia. Por otro lado, Hermione tendría mayor carga de trabajo hasta enero, ya que el juicio de Ginevra Potter por la demanda de divorcio sería a inicios de Enero próximo, así que la abogada castaña ya tenía cubiertas las evidencias en su contra, al menos para dejar paso al nuevo cargo que querían adjudicar a la pelirroja. Como una de sus estrategias para pasar más tiempo con sus hijos de manera individual y personalizada, decidieron salir con ellos a diferentes lugares que ellos prefirieron. El primer turno lo ganaron su segundo par de gemelos, los cuales habían pedido ir a la heladería del Señor Florean Fostescue para comer helado con sus padres y de paso, poder comprar algunos regalos para los niños Potter que aún no conocían.
Cuando llegaron al establecimiento, fueron recibidos con una gran amabilidad por el dueño del lugar. Con rapidez los sitio en su terraza, para que degusten con placer su pequeño gusto culposo y cremoso. Draco esos días se encontraba de muy buen humor. El haber ido a una biblioteca muggle con su esposa le había servido de gran manera para poder investigar sobre las alergias en los seres humanos y cómo combatirlas. El rubio no podía creer que en ocasiones el sistema inmunológico se llegará a confundir y a reconocer componentes tan comunes y corrientes como algo extremadamente peligroso y mortal. Era sumamente extraño que existieran magos alérgicos a algo en su mundo, por lo tanto era un tema novedoso para la medicina mágica. Una persona común, al oír hablar sobre ese tema, pensaría que las alergias no tendrían solución, pero fue interesante descubrir para Draco la existencia de los Antihistamínicos.
Los antihistamínicos en la medicina tradicional muggle eran sustancias que tenían por objetivo reducir o eliminar los niveles de histamina. Está era la culpable de desatar las reacciones alérgicas en el cuerpo, por lo tanto el antihistamínico estaba guiado a contrarrestar los síntomas de la alergia. Draco no quería recurrir a las sustancias químicas de la farmacología de laboratorio, ya que sabía que posiblemente tendría obstáculos para que su medicamento fuera aceptado al 100 % en una sociedad mágica inglesa tradicionalista. Por lo tanto, tendría que recurrir a los remedios caseros que se usaban en la antigüedad, mejor conocidos como los menjurjes. Después de todo, los remedios caseros eran los precursores de las pociones en la época medieval que usaban los muggles de manera inconsciente.
Al parecer, esa pequeña reunión no solamente era para pasar tiempo libre con sus hijos, sino que también era una especie de pequeña celebración interna para Draco.
— Ahora solo me queda probar algunos menjurjes, pero al menos ya estoy más tranquilo. Se que pronto tendremos la respuesta en nuestras manos. — comentó Draco emotivo mientras degustaba su helado de menta con chocolate.
— Oh, Draco. Te dije que todo sería cuestión de tiempo. — respondió Hermione sonriente.
— Papá, cuando terminemos nuestro helado, ¿Podemos ir a la tienda de Quidditch?. — preguntó Tyl fingiendo inocencia.
— No Tyl, dijimos que iríamos primero a la tienda de mascotas. Cygnus lo pidió primero. — respondió Hermione.
— Pero por eso pregunté a papá, sabía que tú me ibas a decir no porque no te gusta el Quidditch. — dijo el pequeño rubio con una sonrisa ladeada. Draco como respuesta se carcajeo, mientras que el pequeño Cygnus se puso colorado por las ocurrencias de su hermano. Hermione le miró severamente.
— Draco. — Masculló severamente la matriarca, dedicandole una mirada fulminante a su marido. Este trato de dejar de reír y fingió una tos.
— Lo siento, Campeón. Pero tú hermano lo pidió primero. Después de la tienda de mascotas iremos a la de Quidditch. — explicó con tacto el rubio mayor. — Y por favor, ten respeto por tu madre. Sino tendré que castigarte. — añadió tratando de sonar severo.
Por su parte el pequeño rubio menor asintió resignado, mientras que su hermano negaba con su cabeza gracias al comportamiento de su hermano.
El quinto hijo de Draco y Hermione Malfoy era Cygnus Artemis Malfoy Granger. El primer gemelo al nacer. Tenía la edad de ocho años, el cabello lacio como su padre, pero con la ligera diferencia que no era platinado, sino que era de un bonito tono dorado como la miel. Además, sus ojos eran como los de su madre, castaños y brillantes. El chico tenía un cariño especial por su nombre, ya que era en referencia a la constelación del cisne. Cygnus amaba con profundidad a todos los animales por haber, no hacía discriminación para ninguna clase. Es por ello, que siempre que tenía oportunidad de visitar el callejón Diagon con alguien de su familia, le pedía con amabilidad que lo llevarán a visitarla. El pequeño gemelo tenía un carácter tranquilo y armonioso, aunque de vez en cuando le gustaba sumarse a las travesuras de su hermano gemelo. Cómo digno ahijado de Viktor Krum le gustaba el Quidditch, pero se consideraba un fan promedio.
Por otro lado, el sexto hijo no era otro que el pequeño impertinente llamado Tyl Hidrus Malfoy Granger. Su apariencia era muy parecida a la de su hermano gemelo, pero él tenía la diferencia de tener el cabello rizado como su madre. El era el hermano que disfrutaba de los deportes mágicos.
— Mamá, lo siento. — dijo Tyl apenado. Hermione no dijo nada y acarició la cabeza de su pequeño hijo.
Mientras tanto, en otro lugar no muy lejano. Para ser más exactos, frente a la tienda de artículos para Quidditch, Ronald Weasley y su par de hijos se encontraban frente de sus escaparates. Mientras padre e hija miraban la mercancía con atención, el pequeño Hugo de encontraba aburrido. Desgraciadamente, el pelirrojo menor no tenía el mismo gusto y pasión por el deporte, que tenía su padre. Lo que más quería en ese momento el joven era ir a comer un helado.
— Papá, ¿Ya podemos ir a comer helado?. — preguntó Hugo frustrado.
— En un momento hijo. — Masculló Ron irritado, ignorando a su hijo.
— Es la quinta vez que lo dice, mejor renunció al intento, ¿Verdad?. — le preguntó el chico a su hermana.
— Deja de ser tan quejica. Papá también necesita desestresarse. — Musitó Rose de mala gana ignorando a su hermano, mientras enfocaba su atención en una nimbus 2010. A pesar de que el Machiattis se había expandido como una plaga por la piel de la pelirroja, ya había pasado la fase contagiosa. Ahora solo su piel estaba adornada por puntos morados, que le ocasionaron una apariencia extraña.
Hugo miró con tristeza a su familia. Muy seguramente si se escabullia por ahí no notarán su ausencia. Empezaba a odiar aquel juego que le robaba la atención de su padre cuando esté tenía tiempo libre para él. Con sigilo se apartó de su familia y se fue caminando por la calle, perdiendose entre la gente. Cuando menos de dió cuenta, se encontraba frente al negocio de Florean Fostescue. Con valentía y determinación innata de los Gryffindor entró al lugar. El vendedor de turno se encontraba tan ocupado que no repaso en su presencia que se dirigía hacía la terraza del lugar. Una vez que se encontró en la parte de arriba del negocio, escogió sentarse en una mesa vacía que se encontraba al lado de una familia de niños rubios.
Hermione que siempre estaba alerta a los movimientos que ocurrían a su alrededor, reparó en el chico. Ese cabello que tenía el niño gritaba Weasley a los cuatro vientos. Con suavidad, codeó a su esposo para llamar su atención.
— ¿Sucede algo?. — preguntó Draco interrogante al sentir el pequeño golpe en su brazo. Hermione le señalo con su mirada en dirección al niño Weasley. Draco de inmediato se percató de la situación. — Un Weasley. — declaró curioso.
Tyl y Cygnus se encontraban leyendo una revista que traían consigo, por lo tanto no se percatan aún del intercambio de palabras de sus padres.
— ¿Por qué estará solo?. ¿Estará perdido?. — preguntó Hermione levemente angustiada.
— No lo sé, leona. No quiero arriesgarme a qué de repente llegué cualquiera de las comadrejas y nos arruine nuestra tarde. — contestó Draco sin sonar convencido, pero ya era demasiado tarde. Hermione Malfoy ya se había incorporado de su asiento para ir en dirección hacia el pelirrojo. — Hermione, maldición. — Masculló de mala gana.
