Capítulo I: El Cazador


El silbido de su respiración era lo único que lo acompañaba en medio del silencio al que se había condenado a sí mismo. El sol comenzaba a cubrir el firmamento, aunque su intensidad no lograba superar a las tormentosas nubes que seguían acosando a la ciudadela de Hebra. Link sentía que los huesos de sus dedos vibraban, aunque no podía experimentar sensación alguna en la piel de sus dígitos; sus uñas comenzaban a tomar una tonalidad lila, y tal era la aspereza que la irritación en ellos había dejado de doler, pese a continuar tensando constantemente el arco, incitado por los movimientos que podía ver en el bulevar abandonado; esa era su realidad, a lo alto de aquella torre donde él y sus compañeros estaban refugiados. En su mayoría, aquellos movimientos repentinos en el bulevar eran descensos de masas de nieve acumulada en los techos de las edificaciones, o pequeños demonios carroñeros atraídos por la putrefacta carne congelada de los civiles que habían caído en los asedios.

Sus sentidos dolían, estaban sobreexcitados por la falta de sueño, la creciente inanición, el frío, y la enorme cantidad de alcohol y nicotina que había consumido para siquiera estar en pie, más muerto que vivo. A eso se limitaba su guardia; intentar concentrarse en vigilar la base, mientras sus hombres descansaban. Y aunque podía ver como la nevada continuaba cubriendo las manchas carmesí que cubrían las calles, el frío comenzó a abandonar su cuerpo, sintiéndose repentinamente cálido; Sin embargo, no era un calor que le generara alivio. Era una sensación densa y asfixiante, el aire comenzó a faltarle en sus pulmones, sus fosas nasales comenzaron a ser invadido por el aroma de la descomposición. Al ver sus manos, pudo notar la razón de lo que sentía; estaban cubiertas de sangre. Su cuerpo entero estaba bañado de aquel fluido vital, cada vez más espeso por la coagulación; aquello lo hizo mirar a su alrededor, a su retaguardia, sintiendo como todo en su interior volvía a helarse al ver los restos de sus compañeros acumulados detrás de sí. Eran evidentes las mutilaciones de espadas y hachas, o las flechas y lanzas atravesando sus cuerpos de formas grotescas.

Fue en ese momento, cuando sentía el estómago sólido, que pudo ver como los ojos y bocas de los cadáveres comenzaban a moverse, reaccionando. Todas las miradas fueron hacia él, mientras aquellos soldados fallecidos comenzaban a clamar, a suplicar auxilio. Eran alaridos de pánico acumulándose y atormentando los oídos de Link. Todos aquellos estímulos fueron intensificándose mientras él intentaba cubrir sus oídos con sus manos, tratando de aplastarlos en un intento de huir de la sensación de tener la culpa por aquellas vidas perdidas. Intentó gritar para liberar el dolor que sentía, la sensación de estar al borde de la demencia. Se revolcaba en ese suelo inundado de rojo, mientras que ningún sonido salía de su boca condenada al mutismo…


El aire entró de forma abrupta a los pulmones de Link al instante en el que abrió los ojos, rodando sobre la cama mientras estiraba su mano, alcanzando su navaja que conservaba en el suelo al lado del lecho. Tembloroso, el guerrero apuntó el arma delante de él, hacia dónde provenía el sonido que lo había sacado de su turbulenta prisión de pesadillas.

—Tranquilo soldado…—dijo la figura que lo había despertado; aquella voz era tersa, aunque se mostraba un tanto preocupada. Escucharla hizo que la respiración errática del rubio comenzara a serenarse; su pecho dejó de tensarse con cada inhalación, al momento en el que Link la reconoció.

—¿Ya amaneció? —preguntó el guerrero, mientras trataba de secar las gotas de sudor frío que se habían formado en su frente por la pesadilla que lo había envuelto.

—Falta un par de horas—

Link exhaló para relajar su pulso, asintiendo a la voz de la joven que lo había despertado.

—Pero… podríamos ir primero a Hatelia—dijo la recién llegada, encendiendo la pequeña lámpara de aquella habitación de hostal, para después cerrar la puerta que había dejado brevemente abierta al entrar, atraída por las vociferaciones de Link en medio de su pesadilla.

—Tenemos trabajo, Aryll—dijo Link con algo de dureza, mirando a los ojos de su hermana con seriedad, mientras rebuscaba bajo la cama, hasta conseguir la botella de licor de miel que había dejado ahí la noche anterior.

—Falta una eternidad para que la caravana Sheikah llegue a la región—se excusó la joven, arrancando la botella de las manos de su hermano, sabiendo que tenía intenciones de comenzar a beber cuando todavía no salía el sol.

—Debemos estar en la cima de la meseta antes del anochecer—explicó Link, frunciendo el ceño ante el atrevimiento de su hermana menor.

—Y ahí estaremos, solo entramos a la aldea, lo compro, y nos vamos a la meseta, echaremos raíces ahí de tanto esperar antes de que hayan señales de los Yigas—propuso la hyliana de cabello corto, sonriendo ante la idea de que su hermano accediera a la idea.

Link solo exhaló de nuevo, tendiéndose en la cama con pereza, sintiendo aun secuelas del ataque de ansiedad que había sufrido por la pesadilla.

—Supongo que no quieres hablar de eso—La voz de Aryll volvió a romper el silencio, refiriéndose a los sueño que acosaban al guerrero.

—No.

Aryll puso los ojos en blanco, al darse cuenta que era inútil intentar ayudar a Link por medio de las palabras.

—Prepararé a Aine y Epona para partir—

En medio de sus palabras, la hyliana se puso de nuevo de pie luego de estar sentada en la orilla de la cama, comenzando a dirigirse a la salida de la habitación.

—Bien, vamos a la Hatelia, entramos y salimos—accedió el rubio, resignándose a los caprichos de su hermana. Aquello causó un pequeño chillido de victoria por parte de ella.

—Sí, señor—

—Ahora dame la botella—

— ¿Ésta? —dijo con fingida inocencia la joven, mirando la botella que se había traído consigo hasta la puerta, a punto de irse. Sin más, la destapó, dando un largo sorbo a la dulce bebida que sin duda era perfecta para monstruoso frío que había en ese invierno. —Lo siento; será confiscada en nombre de los Lynels—dijo con tono sarcástico la rubia, cerrando la puerta para dejar solo a Link luego de burlarse un tanto del nombre que el bajo mundo le había dado a Aryll y a él.

Link se quedó varios segundos estático en la cama, sintiéndose agotado y sumamente adolorido, sentía el estómago acalambradA. Intentó volver a conciliar la tranquilidad necesaria para dormir, pero no le fue posible. Soltó un gruñido como si de un lobo se tratara, haciendo a un lado las sabanas para comenzar ese día, que sería bastante largo.


Le llevó poco tiempo colocarse aquella armadura y capucha hyliana que había teñido de verde oscuro tiempo atrás para camuflarse en medio de los bosques de abeto; la figura imponente del guerrero se hizo presente entre los demás individuos que se hospedaban en el hostal, generando murmullos indiscretos entre ellos al ver a Link, un hombre que mantenía su rostro tras la prenda que cubría su cabeza de la inclemencia del invierno, y a la par, irradiaba misticismo. El sello grabado en las hombreras metálica que portaba confirmaba la sospecha de los presentes sobre la identidad de aquellos viajeros de armaduras, espadas y arcos mágicos.

—Están listas para ir a Hatelia ¿Verdad, bonitas?—informó Aryll, quien también vestía de forma bastante similar a su hermana, aunque se notaba que ella se había tomado más molestias en personalizar las prendas y hacerla más adaptable a sus necesidades y contextura. Link entró a la caballeriza del hostal donde sus dos monturas habían pasado la noche. Aryll por su parte había equipado todo, teniendo las sillas y riendas preparadas, y seguía hablándoles con mimos a ambas yeguas.

—A la meseta de la Cordillera de Lanayru, no lo olvides; aunque… Ningún mocoso debería pisar las tierras sagradas del Monte, por respeto a Nayru—mencionó, mientras intentaba acariciar a Epona, quien de momento lo evadió, un tanto arisca.

—Muy gracioso; ¿Sigues viéndome como una niña de doce, no? —cuestionó la guerrera, alistando a Aine y subiéndose a ella con agilidad, estando ya lista para partir.

—Con coletas, catalejo en mano, y dientes torcidos, sí—dijo Link, con mofa, aun aferrándose a la imagen que tenía de su hermana durante los seis años que no pudo verla por la guerra. Y ahora, le costaba creer que su hermana menor ya tenía la edad ceremonial para entrar al Monte Lanayru, como dictaba la tradición de la Diosa de la Sabiduría.

La respuesta de Ayll fue el agitar las riendas para que Aine, su yegua de manto castaño y crines negras comenzara a andar para salir del establo; aunque la rubia aprovecho para inclinarse y soltar una pesada palmada en la cabeza de su hermano por recordarle los dientes chuecos de su infancia. Con una sonrisa por el golpe, Link terminó de imponerse sobre Epona, tomando las riendas y subiéndose a su silla para acariciar las crines color crema de su yegua.

—Vamos chica… Algún día debes perdonarme por no haberte llevado conmigo—dijo Link con pesar a su caprichosa yegua, que mostraba rebeldía solo por el resentimiento de seis años de ausencia de su dueño. —Aunque deberías agradecerme—expresó el hyliano, con un tono más turbio al pensar que había librado a su querida Epona del sufrimiento al que él estuvo sometido en ese lapso de tiempo; sin embargo, sacudió esas ideas de su cabeza y comenzó a orientar a su hermosa bestia de pelaje rojizo para seguir a Aryll a la salida de la caballeriza. Una rupia azul bastó para pagarle al encargado por la atención de una noche para las yeguas, y finalmente salir. Ambos hermanos tomaron el trayecto que bien conocían, dirigiéndose al suroeste, hacia Hatelia.

Los murmullos comenzaron a intensificarse entre los aldeanos, al momento en el que los agricultores de las afueras del pueblo pudieron ver a aquellos dos jinetes en el camino dirigiéndose a la entrada del asentamiento, justo al amanecer. Sus capuchas del color del bosque y sus armaduras tácticas comenzaron a alimentar las sospechas de quienes podrían ser. Y no tuvieron que esperar demasiado para confirmar lo que se susurraba, pudiendo ver en la entrada de la aldea a aquellos dos viajeros, armados con espadas y arcos, portando en sus hombreras aquel símbolo de la demología hyliana, la que representaba a la bestia con la fuerza del león, la velocidad de los caballos y la voracidad de los lobos.

—Los Lynels…—susurraron algunos, al reconocer a Aryll y Link, los famosos hermanos Ryder, o el apodo con el que habían sido bautizados: Los Lynels. Los famosos cazadores de aquellos demonios ancestrales. Era evidente; los arcos de los hermanos habían pertenecido a esos seres de la oscuridad, todos conocían las leyendas de los arcos colosales. Tanto Aryll como Link continuaron su camino, abriéndose paso con sus monturas por Hatelia, un poblado que aquella mañana iba cobrando fuerzas al iniciar las actividades matutinas. Las herrerías comenzaban resonar en sus actividades y choques metálicos, el carbón se movía de una esquina a otra para alimentar el fuego en los diferentes establecimientos que lo necesitaban para sus actividades. Los niños correteaban, aprovechando que la nevada se había detenido, y en general, los aldeanos llevaban a cabos sus actividades, saludando con respeto tanto a Link como a Aryll mientras estos pasaban.

Los hermanos Ryder respondían de forma escueta pero cordial a los saludos, manteniendo su recorrido claro y firme en un trote suave de sus yeguas, aparentando la imagen de ser los dueños del lugar, dando fragmentos de rupias a los mendigos que suplicaban piedad, saludando a los infantes, e incluso acariciando fugazmente las crines de los caballos de los conocidos con los que se cruzaban en las abarrotadas calles. Los civiles y sus hijos buscaban abrir paso para no estorbarle a los recién llegados que tenían prominencia en la zona. Con la caída del ejército real hyruleano por la fragmentación del Hyrule, las aldeas de la zona dependían de la protección interna ante la indiferencia de la Milicia Federada. Y en Hatelia, los aldeanos confiaban su seguridad en Link Ryder, quien había pasado a convertirse en una figura de respeto de la Aldea junto con Aryll Ryder, por haber defendido a los civiles de las hordas demoníacas en numerosas ocasiones desde el final de la guerra.

Para los pueblerinos, era lo más cercano que tenían a la realeza, aquel tono verde de sus capuchas y armaduras era el equivalente al azul que alguna vez identificó a la ya inexistente realeza que descendía de Hylia. Aquellos habitantes habían aprendido a honrar a quienes los protegían, y dejar de dar ciega alabanza a una nobleza que había desaparecido ante el desenlace del largo conflicto que había dejado a Hyrule asolada y empobrecida.

—Comienza a preocuparme este vicio que tienes, Aryll—dijo Link, luego de cruzar en un callejón espacioso, siguiendo a su hermana, sabiendo a donde se dirigían.

—Jódete—le respondió Aryll entre risas a su hermano, al ver la capacidad que tenía Link de combinar la ironía con una seriedad bastante convincente al bromear. Lo decía como si ella hubiera caído en alguna adicción grave. Sin embargo, el destino de ambos fue un pequeño local construido con bloques de adoquín y madera, donde un hombre regordete y bonachón de afilado bigote trabajaba arduamente frente a una cacerola y un horno de leña a todo dar.

—¡Los chicos Ryder! —Saludó el hombre, con alegría, luego de terminar de lavarse las manos.

—Buen día Kletus—saludó Aryll con una sonrisa, quitándose la capucha, mientras que Link se limitó a saludar alzando un poco la cabeza, estando un poco más al fondo.

—¿Lo de siempre? —preguntó el señor, complacido al ver un enérgico asentimiento por parte de Aryll. El hombre hizo su trabajo, abriendo el horno para usar sus utensilios y sacar una de las pequeñas tartas de masa quebrada hecho con trigo de Tabanta, rellenas con manzanas maduras de pradera, mantequilla de cabra, jarabe de caña, canela y nuez moscada. Aquello explicaba la invasión de dulces aromas en el callejón. Sin más, colocó aquella delicia en un pequeño plato de madera y tenedor, ofreciéndolo a Aryll quien seguía a lo alto de su caballo. Luego de agradecer, la rubia comenzó a devorarlo.

—Supongo que cada quien elige como hacerse daño—dijo Link, aun manteniendo el tono de seriedad bromista al ver como su hermana gozaba con el postre.

—¿Desea algo, señor Ryder? —preguntó el hombre, mirando ahora a Link. Como respuesta, Link negó, rebuscó en su bolsillo, sacando un par de rupias verdes que buscó entregar al hombre.

—La casa invita, mi señor—

—Es tu trabajo—reprendió Link, con algo de firmeza, mirando al hombre quien tuvo que aceptar el pago, agradeciendo.

—Andando, Aryll—

—¡Gracias Kletus, saludos a tu esposa! —exclamó la rubia, colocándose su capucha, terminando el último bocado y devolviendo el plato lo más rápido que pudo antes de que Link se alejara más. De nuevo, montados en sus yeguas, volvieron a seguir el camino hacia la salida de la Aldea por la zona este. Sin embargo, antes de partir, Link se desvío de nuevo hacia una tienda en particular.

—Pensé que debíamos estar en la meseta lo antes posible—cuestionó mordaz Aryll, al ver que Link no parecía estar tan apurado, considerando que estaba accediendo al espacio de carga de aquel local.

—¿Crees que vine solo para que te comieras una tarta? —preguntó el rubio, bajándose de Epona, atando las riendas a un posta, y entrar a aquella flechería. La puerta cedió al empuje de Link, y los presentes en la tienda poco a poco fueron percatándose de quién había entrado. Aunque el dueño del local parecía ser el único que aún no lo había notado, riéndose a carcajadas por una anécdota que estaban relatando sus conocidos. El silencio fue dominando el lugar mientras todos iban reconociendo a Link; todos dejaron de ver la variedad de flechas, materiales y arcos que estaban exhibido, algunos tragando grueso. Aquel mutismo tan repentino por fin hizo reaccionar al encargado, quien paró las carcajadas al ver la figura de Link, y de Aryll, quien estaba entrando en ese momento.

—Todos, largo de aquí—

Aquella orden del dueño del local fue atendida de inmediato por los presentes, que vaciaron el espacio rápidamente, bajando sus cabezas al pasar a un lado de Aryll y Link para salir por la puerta, hasta que no quedó nadie más que los hermanos y el encargado, un hombre de flacura encorvada, múltiples dientes de oro y una creciente calvicie.

—Bienvenidos sean, Lynels—dijo el hombre, tratando de aparentar tranquilidad en medio de su cortesía, pareciendo claramente nervioso por la situación. Usando el apodo de aquellos hermanos como si de un título nobiliario se tratara.

—Espero tengas algo para mí—preguntó de forma directa Link, evadiendo las palabrerías innecesarias, acercándose lentamente. Los ojos azules del guerrero al fin se asomaron bajo su capucha, alzando el rostro para encarar a ese hombre que parecía aferrarse al mostrador como manera de defenderse ante la presencia de los hermanos Ryder. Sin embargo, Link sacó una rupia roja, que sostuvo entre sus dedos a la espera de una respuesta por parte del sujeto.

—Escuché rumores, los miembros del Gremio de arquería dicen haber visto movilizaciones de varios Clanes de Gerudos por el cañón hacia Necluda—reveló el hombre, a quien se le iluminaron los ojos con el brillo rojizo de aquella gema que ofrecía Link.

—¿Cuantas?—cuestionó inmediatamente Aryll, sintiéndose profundamente intrigada por aquel dato.

—Las suficientes para un séquito, y un séquito solo sirve para una cosa—dijo el dueño de la flechería, que también era un informante, mostrándose malicioso ante la especulación.

—Para mover a un Rey—dijo Link, pensativo, y sonriendo levemente al conocer aquella información; al parecer el Rey de las Gerudo le daría una honorífica visita a la Federación de Hyrule. Sin más, lanzó la rupia al hombre como pago por el dato, y con un simple movimiento de cabeza le indicó a Aryll que debían partir.

—Un placer hacer negocios con ustedes—dijo el hombre, quien se quedó hablando solo en el vacío de su tienda al momento en el que las puertas se cerraron.

En pocos instantes, Link y Aryll ya estaban en los lomos de sus yeguas, reanudando el camino.

—¿Por qué tanto interés en las Gerudo? —preguntó la joven, al ver que su hermano se había mostrado particularmente interesado en esos detalles. Comenzaron a salir de Hatelia, tomando el rumbo planeado.

—Les daremos un regalo de bienvenida al Rey del desierto—

Aquella fue la escueta respuesta de Link, mientras que agitaba las riendas para permitir que Epona comenzara a correr por los caminos de la pradera. Y sin poder seguir indagando en las intenciones de su hermano, Aryll no le quedó de otra que también emprender un recorrido acelerado intentando alcanzarlo.


Apenas pudieron, tomaron vías alternas, evadiendo las rutas que principales frecuentadas por los viajeros ante la seguridad de conseguir a cada cierta distancia algún rancho del Gremio ecuestre; establecimientos que muchas veces eran la salvación para los trotamundos. Sin embargo, por diferentes motivos existían viajeros que podían darse el lujo de tomar trayectos más cortos, aunque cargados de riesgos por el ataque de depredadores, demonios, asaltadores, o deslaves, bastante comunes en la zona. Los hermanos Ryder por su parte conocían aquellas laderas como las palmas de sus manos, y lo demostraban al orientar a sus monturas con soltura a través de los titánicos pinos, sabiendo ubicar ciertos puntos de referencias que les facilitaban la orientación hacia su destino.

Llegar a la cordillera del Monte Lanayru les llevó cerca de medio día, con lapsos de descanso breves para que Aine y Epona respiraran, para luego continuar el trayecto. Una vez llegados al punto elegido por ambos luego de día de planeación, se asentaron de forma simple, buscando ser lo más prácticos posible al tener a su disposición exclusivamente lo necesario. Les esperaba una larga vigilia a la espera del objetivo en cuestión, así que se abrigaron al ver que la nevaba volvía a cobrar fuerzas, devoraron los pocos frutos secos que tenían reservados, y comenzaron a turnarse para observar las vías alternativas de los bosques. El resto era preparación; Link enlistó su Espada de Fuego, una reliquia que había heredado de su familia materna, y también la Espada Colosal, forjado por los Lynel, del que se había adueñado después de su primera cacería, su preciado tesoro. El resto fue preparar su Arco Colosal, y la variedad de flechas que tenía en su carcaj. Luego de tener todo listo, observó cómo su hermana practicaba la postura, tomando también su Arco Bestial, buscando pulir la técnica de agarre, además de adaptarse al peso, balance y dureza de aquella arma.

—Usa tu ballesta; no estás lista para el arco de un Lynel—indicó Link a su hermana menor, mientras guardaba un par de dagas en las cavidades de su guantelete, viendo que el crepúsculo estaba próximo a cubrirlos.

—Puedo usarlo—replicó orgullosa la hyliana, mostrándose disgustada al sentirse subestimada.

—Contra ladrones y demonios menores sí; no contra Yigas. Te necesito en tu máxima capacidad, y no voy a arriesgarte—respondió el guerrero levantándose para encarar a su hermana, quien se mostraba altanera.

—He sobrevivido seis malditos años sin ti, nada ha cambiado—vociferó Aryll, comenzando a sentirse irritada por la imposición de Link.

El rubio respondió de forma simple; con su silencio, mirando a los ojos de su hermana, con una ausencia de sentimiento en sus expresiones faciales. Comenzó a caminar delante de Aryll, ubicando a unos metros un delgado árbol. Se apoyó contra el tronco, dándole la espalda a la madera, mirando a su hermana a la distancia.

—Dispara al tronco—ordenó Link, con tranquilidad.

—¿Qué? —

—Dispara al maldito árbol; si estás lista lo harás sin rozarme. Y si no, va a dolerme, bastante—

La frialdad de Link era casi anormal, mostrándose decidido, y expectante al silencio.

—Estás demente—

—¿Quieres que deje de verte como una niña? Deja de comportarte como una y demuéstrame por qué sobreviviste seis años—

Las palabras del rubio causaron el impacto deseado en su hermana; y en realidad, aunque su rostro estuviera carente de emoción, estaba a la ansiosa espera de que Aryll actuara. La joven se mantuvo en silencio, con su arco aun en mano, sin saber que hacer o decir, dándose cuenta de que Link estaba hablando en serio. Sentía frustración, comenzaba a impacientarle la situación. Alzó el arco con fiereza; el tono plateado de aquella arma demoníaca relució mientras la rubia apuntaba hacia su hermano; sacó una flecha de su carcaj, preparando para disparar aquella gruesa saeta. Serenó la respiración, entrecerrando de forma nerviosa uno de sus ojos para alinear su visión, buscando estar preparada. Sin embargo, la mirada penetrante de Link la sacaba de balance, hacía imposible que vaciara su mente y tuviera la soltura necesaria para lo que estaba por hacer.

Por su parte, Link continuaba con su espalda unida al árbol, a la espera. Pero no sucedía nada; alzó una ceja con malicia, mirando a los ojos de su hermana como una forma de provocación. Aquello hizo que Aryll, volviera a ajustar la puntería, aparentando decisión para finalmente disparar. Pero solo vociferó, enfurecida, quitando la flecha del arco para dejarla caer al suelo; no se sentía segura como para realizar ese disparo, no con esa presión, no con esa posibilidad de herir a Link, mucho menos con aquella mirada que él le dedicaba. De nuevo, el silencio volvió a invadirlos.

—Ve por tu ballesta—volvió a ordenar el guerrero, esperando que esta vez su orden fuera acatada. Y de mala gana, así lo hizo Aryll, mirando con resignación como guardaba su arco entre el pequeño montón de pertenencias que tenían debajo de un árbol caído en ese punto que estaban usando como un improvisado campamento.

Los turnos de vigilar fueron rotando, alternándose aquel pequeño catalejo con dibujos de gaviotas en su superficie. El anochecer los alcanzó finalmente, cuando era Aryll quien se mantenía en la superficie de una de las ramas mayores de un árbol, tras la densidad de las hojas, usando su herramienta para visualizar la distancia, alerta de las señales de la caravana. Un suave silbido de Aryll alertó a Link; un sonido que siempre usaban para darse avisos entre ellos a la distancia. Alzando la vista, el rubio pudo ver las señas que le hacía su hermana, un lenguaje simple y efectivo. Por medio de aquello, su hermana le comunicó lo que enfrentaban. Dos carretas, cuatro caballos, sin señales de refuerzos.

Link sacó entre las cosas que tenían un par de escudos, mirando a su hermana con una expresión clara. Quedaba poco tiempo; Aryll descendió de las ramas de forma ágil, mostrando facilidad en sus movimientos precisos con los que descendían en pequeños saltos de una rama a otra, hasta finalmente aterrizar en el suelo de forma limpia. Recibió su escudo que le lanzó su hermano, mientras ambos se preparaban en la orilla de la ladera recubierta de nieve. Una mirada cómplice entre ambos fue lo único necesario para sincronizarse, comenzando a correr para adquirir impulso, y al llegar a la orilla saltaron con fuerza, colocando el escudo en sus pies para comenzar a descender la caída de nieve deslizándose sobre ambas piezas de metal. Ambos hermanos fueron cobrando velocidad mientras evadían los árboles, ramas y algunas raíces salientes.

Una vez recorrieron un trayecto considerable descendiendo por la meseta, pudieron visualizar las dos carretas que portaban los estandartes de los Sheikahs. Una tras de otra, cada una tirada por dos caballos. Al ver la cercanía, Link comenzó a buscar en su carcaj una de las flechas explosivas; con una seña de Aryll se detuvieron en un espacio horizontal de la ladera, manteniéndose oculto tras los árboles, bastante cerca del camino. Link sacó un pequeño yesquero, generando la chispa suficiente para encender la mecha de la flecha explosiva. Lo siguiente fue simple inercia para el guerrero; alzó su arco y posicionó el proyectil, apuntó con aplomo, manteniendo un porte ligero al prepararse para el disparo, pareciendo que la mecha encendida era incapaz de irrumpir su tranquilidad.

Un potente estruendo interrumpió el trayecto tan tranquilo de los Sheikah, que vieron ante ellos emergen una explosión justo en frente de los caballos de la primera caravana. Sin embargo, la eclosión no lastimó físicamente a los corceles, que comenzaron a levantarse sobre sus patas traseras en pánico, casi volcando la carreta. Por su parte, los caballos que iban detrás también comenzaron a intentar retroceder por el estruendo, frenando la marcha de la caravana de forma abrupta. Link y Aryll volvieron a deslizarse en los escudos por la nieve, buscando interceptar los vehículos por un costado; lograron alcanzar toda la velocidad posible, cada uno visualizando las riendas de los caballos. Link se dirigió hacia los de la primera carreta, Aryll hacia los de la segunda, y en medio del caos causado por las bestias que movían los vehículos, ambos hermanos sacaron sus cuchillas, y cada uno se encargó de lo suyo.

Cortaron todas las riendas, aprovechando la velocidad del deslizamiento, liberando a los caballos y dejando varados a las carretas. Atravesaron el camino, y ambos se pusieron en guardia para lo que venía, encarando a las carretas. Una esencia rojiza comenzó a rodearlos, comenzando a materializarse cientos de kunais sobre ellos; un vistazo hacia arriba bastó para que Link y Aryll tomaran los escudos con los que se deslizaron, para cubrirse ante la lluvia de cuchillas que comenzaron a caer sobre ellos.

Las kunais comenzaron a clavarse en el metal de los escudos, mientras que Link y Aryll se mantenían cerca para sobrevivir a aquel peligroso conjuro, que también era uno de los más básicos que dominaban los Sheikahs. Aquello solo había sido una distracción, ya que inmediatamente después, cuatro guerreros de ojos de sangre con máscaras salieron de los vehículos; saltaron de forma acrobática, aterrizando alrededor de los hermanos, quienes lanzaron a un lado los escudos que habían quedado prácticamente inservibles luego de aquella lluvia de dagas que habían invocado los guerreros de las sombras.

Tanto Aryll como Link tenían sus antebrazos diestros ligeramente ensangrentados, ya que varias de esas kunais llegaron a atravesar ligeramente los escudos, haciendo cortes en su mayoría superficiales contra los guanteletes y piel de ambos; los escudos cayeron a un lado cuando ambos se deshicieron de ellos al estar ya rotos. Los Sheikahs no dudaron en actuar, alistando cada uno sus katanas, al ataque de los intrusos; Link sacó sus dos espadas, portando la Colosal en su mano derecha a modo defensivo, lo que le sirvió para contener el primer ataque que recibió, empujando la delgada figura de su oponente, para inmediatamente después ver como un segundo Sheikah alzaba su arma en un corte hacia la cabeza de Link.

Ni se molestó en bloquearlo, sencillamente lo evadió, con un movimiento hacia atrás, que le permitió impulsarse hacia adelante y acertar un codazo en la garganta de su oponente, que lo desequilibró lo suficiente para no lograr evadir el siguiente ataque de Link, quien lo atravesó con su espada de fuego por el pecho, blandida por su mano izquierda. Al otro lado del combate, Aryll había sacado de su cinturón un par dagas para el combate, sin embargo, su primer instinto fue evasivo, esquivando a ambos Sheikah que se fijaron en ella. Buscó ganarle la espalda a sus oponentes, y lo logró, al menos con uno, a quien le clavó en seco una daga en la nuca, matándolo en el acto.

Sin embargo, el segundo oponente volvió a atacar, forzando a Aryll retroceder de las frenéticas combinaciones de movimientos que el Sheikah estaba usando en un intento de eliminarla. Sin otra opción, la Hyliana se trepó a una de las carretas tratando de ganar más espacio y terreno alto; aunque entró en pánico al ver que el Sheikah se perdió de su vista, apareciendo a su lado, sutil como una brisa, pero mortal como un depredador. Aryll a duras penas pudo anteponer sus guanteletes metálicos, logrando bloquear el corte vertical de la katana, y cayendo sobre su espalda en el techo de la carreta. Sentía que el aire le faltaba, e impulsada por su adrenalina, tomó la ballesta de su cinturón, la cual apuntó y disparó desde ahí, logrando que esta se enterrara en el muslo del Sheikah que estaba a punto de asesinarla. Esa distracción bastó para alzar la daga que le quedaba, y lanzarla hacia su oponente; la cuchilla se enterró en la garganta del Yiga, quien cayó sin vida en el suelo.

La rubia ni siquiera tuvo oportunidad de procesar todo aquello, ya que se giró sobre sí misma para acercarse a la orilla del techo de la carreta, puso una flecha en su ballesta, y aprovechó la ventana para apuntar hacia el último Yiga que quedaba. Este estaba enfrentando a Link, a punto de acabarlo luego de lograr hacer retroceder al rubio; sin embargo, su ataque tuvo que interrumpirse para evadir un flechazo que vino de su costado, disparado por Aryll.

La guerrera maldijo al ver que había fallado, pero aquello al menos distrajo a su enemigo, ya que Link se repuso, y azotó su Espada Colosal como si de un garrote se tratara contra la cabeza del último Sheikah, generando el crujido típico de una fractura total de cráneo, algo que fue confirmado al momento en el que este cayó inerte en el suelo, sin vida. Una vez más, ambos hermanos se miraron a los ojos, victoriosos, respirando con dificultad. Aunque, aún no había terminado. Desde el interior de la carreta comenzaron a escucharse pasos, demostrando que aún quedaba alguien en pie. Link se puso en guardia, de frente a la puerta de la carreta a la espera de enfrentar a quien saliera del vehículo.

El silencio fue denso, una vez más, hasta que el crujido de la puerta dio paso al individuo que era transportado por aquella caravana. Aparentemente, era un Sheikah, vestido por la indumentaria ceremonial del Clan en tonalidades oscuras; no obstante, su contextura era flácida y ancha, con un prominente vientre que con dificultad se mantenía en su lugar bajo su delicada indumentaria. Su rostro estaba cubierto también por una máscara con el símbolo de los Sheikahs, el ojo de la verdad. El corpulento individuo salió de la carreta encarando finalmente al que lo había emboscado, y que había asesinado a sus guardaespaldas.

De nuevo, hubo un silencio de tensión mientras que la mirada de Link detallaba de pies a cabeza al último oponente, queriendo analizar cada detalle y prepararse, sin permitir que las apariencias lo engañaran. Sin embargo, la postura de aquel Sheikah desalineado no era de enfrentamiento, y aquello en cierta forma desilusionó a Link, quien dejó caer sus hombros para descansar la espalda.

—He escuchado mucho de usted, Comandante Ryder—expresó el hombre enmascarado que había reconocido a Link. Hablaba con un acento excéntrico y prepotencia, aunque aquello solo era una pantalla que le permitía detallar a aquel invasor; el corpulento Sheikah pudo notar que, a juzgar por la indumentaria y el símbolo que portaba el rubio, se trataba del famoso cazador de Lynels del Norte de Hyrule, antiguo oficial del ya disuelto ejército real. Por su parte, Link continuaba mirándolo hacia donde debían estar sus ojos cubiertos por la careta, sin inmutarse de que una vez más, lo nombraran con su título oficial como soldado, o al menos, el que alguna vez había ostentado. De forma repentina, Link simplemente suspiró y asintió; el Sheikah no entendió de momento a qué se debía esa seña del rubio, sin embargo, un instante después el hombre se dio cuenta de que aquel asentimiento no había sido para él. Además, comprendió de la peor manera posible que la habladuría no le serviría de nada en esa ocasión.

Una flecha atravesó su hombro izquierdo desde sus espaldas, disparada por Aryll detrás del hombre, emergiendo la punta ensangrentada que comenzó a manchar sus refinadas prendas del noble de las sombras. Un alarido de dolor del Sheikah irrumpió en el silencio del bosque, reaccionando con un conjuro que intentó proyectar en defensa con su brazo diestro. Sin embargo, ya Link había preparado su arco, e imitando a su hermana, el rubio disparó otro proyectil que atravesó el hombro derecho del Sheikah por delante. Aquello liberó otro grito de dolor por parte del hombre, que comenzaba a caer en la desesperación.

—Entonces también habrá escuchado que no creo en la diplomacia—

Las palabras de Link fueron vibrantes, viendo de forma frívola como el último Sheikah caía sobre sus rodillas, ante él.

—Ustedes no tienen idea con quién se están metiendo…—vociferó el hombre, viéndose ahora rodeado por ambos encapuchados, quienes mantenían sus armas en mano.

—Sabemos quién es, Maestro Kogg—replicó Aryll con aspereza, aunque, se notaba un tono algo irónico al llamar a aquel hechicero por el título de "maestro".

—Saben entonces cuáles serán las consecuencias… ¡Asesinaron a fieles sirvientes de la Federación de Hyrule, guardianes de la paz! ¡Soy miembro del Consejo Sheikah! —Los gritos de Kogg no parecían importarle a los hermanos, quienes se acercaron a la carreta donde este estaba viajando, viendo la entrada, en el interior, notando que no había nada fuera de lo común; aparentemente. Sin embargo, Link miró al piso de la carreta, notando que los tablones estaban algo separados y flojos. Usando su espada a modo de palanca comenzó a arrancar las piezas de madera, revelando un estrecho compartimiento debajo de los asientos de la carreta.

La imagen fue bastante perturbadora; en total había tres chicos demacrados, inconscientes. Estaban envueltos en numerosos sellos sheikahs que solían utilizarse para retener espíritus malignos; eran inhibidores de flujo mágico, que podía usarse de muchas maneras por su versatilidad, incluso para inhabilitar el acceso de los hechiceros a su energía vital, necesaria para la conjuración. Los jóvenes estaban atados con sus bocas y ojos cubiertos, casi momificados.

—Están vivos…—aseguró Aryll luego de varios segundos, luego de comprobar el pulso de cada uno, débil, pero contantes. Aquello hizo que Link volviera a encarar a Kogg, quien estaba traficando las vidas de aquellos chicos que a duras penas estaban superando la mayoría de edad, el momento en el que la mayoría de los sintientes a la magia comenzaban a manifestar sus dotes para la hechicería. La expresión de Link era de odio, repugnancia, y lo manifestó, usando su arco para golpear la cara de Kogg, quien quedó tendido en el suelo, perdiendo su máscara y escupiendo sangre por el golpe recibido.

—¿Sabe el consejo de tus tratos para traficar prodigios? —preguntó con ira Link ante la crueldad e hipocresía de aquel hombre, acercándose de nuevo para acertar una patada con su bota a la cara del Sheikah, destrozando sus labios y dejándolo al borde de la inconsciencia. Deseos de asesinarlo no le faltaban al rubio, de destrozar a aquel maldito que negociaba con vidas ajenas como simple mercancía; los Yigas veían a los chicos sintientes a la magia, aprendices de hechiceros, como simples fuentes de energía vital que podían traficar para pactos demoníacos. Link volvió a actuar, tomando de los ropajes a Kogg, mientras sacaba su navaja de cacería.

—Se me hace difícil no asesinarte ahora; pero necesito que envíes un mensaje por mí. Dile a Ganondorf Dragmire que disfrute sus días de paz; mi declaración formal de guerra la escribiré en tu cara—declaró Link, acercando la navaja a la cara de Kogg, mientras mostraba una templanza incorruptible en su rostro.

En medio de aquel bosque, lo único que se escuchaba eran las súplicas y los gritos de desesperación de Kogg, retorciéndose en el suelo mientras que el filo de la navaja de Link Ryder delineaba en la frente y mejillas del hombre el ojo de la verdad a la inversa; el símbolo de los Yigas, la verdadera facción a la que servía Kogg como traidor a los Sheikahs.


Notas Finales:

Hola, personita que llegó hasta aquí, soy Chelssea. Espero que este primer capitulo de Díada haya sido de tu agrado. Te doy la bienvenida a esta trama que estoy comenzando. Por años he visto con curiosidad los fanfics como si fuera un ser espectral, y siempre me limité al RolPlay para desarrollar las ideas que tenía; pero por diferentes circunstancias pude reunir el coraje de escribir algo más... ¿Formal? Y al pensar en qué fandom podría iniciar esta aventura, no me pude resistir de hacerlo con esta saga que siempre me ha parecido fabulosa.

Mi deseo es mejorar; así que me vendrían bien las sugerencias y correcciones, las cuales serán bienvenidas.

En un aspecto técnico, este fanfic es una trama sin una correlación directa con la cronología de la saga, aunque podrán notar que tomará elementos y acontecimientos de varios juegos de la saga; eso será más evidente en los próximos capítulos. La publicación será quincenal, aproximadamente, los días viernes. La trama será ZeldaxLink. El escrito será dedicado a la Aventura, Romance, Acción; tiene clasificación M, debido a que habrá lemon, lenguaje malsonante y escenas violentas, por lo que es recomendable que seas mayor de edad.

Y eso sería todo; si me haces saber en un comentario tu opinión del capítulo y lo que más te haya gustado, puedo compartirte un micro fragmento del siguiente capítulo ;)

Hasta la próxima