Capítulo III: El Peregrino


Y sin más, la pequeña bolsita de cuero cayó de decenas de metros en el aire, hasta que se hizo invisible a la vista.

—Mierda…—

Aryll se lamentaba a bases de palabrotas, y Link, solo soltó una áspera carcajada breve, mientras veía a su hermana sufrir. El rubio aparentaba una imperturbable tranquilidad; las prendas de escalada le hacían ver ligero, con pantalones cortos y una túnica ajustada sin mangas, con una coleta alta bien ajustada para que el cabello no le estorbara en el rostro. El guerrero estaba de brazos cruzados sentado en la orilla de una saliente en la pared de piedra de una de las numerosas mesetas del norte, como si no estuviera a la orilla de una muerte segura, ya que ni él ni Aryll estaban usando cuerdas para escalar.

Por su parte, la joven maldecía por haber perdido su pequeña bolsa de magnesio en polvo en un movimiento en falso, y ahora se había quedado sin aquello que le ayudaba a tener mejor agarre en sus manos. Aunque lo que realmente le frustraba era la mirada de Link encima de ella, incluso más que el hecho de estar aferrada a una roca con las manos, sin agarre con los pies, colgando en el vacío de esa superficie casi vertical.

—¿Podrías mirar a otro lado? —preguntó enfurecida Aryll con poco aliento y mucho fastidio.

—¿Así?

El rubio se tapó los ojos con una mano, aunque, se hizo un espacito entre sus dedos para seguir mirando con un ojo. Aryll aprovechó para retraer un poco los dedos de sus manos, excepto el del medio, en claro insulto a su hermano. Respiró profundo, y la hyliana volvió a actuar, alzando sus caderas con un impulso de sus manos, para colocar su pierna hábil sobre el filo de la roca, y darse soporte para subir el resto del cuerpo. Se puso de pie con cuidado, aferrándose a la pared mientras su pecho subía y bajaba por la respiración agitada.

Link simplemente aplaudió, aun sentado a la orilla del vacío de la meseta.

—Seis metros más—dijo el rubio, poniéndose pie para cubrirse las manos de magnesio, dejándola llenas del polvo blanco. Lanzó el saquito a su hermana que había perdido el suyo, para que ella también se pusiera. Pero antes de que ella pudiera prepararse, ya Link había hecho una serie de movimientos sincronizados, impulsándose con los pies en las rocas salientes, tomando las orillas con sus manos, como si de un simio se tratara, hasta alcanzar la cima. Aryll por su parte estuvo a punto de insultar a la madre de Link mientras ella comenzaba a escalar la poca altura que le faltaba, aunque se contuvo por el pequeño detalle de que también era la suya.


Aquella meseta boscosa al norte era bastante fértil a comparación del resto de los alrededores en la frontera con la Región de Eldin, la cual era predominantemente volcánica, y de clima árido por las extremas temperaturas. Aunque, las cenizas de las erupciones de la Montaña de la Muerte hacían que los alrededores de la región fueran fértiles para la proliferación de densos bosques. Aryll y Link se movilizaban entre las sombras de los altos árboles, por un camino hecho de forma artificial. Al estar ambos con pantalones a las rodillas, y prendas sin mangas, comenzaban a sentir algo de frío.

El camino los llevó a una construcción de ladrillos de piedra y estructuras de madera que había sido consumida por las enredaderas y las ramas adyacentes, evidenciando la fuerza de la naturaleza, que recuperaba lo que le pertenecía. Ambos hermanos se dirigieron al viejo pozo de adoquines que alguna vez surtía de agua aquella casa campestre que había sido abandonada. Sacaron agua con algo de dificultad por la polea corroída por el óxido, lo que les permitió limpiar sus manos, además de refrescar sus cuellos y rostros luego de esas horas de escalada.

Cada uno se dirigió a caminos separados; Link comenzó a luchar con la puerta recubierta de enredaderas, recurriendo a una navaja para despejar el espacio y poder acceder al interior, que probablemente estaba igual o más invadido de vegetación que el interior. Aryll por su parte se dirigió a la colina al norte del claro, aunque en su ascenso, sus ojos brillaron atraídos por algo particularmente inusual. Sin dudas, llevaba años sin pisar ese espacio que había sido el escenario de muchos de sus recuerdos de la infancia, lo más cercano a un hogar, en una niñez en la que había pertenecido a una familia de nómadas.

Las Princesas de la Calma se habían extendido de forma silvestre hasta aquella zona donde el sol lograba alcanzar al suelo, fundamental para que estas flores pudieran crecer. El espacio en el que estaban era amplio, y el número de ellas sobrepasaban a los que Aryll podía calcular con un simple vistazo. Detuvo su recorrido, inclinándose para comenzar a recolectar con delicadeza aquellas hermosas flores, mientras su rostro se iluminaba con una amplia sonrisa.

A la par, Link había logrado atravesar la puerta de madera luego de propinarle una patada, accediendo a la oscuridad polvorienta del interior donde las ramas perforaban el techo y las paredes. En el espacio solo había insectos y aves que probablemente estaban anidando en las vigas superiores. La nostalgia invadió a Link, de forma fugaz, recuperando recuerdos que creía perdidos mientras sonidos de su niñez arropaban su mente de forma cálida, hasta que el frío de la realidad lo golpeó, viendo como sus recuerdos no eran más que eso, recuerdos en medio de una casa que se caía a pedazos, consumida por el moho. Prefirió apresurarse en su búsqueda, huyendo del pasado que de alguna u otra manera lo alcanzaba. En el medio de la casa ubicó la zona del piso hecho de madera, comenzando a arrancar los tablones que cedieron fácilmente gracias a las termitas.

—No creerás lo hay en las orillas del lago… Las favoritas de la abuela—dijo Aryll, entrando por la puerta con el ramo de Princesas de la calma que había recolectado, queriendo compartir su descubrimiento con Link. Pero este no pareció corresponder la felicidad de Aryll, mientras sacaba de forma ruidosa el baúl que estaba escondida debajo de la casa que alguna vez había sido un escondite. Aquello marchitó la sonrisa de la joven mientras que Link soplaba el polvo aquella reliquia de madera cerrada con un candado que a duras penas se mantenía en una pieza.

—Las traje para que las llevemos a las lápidas—

Las palabras de Aryll hicieron que Link se detuviera justo antes de usar la navaja para destrozar el candando. El guerrero miró de reojo a su hermana, suspirando con pesadez.

—Ve, estoy cansado de las tumbas—

La respuesta de Link dejó a Aryll atónita, mientras que su hermano reanudaba lo que fuera que estuviera haciendo.

—¿Qué dijiste?

Link respondió con silencio, antes de reventar el candado consumido por oxido, dejando por fin el cofre libre para abrirse.

—Esas tumbas no son de los malditos soldados con los que fuiste a luchar en nombre de un Rey de mierda que en vida jamás hizo nada por Hyrule; ahí está tu familia, la que dejaste sola, que murieron sin ti—recriminó Aryll con voz quebrada, notándose al borde de las lágrimas, aunque conteniéndose, pensando que así evitaba mostrar debilidad.

—Ellos viven en mis recuerdos, Aryll. Mamá y los Abuelos siempre han estado en nosotros, y nos siguen acompañando. Esas lápidas solo son eso, rocas con sus nombres—explicó Link, con frivolidad, pensando con desagrado en aquella costumbre que se había vuelto despreciable para el rubio; cuando en batalla, muchos soldados eran sepultados, aun sin saber sus nombres; ignorando si había alguien que esperara su retorno. Para los superiores los soldados solo eran números, y el valor de sus vidas se reducía a eso, al cumplimiento de un deber. Preparaban lápidas, con la idea de que aquello era un honor para los hombres y mujeres caídos en batalla; como si haber muerto en nombre de la corona de Hyrule era un privilegio, sufrir y quedar al borde del desquicio antes de perder la vida, sin que nadie los recordara. No quería ver a su familia de esa manera, prefería mantenerlos vivos en sus recursos.

—Vete a la mierda—

La respuesta de Aryll manifestaba su indignación, regresándose sobre sus pasos con rapidez, saliendo de la casa. Link volvió a quedarse sólo, aunque no abrió el cofre, no aún. Todo aquello le había generado un malestar inmenso, dándose cuenta que lo que sentía era más profundo de lo que creía. Repentinamente, la pesadez de su interior fue invadiéndolo, al grado de exhalar, tomándose la frente, presionando el puente entre sus cejas tratando de aliviar la tensión que sentía, de forma inútil. Pero de nuevo, le invadió el remordimiento por la promesa que alguna vez había hecho, en las últimas horas de vida de su madre. Aquellos recuerdos le traían a la mente el arrepentimiento que sentía, pero también de convicciones.

El rubio se levantó del suelo, dejando el cofre sin abrir, y también salió de ahí, siguiendo a su hermana.


Aryll usaba una rama de bastantes hojas que había conseguido en el suelo, usándolo a quitar las hojas marchitas y demás desperdicios de la vegetación que cubrían las lápidas de su familia, buscando limpiarlas, despejar el espacio, que estuvieran dignas antes de dejar las flores y decir sus palabras. Aunque se dio media vuelta al escuchar pasos acercándose, manteniendo una expresión áspera al ver a Link. Pero no pudo mantener la dureza de su mirada al ver que él llegaba no solo con Princesas de la Calma en las manos, sino también con lirios de tono violeta. Aryll recordó que su abuelo mencionaba que esa era la favorita de la madre de ella y Link.

—¿Me ayudas a sostenerlas? Yo limpiaré el resto, es lo menos que puedo hacer—

Aryll apretó los labios, bajando la mirada al oír aquellas palabras de Link, pero no tuvo las fuerzas de mantener la hostilidad, mucho menos ante el suelo donde yacía su familia. Asintió, extendiendo su mano con la rama, para que Link la tomara y ella se encargara de sostener todas las ofrendas florales. Link se arrodilló, comenzado a limpiar todo lo que cubría a las lapidas y el espacio de la sepultura. Tomó un paño de su cinturón, tallando un poco para quitar las manchas de pequeños frutos que habían caído encima. Se ocupó en eso de forma vigorosa aquello durante un par de minutos, mientras Aryll observaba de pie, esperando.

Con todo listo, ambos hermanos se repartieron las flores, colocando una porción de cada tipo en el receptáculo de piedra de las lápidas, decorando con sus vibrantes colores los nombres de los abuelos y la madre de ambos. Se pusieron de pie al frente, con las manos tras la espalda, en un largo silencio que finalmente fue interrumpido por Link.

—Hola, Abuela Lira. Hola, Abuelo Smith, Hola, Mamá… Les debo una disculpa, por no haber estado aquí cuando algunos de ustedes tuvieron que partir. Tardé demasiado en volver, e incumplí muchas promesas cuando estuve lejos de ustedes—

Las palabras de Link denotaban una melancolía profunda, dificultad para decir lo que deseaba expresar. Su pausa era evidencia de aquello, aunque, el guerrero no se rindió.

—Tal vez por eso estaba huyendo de este momento. A veces me cuesta entender por qué mi guía es Farore; me avergüenza pensar que no represento en lo absoluto los principios de la Diosa del Valor. Ustedes me enseñaron que la verdadera valentía viene de jamás rendirnos ante el miedo, pero… Le tengo miedo al dolor de no volver a verlos en esta vida, y lo decepcionados que estarían de mí—

Aryll cerró los ojos para contener las lágrimas por las palabras de su hermano, y no se contuvo de tomar la áspera pero cálida mano de Link, apretándola, para intentar proporcionarle ánimos.

—Nos enseñaron que todos tenemos un héroe en el interior; nos hicieron entender que esos elegidos de las leyendas de la espada legendaria no tienen nada extraordinario, porque todos somos capaces de ser salvadores. Tal vez suavizaron demasiado la realidad porque éramos pequeños, pero quiero que sepan luchamos para que otras personas puedan tener paz. Los inocentes merecen una vida justa, merecen que alguien les tienda una mano en tiempos difíciles; esa es mi meta, y no podría tener a una mejor aliada para cumplir esa misión—Link acompañó esas palabras con un apretón en la mano de su hermana, mientras extendía su otro brazo para despeinar a Aryll como si de una niña se tratara. La reacción de la joven fue un codazo a la costilla de su hermano, demasiado sutil como para lastimarlo, entregando una sonrisa un poco triste, y un tanto de bochorno por el halago.

—Hyrule está hecho pedazos, y las personas están asustadas. Así que vestiremos el verde como tú, abuela. Les recordaremos a las personas que el crepúsculo es la prueba que nos dan las Diosas de que aunque oscuridad lo cubra todo, la luz volverá cada día—Las palabras de Aryll parecían ser un buen broche de oro, mientras ambos se apoyaban con una de sus rodillas contra el suelo, en unos instantes de silencio. Se despidieron con las lágrimas a punto de salir, haciendo una leve reverencia para volver a caminar hacia la casa abandonada.

—¿En serio crees que soy tu mejor aliada?

La pregunta de la joven hizo que Link la mirara de reojo.

—¿Quién dijo que hablaba de ti? Me refería a Epona—

Aryll dejó caer un puñetazo en el hombro de Link, quien solo sonrió divertido por su broma.

—No creo que lo seas; sé que eres la mejor—puntualizó Link, demostrando lo convencido que estaba al tratar a su hermana como su igual, su compañera de armas. —Ven, te daré algo que los abuelos iba a entregarte cuando cumplieras la mayoría de edad.

Eso picó la curiosidad de Aryll mientras volvían a acceder a la casa abandonada, viendo el dichoso baúl que Link no había terminado de abrir. Con un movimiento que generaba expectación, el rubio abrió la cubierta ante su hermana, quien se sorprendió al descubrir lo que guardaba el interior. Reconocía muy bien aquellos artefactos que estaban replegados de forma compacta. Las manos de Aryll tomaron una de las dos piezas de madera, mirando maravillada los diseños de fibra elástica que la recubría.

—¿Los abuelos me iban a dar mi propia paravela?—preguntó Aryll sin palabras, sonriendo del corazón con una emoción que la llevaba a casi dar saltitos, al ver el diseño tradicional del Clan de los nómadas, el símbolo de los Neburi. Aquel artefacto era una pieza exquisitamente ensamblada en cedro tallado y barnizado por su abuelo, con tal cuidado que había estado a salvo de las plagas; y la fina vela de fibra sintética con diseños que sin dudas había hecho su abuela. Aquel artilugio era algo exclusivo para los guerreros del Clan.

—Te la están dando; ellos siguen con nosotros, y te protegerán mientras te deslices por los cielos—afirmó Link, tomando la segunda paravela de diseño similar, que su abuelo también había preparado para él, pero que había guardado para entregárselo a su nieto al final de la guerra. Algo que no pudo cumplir.

Ahora, Aryll tuvo que secar parte de sus lágrimas, mientras musitaba un agradecimiento sentido a sus abuelos, en donde estuvieran ellos, cuidándolos. Alzó de nuevo la mirada, dejando que la melancolía la invadiera al ver el desolado espacio de esa sala abandonada.

—Deberíamos restaurar este lugar. Como era antes—Aryll estaba segura de sus palabras, y sentía que era una forma de honrar a su familia. Link alzó la mirada, asintiendo.

—Cuando todo esto termine, celebraremos aquí nuestra victoria junto a nuestra gente—

Link y Aryll se miraron de nuevo, como si el silencio del lugar fuera el único testigo del ese pacto que estaban realizando. Guardaron de nuevo el baúl bajo el piso de la edificación, dejando todo en su lugar y observando por última vez el espacio antes de reanudar la extensa odisea que les esperaba. Salieron por la puerta, cerrándola a sus espaldas. Una vez fuera se tomaron el momento de cada uno abrir sus paravelas, más por emoción que otra cosa. Eso les permitió verificar no solo el refinado trabajo de ensamblaje realizado por sus abuelos, sino también notar que la confección estaba en perfecto estado gracias a su apropiada conservación. Estaban incluso aceitadas y ajustadas, y las velas tensas, perfectas para surcar los vientos.

—¿Tabanta? —preguntó Aryll, mientras ambos hermanos se dirigían de nuevo a la pendiente por la que habían subido durante horas. Link la miró de reojo, asintiendo.

—Tabanta.

Con el destino decidido, los dos guerreros sonrieron de manera cómplice; comenzaron a correr mientras la adrenalina los invadía al vislumbrar el vacío de la pendiente a una caída elevada. Aun así, aprovechaban los desniveles progresivos del suelo para desarrollar cada vez más velocidad, mientras se preparaban para lo que venía. Dieron una última pisada en la orilla de la pendiente, saltando hacia el vacío, sintiendo como sus corazones amenazaban por abrirse espacio entre sus costillas por la descarga de adrenalina que sintieron. Ese estimulo facilitó que sus reflejos se agudizaran, aprovechando el impulso para abrir sus paravelas, permitiendo que las velas se desplegaran y se tensaran con la corriente de aire ascendente, que elevó a ambos hermanos, y luego de varios segundos de turbulencia lograron alcanzar una velocidad y estabilidad adecuada, planeando por los aires como relataban las leyendas de la era de los Campeones.

Sin embargo, los destellos carmesí de unos ojos rojos como la sangre observaban cada movimiento de los hermanos desde la distancia, aprovechando las sombras como su mejor aliada para seguir a los hermanos Ryder en su travesía por los cielos...


Solo aquellos que podían moverse entre los aires eran capaces de entender el motivo por los cuales los Ornis habían sido el objeto de la envidia de los escritores de las leyendas. Aquellos guardianes del viento surcaban el firmamento como si fueran los amos y señores de todo lo que había al alzar la mirada hacia arriba, y tal vez eso era lo que podía explicar el orgullo de aquella raza de depredadores y guerreros.

Por un lapso prolongado de tiempo, tanto Link como Aryll pudieron disfrutar de esa inigualable sensación de libertad que seguramente experimentaban los Ornis, aprovechando las corrientes de aire ascendentes para recobrar altura, hasta que poco a poco tuvieron que reducir la altitud entre las llanuras de las laderas de Tabanta, recubiertos por el tono dorado del trigo silvestre. Una vez que plegaron sus paravelas para guardarlas en sus alforjas , Link no tardó en señalar la dirección a seguir. Aunque, el inicio de la caminata se vio interrumpida cuando el guerrero comenzó a observar a sus alrededores con cierta suspicacia.

—¿Ornis? —preguntó Aryll, ansiosa, sacando su ballesta para prepararse, al saber que Link había visto algo. No obstante, él negó, volviendo a ver a su alrededor.

—No estoy seguro; ten los ojos abiertos—respondió el rubio, sin tener seguridad sobre la causa de esa extraña sensación que sentía de estar siendo observado.

La caminata fue relativamente breve, alcanzando el camino entre las riveras. Una vez ahí Aryll fue capaz de orientarse también, andando con su hermano, sacando una que otra plática breve, hasta que llegaron a uno de las posadas de la zona. Sin embargo, no era con la intensión de hospedarse, sino de conseguir a sus cosas y a sus monturas, que habían dejado ahí antes de subir a la meseta. Aine y Epona esperaban bajo los cuidados de uno de los miembros del gremio ecuestre, quien recibió una rupia azul por el día de cuidado de ambas yeguas, mientras los hermanos se tomaban un momento para volver a equiparse sus prendas tácticas de la armadura para continuar con el viaje. Apenas pudieron comenzaron de inmediato con el recorrido sobre sus caballos, dirigiéndose hacia los caminos terrestres que llevaba a los dominios de la Aldea Orni. No obstante, la sombra de mirada carmesí los seguía con atención a la distancia, notando que ambos guerreros no habían vuelto a sospechar de su presencia...

El recorrido de los Ryder los llevó hasta una edificación aislada con una asombrosa vista a la gran lejanía de los imponentes ricos donde yacía el feudo de los guerreros de los cielos, sus dominios y su basta civilización construida por generaciones en las laderas en una armoniosa sociedad, siempre vigilados por su Bestia Divina, Vah Medoh, protector del cielo, y patrono de los Ornis desde tiempos inmemoriales. Era una vista que Link ya había visto demasiadas veces como para prestar especial atención en esa ocasión, estaba enfocado en su verdadero destino, el Rancho ecuestre del Gran Cañón. La colorida edificación de madera se veía vibrante y resaltaba por la icónica silueta de la diosa de los caballos en la parte superior del tejado; los visitantes comenzaron a abrir paso, e incluso alejarse al reconocer a los hermanos Ryder. Los guerreros Ornis se mostraban a la defensiva, mientras algunos buscaban ser discretos al guardar las mercancías que manejaban al ver dos capuchas verdes en la entrada del Rancho.

Los encargados y trabajadores no disimularon su tensión al ver a Link, mirando inmediatamente después hacia la mesa donde estaba el centro social de ese sector; solo había Ornis en el lugar, a excepción de los taberneros que laboraban. Por lo cual, la llegada de los hermanos Ryder detuvo el animado ambiente, frenando en seco la música de los acordeones.

—Todos, largo—expresó una voz inquisitiva en medio de los Ornis, y en respuesta todos callaron de inmediato, saliendo del lugar junto con los sirvientes. Al despejarse el espacio, fue posible ver quien había dado la orden; era un guerrero de plumaje blanco y diseños tribales en sus alas y cabeza. Trenzados tradicionales decoraban su cabeza, su armadura compuesta y ligera combinaba bien con sus ojos ferales y su pico curvado.

Por su parte, Link y Aryll siguieron expectantes hasta quedar solo ellos dos, el líder de aquel grupo de Ornis quien estaba sentado en una mesa redonda, y dos de sus soldados de pie a sus laterales. Link no necesitó de más preámbulo, sentándose con confianza. El gesto fue imitado Aryll, buscando transmitir armonía con su hermano.

—No tendré a perros falderos en mi mesa—anunció el Orni de plumaje blanco de forma despectiva, disgustado con la presencia de Aryll a su lado.

—Eso explica por qué tus lacayos están parados—respondió inmediatamente Aryll de forma mordaz, mirando de forma maliciosa al imponente Orni, sin ápice de temor en sus palabras altaneras. Los Ornis tomaron sus arcos, claramente enojado, lo cual fue respondido con la ballesta de la joven apuntándoles a la cara en un movimiento rápido. Eso causó una expresión de pánico en el pobre dueño del local, mientras Link y Teba no parecían inmutarse.

—Ella es mi segunda al mando. Vuelve a hablarle de esa manera, y usaré tus plumas para mis flechas ¿Te queda claro, Teba?—

Las palabras de Link fueron más filosas que las flechas de aquellos Ornis. El líder pareció reaccionar al ser llamado por su nombre, exhalando con claro fastidio. Levantó una extremidad para hacer seña a sus hombres de que bajaran los arcos. Por su parte, Aryll vio el gesto de Link, asintiendo. Con eso, entendió que debía guardar la ballesta, y así lo hizo.

—En ese caso… Erli, trae mi botella, y tres vasos limpios—

La orden de Teba fue acatada de inmediato por el dueño del lugar, quien no demoró en preparar todo y colocarlo en la mesa. Cada vaso se puso delante de cada persona sentada, sin embargo, Aryll apartó el vaso cuando Teba estaba por disponerse a servir. Sin embargo, Link volvió a poner el vaso delante de su hermana, casi hablándole con la mirada; la orden era clara, eran las costumbres del lugar, y si querían salir en una pieza de ahí, debían de jugar con las reglas de los Ornis. Por su parte, Teba veía con malicia la tensión que él mismo había generado, expectante de ver si realmente Link tenía autoridad sobre su segunda al mando.

De mala gana, Aryll tuvo que ver cómo Teba le servía el intenso licor de trigo. Los tres alzaron el vaso, brindando en silencio, y sin más, tanto Link como Aryll imitaron a su anfitrión, tragando en seco aquella bebida de alta concentración alcohólica.

—Bien… Ahora, hablemos de negocios ¿Tienes mi pago? —preguntó Teba, luego de haber cumplido con la tradición de compartir un trago con los presentes antes de hablar de cuestiones financieras. Volvió a servirse un segundo vaso, viendo si Link también quería una segunda ronda. El rubio asintió, y Aryll negó.

En medio del momento, Link extendió su mano dentro de su alforja, sacando un zurrón particularmente grande, el cual lanzó con poco cuidado hacia Teba, en la mesa. El susodicho la tomó, abriendo para ver el contenido mientras Link daba un segundo sorbo a su vaso.

—Oí que te divertiste con el Maestro Kogg—dijo con curiosidad Teba, mientras sacaba uno a uno un total tres zafiros en bruto, observándolos con un ojo experimentado, reconociendo casi de inmediato su genuinidad.

—Solo le mostré al mundo lo que realmente era—explicó Link, restando importancia a los rumores sobre que le había desfigurado la cara. Por su parte, Aryll comenzó a mirar de reojo como muchos de los Ornis seguían aún en la entrada del lugar, lanzando miradas indiscretas a la reunión.

—¿Qué? ¿Alguien con doble cara? Todos usamos máscaras, hasta tú—

Mientras Teba hablaba, los ojos de Link denotaban frialdad implacable, más por las insinuaciones del Orni.

—Era un Yiga—puntualizó Link, como si el detalle más obvio estaba siendo pasado por alto por Teba.

—Claro, era Yiga, y eso lo volvía un sectario homicida… Pero ¿Qué tan diferente es de ti? Serviste en la guerra y le juraste lealtad al mismo Rey al que Kogg le lamía las botas. A la misma corona que abandonó al Gran Revali y a los Campeones—Aquellas palabras de Teba hicieron que hasta Aryll girara la cabeza con incredulidad, para luego ver cómo estaba reaccionando su hermano. Los dos soldados de confianza de Teba se mostraban tensos. En cambio, el líder de los Ornis seguía examinando los zafiros que Link había robado para él a cambio de la información de la ruta que usaría Kogg, y Link, por su parte, se estaba sirviendo su tercer vaso de alcohol.

—Mi lealtad no era al Rey; mi espada estuvo al servicio del pueblo de Hyrule, y sigue siendo así—

La certeza en las palabras de Link sacó una sonrisa a Teba, quien ahora estaba examinando su segundo zafiro en medio de la plática que mantenía en vela a los presentes.

—¿Y todas las medallas te dio la Federación como héroe de guerra? —Las preguntas de Teba seguían escurriendo veneno, como si quisiera experimentar hasta qué punto podía llegar la paciencia del rubio.

—Están en el fondo del Lago Hylia—

Esas palabras de Link sorprendieron a Aryll; ella no conocía ese detalle. No sabía que su hermano se había deshecho de los más grandes méritos al honor en combate; estaba casi segura que las pesadillas que acosaban con frecuencia a Link estaban relacionadas con la última batalla de los Campeones, aunque no tenía certeza de aquello. Para Aryll, la situación era sumamente agobiante e incómoda, y sentía las orejas arder luego de haber tragado a la fuerza ese vaso de licor. Su corazón latía con fuerza, y sentía que los soldados a los alrededores seguían observándolos.

El silencio reinó el lugar, mientras Teba revisaba ya el último zafiro, y Link se terminaba su tercer vaso. El dedo de Aryll temblaba sobre el gatillo de su ballesta bajo la mesa.

—Son excelentes piezas, pero, tengo curiosidad de ver las otras que conseguiste en la carreta de Kogg—

—Pediste tres zafiros a cambio de la ruta de Kogg, y te di los tres putos zafiros. El trato terminó—Link se mostraba feroz, aunque con una postura gélida, tal como los confines de Hebra que tanto lo torturaron. Aryll tensó más su dedo sobre el gatillo…

Y ante la respuesta insultante del hyliano, uno de los Ornis alzó de nuevo su arco, apuntando a la cabeza de Link. Esto hizo que Teba rechistara disgustado.

—Hart… baja eso. Link está grandecito, ya le bajaron las bolas, él entiende cómo es esto sin necesidad de que le pongan una flecha frente la cara ¿Cierto?—La reprimenda de Teba hizo que su soldado bajara de nuevo el arco, mientras, Aryll volvió a bajar la ballesta con una simple mirada profunda de su hermano.

—Solo tomé las piedras de tu pago; el resto de los zafiros deben estar en manos de los Sheikah que capturaron a Kogg—

La respuesta de Link no fue más que la cruda verdad, aunque, estaba claro que aquello no iba a saciar la ambición de los Ornis; veía venir un momento difícil, por lo que se sirvió otro trago. Por su parte, Teba se mantuvo en una postura neutral, analítica, queriendo ver a dónde quería llegar Link en medio de esa lucha que solo ellos dos parecían entender.

El Orni exhaló con pesadez, haciendo de nueva cuenta una seña que todos sus soldados obedecieron. En pocos segundos, todos los guerreros alados tomaron arcos, tensando las flechas para apuntar a los hermanos Ryder como siguiente paso en esa peculiar negociación. Link parecía acostumbrado a que todo ese ambiente propio del bajo mundo; siempre terminaba con una amenaza directa a su vida, por lo que se limitó a dar otro trago a su vaso, mientras Aryll se levantaba alzando sus dos ballestas en defensa, con postura agresiva, aunque tenía cerca de diez Ornis rodeándolos, listos para disparar.

—Siéntate, Aryll—ordenó Link.

—Sí, siéntate, Aryll—repitió Teba, lo cual sacó de quicio a la rubia.

—¡Maldito hijo de puta!—

—Aryll—

Las palabras de Link fueron diferentes; carentes de vida. La guerrera dudaba entre obedecer a su instinto de supervivencia, u obedecer a la orden de su hermano. La decisión era imposible, su cuerpo vibraba por la inyección de adrenalina, mientras veía el azul profundo de los ojos de Link, que le recordaban la realidad; iba a morir si disparaba. No importa si lograba a matar a uno o a más Ornis, ellos acabarían con ambos. Con un gruñido, Aryll disparó las dos flechas que tenía en cada ballesta contra la madera de la mesa. Ambos proyectiles quedaron enterrados en medio de quienes se había sentado, mientras la rubia ocupaba de nuevo su asiento con la respiración agitada.

—Moriremos—El susurro de Aryll fue para sí misma, aunque, Link alcanzó a escucharla.

—No, no aún—aclaró Link a la joven. El guerrero no parecía estar enfrentando una muy probable muerte; su tranquilidad daba esa impresión.

—¿Disculpa?

Teba se veía incrédulo, aquello le parecía irrisorio, e insultante. Pero estaba sumamente intrigado.

—Quieres torturarnos hasta que te digamos donde escondimos los zafiros, y toda esa mierda. Ya te lo dije; Kogg solo era el puto títere. Él y sus zafiros fueron un mensaje de mi parte para el titiritero—Las palabras de Link mantenían expectante al Orni, quien intentaba deducir algo tras esas palabras carentes de emociones.

—A ver si entendí…—dijo Teba, quien también se sirvió un trago mientras las flechas seguían apuntando las cabezas de Link y Aryll. —¿Toda esta mierda fue un asunto personal?—

Link y Aryll se miraron, pensando en la respuesta.

—El mundo será un mejor lugar después de que ahorquemos al titiritero con sus propias redes—explicó Link, encogiéndose de hombro ante la simplicidad del asunto, si lo observaban desde una perspectiva pragmática. Una risa incrédula de Teba resonó en la sala; y aquello era poco habitual en el carácter parco del líder de los separatistas Ornis.

—No estoy seguro si asesinarte por confundir estupidez con valor, por usar una fortuna para tu puto juego, o por alguna de las otras razones que se me están ocurriendo justo ahora—Teba había recobrado su tono agresivo, observando con desdén al hyliano.

—Deberías pensar en las razones por las que te conviene trabajar para mí—

De nuevo, las palabras de Link sacaron una seca carcajada en Teba, más burlona que otra cosa, mientras su decena de hombres seguían a la espera de la más mínima señal de su líder para disparar a quemarropa sobre los cuerpos de los hermanos. Por su parte, Aryll estaba teniendo un cambio poco usual de color en su rostro, entre la ansiedad, la ira, el estrés, y tal vez el porcentaje de alcohol en su sangre. Teba alzó por fin su arco golondrina que estaba junto a su silla, tensando también una flecha con una maestría notable, apuntando al inexpresivo rostro de Link. El susodicho solo suspiró, viendo que la flecha apuntando a su frente era un mensaje no verbal de Teba.

—Tengo un trato con las nómadas del desierto; un trabajo—agregó Link con tranquilidad.

Aquellas palabras hicieron que Teba ladeara la cabeza, con curiosidad.

—¿Ahora haces negocios con Riju? Pensé que no te metías en asuntos políticos, menos con las Gerudos—

—Hará falta el refuerzo aéreo que pueden darme tú y tus hombres, e infantería que me darán Riju y sus mujeres. Lo que tú y ella hagan después con el botín y sus fantasiosas revoluciones no es mi problema—La negociación parecía estar tomando un rumbo favorable para Link, ya que Teba parecía estar meditándolo.

—¿Cuál es la misión?—

—Exterminar una colonia de Dragones Moldoras del desierto antes de su temporada de apareamiento. Tres grupos, cada escuadrón se queda con el botín de los demonios que cacen en el asedio a los nidos—Una vez más Link logró captar la atención de Teba, quien al escuchar a los Moldoras, no pudo disimular un pequeño brillo en su mirada. Aquellas bestias del desierto tenían un metabolismo único; entre las entrañas de aquellas criaturas podía conseguirse tesoros invaluables de viajeros devorados desde tiempos inmemoriales, e incluso gemas únicas formadas entre los órganos de aquellas criaturas por la presión y el calor interno de las entrañas de esos dragones del desierto.

—Las revoluciones son costosas, Link. Aprecio tu propuesta, pero considerando que Riju también quiere derrocar al Rey del Desierto, creo que me agradecerá si elimino a un competidor y nos repartimos el botín entre ella y yo, en nombre de nuestras causas—dijo Teba; palabras que casi hacen explotar a Aryll. No sabía si era por tener que guardar silencio, por el frenesí de emociones contradictorias que sentía, o por la tranquilidad que Link continuaba irradiando. No importaba, Aryll quería ahorcar a su hermano, quien seguía bebiendo, como si estuviera conversando con su cantinero de confianza, dándose incluso el lujo de conservar un prolongado silencio antes de responder.

—Lo que le hice a Kogg desatará el infierno; y quien sea el amo de Kogg, va a buscarme. Mis socios están enterados de que estoy aquí negociando contigo; si nos asesinas, todos en el bajo mundo pensarán que estabas atando cabos sueltos, y que tú le declaraste la guerra a la cabeza de todo esto. Si te conviertes en la presa de él…. temo que serías el último en morir, porque irán primero por cada miembro de tu familia, y reservarán a tu esposa e hijo para torturarlos al final, delante de ti. Así que lo repetiré una última vez, Teba; te conviene pensar en los motivos por los que debes trabajar para mí, antes de que yo medite en las razones por las que debería dejarte fuera—declaró Link, refiriéndose a Ganondorf sin pronunciar el nombre, y declarando un ultimátum que no iba a volver a repetir.

Varios Ornis se miraban entre ellos, temerosos del desenlace de esta situación, sin tener idea de cuál sería la reacción de Teba. Las miradas de Link y Teba seguían mutuamente enfocadas, como si no hubiera nadie más presente. Repentinamente el Orni de plumaje blanco bajó su arco, y guardó la flecha, relajando los hombros mientras se servía otro trago.

— ¿Cuáles son sus órdenes, Comandante Ryder? —Apenas Teba dijo eso, Link sonrió complacido de forma escueta, mirando a su alrededor, contemplando como las flechas que le apuntaban poco a poco era retraídas. Los Ornis seguían incrédulos al ver que su líder había cedido en la negociación, pero no dudaron en obedecer órdenes.

—Mi hermana y yo necesitamos hospedaje esta noche; mañana te daré los detalles de la operación—ordenó Link, levantándose de forma imponente, esperando a que Aryll también se pusiera en pie para seguirlo. La rubia por su parte sintió que sus piernas estaban blandas como el cuerpo de un ChuChu.

—Tomen lo que deseen del segundo piso—Teba parecía mantener una parsimonia, un carácter bastante incoherente para todo lo que había estado a punto de suceder. Link asintió, ignorando su entorno, seguido por su hermana. Por su parte, Aryll se devolvió un par de pasos, arrancando las dos flechas de la mesa; al parecer no quería desperdiciarlas, ya que ella misma las había hecho.

—Una cosa más, Ryder…—declaró Teba, al ver que Link y Aryll ya estaban comenzando a subir las escaleras hacia la zona del rancho dedicado al hospedaje de los clientes. La mirada del rubio fue cara demostración de que estaba escuchando, deteniendo su ascenso hacia las habitaciones.

—Si algo le sucede a los míos, no habrá lugar donde te escondas de mí—

Link se mostró atento a las palabras de Teba, asintiendo.

—Ahora eres un Lynel, Teba, todos ustedes; y cuidaré a cada uno con mi vida—dictaminó Link a los Ornis, reanudando el ascenso con Aryll, abandonando la sala. Una vez accedieron al solitario pasillo de las habitaciones, la rubia alcanzó a Link luego de asegurarse de que nadie los estuviera escuchando. O eso creía…

—Voy a asesinarte—amenazó a su hermano, al borde de la furia luego de aquel espectáculo en el que Link la había metido.

—Tienes una enorme fila por delante—respondió el guerrero, mirando de reojo a su hermana con una sonrisa leve, victorioso. Por mientras, ambos guerreros y líderes de los Lynels se dirigieron a la más distante de las habitaciones del lugar para elegir uno cada uno, y descansar de tan largo día. Cada hermano se dirigió a una puerta, encerrándose para pasar la noche.

Link cerró la entrada a sus espaldas con llave, encontrándose con una habitación sencilla, pulcra, con los muebles justos y necesarios que podría necesitar un viajero para poco más de seis horas de descanso. Y aunque pretendía cambiarse primero, el guerrero comenzó a sentir como el cansancio comenzaba invadirlo, con el dolor en las articulaciones luego de horas de escaladas, el descenso en el aire, las caminatas, y el insomnio. Sin quitarse siquiera su capucha o su abrigo, el rubio se dejó caer sobre la cama con pesadez, aun con las botas puestas, sintiendo una fatiga mucho más grave; estaba mentalmente exhausto. Quería levantarse, pero su cuerpo no se lo permitió. En pocos segundos el parpadear se le hizo casi imposible, sintiendo sus ojos arder, hasta que los cerró, sin fuerzas en ese instante para volver a abrirlos…

La Ciudadela de Hebra era su prisión en medio del martirio de sus pesadillas; Link cayó sobre sus rodillas, mientras la nieve y la sangre tenía al bulevar de blanco y carmesí. Los restos de sus compañeros lo acompañaban, inertes y desfigurados por las grotescas heridas que habían recibido, que los había hecho sufrir hasta morir, y ser posteriormente devorados por los carroñeros. La mirada de Link se perdía, vislumbrando fugazmente los cuerpos destrozados de Mipha, Revali, y los trozos de corazas de roca que alguna vez habían formado el cuerpo de Daruk. La frente del guerrero Hyliano tocó el gélido suelo, atormentado por el dolor de sus heridas, y la desesperación que lo arrastraba al abismo de la demencia.

Sus pulmones no lograban oxigenarse por el gélido ambiente que olía a muerte; rodeado de las parcas que cosechaban las almas errantes en aquella ciudad hundida en el calvario, donde la moribunda existencia de Link era lo único que atraía a los demonios que finalmente habían tomado el control de la región.

—Link…—

El susodicho sintió como la oscuridad a su alrededor se disipaba, iluminándose a su alrededor, mientras escuchaba cada vez más distante los gruñidos voraces de los demonios atraídos por el palpitar de su ya débil corazón. Un calor irreconocible comenzó a invadir el pecho de Link, respirando con mayor facilidad. El temblor de sus dientes y la insensibilidad de sus manos fueron desapareciendo. Aquella voz etérea lo inundó de luz, alzando su rostro, sintiéndose cegado por el resplandor dorado de aquella aura que abrió la oscuridad de las tormentosas nubes, exterminan los seres de ultratumba que los rodeaban. Aquel resplandor fue tomando una forma humanoide, divina, extendiendo su mano hacia el semblante de Link.

—Abre los ojos…—

Por instinto, Link obedeció, abriendo los ojos, mientras su respiración se volvía agitada al despertar de forma repentina; no obstante, perdió el aliento al ver que ante su rostro había una sombra, sobre él, como si se tratara de un depredador a punto de terminar con su presa. La figura era delgada, esbelta, y apenas se movió, la luz de las lámparas de aceite de aquella habitación lo reveló todo.

Link pudo ver sobre él a una joven de ojos de sangre y cabellos dorados, con parte de su rostro cubierto por una pálida bufanda. La presencia casi espectral de aquella invasora había pasado completamente desapercibido; parecía ser una estatua, una figura perfectamente esculpida y carente de vida. No reaccionaba, no parpadeaba, no parecía respirar…

El guerrero extendió su mano hacia la navaja de su cinturón, sin embargo, no lo logró. Su captora había sido más rápida, clavando de forma sutil un dardo directo al cuello de Link. Aquello le generó una dolorosa tensión en las articulaciones, paralizando hasta sus parpados por completo.

—Solo es veneno de Lizalfo, vivirás; por ahora—La voz de Sheik era elocuente, y sumamente tersa. Eso era todo en lo que podía pensar Link, mientras sentía como perdía el control de su cuerpo, comenzando a sufrir una dolorosa parálisis por la toxina que había recibido en su cuerpo.

—Cierra los ojos…—ordenó de nuevo aquella voz casi celestial, que provenía de la Sheikah que tenía la vida de Link en sus manos.


Notas Finales:

Hola hola!

Debo resaltar que por un error que cometí, había publicado el capítulo 1 en vez del 3 por error, y lo peor, es que me di cuenta de mi equivocación más de una semana después. ¡En serio lo lamento!

Espero que este capítulo también haya sido de su agrado, muchísimas gracias por los comentarios de vrave1, y Bargo en el capítulo anterior; aprecio sus palabras, y espero que siga siendo de su agrado :D

Como pudieron ver, decidí cambiar la portada de la historia, debido a que me pareció que compatibilizaba mejor con el título de esta historia.

Respecto a este episodio, procuré ir marcando el estilo de esta historia, que se caracterizará por explorar un poco más sobre lo que sucedería si las crisis en Hyrule -desencadenados por la guerra y el cambio de sistema de gobierno- fueran el caldo de cultivo para el surgimiento de un bajo mundo criminal el que nuestros protagonistas, quieran o no, tendrán que adentrarse. Como se pudo notar en este capítulo y el anterior, existe una gran desunión en Hyrule, lo que irá moldeando los acontecimientos de la trama. La banda de los Lynels va creciendo con la unión de Teba y su grupo.

Pero creo que la escena final se robó el show ¿No? Todo continuará en el próximo capítulo :D

Nos vemos!