Capítulo V: La Travesía
—Formen cuatro grupos, diríjanse a cada punto y recorran la región oriental hasta volver; busquen cualquier aglomeración anormal—ordenó Teba a sus hombres, todos en posición a las afueras del rancho del cañon.
—No hay que buscar demasiado—recriminó Aryll, mostrándose hostil mientras se acercaba al resto del grupo justo después de que aquel escuadrón de Ornis partieran en vuelo para buscar en los alrededores a Link Ryder.
—¿Sabes algo que nosotros no? —cuestionó Teba con desprecio en sus palabras, notablemente harto de tener que lidiar con la joven.
—Sé que venderías a tu madre por una rupia verde—aquella respuesta de Aryll sacó de quicio a Teba, quien la encaró, dispuesto a detener aquella insolencia.
—Sáquenla de mi vista—indicó el guerrero a sus hombres. Aunque aquello le costaría caro; dos Ornis tomaron de los hombros a Aryll, causando una reacción agresiva. La joven acertó un codazo en la garganta de uno de los Ornis, aprovechando la distracción para darse media vuelta y acercar un rodillazo directo al estómago del segundo, seguido de un puñetazo directo al punto débil de los Ornis; los ojos, caracterizados por su gran sensibilidad. El grito de dolor del soldado alado alertó al grupo, justo antes de que la joven guerrera terminara por dar una patada en el pico al que había sido su primera víctima, logrando reducir a ambos.
El factor sorpresa de su ataque era su ventaja, y debía aprovecharlo, porque si los Ornis comenzaban a volar estaría acabada. Pudo ver como Teba preparó su arco y flecha, por lo que la joven tomó una de sus dagas para lanzarla a la cabeza de su oponente. Sabía que Teba lograría esquivarla, pero su intensión era frenarlo lo suficiente para evitar que disparara. Un salto impulsado por la adrenalina le permitió subirse al Orni justo antes de que este se dispusiera a elevarse en el aire. Aryll logró treparse al cuerpo de Teba para atrapar una de las alas del guerrero con sus dos piernas y proceder a usar su propio peso para desbalancearlo y caer juntos a la tierra, mientras atrapaba la garganta del Orni con su brazo, tomando otra daga para posicionarla directo en el cuello de Teba.
Aquello hizo que el guerrero se quedara quieto, en una posición un tanto humillante para él. Pese a estar de espaldas sobre en cuerpo de Aryll, el pequeño cuerpo de la rubia no solo mantenía su ala diestra inmóvil, sino que lo tenía amenazado directo a la yugular; podría aletear, podría usar fuerza bruta para quitarse de encima a la chica, pero un movimiento en falso podría significar que la daga se enterrara en su garganta. Todos los Ornis alrededor prepararon sus flechas, apuntando hacia Aryll, sin embargo, al tener encima a Teba, estaba protegida de que no fueran a disparar, ya que el líder Orni en ese momento parecía ser el escudo viviente de la joven.
—¿Dónde está Link? —preguntó Aryll, con una calma inquietad, punzando al garganta de Teba con la punta de la daga.
—Vete al infierno—maldijo el guerrero, quejándose al sentir como la cuchilla comenzaba a romper la capa superficial de su piel debajo de las plumas. No sabía qué era peor; si la posibilidad de morir envuelto en tierra y no en los cielos, o morir por no responder a algo que realmente desconocía.
—Te mandaré ahí primero para que me des la bienvenida—respondió Aryll tensando más sus piernas para retorcer la ala del guerrero en la dolorosa llave. El interrogatorio apenas estaba comenzando, e iba a continuar, de no haber sido por el sonido de un pesado galope de caballo acercándose a ese mortal círculo de armas apuntadas que habían formado los Ornis. La algarabía detuvo la situación de tensión, mientras Aryll levantaba la vista, al igual que Teba, para ver lo que estaba sucediendo.
—Guarden esa fuerza para el Coliseo—anunció la vibrante voz de Link, quien estaba sobre un caballo blanco, dirigido por una mujer también encapuchada que Aryll no fue capaz de reconocer. La expresión de la joven era de desconcierto y la situación en la que estaba hacía que su rostro fuera aún más gracioso para Link. La guerrera soltó a Teba, empujando de una patada el cuerpo del líder Orni que seguía encima de ella en el suelo.
—¿Dónde mierda estabas? —cuestionó con rudeza Aryll después de levantarse para encarar a su hermano, tomando el cuello del abrigo de Link para tirar con fuerza y empujarlo. Sin embargo, el guerrero solo hizo un gesto mudo de que esperara mientras se hacía a un lado para acercarse a Teba. En medio de su furia, Aryll observó a la desconocida que seguía sobre su caballo, quien le devolvió la mirada; bajo aquella capucha había un rostro de facciones delicadas que le recordaban a la expresión de una estatua de los majestuosos templos de las diosas.
—Llevamos medio día buscando tu culo—recriminó Teba, incorporándose y encarando a Link, con clara molestia por la situación.
—Ya lo encontraron—respondió Link dándose unas palmaditas en su propia cadera como burla al Orni—Este es el plan; debo ir a Komolo a atender la apertura del festival del Solsticio en el Coliseo. Te avisaré cuando debamos partir al desierto, mantén los ojos abiertos y avísame si hay movilizaciones extrañas—El tono de Link era el propio de un dirigente militar, mientras le hacía señas al hombre que atendía el establo, quien captó la indicación. Con rapidez entró a interior para buscar a Epona y Aine, mientras que todos los presentes seguían pasmados por la situación.
—No tardes demasiado, puede que yo visite a Riju con antelación—respondió Teba con un tono remilgoso, mostrando su deseo de eliminar a Link de la ecuación y quedarse con una porción mayor del botín que esperaban encontrar en la cacería de los dragones Moldora en la primavera. A la par, el hombre del establo trajo ambas yeguas de los hermanos Ryder, Aryll seguía aun sin procesar ese momento y Zelda simplemente se limitaba a mirar la situación con curiosidad y diversión.
—Asoma una pluma blanca en el desierto sin mi permiso y Riju hará un trofeo con tu pico para mí—La reprimenda de Link detuvo por completo la expresión de buen humor de Teba, quien lo fulminó con la mirada y respondió con su silencio. Para Zelda también fue interesante vislumbrar una vez más esa mirada gélida y feroz del rubio, calmada pero peligrosa. Se le hacía contradictorio y enigmático, y a ella le fascinaban los enigmas; era parte de su vocación. Con las ordenes claras, Link y Aryll subieron a sus respectivas yeguas luego de las acostumbradas caricias a sus compañeras, y al igual que Zelda, ya estaban listos para partir.
—¿Alguna sugerencia para las apuestas del Coliseo en el Solsticio? —preguntó Teba, antes de que Link y compañía se retiraran; claramente quería saber a qué gladiadores apostar, considerando que los Ryder manejaban las casas de apuestas en Komolo, probablemente ya tenía algunas batallas arregladas para tomar provecho de las comisiones por las apuestas.
—No apuestes por los gladiadores Ornis—respondió Link de forma mordaz, mientras agitaba las riendas de Epona, seguido inmediatamente después por Zelda y Aryll, que hicieron lo mismo con sus monturas.
—Maldito hijo de puta—dijo Teba entre risas irónicas por la mofa del hyliano, viendo como el trío se alejaba de él y sus hombres.
Apenas perdieron de vista el Rancho del Cañón a sus espaldas, Aryll hizo que Aine acelerara el paso, para interponerse en el camino de Epona y detener el recorrido que estaba encabezando Link en ese momento.
—Debemos hablar, ahora—ordenó Aryll con dureza, mirando a Zelda como si fuera una desagradable intrusa.
Link y Zelda tuvieron que detenerse, expectante.
—A solas—volvió a puntualizar Aryll, mientras movía su yegua para dirigirse a un costado de la ruta, hacia una zona de árboles frondosos. Link la siguió también luego de indicarle con un vistazo a Zelda que esperara en el camino. Sin embargo, la susodicha esperó varios segundos hasta estar sola, acercándose a un árbol junto al camino, y con una sonrisa, sus ojos tomaron una tonalidad carmesí…
Ambos hermanos se adentraron y alejaron considerablemente del camino, ya que Aryll buscaba asegurarse de tener privacidad para lo que estaban a punto de decir. Se bajó de su yegua, en medio de ese pequeño bosque; el rubio la imitó para acercarse y finalmente hablar, aunque eso no fue lo primero que Aryll hizo. Un pesado puñetazo de la rubia fue directo a la cara de Link, aunque este logró detener la agresión con su antebrazo.
—¿Qué mierda haces? —preguntó él al ver a Aryll enojada.
—Intentando enderezarte la otra mejilla—le recriminó haciendo referencia a la herida que Link aún tenía en su rostro luego de su pelea con Sheik. Aryll habló mientras empujaba a su hermano con toda la fuerza que pudo, logrando que el rubio retrocediera un paso.
—¿Quién carajos es ella? —preguntó finalmente la hyliana.
—Nos acompañará de ahora en adelante—
—¿Por qué? —
—Hice un trato con ella—
—¿Mientras estuviste desaparecido en la noche? ¿Negociaron en una mesa o en una cama? —volvió a decir Aryll en una extraña mezcla de ira, ironía y ansiedad, acompañado de un tono de reproche y otro empujón al pecho de Link. Este último puso los ojos en blanco ante las palabras de su hermana mostrando su fastidio por la insinuación de ella.
—¿Quieres calmarte? —
—No me faltan ganas de terminar de romperte la cara por el susto que me diste, pero tenemos problemas más grandes que tu nuevo lío de faldas—terminó de decir la joven; Link estuvo a punto de reprender a Aryll por lo que había dicho, pero ella abrió su alforja haciendo que un pequeño destello emergiera, tomando la forma del Kolog mensajero que se había acercado al Rancho.
—¡Señor Héroe! —exclamó contento la criatura, aunque inmediatamente después se sintió cohibido al ver la tensión que ambos hermanos emanaban.
—Dile lo que me dijiste—ordenó Aryll al Kolog, quien asintió.
—Los prodigios no se han recuperado, hemos intentado diferentes rituales de curación pero nada funciona, nuestro curandero encontró magia negra en los cuerpos de los chicos, de algún modo usaron sus almas para alimentar un hechizo de necromancia, y no hay muchas esperanzas de que despierten—anunció de nuevo la criatura, mostrándose aún perturbado de su propio mensaje. Aquella noticia descompuso la cara de Link, manifestando la consternación que lo inundó al escuchar la naturaleza de los experimentos a los cuales los Yigas habían sometido a esos muchachos, y a los muchos más que seguían en manos de los traficantes.
—Maldita sea…—murmuró Link con frustración.
—Sí, lo mismo dije. Estamos justo donde empezamos, sin pistas, sin indicios, y sin una mierda. Y ahora resulta que nos estamos enfrentando a hechizos de necromancia ¿Cómo se supone que enfrentaremos eso?—dijo Aryll compartiendo la indignación de Link. Toda esperanza de poder conseguir información por parte de las víctimas se estaba desvaneciendo, y peor aún, estaban descubriendo que la amenaza que significaba su enemigo era mucho más grande de lo que imaginaban.
—Nuestra invitada nos ayudará con eso; sé que nos está viendo—terminó por decir Link, mientras observaba a su alrededor con curiosidad, como si buscara el punto por medio el cual Sheik los estuviera observando. A unos cuantos metros de ahí a lo alto de los árboles la Sheikah sintió una fuerte opresión en la garganta al verse sorprendida por Link, espiándolo. Se dio cuenta que él solo miraba alrededor, por lo que no la había visto como tal; el guerrero solo sospechaba de su presencia, al parecer. La dama aprovechó la incertidumbre de los hermanos para alejarse de ahí, saltando silenciosa entre los árboles para regresar lo más pronto posible al camino donde la esperaba su caballo. Sí, la dama sentía como el corazón comenzó a latirle con dureza por el hecho de que Link estaba bastante seguro de que ella había estado escuchando todo. Sheik trató de serenar su respiración mientras se subía de nuevo a su caballo. Sus ojos dejaron de tener el tono rojo, fingiendo que nada había pasado.
No sabía qué le estaba causando más ansiedad; si el haber escuchado la palabra necromancia, o saber que tal vez había dado un paso en falso en su misión. Pensó en sus opciones; Link no tenía formas de asegurar de que ella estuviera espiando la conversación, podía fingir naturalidad, que no había visto nada, que se había limitado a esperar. No tuvo demasiado tiempo para meditarlo, ya que vio como los hermanos Ryder, las yeguas y el Kolog salían del bosque hasta acercarse a ella. Con una evidente práctica, Sheik se mantuvo en su rol una joven común y corriente, hasta que hizo contacto visual con Link. Por un instante, al ver la dureza de las facciones, supo que no sería tan sencillo zafarse de esa.
—¿Qué sabes sobre ese tipo de hechizos? —preguntó Link de forma brusca y directa mirando directamente a los ojos de la dama de tonalidad oliva.
—¿Disculpa? —preguntó Sheik, aparentado una genuina confusión, Link pensó que sin dudas la dama tenía talento para ser una actriz.
—Korye, puedes volver a la colonia, gracias por el mensaje—le indicó Link al Kolog con buena voluntad, llamándolo por su nombre. El pequeño espíritu asintió, saliendo de la alforja de Aryll a los ojos de Sheik; extendió sus hojas de hélices y comenzó a volar para partir a su hogar.
—Sabes muy bien lo que pasará si nos mientes—dictaminó Link de forma frívola a la Sheikah una vez los tres estuvieron solos, mostrándose autoritario y bastante seguro de que ella había visto y oído todo. Una vez más, los ojos de la dama y la del guerrero comenzaron un duelo, en el que mutuamente conservaron un silencio que no fue interrumpido ni siquiera por Aryll, mientras ambos analizaban la expresiones del otro. Con un poco de resignación Sheik exhaló para deshacer el conjuro que estaba camuflando su aspecto, lo que hizo que su cabello tomara una tonalidad dorada algo pálido, y ojos rojos radiantes.
—Lo que nos faltaba, ahora no solo hacemos tratos con Ornis, sino también con Sheikahs ¿Qué sigue, negociar con Bokoblins? —Aryll recriminó con aspereza a Link, mientras tomaba su ballesta para apuntar a la cabeza de Sheik, aunque eso no hizo reaccionar a la dama.
—Te lo diré a cambio de saber quiénes son los prodigios—impuso Sheik con firmeza a Link, mostrando cierta actitud netamente emocional; Link supuso, por mera conjetura, que tal vez ella sentía empatía por también ser una prodigio, y a la par, también sintió cierta satisfacción al ver que había acertado al suponer que la dama no se resistiría de husmear en conversaciones ajenas si tenía la oportunidad.
—No estás en posición de negociar—respondió inmediatamente Aryll, teniendo todo listo para disparar con un simple movimiento.
—No veo que hayan muchos hechiceros a los que puedan acudir—señaló Sheik, con tranquilidad, mientras se bajaba de su caballo para tomar distancia de él, siendo apuntada por Aryll. Si aquello iba a terminar mal, no iba a arriesgar a su montura.
—Estaban siendo transportados por Kogg como si fueran mercancía; con sellos mágicos de contención, kanjis especializados. No sabemos nada más de ellos, no tenían símbolos, tatuajes, nada para identificarlos—reveló finalmente Link, causando una mirada asesina por parte de Aryll al ver que su hermano había cedido pasando por encima de ella. Aquella revelación generó en Sheik una expresión que Link no había notado en la dama desde que la había conocido pocas horas antes: genuina sorpresa, y perturbación. Se atrevió a pensar que en esas delicadas facciones de la joven había temor.
La mente de Sheik comenzó a divagar de forma frenética; aquella revelación había cambiado absolutamente todo, la investigación, su misión, y el potencial riesgo de lo que estaba haciendo. Impa y ella había deducido que detrás de las agresiones a Kogg habían un motivante claro; tráfico de esclavos, generalmente para prostitución. Sin embargo, la realidad era diferente, y no por ello menos preocupante. Si para Zelda era repugnante la idea de enfrentar esclavitud de hylianos y otras especies, saber que prodigios, tal como ella, habían sido sometidos a conjuros de necromancia, se le hizo asqueroso, no solo por el inhumano sufrimiento al que estarían sometidos, sino también lo peligroso que podían ser los Yigas experimentando con el poder bruto de un prodigio.
—Los conjuros de magia negra están prohibidos por mi Clan, la necromancia es una especialización sumamente compleja que consume lo mismo que busca transmutar; el alma. Esto no está bien… No tenía idea que Kogg estuviera traficando a personas con potencial mágico—Link continuó analizando la expresión de Sheik, intentando tener la mente fría, observar a la dama como lo que era: una potencial traidora, una amenaza que tenía a un lado, una posible trampa. Sin embargo, en su voz y en sus movimientos, no podía ver más que genuina preocupación.
—Claro que no está bien, ni siquiera sabemos si eres una Yiga—respondió Aryll con desagrado por la situación.
—Estarían muertos si lo fuera—contestó Sheik, sin dudarlo.
—O tú lo estarías—puntualizó Link.
—Como todos seguimos vivos, claramente no soy una Yiga—razonó finalmente la dama, con ese característico tono de ella.
—¿Entonces por qué coño vendrá con nosotros? —cuestionó Aryll a su hermano al no entender la naturaleza del acuerdo entre ambos.
—Porque vale la pena el riesgo. Si es una Sheikah nos será útil, y si es una Yiga, será divertido sacarle información—explicó Link, hablando de forma un tanto sombría.
—Que cruel…—respondió Sheik, burlona.
—Eso ya lo sabías de mí desde que me investigaste a fondo ¿No? —replicó Link, sonriendo con malicia. Aryll por su parte observó como ambos se miraban, rugiendo de fastidio por la situación, especialmente por la clara tensión tan extraña que había entre ambos.
—¿Tú, tienes nombre? —exigió saber Aryll señalando a la dama, queriendo interrumpir esa situación incómoda.
—Sheik Ashla, kunoichi, investigadora, hechicera y ajedrecista—respondió, mirando a la menor de los Ryder mientras le hablaba con la solemnidad de un subordinado hacia su superiora inmediata.
—Aryll Ryder, cartógrafa, cazadora, y la que te clavará una flecha si nos traicionas—indicó la chica, imitando el tono y acento de Sheik en mofa, aunque amenazándola de forma directa aun con la saeta en la ballesta.
—No te preocupes, yo me tomaré esa molestia—manifestó Link a Aryll mientras miraba a Sheik, con un tono siniestro, que a Zelda se le hacía sumamente contradictorio al vislumbrar su sencillez y nobleza, y repentinamente, esa naturaleza bestial y feroz.
—Parece que mi cabeza está muy solicitada—comentó Sheik con sorna, viendo como ambos hermanos estaban bastante entusiastas con matarla si resultaba ser una traidora.
—Te acostumbrarás viajando con nosotros—respondió Link, mientras se subía a Epona, al igual que Aryll sobre Aine, no sin antes hacer una seña a Sheik de "te estoy vigilando", para luego guardar la flecha de su ballesta.
—Sheik, ve al frente, Aryll, al medio. Tengan los ojos abiertos, vamos a Komolo—ordenó Link, queriendo ya de una vez por todas reanudar el viaje. Ambas jóvenes asintieron, poniéndose en orden para partir, trazando el rumbo. A Sheik se le hizo sumamente llamativo ver como Link tomaba la posición trasera de la formación, en el último lugar. ¿Por qué no al frente, si era el líder?
La respuesta se le hizo evidente luego de una o dos horas de viaje, dando vistazos breves de reojo en las curvas del camino. Muchos pensaban que la posición de liderazgo era sinónima de estar delante de todos; pero nada más alejado de la realidad. Desde esa posición la dama pudo notar por breves lapsos como Link mantenía su atención puesta en observarlas a ambas, atento de cualquier variación en el ritmo o cualquier posible desviación. Liderar no era simplemente decirle a otros que hacer; por el contrario, implicaba prestar atención en el bienestar de quienes estaban bajo su autoridad.
Sí, definitivamente Link era diferente a los típicos gánsteres y contrabandistas de ego desmedido que había cazado en el pasado con la ayuda de su maestra Impa. Aquella revelación se unía a todo lo que podía descubrir experimentando las vivencias de forma directa en el trabajo de campo, cosas como la vigorizante sensación del aire chocar su rostro, el aire limpio de aquellos bosques era algo placentero. Aunque, por instantes la preocupación y la incertidumbre la embargaban al pensar que la red de los Yigas estaban adentradas en negocios mucho más cruentos y peligrosos de lo que había imaginado, y que probablemente, harían de aquella su misión más difícil hasta ese momento.
Por su parte, Link tenía muchas cosas en su cabeza; no solo sus inestables negocios con los Ornis, la breve tregua con las Gerudos revolucionarias, sino también lo que le esperaba en Komolo con la avalancha de apuestas que vendrían por las actividades en el Coliseo. A todo eso debía sumarle el detalle de tener en sus filas a una mujer que había demostrado ser sumamente peligrosa, un arma de doble filo en toda regla. El guerrero mostraba ser cauteloso, teniendo la retaguardia de su aliada temporal a su disposición, vigilando que el trote de los tres caballos fuera fluido, y que Sheik no hiciera nada extraño. Tal vez el hecho de no estar en los mejores términos influyó para que a lo largo de ese tiempo ninguno de los tres se detuviera para evitar hablar, y sumado a que sus caballos no dieron indicaciones de tener sed o alguna otra necesidad, el trío de viajeros siguió el rumbo hacia el sur en completo silencio.
Al menos hasta que en una intersección de caminos Sheik frenara con cuidado a su caballo para darse media vuelta y ver que los hermanos habían reducido la velocidad para cruzar hacia el otro camino.
—Dijeron que iríamos a la Aldea Komolo—cuestionó Sheik confundida a los hermanos, quienes notaron la dama había ocultado sus ojos rojos a través de un conjuro que de nuevo los hacía ver de tonalidad verdosa.
—Pero no a caballo—explicó Link, señalando su lado del camino, a donde se podía notar una nube de vapor, el bullicio de bastantes personas, y el típico rugido de las locomotoras. Siguiendo a los hermanos, Sheik descendió con su caballo por un sendero un tanto más rudimentario, hasta visualizar aquella antigua estación de trenes bastante deteriorada por la vegetación, aunque los aldeanos de las zonas se la arreglaban para darle cierto encanto, teniendo numerosos estantes de productos a la venta en un improvisado mercado minorista. Para Link y Aryll aquello era cotidiano, saludaron a los civiles abriéndose paso lentamente sobre sus yeguas a través de la multitud de personas que alzaban las manos para dar también sus saludos a los Lynels. Sheik observó aquello con intriga; era un entorno completamente distinto al que ella estaba acostumbrada.
Sus misiones frecuentemente habían sido de investigación de casos procesados, capturas y ejecuciones; pero por primera vez estaba en un trabajo de campo, desprovista de protección más allá del que ella misma podía darse, expuesta en la multitud, rodeada por personas comunes que vivían al día, y pese a tener evidentes carencias por la dura situación que atravesaba el reino, pudo ver innumerables sonrisas, muchísimas más de las que alguna vez pudo ver entre quienes componían las altas esferas de gobierno de la Federación. Estaba viviendo en carne propia las razones por las que tenía tan firme determinación, de luchar por los inocentes. No obstante, a la vez era contradictorio darse cuenta que su misión era destruir desde adentro el pequeño imperio criminal de contrabandeo y apuestas ilegales que había formado Link Ryder; el mismo hombre que en ese momento estaba inspirando confianza y hasta esperanza en los civiles.
—¡Los chicos Lynels! —exclamó un vendedor que estaba al lado de la estación con bastantes cestos, refiriéndose a los tres encapuchados, como si Sheik fuera una más.
—¿Cómo estás, Farrel? —saludó Link por nombre, bajando de Epona mientras sus dos compañeras esperaban, saludando al hombre con un firme apretón.
—No tan bien como usted ¿Qué puedo hacer por ustedes, mi señor? —preguntó Farrel; ¿Mi señor? Sheik se estaba dando cuenta que al parecer su presa era casi de la realeza por esos lares.
—Cuatro cestos de frutas surtidas, por favor; quédate con el cambio—pidió Link, extendiendo una rupia roja. El hombre asintió, haciendo señas a sus nietos para que trajeran lo pedido de inmediato. Ya acostumbrados, los niños acariciaron a Epona y Aine, colgaron los cestos en las alforjas de las yeguas luego de saludar a Aryll, aunque, lo hicieron un poco lento, ya que se quedaron distraídos al mirar de forma bastante directa a Sheik.
—Vamos niños, apresúrense, el señor Ryder no tiene todo el día. Disculpe, señorita—dijo Farrel, interviniendo, aunque la dama solo sonrió bajo la capucha de forma indulgente.
—No ha sucedido nada—respondió Sheik con calma, asintiendo al hombre. Sin más, Link sacó dos rupias verdes, dándole una a cada chico que lo había ayudado después revolverles el cabello con la mano para fastidiarlos un poco. La sonrisa de ambos chicos por la propina fue memorable.
—¡Gracias! —gritaron al unísono los de la tienda de frutas mientras los tres guerreros se retiraban sobre sus caballos, saludando con la mano mientras se alejaban para acercarse a los rieles, exactamente hasta unos vagones.
—¿Iremos en tren? —preguntó Sheik, curiosa.
—Dijiste que tu sueño era viajar sin ataduras ¿No? Vamos a cumplirlo—respondió Link, mirando de reojo a la Sheikah, mientras Aryll alzaba una ceja al ver esa situación. Finalmente llegaron al vagón de carga, donde el capataz de los maquinistas de aquel tren antiguo y desgastado los reconoció.
—¡Los Lynel! ¡Debieron avisarme que vendrían! Ustedes, vacíen un vago completo para nuestros invitados de honor, que la chusma se amontonen entre ellos en el otro—ordenó el capataz a sus subordinados, mientras parecía que le iba a dar un ataque al corazón por la sorpresa de ver a los hermanos Ryder, sus principales benefactores. Los tres viajeros fueron bajando de sus caballos para poder prepararse para el viaje.
—Iremos con las personas del vagón, solo necesitamos espacio para tres caballo—ordenó Link, deteniendo al hombre que estaba dispuesto a privar a decenas de personas de un puesto en el tren solo para impresionarlo, algo que no le gustó para nada al rubio. Se le hizo desagradable, y no lo disimuló en lo absoluto.
—Por supuesto—indicó el capataz, tratando de organizar el desorden de la estación de personas abordando al tren, en su mayoría de muy escasos recursos, bastante notable por el mal estado de sus prendas de vestir y sus semblantes decaídos. A la sensación de remordimiento de Sheik por ver a las personas así de necesitadas se le sumó la preocupación de ver cómo varias personas subían mediante rampas a los caballos a un vagón condicionado con lo necesario para el viaje. Sin embargo, los animales que subían al vagón lo hacían con naturalidad y calma, evidenciando lo acostumbrados que estaban de ser transportados de esa manera.
Epona y Aine fueron clara evidencia de eso, ya que apenas les quitaron los cestos de frutas, se subieron prácticamente sin ninguna orientación por parte de sus dueños, bastante habituadas a tener que subirse a ese tipo de espacios oscuros.
—Esto se va a poner feo—murmuró Sheik, mirando a su caballo.
—¿Por qué? —preguntó Link, luego de que unos chicos del tren lo ayudaran a guardar a Epona en una de las divisiones individuales del vagón para cada caballo, repleto de heno para el largo recorrido.
—Él nunca ha subido a un tren—dijo la dama, mostrándose preocupada mientras señalaba a su montura, de pelaje completamente blanco. Link pudo notar como aquella imponente y preciosa bestia tenía sus orejas levantadas, la cabeza recta y la postura sólida, mostrando su nerviosismo.
—Siempre hay una primera vez ¿Cómo se llama? —preguntó Link.
—Snow—
—Bien. Toma las riendas de Snow, hazlo caminar de un lado a otro y tráelo contigo hasta arriba—indicó Link, viendo que Sheik no estaba muy segura de que podría lograrse de forma tan sencilla. La dama obedeció tomando las riendas para caminar y guiar a su caballo mientras Link pedía a la gente alrededor que por favor despejaran el espacio. Tratando de respirar profundo, Sheik siguió las instrucciones caminando en zigzag con Snow, hasta que ella subió a la rampa, mirando con ansiedad como Snow retrocedió apenas sintió en sus cascos el metal de desnivel ascendente del vagón.
—Vamos bonito, tu puedes—dijo Sheik, mostrándose tensa mientras jalaba con un poco más de fuerza la rienda, pero no pudo. Snow comenzó a levantar las patas delanteras, en un intento de retroceder bruscamente, mientras que el crujido de sus muelas mostraba su desagrado. La situación empeoró cuando el animal se elevó ligeramente sobre sus patas traseras, haciendo que todos alrededor retrocedieran en precaución. Todos menos Link, quien se acercó cauteloso pero decidido.
—¿Me permites? —preguntó él, mirando a los ojos de Sheik, extendiendo la mano para pedirle las riendas. Con un tanto de resignación ella aceptó, viendo como Link tomaba el control para hacer que Snow diera media vuelta para alejarse un poco del vagón.
—¿Cuánto tiempo tiene Snow acompañándote? —preguntó Link, como si el caballo se tratara de un compañero más, llamándolo por nombre, mostrando la afinidad y fascinación del rubio por los caballos. Acarició con calma las crines del animal, los músculos de su cuello, y chitó con suavidad para buscar tranquilizar la respiración agitada del bello animal, incluso dejando un breve beso en la nuca del animal.
—Falta un mes para el primer año—dijo Sheik, sintiéndose algo apenada de que Snow estuviera retrasándolos.
—Debes confiar más en él; y él confiará en ti— indicó Link, mientras inspeccionaba con bastante agrado las características tan singulares que hacían de aquella criatura un animal tan hermoso, de pelaje como la nieve. El nombre le quedaba perfecto.
Link siguió sus propias indicaciones, moviendo al caballo de un lugar a otro, caminando lado a lado con él hasta llegar a la rampa. Ahí Link subió primero, sacudiendo un poco de la vegetación seca que había en el suelo del vagó, teniendo sostenida las riendas de Snow. Se mantuvo unos segundos ahí, hasta que tiró otro poco, lo que hizo que el caballo pisara el metal, y de nuevo se mostrara disgustado. Aunque no hizo un movimiento brusco para retroceder, solo se quedó ahí, tieso como roca.
Zelda pensó que eso era un avance, al menos.
Pero Link no se rindió, ya que luego de darle unos cuantos segundos volvió a tirar, aunque no logró que avanzara, ni retrocediera. Todo aquello era un espectáculo un tanto divertido para los presentes, aunque Link se estaba tomando muy en serio su labor. Sin más remedio, el rubio miró a la distancia a Aryll, quien estaba de pie cuidando los cestos de frutas, y con una seña su hermana entendió. La joven tomó una manzana y la lanzó con fuerza hacia Link. El guerrero tomó la fruta que casi iba directo a su cara, viendo que sí, Aryll lo había hecho a propósito, la sonrisa diabólica la delató.
De la nada el rubio soltó las riendas, sentándose en el suelo del vagón lleno de heno para dar una generosa mordida a la manzana roja, mirando a Snow a uno de sus ojos. Hubo un largo silencio, en el que ninguno se movía; bueno, la mandíbula de Link sí se movía de comer la fruta, como si esperara algo. Y ese algo ocurrió cuando Snow finalmente se subió con cierto recelo pero con la suficiente determinación como para ir a robarse la manzana de la mano de Link. Ya con la criatura dentro, los chicos tomaron las riendas para hacerlo pasar.
—Cuidado con una patada—indicó Link luego de tragar el bocado de manzana, levantándose y sacudiendo el polvo de su abrigo.
—Gracias—dijo Sheik, un poco más retraída de lo usual, pensó Link.
—No hay de qué; debemos venir durante el viaje a revisar que esté tranquilo—indicó Link, asintiendo con una sonrisa leve. Con todo listo, los tres viajeros entrar al vagón donde estaban los aldeanos con destino a Komolo. Pudieron ver que muchos llevaban en sus manos lo que pudieran necesitar para trabajar en los días del festival del Coliseo, donde había una gran concentración de personas, y muchas oportunidades laborales. El interior de aquella estructura metálica estaba condicionado solo por viejas sillas de madera que servían de asiento. El ruido de la plática entre los civiles se detuvo cuando vieron a entrar a los tres encapuchados, quienes cargaban las cestas de frutas.
—¡Son los Ryder! —exclamó uno de los señores, llamando la atención de los restantes.
—¡Link, escuchamos que habías muerto! —dijo emocionado otro, viendo complacido a los hermanos.
—Estuve un tiempo en la Región Orni; es casi lo mismo—respondió Link, causando varias carcajadas entre los presentes quienes en su mayoría no simpatizaban con los Ornis, tildándolos de agresivos y arrogantes. Entre los presentes había una mayoría de humanos, algunos hylianos, y unos pocos mestizos, considerando la muy leve punta de sus orejas. Sin embargo, ahí dentro no había distinción, todos eran iguales, y pese a la humildad de los presentes, todos mostraban armonía.
—Trajimos para todos—anunció el rubio, señalando el surtido de frutas, haciendo señas a sus compañeras para que lo ayudaran a repartir. Y así lo hicieron; los tres fueron caminando por el vagón, ofreciendo las frutas para las personas que probablemente no habían comido nada en el día. Y en medio de sus limitaciones algunos devolvieron el gesto, entregando panes y galletas de cereales en agradecimiento.
—¡Todos a sentarse! ¡Partiremos rumbo a Komolo! —rugió uno de los maquinistas mientras alejaba a las personas que rodeaban las vías para ponerse en marcha. Las personas se pusieron en sus lugares, los niños comenzaron a corretear para acercarse a sus madres, aunque, poco a poco pudo notarse que no había suficientes asientos para la cantidad de personas que había aglomerada dentro, por lo que varios comenzaron a sentarse en el suelo.
—Tranquilos, el piso es bueno para mi espalda, llevábamos horas viajando a caballo—indicó Link a los presentes, quienes se mostraron espantados de que ellos estuvieran en los asientos, y el líder de los Lynel estuviera en el suelo como uno más. Viviendo aquello como una grandiosa experiencia, Sheik también se sentó en el suelo a un lado de los hermanos, quienes apoyaron las espaldas en la pared del vagón sintiendo la brisa fría correr por las ventanas.
Finalmente los silbidos del vapor dio anuncio a la partida, mientras el tren de carga y pasajeros comenzaba a moverse con ciertas irregularidades que no sorprendieron a los hermanos, pero sí a Sheik, quien sonrió por la sacudida que recibió su cuerpo por un salto que dio el vagón.
—Esto no era precisamente lo que tenía en mente cuando dije que deseaba viajar sin ataduras—dijo Sheik, quien lejos de usar un tono de queja o disgusto, en realidad se sentía animada por ver un contexto completamente diferente al que había vivido siempre.
—Así es viajar; nada es como lo que teníamos en mente—respondió Link, complacido de ver que la Sheik se mostrara fascinada por vivir aquella realidad. De nuevo, la dama puso esa expresión de "touche", al no tener nada para argumentar contra ese razonamiento, que en realidad se le hizo fascinante, y la expectativa de lo que le esperaba se hacía emocionante.
—¡Link, Aryll!—llamaron varios niños que suplicaban permiso a sus madres para volver a acercarse al rubio, una vez que el tren tomó velocidad y era posible caminar sin caer. Los hermanos sonrieron al ver a varios de los chicos y reconocerlos, obviamente los recibieron de buena gana.
—¿Cuándo nos enseñarás a usar la espada? —
—¡No, mejor el arco! —
En base a eso se formó un gran revuelo entre los pequeños, quienes querían establecer quién sería el primer alumno de Link y con cual arma.
—¿Por qué quieren aprender eso? Es aburrido—contestó Link a los niños de diferentes edades, aunque todos estaban claramente por debajo de los ocho años. Los infantes mostraron su consternación al escuchar a su ídolo decirle que usar armas era aburrido; aunque aquello alivió a las madres, quienes oían todo a la distancia. Espantados por tal revelación, los chicos miraron a Aryll buscando saber si Link solo estaba bromeando.
—Sí, es aburridísimo—contestó Aryll con seriedad y encogiéndose de hombros. Privados del apoyo moral de la hermana de Link, los chicos ahora miraron a la otra encapuchada, a Sheik, tratando de buscar que alguien abogara por ellos, aunque fuera una desconocida.
Pero al ver la situación, Sheik aguantó una sonrisa lo mejor que pudo, y asintió repetidas veces.
—Sí, lo es—dijo finalmente la Sheikah con suavidad, causando una entonación de desagrado por parte de los chicos, todos al mismo tiempo.
—¿Entonces por qué ustedes sí las usas? —reclamó el que parecía ser el de más edad entre los niños, buscando objetar, señalando las fundas de los hermanos.
—Porque los sujetos que lastiman a inocentes las usan, y ellos nunca quieren hablar para resolver las cosas, solo quieren pelear. Ni modo que usemos un palo contra sus espadas ¿No? —Para los niños, aquellas palabras de Link eran una verdad aplastante.
—¿Entonces qué haremos nosotros si tú no estás? ¿Usaremos palos? —
—Espero que el día en el que no estemos ya no queden personas que quieran lastimar a otros—aseguró Link, con una determinación muy propia de él.
—Y nosotros que queríamos ser como el Héroe del tiempo… La leyenda dice que usaba espada y arco—se quejó otro de los niños.
—No era lo único que él usaba ¿Por qué no aprenden a usar la ocarina? El héroe solo derrotaba a sus enemigos con las armas, pero ayudaba a todos con las melodías que aprendió en su viaje—La pregunta de Link puso pensativo a los chicos, mientras que Aryll y Zelda observaban la situación con diversión, mientras las madres de los niños se mostraban algo apenadas de la posibilidad de que sus hijos estuvieran molestando a los Lynels. Pero nada más alejado de la realidad.
—Pero no tenemos—dijo una de las menores del grupito.
—En la casona de Komolo tengo varias ocarinas que usaba de niño, vayan después del festival para regalárselos—aseguró Link, sonriendo a los chicos, quienes se mostraron triunfantes e ilusionados. Lo siguiente en la plática fueron bromas y chistes, preguntas curiosas y difíciles de responder, como cuál era el monstruo más feo que habían enfrentado, cual eran las comidas que más le gustaban, o cual era la segunda bestia divina favorita de cada uno.
—Vah Ruta—respondió Sheik una vez llegó su turno de responder después de los hermanos Ryder, en ese pequeño juego de preguntas en el que se habían metido con los pequeños del vagón, todo mientras comían frutas y panes que se compartían los viajeros. En medio de las risas, Sheik pudo notar que un niño que aún estaba en brazos de su madre la miraba fijamente, y al momento de que ella le devolvió la mirada, el pequeño de meses se mostró cohibido, tal vez por la expresión de la Sheikah, carente de emociones por momentos; no obstante, una sonrisa por parte de la dama bastó para que el pequeño a la distancia cambiara su semblante y soltara una risotada entre los brazos de su progenitora.
Aquello hizo que las largas horas de viajes fueran amenas, donde Sheik seguía viendo lo que significaba vivir en ese mundo sombrío y carente de oportunidades, donde muchos no vivían, sino que sobrevivían. Al menos, había personas que estaban dispuestos a dar esperanza incluso con los actos más sencillos. Tenía un claro ejemplo de ello a su lado. La noche se acercaba, y los hermanos acordaron el orden de turnos para que cada uno fuera a revisar que sus tres caballos estuvieran bien, especialmente Snow. A Sheik le correspondió el último lugar, durante la madrugada. Apenas el sol dejó el firmamento para dar paso a la oscuridad nocturna, el tren se detuvo progresivamente hasta detenerse en un trayecto de las vías alrededor de varias montañas que les aportaba seguridad para el descanso de los maquinistas y pasajero.
Con el pasar de la noche la energía de los niños fue menguando, hasta que cada uno fue con sus padres y madres a dormitar en el interior del vagón. Aunque algunos se quedaron a dormir al lado de Link, Aryll y ella, recostándose incluso sobre los hombros de ellos sentados contra la pared del vagón. A juzgar por la posición de la luna, la dama supo que ya era su turno, por lo que tuvo cuidado al levantarse, aunque el sigilo era algo innato en ella. Procuró caminar sin llamar la atención de ninguno de los aldeanos que descansaban. Salió del vagón en silencio luego de verificar que los hermanos siguieran en el mismo lugar. Tuvo que cruzar numerosos espacios y otros vagones de carga de suministros, un total se seis, hasta llegar a los que transportaban a los caballos. De un vistazo ubicó a Epona y Aine, viéndolas tranquilas y más que acostumbradas a esa odisea. Pero no podía decir lo mismo de Snow; se acercó para acariciarlo, viéndolo alzar las orejas y resoplar repetidas veces.
—Prometo que pronto saldremos de aquí, y me ganaré tu confianza—aseguró la dama, acariciando su corcel, determinada a lograr que este sintiera afinidad por su ama. Aunque ese momento de calma se vio interrumpida justo cuando Zelda sintió una sensación incorpórea, etérea, algo que solo un sintiente a la magia podía explicar. Aquello la llevó a mirar a través de la ventana del vagón de los caballos, viendo a la distancia entre los árboles una figura bastante conocía para ella. No obstante, no era físico, más bien se notaba que aquella silueta femenina era una especie de visión. Con premura, Sheik salió del vagón para treparse ágilmente de la sección externa, subiendo con un salto elegante. Estando ya sobre el techo del vagón, se sentón en posición de loto al ver que ante ella volvía a emerger la imagen espectral que había visto a la distancia, visualizando de cerca la figura de Impa ante ella.
—¿No quedarás muy cansada por usar la proyección astral? —preguntó Zelda a su maestra, usando el lenguaje secreto de los Sheikahs, un idioma artificial utilizado para la misiones de guerreros de élite del clan. La dama pudo notar que el tono de broma no había surtido ningún efecto en Impa, quien mantenía aquella tosca expresión.
—Reporte de misión—exigió saber Impa, hablando de forma tosca. Zelda cambió su expresión, entendiendo que algo había sucedido.
—La infiltración sigue el curso planificado, aspiro pronto conseguir la manera de entrar al grupo; aunque, tal vez demore, son bastante ariscos. El alcance de la misión es mucho más amplio de lo estimado; los Lynels tienen afiliaciones con las facciones separatistas de los Ornis, y con Gerudos rebeldes que buscan una revolución regional. Y se pondrá peor… La red de Yigas no estaba transportando esclavos, transportaban prodigios, y experimentaron en ellos con conjuros de necromancia—Cada palabra de Sheik empeoraba la palidez y el temor en la expresión de Impa, quien iba mostrando consternación mientras escuchaba a su alumna a través de un conjuro de comunicación astral, que solo podían realizar dos hechiceros con una afinidad estrecha.
—Por las Diosas…—dijo la matriarca Sheikah, perturbada.
—Lo sé, pero no es lo único que te preocupa ¿Cierto? —cuestionó Sheik, con respeto a su maestra, pero interesada por saber qué tenía tan angustiada a Impa.
—Lo discutiremos después en persona; volviendo al asunto ¿Sabes algo sobre quiénes dirigen a los Yigas? —El cambio abrupto de tema fue un claro indicativo para Zelda de que lo que estuviera sucediendo era delicado.
—Nada, y pienso que en el grupo no saben más que nosotros al respecto, pero tal vez desde adentro puedo encontrar mejores indicios—puntualizó Sheik hablando con sobriedad y determinación, mostrando cierto optimismo en sus palabras incluso en un idioma tan técnico como el que estaba usando en ese momento. No obstante, su expresión se descompuso al escuchar un paso, solo un paso a sus espaldas; incluso para ella, aquel lapso de tiempo fue demasiado breve para reaccionar, su mano solo alcanzó a posicionarse sobre el mango de su katana, aunque no pudo hacer más.
—¿Con quién hablas? —preguntó el recién llegado que estaba a espaldas de la dama. Al escuchar aquella voz, Zelda pudo saber de inmediato que era Link.
Notas Finales:
Amo los cliffhangers... c:
Hola! Cómo están? Espero que este capítulo haya sido de su gusto; esta vez quise explorar un poco más a Link, su posición, responsabilidades, y también parte de lo que es él como personaje, su personalidad y esencia, con defectos y virtudes. Aparte que hemos explorado más del contexto social de Hyrule, y cómo los acontecimientos de capítulos anteriores va escalando; pero especialmente, quiero desarrollar la relación entre los personajes ¿Ansiosos? también yo.
Muchísimas gracias por sus palabras, agradecimientos a Bargo, Sakura y Kera Maelle por sus comentarios :D
Saludos!
