Capítulo VI
El Clan
Los minutos pasaban, y Link pensaba en el hecho de que había que cruzar seis vagones hasta llegar a donde estaban los caballos. No era algo que pudiera hacerse de forma breve, pero la prolongada ausencia de Sheik comenzaba a hacerse anormal. Aryll estaba rendida, al parecer las últimas horas habían sido particularmente agotadoras para ella. Prefirió levantarse en silencio sin despertarla para confirmar que todo estuviera bien con la Sheikah. Recorrió los vagones a paso firme saludando a pocos los operarios que aún seguían despiertos, hasta que cerró la puerta a sus espaldas de donde estaban los caballos. Los animales lo miraron, en especial Epona y Aine. Extrañado de no ver a Sheik, el rubio pudo captar una voz distante ¿Sobre el techo?
No tardó en subirse por la parte externa de la estructura, hasta ver a la dama sentada de espaldas a él, susurrando.
—¿Con quién hablas? —Preguntó él, con un tono de ligera sorna.
Aquellas palabras del rubio causaron una dolorosa opresión en el pecho de Zelda; sentía la adrenalina correr con una rapidez anormal, por inercia su mano ya estaba sobre su espada, lista para atacar. Pero pudo contenerse, vislumbrando como la proyección de Impa se había desvanecido delante de sus ojos; al desconcentrarse, la comunicación se había roto abruptamente. Exhalando de forma muy lenta para serenar sus temblorosas manos, la Sheikah solo chitó. Al ver que la dama lo estaba silenciando, las cejas del rubio mostraron la confusión que sentía; al parecer ella estaba llevando a cabo alguna forma de meditación con un mantra bastante extenso. Sí, los Sheikahs eran extraños, pensó Link.
—Hay almas vagando por estas tierras; necesitan ser escuchadas—Con aquello, Zelda tenía la esperanza de poder excusar su extraño comportamiento con algo que era real; su comunicación con Impa se había detenido por la interrupción, pero los ojos de sangre le permitían ver a las entidades espectrales de mortales que habían perdido la vida, y aún no habían alcanzado el ciclo de la reencarnación; eso los llevaba a vagar en pena por el plano material, con la posibilidad de desarraigarse de aquello que los atara a aquel mundo para lograr alcanzar el renacimiento. La primera impresión de Link era que Sheik era una mujer esotérica; un tanto impredecible. Su voz, en medio del silencio nocturno del bosque nevado, era fascinante; un tanto intimidante, lo que le generaba un morbo inexplicable.
—Pero eso no significa que sean conscientes de su necesidad, solo se aferran a la última voluntad que tenían antes de morir ¿No?—agregó Link, mientras se acercaba unos cuantos pasos más, entendiendo que probablemente tendría numerosos espíritus de difuntos rodeándolos, pero jamás sería capaz de verlos, sentirlos u oírlos. Él no era un prodigio, no había nacido con ese don.
—Así es ¿Cómo lo sabes? —Zelda tuvo que contener el alivio que sintió, ya que al parecer se había logrado zafar de una situación que le había puesto los pelos de punta. Siguió respirando para serenar su pulso por el estrés que sentía al verse casi descubierta, también se recriminó a sí misma por ser tan descuidada, al no haber notado que Link se había acercado tanto durante su comunicación astral con Impa.
—Mi abuela era médium—explicó Link el motivo por el que sabía cómo funcionaba ese mundo, mientras se sentaba en el vagón a un lado de Sheik, mirando el cielo. Aquello llamó la atención, y le reveló a Sheik dos aspectos interesantes del rubio; primero, conocía algos aspectos de esa disciplina mística, y segundo, el hecho de que en su familia hubiera un prodigio al parecer podría explicar el interés de Link detrás de su cacería contra los Yigas y la red de tráfico de jóvenes con don mágico.
—Conocía de leyendas, y estudiaba la clarividencia ¿Había algo que la abuela Ryder no hiciera bien? —cuestionó Sheik, con una sonrisa al recordar que Link había mencionado que su abuela le había contado los relatos del Último Neburí.
—Cocinar; hacía una sopa de lubina deliciosa, pero todo lo demás había que tragarlo sin respirar—
La respuesta de Link sacó una leve risita a Sheik.
—Nunca había escuchado de una abuela sin habilidades gastronómicas—
—¿Las tuyas cocinaban bien? —
—Me habría gustado averiguarlo; no pude conocerlas, murieron antes de que yo naciera—
La respuesta de Sheik propició un nuevo silencio extendido entre ambos, mientras veían que comenzaba a nevar de forma muy leve, aunque a ninguno de los dos pareció preocuparles.
—¿Alguna vez intentaste comunicarte con ellas? —indagó Link, con un tono un poco más cohibido, pero lo suficientemente firme para ser escuchado por ella.
—Muchas veces; pero las almas siguen el ciclo de la reencarnación una vez se desligan de aquello que las atan a este plano—explicó Sheik de forma breve.
—Entiendo—contestó Link, de forma algo simple.
—¿Y tú lo has intentado con tu abuela?—
—No—
—¿No has podido o no has querido comunicarte con ella? —
La pregunta de Sheik era mucho más complicada de lo que Link habría imaginado, hasta que finalmente tuvo que enfrentar la realidad. Los nómadas tenían fuertes raíces en la arte de la comunicación con las almas de sus seres queridos, pero el guerrero sintió culpa al recordar las palabras de Aryll; no se había dignado en bastante tiempo a siquiera visitar las lápidas de su familia. Y mucho menos había recurrido a alguien con capacidades de comunicarlo con sus seres queridos, si es que ellos seguían vagando en aquel mundo.
—Dices que hay almas a nuestro alrededor justo ahora ¿Qué las ata a este mundo? —Sheik pudo notar que Link usó la misma táctica de ella; usar preguntas para evadir preguntas. Ahí se dio cuenta de lo irritante que era; al menos cuando ella era la receptora. Pero no podría culparlo, ella lo hacía con frecuencia. Además, la pregunta de Link era interesante. Una vez más, los ojos de sangre de la dama observaron a su alrededor, volviendo a vislumbrar las almas de personas; abundaba la variedad de razas y edades, diferentes épocas, lo cual era claro por el estilo de las prendas que portaba. El aspecto que tenían era con el que ellos mismo se recordaban; y así permanecerían, desligados al paso del tiempo, atrapados en un limbo al que solo ellos mismos podrían librarse.
—Algunos marchaban buscando una mejor vida, otros huían de la guerra, y siguen pensando que están en peligro. Otros intentan reparar ese tren inservible con la esperanza de volver a casa…—indicó Sheik, señalando a lo último un tren que fácilmente podía llevar más de un siglo hundido en la tierra y la nieve a un lado de los rieles, no obstante, aquellos fantasmas seguían aferrados a la desesperación de repararlo para sobrevivir al invierno. Algo que jamás lograrían, porque el invierno ya había acabado con todo. A Link solo le quedaba intentar imaginar lo que podrían estar sintiendo aquellas almas que no podía vislumbrar de ninguna otra forma que no fuera por las indicaciones de una prodigio como Sheik.
—Algún día serán libres—
—Tal vez sí, tal vez no. Ellos son los únicos que pueden liberarse de aquello que no les permite transcender… Me duele escucharlos, y no tener un nexo con ellos para ayudarles a encontrar alivio a sus almas; algunos pueden escucharme, pero generalmente no logran concentrarse lo suficiente para comunicarse conmigo—expuso Sheik, mientras se levantaba lentamente. Link se mantuvo pensativo, viendo como la dama comenzaba a caminar para descender del techo y volver a ingresar al vagón de los caballos. Un par de minutos después el rubio la imitó, accediendo a la estructura y viéndola acariciar a Snow.
—¿Desde cuando eres capaz de escuchar almas?—La pregunta desubicó a Sheik, ya que realmente no se esperó que Link indagara en algo como eso. Simplemente se mantuvo en silencio durante varios segundos mientras deslizaba sus delgados dedos por las mejillas de su caballo, quien parecía estar más relajado.
—¿Ahora tú me estás investigando a fondo? —Aún estaba un poco resentida de que Link se hubiera cerrado a su anterior pregunta, así que le iba a devolver la jugada, de nuevo.
—Sí. Me sentiré más seguro con nuestra asociación cuando sepa tus fortalezas y debilidades; además, después de todo lo que hiciste en la posada, probablemente hasta sabes cuantos tatuajes tengo—acusó Link, justificándose, y pensando que la Sheikah le había sacado hasta la cuchilla que escondía en su ingle.
—De los cinco, mi favorito es el tatuaje de tu espalda— respondió la joven, mirándolo de reojo con una sonrisa traviesa, recordando cuando lo había revisado en la posada mientras este estaba inconsciente. Aquello hizo alzar una ceja al guerrero. Eso hizo suspirar a Link en un intento de contener una leve carcajada. Suspiró resignado, viendo que Sheik se había puesto a la defensiva, y con toda razón. Además, quiso disimular el leve bochorno que sintió con las palabras de la Sheikah.
—Bien, tú ganas. He pensado en ocasiones buscar alguien que me ayude a comunicarme con mi abuela, y también con el resto de mi familia… pero siento que no tendré la fuerza para despedirme, si es que siguen en este plano. Me gusta pensar que transcendieron, que ya son libres de reencarnar—definitivamente, Sheik no imaginó que lograría que Link revelara algo como eso; no obstante, lo escuchó con atención, y lo miró a los ojos.
—Escucharte a ti y a Aryll podría ser lo último que necesiten para descansar, en caso de que sus almas sigan vagando en este mundo. Si algún día lo decides, puedo ayudarte—puntualizó Sheik. Ella no podía ayudar a las almas que encontraba en su camino sin alguien en vida que tuviera un estrecho nexo con el difunto, para lograr comunicarse y liberarlo de aquel limbo. Zelda podía ser el enlace entre ambos seres queridos, pero nada más. Las almas en pena, con frecuencia, solo podían ser susceptibles a las palabras de un amado en vida por medio de la guía de un médium.
—Sí, tal vez… Te lo agradezco—claramente, Link tenía reservas de enfrentar el sentimiento de culpa por su ausencia durante años por la guerra, siendo libre de volver para conseguir que su familia se había reducido a Aryll, y a nadie más. De nuevo, un silencio prolongado se produjo mientras cada guerrero mimaba con caricias a sus monturas. Fue ahí cuando Sheik se dio cuenta que debía ser justa.
—Bien; mi don mágico comenzó a manifestarse cuando tenía seis años—reveló Zelda, pensando que era equitativo, considerando lo que Link había revelado. Lo que no supo, fue por qué dijo la verdad sobre la edad en la que comenzó a ser entrenada como hechicera; debió haber mentido, pero simplemente fue impulsiva.
Por su parte, Link asintió un poco sorprendido.
—Ya veo—contestó con simplicidad, comenzando a caminar hacia la salida del vagón, abriendo la puerta.
—¿Satisfecho? —indagó Sheik, a ver hasta dónde llegaba la curiosidad del rubio.
—No, aún debo averiguar si tienes tatuajes, por ejemplo—contestó Link, respondiendo también con picardía al frente de la puerta.
—Espero no sigas mis métodos para averiguarlo—comentó Sheik, haciendo mofa del secuestro que ella misma había llevado a cabo contra Link.
—¿Envenenarte? No ¿Llevarte a una posada? Podría ser—dijo finalmente el hombre, sonriendo ligeramente mientras la miraba de reojo. Finalmente se retiró, dejando a Sheik con una clara impresión en su rostro, con la mano estática sobre la oreja de Snow. Hizo sonar su garganta, fingiendo que nada había sucedido, aunque le costara obviar que probablemente sus mejillas estaban más rojos que sus ojos.
Las horas dentro del vagón transcurrieron hasta que los civiles y los maquinistas despertaron, comenzando las labores para reanudar el recorrido del tren apenas el sol comenzó a asomarse en la silueta de las montañas. El bullicio volvió a recobrar fuerza entre las personas, en especial cuando el vehículo reanudó el movimiento para la recta final del viaje. Poco más de cuatro horas bastó para que finalmente se aproximaran a la frontera de Komolo. Los niños del vagón comenzaron a asomarse por las ventanas con curiosidad, trepándose unos a otros con poco cuidado y con una gritería un tanto ensordecedor. Incluso Sheik no pudo resistirse a la curiosidad de asomar ligeramente la cabeza para poder observar las murallas. La estructura a la distancia delimitaba la ciudad rodeada por la ribera; la edificación tenía secciones de diferente antigüedad, materiales de menor y mayor calidad, y una prolijidad variante, que evidenciaba cuales secciones habían sido reparadas con premura, por obreros de menor o mayor experiencia, o con los primeros materiales que habían tenido los habitantes a la mano. También se notaban las zonas que aún se mantenían intactas. Aquellas murallas era una buena metáfora para ilustrar la situación de Hyrule, pensó Zelda. Era la clara representación de que mucho estaban sobreviviendo, no viviendo.
El tren fue acercándose cada vez más, hasta que los rieles se encontraron con un desnivel subterráneo para poder acceder al interior de la delimitación de la muralla. La velocidad finalmente se fue deteniendo conforme ascendían para encontrarse con otra estación, un poco mejor condicionada que la anterior. Finalmente habían llegado a Komolo. El aire y el ambiente eran diferentes; se hizo evidente al momento en el que las compuertas se abrieron para dar paso a la ciudad cosmopolita, construida a los alrededores del mítico Coliseo al oeste de la Ciudadela que alguna vez había sido la legendaria capital del ya extinto Reino de Hyrule; ahora, la ciudadela no era más que un centro económico con nula relevancia política para la Federación de Hyrule. Komolo tenía algo singular, pensó Zelda, eso explicaba la euforia de los habitantes a la espera de la apertura del evento en el Coliseo.
Pero la realidad era diferente para cada persona; quienes estaban en el tren, en su mayoría, buscaban oportunidades aprovechando la aglomeración del festival del Coliseo, y un ejemplo de eso fue una pareja de ancianos en el tren, que con mucho esfuerzo comenzaron a levantar cestas cargadas de ropa tejida a mano para la venta, mercancía que probablemente ellos mismos habían confeccionado para vender en los mercados del evento.
—Permítame—indicó Link con completa disposición, acercándose para levantar la cesta de bastante peso, recibiendo el profundo agradecimiento de ambos ancianos. La acción fue seguida también por Aryll y Sheik, quienes acudieron a las personas que tenían complicaciones para bajar sus pertenencias y cuidar de los niños a su cargo. Pero con un buen trabajo en equipo, los tres lograron a ayudar a varios de los aldeanos a bajar del tren con sus pertenencias.
En medio de esa aglomeración de personas de la estación, muchas se vieron forzadas a abrir paso al ver como se acercaban tres jinetes en caballos de prominente estatura, los tres vestidos con capuchas hylianas y hombreras lustradas con un símbolo muy particular, el de los Lynels. Ese nombre bastó para que muchos incluso rehuyeran de la presencia de esos tres recién llegados que se aproximaron hasta el vagón en el que aún estaban Link y compañía.
—Bienvenido, señor—dijo el que parecía dirigir a los tres jinetes, con un poco de prepotencia, dirigiéndose específicamente a Link. Este último no pareció prestar demasiada importancia a la seriedad de los recién llegados, terminando de bajar la mercancía de los ancianos que estaba ayudando.
—Vamos Vilán, necesitamos ayuda, hay una señora en el vagón que debe bajar sus artesanías de madera—ordenó Link, mientras llamaba por nombre a uno de los recién llegados, mientras se acercaba de nuevo al vagón. Esto hizo que el pelirrojo de prominente copete se quitara la capucha, viendo como el líder de los Lynel restaba total importancia al reencuentro.
—¿Estas bromeando? Vinimos a escoltarte—cuestionó Vilán, mirando a sus dos compañeros. Aryll por su parte solo alzó una ceja, y Sheik simplemente se mantuvo en su posición de curiosa expectante, como siempre.
—¿Tú qué crees? Andando. Corvy, Vestro, muevan el culo también—ordenó Link con dureza; y una simple mirada bastó para que los integrantes de los Lynel entendieran que eran órdenes directas. De mala gana los tres hombres bajaron de sus caballos, y tuvieron que ensuciar sus glamurosas indumentarias para bajar todo tipo de objetos de quienes pudieran necesitaran ayuda en el tren. Eso les llevó otra hora más, aunque recibieron el sentido agradecimiento de las personas, que no dejaron de saludar con la mano incluso cuando los seis guerreros subieron a sus caballos para partir.
—¿Y a qué se debe la compañía de la señorita? —Indagó Vilán, mirando a un costado a Sheik, quien era una completa desconocida para el grupo.
—Soy nueva aliada—informó la dama, con naturalidad. Vilán no supo exactamente qué le había robado el aliento; si la preciosidad de las facciones de la dama bajo aquella capucha, o el hecho de que había una nueva integrante en el grupo sin la más mínima participación de Link hacia el resto.
—¿Qué? —Cuestionó Vilán, deteniendo su caballo, mientras Corvy y Vestro se miraban entre ellos, y los tres clavaban la mirada ahora hacia Link.
—Lo hablaremos en la Taberna de Telma. Muevánse—ordenó una vez más el rubio, agitando las riendas de Epona para dirigirse hacia el destino que había mencionado.
—A mí ni me miren, sé lo mismo que ustedes al respecto—respondió Aryll al ver a los tres sujetos mirándola a ella en búsqueda de respuestas. Aine respondió al movimiento de las riendas para reanudar el trote, siendo seguida inmediatamente después por Zelda, quien solo se despidió con un ademán de su mano de forma un poco burlona mientras Snow empezaba a marchar. Finalmente el trío de hombres tuvieron que espabilar para seguir a sus compañeros, aun cargados con preguntas.
El trote de los caballos no pudo ser demasiado acelerado por el tráfico de personas por las calles, aunque como de costumbre estas vías se despejaban al reconocer quienes estaban pasando por el lugar; el trayecto hasta la Tasca fue vaciándose sin demora, ya que era una zona de control por parte de los Lynels, como buena parte del territorio Komolo. La Tasca de Telma era el centro de apuestas principal dentro de las ciudad, y su cercanía con las zonas de producción la convertía en un espacio de descanso para los trabajadores que estuvieran interesados en dejar algo de dinero en manos de la suerte, deseosos de ver si sus predicciones respecto a las batallas en el coliseo ampliaban aquellas escasas ganancias. Luego de dejar sus caballos a la espera en la entrada, los seis ingresaron al centro de apuestas de la Tasca; el olor a tabaco barato y licor rancio era familiar y casi imperceptible para sus narices. Excepto para Zelda; para ella la experiencia era absolutamente nueva; en más de un sentido, y a diferencia de los demás, no se le vio tan familiarizada al ingresar, aunque seguía haciendo gala de su amplia habilidad a la hora de actuar acorde a la situación.
El bullicio era muy peculiar, y rápidamente el grupo comenzó a dispersarse en ese espacio, incluso Link, quien antes de desaparecer dio una orden muy clara a la dama:
—Ve a la barra privada; pregunta por Telma y quédate con ella. Iré contigo en unos minutos—
Así lo hizo Sheik, quien se acercó a esa zona de la Tasca mucho más pulcra e íntima tras una pared, alejado del bullicio. No obstante, tuvo que sentarse y observar como estaba completamente sola.
Por su parte Link se metió al centro de apuestas, donde resonaban las rupias en los zurrones, moviéndose de aquí por allá, mientras que las filas crecían con mujeres y hombres deseos de hacer valer todas sus supersticiones. Las pizarras de apuestas se llenaban, los sombreros servían como contenedores de rupias y monedas, y el ambiente se volvía tenso mientras que las proporciones aumentaban al comparar un gladiador con otro. Ese era un entorno natural para Link, quien se sintió en confianza para encender con rapidez un cigarrillo mientras veía ese pequeño espectáculo.
—¿Quién es la chica? —cuestionó una voz profunda, femenina, un tanto melosa pero firme. Una voz que Link siempre reconocería.
—Yo también te extrañé, Telma—respondió Link, mirando de reojo a la mujer, de piel morena y contextura fornida por su labor en la Taberna; entrada en sus cincuentas, aunque mantenía un aura jovial pese a su acentuada madurez. La señora se acercó para dar un maternal beso en la frente de Link.
—No tanto como yo a ti, cariño. Pero te hice una pregunta; no cualquiera entra a mi tasca—indicó la mujer con afecto, pero determinación; tal vez también con una pizca de preocupación.
—Es una recluta—
—¿Y qué la hace especial? No creo que sea sólo por su cara bonita—puntualizó Telma, apoyándose en la misma pared de Link, mientras ella sacaba también un cigarrillo; acto seguido, Link había sacado su encendedor de nuevo para ayudar a Telma a encender su cigarrillo de forma caballerosa.
—Es una Sheikah desertora—Aquellas palabras de Link casi hacen que Telma se ahogara con la primera bocanada de nicotina.
—¿Estás demente? —le recriminó la mujer a Link.
—Me lo dicen con frecuencia—
—¿Por qué coño está aquí? —volvió a cuestionar Telma.
—Eso también me lo han dicho con frecuencia—respondió Link, pensando en que irónicamente, Aryll había usado casi las mismas palabras. Telma solo respondió con una palmada directa a la frente de Link, que le hizo sonreír divertido mientras volvía a exhalar el humo de su cigarrillo.
—Te seguiré golpeando con frecuencia si no me contestas—
—Ella puede ser de ayuda en nuestra guerra. Pero no permitiré que sea parte de los Lynels a menos que tú lo apruebes—explicó Link con una claridad bastante típica en él, mirando de forma serena el alboroto que lo rodeaba.
—¿Tienes dudas de las intenciones de la Sheikah? —El cuestionamiento de Telma sonaba muy serio.
—Pienso que dice la verdad; pero Aryll no. Ahí es donde te necesito. Sé que tú y los demás insinuarán que no estoy siendo racional, así que quiero una perspectiva neutra. La tuya—
—No sueles ser racional cuando debes negociar con mujeres hermosas—acusó Telma de forma socarrona.
—No empieces—Link claramente no se sentía cómodo, ya que su postura imperturbable se quebró con las palabras de la señora.
—¿Midna, Riju? —enlistó Telma.
—El punto es…—interrumpió Link, con una mirada asesina. —Necesito de tu criterio. Dejaré la decisión en tus manos; así no habrá influencias de una "cara bonita" en este asunto—terminó por decir el rubio, cruzándose de brazos.
—No cariño, tú eres más de tener debilidad por "culos bonitos" —acusó Telma, con una sonrisa radiante por su mofa.
—Ve y haz lo tuyo ¿Quieres? —dijo Link con bochorno, mirando al costado, queriendo cortar con la recriminación de la mujer.
—Como ordene, comandante Ryder—respondió Telma entre risas, haciendo un saludo militar, mientras se iba a la zona de la barra privada con un objetivo claro. Por mientras, Link terminó su cigarrillo, lanzándolo a bote de basura que tenía a su lado. Exhaló con cansancio, cerrando los ojos mientras dejaba que su espalda se relajara contra la firmeza de la pared. Estuvo unos cuantos segundos así, hasta que sintió una cosquilla en su oreja; al abrir los ojos se encontró con la nariz de un felino olfateando su cabello; el gato de pelaje blanco estaba equilibrándose en el filo de madera de la pared, extendiéndose hasta donde estaba Link. El guerrero no dudó en extender la mano para tomarla con cuidado y sostenerla entre ambos brazos para dejar un beso en la cabeza de la gata de Telma.
—¿Dónde está Link? —preguntó Aryll mientras le preguntaba directamente aquello a su hermano, acercándose a él.
—Aquí estoy—le respondió el guerrero con ironía, mientras acariciaba los laterales de la velluda cabeza de la gata en sus brazos.
—No, no el pulgoso, hablo de Wolf Link—corrigió Aryll, fastidiada de que su hermano siempre hiciera el mismo chiste por el hecho de que el lobo de la Tasca y él tenían el mismo nombre. Link simplemente sonrió divertido; aunque su expresión se fue desvaneciendo conforme veía que Telma ingresaba a la barra privada a interrogar a Sheik, tal como se lo había pedido.
—Estamos en luna llena, seguramente fue a explorar un poco en el bosque—explicó Link con simplicidad, mientras veía con curiosidad como Telma cerraba la puerta a sus espaldas.
Sheik por su parte no se inmutó al escuchar que alguien entraba en el lugar; simplemente se mantuvo sentada en su lugar, y se quitó la capucha con calma mientras veía como Telma entraba en la barra para mirarla de frente.
—Bienvenida ¿Qué puedo ofrecerte?—preguntó la mujer de piel morena, con la naturalidad de una simple tabernera mientras verificaba que tenía los licores básicos al alcance de la mano.
—Buenas tardes; me indicaron que debía preguntar por Telma—respondió Sheik, manteniéndose en la barra, frente a frente a la mujer.
—¿Quién pregunta?—indagó inmediatamente Telma; con aquellas palabras Sheik volvió a dar un breve vistazo en ese espacio, viendo que estaban completamente solas, separadas de la multitud.
—¿Esto es una especie de prueba?—mencionó Sheik, susurrando con una sonrisa emocionada.
—Podría decirse. Te vendría bien no responder mis preguntas con más preguntas ¿Entendido?—acotó Telma con firmeza.
—Entendido. Mi nombre es Sheik—
—¿Sheik? Pero si esa carita tuya tiene tatuada la palabra citadina en la frente—respondió Telma con una risotada contagiosa, lo suficiente como para que a Sheik se le escapara una sonrisa mientras dejaba que sus ojos tomaran el tono color sangre como evidencia.
—Eso sí es más Sheikah de tu parte; me fascinan tus ojitos ¿Qué edad tienes, cariño? —indagó la mujer, con la soltura con la que una tabernera le sacaba la historia de su vida a sus clientes a base de chismes.
—Veinte años—respondió Sheik de forma directa, mientras observaba cada movimiento de Telma.
—Entonces ya estás a punto ¿Quieres un trago? —
—Gracias, pero soy abstemia—respondió de inmediato Sheik, con cordialidad.
—¿Por qué? —aquello sí que le había picado la curiosidad a Telma, quien se sacó el cigarrillo de la boca para poder buscar una botella bajo la barra.
—Es un voto Sheikah; me permite encontrar serenidad y paz interior—explicó Zelda.
—Curioso, yo puedo lograr eso después de mi tercera botella brandy—comentó Telma, mientras se servía un vaso para bajarlo hasta el fondo de un solo sorbo. —Y tres cigarrillos—mencionó la morena inmediatamente después de tragar.
—Cada quien busca su manera de transcender—respondió Sheik con una amplia sonrisa de diversión.
—¿Quieres té? —
—Por favor—
—¿Negro o verde? —
—Verde—
Con el pedido de Sheik claro, la mujer se dio media vuelta para servir de la tetera que estaba constantemente en el calor, colocando con movimientos precisos la taza delante de Sheik. Esta última asintió en agradecimiento, tomando de forma educada y protocolar el recipiente para sorber de forma silenciosa, con modales exquisitos, algo que desentonaba un poco con aquellos delgados dedos ásperos; consecuencia del entrenamiento con la espada, dedujo Telma.
—¿Y qué tienes para ofrecernos? —cuestionó la morena, luego de varios segundos de silencio.
—¿En qué sentido? —
—Para nuestro grupo. Tal vez Link te reclutó, pero es a mí quien debes convencer de que serás útil—explicó Telma, sin ningún rodeo. Eso dejó pensativa a Sheik mientras daba otro sorbo pausado.
—Fui entrenada en cada arte de combate de los Sheikah—mencionó la joven, empezando por lo obvio.
—¿Y en espionaje? —indagó Telma más seria, buscando analizar a Sheik en cada sentido.
—Nunca fui parte de esa división en mi clan; me especialicé en la investigación y la hechicería—Aquello era verdad; en realidad esa era la primera misión de espionaje que se le había asignado. De nuevo hizo gala de una impecable cara de póker, manteniéndose serena a los ojos de Telma.
—¿A qué se debió tu deserción? —preguntó Telma, aparentemente satisfecha por la respuesta anterior.
—No podría considerarse una deserción; busco limpiar a mi clan, y para eso los Yigas deben ser erradicados, juntos con los Sheikah que permiten la corrupción para su propio beneficio. Una vez mi clan sea purgado, mi vida volverá al servicio de los verdaderos Sheikahs. La alianza que les ofrezco es temporal, pero mi colaboración hacia su causa puede ser permanente, si así lo desean—puntualizó Sheik con bastante claridad y sobriedad.
—No buscamos nexos a corto plazo—acotó Telma, con cierta frialdad.
—Sé que este grupo está conformado por personas que no tienen a dónde ir; que buscan un refugio, eso la trajo a usted hasta aquí en primer lugar ¿No? Abre sus brazos para los desamparados, aunque en realidad los necesita tanto o más que ellos a usted. Es un apoyo mutuo, y por lo que puedo ver, es algo que debería aceptar sin temor a que ellos dejen de necesitarla. Tal vez mi nexo sea temporal, pero podría ser significativo, y sé que en el fondo, usted lo sabe—explicó la joven mientras observaba detenidamente el fondo del vaso brandy de Telma; al ver la expresión de consternación de la tabernera, Sheik aclaró: —También practico el ocultismo, el fondo de un vaso revela mucho de las personas—
Al parecer, Sheik era de aquellas personas que eran capaz de descubrir secretos ocultos de las personas con un vistazo a la forma que dejaba la profundidad del recipiente en el que tomaban.
—Ah, vamos, eso también lo puedo hacer—dijo Telma, mientras miraba en el fondo de la taza de té de Zelda—¿Ves ese espacio en blanco en el fondo? Significa que ya te terminaste el té verde ¿Quieres más? —Las ocurrencias de la morena le robaban genuinas sonrisas a Sheik, quien asintió ante el ofrecimiento, mientras miraba como había cierta ansiedad en la expresión de Telma tras su expresión juguetona, tal vez porque Sheik había usado sus habilidades místicas para saber un poco más de la naturaleza de la tabernera.
—Sí, por favor—
—Y bien… ¿Algo más? —indagó Telma mientras servía el té directamente en la taza de Zelda.
—Eso es todo. En resumen, como guerrera me he comprometido a luchar por la causa de esta hermandad, facilitar todos mis conocimientos, y respetar sus principios en pro del cumplimiento de nuestros objetivos—agregó finalmente Sheik, queriendo ser clara.
—Eres tan formal, cariño, debes relajarte un poco. Debo admitir que me convenciste, pero que seas abstemia no te salvará de aprender a servir las cervezas correctamente cuando sea tu turno—puntualizó Telma, mientras sacaba más de diez tarros limpios que no demoró en llenar uno a uno directo del barril justo cuando varias personas comenzaron a ingresar a la zona privada de la barra, estando entre los primeros Link y Aryll.
—Les presento a la nueva cachorra de los Lynel—dijo Telma al terminar de servir los tarros para ofrecerlos a los recién llegados, entre los que estaban soldados rasos, los hermanos Ryder, Vilán, Corvy y Vestro. Particularmente estos últimos no se veían del todo conformes por la situación, aunque se vieron interrumpidos antes de dar sus cuestionamientos.
—¡Link! ¿Cómo estuvo el viaje? ¡Oye, debes ver esto!—Una nueva voz se abrió paso en el lugar, al momento de que la puerta se abrió y cerró de nuevo para dar paso al que faltaba; por sus facciones se podía ver que era un loruleano de cabellos oscuros e iris verdosos, con abrigo esponjoso y una gran bufanda con capucha púrpura. Al estar tan concentrado con su libro contable no se percató del brindis que iban a hacer los presentes, ni mucho menos de la nueva miembro. Simplemente se dirigió hasta Link, mostrando los registros de los ingresos.
—¡La mesa de apuestas del norte está que arde! Todo el mundo enloqueció al saber que trajiste una gladiadora Gerudo para el Coliseo ¿Cómo lograste convencer a Riju de enviar a una de sus amazonas? Oh… Esperen ¿Brindis? No me digan que se me olvidó un cumpleaños—Aquella descarga de palabras por parte del recién llegado hizo sonreír a Link.
—Tranquilo Ravio, no olvidaste ningún regalo. Solo es la bienvenida a una nueva aliada—explicó al hombre de baja estatura, quien extrañado tomó el tarro de cerveza que le ofrecían, dando un sorbito.
—¡Hola! ¿Eres la nueva? —preguntó Ravio con curiosidad, acercándose a Sheik.
—Así es—Respondió ella, asintiendo con buena gana.
—¿Aliada? —Corvy finalmente interrumpió, mostrando su disgusto por aquello.
—¿Cuándo pensabas avisarnos de esto, Link? —exigió saber Vilán, mostrando su inconformidad con el asunto.
—Les estoy avisando ahora ¿Algún problema? —con un cinismo muy propio de él, Link se mostró un tanto descarado al reconocer que sí, había tomado la decisión sin consultar a nadie más que a Telma y a Aryll.
—No, señor—respondió finalmente Vestro, en nombre de sus dos amigos.
—Con ese punto claro, les presento a Sheik. Con ella de nuestro lado, tenemos mejores posibilidades para cazar a los Yigas—con aquellas palabras de Link, todos los presentes se miraron entre ellos unos instantes, hasta que Vilán se atrevió a decir lo que más nadie se animó.
—Primero nos pasaste por encima con tus negociaciones con las Gerudos y los Ornis, aun así lo toleramos ¿Pero ahora con Sheikahs? Un día de estos nos vas a pedir comer del mismo plato de los Twilis—se quejó Vilán, sembrando algo de discordia en el grupo. Link y Telma se miraron, y la mujer solo abrió los ojos de forma desorbitada mientras se bebía su tarro, al saber que Link ya tenía un trato cerrado con la princesa Twili que ni siquiera Aryll conocía. La joven Ryder notó ese intercambio de miradas en la tabernera y Link. Por su parte, Ravio y Zelda tomaban sorbitos de su bebida mientras miraban como simples espectadores el intercambio de palabras tensas.
—¿Y? —quiso saber Link, al ver que sus subordinados daban vueltas en círculos en el tema. Mientras, Aryll ya se había bajado hasta el fondo aquel tarro de cerveza fría.
—Otro, Telma, por favor. Ponle algo de vodka—pidió Aryll, queriendo nublar sus sentidos para no explotar en medio de la tensión en la que estaba atrapada.
—La incorporación de reclutas es algo que debería someterse a votación—señaló Corvy, tragando grueso, pero queriendo mediar en la situación. Mientras, Aryll dio un sorbo de su trago potenciado.
—Así se hizo, las únicas tres personas con voto aquí son Telma, Aryll y yo. Esto es una cadena de mando, y ustedes reciben órdenes, no sugerencias. Si no les agrada, saben dónde está la puerta. En cambio, si están dispuestos a luchar para ganarse el derecho a opinar, entonces tomen un tarro y brindemos por nuestra nueva aliada—dijo Link, mientras Aryll ponía los ojos en blanco al pensar en que su voto sencillamente había quedado anulado con la aprobación bilateral de Link y Telma de recibir a la nueva que no llevaban más de un día de conocer. Sí, conocía a su hermano y Telma, y por eso sabía que todo aquel espectáculo era una simple carnada para dar la impresión a Sheik de que ya era parte del grupo, y en caso de ser una espía, era cuestión de tiempo que diera un paso en falso. Todo lo que quedaba era esperar y observarla; el tiempo diría si realmente era de confianza, o una infiltrada. Hasta entonces, a Aryll no le quedaba más que complementar la pequeña farsa de su hermano, para saber si la Sheikah era o no una espía.
—Por los Lynels—anunció Link, mientras levantaba su tarro de cerveza, observando de forma minuciosa cada movimiento del trío que lo había cuestionado. Para su satisfacción, vio como los tres tomaban un tarro y lo alzaban para el brindis, en señal de rendición. El resto de su gente lo imitaron, incluido Ravio y Telma. Al final, Sheik levantó delicadamente su taza de té para unirse al brindis, rodeada de ásperos tarros de cerveza negra.
—¡Por los Lynels! —
Para Sheik, la sensación de estar en una nueva cama era extraña; no era simplemente por el hecho de que casi toda su vida había acostumbrado a dormir en un futon, en esos esporádicos momentos en los que descansaba. En la mayoría de las ocasiones acababa dormitando en una mesa, con sus libros y documento a modo de almohada durante sus extensas sesiones de estudio e investigación, que la hacía víctima de toscos regaños de Impa. Tal vez, la sensación de vacío que experimentaba era el resultado de estar lejos de lo que conocía; el sentimiento de desconfianza que le generaba el entorno y el conjunto de personas con las que debía colaborar para un propósito específico; filtrar información que pudiera ser útil a la hora de enjuiciar a los hermanos Ryder y sus colaboradores. Nada más, nada menos.
No obstante, había algo más que no cuadraba desde la perspectiva de Zelda; tal vez era la forma en la que se habían desenvuelto las cosas, la inestabilidad, o incluso la relativa facilidad que había tenido su misión hasta esos momentos. Todo aquello la mantenía alerta, refugiada en una habitación que le habían asignado para ella sola en los pisos superiores la tasca. Sí, incluso tenía su propio cuarto, con un baño para ella sola, el cual ya había utilizado. Una larga ducha con agua que ella misma había calentado con magia le habían permitido intentar despejar su mente de aquella confusión que sintió al mirarse al espejo, y por un momento, no reconocerse a sí misma por culpa de aquel conjuro que modificaba su aspecto a los ojos de todos.
El baño en la tina de madera había destensado sus músculos y la rigidez de su cuerpo, pero su mente seguía a toda máquina; tal vez por la incertidumbre de lo que le esperaba. Aunque ella lo atribuía a algo más simple; intentó incluso recostarse en el piso, sobre su futon de viaje, viendo si la extrema suavidad de la cama de la habitación era la causa de su incomodidad. Pero no, no fue el caso. Su resignación finalmente hizo que se levantara de la cama con cierta frustración, deseosa de explorar su entorno y tal vez calmar su ansiedad conociendo un poco más del espacio que la rodeaba, espacio que al parecer pasaría a ser su morada, una morada que debía compartir con sus supuestos aliados, y verdaderos enemigos.
Las sombras eran sus aliadas, deslizándose por el trayecto de las escaleras hacia el espacio central donde se seguían atendiendo a los clientes habituales; sin llamar la atención la dama se movió por la zona de la barra privada donde había recibido aquella extraña "bienvenida", hacia una puerta en particular que había visto que conectaba con un pequeño jardín, al estar medio abierta en el brindis. El espacio estaba rodeado de altas delimitaciones de madera que marcaban la propiedad de la tasca; parecía ser bastante íntimo, por lo bien cuidado que estaba el césped, la iluminación, y la presencia de varios asientos de madera. No obstante, la sensación que sintió no fue de tranquilidad… Sintió una opresión en el pecho que le dificultaba respirar, intentando reponerse a ese repentino estado de alerta que no podía comprender. Su mirada subió al cielo, orientada por su naturaleza mística hacia lo que sentía que le generaba el malestar, pero en el firmamento solo estaba la luna llena.
La dama comenzó a meditar en lo que había sentido, y el por qué, pero no llegaban a su mente ninguna respuesta lógica; y aquella divagación fue interrumpida al escuchar el paso de una criatura detrás de la estructura de madera, acompañado de gruesos gruñidos; aquella figura sobrepasó los límites con un ágil salto, con el destello de sus ojos azules en medio de la oscuridad. La bestia cuadrúpeda corrió por el jardín con la voracidad de un depredador en búsqueda de acabar con su presa. La enorme criatura de pelaje gris se aproximó lo suficiente como para poder atacar con sus colmillos a la dama; pero no lo hizo. Los ojos rojizos de Sheik miraron fijamente a la criatura, que comenzó a revelar sus colmillos mientras olfateaba de forma áspera y anhelante. A través de las paredes Link pudo escuchar los gruñidos, por lo que sintió la sensación de adrenalina al reconocer perfectamente la naturaleza de esos sonidos bestiales. Con rápidas zancadas atravesó la barra privada, accediendo por la puerta al jardín, acercándose a la pasiva confrontación entre Sheik y aquel lobo de gran tamaño.
—Quieto—ordenó Link con firmeza, viendo también a la criatura a los ojos.
—Tranquilo—respondió Sheik a Link, mirando de reojo al rubio con tranquilidad, para inclinarse ante el lobo que había buscado atacarla inicialmente. Aquella criatura de evidente ferocidad se mostró quieto, cubriendo sus colmillos con el hocico mientras miraba con curiosidad a Sheik, permitiendo que la joven deslizara su mano a través del pecho pelaje del pecho del lobo. Eso sorprendió a Link, al ver la repentina docilidad del lobo cuando la dama se inclinó ante él, comportándose como un cachorro que anhelaba las caricias.
—No parece ser salvaje… ¿Es tuyo? —preguntó Sheik con curiosidad, jugueteando con una de las orejas de la criatura, quien parecía encantado con las administraciones.
—Algo así, a veces nos acompaña en los viajes; y viene cuando no logra cazar nada. Me sorprende que aún tengas todos tus dedos—dijo Link, viendo con ligeros celos como el lobo se dejaba acariciar con tanta confianza de una desconocida.
—Hermoso ¿Tienes nombre? —cuestionó Sheik a la bestia, como si el lobo pudiera responderle.
—Link—
—¿En serio?—
—No se nos ocurrió nada más—dijo Link, encogiéndose de hombros.
—¿Cómo podré diferenciarlos? Tienen ojos azules, se llaman Link, y los dos casi me arrancan los dedos—dijo Sheik en broma, mirando de reojo al rubio, haciendo referencia al momento en el que Link la atacó en la posada.
—Wolf Link es más peludo que yo; y babea cuando lo acaricias—respondió él, sonriendo divertido mientras guardaba el cigarrillo que tenía en la mano y que no había alcanzado a encender por el susto de que Wolf Link pudiera herir a Sheik.
—Aún no te he acariciado para confirmar que no lo hagas—indicó con picardía la Sheikah, algo que hizo a Link sonreír ligeramente mientras se sentaba en una de las sillas del jardín.
—Podría morder; por algo tomaste tantas precauciones cuando me capturaste ¿No? —de nuevo, Sheik pudo ver aquella mirada tan propia de él, de depredador. No obstante, su sonrisa, se desvaneció ligeramente al sentir de nuevo aquella opresión en el pecho; como si sus sentidos clamaran a la expectativa de algo que aún no era capaz de presentir.
—¿Sucede algo? —preguntó Link, al reconocer esa mueca de ansiedad de la Sheikah; Wolf Link bajó las orejas mientras observaba a Sheik erguirse.
—Cansancio, supongo. Solo necesito aire—se excusó ella, ya que realmente no era capaz de explicar la causa de aquellos repentinos ataques pánico extremadamente breves.
—Deberías descansar—
—Soy nocturna; me gusta ver las estrellas. Además, tenía curiosidad de ver cómo te desenvolvías aquí—agregó Sheik, con soltura en sus palabras.
—¿A qué te refieres? —
—Las personas soy muy diferentes cuando están en su hogar; se les ven más vulnerables, auténticos—explicó la Sheikah, como si tuviera las palabras en la punta de la lengua.
—Así que me sigues investigando a fondo—dijo Link, mirando a Sheik con aparente sorpresa.
—Pensé que teníamos un acuerdo tácito al respecto; tenemos una alianza y mucho que perder en nuestros respectivos bandos—se justificó la dama, mirando de nuevo a Link a los ojos.
—¿Qué te hace pensar que veo este lugar como una casa? Soy un nómada, no tenemos hogar—indicó Link, como si buscara indagar en lo que pensaba Sheik, y confirmando la declaración previa de ella al no objetar nada al respecto.
—El hogar de un guerrero es aquel lugar donde no necesita portar su espada; y la verdad, es la primera vez que te veo sin una—indicó la hechicera, hablando con propiedad y evidencias, señalando que el rubio no portada su funda—Aunque me imagino que tendrás dagas bien guardadas—agregó inmediatamente después la joven, con picardía.
—Las cambié de lugar; pero no necesitas envenenarme de nuevo para buscarlas—explicó Link, mostrándose malicioso con sus palabras, aunque pudo notar que Sheik no le estaba escuchando; y Wolf Link había perdido todo rastro de docilidad. Ambos estaban mirando a lo mismo, Link incluso pudo notar como los ojos rojos de la joven reflejaban el lucero del cielo. Pero la delicadas facciones de Sheik mostraban un gesto que él no había visto en ella; pánico, miedo.
La ansiedad que denotaba el rostro de ella, de forma tan repentina en plena conversación se le hizo perturbador, hasta que él mismo pudo entender en carne propia a qué debía el abrupto cambio de actitud de la hechicera y el lobo. Link pudo notar como una esencia susurrante y densa comenzaba a invadir el ambiente, como si la esencia de entes de ultratumba comenzaran a tomar el control del plano material. Aquella era una sensación que el rubio comprendía perfectamente, la había experimentado en el pasado. Sintió la gélida descarga de adrenalina que hizo arder sus sentidos, en un estado de alerta que no podía controlar. Su cuerpo tembló fuera de control, mientras veía como un destello carmesí cada vez más intenso se reflejaba en los ojos de Sheik.
El miedo comenzó a invadir a Link, girándose ligeramente sobre su asiento, intentando convencerse de ver a la luna, para intentar averiguar si no estaba sucediendo lo que creía que estaba sucediendo. Pero para su desgracia, los ojos de Link enfocaron como la luna llena de esa noche se había bañado en rojo como la sangre, irradiando un aura de malicia.
—Eso es…—murmuró Sheik, con voz quebrada, al no tener el aliento necesario para decir el nombre de aquellos fenómenos espectrales de necromancia en estado puro.
—La Luna carmesí—confirmó Link, con voz profunda y carente de vitalidad al estar en shock. Sheik por su parte por fin comprendía a qué se debía sus recurrentes ataques de ansiedad en las últimas horas, una premonición de su cuerpo ante el peligro. El suelo comenzó a temblar ligeramente, causando los gruñidos instintivos de Wolf Link ante el movimiento de las capas tectónicas, aunque inmediatamente después, la criatura alzó sus orejas, silenciándose repentinamente cuando un rugido demoniaco y espectral arrasó con su eco a los alrededores de Komolo, proveniente del centro.
—Es imposible… La luna carmesí alcanza su cenit cada cien años… El último fue hace una década—murmuró Sheik, en trance, perdiendo el color en su rostro por lo que estaba sucediendo.
—Hace diez años, en un día como hoy—La voz y la expresión de Link se habían vuelto sombrías, al rememorar lo que había sucedido en la última luna carmesí, en aquella misma fecha. Un fenómeno que históricamente se pautaba una vez cada siglo, estaba ocurriendo apenas una década después de la última tragedia, durante la gran guerra.
—El Coliseo fue construido sobre el territorio de un Lynel—mencionó Link con firmeza, llamando por fin la atención de Sheik, cuando por fin ambos estaban saliendo del estupor de lo que estaban a punto de enfrentar. Se miraron a los ojos, mientras que la esencia de malicia los rodeaba, avivando las almas de los demonios que recuperaban sus cuerpos luego de diez años inertes.
—Los civiles…—recordó Sheik, con voz carente de fuerzas, mirando a Link mientras ambos se levantaban, intentando prepararse para el asedio demoníaco que comenzaría.
—Todos estamos rodeados por una muralla, con un Lynel que revivirá en cualquier momento—explicó Link, mientras se daba cuenta como la mayor fortaleza de Komolo se estaba convirtiendo en la mayor desventaja que podía haber en esas circunstancias. Los gritos de los aldeanos comenzaron a volverse ensordecedores, en conjunto a los rugidos demoníacos de los seres de la oscuridad.
Notas Finales:
Hola hola! Estas últimas semanas han sido las más alocadas que he recordado en mi vida, en todos los aspectos posibles, pero hice hasta lo inimaginable para tener este capítulo listo a tiempo; el mes está terminado, y con él numerosas responsabilidades que finalmente podré darles cierre, y tener de nuevo más libertad de redactar a gusto los capítulos.
Esta entrega en particular busca, evidentemente, dar conclusión al micro arco introductorio de los primeros capítulos y a su vez dar la introducción de nuevos personajes relevantes. Disfruté mucho de hacer los diálogos tensos y vibrantes que tienen Link y Sheik ewe Ya que estamos en Octubre, quise darle un toque espectral a este capítulo ¡Y no podía dejar por fuera a Wolf Link! Claramente es una referencia a la dinámica que tenemos en BOTW al usar el Amiibo de Wolf Link, en la que tenemos al lobo como una mascota, compañero de viajes y batallas, me encanta. Aunque no es la única dinámica de Breath que veremos, la Luna Carmesí vuelve a brillar otra vez, y ya sabemos lo que eso significa...
Muchas gracias por los comentarios a Bargo, vrave1 y Kera Maelle, de verdad que sus palabras son una gran motivación a la hora de escribir :D
Feliz Halloween!
Nos vemos!
