Capítulo VII: La Luna carmesí
Diez años atrás…
Los reinos y gobiernos que habían tomado el rol de beligerantes en aquella gran guerra recibían constantemente exigencias de paz por parte de infinidad de organizaciones que desestimaban las causas de aquella guerra que se había encendido por los centenarios resentimientos de varias sociedades del continente en contra de Hyrule y su colonialismo. Exigían el alto al alzamiento de las armas, una tregua indefinida en la búsqueda de la mediación pacífica, de la búsqueda de una solución para enmendar las profundas cicatrices que la Corona Hyliana había reabierto con las campañas de reconquista impulsadas al momento de la coronación del último regente, retornando a los antecedentes imperialistas de Hyrule que aparentemente se habían superado con las iniciativas independentistas ideadas por el anterior Rey. Todas las labores diplomáticas para el reconocimiento de Reinos y Estados emergentes del colonialismo, con el compromiso de nula injerencia por parte de Hyrule, habían sido destrozados con las reconquistas militares realizadas en la vísperas de la coronación, lo que había marcado el inicio de la larga guerra entre Hyrule y sus antiguas colonias, dispuestas a luchar por la independencia que ya habían obtenido, y que poco o nada les había durado.
Aquel cruento conflicto finalmente se había detenido por una abrupta tregua, pero no por las motivaciones que clamaban los pacificadores. La luna teñida de sangre había interrumpido por completo las divisiones y las acciones de los beligerantes, convirtiendo aquello en un asedio demoníaco en la que debía prevalecer los más aptos para sobrevivir en un mundo que observaba como las almas de los seres de la oscuridad recuperaban el cuerpo físico en un ritual tan antiguo como las mismas bases del Reino, un fenómeno que ni los más prodigiosos hechiceros y alquimistas habían logrado entender a plenitud. Al menos, no los que repudiaban la genuina naturaleza de la luna carmesí.
Para Ganondorf Dragmire, aquella era la tercera Luna carmesí desde que había venido al mundo; su nacimiento había tenido lugar en pleno de una invasión demoníaca que había marcado la historia del reino durante las siguientes décadas. Tal vez su potencial en la magia negra era resultado de haber venido al mundo en la noche de la luna de sangre; o quizás su nacimiento había sido un vaticinio de aquella fascinante tragedia a los ojos de aquel que desde el instante en el que había venido el mundo, estaba destinado a regir sobre la salvaje e indomable región del desierto y a quien fuera que lo habitara. Observar en retrospectiva aquellos acontecimientos era un deleite para el Gerudo, que podía observar el contexto histórico, social y militar de aquellos sucesos.
No obstante, en aquella ocasión no pretendía limitarse a estudiar, observar y registrar todo lo que podía suceder. Esa vez, estaba dispuesto a permitir que la esencia de aquella manifestación demoníaca del Gran Cataclismo tomara posesión de él, tal como lo había clamado su alma desde el instante en el que nació. En la privacidad de aquella cueva en medio de la densa nevada, el colosal cuerpo de Ganondorf continuaba levitando, como si las fuerzas elementales de la existencia no tuvieran autoridad de someterlo a la gravedad, como a los demás mortales. El brillo de la luna carmesí invadía la oscuridad de la cueva, envolviendo al Gerudo, y amplificando su sensibilidad nata a la esencia mística que lo había convertido en un prodigio en la hechicería desde que tenía uso de razón.
Ante él, estaba una figura inerte que podría ser la inspiración de las pesadillas más siniestras que pudieran existir, al grado de privar de cordura a aquel que lo experimentara. Un Lynel plateado estaba levitando ante Ganondorf, carente de vida, chorreando sangre negra desde las numerosas heridas recientes que había sufrido hasta perder la vida que había recobrado gracias a la luna. Resaltaba la herida ocasionada por un largo tridente de grabados muy propios de la cultura Gerudo, que atravesaba a la bestia desde el pecho y emergía de su espalda, empalándolo por completo. El cuerpo de la bestia parecía sufrir espasmos, estímulos nerviosos en un intento de recobrar el aliento de vida, y todo esto era causado por la intervención de Ganondorf. El hechicero usaba su propio cuerpo como un canalizador de la esencia de la luna carmesí, y la proyectaba hacia el cuerpo del demonio que había sucumbido ante su poder, en un intento de replicar y controlar el conjuro que la luna realizaba de forma natural cada siglo. Ganondorf buscaba realizar el ritual de necromancia, y por medio de este someter al Lynel a su control y voluntad. Sin embargo, el intento fue insuficiente, ya que el cuerpo fresco de la bestia cayó violentamente al suelo, mientras Ganondorf levitaba con lentitud hasta ponerse de pie, secando con cuidado los rastros de sudor gélido que se había acumulado en sus sienes.
—Mi Lord—inquirió una voz mesurada y escueta, tal vez algo temeroso y exhausto, la cual Ganondorf reconoció de inmediato a sus espaldas.
—¿Fue una cacería fructífera? —cuestionó Ganondorf a Aster, encarándolo finalmente, mientras que con sus manos palpaba la humedad que el Gerudo sentía en un costado de su vientre; la hemorragia del regente había estado bajo control, pero el uso de sus habilidad de nuevo habían hecho que la herida comenzara a sangrar. No obstante, su armadura cubrió aquella zona vulnerable del rey del desierto, quien se dio vuelta para encarar a su segundo al mando.
—Así fue; aunque las bajas son significativas—explicó Aster, observando a la distancia el Lynel que Ganondorf había cazado por su cuenta en la luna carmesí. En cierta forma, Aster no comprendía a qué se debía el hábito de su señor de hacer preguntas de las cuales ya conocía la respuesta; suponía que tal vez era una forma de leerlo, más allá de las palabras.
—¿Quién dio el golpe de gracia al Lynel del este?—quiso saber Ganondorf, mientras tomaba su tridente y lo arrancaba con dureza de la anatomía del inerte Lynel, quien siguió tiñendo de negro el suelo a los pies del Gerudo.
—Nabooru Qari—contestó Aster, de forma inmediata.
—Vistan a la guerrera con la piel del Lynel como dictan las tradiciones; luego encárgate de que Kogg esté a tiempo para movilizar los cuerpos de las bestias a los laboratorios; infórmale que el Lynel del norte será…—las palabras de Ganondorf siempre daban la impresión de ser decretos escritos sobre la piedra; no obstante, el hombre perdió el aliento mientras sentía algo que jamás había creído experimentar. Una sensación repentina de vacío, que lo había llevado a interrumpir sus órdenes.
—¿Mi Lord? —claramente Aster pudo notar el abrupto cambio en la postura de su amo.
—¿Quiénes fueron enviados al territorio del Lynel del norte? —
—Como usted lo solicitó, se asignaron los escuadrones de segunda en los poblados circundantes del territorio del Lynel; las bajas de civiles y militantes justificará la solicitud al Rey Harkinian de enviar refuerzos especializados—puntualizó Aster, queriendo detallar su diligencia a la hora de obedecer las órdenes recibidas.
—Dime los nombres de los que dirigían al batallón—volvió a cuestionar Ganondorf, sintiendo como una presencia que instantes antes estaba latente había desaparecido por completo de sus sentidos.
—El comandante Rusl Fields; y su segundo al mando, Link Ryder ¿Sucede algo, mi Lord?—Aster procuraba mantener la objetividad y su servidumbre, no obstante, la situación era anormal.
Ganondorf miró a los ojos de su fiel sirviente, expresando por primera vez intriga, y también fascinación.
—De un instante a otro dejé de sentir la presencia del Lynel del norte…—comenzó a decir Ganondorf, cerrando los ojos para volver a intentar concentrarse, aunque el resultado fue el mismo. —De alguna forma, ese grupo de soldados fueron capaces de cazar al Lynel blanco—confirmó finalmente Ganondorf, infundido una gran consternación en Aster al escuchar tal revelación de su amo; era inaudito.
Aunque cansados y mal alimentados, temblorosos por el frío y débiles por el asedio constante de los demonios resucitados, los soldados del batallón tuvieron que obedecer órdenes, y seguir a Ganondorf hacia los poblados del norte para realizar un reconocimiento de la zona donde había resucitado el tercer Lynel. No obstante, solo Aster y Ganondorf conocían la verdad; encontraría a aquel milenario demonio sin vida; el verdadero propósito de la movilización era averiguar lo sucedido. El protocolo establecido en medio de la crisis dictaba que debía incinerarse cada cuerpo de los demonios para evitar que la influencia de la luna carmesí volviera a reanimarlos, aunque era evidente que el Rey del desierto y su fiel sirviente tenían objetivos propios y secretos, conservando varios cuerpos demoníacos de gran valor para sus experimentos de necromancia.
El grupo de soldados era un conjunto de etnias bastante peculiar; no eran más de veinte individuos, donde predominaban en número las Gerudos, un par de Sheikahs, y el restante lo conformaban algunos Hylianos. Todos dirigidos por Ganondorf, quien encabezaba la formación, atraído por la incógnita que estaba a punto de explorar, una respuesta que lo esperaba al otro lado de aquella colina en la que estaban ascendiendo. Y una vez en la cima, pudieron observar una imagen que fue perturbadora para la gran mayoría del escuadrón. Las aldeas ardían en llama, con el mismo vigor de la leña de una fogata; pero lejos de ser una luz vigorizante, aquellas llamas que consumían las edificaciones también devoró la voluntad de los soldados; el olor a sangre, piel y colágeno quemado, y la nieve negra por la ceniza fue suficiente para que más de uno desviara la mirada, desmoralizados.
Sin embargo, Ganondorf había fijado su atención a algo más; a la distancia en el espacio entre el escuadrón y el primer poblado, podía observarse la figura de un individuo que se movilizaba de forma lenta, dejando un rastro rojizo en la nieve con cada paso. Con una indicación silenciosa del Gerudo, el grupo descendió en la colina sobre sus caballos, hasta poder observar con mayor detenimiento a aquel que caminaba detenidamente, como alma en pena en aquella región. Era un joven de cabellos rubios, parcialmente chamuscados por el fuego al que había sobrevivido, con el semblante manchado de una repugnante mezcla de suciedad, lodo, sangre, y vísceras. Su armadura y prendas con los símbolos de Hyrule a duras penas cubrían su malherido cuerpo, y sus metálicas grebas tintineaban por el temblor de las rodillas del joven que seguía caminando sin cesar, en trance, aferrándose a un instinto primitivo que lo orillaba a seguir moviéndose; tal era su desconexión con la realidad que no se percató de la cercanía de aquella tropa.
—Rusl… No te duermas… Debes darles los regalos a tus hijos cuando volvamos a casa…—Esas fueron las únicas palabras de Link que pudieron escuchar los soldados al bajar de sus caballos ante la orden de Ganondorf, quien también descendió de su imponente montura de pelaje negro y crines de tono vivaz como el del fuego que había consumido lo que quedaba de las aldeas. Link siguió balbuceando por la carencia de fuerzas, y el semblante caído. Sus dos brazos estaban tras su torso, cada mano tirando de un peso por separado, cargas que seguían marcando de rojo el suelo por el que pasaban. Link notó a los soldados cuando estos se aproximaron lo suficiente con cautela; aquello hizo reaccionar al rubio, quien lentamente alzó su rostro y los miró, un semblante similar a dos zafiros hundidos en fango, sin ningún brillo. Link era la clara imagen de los horrores que la guerra hacía sufrir a los soldados. Arrastrado por un instinto de supervivencia, el guerrero soltó la carga de su mano izquierda, intentando tomar su espada con sus dígitos temblorosos, pero el frío había hecho que su hoja se atorara en la funda. Esa interrupción a su repentino intento de ataque a los soldados de la alianza hyruleana le permitió darse cuenta que los recién llegados eran aliados, no enemigos. No obstante, la mirada de Link se perdió en la del líder de toda la división. Sabía quién era; el rubio había sufrido del estricto y cruel régimen de entrenamientos y requisitos que Ganondorf Dragmire imponía sobre los soldados a su mando.
—Reporte de misión—la voz del Gerudo era similar a la fiereza de un ensordecedor trueno en una noche tranquila, que generaba una tensión involuntaria en quienes lo escuchaban. Link no fue la excepción, bajando la mirada al darse cuenta que había cometido una infracción al mirar a los ojos a su superior en la cadena de mando.
—Todos… los soldados murieron… Por favor, ayuden el comandante Rusl, intenté detener el sangrado…—Link intentaba gritar, manifestar todo lo que sentía por medio de su súplica, pero su cuerpo no respondía; no pudo evitar caer sobre sus rodillas. Los soldados se mantuvieron expectantes, a la distancia, viendo como Ganondorf y Aster se acercaban al joven hyliano. El Gerudo se aproximó a una de las cargas que Link estaba arrastrando, una gran alforja manchada de fluido negruzco. La habilidad de telequinesis de Ganondorf le permitió abrir aquella alforja y hacer levitar lo que había en el interior, algo que hizo que varios de los presentes volvieran a desviar la mirada, mientras el Rey de las Gerudo veía lo que había traído Link; la cabeza del Lynel blanco.
—Incinérenlo por favor… Que no quede nada—rugió sin fuerzas el rubio, refiriéndose a la cabeza del demonio que había traído para asegurarse de que fuera convertido en cenizas, y evitar así su resurrección.
—¿Cuántos quedan del batallón? —preguntó Ganondorf al rubio.
—Ninguno… Cuando inició el asedio, casi todos mis compañeros murieron por el primer ataque de esa puta bestia…—respondió Link, con la garganta áspera luego de haber inhalado humo durante horas. La respuesta de Link hizo que Ganondorf volviera a ver de perfil al joven, notando el brillo de sus guanteletes, un brillo plateado, con un rubí incrustrado, una gema mágica con un conjuro de fuerza física.
—Así que tú fuiste el joven que superó la prueba de la Diosa de la arena…—confirmó Ganondorf para sí mismo, al reconocer aquellas reliquias que Link estaba usando. Los guantes de plata era el tesoro del Templo del Espíritu, que debía ser entregado a aquel que sobreviviera a los espejismos del desierto. Ganondorf había escuchado que un hyliano había recibido tal reconocimiento durante su ausencia en el desierto. Link por su parte no respondió, simplemente continuó intentando aferrarse al poco aliento que podía reunir sus pulmones a tal altitud y bajas temperaturas.
—Me temo que no hay nada que pueda hacerse; se ha ido—mencionó Aster de forma repentina, luego de usar sus conocimientos para buscar signos vitales en el cuerpo el hombre que había sido arrastrado por Link en la nieve para buscar ayuda. Aquellas palabras hicieron que Link actuara de forma brusca, dándose la vuelta y arrastrándose para acercarse al cuerpo de su mentor.
—¡No! No… Rusl, responde, arriba… Arriba ¡Ahora! ¡Ayudenlo!—la imagen de Link agitando el cuerpo de aquel hombre entrado a sus cuarentas, pálido por la pérdida de sangre que lo había arrastrado a una muerte lenta, fue de nuevo una sensación desagradable para los presentes que se mantenían expectantes. Ganondorf levantó la mirada.
—¿Fuiste tú quien dio el golpe de gracia al Lynel? —La pregunta del Rey de las Gerudos pasaba por encima de los alaridos del joven que intentaba aferrarse a la esperanza de que Rusl pudiera salvarse, de que pudiera sobrevivir, pero aquello se estaba quebrando lentamente, junto con la poca fortaleza mental que le quedaba a Link. Bastaba observar como el fuego del Lynel habían consumido las piernas de Rusl hasta el tuétano, y como uno de sus brazos estaba retorcidos al punto en el que el hueso se había desprendido, y lo que sostenía la extremidad al resto del cuerpo sin vida era solo los escasos tejidos musculares que no se habían desgarrado en aquella amputación parcial causado por la batalla con los demonios.
—Rusl murió…—la respuesta de Link iba hacia Ganondorf, su superior, con un tono de reproche, de desprecio. Ira y rabia que iba materializándose en un nuevo atrevimiento por parte de Link; miró a los ojos dorados del Gerudo, con desdén, asqueado de ver cómo aquel rey en esos momentos solo indagaba en el desenlace de una batalla que había sido zanjada con un precio extremadamente alto; como si aquello fuera un juego para el Gerudo, una simple cacería.
—Felicidades; eso te convierte en el nuevo Comandante del batallón Fierce—Las palabras de Ganondorf habían sido pronunciada de forma sutil, cargadas de una ironía déspota, acompañada de un claro desprecio al valor de las vidas que se habían perdido. Link no respondió con palabras; sus manos temblorosas crujieron conforme fue convirtiéndolas en sólidos puños, sintió como el encantamiento de sus guantes encantados le entregaba un último resquicio de fuerzas, fuerzas que hizo explotar con la ira que sentía hacia las palabras de su general. En el fondo, Link sabía que aquello era un suicidio, pero en medio de una descarga de adrenalina de esa magnitud, al borde de morir por sus propias heridas, renunció a todo vestigio del miedo que le tenía a Ganondorf Dragmire. Se alzó con un rugido casi animal, saltando directamente hacia el cuello del Gerudo; tal vez intentaría apuñalarlo, estrangularlo, arrancar su garganta con las dientes, no tenía idea; lo único que deseaba era infringirle dolor, el mismo dolor el cual el noble fingía ser inmune.
Pero sus deseos no pudieron cumplirse, ya que en el instante en la que pudo tomar el ancho cuello del Gerudo, este reaccionó con fuerza bruta para tomar la garganta del rubio que cupo perfectamente en la amplia palma del rey del desierto, y sin ninguna dificultad, Ganondorf simplemente azotó el cuerpo de Link contra el suelo, generando un clamor de dolor y desesperación por parte del joven, que cayó tendido de perfil, mirando directamente hacia el rostro de Rusl que había dejado de sangrar por la inactividad de su corazón. Pero su dolor no se detuvo; se mezcló con la humillación, al observar como los soldados presenciaban cada detalle en silencio, especialmente cuando Ganondorf se acercó para pisar con fuerza la sien de Link contra el suelo, ejerciendo presión en su cráneo mientras su rostro seguía bastante cerca del cadáver de Rusl. Por inercia Link cerró sus ojos, no queriendo ver el pálido rostro carente de vida de su mentor.
—¿Fuiste tú quien dio el golpe de gracia al Lynel? —La pregunta de Ganondorf se repitió con la misma formalidad previa, mientras ejercía más presión sobre el cráneo del joven, con tal de estimularlo con el dolor y que no se desmayara, no aún. Pero no hubo respuesta para el Rey.
—¿Eres mudo, Ryder? —exigió saber Ganondorf, aligerando y aumentando la presión de su bota metálica contra la cabeza de Link para dosificar el dolor.
—No, General…—respondió finalmente Link, en señal de rendición, con la esperanza de recibir piedad.
—Lo serás si vuelves a responderme con silencio—
—Sí, General—
—¿Fuiste tú quien dio el golpe de gracia al Lynel? —repitió por tercera vez el Gerudo, palabra por palabra. Aquella tortura tenía a Link al límite, respirando con dificultad, y sintiendo nauseas por el sabor ferroso de la sangre que comenzaba a invadir su boca.
—Sí, General, fui yo—aceptó Link, diciendo la verdad. Sus compañeros quedaron reducidos a pilas de carne quemada, otros fueron perseguidos por demonios en su huida, y Rusl nada pudo hacer para asistirlo en la batalla al estar mal herido.
—Abre los ojos—ordenó Ganondorf al joven, observando cada detalle, cada movimiento, y cada respuesta del débil cuerpo del chico. Aunque éste no obedeció, sabiendo lo que vería si se dignaba a abrir sus parpados.
—Abre los putos ojos antes de que te los vacíe con una navaja—La advertencia de Ganondorf fue acompañada de más presión en el cráneo de Link, comenzando a lastimar los músculos de su mandíbula. Con el pasar de los segundos, el joven obedeció con recelo, viendo los ojos entreabiertos de Rusl. Su respiración se volvió irregular, al borde de los sollozos al poder observar con tanta cercanía el rostro del hombre.
—Tal vez, solo tal vez, si hubieras sido más rápido, más listo, más fuerte, habrías hecho una mayor diferencia, quizás tu comandante, el batallón o parte de los civiles seguirían con vida. Pero no dejaste nada más que cenizas tras de ti—reveló Ganondorf con dureza, mientras observaba como los demonios revividos no estaban explorando la zona; eso solo se debía a un motivo, no habían más vidas que arrancar en esas aldeas.
Aquellas palabras Link las escuchó detenidamente, mientras miraba a Rusl, y fluían lágrimas en sus ojos en silencio.
—La sangre derramada a causa de tu debilidad e ineptitud siempre estará en tus manos—
—Sí, General—respondió Link, sin lograr contener un ahogado sollozo.
—El mortal que enfrenta a un Lynel y prevalece para contar su triunfo es un ser que debería estar muerto. Tú y yo no estamos vivos, Ryder. Ambos hemos mirado a los ojos de la muerte, y le dimos el golpe de gracia. Cada segundo en el que sigues aquí, cada inhalación y exhalación que des ahora me pertenece. Por lo que si vuelves a ponerme las manos encima, te arrancaré todo lo que cuelgue en tu cuerpo para alimentar a mis bestias ¿Entendido, maldito nómada de mierda? —dictaminó Ganondorf, asegurándose de que todos los presentes recordaran aquello.
—Sí… General…—las fuerzas estaban abandonando a Link, sintiendo como su vista se volvían borrosa.
—La Luna carmesí apenas está comenzando; tenemos mucho por hacer, Comandante Ryder. Ahora eres un cazador de Lynels—anunció Ganondorf, liberando por fin a Link de la presión sobre su cráneo, dándole una patada cargada de repugnancia, que hizo que el joven ya parcialmente inconsciente quedara encima del cuerpo de Rusl, como un cadáver más.
—Arrástrenlos hasta el campamento. Aster, viste al chico con la piel de su presa—ordenó Ganondorf, permitiendo por fin que sus aquellos soldados enmudecidos se movieran.
—Como desee, mi Lord—respondió Aster; siendo aquellas las últimas palabras que Link pudo escuchar, mientras todos los sonidos se volvían superfluos e irreconocibles; sus sentidos estaban difusos, aunque sus ojos seguía captado con claridad solo una cosa; el brillo de la luna de sangre, que era un recordatorio de todo el dolor que estaba sintiendo, de todo el martirio que en ese momento lo había privado de sus deseos de vivir.
El pecho de Link ardió al inhalar con tanta fuerza, con desesperación, sintiendo como su corazón latía de forma dolorosa, como si estuviera ahogándose, hundido en aquel frenesí de recuerdos que lo acosaban. Todas aquellas memorias lo invadieron al momento en el que sus ojos azules habían enfocado al brillante carmín de la luna, rememorando una de las tantas noches de la guerra que deseaba arrancar de su mente. Su siguiente acción fue exactamente la misma que Sheik; con grandes zancadas, casi como si no tocaran el suelo, los llevó a ingresar a los salones de la tasca, seguidos por Wolf Link. Lo que los atraía eran los estridentes gritos ásperos y desesperados al visualizar como las calles de piedra labrada comenzaban a rasgarse para permitir que emergieran los demonios que respondían al llamado de la luna. Con desesperación, varios de los soldados de Link y muchos clientes de la tasca comenzaron a aglomerarse en las puertas, colocando sillas y mesas para obstaculizar el paso y evitar que la creciente estampida de demonios ingresara, luego de ver cómo algunos desdichados habían intentado salir, y habían sido devorados por algunos demonios que aun buscaban carne entre los huesos restantes.
—¡A un lado, ahora! —Link no había escuchado ese tono de voz de Sheik; era similar a un grito de guerra, a un comando que guardaba similitud a lo que cualquiera pudiera imaginar al escuchar los relatos sobre los designios que las Diosas habían dado directamente a los mortales. Junto a sus palabras, las manos de la Sheikah habían comenzado a generar un orbe de tonalidades verdosas en cuestión de segundos, preparando un conjuro. Por la tonalidad del hechizo, Link dedujo instantáneamente lo que la hechicera planeaba.
—¿¡Estás loca!? —reclamaron algunos de los que estaban ejerciendo todas sus fuerzas en conjunto para mantener la barrera, mientras varios de los demonios ya habían logrado perforar la entrada con sus extremidades.
—¡Háganlo! —Ahora era la orden de Link la que secundaba la indicación de la dama; a la par, el resto de los compañeros del rubio se habían acercado, encabezados por Aryll, que parecía un fantasma andante, estimulada solo por su instinto. Traía entre sus manos solo lo básico; un par de escudos y un par de espadas, lanzándole a Link uno de cada uno, objetos que el guerrero tomó en el aire con soltura, preparándose para lo que venía. Las personas que sostenían la barrera se miraron entre ellos, retrocediendo en pánico y resignación para huir, lo que causó que los demonios no demoraran en lo absoluto en abrirse paso y rugir.
Aunque su asedio duró poco, ya que al tener el camino despejado, Sheik liberó el orbe de magia elemental, que se proyectó en un vendaval de viento de Farore en forma de halo condensado que barrió al grupo de demonios que intentó ingresar a la tasca; aquella magia generó filos en el viento, que hirieron de gravedad a varios de los demonios que recibieron de lleno el impacto, siendo reducidos a tajos deformes. Aquella distracción bastó para que el grupo de Link se reorganizara, todos equipados con sus armas. Las indicaciones y palabras no fueron necesarias, los alaridos suplicantes de civiles inocentes en las calles que bastó para iniciar el contrataque.
El grupo salió, siendo liderado naturalmente por los hermanos Ryder y Sheik. Los primeros demonios que intentaron atacar fueron dos moblins que igualaban en altura a las paredes de las casas; al estar recién resucitados, quedaban bastantes zonas de su anatomía carentes de carne y articulaciones. Sus armas eran los filos de sus colmillos y garras, y lo primero que pudieron tomar entre las pertenencias de los aldeanos. Link y Aryll antepusieron sus escudos en plena marcha, desviando los embates de los demonios que habían tomado vigas de las lámparas de aceite de las calles como garrotes. La guardia perfecta vulneró a las dos bestias, bastando para que cada hermano atacara a la debilidad de estos entes oscuros; su pobre equilibrio. Los dos guerreros dieron cortes precisos con sus espadas, mutilando los pequeños pies de las criaturas, que les hizo tambalear en medio de rugidos de dolor.
Aunque no les dio oportunidad de caer por completo. Como si se tratara de un felino al ataque, Sheik había aprovechado la abertura defensiva de los hermanos para saltar sobre ellos, y con un grácil giro en el aire hizo un corte horizontal con su katana sobre su propio eje, alcanzando los cuellos de los Moblins. Los cuerpos de los entes tocaron el suelo solo después de que sus cabezas rodaron por el piso. Sheik no había tenido oportunidad de aterrizar cuando aprovechó para dar un tajo diagonal que desprendió en dos el cuerpo de un Lizalfo que se había escondido tras los Moblins para atacar por sorpresa, cubriendo al resto del equipo. Apenas los pies de la dama tocaron el suelo, se dio un cuarto de vuelta para decapitar a otro Bokoblin que en conducta de enjambre había dejado sus presas en búsqueda de abrumar al enemigo. No obstante, su cabeza ni siquiera había tocado el suelo para comenzar a rodar, cuando ya Sheik había reanudado la ofensiva buscando su siguiente oponente, el cual quedó dividido en tres pedazos con dos cortes sutiles y mortíferos de la dama, que hacía un prodigioso uso de las técnicas Sheikah.
—¡Muévanse, busquen alguno de los accesos subterráneo de escape! —exclamó Link a una familia de cinco que habían estado a punto de ser masacrados. El rubio no tuvo oportunidad de recuperar el aliento luego de su grito, ya que tuvo que anteponer su escudo al darse cuenta que un Bokoblin estaba alzando un hacha entre su retaguardia y su costado. Su escudo se interpuso para desviar el ataque y deshacer el balance de la torpe criatura, antes de girar y acertar el filo de su instrumento directo a la garganta del monstruo, desprendiendo la cabeza. Pateó el cuerpo para hacerla a un lado y poder ver lo que tenía que enfrentar. Cinco Lizalfos habían logrado librarse de las angostas aberturas del suelo, enfilándose para atacar en grupo a Link. El guerrero exhaló, quitándose los mechones de la frente mientras guardaba su escudo, tomando su espada de doble filo con ambas manos, preparándose para cambiar su modalidad de combate.
Aquello no era una batalla honorable, con principios, mucho menos había límites. Era una lucha de supervivencia, donde sus oponentes eran seres con una enfermiza e inagotable hambre que los llevarían a arrasar todo a su paso mientras existieran. Había experimentado aquello demasiadas veces durante en la guerra como para temblar o perder el aliento ante el miedo. Muy en el fondo, lo ansiaba. El correr con violencia, dejándose llevar por el frenesí, permitió a Link desarrollar la suficiente velocidad para ganarle a los afilados reflejos de aquellos reptiles demoniacos, al cortar el delgado torso del primero que lo enfrentó, seguido por otro tajo ascendente con el que desmembró el cuello de la criatura. Giró su espada ahora con una única mano, llevándola tras su espalda para bloquear el corte de las garras de un segundo lagarto, aprovechando el impulso para volver a girar la espalda balanceando su cuerpo, abriendo así de forma transversal el cráneo del Lizalfo gracias al filo de su arma.
De nuevo comenzó a correr hacia el tercero que también se dirigía a él, no obstante, este aprovechó el impulso para deslizarse por el suelo, pasando entre las piernas del demonio, y cortando una de las extremidades de las bestia. Ahora impulsándose hacia atrás, el guerrero se alzó sobre sus manos en un movimiento acrobático que hacía uso de su agilidad para ponerse de pie y evitar el ataque de los dos Lizalfos que quedaban y habían intentado atravesarlo con sus venenosas garras. Sin dudarlo enterró su espada en la cabeza del lagarto que estaba sin pierna, empalando el cráneo contra el suelo para luego retroceder y así evadir los colazos y las fauces de las dos bestias que quedaban. El retroceso le sirvió para tener oportunidad de volver a armarse, tomando sus dos navajas del cinturón para estar listo. El primero en confirmarlo fue uno de los Lizalfos, que recibió el filo del puñal de Link directo en uno de los ojos. Una patada bastó para hacerla a un lado en medio de su agonía, para permitirle al rubio ir por el último que le quedaba. Bloqueando o evadiendo con velocidad los ataques del Lizalfos y sus garras, Link fue capaz de ir mutilando varios puntos específicos de la anatomía de la criatura, en su mayoría tendones, que fueron entorpeciendo los movimientos del demonio.
Esa desventaja la dejó indefensa ante una apuñalada directa de la cuchilla izquierda de Link a la yugular, dejando a la criatura inerte y sangrante en el suelo. Media vuelta de Link bastó para encarar al Lizalfo que solo había recibido una puñalada en un ojo. Como si se tratara de una máquina carente de emociones, el rubio giró una de las navajas entre sus dedos, lanzándola con soltura para acertar directo a la garganta de la criatura, matándola en el acto. Un suspiro permitió que Link recobrara el ritmo, girando su navaja restante para lanzarlo con fuerza, clavándola a un costado de la cabeza de un Bokoblin que se había acercado peligrosamente a Aryll por la retaguardia a la distancia. La susodicha no tuvo oportunidad de agradecer, ya que tenía sus propios problema con dos Bokoblin de un grupo de ocho que ya había matado, pero estos últimos seguían resistiéndose. Una combinación precisa de bloqueos con su escudo de contextura ligera sirvió para abrirse aberturas defensivas que aprovechó con apuñaladas de su espada de doble filo. Un corte dividió las piernas de uno de los dos demonios, que visualizó como su verdugo le abría el cráneo y vacía su contenido con un tajo seco. El Bokoblin restante intentó aplastar a Aryll alzando sus dos brazos, no obstante, eso permitió que la rubia enterrara su espada en el pecho de la criatura, y alzara el filo para abrir el cuello de la bestia y acabar con su vida.
Por su parte, Sheik proyectó un conjuro eléctrico que paralizó a un grupo numeroso de demonios que se vieron privados de movimiento durante pocos segundos, instantes suficientes para que la dama recorriera un camino entre ellos con la velocidad de una sombra, privándolos de vida con cortes limpios, como si se tratara de una parca recolectando almas. Vilán y sus dos compañeros mantenían abiertos los flancos, cumpliendo la labor de lanceros en aquella batalla repentina. Sin embargo, aquella cobertura no evitó que inevitablemente el grupo fuera retrocediendo hasta formar un círculo de forma progresiva conforme se veían rodeados por el creciente número de demonios. Link estaba listo para enfrentar un Moblin azul con creciente tonalidad blanquecina, denotando la influencia de malicia que estaba dominándolo, y que lo hacía peligroso. Arrancó su espada de la cabeza de una de sus últimas presas, tomando el escudo de su espalda de nueva cuenta. Con determinación y firmeza comenzó a generar un estridente sonido de choque metálico entre su espada y escudo de forma sincrónica y repetida, llamando la atención de la nueva criatura.
Un hábito que lo acompañaría el resto de sus días, ya que el ritmo del sonido era uno que los soldados de la caballería acostumbraban hacer antes de iniciar una batalla durante la gran guerra. No obstante, Link no tuvo que intervenir, ya que observó cómo Wolf Link había corrido para prendiéndose al cuello del Moblin al clavar sus toscos colmillos, que le permitió arrancar de tajo la carne del cuello del demonio y acabar con éste.
—Todos abajo, ahora—De nuevo aquella autoridad nata de Zelda, que hizo que todos miraran por instantes a sus compañeros durante la batalla, evadiendo y atacando, notando que el retroceso los había llevado a estar rodeados. Se observaron, como si buscaran aprobación por parte de Link, quien asintió al ver cómo un nuevo orbe se formaba entre las manos de la hechicera, una esfera de energía que parecía emular la irradiación de sol, ardiente como del desierto. A la mínima señal de Zelda, el grupo retrocedió aún más y se inclinaron a la altura de sus propias rodillas, mientras la dama liberaba la energía del fuego de Din en forma de una onda expansiva. Dicha onda se abrió hasta alcanzar a los demonios que los estaban rodeados, y apenas se activó, la energía calorífica incineró de cintura para arriba a los demonios. Lo único que cayó al suelo fueron las piernas chamuscadas de los demonios.
—Debiste iniciar con eso—dijo Aryll en voz alta, dirigiéndose a Sheik, en medio de la repentina quietud luego del poderoso ataque que había erradicado un buen número de entes.
—Nos necesitaba cerca para protegernos, o sino también seríamos cenizas—indicó Link a Aryll, explicando por experiencia a qué se debía que la Sheikah hubiera esperado hasta ese momento. Por su parte, Vilán, Corvy y Vestro, con el resto de soldados estaban con las manos en las rodillas en un intento desesperado de oxigenar sus pulmones. Aunque la tregua no duró más que unos pocos segundos; intensos temblores comenzaron a sacudir el suelo, como si respondieran al llamado de Lynel que estaba por resucitar en el Coliseo del centro de la ciudad. Enormes manos comenzaron a emerger de la tierra, extremidades de titánicas proporciones que comenzaron a desgarrar el suelo de Komolo debido al tamaño de los demonios que estaban reviviendo. Aquello generó una notable palidez en el rostro de los guerreros, al ver como desde diferentes flancos de ese circulo que habían formado, comenzaban a visualizarse por encima de las edificaciones a un grupo de colosales cíclopes.
—¡Vuelvan al edificio!—ordenó Link, viendo que no tenían posibilidades atacando desde abajo. El grupo no mostró ápice de objeciones, ya que todos corrieron de vuelta a la tasca para poder cubrirse y buscar otras alternativas. Estando detrás del grupo, Link se aseguró de que no se quedara ninguno atrás.
—¿Puedes conjurar un amor de Nayru? —habló Link con firmeza, dirigiéndose directamente a Sheik.
—¿De cuál proporción?—Sheik asintió, lista para recibir las indicaciones, aunque unos gritos infantiles interrumpió el diálogo; las miradas se dirigieron al callejón al otro lado de la calle, en donde podía verse a un niño a solas entre la esencia demoniaca avivada por la luna.
—Lo más grande que puedas, ciérralo cuando el niño esté adentro—retomando su posición luego de dar la orden, Link comenzó a correr saliendo de nuevo de la edificación, cruzando la calle infestada de cadáveres y nuevos demonios que comenzaban a resucitar para reforzar el asedio. Aprovechando su impulso, el rubio fue capaz de acabar con varios en su camino con cortes lineales sin pausar su recorrido hasta alcanzar el callejón donde el niño se encontraba abrazado de sus piernas en un rincón. El intento inicial por tomarlo de los brazos solo causó que el infante se sacudiera violentamente, ocultando el rostro en medio de terror que sentía.
—Oye, tranquilo, mírame; soy como tú; debemos alejarnos de estos monstruos—aunque sus palabras denotaban premura, Link intentó inspirar confianza, logrando que el niño lo viera para confirmar que no era un demonio. Sin más tiempo para asegurarse de haber convencido al pequeño, Link lo tomó con algo de rudeza, debido a que estaba escuchando claramente como varios Moblins se estaban acercando.
—Cierra los ojos y cúbreme las espaldas—indicó Link al niño en un intento de calmarlo y hacerlo sentir útil, haciendo que este se trepara a sus hombros, aferrado a su retaguardia. El tiempo escaseaba, por lo que Link tuvo que retroceder para evadir el azote de uno de los brazos del primer demonio que se había acercado, dado un corte preciso en el codo de la criatura para cercenar el antebrazo en seco, aprovechando la conmoción para dar un tajo que alcanzó la garganta de la bestia, generando una aparatosa hemorragia que lo obligó detenerse. Una ventana que Link aprovechó para correr con el peso adicional sobre su espalda, dirigiéndose de regreso a la tasca, donde pudo ver como un enorme cristal de energía celeste comenzaba a materializarse, rodeando toda la edificación. No obstante, al barrera del amor de Nayru que Zelda estaba conjurando aún no se había materializado, a la espera de que Link ingresara junto con el pequeño para culminar el hechizo.
El trayecto de Link estuvo a punto de ser interrumpido por un segundo Moblin, aunque este se detuvo en seco al sentir como una nueva daga de Link había sido lanzada, enterrándose entre sus ojos y perforando su cabeza. La distracción fue suficiente para que el guerrero lograra cruzar el camino hasta la puerta de la tasca, entregando al niño a Vilán. Una última sílaba en hyliano antiguo por parte de Zelda bastó para que la barrera reluciente como el cristal se solidificara, convirtiéndose en una barrera sólida que mantuvo el interior del edificio a salvo de los demonios que comenzaban aglomerarse alrededor. De nuevo, las manos de Sheik comenzaron a seguir el ritmo de un nuevo ritual, mientras pronunciaba un conjuro en el idioma de los Sheikah, que comenzó a convertir el cristal de la barrera mágica, celeste como el cielo para tornarse rojo como la misma luna al activarse el hechizo de espejo dictado por la hechicera. Como si estuviera reflejando la energía del astro carmesí, la barrera de gran tamaño que Zelda había conjurado ahora emanaba al exterior la misma energía que estaba absorbiendo de la luna de sangre. Aquello causó un efecto inmediato, los Hinox y los demás demonios de la zona dejaron de seguir trayectos erráticos, sintiéndose todos atraídos por el nuevo foco de la energía oscura que estaba reflectando la barrera.
—La buena noticia es que con este conjuro atraeré a los demonios hacia la barrera y le daremos oportunidad a los civiles de huir—explicó Sheik, viendo que tenía encima la mirada de los presentes que notaban por la ventanas como las pisadas de los Hinox se acercaba hacia ellos luego de que la barrera se tornara rojiza, sin saber si eso era muy bueno, o muy malo. Mientras, Telma y Ravio estaban terminando de sacar a los civiles que se habían refugiado en la Tasca por el acceso subterráneo de escape que tenía la edificación debajo de la barra de licores.
—Déjame adivinar, la mala noticia es que ahora todos los putos demonios se nos vendrán encima—interrumpió Aryll, ayudando a sacar al niño que Link rescató para que pudiera unirse al resto de civiles que estaban escapando bajo tierra por los ductos construidos por los habitantes de la ciudad durante la guerra.
—Es correcto—aseguró Sheik con pesar, mientras veían como los Hinox estaban más cerca, mientras los demonios menores comenzaban a aglomerarse contra el escudo mágico en roba de rombo. Todos los integrantes del equipo se movilizaron, comportándose como autómatas adiestrados por el frenesí de la guerra; abrieron los baúles a los laterales de la barra, donde todo el grupo pudieron conseguir lo básico para protegerse. Hombreras y guanteletes en conjunto con armaduras modificadas que recubrieron su anatomía para lo que se vendría.
—Telma, Ravio, ayuden a los civiles a través de los túneles hasta que estén fuera de las murallas; Vilán, Corvy, Vestro, dividan el grupo entre los tres y tomen los bulevares, muévanse bajo tierra, ayuden a evacuar a quien sea que siga en las calles—La afirmación de todos fue inmediata; se movieron apenas Link terminó de hablar, metiéndose por el acceso en el suelo de la tasca, cada uno con una labor específica. El suelo volvió a vibrar cuando los tres Hinox resucitados estaban rodeando la barrera mágica, comenzando a golpearla con agresividad.
—¿Qué tienes para nosotras? —cuestionó Sheik, al ver que solo quedaba ella, Sheik, y Link dentro de la edificación, con los demonios desesperados por atravesar la barrera y devorarlos.
—Necesitaremos armamento pesado—Aquellas palabras fueron pronunciadas por el rubio mientras daba largas zancadas hasta la zona privada de la barra, rompiendo la pared con una brusca patada al no tener tiempo para activar el sofisticado mecanismo que había creado Ravio para ocultar las pertenencias de los hermanos. Con la pared rota, Sheik observó cómo Link metía la mano para tirar y traer consigo un pesado baúl que cayó ante los tres. Aryll no demoró en abrirlo para observar el contenido. Sin dudarlo, los hermanos tomaron cada uno lo que le pertenecía, particularmente Link, que tomó aquel abrigo de piel de Lynel blanco confeccionado por Aster después de su primera cacería de Lynel en la anterior luna carmesí. Aryll sostuvo su prenda, poniéndose la piel de Lynel rojo que había derrotado meses atrás y que la había hecho merecedora de usarlo. Las prendas eran increíblemente útiles estar hechos con la piel y pelaje de Lynel, inmunes al fuego y la magia, habilidades propias de estos demonios que los convertía en oponentes temidos.
El temblor del suelo seguía, mientras Sheik preparaba sus kunais con sellos, su katana, y sus conjuros. Los hermanos Ryder también se equiparon de forma adicional; Link tomó los Guantes de oro, la reliquia Gerudo de la que se había adueñado durante sus aventuras durante la guerra, y que le conferían una fuerza superior; de igual forma, Aryll se colocó los Guantes de plata que había heredado por parte de su hermano, aunque estos habían sufrido modificaciones para ajustarse a la contextura más delgada de los brazos y manos de la guerrera. Aquellos objetos mágicos les daría la fuerza física que requerían en esos momentos.
—Necesitamos enfrentarlos desde la altura—indicó Link mientras tomaba su espada y escudo colosal, al igual que Aryll. Con arcos y ballestas en mano con sus respectivas aljabas de flechas, estaban listos para ascender, al igual que Sheik. Subieron las escaleras de la tasca a toda la velocidad posible, dirigiéndose a la terraza para ascender al tejado y dirigirse hacia el centro, viendo como los Hinox se comportaban aún más erráticos al verlos.
—¿Sabes qué hacer? —cuestionó Link a su hermana.
—Voy por el ojo y luego por la yugular, lo tengo—explicó ella, mostrando seguridad, aunque en realidad, las rodillas le estaban temblando ligeramente al ser la primera vez que enfrentaba un Hinox; Link asintió, teniendo que enfriar su mente, dejar de lado la ansiedad que sentía de no estar directamente al lado de Aryll en lo que estaban a punto de empezar. Cada guerrero encaró a uno de los Hinox, mientras estas fieras continuaban intentando enterrar sus garras y colmillos en la superficie de la barrera mágica.
—Desactiva el conjuro, y comenzaremos el ataque a tu señal—indicó Link, mirando de reojos a Sheik, dándole aquella responsabilidad.
—¿Listos? —cuestionó la Sheikah a los hermanos.
—Claro que no—dijo Aryll como reproche a la pregunta de Sheik, en un intento de controlar la adrenalina, recordarse que seguía viva, aunque estaba a punto de encarar a la muerte. El rugido bestial de los tres demonios colosales les recordó que aquello.
—¡Ahora!—
La orden de Sheik parecía haber sido un estímulo eléctrico para los músculos de los tres guerreros, que comenzaron a correr lo más rápido que podían, cada uno dirigiéndose a su propia presa, que seguían retenidas al borde de la barrera. El recorrido frenético los acercaba cada vez más a la orilla del techo de la edificación. Una sola palabra de los labios de Sheik inhabilitó la barrera en un parpadeo, dejándolos frente a frente con los demonios. Los tres guerreros saltaron desde las orillas del tejado, sintiendo un angustiante vacío en sus corazones al momento en el que sus pies se encontraron el vacío, mientras sus cuerpos se movían en el aire gracias al impulso de sus marchas, directo hacia las bestias que anhelaban su sangre.
Notas Finales:
Hola hola! Esta capítulo fue particularmente especial para mí escribirlo, aunque desafiante en distintos aspectos; luego de desarrollar numerosas incógnitas en los primeros capítulos que sirvieron de introducción de esta historia, comenzamos a explorar más detalles del pasado de Link, los antecedentes de la guerra, y la implicación de Ganondorf y la Corona Hyliana en el inicio de este conflicto. Como pueden darse cuenta, en este relato se ha cumplido la frase "La historia la escriben los vencedores", y es que pese a sus intensiones ocultas, Ganondorf ha demostrado seguir siendo una figura respetada, como vimos en capítulos anteriores, a pesar de lo que ha hecho. No obstante, vimos parcialmente algunas de las interacciones que Link y Ganondorf tuvieron durante esos diez años, una dualidad bastante peculiar que va más allá que simple odio, que dará pie al por qué Link hizo lo que hizo en el capítulo 1 de esta historia. Y también, vemos parte de las motivaciones y las causas por las que Link tiene la determinación de proteger a otros de la enfermiza ambición de seres como Ganondorf; la muerte de nuestro querido Rusl, personaje de TP, sin duda marcó a nuestro protagonista.
Para la posición de Ganondorf como un cruel y eficiente General, me inspiré bastante en obras que relatan lo que es vivir bajo la cadena de mando de los ejércitos, donde la obediencia y la sumisión de los soldados lamentablemente se gana por medio de la humillación y la destrucción de lo que son, para intentar convertirlos en ejecutores carentes de sentimientos. Aquí me estoy inspirando bastante de cómo funcionaba Hyrule durante los sucesos de OOT; Ganondorf era un aliado del Rey que incluso se inclinaba ante él y le servía (Con dobles intensiones). Slgo similar observamos aquí, ya que incluso durante la guerra Ganondorf llegó a ser un General del ejército de Hyrule, pese a tener su propia agenda y objetivos.
La Luna carmesí conmocionó a un mundo en guerra diez años antes de los sucesos de esta trama, y sin duda, será también algo relevante en los sucesos futuros de esta historia. Este capítulo es una transición al siguiente arco, por lo que también es muy importante resaltar que pudimos ver con más detenimiento las habilidades de Zelda. Zelda o Sheik siempre ha sido un personaje que según lo que se explica en los juegos tiene un potencial impresionante, incluso superior a Link en varios aspectos, por lo que me parece inexplicable que en la saga no nos hayan permitido ver a Zelda con habilidades más desarrolladas, como guerrera y como hechicera (Aspectos que podemos ver de mejor forma en Super Smash Bros y en el primer Hyrule Warriors, por ejemplo); es algo que quiero realizar en este fic; desde un inicio pudimos ver que aquí Link podría ser el caballerito en apuros si no se pone las pilas ante Sheik XD
Muchísimas gracias, como siempre, a las personas que dejan sus votos y comentarios; en particular estos últimos son una enorme motivación, ya que su opinión es una grandiosa retroalimentación para continuar mejorando esta historia en la medida de lo posible :D Infinitas gracias a Sakura, Bargo y vrave1 por esos comentarios!
Nos vemos en el próximo capítulo!
