La boca de todos iba a quedar a nivel del suelo si seguían abriéndolas de esa forma. Incluso Hanguang Jun se quedó impactado. O Mejor dicho, él era el más impactado de todos. Nadie podía creer lo que acababan de escuchar. ¿Wei Wuxian tenía una hija? ¿Cuándo pasó eso? ¿Fue acaso cuando desapareció por tres meses? ¿Fue durante su destierro? Hanguang Jun se preguntaba lo más importante, ¿con quién? ¿Quién era la madre de la chica? ¿Seguía viva? ¿Por qué ella se había presentado con el apellido Zhou y no Wei? Aunque lo último tenía cierta lógica si era para que nadie supiera que era hija del Patriarca de Yiling.

—¿Tú? ¿Un cobarde? Te enfrentaste a cinco mil personas en la Campaña para Derribar al Sol, ¿cómo puedes tener miedo de buscarme? —preguntó extrañada.

—Miedo, no, de buscarte tampoco, de lo que tengo terror es de saber que pudieras odiarme, con respecto a la gente que amo, me he dado cuenta de que soy un cobarde, un completo cobarde. Me da pánico saber que los sentimientos no puedan llegar a ser mutuos y prefiero no decir nada, quedarme con la ilusión, a sufrir un rechazo —justo cuando dijo eso echó una mirada a Lan Wangji, haciéndole entender el porqué antes no había dicho nada de sus sentimientos. Hanguang Jun lo entendió y por segunda vez consecutiva lo vieron sonreír.

Lan Qiren estaba muy impactado, pero no podía decidirse cuál era la noticia que más lo hacía, si por saber que Wei Wuxian hacía sonreír y hasta reír, a su sobrino, cosa que nadie había logrado nunca o por saber que el primero tenía una hija. Las lágrimas empezaron a rodar por las mejillas de Wei Yinn sin poder contenerlas.

—¿Odiarte? ¿Cómo podría yo hacerlo? —se llevó la flauta al pecho, abrazándola como quisiera hacerlo con él.

—Por abandonarte.

—Salvarme la vida querrás decir.

—Porque soy el Patriarca de Yiling y creo el hombre más odiado del mundo de la cultivación.

—Para mí eres un héroe y no me importa para nada lo que el mundo opine o deje de opinar, estoy orgullosa de quien soy y de mi apellido, pero, por sobre todas las cosas estoy muy orgullosa de ti y de ser tu hija —Wei Wuxian sonrió y no pudo evitar que las lágrimas se derramaran por su cara.

—¿Un héroe? Me han llamado muchas cosas, pero jamás así. Será porque eres mi hija, bien dicen que para las hijas sus padres siempre son héroes —dijo mientras se limpiaba las lágrimas del rostro. Nunca le había importado que lo vieran llorar, a veces lo hacía de dolor y otras de frustración, pero esta vez estaba frente a su hija. Ella negó con la cabeza.

—No lo digo porque seas mi padre, lo digo porque es la verdad. Es muy fácil quedarse del lado ganador, del lado donde no te criticarán por lo que hagas, donde se tiene techo y comida asegurados. Pero levantarse y enfrentarse a enemigos y más aún a los amigos por defender a los indefensos, por tener palabra de honor, por no vender tus valores morales, por ir en contra de una injusticia, por hacer lo correcto, eso no cualquiera lo hace —en eso se volteó a ver con furia a Jiang Cheng, Zewu Jun y a Lan Qiren que estaban cerca el uno del otro, como reclamándoles y les apuntó con la flauta—. Ni siquiera ellos tres lo han hecho nunca. Les ha quedado muy bien la hipocresía, ¿no? Maldicen tu nombre, pero usan no solo tus inventos, sino también tus manuscritos para derrotar a demonios, fantasmas y todo tipo de criaturas malignas. Te llaman la maldad personificada, pero te usan para beneficio propio.

—Si tanto has odiado al clan Lan ¿por qué fuiste a estudiar a Gusu y bajo mi supervisión? —esta vez fue el turno de Lan Qiren de sentirse ofendido e interrumpirla.

—Fui a Gusu por dos razones, la primera porque quería conocer de primera instancia a Hanguang Jun —si había forma de que Lan Wangji quedara más impactado esa sería por escuchar la confesión de Xianqing.

—¿A mí? —ella asintió—. ¿Por qué?

—Porque había escuchado muchas cosas acerca del tiempo que pasó usted con mi padre, antes y después de la Campaña para Derribar al Sol, y también escuché varias después de la muerte de él. El comportamiento de usted, Hanguang Jun. Todo mundo creyó que su actitud hacia él después de su regreso, cuando lo del Muelle de Loto y su desaparición, se debía a que usted odiaba a los que usaban trucos malignos, yo intuía que esa no era la única razón —lo miró fijamente a los ojos y un leve color rosado tiñó por completo las orejas de Lan Wangji—. Por eso quise conocerlo, pero no pude acercarme a usted sin decirle mi verdadera identidad y eso no podía hacerlo. No era mi intención estar bajo la supervisión de Lan Qiren qianbei, mi meta era estar bajo la de Hanguang Jun, pero cuando el gran maestro se propuso a ser mi maestro no había forma negarme. No sin levantar sospechas. Fue para mí un suplicio enorme tener que contenerme cada día. Varias veces lo escuché maldecir el nombre de mi padre y debía quedarme callada. La segunda razón para ir, fue porque era una oportunidad de que se me permitiera entrar a la biblioteca y estudiar los libros de medicina que tienen ahí.

—¿Libros de medicina? —preguntó Lan Xichen.

—Quiero ser una gran médico como mi madre. Tal vez usted no lo sepa con seguridad, Zewu Jun, pero cuando arrasaron con la oficina de supervisión de Qishan muchos de los libros de mi madre terminaron en manos del clan Lan. Solo quería estudiarlos, ella era una excelente médico, la mejor y quiero seguir su camino. Y si para poder hacer eso tenía que soportar la presencia de Lan Qiren qianbei, pues que así fuera. Toda cosa que vale la pena realizarla necesita un sacrificio y ese era el mío.

El rostro de Lan Qiren se ponía más rojo al escucharla hablar, ¿cómo no la reconoció? Ahora que la veía, era la misma imagen de su madre y entendía muchas de sus actitudes que él había tomado solo como de una chica muy reservada. Pero en cuanto en carácter y rebeldía era igualita a su padre y su abuela paterna. Bien dice el dicho: de tal palo tal astilla.

— Y no, no odio al clan Lan, Lan Qiren qianbei, mi padre siempre me ha dicho que no puedo permitir que el odio inunde mi corazón ni mi mente, solo es a usted a quien no soporto. Alguien que prefiere casi matar a su sobrino a latigazos, aunque ustedes tres creyeran que se lo merecía, incluyendo al mismo Hanguang Jun, antes de escuchar que usted pudiera estar equivocado, que no todo es blanco o negro, sino que hay escala de grises. Dicen que mientras más duro sea uno es más fácil romperse, la clave es encontrar el equilibrio entre la dureza y la flexibilidad. Y con usted todo lo que tenga que ver con mi padre es el demonio mismo. La maldad personificada. Nunca se interesó en saber las razones detrás de su comportamiento.

—Si es a mí a quien no soportas y parece que al líder de clan Jiang tampoco le va muy bien en cuanto a tus sentimientos por nosotros, ¿por qué nos ayudaste con nuestras heridas?

—Como ya le he dicho, quiero ser tan buen médico como lo fue mi madre. Y es deber de un médico ayudar a los necesitados, no quitar la vida. Esa fue la enseñanza que ella me dejó y deseo respetarla y honrarla. Además, lo hice por mi padre y Hanguang Jun. Sé que él se pondría triste si algo le llegara a pasar a usted y no quiero eso, además, para mi papá, él es la persona más importante en su vida. Lo mismo pasa con el líder de clan Jiang, son hermanos jurados y mi padre lo respeta y lo sigue queriendo como antes. Lo que pasó no afecta el sentimiento de hermandad que le tiene. Aunque esto no refleja lo que yo opino o siento. Créame, Lan Qiren qianbei, soy médico no santa, de no ser por todo lo anterior, como sus vidas no peligraban, yo me hubiera hecho de la vista gorda.

Antes de que Lan Qiren pudiera regañar a su hija por sus osadas y valientes palabras Wei Wuxian le aclaró un punto.

—Yinyin, Lan Zhan es muy importante para mí, tienes razón, pero no es el más importante, son los dos, por igual. Tú eres mi hija y él es…

—Tu alma gemela, lo sé —bien lo dicho, dicho estaba. Lan Wangji miró de reojo a su tío, orando porque aceptara lo que ya todos sabían. Él nunca dejaría de estar al lado de Wei Wuxian. Ya lo había perdido durante dieciséis años, no lo volvería a hacer. Lan Qiren se puso más rojo de furia.

—No se pueden comparar los sentimientos, pero no quisiera vivir sin ninguno de ustedes dos en mi vida. Los quiero a ambos en ella —Yinyin sonrió abiertamente, por fin había escuchado las palabras que por tanto tiempo había esperado.

—Yo también quisiera saber por qué te desagrado —preguntó intrigado Zewu Jun, mientras seguía atendiendo la pierna herida de Nie Huaisang entre sus gritos desesperados de dolor, pero también asombrado de que ella hubiera sabido leer a su hermano y que se preocupara por sus sentimientos.

—En cuanto a usted, Zewu Jun, también era muy joven cuando tomó posesión como líder de clan, y se dejaba influenciar por los demás, fue ciego ante las acciones de Jin Guanyao, tal y como le pasó al líder del clan Jiang. Como dijo Jin Guanyao, era mucho más fácil culpar de todo al Patriarca de Yiling que buscar dentro de sí mismos que también eran parte de la causa de todo lo que sucedió.

—Yo nunca culpé de todo a tu padre.

—Pero tampoco nunca le pusieron un alto al antiguo líder de clan Jin, aceptaron sus abusos porque al final de cuentas no era hacia su propia gente. Cuando mi padre llegó a la Torre LinLing en busca de Wen Ning y nadie habló por él. Jin Zixun dijo que se debía aniquilar hasta el último integrante del clan Wen, sin embargo, había ahí varios líderes de clan de los seguidores o familias secundarias del clan Wen y nadie dijo nada. Incluso usted, solo dijo que el carácter de mi padre estaba cambiado. No le importaron las acciones de Jin Zixun hacia los sobrevivientes del clan Wen. Solo Hanguang Jun y la señora Luo hablaron por mi padre. Jin Guanyao expresó abiertamente que él nunca debió haber dicho nada, aunque estuviera en lo correcto, sin embargo, lo único que le preocupó a usted fueron las ropas de su hermano jurado. ¿Eran estas más importantes que la vida de decenas de personas? Para usted, por supuesto que sí. Para todos los demás no era necesario luchar mientras a ustedes no les afectara.

—Yinyin, por favor, todo eso quedó en el pasado. Ya no importa —recalcó Wei Wuxian, eso formaba parte de su anterior vida, literalmente. Ya no quería seguir abriendo viejas heridas.

—A mí sí. No, no me calles ahora que parece ser el tiempo de las confesiones. Todos aquí te han llamado traidor, el diablo en persona y he perdido la cuenta de no sé cuantas más.

—Algunas de ellas bien merecidas.

—¿Por qué? ¿Porque eras un prodigio un poco o bastante irreverente, tal vez muy presumido, travieso y algo desobediente? Eso no te hace una mala persona. Solo un adolescente. Eras solo un poco mayor que yo cuando moriste. Sé que tu generación tuvo que madurar muy rápido si querían sobrevivir a lo que hicieron Wen Ruohan, sus dos hijos y muchos de sus seguidores. Pero eso no significa que tú fueras todas esas cosas que decían. Muchas de las cuales solo eran engrandecidas por rumores tontos y sin sentido.

—Cometí muchos errores y de muchas de las cosas de las que hice en el pasado me arrepiento.

—Sé que no todas las cosas que hiciste fueron buenas y tal vez no esté de acuerdo con ellas, pero también sé que muchas fueron por ayudar a los demás o para defenderte.

—Yo creé el Sello del Tigre Estigio y debo cargar con las consecuencias de ello.

—Lo creaste para ayudar a derrotar a Wen Ruohan.

—En parte sí, pero también fue porque era joven, estúpido y muy orgulloso, me creía invencible, que podía manejarlo y controlarlo y me equivoqué.

—Todos comentemos errores.

—No estás siendo imparcial.

—Tal vez no, pero, ¿acaso alguno de ellos tres en algún momento lo fue? No lo creo. ¿No te acaba de llamar el líder de clan Jiang traidor? ¿Cómo fue que se refirió al clan Wen de Qishan? Ah, sí, perros irrelevantes. Ni siquiera eran consideradas personas, ¿verdad, líder de clan? —Jiang Cheng, aunque quería replicarle no pudo, había dicho justo esas palabras solo unos momentos antes, no creyó que nadie aparte de Wei Wuxian pudiera recriminarle eso y él no lo haría.

—Pero es que sí soy un traidor, traicioné su confianza y mi promesa a él.

—Y él a ti y a ellos también, o ¿es que ya se le olvidó quién los escondió de Wen Ruohan en su casa a riesgo de su propia vida y de toda su familia? ¿Quién los cuidó y proveyó de comida y medicina mientras estaba convaleciente? ¿Quién recuperó los cuerpos del antiguo líder Jiang Fengmian y la señora Yu Ziyuan? ¿Quién hizo el cambio de núcleo dorado?

—Jiang Cheng no sabía nada del núcleo dorado y es algo que ya no debe mencionarse nunca más, eso pertenece a mi vida pasada.

—Y yo también, yo pertenezco a tu vida pasada y espero que a esta presente. Pero eso no quita que ellos hayan cometido sus propios pecados. El líder de clan Jiang ha odiado a la gente de apellido Wen, pero se le ha olvidado que les debe la vida a ellos.

—Estamos hablando de mí, no de Lan Qiren qianbei, Zewu Jun y Jiang Cheng.

—Te equivocas, diēdiē. Si los niños no pueden reivindicar a sus padres o vengarlos, ¿qué los diferencia de los animales?* Yo tengo una obligación contigo y con…

—No quiero que me vengues. Yo no lo necesito. Tengo mi conciencia tranquila. Y tampoco creo que fuera lo que ella quisiera para ti —la interrumpió Wei Wuxian.

—Vengarse no, siempre me dijiste que no había que odiar, pero yo sí necesito reivindicarlos, a los dos. Necesito decir que no fuiste el único culpable de todo lo que pasó. Ahí tienes a Lan Qiren, siempre tan obstinado, tan orgulloso, cosa que siempre odiaba en ti, pero nunca ha aceptado serlo, tan prejuicioso y no me pidas que me calle —Xianqing le señaló cuando vio que su padre iba a abrir la boca—, sí prejuicioso, porque solo supo de quién eras hijo y empezó a estar en contra tuya, todo lo que hacías estaba mal, no fuera a ser que llevaras por el mal camino a su adorado sobrino. ¿Quién estaba en lo correcto y quién equivocado? ¿No dice una de sus famosas reglas que siempre hay que ayudar al que lo necesita? Eso es cuando los apellidos sean Jin, Jiang, o Lan ¿verdad? Los cielos no lo quieran que un Wen, que nunca ha hecho daño, sea el que necesite ayuda porque entonces sí, las reglas están para romperse.

—Yinyin, no, por favor —el corazón de Wei Wuxian se rompía cada vez más al verla llorar y hablar con tanta amargura. Si no fuera porque Lan Wangji estaba ahí con él, no sabía si hubiera tenido el valor de soportar todas las confesiones sin caer al piso al escuchar el dolor en la voz de su hija.

—Por favor, nada. Ellos siempre se han vanagloriado de su clan, de sus famosas leyes y reglas, de ser uno de los clanes más afamados y rectos en su justicia, pero, ¿alguna vez han dicho acerca de que a la hora del asalto a los túmulos funerarios a quienes asesinaron a sangre fría eran mujeres, ancianos y niños indefensos? Entre ellos tu hijo adoptivo. Un pequeño niño de apenas cuatro años. ¿Qué pecado pudo haber cometido él? ¿Acaso mentiste cuando dijiste en LinLing que Jin Guanshan quería convertirse en el próximo Wen Ruohan y por eso quería tu Sello del Tigre Estigio? ¿No era cierto lo que dijiste en Ciudad sin Noche de que fue Jin Guanshan quien mintió y rompió su promesa después de que mataran a Wen Qing y a Wen Ning? Y aun así solo te atacaron, aventaban la piedra y escondían la mano.

Jiang Cheng sabía que su relación con Wei Wuxian a pesar de que se habían perdonado mutuamente ya nunca volvería a ser la misma, otro secreto más, el Patriarca de Yiling se había casado, porque a pesar de los años lo conocía perfectamente y aún teniendo la fama de ser un playboy, jamás hubiera tenido a una hijo fuera del matrimonio, así que sí, él estaba seguro que debía haberse casado. Y su hija lo odiaba tanto como él odiaba a los Wen, excitado por todos los acontecimientos de los dos últimos días, terminó por gritarle a la chica.

—¿Tú qué sabes de todo eso? Por tu edad puedo saber que eras apenas un bebé cuando todo lo de la Ciudad sin Noche aconteció, puede que digas ser la hija de Wei Wuxian, pero, ¿con qué derecho hablas de lo que no conoces?

—¡Jiang Wanyin! —Wei Wuxian fue quien respondió antes de que ella lo hiciera y lo hizo gritándole, esta vez no se contuvo—. Esta es la última vez que te permito hablarles así. Te lo dije en Muelle de Loto, puedes regañarme cuanto te plazca, ódiame lo que quieras, pero no a ellos. Nunca más. Ella no dice ser mi hija, es mi hija, y también de…

—¡Wen Qing era mi madre! Por si todos ustedes no lo habían adivinado ya —gritó con fiereza Xianqing— lo que me da todo el derecho a reclamarle a ustedes lo que se me antoje —el frasco con el que Zewu Jun estaba dándole las medicinas a Nie Huaisang terminó rodando por el piso. Jiang Cheng se quedó inmovilizado, su rostro se volvió pálido incluso más que el de Wen Ning, quien en ese momento luchaba por desatar a los discípulos del clan Lan, debido a lo maltrecho de su propio cuerpo. Los cuatro chicos se quedaron asombrados de oír tal confesión. Todos en el mundo de la cultivación había oído de la historia del General Fantasma y su hermana, castigados con la muerte y sus cenizas esparcidas por el antiguo líder de clan Jin en Ciudad sin Noche.

Y ahí estaba parada ante ellos su hija, la de Wen Qing y Wei Wuxian.


N.A. *frase de la novela Faraway Wanderers de la autora Priest.