CAPITULO 56

I BET ON LOSING DOGS

El cielo sobre sus cabezas era gris y la nieve caía despacio, Star tenía sangre saliendo de su nariz y un poco de sangre ajena en la cara, se le congelaban las manos y podía oír su propia respiración golpeando sus tímpanos. Su cabello, suelto al viento y cubriendo su cara de rato en rato.

Un poco más adelante, Theodore, herido e indefenso, estaba sentado en el suelo y apoyado contra el golpeado edificio que parecía balancearse con el viento y derramando pequeños pedazos de concreto al aire, testigo silencioso de todo lo que estaba sucediendo esa tarde. Él sujetaba entre sus manos, con fuerza, el motivo de su caída. Star no podía dejar de pensar, que él realmente se aferraba demasiado.

James, de pie frente a Theodore, levantó su varita en silencio.

—Los mataré por esto —dijo Theodore mirando a James.

Luego, él se giró hacia ella y el cómo la miró le dijo tanto que sintió que se le estrujaba el pecho y se le revolvía el estómago.

Esa fue la primera vez que dudó, la primera vez que se preguntó si acaso lo que estaban haciendo estaba bien. Era lo correcto, eso Star lo sabía. Pero... ¿Estaba bien?

La mirada de Theodore le decía que la odiaba, pero también que estaba infinitamente dolido, el dolor que no viene de golpes o maldiciones. Era el dolor de haber sido traicionado. Tristeza y odio infinito reflejados en sus ojos.

—No importa lo que hagan, no los perdonaré. No voy a tener piedad con ustedes. —dijo en medio de respiración irregular— Los mataré por esto.

Ojala lo hubiera dicho con odio y no con dolor.

Star abrió los ojos de golpe y con respiración agitada intentó evitar las ganas de llorar. No sabía porque le sucedía cada que ese recuerdo llegaba a su cabeza, siendo que cuando todo sucedió, ella en ningún momento sintió esos arranques.

Puede que… probablemente era por su conciencia. La culpa.

Desorientada y confundida, lentamente intentó incorporarse, pero el torso le dio un pinchazo de dolor que la hizo quejarse con fuerza y se derrumbó contra el colchón de nuevo intentando no retorcerse de dolor, pues cada movimiento solo hacía que aumentara.

—Basta. —dijo una voz que conocía muy bien— Si te mueves demasiado vas a hacer que te desangres.

James le sujetó la cabeza y el hombro firmemente para intentar que se quedara quieta.

Entonces, Star recordó todo de golpe: La audiencia, la primera línea, el ataque, la casa debilitada… la maldición. Theodore.

— ¡Theodore! —dijo ella entonces de golpe— ¿Dónde está Theodore? ¿Está bien?

James entornó los ojos y solo soltó un suspiro y se sentó en la orilla de la cama. — Está vivo. —dijo evitando mirarla— En mejor condición que tú. Pero…

—¿Estás seguro? —preguntó ella, cortándole— La maldición pasó a través de mí. ¿Está herido?

—El mago apuntó a su cabeza, pero creo que al atravesarte la desviaste un poco. Él no tenía la varita para defenderse y la magia de la casa también intentó protegerlo, pero lo alcanzó en parte de la cara, un poco por debajo del ojo. Tal vez le quede una buena cicatriz pero no va a morir por eso.

Star suspiró de alivio y se tranquilizó.

—¿Por qué Theodore no tenía puesta su capa?

Esa pregunta no tuvo respuesta.

Star miró de nuevo a James, realmente lo miró y eso le hizo fruncir el ceño. Traía la misma ropa con la que había estado en la audiencia pero maltratada, polvo, una gran marca oscura en el pecho y ceniza por todos lados, el cabello revuelto y la cara con marcas de lucha. Star podía distinguir un moretón violeta en la mandíbula.

—¿Por qué estás aquí? —preguntó ella con el ceño fruncido y un familiar dolor de cabeza invadiendola.

James era un vínculo de Theodore, su legeremante. Con un ataque de ese calibre y hecho por la primera línea, era probable que hubieran más involucrados ¿No debía de estar él interrogando en persona a sospechosos?

—Pedí un descanso. —dijo él, de nuevo intentando no mirarla.

—¿Qué hora es?

Star miró hacia las ventanas de la habitación, estaba oscuro afuera.

—Ya es martes, hace un momento fue media noche.

—James. —dijo ella mientras de nuevo intentaba incorporarse— ¿Qué pasa?

—Nada. —dijo él, ahora mirándose las manos— Solo… estoy algo cansado. Ha sido un día demasiado largo. Se supone que debería estar durmiendo, pero cuando me dijeron que ya te habías estabilizado no pude hacerlo, así que vine a comprobar que estuvieras bien. Luego solo no pude irme.

—Por favor. —dijo Star mientras se cruzaba lentamente de brazos, pero de pronto dándose cuenta— ¿Querías ver en mi cabeza mientras dormía?

—Star…

—¿Era eso? —dijo ella de inmediato enfadada— ¿Para qué? —preguntó mientras buscaba en sus propios recuerdos algo que le interesara a James y lo encontró. Entornó los ojos y luego resopló— Claro. Si, Edward habló conmigo antes de la audiencia. Y si, se supone que él decidió dónde ubicar a la primera línea en la sala, los puso hasta atrás porque dijo que no confiaba en muchos de ellos. Dijo que iba a poner a los que confiaba adelante… imagino que ellos son los que murieron primero. Más importante, si planeas hacer que todo esto sirva para que intentes deshacerte de él, debes tomar en cuenta que fue precisamente Edward quien me puso cerca de Theodore.

—Star —dijo James mientras se frotaba los ojos.

—¿No es más fácil preguntar? —dijo ella dolida.

—Basta, Star. —dijo mientras se ponía de pie— sé que no estamos en los mejores términos, pero ¿Se supone que ya no puedo preocuparme por tí?

—¿Realmente lo hiciste alguna vez?

Entonces, la cara de James era una máscara de dolor. Un golpe bien dado.

Por un momento, Star se sintió mal por eso pero entonces los recuerdos la invadieron. Los motivos egoístas de James, descubiertos al fin con sus actos, como pasó por encima de sus decisiones y le impuso las propias cuando ella decidió el camino correcto. Cómo se metió en su cabeza y le robó memorias, cómo la manipulo para usarla a su conveniencia.

Sintió ganas de llorar, pero no lo hizo.

—Star. —dijo él, de nuevo sin mirarla— Casi mueres. ¡Tenías un agujero en el pecho! Ha sido casi un milagro que hayas sobrevivido. Puedes pensar lo que sea, puedes recriminarme todo lo que quieras, incluso puede que tengas razón en que no siempre me he preocupado sinceramente por ti pero… —James se revolvió el cabello con intranquilidad— Te conozco desde que eras una niña. Te criaste junto a mis hermanas. Creciste con nosotros. Tu tío te daba una buena vida, pero de todos modos venías a nosotros cada que podías y estuviste allí, peleaste con tía Agatha por sus tontas reglas, le diste poción que hizo enfermar al papá de Amira por una semana la primera vez que la golpeó, escuchabas a Felix cuando nadie más lo hacía y acompañabas a Daniel cuando te lo pedía. Era como si fueras mi familia también y yo odiaba eso, odiaba a tu familia y como le arrancaron a mis padres ese acuerdo de matrimonio, te veía y solo podía pensar en una fecha y una sentencia. Pero Star… cuando caíste y-y toda esa sangre… —James volvió a sentarse en la orilla de la cama y se cubrió la cara con las dos manos.— No quiero que mueras —dijo como si fuera un secreto.

Star no dijo nada, tenía un nudo muy grande en la garganta.

—Muy bonito. —Dijo una voz extra en la habitación, Edward Greengrass parado en el marco de la puerta y con cara de aburrimiento, un brazo oculto debajo de la capa y envuelto en vendas como si lo tuviera roto, la mitad de su cara cubierta con más vendas de tela blanca— Y teatral. Como sea, Theo cree que ya has descansado suficiente, quiere verte.

James apartó las manos de la cara y se puso de pie de inmediato— Iré a cambiarme primero.

—Él dijo "De inmediato".

—Seguro puede esperar.

—¿De verdad? —preguntó con una sonrisa irónica.

James la miró antes de irse— Si entré en tu cabeza, pero fue porque te agitaste demasiado. No buscaba nada, solo quería que durmieras sin pesadillas.

James caminó hacia la salida, pero se detuvo frente a Edward y le miró con desconfianza.

—¿No vienes?

—No, gracias. Estoy en mi descanso.

James miró a Star, luego a Edward.

—Camina, Jimmy. —dijo el mago mientras sacudía la mano para hacer que se fuera— A esta aliada ya la perdiste hace tiempo.

James, con una expresión herida, miró de nuevo a Star y ahora fue ella quien apartó la cara. Solo escuchó cuando la puerta se cerró.

—¿Crees que miente? —preguntó ella.

—¿El traicionero Jimmy? Probablemente. ¿Quién sabe? Como sea, no me importa. —dijo encogiéndose de hombros— Pero para que quede claro que hay honestidad en nuestra tregua y honrando nuestro acuerdo mágico, fue él quien corrió hacia ti y le rogó a Theo para que no apresara a Sebastian hasta que él pudiera salvarte primero.

Star entornó los ojos— ¿McGrath apresado? —preguntó incrédula— ¿Por qué?

Edward suspiró con pesadez— Él fue el único que salió de la sala antes de que todo se fuera al demonio, el ataque fue hecho por miembros de la primera línea y se supone que Sebastián los comanda. Theo lo señaló como el sospechoso número uno de haber planeado todo. Está encerrado en una habitación de la casa ahora mismo, esperando ser interrogado.

—¿Fue él? —preguntó ella— ¿Él te hizo eso? Tú lo estabas siguiendo.

—No, esto fue un daño colateral. —dijo con pesadumbre— Todo parece apuntar a que alguien preparó algo, pero todo parecía muy atropellado y rápido. Pudo haber sido Sebastian, pero no me gusta como se dio todo, son demasiadas coincidencias.

Star estaba de acuerdo en eso. Quien quisiera atacar a Theodore debía pasar por tres grandes obstáculos.

El primero, los magos de la primera línea.

El segundo, las defensas de la casa.

El tercero, la capa mágica de Theodore.

Ella misma era un obstáculo, pero consideraba que estaba más incluida en el primero.

—¿Por qué Theodore no tenía puesta su capa?

Edward se encogió de hombros— Se lo pregunté, pero nadie obliga al Señor Nott a responder —dijo rodando los ojos— Así que no tengo idea.

—Pensé que eras quien mejor trataba con él.

—No después de hoy. —dijo él con cansancio— El Señor Nott cree que no he hecho bien mi trabajo. Y lo peor es que puede que tenga algo de razón. —él hizo un puchero— Pensé que todo se había acabado en la audiencia y me interesé más en lo que le dijo William a Archer. Cuando volví a ver a Sebastian, ya estaba saliendo con ese otro mago —Edward se cruzó de brazos— caminaron hacia la salida y murmuraban algo acerca de que tenían que solucionar algo en Noruega. Sebastián se veía preocupado y parecían tener prisa… Entonces apareció Alexei diciendo que quería reportar algo y que era urgente, pero justo en ese momento se escucharon gritos en el salón. Dejé de prestar atención por un momento y cuando miré hacia atrás… —Edward resopló y se agitó el cabello— solo fue un momento, pero Alexei ya había sacado su varita y después solo cayó muerto. No sé quién lo mató, antes de que pudiera moverme algo explotó y terminé entre las rocas del pasillo de la entrada. Imagino que el mago con quién estaba Sebastián se inmoló o algo más pasó porque solo encontramos residuos, dedos y esas cosas. Sebastián también salió algo afectado, pero no tanto, él reaccionó bastante rápido para protegerse.

Star, boquiabierta, miro de nuevo a Edward con calma— Ya pasó más de un día ¿Porque no estás curado?

Edward refunfuñó— Yo tampoco estaba en la sala. Estas heridas son prueba de que también soy una víctima aquí y todos deben ver eso, necesito esta imagen para que a nadie se le ocurra susurrar acerca de mí. —luego, suspiró— Cuando desperté el ataque ya había pasado, tú estabas tirada en el piso y Sebastian se dedicó a intentar salvarte. Theo tenía la mitad de la cara cubierta de sangre y solo se miraba las manos, la casa no dejaba que nadie se le acerque, incluso atrapó a uno de los sanadores. Se calmó un poco cuando me vio, pero entonces pasó lo que siempre pasa cuando algo lo aturde y yo estoy cerca.

Edward se sentó en la cama y la miró con rabia.

—"Edward, ayúdame". Theo dijo eso, siempre lo hace, me pide que lo ayude y siempre suena exactamente igual a cuando Jimmy lo trajo a casa luego de que los legeremantes terminaran con él, lo dijo cuando me reconoció. "Edward, Edward ayúdame". —dijo con la voz muy bajita, sonando suplicante— ¿Tienes idea de cuánto esperé a que me dijera eso? ¿Que ese niño por fin dijera que me necesitaba? ¿Sabes que se siente no poder hacer nada cuando es malditamente necesario? ¿Qué se siente solo poder poner malditas banditas cuando alguien se está partiendo en dos frente a tus ojos?

Star para entonces, ya no se miraba las manos, en su lugar, miraba con atención a Edward. No parecía demasiado centrado en lo que le rodeaba, parecía más que se estuviera desahogando en lugar de estar reclamando algo. No… parecía estar atrapado en otra cosa.

Entonces, él se sujetó la cabeza con la mano que le quedaba libre— Yo no quería esto, no así. Pensé que estaría mejor aquí y que con solo mirar era suficiente. "No seas egoísta, Edward. No seas rencoroso, Edward. Vive y deja vivir, Edward" Eso me dije, pero la verdad es que estaba aterrado. —dijo en medio de una risa desquiciada— Tantas cosas que salieron mal. Todo estaba mal desde el inicio. Todo. Debí cruzar la calle. Si hubiera cruzado la calle, nada de esto habría pasado nunca. ¿Por qué demonios no cruce esa maldita calle? Mi culpa... —dijo muy bajito— todo esto es…

Y de pronto se detuvo, sacudió la cabeza y parpadeó antes de mirar a su alrededor y sujetarse la cabeza de nuevo.

Ella reconoció los signos al instante.

—Edward —murmuró Star, entre el asombro y el miedo— ¿Tú… tú también? ¿Tu memoria...?

Entonces, Edward se movió tan rápido que su mano fue un borrón antes de que la tomara del cuello y la aplastara contra el respaldo de la cama con fuerza, apretando un poco más a cada instante. Star, débil como estaba, intentó golpear la mano que la asfixiaba pero solo consiguió sujetarse mientras intentaba respirar.

La vista se le comenzó a oscurecer cuando finalmente él la soltó.

—Tú no oíste nada. Una palabra y estás muerta.

—Y como verás, esto solo empeora a cada minuto. —dijo Aleister Darke.

Star, aún convaleciente, por momentos se pellizcaba el interior de la mano o se mordía el interior de la mejilla para probarse a sí misma que no estaba alucinando por la cantidad de pociones restauradoras que los sanadores la obligaron a beberse, pero todo era tan surrealista que estaba comenzando a creer que no era suficiente.

Era ya la mitad de la tarde del martes y en el corto periodo de tiempo vivió demasiadas cosas. Primero, una corta audiencia privada con Theodore en la madrugada, quien se limitó a mirarla de reojo y de rato en rato mientras James hacía preguntas y ella debía contestar puntualmente todo lo que vió.

Star aún no podía sacar de su cabeza como se veía Theodore.

La parte blanca de su ojo derecho tenía una gran mancha de sangre que no hubo manera de arreglar con magia, una venda de tela blanca le cubría la mejilla debajo de su ojo y con parches diminutos para sujetarlo contra su piel, sombras debajo de sus párpados y la tez más pálida que de costumbre, una parte de su cabello cayendo desordenado sobre sus ojos y la otra, algo enredado y sujeto detrás de su cabeza con una pequeña liga.

Su rostro decía cansancio, pero su mirada era más fría que nunca.

Theodore estaba muy enojado y sus actos hablaban por él.

Ella se frotó los ojos— No va a escucharme.

—Tiene que hacerlo. —dijo Aleister mientras agitaba las manos— Todo este problema es por no escuchar a sus aliados.

—Concuerdo con Matthews. —dijo Edward, alejado y mirando para otro lado— No va a escucharla.

Hacía solo unas horas había intentado asfixiarla y ahora le daba la razón cada dos por tres. Star sentía escalofríos.

—Tiene que hacerlo. —dijo de nuevo Aliester Darke ignorando totalmente a Edward— Le salvaste la vida, no va a poder negarse. Es una deuda de honor y podemos aprovechar eso para que escuche.

El mago sonaba esperanzado y agobiado, Star casi sintió algo de compasión, pero entonces recordó que él seguramente también estaba jugando por su lado. Aleister Darke era de Noruega, cabeza del Dominio de la tierra natal de los Nott, vínculo de Theodore y aunque Star no lo conocía, sonaba como alguien sensato. Decía que conseguir que McGrath fuera liberado evitaría conflictos y puede que tuviera toda la razón del mundo, pero ella no podía ignorar que él era un amigo muy cercano, casi hermano de la esposa de Sebastian McGrath; incluso era padrino de su hijo.

Star suspiró— Señor Darke, no creo ser la indicada para aconsejar a Theodore. No soy buena convenciendo, tampoco negociando. —dijo ella limpiamente, sin espacio para replicas— Soy de la primera línea, una Praethor. La protección es mi fuerte y entraré en batalla cuando se requiera, pero esto, hacer acuerdos, no.

Aleister suspiró— Pelear no es la solución, si no el último recurso. —dijo el mago— Se recurre a la batalla sólo cuando la política fracasa.

—Soy Praethor, nosotros no nos involucramos en la política, solo en la protección de legados mágicos y la sangre antigua. Tiene que buscar a alguien más.

—Señorita Matthews —replicó Aliester— todo está involucrado con la política, quieras o no, también eres parte de todo esto. Por favor, piensalo.

Entonces, Aliester Darke le hizo un breve asentimiento y se marchó.

—Tiene un punto. —dijo Edward— A estas alturas un conflicto interno es inevitable.

Star suspiró y se llevó una mano a la cabeza para echarse el cabello hacia atrás, a cada hora que pasaba, las cosas simplemente se ponían cada vez peor.

Edward le había contado buena parte de lo que había pasado luego del ataque, pero no todo. Lo que olvidó decirle es que mientras McGrath había sido apresado como posible responsable del ataque, William Ren se marchó en medio de la confusión y en lugar de irse directamente a casa y resguardarse como todo el mundo esperaba… lo que hizo fue llamar a todos sus magos, llevarlos a casa de McGrath con intenciones de proteger su territorio y comenzar a convocar a todas las familias para exigir que fuera liberado. Según los espías, incluso habían familias de otros territorios con intenciones de unirse.

Por otro lado, la primera línea se había desperdigado, en parte por el miedo a las audiencias que Theodore planeaba llevar a cabo para investigar el ataque y por otro lado, al parecer había quienes sentían que apoyar a McGrath era más sensato que seguir del lado de Theodore.

Star no podía culparlos por elegir apoyar a Sebastian, pues si ella no supiera todo lo que sabía, con todos los rumores acerca de que Theodore no estaba bien por como reaccionó luego del ataque y por como estaba actuando ahora mismo, seguramente también hubiera comenzado a dudar de su cordura.

—¿No se supone que Noruega nunca traicionaría a los Nott? —dijo Star cruzándose de brazos— La esposa de Sebastian es de Noruega ¿Por qué no detiene a William?

Edward alzó una ceja— Hay un juramento de por medio. —dijo Edward, luego suspiro— Pero justo eso dijo Theodore. Él cree que Anya es prisionera o finge ayudar a William y que seguramente le traicionara en algún momento. Confía plenamente en eso.

—Pero tú no —dijo ella.

—Los juramentos mágicos a veces son un juego de palabras muy simbólico. —dijo Edward encogiéndose de hombros— Hasta donde sé, el juramento de Darke es "Custodiar Noruega para los Nott, hasta el último" o algo así y es algo que se extiende a todas las familias allí, podrían haber variantes en el idioma, pero puede interpretarse como que si los Nott tienen problemas, siempre podrán refugiarse con los Noruegos, todos, hasta el último de ellos. O puede ser otra cosa ¿Quién sabe? Habría que ser Noruego para saberlo. En lo que a mí respecta, todos son potenciales traidores. Sebastian, Frederick, Serafina… incluso Aleister. Esos cuatro tienen el potencial de derribar a Theodore si los dejamos.

"Serafina..." pensó Star con preocupación.

—Entiendo que ignores a Cecil Williams, pero Edgar Crawley siempre lo escucha y tiene muchos magos que dominan artes oscuras —dijo ella desconfiada— ¿Que hay de James? ¿Qué hay de Colin Bane?

—Para no estar interesada en la política estás muy bien informada —dijo entrecerrando los ojos, pero luego suspiró— Cecil es astuto, si hace algo no será de cara al peligro y se asegurará que Edgar siga el mismo camino. Estoy seguro de que Cecil apostará por Sebastian. No me sorprendería que esté intercambiando lechuzas con William Ren ahora mismo. James no está de nuestro lado, pero si Philip le ha ordenado algo, debe estar relacionado con estabilizar el Dominio, él planea salir y debe haber algo que gobernar cuando eso pase.

Star se cruzó de brazos— ¿Cómo sabemos que todo esto no lo planeó Philip?

—Sencillo. —dijo Edward— Casi matan a Theo. Esto no es cosa de Philip.

—Pero…

—No ha sido Philip. —dijo Edward de nuevo y con mayor seguridad.

—Podría. No puedes decir que él no es capaz de dañar a Theodore.

—Dañarlo sí, matarlo es otra cosa. No lo haría. Todo lo que ha hecho hasta ahora ha sido para mantenerlo bajo control, no va a deshacerse de él.

—Pudo haber cambiado de opinión.

—¿El narcisista ególatra de Philip? No. Él está obsesionado con ser el padre del año. Le gustaba que Theo le imite, que quisiera ser como él, disfrutaba que le idolatre, que se esforzara por impresionarlo, que le pidiera cosas y hacerle sufrir para ganarselas. Él solía decir… —Edward hizo una mueca de desagrado infinito— No importa. Es imposible. No ha sido él. ¿Quieres pruebas? Para empezar, fué Philip quien le dió la capa a Theodore.

Star, entre sorprendida y poco convencida, se cruzó de brazos.

—De acuerdo. ¿Qué hay de Colin Bane?

—¿El comerciante? —dijo con desdén— Él habla el idioma del dinero. Se pondrá del lado de quien pague mejor y nadie puede pagar mejor que Nott.

Star se frotó los brazos— No creo que McGrath haya planeado esto —dijo finalmente.

—Quizá no, pero si no es un aliado, es peligroso. Si es liberado, podría ponerse en contra de Theo. Por mi que siga encerrado.

—¿Y William Ren?

—Pues ojalá que Anya McGrath lo apuñale por la espalda rápido. Si no, iremos a ese territorio y haremos lo que haya que hacer. Una corrección masiva, como el año pasado. Tenemos los galeones, compraremos a quien tengamos que comprar. Theo puede forzar el vínculo como último recurso si es necesario, hasta parece estar esperando el momento para hacerlo. Él no les tendrá piedad.

"No importa lo que hagan, no los perdonaré. No voy a tener piedad con ustedes. Los mataré por esto"

Star sintió escalofríos y un conocido malestar le revolvió el estómago e hizo que la cabeza le diera vueltas.

—No está bien. —dijo ella en un susurro.

Edward se encogió de hombros— No me importa. Ya te lo dije, el mundo no existe. Primero está Theo y si alguien quiere matarlo, entonces lo mataré primero.

—Estás loco —susurró ella con cierto miedo.

—¿Y?

Caminar por el pasillo principal de la Casa del Norte a horas de la noche no era precisamente algo que cualquiera podría hacer. Luego del ataque, Theodore se puso paranoico con los magos que podían deambular por la casa y puso bastantes restricciones para acceder a su estudio y nadie podía subir hasta su habitación, pues el pasillo que allí conducía era un oscuro entramado de pesadilla por la magia de la casa, como un túnel estrecho y rojo que parecía palpitar.

Star, de pie frente al lugar, vio como las cintas rojas reaccionaron a su presencia y su magia. Su reacción inicial fue miedo, pues la presión asesina de la magia era demasiado fuerte. Sin saber exactamente qué hacer, lo primero que se le ocurrió fue agacharse para dejar su varita en el suelo y luego avanzar.

Mala idea.

Ni bien dio el segundo paso, las protecciones reaccionaron y le atraparon pies y manos, las cintas rojas cubrieron su boca, tragándose sus gritos. Sus manos se sentían pegajosas y vió como era elevada en el aire y las gotas de sangre caían hacia el rojo suelo. La herida en su costado, ardiendo como fuego.

¿Cuántas veces ella vio cómo esa magia destrozaba cuerpos en un capullo mortal?

Realmente creyó que esto era todo. Los últimos momentos de su vida…

Entonces, en un instante fue liberada y cayó como un peso muerto al suelo y casi sin aire, entre un parpadeo y el siguiente vió como una puerta al fondo estaba relativamente abierta y una sombra detrás, pero eso fue todo.

Cuando abrió los ojos Tini, la elfina de Theodore, estaba poniendo vendas nuevas sobre las que manchó con sangre de la herida en su costado que se había abierto.

—Te atravesó magia oscura. Un mal movimiento y podrías desangrarte.

Star parpadeo muchas veces. Estaba semi recostada contra un sofá, mientras Theodore parecía mortalmente aburrido sentado en el sofá frente a ella. Un viejo y grueso libro estaba abierto por la mitad en la mesilla que estaba entre ellos.

—¿Por qué me atacó la casa? Ni siquiera estaba usando magia.

—Estoy haciendo reformas. —dijo sencillamente— Las protecciones fueron hechas con magia de sangre. Mi sangre y la de mi madre, así que estoy intentando manipular el encantamiento para mejorarlo. —dijo con desdén— Creo haber dicho que nadie podía subir a este piso.

Star apartó educadamente a la elfina, se acomodó la ropa y se enderezó cuanto pudo.

—Señor Nott. —dijo ella educadamente— Pido que...

—¿Pedir que? ¿Que te escuche? —dijo con una mueca burlona— ¿Por qué? ¿Por las sagradas reglas de la cortesía? ¿Un premio a tu valentía por haber protegido mi vida? Alguien humilde esperaría su recompensa con tranquilidad, pero supongo que no eres humilde.

Star apretó los dientes disimuladamente y se tragó su indignación.

—Nunca he sido humilde. Tampoco tengo el tacto para ser convenenciera y en esta situación me alegra. Theodore, tienes que liberar a McGrath.

Él le miró con aburrimiento pero no dijo nada, luego se puso de pie y fué hasta un taburete donde habían frascos de bebidas de colores, él se sirvió de una azul pálido.

—Liberar a McGrath. ¿Liberar al sospechoso número uno de organizar un ataque para matarme? Qué…. Sorpresa que seas tú quien me pida esto.

Star se enderezo cuanto pudo— No es el sospechoso número uno. Ya lo hubieras castigado si fuera así.

—Le haré algo de todas formas, —dijo Theodore sombrío— solo estoy esperando para ver quien más se une al imbecil de William Ren. Tengo espías por mi cuenta, se todo lo que pasa allí. Es un nido de traidores, todos allí lo son ¿Qué mejor estrategia que reunirlos a todos para deshacerme de ellos de un solo golpe?

Star sintió que el estómago se le hundía— Pero Theodore….

—No importa lo que hagan, no los perdonaré. —dijo mirando a ningún lugar en especial, como si hubiera olvidado en donde estaba— No voy a tener piedad. Los mataré por esto. —dijo bajito— Se lo merecen. Son traidores. Quisieron matarme, bien, ahora yo los mataré a ellos. Y todo el mundo sabrá….

Él se detuvo, pues Star se había levantado y se había acercado a él hasta tomarle la cara entre las manos y hacer que la mire a los ojos.

—Theodore. —dijo ella con la voz casi rota— No está bien. Quien hace algo malo merece un castigo justo, pero no puedes castigar a personas sin culpa.

—Claro que puedo —dijo Theodore también en voz muy baja, los ojos clavados en los suyos y sin mover un solo músculo.

—Pero no está bien. —insistió ella— Sabes como funcionan las familias. Ahora mismo, muchas se están fragmentando mientras deciden si te apoyan o escuchan a Ren. Theodore, no es justo.

—No, no lo es ¿Pero es justo para mí? Un descuido y a la menor oportunidad van por mi cabeza. ¿Quieren matarme y yo debo perdonarlos?

—No. —dijo de inmediato— Pero debes ser justo. Necesitas ser justo, si no...

—No quiero ser justo —dijo Theodore con urgencia en la voz, a través de sus manos, Star podía sentir que casi estaba temblando entre la rabia y la aparente emoción— Nadie ha sido justo conmigo nunca. Ni honesto. Todo siempre son mentiras por conveniencia y yo estoy cansado. Por una vez, por una sola vez puedo hacer lo que yo quiera. No lo sabía, pero en el fondo, esto es algo que siempre he querido hacer. Nadie es inocente. Nadie piensa en los demás. Nadie espera lo mejor, solo beneficios. Los que sean. Todos somos personas egoístas que apuestan todo el tiempo. Pero alguien más apostó por mí en todo esto desde el inicio ¿Tengo que aceptarlo y seguir el juego de alguien más? ¡¿Y para qué?! ¡¿PARA QUÉ?!

Theodore entonces se puso de pie, Star trastabilló hacia atrás y casi se cayó sobre la mesita. Ahora era él quien avanzaba hasta hacerla retroceder.

—¿Por el bien de quien? ¿Por un legado que nunca pedí? ¿Un apellido antiguo? ¿Para que magos ambiciosos mantengan su nivel de vida? ¿A cambio de qué? ¿Qué gano yo con todo esto? ¿Respeto? ¿Dinero? Nadie me ha preguntado nunca qué es lo que yo quiero ¡Nadie!

Theodore entonces estrelló el vaso con la bebida azul en el suelo, haciendo que Star se encogiera por la violencia frente a sus ojos.

—¿Y-Y q-qué es lo que quieres? —preguntó ella muy bajito.

Theodore solo la miró con desdén infinito.

Luego solo sonrió.

….

Star hizo uso de todas sus habilidades mágicas para moverse por la casa para no ser notada por los vigilantes hasta llegar al pasillo que llevaba a las habitaciones del piso subterráneo, el lugar al que se llevaban a los "invitados difíciles" importantes. Según supo Star, había un sótano un nivel más abajo, no le dió demasiada importancia a esa información… pero cuando caminó por los pasillos, podía sentir una magia extraña e incómoda. Casi como si fuera magia tenebrosa.

Con cierto miedo, Star se preguntó que guardaba Theodore allí abajo.

Avanzó un poco más entre la penumbra de las cámaras vacías y alcanzó el lugar donde podía verse un espacio iluminado.

Llamar a esa cámara una "celda" sería exagerar, pero tampoco era precisamente una habitación de invitados.

La cámara era como un espacio incrustado en la roca de los cimientos, cuadrado y pulcro, simétrico, bien iluminado y perfectamente amueblado con lo básico e incluso contaba un modesto librero, incluso emanaba calor, diferente al frío del pasillo. No había barrotes a la vista, pero sí runas mágicas que brillaban azules alrededor de toda la cámara. Las mismas runas brillaban alrededor de una de las muñecas del mago cautivo.

—Buenas tardes, señor McGrath —dijo ella mientras se sentaba sobre sus rodillas en el pulido suelo frente a la recamara.

Sebastian estaba recostado contra un diván gigantesco que podría hacer perfectamente de cama, tenía un libro pequeño en las manos del cual apartó la mirada solo un instante para verle la cara.

—Buenas tardes —contestó— ¿Cómo te sientes? ¿Te estás recuperando bien?

—Gracias por salvar mi vida —dijo ella, recordando que ante todo, Sebastian McGrath era Medimago y sin él probablemente hubiera muerto.

—Fué muy educativo. Nunca había tratado a alguien con sangre de Praethor. Al parecer ustedes sanan más deprisa que los demás. No me des todo el crédito, sin esa condición habrías muerto.

Star asintió en silencio.

—Aún así, tengo que agradecérselo.

—¿Es una especie de estrategia?

—¿Qué?

—¿Theodore te envió?

—No —contestó ella negando con la cabeza.

—Qué extraño. —dijo él— Aún no ha enviado a nadie. Philip adoraba el desgaste mental. Durante la primera insurrección él atrapó a unos cuantos magos y los encerró, los tenía incomunicados por días para acabar con sus corduras. Luego… enviaba a alguien externo, un tercero sin motivos para involucrarse... alguien que "se preocupa" de todo lo que sucede, con terribles noticias claro, noticias que alimentaban la imaginación fatalista del prisionero. Luego, más encierro y finalmente, la visita para confesar o negociar. Le funcionó bastante bien. —dijo mientras pasaba la página— Entonces, Matthews, ¿Qué noticias terribles tienes para mí?

Star se mordió el interior de la mejilla.

—Theodore no me ha enviado. —replicó— Estoy aquí por mi cuenta.

—Ajá —dijo Sebastian, ignorándola completamente.

—No miento.

—Lo que tú digas.

—William Ren tomó tu territorio, llamó a las familias de tu Dominio con la intención de presionar a Theodore para que te liberen. Dió el plazo de dos días, si no levantaría al Dominio y...

—En mi ausencia, Anya está a cargo del Dominio. No importa que, ella no lo permitirá. —dijo él de inmediato, cortandola.

—Theodore dijo…

—Anya es de Noruega. —el mago volvió a cortarla— Noruega nunca traicionará a los Nott y Theodore lo debe saber mejor que nadie. No importa lo que diga Ren o que vaya a hacerme Theodore, eso no va a pasar.

—Theodore dijo —replicó Star con más ímpetu— que haría una corrección masiva, Darke intentó disuadirlo pero no lo escuchó. Yo también lo intenté, pero los rumores ya corrieron hace horas. Justo antes de que yo viniera aquí… —Star se aclaró la garganta—... una facción de tu familia se rebeló y rompió sus juramentos. Algunos atacaron a tu esposa cuando ella intentó detenerlos.

Sebastian dejó su libro y se puso de pie de inmediato y caminó hacia ella.

—Mientes —dijo el mago con dureza.

—Creo que me conoce bastante bien, señor McGrath. Yo no miento. —dijo y esperó a que el mago replicara, pero este no lo hizo— Su esposa y su hijo están bien hasta donde sabemos, los espías dicen que William podría haber muerto, nadie pudo confirmarlo. Darke ya debe estar allá ahora, salió con sus magos antes de que Theodore le diera permiso, discutieron así que no sabemos qué va a pasar cuando vuelva. Si es que vuelve. —Star se aclaró la garganta, ahuyentando sus propios temores— Ese territorio es un caos ahora mismo.

Sebastian negó con la cabeza— Esto es muy bajo. —dijo él mientras daba vueltas en el corto espacio que tenía en la cámara— Philip al menos entendía que no podías meterte con la familia de tus enemigos si los otros no lo hacían primero.

Star tomó aire antes de hablar.

— Esto no fue un plan…

—¡La familia que me queda me teme lo suficiente para no hacer una tontería así! —dijo totalmente exaltado, sin embargo, luego tomó aire y se calmó de inmediato— Ellos no habrían atacado a Anya si existiera posibilidad de que yo pudiera vengarme. Theodore debe haberles prometido algo.

Star cerró los ojos con fuerza. Con tristeza entendió que el mal estaba hecho, Theodore había perdido su reputación de justo y ahora todos esperaban lo peor de él.

—Si fuera el caso. —replicó ella— él no hubiera enviado a los magos de la primera línea que le quedan para ayudar a calmar el caos y con órdenes de poner a salvo a su esposa y a su hijo.

—Dijiste que Darke salió sin permiso, que discutió con Theodore —dijo Sebastian confundido.

—Darke es su vínculo. Y también es noruego. Usted sabe que buena parte de su territorio odia a los noruegos. Theodore no quería que fuera porque creía que solo iba a conseguir que lo mataran.

Sebastian volvió a dar vueltas en su cámara, como si fuera un animal enjaulado.

—¿Por qué él no ha venido? —dijo Sebastian pasándose las manos por la cabeza— ¿Qué quiere?

Cuando ella le preguntó a Theodore que era lo que él quería, este solo susurro una palabra "Todo".

Star pensó que estaba delirando, sin embargo, él siguió hablando y parloteando acerca de que nadie más tomaría decisiones por él. Que la única manera de asegurarse de que nadie podría amenazarlo era tener el poder absoluto y eso solo lo conseguiría haciendo que nadie más pudiera igualarlo.

Star miró hacia sus propias manos.

—No creo que se trate de lo que quiere... —contestó ella— si no de lo que no quiere.

Y con un pesado suspiro continuó.

—Theodore no quiere ser traicionado.

"Más bien, parece tener miedo de que lo traicionen. Quizá por eso es tan errático..." pensó ella.

Sebastian se frotó el cuello— Yo no planeé ese ataque.

—Muchos piensan lo mismo. Yo también. —dijo ella— Pero puede que Theodore lo vea a usted como una amenaza.

El mago entrecerró los ojos— ¿Sabes mi historia? No soy tan ambicioso, yo no perseguí mi título, solo hice lo que debía en el momento que tenía que hacerse. —dijo a la defensiva— No planeo destronar a Theodore. Este Dominio es un caos eterno, siempre lo ha sido y lo único que lo sostiene son los juramentos mágicos y sus vínculos. Intentar tomarlo es un suicidio, el mismo Theodore debería saberlo, casi hace que lo maten cuando lo tomó de Philip. Nadie a parte de un Nott podría manejar el Dominio, eso lo sabe todo el mundo.

Y este era el punto en que Star dudó antes de seguir hablando. No era una negociante. No era buena manejando palabras ni captando el tono de las personas, menos midiendo sus intenciones. No estaba entrenada para saber si alguien estaba mintiendo o no.

Ella sólo sabía ser honesta.

—Antes de que Darke se fuera… oí un poco de su discusión. Theodore dijo que Darke le ocultaba información importante y que eso no era de alguien leal. Darke le dijo que habían promesas que aunque no fueran mágicas no se debían romper.

Sebastian levantó la cabeza de inmediato.

—No sé qué está pasando, pero sé que Darke es su amigo y lo está cubriendo. —Star se mordió el interior de su mejilla— Pero eso no va a ser eterno. ¿Recuerda que en la audiencia Taylor se acercó a hablar con Theodore? Yo estaba allí y oí como él le dijo a Theodore que había formas de ponerlo a usted bajo control. Apenas Darke se fué, Theodore mandó a llamar a Taylor. —Star vió como el rostro de Sebastian se ponía pálido, ella solo apartó la mirada— Oí como Taylor pidió estar a cargo de la primera línea una vez usted sea exiliado, sonaba como si ya fuera un hecho.

Star se puso de pie y miró al mago con pesar.

—Yo no creo que usted sea culpable, pero está a punto de caer en desgracia y yo vine aquí para advertirle. —dijo con pena infinita— Mi familia también cayó un día, mis padres lo hicieron. Entre los Praethor, la caída no importa, si no caer solos y darle la oportunidad al resto de la familia para limpiar el error, permitir que el legado mágico sobreviva. —Star se miró las manos de nuevo— Realmente lo he admirado, señor McGrath, por eso vine. Como siempre lo ha hecho, sé que usted hará lo correcto.

Star salió del piso subterráneo y diferente a cuando había entrado, ahora sí había guardias. No luchó ni se resistió cuando marcaron runas de prisionera en sus muñecas. Cuando la llevaron por el pasillo principal del primer piso, un poco escondido entre los entramados del pasillo superior Edward la miraba con una especie de mezcla entre el desdén y la decepción.

Ella, sin embargo, levantó la cabeza con dignidad.

Los guardias se habían percatado de que alguien estaba espiando la conversación que Theodore tenía con Taylor y ella aprovechó esa confusión para intentar llegar hasta Sebastian McGrath. Edward la había atrapado en el camino y cuando ella le dijo que estaba haciendo lo correcto, de algún modo lo convenció y la dejó ir. Por supuesto, probablemente ahora se arrepentía de ello.

Star fué prácticamente arrojada en una habitación sin ventanas en el ala de castigo para la primera línea. Las runas en sus muñecas la quemaban ligeramente, pero no era insoportable. Caminó hasta la pared en frente de la puerta, pensando aún en lo que acababa de hacer.

¿Iban a acusarla de traición? ¿Theodore ordenaría que la exiliaran? ¿Que la mataran?

A este punto, a Star ya no le importaba.

….

La puerta se abrió al anochecer, eran guardias con el rostro cubierto que no le dijeron una palabra, sin embargo la llevaron sujetándola de los brazos a la planta baja. Por un instante, ella creyó que tendría una audiencia pública, pero pasaron de largo el salón y llegaron hasta las puertas del estudio privado de Theodore.

Él estaba allí, sentado en su gran asiento detrás del enorme escritorio, aún tenía manchas de sangre en la parte blanca de su ojo derecho y todavía tenía cubierta la mejilla, pero al menos ya no se veía tan pálido como antes. Edward también estaba allí, a la izquierda y con un rostro que ella no podría describir. Cuando sus miradas se cruzaron, él miró al suelo.

—¿Tienes algo que decir? —preguntó Theodore.

—¿Vas a exiliarme?

—¿Crees que es lo que mereces?

—No. —dijo ella— Yo hice lo correcto. La misión de vida de un Praethor es la protección de los legados mágicos. La extinción de la sangre pura mágica es algo a evitar y por eso juramos a las familias que contribuyen a ese fin. Juré a los Nott por eso dar mi vida protegiéndote sería un honor… pero… —Star se miró de nuevo las manos— si tus actos arriesgan los legados mágicos de los demás… Lo correcto es detenerte.

Ella tomó aire y miró brevemente por la gigantesca ventana del estudio. Theodore le había dicho una vez que para decidir qué hacer, había que tener la mejor vista para tener el panorama completo.

—Fuiste irresponsable y no mediste el alcance de todo lo que hacías, con tus amenazas hiciste que los McGrath se atacaran entre ellos y al final terminaron atacando a Anya McGrath y ella fué arrinconada entre huir o morir, sin ella en el Dominio no pudo cumplir la promesa mágica de Sebastian a las familias… —dijo ella con pesar— Ella no pudo protegerlos de los otros McGrath y por eso… el juramento principal se rompió. Querías controlar el lugar, pero terminaste haciendo que se destroce.

—Yo no hice eso. —dijo Theodore con calma inaudita— Yo no quería controlar ese territorio, Sebstian estaba bajo investigación, eso era todo. Ellos no eran el problema. William Ren era el problema, todo el mundo sabía que no estaba en buenos términos conmigo. Anya no debió recibirlo y dejar que hablara en nombre de SU territorio en primer lugar. El resto de los McGrath también lo aceptaron, todos ellos debieron echar a Ren y esperar a que la investigación termine.

—Encerraste a McGrath.

—Protocolo. Es lo que se hace.

—Dijiste que ibas a hacer una corrección masiva —dijo ella anonadada.

—Dije muchas cosas, ya sabes. El ataque inesperado, uno de mis vínculos terminó siendo sospechoso de planear asesinarme, todo eso me afectó bastante y eso lo sabe todo el mundo. Hablé por la ira, casi muero ¿Quien no se enfadaría? —Theodore se encogió de hombros— Además, las correcciones masivas demandan mucha preparación, se necesita a mucha gente y todo eso, lo sabes, estuviste en muchas el año pasado. Ni siquiera ordené que se preparara una. Si la gente esparce rumores y otros lo creen no es mi asunto.

Star se quedó con la boca abierta y sintió como si le hubieran pateado en el estómago.

—Pero… Pero...

—Pero… pero… ¿Qué?

Star miró de Theodore a Edward, él aún seguía con la mirada baja.

—¿Y la promesa a Taylor? Pidió el mando de la primera línea…

Theodore soltó una mezcla de resoplido y risa— Lo pide cada que McGrath se equivoca —dijo despectivo— ¿Porque iba a quitar a McGrath del mando de la primera línea? La investigación ya terminó y lo que queda de los culpables están siendo atrapados ahora mismo, porque la mayoría murió durante el ataque. McGrath está limpio y acaba de irse hace unas horas. Lo envié a casa y le di todo mi apoyo para que ponga orden en su territorio. Si Ren sigue vivo, será exiliado y todo este problemático asunto terminará de una buena vez.

—Me encerraste…

—Correteas por ahí con una herida maldita que pudo haberte matado. —dijo con una sonrisa en la cara— Encerrarte viene siendo la única manera para conseguir que descanses apropiadamente. Salvaste mi vida, tengo que cuidar de la tuya aunque no quieras. Te lo debo. —Theodore se puso de pie— Y ya que hablamos de eso, piensa en que vas a pedirme para premiarte por tu compromiso con mi familia. Has hecho mucho por mi, Star. Estoy… realmente agradecido contigo. Lo informaré apropiadamente al Praethorium y haré una generosa donación. Ahora, debo irme, ha sido un día largo y quiero descansar.

Theodore entonces se fué del estudio caminando elegantemente, dejando a ella y a Edward atrás.

Star, confundida, sentía el estómago revuelto y la cabeza a punto de darle vueltas.

Edward rompió el silencio tomando un pisapapeles de la mesa y arrojándolo contra la puerta por la que Theodore se fué y haciendo que se rompiera en pedazos.

—¡Perfecto idiota! —gritó indignado.

Star, aún más confundida, solo alcanzó a sujetarse la cabeza.

—¿Edward?

—Lo planeó. —contestó él— Tuvo que haberlo planeado. ¡Ese niño estupido!

—¿Qué?

Edward entonces se sujetaba la cabeza con ambas manos— Lo sabía, todo era demasiado perfecto. Demasiada coincidencia. El ataque de Xavier, que no trajera la capa… Nos usó, nos usó a todos. A Darke, a Taylor, a ti, a mí, a McGrath… Anya… Ren, por Merlin, puede que Ren este muerto… ¿Cuántos deben haber muerto? ¿Y las familias de McGrath? Todas esas familias ahora…

—Edward, espera ¿De qué estás hablando?

—¡Ese niño! —dijo Edward muy enfadado y apuntando a la puerta por la que Theodore se fué— Ese niño juega con todos nosotros. Fingió el ataque para quitar a quien le estorbara… apuntó a McGrath, él era el único que podía hacerle frente y por eso lo quitó del camino.

—Pero… —masculló Star confundida— dijo que McGrath estaba limpio. Él lo dijo.

Edward negó con la cabeza fuertemente.

— No, más bien encontró la forma de controlarlo. Luego de que te encerraron, él fué a ver a McGrath. No tengo idea de qué hablaron, pero salieron de allí y Theodore le trato como si fuera su amigo de toda la vida y ahora McGrath hace todo lo que Theodore le manda y sin discusiones.

Star, boquiabierta, aún no lo entendía.

—Ha ido demasiado lejos. —dijo Edward, enfadado e indignado primero, pero de pronto comenzando a masticarse pulgar— Es demasiado solo para quitarle poder a Sebastian. Un capricho, ha sido un capricho suyo restarle poder desde que no le gustó que él le dijera la verdad a la cara cada que podía. Al final, solo quería tenerlo en la palma de su mano. Una marioneta, ese niño solo quiere marionetas. Juguetes…. Él solo quiere juguetes.

—¿Estás diciendo que Theodore planeo que lo ataquen?

—Tuvo que haberlo hecho. Sangre pura… Los niños sangre pura son así, niños caprichosos que hacen lo que quieren sin medir las consecuencias. Niños así… Niños así deberían...

Star entonces negó con la cabeza— Escucha Edward…

Pero Edward no escuchaba, su mirada comenzaba a desenfocarse y Star distinguió los síntomas de estar siendo absorbido por un recuerdo.

—¡Edward, escucha! —solo entonces él se centró en ella— Escuchame. No creo que él lo haya planeado todo. Tú no lo viste, pero Theodore estaba aterrado cuando le lanzaron esa maldición.

—Theo sabe bien como mentir.

Star no estuvo segura de seguir, pero como siempre, prefirió ser honesta.

—Ya lo he visto así antes. —dijo ella, ganándose la mirada incrédula de Edward, pero luego su desdén— No creo que lo haya planeado. Tú mismo lo dijiste, son demasiadas coincidencias. Cuando mucho, solo actuó sobre la marcha.

—Ya no se que creer. —dijo Edward, pasándose una mano por el cabello, sonando totalmente desesperanzado, derrumbándose sobre uno de los sillones— Theo solo va de mal a peor.

Star se mordió el interior de la mejilla— Mejorará. Haremos que mejore. —dijo ella— Puede que haya cambiado un poco, pero lo innato permanece. Tenemos… tenemos que controlar el caos mientras se recupera. Solo tenemos que mostrarle el camino adecuado. Solo tenemos que hacer eso.

—A veces… a veces me pregunto si acaso no he idealizado demasiado a Theo —murmuró él para sí mismo— quiero decir ¿Y si estoy equivocado? Quizá este juego no tiene sentido. Quizá estoy haciendo todo esto por nada. Quizá iba a terminar así de todos modos —Edward sacudió la cabeza— Siempre fue un niño convenenciero, manipulador y sombrío… la única diferencia es que antes se sentía culpable al respecto; pero era un niño. Los niños cambian. Quizá él iba a ser así de todas formas y yo solo estoy perdiendo el tiempo. Quizá el viejo Theo iba a desaparecer de todas formas —dijo casi en una carcajada triste y poniéndose de pie casi de un salto— ¿Recuerdas cuando me preguntaste que quería?

Star le miró de reojo, aún en guardia porque se estaba acercando a ella, pero de alguna manera calmada pues no presentía que el mestizo tuviera algún indicio de ser agresivo. Puede que fuera su postura. Puede que fuera el tono cansado de su voz. Puede que fuera la manera en la que la miraba, ya no con la rabia habitual que venía cuando hablaban del estado de Theodore, si no con pesar infinito.

"Quiero al nuestro Theo de vuelta, al que nos quitaron" había dicho Edward una vez.

—Lo recuerdo —le dijo Star en un susurro.

—Bueno, creo que ya no quiero eso —Star no dijo nada, pues el mago tenía la mirada perdida de nuevo— Quiero una máquina del tiempo. —dijo mirando a la nada— Quiero una maldita máquina del tiempo.

Star le miró marcharse a pasos cansados. Ella, sin embargo, no podía quedarse quieta.

"Tengo que hablar con McGrath" pensó.


Había planeado su regreso a Hogwarts para el miércoles por la mañana, sin embargo, en el Dominio todo eran problemas tras problemas. El territorio de McGrath era incontrolable y solo de la tarde del martes a la mañana del miércoles, fue tiempo suficiente para que se gestara una especie de conflicto interno. No se lo esperaba, todo hay que decirlo.

Theodore pensaba que McGrath tenía más lealtad de su gente pero tal vez lo había sobreestimado.

Hizo una mueca por eso. Su padre solía decir que si luego de lanzar una solución un ambiente violento no se tranquilizaba, entonces la solución no servía.

"Liberar a McGrath no sirvió de mucho después de todo" pensó con aburrimiento mientras los aurores en la entrada lo revisaban con encantamientos de seguridad y prestando mucha atención a su aspecto, seguramente se morían por interrogarlo. Claro, no podían.

Theodore no quería llamar demasiado la atención con su aspecto golpeado y hubiera preferido quedarse en casa hasta recuperarse completamente, pero muchos podrían interpretar eso como temor al exterior, temor al mundo.

Su padre también solía decir que había heridas que tenían que esconderse y otras que debían lucirse.

En este caso, debía de mostrarse como un sobreviviente. Alguien fuerte que soporta un ataque violento como el que acababa de pasarle y continuar como si nada.

Theodore hizo una mueca. Últimamente recordaba demasiado lo que su padre solía decirle.

"Como sea" se dijo.

Lo cierto, es que verse golpeado ahora mismo era algo a lo que sacarle provecho. A pesar de lo mal que podían ponerse las cosas, al final siempre terminaba ganando, estaba completamente seguro de eso.

"Y ahora controlo a McGrath. No va a poder traicionarme aunque quiera" pensó con cierta satisfacción.

Pero aunque la satisfacción era grande, el miedo no se iba. Theodore no podía esperar para volver a Hogwarts para de una vez por todas volver a tener su capa de vuelta en sus manos. Eso se decía a sí mismo, pero en realidad secretamente tenía la sensación de que allí no se estaba en peligro. Que estar allí era seguro.

Actuaba muy tranquilo y confiado, pero la verdad es que a pesar de todo aún no encontraban al responsable original del ataque, solo a más peones. También se pudo identificar el tipo de magia que se usó para anular las protecciones de la casa, pero todavía no encontraba un modo de poder prevenir que sucediera de nuevo.

Entonces, en resumen, aún había un traidor suelto con muchos posibles aliados esperando una nueva oportunidad. La casa del Norte, la casa más segura… sencillamente ya no lo era. Los días después del ataque apenas y consiguió dormir de rato en rato por el temor constante a ser atacado de nuevo.

"Lo primero que haré será ir a la sala de Menesteres" pensó, el cansancio pesando como montañas sobre su espalda mientras recorría el jardín delantero del castillo, a duras penas conteniendo un bostezo. "Me saltaré la cena, haré que Hermione se de cuenta de que volví. Ella ya sabe cómo buscarme, seguramente me traerá mi capa." pensó mientras se sumergía en calma "Ella me acompañara si se lo pido… podría cuidarme mientras duermo. Necesito dormir al menos una hora".

Inevitablemente recordó la última vez que ella cuidó de él.

"Si" pensó mientras era envuelto por un sentimiento extraño "Aquí es seguro y puedo confiar en ella".

Pero apenas pasó las puertas del castillo, se encontró con una figura negra y rostro duro y serio esperando por él.

Theodore saludó educadamente al profesor Snape, pero internamente esperando una mala situación.

No se equivocaba.

...

—Me alegra saber que ha regresado sano y salvo, joven Nott.

—No precisamente sano, pero Gracias. —contestó con algo de ironía, pues las huellas del ataque eran obvias. Batió con delicadeza el té que le fué servido pero que ni por todo el oro de Londres se bebería.

—Situaciones complicadas, por supuesto —continuó el anciano.

—Bastante.

El profesor Dumbledore entrelazó sus dedos por encima de su escritorio.

—Me apena escucharlo. Debe estar siendo difícil de manejar, más en su situación.

—El deber es el deber —contestó Theodore, de alguna manera incómodo.

—Por supuesto. —sonrió ligeramente, la ensayada sonrisa empática que él presentía era el prefacio de una mala noticia— Tienes mucho con que lidiar, Theodore. —Dumbledore se aclaró la garganta— No es muy común, pero casos como el tuyo se han dado en la escuela y eso establece un protocolo, el cual tengo que comentarte.

—¿Protocolo?

—Para casos como el tuyo. —repitió el profesor— Técnicamente, con tu padre sin poder legal sobre ti y sin más familiares a la vista, eres un huérfano. Pero no uno común, eres la cabeza de una familia que tiene a cargo muchas más.

—Es un título en espera hasta que sea mayor de edad. —dijo Theodore— Frederick Taylor es quien controla el Dominio.

—Legalmente, claro. —dijo el profesor— Pero a estas alturas no es ningún secreto que participas activamente en todo ello.

—¿A dónde quiere llegar? —preguntó Theodore con desconfianza.

—¿Llevas la cuenta de cuántos días has faltado a clases en lo que va del año?

Theodore frunció el ceño, pues no se esperaba ese tipo de pregunta.

—No estoy seguro….

El profesor levantó un índice y lo sacudió.

— Ese es precisamente el punto. El conteo supera los cuarenta días. Si sumamos los anteriores, son más de setenta. Lo haces bien en los exámenes y te pones al corriente bastante rápido para compensar tu ausencia, pero es un ritmo que no puede mantenerse en el futuro y...

—¿Va a expulsarme? —preguntó Theodore con urgencia mal disimulada.

El profesor le miró de reojo antes de contestar y Theodore se dió cuenta de su error.

— Oh, no. Claro que no. —dijo con voz aterciopelada— Como decía, hay un protocolo para casos como el tuyo, magos y brujas que necesitan pasar mucho tiempo en sus territorios. Hogwarts también ofrece educación a distancia, entregamos un plan de estudio y deberes por correo, luego solo debes presentarte para los exámenes que pueden ser reprogramados si llegas a necesitarlo.

Theodore sonrió de incredulidad.

—Usted ¿Quiere que deje la escuela?

El viejo profesor negó con la cabeza— Quiero que tengas opciones, —replicó el anciano— necesitas educación, pero también tienes responsabilidades importantes que no puedes ignorar. No es una exageración decir que la estabilidad de tu familia puede repercutir en el país o puede que un poco más, tomando en cuenta como funciona la Red Flu.

Theodore no pudo replicar.

—Hogwarts también tiene límites en cuanto a los alumnos irregulares. El consejo de padres puede tomar tu caso como favoritismo o alguna especie de uso de influencias que te permiten ir y venir de la escuela. Hogwarts también tiene una reputación que cuidar. Si decides quedarte, deberás firmar un compromiso de asistencia que sí es desobedecido, automáticamente te clasificará como alumno a distancia.

Theodore apretó las manos en puños.

—Usted sabe que aunque firme, no podré cumplir ese compromiso.

—Eso dependerá de ti, Theodore.

Él miró al anciano con desconfianza infinita— Usted lo dijo, mis exámenes son perfectos, entrego los deberes. No importa que sea irregular, no he visto una sola nota o reconocimiento por una asistencia perfecta, estoy cumpliendo con lo que la escuela demanda.

—No con todo, me temo. Puedes leer las reglas si lo dudas.

—Pero... —dijo Theodore, intentando no caer en nerviosismo.

Dejar la escuela, dejar Hogwarts atrás… y permanecer definitivamente en el Dominio.

En el Dominio, viviendo en una casa que ya no era segura y acechado por traidores que estaban esperando un solo descuido para intentar deshacerse de él otra vez.

—Pero… —Theodore tenía la mirada centrada en la superficie brillante del té— Yo… —inevitablemente se llevó una mano a la cabeza.

"No quiero irme" pensó con angustia mal disimulada, luego miró de reojo al profesor y vió la determinación en sus ojos. Aunque había demostrado debilidad, no había siquiera una pizca de lástima en él.

"Tuvo que haberse enterado del ataque" pensó "Seguramente sabe que necesito quedarme. ¿Y si acepto ese compromiso, luego que pasará? ¿Van a condicionar mi estadía en la escuela? ¿Usará eso para amenazarme o pedirme algo? ¿Esto me conviene? ¿Acaso estoy… poniéndome en sus manos?"

La cabeza de Theodore era un hervidero, sin embargo, la otra opción era irse de Hogwarts y volver al Dominio.

Eso hizo que decidiera.

—Yo… Necesito pensarlo. —dijo mientras se tocaba la venda que aún le cubría la mejilla, conseguir compasión para asegurarse de ganar tiempo. Tiempo para enviar cartas a quien sea que pudiera arreglar ese problema. — No han sido días buenos para mí, profesor. Me gustaría poder descansar antes de tomar una decisión.

—Pasa por mi oficina mañana, por favor.

—Lo haré.

Theodore estaba seguro de que ambos sabían cuál sería la respuesta.

Al salir de la oficina del director no se detuvo a decidir su camino, más bien era como si su cuerpo se moviera en automático mientras pensaba en qué hacer, pero si tenía el objetivo: Permanecer en Hogwarts

El cómo era el problema. Tenía que averiguar primero qué quería Dumbledore.

¿Acaso quería atarlo a la escuela con ese compromiso que pretendía que firmara y así condicionar sus salidas? Porque necesitaría salir, eso era un hecho. Si ese fuera el caso, sería problemático pues no quería deberle favores al mago.

Sin embargo, podría haber otro motivo: Despojarle de refugio.

Theodore se mordió el interior de la mejilla con fuerza. Si ese era el propósito, si Dumbledore estaba con sus enemigos entonces Hogwarts no era seguro y lo mejor sería irse.

"No, ni siquiera él se atrevería a tanto. Si un estudiante es atacado en la escuela…." pensó, pero entonces comenzó a sacudir la cabeza, pues recordó que él ya había sido atacado en los terrenos del castillo.

Theodore se paró en seco y miró a su alrededor a las paredes extrañas y sombrías, un cuadro en lo alto que desvió la mirada cuando él se dió cuenta de que al parecer le vigilaba.

"Un lugar seguro… no existe" pensó al borde de la histeria.

Una mano le tocó el hombro y él reaccionó de inmediato, girando de inmediato mientras llevaba una mano hacia la varita escondida debajo de la manga de su túnica y apuntando directamente entre los ojos de quien estaba a su espalda, el maleficio en la punta de la lengua, la magia a punto de estallar en la punta de la varita.

—¿Qué demonios Nott?

Theodore chasqueó la lengua y ocultó su nerviosismo lo mejor que pudo.

"Es Draco, solo es Draco" se dijo mientras guardaba la varita.

—¿Qué quieres? —le dijo bruscamente.

—Explicaciones —demandó Draco con mal genio— ¿Qué demonios estás haciendo? ¿En qué carajos pensabas cuando pusiste de cabeza el territorio de McGrath?

Theodore entrecerró los ojos ante el reclamo— ¿Qué?

—¿Es una especie de venganza? ¿Qué demonios va a pasar ahora?

—¿Venganza?

—No te atrevas a hacerte el desentendido, sabes a qué me refiero. McGrath apoyaba mi control sobre mi Dominio, ahora que se retiró para controlar su territorio ¡El mío es un caos!

Pero Theodore solo alcanzó a entornar las cejas con sorpresa.

—¿Venganza? —preguntó— ¿Crees que me estoy vengando de tí? —dijo en medio de una risa irónica, descolocando totalmente a Draco— ¿Crees que esto tiene que ver contigo? —preguntó mientras se apuntaba al rostro— ¡Iban por mi maldita cabeza! ¿Crees que esto es por tí, gran idiota?

Draco se cruzó de brazos ofendido— No hablo de eso, imbecil. —dijo despectivo— Pero no puedes negar que lo usaste para hacer tu movimiento, estoy seguro de eso.

Theodore se pasó la mano por el cabello, echándoselo hacia atrás.

—No me interesa. —dijo cansado de nuevo— Estoy harto. Si no puedes controlar tu propio Dominio, entonces es culpa tuya, no mía. Tenemos una alianza, no un maldito matrimonio. Se hizo y puede deshacerse, si te confias en que será eterno entonces el único idiota eres tú.

Theodore se dió vuelta con claras intenciones de irse.

—Mira quien habla de ser confiado. —reprochó Draco mientras lo seguía— Aun manteniendo cerca a indeseables. Cuando dijiste que todo era conveniencia, no me costó creerlo precisamente porque se trata de ti: Un maldito convenenciero. No es mi asunto si te pones amistoso con la sangre sucia, pero al menos espero que no hayas sido tan imbecil para abrir la boca más de la cuenta en alguno de tus estúpidos juegos mentales.

Theodore se giró de inmediato.

—¿De qué estás hablando?

—El Domingo, cuando te fuiste. Yo estaba con Snape, escuchamos cuando estabas discutiendo con McGonagall. ¿Por qué la Sangre sucia estaba contigo? ¿De dónde venían? —Draco entrecerró sus ojos— ¿Por qué la dejaste quedarse con tu capa?

Los oídos de Theodore palpitaban, sin embargo, no movió un solo músculo.

—Es asunto mío —dijo imperturbable.

—Asunto tuyo. —dijo Draco con una sonrisilla arrogante formándose en su rostro, dándole una mirada con desdén de pies a cabeza— Dicen que los Nott nunca olvidan cuando les haces un favor —dijo mientras avanzaba y lo pasaba de largo— espero que recuerdes esto. Luego de que te fuiste, ese "asunto tuyo" estuvo en la oficina de Dumbledore, hablando por bastante tiempo.

Theodore iba a decir una estupidez, menos mal Draco siguió hablando.

—¿Por qué no le preguntas a "tu asunto" de qué hablaron? —siseó— Los indeseables son indeseables por algo, Nott. Los mestizos son traicioneros y los sangre sucia están podridos. Si tratas con ellos toda esa porquería solo se te pega.

Draco se fué a paso triunfante, pues lo había dejado sin palabras.

Theodore, con la mente en blanco, solo podía escuchar su propia respiración.

No supo cuánto tiempo pasó así, pero reaccionó cuando escuchó el ligero bullicio que venía de los pasillos que venían del gran comedor. Seguramente la cena ya había terminado y todos retornaban a sus salas comunes. Miró a su alrededor y se escabullo por otro pasillo, subiendo y subiendo por escaleras solitarias, las más solitarias del castillo y como algo pequeño revoloteando a su espalda, podía sentir perfectamente que Hermione se acercaba.

Cuando llegó a la sala de los Menesteres, la encontró casi tal cual la había dejado. Lo primero que hizo fué ir al cofre de implementos para pociones, mirando con atención los frascos que contenían los ingredientes peligrosos, pero no podía recordar la cantidad que tenían la última vez que revisó.

De hecho… no recordaba cuándo fué la última vez que revisó.

¿Cuántas veces había recibido pociones de manos de Hermione y se las había bebido sin siquiera revisar? ¿Y la comida? ¿Y las bebidas? ¿Cuánto había recibido mientras confiaba ciegamente en ella?

"Iba a pedirle que cortara mi cabello" pensó nervioso mientras se llevaba una mano a la cabeza.

La puerta se abrió entonces y se cerró un instante después.

Una exhalación ahogada se llevó su atención.

Hermione tenía las manos sobre su boca y salía de debajo de la capa y la dejaba caer al suelo mientras caminaba rápidamente hacia él.

—Merlin —dijo, su rostro lleno de preocupación mientras que con sus manos le tomaba de las mejillas e intentaba escrutar las heridas visibles. — ¿Qué te pasó? ¿Estás bien? Por Merlin… —se lamentó mientras llevaba la mano hacia la suya y tiraba de él hasta el sillón y hacía que se sentara— ¿Qué te pasó? —preguntó con aún más urgencia.

—Fué un ataque. —contestó él, algo descolocado por la preocupación que desbordaba cada una de sus palabras— Me atacaron.

—Se ve mal —dijo aún de pie y ahora tocando delicadamente con las puntas de sus dedos alrededor de su ojo derecho. Theodore se quedó momentáneamente paralizado al ver sus ojos que parecían querer ponerse vidriosos.

"¿Vas a llorar por mí?" preguntó en su mente.

—¿No dijiste que tienes magos cuidándote todo el tiempo cuando estás fuera? —preguntó algo enfadada.— ¿No dijiste que todo iba a estar bien?

—Supongo que me equivoqué. —dijo mientras la miraba a los ojos y la tomaba por las muñecas— Estaba bien planeado, no lo ví venir. Pero estoy bien.

Theodore tiró de ella para que se acercara y despacio, enlazó sus manos por detrás de su cintura y lentamente apoyó la cabeza contra su estómago.

Cuando cerró los ojos, estaba de nuevo allí y podía ver pasar todo de nuevo, la maldición volando hacia su cara… la magia de la casa fallando, Matthews saltando en medio y la maldición atravesándola como si fuera papel.

Por un instante creyó que eso sería todo, el final.

Cuando la magia lo golpeó en la cara todo se puso negro y solo sintió que estaba contra el suelo. No alcanzó a ponerse de pie, los oídos le zumbaban y solo uno de sus ojos parecía servir, pero veía todo rojo. Cuando se tocó la cara, sus manos quedaron pegajosas.

Sangre, sangre roja y pura sobre sus manos.

Las manos de Hermione le distrajeron del recuerdo. Sus dedos estaban entre su cabello y parecía estar acariciando su cabeza. Theodore solo apretó más sus manos alrededor y cerró los ojos de nuevo.

—¿De verdad estás bien?

—Sí. —susurró— En serio estoy bien.

Entreabrió los ojos un instante y miró con detenimiento la capa mágica, abandonada a su suerte cerca de la puerta. La capa era una reliquia familiar, un objeto milenario y de leyenda, producto de legados mágicos y sangre de Nott, por lo que solo respondía a su magia y su voluntad. Sin duda, era una de sus posesiones más útiles y apreciadas.

Malfoy le preguntó porqué había dejado que Hermione se la quedara y lo cierto es que no creyó que la necesitaría y también… porque pensó que no pasaría nada si se la dejaba a ella. Y eso era porque confiaba en ella.

"Confío en ti" pensó mientras ella pasaba sus dedos por su cabello, haciendo que entrara en más y más calma.

"De verdad confío en ti"

Theodore entreabrió los ojos y si era posible se apoyó incluso más contra ella.

"Draco habla por hablar." se dijo "El director puede llamar a quien quiera a su oficina, pudo ser cualquier cosa. Si, cualquier cosa."

"Tú no vas a traicionarme. No lo harías".

Le costó un poco, pero apartó los pensamientos invasivos y la paranoia. Incluso por un instante, solo por un instante, pensó que incluso aunque fuera a ser traicionado, no quería saberlo.

Cerró los ojos de nuevo.

"Mejor no saber" resonó en su mente y se hizo el silencio.

Era como estar en un lugar oscuro y silencioso.

Pacífico.

Lejos de todo y todos.

Lejos del dolor y el daño.

A salvo.

—Que bueno que regresaste. —dijo ella con voz de terciopelo— Se oyen tantas historias y no entiendo cómo es que siempre intentan ponerte a tí como el malo.

"Puede que sea porque en parte es cierto." pensó "Nadie ha construido nada solo con bondad, alguien siempre termina aplastado."

—No me importa demasiado —contestó él, con la cabeza aún contra su estómago.

—¿No decías que la reputación es algo que cuidar?

—La mala reputación tiene sus ventajas —contestó intentando ocultar una sonrisa.

"Nadie se mete contigo si sabe que va a pagar muy caro el atrevimiento"

—No digas eso. —dijo ella con un ligero tono amargo en la voz— Es como si les dieras la razón y no es así.

—¿No?

—Claro que no —dijo ella convencida.

Theodore, con el rostro oculto, solo sonrió de nuevo.

—No eres una mala persona, solo no te conocen lo suficiente. —ella soltó un resoplido— No te entienden y ese es el problema. Incluso Dumbledore lo entendería si supiera todo por lo que has pasado.

—¿Dumbledore? —preguntó Theodore bajito.

—Si. —dijo ella— El profesor está convencido de que no eres confiable solo porque muchos dicen que no lo eres.

—¿Dumbledore te dijo eso?

Ella suspiro y peinó de nuevo su cabello con sus dedos— Si, no creo que lo haya dicho con malas intenciones; pero ahora parece que él cree que debo tener cuidado contigo.

—Vaya, ¿Y cuando pasó eso?

—Oh, el Domingo. —dijo ella con total calma— Él quería…

Theodore la soltó en ese momento y colgó una de sus manos sobre la rodillas… la otra la llevó disimuladamente hacia su cuello para tocar el anillo que allí llevaba. Su cabeza aún apoyada contra su estómago.

—¿Qué quería? —preguntó Theodore, los ojos bien abiertos y mirando hacia la puerta.

—Hablar conmigo —dijo ella sonando algo descolocada.

—¿Acerca de qué?

—Cosas de prefectos. —dijo ella algo atropellada— Quería saber si no estabas haciendo nada raro cuando te pusiste mal. Se supone que yo te encontré y te ayudé ¿Recuerdas?

Al mismo tiempo que ella respondía, el anillo reaccionó.

—¿Te llamó solo por eso? ¿El profesor… No te pidió nada?

Ella demoró en contestar.

Antes de que ella contestara, Theodore sospechaba que iba a decir.

—No —contestó.

El anillo reaccionó de nuevo.

Él levantó la cabeza y clavó sus ojos en los suyos.

Ella le sonrió y llevó una de sus manos a su mejilla. Theodore llevó una mano sobre la suya y la presionó.

"Si. Hogwarts ya no es seguro." se dijo, la amargura recorriendo sus venas desde la cabeza a la punta de sus pies, casi podía sentirse mareado por eso.

"Ya no puedo confiar en nadie. Ni siquiera en ti"

—¿Qué pasa? —preguntó ella, seguramente dándose cuenta de que algo no iba bien.

—Nada. —dijo él mientras se giraba y le besaba la palma de la mano, no podía mirarla a la cara. No así — Solo me preguntaba… —dijo con la voz débil— ¿por qué me estás mintiendo?


Luego de un tiempito, pues aquí estoy de vuelta :3

Lo siento, no pude publicar pronto por muchos motivos. Primero, pues digamos que actualmente mi humor en general es bastante chill ajjajaa y pues no se, en mis tiempos libres comence a escribir algo diferente, no tanto azucar ni tanta tragedia. Encontre un intermedio donde me gustaría quedarme. Sin embargo, me prometi que pues primero tengo que subir este fic antes de publicar otra cosa extra :3

Curiosidades:

Si, Theo es un pendejo.

Si, Edward esta empeorando.

Si, veremos muuuucha de la perspectiva de Star y otros miembros del Dominio, para que sea más dramatico el ver desde afuera el como es Theo.

Si, todo tiene consecuencias. Theo pasa por Hogwarts como por su casa, tarde o temprano iba a suceder.

Si, cuando Hermione menciono a Dumbledore Theo activo el anillo para saber si mentía o no. El anillo le avisa a Theo si lo que le dicen es mentira o no, solo eso. No mide intenciones ni mentiras blancas ni distingue la realidad, o sea, si el interlocutos cree fervientemente que los patos organizan una armada secreta para la conquista mundial... el anillo lo tomará como la verdad absoluta. Cuando aparecieron las propiedades del anillo por primera vez, hice mención de que Philip le dijo a Theo que no era aconsejable usarlo, pues solo te volvía paranoico. Theo de antes le hacía caso y lo usaba muy poco. Theo actual lo usa cada que se le antoja.

PD 1: En el siguiente capítulo, pues es uno sentimental. Muy sentimental.

PD 2: Me he dado cuenta de que bastantes de mis borradores los estoy dejando de lado, si los incluía tal vez esta historia no acabaría nunca :s

PD 3: No se me ocurria un titulo para el cap, así que agarre mi playlist del telefono y busque algo, solo decir que esa canción pega con la manera en la que se siente Theo en los parrafos finales. La cancion es de la artista Mitsky.

PD 4: Me gustaría dar un Spoiler más sustancial, pero no se me ocurre ninguno y revisando, pues ha sido elegir algo :s

Pues va a ver un Flashback, esto del lado de Serafina Magellan:

...

Abril de 1984

El primer Nott llegó a Gran Bretaña aproximadamente hacía más de mil años según la historia conocida. Había venido desde Noruega, una tierra fría, desolada y nada fértil que era considerada salvaje y por tanto, sus magos también.

El primer Nott se había había hecho famoso por haber participado en las guerras de expansión, más conocidas como las guerras Dameonicas, donde el mismo Merlín tomó partido. Se decía que aquel Nott cargaba con los cinco tesoros mágicos que hoy en día eran legendarios. La capa, que repelía cualquier maldición y que respondía a su sangre. Los anillos gemelos, uno que le avisaba de las traiciones y el otro que le mostraba el futuro, nadie más que su dueño podía usarlos, pues si alguien más lo hacía, los anillos le amputaban el dedo como si fuera fuego. Una daga maldita que con solo un corte la muerte era un hecho. Un martillo que podía llamar al sol.

Serafina soltó un suspiro y cerró el libro con cansancio, pues esa era una historia que ya se sabía pero para ella y para muchos otros era una exageración, una especie de intento del autor de caerles bien a los Nott o una autopropaganda descarada.

Los objetos mágicos legendarios eran solo eso, leyendas.

La historia decía que la daga había sido destruida hace al menos cien años, pero probablemente siquiera había existido. Nadie vivo en el Dominio había visto a Philip usar una capa con propiedades similares a las de la leyenda alguna vez, tampoco al padre de éste, para fines prácticos no existía. Del martillo ni hablar.

Los anillos por otro lado, sí existían, pero eran más piezas decorativas y elegantes (aunque si amputaban dedos ajenos) que tradicionalmente eran usados por la cabeza de los Nott y su pareja. En su tiempo, se supone que el anillo que mostraba el futuro lo usaba Philip y el otro, el que revelaba traiciones, su esposa Alyssa. Antes todo era muy misterioso, pero actualmente todo el mundo ya estaba convencido de que sus propiedades mágicas eran un fraude, pues si Philip hubiera podido ver el futuro, el Dominio no estaría como estaba ahora mismo.

Serafina suspiró de nuevo, abrió el libro y siguió repasando y saltando hojas desde "La llegada del Primer Nott" hasta "Los enemigos del bosque", donde relatos decían que Nott hizo enemistad y la guerra con los duendes, hadas y otras criaturas de los bosques mágicos de Gran Bretaña por más de cien años. Leyendas y más leyendas.

...

Gracias por leer!

Un abrazo a la distancia :3