¡YAHOI! Aquí vengo a dejar el capítulo 2. A ver qué tal xD.

Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.

Advertencias: puede provocar diabetes y subida de azúcar.

Prompt de hoy: memories.

Hora de publicación: 23:26. Hora peninsular española.

¡Espero que os guste!


2. Importante


―¡No, no puedes tirarlo!

―¡Pero si no es más que un trozo de tela andrajoso!

―¡No puedes!

―¡Hima, mamá ha dicho que la ayudemos a limpiar!

―¡He dicho que no puedes y no puedes!―Hinata, desde el cuarto de baño, escuchó la discusión como si esta se estuviese produciendo a su mismo lado. Tras ella, Kawaki, que limpiaba el lavabo, se la quedó mirando con una ceja alzada.

―Voy a ver qué les pasa. Si acabas con eso, ya puedes bajar. Enseguida os prepararé algo para merendar. ―Kawaki se encogió de hombros.

―Puedo terminar aquí sin problema. Es mejor que estar sin hacer nada en todo el día. ―Hinata sonrió maternalmente y le pasó cariñosamente los dedos por el pelo. Kawaki se quedó congelado, con un ligero sonrojo bañando sus mejillas.

―Gracias, Kawaki-kun. Eres muy amable. ―Kawaki volvió a encogerse de hombros, como si la cosa no fuera con él.

Con una última sonrisa, Hinata salió del cuarto de baño hacia el despacho de su marido que ahora era también la habitación de Kawaki. Naruto y ella habían sopesado la idea de convertir aquella estancia definitivamente en un cuarto, para que Kawaki, como nuevo integrante de la familia, pudiese tener su propio espacio privado, al igual que tenían Boruto y Himawari.

Por eso Hinata había pensado que aquel día en que todos iban a estar en casa―excepto Naruto, dados sus deberes como Hokage―era perfecto para empezar a hacer algo de espacio.

Entró en el despacho de su marido y puso los brazos en jarras.

―A ver, que alguien me explique qué es lo que pasa.

―¡Mami!―Himawari se precipitó corriendo hacia ella y se escondió detrás de sus piernas.

―¡Onii-chan es tonto!

―¡Hima, la tonta estás siendo tú! ¡Yo solo quiero tirar un viejo trozo de tela y tú-

―¡Pero no puedes hacerlo! ¡Es algo importante para papi y mami!―Hinata parpadeó.

―¿Qué va a ser ese andrajo importante? Anda, dámelo y acabemos con esta idiotez de una vez. ―Himawari negó con la cabeza, ocultando las manos tras su espalda.

―¡No!―Hinata se agachó a la altura de su pequeña y le cogió los brazos.

―Hima―llamó, en tono suave―, ¿me dejas ver lo que tienes ahí?―Himawari sonrió y asintió, feliz. Sacó los brazos de detrás de su cuerpo y extendió las manos, mostrando así el objeto que tan acérrimamente quería proteger.

Hinata sintió que el corazón le daba un vuelco al ver un trozo de lana roto y deshilachado por todas partes. La mayoría de las hebras estaban descosidas y los hilos colgaban descuidadamente por todas partes. Entendía porqué Boruto había tildado aquella pieza de «viejo trozo de tela».

Con sumo cuidado, cogió aquel vestigio que tan buenos recuerdos le traía y se levantó.

―Tu hermana tiene razón, Boruto: no puedes tirarlo. Primero, tienes que preguntarle a papá. ―Boruto frunció el ceño.

―¿Al viejo? Nunca está en casa, pero vale'ttebasa. ―Hinata sonrió con afecto a su primogénito. Le dolía que ella no hubiese abogado por su causa. Ah, la adolescencia… Era igualito a Naruto a su edad, por mucho que lo negase.

―Venga, terminad aquí y bajad a merendar. Enseguida os prepararé algo rico rico. ―Himawari sonrió y palmeó, entusiasmada. Boruto resopló.

Hinata finalmente se fue y los dejó solos. Entró en la habitación que compartía con su esposo y dejó el trozo de tela color rojo encima de la cómoda. Lo acarició con una sonrisa por última vez y luego bajó a prepararles a los niños esa merienda que les había prometido.

Se habían portado bien y habían hecho un buen trabajo, así que quizá les daría ración extra de dulce.

Solo por esa vez.


―Ya estoy en casa… ―Naruto cerró la puerta y se dejó caer como un fardo sobre el escalón de la entrada, para quitarse los zapatos.

Había sido un día horrible, agotador. Shikamaru lo había hecho trabajar como un esclavo. Le dolía todo y no podía ni con su alma. Pero suponía que ese era el precio de cogerse más días libres. Al menos, ahora era capaz de gestionar mejor el tiempo y las tareas. Así podía pasar más tiempo en casa, aunque siguiese habiendo días, como ese, en el que no llegaba a su hogar hasta pasada la medianoche.

Se levantó y estiró los músculos. Iría directamente a la cama. Solo pensar en meterse bajo las mantas y acurrucarse contra el cuerpo cálido de su esposa le levantó el ánimo.

Se dio la vuelta y quedó quieto al pie de las escaleras al percatarse de que salía luz de la cocina. Con el ceño fruncido, se dirigió hacia allí. ¿Habría bajado alguno de los niños a beber agua? ¿O tal vez Hinata había vuelto a quedarse dormida viendo esa telenovela ñoña que tanto le gustaba? Sonriendo al pensar en esa posibilidad, abrió la puerta y se quedó petrificado al ver a su mujer sentada en el sofá, tapada con una manta, leyendo un libro y con una taza de té encima de la mesita de centro.

Naruto suspiró.

―¿Me has esperado despierta?―Hinata sonrió en respuesta y dejó el libro a un lado―. Hinata, ya lo hemos hablado: no tienes que hacerlo, no es bueno para tu salud'ttebayo. ―Hinata sonrió de nuevo.

―Hoy es especial. Me apetecía esperarte. ―Naruto alzó las cejas.

―¿Especial?―preguntó, intrigado. Con un gesto, Hinata le indicó que se sentara a su lado en el sofá. Naruto obedeció y ella se acurrucó contra él y le pasó parte de la manta que estaba usando por las piernas.

―Hoy… estuve haciendo algo de limpieza en casa. Los niños me ayudaron. ―Naruto pestañeó, confuso.

―¿Ah, sí?―Hinata asintió.

―Boruto y Himawari comenzaron a discutir mientras limpiaban tu despacho. Al parecer, Boruto quería tirar algo que creyó que no tenía valor y Himawari se enfadó y le dijo que no podía hacerlo. ―Naruto miró para los ojos de su mujer, que lo observaban con ese amor infinito e incondicional que siempre hacía que volviese a sentir mariposas en el estómago, como cuando tenía diecinueve años y con solo una sonrisa era capaz de ponerlo de rodillas.

Bueno, no es que eso hubiera cambiado mucho con el tiempo. Seguía pudiendo hacer con él lo que quisiera.

―Mmm… ―murmuró, sin saber muy bien por dónde iba esa conversación.

―¿Quieres saber por lo que discutían?―Naruto suspiró.

―¿Sí?―Hinata sonrió y le puso una mano en la mejilla, instándolo a que bajase la cabeza para darle un dulce beso en los labios.

Metió la mano debajo del libro y sacó algo que había estado escondido todo ese tiempo. Naruto abrió mucho los ojos al ver aquel objeto.

―Va-vaya… ―Hinata sonrió y apoyó la cabeza en su hombro, sosteniendo entre sus manos, con todo el cuidado del mundo, el trozo de tela que había sido la causa de la discusión entre sus pequeños.

―No sabía que aún lo guardabas―dijo ella, suavemente, acariciando la áspera lana ajada por el tiempo. Naruto se rascó la nuca y soltó una risita avergonzada, mirando hacia delante.

―Bu-bueno… no podía deshacerme de ello, ¿sabes? Al fin y al cabo, fue la primera vez que una chica me regalaba algo'ttebayo. ―Hinata lo miró, confundida.

―¿Eh? No es verdad. Recuerdo que por aquella época muchas chicas te regalaban cosas. ―Naruto miró para ella y sonrió con ternura al ver su frente levemente arrugada, como si acordarse de ese hecho le produjese molestia.

Le pasó el pulgar por la piel suave y pálida para deshacer aquel gesto que afeaba su precioso rostro ovalado.

―Pero ninguno de esos regalos me importaban. El tuyo, sin embargo… fue el primero que me importó. Yo no quería esos regalos, Hinata. No realmente. Los aceptaba por amabilidad, porque me sabía mal decirles que no. El tuyo, por otro lado… nunca se me pasó por la cabeza rechazarlo. ―Hinata se sonrojó y bajó la cabeza, acariciando de nuevo aquel trozo de lana que otrora había sido una bufanda roja.

―Pero… Está muy desrozado… ―Naruto puso una de sus manos sobre la suya mientras con la otra tomaba su barbilla y la obligaba a mirarlo.

―Eso es lo que lo hace más precioso todavía. Jamás podría deshacerme del símbolo de nuestro amor. ―Hinata sintió que las lágrimas anegaban sus ojos. Naruto enrojeció, de pronto avergonzado.

―¿Muy cursi?―Hinata negó con la cabeza y se acurrucó nuevamente en su pecho, apretando contra sí el pedazo de lana casi deshecho―. Hinata. ―Ella lo miró―. No lo tires, ¿de acuerdo? Lo guardaré en otro sitio, pero… ―Hinata lo besó para acallarlo.

―Gracias, Naruto-kun. Te amo. ―El rubio sonrió y acarició su cabello con cariño.

―Yo te amo más'dattebayo. ―Y, por una vez, Hinata no le discutió.

Solo dejó que él volviera a besarla, mientras el símbolo del amor de ambos reposaba entre sus cuerpos, dando fe de lo mucho que sus corazones se deseaban y deseaban estar juntos.

Por y para siempre jamás.

Fin Importante


¿Veis? Os dije que era posible que os diese diabetes. Sé que me ha quedado muy meloso y romanticón y dulce pero, ains, no me digáis que no son monos. ¡Me los comooooooooooooooooo! (?).

¿Me dejáis un review? Porque, ya sabéis:

Un review equivale a una sonrisa.

*A favor de la campaña con voz y voto. Porque dar a favoritos y follow y no dejar review es como manosearme una teta y salir corriendo.

Lectores, sí.

Acosadores, no.

Gracias.

¡Nos leemos!

Ja ne.

bruxi.