¡YAHOI! Más tarde de lo que acostumbro, sí, lo sé. Perdón.

Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.

Prompt de hoy: sacrifice.

Hora de publicación: 1:51. Hora peninsular española.

¡Espero que os guste!


3. Jamás


―Bueno, pareces estar bien. Solo necesitas dormir y descansar durante unos días. Sin discusión. ―La autoridad en la voz de Sakura hizo a Shikamaru suspirar.

―Qué problemático. ―Sakura lo fulminó con la mirada y el Nara levantó las manos en señal de rendición―. Está bien, está bien. Naruto, ni se te ocurra pasar esta semana por la oficina. Yo me encargaré de lo más urgente y el resto… ―Se encogió de hombros. Naruto rio.

―Está bien, te lo agradezco, Shikamaru. De todas maneras no creo que te fuese muy útil estos días'ttebayo. ―Shikamaru chasqueó la lengua y recibió una segunda mirada furibunda de Sakura.

―Vale, vale, ya me voy. Mujeres. Siempre fastidiando… ―Salió de la sala del hospital y Sakura suspiró en cuánto la puerta se cerró tras él.

―Hombres… Espera a que se lo cuente a Temari. Lo va a poner firme. ―Aquella imagen mental trajo una sonrisa al rostro de Naruto―. En fin, voy a elaborar los papeles para darte el alta y luego ya podrás irte a casa. Hinata, ¿te quedas con él mientras tanto?―La aludida, que se había mantenido al margen, asintió, dando un paso hacia delante.

―Comprobaré los vendajes mientras esperamos. ―Sakura asintió; luego se giró hacia su amigo y compañero de equipo.

―Naruto, ni se te ocurra darle problemas a Hinata mientras estoy fuera. ―Naruto la miró, ahora ofendido.

―¿Qué piensas que voy a hacerle, Sakura-chan?―La ninja médico lo golpeó con un fajo de papeles en la cabeza.

―Siendo tú… ―masculló mientras se iba del consultorio. Naruto puso morros, enfurruñado.

―Y si quisiera hacerle algo, ¿qué? Es mi esposa'ttebayo. ―murmuró. Hinata no dijo nada. Se dio la vuelta y, con diligencia, empezó a recoger vendas y antiséptico. Lo llevó todo hacia la camilla y lo dejó a un lado.

―Naruto-kun, ¿podrías darte la vuelta?―Él frunció el ceño ante su tono monocorde pero obedeció, quitándose la camiseta blanca que llevaba puesta para que ella pudiese acceder mejor a la zona de las heridas. El cabrón de Momoshiki lo había hecho bien, atravesándolo con aquellas barras que impedían que Kurama pudiese curarlo. Al zorro le llevaría un día entero deshacerse de aquel obstáculo, así que durante 24 horas, le tocaba ser un herido normal y corriente.

Sintió las pequeñas, cálidas y rápidas manos de su mujer manipulando las vendas para poder ver mejor las heridas.

―Parece que de momento no hay infección… los bordes están limpios; y tampoco parece haber tejido desgarrado alrededor de las heridas… ―Sonrió con ternura al oírla murmurar para sí. Cerró los ojos, dispuesto a disfrutar de sus atenciones. Pocas veces tenían ya tiempo para estar a solas, así que debía aprovechar esos preciosos minutos…

Se le cortó la respiración de pronto al sentir cómo Hinata anudaba de nuevo las vendas con un poco más de fuerza de la necesaria.

―Hinata… ¿podrías… ―Ahogó un quejido al sentir que se le cortaba la circulación en uno de los costados―. Ca-cariño, es-estás apretando demasiado… ―Hinata no pareció oírle, porque volvió a apretar el nudo todo lo que pudo―. Hi-Hinata, de verdad que no puedo respi- ―Un ruido metálico lo hizo dar un respingo y volverse. Hinata estaba de espaldas a la camilla y por ende a él, con los puños apretados a sus costados y la cabeza baja―. ¿Hinata? ¿Qué es lo que ocu- ―Calló cuando, al girarse, vio las lágrimas acumuladas en sus preciosos orbes perlados. Sin poder aguantar más. Hinata rompió a llorar. Se tapó la cara con las manos y Naruto se levantó de un salto, yendo hacia ella rápido como un rayo―. ¡Hinata! ¡¿Qué es lo que pasa'ttebayo?! ¡¿Himawari está bien?! ¡¿Boruto está herido o- ―Hinata elevó su rostro y ahora, mezclado con el dolor y la angustia, Naruto percibió algo más, algo que no era muy común que su normalmente amorosa y bondadosa esposa mostrase:

Ira.

―¡¿En serio?! ¡¿De verdad piensas que me he puesto así por ellos?! ¡¿Acaso nuestros hijos son los únicos que deben importarme?!―Naruto parpadeó, confuso por sus palabras.

―Es-esto… ¿sí…?―Hinata apretó los dientes y lo agarró por los brazos. Hizo uso de toda su fuerza para zarandearlo. La furia suplió lo que le faltaba. Sus uñas se clavaron en la piel bronceada, arañándolo, dando así muestras de lo enfadada que estaba.

Naruto no entendía nada. Un segundo Hinata lo abrazaba dando gracias al cielo por tenerlo sano y salvo de vuelta y al siguiente aparecía enfadada por vete tú a saber qué. Shikamaru tenía razón: las mujeres eran complicadas.

―Hina-

―¡Estoy llorando por ti, Naruto-kun! ¡POR TI! ¡No por Boruto o por Himawari! ¡Maldita sea, ni siquiera pensaba en ellos ahora! ¡Eres tú el que me preocupa!―Naruto abrió los ojos y la boca, sorprendido.

Era la primera vez que escuchaba a su mujer proferir maldiciones y gritar de esa forma, como si estuviese liberando la angustia de toda una vida en apenas segundos o minutos.

―Hinata… ―La abrazó contra él, sintiendo la ternura invadirlo―. Estoy bien, ¿ves? Estoy aquí. Conseguí volver-

―¡Esta vez sí! ¡Pero, ¿y si no hubieras vuelto, eh?! ¡¿Y si no llegas a salir vivo?! ¡¿Cómo se lo iba a explicar a Hima?! ¡Estoy harta, Naruto-kun! ¡HARTA!―Se separó de él y se abrazó a sí misma, temblorosa.

Naruto se puso rígido de pronto, sintiendo la falta de calor del cuerpo de su esposa.

―Tenía que hacerlo―dijo, en voz baja, dejando caer los brazos a los lados―. No podía dejar que esos monstruos hiciesen daño a Konoha, a nuestro hogar, a ti, a los niños… ―Hinata tragó saliva.

―Eso lo entiendo―dijo ella, ahora en tono más sosegado―. Pero… ¿tienes que ser siempre tú?―Levantó los ojos hacia él, suplicantes, llenos de miedo y terror. Naruto puso ahora una mirada dura.

―Es mi trabajo. Soy el Hokage. Mi deber es proteger Konoha, como hicieron mis predecesores antes que yo. ―Hinata se pasó las manos por la cara.

―¿Aún a costa de tu propia vida? Dime, ¿qué puedes hacer muerto, eh? ¿Acaso puedes protegernos desde una tumba, enterrado a cien metros bajo tierra? ¿Acaso puedes volver a la vida cada vez que te dé la gana? ¡Una vez muerto, se acabó! ¡No puedes hacer nada, ¿entiendes?! ¡NADA!―Hinata lo miraba, con el rostro rojo lleno de lágrimas y las manos convertidas en puños.

Naruto sintió una opresión en el pecho al verla sufrir de aquella manera. Quería abrazarla y tranquilizarla, arrullarla entre sus brazos y decirle que todo estaría bien, que incluso si tuviese que morir para protegerlos a todos―a su familia, a la aldea―lo haría con gusto. Porque para algo era el Hokage, el shinobi más fuerte de todos, el héroe que había salvado el mundo no una sino dos veces.

Pero, por algún motivo, no pudo hacerlo. La garganta se le cerraba cada vez que abría la boca para hablar.

«Idiota». Kurama resopló en su mente y Naruto apretó los dientes.

«Ahora no, Kurama». El zorro cerró los ojos, para volver a dormirse.

«Lo dicho: eres un idiota». Naruto se tensó, pero el bijū finalmente se calló, dejando su mente al fin en silencio.

Regresó a la realidad, solo para ver a su esposa abrazándose a sí misma, temblando y sollozando.

No pudo soportarlo más y en dos zancadas la envolvió entre sus brazos y tiró de ella hacia su pecho. Hinata se acurrucó allí, mojando su piel con sus lágrimas. Naruto le acarició el pelo y la espalda, buscando reconfortarla.

―Estoy aquí, Hinata, estoy aquí…

―No puedes dejarnos, Naruto-kun, no puedes. No tienes porqué ser siempre tú.

―Hinata… ―Ella negó con la cabeza.

―No puedes… No podría seguir sin ti, ¿comprendes? No podría seguir sin ti. Te necesito… Te amo… ―Naruto quiso decirle que eso no era cierto, que ella era una mujer fuerte e independiente que sabría salir adelante sin él, que sabría cuidar y criar a Boruto y a Himawari aun si él no estuviera.

Pero algo le impidió pronunciar aquel pensamiento en voz alta.

Porque tenía la sensación de que, si fuese al revés, si él perdiera a Hinata… Un escalofrío lo recorrió al pensarlo y la apretó más contra él, negándose a indagar más en aquel futuro oscuro en el que no quería ni pensar.

Así que, por el contrario, bajó la cabeza para besarla. Hinata le correspondió en el acto de forma desesperada, como si temiera que él fuera a desaparecer de un momento a otro.

Cuando se separaron ambos jadeaban, rojos por el calor y las emociones del momento.

―Naru-

―Te amo―dijo él, antes de que ella dijese nada―. Perdóname por ser un tonto egoísta. Por… por no pensar en ti, en Hima… ―Hinata sintió que las lágrimas volvían a brotar de sus ojos.

Se acurrucó en su pecho y sollozó, temblorosa. Había sentido tanto miedo, tanta impotencia y tanta desesperación… que no había podido evitar explotar de la forma en que lo hizo.

―So-solo… no vuelvas a hacerlo. No estás solo, Naruto-kun. N-no tienes que sacrificarte, no siempre tú… ―Naruto cerró los ojos y dejó caer su mejilla contra la cabeza de su esposa.

Ella tenía razón.

Era Hokage, sí. Era su deber proteger la aldea, sí. Pero no a costa de hacer sufrir a aquellos a los que amaba. Hinata tenía razón: no debía cometer los mismos errores que sus predecesores.

Era hora de empezar a hacer las cosas bien.

Por Boruto, por Himawari, por Hinata.

Nada de sacrificios innecesarios. Por un futuro brillante en el que pudiera ver crecer a sus pequeños. En el que pudiera ver a Boruto pasarlas canutas con su primera novia o en el que Himawari se convirtiese en toda una mujercita tan hermosa como su madre.

Y porque deseaba ver esos días felices, era que se hizo una firme promesa.

Nada de sacrificios innecesarios. Y lo cumpliría como que se llamaba Naruto Uzumaki.

Y él jamás se retractaba de su palabra.

Porque ese era su camino ninja.

Fin Jamás


Ea, uno más. Sé que a más de uno le habrá chocado aquí la actitud de Hinata pero, a ver, seamos realistas: ¿qué persona no se cabrearía al ver que su amado/a se mete en la boca del lobo una y otra vez sin pensar en nada ni en nadie? Narutín, ¡que tienes una familia, leñe! ¡Deja de hacer el imbécil y empieza a pensar con la cabeza!

Por cierto, por si queréis saber de dónde saqué la idea: de una escena del que se ha convertido en uno de mis videojuegos favoritos de todos los tiempos, Xenoblade Chronicles (el primero, el de Shulk, no el 2, que es más conocido debido a ciertos personajes femeninos cofcofPyracofcofMythracofocof). Si hay algún gamer por aquí perdido al que le gusten los JRPGs, le recomiendo encarecidamente este título. Originalmente salió en Wii y luego hicieron una versión para Nintendo Switch (que es la que tengo yo, la Definitive Edition, que incluye, entre otras cosas, un epílogo aparte del juego original).

No quiero haceros spoiler, así que solo diré que personaje X le pregunta a personaje Y si estaría dispuesto a todo por matar a ciertos enemigos del juego y personaje Y le contesta que sí, entonces personaje X le pregunta si incluso estaría dispuesto a morir y personaje Y le contesta que no, que muerto no podría hacer nada, así que morir está descartado.

Y eso es todo. Perdonad si es algo confuso, pero si hay alguien por aquí que tiene pensado jugar al juego o está en ello, me sabría fatal spoilearlo así, por mi cara bonita xD.

Ahora sí, me voy. Que tengo un dolor de cuello de repente que no aguanto...

¿Me dejáis un review? Porque, ya sabéis:

Un review equivale a una sonrisa.

¡Muchísimas gracias por el suyo a Guest! (Intuyo que eres la misma persona, si no es así, pido disculpas y reitero mi agradecimiento a los dos bonitos comentarios que recibí; ¡muchas gracias por leer y comentar!).

*A favor de la campaña con voz y voto. Porque dar a favoritos y follow y no dejar review es como manosearme una teta y salir corriendo.

Lectores, sí.

Acosadores, no.

Gracias.

¡Nos leemos!

Ja ne.

bruxi.

P.D.: mañana contesto los reviews, lo prometo. Ahora solo quiero irme a dormir.