¡YAHOI! Sí, lo sé: es tardísisisisimo. Perdón. Pero estos días no tengo tiempo para escribir más que un ratito por las tardes y luego por la noche, cuando llego a casa. Y, claro, entre unas cosas y otras, se me hace tarde no, lo siguiente u.u.

Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.

Prompt de hoy: confession.

Hora de publicación: 2:21. Hora peninsular española.

¡Espero que os guste!


4. Cuestión de gustos.


―¡Agh, estoy harta! ¡¿Por qué los hombres son tan memos?!―Hinata, Temari y Sakura sonrieron con nerviosismo hacia Ino, que no había parado de quejarse y rezongar durante toda la noche―. Llevamos más de diez años casados pero, ¿acaso sabe Sai dónde están las tijeras de la cocina? ¡Pues no! ¡Dice que nunca se había fijado! ¡¿Es que acaso vivo yo sola en esa casa o qué?!―Las tres kunoichis restantes suspiraron, resignándose ya ante la evidente borrachera de Ino.

―Bueno, es normal. Es Sai. No puedes pedirle más, supongo… ―dijo Sakura, apoyándose en la mesa―. Ah… al menos tú tienes a tu marido en casa todos los días, cuidándote y mimándote cuando se lo pides. ―Ino se terminó su vaso de cerveza.

―¡Eso es porque tú dejas a Sasuke-kun hacer lo que le da la gana! ¡¿Cuántas veces te he dicho que lo ates en corto?!―Sakura sintió que se le hinchaba la vena de la frente.

―¡Sasuke-kun es una persona, cerda, no un perro! ¡No puedo impedirle que se vaya por mucho que odie que lo haga!―Temari cruzó las piernas y los brazos.

―No sé si eso no será mejor, qué quieres que te diga. Por lo menos, no lo tienes vagueando y quejándose todo el día. ―Las tres mujeres suspiraron. Tras unos minutos de silencio, los seis pares de ojos se volvieron hacia la única integrante del grupo que aún no había dicho nada.

―Hinataaaaaaaaaaaaaaaaaaa, tú no has dicho nada de Naruto… ―La aludida parpadeó.

―¿Eh?

―Sí, siempre haces lo mismo. Nosotras nos quejamos y nos quejamos y tú solo te limitas a escucharnos y a compadecernos. Nunca te quejas de Naruto. ¡Y mira que tiene un montón de defectos! Si lo sabré yo, que estuve en su mismo equipo desde los doce años hasta los diecisiete… ―Hinata suspiró. Ahí iban de nuevo.

―E-es que no tengo nada de lo que quejarme… ―Sakura e Ino alzaron una ceja y se inclinaron hacia ella, ceñudas.

―¿En serio? ¿Estamos hablando de Naruto? ¿Del mismo Naruto que no conocía la existencia de la lejía ni del suavizante para ropa hasta que tú empezaste a cuidarlo después de la guerra? ¿El mismo Naruto que si por él hubiese sido te habría llevado en vuestras citas una y otra vez a Ichiraku de no ser por nosotras?―Hinata parpadeó.

―Mira que era un desastre… Hasta que tú no te hiciste cargo de él, claro. Ahora, podríamos decir que ha mejorado considerablemente. ―Hinata frunció el ceño, empezando a molestarse por los comentarios de sus amigas.

―Naruto-kun nunca fue un desastre―dijo, con la voz clara y firme―. Siempre me ayudó mucho, incluso antes de casarnos. Cada vez que iba a su casa se preocupaba porque estuviese cómoda y bien. Y desde que vivimos juntos, jamás nos ha faltado de nada, ni a mí ni a los niños. Es un buen marido y mejor padre. Así que no, no tengo queja ninguna. ―Bufó tras su apasionado discurso y agarró su vaso de cerveza, para dar un largo trago.

Sakura e Ino la miraban, perplejas. Jamás habían visto a Hinata tan molesta. Temari suspiró, agarrando ella también su vaso de cerveza para dar un sorbo.

―Venga, dejemos el tema de los hombres. Es una noche de chicas. Hagamos algo de chicas―dijo al fin Sakura, dando una palmada en el aire para disipar el ambiente pesado que de pronto las rodeaba. Ino se animó al instante.

―¡Oh, sí! ¿Y si jugamos a un juego de beber?―Sakura y Temari la miraron, curiosas.

―¿Un juego de beber?―Ino asintió.

―Sí, lo vi hace poco en un capítulo de esa serie que ahora está tan de moda. Bueno, las reglas son sencillas: cada una dice una cosa en cada ronda, algo vergonzoso o atrevido que nunca haya hecho y, si alguna de las restantes resulta que sí lo ha hecho, tiene que dar un sorbo.

―Mmmm… no sé, Ino-cerda. Conociéndote, empezarás a soltar cosas cochinas… ―Ino sonrió de forma misteriosa.

―De eso se trata, frentona, de que confesemos nuestros más oscuros secretos. ¡Venga, empiezo yo! Nunca he… besado a Sai en público. ―Hinata suspiró y dio un sorbo a su bebida. Las otras tres sonrieron, sabiendo que seguramente su amiga se estaría acordando del primer beso que se había dado con su ahora esposo, con la luna de fondo.

―Ains, ese beso sí que fue romántico, ¿verdad? Me diste una envidia, Hinata… ―La Uzumaki parpadeó y al punto enrojeció.

―Ah, eh… sí. Fue muy romántico… ―murmuró. Sakura la miró con sospecha pero no dijo nada más. Era su turno.

―A ver, veamos… Nunca he conseguido tener más de dos orgasmos durante el sexo. ―Ino soltó una carcajada, divertida.

―¡Así me gusta, frentona, que te metas en mate- ―Calló, asombrada, al ver que Hinata cogía de nuevo su vaso para dar otro trago―. ¿Hinata?―La aludida terminó de dar el sorbo y miró para sus amigas, encogiéndose de hombros, con una secreta sonrisa.

―Naruto-kun tiene mucha resistencia―dijo, como si eso lo explicara todo. Sakura, Ino y Temari se sonrojaron.

―Pervertido―murmuró Sakura.

―Suertuda―masculló en cambio Ino.

―Hijo de puta―farfulló Temari, diciéndole que en cuánto viese a Shikamaru le diría que empezase a entrenar a la de ya. Ella también quería más de un orgasmo cuando lo hacían. Como en las novelas románticas que tanto le gustaba leer.

―Temari, te toca―dijo Ino con un pequeño carraspeo. La Nara suspiró.

―Nunca lo he hecho por detrás. ―Sakura e Ino asintieron, comprensivas, sabiendo a lo que se refería Temari.

Para su sorpresa, vieron como Hinata daba otro trago.

―¡Hinata!―gritaron ambas, escandalizadas. Hinata no pudo evitar sonrojarse esta vez.

―E-es que… s-si tengo la regla… pu-pues… ―confesó, con el rostro hirviendo de vergüenza.

―¡Será posible! ¡Ese bruto! ¡¿Es que no puede estar unos días sin hacerlo?!―exclamó Sakura, enfadada. Hinata negó con la cabeza.

―¡N-no es así! Y-yo… le dije que… q-que podíamos probar y pu-pues… m-me gustó y, bueno… repetimos otro día y…

―Increíble.

―Y parecía tímida, la cabrona.

―¡Hinata, tienes que contárnoslo todo! ¡Con pelos y señales! ¿Te dolió? ¿No fue incómodo? ¿Usasteis algún juguete para hacerlo más fácil o fue todo a pelo?

―Al menos el idiota se pondría un condón. Que por ahí te puedes coger cualquier cosa… ―Hinata quiso que se la tragara la tierra. ¿En qué momento pensó que salir a cenar con sus amigas era buena idea?

Agarró su jarra de cerveza y volvió a beber, diciéndose que ni todo el alcohol del local podría hacer desaparecer su vergüenza.


Naruto suspiró, mirando por enésima vez para el reloj en forma de rana que había colgado en la pared del salón de su casa. Había llegado hacía unos minutos a su hogar, solo para encontrárselo vacío. Al parecer, Hinata había salido a cenar con las chicas y Boruto y Himawari, por ende, estaban en el complejo Hyūga, para que así su esposa pudiese disfrutar de una noche de libertad con sus amigas.

No la culpaba por salir a divertirse. Era lógico que de vez en cuando Hinata quisiera un poco de tiempo libre para ella. Pero le producía una gran desilusión que, si él podía ir a casa ese día, ella no estuviera allí para recibirlo con una sonrisa y un «Bienvenido a casa, Naruto-kun» que lo hacían sentirse el hombre más afortunado del mundo.

Estaba por levantarse del sofá e irse a dormir cuando escuchó ruido de llaves en la puerta. Sonriendo entusiasmado, se precipitó hacia la entrada, abriendo los brazos para recibir a su mujer y darle una bienvenida como solo ella se merecía.

―¡Hinata, bienveni- ―Calló en el acto al ver a su esposa, entrando tambaleante, apoyándose en la pared, como si su cuerpo no pudiera sostener su peso―. ¿Hinata…? ¿Qué… ―Los ojos vidriosos y confusos de Hinata se clavaron en él, con notable esfuerzo.

―¿Naruto-kun…? ¿Eres tú…?―Dio un par de pasos y casi se desploma de no ser por su marido, que alcanzó a sujetarla antes de que se diese el consabido trompazo contra el suelo.

―¡Hinata! ¡Por Dios! ¡¿Qué te ocurre?! ¡¿Te encuentras bien?!―Una risita proveniente de la garganta femenina no hizo sino confundirlo más.

―Estás en casa… ―Hinata le pasó los brazos por el cuello y lo abrazó, echando todo su peso sobre él. Naruto podría haberla sujetado sin problemas, de no ser porque tropezó con el escalón de la entrada y cayó al suelo, dándose él finalmente el golpe. Hinata rio y se pegó más a él, abriendo sus piernas y colocándose a horcajadas sobre sus piernas. Naruto se sonrojó y arrugó la nariz en cuanto el aliento de ella lo golpeó.

―¿Estás… borracha…?―Hinata rio de nuevo y cabeceó, como si eso fuera lo más normal del mundo.

―Creo que sí… Al menos… eso dicen mis sentidos… ―Rio, de nuevo. Naruto suspiró, incorporándose mientras la sujetaba con un brazo por la cintura.

―Vamos, te llevaré a la cama. Necesitas descansar… ―Hinata hizo un puchero.

―¡Pero no quiero dormir!―Naruto la miró, algo descolocado por su tono lastimero y caprichoso.

¿Así era su normalmente amorosa esposa cuando se emborrachaba? Suspiró. Ahora no era el momento de hacer experimentos. Estaba demasiado cansado y solo quería meterse en cama y abrazarse al cálido cuerpo de su amada.

Intentó levantarse pero Hinata volvió a impedírselo, volviendo a echar todo su peso sobre él. Naruto podría haberse librado fácilmente, pero no quería hacerle daño. Al fin y al cabo, era su Hinata.

―Hinata… ―Los labios femeninos cortaron lo que iba a decir. Naruto abrió los ojos con sorpresa ante la inesperada caricia, que fue tornándose caliente y apasionada por segundos. Cuando se separaron por falta de aire, se encontró conque sus manos se habían movido solas y ahora reposaban por debajo de su ropa, sintiendo la piel suave bajo las palmas de sus manos. Maldijo y las retiró de allí―. Hinata… ―Ella se pegó más a su cuerpo y se frotó de forma descarada contra él, haciendo que parte de su anatomía que había conseguido mantener a raya hasta el momento despertara. Maldijo nuevamente. Dios, ¿es que quería matarlo?―. Hinata…

―¿Sabes? He tenido que confesarles a las chicas algunas cosas. Ino propuso un juego de beber… ―Naruto hizo una mueca. Tenía que habérselo imaginado. Ya tendría unas palabras con ella al día siguiente. ¿Cómo se le ocurría?―. Y… me he puesto un poco caliente, recordando… re-recordando algunas cosas… ―La lengua se le trabó y Naruto suspiró.

―Hinata, será mejor que-

―Les dije que tenías una habilidad prodigiosa con las manos. Y que sabías cómo complacerme de formas que ellas ni siquiera habrían podido imaginar… ―Naruto sintió que se sonrojaba. Tenía miedo de preguntar, no quería saber, pero, cómo siempre su boca lo traicionó.

―¿Qué… qué formas?―Hinata le besó el cuello y comenzó a bajar la cremallera de su chaqueta, lentamente, torturándolo…

―Mmm… Quedaron impresionadas cuando les comenté lo bueno que eres con la lengua… cómo eres capaz de retrasar el placer haciendo que me vuelva loca y te acabe suplicando… O lo salvaje que te pones cuando estoy indispuesta y lo hacemos por detrás… Creo que eso fue lo que más les gustó, porque ellas jamás se han atrevido a hacerlo ahí, son unas miedosas… ―Naruto gruñó, de repente más duro y caliente que nunca antes en su vida.

¡¿Por qué no se había enterado antes de que el alcohol hacía aflorar a la Hinata oscura que yacía en lo más recóndito del interior de su mujer?!

La cogió por las nalgas y la besó de forma ardiente y desesperada. Hinata jadeó y gimió, arañándole el cuero cabelludo con las uñas, profundizando el beso, dejando que sus lenguas se enredasen y batallasen por tomar el control de la apasionada caricia.

―Na-Naruto-kun… ne-necesito… ―Naruto gruñó de nuevo, mordiéndole el cuello.

―Lo sé. Y te lo daré, cariño. Has despertado a la bestia, y te aseguro que no te dejará dormir. ―Hinata sonrió, complacida, cuando él la agarró de los muslos para que lo rodeara por la cintura y poder levantarse así del suelo más cómodamente.

Mientras subían las escaleras a trompicones sin dejar de besarse, Naruto se prometió hacer que su esposa bebiera alcohol más a menudo.

Valdría la pena si así conseguía que su lado atrevido saliera más a menudo.

Especialmente los días que él llegaba a casa exhausto y necesitaba un poco de su deporte favorito para poder descansar mejor.

Porque no había nada mejor para un hombre que yacer al lado de la mujer que amaba tras haberle hecho el amor con pasión.

Como solo ella se merecía.

Y, si esa mujer era Hinata, merecía que se esforzara el doble.

Porque solo con ella se sentía completo.

Fin Cuestión de gustos


No hay más preguntas, señoría. Lo dicho, dicho queda. A pastar (?).

Medio raro, lo sé. Pero es que no se me ocurría nada para el prompt de hoy, hasta que salió esto. Sé que si hubiese tirado de manga o si hubiese hecho un UA esto habría salido vamos, como rosquillas. Pero sabéis que no me gusta ser tan predecible. Me gusta darle un par de vueltas a las cosas y sorprenderos con algo random xD.

En fin, ya me contaréis.

¿Me dejáis un review? Porque, ya sabéis:

Un review equivale a una sonrisa.

*A favor de la campaña con voz y voto. Porque dar a favoritos y follow y no dejar review es como manosearme una teta y salir corriendo.

Lectores, sí.

Acosadores, no.

Gracias.

¡Nos leemos!

Ja ne.

bruxi.