¡YAHOI! Antes de que me funéis (?): no tenía ni la más remota idea de lo que escribir para el prompt de hoy. Y al final salió esto. Sé que muchos me vais a odiar, pero a veces la inspiración manda.
Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.
Prompt de hoy: idol/band AU.
Hora de publicación: 1:12. Hora peninsular española.
¡Espero que os guste!
5. En la oscuridad
Hinata metió la llave en la cerradura y le dio la vuelta, intentando hacer el menor ruido posible. Era noche cerrada, pero en un barrio como aquel, nunca se sabía con quién o qué te podías topar. Miró a un lado y a otro para comprobar que no hubiese nadie con intención de molestar y entonces entró, cerrando de nuevo la puerta tras ella y echando los cinco cerrojos que había por dentro.
Podía ser un poco paranoico, pero nunca se era demasiado precavido con la seguridad.
―¿Te han seguido?―Sintió electricidad recorrerla al escuchar aquella voz grave y ronca tras ella.
Se dio la vuelta y negó con la cabeza, mientras se deshacía de la gruesa sudadera que la cubría, al menos dos tallas más grande que la suya. Aún no se había quitado el gorro y las gafas de culo de vaso que componían el resto de su disfraz cuando dos brazos fuertes la rodearon y la atrajeron hacia un pecho cálido y musculoso. Dos manos grandes tiraron de la gorra y las horribles gafas y las dejaron de cualquier manera encima de un desvencijado sofá, mientras una boca se apoderaba de la suya.
El beso era exigente y apasionado, y ella le correspondió en la misma medida, pasándole los brazos por el cuello y poniéndose de puntillas para poder llegar a sus labios.
Poco a poco la presión en su boca fue aflojando hasta convertirse en una caricia lenta pero igual de devastadora, aunque no por ello menos cariñosa o falta de pasión.
Lentamente, fueron separándose, hasta que por fin sus ojos se encontraron, perla contra azul, refulgiendo en la oscuridad de la noche de aquel lúgubre apartamento que era el único testigo de sus citas secretas.
Las manos masculinas subieron hasta su rostro, atrapándolo y acunándolo. Su mirada azul reflejaba tanto amor, tanta desesperación y tanta agonía que no pudo evitar que sus propios ojos se llenasen de lágrimas. Él maldijo y la abrazó nuevamente contra él.
―No llores, Hinata, no… ―Ella sollozó más fuerte y él tomó una bocanada de aire. Con todo el cuidado del mundo, la tomó en brazos y se sentó con ella en el viejo sofá, que chirrió bajo su peso. La acomodó sobre su regazo y pegó su mejilla contra su pelo―. Está bien, estamos juntos ahora, todo estará bien. ―La acunó, repitiéndole las mismas frases una y otra vez, hasta que finalmente logró que se tranquilizara lo suficiente como para dejar de llorar.
―L-lo siento, Naruto-kun, lo siento… ―Él la hizo mirarlo y le sonrió al tiempo que negaba con la cabeza.
―No, está bien. Entiendo cómo te sientes. Maldita sea, la mayoría del tiempo yo también siento ganas de llorar'dattebayo. ―Hinata se acurrucó contra su pecho y él comenzó a acariciarle la espalda, arriba y abajo, en caricias lentas. Hinata suspiró, disfrutando de aquella muestra de afecto―. ¿Cómo has estado? ¿Has sentido molestias? ¿Has vuelto a sangrar?―Hinata negó, subiendo el rostro para mirarlo, ahora con una pequeña sonrisa en el rostro.
―No. Todo está bien. La doctora Senju dice que lo peor ya ha pasado y que a partir de ahora todo debería ir bien. Dijo que la semana que viene me podría decir si es niño o niña. ―Naruto sintió que la emoción le cerraba la garganta. Entrelazó su mano con la de Hinata y la puso sobre el vientre de ella, más redondeado que hacía unos meses.
―Maldición, y yo tengo ese estúpido concierto en Kumo… ―Hinata le acarició el rostro.
―Está bien, Naruto-kun―dijo ella, en tono suave―. Sabíamos que sería difícil… ―Naruto apretó los dientes.
―No debería serlo, joder. Debería ser fácil. Se supone que esto no iba a ser así. Se suponía que íbamos a poder vivir juntos, pasear juntos, estar juntos, criar a nuestro bebé juntos. Se suponía que yo iba a cuidar de ti, que iba a estar para ti, para cuando me necesitases. Que iba a poder masajearte los pies por las noches o a ir de madrugada a por tus antojos de ramen picante'ttebayo. ―Hinata soltó una risita.
―¿Ramen picante?―Naruto se encogió de hombros.
―Es lo primero que se me ha ocurrido… ―Hinata amplió su sonrisa y le acarició la barbilla, con cariño.
―Ramen no sé, pero sí que es cierto que no paro de comer hamburguesas. No puedo resistirme. Es ver una y se me hace la boca agua… ―Naruto bufó.
―Bah, el ramen es mucho mejor. ¿Oíste, bebé? ¡Deja de hacer a mamá comer cosas raras!―Hinata sintió que los ojos se le llenaban nuevamente de lágrimas pero parpadeó para disiparlas.
Naruto atrapó los dedos femeninos que todavía estaban sobre su barbilla y los besó. Luego acarició con el pulgar los dos anillos que refulgía en su dedo anular. Una preciosa sortija de oro blanco adornada con un zafiro en forma de estrella y una sencilla alianza de platino que, si bien costaba más que toda su colección de guitarras, había valido la pena cada maldito ryō que pagó por ella.
Su boda tampoco había sido nada espectacular: un rápido viaje a una capilla de esas donde hacían matrimonios exprés con los chicos de su banda y las chicas del grupo de Hinata como únicos testigos.
Si no podían estar juntos de cara al público, entonces lo estarían en la intimidad, dónde solo ellos dos importaban.
Maldijo por enésima vez el día en que decidió firmar aquel estúpido contrato, que lo obligaba a estar al menos un año más bajo el yugo de la discográfica. Luego, les daría la patada. No importaba que todas sus canciones fuesen de ellos, a la mierda con eso.
Si no podía tener a la mujer que amaba y a su hijo a su lado, entonces nada valdría la pena.
Hinata no estaba en mejor posición: integrante de un grupo de idol femeninas, tenía también un estúpido contrato que la ataba de pies y manos.
Sus discográficas se habían negado a dejar que su relación siguiera adelante―o eso creían ellos―ya que «era malo para el negocio». La prueba eran los ataques que ambos habían recibido en redes sociales. Las fans de Naruto no soportaban ver a su ídolo enamorado de alguien, porque eso, decían, le impediría dedicarles toda su atención a ellas. Los fans de Hinata atacaban a Naruto diciéndole que él podía tener a la chica que quisiera, que dejara en paz a Hinata, que era de ellos.
Apretó la mandíbula al recordarlo. ¿Es que acaso el mundo estaba plagado de imbéciles? ¿No se daban cuenta de que ellos también eran personas, que tenían los mismos sueños y necesidades que cualquiera?
Pero ahora, la llegada de su hijo había cambiado las reglas del juego. Naruto había hablado largo y tendido con sus compañeros de banda, y ellos le habían dado todo su apoyo. Lo mismo le habían dicho las amigas y compañeras de grupo de Hinata: la felicidad de su amiga estaba para ellas por encima de absurdos contratos o de idiotas fanáticos.
―¿Naruto-kun?―Sonrió ante el llamado de su mujer y bajó la cabeza para besarla.
―¿Decías?
―De-deberíamos volver. Mañana tengo un evento en el centro y tú tienes que prepararte para la sesión de fotografía de la revista MusicalLife. ―Naruto torció el morro.
―No llevamos ni tres horas juntos, Hina. No es justo. ―Hinata se mordió el labio. Naruto le tomó el rostro y la besó de nuevo, lento, con cuidado, tratando de demostrarle con ese gesto todo el amor que sentía hacia ella―. Prométeme que no esforzarás demasiado. ―Hinata asintió.
―Te lo prometo. D-de todas maneras… no podré ocultarlo mucho más tiempo. En unas semanas voy a parecer una ballena… ―murmuró. Naruto sonrió ampliamente y frotó su nariz contra la suya.
―Eh, vas a ser la mamá ballena más encantadora de todas'ttebayo. ―Hinata rio.
―Se supone que no debes decir que voy a parecer una ballena. ―Naruto le besó la punta de la nariz.
―Y se supone que tú no tienes que ser tan pesimista. ―Volvieron a besarse y luego se separaron. Naruto la ayudó a ponerse en pie y luego se levantó él, sacudiéndose los pantalones―. Debería mandar a arreglar este sitio―masculló, echando un vistazo al destartalado apartamento que había sido su hogar hasta su adolescencia. Hinata le tomó la mano y le sonrió, apretándole los dedos con cariño.
―Yo creo que está bien así como está. ―Naruto pestañeó para alejar las lágrimas que las palabras de su esposa habían provocado en él.
La abrazó y la besó una última vez.
―Te amo―le susurró, con los labios a escasos centímetros de los suyos―. Y te juro que haré lo imposible porque pronto podamos estar juntos. ―Hinata le sonrió y le acarició las bronceadas mejillas.
―Lo sé, Naruto-kun. Y tú siempre cumples tus promesas. ―Naruto asintió, tensando la mandíbula.
Por él, por ella, por su hijo, haría todo lo que pudiera y más.
Porque Hinata y ese bebé no nacido eran su familia, la familia que nunca había tenido y que siempre había soñado.
Y no dejaría que nada ni nadie se la arrebatara.
Nunca.
Fin En la oscuridad.
Pues eso, que me estaréis odiando en estos momentos. Yo lo sé, tú lo sabes, él lo sabe. Todos lo sabemos (?).
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Lectores, sí.
Acosadores, no.
Gracias.
¡Nos leemos!
Ja ne.
bruxi.
