¡YAHOI! Pues el que faltaba. ¡Ahora sí puedo decir que ya vamos al día, señoras y señores! ¡Pasen y vean el milagro de navidad! (?).

Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.

Prompt de hoy: blank period.

Hora de publicación: 17:41. Hora peninsular española.

¡Espero que os guste!


12. Te admiro.


―Buen trabajo. ―Naruto sonrió, con las manos en los bolsillos. Acababa de entregar el informe de su última misión junto con Sakura y Sai. Nada complicado: escoltar una comitiva del señor feudal hasta el País del Viento. Habían descansado un día en la Suna, bajo la hospitalidad de Gaara, quién había insistido en que pasaran allí la noche antes de emprender la vuelta a Konoha.

―Bah, fue pan comido. Un poco aburrido…

―¡Naruto!―El rubio suspiró ante la exclamación de Sakura. Si solo había dicho la verdad…

Kakashi sonrió e hizo un gesto con la mano.

―Podéis iros. Oh, tú no, Naruto. Tengo algo que pedirte. ―Sakura y Sai se despidieron mientras el rubio, curioso, se giraba y esperaba a que el actual Hokage hablase―. Como sabes, mucha gente está pendiente de ti estos días. Iruka se pasó ayer por aquí, buscándote. Quiere que, si tienes tiempo, vayas a darles una clase especial a los niños. ―Naruto pestañeó y se señaló a sí mismo.

―¿Yo? ¿Quiere que yo enseñe a los niños? ¿En serio?―Kakashi asintió. Naruto no pudo evitar rascarse la nuca, avergonzado―. Uh… no sé… ¡era un desastre en la Academia! ¿Cómo voy a ser capaz de enseñarles algo?―Kakashi se echó hacia atrás en su silla y sonrió, entrelazando las manos sobre su estómago.

―Eso no es cierto. Has hecho muchísimo por Konoha y por el mundo shinobi. Los niños de hoy te admiran, te ven como a su héroe. Iruka solo quiere alardear un poco y darles el empujón que necesitan para crecer como futuros ninjas que van a ser. ―Naruto se rascó una mejilla.

―Pero… no tengo ni idea de qué hacer con niños. No sé cómo tratarlos o cómo hablarles para que entiendan las cosas… ―Kakashi amplió su sonrisa, echándose ahora hacia adelante y entrelazando las manos bajo su barbilla.

―Por eso mismo creo que lo mejor sería que, si vas a hacerlo, lleves a alguien más contigo. Alguien a quién le gusten los niños y tenga la paciencia para enseñarles o para que traduzca a términos sencillos los conceptos que a ti te resulten más difíciles de explicar. ―Naruto se quedó pensativo un segundo y luego asintió, para sí.

―Eso… es una buena idea. ―Kakashi asintió.

―Entonces, llamaré a- ―Naruto levantó una mano, sonriente.

―No, no te preocupes, Kakashi-sensei. Tengo al candidato ideal. Yo me encargo'ttebayo. ―Kakashi alzó las cejas y asintió.

―De acuerdo. Entonces yo le diré a Iruka que te pasarás mañana a media mañana por allí. ―Naruto sonrió y asintió, despidiéndose con un cabeceo y saliendo al fin del despacho de su antiguo maestro y actual Hokage.

Sonriendo bajo su máscara, Kakashi giró su silla y miró por la ventana. No tardó mucho en ver la figura de Naruto, todavía con su mochila de misión a la espalda, saltar por los tejados a toda velocidad, en dirección hacia cierta parte de la aldea dónde se ubicaba la casa en la que residía cierta kunoichi de cabello azulado y ojos perlados.

―Mis corazonadas siempre aciertan. Bueno, al menos está madurando, si va a pedirle ayuda él mismo y no lo deja en manos de un tercero… Ah, sensei, ojalá estuvieras aquí para verlo… ―dijo, con un suspiro, mirando para la foto del Cuarto Hokage, Minato Namikaze, que colgaba en la pared junto a todos sus predecesores.


Hinata atravesó las puertas de la Academia con el corazón latiéndole a toda velocidad dentro del pecho. Naruto se había presentado en su casa el día anterior y le había pedido ayuda. Iruka-sensei había solicitado que diese una lección a los niños y él había pensado que contar con alguien más no sería mala idea.

―A ti se te dan genial los niños, Hinata ¡y además eres muy fuerte! Yo solo no sabría qué hacer o cómo tratarlos, pero si tú estás conmigo… ―le había dicho, con un pequeño sonrojo en sus mejillas. Hinata había parpadeado.

―¿N-no sería mejor que se lo pidieses a Sakura-chan o a Shikamaru-kun…?―Naruto frunció el ceño al oírla.

―¿En serio? Sakura-chan no tiene paciencia con los niños y Shikamaru es demasiado vago. ¡Pero tú eres perfecta! ¡No podía pensar en nadie más para ayudarme'ttebayo!―Aquello la convenció finalmente.

Y ahora ahí estaba, en un pasillo de la Academia, esperando a que Iruka le diese paso. Por el rabillo del ojo vio llegar a Naruto, algo agitado.

―¡Per-perdona, Hinata! ¡Me quedé dormido'ttebayo!―Ella negó con la cabeza, restándole importancia.

―N-no pasa nada. Acabo de llegar. ―Le sonrió tan cálidamente que Naruto no pudo evitar el cosquilleo en su estómago. Carraspeó y desvió la vista, sintiéndose avergonzado sin saber muy bien por qué.

―Huh… ¿Iruka-sensei te dijo algo o… ―Hinata asintió.

―Dijo que cuándo llegaras tú nos daría paso. A-así que.. v-voy a avisarlo―dijo, maldiciendo su tartamudeo. No podía evitarlo del todo todavía. Naruto asintió, indicándole así que esperaría fuera.

Hinata llamó a la puerta del aula y la voz de Iruka le dio paso. Ella se asomó y dijo que ya estaban listos. Iruka le agradeció y luego se dirigió a la clase, para decirles que fueran saliendo ordenadamente al patio, dónde iban a tener una lección muy especial.

Intrigados, los alumnos obedecieron, mientras Naruto y Hinata ya bajaban las escaleras para esperarlos en el exterior.

―¿Sabes ya lo que vas a hacer?―Naruto suspiró.

―Estuve ayer hasta tarde pensando… ¿Qué podría enseñarles? Soy muy malo explicando ninjutsu, mi nivel de genjutsu apenas es el de un principiante… Así que pensé que, tal vez, lo mejor sería mostrarles algunos movimientos de ataque y defensa de taijutsu. Por ayer te pedí que me acompañases hoy, Hinata. Tú eres la mejor de nuestra promoción en taijutsu. ―Hinata parpadeó.

―¿Eh? ¡E-eso no es verdad! El mejor era Sasuke-kun… Además, Kiba-kun e-es muy bueno, también. E Ino era la mejor de las chicas… Y Sakura-chan… ―Naruto la interrumpió con un bufido.

―El teme es un amargado y no está, se pasa la vida haciendo por ahí vete tú a saber qué. Kiba es… demasiado escandaloso, para mi gusto―Hinata alzó una ceja para luego ocultar una sonrisa tras su mano―; Ino solo era la mejor porque tú no querías destacar. Si entonces hubieses dado muestras de lo buena que eres… ―Hinata clavó la vista al frente.

―No quería hacer daño a nadie… ―susurró. Naruto la escuchó y sonrió, pinchándola en el brazo.

―Eres demasiado amable, Hinata. Por eso me gus- ¡qui-quiero decir, m-me gustan las personas como tú'dattebayo!―exclamó, tratando de arreglar su metedura de pata. No quería darle la impresión equivocada a la joven.

Hinata le sonrió, agradecida, y asintó.

―A mí también me gustas, Naruto-kun, co-como per-persona, claro… Yo… ¡T-te admiro mucho! ¡Des-desde siempre!―terminó, con la cara completamente roja, desviando la mirada a un costado.

Naruto enrojeció y miró hacia el lado contrario.

―Y-ya veo… Gra-gracias, Hinata. ―Llegaron al fin al patio. Iruka los esperaba con una enorme sonrisa en la puerta.

―¡Naruto, Hinata! ¡Muchísimas gracias por venir! Sé que es vuestro día libre, así que… ―Ambos negaron.

―No pasa nada, Iruka-sensei. Lo que sea por ti, ya lo sabes'ttebayo―dijo Naruto, guiñándole un ojo. Iruka rio y luego miró a Hinata.

―Hinata, hacía mucho que no te veía. Mírate, ya estás toda una mujer. ―La joven sonrió, algo avergonzada por el halago.

―Gracias, Iruka-sensei. Usted no ha cambiado nada, en cambio.

―Iruka-sensei, no sabía que te iban las jovencitas―lo pinchó Naruto, medio en broma medio en serio. A una parte de él, no le había gustado que su antiguo profesor alabase a Hinata.

―¿Q- ¡Pero serás mendrugo! ¡¿Voy a tener que volver a enseñarte modales?!―Naruto sonrió y se encogió de hombros. Iruka suspiró, resignado.

―Qué voy a hacer contigo… En fin, venga. Los niños están impacientes. Les dije que les tenía una sorpresa. Cuando os haga una seña, venid. ―Los dos shinobis asintieron y esperaron, mientras Iruka se ponía delante del grupo de niños y anunciaba que su sorpresa estaba a punto de llegar.

Los niños empezaron a mirar a un lado y a otro, ansiosos, inquietos, expectantes. Y cuando vieron aparecer a Naruto Uzumaki en carne y hueso, acompañado por una chica muy bonita―algunas niñas empezaron a susurrar que si era su novia era muy guapa―se quedaron anonadados.

Naruto llegó frente a ellos y sonrió, algo nervioso.

―¡Buenos días, chicos! ¿Os estáis portando bien'ttebayo?―Los niños empezaron a chillar, emocionados. Algunos hasta daban saltitos, como tratando de verlo mejor.

―¿Eres de verdad Naruto Uzumaki?―preguntó uno. Naruto sonrió y asintió.

―¡Lo soy! Iruka-sensei me ha pedido que venga hoy a daros una clase. ¿Queréis?―Los chicos prorrumpieron en gritos y susurros de emoción. Naruto dio una palmada, para llamar su atención―. ¡Bien, esa es la actitud! Lo que voy a hacer hoy, va a ser enseñaros unos pocos movimientos de ataque y defensa. Supongo que Iruka-sensei os ha explicado que hay diferentes estilos de combate. Por eso he traído hoy conmigo a alguien muy especial para que me ayude. Se trata de mi amiga Hinata y-

―Oh, ¿no es tu novia?―preguntó una de las niñas, con la desilusión brillando en sus pequeños ojos. Naruto pestañeó y se sonrojó ante la pregunta.

―¡No, no! ¡Hinata y yo solo somos amigos, ¿verdad?!―La aludida asintió, igual de roja que el rubio.

―Entonces, señorita, ¿le gustaría salir conmigo?―preguntó un niño que estaba sentado en la primera fila, todo serio. Sintiendo la ternura invadirla, Hinata se agachó a la altura del pequeño y le cogió las manos, sonriéndole cálidamente y haciendo que al pobre se le subiese toda la sangre a la cabeza.

―Eres muy amable. Pero yo… ya tengo a alguien que me gusta. ―Naruto giró el cuello tan rápido que a poco más se lo rompe.

¿Hinata tenía a alguien que le gustaba? ¿Quién era? ¿Y desde cuándo?

Sacudió la cabeza para deshacerse de la molesta sensación que de pronto le atenazaba el estómago. No sabía por qué, pero de pronto había sentido unas horribles ganas de ir a romperle las piernas a ese posible pretendiente de su amiga.

Sí, su amiga. Hinata era su amiga. Debía de dejar de pensar en cosas raras.

Respirando hondo, volvió a llamar la atención de los niños con otra palmada y empezó la lección. Los niños intentaban imitar sus movimientos lo mejor que podían. Hinata les habló un poco del taijutsu característico de los Hyūga y los animó a que probasen a relajar los músculos y a hacer así más flexibles a sus movimientos. Al final, hicieron un combate de exhibición, en el que, claramente, todos vieron como Naruto dejó ganar a Hinata. Pero nadie dijo nada e incluso Hinata hizo como que no se había dado cuenta. No quería estropear una tarde tan agradable.

―Aprender los dos estilos me ayudó a mí a encontrar el mío propio. Por eso es importante que practiquéis y que nunca dejéis de buscar vuestro propio camino ninja―les explicó a los niños, que absorbían sus palabras como esponjas.

―¿Tú encontraste el tuyo?―le preguntó una de las niñas. Hinata le sonrió a la pequeña y asintió, mirando de reojo para Naruto y sonrojándose en el acto.

―Sí. Hace mucho tiempo―le contestó en un susurro. La niña asintió, con los ojos brillantes, y volvió junto a sus amigas, que empezaron a hablar en susurros emocionados.

Hinata las vio con una sonrisa, pensando en que ojalá ella, Sakura e Ino hubiesen tenido la oportunidad de conocerse mejor durante sus años de estudiantes. Pero en aquella época aún estaba muy reciente el fin de la Tercera Guerra Ninja y a la aldea le hacían falta shinobis fuertes, centrados y habilidosos. No había tiempo para la camaradería y los cotilleos. Incluso Sakura e Ino, que habían sido muy buenas amigas, rompieron su amistad al entrar en la Academia. Y por mucho que fuese por culpa de Sasuke, en el fondo, Hinata sabía que la verdadera razón era que Sakura quería superar a Ino a toda costa como Kunoichi y mientras fuesen amigas, eso no sería posible. Para ello, tenían que ser rivales.

Porque eso era lo que les habían inculcado desde la cuna.

Suspiró. Iruka dio la clase por finalizada y los niños, entre protestas, regresaron al aula. Iruka les dio las gracias por haber venido.

―Espero volver a tenerte pronto por aquí. Y a ti, gracias, Hinata. ―La joven sonrió. Se despidieron finalmente de Iruka y abandonaron la Academia.

―Mmmm… qué hambre… ―dijo Naruto, estirándose.

―E-es normal. Hemos estado moviéndonos mucho. Se-será mejor que volvamos a casa y des-

―¡Tengo una idea! ¡Vayamos juntos a Ichiraku, Hinata!―Ella pestañeó.

―¿Eh?

―¡Sí! ¡Hace mucho que no competimos! ¡Estoy seguro de que esta vez lograré romper tu récord!―Hinata lo miró, dudosa.

―No sé… Naruto-kun, no quiero que luego tengas dolor de estómago por mi culpa… ―Naruto entrecerró los ojos en su dirección.

―Te crees invencible, ¿verdad? ¡Ja! ¡Verás esta vez! ¡No soy el mismo de antes! ¡He estado entrenando'ttebayo!―Hinata soltó una risita y ambos se dirigieron entonces hacia el restaurante favorito del Uzumaki.

Mientras caminaban, Naruto miró de reojo para su amiga. Debía reconocerles una cosa a esos niños: tenían ojos en la cara. Porque era cierto que Hinata era muy guapa. Además de fuerte, valiente, amable y cariñosa.

Y de repente le tuvo una envidia casi inaguantable a ese desconocido que al parecer ocupaba el corazón de su amiga.

Si no sabía apreciar la joya que era Hinata, entonces no la merecía.

Si algún día lo conocía, le haría entender a golpes. Era lo menos que podía hacer por Hinata. Después de todo lo que ella había hecho por él.

Hinata se merecía ser feliz.

Y se encargaría, personalmente, de que lo fuera.

Aunque fuese lo último que hiciera en esta vida.

Fin Te admiro


Naruto, más LENTO y no naces, hijo, DE VERRRRRRRRRRRRRRRRRRDAD. Mira que me desesperaba, el chaval. LENTO que eres un LENTO.

¿Me dejáis un review? Porque, ya sabéis:

Un review equivale a una sonrisa.

*A favor de la campaña con voz y voto. Porque dar a favoritos y a follow y no dejar review es como manosearme una teta y salir corriendo.

Lectores, sí.

Acosadores, no.

Gracias.

¡Nos leemos!

Ja ne.

bruxi.