¡YAHOI! Bueno, el de ayer. Os pido disculpas por no haberlo podido tener a tiempo. Pero aquí está xD.
Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.
Prompt de hoy: samurai AU.
Hora de publicación: 16:02. Hora peninsular española.
¡Espero que os guste!
13. Juntos
Creyó que se moría al sentir el azote del agua helada contra su maltratada espalda. Sentía los labios resecos y palpitaciones por todo el cuerpo. No había lugar que no le doliese. Empezó a tiritar y trató de abrir los ojos al escuchar que alguien se acercaba. Lo tomaron del pelo y lo obligaron a levantar la cabeza. El brusco movimiento hizo que nuevas oleadas de dolor lo paralizaran y no pudo evitar gemir.
―Yo que tú no protestaría mucho. No te va a servir de nada. ―No contestó, no tenía fuerzas para hacerlo―. El señor quiere verte. Levanta. ―Entre dos, lo cogieron por debajo de los hombros y lo llevaron con los pies a rastras. Cada paso era una agonía. Pero no se permitió el lujo de quejarse. Sabía que hacerlo no serviría de nada.
Tendría que haber escapado cuando pudo. Sabía que aquella locura no le traería nada bueno. Pero su corazón había decidido por él y no había nada más que hablar.
Llegaron al corazón mismo del castillo que otrora había pensado que sería su hogar, para siempre. Pero que ahora no era más que la inmunda prisión en el que lo encerraban cual perro rabioso que había mordido a su amo.
Quiso reír ante lo acertado de la comparación. Porque él sí había mordido la mano que le daba de comer. No en un sentido literal, por supuesto. Pero sí había tocado algo que le pertenecía. Algo tan valioso como la joya más preciosa del mundo. Algo de incalculable valor para él.
―¡Levanta, perro!―Una mano de hierro lo agarró y lo obligó a arrodillarse ante el daimyō al que otrora había servido con lealtad y devoción infinitas, pensando que si cumplía todos y cada uno de sus caprichos le daría todo lo que él creía que se merecía.
Cuán idiota había sido. Porque en el momento de reclamar su premio, no habían hecho otra cosa que lanzárselo a la cara, exigiéndole que se alejara de la única cosa que había deseado de verdad en su vida.
La espalda le dolía como el infierno y sentía las heridas sucias y llenas de costras empezar a sangrar. Escuchó algún gemido ahogado, seguramente horrorizados por lo que veían sus ojos. Sin embargo, sabía que nadie, absolutamente nadie, vendría a salvarlo. Así de cobardes eran todos.
―Naruto Uzumaki, se te acusa de deshonrar el bien más preciado de tu señor. ¿Qué tienes que decir en tu defensa?―Naruto apretó los dientes. Si tan solo tuviera a mano su espada…
―¡Contesta, sucia rata!―Alguien le dio una patada y cayó de bruces contra el suelo de madera. Oyó algunas risas y otros tantos susurros ahogados, llenos de lástima y compasión.
Pero sus labios permanecieron sellados. Ninguno de esos idiotas tenía porqué saber la naturaleza de sus encuentros íntimos con ella. Sabía de buena tinta que ella no había hablado, que no lo habría comprometido más de lo que ya lo estaba.
Como pillara al desgraciado que los había delatado… Lo descuartizaría miembro a miembro, trocito a trocito.
Estuvieron un buen rato interrogándolo, pero no soltó prenda. Ni siquiera cuando el duro cuero del látigo volvió a cortar su piel una y otra vez, sin piedad, queriendo resquebrajar su voluntad férrea de vivir.
Luego, lo devolvieron a su celda, dónde al fin halló la paz en la inconsciencia…
Escuchó entonces susurros de ropas y pasos rápidos. Alguien se acercaba. Quiso incorporarse y alargar el brazo para coger su espada, pero su cuerpo no le respondía. Por más que lo intentó, no hubo manera. Se sintió vulnerable por primera vez en años y eso no le gustó nada. Estaba a punto de rugir para ahuyentar al desconocido cuando unas suaves y pequeñas manos lo tomaron de la cabeza. Se vio entonces apoyado sobre una tela suave y un cuerpo cálido.
Un olor a jazmín invadió sus fosas nasales y aquello logró que abrieron un poco los ojos, todo lo que sus párpados hinchados le permitieron.
―Hi-Hi-Hi-na-ta… ―Sintió lágrimas caer en su pelo y su corazón lloró con ella.
―Lo siento, lo siento tanto, Naruto-kun… Lo siento tanto… Per-perdóname, amor mío, perdóname… ―Él trató de negar con la cabeza pero le fue imposible.
―¡Mi señora, no podemos demorarnos! ¡Los guardias despertarán en cualquier momento! ¡Y no pueden vernos aquí!―Hinata levantó la vista y asintió, todavía con lágrimas en los ojos.
―Ven, ayúdame a cargarlo, Natsu. Eso es… ―Con cuidado, entre las dos mujeres consiguieron levantar 180 centímetros y 90 kilos de peso del suelo y arrastrarlo hacia la entrada de la celda como buenamente pudieron, resoplando y jadeando por culpa del enorme esfuerzo que requería tamaña operación.
A trompicones, consiguieron abandonar la celda y salir al exterior. Fuera, les esperaba un carro, en cuyo pescante iban dos muchachos.
―¡Jefe Naru-
―Ahora no, Konohamaru. No hasta que no salgan de aquí. Venga. ―Subieron al carro y metieron como buenamente pudieron al herido en la parte de atrás. Hinata se subió con él, entre varias cajas vacías. Taparon la parte de atrás con una tela y entonces el carro se puso en marcha.
A Hinata se le rompió el corazón al ver a su amado gemir por cada salto y cada bache del camino. Si no hubiese sido tan tonta, tan ingenua… Todo era su culpa. Se inclinó para darle un beso en la frente mientras le acariciaba el rostro con reverencia.
―Hina… ―Los ojos se le volvieron a llenar de lágrimas.
Al fin, llegaron a su primera parada: una vieja cabaña abandonada de leñadores que Konohamaru había señalado como primer lugar para descansar.
Sacaron al convaleciente y lo llevaron adentro.
―Aquí estaréis a salvo'kore―dijo Konohamaru, prendiendo una lámpara―. Esta parte del bosque es espesa y nadie creerá que os habéis escondido tan cerca de casa. Le dará tiempo a Naruto a recuperarse y en cuánto a vos… ―Hinata negó, mientras sus manos rápidas y eficientes trataban las heridas de Naruto.
―Gracias, Konohamaru. Descansaremos aquí unos días y luego proseguiremos el camino.
―¿De verdad quieren irse tan lejos? ¿Con los demonios blancos?―Hinata suspiró, acariciando la frente del hombre al que amaba.
―No nos queda otro remedio. Aquí nos buscarán hasta debajo de las piedras. Es posible que allí… no tengamos ese inconveniente. Y además… ―Konohamaru la miró.
―¿Además…?―Hinata negó y el joven no preguntó más, sabiendo que aquella situación provocaba un enorme dolor a la dama.
Esperaron a que oscureciera y Konohamaru se despidió. Le rogó que tuviesen cuidado y Hinata se lo agradeció con una sonrisa, sin dejar de atender al herido. Finalmente quedaron ellos dos solos en la cabaña, puesto que Natsu también debía volver.
―Mañana intentaré escaparme, señora. Les traeré mantas, víveres… lo que haga falta. ―Hinata le tomó las manos a su criada, que temblaban más que las suyas―. No se vaya, señora, seguro que si apela a la bondad de su padre… ―Hinata negó con la cabeza.
―No escuchará, Natsu. Lo conoces. A él no le importará que yo ame a Naruto y él a mí. No… n-no lo considera digno de mí, a pesar de ser su mejor vasallo. ―Natsu suspiró y le apretó las manos.
―Tenga cuidado, entonces. Estos caminos son peligrosos para una dama como vos. ―Hinata sonrió.
―A partir de ahora… dejaré de ser una dama. Y solo seré Hinata. ―Natsu hizo una mueca.
―Si eso es lo que quiere…
―Más que nada en el mundo, Natsu. Más que nada en el mundo… ―Se dijeron adiós definitivamente y la criada partió.
Hinata regresó entonces a su tarea anterior, la de velar y procurar que Naruto no empeorase.
Ver así a su guerrero samurái le rompía el corazón. Recordaba perfectamente el primer día que lo conoció, años atrás, apenas un muchacho. Lo había visto entrenar duro, cumplir diligentemente con las misiones que su padre le asignaba y convertirse en el hombre apuesto, fuerte y valiente que era en la actualidad.
Por eso, verlo así, tan débil, tan derrotado… La hacía desear no haberse fijado nunca en él. La hacía desear no haberse acercado a él aquel día, en el patio, cuando al fin había reunido el valor para hablarle.
―Hinata… ―Ella se apresuró a inclinarse hacia él, tomándole la mano entre las suyas. Con alivio, vio que los ojos ya no eran vidriosos y que el pulso se le había estabilizado un poco. Ahora, su cara estaba vuelta hacia ella, como si estuviera mirándola. Hinata sabía que con los párpados tan hinchados apenas lograba ver nada, pero sí podía sentirla.
―Estoy aquí, amor mío… ―Él dejó escapar un suspiro tembloroso.
―N-no deberías…
―Chist, no gastes fuerzas. Céntrate en recuperarte. Yo estaré aquí, a tu lado, cuando despiertes. ―Él intentó mover la cabeza.
―N-no… vu-vu-vuel- ―Hinata lo silenció nuevamente, esta vez con un suave beso en los labios.
―No pienso abandonarte. No puedo. Ya no―susurró, llevándose una mano al vientre y acariciándoselo―. Tienes que vivir, amor mío. Me lo prometiste, ¿recuerdas? Me prometiste que sobrevivirías, que viviríamos juntos… N-no me importa no tener un castillo, sirvientes o riquezas. N-no me importan los kimonos caros ni las joyas… So-solo… so-solo me importas tú―le dijo, con un nudo en la garganta.
Naruto cerró los ojos y se dejó caer hacia atrás, con un suspiro tembloroso. Poco a poco volvió a quedar dormido, como si las palabras de Hinata le hubiesen dado la paz que necesitaba para poder descansar y recuperarse de las heridas.
Hinata sonrió, con lágrimas en los ojos, acariciándole el rostro con ternura.
―Atravesaremos el mar, iremos más allá del océano, dónde los hombres de mi padre no puedan encontrarnos jamás. Solo necesitamos un lugar al que llamar nuestro. Un hogar. Será duro, mi valiente guerrero, pero el sacrificio valdrá la pena. Sé que lo valdrá. ―Hinata asintió para sí, con determinación.
No importaba que Naruto no pudiese ganarse el pan con una espada. No le importaba que no fuese un samurái prestigioso. Tal vez a él le resultase duro al principio, pero ella estaría ahí, apoyándole, supliendo su determinación si hiciese falta.
Porque, por la nueva vida que llevaba en su seno, no podía ni debía rendirse.
Debían vivir. Iban a vivir. Los dos.
Y sabía que, en cuánto supiese que iba a ser padre, Naruto no vacilaría ni retrocedería. No si era para darle a su pequeño todo el amor y la devoción que a ellos les había faltado de pequeños. Por eso, solo por eso, seguirían adelante.
Juntos.
Fin Juntos
Puff... No sabéis lo que me ha costado que saliera este capítulo, la Virgen. Y no os creáis que estoy muy contenta con el resultado, pero mi cerebro no da pa más esta temporada, sorry u.u. Es que no sabéis la de curro que hay ahora en navidades, no paramos en todo el día. Gente por la mañana y por la tarde, a todas horas. Llego con los pies hechos papilla, literalmente. Y eso que me compré unas plantillas de estas de gel que funcionan de pu* madre. Reducen el dolor muchísimo, pero aun así los pies se me resienten (culpa mía también porque las deportivas que tengo me quedan justitas, pero eran las que había por casa y para un mes que voy a trabajar no me voy a comprar unas super chachiguays del paraguay, no, me niego).
Ea, nada más. No os doy más la lata xD. ¿Me dejáis un review? Porque, ya sabéis:
Un review equivale a una sonrisa.
*A favor de la campaña con voz y voto. Porque dar a favoritos y follow y no dejar review es como manosearme una teta y salir corriendo.
Lectores, sí.
Acosadores, no.
Gracias.
¡Nos leemos!
Ja ne.
bruxi.
